Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología

Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 71 – Agosto de 2012

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”

(Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

Contacto: feyrazon@gmail.com

 

 

Fundadores de la Revista: Ing. Daniel Iglesias, Lic. Néstor Martínez, Diác. Jorge Novoa.

 

Equipo de Dirección: Ing. Daniel Iglesias, Lic. Néstor Martínez, Ec. Rafael Menéndez.

 

Colaboradores: Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Carlos Caso-Rosendi, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Mons. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Diác. Jorge Novoa, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Santiago Raffo, Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Un renovado llamado a la movilización

Equipo de Dirección

Teología

Algunas observaciones a “Iota unum” de Romano Amerio (II)

Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola

Apologética

La fecha del Nuevo Testamento según Robinson

Jean Carmignac

Apologética

Tres indicios de la antigüedad del Nuevo Testamento en 2 Corintios

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Filosofía

Sobre un pasaje de Julián Marías

Lic. Néstor Martínez

Filosofía

La patente de corso volteriana

Alfonso Aguiló

Filosofía

El budismo en Europa: símbolo de una cultura enferma

Melchior Poisson

Derecho

Reconocimiento legal de las uniones homosexuales

Prof. Dr. Carlos Álvarez Cozzi

 

Iglesia

El Cardenal Bertone llama a las universidades católicas a ser fieles a Cristo y la Iglesia

InfoCatólica

Familia y Vida

El salario familiar ideal: una idea de León XIII cobra fuerza

Pablo Ginés

Familia y Vida

De 32 referendos sobre el matrimonio gay en EE.UU., el matrimonio natural gana en 32

Pablo Ginés

Catecismo

Los mandamientos de la Iglesia

Catecismo de la Iglesia Católica

Oración

Salmo 121

Biblia de Jerusalén

 

 

Un renovado llamado a la movilización

 

Equipo de Dirección

 

Se dice, y con razón, que los cristianos debemos aprender a leer “los signos de los tiempos”. Pues bien, parece indudable que una de las principales características de nuestra época, y no precisamente positiva, es la fuerte tendencia al divorcio entre la técnica y la ética. Hoy muchos parecen pensar que (al menos en algunas materias) todo lo técnicamente factible es también éticamente lícito. Las señales que apuntan en esa dirección son casi innumerables. Aquí consideraremos sólo un ejemplo.

 

El Centro de Bioética, Persona y Familia (de la Argentina) ha publicado un documento estremecedor: un análisis de los contratos de alquiler de vientre en India. Helo aquí: http://centrodebioetica.org/2012/07/las-abusivas-clausulas-de-los-contratos-de-alquiler-de-vientre-en-india/

 

En un sobrio lenguaje jurídico, los comentaristas denuncian la aberrante explotación del ser humano realizada a través de este tipo de contratos. La lectura de este texto nos reafirma en nuestra convicción de que el negocio de la reproducción humana artificial tiende en última instancia a convertir al ser humano en un producto industrial más, comprable y vendible por catálogo. Además, esta lectura nos ayuda a percibir algunas posibles consecuencias muy negativas de los proyectos, probablemente bienintencionados, de “adopción prenatal”.

 

El Parlamento uruguayo está considerando actualmente un proyecto de Ley de Reproducción Humana Asistida que legalizaría muchas prácticas gravemente inmorales. Y, aunque no se prevé que legalice también el alquiler de vientres, la aceptación de dichas prácticas colocaría a nuestro orden jurídico sobre una pendiente resbaladiza. Habiendo abandonado los principios del sentido común y la moral natural, sería muy fácil seguir deslizándonos hacia abajo, hacia aberraciones cada vez peores. Y, como dice un sabio refrán: “Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas a remojar”.

 

El Papa Benedicto XVI ha llamado a todos los católicos del mundo a movilizarse en defensa de los valores morales no negociables en la vida política. Hermanos, por el amor de Dios, reaccionemos, defendiendo vigorosamente, por todos los medios lícitos, la vida humana, el matrimonio, la familia, la libertad de educación, la libertad religiosa, etc., antes de que quedemos sumergidos en una pesadilla colectiva al estilo de la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley.

 

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Algunas observaciones a “Iota unum” de Romano Amerio (II)

 

Miguel Antonio Barriola

 

En los números 205 a 209 se alarga Amerio en su enjuiciamiento acerbo contra la “Teología antropocéntrica de Gaudium et Spes 14 y 24” (1). Le irrita sobremanera que los Padres conciliares hayan expresado que “Todas las cosas que existen en la tierra han de ser ordenadas al hombre como a su centro y culminación” (Nº 12) y que “el hombre es en la tierra la única creatura que Dios quiso por sí misma”. Así, en el Nº 206 (p. 402) protestará: “La afirmación de que el hombre sea la única creatura que Dios ha querido por sí misma parece desmentir el solemne paso de Prov., 16,4: <Universa propter semetipsum operatus est Dominus> (= El Señor hizo todas las cosas para Sí mismo)”.

 

Sólo que olvida Amerio que en GS 12 no se habla del “fin último”, sino del orden intra-creatural de los fines. En consecuencia, y francamente, no se ve qué error se dé en ambos números de GS, ya que el hombre es el rey de la creación, constituyéndose así en la “única creatura creada por sí misma”, fuera de su relación de origen (creatura) y de finalidad hacia el mismo Dios. Reiteramos que en el Nº 12 no se tiene en cuenta al “fin último”, sino que se destaca el valor superior de la humanidad en referencia a todo lo demás.

 

Amerio, que acude tanto a Santo Tomás (cosa muy elogiable), parece haber olvidado que el Angélico compuso un capítulo de la Contra Gentes justamente sobre este tema: “Que las creaturas racionales son gobernadas por sí mismas, pero las demás en orden a ellas”. Exponiendo después: “Así, por lo tanto, por Providencia divina se provee a las creaturas intelectuales por ellas (propter se), pero a las demás creaturas a causa de las mismas (intelectuales). Por lo tanto sólo la naturaleza intelectual es buscada por sí misma (propter se quaesita) en el universo, pero las otras a causa de ella” (III, 112).

 

Del Nº 238 al 242 se queja del rechazo postconciliar al “tomismo”; lo cual no negaremos, dada la extensa y descarada lucha que se ha desencadenado contra la saludable y perenne doctrina filosófica y teológica de Santo Tomás de Aquino, en Europa y casi mundialmente. Pero, parece que Amerio es demasiado injusto con el congreso que se tuvo en Roma y Nápoles con ocasión del VIIº centenario de la muerte del santo doctor. Notifica nuestro autor que tal congreso “condujo a la fundación de una Asociación internacional en pos de un “tomismo sincretístico” (2).

 

Pues bien, habiéndome tocado la fortuna de participar en aquel congreso, para mí y tantos más, que vinieron del mundo entero (3), muy fructuoso y enriquecedor, si bien hubo aportes poco a tono con un auténtico tomismo (K. Rahner, E. Schillebeeckx), no fue ése el clima dominante. Antes bien el grueso de las intervenciones fue de altísimo provecho y del mejor espíritu eclesial, como las de J. Pieper, L. Elders, P. Benoit, S. Lyonnet, Y. Congar, C. Fabro, M.-J. Le Guillou, A. Caturelli, O. N. Derisi y tantos otros más.

 

Refiriéndose después a la celebración de un nuevo aniversario tomista (4), y comentando las Actas de la reunión internacional realizada al respecto, apunta Amerio lo siguiente: “La variación instaurada en la Iglesia del Vaticano II es confesada en el Encuentro romano sobre Santo Tomás de Aquino en el centenario de la Encíclica Aeterni Patris: <Con el Vaticano II, pese a su referencia a Santo Tomás, se abre el período del pluralismo teológico en el cual vivimos ahora>” (5).

 

Se puede percibir en semejante cita varias desprolijidades que, en el fondo, la vuelven poco honesta. En primer lugar omite indicar en cuál de los tres tomos de que constan los “Atti” se encuentra su referencia, de modo que se vuelve algo complejo intentar dar con ella. Después, el texto más parecido (y seguramente al que se refiere Amerio) se encuentra en la p. 68 (no: 168) del primer volumen. Por último y lo más grave, la frase genuina (de C. Fabro), expresa lo siguiente: “Pero el nuevo curso iniciado después –no digo por– el Vaticano II, parece que ha vuelto a poner todo en cuestión y hasta el sentido mismo de la fe y moral cristiana”.

 

Asimismo Amerio omitió la nota 5 de Fabro, donde hacía notar lo siguiente: “De hecho el Vaticano II había sancionado, y esto por vez primera en un Concilio Ecuménico, la posición de privilegio del Angélico como guía en la vida doctrinal de la Iglesia (Cf. Optatam totius, 807 y De educatione christiana, 843. Ench. Vatic., IX ed., Bologna 1971, pp. 440 y 468)”. Se puede comprobar cómo Amerio compuso su frase, mezclando elementos del texto y la nota de Fabro, aunque deformándolos considerablemente (6).

 

Por todo lo cual es más claro que la luz que no se atribuía al Concilio el desprecio del tomismo, sino a posteriores desobediencias a su letra y espíritu. Todo ello, por otra parte, era más que evidente en la misma expresión de Fabro (cambiada por Amerio): “El nuevo curso iniciado despuésno digo por– el Vaticano II” (“iniziato doponon dico dal–”), en clara referencia a la conocida distinción: “Non propter hoc, sed post hoc”.

 

Pasando a otro “punctum dolens” de la reforma conciliar y sus deformaciones posteriores, se extiende Amerio ampliamente en la consideración de los cambios, mal o bien, introducidos en la liturgia católica. Así, en el Nº 278, p. 517, nos encontramos con la siguiente apreciación: “En primer lugar, por lo tanto, la Iglesia es universal y su universalidad no es puramente geográfica ni consiste, como se dice en el nuevo canon, en el estar difundida por toda la tierra (7). Es una universalidad que se deriva de la vocación, dado que todos los hombres son llamados, y de su nexo con Cristo, que estrecha y aúna en sí todo el género humano”.

 

Se puede estimar que una cosa no quita la otra, ya que la “difusión” es intrínseca a la llamada: Jerusalén, Judea, Samaría y todos los rincones de la tierra (ver: Hech 1,8).

 

Sería demasiado extenso detenerse a sopesar sus consideraciones sobre el retroceso del latín en la liturgia (8). Así es como (Nº 283, p. 528) somete a juicio la recomendación de Pablo VI respecto a esta disposición conciliar, cuando expresaba: “<Vale más la inteligencia de la oración que no las sedosas y vetustas vestiduras con las que se ha vestido regiamente…> Y (Pablo VI) cita I Cor., 14,19: <En la asamblea prefiero decir cinco palabras según mi inteligencia para instruir también a los otros, que no diez mil en virtud del don de lenguas>”. En el número siguiente, prosigue: “Además no parece que esta preeminencia del comprender pueda ser deducida del lugar citado por San Pablo. De hecho el apóstol se refiere a la palabra didáctica (<ut et alios instruam>) la cual debe necesariamente resultar inteligible al que escucha”.

 

Quien, en realidad, se equivoca es Amerio, porque Pablo se opone aquí a los glosólalos, que no debían instruir y que, de todos modos, tenían que ceder a los discursos inteligibles. Porque todo el contexto no se refiere solamente al ministerio de la docencia, sino a otros también. El Apóstol prefiere la claridad comprensible a aquella glosolalia ininteligible de la que se preciaban exageradamente los corintios. En efecto, en el contexto anterior (I Cor 14,6ss), el Apóstol propone esta hipótesis: “Supongamos, hermanos, que yo fuera a verlos y les hablara en esa forma (lenguas incomprensibles), ¿de qué les serviría, si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza?”

 

Como se puede apreciar, la enseñanza es “uno” de los servicios que Pablo tiene en cuenta para exigir inteligibilidad. No el único. El Apóstol, entonces, prefiere la inteligibilidad también en expresiones que no son propiamente didácticas.

 

Exagera, acto seguido, arguyendo que también un no creyente podría tener la percepción intelectual de lo que se dice en una liturgia en lengua vernácula. Con la diferencia –habría que acotar– de que un descreído podrá comprender, pero no adherir a aquello que entiende. Al revés, el hombre de fe no la tiene mayor cuanto menos entiende, sino que trabaja además para poner en armonía toda su vida con aquello que cree, en el doble movimiento de la “fides quaerens intellectum” y el “intellectus quaerens fidem”.

