FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

La liturgia: entrada, acogida y obediencia al "Misterio"

(Diác. Jorge Novoa)

El papa Juan Pablo II se ha caracterizado por impulsar a la Iglesia hacia el encuentro del tercer milenio, con una fortaleza y un amor a Cristo, que no apreciamos suficientemente los católicos. La impronta que Juan Pablo II ha dado a la Iglesia, será reconocida por los católicos del siglo XXI con admiración. El Santo Padre se ha preocupado no solo por consolidar las enseñanzas del Concilio Vaticano II, también ha instado a profundizarlas. Ha enumerado en la Tertio Millennio Adveniente, un elenco de aspectos a través de los cuales la Iglesia debe hacer un serio examen de conciencia.

"El examen de conciencia debe mirar también hacia la recepción del Concilio, este gran don del Espíritu a la Iglesia al final del segundo milenio"(TM 36).

La exhortación que el Papa, ha repetido y hoy nos convoca, es la realizada en torno a la Liturgia. El Papa ha recordado, el arduo y alentador camino por el cual se fueron poniendo en práctica las decisiones conciliares con relación a la Liturgia. En su mensaje dirigido a la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos, destacó que una verdadera "renovación litúrgica" abarca y va más allá de una "reforma litúrgica" Advirtiendo sobre la necesidad de llegar al corazón de la reforma, lo que Guardini llamó "El espíritu de la Liturgia".

La Iglesia expresa su fe en la liturgia, "la ortodoxia del culto"(LRI 27) no es solamente "para evitar los errores, sino para trasmitir la fe en su integridad, pues la ley de la oración ( lex orandi) de la Iglesia corresponde a su ley de la fe (lex credendi)" (LRI 27). El Santo Padre en la visita (28/IX/95)"ad limina", de los obispos del nordeste brasileño, profundizaba en sus reflexiones en torno a este tema:

Permitidme proponeros algunos elementos de reflexión ante todo acerca del "verdadero y auténtico espíritu de la liturgia". Es indudable que el Vaticano II quería referirse a una realidad siempre presente en la Iglesia, aunque no siempre vivida con igual acentuación. Una cosa son las acentuaciones vitales que, dentro de un mismo espíritu la Iglesia Occidental y la Iglesia Oriental, en las diferentes épocas culturales, destacaron y favorecieron en el pueblo de Dios, y otra es el espíritu de la liturgia en su núcleo fundamental y original. Este espíritu no deriva de las formas exteriores que, en su mayor parte, provienen de las culturas en las que el cristianismo se difundía, sino que subyace a ellas como lo que les confiere su ser, como instrumento y manifestación exterior de convergencia de la acción de Cristo y de su Iglesia en el ámbito de la gracia invisible.

Es claro de apreciar que el Santo Padre distingue, por un lado las "acentuaciones vitales"; ellas, evidentemente están influidas fuertemente por las épocas culturales, pero, lo que se quiere destacar, para una renovación litúrgica es el "núcleo fundamental y original".No está el núcleo ordenado por las forma exteriores, es decir, no son las culturas con sus acentuaciones las que lo producen. Este núcleo "subyace a ellas como lo que les confiere su ser, como instrumento y manifestación exterior de convergencia de la acción de Cristo y de su Iglesia en el ámbito de la gracia invisible"..

Además de esto, es preciso recordar que los padres conciliares, cuando se referían al "auténtico y verdadero espíritu litúrgico (SC 37), tenían presente lo que la constitución sobre la sagrada liturgia anuncia en el Proemio (nn 1-4) y en la primera parte del primer capítulo (nn 5-13). Aunque la reforma litúrgica creó las condiciones y los medios para fomentar en el Pueblo de Dios el restablecimiento de un sentido más profundo de la "Iglesia en oración" y de la "oración de la Iglesia", queda todavía mucho por hacer para alcanzar ese objetivo, que sensibilice a todos los fieles, de cualquier cultura que sean.

