Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología

Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 66 – Marzo de 2012

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”

(Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

Publicaciones del Centro Cultural Católico Fe y Razón

 

Sitio Fe y Razón

www.feyrazon.org

Revista Virtual Fe y Razón

www.revistafeyrazon.blogspot.com

Colección de Libros Fe y Razón

www.lulu.com/spotlight/feyrazon

Grupo Fe y Razón en Facebook

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Presentaciones de Fe y Razón

www.slideshare.net/feyrazon

 

 

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Venta de libros de la Colección “Fe y Razón” – Títulos disponibles:

1.       Miguel Antonio Barriola, “En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5). Reflexiones sobre Dios en la historia.

2.       Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica.

3.       Néstor Martínez Valls, Baúl apologético. Selección de trabajos filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.

4.       Guzmán Carriquiry Lecour, Realidad y perspectivas del laicado católico en nuestro tiempo.

5.        Miguel Antonio Barriola, “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones sobre la cristología de J. L. Segundo y la eclesiología de H. Küng.

6.        Horacio Bojorge, Teologías deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto, Segunda edición.

7.        Daniel Iglesias Grèzes, En el principio era el Logos. Apologética católica en diálogo con los no creyentes.

8.       Daniel Iglesias Grèzes, Vosotros sois la sal de la tierra. El choque entre la civilización cristiana y la cultura de la muerte.

9.       Daniel Iglesias Grèzes, Soy amado, luego existo. Reflexiones sobre el darwinismo, el diseño inteligente y la fe cristiana.

Estos libros están disponibles en Lulu, en: www.lulu.com/spotlight/feyrazon, en dos formatos: la versión impresa y la versión electrónica.

 

 

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Equipo de Dirección de la Revista: Ing. Daniel Iglesias Grèzes, Lic. Néstor Martínez, Diác. Jorge Novoa.

 

Colaboradores: Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Carlos Caso-Rosendi, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Mons. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Santiago Raffo, Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

LUNES 26 DE MARZO

GRAN ACTO POR EL

DÍA INTERNACIONAL DEL NIÑO POR NACER

EN LA PLAZA LIBERTAD A LAS 19:00 HS.

ÉSTA ES LA DECISIVA

¡VAMOS QUE SE PUEDE!

¡SOLIDARIDAD Y JUSTICIA PARA CON EL NO NACIDO

EN EL URUGUAY!

¡NO A LA LEY DE ABORTO!

MESA COORDINADORA NACIONAL

POR LA VIDA

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Conviértanse y crean en el Evangelio

Equipo de Dirección

Magisterio

Lectio divina en el Pontificio Seminario Romano Mayor

Papa Benedicto XVI

Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Cursillo sobre “Darwinismo, Diseño Inteligente y Fe Cristiana”

Equipo de Dirección

Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Nuevo libro de Daniel Iglesias Grèzes: Soy amado, luego existo. Reflexiones sobre el darwinismo, el diseño inteligente y la fe cristiana

Equipo de Dirección

Apologética

Escatología y Apologética

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Familia y Vida

¿MYSU o Briozzo?

Lic. Néstor Martínez

Iglesia

Tolerancia cero con la secularización interna de la Iglesia

InfoCatólica

Conversiones

Del hinduismo al catolicismo

Carlos Caso-Rosendi

Oración

Salmo 129

El Libro del Pueblo de Dios

 

 

Conviértanse y crean en el Evangelio

 

Equipo de Dirección

 

Este número de Fe y Razón contiene dos noticias “de la casa”. En primer lugar recordamos que en abril y mayo el Ing. Daniel Iglesias Grèzes y el Lic. Néstor Martínez Valls dictarán un cursillo sobre “Darwinismo, Diseño Inteligente y Fe Cristiana”. Los detalles del cursillo (días, horas, lugar, etc.) figuran en la noticia correspondiente.

 

En segundo lugar anunciamos la publicación del título Nº 9 de la Colección “Fe y Razón”: el nuevo libro de Daniel Iglesias Grèzes, Soy amado, luego existo. Reflexiones sobre el darwinismo, el diseño inteligente y la fe cristiana. En la noticia correspondiente se explica cómo se puede adquirir este libro.

 

En este número incluimos también una conferencia de Daniel Iglesias titulada “Escatología y Apologética”, dictada el 2/12/2011 en Buenos Aires, en el XIV Encuentro de Formación Católica, organizado por el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval.

 

En la sección “Familia y Vida” incluimos el artículo “¿MYSU o Briozzo?” del Lic. Néstor Martínez, que aborda un tema de mucha actualidad en la lucha pro-vida en el Uruguay.

 

En la sección Iglesia incluimos una notable entrevista que InfoCatólica realizó en 2011 a Monseñor Xavier Novell, Obispo de Solsona (Cataluña, España). Destacamos la gran lucidez y franqueza con que este Obispo plantea varios de los principales problemas que sufre hoy la Iglesia Católica, no sólo en España, sino también en muchos otros países.

 

En la sección Conversiones, tema que quizás hemos descuidado demasiado, publicamos un aporte de Carlos Caso-Rosendi, colaborador de nuestra revista que reside en los Estados Unidos.

 

En la sección dedicada al Magisterio de la Iglesia incluimos una reciente lectio divina del Papa Benedicto XVI, dirigida a los seminaristas de Roma. Comentando un texto de la Carta de San Pablo a los Romanos, el Papa nos da un mensaje muy apropiado para el tiempo litúrgico de Cuaresma, que es un tiempo de conversión. Ante todo debemos dejar que la Palabra y el Espíritu de Dios transformen nuestras mentes y renueven nuestra manera de pensar, para transformar todo nuestro ser, cuerpo y alma, en un sacrificio vivo, una liturgia espiritual agradable de Dios. Así rendiremos culto a Dios en espíritu y en verdad.

 

Por último, el Salmo 129 nos enseña a esperar con confianza el perdón de nuestras culpas y la redención de parte de Dios, Padre rico en misericordia.

 

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Visita al Pontificio Seminario Romano Mayor
con ocasión de la fiesta de la Virgen de la Confianza

Lectio divina del Santo Padre Benedicto XVI

Capilla del Seminario, miércoles 15 de febrero de 2012

 

Eminencia, queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos seminaristas, queridos hermanos y hermanas:

 

Para mí siempre es una gran alegría ver, en el día de la Virgen de la Confianza, a mis seminaristas, los seminaristas de Roma, en camino hacia el sacerdocio, y ver de este modo a la Iglesia del mañana, la Iglesia que vive siempre.

 

Hoy hemos escuchado un texto –lo escuchamos y lo meditamos– de la Carta a los Romanos: San Pablo habla a los Romanos y, por lo tanto, nos habla a nosotros, porque habla a los romanos de todos los tiempos. Esta Carta no es sólo la más grande de san Pablo, sino que es también extraordinaria por su peso doctrinal y espiritual. Es extraordinaria también porque se trata de una carta escrita a una comunidad que él no había fundado y tampoco había visitado. Escribe para anunciar su visita y expresar el deseo de visitar Roma, y anuncia los contenidos esenciales de su kerygma; de este modo prepara a la ciudad para su visita. Escribe a esta comunidad, a la que no conoce personalmente, porque es el Apóstol de los paganos –del paso del Evangelio de los judíos a los paganos– y Roma es la capital de los paganos y, por tanto, también el centro, en definitiva, de su mensaje. Aquí debe llegar su Evangelio, para que llegue realmente al mundo pagano. Llegará, pero de modo diverso de como lo había pensado. San Pablo llegará encadenado por Cristo y precisamente encadenado se sentirá libre de anunciar el Evangelio.

 

En el primer capítulo de la Carta a los Romanos, dice también: de vuestra fe, de la fe de la Iglesia de Roma, se habla en todo el mundo (cf. 1, 8). Lo memorable de la fe de esta Iglesia es que se habla de ella en el mundo entero, y podemos reflexionar cómo está hoy. También hoy se habla mucho de la Iglesia de Roma, de muchas cosas, pero esperamos que se hable también de nuestra fe, de la fe ejemplar de esta Iglesia, y pidamos al Señor que logremos que no se hable de tantas cosas, sino de la fe de la Iglesia de Roma.

 

El texto leído (Rm 12, 1-2) es el principio de la cuarta y última parte de la Carta a los Romanos y comienza con las palabras «Os exhorto» (v. 1). Normalmente se dice que se trata de la parte moral, que sigue a la parte dogmática, pero en el pensamiento de San Pablo, y también en su lenguaje, no se pueden dividir así las cosas: esta palabra, «exhorto», en griego parakalo, contiene en sí la palabra paraklesis-parakletos; tiene una profundidad que va mucho más allá de la moralidad; es una palabra que ciertamente implica amonestación, pero también consuelo, atención al otro, ternura paterna, más aún, materna. La palabra «misericordia» –en griego oiktirmon y en hebreo rachamim, seno materno– expresa la misericordia, la bondad, la ternura de una madre. Y cuando San Pablo exhorta, todo esto está implícito: habla con el corazón, habla con la ternura del amor de un padre y no sólo habla él. San Pablo dice «por la misericordia de Dios» (v. 1): se hace instrumento del hablar de Dios, se hace instrumento del hablar de Cristo; Cristo nos habla a nosotros con esta ternura, con este amor paterno, con esta atención a nosotros. Y así no sólo apela a nuestra moralidad y a nuestra voluntad, sino también a la Gracia que está en nosotros, para que dejemos actuar a la Gracia. Es casi un acto en el que la Gracia dada en el Bautismo se hace operante en nosotros, debería ser operante en nosotros; así la Gracia, el don de Dios, y nuestra cooperación van juntos.

 

¿A qué exhorta, en este sentido, San Pablo? «Ofreced vuestros cuerpos como sparaklesisparakletos» (v. 1). «Ofreced vuestros cuerpos»: habla de la liturgia, habla de Dios, de la prioridad de Dios, pero no habla de liturgia como ceremonia, habla de liturgia como vida. Nosotros mismos, nuestro cuerpo; nosotros en nuestro cuerpo y como cuerpo debemos ser liturgia. Ésta es la novedad del Nuevo Testamento, y lo veremos también después: Cristo se ofrece a Sí mismo y así sustituye todos los demás sacrificios. Y quiere «atraernos» a nosotros mismos a la comunión de su Cuerpo: nuestro cuerpo juntamente con el suyo se convierte en gloria de Dios, se transforma en liturgia. Así la palabra «ofrecer» –en griego parastesai– no es sólo una alegoría; alegóricamente también nuestra vida sería una liturgia, sino al contrario, la verdadera liturgia es la de nuestro cuerpo, de nuestro ser en el Cuerpo de Cristo, como Cristo mismo hizo la liturgia del mundo, la liturgia cósmica, que tiende a atraer a todos hacia Sí.

 

«En vuestro cuerpo, ofrecer el cuerpo»: esta palabra indica al hombre en su totalidad indivisible –al final– entre alma y cuerpo, entre espíritu y cuerpo; en el cuerpo somos nosotros mismos, y el cuerpo animado por el alma, el cuerpo mismo, debe ser la realización de nuestra adoración. Y pensemos –tal vez yo diría que cada uno de nosotros después reflexione sobre esta palabra– que nuestro vivir diario en nuestro cuerpo, en las cosas pequeñas, debería estar inspirado, impregnado, inmerso en la realidad divina, debería convertirse en acción juntamente con Dios. Esto no quiere decir que debemos pensar siempre en Dios, sino que debemos estar realmente penetrados por la realidad de Dios, de forma que toda nuestra vida –y no sólo algunos pensamientos– sea liturgia, sea adoración. San Pablo dice luego: «Ofreced vuestros cuerpos como sacrificio vivo» (v. 1): la palabra griega es logike latreia y así aparece en el Canon Romano, en la primera plegaria eucarística, «rationabile obsequium». Es una definición nueva del culto, pero preparada tanto en el Antiguo Testamento como en la filosofía griega. Por así decir, son dos ríos que llevan hacia este punto y se unen en la nueva liturgia de los cristianos y de Cristo. Antiguo Testamento: desde el inicio comprendieron que Dios no tiene necesidad de toros, de cabritos, de estas cosas. En el Salmo 50 (49), Dios dice: ¿Comeré Yo carne de toros? ¿Beberé sangre de cabritos? Yo no necesito estas cosas, no me agradan. Yo no bebo y no como estas cosas. No son sacrificio para Mí. Sacrificio es la alabanza de Dios; si vosotros venís a Mí, es alabanza de Dios (cf. vv. 13-15.23). Así el camino del Antiguo Testamento va hacia un punto en el que estas cosas exteriores, símbolos, sustituciones, desaparecen y el hombre mismo se transforma en alabanza de Dios.

 

Lo mismo sucede en el mundo de la filosofía griega. También aquí se comprende cada vez más que no se puede glorificar a Dios con estas cosas –con animales y ofrendas–, sino que sólo el «logos» del hombre, su razón convertida en gloria de Dios, es realmente adoración, y la idea es que el hombre debería salir de sí mismo y unirse al «Logos», a la gran Razón del mundo y así ser verdaderamente adoración. Pero aquí falta algo: el hombre, según esta filosofía, debería dejar –por decirlo así– el cuerpo, espiritualizarse; sólo el espíritu sería adoración. El cristianismo, en cambio, no es simplemente espiritualización o moralización: es encarnación; o sea, Cristo es el «Logos», es la Palabra encarnada, y Él nos recoge a todos, de forma que en Él y con Él, en su Cuerpo, como miembros de este Cuerpo nos convertimos realmente en glorificación de Dios. Tengamos presente esto: por una parte ciertamente salir de estas cosas materiales por un concepto más espiritual de adoración de Dios, pero llegar a la encarnación del espíritu, llegar al punto en que nuestro cuerpo sea reasumido en el Cuerpo de Cristo y nuestra alabanza de Dios no sea pura palabra, pura actividad, sino que sea realidad de toda nuestra vida. Creo que debemos reflexionar sobre esto y pedir a Dios que nos ayude para que el espíritu se convierta en carne también en nosotros, y la carne se llene del Espíritu de Dios.

 

Encontramos la misma realidad también en el capítulo cuarto del Evangelio de san Juan, donde el Señor dice a la samaritana: En el futuro no se adorará en esa colina o en aquella otra, con estos u otros ritos; se adorará en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 21-23). Ciertamente, es espiritualización, salir de estos ritos carnales, pero este espíritu, esta verdad no es cualquier espíritu abstracto: el espíritu es el Espíritu Santo, y la verdad es Cristo. Adorar en espíritu y en verdad quiere decir realmente entrar a través del Espíritu Santo en el Cuerpo de Cristo, en la verdad del ser. Y así llegamos a ser verdad y nos transformamos en glorificación de Dios. Llegar a ser verdad en Cristo exige nuestra implicación total.