 

Pasando por alto otras posturas denigratorias de verdaderos adelantos en la liturgia (como la falta de aprecio de la mayor abundancia bíblica que ofrecen los nuevos leccionarios: Nº 288-289), me detengo en las razones (a mi ver demasiado rebuscadas) por las cuales Amerio abomina de la orientación del “altar facial”, como lo denomina (Nº 291). “El altar facial presenta graves inconvenientes. Si, como sucede con frecuencia, está plantado (piantato) delante del altar antiguo, que contiene el tabernáculo, es indecente que el celebrante dé la espalda al Sacramento para dirigir el rostro al pueblo. Se verifica entonces la <abominación> execrada en Ezeq 8,16 cuando los sacerdotes sacrifican volviendo la espalda al Sancta Sanctorum”.

 

En primer lugar, en el texto de Ezequiel ni se nombra al Sancta Sanctorum, hablando simplemente de “dar la espalda al templo”. Además, si se condena este detalle, es evidente que no es por ese solo hecho, sino ante todo porque implica que “con sus rostros vueltos hacia el oriente, ellos se postraban hacia el oriente ante el sol”. Ahora bien, al dar la espalda al Sagrario, cuando se celebra en un altar que mira a la asamblea creyente, es más que obvio que no se está practicando ninguna suerte de idolatría. Por lo tanto, es una considerable distorsión del sentido primordial del texto estirarlo hacia la tesis que desea demostrar Amerio.

 

Tal importancia atribuye nuestro autor a la denostación de esta orientación, que continúa con esta argumentación: “La indecencia resulta más manifiesta si se recuerda que, para no dar la espalda al Santísimo, los púlpitos se construían al costado de la nave y que durante la exposición del Santísimo, mientras se predicaba, el ostensorio era velado, teniéndose como irreverencia el solo estar ante el Sacramento sin tenerlo en atención.” (Nº 291, p. 544).

 

A la verdad que parece extremista porque, de hecho, el celebrante daba la espalda al sagrario cuando distribuía la comunión a los fieles. Se replicará que el mismo sacerdote tenía en sus propias manos a Jesús-Eucaristía. Pero… ¿no se lo tiene igualmente delante cuando se consagra en un altar, rodeado por la atención de todos los fieles? Además, si tal es la reverencia que se ha de tener ante el Santísimo, habría que retirarse del templo, reculando, caminando hacia atrás, para “nunca” dar la espalda al Santísimo. Parece que dejamos de lado la admiración del Salmista: “Me rodeas por detrás y por delante” (Sal 139/138,5). Y si bien el texto se refiere a la omnipresencia divina, bien que se lo puede aplicar también a la presencia sacramental de Cristo (9), desde la cual, en un lugar determinado, ejerce no menos sus atributos divinos globalizantes.

 

Continúa argumentando contra el altar orientado hacia los fieles: “La celebración facial rompe la unanimidad de la asamblea. En el rito preconciliar de la Misa, sacerdote y fieles se dirigen todos hacia Dios, que está frente y por encima de todos. Ellos están en posición jerárquica y tienen una mirada teotrópica. En la nueva misa <à l’envers>, como decía Claudel, tanto la asamblea como el sacerdote se vuelven hacia el hombre. Se corrompe la unanimidad de la Iglesia, porque el Dios al que se dirige el pueblo está, por decir así, al revés de aquel al que se dirige el sacerdote… El celebrante está ante un Dios al cual el pueblo le da la espalda y el pueblo, viceversa, está ante un Dios al que el celebrante da la espalda. Por cierto que se puede prescindir de esta figuración y centrar los pensamientos en la hostia del sacrificio, pero la natural piedad humana procede por figuraciones e imagina personas. Dije que se corrompe la unanimidad de la Iglesia, que no es la consideración recíproca de sus miembros sino el mirar a Dios todos juntos. Se reduce la Iglesia a comunidad de concentración, mientras que ella es comunidad de proyección hacia el único punto trascendente” (Nº 291, pp. 543-544).

 

Francamente parece un pensamiento tortuoso, abroquelado en un solo aspecto de una realidad, cuya riqueza permite muchos “et-et”. ¿Por qué no pueden todos convergir hacia el centro, donde se celebra la Palabra (10) y la Eucaristía? ¿No miran todos juntos al Dios hecho presente sobre el altar? ¿Por qué, en tal caso, esa rebuscada oposición espacial entre el celebrante que miraría a “un Dios”, colocado en lugar diferente al “otro Dios”, al que se dirigiría el pueblo? A un momento dado, parece volver al sentido común, cuando repara que “por cierto se puede prescindir de esta figuración y centrar los pensamientos en la hostia del sacrificio”. Con todo opondrá a ese razonable llamado de atención la “natural piedad humana, que procede por figuraciones”. Pero, esa natural propensión del hombre ¿no podrá ser reforzada por medio de nuevas figuraciones, de acuerdo a la presencia completamente fuera de lo común que por la fe percibimos en la presencia real eucarística? ¿No prometió el mismo Jesús que allí donde dos o tres estén reunidos en su nombre, estaría Él en medio de ellos? (Mt 18,20) (11).

 

En el Nº 327 (p. 617) sigue acumulando quejas contra los papas. “La desautorización del Papado es patente en los hechos de Juan Pablo II. Su enseñanza sobre la dignidad humana y sobre la paz y los derechos del hombre es infatigable, pero ineficaz. No acertó a ubicarse entre los contendientes y a detener las armas, cuando estuvo por visitar y visitó Gran Bretaña y Argentina, que estaban en guerra; o sea que no pudo hacer valer la incompatibilidad de una visita del predicador de la paz con el estado de guerra de las naciones visitadas, como si la diferencia entre paz y guerra ante la conciencia de los pueblos cristianos no fuera relevante”.

 

A la verdad que parecen objeciones muy poco cristianas. Porque debería también Amerio acusar a Jeremías, quien en su predicación obtuvo sólo indiferencia y fracasos. Cuando no al mismo Cristo, quien no nos mandó tener éxito en la presentación del Evangelio, “imponiéndolo”, sino únicamente “proponiéndolo”: “Saluden invocando la paz sobre la casa. Si lo merece, que la paz descienda sobre ella, pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.” (Mt 10,13). Además se muestra incompleto, porque calla en absoluto la intervención papal (esta vez exitosa), que impidió una guerra entre Argentina y Chile en 1978.

 

Sigue acumulando descréditos sobre Juan Pablo II, al recordar: “El Pontífice padeció la mayor afrenta en la visita a Nicaragua. Aquí se le opusieron los sacerdotes y los laicos de la Iglesia <popular>… se le impidió hablar y fue abismado con lemas irreligiosos y revolucionarios” (ibid.).

 

Fue verdaderamente bochornoso ese viaje de Juan Pablo II a Nicaragua, sobre todo el comportamiento nada católico, cristiano ni humano de los “sacerdotes ministros” del régimen sandinista (E. Cardenal y M. D’Escoto –que no estuvo presente, pero que despectivamente se fue de viaje a la India).

 

Me pregunto si Amerio también acusaría de “desacertado” a Jesús, cuando fue rechazado abiertamente por sus paisanos de Nazaret (Lc 4,29-30). Por otro lado, calla Amerio lo siguiente: “En cambio, quien quedó satisfecho fue el arzobispo Obando, máxima y cuestionada autoridad católica de Nicaragua: sabía que la vasta mayoría de su pueblo había quedado impresionada y conmovida por el hecho de que el Papa hubiera acudido a ellos, y el comportamiento de los sandinistas en la misa papal había aclarado la situación. Como recordaría más tarde el propio Obando, <la gente empezó a preguntar: ‘¿Quiénes son para tratar de esa manera a la Iglesia?’…Gente que hasta entonces había tenido dudas sobre su relación con la revolución descubrió en qué lado estaba, porque vieron cómo trataba (el régimen) al Santo Padre” (12).

 

Es también significativo el total silencio de Amerio sobre la presencia de Juan Pablo II en su primera visita internacional, realizada en México para la IIIª reunión del CELAM en Puebla. Tuve la gracia de participar en aquellas movidas, pero no menos fructuosas, discusiones y nadie podrá negar el influjo más que beneficioso del discurso inaugural del Sumo Pontífice, así como los aportes de la rica enseñanza que esparció por todos los lugares por donde pasó. Sin silenciar la acogida verdaderamente entusiasta de la inmensa mayoría del pueblo mexicano.

 

Avanzando en la lectura, nos encontramos con otro solemne tirón de orejas a Pablo VI (Nº 328, p. 619). “Pablo VI augura un mundo en el que la parábola de Lázaro y Epulón sea corregida, <que la libertad no sea una palabra vana y el pobre Lázaro pueda sentarse en la misma mesa del rico> (Populorum Progressio, Nº 47). El sentido de la parábola es aquí dado vuelta. En el Evangelio el rico <accepit bona in vita sua> (= recibió bienes en su vida) y por esta razón <cruciatur> (= es atormentado). Lázaro, al contrario <recepit mala et nunc consolatur> (= recibió males y ahora es consolado. Cfr. Luc 16,25). Querer que Lázaro goce como el rico significaría poner a la par aquellos bienes mundanos con el consuelo celestial y hacer del goce de los bienes del mundo un valor conectado con la fruición de Dios e incluido en ésta”.

 

Es un reproche inconsiderado, que no tiene en cuenta legítimas consecuencias que se pueden extraer de la parábola para la vida “en este mundo”. Porque, si Jesús condena el trato despiadado que el rico tuvo para con Lázaro, se cae de su peso que está exigiendo una conducta diametralmente diferente, para que “desde esta vida” se vaya preparando “la otra”. De ahí, el final del diálogo entre el rico y Abraham (pasado a silencio por Amerio): “Tienen a Moisés y los profetas” (Lc 16,29). ¿Para qué? ¿Para llevarlos al cielo? No, para ponerlos por obra en esta vida, porque “si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convertirán” (ibid., v. 31). Pero la “conversión” es posible sólo “en esta tierra” y un rasgo de la misma, consiste en hacer compartir a los menesterosos de “los bienes que se poseen en este mundo”.

 

Salteando otros párrafos merecedores también de esclarecimiento, terminamos este repaso con un aluvión de acusaciones al Vaticano II, que no reproduciremos en su totalidad, pero que será suficiente con lo que seleccionaremos. “Las novedades del Vaticano II son relieves de partes de la doctrina católica que corresponden al olvido de otras partes correlativas. El olvido cubre al dogma de la predestinación bajo la verdad de la vocación universal; el del infierno bajo la verdad de la misericordia divina; el de la presencia real bajo la verdad de la presencia espiritual de Cristo en la asamblea…” (siguen todavía 8 densas cataratas de estas oposiciones: Nº 330, pp. 626-627).

 

Estoy de acuerdo en conceder el desbarajuste con el que muchos teólogos (¿?) han devastado la doctrina de la Iglesia. Pero ¿no tiene en cuenta Amerio el esfuerzo empeñoso y eficaz de tantos otros, que mantienen “una y otra cosa”? Escatología “y” deberes temporales, infalibilidad de Pedro “y” colegialidad episcopal, sacerdocio ministerial de los presbíteros “y” sacerdocio común de los fieles, etc… ¿No tiene noticias de De Lubac (13), L. Bouyer, L. Scheffczyk, K. L Becker, C. Pozo, J. A. Sayés, G. Segalla, V. Fusco, la Revue Thomiste, Communio (14) y tantos otros autores y revistas que salieron a defender la recta doctrina en medio de las tormentas postconciliares?

           

Por todo lo cual adhiero del todo al juicio de G. Possedoni después de una panorámica sobre las obras de R. Amerio: “Para concluir, es francamente difícil adherir al juicio complexivamente negativo que Romano Amerio parece pronunciar en su obra sobre el concilio ecuménico Vaticano II, que, por el contrario, en su hermenéutica en continuidad con la Tradición, presenta múltiples resultados fructuosos… Sobre todo es arduo compartir su visión de una Iglesia menoscabada por variaciones de tal grado que desnaturalizan su esencia, porque participar con él en esta convicción querría decir para un creyente, titubear, al menos, respecto a la fe en la promesa hecha por su fundador; porque, si es verdad que la Iglesia está constantemente bajo amenaza de quienes defienden cambios descabellados –y es obligatorio evidenciar y denunciar implacablemente los peligros y distorsiones, que son muy graves, a las cuales daría paso el laxismo para con esos ataques– también es verdad, más aún, absolutamente verdadero que la Iglesia jamás variará esencialmente, porque <portae inferi non praevalebunt adversus eam> (Mt 16,18)” (15). (Continuará).