Han transcurrido treinta y cinco años del Concilio, a primera vista este lapso de tiempo parece breve, de cualquier forma lo transcurrido nos permite hacer un alto en el camino y mirar lo recorrido. Esto sería objeto de un serio y extenso estudio, cosa que no pretende este aporte, y que algunos especialistas en la materia han emprendido. Pero, podemos a la luz de nuestra vida de fe, intentar poner sobre la mesa algunos aspectos luminosos y otros sombríos. Desde nuestra pequeñez, miramos esta realidad de la vida cristiana, que hace a la esencia de todo católico, pues, por su medio "se ejerce la obra de nuestra redención" (SC 2).

Todo el pueblo, (laicos-clerigos-consagrados) es asociado a esta obra, "por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados"(SC 7). Como pueblo sacerdotal todos estamos invitados a penetrar en esta realidad, que es "la cumbre a la cual tiende toda la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (SC 10).

"¿Se vive la liturgia como fuente y culmen de la vida eclesial, según las enseñanzas de la Sacrosanctum Concilium? "(TM 36).

El Papa esta pregunta la realiza a la luz de la afirmación que él mismo hizo en mil novecientos ochenta; "existe en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no solo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida "(DC 13). Hay una relación directa entre la profundización de la fe en la comunidad eclesial en su totalidad, como fruto de una vivencia más profunda de la liturgia. La Iglesia alimentada por la Palabra de Dios y la Tradición, en la liturgia nos introduce en las verdades de fe, mostrándonos la belleza de la vida cristiana vivida como testimonio.

Asumamos tres grandes aspectos que parecen iluminar toda la Liturgia, hay una estructura interna, que podríamos describirla con estas tres palabras; entrada, acogida y obediencia.

ENTRADA

En ella todo es sencillez, simplicidad y belleza, no hay estridencias, ni abruptas rupturas entre sus oraciones y sus gestos. El presidente y la asamblea se disponen con sobriedad en sus lugares, no hay entradas triunfalistas, ni dispersiones. Nos disponemos a entrar en la presencia del Señor invocando su nombre.

"En la Liturgia, pues, yo entro no la creo. La creatividad de la Liturgia  es, como en la música, una variación sobre un tema impuesto: el tema me lo dan no nace de mí"

La creatividad

En el post-concilio se ha invocado la creatividad, como la forma apropiada para avivar "algo" (las celebraciones litúrgicas) que resulta a veces poco atrayente a los alejados y si bien, "en esta etapa de renovación, se ha admitido la posibilidad de una cierta creatividad, sin embargo, ella misma debe respetar estrictamente las exigencias de la unidad substancial"(DC 12). La naturaleza misma de la liturgia es el espacio a partir del cual se debe pensar creativamente. Ella es "el lugar privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios y con su enviado; Jesucristo "(VQA 7). "La naturaleza de la liturgia está íntimamente ligada a la naturaleza de la Iglesia, hasta el punto que es sobre todo en la liturgia donde la naturaleza de la Iglesia se manifiesta"(VQA 9).

Max Thurian realiza otro diagnóstico que apunta en esta misma dirección; dice: "el gran problema de la vida litúrgica de hoy ( desafección del culto, tedio, falta de vida y de participación) proviene de que la celebración ha perdido a veces su carácter de misterio". Tal vez la creatividad deba ser orientada a un fin bien concreto, hacia el misterio. Hacia esa realidad impregnada de la presencia de Dios, y por consiguiente, de tal naturaleza que admite siempre nuevos y cada vez más profundos encuentros, en los que somos elevados por la gracia al ejercicio de la filiación adoptiva. Hay, a partir de este siglo una renovada visión del cristianismo " entendido no principalmente como un sistema de verdades que se asumen y se confiesan, ni como un código de normas éticas" (CP 5,62). ¿Cuál es el punto a partir del cuál se justifica lo cristiano?.

El cristianismo es primero y fundamentalmente un "hecho", Jesucristo, es la forma que asumió la iniciativa favorable del Dios que nos ama; es la forma del SÍ de María, como respuesta a esa iniciativa amorosa de Dios. El "plan salvador de Dios, escondido en él desde la eternidad, es un Misterio; su realización en Cristo, en la plenitud de los tiempos, es un Misterio" (CP 5,62). Hay una presencia salvífica, permanente y eficaz de Cristo, que se nos comunica por las acciones litúrgicas.

