Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología

Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 94 –16 de diciembre de 2013

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

(“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”)

Santo Tomás de Aquino

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

Contacto: feyrazon@gmail.com

 

 

Fundadores de la Revista: Ing. Daniel Iglesias, Lic. Néstor Martínez, Diác. Jorge Novoa.

 

Equipo de Dirección: Ing. Daniel Iglesias, Lic. Néstor Martínez, Ec. Rafael Menéndez.

 

Colaboradores: Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, R. P. Lic. Horacio Bojorge, Mons. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Carlos Caso-Rosendi, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Mons. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Diác. Prof. Milton Iglesias Fascetto, Pbro. Dr. José María Iraburu, Diác. Jorge Novoa, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Santiago Raffo, Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

¡Feliz Navidad!

Equipo de Dirección

Magisterio

Profesión de fe, juramento de fidelidad y nota doctrinal

Congregación para la Doctrina de la Fe

Teología

Jesús, los pobres y los otros en la exégesis de los principales teólogos de la liberación –5

Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola

Biblia

“Hombre de poca fe” (Mt 14,30)

Diác. Jorge Novoa

Pastoral

Cuestionario del documento preparatorio del Sínodo sobre la Familia –Preguntas 1a y 1b

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Familia y Vida

Planificando la destrucción de la familia

Lic. Néstor Martínez Valls

Oración

Adeste Fideles

Desconocido

 

 

¡Feliz Navidad!

 

Equipo de Dirección

 

“Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, lo adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.” (Mateo 2,9-11).

 

Queridos amigos:

 

La Navidad secularizada (la de Santa Claus y el arbolito) requiere sólo el compromiso débil de dar algunos regalos materiales a los seres queridos. En cambio, la verdadera Navidad (la del niño Jesús y el pesebre de Belén) exige el compromiso fuerte de regalar el propio ser a Dios y a todos los hermanos. Los tres dones de los magos de Oriente al Salvador recién nacido (oro, incienso y mirra) simbolizan los dones de pobreza, castidad y obediencia (bienes, cuerpos y almas) que debemos entregar a Dios. Liberándonos, por la gracia de Dios, de los afanes desordenados de riqueza, de placer e incluso de libertad, nos auto-poseemos para poder auto-donarnos.

 

Que en esta Navidad nuestro Padre Dios nos conceda abrir nuestros ojos al gran misterio del nacimiento de Su Hijo Jesucristo de la Virgen María en Belén de Judea hace más de 2.000 años y convierta nuestros corazones en tierra fértil, para que la buena semilla del Evangelio dé muchos frutos de justicia y santidad en nosotros y a nuestro alrededor.

 

¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!

 

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El pasado martes (10/12/2013) el Parlamento uruguayo legalizó la producción y venta de marihuana. Continúa así el proceso de aceleración de la gravísima embestida gubernamental contra la ley moral natural, algunos de cuyos hitos principales fueron las legalizaciones de las uniones concubinarias, el aborto voluntario, el “matrimonio homosexual” y la reproducción artificial. Que en esta Navidad el Señor mueva al pueblo uruguayo hacia un profundo y sincero arrepentimiento y conversión, también en el plano político.

 

***

 

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Profesión de fe, juramento de fidelidad y nota doctrinal

 

Congregación para la Doctrina de la Fe

 

Prefacio

 

El presente fascículo recoge documentos concernientes a la nueva fórmula de la Profesión de Fe:

 

-Los textos de la Profesión de Fe y del Juramento de fidelidad al asumir un oficio que se ha de ejercer en nombre de la Iglesia, publicados por la Congregación para la Doctrina de la Fe el 9 de enero de 1989 (AAS 81 [1989] 104-106).

-El texto de la Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de la Profesión de Fe, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe y aparecida en L'Osservatore Romano del 30 de junio-1 de julio de 1998, con el propósito de explicar el significado y el valor doctrinal de los tres apartados conclusivos, que se refieren a la calificación teológica de las doctrinas y del tipo de asentimiento pedido a los fieles.

 

*****

 

Profesión de Fe

 

(Fórmula para utilizar en los casos en que el derecho prescribe la profesión de fe)

 

Yo, N., creo con fe firme y profeso todas y cada una de las cosas contenidas en el Símbolo de la fe, a saber:

 

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

 

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

 

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

 

Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal.

 

Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo.

 

Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo.

 

*****

 

Juramento de fidelidad al asumir un oficio

que se ha de ejercer en nombre de la Iglesia

 

(Fórmula que deben utilizar los fieles cristianos a los que se refiere el canon 833, 5-8)

 

Yo, N., al asumir el oficio..., prometo mantenerme siempre en comunión con la Iglesia católica, tanto en lo que exprese de palabra como en mi manera de obrar.

 

Cumpliré con gran diligencia y fidelidad las obligaciones a las que estoy comprometido con la Iglesia tanto universal como particular, en la que he sido llamado a ejercer mi servicio, según lo establecido por el derecho.

 

En el ejercicio del ministerio que me ha sido confiado en nombre de la Iglesia, conservaré íntegro el depósito de la fe y lo transmitiré y explicaré fielmente; evitando, por tanto, cualquier doctrina que le sea contraria.

 

Seguiré y promoveré la disciplina común a toda la Iglesia, y observaré todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico.

 

Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados pastores, como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo que establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente a los obispos diocesanos para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, se realice siempre en comunión con ella.

 

Que así Dios me ayude y estos santos evangelios que toco con mis manos.

 

(Variaciones a los párrafos cuarto y quinto de la fórmula de juramento,
que han de utilizar los fieles cristianos a los que se refiere el canon 833, n. 8)

 

Promoveré la disciplina común a toda la Iglesia y urgiré la observancia de todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico.

 

Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados pastores, como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo que establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente a los obispos diocesanos para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, quedando a salvo la índole y el fin de mi instituto, se realice siempre en comunión con la misma Iglesia.

 

*****

 

Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de la Professio fidei

 

1. Desde sus inicios la Iglesia ha profesado la fe en el Señor crucificado y resucitado, recogiendo en algunas fórmulas los contenidos fundamentales de su credo. El hecho central de la muerte y resurrección del Señor Jesús, expresado primero con fórmulas simples y después con otras más completas [1], ha permitido dar vida a la proclamación ininterrumpida de la fe, por medio de la cual la Iglesia ha transmitido tanto lo que había recibido de las palabras y obras de Cristo, como lo que había aprendido por la inspiración del Espíritu Santo [2].

 

El Nuevo Testamento es testimonio privilegiado de la primera profesión de fe proclamada por los discípulos inmediatamente después de los acontecimientos de la Pascua: «Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce» [3].

 

2. En el curso de los siglos, a partir de este núcleo inmutable que da testimonio de Jesús como Hijo de Dios y Señor, se han desarrollado otros símbolos que atestiguan la unidad de la fe y la comunión de las Iglesias.

 

En estos símbolos se recogen las verdades fundamentales que cada creyente debe conocer y profesar. Es por eso que, antes de recibir el Bautismo, el catecúmeno debe emitir su profesión de fe. También los Padres reunidos en los Concilios, para satisfacer las diversas exigencias históricas que requerían una presentación más completa de la verdad de fe o para defender la ortodoxia de esta misma fe, han formulado nuevos símbolos que ocupan, hasta nuestros días, un «lugar muy particular en la vida de la Iglesia» [4]. La diversidad de estos símbolos expresa la riqueza de la única fe y ninguno de ellos puede ser superado ni anulado por la formulación de una profesión de fe posterior que corresponda a situaciones históricas nuevas.

 

3. La promesa de Cristo de enviar el Espíritu Santo, el cual «guiará hasta la verdad plena» [5], sostiene a la Iglesia permanentemente en su camino. Es por eso que en el curso de su historia algunas verdades han sido definidas como definitivas por la asistencia del Espíritu Santo, siendo por tanto etapas visibles del cumplimiento de la promesa inicial del Señor. Otras verdades deben ser aún más profundizadas, antes de alcanzar plenamente lo que Dios, en su misterio de amor, ha deseado revelar al hombre para su salvación [6].

 

También recientemente la Iglesia, en su solicitud pastoral, ha estimado oportuno expresar en manera más explícita la fe de siempre. Se ha impuesto a algunos fieles, llamados a asumir en la comunidad oficios particulares en nombre de la Iglesia, la obligación de emitir públicamente la profesión de fe según la fórmula aprobada por la Sede Apostólica [7].

 

4. Esta nueva fórmula de la Professio fidei, la cual propone una vez más el símbolo niceno-constantinopolitano, se concluye con la adición de tres proposiciones o apartados, que tienen como finalidad distinguir mejor el orden de las verdades que abraza el creyente. Estos apartados deben ser explicados coherentemente, para que el significado ordinario que les ha dado el Magisterio de la Iglesia sea bien entendido, recibido e íntegramente conservado.

 

En la acepción actual del término «Iglesia» se han llegado a incluir contenidos diversos que, no obstante su verdad y coherencia, necesitan ser precisados en el momento de hacer referencia a las funciones específicas y propias de los sujetos que actúan en la Iglesia. En este sentido, queda claro que sobre las cuestiones de fe o de moral el único sujeto hábil para desempeñar el oficio de enseñar con autoridad vinculante para los fieles es el Sumo Pontífice y el Colegio de los Obispos en comunión con el Papa [8]. Los Obispos, en efecto, son «maestros auténticos» de la fe, «es decir, herederos de la autoridad de Cristo» [9], ya que por divina institución son sucesores de los Apóstoles «en el magisterio y en el gobierno pastoral»: ellos ejercen, junto con el Romano Pontífice, la suprema autoridad y la plena potestad sobre toda la Iglesia, si bien esta potestad no pueda ser ejercida sin el acuerdo con el Romano Pontífice [10].

 

5. Con la fórmula del primer apartado: «Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal», se quiere afirmar que el objeto enseñado está constituido por todas aquellas doctrinas de fe divina y católica que la Iglesia propone como formalmente reveladas y, como tales, irreformables [11].

 

Esas doctrinas están contenidas en la Palabra de Dios escrita o transmitida y son definidas como verdades divinamente reveladas por medio de un juicio solemne del Romano Pontífice cuando habla «ex cathedra», o por el Colegio de los Obispos reunido en Concilio, o bien son propuestas infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal.

 

Estas doctrinas requieren el asentimiento de fe teologal de todos los fieles. Por esta razón, quien obstinadamente las pusiera en duda o las negara, caería en herejía, como lo indican los respectivos cánones de los Códigos canónicos [12].

 

6. La segunda proposición de la Professio fidei afirma: «Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo». El objeto de esta fórmula comprende todas aquellas doctrinas que conciernen al campo dogmático o moral [13] que son necesarias para custodiar y exponer fielmente el depósito de la fe, aunque no hayan sido propuestas por el Magisterio de la Iglesia como formalmente reveladas.

 

Estas doctrinas pueden ser definidas formalmente por el Romano Pontífice cuando habla «ex cathedra» o por el Colegio de los Obispos reunido en Concilio, o también pueden ser enseñadas infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal de la Iglesia como una «sententia definitive tenenda» [14]. Todo creyente, por lo tanto, debe dar su asentimiento firme y definitivo a estas verdades, fundado sobre la fe en la asistencia del Espíritu Santo al Magisterio de la Iglesia, y sobre la doctrina católica de la infalibilidad del Magisterio en estas materias [15]. Quien las negara, asumiría la posición de rechazo de la verdad de la doctrina católica [16] y por lo tanto no estaría en plena comunión con la Iglesia católica.

 

7. Las verdades relativas a este segundo apartado pueden ser de naturaleza diversa y tienen, por tanto, un carácter diferente debido al modo en el cual se relacionan con la revelación. En efecto, hay verdades que están necesariamente relacionadas con la revelación mediante una relación histórica; mientras que otras verdades evidencian una conexión lógica, la cual expresa una etapa en la maduración del conocimiento de la misma revelación, que la Iglesia está llamada a recorrer. El hecho de que estas doctrinas no sean propuestas como formalmente reveladas, en cuanto añaden al dato de fe elementos no revelados o no reconocidos todavía expresamente como tales, en nada afecta a su carácter definitivo, el cual debe sostenerse como necesario al menos por su vinculación intrínseca con la verdad revelada. Además, no se puede excluir que en un cierto momento del desarrollo dogmático, la inteligencia tanto de las realidades como de las palabras del depósito de la fe, pueda progresar en la vida de la Iglesia y el Magisterio llegue a proclamar algunas de estas doctrinas también como dogmas de fe divina y católica.

 

8. En lo que se refiere a la naturaleza del asentimiento debido a las verdades propuestas por la Iglesia como divinamente reveladas (primer apartado) o de modo definitivo (segundo apartado), es importante subrayar que no hay diferencia sobre el carácter pleno e irrevocable del asentimiento debido a sus respectivas enseñanzas. La diferencia se refiere a la virtud sobrenatural de la fe: en el caso de las verdades del primer apartado, el asentimiento se funda directamente sobre la fe en la autoridad de la Palabra de Dios (doctrinas de fide credenda); en el caso de las verdades del segundo apartado, el asentimiento se funda sobre la fe en la asistencia del Espíritu Santo al Magisterio y sobre la doctrina católica de la infalibilidad del Magisterio (doctrinas de fide tenenda).

 

9. De todos modos, el Magisterio de la Iglesia enseña una doctrina que ha de ser creída como divinamente revelada (primer apartado) o que ha de ser sostenida como definitiva (segundo apartado), por medio de un acto definitorio o no definitorio. En el caso de que lo haga a través de un acto definitorio, se define solemnemente una verdad por medio de un pronunciamiento «ex cathedra» por parte del Romano Pontífice o por medio de la intervención de un Concilio ecuménico. En el caso de un acto no definitorio, se enseña infaliblemente una doctrina por medio del Magisterio ordinario y universal de los Obispos esparcidos por el mundo en comunión con el Sucesor de Pedro. Tal doctrina puede ser confirmada o reafirmada por el Romano Pontífice, aun sin recurrir a una definición solemne, declarando explícitamente que la misma pertenece a la enseñanza del Magisterio ordinario y universal como verdad divinamente revelada (primer apartado) o como verdad de la doctrina católica (segundo apartado). En consecuencia, cuando sobre una doctrina no existe un juicio en la forma solemne de una definición, pero pertenece al patrimonio del depositum fidei y es enseñada por el Magisterio ordinario y universal –que incluye necesariamente el del Papa–, debe ser entendida como propuesta infaliblemente [17]. La confirmación o la reafirmación por parte del Romano Pontífice, en este caso, no es un nuevo acto de dogmatización, sino el testimonio formal sobre una verdad ya poseída e infaliblemente transmitida por la Iglesia.

 

10. La tercera proposición de la Professio fidei afirma: «Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento, a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo».

 

A este apartado pertenecen todas aquellas enseñanzas en materia de fe y moralpresentadas como verdaderas o al menos como seguras, aunque no hayan sido definidas por medio de un juicio solemne ni propuestas como definitivas por el Magisterio ordinario y universal. Estas enseñanzas son expresión auténtica del Magisterio ordinario del Romano Pontífice o del Colegio Episcopal y demandan, por tanto, el religioso asentimiento de voluntad y entendimiento [18]. Son propuestas para alcanzar una inteligencia más profunda de la revelación, o para mostrar la conformidad de una enseñanza con las verdades de fe, o, finalmente, para poner en guardia contra concesiones incompatibles con estas mismas verdades o contra opiniones peligrosas que pueden llevar al error [19].

 

La proposición contraria a tales doctrinas puede ser calificada respectivamente como errónea o, en el caso de las enseñanzas de orden prudencial, como temeraria o peligrosa y por tanto «tuto doceri non potest» [20].

 

11. Ejemplificaciones. Sin ninguna intención de ser exhaustivos, pueden ser recordados, con finalidad meramente indicativa, algunos ejemplos de doctrinas relativas a los tres apartados arriba expuestos.