 

Notas

 

1) En realidad, los párrafos que cita y rechaza Amerio se refieren al Nº 12 (no al 14) y al 24.

 

2) Iota unum, 451, Nº 238.

 

3) Entre ellos el entonces Card. K. Woytila y, culminando el congreso, Pablo VI.

 

4) El primer centenario de la “Aeterni Patris” (1879), documento con el que León XIII dio nuevo y potente vigor a los estudios tomistas.

 

5) Iota unum, 455, Nº 240, citando: Atti, Roma 1981, p. 168.

 

6) No menos, descalificando la recomendación conciliar de Santo Tomás, Amerio, en el Nº 239 (p. 452), refiriéndose a OP 15, cita su texto: “apoyados en el patrimonio filosófico perennemente válido”, para agregar de inmediato: “Pero calla acerca del tomismo”. Ignora Amerio la respuesta oficial que brindara la entonces llamada Congregación de Seminarios: “Se ha preguntado, qué significan en concreto las palabras <patrimonio filosófico perennemente válido>…Se responde que el significado de dichas palabras se encuentra en la carta Encíclica <Humani Generis>…que está indicada en la nota a estas palabras. Consta además por los documentos del sacrosanto Concilio, que la Comisión de Seminarios, estudios y educación católica entendió por el patrimonio filosófico perennemente válido, los principios de Santo Tomás” (Ver: Seminarium –1966– 65).

 

En la nota 1ª de esta misma página 452, Amerio expresa: “La extromisión de la filosofía tomista sancionada por el Concilio sigue siendo la postura de los estudios eclesiásticos”. Permítasenos comentar, como consta por los datos que se están brindando, que el Concilio no sancionó en modo alguno el abandono de la filosofía tomista.

 

Con todo, Amerio tiene la honradez de contraponer a esa dejadez (que de hecho se ha extendido –aunque no por causa del Concilio, sino por desprecio del mismo) la advertencia de Juan Pablo II al episcopado francés: “El acercamiento a Dios por la ontología propiamente dicha, centrada en la intuición del ser en la perspectiva tomista, sigue siendo irreemplazable” (L’Osservatore Romano, 11/XII/1982). Datos semejantes podría fácilmente haberlos multiplicado con las profundas llamadas de atención al respecto de Pablo VI. Muy rápidamente señalamos las siguientes: Carta al General de los Dominicos (1964). Carta al Congreso de la Academia Romana (1965). La “Lumen Ecclesiae” (1974).

 

7) Aquí incluye una de sus tantas notas de erudición y crítica filológica: “En realidad no está difundida (la metáfora proviene del líquido que se expande uniformemente haciendo un velo superficial continuo), sino más bien dispersa discontinuamente”. La verdad que parece una acotación demasiado traída por los pelos, porque una noticia también “se difunde” y no tiene por qué ser entendida rigurosamente con todos los ingredientes de la “difusión originaria de los líquidos”. No se olvide que “Comparatio non tenet in omnibus” (= la comparación no se sostiene en todos los detalles).

 

8) Estoy de acuerdo en que ha significado una gran pérdida la dejadez con que se ha tratado a esa ilustre lengua en la formación sacerdotal y su eficaz aporte a la universalidad de la Iglesia. Pero de ahí a negar los notorios frutos de una intelección más cercana, en la propia lengua, de los misterios litúrgicos, parece que hay un paso que no es posible dar con la insistencia de que hace gala Amerio.

 

9) Olvida Amerio cómo, en las disposiciones del antiguo misal, pre-Vaticano II (Ritus celebrandi), se tenía en cuenta la posibilidad de celebrar con orientación hacia el pueblo: “Si altare sit ad Orientem, versus populum, celebrans versa facie ad populum, non vertit humeros ad altare, cum dicturus est Dominus vobiscum” (Tit. V, n. 3. Resaltado por mí). O sea: “Si el altar estuviera dirigido hacia el oriente, mirando al pueblo, el celebrante con la faz dirigida al pueblo, no gira los hombros hacia el altar, cuando tenga que decir Dominus vobiscum”. Las principales basílicas e iglesias romanas tienen sus altares según esa dirección: San Juan de Letrán, San Pedro, San Pablo extra muros, San Clemente, Santa Cecilia, San Marcos, San Jorge in velabro, San Cesario, Santos Nereo y Aquileo, etc.

 

10) De paso, se nota el poco aprecio de Amerio a un adelanto innegable de la reforma litúrgica de la Misa dispuesta por el Vaticano II. Me refiero al realce que se ha concedido a la liturgia de la palabra, tenida como una de las presencias de Cristo (SC, 7). Nadie podrá negar la “tradición” corrompida de tanta gente cristiana, que tenía a la primera parte de la Misa como un “aperitivo prescindible”. Era clásica la pregunta: “Llegué para el Evangelio, ¿Me vale la Misa?” Tampoco se podrá ignorar la gran recuperación de esta importante preparación a la Eucaristía, llevada a cabo por el Vaticano II.

 

11) En un pasaje anterior (Nº 273, p. 509) había afirmado: “Es superfluo observar que Mt 18,20, al que se acude en el artículo 7 (de la Institutio generalis Missalis Romani de Pablo VI, 1969) se refiere a la presencia moral de Cristo en la Iglesia y no a la presencia real en el sacramento”. Me pregunto si no podrá legítimamente aplicarse un “a fortiori”, ya que si con sólo la reunión orante de dos o tres, allí se hallará Cristo “moralmente” en el medio, con mayor razón lo estará cuando su “presencia real” es celebrada y adorada en la disposición misma del espacio litúrgico, con el altar en el centro.

 

12) G. Weigel, Biografía de Juan Pablo II, Testigo de Esperanza, Barcelona (1999) 614-615.

 

13) Citado una sola vez, p. 606 y únicamente para recordar que fue creado cardenal.

 

14) Revista fundada por H. De Lubac, H. U. von Baltahasar y J. Ratzinger, para hacer frente a los desvíos de otra publicación (Concilium), propagadora de una interpretación liberal y relativista del Vaticano II.

 

15) “Presentazione” en: AA. VV.: Romano Amerio, il Vaticano II e le Variazioni nella Chiesa Cattolica del XX Secolo, Verona (2008) 16-17.   

 

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La fecha del Nuevo Testamento según Robinson

 

Jean Carmignac

 

1.      Introducción

 

Yo ya os he presentado a Robinson, quien fue obispo auxiliar (*) de Londres, y es ahora profesor en Cambridge, y publicó primero un libro –Honest to God– que causó escándalo y lo obligó incluso a dimitir como obispo, porque la obra fue considerada como, si se puede decir, de extrema izquierda. Y este mismo hombre, queriendo probar que el Nuevo Testamento es de fecha reciente, es de tal modo convencido por los argumentos que descubre, que llega a la conclusión opuesta. ¡Y ahora todo el mundo lo toma por alguien de extrema derecha! Él mismo me ha escrito la frase siguiente: “¡estoy asombrado de cuántos nuevos amigos encuentro!”

 

El problema de la fecha del Nuevo Testamento, y no solamente de la fecha de los Evangelios, sino de todo el Nuevo Testamento y de cada uno de los escritos del Nuevo Testamento, es capital, porque, según la fecha que se deduzca de nuestros argumentos, o bien los Evangelios son un testimonio sobre la vida de Jesús, o bien serán simplemente una catequesis sobre la vida de Jesús, o bien incluso una expresión de la fe de las comunidades primitivas. Pero, inevitablemente, será en fechas diferentes; para que sean la expresión de la fe de las comunidades primitivas es preciso que las comunidades se hayan podido formar ya, que haya habido ya una cierta expansión del cristianismo, por lo tanto que sean de una fecha relativamente reciente.

 

Argumentos provistos por comparación con los eventos contemporáneos:

 

En Apocalipsis 17,9-10 se habla del sexto rey de Roma. Los «reyes» de Roma son fáciles de calcular: primero César,… y sexto Nerón, y Nerón reinó del 54 al 68. Este pasaje del Apocalipsis lo dice hablando de una ciudad donde hay siete colinas –es claro que es Roma–; y una ciudad donde se habla de siete reyes (pero la cifra siete evidentemente… hay siete colinas y hay otros tantos reyes). Sobre los siete reyes se dice: cinco ya han reinado, todos ellos, hasta Claudio inclusive; hay otro que reina y otro que vendrá después; y bien, después de Nerón estuvo Galba, etc. Por lo tanto el Apocalipsis mismo dice que él ha sido escrito entre el 54 y el 68.

 

Estos argumentos son serios porque nosotros conocemos por la historia profana la fecha de los eventos que son narrados. Pero sobre todo Robinson insiste sobre dos argumentos que, lo reconozco para mi vergüenza, yo no conocía; ¡y me da vergüenza no haberlos encontrado porque son tan claros! Me parecen absolutamente convincentes y no veo qué se podría objetar para refutar esos dos argumentos. Yo os los doy.

 

2.      La destrucción del Templo de Jerusalén

 

El primero es la diferencia que hay en la mentalidad judía entre la toma de Jerusalén y la destrucción del Templo. Nosotros, que somos occidentales, hablamos siempre de la destrucción de Jerusalén y de la reacción que ésta ha debido provocar en la piedad judía; sí, es verdad, pero Jerusalén ya había sido tomada por los romanos en el 63 antes de Cristo, y esto no había causado un drama: para los judíos, no es la toma de Jerusalén, es la destrucción del Templo –y el Templo fue destruido el 29 de agosto del 70. Tenemos precisiones extraordinarias sobre la destrucción del Templo, por Flavio Josefo; tenemos incluso los nombres de los generales y lo que ellos votaron en el consejo de guerra que la precedió, etc.

 

Los judíos, después de ese día, no pueden más practicar su religión, no pueden más comer la Pascua –el cordero debe ser inmolado en el Templo; no hay más un Sumo Sacerdote. Éstas son cosas que se nos hace difícil comprender, pero si nos remitimos a la mentalidad judía el 29 de agosto del 70 es una ruptura total en la vida del pueblo judío. Hasta allí, tiene su religión, que se remonta a Moisés y ha sido vivida, más o menos bien, pero ha sido vivida, hasta el 29 de agosto del 70. A partir de allí, la religión judía se ha vuelto imposible de practicar y todo lo que estaba centrado sobre los sacrificios, etc., todo eso no existe más. Cuando uno piensa en eso, se da cuenta de la reacción enorme que eso ha debido ser para los judíos; mientras que nosotros pensamos en la destrucción política de Jerusalén, ellos piensan sobre todo en la destrucción del Templo.

 

¿Qué nos dice el Nuevo Testamento sobre la toma del Templo? Tenemos un pequeño texto en Marcos 13,1-4: “Cuando Jesús salía del Templo, uno de sus discípulos le dijo: «¡Maestro, mira qué piedras enormes y qué construcción!». Jesús le respondió: «¿Ves esa gran construcción? De todo esto no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».”

 

Y eso es todo; no tenemos más que esto sobre la destrucción del Templo. Y Mateo y Lucas copian este pasaje tal cual, sin añadir ninguna variación. Que Jesús haya previsto la ruina del Templo, si se cree en su divinidad, no es un problema; pero incluso si no se cree en su divinidad, dada la situación de los judíos en ese momento, que siempre quisieron rebelarse, habiendo hablado Jesús de la destrucción de Jerusalén, era lógico pensar en la destrucción del Templo. En todo caso están esas dos palabras, sin comentario, sin nada: si los Evangelios hubieran sido escritos después de la destrucción del Templo, deberían haber tenido necesariamente una palabra para indicar que, de hecho, esto se había realizado, y ello no debería haber sido indicado solamente por dos palabritas; este evento, el más importante de la vida del pueblo judío, indicado por casi nada…

 

Otra cosa curiosa es que hay algunos pasajes del Nuevo Testamento donde se habla del Templo como existente hoy. Por ejemplo en Hebreos 9,6-7: Dentro de este ordenamiento, los sacerdotes entran siempre al primer recinto para celebrar el culto. Pero al segundo, sólo entra una vez al año el Sumo Sacerdote…” Es impensable que se escriba esto cuando el Templo no existe más y el Sumo Sacerdote no puede más entrar en él. También en Hebreos 10,1-3: “La Ley, en efecto –al no tener más que la sombra de los bienes futuros y no la misma realidad de las cosas– con los sacrificios repetidos año tras año en forma ininterrumpida, es incapaz de perfeccionar a aquellos que se acercan a Dios. De lo contrario, no se habrían ofrecido más esos sacrificios, porque los que participan de ellos, al quedar purificados una vez para siempre, ya no tendrían conciencia de ningún pecado. En cambio, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo del pecado…” Por lo tanto, no se ha cesado de ofrecerlos; en consecuencia la epístola a los Hebreos fue escrita antes de la destrucción del Templo –por lo demás también la TOB lo dice–, de otro modo esto no se puede comprender más.