En ningún momento con el término "misterio", se designó lo desconocido. Ya san Pablo (Rom 16,25-27)en sus cartas nos anuncia el misterio de Dios dado a conocer en su revelación. Este proyecto progresivo al llegar la "Plenitud de los tiempos", toma rostro concreto en el "acontecimiento Jesucristo", el Hijo unigénito del Padre. Su testimonio revela e interpreta a Dios de modo definitivo. Esta acción en el Espíritu es entregada por Cristo a sus discípulos. "A ustedes se les ha dado a conocer los misterios……. les he dado a conocer todo lo que el Padre me ha dicho". Cristo realiza la exégesis del misterio de Dios en su vida-muerte-resurrección y ascensión pero, la voluntad de Dios, no es sólo dar a conocer algo  sino darse. Como obra de su amor, se inclina sobre la historia del hombre dándole a conocer su intención última, el designio oculto desde la eternidad, la obra de la redención. La obediencia a la voluntad de Dios es la clave por la que Cristo nos invita a "morir a nosotros mismos, para vivir en Él ". Esta muerte que da vida, no es ausencia de libertad, sino, el modo de ser libre según Jesucristo. El grito de libertad de san Pablo expresa este don de Dios,"ya no soy yo es Cristo quien vive en mí". Santa Teresita, al comprender la distancia que hay entre su pobre disposición para amar y la que Jesús le pide, descubre que ella "nunca podría amar a sus hermanas como Jesús las ama, si Jesús mismo, no las amara también en ella". Toda vida de fe, al abismarse en el amor de Dios es conducida hacia la liturgia, los santos son "locos por la eucaristía". La Iglesia en su liturgia celebra el misterio del amor Dios, la fe penetra esta realidad y en su camino se muestra como entrada, acogida y obediencia al misterio de Dios que se revela. "Los sacramentos de la Iglesia y su culto en general contienen realmente el Misterio de Cristo, el Urmysterium, y lo ponen al alcance de todos los hombres a través del signo de sus ritos y símbolos" "Te hallo y te siento vivo en tus misterios" (San Ambrosio) 

ACOGIDA

Acción única

Cristo asocia a su Esposa amada en la acción de gracias al Padre. Esta acción compartida por Cristo, sumo y eterno sacerdote y la Iglesia, como su esposa amada, no es independiente, por un lado Cristo y por el otro la comunidad. Es una única acción, que expresa la eterna realidad del Verbo Encarnado y su Esposa la Iglesia; se debe visualizar en la liturgia esta tensión, entre la historia y la eternidad; el hoy eterno y el aquí y ahora; entre el peregrinar y su destino definitivo. Es necesario acoger esta tensión real para celebrar con profundidad. Toda reducción mutiladora atenta contra la naturaleza de la liturgia y de la Iglesia, iconos del misterio del Verbo encarnado. Si no acogemos ésta acción en su unidad interior; corremos el riesgo de instrumentalizarla poniéndola a nuestro servicio. Es fundamental no edificar la acogida en la liturgia como una acción privada, fruto del subjetivismo imperante, "cuando una iglesia particular reza, la iglesia universal reza". Toda celebración "por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia"(SC 7).

