Según parece, el “Proyecto de Ley de Defensa de la Salud Reproductiva” -léase ley de aborto- podría ser tratado en el Senado de la República en los próximos días. Este proyecto ha llegado a la Comisión de Salud de la Cámara Alta rodeado de fortísimas presiones del lobby feminista-proabortista. Estas presiones alcanzaron su punto máximo hace pocos días, cuando visitó Uruguay la presidenta de las “Católicas” por el Derecho a Decidir, Sra. Frances Kissling.

Presión, presión, presión
Durante su estadía, la Sra. Kissling, de origen norteamericano, se dedicó a adoctrinar a sus colegas sobre la forma de incidir en la política local sobre el aborto, dictando dos conferencias el día 25 de junio de 2003:

· “Aborto, tolerancia, democracia y convivencia en la diversidad” (en la Sala Maggiolo de la Universidad de la República).

· “El rol de las religiones en la elaboración de las políticas públicas” (en una reunión de las Católicas por el Derecho a Decidir en el Edificio de la Caja de Profesionales).

En dichas conferencias, entre otros conceptos, afirmó que “la forma más democrática de abordar el tema del aborto en una sociedad sería mediante la aprobación de una norma que permitiera a la mujer interrumpir su embarazo”. “Si es preciso, exageren las cifras” (...) “exageren los números de muertes”. “Jugamos a la política para cambiar la mentalidad. Tenemos que incidir aunque debamos aliarnos con el diablo”. “Aquí en Uruguay hay que castigar por lo menos a uno, y en el 2005 todos los legisladores lo van a pensar dos veces antes de que los castiguen para la próxima en 2008. La política es sucia...”

Huelgan los comentarios sobre el “catolicismo” de este grupo, absolutamente minoritario en la sociedad y claramente apartado del Magisterio de la Iglesia. Sí cabe señalar, sin embargo, que esta señora no tiene el más mínimo derecho a venir a Uruguay a instigar activistas para que “castiguen” a nuestros senadores... ¿Dónde ha quedado la soberanía? ¿Acaso piensa la Sra. Kissling que nuestros senadores están dispuestos a vender el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad? La ofensa de esta extranjera al pueblo oriental, no podría ser mayor.

Encrucijada parlamentaria
El problema al que se enfrentan los señores Senadores, es ciertamente, un problema de conciencia. Pero es también un problema de votos. Y si bien para muchos la conciencia es lo primero, puede ser que para alguno lo primero sean los votos. Con lo cual, si “la política es sucia” como afirma la Sra. Kissling, parece que ha llegado el momento de hacer una pregunta clave: ¿Cuántos votos hay detrás de cada postura? ¿Cuántas personas fueron a recibir a la Sra. Kissling cuando pasó por Uruguay y cuántas personas fueron a recibir -por ejemplo- al Papa Juan Pablo II?

Cabe recordar que -aparte de las campañas por correo electrónico- el año pasado vimos con grata sorpresa como el Pastor Jorge Márquez, líder de Misión Vida para las Naciones, recolectó más de 144.000 firmas de personas que se oponen al aborto en tan sólo dos semanas. Y nos preguntamos: ¿Cuántas personas estarían dispuestas a firmar en las calles para que se legalice el aborto? ¿Cuántos votos hay del lado de la eterna “mayoría silenciosa” integrada por católicos, evangélicos, judíos, musulmanes y millares de hombres y mujeres de buena voluntad...?

Defender la vida es defender la democracia
Más allá de los votos, los señores Senadores tienen ante sí un problema crucial: Deben resolver si el Parlamento que integran, tiene o no razón de ser. Porque desde que existe la democracia, los parlamentos se forman para salvaguardar los derechos de los más débiles. Y si un parlamento vota afirmativamente una ley de aborto, evidentemente está atropellando los derechos humanos fundamentales: Está aprobando indirectamente la Ley de la Selva. Y en una sociedad donde rige la Ley del más Fuerte, el Parlamento no tiene razón de ser.

