FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


CEREMONIA DE LA TOMA DE POSESIÓN DE LA CÁTEDRA DE MONTEVIDEO
POR PARTE DEL ARZOBISPO MONS. NICOLÁS COTUGNO.

Montevideo, 20 de diciembre de 1998, h. 17.

La invitación cursada por Mons. Gottardi

La bienvenida ofrecida por Mons. del Castillo

Las palabras de despedida de Mons. Gottardi

La Homilía de Mons. Cotugno.


Invitación cursada por el entonces Administrador Apostólico Mons. José Gottardi.

A TODOS LOS FIELES EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MONTEVIDEO

Queridos hermanos,
Queridas hermanas:

Como es de conocimiento de todos ustedes, SS. Juan Pablo II aceptó la renuncia que presenté al cumplir los 75 años de edad, atendiendo a las disposiciones del Derecho Canónico, y ha nombrado como nuevo Arzobispo de Montevideo a Mons. Nicolás Cotugno, quien desempeñaba su ministerio episcopal en la Diócesis de Melo.

A través de estas líneas quiero invitarlos a todos a la Celebración Eucarística, en la cual el nuevo Arzobispo tomará posesión de esta Sede, y que tendrá lugar en la Catedral Metropolitana el próximo domingo 20 de diciembre a las 17 horas.

Agradezco al Señor todos los bienes con que ha colmado a esta Iglesia diocesana y muy especialmente la amplia colaboración, las múltiples expresiones de fidelidad a la Iglesia de Cristo y el sentido de corresponsabilidad, que he podido experimentar durante todos estos años como Arzobispo de Montevideo.

Los invito a recibir a Mons. Nicolás Cotugno con apertura de corazón y renovada fe, dispuestos a colaborar en su tarea de Pastor con un profundo sentido eclesial, fortaleciendo el espíritu de participación y comunión, sembrando signos de esperanza.

Que el Señor les bendiga y el don de la paz esté con todos ustedes.

Fraternalmente, en Cristo

+ José Gottardi             
Administrador Apostólico de Montevideo

Montevideo, 8 de diciembre de 1998


Desde tempranas horas de la tarde la Catedral estaba ya llena de gente de todas las comunidades de la Arquidiócesis.

Se hicieron presentes también representantes de otras Iglesias Cristianas y de comunidades israelitas, así como el Sr. Intendente de Montevideo Arq. Mariano Arana y otras autoridades civiles.

«Bienvenido a tu Iglesia Catedral»

Cuando Mons. Cotugno llega a las puertas de la Catedral, Mons. del Castillo, Obispo Auxiliar y Vicario General de la Arquidiócesis, lo saludó con las siguientes palabras:

Hermano Nicolás:

Te doy la bienvenida a tu Iglesia Catedral, en nombre del Señor y en representación del Pueblo de Dios que peregrina en Montevideo para recibirte como nuestro Arzobispo consagrado y enviado para amarnos como Padre, para cuidarnos como Pastor, según el Corazón de Jesucristo, Buen pastor, guiado y santificado por el Espíritu santo, con el amparo maternal de María Santísima y la intercesión de San Felipe y Santiago.


«Sigo junto a ustedes»

En el momento de la entrega del Báculo, señal del ejercicio de pastoreo que corresponde al Obispo, el ahora también Arzobispo Emérito Mons. José Gottardi se dirigió a los presentes con estas palabras.

Alegría por la llegada del Hermano Nicolás

Para la diócesis de Montevideo, es un día de fiesta y con la diferencia que corresponde, podríamos llamar: "Este es un día que hizo el Señor, alegrémonos en él".

Es oportuno que presente al hermano Nicolás como nuevo Arzobispo de Montevideo, y lo hago con alegría y muchísima esperanza. Desde muy joven y como estudiante lo he conocido, hemos compartido una vida comunitaria. Sé de su trabajo y de su esfuerzo y que no le es ajena ni desconocida esta diócesis ya que la mayor parte de su ministerio sacerdotal lo ha ejercido aquí. Tampoco es desconocido para muchos de ustedes que han tenido el servicio, el acompañamiento y el interés, con todo lo que significa acompañar en orden a la vida cristiana y en orden al crecimiento en la fe.