 

Y luego continuamos: «Santo, agradable a Dios; éste es vuestro culto espiritual» (Rm 12, 1). Segundo versículo: después de esta definición fundamental de nuestra vida como liturgia de Dios, encarnación de la Palabra en nosotros, cada día, con Cristo –la Palabra encarnada–, San Pablo prosigue: «No os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente» (v. 2). «No os amoldéis a este mundo». Existe un no conformismo del cristiano, que no se deja conformar. Esto no quiere decir que nosotros queramos huir del mundo, que a nosotros no nos interese el mundo; al contrario, queremos transformarnos nosotros mismos y dejarnos transformar, transformando así el mundo. Y debemos tener presente que en el Nuevo Testamento, sobre todo en el Evangelio de San Juan, la palabra «mundo» tiene dos significados e indica por tanto el problema y la realidad de la que se trata. Por una parte, el «mundo» creado por Dios, amado por Dios, hasta el punto de darse a Sí mismo y dar su Hijo por este mundo; el mundo es criatura de Dios, Dios lo ama y quiere darse a Sí mismo para que el mundo sea realmente creación y respuesta a su amor. Pero está también el otro concepto de «mundo», kosmos houtos: el mundo que está en el mal, que está bajo el poder del mal, que refleja el pecado original. Hoy vemos este poder del mal, por ejemplo, en dos grandes poderes, que por sí mismos son útiles y buenos, pero de los que se puede abusar fácilmente: el poder de las finanzas y el poder de los medios de comunicación social. Ambos son necesarios, porque pueden ser útiles, pero se puede abusar de ellos tan fácilmente que a menudo se convierten en lo contrario de sus verdaderas intenciones.

 

Vemos cómo el mundo de las finanzas puede dominar al hombre, cómo el tener y el aparentar dominan el mundo y lo esclavizan. El mundo de las finanzas no representa ya un instrumento para favorecer el bienestar, para favorecer la vida del hombre, sino que se transforma en un poder que lo oprime, que debe ser casi adorado: «Mammona», la verdadera divinidad falsa que domina el mundo. Contra este conformismo de la sumisión a este poder debemos ser no conformistas: no cuenta el tener; lo que cuenta es el ser. No nos sometamos a este poder, más bien utilicémoslo como medio, pero con la libertad de los hijos de Dios.

 

Luego está el otro poder, el de la opinión pública. Ciertamente, tenemos necesidad de informaciones, de conocimientos de la realidad del mundo, pero puede ser también un poder de la apariencia; al final, cuanto se ha dicho cuenta más que la realidad misma. Una apariencia se superpone a la realidad, llega a ser más importante, y el hombre ya no sigue la verdad de su ser, sino que quiere sobre todo aparentar, ser conforme a estas realidades. Y también contra esto está el no conformismo cristiano: no queremos siempre «ser conformados», alabados; no queremos la apariencia, sino la verdad, y esto nos da libertad, la verdadera libertad cristiana: el librarse de esta necesidad de agradar, de hablar como la masa cree que debería ser, y tener la libertad de la verdad, y así recrear el mundo de una manera que no se vea oprimido por la opinión, por la apariencia que ya no deja aflorar la realidad misma; el mundo virtual se vuelve más verdadero, más fuerte, y ya no se ve el mundo real de la creación de Dios. El no conformismo del cristiano nos redime, nos restituye a la verdad. Pidamos al Señor que nos ayude a ser hombres libres en este no conformismo, que no está contra el mundo, sino que es el verdadero amor al mundo.

 

Y san Pablo continúa: «Transformaos por la renovación de vuestra mente» (v. 2). Dos palabras muy importantes: «transformar», del griego metamorphon, y «renovar», en griego anakainosis. Transformarnos a nosotros mismos, dejarnos transformar por el Señor en la forma de la imagen de Dios, transformarnos cada día de nuevo, a través de su realidad, en la verdad de nuestro ser. Y «renovación»; ésta es la verdadera novedad: que no nos sometamos a las opiniones, a las apariencias, sino a la Gracia de Dios, a su revelación. Dejémonos formar, plasmar para que aparezca realmente en el hombre la imagen de Dios.

 

«Por la renovación –dice San Pablo de modo sorprendente para mí– de vuestra mente». Así pues, esta renovación, esta transformación comienza con la renovación de la mente. San Pablo dice «o nous»: es necesario renovar todo nuestro modo de razonar, la razón misma. Es necesario renovarla no según las categorías de lo acostumbrado; renovar quiere decir realmente dejarnos iluminar por la Verdad que nos habla en la Palabra de Dios. Así, finalmente, aprender el nuevo modo de pensar, que es el modo que no obedece al poder y al tener, al aparentar, etc., sino que obedece a la verdad de nuestro ser que habita profundamente en nosotros y que se nos da nuevamente en el Bautismo.

 

«Renovación de la mente»: cada día es una tarea precisamente en el camino del estudio de la teología, de la preparación para el sacerdocio. Estudiar bien la teología, espiritualmente, pensarla a fondo, meditar la Escritura cada día; este modo de estudiar la teología con la escucha de Dios mismo que nos habla es el camino de renovación de la mente, de transformación de nuestro ser y del mundo.

 

Y, por último, dice San Pablo: «para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (v. 2). Discernir la voluntad de Dios: esto sólo lo podemos aprender en un camino obediente, humilde, con la Palabra de Dios, con la Iglesia, con los sacramentos, con la meditación de la Sagrada Escritura. Conocer y discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno. Esto es fundamental en nuestra vida.

 

Y, en el día de la Virgen de la Confianza, vemos en ella precisamente la realidad de todo esto, la persona que es realmente nueva, que es realmente transformada, que es realmente sacrificio vivo. La Virgen ve la voluntad de Dios, vive en la voluntad de Dios, dice «sí», y este «sí» de la Virgen es todo su ser, y así nos muestra el camino, nos ayuda.

 

Por lo tanto, en este día oremos a la Virgen, que es el icono vivo del hombre nuevo. Que ella nos ayude a transformar, a dejar transformar nuestro ser, a ser realmente hombres nuevos, y a ser también después, si Dios quiere, pastores de su Iglesia. Gracias.

 

Fuente: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2012/february/documents/hf_ben-xvi_spe_20120215_seminario-romano-mag_sp.html

 

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Cursillo sobre “Darwinismo, Diseño Inteligente y Fe Cristiana”

 

Equipo de Dirección

 

El Centro Cultural Católico “Fe y Razón” tiene el agrado de informar que próximamente llevará a cabo un cursillo sobre un tema muy importante y de candente actualidad: “Darwinismo, Diseño Inteligente y Fe Cristiana”. En este cursillo, que será dictado por el Ing. Daniel Iglesias y el Lic. Néstor Martínez, se analizarán los aspectos científicos del darwinismo y el diseño inteligente, y sus implicaciones filosóficas y teológicas.

 

El cursillo tendrá lugar en la Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler” (San Fructuoso 1019 esquina San Juan, Primer Piso, Montevideo; teléfono 2200 0289) a partir del 10 de abril, durante seis martes consecutivos (exceptuando el 1º de mayo), de 19:00 a 20:30 horas, según el cronograma que se indica a continuación.

 

Fecha

Horario

Tema

Expositor

Martes 10/04/2012

19:00-20:30

Introducción

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Martes 17/04/2012

19:00-20:30

El darwinismo, una teoría científica en crisis

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Martes 24/04/2012

19:00-20:30

Creación, evolución y diseño inteligente

Lic. Néstor Martínez

Martes 08/05/2012

19:00-20:30

El diseño inteligente y el principio copernicano

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Martes 15/05/2012

19:00-20:30

El darwinismo social

Lic. Néstor Martínez

Martes 22/05/2012

19:00-20:30

Conclusiones

Lic. Néstor Martínez

 

Agradecemos una vez más el muy valioso apoyo de la Facultad de Teología del Uruguay y especialmente de su Rector (Pbro. Dr. Antonio Bonzani) y su responsable de Relaciones Públicas (Santiago Raffo).

 

El cursillo será gratuito. Quienes lo deseen podrán colaborar con nuestro Centro Cultural Católico, comprando libros de la Colección “Fe y Razón” o haciendo una donación. Aunque no se requiere inscripción previa, recomendamos a los interesados en el cursillo que manifiesten su interés escribiendo a feyrazon@gmail.com.

 

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Nuevo libro de Daniel Iglesias Grèzes: Soy amado, luego existo.

Reflexiones sobre el darwinismo, el diseño inteligente y la fe cristiana

 

Equipo de Dirección

 

El Centro Cultural Católico “Fe y Razón” se complace en anunciar la publicación del noveno título de su Colección “Fe y Razón”. Se trata de una obra del Ing. Daniel Iglesias Grèzes: Soy amado, luego existo. Reflexiones sobre el darwinismo, el diseño inteligente y la fe cristiana.

 

Este libro de 166 páginas, cuya edición estuvo a cargo del propio autor, contiene un prólogo, diez capítulos y un epílogo. A continuación reproducimos los títulos de los capítulos:

 

1. Introducción al darwinismo – 2. Introducción a la crítica científica del darwinismo – 3. Críticas científicas al darwinismo. Proceso a Darwin – 4. Críticas científicas al darwinismo. La caja negra de Darwin – 5. Introducción a la teoría del diseño inteligente – 6. El debate sobre el diseño inteligente – 7. La doctrina católica sobre la creación y la evolución – 8. El debate teológico sobre la evolución – 9. El Big Bang y la creación del universo – 10. El diseño inteligente del universo. El planeta privilegiado

 

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El libro puede ser adquirido, usando una tarjeta internacional, en Lulu, el mayor sitio de auto-publicación del mundo, en las siguientes direcciones:

 

Como libro electrónico:

http://www.lulu.com/product/ebook/soy-amado-luego-existo/18921025

Como libro impreso:

http://www.lulu.com/product/paperback/soy-amado-luego-existo/18920997

 

Allí se permite ver la tapa y algunas páginas del libro.

 

El libro electrónico cuesta US$ 5. Es descargado inmediatamente por el comprador en formato Adobe Digital Editions. Bajar ese programa excelente y gratuito, siguiendo las instrucciones de Lulu, es fácil y rápido.

 

El libro impreso cuesta US$ 10 más el costo de envío desde Estados Unidos. Lulu ofrece varios modos de envío, que difieren entre sí por su costo, rapidez y grado de seguridad. Es recomendable utilizar una forma de envío “rastreable” (garantizada por Lulu). Se puede comprar cualquier cantidad de ejemplares (de uno en adelante). Lulu imprime la cantidad de ejemplares pedida y los envía al comprador.

 

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Texto de la contratapa

 

Charles Darwin fue no sólo un gran científico, sino también uno de los padres del ateísmo contemporáneo. En la actualidad el darwinismo conserva un gran prestigio en el ámbito científico, pero además está íntimamente ligado al pensamiento ateo, siendo su principal sostén intelectual.

 

La ideología darwinista, de gran influencia en nuestra cultura, considera al ser humano como un mero animal, algo más evolucionado e inteligente que los demás animales; y además como un animal que, al igual que todos los otros animales, es un hijo no deseado de la Madre Naturaleza, un simple producto del azar, surgido sin ningún propósito, y destinado a desaparecer totalmente en la muerte.

 

Hace unos veinte años, en los Estados Unidos de América, se alzó el pequeño David del Movimiento del Diseño Inteligente (MDI) para enfrentarse enérgicamente contra el gigante Goliat de las filosofías materialistas y naturalistas que predominan en el ámbito científico.

 

Sin embargo, muchos cristianos de hoy ven al darwinismo como una teoría científica verdadera, muy valiosa o admirable, que sólo accidentalmente (y quizás sobre todo por culpa de la incomprensión de los cristianos) está unida a una filosofía atea o agnóstica; y esos mismos cristianos suelen despreciar los aportes del MDI, considerándolos como pseudocientíficos.

 

El primer objetivo de este libro es refutar esa visión, mostrando que el darwinismo es una teoría científica fracasada, sustancialmente ligada a una filosofía naturalista, incompatible con la fe cristiana.

 

El segundo objetivo de este libro es mostrar que la teoría del diseño inteligente tiene un alto valor científico y es la mejor opción disponible hoy para los cristianos que, en fructuoso diálogo con la ciencia, buscan una nueva síntesis armónica de la fe y la razón, especialmente en lo referente a la actualización de la “quinta vía” de Santo Tomás de Aquino, o sea la prueba de la existencia de Dios por el orden del mundo.

 

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Daniel Iglesias Grèzes nació en Montevideo (Uruguay) en 1959. Se graduó como Ingeniero Industrial (Opción Electrónica) en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República en 1985, como Magíster en Ciencias Religiosas en el Centro Superior Teológico Pastoral en 1996 y como Bachiller en Teología en el Instituto Teológico del Uruguay “Mons. Mariano Soler” en 1997.

 

Es socio fundador de la Obra Social Pablo VI, de la Sección Uruguay de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino y del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”. Fue miembro del Instituto Arquidiocesano de Bioética “Juan Pablo II” y de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, Encargado de Redacción de la Revista Pastoral Familiar, miembro del IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo y conductor del programa Verdades de Fe en Radio María Uruguay.

 

En 1999, junto con el Lic. Néstor Martínez y el Diác. Jorge Novoa, creó Fe y Razón (www.feyrazon.org), un sitio web católico de teología y filosofía. Desde 2006 edita la revista virtual Fe y Razón y desde 2009 ha editado los nueve títulos de la Colección Fe y Razón. Desde 2010 colabora con el portal InfoCatólica, mediante su blog Razones para nuestra esperanza.

 

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Para ver los nueve títulos de la Colección “Fe y Razón” (incluyendo cuatro de Daniel Iglesias Grèzes), por favor ingrese a: www.lulu.com/spotlight/feyrazon

 

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Escatología y Apologética

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

1.    Tres escatologías en conflicto

 

La escatología es la parte de la teología que trata acerca de las realidades últimas: la muerte, el juicio particular, el purgatorio, la resurrección de los muertos, el juicio final, el infierno y el cielo.