 

Véase este argumento: si hubiera una parte del Nuevo Testamento que fuera posterior al 70, ella normalmente debería habernos hablado de la destrucción del Templo, y sobre todo los Evangelios en donde ellos hacen alusión a la destrucción de Jerusalén [Lucas 19,43-44]. Otro que habría debido hablar de ello es San Juan, con todas sus polémicas contra los judíos... Si la religión judía se había vuelto imposible, era fácil poner una palabra para indicarlo, ¡pero nada!

 

3.      Judíos y paganos frente a la conversión a Cristo

 

Segundo argumento, que me parece todavía más fuerte: es la diferencia que hay entre un pagano y un judío que se convierten al cristianismo.

 

Consideremos la situación de un pagano que se convierte al cristianismo. En primer lugar se necesita que él crea en la existencia de Dios, porque los griegos, los paganos griegos, no creen en la existencia de Dios. Ellos creen en la existencia de “dioses”, que son divinidades pero no un Dios personal; y prácticamente, fuera del pueblo judío, nadie en el mundo pagano de aquel tiempo cree en la existencia de Dios como Dios único. En segundo lugar él debe creer que Dios es Creador, y la noción de creación es una noción totalmente desconocida fuera del judaísmo. ¿Saben cuál es una de las frases más importantes del pensamiento desde que el mundo es mundo? Es ésta: “Al principio Dios creó el cielo y la tierra” (Génesis 1,1). Sólo esta frase lo cambia absolutamente todo…

 

Entonces se debe admitir que Dios existe y que Dios es Creador; y en el Nuevo Testamento a cada instante se hace referencia al Antiguo, que se considera como palabra de Dios. Se debe admitir que Dios ha hablado en el Antiguo Testamento, se debe admitir la inspiración de las Escrituras, se debe admitir que Dios ha querido salvar a su pueblo y que le ha prometido un Mesías –lo que está en las Escrituras, pero no es conocido en el mundo pagano–; entonces se debe admitir que este Mesías es Jesús y que Jesús es el Hijo de Dios. Por lo tanto se necesitan seis cosas para que un pagano se vuelva cristiano.

 

Mientras que si se trata de un judío que se vuelve cristiano: la existencia de Dios, la conoce, no se necesita hablar de ello; la Creación, la conoce, no se necesita hablar de ello; la inspiración de las Escrituras y la promesa de un Mesías, lo mismo. No hay más que dos cosas sobre las cuales se precisa completar el pensamiento de un judío: hacerle comprender que el Mesías es Jesús, y que Jesús es el Hijo de Dios. Un judío que se vuelve cristiano no tiene que añadir a su fe más que estas dos cosas, mientras que un pagano tiene también todas las otras. Sin embargo, en todo el Nuevo Testamento, ¿qué es lo que encontramos? No hay ningún texto que trate de probar la existencia de Dios; ningún texto (salvo uno del que les voy a hablar ahora) que hable de la creación y que demuestre que Dios es Creador; ningún texto que hable de la inspiración de la Escritura, al contrario, se la supone siempre; ningún texto que presente la promesa del Mesías. Pero en el Nuevo Testamento lo que vemos a menudo es: que el Mesías es Jesús, y que Jesús es el Hijo de Dios. Los dos últimos puntos los vemos habitualmente.

 

Hay una sola excepción en el Nuevo Testamento donde se encuentran abordados los otros temas: el discurso de San Pablo en el Areópago (en Atenas) donde él habla a los paganos. San Pablo, hablando a los paganos, inmediatamente habla de la existencia de Dios, de la creación –de la inspiración de la Escritura, no: pero de Dios que debe enviar un salvador. Estos temas que son totalmente desconocidos por el pensamiento griego, para que un griego sea cristiano, se precisa presentárselos. La única vez en que San Pablo habla ante un auditorio puramente griego, puramente pagano, él aborda inmediatamente esos temas, pero jamás se los aborda en el resto del Nuevo Testamento.

 

Esto supone pues que quienes han escrito el Nuevo Testamento, cuando lo escribieron, preveían como destinatarios de sus escritos únicamente a los judíos o los prosélitos –paganos ya asumidos en el judaísmo, que hablaban griego pero tenían ya la fe judía. Si los autores del Nuevo Testamento hubieran escrito a destinatarios tales que al menos una parte fueran griegos todavía paganos, deberían haber abordado absolutamente a éstos. Ahora bien, fue en el 70, año de la toma de Jerusalén y de la destrucción del Templo, que ocurrió la escisión decisiva en la vida de la comunidad judía. Hasta el 70 había importantes comunidades judías en Palestina (ellas se difunden un poco por todas partes), mientras que a partir del 70 ellas son destruidas y por lo tanto a partir del 70 no es pensable que se escriba en detalle, y todo el Nuevo Testamento, sin hacer alusión a los paganos. Nosotros vemos el aspecto misionero del Nuevo Testamento, sí, pero misionero respecto a los judíos o los paganos ya judaizados; no se piensa todavía –no negamos (que sea posible), por supuesto–, pero no se piensa todavía que estos textos puedan ser leídos por los griegos paganos y que se debería tratar de convertirlos. 

 

Porque entre los miembros de la Iglesia primitiva había tres categorías: en primer lugar quienes viven en Palestina y hablan hebreo (o una lengua semítica, arameo, poco importa); en segundo lugar, quienes viven en Palestina y hablan griego (podía haberlos en Palestina, por ejemplo estaba la sinagoga de los libertos y los cireneos de la que se habla en los Hechos); y además todos los que viven fuera de Palestina y hablan griego, pero son judíos. En todas las comunidades a las que se dirige San Pablo, él se dirige siempre a una comunidad esencialmente judía o formada por paganos ya convertidos en prosélitos. La comunidad de Roma a la que él escribe y la forma en que él se presenta a ella, como se ve en el libro de los Hechos de los Apóstoles, las comunidades de Corinto y de otros lugares, son todas comunidades similares; por lo tanto cuando San Pablo escribe, cuando los Evangelistas escriben, cuando todo el Nuevo Testamento es escrito, el giro del 70 aún no ha sido tomado, y Robinson concluye: todo el nuevo Testamento es necesariamente anterior al año 70, no se puede admitir ninguna parte del Nuevo Testamento posterior al 70.

 

Cuando yo comencé a leer a Robinson, me decía: sí, está muy bien todo esto, pero para hacernos creer que el cuarto Evangelio ha sido escrito antes del 70, no va a ser fácil, ¡estoy esperando eso! Sin embargo, el argumento de Robinson es muy simple, él nos dice: los antiguos Padres de la Iglesia que nos hablan del cuarto Evangelio son: Ireneo hacia 180, el fragmento de Muratori del que no se sabe la fecha, pero es del fin del siglo II, Clemente de Alejandría hacia 210, Eusebio de Cesarea hacia 325 y Jerónimo hacia 400. Ellos nos dicen dos cosas: primero que el cuarto Evangelio ha sido compuesto por Juan el Apóstol, segundo que Juan el Apóstol ha muerto viejo –¡pero ellos no dicen que fue en su vejez que él compuso el cuarto Evangelio! Y eso fue inventado por Epifanio, el autor más antiguo que dice que el cuarto Evangelio fue compuesto al final de la vida de San Juan. Él escribe en 375, pero los autores precedentes dicen: San Juan compuso el cuarto Evangelio y murió viejo. Yo no había reparado en esto. ¡Vean qué fácil es engañarse!

 

Si se retoman los argumentos que hemos visto antes para San Juan: su Evangelio está lleno de polémicas contra los judíos, pero no tiene una sola alusión a la destrucción ni a la ruina del Templo. Entonces Robinson concluye: no es verosímil que el cuarto Evangelio haya sido escrito después del 70, él incluso ha debido ser escrito un poco antes. Él lo ubica en torno al año 65, diciendo: el horizonte histórico que corresponde al cuarto Evangelio es el del año 65. Y de hecho, pensándolo bien, yo no veo cómo el cuarto Evangelio podría haber sido escrito después de la destrucción del Templo.

 

Otro argumento para corroborar lo que dice Robinson sobre la antigüedad de San Juan: después de algunos años se descubrió un fragmento de manuscrito que contiene un texto de San Juan y que data de los años 120-130; y la datación de manuscritos por la paleografía, el estudio de la evolución de la escritura, es verdaderamente científica, dentro de un margen de algunos años, por supuesto. Pero los sabios competentes, los paleógrafos de profesión, datan ese fragmento de manuscrito de San Juan entre 120 y 130. Es preciso asumir una cierta distancia. Éste no es un argumento definitivo, sino un “confirmatur”.

 

¡Cuando terminé de leer, yo estaba convencido y escribí a Robinson para decirle que él me había convencido!

 

(Extractos de una conferencia que el Padre Jean Carmignac pronunció en septiembre de 1978 en un monasterio inglés donde a él le gustaba ir a descansar).

 

Fuente: Les Nouvelles de L’ASSOCIATION JEAN CARMIGNAC, n° 0 - Août 1998, pp. 4-6 ; n° 1 – Janvier 1999, pp. 2-4. Cf. www.abbe-carmignac.org

 

Notas: La traducción del francés es de Daniel Iglesias Grèzes. Para traducir las citas bíblicas se utilizó “El Libro del Pueblo de Dios” (versión argentina de la Biblia).       

 

*) Anglicano (Nota del  Traductor).

 

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Tres indicios de la antigüedad del Nuevo Testamento en 2 Corintios

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Jean Carmignac, fundador de la Revue de Qumran, especialista indiscutido de los manuscritos del Mar Muerto y gran exegeta católico, publicó en 1984 un pequeño libro (El nacimiento de los Evangelios sinópticos) para divulgar de forma accesible y sintética los principales resultados de sus veinte años de estudio sobre la formación de los Evangelios sinópticos. En esa brillante obrita, entre otros muchos temas, Carmignac analiza tres versículos de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios que ofrecen indicios sugestivos de que la redacción del Nuevo Testamento fue muy anterior a lo que supone la mayoría de los exegetas actuales. Citaré ese libro según esta edición: Jean Carmignac, La naissance des Évangiles synoptiques, Francois-Xavier de Guibert, Paris 2007, 4e édition. Los versículos en cuestión (2 Corintios 3,6; 3,14 y 8,18) son analizados en las pp. 59-61. Las traducciones del francés son mías.

 

Comencemos por 2 Corintios 3,14. Allí San Pablo habla de “la lectura de la antigua diathêkê”. La expresión “antigua diathêke” corresponde tanto a la Antigua Alianza como al Antiguo Testamento. Sin embargo, la presencia de la palabra “lectura” invita claramente a comprender que se trata de una obra escrita, por lo tanto del Antiguo Testamento.

 

Ahora bien, cuando sólo existía el Antiguo Testamento no se lo llamaba así. Sólo se comenzó a hablar de Antiguo Testamento cuando se lo tuvo que distinguir del Nuevo Testamento. Por lo tanto, cuando San Pablo escribió 2 Corintios (entre los años 54 y 57) ya existía un conjunto de obras escritas que eran llamadas colectivamente “Nuevo Testamento”.

 

¿Cuáles podían ser esas obras? Si nos atenemos al consenso mayoritario de los exegetas, en ese momento San Pablo ya había escrito sus dos epístolas a los Tesalonicenses, su epístola a los Romanos, sus dos epístolas a los Corintios y quizás su epístola a los Gálatas. Pero es muy inverosímil que San Pablo llamara “Nuevo Testamento” sólo a ese conjunto de obras. Para englobar un grupo de obras bajo el título de “Nuevo Testamento”, ese grupo debería ser ya más numeroso y más variado. Además, parece difícil que no incluyera al menos a un Evangelio.

 

Veamos cómo se traduce 2 Corintios 3,14 en algunas versiones actuales de la Biblia en español.

 

Biblia de Jerusalén: “Pero se embotaron sus inteligencias. En efecto, hasta el día de hoy perdura ese mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento. El velo no se ha levantado, pues sólo en Cristo desaparece.”

 

Biblia de Navarra: “Pero sus inteligencias se embotaron. En efecto, hasta el día de hoy perdura en la lectura del Antiguo Testamento ese mismo velo, sin haberse descorrido, porque sólo en Cristo desaparece.”