Mi gratitud por el apoyo recibido en estos años

En esta oportunidad no puedo dejar de expresar mi gratitud, mi reconocimiento, más que nombrando personas y organismos, sino más bien haciendo una referencia general a mi vocación cristiana. Gratitud como cristiano y como obispo a la Iglesia Santa de Dios y lo hago en la persona del Sucesor de Pedro. Porque hay tantas cosas que de la Iglesia he recibido y en el mismo ejercicio del ministerio episcopal, nunca me he sentido solo, siempre acompañado, alentado y también porque no, sostenido.

Quiero expresar también mi gratitud a todos aquellos que forman parte de esta Provincia Eclesiástica que integra la Arquidiócesis de Montevideo.

Particularmente, a sus obispos, con quienes en el ámbito de la Conferencia Episcopal, durante más de 26 años, compartí las experiencias, las inquietudes, las alegrías, las preocupaciones. Realmente (cuánto les tengo que agradecer!

Quiero agradecer también a todos los que forman parte de esta Arquidiócesis, mis hermanos sacerdotes, cuánto trabajan, cuánto se entregan, cuánta fidelidad a la Iglesia de Dios. A mis hermanos consagrados y consagradas que dan su testimonio en una entrega total al Señor, viviendo un amor a Dios pleno.

Quiero expresar mi gratitud a todos aquellos que en organismos, estructuras y servicios y a quienes desde su sencillez, desde su humildad, de su trabajo van construyendo la Iglesia de Dios. Sabemos que para todos hay un espacio, que he podido constatarlo cuando recorriendo la Arquidiócesis encontré testimonios tan hermosos de quiénes dan a Cristo Jesús su vida, en la vivencia de su fe.

Más que una despedida, un relevo

Por último quisiera señalar que para mí esto más que despedida es un relevo. No me pienso ir, por eso les digo que mi lema sacerdotal ha sido muy sencillo y fácil de comprender: "No moriré sino que viviré para contar las obras del Señor". Era el aprecio por la vida, en mi juventud, no tanto por la existencia, sino por las actividades del servicio y del ejercicio de mi ministerio. Nunca pude comprender el "bajar los brazos" en mis posibilidades, de acuerdo a mi situación, en la medida de lo que fuera capaz y también con mis errores, pero siempre he querido estar vivo, cerca de mi pueblo, estar al servicio de todos aquellos a quienes pueda llegar.

Buscar la unidad siempre

También pienso que mi lema episcopal: "Que sean uno", continuará tan presente como mi lema sacerdotal, buscando ser siempre constructor de unidad. No a las divisiones ni separaciones, buscando causas y caminos para que no solamente nosotros los cristianos, sino también quienes habitamos esta tierra, todos los hombres -siempre- podamos encontrar un camino de acercamiento, de comprensión, de fraternidad, y donde todos nos podamos encontrar sirviendo al mismo Dios.

Corresponsables en el acompañamiento

He hablado más que de despedida de un relevo, con alegría cada Iglesia en particular vive un cambio, y más cuando entre nosotros lo estamos celebrando. Pienso que es parte de la vitalidad de la Iglesia. Es bueno recordar que la responsabilidad del crecimiento de una diócesis no depende solamente de su pastor, el Obispo, sino que comporta la corresponsabilidad del acompañamiento, el sentimiento y la aceptación. Y como personas adultas y cristianas, responsables sin cruzarse de brazos, aportar la cuota parte de posibilidades que puedan tener en la construcción del Pueblo de Dios.

Encontrarme con la gente en la calle

Y en ese contexto pienso seguir trabajando en las medidas de mis posibilidades. En el ejercicio de mi ministerio episcopal, del ministerio sacerdotal, la vida cristiana que desde el bautismo asumí el compromiso de vivir, seguirán patentes. En otro lugar, no en el mismo espacio de toda la Arquidiócesis, quizá en un ámbito más reducido, en un contexto más doméstico, familiar, simple y sencillo, donde les puedo asegurar que para mi temperamento me resulta tan gratificante, encontrarme con la gente en la calle. Verlos, acompañarlos y comprenderlos. No sé cuantas serán las posibilidades de solucionar los problemas, pero si les puedo asegurar que tengo suficiente sensibilidad, para interesarme, ver y compartir penas y angustias de nuestros hermanos, que creyentes o no creyentes, puedan experimentar.

