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FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)

La fe cristiana no se rige por un libro

Christoph Schönborn

 

En ocasiones se oye que el cristianismo es una <<religión del Libro>>, como el judaísmo y el islam. Estas religiones tendrían en común que las tres se basan en un libro sagrado, sugerido (inspirado) por Dios: la Biblia del Antiguo Testamento en el judaísmo, la del Antiguo  y Nuevo Testamento en el cristianismo, y el Corán, en el islam.

 

Pero esta caracterización del cristianismo no es del todo atinada. La fe cristiana no se rige por un libro, no se basa en una palabra escrita, sino en le Palabra viva de Dios. El centro de nuestra fe es la persona del Verbo eterno, del Hijo de Dios, que se ha hecho hombre por nosotros (CEC 108). En él ,Dios nos ha dicho todo y nos ha dado todo. Jesucristo es nuestro libro vivo, es la Palabra de Dios para los hombres (CEC 102).

 

Pero Dios ha revelado esta Palabra poco a poco. Quería ser condescendiente con nuestra debilidad Por eso se inclinó hacia nosotros como se inclina un Padre hacia sus hijos. Acomodó su Palabra a nuestra capacidad de comprensión. En el Antiguo Testamento habló a su pueblo mediante hombres elegidos por Él; y mucho de lo que Dios había hecho por su pueblo y le había comunicado por boca de sus profetas, se fue poniendo poco a poco por escrito en diversos libros, que hoy constituyen el Antiguo Testamento (CEC 122).

 

Pero finalmente, llegada la plenitud de los tiempos, Dios habló mediante su propio Hijo a todos los hombres. Por eso son tan importantes para nosotros los hechos y dichos de Jesús. En ellos se expresa el Verbo eterno de Dios en palabras humanas. Lo que Jesús hizo y dijo fue trasmitido por sus discípulos con autenticidad y fidelidad, pues querían conducir a muchas personas a Jesucristo, su querido Maestro, que les había reunido entorno suyo y había compartido su vida con ellos. Pero muy pronto comenzaron a consignar algunas cosas por escrito. Así se fueron formando poco a poco los evangelios (CEC 126).

 

Si tenemos esto en cuenta, es completamente obvio que los apóstoles y sus colaboradores trasmitieron testimonios históricamente ciertos acerca de Jesús. La imagen que ellos tenían ante sus ojos del Jesús que habían conocido era demasiado clara y luminosa; la impresión de sus palabras y sus gestos, y todas su figura, habían dejado en ellos era demasiado poderosa como para que se les ocurriera acomodar de alguna manera su imagen a los que hubiera correspondido al <<espíritu de la época>>. Por eso la Iglesia, en el Concilio Vaticano II, <<afirma sin vacilar la historicidad de los evangelios>> (DV 19).

 

Pero la autenticidad de la Sagrada Escritura no se basa sólo en la credibilidad de los testigos, sino también en la acción del Espíritu Santo. Por eso enseña el Concilio que la Iglesia <<reconoce que todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tiene a Dios como autor,y como tales han sido confiados a la Iglesia>> (CEC 105). La Sagrada Escritura es venerada solemnemente en la liturgia como <<Palabra del Dios vivo>> (CEC 103). Es palabra de Dios expresada en palabras humanas (CEC 101)

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