Acción sagrada

No entro en el debate entre lo sagrado y lo profano, entre su distinción, comprensión y otros elementos que han estado presentes en la reflexión teológica desde las primeras décadas de este siglo. No hay menosprecio, ni infravaloración, evitamos caer en un desdoblamiento de la realidad, como sagrada y como profana. Apunto a la grave ceguera que sufre la humanidad, por la cual es incapaz de ver en medio del mundo, en medio de lo cotidiano, a nuestro alcance; "al Dios con nosotros. El término profano significa etimológicamente (Pro= delante; Fanus= templo), el hombre se encuentra en este templo (fanus) maravilloso de la creación, delante (pro) de su Creador y no alcanza a verlo. "Profano no significa de ninguna manera no santo, aún cuando existe naturalmente lo no santo ", hoy, el término está cargado de una gran negatividad pero aquí lo tomamos en una de sus acepciones según el diccionario "persona no iniciada". Esto no se opone a esa otra experiencia que no se mueve en lo cotidiano y por la cual somos arrebatados a la presencia de Dios (sagrado). Hay en realidad gestos y ritos que ordenan nuestras acciones a lo divino, porque son espacio, lenguaje y símbolos de la presencia de Dios. Es Dios quien los toma, haciéndonos pasar por esa línea imperceptible en dónde dejo de poder hacer, para dejar que Dios haga, dejo de "entrar" para ser introducido, esa ruptura (frontera) es la que permite entrar desde el atrio hacia la catedral.

Cuando celebramos y pretendemos evitar esta situación, introducimos lo cotidiano, su lenguaje, sus modos de comportamiento, su ritmo y desde luego advertimos la presencia de una comunidad de hermanos, pero, no dejamos hablar a Dios, no lo dejamos introducirnos, la dimensión vertical desaparece en una horizontal que quiere pero no puede ser presencia de lo sagrado. Dice a este respecto Max Thurian, hablando de la misa: " una celebración sana, en la que se tenga en cuenta la preeminencia del altar, la discreción del ministerio de los celebrantes, la orientación de todos hacia el Señor y la adoración de su presencia significada por los símbolos y realizada por el sacramento, confiere a la liturgia esa oración contemplativa sin la cual corre el riesgo de resultar una fatigosa charla religiosa, una vana agitación comunitaria "una specie di filastrocca" (CP 77,p.39).

La experiencia de Moisés es sugestiva y reveladora en este sentido, la tierra que pisas es "santa", y allí solo Dios lo puede introducir, "quítate las sandalias"; todo ese camino recorrido, ahora sufre una ruptura fruto de la presencia de Dios, desde que percibió la zarza hasta este instante, Moisés sigue algo que ha cautivado su vista, ahora ese algo se le muestra como alguien, Comprende que sólo puede seguir si es introducido, Dios crea el espacio e introduce al hombre en EL. El culto católico esta lleno de ésta belleza, así lo describe J. Pieper es "un acontecimiento real que tiene lugar en formas visibles, en el lenguaje perceptible de las invitaciones y respuestas, en acciones corporales y gestos simbólicos, en proclamaciones y cantos, en vestidos e instrumentos singulares ".

Llamada-respuesta

En su origen el Pueblo de Dios, nace como respuesta a una llamada. Una llamada que lo convoca, lo congrega y fundamentalmente lo constituye como Pueblo. Cuando se habla de la elección de Dios, se debe primero afirmar la voluntad de constituirlo como su Pueblo, con la característica particular, de ser un Pueblo sacerdotal, nacido al pie de la Cruz. Si como dicen los Padres, la Nueva Eva nació del segundo Adán dormido en la Cruz, cuando brotó del costado traspasado de Cristo en el Calvario, sangre y agua. Si ello es así, entonces la verdadera naturaleza e identidad de la Iglesia es inseparable de la noción del sacrificio de Cristo. Con una misión universal, propia de la misión de su Señor, que debe perpetuar en la historia la entrega, una y única de Jesucristo el Salvador que anunciamos. La invitación que Jesús hace en el evangelio de Juan, a los que hasta ese momento eran discípulos de Juan Bautista, Ven y verás, se renueva permanentemente por la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. La liturgia es un encuentro íntimo, la Iglesia primitiva sabía que era necesaria una iniciación, los catecúmenos eran introducidos poco a poco. Para gustar de la presencia del Señor, se necesitan sentidos aptos, es decir iluminados por la fe, para reconocer esa realidad. Estar con ÉL, sentarse a sus pies para escuchar su enseñanza, es patrimonio de los que habían sido llamados, siguiendo el lenguaje de san Juan, para "permanecer en Él". La liturgia rechaza la actitud curiosa, también rechaza la pregunta de san Pablo, ¿quién eres?. Ella obedece a un estamento anterior, no se puede celebrar sin haber confesado.