Orgulloso de ser sacerdote arquidiocesano

A su vez les repito, que no me voy, me quedo; Pablo cuando fue conducido ante el tribunal con mucha sagacidad, pero también con orgullo, supo proclamar, su condición de romano, expresando: "Soy ciudadano romano", y yo les puedo decir, que me siento orgulloso, legítimamente orgulloso de decir: Soy un cristiano, soy un cristiano, un sacerdote arquidiocesano que muy cómodo, contento y feliz seguiré en medio de ustedes,

Gracias a todos.


Primer encuentro del Pastor con su pueblo

Celebramos el primer encuentro del pueblo con su nuevo Pastor en la calurosa tarde de domingo 20 de diciembre. La cita para las 17 hs. era para la llamada "toma de posesión de Mons. Cotugno", nuestro nuevo Arzobispo. Había mucha expectativa creada y era evidente porque un relevo de Arzobispo no se da con frecuencia... Las últimas celebraciones en este sentido fueron en 1966 cuando en febrero recibimos a Mons. PArteli que venía de Tacuarembó y en 1985 cuando asumió Mons. Gottardi que ya estaba entre nosotros como Obispo Auxiliar.

Una hora antes, Mons. del Castillo recibía en las puertas de la Catedral a cada uno de los asistentes que, para ese entonces ya llenaban los bancos. Luego el templo se colmaría bote a bote y la concelebración daría comienzo con un centenar y medio de sacerdotes y todos los obispos de todas las diócesis más los eméritos Mons. Parteli, Mons. Cáceres y Mons. Nuti.

La celebración si bien extensa fué cálida (no sólo por la temperatura reinante) sino por sus mensajes. Mons. Gottardi, visiblemente emocionado improviso unas palabras (que van en pág. 3) y fue aplaudido en varios pasajes. La homilía de Mons. Cotugno (improvisada) duró 35 minutos, cortada a menudos por vivos aplausos. Desgrabada por el Equipo de Redacción (que tuvo un fatigoso trabajo ese día!) aquí va para que todos los lectores vayan conociendo la voz y el pensamiento de nuestro nuevo Pastor.

Primero, que hable el Señor

Primero, que hable el Señor

Ustedes están esperando, seguramente, una palabra de cómo se siente este hijo de Dios, este hermano de ustedes en este momento.

Para poder hablar de todo eso, primero siento la necesidad de que nos hable el Señor a través de esta Palabra maravillosa, divina. Seguramente que habrá lugar y tiempo para que la sensibilidad humana - que está muy sacudida- pueda decir algo.

En primer lugar quiero bendecir a Dios por esta Palabra que acaba de regalarnos, estupenda, maravillosa, liberadora, entusiasmante. La quiero compartir con cada uno, con cada una de ustedes. Me encantaría poder llegar a un tú a tú, mirarlos a todos en los ojos, que todos más que oir la palabra que yo les quiero decir pudieran ver, a través de mis ojos, lo que esta Palabra me quiere decir y nos quiere decir a todos.

El sueño de Dios se ha realizado

Isaías, el profeta mesiánico: "la joven está embarazada y dará a luz un hijo Emmanuel, Dios con nosotros". Acab le dice al profeta: no quiero ningún signo, no me interesa...Y sin embargo Dios, haciendo caso omiso de esa reacción del hombre, igual sueña con el hombre. "La joven está embarazada y dará a luz un hijo".

¡Qué íbamos imaginar nosotros que ese sueño de Dios iba a trascender de esa forma tan absoluta todas las esperanzas humanas, que podemos decir y debemos decir "el Verbo se hizo carne", Dios se ha hecho hombre! Y si estamos aquí es porque ese Verbo hecho hombre ha creado la Iglesia y nosotros, su pueblo, su cuerpo, estamos aquí porque somos su Iglesia.

Entonces Mateo nos dice que ese sueño de Dios se ha realizado. Ya no es una joven cualquiera que está embarazada, y nos dice que lo que ha sido engendrado en ella es obra del Espíritu Santo. Dios se hace carne y el Espíritu Santo no toma el lugar de ninguna creatura humana, de ningún varón, pero es toda la omnipotencia amorosa de Dios que interviene en María para que desde María, desde su carne, desde su ser, Dios se haga uno de nosotros, en todo, menos en el pecado.