 

A las verdades correspondientes al primer apartado pertenecen los artículos de la fe del Credo; los diversos dogmas cristológicos [21] y marianos [22]; la doctrina de la institución de los sacramentos por parte de Cristo y su eficacia en lo que respecta a la gracia [23]; la doctrina de la presencia real y substancial de Cristo en la eucaristía [24] y la naturaleza sacrificial de la celebración eucarística [25]; la fundación de la Iglesia por voluntad de Cristo [26]; la doctrina sobre el primado y la infalibilidad del Romano Pontífice [27]; la doctrina sobre la existencia del pecado original [28]; la doctrina sobre la inmortalidad de alma y sobre la retribución inmediata después de la muerte [29]; la inerrancia de los textos sagrados inspirados [30]; la doctrina acerca de la grave inmoralidad de la muerte directa y voluntaria de un ser humano inocente [31].

 

Entre las verdades del segundo apartado, con referencia a aquellas relacionadas con la Revelación por necesidad lógica, se puede considerar, por ejemplo, el desarrollo del conocimiento de la doctrina sobre la infalibilidad del Romano Pontífice, antes de la definición dogmática del Concilio Vaticano I. El primado del Sucesor de Pedro ha sido siempre creído como un dato revelado, si bien hasta el Vaticano I estaba abierta la discusión sobre si la elaboración conceptual presupuesta en los términos «jurisdicción» e «infalibilidad» debía considerarse como parte intrínseca de la revelación o solamente como consecuencia racional. Aunque su carácter de verdad divinamente revelada fue definido en el Concilio Vaticano I, la doctrina sobre la infalibilidad y sobre el primado de jurisdicción del Romano Pontífice era reconocida como definitiva ya en la fase precedente al Concilio. La historia muestra con claridad que cuanto fue asumido por la conciencia de la Iglesia había sido considerado desde los inicios como una doctrina verdadera y, posteriormente, como definitiva, si bien sólo en el paso final de la definición del Vaticano I fuera recibida como verdad divinamente revelada.

 

En lo que concierne a la reciente enseñanza de la doctrina sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres, se debe observar un proceso similar. La intención del Sumo Pontífice, sin querer llegar a una definición dogmática, ha sido la de reafirmar que tal doctrina debe ser tenida en modo definitivo [32], pues, fundada sobre la Palabra de Dios escrita, constantemente conservada y aplicada en la Tradición de la Iglesia, ha sido propuesta infaliblemente por el Magisterio ordinario y universal [33]. Nada impide que, como muestra el ejemplo precedente, en el futuro la conciencia de la Iglesia pueda progresar hasta llegar a definir tal doctrina de forma que deba ser creída como divinamente revelada.

 

Se puede también llamar la atención sobre la doctrina de la ilicitud de la eutanasia, enseñada en la Encíclica Evangelium Vitae. Confirmando que la eutanasia es «una grave violación de la ley de Dios», el Papa declara que «tal doctrina está fundada sobre la ley natural y sobre la Palabra de Dios escrita, que ha sido transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal» [34]. Podría dar la impresión de que en la doctrina sobre la eutanasia hay un elemento puramente racional, ya que la Escritura parece no conocer el concepto. Sin embargo, en este caso emerge la mutua relación entre el orden de la fe y el orden de la razón. En efecto, la Escritura excluye con claridad toda forma de auto-disposición de la existencia humana, la cual está presupuesta en la praxis y la teoría de la eutanasia.

 

Otros ejemplos de doctrinas morales enseñadas como definitivas por el Magisterio ordinario y universal de la Iglesia son: la ilicitud de la prostitución [35] y de la fornicación [36].

 

Entre las verdades relacionadas con la revelación por necesidad histórica, que deben ser tenidas en modo definitivo, pero que no pueden ser declaradas como divinamente reveladas, se pueden indicar, por ejemplo, la legitimidad de la elección del Sumo Pontífice o de la celebración de un Concilio ecuménico; la canonización de los santos (hechos dogmáticos); la declaración de León XIII en la Carta Apostólica Apostolicae Curae sobre la invalidez de las ordenaciones anglicanas [37], etc.

 

Como ejemplos de doctrinas pertenecientes al tercer apartado se pueden indicar en general las enseñanzas propuestas por el Magisterio auténtico y ordinario en modo no definitivo, que requieren un grado de adhesión diferenciado, según la mente y la voluntad manifestada, la cual se hace patente especialmente por la naturaleza de los documentos, o por la frecuente proposición de la misma doctrina, o por el tenor de las expresiones verbales [38].

 

12. Con los diversos símbolos de fe, el creyente reconoce y atestigua que profesa la fe de toda la Iglesia. Es por ese motivo que, sobre todo en los símbolos más antiguos, se expresa esta conciencia eclesial con la fórmula «Creemos». Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «Creo» es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, sobre todo en el momento del bautismo. «Creemos» es la fe de la Iglesia confesada por los Obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. «Creo» es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios con su misma fe y que nos enseña a decir: «Creo», «Creemos» [39].

 

En cada profesión de fe, la Iglesia verifica las diferentes etapas que ha recorrido en su camino hacia el encuentro definitivo con el Señor. Ningún contenido ha sido superado con el pasar del tiempo; en cambio, todo se convierte en patrimonio insustituible por medio del cual la fe de siempre, vivida por todos en todas partes, contempla la acción perenne del Espíritu de Cristo Resucitado que acompaña y vivifica su Iglesia hasta conducirla a la plenitud de la verdad.

 

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 29 de junio de 1998, Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles.

 

Joseph Card. Ratzinger, Prefecto

+Tarcisio Bertone, S.D.B., Arzobispo Emérito de Vercelli, Secretario

 


 

Notas

 

[1] Las fórmulas simples profesan, normalmente, la plenitud mesiánica de Jesús de Nazaret; cf., por ejemplo, Mc 8, 29; Mt 16, 16; Lc 9, 20; Jn 20, 31; Hch 9, 22. Las fórmulas complejas, además de la resurrección, confiesan los eventos principales de la vida de Jesús y el significado salvífico de los mismos; cf. por ejemplo, Mc 12, 35-36; Hch 2, 23-24; 1 Co 15, 3-5; 1 Co 16, 22; Fil 2, 7.10-11; Col 1, 15-20; 1 Pe 3, 19-22; Ap 22, 20. Además de las fórmulas de confesión de fe relativas a la historia de la salvación y a la vicisitud histórica de Jesús de Nazaret culminada con la Pascua, existen en el Nuevo Testamento profesiones de fe que conciernen al ser mismo de Jesús; cf. 1 Co 12, 3: "Jesús es el Señor". En Rom 10, 9 las dos formas de confesión se encuentran juntas.

 

[2] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum, n. 7.

 

[3] 1 Co 15, 3-5.

 

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 193.

 

[5] Jn 16, 13.

 

[6] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum, n. 11.

 

[7] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Profesión de fe y juramento de fidelidad: AAS 81 (1989) 104-106; CIC, can. 833.

 

[8] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 25.

 

[9] Ibidem, n. 25.

 

[10] Cf. ibidem, n. 22.

 

[11] Cf. DS 3074.

 

[12] Cf. CIC cann. 750 y 751; 1364 § 1; CCEO cann. 598 § 1; 1436 § 1.

 

[13] Cf. Pablo VI, Carta Encíclica Humanae Vitae, n. 4: AAS 60 (1968) 483; Juan Pablo II, Carta Encíclica Veritatis Splendor, nn. 36-37: AAS 85 (1993) 1162-1163.

 

[14] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 25.

 

[15] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum, nn. 8 y 10; Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Mysterium Ecclesiae, n. 3: AAS 65 (1973) 400-401.

 

[16] Cf. Juan Pablo II, Motu proprio Ad tuendam fidem, 18 de mayo de 1998.

 

[17] Téngase en cuenta que la enseñanza infalible del Magisterio ordinario y universal no es propuesta sólo por medio de una declaración explícita de una doctrina que debe ser creída o sostenida definitivamente, sino que también se expresa frecuentemente mediante una doctrina implícitamente contenida en una praxis de la fe de la Iglesia, derivada de la revelación o de todas maneras necesaria para la salvación, y testimoniada por la Tradición ininterrumpida: esa enseñanza infalible resulta objetivamente propuesta por el entero cuerpo episcopal, entendido en sentido diacrónico, y no sólo necesariamente sincrónico. Además la intención del Magisterio ordinario y universal de proponer una doctrina como definitiva no está generalmente ligada a formulaciones técnicas de particular solemnidad; es suficiente que quede claro por el tenor de las palabras usadas y por el contexto.

 

[18] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 25; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Veritatis, n. 23: AAS 82 (1990) 1559-1560.

 

[19] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Veritatis, nn. 23 y 24.

 

[20] Cf. CIC cann. 752; 1371; CCEO, cann. 599; 1436 § 2.

 

[21] Cf. DS 301-302.

 

[22] Cf. DS 2803; 3903.

 

[23] Cf. DS 1601; 1606.

 

[24] Cf. DS 1636.

 

[25] Cf. DS 1740; 1743.

 

[26] Cf. DS 3050.

 

[27] Cf. DS 3059-3075.

 

[28] Cf. DS 1510-1515.

 

[29] Cf. DS 1000-1002.

 

[30] Cf. DS 3293; Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum, n. 11.

 

[31] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, n. 57: AAS 87 (1995) 465.

 

[32] Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, n. 4: AAS 86 (1994) 548.

 

[33] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Respuesta a la duda sobre la doctrina de la Carta Apostólica «Ordinatio Sacerdotalis»: AAS 87 (1995) 1114.

 

[34] Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, 65.

 

[35] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2355.

 

[36] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2353.

 

[37] Cf. DS 3315-3319.

 

[38] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium, n. 25; Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Veritatis, nn. 17 y 24.

 

[39] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 167.

 

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Jesús, los pobres y los otros en la exégesis

de los principales teólogos de la liberación –5

 

Miguel Antonio Barriola

 

I –Ulteriores desarrollos en el pensamiento de G. Gutiérrez

 

Tal como habíamos adelantado al comienzo de estas lecciones, Gutiérrez habla con mayor cuidado en sus últimas publicaciones. Con frecuencia aparece la frase: “Estamos bien lejos de tal o tal idea” (1).

 

Es consolador el acento que asume hacia una espiritualidad en su teología. Con mucha frecuencia subraya la necesidad de cultivar el sentido de la infancia espiritual para poder vivir la pobreza evangélica.

 

II –El análisis marxista

 

Hemos comprobado hasta ahora, que, en la visión de Gutiérrez, la acentuación de la lucha de clases es uno de los fermentos que han conmovido profundamente el sentido evangélico de la predilección de Jesús por los pobres.            ¿Qué piensa ahora al respecto Gutiérrez?

 

Incansablemente ha escrito (y ha respondido en las numerosas entrevistas que ha concedido) que el uso que él ha hecho de las ciencias sociales no es para nada dependiente del análisis marxista. Insiste en que la gran idea de base de su enfoque sociológico no es marxista. Él se refiere ante todo a la teoría de la dependencia.

 

“El solo hecho –afirma– de la importancia dada en la teología de la liberación a la teoría de la dependencia… impide hacer dicha identificación (2). Esta teoría nació en el seno de un desarrollo de las ciencias sociales en América Latina y cuenta con teóricos eminentes, que no se reconocen como marxistas. Y tampoco se puede ignorar que representantes del marxismo han criticado severamente esta teoría… Marx había afirmado que <el país industrialmente desarrollado no hace más que mostrar al menos desarrollado la imagen de su propio futuro> (3).

 

Esto es precisamente lo que no acepta la teoría de la dependencia. Un científico social latinoamericano escribe que esta teoría <puso en cuestión, para comenzar, el esquema supuestamente <lineal> de la evolución de la sociedad humana, calificando como <eurocéntricas> las indicaciones que sobre el argumento dejó el mismo Marx (4).

 

En otro paso, hablando de las tesis del escritor más importante de esta teoría, F. H. Cardoso, dirá que éste sostiene una “posición teórica que se coloca en las antípodas de Marx” (5).

 

Queda fuera de nuestro objetivo introducirnos en el examen de las diversas perspectivas existentes en las ciencias sociales. Digamos sólo de pasada que, prescindiendo de los textos del mismo Marx, no son pocos los que hacen notar que la dicha teoría de la dependencia es la versión latinoamericana de las tesis del imperialismo, elaborada por Lenin, quien, a su vez, llevó adelante las intuiciones de Marx (6).

 

Suponiendo, pues, no concediendo, que la teoría de la dependencia sea inmaculada del influjo marxista, queda siempre el hecho de la solución prevista como única para liberarse de tal dependencia: la lucha de clases. Ahora bien, nadie negará el impulso que Marx imprimió a esta visión combativa, para salir de la opresión social por él analizada. Ni, para suavizar el carácter marxista de la lucha de clases, vale decir que Marx no ha sido su descubridor, sino solamente su organizador en sistema (7).

 

De hecho Gutiérrez sigue citando a Marx, según el cual lo original suyo en este análisis es que “la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado” (8). Afirmación que no recibe la más mínima crítica de parte de Gutiérrez.

 

Cuando parece que el escritor peruano llega sin términos medios a este punto, marxista entre todos (o sea: no la teoría de la dependencia, sobre la cual se discute; sino sobre el camino para suprimirla: la lucha de clases), hace hábiles clarificaciones dialécticas, pero no parece que se decida a corregir antiguas formulaciones extremistas, que no eran sólo fruto de la emoción, vista la amplitud que toman en sus primeras obras.

 

Veamos: “Vengamos a un punto particularmente candente: la cuestión de la lucha de clases. Hay una entera constelación de emociones al respecto. Es por esto que, en otras ocasiones, me he referido también al particular llamándolo conflicto social. Quede claro un primer punto: dicho conflicto o dicha lucha de clases, nunca ha sido considerado en mis escritos como <motor de la historia> o como una <ley de la historia>. Jamás he empleado este tipo de vocabulario” (9).

 

Bueno es tomar nota de este alejamiento respecto a una de las más nocivas tesis del marxismo. Pero… ¿es tan claro que él no haya recurrido a este tipo de discurso? Si no con aquellas palabras (“motor o ley de la historia”), al menos equivalentemente la lucha de clases ha aparecido en su pluma como una necesidad inexorable, al menos para hoy. Y no sólo, porque con frecuencia une el concepto de lucha con el de historia.

 

Confirmémoslo con algunas muestras. “La teología pareciera haber eludido por mucho tiempo una reflexión sobre el carácter conflictivo de la historia humana, sobre la confrontación entre los hombres, clases sociales y países” (10).

 

Ahora bien, ¿tiene la historia solamente un carácter conflictivo? G. Gutiérrez se remite frecuentemente a las explicaciones que ha dirigido el anterior Prepósito General a los jesuitas sobre el análisis marxista, diciendo estar de acuerdo plenamente con tales advertencias (11). Y bien, el P. Arrupe recordaba con pertinencia: “En ningún modo se ha demostrado que toda la historia humana, pasada y presente, pueda reducirse a la lucha y menos todavía a la lucha de clases en el sentido estricto de la palabra. La realidad social no se comprende solamente por medio de la dialéctica del siervo y el patrón; se debe decir, más bien, que ha habido y hay ahora muchos otros impulsos en la historia humana (de alianza, de paz, de amor). Hay otras fuerzas profundas que la inspiran” (12). Por consiguiente, según Arrupe: “no toda la historia humana” puede caer bajo el esquema de “carácter conflictivo”.