 

El Libro del Pueblo de Dios: “Pero se les oscureció el entendimiento, y ese mismo velo permanece hasta el día de hoy en la lectura del Antiguo Testamento, porque es Cristo el que lo hace desaparecer.”

 

Biblia Latinoamericana: “Con todo, los israelitas se volvieron ciegos. El mismo velo les oculta el sentido de la antigua Alianza hasta el día de hoy, y nadie les hace ver que con Cristo ya no tiene valor.”

 

Aunque no seamos expertos en griego bíblico, la coincidencia sustancial de las tres primeras versiones citadas (entre sí y con la versión de Carmignac) y la sustitución de la palabra “lectura” por la palabra “sentido” en la cuarta versión nos impulsan claramente a concluir que el texto de la Biblia Latinoamericana es una mala traducción (o más bien una paráfrasis) del texto sagrado original.

 

Pasemos ahora a 2 Corintios 3,6. Según Carmignac, este versículo refuerza las conclusiones extraídas de 2 Corintios 3,14, porque habla explícitamente de “una nueva diathêkê, no según la letra, sino según el espíritu”. Carmignac sostiene que la expresión “según la letra” deja entender que también esta “nueva diathêkê” debe entenderse como una obra escrita, es decir como el Nuevo Testamento.

 

Empero, como veremos, las versiones consultadas de la Biblia no coinciden con la traducción de Carmignac de 2 Corintios 3,6.

 

Biblia de Jerusalén: “el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra mata mas el Espíritu da vida.”

 

Biblia de Navarra: “el cual también nos hizo idóneos para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.”


El Libro del Pueblo de Dios: “Él nos ha capacitado para que seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en la letra, sino en el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.”

 

Biblia Latinoamericana: “Incluso nos ha hecho encargados de una nueva alianza, que ya no es cosa de escritos, sino del Espíritu. Porque lo escrito da muerte, mientras que el Espíritu da vida.”

 

Por último consideremos 2 Corintios 8,18. Carmignac traduce las palabras clave del versículo así: “le frère dont la louange au sujet de l’Evangile à travers toutes les Eglises” = “el hermano cuya alabanza a causa del Evangelio abarca todas las iglesias”.

 

Veamos de nuevo qué dicen aquí las otras cuatro versiones consideradas.

 

Biblia de Jerusalén: “Con él enviamos al hermano cuyo renombre a causa del Evangelio se ha extendido por todas las Iglesias.”

 

Biblia de Navarra: “Y con él enviamos al hermano cuya alabanza por la predicación del Evangelio se extiende a todas las iglesias”.

 

El Libro del Pueblo de Dios: “Con él les enviamos al hermano que ha merecido el elogio de todas las Iglesias, por el servicio que ha prestado al Evangelio.”

 

Biblia Latinoamericana: “Con él enviamos a ese hermano que se ganó el aprecio de todas las Iglesias en la labor del Evangelio”.


En este caso sólo la Biblia de Navarra se aparta sustancialmente de la traducción de Carmignac. Éste subraya que el servicio prestado por “el hermano” a la causa del Evangelio y que le ha hecho famoso en todas las iglesias no puede ser la predicación oral del Evangelio, ya que en ese sentido todos los colaboradores de San Pablo estaban más o menos en el mismo nivel. La única interpretación verosímil de este renombre especial de un colaborador de San Pablo en todas las iglesias es la que atribuye el motivo de ese renombre a la redacción de un Evangelio. En este caso, “el hermano” en cuestión tiene que ser San Lucas.

 

Carmignac concluye su análisis así: “Estos tres textos de S. Pablo, lamentablemente, no son lo bastante explícitos para permitir una argumentación decisiva, pero constituyen por lo menos indicaciones que no debemos olvidar.” (p. 61).

 

En las pp. 95-96 Carmignac resume los resultados de su estudio en ocho conclusiones. La conclusión 6 dice lo siguiente: “Si se tiene en cuenta las indicaciones de la segunda epístola a los Corintios, no es verosímil ubicar la redacción de Lucas en griego más tarde que los años 50-53, no es verosímil ubicar la redacción definitiva en lengua semítica de nuestro primer Evangelio (Mateo) mucho más tarde que Lucas, y no es verosímil ubicar la redacción en lengua semítica de nuestro segundo Evangelio (Marcos) mucho más tarde que el entorno de los años 42-45.”

 

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Sobre un pasaje de Julián Marías

 

Lic. Néstor Martínez

 

“Leibniz busca la razón suficiente de las cosas contingentes, y dice que por mucho que avancemos en su serie no adelantamos nada, y que la “ratio sufficiens” tiene que estar fuera del detalle de las contingencias, por infinito que lo supongamos. Esto probaría, ciertamente, que el “ens a se” es Dios, pero Leibniz, en primer lugar, toma sin más la noción de la “contingencia” y pasa a buscar la razón suficiente fuera de la cosa, de cualquier cosa, sin mostrar concretamente en ella su ser contingente, y en segundo lugar, toma la totalidad de las cosas como una serie, y así pasa de una cosa a otra sin hacerse cuestión de esa totalidad como tal, ni, menos aún, preguntarse si puede haber, por ejemplo, un mundo anterior a cada cosa y aún a todas ellas, es decir, a su serie o suma. La contingencia de las cosas no prueba sin más la del mundo, y no es lícita la interpretación de éste como simple serie o “collectio” de cosas contingentes. La prueba leibniziana y en general la prueba tradicional de Dios por la contingencia queda afectada de una deficiencia radical que abre paso al panteísmo; y, en efecto, vemos que éste ha hecho irrupción una vez y otra dentro de la filosofía, desde el mismo comienzo de la Escolástica hasta el idealismo alemán. Una vez probada la existencia del “ens a se”, habría que preguntarse: ¿quién es el ente necesario? Y sólo una demostración de la contingencia del mundo –en su más amplio sentido– y del hombre mostraría la trascendencia del “ens a se” y, por tanto, la existencia de Dios”.

 

Julián MARÍAS, El problema de Dios, en: San Anselmo y el insensato y otros estudios de Filosofía, Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1944, pp. 80-81.

 

*****

 

Lo que viene a decir Marías es que para probar la existencia de Dios hay que probar la trascendencia del Ser Necesario, y que para eso hay que probar la contingencia del mundo, porque hay que poder descartar la identidad del Ser Necesario con el mundo o con una parte del mundo, que llevaría al panteísmo, y la única forma de hacerlo es probando previamente que el mundo y el hombre son contingentes. A partir de ahí, critica las pruebas tradicionales de la existencia de Dios, que terminarían antes de poder fundar la distinción entre teísmo y panteísmo.

 

Es verdad que, como hemos dicho en otras ocasiones, las pruebas de la existencia de Dios no están completas hasta que se han deducido los atributos que la razón permite discernir en el Ser Necesario o en el Primer Motor Inmóvil. En  eso Marías tiene razón. Pero no nos parece que haga falta dar ese paso para descartar de entrada la identificación del Ser Necesario con el “mundo”, y en ese sentido nos parece fallida su crítica a la Tercera Vía.

 

En efecto, no hay otra posibilidad que el Ser Necesario o el ente contingente. Un ente cualquiera, o puede no ser, y es contingente, o no puede no ser, y es Necesario. Supuesto, entonces, que se prueba la existencia del Ser Necesario por las pruebas tradicionales, cosa que Marías por lo visto admite, sólo hay dos posibilidades: que sólo exista el Ser Necesario, o que exista también el ente contingente: uno solo o varios.

 

Pero la diferencia entre el Ser Necesario y el ente contingente es esencial. Uno no puede no ser, el otro puede no ser. Uno existe necesariamente desde siempre, el otro puede haber comenzado a existir y dejar de existir. Uno es Incausado, el otro causado.

 

Es claro, entonces, que en ese caso la palabra “mundo” sólo se podrá aplicar al conjunto de los entes contingentes, no al Ser Necesario. No tiene sentido identificar al Ser Necesario con el conjunto de los entes contingentes, ni  con uno de ellos, ni hacer del Ser Necesario “parte” del mundo.

 

En efecto, sería absurdo decir que el “mundo” es la identidad entre el Ser Necesario y el conjunto de los entes contingentes. El conjunto de los entes contingentes es contingente. Si cada parte de ese conjunto es contingente, todas sus partes pueden no existir. Si todas pueden no existir, todas pueden no existir al mismo tiempo. Y si todas pueden no existir al mismo tiempo, el conjunto de ellas puede no existir, y entonces es contingente, y no Necesario.

 

Si el “mundo” es, como parece sugerir en un momento Marías, una totalidad que de algún modo no se reduce a la suma de sus partes contingentes, esa totalidad, o es necesaria, o es contingente. Pero es absurdo que esa totalidad sea necesaria mientras conste de una pluralidad de seres sustanciales contingentes. Pues entonces será una totalidad accidental, hecha de las relaciones, accidentales, entre esas sustancias, y si las sustancias que la componen son contingentes, mucho más lo será esa totalidad accidental.

 

Si es una totalidad sustancial, entonces el mundo es una sola sustancia necesaria. Pero entonces, se distingue esencialmente del conjunto de los entes contingentes, que es, como ya vimos, contingente. Y entonces, hay que quitarle el nombre de “mundo” a ese Ser Necesario, y dárselo al conjunto de los entes contingentes, que sigue existiendo; testigo, nuestra experiencia.

 

Fuera de estas posibilidades, no vemos qué sentido se le puede dar a la negativa de Marías a considerar al mundo como el conjunto de los entes contingentes.

 

El Ser Necesario no puede ser tampoco, junto con los entes contingentes, “parte” del mundo. ¿Qué quiere decir “parte” del mundo”? Ante todo, que el todo que es el mundo es mayor que cualquier parte suya. ¿Cómo un conjunto de entes contingentes puede ser mayor que el Ser Necesario, cuando cada uno de ellos es esencialmente inferior a Él? En las cuestiones esenciales, la unión no hace la fuerza. Lo prueba el hecho de que un solo vidente ve más que una multitud de ciegos.

 

*****

 

Es una ilusión querer meter de por medio a toda costa la palabra “mundo” en las pruebas de la existencia de Dios. No hace falta. El mecanismo de las pruebas no consiste en probar la contingencia del mundo, para que luego el Ser Necesario no pueda identificarse con el mundo. Es al revés. Se prueba la existencia del Ser Necesario, aunque sea a partir de un solo ente contingente, y luego se comprueba que, por el hecho mismo de ser Necesario, es imposible identificarlo con el mundo, ni con ninguna de sus partes, simplemente porque no hay otra posibilidad que el Ser Necesario o el ente contingente, y es imposible que el Ser Necesario se identifique con el ente contingente o con el conjunto de los entes contingentes. Y de ahí viene como consecuencia, la contingencia del mundo”.

 

La mentalidad cientificista, que nos ha acostumbrado a discursear sobre el “mundo” como si fuese vecino nuestro, es la que lleva inconscientemente a pensar las pruebas de la existencia de Dios como pruebas que parten de la noción de “mundo” para probar que el “mundo” tiene una Causa, cuando, filosóficamente, las pruebas consisten en mostrar que existe el Ser Necesario, porque existe el ente contingente; por ejemplo, esta mosca. Y la distinción entre el Ser Necesario y el “mundo” es una consecuencia, derivada de la distinción esencial entre el Ser Necesario y el ente contingente, solo o en muchedumbre.

 

Como siempre, la frase clave en este tema la ha dicho el gran G. K. Chesterton: “Estoy convencido de que la Tierra es un lugar. Me informan los científicos que, además, es un planeta.”

 

Obviamente, Chesterton no duda de que la Tierra sea un planeta, pero quiere recordarnos la diferencia entre lo que experimentamos directamente y los resultados de nuestras investigaciones científicas. El filósofo, individuo desconfiado si los hay, prefiere siempre atenerse a lo evidentemente dado y a las deducciones necesarias que de ello se sigan.

 

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La patente de corso volteriana

La intolerancia con los católicos ejercida en nombre de una particular tolerancia

 

Alfonso Aguiló

www.interrogantes.net

 

Voltaire dedica todo el capítulo 8º de su Tratado sobre la tolerancia a alabar el espíritu tolerante del pueblo romano. Cuando llega la hora de hablar de la crueldad de las persecuciones contra los cristianos, la justifica (aparte de señalar que el número de los mártires no fue tan elevado como suponen los católicos, un curioso argumento) diciendo que fueron los cristianos quienes violentaron el culto tradicional, y que por tanto son ellos los verdaderamente intolerantes. Y que, como intolerantes que eran, fueron justamente reprimidos de modo intolerante.

