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Reseña del libro: Roberto Bosca, New Age. La utopía
religiosa de fin de siglo.
Editorial Atlántida, Buenos Aires 19942, 208 pp.
El
trabajo está dividido en tres partes.
La primera se integra al comienzo con una introducción que trata de explicar
cuál es el contexto en el que surge la New Age, procurando precisar,
al mismo tiempo, por qué nace y cuál es el sentido de su despliegue
en nuestro horizonte cultural a partir de los años sesenta.
En segundo lugar, se trata de realizar una conceptualización del fenómeno, adentrándonos en su auténtica naturaleza y poniendo particular énfasis en caracterizarlo como un movimiento de signo irracionalista. Al mismo tiempo se ve también cómo él constituye un reduccionismo inmanente de lo sagrado, en conexión con la teología radical que tuvo un importante desarrollo en los años del llamado período postconciliar.
A continuación se pasa revista, en un breve excursus histórico, a los principales antecedentes que configuran un camino contracultural hacia la resultante final, principalmente el movimiento de los hippies, de cuyos planteamientos la New Age configura una versión más desarrollada y específica.
Se llega finalmente a su período de irrupción
en la cultura contemporánea, señalando un punto geográfico
e histórico, aun con las salvedades que son del caso.
Se mencionan también allí las figuras más importantes del
movimiento y una variedad de personalidades de algún modo relacionadas
con él, aunque de este punto se trata también en el capítulo
anterior.
Después de esta primera sección introductoria, se entra de lleno en lo que sería más propiamente el corazón, y tal vez lo más interesante, de la investigación -que constituye la segunda parte- representado por la descripción de los contenidos fundamentales de la nueva religiosidad.
Cabe además aclarar que no se ha agotado la descripción de todos sus caracteres, pero sí se han referido los principales. Por esta razón debe tomarse nota de que no se trata de un estudio completo sobre la materia, sino sólo de una síntesis aproximativa que necesariamente debió dejar de lado algunas áreas muy importantes, como por ejemplo el ámbito propiamente científico relacionado con la física, la biología y otras ciencias.
Por último, la investigación finaliza en su tercera fase con una conclusión que pretende ser un balance de sus luces y sus sombras, señalándose los límites que cercan a la nueva sensibilidad religiosa y también las perspectivas más esperanzadoras que ella misma entraña.
Roberto Bosca, o.c., Prólogo, pp. 10-12.