El Reino está, sigue creciendo

"Venga a nosotros tu Reino" decimos en nuestra Arquidiócesis como lema que va a orientar todas nuestras actividades para el año 1999. Venga a nosotros tu Reino, el Reino vino, el Reino está , el Reino crece, el Reino es Cristo, hombre Dios, Dios hecho hombre.

Cuando la tentación asalta a José porque se encuentra delante de un hecho que humanamente es inexplicable: ¿cómo María, mi prometida, purísima, está esperando una creatura? ¿De dónde? ¿Cómo es posible?...

¡No te asustes José! Lo que hay en ella es obra del Espíritu Santo.

El Reino de Dios trasciende infinitamente nuestra capacidad de entendimiento y de penetración de la realidad divina que vivimos en nuestra peregrinación humana, pero está. Y es inmensamente más real esta realidad trascendente y divina que todo lo que nosotros podamos percibir y vivir con nuestra capacidad de percepción humana. El Reino está, viene a nosotros, sigue creciendo.

En la obediencia de la fe

Pablo en la carta a los Romanos: el Reino de Dios que se ha realizado en María es trasmitido por la Iglesia en el mundo para siempre.

Ahí entramos nosotros, y ahí entra este humilde hermano de ustedes que hoy recibe del Señor una tarea, una misión, un servicio a realizar. Por Cristo hemos recibido la gracia y la misión apostólica.

Es providencial que en este cuarto domingo de Adviento nos encontremos con esta Palabra que orienta toda nuestra vida y que a mí me marca como último de los sucesores de los Apóstoles, como último de los obispos de esta Arquidiócesis, en mi tarea y mi servicio de pastor.

Por Cristo hemos recibido la gracia y la misión apóstolica. Me pregunto, le pregunto al Señor: ¿Qué quieres de nosotros, Padre Dios? ¿Tú que nos has pensado, amado, y creado desde siempre y para siempre, qué quieres de nosotros?

Nos responde Pablo en su carta a los Romanos, cuál es el fin de esta recepción de la gracia y de la misión apostólica que recibimos: conducir a la obediencia de la fe.

¿Qué siento yo en estos momentos? Siento esa interpelación que sintió José al ver a María que iba a ser Madre. Siento esta comunidad eclesial, siento a la Iglesia esposa y madre que siempre está dando vida. De pronto con dolores de parto, pero dando vida, a todos y para siempre.

Y aún cuando al pastor y a todos nosotros nos pueda asaltar la duda ¿cómo podrá ser eso? La respuesta que nos viene de la fidelidad absoluta de Dios: el Espíritu Santo es El que lo hace siempre con todos y en todas partes.

Yo quiero caminar con cada uno de ustedes

Querídisimos hermanos todos, de esta comunidad arquidiocesana a la que siento que me tengo que entregar y lo hago con todo el amor de que soy capaz, con toda la disponibilidad de mi pobre persona, todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que el Señor me ha dado, quiero que sea realmente, exclusivamente, para servir en la humildad, en la alegría, en la esperanza, en el gozo, en el sufrimiento, en la vida y en la muerte, a esta iglesia bendita de Dios, este cuerpo de Cristo que el Espíritu hace pueblo de Dios. Para que el Reino de Dios venga a nosotros.

Hermanos y hermanas querídisimas: ¿qué les ofrece este Pastor que el Señor pone al frente de su pueblo?

Conducir a la obediencia de la fe. Quiero caminar con cada uno de ustedes, con cada una de ustedes, desde los más adultos hasta los más pequeños.

Quiero caminar en obediencia a la fe, quiero conducir a mi pueblo a la obediencia de la fe, porque desde la fe entendemos el proyecto de Dios (aplausos) Entendemos los caminos que Dios ha elegido para que le seamos fieles como Iglesia de Dios a Él, como pueblo de Dios a toda la humanidad, a nuestro pueblo en el departamento, en el país, en el continente, en la humanidad y en el universo entero.

Por eso para obedecer a Cristo Resucitado presente y vivo en medio de nosotros. Nos lo dice la Escritura que Él, a través de la resurrección, ha llegado a poseer esa dignidad que le corresponde como Hijo unigénito de Dios.

