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FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


Hay un Llamado

P.Pedro Richards C.P

Habrá cosas fútiles en la vida del hombre. Poco importará el color de su corbata o de su traje. Si irá al cine el próximo fin de semana o se dedicará a su hobby favorito. Estas cosas pueden figurar entre las "indiferentes".

Importa, sí, y mucho, su vocación. Se ha dicho que "encontrar la vocación es hallar la salvación".. Tener los pies en el camino que se le ha asignado, seguir por él, arribar felizmente al destino: éstas son las cosas que hacen, deshacen una vida, si es que no se las toma en consideración.

De allí que la fundación de un hogar ha de llamar a seria reflexión. No se trata de una decisión puramente personal como podría ser la de ingresar en un convento o en un seminario. Otra vida estará en juego y se le hará compañero de eternidad. ¿Feliz o desgraciada? ¡He ahí el problema!.

Más: las criaturas inocentes (que no habrá pedido venir a este mundo) harán su aparición en un hogar cual el de la Sagrada Familia "uno de tantos" donde se hará difícil la vida humana y cristiana.

La vida familiar no es de las más fáciles. Tareas que se repiten sin fin, día a día. Pruebas que se suceden, desde un parto frustrado (quizás) hasta la desaparición del jefe del hogar o su reina (cosa que sucede todos los días). Afrontar todo esto con una sonrisa continuamente renovada ( para que no se vuelva estereotipada) y saber sacar provecho de las exigencias cotidianas ( no siempre comprendida como "mensajeros del Señor") requiere un arte que no se improvisa.

Pesarlo

Vocación es un término que, desgraciadamente, se ha querido limitar a los y las que hubieran sido llamados al claustro. La época actual la ha reivindicado, también, para el matrimonio. Hay una llamada a esa cooperación con la extensión del Reino de Dios para el cual hay un sacramento -y grande (cosa que no hay para las religiosas)

Tres cosas entraña un llamado de esta naturaleza.

1. Una decisión del Señor (que reparte sus carismas a quien quiere);

2.Una misión a cumplir ( para la cual se tiene idoneidad);

3.Ayudas particulares ( a fin de realizar la tarea eficientemente).

Muchas y diversas son las maneras en que la Voluntad Divina se manifiesta para ir ubicando a cada miembro del Cuerpo Místico en la función que, eternamente, se la ha asignado. Y es de la respuesta que se dé a este llamado y de la manera en que se cumpla con la misión encomendada que depende del bienestar propio y ajeno, aquí y en el más allá. ¡De allí la importancia de una debida elección!.

¿Cuándo fue?

Util es a los casados ( y a los que lo serán) retomar los pasos de su vocación. Es un itinerario cuyo recorrido va dejando hondas lecciones. Y, como las aprendidas en la niñez, vale la pena evocarlas.

Hay una época, efectivamente, en que se plantea: "¿Qué seré de grande?". El deseo de ser amado, ansias de dedicarse a "algo que valga la pena", el estímulo de otros que van descubriendo qué hacer con su amor…Todo esto constituye ese fondo agridulce de la adolescencia y juventud.

Hay quienes, como Charles Maillet, ya tienen a su futuro consorte presente en sus oraciones. Otros, sin llegar a este hermoso misticismo primaveral, han fijado los lineamientos de su ideal. No faltan quienes lo hacen objeto de una promesa.

La fecha del descubrimiento de América no es de mayor importancia para los que, finalmente, un día se ven cara a cara. Dos corazones que se buscaban. Dos personalidades que se complementan. Dos vidas que se van fusionando. Hecho el uno para el otro. Una tarea común que los estrecha más y más.. Un hogar en lontananza. Cunas que se suceden.

Punto de partida

La vida parece comenzar de nuevo después de ese providencial encuentro. Potencias ocultas en el espíritu salen a flor. Una fuerza desconocida se despierta. El futuro está pintado de otros colores. Una riqueza insospechable está a disposición de los enamorados: el corazón de la otra persona.

Cuando se echa una mirada a los hombres se les sabe partícipes de un poder creador, evidente que la gran oportunidad de hacer algo valedero en la vida está en la fundación de la familia. Es allí, en verdad, donde el varón vuelca lo específico para el enriquecimiento de su mujer. A su vez, esta adorna con sus cualidades típicas la pobreza síquica y espiritual del hombre.

Cierto que hay, también, un llamado a la vida célibe. Pero es esta una gracia excepcional "que nos es dada a todos". La orden general es, más bien, la de buscar con quien ambular por el camino de la vida: El "no es bueno al hombre estar solo" se verifica en los desdenes del solterón y en aquellas solteronas que cosumen su existencia en el egoísmo.

¿Lo comprenden?

No siempre se ha comprendido la grandeza de este llamado al matrimonio. Del mismo modo que los que tiene vista no siempre aprecian poder ver, así los que han sido dotados para una vida familiar no saben valorar ese hombre o esa mujer que Dios ha puesto a su vera.

Tal es el estado de la familia en muchas regiones, que es difícil para sus miembros ver la sublimidad de este llamado divino. Y, por no apreciarlo, lógico es que no indaguen con avidez para descubrir los tesoros ocultos en él.

¿Podría acaso haber llamado Dios a una tarea más sublime que la de dar y moldear la vida?. Tomar un bloque de mármol y cincelarlo es objeto de admiración para los amantes del arte. La pobre arcilla es transformada en manos del alfarero en una obra digna de exhibición. Un tosco leño deja aparecer la estatua oculta en sus entrañas cuando el tallador aplica sus inspirados instrumentos. ¿Y no será digno de mayor elogio, el que pone eternamente su amor en una criatura a la cual, luego, Va forjando a imagen y semejanza del autor de la vida?.

Pero hay, además, otra facultad que les compete a los casados en virtud de la misión que se les ha conferido en la comunidad. Es la de poder darse el uno al otro, hacerlo fuera de este marco de amor sagrado es prostituir lo más grande que late en pecho humano: La existencia de este clima de afecto hace factible la educación de los hijos.

Un paralelo

Si el laico en virtud del bautismo es "sacerdote", doblemente lo es cuando el sacramento grande lo coloca al frente de esa "ecclesiola" que es la familia.

Verdaderamente consagrado a la misión divina de dar la vida y orientarla hacia su cumplimiento temporal y eterno, los casados -como el presbítero- están comprometidos a una vida santa. Ya no son más suyos ese hombre y esta mujer que dijeron su "Sí" ante el altar de su bodas. Pertenecen duplicadamente a la Iglesia y se deben al Pueblo de Dios. Dignos de respeto y de admiración con quienes , de esta manera, sirven a la comunidad aumentando sus números y moldeando futuros servidores de Dios y de los hombres.

Tarea urgente: hacer que los casados aprecien su vocación a pesar de las limitaciones humanas en que se puedan desarrollar. Las nimiedades de una vida que se repite a diario pueden hacer perder la visión del cuadro magnífico que se va haciendo con esas pinceladas. Necesidad apremiante de que los casados renueven su entusiasmo de otrora y comprenda cuanto pende del cumplimiento de su sublime vocación de ser imágenes vivientes del amor que el Redentor tiene a la humanidad.

(Digesto Familiar Nª228)


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