Presidente-pueblo

La preparación es un aspecto que ha entrado en crisis, prepararse para una celebración supone, colocarla en el centro, en esta vida agitada y cronometrada es necesario tener un control real del tiempo. Nosotros podemos prepararnos "por medio de un estilo de vida más calmado, más propicio a la escucha y a la disponibilidad del corazón"(CP 77 p 28). San Juan Crisóstomo, hablando con relación a la eucaristía, destacaba una serie de elementos a considerar para prepararse adecuadamente. Consideraba cuatro exámenes:

"Examínate a ti mismo……. con que fe, con que amor, con que intención y porque te acercas". (Tratado de la preparación para la Santa Misa).

El Concilio advirtió sobre la necesaria participación de los fieles, mostró la necesidad de las disposiciones personales (SC 11) hablando; de la recta disposición de ánimo, de la colaboración con la gracia divina, y de la necesaria unidad entre lo que la voz expresa y el corazón siente, todo ello, en orden al bien de los fieles, para que puedan participar consciente, activa y fructuosamente. Volvamos con Crisóstomo; "Recógete totalmente, para que ni las acciones ni los pensamientos se derramen en otra cosa". Vamos a encontrarnos con el Señor, lo hacemos en comunidad, debemos conscientemente disponernos para dirigir nuestras intenciones y deseos a Dios. Santa Edith Stein antes de su conversión, se sintió conmovida ante una mujer sencilla que se arrodillaba a rezar. Algo tan sencillo, pero tan lleno de misterio, del misterio de Dios, ella lo vislumbra en la actitud del orante, está abismado en Otro. La liturgia de la Iglesia es un himno de esperanza, nacido del anhelo del corazón creado por Dios, a imagen del de Cristo. Diría Agustín "nos hiciste para ti".

Lo dicho para los fieles, adquiere mayor intensidad al aplicarlo a los que presiden. Cristo está presente en la persona del ministro, ejerce el Único sacerdocio del cual participan de modo esencialmente distinto, fieles (Bautismo) y ordenados (Orden Sagrado).

Promover la participación, no debe ser a costa de cambios arbitrarios, la desorientación en el pueblo nace cuando los ministros o el equipo de liturgia, apropiándose de ella en forma indebida,le rinden culto a lo "novedoso".Y así permanentemente viven cambiando alguna parte en las celebraciones "El verdadero cambio provechoso es el del corazón "( CP 77,43). Un Credo adaptado, un Padrenuestro modificado, un Gloria arreglado, etc., etc., etc. ¡Alto!. El Concilio advierte, "las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es sacramento de unidad"(SC 26). Lamentablemente en estos puntos, el Concilio no ha sido obedecido, y con ello se ha desorientado sobre el modo propio y específico de participación de cada uno (fieles y ordenados) "en las celebraciones litúrgicas, cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas" (SC 28). Decía el Papa a los obispos brasileños "muchos, tal vez, se han lanzado con ardor a lo nuevo, olvidándose de lo antiguo. Otros han permanecido atados a las formas exteriores, poniendo en duda la necesidad de renovación, que era muy evidente y no podía confundirse con las desviaciones rechazadas no sólo por la autoridad competente sino también por la mayoría de los fieles".

¿Se ha incurrido en un error menor?. ¿O hay detrás una eclesiología que niega la estructura jerárquica de la Iglesia? y que, subrepticiamente cree que en esto, el Concilio se quedó corto. Para lo cual selecciona los textos a partir de un presupuesto. Y así para favorecer la participación de los laicos, se violenta el modo propio de cada uno según su estado. Se percibe una clericalización del laicado en el modo de participar en la liturgia, avalada en algunos sectores eclesiales por los clérigos, que optan por secularizar sus opciones.