Me animo a decirles, uniéndome al amadísimo sucesor de Pedro, Juan Pablo II y ampliando de pronto la perspectiva de él que nos había dicho: "Abrid de par en par las puertas a Cristo", me atrevo a decirles: "Abrid de par en par en par el corazón al Espíritu Santo" (aplausos). Me atrevo a decirles esto, porque mis hermanos obispos que me han precedido, son un ejemplo de esta disponibilidad a la acción del Espíritu para que el ministerio sacerdotal ejercido desde la sucesión apostólica pueda transformarse en un servicio de entrega, de generosidad, de creatividad.

Los testimonios de Vera y de Soler

Me da no sé qué mirar para atrás y ver al primer obispo. Santo primer obispo de Montevideo. Pidámosle al Señor que nos lo regale como testigo de santidad para todo nuestro pueblo (aplausos). Sentí dentro de mí algo cuando besé ese crucifijo que Monseñor Jacinto Vera llevaba en sus recorridas misioneras por todo el Uruguay y al entrar en la Catedral me parecía sentir su mano y su corazón que me acompañaban para encontrarme con ustedes.

Me da no sé qué cuando miro para atrás y veo a ese gigante de la pastoral: el primer Arzobispo Mons. Mariano Soler.(aplausos). No quiero ser injusto con nadie pero quisiera pedirle al Señor la santidad de Vera, la sabiduría y el ardor apostólico de Soler.

Un gracias muy grande a Mons. Parteli y Mons. Gottardi

Miro para atrás, o al costado mejor dicho y me encuentro con Carlos, con José, Carlos Parteli, José Gottardi (aplausos). Sólo Dios sabe lo que pasa en el corazón de un Pastor con una responsabilidad tan grande de servir a una comunidad arquidiocesana como es la Arquidiócesis de Montevideo. Yo quisiera desde lo más hondo del corazón decirle a Carlos Parteli y a José Gottardi y a todos los pastores que nos han precedido, en nombre de todos los fieles que nos han precedido y los que ahora constituyen esta hermosa comunidad arquidiocesana, un gracias muy grande (aplausos).

La noticia de su nombramiento

Por supuesto que agradezco al Sr. Nuncio que me ha hecho pasar un susto bárbaro. Venía en el auto desde Cerro Chato hacia Melo y yo hacía como dos o tres días que sentía algo dentro y entonces en Tupambaé siento el teléfono celular. Contesto y escucho la voz característica del Nuncio que me decía "Monsignore" y me dije: ¡la quedé! (aplausos) Y ahí me dice: "El Santo Padre..." Muchas gracias al Santo Padre (aplausos). Muchas gracias al Sr. Nuncio. Muchas gracias a mis hermanos obispos. Muchas gracias a la comunidad arquidiocesana porque ha pedido al Señor un pastor de acuerdo a su voluntad, si lo habrán conseguido, bueno ustedes lo dirán con el tiempo, y ayudénme a que no los defraude (aplausos).

A mis hermanos sacerdotes

Quiero concluir simplemente con un doble pensamiento.

El primero: en mi escudo que he elegido, he puesto debajo de la cruz, por un lado a María, estrella de la evangelización y por otro lado, la Eucaristía. Quienes me conocen y han estado en mis clases de Eucaristía pueden decir que estoy medio "chiflado" por la Eucaristía. ¡Y bendito sea Dios por esta "chifladura"!(aplausos)

Desde esta vivencia del misterio eucarístico quiero dirigirme, en primer lugar a mis querídismos hermanos sacerdotes para decirles , desde el corazón de Cristo sacerdote que se hace Eucaristía, que los quiero de verdad y que los quiero querer cada vez más: Quisiera de veras tener un contacto tan personal como aquel contacto que tuvo el Señor Jesús con los doce cuando en la intimidad de la despedida se les brindó en totalidad. Ayúdenme a brindarme total y radicalmente a cada uno de ustedes.

Y si ven que yo me quedo aquí en el Arzobispado, sáquenme. Me gusta el mate (aplausos), la torta frita y el asado...

Que toda nuestra vida sea Eucaristía

Me encantaría y me gustaría hacerlo con todas mis fuerzas, que toda nuestra vida con alegrías y tristezas, con angustias y esperanzas, que toda nuestra vida pueda transformarse en Eucaristía que no es solamente una celebración ritual sino antes que nada, la experiencia de la comunión con Dios Trinidad. Dios en Cristo hecho carne es la Eucaristía vivida, compartida. Este Cristo Resucitado cuyo cuerpo se hace nuestro cuerpo, cuyo amor se hace nuestro amor, cuya vida se hace nuestra vida, vida para los hombres, vida abundante para toda la humanidad.