 

Pero, la página que hemos citado de Gutiérrez no es la única en establecer sinónimos de la lucha de clases, presentada bajo otras figuras. Que la historia es conflictiva y, más todavía, que únicamente la lucha de liberación clarificará las situaciones, es un elemento omnipresente en las primeras proclamas de este autor. Así, en su libro más famoso: “La perspectiva de la liberación política –que parte desde su base económica– recuerda los aspectos conflictuales del flujo histórico de la humanidad. Aquí no se da solamente un esfuerzo para conocer y dominar la naturaleza, sino también –condicionada y condicionante– una situación de miseria y expoliación del fruto del trabajo propio, proveniente del aprovechamiento del hombre por parte del hombre, de la colusión de las clases sociales y, en consecuencia (la llegada) de una lucha por liberarse de estructuras opresivas, que impiden al hombre vivir con dignidad y de asumir su propio destino. Esta es la actividad humana cuyo sentido último debe iluminar la fe en primer lugar. Partiendo de él los otros aspectos se clarificarán” (13).

 

No se puede negar el carácter ineludible dado aquí a la lucha de clases, ni su primacía, ya que se ha de “partir de ella” para iluminar todo lo demás. La primera consecuencia que le viene a la mente frente a la miseria es la lucha para liberarse de la misma. Y después, éste debería ser el punto de partida sobre el cual la fe debería arrojar su luz, para alcanzar (a través de este pasaje obligado) todo el resto. El conflicto y la necesaria lucha que de allí se sigue llegan a ser la pauta para una eficaz inserción de la fe en la historia.

 

Después de haber declarado que la liberación del pecado implica necesariamente una liberación política (14), porque nada escapa a la totalidad de la acción de Cristo y de su Espíritu (15), afirma que “esto da a la historia humana su unidad profunda. Aquellos que obran una reducción de la obra salvadora son, en cambio, los que la limitan al nivel exclusivamente <religioso> y no ven la globalidad del proceso. Son aquellos que, para proteger la salvación (o proteger sus intereses…) la sacan fuera de donde palpita el pulso de la historia, de donde algunos hombres de las clases sociales luchan para liberarse de la esclavitud y opresión, a la que se ven sometidos por otros hombres y otras clases sociales” (16).

 

Por lo tanto: la unidad profunda de las vicisitudes humanas, su radicalidad, el pulso de la historia se centrarían en el conflicto y la relativa batalla, para liberarse de él. ¿No equivale toda esa fraseología a identificar la lucha de clases con el motor de la historia? ¿Qué otra cosa es el pulso sino el palpitar rítmico impulsado por las contracciones cardíacas? ¿Puede haber algo más motorizante? Si, por ende, la lucha es tan inherente a la historia, que es parangonada como el pulso de la vida humana, no estamos muy lejos de considerarla inevitable, esencial al desarrollo del hombre y de los diferentes grupos sociales. De hecho, si el pulso cesara de palpitar, la vida se acabaría.

 

En el capítulo más sistemáticamente dedicado a la lucha de clases y sus reflejos en la unidad de la Iglesia y la Eucaristía, escribía: “Toda tentativa de evasión de la lucha contra la alienación y la violencia del poderoso y por un mundo más justo y más humano es la más grande infidelidad para con Dios. Conocerlo equivale a optar por la justicia. No hay otro camino para llegar a Él” (17). Se niega, pues, otros recursos para llegar a Dios fuera de la búsqueda de la justicia, la cual, por lo demás, no es alcanzable sin lucha. Ésta es llamada en la página siguiente: “problema cardinal” (18).

 

En otro libro suyo vincula, sin más, la teoría de la dependencia con la confrontación entre las clases: “La así llamada teoría de la dependencia, en la medida en que ha sabido colocar las relaciones de dominio en el contexto de la confrontación de las clases sociales, incentivó fecundamente este conocimiento de la realidad” (19).

 

Parece, finalmente, que no basta un esfuerzo por desvincularse de la sombra marxista, remitiéndose ahora a la teoría de la dependencia (que, según Gutiérrez, no sería reconocida por muchos como marxista). También tiene que reexaminar todas las otras numerosas afirmaciones sobre la lucha de clases como ritmo necesario de la historia. Según parece, esta revisión no ha sido realizada todavía seriamente.

 

III –Una cuestión de método teológico

 

No basta haber producido (en el pasado o ahora) frases perfectamente ortodoxas, sin el correspondiente trabajo de hacer ver cómo se ajustan sin estridencia con otras más aventuradas. No alcanza con sembrar aquí y allá islotes plenamente coherentes con la tradición, donde poder refugiarse en casos de duda, si simultáneamente no se hace el trabajo de demostrar de qué modo todo el resto se encuentra en sintonía con aquellos principios rectores.

 

Un modo tal de proceder se concede todas las ventajas en el juego, sustrayéndose a todo análisis serio. Si, por alguna razón, se le imputan tales o cuales afirmaciones poco aceptables, podrá defenderse ágilmente, demostrando que él ha dicho también lo contrario, de modo que llega a ser inútil querer precisar, ya que nunca se sabrá cuál de los contrarios se encuentra bajo su responsabilidad.

 

A los casos ya presentados, añadimos uno, en el que Gutiérrez hasta quiere hacer girar en provecho suyo la crítica dirigida por K. Lehmann contra el modo belicoso de considerar a los pobres.

 

“Sin duda que pueden darse –escribía Lehmann– situaciones donde el mensaje cristiano admite sólo un camino. En tales casos entra en vigor la obligación de la iglesia de tomar decididamente partido (recuérdese, por ejemplo, la experiencia de la dictadura nazi en Alemania). En tales circunstancias, la actitud de neutralidad incondicional en cuestiones políticas contradice el mandato del Evangelio y puede provocar consecuencias fatales” (20).

 

Con todo, el texto de Lehmann continuaba con complementos, que Gutiérrez ocultó en aquel momento de su exposición.

 

“He aquí –sigue Lehmann– una clara formulación (la de Bloch); en cambio, algunos intentos de conciliación entre amor cristiano universal y lucha de clases ofrecen más bien el sonido de cierto sofisma… Se sigue que ninguna opción política en favor de un socialismo revolucionario debe maquillarse con supuestas motivaciones teológicas. La opción es política y debe ser decidida con los medios y la competencia de la ética política” (21).

 

Teniendo, pues, en consideración todo el vasto contexto de Lehmann, resulta bastante retórica y engañosa la pregunta de Gutiérrez: “¿Quién se atreverá a considerar como no cristiana y reductora esta afirmación de Lehmann?” (22).

 

La respuesta es clara: el pensamiento completo de Lehmann, complejo y equipado con las debidas matizaciones, es plenamente cristiano. No lo son sus textos mutilados, arrastrados forzadamente fuera de la universalidad cristiana, explícitamente afirmada, también para aquellos casos extremos, en que la Iglesia debe optar por los unos, desdiciendo expresamente la posición de los otros. En efecto, de toda la exposición de Lehmann se ve cómo puede darse una defensa decidida de los injustamente oprimidos, sin que esto implique la guerra contra el opresor, en imitación de Cristo y su Iglesia, amante de los pobres y al mismo tiempo esperanzada de la conversión de tantos Zaqueos.

 

Es verdad también que, tres páginas después de la cita trunca de Lehmann, Gutiérrez volverá al texto del teólogo alemán con mayor amplitud (23). Recuperará, de hecho, esta frase: “El compromiso decidido a favor de determinados grupos no debe oscurecer… el amor de Dios por todos”.

 

De todos modos, confesamos nuestra impresión de que se trata de un modo de citar que confunde. Porque Gutiérrez, hábilmente, dividió el todo para la defensa de afirmaciones suyas, que carecen de esta perspectiva total más equilibrada, difícil y evangélica.

 

En realidad, el escritor peruano prosigue con esta media verdad: “El único camino (caso extremo) no elimina el requisito del amor universal. A fortiori, por lo mismo, cuando las relaciones se dan entre la universalidad del amor y la opción preferencial de la que ya hemos hablado, y que es un punto claro y fundamental en nuestros escritos” (24).

 

¿Cuál es el punto claro en sus obras anteriores? La opción por los pobres es nítida. Pero… ¿lo es igualmente la universalidad del amor? ¿Qué hacer, en tal caso, con frases como éstas, ya citadas más arriba? “El <pobre> es hoy el oprimido, el marginado de la sociedad, el proletario que lucha por sus más elementales derechos, la clase social explotada y despojada, el país que combate por su liberación. La solidaridad y protesta de la que hablamos tienen en el mundo actual un evidente e inevitable carácter político, en cuanto tienen un sentido liberador. Optar por el oprimido quiere decir optar contra el opresor” (25).

 

Es evidente que no se armonizaban con las tesis precedentes de Gutiérrez las advertencias de Lehmann sobre los riesgos de una postura “partidaria” en política… que pueda fácilmente llegar a ser exclusiva, configurándose combativamente frente a otros grupos de hombres, haciendo prevalecer únicamente el propio camino.

 

Por otra parte, como se ha visto, no se trata de un solo lugar en la producción de Gutiérrez, fruto momentáneo y pasional, que podría merecer alguna excusa.

 

Y después, si él se desvinculó de tomas de posición, como las asumidas por C. Torres (26), ¿sigue o no sosteniendo que la resolución de aquel sacerdote-guerrillero ha sido “esperanzadora” contra “montañas de palabras” (y, por lo tanto, más eficaz) y llevada adelante por uno de los “mejores”? (27)

 

IV –G. Gutiérrez y los movimientos guerrilleros del Perú

 

El autor que venimos comentando había manifestado una confianza optimista, dando por descontado el éxito del modo concreto de optar por los pobres: la lucha de ellos mismos, organizados contra los opresores. No había mucho que dudar; la Iglesia debía definirse, si no quería ser tenida como “engranaje del sistema dominante”.

 

Pero la historia no ha correspondido a sus expectativas. El terrorismo con sus violencias cotidianas y alocadas abrió los ojos hacia una nueva lucha de clases, que no menos nace de los mismos principios aceptados antes, por más que los extremistas saquen conclusiones más drásticas y monstruosas.

 

El jesuita español J. L. Idígoras, desde decenios profesor de teología en Lima y participante activo en la vida eclesial de aquella nación latinoamericana, hacía las siguientes observaciones sobre la situación de aquellos años: “Y ahora, cuando vemos hasta qué punto el trágico realismo de los hechos viene a desmoronar las esperanzas ideológicas, la idea bellamente elaborada por la razón de una lucha de clases veloz hacia la plena liberación, se transformó en la horrible máquina de asesinos que es el Sendero Luminoso. Y es en este momento cuando, ya tarde, G. Gutiérrez y los cristianos que siguen sus orientaciones han tomado conciencia de los males de la violencia y han comenzado a clamar contra ella. Antes no distinguían entre una y otra lucha de clases. Ahora se limitan a condenar los abusos de la lucha de clases cruel y destructora, que asola al país. Pensamos por eso que la lectura de los textos de la Teología de la liberación toma hoy un sentido mucho más doloroso ante los trágicos acontecimientos que estamos viviendo en el Perú” (28). El mismo Idígoras sigue mostrando con declaraciones y hechos lamentables y despiadados las consecuencias que este movimiento deduce de las tesis del marxista peruano Mariátegui (citado frecuentemente y con admiración por Gutiérrez en su primera edición) (29). Para tales posturas los medios y su ética no cuentan, con tal que sean eficaces. Semejantes “liberadores armados” llegan a aceptar la “tasa revolucionaria” a ellos pagada por los traficantes de droga a cambio de la protección ante las pesquisas del gobierno (30).

 

Idígoras advierte todavía: “Si hemos hecho esta reflexión sobre el Sendero Luminoso enseguida de las reflexiones respecto a las ideas de G. Gutiérrez en torno a la lucha de clases, no es porque pensemos que se dé una posible conexión histórica entre los dos hechos. Sería absurdo pensarlo. Con todo pensamos que, por más que las diferencias aparezcan tan grandes, existe entre ambas formas de ideología un núcleo común muy fuerte. Hecho que no puede ser olvidado, por más que Gutiérrez grite apasionadamente contra los abusos inhumanos de Sendero Luminoso. El esquema de la lucha justa de los oprimidos contra los opresores es el mismo. El extremismo con el que se lo aplica es, por cierto, muy diverso. Pero la raíz es común” (31).

 

Viene a la mente el conocido aviso de Tomás de Aquino, en el prefacio de su De ente et essentia: “Parvus error in principio maximus fit in fine” (= un pequeño error en el comienzo se vuelve máximo al final), y también el cuento de Goethe sobre el Zauberlehrling (= el aprendiz de brujo), que, habiendo desencadenado las fuerzas mágicas, no acertaba a encontrar la fórmula para reducirlas a sus órdenes.

 

Había, de hecho, en las primeras propuestas de Gutiérrez una credulidad excesiva en el éxito rápido de la lucha. Por ello despertaba la admiración de muchos su invitación al combate clasista y la falta de elementos morales de moderación en su vehemente discurso. Todo lo cual encerraba una potencialidad de violencia y negación de los derechos humanos. Esto no ha de ser olvidado hoy, cuando oímos a Gutiérrez disertando sobre el sagrado respeto por la vida y la importancia capital de la defensa de los derechos humanos.

 

***

 

1) Por ejemplo: “Estoy en completo desacuerdo con esta postura”, refiriéndose, sin nombrarlo, a la decisión del sacerdote-guerrillero C. Torres de no celebrar más la Eucaristía hasta que la situación de injusticia no fuese radicalmente cambiada. En: La verdad os hará libres, 65.

 

2) Entre su teología y el método marxista.

 

3) Cita: El Capital, I, 17.

 

4) Cita: A. Cueva, “El uso del concepto de modo de producción en América Latina –Algunos problemas teóricos” en: Modos de producción en América Latina, Lima (1976) 24.

 

5) Artículo citado, p. 26 en: La verdad…, 86-89.

 

6) Véase, por ejemplo: F. Moreno, “La Théologie de la libération en Amérique Latine” en: Revue Thomiste, LXXXVII (1987) 328.

 

7) Esto parece querer decir Gutiérrez cuando recuerda la famosa carta de Marx a Weydemeyer, donde declara que “mucho antes de mí los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de clases”. (Ver: Teología de la liberación…, 355, n. 51).

 

8) Ibid. Destacado nuestro.

 

9) La verdad…, 55.

 

10) Teología de la liberación…, 66.

 

11) Véase: La verdad…, 22.

 

12) A los provinciales de América Latina y para conocimiento de todos los superiores mayores –Sobre el análisis marxista”, Curia Praepositi Generalis Societais Jesu, Roma, Borgo Santo Spirito, 5; Folio 80/23; 8/XII/1980, Nº 11.

 

13) Teología de la liberación…, 235.

 

14) Ibid., 237.

 

15) Ibid., 240.

 

16) Ibid., 240.

 

17) Ibid., 352. Recordemos, es obligado subrayarlo, que este capítulo fue considerablemente dulcificado en la 14ª edición de 1990. También es de justicia reiterar que no fueron sólo “malentendidos” los juicios que provocó semejante incendiaria conclusión de su obra.

 

18) Ibid., 353.

 

19) La fuerza histórica…, 99.

 

20) Citado por Gutiérrez en: La verdad…, 108.

 

21) “Problemas metodológicos y hermenéuticos de la <Teología de la liberación>” en: Comisión Teológica Internacional, Teología de la liberación, Madrid (1978) 37-39.

 

22) La verdad…, 109.

 

23) Ver: La verdad…, 111.

 

24) Ibid., 111. Resaltado por mí.

 

25) Teología de la liberación…, 385. Ver también: 177.

 

26) Como se vio más arriba y se puede comprobar después todavía en: Evangelización y opción por los pobres, 42.

 

27) Recuérdese: Teología de la liberación, 339, n. 31 y las frecuentes presentaciones de indudable simpatía con las que ha comentado este gesto, heroico, pero profundamente equivocado.

 

28) “¿Del compromiso revolucionario al pacifismo? –Reflexión sobre el pensamiento de G. Gutiérrez”. Contribución todavía no publicada, a las jornadas de Caracas: De la Libertatis Nuntius a la Libertatis conscientia: 15-18 de febrero de 1988, 16.