Tan negativo como el camino anterior, es la repetición mecánica. No se trata solamente de repetir fórmulas, aún cuando estén en perfecto acuerdo con las que la Iglesia propone, es especialmente cuestión de elevación de la mente y el corazón a Dios, de tal modo que unidos a Cristo y los hermanos, podamos elevar a Dios Padre en el Espíritu nuestras oraciones. Es grave también esa especia de participación individual en donde todo se hace desde un Yo, que se resiste a abrirse al Nosotros eclesial.

OBEDIENCIA

La Pascua es la máxima expresión de la obediencia del Hijo, la voluntad del Padre es lo que Jesús vino a cumplir, la Iglesia nacida de la pascua, participa y actualiza esta obediencia en los sacramentos y de modo particular en la Eucaristía. Ella nace misteriosamente en el silencio que se percibe en la Cruz, silencio que genera cierto pavor y que será esclarecido a la luz de la Palabra definitiva en la Resurrección del Hijo. De cualquier modo ambos elementos son vitales a la celebración. Silencio que introduce en la búsqueda de la voluntad de Dios, para escucharla y seguirla y Palabra abundante y desbordante del Padre, en la respuesta dada con la Resurrección del Hijo.

SILENCIO

El abba Arsenio dice: "Muchas veces me he arrepentido de haber hablado pero nunca de haber guardado silencio". El silencio es imprescindible para la vida espiritual, la vida litúrgica que supone ponerse ante Dios, ante su acción, lo necesita imperiosamente. El Concilio Vaticano II, en el documento sobre la Liturgia, al proponer la participación activa de los fieles, establece que se fomenten las " aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado" (SC 30). En el mundo actual el silencio es considerado un espacio inútil, los hombres viven bombardeados por los medios de comunicación, sofocados por una cultura llena de palabras. "Ellas forman el suelo, las paredes y el techo de nuestra existencia". A esta masiva invasión de palabras, se le agrega con gravedad, que muchas de ellas están vacías; por tener un contenido lights o por ser parte de un culto que contemporáneamente se le da a la palabra. Dice Josef Pieper: la palabra tiene dos aspectos; que siendo distinguibles no son separables. El primer valor de la palabra es que ella hace patente la realidad; el segundo valor es el carácter comunicativo de la palabra. La corrupción actual de la palabra, ataca, o a su relación con la realidad o a su comunicación. Este decir la realidad, va dirigiéndose hacia alguien para quien se expone. Esto impulsaba a Sócrates a criticar a los sofistas: "El lenguaje que se emancipa del objeto es por eso, necesariamente, un lenguaje sin destinatario". La emancipación del objeto supone una indiferencia con respecto a la verdad.

¿Hemos perdido la capacidad de expresar el misterio en el lenguaje que le es propio?. Los creyentes son agredidos, y en muchos casos, han cedido a la tentación de creer que se puede en medio de la vorágine contemporánea hacer convivir esta realidad externa con las disposiciones necesarias para celebrar en la fe.

Enumeramos algunos ejemplos prácticos de esta problemática en las celebraciones litúrgicas.¿Cuál es el resultado de ésta participación desenfrenada y anárquica?, es un creyente que siente el peso de los silencios en las celebraciones y que ha resuelto dar los avisos parroquiales en la acción de gracias luego de la comunión; realizar todo tipo de explicaciones sobre los signos, descartando la capacidad de comunicación que ellos tienen. En las exposiciones del Santísimo Sacramento, se abusa de las reflexiones, haciendo que las miradas de los fieles sean acaparadas demasiado por los ministros..

CONCLUSIÓN

¿Puede la cultura actual, en el creyente o el alejado, favorecer o disponer al espíritu de la liturgia? ¿Sus pilares; el hedonismo, consumismo, secularismo y activismo, favorecen el espíritu de la liturgia? ¿Se puede establecer una especia de "commercium" entre las dos realidades?