 

En otro momento, refiriéndose a Japón, justifica la atroz persecución contra los jesuitas en ese país, diciendo que los japoneses practicaban en su imperio doce religiones pacíficamente, y llegaron los jesuitas queriendo introducir la decimotercera. Y hablando sobre una situación similar en China, dice que "es verdad que el gran emperador Tont-Ching, el más sabio y magnánimo, quizá, que haya habido en China, ha expulsado a los jesuitas, pero no porque fuese intolerante, al contrario: porque los jesuitas lo eran".

 

Una y otra vez sale a relucir una intolerancia visceral hacia todo lo católico. A la hora de justificar la intolerancia, suele presentar precisamente casos en que es ejercida contra los católicos. Y cuando se trata de poner ejemplos de atropellos y de actitudes intolerantes ridículas, suelen aparecer siempre católicos como culpables de ellas.

 

Cuando habla sobre la discriminación de los católicos ingleses, comenta: "Yo no digo que los que no profesan la Religión del Príncipe (o sea, los que no son anglicanos) deban compartir los puestos y los honores con quienes profesan la religión dominante (los anglicanos). En Inglaterra, los católicos (...) no tienen acceso a los empleos públicos, y pagan el doble de impuestos, pero por lo demás gozan de todos los derechos de los ciudadanos". Es un consuelo –habría que decirle– que sólo les hagan pagar el doble de impuestos, y que al menos les permitan vivir, aunque sin muchas facilidades para el empleo.

 

Como se ve con sólo estos pocos ejemplos, la idea de que "hay que ser intolerante con el intolerante" es para Voltaire una patente de corso que le permite justificar actitudes intolerantes que difícilmente aprobaría un observador sensato.

 

Un eficaz artificio con el que el intolerante suele disfrazarse de hombre tolerante: él mismo juzga quién es el intolerante y qué castigo merece recibir en nombre de "su" concepto de tolerancia.

 

En los siglos anteriores, la intolerancia había sido cierta y lamentablemente frecuente en la historia, pero hasta entonces nadie se había atrevido a ejercer esa intolerancia en nombre de la mismísima tolerancia.

 

Fuente: NOVEDADES FLUVIUM-450

 

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El budismo en Europa: símbolo de una cultura enferma

 

Melchior Poisson

analisis@arcol.org

 

El budismo ha logrado hacerse un lugar en Europa en las últimas décadas. Cuenta con unos 2,5 millones de adeptos y se ha implantado particularmente en los países de la «vieja Europa». El país europeo con más budistas es Francia, con unos quinientos mil adeptos. Cada semana la cadena de televisión nacional, France 2,  les dedica un programa que ven regularmente un promedio de 220 mil telespectadores. ¿Cómo explicar el creciente y repentino interés por esta «sabiduría milenaria» que contrasta en muchos aspectos con la cultura occidental?

 

El budismo en Europa se ha implantado como una espiritualidad en la cual se busca, ante todo, el bienestar personal. Sin embargo, existe un abismo entre el budismo que se predica en Europa y el budismo oriental, tanto el mahayana como el theravāda. Los mismos budistas orientales no se identifican de hecho con la aplicación occidental del budismo. Por otra parte, pocos de los que se dicen budistas en Occidente estarían dispuestos a admitir la vida y las enseñanzas de los monjes budistas orientales.

 

Pasando del Oriente al Occidente, el budismo ha tomado la forma de un sucedáneo para hacer frente a la inopia espiritual sufrida por Europa. Es interesante descubrir e individuar las características que atraen al budismo porque son síntomas de las carencias de nuestra sociedad y, a veces también, del modo de proponer su propia fe.

 

Por una parte notamos en la sociedad un cierto cansancio del materialismo y consumismo a ultranza. La experiencia personal muestra que la carrera hacia el placer nunca alcanza su fin: la felicidad. El budismo propone una respuesta original a este malestar basada en la supresión del deseo para aniquilar el sufrimiento. Esta respuesta está expresada explícitamente en las cuatro nobles «verdades» de Buda.

 

El mundo contemporáneo se caracteriza igualmente por un rechazo del dogma y de la afirmación de la verdad en general. El budismo no propone un contenido doctrinal sino unas simples vías para huir del sufrimiento y encontrar la paz. El budista no puede afirmar nada sobre Dios porque el absoluto es concebido como algo tan trascendente que el hombre no lo puede ni conocer, ni afirmar.

 

Finalmente la evolución moral y social de los últimos siglos ha permitido destacar la importancia del hombre en cuanto individuo. Aquí se presenta una interesante paradoja. El cristianismo es sin duda la religión que más valor da a la persona humana, llegando a reconocer en Cristo al Hijo de Dios. Sin embargo, el budismo, a pesar de proponer una antropología que desemboca en la extinción del individuo en el Nirvana, atrae por su carácter egocéntrico. La salvación no viene dada por ninguna realidad superior sino por el propio esfuerzo ascético. Lo que cuenta no es tanto alcanzar alguna verdad o felicidad futura, sino más bien suprimir el dolor ya desde ahora, en el presente.

 

Cada una de estas realidades que atraen hacia el budismo es una pregunta para la sociedad occidental, heredera del cristianismo. ¿Cuáles son las respuestas que ofrece nuestra cultura a la sed de espiritualidad, a la huída y negación de la verdad, a la dignidad del hombre? ¿Cómo las presenta y propone? No hay culturas eternas y, cuando caen los fundamentos, lo demás se viene abajo. La oportunidad de redescubrir y transmitir estas bases que fundaron la civilización de la libertad, de la búsqueda apasionada de la verdad y de Dios, del respeto de la dignidad de cada hombre, está en las manos de cada uno. No se trata ciertamente de ignorar, despreciar ni rechazar las demás culturas; más bien, confrontándose con ellas, aprovechando todo lo bueno que puedan aportar, se puede elevar, y no renegar, la propia riqueza.

Fuente: Análisis y Actualidad 28, año VI, 2012.

 

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Reconocimiento legal de las uniones homosexuales

Con comentario de reciente fallo que admite su eficacia en Uruguay

 

Uniones concubinarias, uniones civiles no equiparadas al matrimonio y el mal llamado “matrimonio homosexual”. El “matrimonio homosexual” se encuentra fuera del alcance extensivo de la categoría “matrimonio” Breve reseña acerca del reconocimiento legal de las uniones homosexuales en los ordenamientos jurídicos de varios Estados. Eficacia extraterritorial de las mismas.


Dr. Carlos Alvarez Cozzi (*)

1.      Introducción


Este tipo de uniones han sido ya reguladas jurídicamente en varios países de Europa y América Latina de forma muy similar al de los matrimonios heterosexuales tradicionales. En el caso reciente de Argentina, primer país de América Latina en aprobarlo, se ha regulado el mal llamado “matrimonio homosexual”. (1) Decimos “mal llamado” porque la expresión “matrimonio” alude claramente a mujer-matriz y este elemento clave falta naturalmente en las uniones entre personas del mismo sexo. Por ello correspondería hablar de uniones entre personas del mismo sexo, distinguiendo su intensidad entre concubinato, uniones civiles no asimiladas al matrimonio y uniones asimiladas al matrimonio. Creemos erróneo concebir la necesidad de regular por el Estado estos institutos con base en supuestas razones de no discriminación, como alegan las organizaciones lésbico-gays, porque en verdad para que tales razones fueran válidas habría que legalizar la unión de uno con uno, o de uno con varios, o de una con varios, etc., lo cual resultaría verdaderamente absurdo.


Cuando una unión de este tipo se pretende hacer valer en un país que no las ha recogido en su ordenamiento jurídico, surgen inevitablemente problemas de Derecho Internacional Privado (DIPr).


2. Las regulaciones de las uniones homosexuales en el derecho comparado y de la unión concubinaria homosexual en Uruguay

 

Las regulaciones de las uniones homosexuales en Europa han tenido lugar entre otros países, en España, Francia, Alemania y Noruega, pero con la limitante, en algunos de ellos, de no poder adoptar niños. Sí lo pueden hacer los unidos civilmente en Suecia y Holanda (2). Recientemente en la República Argentina el Congreso de la Nación ha aprobado una ley que modifica el Código Civil y en lugar de marido y mujer se ha puesto “contrayentes”, con la clara intención de habilitar el mal llamado “matrimonio homosexual”. En la medida que lo equipara al matrimonio heterosexual, podrán adoptar niños.


En general, las consecuencias jurídicas de las uniones civiles uniones homosexuales, son: que el registro de dicha unión constituye un impedimento para celebrar matrimonio o para registrar otra unión civil homosexual, y que la unión se disuelve por fallecimiento de uno de sus miembros o por decisión judicial. Asimismo, todo lo que se refiere a obligaciones alimentarias, régimen impositivo o patrimonial, derechos de habitación, pensiones, seguros, inmigración, etc. está regulado de una manera prácticamente idéntica al matrimonio. (3)


3. En América Latina, las Provincias argentinas de Buenos Aires y Río Negro han sido las primeras en regular las uniones civiles homosexuales. Así la primera establece que la “unión civil” se registrará en el Registro Público de Uniones Civiles, para lo cual la pareja deberá demostrar, mediante por lo menos dos testigos, su convivencia anterior, por un período no inferior a dos años, domicilio legal en la provincia, así como una residencia de por lo menos dos años de antigüedad a la fecha en que se solicita la formalización de la pareja. Se trata de un acto a celebrarse ante un oficial público, formal y solemne, aunque no igual al de los matrimonios heterosexuales. La ley legaliza la unión conformada libremente por dos personas con independencia de su sexo u orientación sexual. Como viene de verse más arriba, en Argentina se ha aprobado recientemente por ley la celebración de los matrimonios gays. La unión civil es una figura jurídica distinta al matrimonio y al concubinato. La ley otorga a la pareja un tratamiento similar que a los cónyuges, produciendo los mismos efectos con relación a algunas cuestiones como la cobertura de asistencia médica, derechos laborales, etc. No se les reconoce, en cambio, la posibilidad de adoptar niños ni vocación sucesoria. Asimismo las leyes de las provincias argentinas citadas prevén causales de disolución de la unión civil como el mutuo acuerdo, la voluntad unilateral de uno de los miembros de la unión civil y el fallecimiento de uno de ellos. Los impedimentos previstos para la unión son: parentesco, edad (en tanto no pueden ser menores de edad), si uno o ambos estaban casados deberán primero divorciarse, si habían celebrado antes otra unión civil deberán previamente disolverla, etc.

 

Muy diversa es la situación a partir de la aprobación en Argentina del mal llamado “matrimonio homosexual”, porque equipara estas uniones a las heterosexuales, con los mismos derechos de éstas, arguyendo razones de no discriminación.

 

En Uruguay se aprobó la Ley de Uniones Concubinarias (Ley Nº 18.246), que incluye las uniones homosexuales. La doctrina nacional más prestigiosa entiende que, no obstante que el Código de la Niñez y de la Adolescencia fue a su vez modificado para habilitar la realización de adopciones por personas unidas en concubinato (Ley Nº 18.590), en tanto los homosexuales pueden registrar su relación, cumpliendo con los requisitos legales previstos, ya que a los efectos del apellido (ver infra) se habla de padre y madre adoptante en la Ley 18.590, que modificó el régimen de adopciones, ésta no podría ser realizada por personas del mismo sexo. Uno de los argumentos en contra de la adopción gay es que la Ley 18.590 habla de "concubinos con cuatro años de vida en común", y no de unión concubinaria, que, además, implica cinco años de convivencia probada.

 
La entonces Senadora oficialista Margarita Percovich afirmó que no fue voluntad de la ley habilitar la adopción por parejas homosexuales. No obstante, recientemente en la prensa de Uruguay, el nuevo Presidente del Instituto de la Niñez y Adolescencia del Uruguay (INAU), Javier Salsamendi, afirmó enfáticamente que a su juicio, en el régimen legal actual de nuestro país tal posibilidad está prevista. Ello demuestra el desconcierto existente al respecto en la propia fuerza de gobierno. Otro punto de polémica está en el artículo 1° de la ley de adopciones referida, que indica que "en los casos de adopción, el hijo sustituirá su primer apellido por el del padre adoptante y el segundo apellido por el de la madre adoptante". Para el profesor de Derecho Civil uruguayo Dr. Juan A. Ramírez, "esto quiere decir que el legislador sólo concibió que la adopción podía ser por un padre y por una madre". Entendemos que, por los argumentos antes expuestos, no se encuentra habilitada en nuestro país la adopción por parejas homosexuales en cuanto tales.