 

(NOTA A LA NOTA) Aclaro, después de 25 años, que, por el mismo período en que tuve que presentar mi curso en la Gregoriana, se tuvo este encuentro, al que también había sido invitado. Dejando Roma por unos días, asistí a aquel congreso, pudiendo valerme de este valioso comentario para mis propias consideraciones. Los aportes fueron publicados después y la cita de Idígoras recién reportada puede ser encontrada en: Seminario sobre la Libertatis Nuntius y la Libertatis Conscientia –La teología de la liberación a la luz del Magisterio, Bogotá-Caracas (1988) 68. En dicho seminario tuve a mi cargo el tema: “Amor y conflicto”, ibid., 109-166.

 

29) Ver: Teología de la liberación…, 35; 129; 130; 131; 312.

 

30) H. Fabre,Perú: Sendero luminoso y horizontes oscuros” en: Encuentro, Nº 35 (1985) 30.

 

31) J. L. Idígoras, ibid., 20. En el Seminario de Caracas, editado, 69.

 

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"Hombre de poca fe" (Mt 14,30)

 

Diác. Jorge Novoa

 

22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

 

24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Ánimo!, que soy yo; no temáis.» 28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.» 29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»

 

La escena bíblica sobre la que meditamos tiene dos partes claramente distinguibles; la primera está ubicada en los vv 22-23 y está vinculada a la multiplicación de los panes. Jesús aparece allí como el gran anfitrión del banquete mesiánico. Luego de saciar a los invitados que participan del banquete, los va despidiendo; en primer lugar aparecen los discípulos, quienes son enviados hacia la otra orilla. El motivo de este adelantamiento de los discípulos no aparece expresado en este texto, pero, siguiendo las indicaciones de Jesús, ellos se embarcaron para adelantarse y tal vez preparar algo antes de la llegada del Maestro. Recordemos que, al entrar en Jerusalén, los discípulos van delante de Él, para preparar el lugar en el cual celebrarán la Pascua. Finalmente, y con un gesto de amor, Jesús despide a la "gente". Al concluir esto, el evangelista Mateo nos describe a Jesús orando a solas y, especialmente, nos destaca la hora del acontecimiento; fue al atardecer. En esta escena de la vida de Jesús que se nos describe, se respira claramente una gran calma, desarrollándose todo en perfecta armonía.

 

Este relato contrasta claramente con lo relatado en los versículos que siguen (24-31). La barca en la que van los discípulos está siendo fuertemente azotada por el viento. Esta breve presentación inicial la podríamos sintetizar diciendo: donde se encuentra Jesús hay calma y armonía, mientras que su ausencia es motivo de temor, desorientación, dudas y poca fe.

 

Calma y armonía (vv. 22-23)

 

En esta parte del relato, se nos manifiestan claramente dos actitudes de Jesús: la hospitalidad y la oración. Jesús se muestra como servidor de su Pueblo, con una actitud que de ninguna manera invierte los términos; Jesús es el Señor y nosotros sus servidores. En la última cena, Jesús esclarece con sus palabras estas acciones:

 

“¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís (Jn 13,12-17). 

 

El Señor, como Buen Pastor, acompaña a su Pueblo por el Camino, cuidándolo, sanándolo, consolándolo y protegiéndolo. Su Corazón compasivo se conmueve al ver la desorientación de algunos hombres que van como "ovejas sin pastor" (Mc 6,34). Con su amor generoso y misericordioso, Él va en busca de ellos para incorporarlos a su Pueblo por la "fiesta del perdón" (Lc 15). Fortaleciéndolos con el alimento sólido de la Eucaristía y la Palabra, los revitaliza para poder dar testimonio de la Verdad. Este camino, que todos realizamos, nos permite experimentar el amor de nuestro Dios, que aguarda pacientemente nuestra respuesta "como el centinela la aurora".

 

Jesús finalmente, con un gesto propio de la delicadeza de su amor, que despierta en nosotros admiración, despide al Pueblo que se ha congregado junto a Él. El Verbo Eterno los alimenta, y luego los despide, acompañándolos desde el comienzo hasta el final, con actitudes que develan claramente el sentido de su nombre propio: "Emmanuel" (Is 7,14), es decir, Dios con nosotros.

 

Él también nos acompaña a nosotros, con su presencia de Buen Pastor, a lo largo de toda nuestra vida. Y aunque a veces nos encontremos un tanto desorientados y afligidos, al escuchar su voz y reconocer su presencia cercana (Jn 10,3), como María delante del sepulcro (Jn 20,11), recibimos su consuelo. Él está con nosotros todos los días de nuestra vida (Mt 28), incluso nos despide en nuestro último día en éste mundo, al tiempo que nos recibe en la eternidad. Vela, según su oración sacerdotal, por cada uno de los suyos: “Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido… No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí…” (Jn 17,12.20).

 

El texto que concluye este cuadro nos presenta a Jesús retirándose a un lugar solitario para orar. Es un gran misterio la oración del Verbo Encarnado. “El Hijo de Dios hecho hombre también aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. Él aprende de su madre las fórmulas de oración; de ella, que conservaba las "maravillas" del Todopoderoso y las meditaba en su corazón (cf Lc 1,49; 2,19; 2,51). Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta, distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: "Yo debía estar en las cosas de mi Padre" (Lc 2,49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con y para los hombres.” (CIC 2599).

 

"La oración al Padre se inserta en la misión misteriosa del Hijo y del Espíritu" (CIC 2766). La oración está permanentemente presente en la vida y enseñanzas de Jesús, se la encuentra precediendo los momentos medulares de su vida pública: está en el Bautismo (Lc 3,21), luego de la multiplicación de los panes (Lc 9,18), en la Transfiguración y en el Huerto de los Olivos. Jesús acude a ella y exhorta a sus discípulos a ser hombre y mujeres de oración. "Jesús, como Verbo encarnado, conoce en su corazón de hombre las necesidades de sus hermanos y hermanas los hombres, y nos las revela: es el Modelo de nuestra oración" (CIC 2765).

 

Santa Teresa de Lisieux responde al interrogante sobre la oración diciendo: "Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría" [1].

 

Temor, desorientación, dudas y poca fe (24-31)

 

Los detalles precedentes, que encontramos en este relato, utilizan el recurso cronológico comparativo. Jesús al atardecer, según nos relata el evangelista, se queda solo, mientras que la barca es zarandeada en la cuarta vigilia de la noche [2]. Se trata de expresar claramente que ha transcurrido un período de tiempo considerable, que permite reconocer una distancia importante entre Jesús y los discípulos que se encuentran en la barca. La cuarta vigilia de la noche se ubica entre las 3 y las 6 de la mañana, culminando en el momento en que amanece. Algunos padres de la Iglesia, a imitación de Jesús, dedicaban a la oración el tiempo que iba desde el atardecer hasta la cuarta vigilia de la noche. Para remarcar este aspecto, el evangelista Juan expresa que los discípulos han remado 25 o 30 estadios [3]. Ambas narraciones apuntan en la misma dirección; entre Jesús y los discípulos que van en la barca existe una distancia considerable; ciertamente es una distancia aparente, pues Jesús sabe y está pendiente de la suerte que corren los suyos.

 

La barca ha sido, y siempre será, imagen de la Iglesia, que a lo largo de la historia ha sido azotada por distintas tempestades. Ella aparece sacudida por un viento contrario, que le quiere impedir que cumpla con el encargo del Señor. Él le ha encomendado que cruce la historia hacia la otra orilla y ella debe, apoyándose en la Palabra del maestro, "navegar mar adentro". Esta imagen que nos muestra a Jesús dirigiéndose hacia la barca es una de las tantas manifestaciones de su promesa: "yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).

 

Reflexionemos sobre esta realidad a la luz de nuestra vida cristiana, dado que hay una analogía posible entre lo que ocurrió a los apóstoles, lo que ocurre a la Iglesia de todos los tiempos y lo que vivimos nosotros en nuestra historia personal como miembros del cuerpo de Cristo. Nuestra vida cristiana, expresada en la barca que es agitada por el mar embravecido, tiene una resonancia particular. Los cristianos bajo la tentación, experimentamos que nuestra vida es zarandeada. Jesús le advierte a Pedro sobre este aspecto de la tentación: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.» (Lc 23,31-32).

 

Según el apóstol Pedro nuestra fe en la tentación es acrisolada: “Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo. A quien amáis sin haberle visto; en quien creéis, aunque de momento no le veáis, rebosando de alegría inefable y gloriosa; y alcanzáis la meta de vuestra fe, la salvación de las almas” (I Pe 1,7-9).

 

Jesús no permanece lejos de los sufrimientos y tribulaciones que estamos viviendo. No permanece en las orillas tranquilas y solitarias en que se encontraba (Mt 14,23). Él se dirige hacia nosotros (Mt 14,25) para combatir con nosotros a la tempestad. Se encuentra a nuestro lado en la tentación para sostenernos y fortalecernos. Es sugestivo reconocer cómo los discípulos, ante Jesús que viene sobre las aguas, sienten miedo e incluso gritan porque lo confunden con un fantasma. Dios viene hacia nosotros y muchas veces no lo reconocemos, e incluso dudamos de su presencia a nuestro lado en los momentos de sufrimiento.

 

Jesús, nos dice el libro del Apocalipsis, está a la puerta y llama. No debemos limitar ni restringir la acción de Dios a lo que nosotros conocemos. A veces nos atemoriza el modo en que viene; se presenta ante nosotros imprevistamente en una enfermedad o en un gran sufrimiento. Algunas veces, sumidos en el dolor, lo rechazamos, pero Él nunca nos abandona. Permanece con su mirada compasiva, fija en nosotros, aguardándonos pacientemente. Todo dolor humano está destinado a ser consolado por Jesús. Solamente recostando nuestra cabeza sobre su pecho descansaremos del agotamiento que nos produce el sufrimiento. Sólo Jesús toca verdaderamente el sufrimiento humano transfigurándolo. Los "profetas de este mundo" únicamente proponen la evasión. Entrégale a Jesús tus sufrimientos y contradicciones, acepta la invitación que te realiza: "vengan a mí los que se encuentran fatigados y yo los aliviaré".

 

Jesús nos ha donado, con el Padre, al Espíritu Santo como consolador. Él conoce el espíritu humano y lo sondea; su presencia cura dulcemente nuestras heridas. La amistad con Dios, que se expresa en la vida de la gracia, nos da al Espíritu Santo como dulce huésped del alma. 

 

El Diablo puede sugerirnos, pues sabe de la importancia de esta decisión, que estamos ante otra promesa demagógica. Quiere disponernos en forma negativa a recibir la Palabra de Dios. Quiere sumir la Palabra de Jesús en el valor común de todas las palabras que se pronuncian en este mundo. Sutilmente nos dice: "es una palabra más entre tantas". Frente a ello, Jesús nos enseña que todo lo que nos parece en este mundo sólido e inconmovible pasará, frente a su Palabra que no pasará. Ella no vuelve a Él vacía, porque es una palabra de "vida eterna" que se posa sobre la realidad, alcanzándola en su núcleo más íntimo. Y ya sea con nuestro trabajo o descanso, ella sigue su obra incansablemente. El temor que sienten los discípulos en la barca es sosegado por la voz del Señor. Su Palabra pone en calma los corazones que se sienten inseguros. Ante las preguntas que surgen -¿Qué nos ocurrirá? ¿Qué será de nosotros?- Él les habla invitándoles a confiar en Él: ¡Ánimo!, que soy yo; no temáis.

 

Ánimo… Su presencia llena nuestro corazón de valor. Nuestra peregrinación está sostenida por su compañía cercana y por la experiencia de su amor en nuestras vidas. Su amor fortalece nuestra debilidad. Su compañía y sus enseñanzas producen en nuestro corazón un ardor tal, que nos hace exclamar con los discípulos camino de Emaús: "Quédate con nosotros" Señor Jesús, porque el día ya se acaba; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra esperanza; así nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Su Palabra nos invita amablemente a no desfallecer, a no bajar los brazos. La suerte última del hombre está crucificada en Cristo y Resucitada con Él. El pesimismo contemporáneo es propio de hijos de padres abandonados. En nuestro corazón de hijos muy amados del Padre habitan el gozo y la acción de gracias.

 

No temas… Debemos pedirle al Señor que aleje de nuestro camino todas las sombras que producen temor. La cultura imperante se parece a una gran fábrica productora de temores.

 

Pedro camina

 

Dentro de la segunda parte del texto (vv 24-31) se encuentran la escena y el diálogo que mantienen Jesús y Pedro (vv 28-31). Esta escena la encontramos únicamente en el evangelio según San Mateo; no aparece en los textos paralelos de los otros evangelistas (Mc 6,45-52; Jn 6,16-21).

 

Pedro ha experimentado en sí mismo el poder de la Palabra del Señor; sabe que ella puede cambiar la realidad, y por ello, en medio de su propio desconcierto, le suplica diciendo; "mándame ir a ti sobre las aguas". Comenta San Agustín este pasaje diciendo: "Si eres Tú, mándame (Mt 14,28): porque no puedo hacerlo por mí, sino por Ti. Reconoció lo que era de por sí y lo que era por Aquel por cuya voluntad creía poder lo que no podría ninguna debilidad humana. Por eso, si eres Tú, mándame, pues nada más mandarlo, se hará; lo que no puedo yo presumiendo, lo puedes Tú mandando" [4].

 

Nosotros dudamos y nuestro corazón se turba manifestándose inquieto, cuanto nos cuesta reconocer al Señor en medio de las tempestades; incluso, abrumados por el temor, lo confundimos con un fantasma. Equivocadamente, partimos de la medida humana y rechazamos todo aquello que nos pone en el ámbito de la acción de Dios. La acción del Señor, inexplicablemente, la encuadramos como una acción humana y olvidamos su condición actual de Resucitado. Jesús, según la visión que nos trasmite el diácono Esteban en la Sagrada Escritura, estaba en el cielo de "pie a la diestra de Dios" (Hch 7,55). Esta ubicación nos manifiesta el poder que Jesucristo ha recibido del Padre, y así se lo declara a sus discípulos antes de la Ascensión, "me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28,18).

 

Comentando este pasaje, nos dice Agustín: "Y el Señor le dijo: Ven… Pudo lo mismo que el Señor, no por sí, sino por el Señor. Lo que nadie puede hacer en Pablo o en Pedro, o en cualquier otro de los apóstoles, puede hacerlo en el Señor. Pedro caminó sobre las aguas por mandato del Señor, sabiendo que por sí mismo no podía hacerlo. Por la fe pudo lo que la debilidad humana no habría podido… A muchos les impide ser firmes su presunción de firmeza" [5].

 

Jesús invita a Pedro a ir a su encuentro apoyándose únicamente en su Palabra, que como invitación a la fe exige la libertad; una invitación que nunca es imposición. La fe se manifiesta en este texto como respuesta a la Palabra que le dirige el Señor. Recordemos, en esta misma dirección, la respuesta del Centurión en el encuentro que tuvo con Jesús (Mt 8,5-13): "Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano"» (Mt 8,3).

 

Pedro se hunde

 

Pedro, sintiendo un viento fuerte, temió, y al hundirse exclamó: ¡Señor, líbrame, que perezco! (Mc 14,30). La reprensión de Jesús, por la duda que albergó en su corazón Pedro, expresa que las tempestades que lo amenazan son consideradas más fuertes que la palabra de Jesús que lo sostiene. Pedro avanza impulsado por la palabra de Jesús, que lo ha invitado a caminar hacia Él. La falta de fe viene cuando considera al que lo amenaza, presentado bajo la imagen del encrespamiento del mar y el viento impetuoso, como más fuerte que el que lo sostiene, es decir, Jesús.

 

Cuando Pedro dejó de poner toda su confianza en Dios, evaluando el poder del viento fuerte y del mar encrespado, comenzó a perecer. Su mirada se fue lentamente desviando; al comienzo la había puesto en Jesús pero lentamente la había desviado en dirección del mar embravecido.