Esta cultura no solo no dispone, ni prepara al creyente para las celebraciones, lo que es más grave, las quiere distorsionar en su mismo centro. Las quiere convertir en celebraciones útiles y reivindicativas, vaciándolas de la gratuidad, único eje posible de las celebraciones de fe. La liturgia es un camino, el creyente escucha y obedece. La realidad es Dios, todo mi ser queda iluminado por su presencia. La comunidad cristiana en la Liturgia, puede vivir y expresar el encuentro gratuito entre Dios y el hombre en Cristo, y, desde allí interpelar a la cultura actual. Para iluminarla en su oscuridad y para invitarla como a Lázaro que se encuentra en el sepulcro; "sal afuera". Sal a la luz de la gratuidad de Dios, sal a la luz de la gratuidad del hombre, sal a la luz de la gratuidad de la vida y celébralo. La liturgia es un oasis de verdad, un remanso en el camino, la voz dulce del Señor invitándonos a ir con ÉL nos alienta, "vayamos a un lugar tranquilo". Si sólo por un instante cayera ante nuestra mirada toda esa realidad sobrenatural que está presente en la Liturgia, nos cubriríamos el rostro, la fe está llamada a la visión, ella se nutre de este modo de ver, consolada y gozando, adora y espera a su Señor.

Las categorías; entrada, acogida y obediencia nos parecen adecuadas al misterio que celebramos, ellas expresan la fe del creyente ante la irrupción de Dios. Podemos perfectamente aplicar lo expresado por von Balthasar en la Estética Teológica, la belleza (la liturgia es belleza) se expresa maravillosamente en la encrucijada que se da, entre el esplendor y la forma, para entrar, acoger y obedecer, es necesario percibir, pero, "nadie puede percibir sin ser arrebatado ni ser arrebatado si no percibe". El olvido del "pulchrum" ha vaciado a la Liturgia de su expresión más adecuada. Esa suerte de amnesia metafísica, de la que tanto ha sufrido la Filosofía y la Teología ha afectado también a la Liturgia, la invitación que el Santo Padre realiza en la Fides et Ratio ( en relación a la búsqueda que se debe hacer), nos puede ser de mucha utilidad para la Liturgia. Si los atributos trascendentales del Ser son; uno, bueno, verdadero y bello, y si ellos trascendiendo las esencias son coextensivos a todo ser, la liturgia debe profundizar los caminos que expresan a esos atributos trascendentales del Ser. Un itinerario posible estaría dado por esta frase del Santo Padre "vayamos desde el fenómeno al fundamento" (FR. 83).

El camino para despertar esta percepción es arduo, pero, el Señor en su infinita misericordia nos lleva hasta el Tabor, y sin dejar de ser nosotros, somos introducidos en su presencia gloriosa. Recuperar lo mistérico supone una búsqueda amorosa, hay que encontrar el camino perdido, para ello debemos rastrear en la Tradición y los santos, ellos son liturgos por excelencia. Acudamos con humildad a la fuente de la sabiduría, invoquemos su ayuda para que guíe nuestra búsqueda, pongamos nuestros oídos atentos al Espíritu Santo y digámosle confiadamente: "habla Señor que tu siervo escucha".

Siglas Utilizadas 

SC- Sacrosanctum Concilium, Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, 1963.

DC- Dominiae Cenae, Carta apostólica de Juan Pablo II 1980.

VQA- Vicesimus quintus annus, Carta apostólica de Juan Pablo II,1988.

TM- Tertio Millennio Adveniente, Carta apostólica de Juan Pablo II, 1994.

LRI- La liturgia Romana y la inculturación, Congregación para el culto y la disciplina de los sacramentos, 1995

FR- Fides et ratio, Carta encíclica de Juan Pablo II, 1998.

CP- Cuadernos Phase. Centro de Pastoral litúrgico.

Pieper Josef, La fe ante el reto de la cultura contemporánea (Sobre la dificultad de creer hoy). Rialp, Madrid, 1980.

(Este material obedece a una charla dada en la parroquia San Juan Bautista, en mayo del 97, fue arreglado para su publicación, incluyendo algunos documentos posteriores del magisterio. No pretende ser un escrito científico, ni pretende ser novedoso, intenta recrear y recoger la enseñanza de la Iglesia y de su Tradición; yo sólo me he remitido a unir estos fragmentos dispersos, pensando en algún corazón creyente que los necesite. Que todo sea para la gloria de Dios).

 

 

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