4. Eficacia extraterritorial en Uruguay de las uniones civiles homosexuales y “matrimonios homosexuales”

 

En cuanto a la posible eficacia extraterritorial de estas uniones civiles homosexuales contraídas en el extranjero, como equiparadas al matrimonio, o en su caso el “matrimonio homosexual” mismo (por ejemplo el contraído en la Argentina), entendemos, con relación a nuestro país, que ellas deberán ser desconocidas directamente in límine por nuestra judicatura, pero no por razones de orden público internacional uruguayo ab initio (como sostiene Fresnedo de Aguirre) (4), que, concebido como conjunto de principios y normas, según lo previsto por el Art. 5º de la Convención Interamericana sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado (y la Declaración uruguaya sobre el alcance de la excepción), desplazan el derecho nacional extranjero aplicable en virtud de la conexión de la norma de conflicto, sea éste de fuente convencional o nacional en ausencia de tratado; sino en principio por estar fuera del alcance extensivo de la categoría “matrimonio”. (5) (6)

 

Caso diverso es el de las uniones civiles homosexuales no equiparadas a matrimonio contraídas en el extranjero, porque allí podría considerarse las mismas asimiladas a las uniones concubinarias homosexuales, lo que, al estar previstas en la ley uruguaya, no permitirían su desconocimiento ni por el argumento del alcance extensivo de la categoría ni por la subsidiaria razón de la oposición de la excepción de orden público internacional. Es de destacar que la intensidad de la relación es diversa entre el matrimonio y las uniones civiles o uniones concubinarias. Las segundas son notoriamente menos intensas que la primera. Por ello no corresponde entender por ese motivo que, aceptadas por un Estado extranjero las relaciones concubinarias homosexuales, sea unión civil o concubinaria como la prevista en Uruguay, quede obligado el nuestro a reconocer los “matrimonios homosexuales” contraídos en el exterior.


En el caso hipotético en que la mayoría de los Derechos del orbe reconocieran legalmente a las uniones civiles homosexuales equiparadas a matrimonio o los mismos “matrimonios homosexuales” como sucede en la Argentina, entendemos que deberán, recién en ese caso, ser desconocidos en Uruguay mediante la excepción de orden público internacional. Para el Derecho uruguayo, como para la gran mayoría del planeta, con abstracción de cultura y raza, el matrimonio es concebido como la unión estable, no sujeta a plazo ab initio, voluntaria, de dos personas capaces de distinto sexo, contraída ante la autoridad correspondiente del lugar del Estado de celebración. Por tanto, cuando la unión, con el alcance variable que pueda tener, sea celebrada en el extranjero por personas del mismo sexo, tal institución está fuera del alcance extensivo de la categoría “matrimonio” del Derecho uruguayo. Como dijimos, y en forma subsidiaria a este argumento, en el caso que la gran mayoría de los países aceptara el “matrimonio homosexual”, siempre quedará a nuestro sistema jurídico desconocer sus efectos en nuestro país por razones de orden público internacional. Ahora bien, esas uniones civiles en cuanto a sus efectos patrimoniales, podrían ser reconocidas por nuestro ordenamiento jurídico en lo estrictamente relacionado con dicho régimen, buscando su similar con formas societarias, por lo establecido en el Art. 3 de la Convención Interamericana de Normas Generales de Derecho Internacional Privado que regula la excepción de institución desconocida.

 

5) Caso reciente

 

En el mes de junio de 2012 una Jueza de Familia de Montevideo declaró eficaz en nuestro país un "matrimonio gay" contraído en España con los pretensos argumentos de que en nuestro país el matrimonio, en ausencia de tratado, se regula por el Art. 2395 del Apéndice del Código Civil, que establece que el matrimonio se regula por la ley de celebración, que se trata de una situación jurídica válida en el lugar de celebración y que en Uruguay luego de la sanción de la Ley Nº 18.620 de cambio de sexo registral, la heterosexualidad no es más un requisito necesario para la celebración del vínculo.

 

Como crítica a ese fallo diremos que:

·        la jueza calificó "lex causae", es decir, según el derecho extranjero;

·        que tal técnica de calificación "extra ordinem" es rechazada por el maestro Quintín Alfonsín en su obra "Teoría del Derecho Privado Internacional".

·        Que si hubiera aplicado las técnicas "in ordine", “lex fori” con elasticidad o exegética, evidentemente habría chocado con los límites del alcance extensivo de la categoría “matrimonio” en nuestro DIPr., que claramente establecen que el matrimonio es unión celebrada según los requisitos del lugar de celebración pero ENTRE HOMBRE Y MUJER. Como por otra parte es así en más del 90% de los ordenamientos jurídicos del orbe (técnica de calificación comparatista de Rabel).

·        Además, es claro que la ley de cambio de sexo registral no habilitó lo que la sentencia pretende, a tal punto que el gobierno está preparando un proyecto de ley que llama de "matrimonio igualitario" (léase homosexual) para enviar al Parlamento, lo que evidencia que nuestra afirmación es jurídicamente correcta.

 

Conclusión: esa unión no puede jamás ser reconocida como válida o existente para nuestro país porque la misma excede los límites del alcance extensivo de la categoría “matrimonio” de nuestro DIPr. Podrá tener algún otro efecto, por ejemplo societario o sobre bienes que hayan adquirido pero nunca el pleno del vínculo matrimonial.

 

*) Profesor Titular de Derecho Privado, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, Uruguay. Profesor Adjunto de Derecho Internacional Privado, Facultad de Derecho, Universidad de la República, Uruguay.


Notas

 

1) Cf. Fresnedo de Aguirre, C., Curso de Derecho Internacional Privado, T. II,vol. I, F.C.U., Montevideo, 2003, pág. 172.


(2) Cf. Fernández Arroyo, Diego, Nuevos desarrollos del Derecho Internacional Privado de Familia en Europa, en: Temas de Derecho Internacional Privado y de Derecho Comunitario, Universidad Católica del Uruguay, Revista uruguaya de Derecho Constitucional y Político, 1997.


(3) Idem.


(4) Fresnedo de Aguirre, C., ob. cit., pág. 173.

 

(5) Cf. Álvarez Cozzi, Carlos, Reconocimiento legal de las uniones homosexuales, publicado en 2006 en el portal Catholic.net (http://www.es.catholic.net) y en 2010 en “Foro Azul y Blanco” de Argentina (http://foroazulyblanco.blogspot.com/2010/05/reconocimiento-legal-de-las-uniones.html).


6) Cf. De Llano, Ana, La Identidad de Género, La Categoría Matrimonio y El Orden Público Internacional, La Ley On Line Uruguay.

 

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El Cardenal Bertone llama a las universidades católicas a ser fieles a Cristo y la Iglesia

Deben tener un papel en la nueva evangelización

 

El Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, señaló que las universidades católicas deben anunciar a Cristo y ser fieles a la Iglesia, en medio de la sociedad actual que está cada vez más secularizada. L'Osservatore Romano informa de la ponencia que el Cardenal ha pronunciado en el Collegium Maius de la Pontificia Universidad Juan Pablo II en Cracovia (Polonia) en donde se le otorgó el doctorado honoris causa.

 

10/06/2012 - 07:18 AM - (Aci/LOR)

 

En su discurso, el Purpurado reflexionó sobre el papel de las universidades católicas en el proceso de la Nueva Evangelización, una iniciativa promovida por el Beato Juan Pablo II y que actualmente promueve el Papa Benedicto XVI. Este proceso, dijo el Cardenal, "se caracteriza por un anuncio claro y explícito de Cristo".

 

El Cardenal Tarcisio Bertone recordó luego que fue el mismo Benedicto XVI quien en su visita a Estados Unidos en el año 2009 "reafirmó con gran fuerza la catolicidad de la universidad".

 

En aquella ocasión el Papa dijo que "el testimonio público al modo de ser de Cristo, como resulta del Evangelio y como es propuesto por el Magisterio de la Iglesia, modela cada aspecto de la vida institucional, ya sea a lo interno o a lo externo de las aulas escolásticas. Tomar distancia de esta visión debilita la identidad católica y, lejos de avanzar en la libertad, inevitablemente conduce a la confusión, ya sea moral, intelectual o espiritual".

 

El Secretario de Estado del Vaticano afirma que "a veces es fuerte la tentación de la secularización para las universidades católicas presentes en los países de tradición cristiana: cancelando el aspecto confesional, minimizan los signos de su identidad católica y reducen ésta a un humanismo consensual y el Cristianismo a un conjunto de valores".

 

"Al contrario, siguiendo los pasos de Juan Pablo II, el actual Pontífice afirma que ‘el hecho de ser ‘católica’ no mortifica en nada a la universidad, sino que la valoriza al máximo’".

 

El Cardenal explica luego que el anuncio de Cristo que debe hacer la universidad católica "forma parte de la misión de la Universidad. Y esto lo afirma el importante párrafo que concluye la magna carta de las universidades católicas que es la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae".

 

"Según su propia naturaleza, toda Universidad Católica presta una importante ayuda a la Iglesia en su misión evangelizadora. Se trata de un vital testimonio de orden institucional de Cristo y de su mensaje, tan necesario e importante para las culturas impregnadas por el secularismo o allí donde Cristo y su mensaje no son todavía conocidos de hecho".

 

"Además –prosigue el texto del pontificado de Juan Pablo II citado por el Cardenal Bertone– todas las actividades fundamentales de una Universidad Católica deberán vincularse y armonizarse con la misión evangelizadora de la Iglesia: la investigación realizada a la luz del mensaje cristiano, que ponga los nuevos descubrimientos humanos al servicio de las personas y de la sociedad; la formación dada en un contexto de fe, que prepare personas capaces de un juicio racional y crítico, y conscientes de la dignidad trascendental de la persona humana; la formación profesional que comprenda los valores éticos y la dimensión de servicio a las personas y a la sociedad; el diálogo con la cultura, que favorezca una mejor comprensión de la fe; la investigación teológica, que ayude a la fe a expresarse en lenguaje moderno’".

 

El Cardenal afirma luego que las universidades católicas tienen también como misión encarnar la fe en la cultura, ya que es allí en donde están los hombres y mujeres que necesitan escuchar la Palabra de Dios.

 

El Purpurado se pregunta luego sobre si "¿la Universidad, especialmente católica, no debe tal vez ser ese lugar de pensamiento del que el mundo tiene tanta necesidad? Esto es tan cierto dado que una de las principales razones de la crisis que golpea hoy a toda la sociedad consiste en una visión reductiva y fragmentada de la realidad: con frecuencia analizada en términos sólo económicos o sociales, esta crisis tiene sus fuentes en las dimensiones culturales y espirituales".

 

Tras explicar que para hacer esto la universidad católica debe generar siempre un diálogo fructífero entre fe y razón, a partir de las distintas disciplinas que en ella se estudian, el Cardenal concluye indicando que "la universidad católica será fiel a su identidad eclesial si, también ella, sigue siendo o se convierte nuevamente en una universidad ‘esencialmente misionera’".

 

Fuente: http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=12052

 

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El salario familiar ideal: una idea de León XIII cobra fuerza

 

Pablo Ginés | Cortesía de ForumLibertas.com y ReligionenLibertad.com

 

Allan C. Carlson es el fundador del Congreso Mundial de las Familias (www.congresomundial.es), un encuentro con representantes de asociaciones pro-vida y pro-familia de todo el mundo que tuvo lugar del 25 al 27 de mayo en Madrid, con 3.000 inscritos, 300 voluntarios, 125 ponentes, y parlamentarios y expertos de 22 países distintos. Casado, con cuatro hijos, luterano conservador, Carlson es uno de los grandes teóricos del movimiento familiarista mundial y especialista en Historia Moderna de Europa. Él está detrás de al menos una de las afirmaciones de la Declaración de Madrid 2012 que dice:

 

“Afirmamos el “salario familiar” ideal, que consiste en “una misma remuneración para las mismas responsabilidades familiares”. La compensación por el trabajo, la fiscalidad y la seguridad social deberían fortalecer los lazos familiares naturales.”


En esta frase hay ecos de la definición de sueldo justo que daba el Papa León XIII en 1891, en la encíclica Rerum Novarum, con la que se inauguró la Doctrina Social de la Iglesia en tiempos modernos, como recordaba un experto de la Conferencia Episcopal Española en 2011.


Un salario [ha de ser] suficientemente amplio para sustentarse a sí mismo, a su mujer, y a sus hijos” (RN 33).


