Calibrando el impacto de los medios en los jóvenes

Más estudios apuntan los efectos negativos de la violencia en el entretenimiento

NUEVA YORK, 14 junio 2003 (ZENIT.org).- En su mensaje de hace dos domingos, con motivo de la celebración del Día Mundial de las Comunicaciones, Juan Pablo II recordaba a los medios su misión de promover la paz y la justicia.

Un reciente estudio en Estados Unidos demostraba que es más probable que sean agresivos de adultos los niños que ven programas violentos, informó Reuters el 10 de marzo. La investigación fue llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Michigan, que entrevistaron a un grupo de niños entre los 6 y 10 años. Quince años después volvieron a hablar con ellos y examinaron sus expedientes criminales. La investigación controlaba factores tales como el estatus económico del niño, la raza, las personalidades y profesiones de los padres, y otras variables.

Los hombres, a los que les gustaban los programas de televisión con escenas violentas cuando eran niños, eran más proclives a mostrar conductas agresivas hacia sus esposas, empujar a alguien que les insultaba, multados por exceso de velocidad, o a ser condenados por un crimen. Las mujeres que gustaban de los programas violentos eran cuatro veces más proclives a tirar cosas a sus maridos, empujar o herir a alguien, ser multadas por velocidad, o cometer un crimen.

La violencia en la música también es motivo de preocupación. Un comentario de Michael Prowse en el Financial Times del 10 de enero analizaba la controversia tras el asesinato de dos adolescentes de color en una fiesta de año nuevo. Tras los asesinatos, Kim Howells, ministro de cultura del Reino Unido, acusó a la música rap negra de ser la principal responsable de la cultura violenta de las armas en Gran Bretaña.

Prowse reconocía «que los artistas raperos escriben como lo hacen en parte como resultado de sus condiciones sociales objetivas». Pero, agregaba, «incluso cuando su pensamiento esté influenciado por lo que ven y oyen en las calles, sin embargo contribuyen poderosamente a la negatividad y pesimismo que los engulle».

Los comentarios de Prowse se vieron respaldados por un reciente estudio llevado a cabo por la Asociación Psicológica Americana, informó el 4 de mayo Reuters. Los experimentos, que implicaron a 500 estudiantes de colegios, encontraron que la lírica violenta de las canciones aumenta los pensamientos relacionados con agresión y las emociones que podrían crear indirectamente un ambiente social más hostil. El estudio contradice la idea popular de que oír música enfadada y violenta sirve realmente como una catarsis positiva para la gente.

La inquietud sobre el nivel de violencia, junto con las preocupaciones sobre el mal lenguaje y el contenido sexual, ha llevado a la creación de una nueva organización en Estados Unidos llamada Common Sense Media, informaba el 21 de mayo el New York Times. La organización está planeando un sistema de porcentajes para aplicar a los medios, con base en una página web, que clasificaría los productos de entretenimiento según lenguaje, violencia, contenido sexual y temas de adultos.

Common Sense afirma que tiene un apoyo inicial de 500.000 dólares, y que quienes la respaldan le han prometido más. Entre sus partidarios están Charles Schwab, un ejecutivo de una compañía de brokers, y Philip Anschutz, el fundador de Qwest Communications International e importante propietario de estudios de cine. En la directiva están dos antiguos responsables de la Comisión Federal de Comunicaciones, William Kennard y Newton Minow.

«Queremos crear un fuerte grupo electoral para padres e hijos de la misma manera que Mothers Against Drunk Driving o la AARP han hecho», afirmaba James Steyer, fundador de Common Sense y autor de «The Other Parent» (El otro Padre), un libro sobre los efectos de los medios en los niños.

El mensaje del Papa para el Día Mundial de las Comunicaciones hacía notar que los medios deberían ser responsables en su uso de la libertad. «Su estatus privilegiado obliga a los medios a levantarse por encima de las preocupaciones meramente comerciales y servir a las verdaderas necesidades e intereses de la sociedad», advertía Juan Pablo II. Evitar la violencia excesiva podría ser un buen paso en esta dirección.