Algunos piensan que hay que elegir entre la madre y el niño que va a nacer y que todo es cuestión de un “equilibrio de derechos”. Ante este problema, hay tres alternativas:

1) Hacer todo lo humanamente posible para salvar a los dos.
2) Matar al hijo para salvar a la madre.
3) Actuar de acuerdo con el principio: Ante la duda, optar por el más débil (el hijo).

La primera alternativa es sin duda la más deseable; y gracias a los adelantos de la ciencia médica, es posible en la inmensa mayoría de los casos.

La segunda tiene la buena intención de salvar a la madre, pero atenta para ello contra la vida del hijo. Y el fin no justifica los medios: Si un ladrón que roba para darle de comer a sus hijos va preso, con mayor severidad se debe penalizar la matanza de un niño inocente, por bueno que sea el fin que se persigue.

La tercera alternativa es de justicia: Si se opta por preservar al más fuerte en detrimento del más débil, el orden jurídico y el Parlamento pierden su razón de ser. En consecuencia, sólo podrán decir que defienden la democracia quienes den su voto para defender la vida del más débil.

“Exageren las cifras”
Cabe recordar aquí que, según datos del Sindicato Médico del Uruguay, entre 1995 y 2001 nacieron en el Centro Hospitalario Pereira Rossell unos 57.000 niños. Y, en ese mismo período, murieron 7 mujeres por aborto provocado en condiciones de riesgo. Con lo cual el porcentaje de muertes maternas sobre el total de partos es del 0,012%. O, lo que es lo mismo, el porcentaje de madres que “sobrevivieron” al parto en dicho período fue de un 99,988%. Ello demuestra que no es necesario legalizar el aborto para “salvar a las madres”. Menos aún cuando 5 de las 7 muertes citadas se produjeron en un año atípico, puesto que en los tres años anteriores ninguna muerte se produjo.

¿Por qué entonces se habla de 71% de muertes maternas a causa del aborto provocado en condiciones de riesgo? Muy simple: Porque según el SMU, en seis años se produjeron 7 muertes por aborto, 5 de las cuales se produjeron por aborto en condiciones de riesgo. Si dividimos 5 entre 7 nos da 71%, lo cual es -aparentemente- una cifra astronómica de muertes. Sin embargo, si se comparan las cifras absolutas de muertes maternas con el número de partos ocurridos, se ve que la cifra de muertes maternas por aborto provocado es pequeñísima.

El análisis de estos datos nos muestra una realidad que a menudo ocultan los medios de comunicación: Quienes están a favor del aborto mienten descaradamente sobre las cifras. Siguiendo el consejo de la americana Kissling, exageran las cifras...
Sin duda, cada mujer muerta es importante; pero no perdamos de vista que cada hijo muerto -y son miles los que mueren abortados- también lo es. Quizá la muerte de estos niños no sea importante para las activistas proaborto o para algún parlamentario con la conciencia oscurecida. Pero sí es importante para las madres, que nunca olvidarán al hijo que entregaron a la muerte cuando lo llevaban, indefenso, en sus entrañas. El síndrome post-aborto existe -ha sido reconocido hasta por quienes están a favor del aborto- y si se aprobara esta ley de aborto, lo menos que se podría prever, es que se consideraran las ayudas psicológicas de por vida a la mujer que aborta.

Conclusión
Los Senadores de la República se encuentran ante una grave decisión: Defender la vida -toda vida- desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, para defender la democracia; o legalizar la matanza de niños inocentes cuyo único “pecado” es existir, cuestionando la razón de ser del Parlamento. Esperamos la decisión que tomen, sea para bien de todos los uruguayos, incluidos aquellos que aún están por nacer.

Ing. Agr. Álvaro Fernández

Para adherirse a la Campaña Uruguayos por la Vida, sugerimos registrarse en el siguiente sitio web: www22.brinkster.com/abortouruguay/