 

Mi primera tesis es que, en nuestra actual civilización occidental, tres doctrinas principales sobre las realidades últimas se disputan las adhesiones de las mentes y los corazones: las escatologías correspondientes al ateísmo materialista, el panteísmo reencarnacionista y el cristianismo ortodoxo, o sea el catolicismo.

 

De entre las muchas encuestas que podría citar en apoyo de esta tesis, elegí la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey) (1), un proyecto de investigación global que explora los valores y creencias de las personas. Esta Encuesta se ha realizado ya cinco veces en muchos países del mundo. Incluye preguntas referidas a temas religiosos y morales, entre otros muchos temas.

 

A continuación indicaré algunos de los resultados de la encuesta realizada en Argentina en 2006:

·      El 54% de los encuestados cree en la vida después de la muerte.

·      El 39% cree en la reencarnación.

·      El 71% cree en el cielo.

·      El 49% cree en el infierno.

·      El 79% cree que las personas tienen un alma.

 

Además, el 44% de los encuestados en Argentina en 1991 creía en la resurrección de los muertos.

 

Veamos ahora algunos de los resultados de la encuesta realizada en Uruguay en 1996:

·      El 42% de los encuestados cree en la vida después de la muerte.

·      El 48% cree en el cielo.

·      El 23% cree en el infierno.

·      El 58% cree que las personas tienen un alma.

 

Complementaré esta información con algunos datos extraídos de dos estudios sociológicos sobre la religiosidad de los montevideanos (2). En 2001 el 24% de los montevideanos creía en la reencarnación. Entre los católicos, en 1994 sólo el 42% opinaba que después de la muerte se resucita o se produce un encuentro con Dios. Sin embargo creía en la reencarnación el 9%, cifra que ascendió al 28% en 2001.

 

De todos estos datos podemos deducir las siguientes conclusiones:

·      El sector que se adhiere a la ideología materialista es muy importante, aunque en términos relativos es bastante menor en Argentina que en Uruguay.

·      El sector que se adhiere a la creencia en la reencarnación es muy significativo, y parece haber crecido mucho en las dos últimas décadas.

·      El número de quienes se adhieren a la doctrina católica sobre las realidades últimas (y sobre todo al dogma del infierno) es bastante menor que el número de católicos, ya sea que para calcular este último se utilice la definición canónica de “católico” o la auto-definición religiosa de las personas.

 

Terminaré esta primera parte con un breve análisis sobre el auge de la creencia en la reencarnación. Esa creencia, propia de religiones orientales como el hinduismo y el budismo, era casi inexistente en Occidente hasta hace 50 años. Sin embargo, últimamente ha ganado muchos adeptos en Occidente en el marco de la nueva corriente religiosa llamada “New Age” o Nueva Era. Dicha corriente, con base en la superstición astrológica, afirma que estamos viviendo el fin de la era de Piscis (la era cristiana) y el comienzo de la era de Acuario, una nueva era de paz y armonía. La influencia de la New Age llega mucho más allá de su pequeño número de seguidores estrictos. Por ejemplo, hoy en día casi todas las librerías dedican mucho espacio a libros de autoayuda, de ficción y otros que de algún modo se inscriben dentro de esa corriente, caracterizada entre otras cosas por su esoterismo, su aprecio por las religiones orientales y su rechazo al catolicismo. Muchos de esos libros apoyan la creencia en la reencarnación.

 

2.    Crítica de la escatología del ateísmo materialista

 

La apologética es la ciencia que trata acerca de los fundamentos racionales de la fe cristiana y católica. Una de las funciones de la apologética es la crítica de las doctrinas contrarias a la fe católica. En esa línea, plantearé ahora una crítica de la escatología del ateísmo materialista. Esa escatología se puede resumir en una simple afirmación: el ser humano cesa de existir totalmente en la muerte. No hay juicio, ni infierno, ni cielo.

 

Como ejemplo notable de escatología materialista, citaré un párrafo de Richard Dawkins, célebre darwinista ortodoxo y principal representante del llamado “nuevo ateísmo”, marcadamente hostil a toda religión: “Moviéndonos entonces de la moral a las cosas últimas, a la escatología, sabemos por la segunda ley de la termodinámica que toda complejidad, toda vida, toda risa y toda pena están condenadas a nivelarse al final en la fría nada. Ellas –y nosotros– nunca podemos ser más que rizos temporales y locales del gran resbalón universal hacia el abismo de la uniformidad.” (3)

 

Observo cómo Dawkins se desliza subrepticiamente desde un principio científico válido hacia un cientificismo ilegítimo. El hecho de que las leyes naturales aparenten condenar al universo material a una "muerte total" no autoriza a la ciencia a negar que la persona humana, que no es sólo materia, esté llamada a un destino trascendente.

 

La escatología materialista puede ser criticada de forma directa y de forma indirecta.

 

La crítica directa de la escatología materialista consiste principalmente en la demostración filosófica de la espiritualidad e inmortalidad del alma humana (uno de los “preámbulos de la fe”). La espiritualidad del alma humana se demuestra a partir de la espiritualidad de la inteligencia y de la voluntad, pues de ella se sigue la del sujeto. La inteligencia y la voluntad son facultades del alma, principios próximos de su operación. Si son espirituales, también el ser en el que existen debe ser espiritual. A partir de allí se puede demostrar que el alma es físicamente simple, es decir indivisible, por no tener partes físicas. Por último la filosofía cristiana demuestra que el alma es inmortal, porque no puede corromperse ni ser aniquilada. No puede corromperse en sí misma, porque es simple, ni en razón de la corrupción del cuerpo, puesto que no depende de él para existir. En cuanto a la aniquilación, ésta es la cesación del acto creador, por lo que el alma no puede ser aniquilada por ninguna criatura. Dios, considerando su omnipotencia en términos absolutos, aparte de sus demás atributos, podría sin duda aniquilar el alma; pero considerando la omnipotencia de Dios en relación con sus demás atributos, dicha aniquilación no es posible, porque estaría en contradicción con su sabiduría y su bondad (4).

 

La crítica indirecta de la escatología materialista consiste en la refutación del materialismo y del positivismo, una ideología muy afín al materialismo.

 

La afirmación básica del materialismo es que "todo es material". En la ideología materialista esta proposición funciona como un axioma o postulado que se supone verdadero, a menudo acríticamente. A partir de este falso principio, el materialista deduce correctamente otras proposiciones, tan falsas como su principio. Por ejemplo, si todo es material, también lo es el ser humano. Y si el cuerpo material del ser humano se descompone en la muerte, entonces ésta supone el fin absoluto de la existencia del hombre.

 

El axioma básico del materialismo (es decir, que “todo es material”) debe ser rechazado, al menos por las siguientes dos razones. En primer lugar, esa afirmación del materialista acerca del "todo" es completamente infundada, por lo que se debe aplicar aquí la conocida regla dialéctica de los escolásticos: “Gratis asseritur, gratis negatur” (lo que se afirma sin prueba, se puede rechazar sin prueba). En segundo lugar, hay muchas realidades (por ejemplo, el conocimiento humano, la libertad humana, la información, las leyes naturales, etc.) acerca de las que no se puede alegar con algún sentido que sean materiales. Es decir, no existe ninguna noción válida de "materia" que abarque esa clase de realidades.

 

El materialismo se presenta bajo dos formas principales: el materialismo riguroso y el materialismo moderado (5).

 

El materialismo riguroso consiste en negar que haya en el hombre algo más que cuerpo material y movimientos corporales mecánicos. Hoy es poco defendido, entre otras razones por el argumento que le opuso Leibniz. Éste proponía imaginar el cerebro tan agrandado que pudiéramos movernos dentro de él. Allí sólo veríamos movimientos de distintos cuerpos, pero nunca un pensamiento. Luego el pensamiento ha de ser algo completamente distinto de los cuerpos y sus movimientos. Puede contestarse que no hay en absoluto pensamiento ni conciencia, pero esto es evidentemente falso.

 

El materialismo moderado admite que el ser humano tiene una conciencia, pero sostiene que ésta es una función del cuerpo; una función que sólo por su grado se diferencia de la de los otros animales. Contra esto podemos objetar que no tiene sentido asignar las funciones espirituales al cuerpo. El hombre es un todo, y este todo tiene diversas funciones: puramente físicas, vegetativas, animales y, finalmente, también espirituales. Todas éstas son funciones, no del cuerpo, sino del hombre, del todo. Además, es fácil demostrar que en las funciones espirituales del hombre hay algo completamente particular, que no se da en absoluto en los otros animales.

 

Consideremos ahora la ideología positivista o cientificista. Según ésta, todo lo que existe es susceptible de verificación por medio del método científico. La supervivencia del alma humana después de la muerte no es científicamente verificable. Por lo tanto, no existe. El hombre deja de existir en la muerte.

 

De la premisa mayor de este silogismo se deduce fácilmente esta otra afirmación: "Sólo el conocimiento científico es verdadero conocimiento". Ahora bien, esta afirmación conduce inevitablemente a una contradicción. El concepto de "ciencia" utilizado por el cientificista incluye sólo las ciencias particulares (matemática, física, química, biología, etc.) y excluye las ciencias universales (filosofía y teología). Al negar la existencia de afirmaciones verdaderas no fundadas en la ciencia, se está haciendo una afirmación (supuestamente verdadera) no fundada en la ciencia, sino en una falsa filosofía. Ninguna ciencia particular demuestra ni puede demostrar que el único conocimiento válido es el conocimiento que surge de las ciencias particulares. La falsedad del positivismo se deduce pues de la reducción al absurdo de su premisa básica.    

 

Acerca de la cuestión del sentido último de la existencia humana, los materialistas se dividen en dos corrientes de pensamiento: el utopismo (6) y el nihilismo (7). Para explicar este punto, citaré un texto un poco largo pero muy ilustrativo de Bochenski:

 

“Hemos considerado distintas particularidades del hombre que le dan cierta dignidad y por las que descuella por encima de todos los animales. Pero el hombre no es sólo eso. Es también –y, por cierto, merced a tales cualidades particulares– algo incompleto, inquieto y, en el fondo, miserable. Un perro o un caballo come, duerme y es feliz No necesita nada más allá de la satisfacción de sus instintos. En el hombre no es así. El hombre se crea constantemente nuevas necesidades y jamás está satisfechoParece como si, por esencia, estuviera destinado a un progreso infinito y como si sólo lo infinito pudiera satisfacerlo.

 

Pero a la vez el hombre, y… sólo el hombre, tiene conciencia de su finitud y, sobre todo, de su mortalidad. Estas dos cualidades juntas dan por resultado una tensión por la que el hombre se nos aparece como un enigma trágico. Parece como destinado a algo que no puede en absoluto alcanzar. ¿Cuál es, pues, su sentido? ¿Cuál es el fin de su vida? Desde Platón, los mejores de entre nuestros grandes pensadores se han esforzado en hallar la solución a este enigma. Esencialmente, nos han propuesto tres grandes soluciones.

 

La primera, muy difundida en el siglo XIX, afirma que la necesidad de infinito se satisface identificándose el hombre con algo más amplio que él mismo, sobre todo la sociedad o la humanidad. No tiene importancia alguna, dicen estos filósofos, que yo tenga que sufrir, fracase y muera. La humanidad, el universo, prosigue su curso La mayoría de los filósofos actuales… tienen [a esta solución] por insostenible. En lugar de resolver el enigma,… niega el dato, es decir, el hecho de que el hombre desea para sí el infinito, para sí como hombre particular, como individuo, y no para una abstracción como la humanidad o el universo. A la luz de la muerte se ve bien lo hueco y falso de esta teoría.

 

La segunda solución, muy difundida actualmente…, afirma radicalmente que el hombre no tiene sentido alguno. Es un error de la naturaleza, una criatura mal hecha, una pasión inútil, como ha escrito alguna vez Sartre. El enigma no puede ser resuelto. Nosotros seremos eternamente una cuestión trágica para nosotros mismos.

 

Pero hay también filósofos que, siguiendo a Platón, no quieren sacar esa conclusión. No pueden creer en algo tan sin sentido en la naturaleza. Tiene que haber, según ellos, una solución al enigma del hombre. ¿En qué puede consistir esa solución? La solución sólo puede estar en que el hombre alcance de algún modo lo infinito. Ahora bien, en esta vida no lo puede alcanzar. Si hay, pues, una solución del problema del hombre, éste ha de tener su fin y sentido en el más allá, fuera de la naturaleza, allende el mundo. ¿Pero cómo? Según muchos filósofos desde Platón, la inmortalidad del alma es demostrable. Otros, sin creer en una demostración estricta, la admiten. Pero tampoco la inmortalidad aporta una respuesta a la cuestión. No se ve, en efecto, cómo el hombre alcanza en la otra vida lo infinito. Platón dijo una vez que la respuesta última a esta cuestión sólo podía darla un dios. Había que esperar una palabra divina.” (8)

 

Agrego que la filosofía cristiana demuestra la inmortalidad del alma humana y que Dios es el fin último del hombre y del mundo.

 

3.    Crítica de la escatología del panteísmo reencarnacionista

 

Siguiendo el plan trazado, me corresponde ahora plantear una crítica de la escatología del panteísmo reencarnacionista. Expondré esa escatología siguiendo un análisis del documento de la Comisión Teológica Internacional del año 1990 denominado “Algunas cuestiones actuales de Escatología”. Ese documento, en su Capítulo 9, titulado “Irrepetibilidad y unicidad de la vida humana. Los problemas de la reencarnación”, sostiene que los diversos sistemas “reencarnacionistas” se pueden reducir sintéticamente a los siguientes cuatro puntos básicos (9):

 

1)   Las existencias terrestres son numerosas. Nuestra vida actual no es nuestra primera existencia corporal ni será la última. Hemos vivido anteriormente ya y viviremos aún en varias oportunidades en cuerpos materiales siempre nuevos.

2)   Existe en la naturaleza una ley que empuja hacia un continuo progreso encaminado a la perfección. Esta misma ley conduce a las almas a vidas siempre nuevas y no permite ningún retorno ni tampoco ninguna detención definitiva. Por lo mismo queda excluida la posibilidad de una condena sin fin. Después de pocos o muchos siglos todos llegarán a la perfección final de un espíritu puro. Se niega la realidad del infierno.

3)   Es por méritos propios que se llega a la meta final. En toda nueva existencia el alma progresa en relación con sus esfuerzos. Todo el daño cometido será reparado por expiaciones que el espíritu padecerá a lo largo de nuevas y difíciles encarnaciones. Se niega la realidad de la redención.