Pero, ¿cómo se aplica esto en pleno siglo XXI? Se lo hemos preguntado en persona al mismo Carlson:

 

- Señor Carlson, la Doctrina Social de la Iglesia, desde el s. XIX, habla de que un sueldo justo es el que permite mantener a toda una familia... ¿Esto es hoy utopía?

 

- En el siglo XIX, los sindicatos se oponían al trabajo de mujeres y niños, porque harían bajar los sueldos, y pedían eso, un sueldo familiar. Y tenían razón: cuando se incorporó la mujer, los sueldos se desplomaron. Y las familias se debilitaron. Hoy, en el s. XXI, es absurdo pedir leyes que dificulten el acceso de la mujer al trabajo, pero sí que se puede apoyar y reconocer el trabajo en casa, sea del hombre o de la mujer: que elija cada matrimonio. Hay países que dan ayudas a las madres trabajadoras... pero no lo hacen cuando ellas trabajan en casa, y eso es un error. Se deberían dar beneficios fiscales a las familias con hijos y a quienes dedican un cónyuge a educar sus hijos.

 

- Usted tiene un libro sobre "Terceras vías", donde coloca a Suecia, China, EE.UU. y Rusia en la misma categoría: "el Estado servil".

 

- Es un término que usaba Hilaire Belloc, y también Chesterton. El Estado servil es aquel en que la familia y la persona pierden independencia ante la Gran Empresa y el Gran Estado. Belloc dice, y yo lo comparto, que la libertad se fundamenta en la familia con propiedad, algo de tierra, una casa, cierta producción... Sólo hay libertad cuando no dependes del gobierno, o de esas grandes empresas. Y ahí es donde están hoy esos países, cada vez más.

 

- Su libro "Terceras vías" propone una "Vía familiar", alternativa al capitalismo y al comunismo...

 

- Por Europa se extendieron variaciones del modelo sueco vendiendo seguridad: subvenciones, dinero por hijo, etc... Pero así el Estado logra que la familia sea dependiente de él, para luego manipularla ideológicamente. El Gobierno debe fomentar la libertad de la familia quitando impuestos y fomentando el matrimonio, porque el matrimonio ofrece muchos beneficios a la sociedad. Pero no me gustan las ayudas directas, sino a través de beneficios fiscales. Así nacerán más niños que, cuando crezcan, ya pagarán impuestos.

 

- El sociólogo Eric Kauffman dice que, por razones demográficas, "los religiosos heredarán la Tierra", también en Europa.

 

- Sí. Él analiza sobre todo grupos que hoy pueden parecer menores pero que crecen. Por ejemplo, los amish tradicionales en EE.UU., que aún hablan alemán, eran sólo 500 en 1900. Hoy son 300.000. Los mormones son la religión que crece más rápido, en parte con conversos, pero sobre todo por su natalidad. ¡Eran marginales y ahora uno de ellos, Romney, puede ser presidente de Estados Unidos! Es conocido el caso de los judíos ultra-ortodoxos en Israel. En Egipto y Túnez los movimientos islamistas tienen más hijos y ahora influyen en política. Incluso en el protestantismo evangélico en EE.UU. hay un nuevo movimiento llamado "Quiverfull" (aljaba llena) que rechaza la anticoncepción: los hijos son una riqueza, como flechas en la aljaba del arquero, dice la Biblia. Pero la pregunta es: ¿pueden las familias proteger a sus hijos del control y manipulación del Estado para que transmitan sus valores a la siguiente generación?

 

- Usted habla mucho de "familia natural" pero habrá gente que dirá que eso es un concepto católico o de Aristóteles, que no hay por qué asumirlo...

 

- Aristóteles es el filósofo del sentido común, el que constataba las cosas que funcionan, no como Platón, que es un idealista teórico. Aristóteles era sabio y sabía lo que era la familia. En la tradición judeocristiana, sobre todo en los dos primeros capítulos del Génesis, vemos también la familia natural. Pero si esto no convence a alguien, que mire con honestidad lo que nos dicen los estudios sociales modernos: que el mejor entorno para crear niños sanos, felices, que crecerán como adultos productivos, es el matrimonio de hombre y mujer, casados. Ni otras variaciones, ni la cohabitación, ni los padres solteros, ni un segundo matrimonio, ni siquiera la adopción, logran los mismos beneficios. Todas esas variantes aumentan los riesgos de problemas... porque ya no es natural. No nos engañemos. La ciencia social, la tradición judeocristiana y Aristóteles coinciden aquí.

 

- La eugenesia tiene mala fama desde la época de los nazis... pero ¿volverá?

 

- Está ahí, esperando, escondida en el fondo. En las revistas actuales se llama "biología social". Con la tecnología moderna podría llegar una nueva cultura eugenésica, “Un Mundo Feliz", como en la novela de Aldous Huxley. Por ejemplo, hoy la gente sólo quiere tener uno o dos hijos, así que puede querer que sean los mejores, y usar tecnología para ello. También lo vemos en esas multas a médicos que no hicieron bien un aborto y el niño logró nacer, o no detectaron una enfermedad del feto, para abortarlo. La eliminación de los niños con síndrome de Down es un ejemplo.

Fuente: Análisis y Actualidad, Año VI, número 27 (262) | Del 5 al 19 de junio de 2012.

 

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De 32 referendos sobre el matrimonio gay en EE.UU., el matrimonio natural gana en 32

 

Pablo Ginés | Editor de la sección de religión del periódico La Razón

 

Lawrence Jacobs, director ejecutivo del Congreso Mundial de las Familias, que ha celebrado su sexta edición en Madrid, recordó durante su presentación a la prensa que "la definición de matrimonio se ha sometido a referéndum en 32 Estados norteamericanos y en todos ha ganado el matrimonio natural, y con una media de dos tercios de votos. En algunos estados como California ganó por menos, y en otros por mucho más".


Como consecuencia, "allí donde hay leyes de matrimonio del mismo sexo es siempre por imposición de jueces activistas, nunca por voto popular. Más aún, a menudo la gente en las encuestas dice estar a favor del matrimonio del mismo sexo, pero luego, cuando vota, gana el matrimonio natural".


Y añadió: "en España han vivido algo de esto con el periodo de Zapatero", refiriéndose al matrimonio gay en España, que se impuso en 2005 sin consenso en el Congreso, en contra del voto del Senado y sin pasar por ninguna consulta popular.


En la web FRC.org hacen un repaso detallado de la situación en EE.UU., Estado por Estado:


20 Estados han cambiado su constitución para que impida el reconocimiento legal de "matrimonios", "uniones civiles" o "pactos domésticos" del mismo sexo (al lado, el año de la modificación): Alabama 2006, Arkansas 2004, Florida 2008, Georgia 2004, Idaho 2006, Kansas 2005, Kentucky 2004, Louisiana 2004, Michigan 2004, Nebraska 2000, Carolina del Norte 2012, Dakota del Norte 2004, Ohio 2004, Oklahoma 2004, Carolina del Sur 2006, Dakota del Sur 2006, Texas 2005, Utah 2004, Virginia 2006, Wisconsin 2006.


30 Estados definen en su constitución que el "matrimonio" civil es la unión de un hombre con una mujer. Son los 20 ya mencionados a los que hay que añadir: Alaska 1998, Arizona 2008, California 2008, Colorado 2006, Mississippi 2004, Missouri 2004, Montana 2004, Nevada 2002, Oregon 2004, Tennessee 2006.


En total, son 31 los Estados que han cambiado sus Constituciones para impedir matrimonios del mismo sexo: los ya comentados junto con Hawaii, que hizo una enmienda en 1998.


¿En cuántos Estados votó el pueblo en un referéndum y ganó el matrimonio natural? En 32: los que ya hemos comentado y Maine, donde en 2009 se produjo un "veto popular" (por referéndum) a la legalización del matrimonio homosexual.


¿En cuántos Estados los votantes, implícita o explícitamente, han rechazado el matrimonio del mismo sexo? En 33: los 32 que hemos visto a los que hay que añadir Iowa, donde los votantes quitaron a los jueces de la Corte Suprema que habían impuesto el matrimonio gay.


De los 50 Estados de EE.UU., 42 siguen definiendo el matrimonio como la unión de hombre y mujer. Hay 8 donde se ha establecido legislación para el "matrimonio" homosexual, pero en Washington y Maryland aún no tiene efecto esta legislación aunque la hayan aprobado.


El último caso de defensa del matrimonio natural fue el del pasado 8 de mayo en Carolina del Norte: por un 61% contra un 39%, los votantes no sólo cambiaron la Constitución para que el matrimonio se defina sólo como unión de hombre y mujer, sino que además la enmienda impedía que se legislen uniones o pactos de convivencia, incluso heterosexuales.


Sin embargo, la prensa europea, en vez de dedicar ni una sola línea a la votación popular número 32 en la que los votantes se manifestaron contra el matrimonio gay, se ha concentrado en anunciar la postura de Obama a favor del matrimonio gay, como si éste fuera una fuerza inevitable de la historia y una aspiración de la ciudadanía.


Al contrario que en España, en Estados Unidos el matrimonio no depende de lo que el Presidente de turno decida.


Al contrario que en España, en Estados Unidos las dos cámaras son importantes (el Senado español votó contra el matrimonio gay, pero no tiene efecto real jurídico).


Al contrario que en España, en Estados Unidos han dejado hablar y votar a los ciudadanos: y en las 32 ocasiones en que se ha permitido, han votado a favor de la familia natural.

 

Fuente: Análisis y Actualidad, Año VI, número 27 (262) | Del 5 al 19 de junio de 2012.

 

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Los mandamientos de la Iglesia

 

2041 Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo.

 

2042 El primer mandamiento («oír misa entera los domingos y demás fiestas de precepto y no realizar trabajos serviles») exige a los fieles que santifiquen el día en el cual se conmemora la Resurrección del Señor y las fiestas litúrgicas principales en honor de los misterios del Señor, de la Santísima Virgen María y de los santos, en primer lugar participando en la celebración eucarística en la que se congrega la comunidad cristiana y descansando de aquellos trabajos y ocupaciones que puedan impedir esa santificación de esos días (cf CIC can 1246-1248; CCEO can. 881, 1.2.4).

 

El segundo mandamiento («confesar los pecados mortales al menos una vez al año») asegura la preparación a la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo (cf CIC can. 989; CCEO can. 719).

 

El tercer mandamiento («recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por Pascua») garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en conexión con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana (cf CIC can. 920; CCEO can. 708-881, 3).

 

2043 El cuarto mandamiento («abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia») asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón (cf CIC can. 1249-1251; CCEO can. 882).

 

El quinto mandamiento («ayudar a la Iglesia en sus necesidades») enuncia que los fieles están obligados de ayudar, cada uno según su posibilidad, a las necesidades materiales de la Iglesia (cf CIC can. 222).

 

(Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2041-2043).

 

*****

 

431. ¿Qué finalidad tienen los preceptos de la Iglesia?

 

Los preceptos de la Iglesia tienen por finalidad garantizar que los fieles cumplan con lo mínimo indispensable en relación al espíritu de oración, a la vida sacramental, al esfuerzo moral y al crecimiento en el amor a Dios y al prójimo.

 

432. ¿Cuáles son los preceptos de la Iglesia?

 

Los preceptos de la Iglesia son cinco:

1)      Participar en la Misa todos los domingos y fiestas de guardar, y no realizar trabajos y actividades que puedan impedir la santificación de estos días.

2)      Confesar los propios pecados, mediante el sacramento de la Reconciliación, al menos una vez al año.

3)      Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos en Pascua.

4)      Abstenerse de comer carne y observar el ayuno en los días establecidos por la Iglesia.

5)      Ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales, cada uno según sus posibilidades.

 

(Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 431-432).

 

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Salmo 121

(Saludo a Jerusalén)

 

¡Oh, qué alegría cuando me dijeron:

Vamos a la Casa de Yahveh!

¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies

en tus puertas, Jerusalén!

 

Jerusalén, construida cual ciudad

de compacta armonía,

a donde suben las tribus,

las tribus de Yahveh,

es para Israel el motivo de dar gracias

al nombre de Yahveh.

Porque allí están los tronos para el juicio,

los tronos de la casa de David.

 

Pedid la paz para Jerusalén:

¡en calma estén tus tiendas,

haya paz en tus muros,

en tus palacios calma!

 

Por amor de mis hermanos y de mis amigos,

quiero decir: ¡La paz contigo!

¡Por amor de la Casa de Yahveh nuestro Dios,

ruego por tu ventura.

 

Fuente: Biblia de Jerusalén.

 

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