El juez había ordenado el aborto... Un amor inteligente y el trabajo profesional de un médico contribuyeron a salvar una vida y a hacer justicia.

Lali había sido violada. Más tarde se confirmó el embarazo. En el Comité de bioética que presido, nos enteramos de este caso gracias a uno de los obstetras que la atendió. Era una paciente con una discapacidad muy grande. Había tenido una enfermedad por exceso de bilirrubina al nacer y prácticamente no podía relacionarse. Se trataba de una enfermedad adquirida y por lo tanto no se corría el riesgo de que el bebé la heredara. Poco después nos enteramos que tenía un pariente que trabajaba en tribunales que había pedido al juez que, por haber sido violada, se le diera la autorización para practicarle un aborto.

Cuando discutimos el caso en el Comité de bioética, que está formado no sólo por médicos, sino también por abogados, asistentes sociales, psicólogos y psiquiatras, se decidió hacer una visita a la casa de Lali. Las visitadoras sociales llegaron a la conclusión de que era completamente discapacitada. Vivía con su madre, que subsistía gracias a una subvención de cien pesos que recibía del gobierno y a los ingresos de su padrastro que prácticamente era quien mantenía la casa. La conclusión del comité de bioética fue proponer que luego de que naciera la criatura se diera en adopción.

Yo, por otra parte, sentí que tenía que hacer todo lo posible: esa vida podía ser salvada. Decidí ir a visitar a unas religiosas para ver si ellas podían evaluar cuáles eran las necesidades de esa familia y para que trataran de explicarles lo que estaba pasando.

Igualmente, llegó la orden del juez autorizando el aborto. En ese momento, poniéndome en manos de Jesús, le pedí que me ayudara a encontrar alguna solución. En el comité de bioética, a pesar de que no se trataba de un ámbito religioso, también se pensaba que era un delito a pesar de tener la orden del juez. Además, el embarazo estaba avanzado, alrededor de cinco meses. La idea que prevalecía entre los profesionales era que todavía había muchas posibilidades de salvar esa vida.

La relación con la familia fue mejorando a medida que la visitamos más a menudo. Sobre todo porque les pudimos aclarar algunas dudas que tenían y que complicaban la decisión. La madre, en efecto, pensaba que el embarazo agravaría la enfermedad. Cuando pudimos explicarle con calma que eso no ocurriría y que todo saldría bien, la familia accedió a continuar con el embarazo.

El bebé nació sano y las religiosas siguieron en comunicación con ellas. Esta red de contactos fue muy importante, porque permitió que se hicieran las investigaciones legales para establecer la paternidad del niño. El estudio de ADN confirmó que el padrastro fue el que cometió la violación y fue significativo que la madre apoyara la sentencia de la justicia, a pesar de que se quedaba sin la entrada de dinero a su casa.

Me parece que tratar de resolver “a fondo” el problema, no sólo evitó una muerte, sino además que se lograra justicia y que la chica no conviviera más con su violador.

T. M. (Provincia de Buenos Aires)
Ciudad Nueva