4)   En la medida en que el alma progresa hacia la perfección final, tomará en sus nuevas encarnaciones un cuerpo cada vez menos material. En ese sentido el alma tiene una tendencia hacia una independencia definitiva del cuerpo. A través de la sucesión de las reencarnaciones, el alma logrará un estado definitivo en el cual vivirá finalmente liberada por siempre jamás de su cuerpo e independiente de la materia. Se niega la realidad de la resurrección.

 

El reencarnacionismo contradice radicalmente a la fe cristiana en la resurrección de la carne; pero además contradice a muchos otros dogmas cristianos: el carácter indeleble del Bautismo, el juicio particular inmediatamente después de la muerte, el juicio final en el fin de los tiempos, la existencia del Infierno, el Purgatorio y el Cielo, etc. No hay en él lugar alguno para la doctrina cristiana sobre la Encarnación, la Redención, la Gracia, la Iglesia, los sacramentos, la oración, etc. Más aún, en general la creencia en la reencarnación supone el panteísmo, que contradice al monoteísmo bíblico. El pecado es considerado como un simple error, no como una ofensa a Dios. Esto es natural, ya que en un sistema panteísta no hay seres distintos de Dios que puedan ofenderlo.

 

La teoría de la reencarnación también está en total contradicción con los principios fundamentales de la moral cristiana. En efecto, en dicha teoría no existe perdón, ni arrepentimiento, ni conversión, ni siquiera opciones definitivas: toda culpa puede ser expiada en las vidas futuras. Todos tienen una eternidad feliz asegurada, hagan lo que hagan. Se trata de una simple cuestión de tiempo: algunos evolucionan más rápidamente y otros más lentamente. En este esquema la decisión moral puede ser sustituida por un cálculo o intercambio mecánico entre culpa y tiempo de purificación.

 

Todos los sufrimientos, fracasos, enfermedades y discapacidades son considerados como castigos merecidos por faltas cometidas en vidas anteriores. Por otra parte, todo poder, toda fama y toda gloria mundana son considerados como premios merecidos por las buenas obras realizadas en vidas anteriores. Obviamente esta ideología favorece a los poderosos. Justifica, por ejemplo, el sistema racista de las castas en la India.

 

En el reencarnacionismo tampoco puede arraigarse una verdadera preocupación por el servicio a los demás ni por la justicia social, ya que todas las realidades de este mundo, incluyendo los individuos humanos, son consideradas como pura apariencia o ilusión. Paradójicamente, el panteísmo da pie a una espiritualidad individualista, puesto que en realidad los otros no existen en cuanto otros. Si existe una sola persona, no puede existir el verdadero amor.

 

La creencia en la reencarnación está generalmente enmarcada dentro de un sistema gnóstico. No se considera la salvación como un don de Dios que el hombre recibe en la fe, la esperanza y el amor, sino como una auto-redención o conquista individual que se alcanza a través de una iluminación, o sea a través del conocimiento de que uno mismo es Dios, el Uno del panteísmo. La gnosis sostiene que esta iluminación conduce a la liberación de la existencia individual y de la sucesión de las reencarnaciones.

 

Antes de entrar en la crítica propiamente dicha de la doctrina reencarnacionista, preguntémonos qué es lo que lleva a tanta gente a creer en la reencarnación. Pienso que su impulso inicial proviene de algunas intuiciones verdaderas, que luego resultan desvirtuadas por malos razonamientos. Dicho de otro modo, la creencia en la reencarnación da respuestas equivocadas a problemas reales. Desarrollaré esta idea en tres momentos.

 

En primer lugar, los reencarnacionistas tienen razón al pensar que una sola vida terrena es insuficiente para alcanzar la plenitud a la que el ser humano está destinado. Sin embargo, la solución a este problema no está en la reencarnación, sino en la fe cristiana en el Cielo. Por la gracia de Dios, no por sus propias fuerzas, las almas de los santos llegan inmediatamente después de la muerte al Paraíso, donde son partícipes de la naturaleza divina, mientras esperan la resurrección de la carne en el último día.

 

En segundo lugar, los reencarnacionistas también tienen razón al pensar que una sola vida terrena es insuficiente para que el ser humano se purifique de todas sus faltas. Sin embargo, la solución a este problema no está en la reencarnación, sino en la fe cristiana en el Purgatorio. El Purgatorio es un misterio de amor, una antesala del Cielo, no un infierno temporal. Las almas de los justos que mueren sin haber expiado totalmente sus pecados no quedan excluidas para siempre de la gloria celestial sino que, después de haberse preparado debidamente en el Purgatorio, acceden a la visión de Dios en el Cielo.

 

Por último, los reencarnacionistas también tienen razón al pensar que una sola vida terrena es insuficiente para que el ser humano experimente la justicia perfecta. En este mundo a menudo les va mal a los buenos y bien a los malos. Es necesario que exista algún tipo de justicia de ultratumba. Sin embargo, la solución a este problema no está en la reencarnación, sino en la fe cristiana en la vida eterna. Después de la muerte, Dios juzga a cada ser humano y le retribuye según sus obras.

 

Pasemos ahora a la crítica de la escatología reencarnacionista. También en este caso nuestra crítica puede recorrer dos vías diferentes, una directa y otra indirecta.

 

La crítica directa de la escatología reencarnacionista consiste en mostrar que la creencia en la reencarnación carece de fundamentos filosóficos o científicos válidos (10).

 

En cuanto a los argumentos teológicos contra la reencarnación, éstos no pertenecen a la apologética propiamente dicha, ya que, contrariando el método apologético, suponen en el punto de partida la verdad de la Divina Revelación y de la fe cristiana. No obstante, afirmo que el testimonio de la Sagrada Escritura, de la Sagrada Tradición y del Magisterio vivo de la Iglesia no deja espacio alguno para la creencia en la reencarnación dentro de la fe cristiana. Por otra parte, las religiones de origen oriental que incluyen la creencia en la reencarnación no están basadas en una revelación divina. No hay pues en ellas verdadera teología sobrenatural. Su creencia en la reencarnación es más bien un postulado asumido acríticamente desde el inicio.

 

A continuación aportaré cuatro argumentos filosóficos en contra de la reencarnación.

 

En primer lugar, objeto la falta de fundamento racional de la ley del Karma, garante de la sanción moral en el sistema reencarnacionista. El Karma es una ley en virtud de la cual se produce infaliblemente la justicia. Hace que cada acto, palabra o pensamiento sea seguido de un efecto adecuado y proporcionado. Un acto bueno es seguido por un efecto bueno y un acto malo por un efecto malo. El Karma parece poseer una inteligencia infinita, a pesar de lo cual sus defensores no le reconocen un carácter personal. En última instancia éstos reconocen que no saben nada sobre la naturaleza íntima de la inteligencia que se encuentra dentro del Karma.

 

En segundo lugar, objeto el carácter absurdo del sistema reencarnacionista de purificación de las almas. La inmensa mayoría de los seres humanos no recuerda absolutamente nada de sus supuestas vidas pasadas. Además, la mayoría de los que dicen recordar algo de ellas no hacen referencia a más de una de esas vidas, que conforman una serie casi interminable. Por lo tanto, si cada reencarnación busca que nos purifiquemos de las faltas cometidas en vidas anteriores, cabe concluir que se nos castiga sin que conozcamos actualmente nuestras faltas. Pero entonces, ¿cómo podremos corregirnos?

 

En tercer lugar, subrayo que en el reencarnacionismo, como en el platonismo, el conocimiento es sólo reminiscencia. En este sistema dualista, que supone la preexistencia de las almas, no hay verdadera novedad, sino sólo recuerdos y olvidos de verdades conocidas desde siempre. Esta triste concepción de la vida humana tiene muchas consecuencias empobrecedoras, que no me detendré a describir.

 

En cuarto y último lugar, analizaré un punto que los defensores de la reencarnación suelen dejar sumido en la ambigüedad: ¿La sucesión de reencarnaciones es finita o infinita? Y si es infinita, ¿lo es sólo hacia atrás (hacia el pasado), sólo hacia adelante (hacia el futuro) o en ambos sentidos?

 

Supongamos primero que la imaginaria sucesión de reencarnaciones es finita. Si esa sucesión tuviera un principio, para evitar las consecuencias absurdas de la regresión infinita, y también un final, como postulan el hinduismo y el budismo, entonces un conjunto de vidas de duración total finita determinaría el destino eterno del ser humano. En ese caso se vuelve incoherente uno de los argumentos principales de los partidarios de la reencarnación, según el cual una sola vida terrena, por su finitud, es insuficiente para alcanzar el infinito por medio de la “iluminación” gnóstica. Un conjunto finito de vidas terrenas sería tan insuficiente para ese fin como una sola vida.

 

Supongamos ahora que la sucesión de las reencarnaciones es infinita hacia atrás. Para comenzar dejo constancia de que este concepto es sumamente cuestionable y problemático. Una sucesión de reencarnaciones sin principio implica un mundo en el que cada estado actual depende de una regresión infinita de causas sucesivas. En esta hipótesis no se puede evitar consecuencias absurdas, como por ejemplo la posible existencia de libros transmitidos de generación en generación, pero no escritos por nadie. Sin embargo, dejo de lado la discusión sobre el carácter absurdo de esa forma de infinito y objeto lo siguiente: ¿Cómo una pobre alma que lleva ya un tiempo infinito purificándose en una interminable cadena de reencarnaciones podrá alcanzar la iluminación de aquí en adelante, en un tiempo finito? Habiendo “transcurrido ya” un tiempo infinito, ¿no deberían haberse purificado ya todas las almas? Y si aún no lo han logrado, ¿no cabría esperar que sigan infinitamente encadenadas a este mundo también en el futuro? Además, la ciencia moderna nos enseña que la vida en general y la vida humana en particular tuvieron comienzos en el tiempo. Una sucesión de reencarnaciones sin principio supone arbitraria y falsamente lo contrario.

 

Por último, supongamos que la sucesión de las reencarnaciones es infinita hacia adelante. En este caso simplemente la salvación no llega nunca y la supuesta purificación no alcanza su objeto, lo que manifiesta más claramente aún su carácter absurdo. El mito del eterno retorno es mucho menos razonable que la fe en la vida eterna. La "rueda" del eterno retorno mantendría al hombre prisionero de su finitud y de su culpa, impidiéndole alcanzar su meta, la unión perfecta con Dios. En esta cosmovisión pesadillesca, cada vida individual es insignificante, pues no es más que un eslabón de la infinita cadena de reencarnaciones.

 

Ahora consideraré desde el punto de vista científico tres argumentos que han sido esgrimidos a favor de la creencia en la reencarnación.

 

En primer lugar, los parecidos físicos entre parientes, uno de los cuales ha venido al mundo después de la muerte del otro, se explican hoy por las leyes de la genética. Por este motivo esta “prueba” de la reencarnación ha caído en desuso.

 

En segundo lugar, la impresión de déjà vu se debe a que la persona realmente vio antes la misma cosa o algo parecido o bien se debe a un fenómeno psico-patológico llamado “paramnesia”.

 

En tercer lugar, ni el hombre que duerme, ni el sujeto en estado de hipnosis, ni el niño nos pueden inspirar confianza cuando dan testimonio de supuestas vidas pasadas. Los tres “sueñan”, cada uno a su manera. Tampoco son convincentes los testimonios de los iniciados (como Madame Blavatsky, Annie Besant o Alejandro Dumas hijo): o son simples mentiras o están relacionados con serias psicopatologías. En esos testimonios se puede comprobar una fuerte tendencia a la megalomanía: muy a menudo esas personas afirman ser la reencarnación de grandes personajes de la historia. Daniel Douglas Home encontró en su época doce personas diferentes que decían ser María Antonieta reencarnada, seis que decían ser María Estuardo, una veintena que decían ser Alejandro Magno o Julio César, etc.

 

La crítica indirecta del reencarnacionismo consiste en la refutación del panteísmo. La noción de Dios del panteísmo es absurda, porque implica la existencia simultánea de atributos divinos contradictorios. El Uno del panteísmo es el conjunto de todos los entes, por lo que es a la vez (por ejemplo) sabio e ignorante, misericordioso y cruel, poderoso y débil, etc. Se trata de un dios alienado que, a partir de una caída primordial incomprensible, sufre la ilusión de la multiplicidad y la pérdida de la conciencia de sí mismo. En cambio la noción cristiana de Dios es infinitamente más elevada y resiste bien todas las objeciones lógicas.

 

4.    Defensa de la escatología católica

 

La apologética tiene también otras dos funciones, que podríamos llamar “positiva” y “negativa”: promover y defender la fe cristiana y católica.

 

Consideremos en primer lugar la función positiva o afirmativa de la apologética con respecto a los dogmas de la fe católica en general, y de la escatología en particular. En el diálogo entre católicos y no creyentes, es un error discutir sobre los dogmas de fe sin haber alcanzado antes una base de acuerdo mínima que haga posible y fructuoso ese diálogo. Sin principios comunes, dos interlocutores no llegarán a coincidir jamás, excepto por accidente. En nuestro caso, sucede que, antes de discutir sobre la verdad de los dogmas de la Iglesia Católica, es preciso ponerse de acuerdo acerca de si esa Iglesia es realmente lo que ella dice ser: el Cuerpo Místico de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Por lo tanto, si el católico quiere mostrar a un no creyente la verdad de un dogma de fe, antes debe hacer todo el recorrido apologético, demostrando la razonabilidad y la credibilidad de la fe católica en Dios, en Cristo y en la Iglesia. Sólo después de la conversión del no creyente (si ésta ocurre) el católico podrá proponerle directamente las verdades de la teológica dogmática.

 

En cambio la función negativa o defensiva de la apologética permite que el católico y el no creyente discutan sobre temas dogmáticos (por ejemplo los referidos a la escatología). Pero en este caso el católico se limita a refutar racionalmente los argumentos en contra de la fe católica, sin apelar a los datos de la teología, ciencia que presupone la fe, ausente en el interlocutor.

 

A continuación trataré de refutar algunas de las objeciones más comunes contra la escatología cristiana.

 

Una primera objeción frecuente sostiene que la fe cristiana en la vida eterna sería deshumanizante, porque llevaría al cristiano a despreciar la vida terrena y este mundo, y lo apartaría así de sus obligaciones mundanas (11). 

