Presidente de la Comisión para la Familia de la
Conferencia Episcopal del Uruguay
Ante la inminente discusión parlamentaria en el Senado de la ley que
promueve la despenalización del aborto, en virtud del deber apostólico
de iluminar la conciencia de los fieles católicos que le han sido confiados,
recuerda la doctrina de la Iglesia católica claramente expuesta por el
Sucesor de Pedro, el Papa Juan Pablo II en su encíclica Evangelium vitae,
el Evangelio de la vida (EV):
1. El aborto, eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral (EV 57). Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión... Nadie puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo o permitirlo (EV 57).
2. El aborto es un crimen que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia (...) En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto, nunca es lícito someterse a ella, ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto (EV 73).
3. Cuando no sea posible evitar abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta: antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos (EV 73).
La Iglesia siempre apostará por la cultura de la vida. Por eso pido
a los párrocos y a todos los presbíteros, que presenten, de la
forma más oportuna, la encíclica Evangelium vitae a las respectivas
comunidades parroquiales, pequeñas comunidades, comunidades eclesiales
de base, movimientos, asociaciones apostólicas, agentes pastorales.
También solicito hacer lo mismo a los Directores, Directoras y Responsables
de los Colegios católicos, para con todos los integrantes de las comunidades
educativas, de una forma especial con los padres de los mismos alumnos, primeros
responsables de la educación de sus hijos.
Del mismo modo invito a nuestra Facultad de Teología, Mons. Mariano Soler, a la Universidad Católica del Uruguay, Dámaso Antonio Larrañaga, como Gran Canciller de las mismas, así como al Círculo Católico de Obreros y a todas las demás instituciones católicas, a hacerse promotras de la doctrina y de la praxis de la Iglesia en relación al aborto, poniendo especial esmero en mostrar la coherencia y la armonía entre razón y fe, ciencia y moral en un tema tan delicado y vital para nuestra fidelidad a Cristo, a su Evangelio y a toda la sociedad.
JESÚS, EL SEÑOR, nos lleve siempre por el CAMINO de la VERDAD que conduce a la VIDA, y nos bendiga con los dones de su Espíritu Santo, sobre todo con su Sabiduría, Ciencia y Fortaleza.