Quisiera realmente que todas nuestras preocupaciones pastorales arrancaran de la Eucaristía y culminarán en la Eucaristía, que todos nuestros proyectos de promoción humana que queremos incentivar radicalmente, queremos comprometernos con los problemas humanos, con las angustias humanas, hacerlos nuestros vivirlos no teóricamente sino personal y comunitariamente, compartiendo todos estos proyectos, mediante los cuales el hombre aspira a ser cada vez más hombre, que pueda encontrar en nosotros esa materia, ese pan que se presenta al altar para que pueda ser transformado en el Cuerpo y en la Sangre y en la Divinidad de Jesucristo.

Esto es Eucaristía, traer la vida al altar para que una vez transformada en el altar por Cristo el Señor Sacerdote en Pascua compartida, eternizada, esta Pascua que pueda caminar por las calles, no sólo en el centro de la ciudad sino en las periferias, en los cantegriles, en los hospitales (aplausos), en la familia, que la familia se haga Pascua de Eucaristía donde el amor sea experimentado,donde el amor sea testimoniado, donde el amor sea fecundo en la vida y proyectado en todas las dimensiones de la existencia.

Una Eucaristía que más que la obligación de estar alrededor del altar sintamos la necesidad vital de estar alrededor de Cristo y de los hermanos. Porque, Iglesia de los pobres: Iglesia Eucarística.(aplausos).

Porque buscamos al hombre nos estrechamos alrededor de Cristo, el Hombre para que desde El, hecho pascua, liberación, Reino ya empezado en esta vida podamos dar testimonio de esa nueva evangelización con ese ardor de santidad por el que el Espíritu Santo obra a través de nosotros y no somos nosotros quienes hablemos, quienes actuemos sino que sea Cristo Resucitado, quien a través de todos nosotros, de todos nosotros (aplausos), testimonie la presencia verdadera y real de la libertad, de la justicia, de la paz, con o sin misiles (aplausos) y ojalá se terminen de una vez para siempre estos misiles (aplausos) y que haya paz y que la paz sea el fruto del diálogo, de la búsqueda desinteresada, donde ya no haya ni norte ni sur ni este ni oeste, que no haya ya ricos epulones y pobres lázaros sino que todos, desde la Eucaristía y en la Eucaristía, nos encontremos hijos de Dios y hermanos universales compartiendo el pan de la verdad y de la vida que es Cristo en nuestra Eucaristía (aplausos).

Continuamos trabajando en el proyecto pastoral

Porque Iglesia eucarística, Iglesia liberadora, En este senytido quiero comunicarles que seguimos en nuestro peregrinar como Arquidiócesis de Montevideo valorizando el Plan Pastoral San Felipe y Santiago que llega a su culminación el próximo año 1999.

Quiero decirles porque muchos lo han preguntado, desde esta celebración solemne y sencilla y familiar a la vez, que todos mis hermanos que colaboran en la animación de la Arquidiócesis, el Equipo de Curia, queda confirmado por un año, a los efectos de que nuestro caminar como iglesia arquidiocesana sea el caminar de una iglesia fiel a su propia tradición. Y la tradición de la Iglesia siempre arranca del primer latido del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo que han hecho la Iglesia.

Tradición que no es tradicionalismo, es recoger la vida, la vida de Cristo Resucitado y entregarla. Como hizo Pablo que había recibido la tradición eucarística y la comunicó a todos los pueblos de esa época.

A mis hermanos sacerdotes, a mis hermanos Vicarios, a mis hermanos que en cualquier lugar, en cualquier servicio colaboran en la animación de la pastoral arquidiocesana, yo les abro mi corazón, les abro mi alma.A mi querido hermano Obispo Luis del Castillo, como Obispo auxiliar y Vicario General. Con ellos quiero formar ese Equipo de servidores de la Arquidiócesis que no buscan otra cosa que "Venga a nosotros tu Reino".(aplausos)

Quiero decirles que desde la experiencia de Cristo vivo, experimentado en la Eucaristía, la Pastoral de Conjunto sigue teniendo vigencia y adquiere una relevancia por la que no confundimos o identificamos Pastoral de Conjunto como una metodología estratégica de pastoral sino como la exigencia intrínseca absolutamente necesaria de la Iglesia Misterio de Comunion. o la Iglesia en su pastoral se hace Pastoral de Conjunto o cada uno de nosotros se transforma en francotiradores y Cristo quiere comunión. (aplausos).