 

A esta objeción respondo que la fe cristiana en la vida eterna de ningún modo se opone al aprecio del cristiano por su vida mortal. Al contrario, el valor inmenso que el cristiano atribuye a esta vida está basado en que, durante el transcurso de la misma, el hombre, bajo el influjo de la gracia, va dando respuesta a la oferta divina de salvación eterna. Cuando el hombre muere, esa respuesta asume un carácter definitivo. Dios, respetando la libre respuesta del hombre, da a éste aquello que a lo largo de su vida ha elegido de hecho: la unión plena de amor con Dios y sus hermanos o la soledad completa del egoísmo.

 

En cambio el no creyente está mucho más expuesto que el cristiano a la tentación del nihilismo. Si nada tiene sentido y la existencia humana es absurda, no se ve claro por qué el hombre debería trabajar con entusiasmo, ni amar de todo corazón, hasta el extremo del sacrificio heroico, ni soportar el sufrimiento. Y si todo acaba con la muerte, ¿para qué esforzarse tanto en pos de un progreso social que, visto a escala cósmica, será tan efímero como la vida de cualquier individuo?

 

Una segunda objeción frecuente contra la escatología cristiana se basa en una falsa interpretación de nuestras experiencias del bien y del mal. Así se nos dice o insinúa que el bien es aburrido y el mal es divertido, o que el Cielo terminaría por hartarnos, convirtiéndose así en otro tipo de Infierno. O se nos dice o insinúa que el Cielo es un lugar de esclavitud, mientras que el Infierno sería un ámbito de libertad.

 

En esta objeción, que a menudo no se formula explícitamente, pero tiene una existencia soterrada en muchas expresiones de nuestra cultura, confluyen varios factores. Por eso mi respuesta tendrá cuatro momentos.

 

En primer lugar, haré una breve consideración teológica. Se puede ver aquí una manifestación de aquel que es “mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8,44). Este llamar bien al mal y mal al bien procede del Maligno.

 

En segundo lugar, subrayo que no se debe confundir la eternidad con un tiempo infinito. Según la clásica definición de Boecio, la eternidad es la posesión total y simultánea de una vida interminable. De por sí, sólo Dios es eterno. Pero Él, el Eterno, ha querido encarnarse en el tiempo para liberar y consumar el tiempo en su eternidad. El hombre, consciente o inconscientemente, anhela liberarse de la finitud que lo oprime y consumar su vida en la unión con el Ser perfectísimo. Durante su vida terrena el hombre puede vivir en unión con Dios, pero de un modo imperfecto, por causa de su finitud y de su pecado. Sólo en la eternidad podrá alcanzar la felicidad perfecta en la visión beatífica: la contemplación del rostro de Dios. Al parecer Descartes temía aburrirse en el Cielo después de algunos millones de años. Con certero sentido del humor, André Frossard comentó que a Descartes no se le ocurrió la “idea clara y distinta” de que, mucho antes de que él se aburriera de Dios, Dios podría aburrirse de él. 

 

En tercer lugar, subrayo que el bien hace crecer a la persona en cuanto tal, mientras que el mal la hace decrecer. León Tolstoi comienza su novela Anna Karenina así: “Todas las familias felices se parecen entre sí; cada familia infeliz lo es a su manera”. Se trata de una frase impresionante; sin embargo me parece que estuvo mucho más cerca de la verdad Vladimir Nabokov, quien invirtió esa frase, diciendo: "Todas las familias infelices se parecen entre sí; cada familia feliz lo es a su manera". La verdadera alegría, la alegría cristiana, proviene de la santidad; y la santidad no masifica, sino que personaliza. Esto se puede apreciar contemplando la enorme variedad de tipos humanos que integran el santoral de la Iglesia. Todos los santos fueron muy felices, pese a sus sufrimientos; pero también fueron sumamente diferentes entre sí. Extrapolando esta ley al más allá, podemos comprender que el Cielo no disolverá nuestras respectivas personalidades, sino que las exaltará a la vez que hará plena nuestra unión con Dios y entre nosotros.

 

En cuarto y último lugar, enfatizo que el Cielo será un estado de plenitud, donde no nos faltará nada de lo realmente bueno. Siendo un niño pequeño, me preocupaba pensar que en el Cielo, por ser éste un lugar tan grande y lleno de gente, quizás no volvería a encontrarme con mis seres queridos. En realidad, no puede ser así. En el Cielo no sólo gozaremos de la perfecta alegría de la contemplación de Dios, sino también de la alegría de una perfecta sociedad de hermanos. Evidentemente esa sociedad incluye a nuestros seres queridos bienaventurados.

 

No quiero eludir el aspecto más difícil de esta cuestión, que se resume en esta pregunta: ¿Cómo podríamos ser felices en el Cielo si alguno de nuestros seres queridos se condenara eternamente? Santo Tomás de Aquino enseña que los bienaventurados se alegran por las penas infernales de los condenados, aunque no por las penas en sí mismas, sino en cuanto éstas manifiestan la justicia divina (cf. Suma Teológica, Suplemento, Cuestión 94, Artículo 3: Si los bienaventurados se alegran del castigo de los condenados). Aun aceptando esta doctrina tomista, podemos reconocer que la cuestión nos sigue resultando misteriosa. En un intento de respuesta complementaria a la de la Suma Teológica, traigo aquí a colación una frase de un pensador con quien discrepo mucho, pero que en este caso ofrece, a mi juicio, una pista válida. Dice Teilhard de Chardin que el Pleroma (es decir, la plenitud del Cielo) se pierde para el condenado, pero éste no se pierde para el Pleroma.

 

No debemos dejarnos engañar por dilemas absurdos, como el de un personaje de ficción que prefiriera condenarse antes que separarse de su amante pecadora. Si esta última se ha condenado es porque no amó de verdad a nadie, ni siquiera a nuestro hipotético personaje. Y si éste elige el Infierno para estar con su amada, en ese mismo acto de elección deja de amar de verdad, también a aquella que fue su ser más querido. De modo que no tendría ninguna lógica una rebelión colectiva contra Dios, al estilo de un motín, como si se dijera: “Al Cielo entramos todos o no entra nadie”. No es culpa de Dios que alguien se condene; y la verdadera solidaridad es incompatible con el egoísmo que conduce al Infierno. Tampoco tendría posibilidad alguna de éxito un intento de chantaje emocional contra Dios, como si alguien dijera: “O me dejan entrar al Cielo así como soy, en pecado mortal, o me voy al Infierno y así les arruino la fiesta, destruyendo la felicidad del Cielo”. La infinita felicidad del Cielo no depende de la decisión contingente de un ser finito. Nadie puede destruirla. Y esto es perfectamente justo. 

 

La tercera y última objeción frecuente contra la escatología cristiana que analizaré es la afirmación de que Dios y el Infierno no pueden coexistir, puesto que Dios sería injusto y cruel si hubiera creado el Infierno.

 

A esta objeción respondo con la clásica respuesta cristiana al problema del mal. Dios no es el autor del mal. Él no lo causa, sino que lo permite, por razones que Él, por su infinita sabiduría, comprende mucho mejor que nosotros. Dios creó al mundo para el hombre y se ha complacido en crear al hombre a su imagen y semejanza. Por eso el hombre es un ser espiritual, inteligente y libre. A la vez que atrae constantemente al hombre al Sumo Bien, Dios respeta la libertad humana. Y la libertad es un arma de doble filo, por así decir. Ser libres es nuestra grandeza y nuestro riesgo. En nuestra posibilidad de elegir y hacer el mal hay una especie de necesidad metafísica. Para poder amar a Dios libremente es necesario que podamos aceptarlo o rechazarlo libremente; pero entonces también el pecado es para nosotros una posibilidad real. Dios podría haberla evitado negándonos la libertad, pero no ha querido crear robots, sino seres semejantes a Él, destinados a ser sus hijos, partícipes de su naturaleza divina. El Cielo no es un campo de concentración al que todos seremos llevados a la fuerza, queramos o no queramos. Por otra parte subrayo que Dios no sólo es misericordioso, sino también justo, y que, al condenar al Infierno a quienes lo han rechazado hasta el fin, Dios no comete ninguna injusticia, sino que manifiesta su justicia. No debemos imaginar que Dios rechaza a los condenados pese a que éstos se arrepienten en medio de las penas infernales. En el Infierno no hay verdadero arrepentimiento.

  

5.    Crítica de las desviaciones heterodoxas con respecto a la escatología católica

 

Históricamente, las principales desviaciones doctrinales en la escatología cristiana fueron las siguientes:

·      El platonismo negó la resurrección.

·      El origenismo enseñó la apocatástasis, el infierno medicinal, la preexistencia de las almas y la reencarnación.

·      La reforma protestante negó la existencia del purgatorio y las indulgencias. La constitución Benedictus Deus del Papa Benedicto XII (en 1336) había definido el dogma de la retribución inmediata: visión beatífica, purgatorio o penas infernales. El Concilio de Trento supuso que la existencia del purgatorio es una doctrina de fe definida.

·      Algunos protestantes del siglo XX enseñaron la doctrina de la muerte total y la recreación. (12)

 

En la última parte de esta ponencia haré una breve referencia a tres tendencias erróneas en materia de escatología dentro de la teología católica contemporánea.

 

El primero de esos errores se refiere a la escatología colectiva, o sea la parte de la teología que trata acerca de la Parusía, el fin de los tiempos, el juicio final, la resurrección de los muertos, los cielos nuevos y la tierra nueva.

 

Creemos que todo será recapitulado en Cristo (13). La fe católica sobre la relación del mundo presente con el mundo futuro integra dos aspectos complementarios: por una parte, el mundo futuro surgirá a partir de una transformación del mundo presente; por otra parte, el mundo futuro será un mundo renovado, fruto de la acción transfiguradora de Dios. La tensión entre estos dos aspectos complementarios de nuestra fe ha dado lugar a dos corrientes de pensamiento en la escatología católica, corrientes que suelen designarse como encarnacionismo y escatologismo. El encarnacionismo subraya más la continuidad entre el mundo presente y el mundo futuro, mientras que el escatologismo subraya más la discontinuidad entre ambos mundos. Estas dos corrientes se dan tanto en formas moderadas, que permanecen dentro de la ortodoxia, como en formas radicales, heterodoxas. Hoy en día el encarnacionismo radical es más común que el escatologismo radical.

 

Opino que Pierre Teilhard de Chardin es el principal exponente del encarnacionismo radical. Aunque no es fácil dar un juicio definitivo sobre su pensamiento, debido a la oscuridad y ambigüedad de su forma de expresión, pienso que es justo decir que en Teilhard se puede apreciar una escatología de sabor naturalista e incluso panteísta. Casi podría decirse que, según Teilhard, la evolución cósmica, biológica y antropológica, converge finalmente en Cristo, el Punto Omega de la evolución, por su propia fuerza intrínseca. En cambio, según la Divina Revelación, la Jerusalén celestial desciende de lo alto, como un don de Dios (cf. Apocalipsis 21,2). (14)

 

El segundo error que mencionaré se refiere a la escatología intermedia, o sea la parte de la teología que trata acerca del período entre el juicio particular y el juicio final. En ese período existen las almas separadas y el purgatorio. Los que mueren en la gracia de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su salvación eterna, sufren una purificación después de su muerte, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en el gozo de Dios. En virtud de la “comunión de los santos”, la Iglesia encomienda los difuntos a la misericordia de Dios y ofrece sufragios en su favor, en particular el santo sacrificio eucarístico.

 

El error en cuestión es la doctrina de la resurrección en la muerte, impulsada principalmente por Karl Rahner (15). Esta doctrina, que no parece dejar lugar para la fe católica en el Purgatorio, fue rechazada por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en la carta Recentiores, de 1979 (16). Este error es una de las principales consecuencias de la corriente de pensamiento que ha dado en llamarse “deshelenización” o “desplatonización” del cristianismo. Esa corriente considera erróneamente que la antropología unitaria de la Biblia es incompatible con la antropología hilemorfista de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, a la que acusa falsamente de “dualismo”, equiparándola con la muy diferente antropología platónica. Por esa razón, la misma corriente sostiene erróneamente que la doctrina bíblica sobre la resurrección de los muertos es incompatible con la doctrina “griega” de la inmortalidad del alma.

 

El tercer y último error que señalaré se refiere a la escatología individual, o sea la parte de la teología que trata acerca de la muerte, el juicio particular, el infierno, el purgatorio y la gloria del cielo.

 

El error en cuestión es la negación de la existencia del Infierno, negación que hoy en día se ha difundido mucho, en una especie de rebrote de la apocatástasis origenista. (17)

 

Siguiendo las enseñanzas de Cristo, la Iglesia advierte a los fieles de la “triste y lamentable realidad de la muerte eterna”, llamada también "Infierno". La pena principal del Infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien solamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. La Iglesia ruega para que nadie se pierda: “Jamás permitas, Señor, que me separe de ti.” Si bien nadie puede salvarse a sí mismo, también es cierto que “Dios quiere que todos los hombres se salven” (1 Timoteo 2,4) y que para Él "todo es posible” (Mateo 19,26).

 

Buenos Aires, 2 de diciembre de 2011.

XIV Encuentro de Formación Católica.

 

Notas

 

1) Véase: www.worldvaluessurvey.org.

 

2) Néstor Da Costa - Guillermo Kerber - Pablo Mieres, Creencias y Religiones. La religiosidad de los montevideanos al fin del milenio, Ediciones Trilce, Montevideo 1996; y Néstor Da Costa, Religión y Sociedad en el Uruguay del siglo XXI. Un estudio de la religiosidad en Montevideo, CLAEH, CUM, Montevideo 2003.

 

3) Richard Dawkins, Is Science a Religion?, en:

http://www.thehumanist.org/humanist/articles/dawkins.html

La traducción, de Rolón Ríos, ha sido revisada por mí.

 

4) Cf. Roger Verneaux, Filosofía del Hombre, Curso de Filosofía Tomista 5, Editorial Herder, Barcelona 1988, pp. 215-221. Acerca de la espiritualidad de la inteligencia humana, véase: Ídem, pp. 113-118. Acerca de la espiritualidad de la voluntad humana, véase: Ídem, pp. 161-162.

 

5) Los siguientes dos párrafos están basados en: J. M. Bochenski, Introducción al pensamiento filosófico, Editorial Herder, Barcelona 1986, pp. 82-83.