 

Cuántas cosas en nuestras vidas las emprendemos con la mirada puesta en el Señor, incluso aunque se nos manifiestan con ciertos riesgos. Emprendemos el camino confiando en la acción que Dios realiza con y por nosotros. También es cierto que a veces la fatiga y el desconcierto nos debilitan. El pecado nos hace perder el punto de apoyo. Y en esas situaciones comprendemos este relato del Evangelio. Nuestras acciones dubitativas nos hacen vacilar de su presencia.

 

“¿Acaso el Señor abandonó al que titubeaba, desoyendo su llamada? ¿Dónde queda aquello: Quién invocó al Señor, y fue abandonado por él? ¿Y aquello: Todo el que invocare el nombre del Señor será salvo (Jl 2,32)? Concediendo al momento el auxilio de su diestra, alzó al que se hundía y reprendió al que desconfiaba: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? (Mt 14,31). Presumiste de Mí y dudaste de Mí” [6].

 

"La fe en Cristo y la esperanza de la que Él es maestro permiten al hombre alcanzar la victoria sobre sí mismo, sobre todo lo que hay en él de débil y pecaminoso, y al mismo tiempo esta fe y esta esperanza lo llevan a la victoria sobre el mal y sobre los efectos del pecado en el mundo que lo rodea. Cristo libró a Pedro del miedo que se había apoderado de él ante el mar en tempestad. Cristo también nos ayuda a nosotros a superar los momentos difíciles de la vida, si nos dirigimos a Él con fe y esperanza para pedirle ayuda. «¡Ánimo!, soy yo; no temáis» (Mt 14, 27). Una fe fuerte, de la que brota una esperanza ilimitada, virtud tan necesaria hoy, libra al hombre del miedo y le da la fuerza espiritual para resistir a todas las tempestades de la vida. ¡No tengáis miedo de Cristo! Fiaos de Él hasta el fondo. Sólo Él «tiene palabras de vida eterna». Cristo no defrauda jamás" [7]

 


 

[1] Santa Teresa del Niño Jesús, ms. autob. C 25r.

 

[2] La guardia romana realizaba cuatro vigilias; cada una de ellas duraba tres horas. Los romanos vigilaban desde el ocaso hasta el alba. La primera vigilia era la de la tarde, la segunda vigilia era la de la noche, la tercera vigilia era la del canto del gallo y la cuarta vigilia era la que llegaba hasta el amanecer. La cuarta vigilia iba de las tres a las seis de la mañana.

 

[3] El estadio es una medida de longitud griega. Como era habitual en la antigüedad, no hay una sola medida para el estadio, hay varias. Por ejemplo, el estadio de Eratóstenes, el que utilizó el científico de ese nombre para medir el diámetro de la tierra, medía 158 metros. La barca habría recorrido, tomando este valor, entre 3.950 y 4.740 metros.

 

[4] SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO, Sermón 76,5-9.

 

[5] SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO, Sermón 76,5-9.

 

[6] SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO, Sermón 76,5-9.

 

[7] Juan Pablo II, Homilía en la Liturgia de la Palabra celebrada con los jóvenes en Poznan, Polonia, 3 de junio de 1997.

 

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Cuestionario del documento preparatorio del Sínodo sobre la Familia – Preguntas 1a y 1b

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Dios mediante, a lo largo de una serie de artículos iré planteando las preguntas del cuestionario del documento preparatorio del próximo Sínodo de los Obispos y ofreciendo mis respuestas personales, como un modesto aporte a nuestra reflexión colectiva.

 

Preguntas del Cuestionario

 

1 - Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia en relación a la familia

 

a) ¿Cuál es el real conocimiento de las enseñanzas de la Biblia, de la Gaudium et Spes, de la Familiaris Consortio y de otros documentos del Magisterio post-conciliar sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cómo nuestros fieles son formados en la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?

 

b) Allí donde se conocen las enseñanzas de la Iglesia ¿son éstas integralmente aceptadas? ¿Se verifican dificultades para ponerlas en práctica? ¿Cuáles?

 

Respuesta a la Pregunta 1a

 

Pienso que es sumamente importante situar la cuestión del conocimiento de la doctrina católica sobre la familia por parte de los fieles católicos en el contexto de una cuestión más amplia y fundamental: la del conocimiento de la doctrina católica en general por parte de los fieles católicos.

 

En ese sentido, corresponde subrayar con fuerza que, en el seno de las modernas sociedades secularizadas,  muchos fieles católicos tienen un conocimiento muy pobre de la doctrina católica, o bien tienen un nivel de formación religiosa muy inferior a su propio nivel de cultura general. Esto pone en riesgo su vida cristiana y contribuye a la debilidad de la cultura católica en esas sociedades, haciendo que a menudo una mayoría cuantitativa de católicos se manifieste como una minoría cualitativa.

 

El reconocimiento de este problema debería impulsarnos a un profundo análisis de la situación de la educación religiosa y la catequesis en general y de la catequesis prematrimonial en particular.

 

La catequesis no es sólo una iniciación a la vida cristiana, sino también una enseñanza sistemática de la doctrina cristiana. Hoy en muchos ámbitos la catequesis, en su dimensión de enseñanza doctrinal, está dando resultados muy insatisfactorios. Con mucha frecuencia, el nivel promedio de formación religiosa de los católicos es bajo y nuestros niños, adolescentes y jóvenes tienen conocimientos doctrinales pobres respecto a lo que cabría esperar a su edad.

 

En líneas generales, algunas de las causas de esta deficiencia son:

·         la mala formación doctrinal de muchos catequistas;

·         el carácter inadecuado de muchos libros de texto utilizados como instrumentos de la catequesis;

·         el carácter casi exclusivamente enunciativo y poco argumentativo de gran parte de la catequesis actual (relacionado con la caída en desuso de la apologética en muchos ámbitos católicos).

·         el escaso interés por el estudio de la doctrina cristiana de parte de muchos catequizandos;

·         la escasa exigencia de estudio que los catequistas plantean a los catequizandos;

·         la subestimación práctica del valor de la memoria en el proceso catequético;

·         la escasez de instancias obligatorias de evaluación de los conocimientos doctrinales de los catequizandos.

 

En lo que respecta específicamente a la catequesis prematrimonial y la pastoral familiar, podemos agregar las siguientes consideraciones:

·         Es común que las distintas parroquias de una diócesis ofrezcan programas de preparación al matrimonio con duraciones y contenidos muy diversos.

·         Algunas parroquias establecen requisitos de formación demasiado pobres.

·         También muchos agentes de pastoral familiar tienen una formación doctrinal insuficiente o inadecuada.

·         Escasean los subsidios adecuados para alimentar la fe de las familias y acompañar su camino de vida cristiana.

 

El Cardenal Joseph Ratzinger habló en 1986 de un fracaso catastrófico y evidente de la catequesis moderna (véase “Mirar a Cristo”, http://es.scribd.com/doc/148185028/Ratzinger-Joseph-Mirar-a-Cristo, p. 32). Las causas de este fracaso no son sólo ni principalmente de índole doctrinal. Son más determinantes las deficiencias de nuestro testimonio cristiano. Pero eso no significa en absoluto que las deficiencias de la catequesis moderna en cuanto enseñanza sistemática de la doctrina cristiana no tengan una gran importancia. La mala formación doctrinal y el mal testimonio cristiano se influyen y realimentan recíprocamente.

 

Además, el problema de la mala formación doctrinal de muchos católicos de hoy no es sólo “cuantitativo”, sino también “cualitativo”, por así decir: no se trata sólo de poca formación doctrinal, sino también, demasiado a menudo, de una formación doctrinal distorsionada por los muchos errores y las muchas desviaciones heréticas que se han infiltrado en el pensamiento católico.

 

Al respecto me parece oportuno recordar la homilía del Cardenal Ratzinger en la Santa Misa Pro eligendo Romano Pontifice del lunes 18/04/2005 (un día antes de ser elegido Papa y adoptar el nombre de Benedicto XVI). Reproduzco a continuación parte de dicha homilía.

 

“No deberíamos quedarnos como niños en la fe, en estado de minoría de edad. Y, ¿qué significa ser niños en la fe? Responde san Pablo: significa ser «llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina» (Efesios 4,14). ¡Una descripción muy actual!

 

Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir en el error (cf. Efesios 4,14). Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar y «zarandear por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud que está de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas.

 

Nosotros tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre. Él es la medida del verdadero humanismo. «Adulta» no es una fe que sigue las olas de la moda y de la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da la medida para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad.

 

Tenemos que madurar en esta fe adulta, tenemos que guiar hacia esta fe al rebaño de Cristo. Y esta fe, sólo la fe, crea unidad y tiene lugar en la caridad. San Pablo nos ofrece, en oposición a las continuas peripecias de quienes son como niños zarandeados por las olas, una bella frase: hacer la verdad en la caridad, como fórmula fundamental de la existencia cristiana. En Cristo coinciden verdad y caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida, verdad y caridad se funden. La caridad sin verdad sería ciega; la verdad sin caridad, sería como «un címbalo que retiñe» (1 Corintios 13,1).”

 

Todos estos graves problemas deberían ser reconsiderados de un modo urgente, con humilde realismo y verdadera esperanza cristiana, sin sucumbir ni a la desesperación ni al optimismo ideológico, basado en un progresismo utópico.

 

Respuesta a la Pregunta 1b

 

1)      Situación religiosa

 

En mi respuesta a la pregunta 1a sostuve que muchos católicos tienen un nivel de formación doctrinal muy inferior al correspondiente a su cultura general. Ahora agrego que, incluso entre quienes conocen las enseñanzas de la Iglesia, hoy es muy común que no las acepten integralmente.

 

Muchos católicos están alejados de la Iglesia porque:

·         No creen en dogmas fundamentales de la fe cristiana (religión verdadera, Divina Revelación, Encarnación, existencia e inmortalidad del alma, existencia del Cielo, existencia del pecado, del diablo y del infierno, infalibilidad papal, etc.). Lamentablemente, estos católicos “a la carta” existen incluso entre los católicos practicantes.

·         O tienen opiniones contrarias a la doctrina moral católica en puntos tales como el divorcio, la anticoncepción, la reproducción humana artificial, el aborto, las relaciones sexuales “prematrimoniales”, la necesidad de la formación religiosa en las escuelas públicas, etc.

·         O no practican el culto católico. En algunos países o regiones de tradición católica el grado de práctica sacramental disminuyó mucho en las últimas décadas y actualmente es muy bajo. Sobre todo han descendido los números de las confirmaciones y de los matrimonios sacramentales. Sin embargo, en Iberoamérica muchos católicos no practicantes participan en expresiones de religiosidad popular católica. La mayoría de los católicos opina que se puede ser buen católico sin ir a Misa todos los domingos y que no hay necesidad de los sacerdotes para la reconciliación con Dios. Muchos católicos han perdido en gran parte su identidad católica y no se consideran vinculados a la Iglesia Católica. No son pocos los católicos que no rezan nunca.

 

Hoy la influencia del secularismo, el materialismo, el relativismo y el individualismo alcanza incluso a muchos católicos. Además, el ateísmo, el agnosticismo y el deísmo son posturas cada vez más difundidas, sobre todo entre los poderosos, los intelectuales y los jóvenes. Ha crecido el número de las personas indiferentes hacia la religión. Muchos cristianos recurren a su religión sólo en los momentos difíciles.

 

Por otra parte, en las últimas décadas muchas sectas y nuevos movimientos religiosos han arraigado y crecido en países de tradición católica, ofreciendo respuestas a las cuestiones religiosas a quienes ya no las buscan o encuentran en la Iglesia Católica. En gran parte de Iberoamérica han crecido mucho recientemente las comunidades eclesiales evangélicas y pentecostales. Se puede decir que en Iberoamérica la Iglesia Católica optó por los pobres, pero muchos pobres optaron por las comunidades evangélicas o pentecostales. En las zonas más secularizadas, crece la influencia de la espiritualidad New Age (creencia en la reencarnación, etc.). También crece la creencia en supersticiones, cábalas y prácticas adivinatorias y la propensión al ocultismo.

 

2)      Dificultades propias del contexto social

 

En muchos países de tradición católica, hoy la sociedad está fuertemente secularizada. En nuestra cultura predomina un secularismo radical, que pretende excluir totalmente a la religión del espacio público. En este contexto los cristianos, aunque a veces seamos una mayoría cuantitativa, vivimos como una minoría cualitativa, sin una influencia predominante en la sociedad. Los cristianos que quieren permanecer fieles al Evangelio en su integridad por motivos sobrenaturales son una minoría y por ello las leyes, las instituciones, las mentalidades y las costumbres dominantes en nuestra sociedad en general no son cristianas y a veces (cada vez más a menudo) son anticristianas. Ser coherentemente cristiano en esta situación no es fácil ni ventajoso.

 

La post-modernidad ha traído consigo un auge del relativismo, ideología que cada vez más tiende a ser considerada erróneamente como un requisito básico para la convivencia democrática. Quien tiene la certeza de conocer la verdad acerca de asuntos religiosos, filosóficos o morales es fácilmente tachado de fundamentalista e intolerante. La mayoría de los medios de comunicación social contribuyen a difundir la mentalidad relativista.

 

Todo esto ha contribuido al crecimiento de la llamada “cultura de la muerte”, que desconoce el derecho humano a la vida y los demás derechos naturales de la familia y procura destruir la concepción cristiana del matrimonio y la familia.

 

3)      Dificultades propias de la situación eclesial

 

Después de la finalización del Concilio Vaticano II (pero no a causa del Concilio) creció notablemente el influjo del secularismo dentro de muchas Iglesias locales. En particular, en Iberoamérica la teología de la liberación de inclinación marxista tendió a secularizar la esperanza cristiana, asignando al sistema socialista la virtud salvífica propia del Reino de Dios.

 

Esto condujo, sobre todo durante el período 1965-1990, a una excesiva priorización de los aspectos socio-políticos del cristianismo y a una falsa oposición entre espiritualidad y compromiso social, que impulsó a muchos católicos a descuidar el cultivo de su vida espiritual y a alejarse de la oración. Con frecuencia se olvidó que la conversión individual tiene una prioridad ontológica frente a la conversión de la sociedad. Todo esto produjo en la Iglesia conflictos y hasta divisiones que aún no han terminado de sanar. En algunos ámbitos eclesiales se contesta abiertamente al Magisterio de la Iglesia; en otros ámbitos eclesiales, aunque no se lo contesta abiertamente, no se lo asume íntegramente con lealtad. Con frecuencia en esos ámbitos se tiende hacia una “hermenéutica de la discontinuidad”, considerando al último Concilio casi como un nuevo comienzo absoluto. Con demasiada frecuencia se tolera en la práctica la existencia y la difusión de todo tipo de desviaciones doctrinales (incluso heréticas) dentro de la Iglesia.

 

En muchos países de Occidente los problemas se multiplican: muchas organizaciones católicas (por ejemplo, escuelas, asociaciones caritativas, etc.) enfrentan una crisis de su identidad católica. Escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa y abundan las deserciones. La grave amenaza de la “cultura de la muerte” no es enfrentada adecuadamente debido a la división y la debilidad política de los católicos.

 

4)      Propuestas

 

Ante esta difícil situación, resulta necesario asumir como primera prioridad pastoral la vocación universal a la santidad (cf. Juan Pablo II, carta apostólica Novo Millennio Ineunte, nn. 30-31). Debemos recomenzar nuestra labor desde la comunión con Cristo en la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana. La comunión con Cristo nos abre a la comunión con los hermanos. Debemos esforzarnos por vivir cotidianamente la espiritualidad de la Iglesia-comunión, dejando de lado viejos prejuicios y recelos y abriéndonos cordialmente al diálogo intra-católico (prerrequisito de un auténtico diálogo ecuménico). En particular, se necesita una mayor apertura de las parroquias hacia los nuevos movimientos eclesiales y una mayor disposición de éstos a colaborar con aquéllas.

