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Dice el Articulo No. 40 de la Constitución de la República Oriental del Uruguay: La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad y la Iglesia es muy consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad y que es el Creador del mundo quien estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de la sociedad humana: la familia es por ello la célula primera y vital de la sociedad.
Los Obispos del Uruguay al convocar a todas las comunidades para celebrar el II Congreso Nacional de la familia, hemos afirmado que una sociedad que descuida la familia es una sociedad enferma que se desangra lentamente.
Celebremos este año de la familia como una oportunidad para reflexionar seriamente sobre esta institución fundamental, deseando la promoción de familias que en su manera de vivir cumplan con los cometidos que ella tiene, uno de ellos, participar en el desarrollo de la sociedad.
La experiencia de relaciones que se da en
la familia (paternidad, filiación, hermandad, nupcialidad), es escuela
y laboratorio que enseña y hace práctica de lo que la sociedad
necesita de sus ciudadanos para funcionar bien. Es imperativo de estos tiempos
recalcar la necesidad de una educación de todos los miembros de la familia
en la justicia y el amor de tal manera que puedan ser agentes responsables,
solidarios y eficaces para promover soluciones cristianas en la compleja problemática
social que vivimos.
El desafío es grande: construir un nuevo proyecto familiar que reconozca
los rasgos positivos de este cambio de época pero que permita mantener
las funciones esenciales e intransferibles de la familia. Cualquier alternativa
institucional sustitutiva que se pretenda crear, será más difícil,
costosa e ineficiente que los esfuerzos por apuntalar la familia.
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo bendiga a nuestras familias en este
tiempo tan particular del país.
Julio César Bonino, obispo de Tacuarembó