 

6) Acerca de las utopías intrahistóricas, recomiendo este texto del Card. Joseph Ratzinger: “Si la fe cristiana no conoce utopías intrahistóricas, sí conoce una promesa: la resurrección de los muertos, el juicio y el Reino de Dios. Es verdad que todo esto le suena al hombre actual como algo mitológico, pero es mucho más razonable que la mezcla de política y escatología que se produce en una utopía intrahistórica. Es más lógica y apropiada una separación entre las dos dimensiones en una tarea histórica; esta tarea, por su parte, asume, a la luz de la fe, nuevas dimensiones y posibilidades en orden a un mundo nuevo que será obra del mismo Dios. Ninguna revolución puede crear un hombre nuevo; el intentarlo supone violencia y coacción. Dios es quien lo puede crear partiendo de la propia interioridad humana. La esperanza de ese futuro confiere al comportamiento intrahistórico una nueva esperanza.

     No se da ninguna respuesta suficiente a las exigencias de justicia y de libertad cuando se deja de lado el problema de la muerte. Todos los muertos de la historia fueron engañados si solamente un difuso futuro traerá algún día la justicia sobre la tierra. No significa para ellos ninguna ventaja cuando se dice que han colaborado a la preparación de la liberación y que, por tanto, ya han entrado en ella. Realmente no han participado de ella, sino que han salido de la historia sin haber obtenido justicia. La medida de la injusticia en este caso sigue siendo infinitamente mayor que la medida de la justicia. Por este motivo, un pensador tan coherentemente marxista como Adorno ha dicho que, si aquí tiene que haber justicia, tendría que haber justicia también para los muertos. Una liberación que encuentra en la muerte su límite definitivo no es una liberación real. Sin una solución al problema de la muerte, todo lo demás resulta irreal y contradictorio.

     Por eso la fe en la resurrección de los muertos es el punto a partir del cual se puede pensar en una justicia para la historia y puede llegar a ser razonable una lucha por la justicia. Solamente si existe una resurrección de los muertos tiene sentido una lucha por la justicia. Porque sólo entonces la justicia es algo superior al poder; sólo entonces la justicia es una realidad; de lo contrario, no sería más que un concepto vacío.

     La certeza de un juicio universal del mundo tiene también un sentido práctico; la convicción de que habrá un juicio ha sido siempre, a lo largo de los siglos, una fuerza de continua renovación que ha mantenido a los poderosos dentro de sus límites. Todos y cada uno de nosotros tendremos que pasar por este juicio, y esto establece una igualdad entre los hombres a la que ninguno podrá nunca sustraerse. El juicio no nos exime del esfuerzo por promover la justicia de la historia; por el contrario, da a este esfuerzo su sentido y sustrae su obligación a cualquier arbitrariedad.

     De este modo, el Reino de Dios no es un mero futuro indefinible; sólo en la medida en que nosotros ya en esta vida pertenecemos al Reino, le perteneceremos también en aquel día. No es la fe escatológica la que transfiere el Reino al futuro, sino la utopía, porque su futuro no tiene ningún presente y su hora no llega nunca.” (Card. Joseph Ratzinger, Iglesia, Ecumenismo y Política. Nuevos ensayos de eclesiología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1987, pp. 298-300).

 

7) Acerca del nihilismo, recomiendo este texto del Papa Juan Pablo II: “Las tesis examinadas hasta aquí llevan, a su vez, a una concepción más general, que actualmente parece constituir el horizonte común para muchas filosofías que se han alejado del sentido del ser. Me estoy refiriendo a la postura nihilista, que rechaza todo fundamento a la vez que niega toda verdad objetiva. El nihilismo, aun antes de estar en contraste con las exigencias y los contenidos de la palabra de Dios, niega la humanidad del hombre y su misma identidad. En efecto, se ha de tener en cuenta que la negación del ser comporta inevitablemente la pérdida de contacto con la verdad objetiva y, por consiguiente, con el fundamento de la dignidad humana. De este modo se hace posible borrar del rostro del hombre los rasgos que manifiestan su semejanza con Dios, para llevarlo progresivamente o a una destructiva voluntad de poder o a la desesperación de la soledad. Una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusión pretender hacerlo libre. En efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente.

      Al comentar las corrientes de pensamiento apenas mencionadas no ha sido mi intención presentar un cuadro completo de la situación actual de la filosofía, que, por otra parte, sería difícil de englobar en una visión unitaria. Quiero subrayar, de hecho, que la herencia del saber y de la sabiduría se ha enriquecido en diversos campos. Basta citar la lógica, la filosofía del lenguaje, la epistemología, la filosofía de la naturaleza, la antropología, el análisis profundo de las vías afectivas del conocimiento, el acercamiento existencial al análisis de la libertad. Por otra parte, la afirmación del principio de inmanencia, que es el centro de la postura racionalista, suscitó, a partir del siglo pasado, reacciones que han llevado a un planteamiento radical de los postulados considerados indiscutibles. Nacieron así corrientes irracionalistas, mientras la crítica ponía de manifiesto la inutilidad de la exigencia de autofundación absoluta de la razón.

     Nuestra época ha sido calificada por ciertos pensadores como la época de la «postmodernidad». Este término, utilizado frecuentemente en contextos muy diferentes unos de otros, designa la aparición de un conjunto de factores nuevos, que por su difusión y eficacia han sido capaces de determinar cambios significativos y duraderos. Así, el término se ha empleado primero a propósito de fenómenos de orden estético, social y tecnológico. Sucesivamente ha pasado al ámbito filosófico, quedando caracterizado no obstante por una cierta ambigüedad, tanto porque el juicio sobre lo que se llama «postmoderno» es unas veces positivo y otras negativo, como porque falta consenso sobre el delicado problema de la delimitación de las diferentes épocas históricas. Sin embargo, no hay duda de que las corrientes de pensamiento relacionadas con la postmodernidad merecen una adecuada atención. En efecto, según algunas de ellas el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente; el hombre debería ya aprender a vivir en una perspectiva de carencia total de sentido, caracterizada por lo provisional y fugaz. Muchos autores, en su crítica demoledora de toda certeza e ignorando las distinciones necesarias, contestan incluso la certeza de la fe.

     Este nihilismo encuentra una cierta confirmación en la terrible experiencia del mal que ha marcado nuestra época. Ante esta experiencia dramática, el optimismo racionalista que veía en la historia el avance victorioso de la razón, fuente de felicidad y de libertad, no ha podido mantenerse en pie, hasta el punto de que una de las mayores amenazas en este fin de siglo es la tentación de la desesperación.

     Sin embargo es verdad que una cierta mentalidad positivista sigue alimentando la ilusión de que, gracias a las conquistas científicas y técnicas, el hombre, como demiurgo, pueda llegar por sí solo a conseguir el pleno dominio de su destino.” (Juan Pablo II, carta encíclica Fides et Ratio, nn. 90-91).

 

8) J. M. Bochenski, o.c., pp. 83-85.

 

9) Cf. Comisión Teológica Internacional, Algunas cuestiones actuales de escatología, 1990, en:

http://www.unav.es/tdogmatica/escat/CTI90.html

 

10) En este punto, mis reflexiones se basan principalmente en: Paul Siwek SJ, La réincarnation des esprits, Desclée, De Brouwer et Cie, Rio de Janeiro 1942.

 

11)  Esta acusación es típica de los marxistas, que, siguiendo a Karl Marx, ven en la religión a un “opio de los pueblos”. Curiosamente, el gran escritor argentino Borges hace a los cristianos la acusación inversa: el amor de los cristianos a esta vida revelaría su falta de fe en la vida eterna. Véase: Jorge Luis Borges, El inmortal, en: El Aleph, Alianza Editorial, Madrid 1987, pp. 21-22. La respuesta a ambas acusaciones (la de Marx y la de Borges) es la misma: el “y” católico (al decir de Hans Urs von Balthasar). El cristiano no tiene que elegir entre el amor a los hombres y el amor a Dios, entre sus deberes civiles y sus deberes religiosos, entre el aprecio a su vida terrena y su fe en la vida eterna. En estos y otros temas semejantes, el cristiano no se encuentra en un dilema entre dos alternativas excluyentes: o lo uno o lo otro. En cambio, por su fe él aspira a ambas cosas: lo uno y lo otro; dentro de un orden en el que rige el primado de lo divino.

 

12) Lo dicho hasta aquí en el numeral 5 está basado en: Justo Collantes, La Fe de la Iglesia Católica. Las ideas y los hombres en los documentos doctrinales del Magisterio, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1986, Capítulo X. Las realidades últimas, pp. 804-844.

 

13) Cf. 1 Corintios 15,16-28; Concilio Vaticano II, constitución dogmática Lumen Gentium, n. 51b.

 

14) Véase, por ejemplo, este texto de Teilhard: “… imagino que nuestra Noosfera está destinada a cerrarse aislada en sí misma, y que debe ser sobre una dirección no espacial, sino psíquica, por donde ha de hallar, sin necesidad de abandonar ni de desbordar la Tierra, la línea de su evasión.

     Es aquí ahora en donde reaparece de una manera perfectamente natural la noción de cambio de estado.

     La Noogénesis va ascendiendo de una manera constante en nosotros y a través de nosotros. Hemos reconocido ya las características principales de este movimiento: acercamiento de los granos de Pensamiento, síntesis de individuos y síntesis de naciones o de razas, necesidad de un Foco personal autónomo y supremo para coaligar, sin deformarlas, dentro de una atmósfera de simpatía activa, las personalidades elementales. Todo ello, de nuevo, bajo el combinado efecto de las curvaturas: la esfericidad de la Tierra y la convergencia cósmica del Espíritu, de acuerdo con la Ley de Complejidad y Consciencia.

     Pues bien: una vez que, gracias a la aglomeración suficiente de un número también suficiente de elementos, este movimiento de naturaleza esencialmente convergente, haya alcanzado una tal intensidad y una tal cualidad para unificarse aún más, la Humanidad, considerada en su conjunto, deberá, tal como había sucedido ya en las fuerzas individuales del instinto, reflejarse a su vez “puntualmente” sobre sí misma (es decir, en este caso, abandonar su soporte órgano-planetario para excentrarse hacia el Centro trascendental de su concentración creciente), y entonces llegará para el Espíritu de la Tierra el fin y la coronación.” (Pierre Teilhard de Chardin, El fenómeno humano, Ediciones Orbis S.A., Historia del pensamiento 14, Barcelona 1984, pp. 289-290). 

     Para una buena síntesis del pensamiento de Teilhard, véase la Gran Enciclopedia Rialp, voz “Teilhard de Chardin, Pierre”, en: http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=3102&cat=biografiasuelta

     El Magisterio de la Iglesia rechazó sustancialmente la obra de Teilhard en los siguientes documentos: Sagrada Congregación del Santo Oficio, Advertencia acerca de los escritos del Padre Teilhard de Chardin, 30/06/1962; Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede (publicado en la edición inglesa de L´Osservatore Romano del 20/07/1981). Ambos documentos pueden ser consultados en http://www.ewtn.com/library/CURIA/CDFTEILH.HTM.

 

15) La enorme producción teológica de Karl Rahner incluye muchos escritos acerca de la escatología. Para obtener una visión sintética de la escatología de Rahner, véase: Karl Rahner, Curso fundamental sobre la fe. Introducción al concepto de cristianismo, Editorial Herder, Barcelona 1979, Grado noveno: La escatología, pp. 495-513. Allí la tesis de la resurrección en la muerte está presente de un modo implícito y matizado (¿o disimulado?). Varios discípulos de Rahner (entre ellos Leonardo Boff) propusieron la misma tesis de un modo más radical.

 

 

16) “Esta Congregación, que tiene la responsabilidad de promover y de salvaguardar la doctrina de la fe, se propone recoger aquí lo que, en nombre de Cristo, enseña la Iglesia, especialmente sobre lo que acaece entre la muerte del cristiano y la resurrección universal.

1) La Iglesia cree (cfr. el Credo) en la resurrección de los muertos.

2) La Iglesia entiende que la resurrección se refiere a todo el hombre: para los elegidos no es sino la extensión de la misma Resurrección de Cristo a los hombres.

3) La Iglesia afirma la supervivencia y la subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual que está dotado de conciencia y de voluntad, de manera que subsiste el mismo «yo» humano. Para designar este elemento, la Iglesia emplea la palabra «alma», consagrada por el uso de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Aunque ella no ignora que este término tiene en la Biblia diversas acepciones, opina, sin embargo, que no se da razón alguna válida para rechazarlo, y considera al mismo tiempo que un término verbal es absolutamente indispensable para sostener la fe de los cristianos.

4) La Iglesia excluye toda forma de pensamiento o de expresión que haga absurda e ininteligible su oración, sus ritos fúnebres, su culto a los muertos; realidades que constituyen substancialmente verdaderos lugares teológicos.

5) La Iglesia, en conformidad con la Sagrada Escritura, espera «la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro Señor» (Dei Verbum I, 4) considerada, por lo demás, como distinta y aplazada con respecto a la condición de los hombres inmediatamente después de la muerte.

6) La Iglesia, en su enseñanza sobre la condición del hombre después de la muerte, excluye toda explicación que quite sentido a la Asunción de la Virgen María en lo que tiene de único, o sea, el hecho de que la glorificación corpórea de la Virgen es la anticipación de la glorificación reservada a todos los elegidos.

7) La Iglesia, en una línea de fidelidad al Nuevo Testamento y a la Tradición, cree en la felicidad de los justos que estarán un día con Cristo. Ella cree en el castigo eterno que espera al pecador, que será privado de la visión de Dios, y en la repercusión de esta pena en todo su ser. Cree, por último, para los elegidos, en una eventual purificación, previa a la visión divina; del todo diversa, sin embargo, del castigo de los condenados. Esto es lo que entiende la Iglesia, cuando habla del infierno y del purgatorio.”

(Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Recentiores sobre algunas cuestiones referentes a la escatología, 17/05/1979).

 

17) La existencia y la eternidad del infierno es un dogma de la fe católica. La doctrina de la apocatástasis niega la eternidad de las penas infernales para los hombres pecadores y para los demonios y postula la salvación definitiva de todos los seres racionales. Esa doctrina fue rechazada por todos los Padres de la Iglesia, salvo Orígenes y San Gregorio de Nisa. Además fue rechazada por el Magisterio de la Iglesia en numerosas oportunidades: en el Sínodo provincial de Constantinopla (del año 543), en el símbolo Quicumque, en el credo Firmiter del Concilio Ecuménico de Letrán IV (de 1215), en la constitución Benedictus Deus del Papa Benedicto XVI (de 1336), en el Credo del Pueblo de Dios del Papa Pablo VI (de 1968), etc.