 

En segundo lugar, es necesario renovar el impulso misionero de nuestra Iglesia (muy alicaído en las últimas décadas). El Papa Beato Juan Pablo II llamó a toda la Iglesia a una evangelización nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión. La comunión con Cristo conduce a la misión. Lo fundamental es el nuevo ardor evangelizador: dado esto, los nuevos métodos y expresiones vendrán por añadidura. Debemos recuperar la alegría de la fe y sentir la urgencia de testimoniar y anunciar explícitamente el Evangelio de Jesucristo ante todos nuestros conciudadanos, a tiempo y a destiempo, por todos los medios disponibles, incluyendo los medios de comunicación de masas. La promoción de los valores humanos debe ser fundamentada en la fe cristiana. Debemos recordar constantemente que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4,4). “Se debe rechazar la tentación de una espiritualidad oculta e individualista que poco tiene que ver con las exigencias de la caridad” (Arquidiócesis de Montevideo, Plan Pastoral San Felipe y Santiago Siglo XXI, n. 4).

 

En tercer lugar, se requiere que toda la acción pastoral de la Iglesia tome en cuenta debidamente las relaciones familiares de cada ser humano alcanzado por ella.

 

Por último, como subrayé en mi respuesta a la pregunta 1a, es imprescindible realizar un gran esfuerzo para mejorar la formación doctrinal de los católicos, en plena sintonía con el Magisterio de la Iglesia.

 

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Planificando la destrucción de la familia

 

Néstor Martínez Valls

 
En el post anterior hicimos referencia a un artículo de 1969 de Bernard Berelson, entonces presidente del Population Council, Consejo de Población, de los Rockefeller: BERELSON, Bernard, Beyond Family Planning, en: Studies in Familiy Planning, Febrero, 1969. El artículo se llama “Más allá de la planificación familiar” y fue publicado en el contexto de la conferencia internacional de la IPPF en Dacca, Pakistán Oriental, ese mismo año.
De hecho, la versión original parece ser: BERELSON, Bernard: Beyond Family Planning, in: Population Control, Implications, Trends and Prospects, Proceedings of the Pakistan International Family Planning Conference at Dacca, January 28th to February 4th 1969.

 

Nos interesa espigar algunos conceptos del artículo que son muy reveladores acerca de procesos históricos que han influenciado fuertemente nuestra situación actual y que son ampliamente desconocidos. Todos los subrayados son nuestros.

 

Empieza diciendo Berelson: “En la década de 1960 se ha observado un aumento considerable de la conciencia y la preocupación por las cuestiones de población en todo el mundo y de los esfuerzos para hacer algo sobre el problema, sobre todo en los países en vías de desarrollo. Ese “algo” típicamente resulta ser el establecimiento de programas nacionales de planificación familiar, o equivalentes de los mismos. En la actualidad hay entre 20 y 25 países con esfuerzos en esta línea, en los tres continentes en desarrollo, todos ellos instalados o revitalizados en esta década. Por lo tanto, la primera respuesta a muy altas tasas de crecimiento de la población derivadas de muy altas tasas de natalidad es introducir la anticoncepción voluntaria en una base masiva, o intentarlo.”

 

Primera confesión explícita: toda la conversación de hace décadas acerca de la “planificación familiar” ha nacido, no de una preocupación por “los derechos de las parejas a decidir la cantidad de nacimientos y el espaciamiento entre los mismos” (la frase clásica cuya paternidad se atribuye al mismísimo John Davidson Rockefeller III), sino de la preocupación por disminuir las tasas de natalidad y así frenar el aumento de la población de los países que siguen hoy día en vías de desarrollo.

 

Continúa Berelson: “¿Por qué es la planificación familiar el primer paso dado en el camino hacia el control de la población? Probablemente porque desde un amplio punto de vista político es el más aceptable, ya que estando estrechamente ligado al cuidado de la madre de los niños puede ser percibida como una medida de salud fuera de toda duda y, como es voluntario, puede justificarse como una contribución a la libertad personal efectiva de las parejas individuales. Bajo ambos conceptos, la práctica casa con los valores aceptados y por lo tanto logra viabilidad política. En algunas situaciones, es un enfoque oblicuo, visto como la forma políticamente aceptable para comenzar hacia el “control de la población” en el plano nacional mediante la promoción del control de la fertilidad y de un menor tamaño de la familia respecto de las parejas individuales. Por otra parte, se trata de un esfuerzo gradual y barato; ambas cosas contribuyen a su aceptabilidad política. A pesar de que la introducción de la planificación familiar como una respuesta al problema de la población de un país puede ser calculada para minimizar la oposición, aun así esta política ha sido atacado en varios países por los políticos que no están convencidos y/o ven una ventaja electoral en el tema.”

 

Reafirma lo anterior. Se trata del control de la población y de encontrar la forma de dorar suficientemente esa píldora desde el punto de vista político. Lo que importa es cómo “es percibida” la medida y cómo puede “justificarse”. Los adversarios, o no entienden, o siguen ambiciones egoístas.

 

Continúa: “A los efectos de este artículo , entonces, supongamos que los programas de planificación familiar a nivel nacional de hoy, principalmente a través de métodos anticonceptivos voluntarios, no son “suficientes” –donde “suficiente ” se define no necesariamente como lograr un crecimiento cero en algún corto plazo, sino simplemente como la reducción de la tasa de nacimientos en forma rápida y sustancial. Sólo para indicar el orden de magnitud aproximado, digamos que la meta próxima es la reducción a la mitad de la tasa de natalidad en los países en desarrollo en la próxima década o dos –de, por ejemplo, más de 40 nacimientos por mil por año a 20-25. Por razones obvias, tanto la emigración y el aumento de tasas de mortalidad quedan fuera de consideración.”

 

Aquí empieza la lista de las medidas que han sido propuestas, que ya señalamos brevemente en el artículo anterior, y que en primer lugar Berelson enumera, para luego ver los pros y los contras de cada una. Entre paréntesis hemos conservado solamente los nombres de los autores citados; las citas completas se pueden ver en el original que puede bajarse de este sitio:

http://uscl.info/edoc/doc.php?doc_id=83&action=inline

 

Primero, las medidas que las personas adoptarían voluntariamente: “Extensiones del control voluntario de la fertilidad. 1. Institucionalización de la atención materna en las zonas rurales de los países en desarrollo: un estudio de viabilidad de lo que se requeriría con el fin de llevar algún grado de moderna atención médica o paramédica a todas las mujeres embarazadas en las zonas rurales de cinco países en vías de desarrollo con respaldo profesional para los casos difíciles y con educación y servicios de planificación familiar como un componente central del programa dirigido especialmente a las mujeres de bajos recursos (Taylor & Berelson).”

 

Siempre nos llamó la atención el despliegue de cuidados y medidas pre y post parto que se han multiplicado a lo largo de estas décadas. Obviamente, es una cosa buena en sí misma pero, como dice el refrán, “cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”. Tanta preocupación por las madres en el fondo oculta, en muchos casos al menos, por lo que se desprende de aquí, el deseo de que tengan pocos hijos. Por ejemplo, la insistencia en que las madres amamanten a sus hijos se debe a que hay estudios (y al parecer, también saberes tradicionales) que indican que durante el amamantamiento la mujer no ovula y por tanto no es fértil.

 

La siguiente sugerencia ha tenido una historia posterior que ha logrado redefinir y redimensionar el concepto de “genocidio”: “2. Liberalización del aborto inducido (Davis, Ehrlich, Chandrasekhar).” En esa época estaban todavía en pañales en este tema. El aborto se legaliza en EE.UU. “recién” en 1973, en el famoso caso de “Roe vs. Wade”. Y recién en 1974 el Informe Kissinger, adoptado por Nixon y por su sucesor Ford, pone a EE.UU. a la cabeza del movimiento mundial de control demográfico.

 

Pasemos entonces a las medidas que no cuentan con la aprobación voluntaria del destinatario. En primer lugar, hace referencia a introducir una sustancia química esterilizante en el agua de consumo: “Establecimiento de Control Involuntario de la Fertilidad. 1. Uso masivo de un “agente de control de la fertilidad” por el gobierno para regular los nacimientos en nivel aceptable: el “agente de control de la fertilidad”, diseñado para reducir la fertilidad en la sociedad desde un cinco por ciento a un 75 por ciento menos que la presente tasa de nacimientos, según sea necesario; la sustancia ahora no es conocida, pero se cree que estará disponible para pruebas de campo después de 5 a 15 años de investigación; deberá ser incluida en el suministro de agua en zonas urbanas y por “otros métodos” en otros lugares (Ketchel); “adición de esterilizantes temporales al abastecimiento de agua o al alimento básico” (Ehrlich).”

 

Luego vienen los permisos para tener hijos. ¿Creíamos tal vez que lo que se ha implantado en China con la ley de un solo hijo por familia fue una idea nacional y autóctona de los chinos? “2. “Licencias negociables para tener hijos”, dadas a las mujeres y tal vez a los hombres en “cualquier número que garantice una tasa de reproducción de digamos uno o dos hijos por pareja, por ejemplo, “la unidad del certificado puede ser el “deci-hijo”, y la acumulación de diez de estas unidades por compra, herencia o regalo, permitiría a una mujer fértil tener un hijo legal” (Boulding).” Lo del “deci-hijo” es realmente alucinante.

 

A continuación, la esterilización involuntaria, lo mismo que se impuso por ley en varios Estados de la Unión en los primeros años del siglo XX y sirvió como inspiración al joven Hitler: “3. Esterilización temporal de todas las niñas a través de los anticonceptivos con “cápsula de tiempo”, y de nuevo después de cada parto, con reversibilidad permitida sólo mediante aprobación gubernamental; certificados de aprobación distribuidos de acuerdo a voto popular acerca del crecimiento de la población deseado para un país, y vendible en mercado abierto (Shockley).

 

4. Esterilización obligatoria de hombres con tres o más hijos vivos (Chandrasekhar); exigencia de aborto inducido de todos los embarazos ilegítimos. (Davis)” Fueron famosas por ejemplo las campañas de esterilización en Perú bajo Fujimori. En la India estas políticas le costaron la reelección a Indira Gandhi.

 

Lo del aborto en los embarazos ilegítimos fue obviamente descartado por su poca incidencia numérica y porque en el tema del aborto se iba a “avanzar” mucho más en el tiempo subsiguiente.

“Intensificación de las campañas educativas. 1. La inclusión de materias de población en los sistemas de enseñanza primaria y secundaria (Davis, Wayland, Visaria): materiales sobre demografía y aspectos fisiológicos, quizás planificación familiar y también educación sexual, introducido en el nivel secundario para llegar a las próximas oleadas de maestros de escuelas públicas en todo el país.” Otra superestrella de los ambientes mediáticos en las últimas décadas: la “educación sexual”, es decir, el entrenamiento anticonceptivo de los escolares.

 

“2. Promoción de sistemas de televisión nacional por satélite lograr un efecto informativo directo acerca de población y planificación familiar, así como para lograr un efecto indirecto sobre la modernización en general: difusión vía satélite probablemente a través de las conexiones terrestres con los receptores de la aldea (Ehrlich, Meier & Meier, UNESCO, Schramm y Nelson).” La televisión al servicio de la propaganda antinatalista específica y, en general, de la “modernización”, otro término de abundante uso en sociología y ciencias afines en los últimos tiempos.

 

No hay que descuidar los “programas de incentivos”: “Programas de Incentivos: (…) el término es difuso en los bordes: ¿se debe considerar un incentivo la provisión de consulta anticonceptiva gratis y suministros? ¿O la leche gratis al bebé junto con la información sobre planificación de la familia a la madre? ¿O el libre transporte al servicio de planificación familiar, que le proporciona atención de salud general? ¿O un pago generoso en lugar de tiempo libre en el trabajo durante una operación de vasectomía? ¿O incluso una carga financiera impuesta por un indeseable comportamiento de fecundidad? En el uso que hago aquí, trato de limitar el término a pago directo de dinero (o bienes o servicios) a los miembros de la población objetivo, a cambio de la práctica deseada. Este uso es referido a veces como un incentivo “positivo", a diferencia del incentivo “negativo” inherente a impuestos o sanciones en materia de bienestar para los “demasiados” niños.

 

1. Pago de la iniciación o la práctica eficaz de la anticoncepción: pago o equivalente (por ejemplo, el transistor de radio) por la esterilización (Chandrasekhar, Pohlmann, Samuel, Davis) o por la anticoncepción (Simon, Enke, Samuel).” Lo del transistor de radio a cambio de la esterilización es realmente patético y muestra la idea que estos eugenistas y autoconvencidos miembros de la “raza superior” tienen de las poblaciones que no son WASP (White, Anglo Saxon, Protestant).

 

“2. Pago por los períodos de no gravidez o no nacimiento: un bono por espaciamiento de los nacimientos o no-embarazo (Young, Bhatia, Enke, Spengler, Ocio), un certificado de plan de ahorro por períodos de doce meses de no-nacimiento (Balfour); un esquema de lotería para prevenir los nacimientos legítimos entre los adolescentes en un país pequeño (Mauldin); “premios de responsabilidad” por cada cinco años de matrimonio sin hijos o para la vasectomía antes del tercer hijo, y loterías especiales con boletos disponibles para los sin hijos (Ehrlich).” Eso de las loterías, que no llegamos a entender bien, y que no sabemos si se implementó alguna vez, parece de todos modos hacerle la competencia a aquello otro del “deci-hijo” en materia de frikismo antinatalista.

 

Beneficios y penas en impuestos y bienestar: es decir, un sistema anti-natalista de servicios sociales en lugar de las actuales tendencias pro-natalistas.

 

1. Retiro de los beneficios por maternidad, quizás después de N (3?) niños (Bhatia, Samuel, Davis) o a menos de que se hayan cumplido ciertas condiciones limitantes, como suficiente espaciamiento de los nacimientos, conocimiento de planificación familiar, o nivel de ingresos (Titmuss y Abel-Smith).

 

2. Retiro de las pensiones infantiles o familiares, tal vez después de “N” niños (Bhatia, Titmuss & Abel-Smith, Davis).

 

3. Impuesto sobre los nacimientos después del número “N” (Bhatia, Samuel, Spengler).”

 

4. Limitación del tratamiento médico, la vivienda, becas escolares, préstamos y subsidios, etc., proporcionados por el gobierno, a las familias con menos de N niños (Bhatia, Davis).”

 

5. Reversión de los beneficios fiscales, para favorecer a los solteros y los padres de pocos niños en lugar de los padres de más niños (Bhatia, Titmuss y Abel-Smith, Samuel, Davis, Ehrlich, David).”

 

Detengámonos un instante y preguntemos: ¿cómo era aquello de la “libertad de las parejas para decidir el número de hijos…” etc.? Es claro que, para los que proponen estas cosas, se trata en todo caso de una libertad flechada, la libertad de tener pocos hijos, no la libertad de tener muchos.

 

“6. Prestación por el Estado de N años de enseñanza gratuita en todos los niveles a cada familia nuclear, que se asignarán por la familia a los hijos que se desee (Fawcett).” La idea era, parece, que al tener que repartirlos entre la cantidad de hijos, tenderían a tener pocos.

 

“7. Pensiones para los padres pobres con menos de N niños como seguridad social para su vejez (Samuel, Ohlin, Davison).” En efecto, esto se ve también en el Informe Kissinger: estas personas realizaron estudios que les mostraron que en muchas zonas del Tercer Mundo o Mundo Pobre o Sur la gente tiene muchos hijos porque es la forma de asegurarse que alguien los cuide en la vejez. Estas pensiones entonces apuntan a disminuir la necesidad de prole numerosa.

 

A partir de aquí empezamos a jugar fuerte: “Cambios en instituciones sociales y económicas: es decir, grandes cambios en arreglos institucionales fundamentales que podrían tener el efecto de reducir la fertilidad.” De lectura obligatoria para todos aquellos que estén preocupados con el tema de la “crisis de la familia”, de los “grandes cambios que ha sufrido la institución familiar”, y de los “distintos modelos de familias” que de pronto se habrían hecho vigentes como consecuencia de los “grandes cambios sociales”.