Los carismas en comunión con la Diócesis

Bienvenido todo carisma, todo movimiento como iniciativa y obra del Espíritu Santo. Bienvenidos movimientos y asociaciones apostólicas. Todavía veo desde la Plaza San Pedro, unido al Papa, ese encuentro estupendo maravilloso, de los movimientos de toda la Iglesia, que han venido de toda la humanidad, algo verdaderamente carismático, histórico para la vida de la Iglesia. Desde esa experiencia todavía actual, les digo a cada uno, les digo a todos los movimientos, les digo a todos los carismas de hoy, de ayer, de antes de ayer, desde el comienzo de la historia de la Iglesia, les digo: "cada movimiento, cada carisma tiene valor en la medida en que se integre de corazón, de alma, de vida a esta comunión eclesial". Y la comunión eclesial o es diocesana, o es arquidiocesana o ni siquiera es comunión universal. (aplausos)

Le pido a María

La estrella que está al otro lado de la cruz es María la estrella de la evangelización, y miren que no es un referirme a María como para decir, terminemos, no, no es eso, dejenme desde mis entrañas, dirigirme a María, porque María es esa mujer en cuyo el Verbo se ha hecho carne. Por eso me dirijo a María para pedirle la ternura de la bondad apostólica, la ternura, la bondad misericordiosa para que toda nuestra comunidad eclesial en este año 1999 dedicado al Padre, a la Misericordia del Padre, asuma la parábola del hijo pródigo, no es la parábola del hijo que vuelve al Padre, es la parábola del Padre que ama al hijo hasta lo absurdo, (aplausos)

Desde el Padre mirar nuestra realidad

Entonces desde María mi pensamiento y mi corazón va al Padre Dios, y desde el Padre Dios miramos nuestra realidad eclesial, local, nacional, continental, mundial, para pedirle al Padre, desde María, "Venga a nosotros tu Reino", ese Reino que se manifiesta en la Unidad de tu Iglesia Señor, no podemos seguir viviendo como si fueramos tantas iglesias, una sola es tu Iglesia, creemos en la Iglesia Una, pero quisieramos tener menos dificultad para creer en la Unidad de la Iglesia.

Entonces mi deseo ardiente, hermanos de otras comunidades eclesiales, de otras confesiones religiosas, cuya presencia agradezco de todo corazón, ojalá podamos seguir adelante con este impulso ecuménico de la búsqueda de la Unidad, desde Dios para el hombre, para la felicidad de la humanidad. (aplausos)

Formar un solo cuerpo en Cristo.

Y concluyo volviendo a Pablo, que nos habla no en nombre de Dios, sino que es Dios quien habla a través de él, y nos dice algo que es una orientación fecundísima para nuestra vida personal, para nuestra vida espiritual, nuestra vida pastoral, nuestra vida apostólica, cuando nos dice, en el capítulo 12 de la carta a los Romanos: "todos nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo y cada uno en particular, somos miembros unos de otros, conforme a la gracia que Dios nos ha dado, todos tenemos aptitudes diferentes; el que tiene el don de profecía que la ejerza según la medida de la fe, el que tiene el don del ministerio que sirva, el que tiene el don de enseñar, que enseñe, el que tiene el don de la exhortación que exhorte, el que comparte sus bienen que dé con sencillez, el que preside la comunidad que lo haga con solicitud, el que practica misericordia que lo haga con alegría. Amad con sinceridad, tened horror al mal y pasión por el bien, amaos cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos, con solicitud incansable y fervor de espíritu servid al Señor, alegraos en la esperanza, sed pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración, considerad como propias las necesidades de los santos y practicad generosamente la hospitalidad, bendecid a quienes os persiguen, bendecid y no maldigais nunca, alegraos con los que están alegres y llorad con los que lloran, vivid en armonía unos con otros y no queráis sobresalir, poneos a la altura de los más humildes".

Como dice Pablo en la carta a los Romanos, a todos ustedes, santos por vocación divina llegue la gracia y la paz que proceden de Dios Nuestro Padre, en el Señor Jesucristo, por su Espíritu (aplausos).

 


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