     En el siglo XX, quien más influyó para replantear la cuestión de la apocatástasis dentro de la teología católica fue Hans Urs von Balthasar. Von Balthasar niega explícita y reiteradamente que él esté proponiendo la teoría de la apocatástasis. Sin embargo, es tan categórico al negar que nosotros sabemos que hay o habrá seres humanos eternamente condenados, y tan enérgico en su defensa de una esperanza de la salvación de todos que parece decir que, de hecho, nadie se condenará eternamente. Su tesis puede expresarse así: aunque la condenación eterna sea una posibilidad real, podemos esperar que todos se salven, y es muy improbable que alguien se condene. Von Balthasar repite a menudo que no es posible alcanzar la certeza en esta materia, pero parece afirmar que en la práctica podemos considerar que de hecho no hay condenados. Es casi innecesario agregar que la Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia se oponen masivamente a esta tesis de von Balthasar.

 

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¿MYSU o Briozzo?

 

Lic. Néstor Martínez 

 

“Iniciativas Sanitarias” se publicitó como una forma totalmente segura de asesorar a las mujeres sobre cómo abortar a domicilio usando Misoprostol, con asistencia médica antes y después del aborto.

 

Se hizo propaganda de la supuesta disminución a cero de las muertes maternas por abortos una vez instauradas dichas “Iniciativas”.

 

Se usó eso también como forma de tapar el hecho de que se estaba violando la ley al asesorar a las mujeres sobre cómo cometer el delito de aborto.

 

Ahora otra organización que promueve la legalización del aborto, MYSU, dice en su sitio web que ha muerto una mujer por intentar hacerse en su casa un aborto con Misoprostol.

 

http://www.mysu.org.uy/UNA-MUJER-MUERTA-POR-ABORTO

 

Dice textualmente:

 

“Hoy tomamos conocimiento que en el Hospital de Clínicas hace unos días, murió una mujer a causa de un aborto clandestino. No fue posible salvar su vida a pesar de los esfuerzos que realizó el cuerpo médico que la asistió cuando llegó con una infección severa. La muerte de una mujer joven por haberse practicado un aborto con misoprostol en la clandestinidad es una nueva y triste evidencia de la problemática que el país aún no ha resuelto.

 

Esta cruda realidad se agrega a la de tantas otras mujeres que llegan a los centros asistenciales con situaciones delicadas de salud producto del desamparo que implica transitar por un aborto en la ilegalidad. La muerte de esta mujer y el impacto irremediable que ello genera podría y debería haberse evitado si se contara con una ley que garantice el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo y los servicios seguros y legales adecuados para ello.”

 

Al parecer, entonces, las mujeres asesoradas para abortar con Misoprostol en el Hospital Pereira Rossell “llegan a los centros asistenciales con situaciones delicadas de salud producto del desamparo que implica transitar por un aborto en la ilegalidad”.

 

Parece entonces que las “Iniciativas” no son tan seguras como se decía. Dice, en efecto, MYSU:

 

“Si alguien considera que el ingreso del misoprostol en el mercado clandestino para la realización de abortos con medicamentos ha resuelto la situación, está lejos de conocer la realidad cotidiana de quienes toman la decisión de interrumpir un embarazo que no desean o no pueden continuar.”

 

Y de hecho, lo que piden no es una mejor aplicación de las “Iniciativas”, sino la legalización del aborto, como se ve.

 

¿Cómo? ¿No es entonces un procedimiento “totalmente seguro” el abortar en el baño de la propia casa usando Misoprostol, como sostienen el Dr. Briozzo y sus colaboradores?

 

¿Fue el personal del Pereira Rossell, en cumplimiento de las “Iniciativas Sanitarias”, el que asesoró a la mujer fallecida acerca del modo de abortar con Misoprostol?

 

Ahora resulta que se quiere utilizar la muerte de esta mujer, justo en momentos en que se está por discutir el proyecto de legalización del aborto en Diputados, como argumento para aprobar la ley.

 

Hace falta solamente memoria para acordarse de que de un tiempo a esta parte siempre, de forma sistemática, salen a la prensa noticias dramáticas justo antes de la discusión de alguno de estos “polémicos” proyectos de ley.

 

Por tanto, por un lado, el éxito de las “Iniciativas Sanitarias” se prueba porque desde que se aprobaron hay cero mujeres muertas por aborto, y la necesidad de legalizar el aborto se prueba porque las “Iniciativas” tampoco son seguras, ya que han costado la muerte de una mujer.

 

¿A quién hay que creerle? ¿A MYSU o al Dr. Briozzo?

 

Lo que más llama la atención es la frescura con que se cambia de viento, y lo que ayer era un logro hoy se presenta como un mal a remediar mediante la legalización del aborto.

 

Todo sirve con tal de despenalizar y legalizar el homicidio del no nacido.

 

Pero además, ¿no estuvo MYSU entre las organizaciones que festejaron la sanción de la ley llamada “de Salud Sexual y Reproductiva”, donde se da alcance nacional a las “Iniciativas Sanitarias” del Dr. Briozzo?

 

En efecto, parece que el título de esta nota debería ser “¿MYSU o MYSU?” Véase lo que las responsables de MYSU dicen en una colaboración a la obra colectiva que el Dr. Briozzo publicó celebrando sus “Iniciativas Sanitarias”, que de “sanitarias” no tienen nada (los subrayados son nuestros):

  

“La experiencia en escenarios locales para la implementación y difusión de la normativa sanitaria “Asesoramiento para una maternidad segura. Medidas de protección materna frente al aborto provocado en condiciones de riesgo” (MSP, Ordenanza Nº 369, 2004), que se está desarrollando en el marco del proyecto “Proteger la vida y la salud de las mujeres mediante la reducción de abortos en condiciones de riesgo” es un excelente ejemplo de articulación de esfuerzos con base en la participación comunitaria.

 

Esta experiencia ilustra y enseña sobre la importancia que tiene intervenir al mismo tiempo en el centro de salud (mediante la sensibilización y la capacitación del personal)  y en la comunidad (mediante el involucramiento de los actores locales y de la población en general) para el logro de servicios de atención y de orientación integrales que satisfagan las necesidades y demandas específicas de mujeres en situación de embarazo no deseado y aborto.”

 

(ABRACINSKAS, Lilián, y LÓPEZ, Alejandra, “Problemas complejos, intervenciones integrales. Aborto inseguro, mortalidad de mujeres, reducción de incidencia y ejercicio de derechos”, en: BRIOZZO, Leonel, (ed.), Iniciativas Sanitarias contra el aborto provocado en condiciones de riesgo, Montevideo, 2007).

 

¿No sería entonces más bien ocasión para un mea culpa por haber promovido métodos que ahora resulta que conllevan peligro de muerte para las mujeres?

 

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Tolerancia cero con la secularización interna de la Iglesia

El obispo de Solsona concede una entrevista a InfoCatólica

 

En una entrevista con ocasión de la presentación de su libro «Carta a los jóvenes», Monseñor Xavier Novell, obispo de Solsona, ha tenido la amabilidad de responder a las preguntas de InfoCatólica. El obispo de Solsona habla sin miedo sobre temas tan interesantes como las reformas que necesita la Iglesia, la fragilidad afectiva de los jóvenes de hoy, los medios de comunicación y los obispos catalanes, Germinans Germinabit, la atención espiritual a los inmigrantes o la importancia de medios digitales católicos como InfoCatólica.

 

06/06/11 11:57 PM. Ver también:

·         «Por fin un obispo dice las cosas como son sobre este tema», por Bruno Moreno

·         «Mons. Novell es un obispo germinante aunque no lo sepa», por Luis Fernando Pérez

 

(Bruno Moreno/InfoCatólica) Monseñor, este libro, Carta a los Jóvenes, está firmado por Xavier Novell, que es el obispo de Solsona. Al igual que ha pasado con los dos últimos libros del Papa, ¿habría que distinguir al obispo del autor del libro o eso no es necesario en este caso?

Quizás un poco sí. Es verdad que digo lo que pienso y no vivo dividido, como si una cosa fuera lo que piensa Xavier Novell y otra lo que piensa el obispo de Solsona, ni mucho menos. Es cierto, sin embargo, que, queriendo hablar a los jóvenes, he compartido con ellos en un formato de carta visiones y teorías pastorales que no tengo pretensión de presentar como enseñanza de la Iglesia. Son el fruto de veinte años de experiencia con jóvenes. En la introducción del libro menciono que incluyo un conjunto de ideas no doctrinales y que se pueden discutir, que provienen de mi experiencia. Así pues, en ese sentido, no tengo pretensión de magisterio, sino más bien de establecer con los jóvenes una conversación.

 

–¿Por qué ese género epistolar?

Fue una propuesta de la editorial. Me propusieron escribir una carta a los jóvenes y pensé en escribir cinco o seis páginas. Entonces me dijeron que era un libro de cien páginas y pensé “bueno, esto no es una carta” [risas]. También es verdad que hay una larga tradición de que, cuando un obispo quiere dirigirse a sus fieles, les envía una carta pastoral. Esto no es una carta pastoral en sentido estricto, ya que no la he escrito para mis fieles de la diócesis de Solsona, sino para todos los jóvenes que quieran leerla, pero es cierto que la carta es un género propio del obispo cuando se dirige por escrito a los fieles.

 

–¿Tienen los jóvenes de hoy una cierta fragilidad afectiva?

No es un tema fundamental del libro. En la última parte, sobre cómo construir una vida moral en Cristo, aparece este aspecto.  Con todo, es verdad que la generación de jóvenes de hoy vive una afectividad y una construcción de la personalidad con más signos de fragilidad que quizás otras generaciones. Por varios motivos. Uno, por la fragilidad de sus propias familias. Muchísimos jóvenes han visto y sufrido la separación de sus padres. Todos han vivido en un contexto en el que una relación de amor para siempre no es el modelo único, sino una débil posibilidad en un contexto de disolución de la estructura familiar. Por otro lado, hay una iniciación al amor muy superficial, muy sexual y por tanto las experiencias en la adolescencia de algunos jóvenes, muchos más de lo que nos gustaría, son de una falsedad amorosa y afectiva de tales dimensiones que genera una gran fragilidad afectiva, entre otras muchas cosas.

 

–¿Qué busca con este libro?

Reproducir en él las conversaciones de acompañamiento espiritual que he mantenido con jóvenes a lo largo de estos veinte años. Para mí, el corazón de una pastoral de juventud es un conjunto de medios, de encuentros y de actividades que persiguen que el joven, a través del diálogo personal con un adulto en la fe, llegue a plantearse, buscar y encontrarse con Cristo y que eso cambie su vida.

Creo que hay un medio que no es el único, pero sí es importantísimo: es el acompañamiento espiritual, la dirección espiritual… con los diferentes nombres que ha recibido a lo largo de la historia. En el libro, no hablo de experiencias pastorales, movimientos, tipos de encuentros, tipos de formación, sino de qué conversación yo establecería con un joven con el que un día te cruzas y descubres una cierta sintonía. Y él piensa: “Este sacerdote, este joven mayor que yo… tengo ganas de hablar con él”. De ahí, hasta la santidad. Ése es el itinerario, en formato diálogo.

 

–Su libro es una Carta a los Jóvenes, dentro de poco celebraremos la Jornada Mundial de la Juventud. ¿Corremos un cierto peligro en la Iglesia de idolatrar a los jóvenes, como hace el mundo?

En el penúltimo capítulo del libro, hago un análisis de la situación de los jóvenes en España que es deletéreo [risas]. Idolatría a los jóvenes en mi libro, en absoluto. Ese capítulo creo que va a provocar chispas, en el sentido de que mucha gente va a pensar que soy un apocalíptico o que soy una persona que mira a la sociedad actual con una negatividad pasmosa, sólo propia de un principiante, de un ingenuo o de alguien que no es políticamente correcto. Por lo tanto, nada de idolatría. Con un gran realismo, a mi parecer, pero al mismo tiempo los jóvenes son la futura generación y, por lo tanto, hay que ofrecerles una propuesta de futuro radical. Para que no puedan decir: “Los que nos tuvieron que pasar el testigo, nos escondieron un tesoro y no lo pudimos descubrir y así nos va”.

Por lo tanto, un joven que quiera aceptar la propuesta que yo le hago para descubrir la felicidad, y para ello, tendrá que examinar y reconocer los profundos errores, las equivocaciones y las contradicciones que está viviendo. Va a pedir conversión, eso sin duda.

 

–Cada vez más la juventud es inmigrante, por las tasas de natalidad que tenemos. Da la impresión de que los inmigrantes vienen a perder la fe aquí. ¿En Solsona, se hace algo especial para ayudar en la fe a esos inmigrantes?

Hay parroquias que hacen algunas experiencias, por ejemplo aceptar colocar alguna Virgen patrona de algún país. Hicimos una convocatoria de una Eucaristía de inmigrantes con sus cantos y para crear un grupo de acompañamiento en la fe. Muchos de ellos vienen con una fe muy inmadura, porque en casa su madre era muy devota de una advocación de la Virgen, pero con un gran desorden en la vida moral… Hemos encontrado que para nosotros Latinoamérica es como una comunidad autónoma, pero luego entre Perú y Venezuela, por ejemplo, no se juntan ni por arte de magia. No es fácil una pastoral de todos los latinoamericanos.

Hay algunos que son unos cristianos firmes. Vienen allí a Solsona, que es todo catalanohablante, no entienden nada en la Misa y allí están, de rodillas y comulgando como Dios manda. Muchos otros vienen desestructurados y con una experiencia eclesial más débil, sólo acuden a pedir ayuda en un momento difícil. No es fácil.

 

–¿Habla también de la vocación o eso sólo es para nota, para el que está ya muy evangelizado?

Hice una opción, que es discutible. Hay cuatro partes en el libro: el primer capítulo trata el encuentro con Cristo, el segundo cómo trabar una amistad con Él (Eucaristía, confesión, oración) y el tercero no es la moral cristiana, sino la llamada la vocación, dejando el cuarto para la moral. Es una opción que puede sorprender. Parece que uno, antes de sentir una llamada, tiene que ordenar un poco su vida moral. Y es cierto, pero creo que en este contexto actual, salvo casos aislados de grupos en los que se ha hecho un trabajo pastoral desde niños, muchos jóvenes tienen una experiencia eclesial muy puntual y, en plena juventud, conocen a un amigo, se apuntan a un grupo, participan en una Jornada Mundial de la Juventud, hacen el Camino de Santiago y allí, con un encuentro con Cristo que transforma, surge la pregunta “¿Qué quieres de mí, Señor?”. El joven tiene muy presente esa cuestión de qué puede hacer con su vida. Por eso, muchos jóvenes sienten o huyen de esa llamada antes de haber llegado a articular una vida moral. Hay un capítulo genérico, la llamada a la santidad, y luego tres capítulos específicos: primero el matrimonio, luego el sacerdocio y finalmente la vida consagrada.