 

Aumento de la edad mínima para contraer matrimonio: mediante legislación o a través de sub-cuota sustancial de licencias de matrimonio (David, Davis), o por medio de bonificaciones directas para la postergación del matrimonio (Young), o mediante el pago de beneficios del matrimonio sólo a los padres de novias de más de 21 años de edad (Titmuss & Abel-Smith), o a través de un programa de préstamos del gobierno para ceremonias de matrimonio cuando la novia es mayor de edad, o con una tasa de interés inversamente relacionada con la edad de la novia (Davis), o a través de un “subsidio gubernamental para el primer matrimonio… concedido a cada pareja en la que la edad de ambos (sic) sea de 25 o más” (Ehrlich), o mediante la creación de un programa doméstico de “servicio nacional” para todos los hombres por el período apropiado de dos años con el fin de desarrollar servicios sociales, inculcar actitudes modernas incluyendo planificación familiar y control de la población, y al mismo tiempo retrasar el matrimonio (Berelson, Etzioni).” O sea, poner a los varones jóvenes durante dos años a realizar actividades que no les permitan casarse y adoctrinarlos mientras tanto en la ideología antinatalista.

 

Promoción o requerimiento de la participación femenina en la fuerza de trabajo (fuera del hogar) para proporcionar funciones e intereses a las mujeres que sean alternativos o suplementarios respecto del matrimonio (Hauser, Davis, David).” Otro de los “grandes fenómenos sociales” que surgen espontáneamente de lo recóndito y desconocido de las entrañas de la historia.

 

Manipulación directa de la estructura familiar mismaesfuerzos planificados para alterar la función socializadora de la familia, reducir las utilidades no económicas de la descendencia, o introducir distracciones no familiares y costos de oportunidad en las vidas de las personas, en concreto, a través del empleo de las mujeres fuera del hogar (Blake); “reestructuración selectiva de la familia en relación con el resto de la sociedad” (Davis)”. Este tema me recuerda el título de un artículo publicado hace un tiempo en una revista de teología católica: “La globalización es un proceso espontáneo”. Es como cuando los niños pequeños entran en una pieza y dicen “Yo no fui” sin que nadie les haya preguntado nada.

 

Promoción de dos tipos de matrimonio, uno de ellos sin hijos y fácilmente disoluble, y el otro con licencia para niños y diseñado para ser estable; “el primero necesita ser el 20-40 por ciento del total a fin de permitir al resto que elija libremente el tamaño de la familia” (Meier & Meier).

 

Fomento de tendencias sociales de largo alcance, que conducen hacia la disminución de la fecundidad, por ejemplo, “mejorada y universal educación general, o nuevas carreteras que facilitan la comunicación, o la mejora de los métodos de la agricultura, o una nueva industria que aumentaría la productividad, u otros tipos de innovación que pueden romper el ‘pastel [sic] de la costumbre’ y producir fomento social” (Hauser), y un mejor “status” de las mujeres (U.N. /ECOSOC).”

 

Recordemos que como decíamos en el post anterior, este artículo es anterior en el tiempo respecto del memorándum que Jaffe, vicepresidente de la IPPF, envía a Berelson ese mismo año sobre este mismo tema, en el cual sí se incluye la promoción de la homosexualidad, la cual encaja perfectamente en ese “fomento de tendencias sociales de largo alcance que conducen a la disminución de la fecundidad”.

 

“Esfuerzos para reducir las tasas de mortalidad incluso aún más, en particular de lactantes y niños, en la inferencia de que las tasas de natalidad las seguirán hacia abajo (Revelle, Heer y Smith).” La idea aquí parece ser que en los países pobres la gente tiene muchos hijos para compensar la mortalidad infantil. De nuevo, la esmerada preocupación por la mortalidad infantil de la que hemos sido testigos a lo largo de nuestras vidas no provenía sólo ni principalmente del afán filantrópico.

 

Pasamos al plano de la política internacional: “Enfoques a través de canales políticos y organizaciones. 1. Insistencia de los EE.UU. en el “control de la población como precio de la ayuda alimentaria”, con muy selectiva asistencia sobre esta base, y ejercicio de presiones políticas sobre gobiernos o grupos religiosos que impidan la solución del problema de la población, incluyendo cambios en la soberanía (Ehrlich).” Oh, beautiful. Usen anticonceptivos si quieren comer. Difunda los anticonceptivos en su país si quiere ayuda internacional. ¿Cuántas veces hemos oído decir en los últimos 20 años que el concepto de “soberanía” era una antigualla del siglo XIX o XVIII pasada de moda? Precisamente porque “la globalización es un fenómeno espontáneo”.

 

Pero veamos lo que dice al respecto el jefe de Berelson, el mismo David Rockefeller: “Por más de un siglo, los ideólogos extremistas en cada punta del espectro político han aprovechado incidentes bien publicitados para atacar a la familia Rockefeller por la excesiva influencia que según ellos tenemos sobre las instituciones políticas y económicas de América. Algunos incluso creen que somos parte de una cábala secreta que trabaja contra los mejores intereses de los Estados Unidos, y nos caracterizan a mi familia y a mí como “internacionalistas”, que conspiramos con otros en todo el mundo para construir una estructura global política y económica más integrada, un mundo, si se quiere. Si ésta es la acusación, soy culpable, y estoy orgulloso de eso.” (BUNYAN, Will: The Proud Internationalist. Una biografía de David Rockefeller, 2006).

 

Berelson, en 1969, termina poniendo en duda que el recurso a la intervención de EE.UU. pueda ser útil, precisamente por las resistencias a que daría lugar. Pero en 1974 Kissinger, en su informe a Nixon, convertido en política nacional por su sucesor Ford y no derogado hasta el presente, lo plantea como indispensable. Eso sí, prevé lo mismo que Berelson, y propone el remedio. Veamos algunos fragmentos de dicho famoso Informe:

 

“Cualesquiera sean las cosas que se hagan para proteger contra las interrupciones de suministros y para desarrollar alternativas domésticas, la economía de los EE.UU. requerirá grandes y crecientes cantidades de minerales del extranjero, especialmente de países menos desarrollados. Este hecho le da a los EE.UU. un creciente interés en la estabilidad social, política y económica de los países productores. Donde sea que una disminución de las presiones poblacionales por medio de menores tasas de natalidad puede incrementar las perspectivas de tal estabilidad, la política poblacional se convierte en relevante para el suministro de recursos y para los intereses económicos de los EE.UU. Los EE.UU. pueden ayudar a minimizar las acusaciones de que hay una motivación imperialista detrás del apoyo a las actividades poblacionales afirmando repetidamente que tal apoyo deriva de una preocupación con respecto a: 1. El derecho de la pareja individual de determinar libre y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos y a tener información, educación y los medios para lograrlo…” ¡La frase famosa!

 

“Mientras que las agencias participantes en este estudio no tienen recomendaciones específicas que proponer respecto del aborto, los siguientes puntos son considerados importantes y deberían ser tenidos en cuenta en el contexto de una estrategia global de población (…) Algunos hechos acerca del aborto deben ser apreciados: Ningún país ha reducido el crecimiento de su población sin recurrir al aborto. (…) Ciertamente, el aborto, legal e ilegal, se ha convertido en el más extendido método de control de la fertilidad usado hoy en el mundo (…) No sería sabio el restringir la investigación acerca del aborto por las siguientes razones…”

 

Volvamos a Berelson. Es importante tener claro el objetivo final: “Promoción del crecimiento cero en población, como el objetivo final que necesita ser aceptado ahora con el fin de colocar objetivos intermedios de la disminución en la fertilidad en el contexto adecuado (Davis). Esfuerzos intensificados de investigación (…) Más investigación sobre medios sociales para el logro de las metas de fertilidad necesarias (Davis). 2. Investigación centrada en los métodos prácticos de determinación del sexo (Polgar). 3. Aumento de investigación hacia una mejor tecnología anticonceptiva (NAS)”

 

“Métodos prácticos de determinación del sexo”. ¿Qué quiere decir esto? El tema es que la búsqueda del hijo varón, por ejemplo, en India y China, mientras no se puede prever que van a nacer niñas y abortarlas, hace que se tengan más hijos. Lo confirma lo que Berelson dice más adelante en la sección en que evalúa las propuestas: “La mayoría de los observadores creen que en las condiciones típicas de la sociedad en desarrollo, cualquier mejora en la tecnología anticonceptiva haría una diferencia importante respecto de la realización de los objetivos actuales de fertilidad y podría hacer una contribución importante en cuanto a girar el espiral hacia abajo. De hecho, muchos creen que éste es el desiderátum más importante en el corto plazo. Medios fáciles para la determinación del sexo deberían tener un efecto sobre la “necesidad de los hijos” y por lo tanto reducir el tamaño de la familia completa, hasta cierto punto”.

 

Se debe entender que habla de la necesidad de los hijos varones (need for sonsen el original). En esta página de Internet se habla del efecto desastroso del aborto selectivo de niñas en la India y otros países, y se nombra al mismo experto que cita Berelson en este tema: Steven Polgar. Se habla de las “missing girls” (niñas perdidas):

http://chrissmith.house.gov/news/documentsingle.aspx?DocumentID=348983

 

En la nota en que pone la referencia sobre este tema, Berelson menciona también las investigaciones para disminuir artificialmente la libido.

 

Luego viene la evaluación de las propuestas. Es interesante ver los criterios que propone Berelson y sobre todo el orden que en los considera: “Dado que varias de las propuestas van en la misma dirección, parece oportuno revisarlas de manera ilustrativa a partir de los criterios que dichas propuestas deberían satisfacer. ¿Cuáles son esos criterios? Hay por lo menos seis: (1) disponibilidad científico / médico / tecnológica, (2) viabilidad política, (3) viabilidad administrativa, (4) capacidad económica, (5) aceptabilidad moral / ética / filosófica, y (6) eficacia presumida. En otras palabras, las preguntas clave son: ¿Está disponible, o es probable que lo esté, la base científica/médica/tecnológica? ¿Lo aprobarán los gobiernos? ¿La propuesta puede ser administrada? ¿La sociedad puede financiar la propuesta? ¿Es moralmente aceptable? y, por último, ¿funcionará?”

 

El criterio ético viene en quinto lugar, después del científico, el político, el administrativo y el económico. Uno diría que lo primero que es necesario preguntarse es si la medida en cuestión es éticamente lícita. Pero luego veremos en qué consiste el cuestionamiento ético que Berelson se plantea sobre el tema.

 

A continuación, el autor da unas ideas generales acerca de las propuestas: “Los medios para tales fines no tienen por qué ser necesariamente apuntar a ellos tampoco. De hecho, al menos en el inicio de un programa un tanto polémico, los medios probablemente deben encajar dentro del marco de los valores existentes, de élite o de masas, y preferiblemente ambos –por ejemplo, un programa de planificación familiar para salud materna e infantil y para prevenir nacimientos no deseados, aunque la tasa de crecimiento resultante aún puede seguir siendo “demasiado alta” para los estándares finales”.

 

Nunca se insistirá suficientemente en el carácter gradual de estas estrategias de ingeniería social. Es el conocido dicho de que la forma de cocinar vivo a un sapo es ponerlo en agua fría y calentarla de a poco. Eso muestra también, a nuestro modo de ver, la suprema ingenuidad de creer que se va a detener estas campañas con “concesiones menores” o “términos medios”.

 

Sigue Berelson: “Dado el clima político actual y probable en los países y entre ellos, si los programas para reducir el crecimiento de la población y las tasas de natalidad son políticamente aceptables o no parece depender en gran medida de si son percibidos como positivos o negativos: donde “positivo” significa que se les ve como la promoción de otros valores sociales tanto como de la limitación de la población y donde “negativo” significa que se les ve como limitantes per se. Por ejemplo, los programas de planificación familiar, como se señaló anteriormente, suelen ser racionalizados como contribuyendo tanto a la salud materna e infantil como a la libertad efectiva de la familia individual; una red televisiva a gran escala contribuiría a otros objetivos informativos (aunque también es políticamente sospechosa de proporcionar demasiado poder al gobierno de turno), la promoción de la participación femenina en la fuerza laboral se sumaría a la productividad económica, al mismo tiempo que disminuiría la tasa de natalidad; la extensión de los servicios de salud materno-infantil a zonas rurales es claramente deseable en sí misma, con o sin planificación familiar adjunta; la incorporación de material de población en los sistemas escolares puede justificarse por motivos educativos así como poblacionales, una pensión para la vejez tiene beneficios sociales así como impacto indirecto sobre la gran familia como sistema de seguridad social; los programas anticonceptivos en América Latina son promovidos por la comunidad médica como una respuesta médica y humanitaria no al problema de la población, sino a la extendida, ilegal y peligrosa práctica del aborto. Por otra parte, la imposición de penas fiscales o la pérdida de beneficios después del niño enésimo, por no hablar de las medidas involuntarias, pueden ser atacadas como una medida punitiva cuyo único propósito es la limitación de la población”. Texto para meditar muchas veces. Una curiosa aplicación del “principio de doble efecto”. Es decir: cuando quieras promocionar el aborto, la anticoncepción, el suicidio demográfico de una nación, no hables de eso, sino de otra cosa que sea buena y “no controversial”, a la que se pueda vincular bajo cuerda lo primero.

 

Porque: “La acomodación política suele ser un asunto de varios pequeños pasos con un ocasional paso grande, y en este caso depende de la seriedad con que el problema de la población es visto. Ésta está creciendo; por lo tanto, la aceptabilidad política de medidas añadidas también puede crecer. Independientemente de lo que el futuro pueda traer a este respecto, se han propuesto de vez en cuando una serie de medidas sociales como las de esta lista, y se han encontrado obstáculos políticos. Al menos por el momento, estos obstáculos son reales y deben tenerse en cuenta en cualquier propuesta realista”. Otra vez el sapo en cocción gradual.

 

“Un sistema de aborto liberalizado, si es viable, también podría ser eficaz en la prevención de los embarazos no deseados, pero probablemente tendría que estar asociado con el esfuerzo anticonceptivo: de lo contrario podría haber demasiados abortos para el sistema, así como para la mujer individual (que podría necesitar tres al año para permanecer sin descendencia; en la China continental, donde está disponible el aborto a petición, se informó que una mujer puede tener un solo aborto por año).” No parece que tener un aborto o tres abortos al año mejore inmensamente la “calidad de vida” de la mujer. Esto nos muestra hasta qué punto estas personas están comprometidas con la causa de la “liberación femenina” y el bienestar de la mujer, y su dignidad, en general. Los anticonceptivos sirven para hacer viable, entonces, la estrategia abortista. Interesante para los que difunden los anticonceptivos con el argumento de que es para evitar los abortos (ya vimos que ésa es una de las formas de “racionalización” enumeradas por Berelson).

 

Pero los anticonceptivos también pueden tener otra utilidad, según el autor: “El aborto libre por fallas anticonceptivas probablemente ayudaría a un descenso de la fecundidad, pero cuán gran descenso dependería de la calidad del programa de anticonceptivos.” Única interpretación lógica que se me ocurre: es necesario que los anticonceptivos no sean de demasiado “buena” calidad, si es que queremos la suficiente cantidad de abortos. Para que sigan tomando nota los que dicen que anticoncepción y aborto no tienen nada que ver.

 

“Con la anticoncepción moderna (el DIU y la píldora) las tasas de fracaso son bastante pequeñas, pero las mujeres que sólo marginalmente toleran uno de esos métodos, o ambos, estarían disponibles para el aborto.” ¿Qué forma de decirlo, no? Estarían disponibles para el aborto. Ese “pero” es central: las tasas de fracaso son bastante pequeñas, pero hay buenas noticias. Recordemos, como siempre, que el DIU y la “píldora del día después” también son abortivos. Berelson aquí se acomoda al lenguaje que su mismo grupo ha impuesto para “preservar al DIU y a la píldora del día después la ventaja social de ser considerados anticonceptivos y no abortivos”, mediante “un prudente hábito de lenguaje”, como se ha dicho en las reuniones que estas personas han tenido al respecto, pero eso ya es otra historia.

 

“El aborto libre a demanda ha ciertamente bajado la fertilidad en Japón y en determinados países de Europa del Este, y donde fuese médicamente posible lo harían en cualquier otra parte; como observa un colega, en este campo no se debe subestimar el atractivo de una certeza, en comparación con una probabilidad.” Es lo que siempre hemos dicho también nosotros. El aborto no implica riesgo alguno para el no nacido, pues lo mata con toda seguridad. ¿Cómo no ceder al atractivo de una certeza semejante?

 

Pero aquí viene la evaluación ética de Berelson: “Más allá de la aceptabilidad política, ¿es la propuesta considerada correcta y apropiada por la población objetivo, los funcionarios del gobierno, las élites profesionales o intelectuales, las agencias externas comprometidas a ayudar?” O sea, no pregunta si es correcta, sino si es considerada correcta por los actores interesados. La pregunta tal como está formulada es acerca de la ética, pero no es ética, sino estratégica. Se reduce a preguntar por otro factor más que podría ayudar o entorpecer en el camino al fin buscado.

Es cierto que en las preguntas posteriores que realiza acerca de las distintas propuestas, aparece un cuestionamiento más genuinamente ético. Pero todo se resuelve en el enunciado de unos principios acerca del sistema “ideal” de control de la población, que en todo caso van frontalmente en contra en muchos aspectos de las propuestas reales que considera y de lo que dice acerca de ellas.

 

Sigue: “Tanto la educación obligatoria como las restricciones sobre el trabajo infantil reducirían el valor económico de los niños y por lo tanto tienden hacia la disminución de la fecundidad: La pregunta es: ¿cómo van a lograrse?” Nobles objetivos: lograr la educación de los niños e impedir el trabajo infantil; pero véase cuál es la motivación: disminución de la fecundidad.

 

“Por último, también cabe destacar que las propuestas más extremas o polémicas tienden a legitimar avances más moderados, desplazando los límites del discurso.” La vieja táctica, ya mencionada, de “dos pasos adelante y uno atrás”. O también: “ya vendrá la propuesta que me haga buena”. Trampa ideal para personas que han perdido de vista los valores absolutos y no negociables.

 

Finalmente, las propuestas ganadoras (por ese momento) para Berelson: “Algunas propuestas importantes parecen de razonablemente probable adopción –institucionalización de la atención materna, estudios de la población en las escuelas, el sistema de televisión por satélite para fines informativos, una mejor tecnología anticonceptiva , tal vez incluso la liberalización del aborto en algunos lugares– y necesitamos saber no sólo qué tan efectivo será este tipo de esfuerzos, sino, más allá de ello, lo grande que un incentivo de dinero debe ser para efectuar una cantidad dada de control de la fecundidad y cuán efectivas son esas medidas sociales indirectas que son de realización decentemente posible (…) Las medidas “pesadas”medios involuntarios y presiones políticas– pueden dejarse a un lado por el momento, si no para siempre".

 

De hecho, la “liberalización del aborto” se liberó de ese “tal vez” pronto, como sabemos, y las presiones políticas son el pan nuestro de cada día, cfr. por ejemplo la actividad del CEDAW de la ONU, diciéndole a los países cómo deben legislar respecto del aborto. En cuanto a los “medios involuntarios”, piénsese por ejemplo en las campañas posteriores de “vacunas abortivas” llevadas a cabo por la OMS en Filipinas y México, diciendo que se trataba de vacunas contra el tétanos. Estas vacunas se basan en una hormona, la “gonadotrofina coriónica”, que provoca una reacción en la pared del útero que impide la anidación del embrión humano.

 

Finalmente, una recomendación a los promotores del argumento de la superpoblación: “Por otra parte, las advertencias de los demógrafos a menudo son desatendidas, aunque injusta y equivocadamente, sobre la base de su historial de predicciones pasadas, después de todo, hace sólo una generación que se estaba advirtiendo acerca de un descenso de la población en Occidente. Se está pidiendo a los líderes del gobierno que tomen medidas muy importantes en efecto cuando el control de la población es el tema –medidas sustanciales para sus pueblos, así como para sus propias carreras políticas– y por lo tanto el caso no sólo debe ser sustancial sino prácticamente incontrovertible. En consecuencia, la base científica debe ser cuidadosamente preparada (y tal vez con un poco de sentido de la humildad acerca de la facilidad de predecir grandes acontecimientos, en lo que el registro no está sin manchas).”

 

La recomendación de “preparar cuidadosamente la base científica” está peligrosamente cerca de un consejo de buscar los apoyos científicos que se pueda encontrar para una tesis preestablecida y silenciar los datos también científicos que puedan sonar en contra de la misma.

 

Lo de los fallos en las predicciones pasadas de los demógrafos, aunque parece dirigido a los que habían anunciado un descenso de la población, puede pensarse que en realidad es una advertencia a los del propio bando (por algo se repite al final del párrafo). En efecto, el año anterior Paul Ehrlich, frecuentemente citado (como vimos) en este artículo, había publicado The Population Bomb, en el cual preveía hambrunas masivas en los ’70 y los ’80 debidas a la superpoblación. Dice allí en efecto Ehrlich: “La batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En la década de 1970 el mundo sufrirá hambrunas –cientos de millones de personas morirán de hambre a pesar de cualquier programa de emergencia emprendido a partir de ahora.” Ya en 1948, en efecto, Hugh Moore había publicado un libro con el mismo título: “La bomba de la población”, inspirado en William Voght, funcionario de Planned Parenthood. En 1968 Moore cede el título del libro a Ehrlich.

 

Si esto es así, hay que reconocer que Berelson fue más profético en este punto que Ehrlich, puesto que en 1980 Julian Simon, crítico de la idea del agotamiento de los recursos naturales que sostenía Ehrlich, hizo con él una apuesta a diez años de plazo, acerca de si los precios de cinco metales subirían o bajarían en ese plazo, basados en sus respectivas tesis en contra y a favor de la disminución de recursos naturales. En 1990 Paul Ehrlich tuvo que reconocer que Simon había ganado la apuesta (el precio de los metales había bajado) y le envió por correo el cheque por la suma establecida. Eso no le impidió publicar ese mismo año “La explosión demográfica”, con el mismo tema del libro de 1968. En 1971, otro discípulo de Ehrlich, Lawrence Lader, había publicado “Reproduciéndonos hasta la muerte", con prefacio de Ehrlich.

 

En 1977 Ehrlich publicó además Ecoscience: Population, Resources, Environment, en compañía de su esposa y de un tal John P. Holdren, que luego pasó a formar parte del gabinete de asesores científicos del presidente Clinton de 1994 a 2001 y de Obama en 2008. Allí se proponen medidas obligatorias para disminuir la población: aborto obligatorio, esterilizantes en el agua, implante esterilizante para mujeres, etc. ¿Suena novedoso?

 

***

 

A todo esto, el año anterior al artículo de Berelson el Papa Pablo VI había publicado la histórica encíclica Humanae Vitae en la cual, entre otras cosas, se declaran moralmente ilícitos los métodos anticonceptivos. Profético pronunciamiento papal en el cual, además de defender la verdad moral del acto conyugal, la Iglesia Católica es de las pocas instituciones, si no la única, que supo decir “no” al imperialismo demográfico del siglo XX. Ese mismo año varios Cardenales, Obispos, Sacerdotes y teólogos católicos se dedicaron a quitar autoridad al pronunciamiento papal. Reseñaremos solamente algunos pronunciamientos de Conferencias Episcopales relativizantes de la enseñanza papal, si bien son solamente 11 en más de 30 pronunciamientos que conocemos.

 

Los Obispos de Holanda dicen en su declaración acerca de la Humanae Vitae que la conciencia personal no puede dejar de lado la encíclica, pero hay otros factores que determinan esa conciencia respecto del modo de vivir el matrimonio.

 

El episcopado de Bélgica señala que la encíclica no es infalible. El que es competente en la materia puede seguir su parecer contrario. Los que no puedan cumplir con la norma “no deben creerse separados del amor de Dios”.

 

La Conferencia Episcopal Alemana (Occidental) publica la Declaración de Königstein, en la que dice que los fieles deben seguir su propia conciencia ante la enseñanza de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, dado que ésta no es infalible.

 

Luego de esto, en ese mismo año 1968, los cardenales Suenens (Bélgica), Dopfner (Alemania), Alfrink (Holanda), König (Austria) y Heenan (Inglaterra) se reúnen en Essen (Alemania) para estudiar la estrategia a seguir ante la Humanae Vitae. El sentido de dicha estrategia se puede colegir de los pronunciamientos ya entonces habidos de las conferencias episcopales holandesa, belga, y alemana, y por lo que vino después: la Declaración de la Conferencia Episcopal Austríaca en Mariatrost, presidida por el Card. König, dice que los fieles pueden seguir libremente su conciencia, dado que el pronunciamiento papal no es infalible.

 

A continuación vino la Declaración del Episcopado de Inglaterra y Gales sobre la Humanae Vitae. Es contrario al plan de Dios realizar pasos positivos para destruir la posibilidad de la trasmisión de la vida. Sin embargo, el texto es ambiguo y lo único afirmado en forma absoluta es el primado de la conciencia.

 

Luego vino la declaración de los Obispos canadienses en Winnipeg. Los fieles que luego de intentar seguir esta enseñanza tengan dificultades pueden seguir libremente su conciencia y no pueden ser considerados fuera de la Iglesia.

 

Y luego, los obispos escandinavos: la Humanae Vitae no es un documento infalible, puede ser reformado en el futuro, no hace falta confesarse si no se sigue lo que enseña la encíclica.

 

Siguieron los obispos de Indonesia: la encíclica debe ser recibida como guía a seguir con total sinceridad, pero ninguna autoridad externa puede determinar el número de hijos que ha de tener una pareja ni el método de regulación a utilizar. Las parejas con dificultades deben acudir al sacerdote, el cual, teniendo en cuenta las circunstancias socioeconómicas y el consejo de profesionales, podrá ayudarlos a alcanzar la paz de conciencia ante Dios.

 

Posteriormente, los obispos franceses: hay un vínculo esencial entre la unión de los esposos y la transmisión de la vida. La contracepción no puede ser un bien. En casos difíciles, los esposos opten por el “mal menor.

 

No faltó tampoco la Conferencia Episcopal Japonesa: el fiel que a pesar de sus esfuerzos no puede seguir esta enseñanza no debe sentirse separado del amor de Dios y debe participar en los sacramentos con la ayuda del sacerdote.

 

Y los Obispos suizos: la encíclica requiere obediencia religiosa basada en la fe en la misión del Papa y los Obispos. Los fieles que no pueden poner en práctica todas sus enseñanzas pueden pensar que no son culpables delante de Dios.

 

Al año siguiente, 1969, la declaración del “Concilio Pastoral Holandés” sobre la Humanae Vitae: los argumentos de la encíclica no son convincentes y es necesario respetar la decisión de los esposos.

 

También en 1969 el Card. Suenens critica la Encíclica Humanae Vitae y acusa al Papa de actuar contra la colegialidad episcopal enseñada en el Concilio Vaticano II.

 

Por el contrario, entre los pronunciamientos de adhesión y acatamiento a la Encíclica tenemos, con algunos pasajes pocos claros –en algunos casos– en lo tocante a la atención pastoral de los fieles con dificultades, los de los episcopados de Tailandia, Rodhesia, México, Ceilán, América Latina, Alemania Oriental, Italia, España, Corea, Escocia, India, Irlanda, Yugoeslavia, Filipinas, Brasil, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Portugal, Pakistán Occidental y Angola.

 

En 2008 el Card. Schönborn, Arzobispo de Viena, declara que los obispos de Austria pecaron al no apoyar al Papa Pablo VI en lo referente a la Encíclica Humanae Vitae, aunque luego matiza un poco su expresión.

 

Y ese mismo año 2008 se publica una Carta pastoral de los obispos canadienses donde se retractan, de hecho, de la “Declaración de Winnipeg” de 1968 contraria a la Encíclica Humanae Vitae. Afirman la inseparable relación entre los significados unitivo y procreador de cada acto conyugal.

 

Respecto del Card. König, recordemos que integró, entre otras cosas, la directiva del “Foro Global de Líderes Espirituales y Parlamentarios para la Supervivencia Humana”, una organización que tiene entre sus fundadores al “Templo del entendimiento” y al “Comité Global de Parlamentarios de las Naciones Unidas sobre Población y Desarrollo”. En su primera reunión (en 1982) el Foro ponía entre sus lemas el de un “apropiado balance entre recursos y población.” El mencionado “Comité Global” fue creado en 1982 con apoyo financiero del Fondo de Población de las Naciones Unidas, con la finalidad de proporcionar información sobre temas de supervivencia global a parlamentarios, líderes espirituales y medios de comunicación. El “Templo del entendimiento” es una organización multirreligiosa con sede en la catedral anglicana de “San Juan el Teólogo” de Nueva York, fundada por Julieta Hollister, líder del movimiento interreligioso, con la ayuda, entre otros, de John Davidson Rockefeller II. Tanto la organización como la catedral están profundamente vinculados con la New Age en sus más oscuras manifestaciones, por ejemplo, nada más, la Halloween extravaganza, que se celebra ahí todos los años.

 

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Adeste Fideles

 

Adeste fideles laeti triumphantes (Acudid, fieles, alegres, triunfantes)

Venite, venite in Bethlehem (venid, venid a Belén)

Natum videte, Regem angelorum (Ved al nacido, Rey de los ángeles)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor).

 

Cantet nunc io Chorus angelorum, (Cante ahora ¡ea! el Coro de los ángeles)

Cantet nunc aula caelestium (cante ahora la corte celestial)

Gloria, gloria in excelsis Deo (Gloria, gloria a Dios en las alturas)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor.)

 

Aeterni Parentis splendorem aeternum, (Del Padre Eterno esplendor eterno)

Velatum sub carne videbimus: (Velado en carne le veremos.)

Deum Infantem, pannis involutum (Dios infante, envuelto en pañales)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor.)

 

Ergo qui natus die hodierna (Helo aquí nacido, en este día)

Jesu, tibi sit gloria (Jesús, a ti sea la gloria)

Patris aeterni Verbum caro factum (Del Padre Eterno, Palabra hecha carne)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor.)

 

Deum de Deo, Lumen de Lumine, (Dios de Dios, luz de luz)

Gestant puellae viscera, (Gestado como niño en las entrañas)

Deum verum, Genitum non factum. (Dios verdadero, engendrado, no creado.)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor.)

 

En grege relicto, humiles ad cunas, (Dejando el rebaño, humildes hasta la cuna)

Vocati pastores adproperant: (Los pastores llamados vienen presurosos)

Et nos ovanti gradu festinemus. (Y nosotros marchamos con paso alegre)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor.)

 

Stella duce magi, Christum adorantes, (La estrella conduce a los magos, adoran a Cristo)

Aurum, tus, et myrrham dant munera. (Oro, incienso y mirra, regalos que le dan)

Iesu infanti Corda praebeamus; (Al niño Jesús el corazón le muestran)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor.)

 

Pro nobis egenum, et foeno cubantem, (Por nosotros pobre y acostado en la paja)

Piis foveamus amplexibus: (Démosle calor con píos abrazos)

Sic nos amantem quis non redamaret? (A quien así nos ama ¿quién no lo amará?)

Venite adoremus, venite adoremus (Venid, adoremos, venid, adoremos)

Venite adoremus Dominum. (Venid, adoremos al Señor.)

 

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Adeste_fideles

 

Cantado por Luciano Pavarotti: http://www.youtube.com/watch?v=aI7Hi147-Xg

 

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