 

–¿Las carencias propias de los jóvenes de hoy afectan también a los seminaristas?

Es verdad que son chicos a los que les asustan las decisiones fuertes y definitivas. Decidir entrar al seminario siempre ha sido difícil: a mí también me costó. Cuento en el libro una anécdota del último seminarista que ha entrado en el seminario en Solsona. Hizo un proceso de discernimiento, vio claramente que el Señor lo llamaba, vino a hablar conmigo para comunicármelo, pero seguían las dudas. Estábamos  en la puerta de un restaurante muy barato en el que solíamos comer cuando hablábamos, junto a la facultad y le dije: “Abel, ¿qué hacemos? Si tenemos que celebrar algo vamos a otro restaurante mejor”. Y estuvimos un buen rato en silencio ante la puerta del restaurante [risas] y al final dijo: “Al bueno”. Yo le abracé y nos fuimos al bueno. Es verdad, los jóvenes tienen una cierta fragilidad para tomar decisiones determinantes en su vida. Y también después, deciden pero siempre hay una duda, un temor. Por eso, es importante que en los procesos de formación haya una ayuda para la formación afectiva, humana, espiritual. Además, todos los casos de pederastia que han salido a la luz nos exigen claramente un discernimiento sobre los que han de ser pastores en la Iglesia muy delicado.

 

–Nosotros, como diario electrónico, hemos sido testigos de los cambios que ha supuesto Internet. Por ejemplo, un mayor escrutinio público de lo que sucede en la Iglesia. ¿Eso es algo bueno?

Yo pienso que sí. En estos momentos, quien quiere informarse de lo que ocurre en la Iglesia, no mira la televisión, no lee los periódicos ni escucha la radio, sino que se informa a través de las plataformas como InfoCatólica y otras que existen, que le dan el pulso de la Iglesia de forma directa y constante, casi en tiempo real. Yo creo que es un instrumento muy interesante, porque muchas veces son plataformas muy eclesiales, con lo cual la versión de lo que vive la Iglesia es una versión menos sesgada.

Es verdad que hay alguna plataforma anónima, cuyos objetivos son críticos por sistema contra determinados obispos. En Barcelona está clarísimo, Germinans Germinabit. Yo no leo esta página, pero existe y hay muchísima gente que la lee. Muchas veces la Delegada de Medios me dice “Ha salido en Germinans” y me pasa el papel. Hay como un pacto de silencio y no se puede pronunciar este nombre. Cuando una plataforma no tiene rostro, es anónima, y tiene esa intención a mi juicio tan destructiva de atacar sistemáticamente al Arzobispo de Barcelona y a sus adláteres, entonces creo que no es una fuente de información fidedigna.

 

–Los obispos catalanes salen mucho más en la prensa que los del resto de España. ¿Es más difícil ser obispo en Cataluña?

¿Es verdad que salimos más en los medios? Yo no tenía esa sensación, ni mucho menos. Quizás por una cierta tendencia de los medios a ver si los obispos catalanes se casan o no con el nacionalismo, que puede tener interés mediático. De eso no nos ocupamos, al menos yo, y creo que el resto tampoco. En cambio, si uno escribe una carta pastoral…

He escrito una carta pastoral para los niños que se preparan para la primera comunión, mi primera carta pastoral y, como es evidente, ha tenido poca relevancia fuera de los medios locales, pero a mí me parece algo maravilloso. Mi primera carta pastoral es un cuento y les digo a mis feligreses: “Ved qué obispo os ha caído encima, que cuando escribe sólo es capaz de escribir un cuento” [risas]. Hubo un milagro, hace mil años en una pequeña parroquia de la diócesis, la Santa Duda de Iborra. Hemos celebrado un jubileo bellísimo y me pareció que con motivo de un encuentro de niños de catequesis que iban a hacer la primera comunión en Iborra, porque es un milagro eucarístico, yo tenía que darles una catequesis y escribí un cuento. Lo hice entre horas, en la semana de la Conferencia Episcopal y digo, por lo bajo, que es lo mejor que hice esa semana [risas]. Un cura hizo los dibujos, estilo manga, simpático e infantil. Lo hemos repartido entre los niños, quieren publicarlo… A mí me parece que lo que es noticia en la vida de los obispos no es noticia para los medios.

 

–La Iglesia es semper reformanda y supongo que eso es algo que un nuevo obispo ve con especial claridad. ¿Qué cosas están más necesitadas de reforma en la Iglesia en Solsona?

Está clarísimo que es necesaria una pastoral juvenil y vocacional que ayude a los jóvenes a plantearse seriamente la pregunta sobre la vocación. Somos muy pocos sacerdotes, aunque proporcionalmente somos muchos más que en otras diócesis. He hecho unos cálculos que hacen temblar, en veinte años, cuando tenga yo sólo sesenta, habrá en la diócesis cuarenta y cinco curas si no cambia la dinámica. En este momento, hay ochenta y cinco.

Otra cosa es implementar instrumentos de nueva evangelización. Tenemos parroquias que están asistiendo, de forma impasible y pesimista, a la decadencia inexorable. Cada vez menos, cada vez menos, cada vez menos y el último que apague la luz. Y eso no se parece en nada a lo que leemos estos días en los Hechos de los Apóstoles.

En tercer lugar, tolerancia cero con la actitud de contemporizar con personas que permiten e impulsan la secularización interna de la Iglesia. A mi juicio, eso nos ha hecho un daño impresionante. Para no enfrentarnos, para que el obispo sea simpático, para que el sacerdote tal no se ponga en contra, los laicos, quedar bien… La secularización interna en el sentido de gente que está en grupos de Iglesia que no tiene experiencia de encuentro con Cristo, que tiene una versión de fe muy contemporizadora. Hay que tener siempre mucha comprensión, ayudando a estas personas, pero no confiándoles responsabilidades de movimientos, de grupos, de parroquias ni de nada de eso, porque eso, entre otras cosas, es lo que ha hecho que nuestras parroquias decaigan de modo espectacular. Eso es fácil de decir para un obispo, pero mucho más difícil de hacer. Y, para hacerlo, es necesario contar con personas preparadas, con una adhesión eclesial firme, gozosa y alegre. Eso precisa tiempo y, mientras no haya gente preparada, cada uno tiene que arar con los bueyes que le han tocado [risas].

 

–Una última pregunta. Si en vez de una carta de cien páginas, tuviera que enviar un SMS, un breve mensaje de texto a un joven que lea esta entrevista, ¿qué le diría?

No tengas miedo de encontrarte con Cristo. Es lo mejor que te puede pasar en la vida.

 

–Estupendo. Muchas gracias.

 

Fuente: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=9315

 

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Del hinduismo al catolicismo

 

Carlos Caso-Rosendi

 

Esto es algo para leer y pensar. María está trayendo almas a la Iglesia mientras nosotros muchas veces nos callamos el Evangelio. Ésta es la historia de la conversión de una pareja hindú que María misma trajo a morar en la Iglesia Católica. Mientras tanto, ¿cuántos de nuestros jóvenes se han perdido a los Hare Krishna y a ese vago "orientalismo" del Yoga y cosas por el estilo? Esta historia de conversión sobrenatural ha ocurrido para que nos despertemos y actuemos con resolución para:

(1) Conocer el tesoro de la fe sobrenatural que nos legaron nuestros antepasados en la fe católica.

(2) Que lo demos a conocer a las miles de personas que Dios ha traído desde tierras lejanas para que sean nuestros vecinos, amigos, compañros de trabajo o de viaje.

 

El relato se parece bastante a la experiencia de mi amigo Roy Schoeman, el ingeniero judío que tuvo una "entrevista" con María en sus sueños y no descansó hasta que encontró la Iglesia en la que se respeta y honra a María. Esto ocurrió aquí en Virginia, prácticamente a un tiro de piedra de donde yo vivo.

 

Voy a entrevistar a esta pareja yo mismo, si Dios quiere, y publicaré su historia en Primera Luz. Por el momento, les animo a todos los que tengan un blog, website, periódico parroquial, etc. a que publiquen esta asombrosa e iluminadora historia.

 

*****

 

Del hinduismo al catolicismo

 

Hace tres años Uma Krishnan soñó con la Virgen María. Era enero de 2006 y vivía entonces en Singapur con su esposo, Kumar, y su hijo, Karthi. En sus sueños vio a una "dama muy humilde" rodeada de velas encendidas.

 

Tanto Uma como Kumar eran devotos hindúes y se daban cuenta de que la dama en el sueño de Uma no era ninguno de los dioses del hinduismo. No sabían casi nada del cristianismo pero pensaron que quizás esta dama fuera la Santísima Virgen María. De todos modos, debido a su tradición ancestral hindú, no le dieron mucha importancia a ese sueño.

 

Más tarde ese mismo año, Kumar consiguió un trabajo que lo llevaría a San Diego. Unos meses más tarde encontró otro trabajo en McLean, Virginia. Uma y Karthi llegaron ese mismo mes de diciembre para estar con él.

 

Este pasado abril, Uma soñó varias veces con María.

 

Una noche soñó que entraba en una iglesia que nunca había visto antes. Una vez adentro, se volvió a su derecha y encontró una pequeña sala donde había velas rojas y una estatua de María.

 

La segunda noche, volvió a ver la misma salita, pero esta vez vio una gran cruz hecha con hojas de palma.

 

En otra ocasión, soñó que estaba en un bote. A su derecha estaba una mujer africana de cabello oscuro y a su izquierda, una señora que llevaba una estola de paño azul y tenía una Biblia en la mano. La señora de azul le mostró a Uma unos versos de la Biblia que calmaron sus preocupaciones. En su sueño, Uma leyó los versos de la Biblia y entonces ambas mujeres desaparecieron.

 

Uma y Kumar charlaron sobre estos sueños y para la cuarta noche, decidieron visitar una iglesia para ver qué pasaba.

 

Kumar puso en Google las palabras St. Mary Church y el nombre del pueblo de Virginia donde residían, Fairfax. El primer resultado que salió, lo anotó en su aparato de GPS. La dirección era la de la Iglesia de María Nuestra Señora de Dolores en Fairfax, Virginia.

 

Cuando llegaron a la iglesia, Uma se asombró. Por fuera se veía igual a la Iglesia con la que ella había soñado. Al entrar miraron a la derecha y allí estaba la capillita con las velas rojas, la estatua de María y la Cruz, tal como en sus sueños. Uma se largó a llorar.

 

“Fue un momento tan emotivo”, relata Kumar. “Ni siquiera éramos cristianos, ni íbamos a adorar a la iglesia cuando esto ocurrió. Éramos hinduistas y no sabíamos exactamente cómo rezar, pero nos sentamos ahí y dijimos ‘Gracias. Gracias por estas visiones y gracias por traernos aquí. No sabemos qué hacer, dinos qué hacer, guíanos, muéstranos lo que debemos hacer.'”

 

Después de su primera visita pasaron unos días y Uma no regresó a la Iglesia, en vez de eso continuaron yendo al templo hinduista.

 

Entonces Uma tuvo otro sueño. Esta vez vio la estatua de María fuera de la iglesia. María tenía los brazos abiertos y una luz intensa brillaba detrás de ella. A Uma le parecía que la estatua le decía “Ven a mí”.

 

Cuando Uma le contó a Kumar, ambos decidieron ir esa tarde a la iglesia. Era miércoles y justo ese día había un encuentro de oración carismática en la sala principal. Los asistentes escucharon la experiencia de Uma y Kumar y oraron con ellos.

 

A partir de esa tarde, Uma and Kumar comenzaron a asistir a Misa con el grupo de oración carismático.

 

Los sueños de Uma continuaron, pero la pareja comenzó a experimentar "disturbios espirituales". Uma tenía pesadillas y durante el día, cuando estaba sola en su casa, escuchaba unas risas extrañas, resoplidos o el sonido de pasos. A veces sentía presión en el cuello y tenía problemas para respirar.

 

Estos disturbios se incrementaron hasta que Uma tuvo miedo de quedarse sola. Kumar la dejaba en la iglesia de camino a su trabajo en la mañana y allí se quedaba ella todo el día. Asustados, Uma y Kumar hablaron con el Padre Stefan Starzynski, el vicario parroquial.

 

El Padre Starzynski les explicó que esas experiencias podían ser el resultado de su alejamiento del hinduismo. Les dijo que no se preocuparan y que todo saldría bien si continuaban acercándose al único Dios verdadero. “Aún cuando todavía eran hinduistas venían a los encuentros de oración y a las Misas de sanación, además rezaban el Rosario todos los días, por lo que pienso que algo quería detenerlos para que no entraran de lleno en la fe católica", cuenta el Padre Starzynski.

 

Kumar y Uma decidieron deshacerse de todas sus pertenencias hinduistas y se dedicaron enteramente al catolicismo.

 

Considerando sus circunstancias, la parroquia formó un equipo de cuatro catequistas para enseñar a la pareja en una versión acelerada del Rito Católico de Iniciación para Adultos (RCIA). Uma y Kumar asistían a la parroquia cada sábado para aprender sobre los Sacramentos y estudiar la Biblia.

 

“Parecía como que María los estaba llamando y nos hacía sentir responsables por su educación cristiana”, cuenta el Padre Starzynski. “Me dijeron que querían ser católicos, y su entusiasmo era tan sincero que juzgué adecuado que nos saliéramos un poco de las reglas.”

 

Para fines de agosto, el grupo decidió que la familia estaba lista para ser recibida en la Iglesia. El 12 de septiembre [Nota del Traductor: En el día de Nuestra Señora del Carmelo, "casualmente"], Uma, Kumar y Karthi fueron bautizados y la pareja recibió los sacramentos de Bautismo, Confirmación, Matrimonio y Comunión.

 

En los días anteriores a la ceremonia, Uma y Kumar dicen haber recibido mucha ayuda de María.

 

Aunque su presupuesto era muy limitado y apenas tenían tiempo de planear el evento, Uma y Kumar querían tener una linda boda. Sólo tenían 400 dólares para gastar en el vestido de novia de Uma, ¡pero su hijo encontró un vestido perfecto por 399 dólares!

 

Cuando ya habían decidido que no podían pagar por un fotógrafo profesional, un fotógrafo de la parroquia se ocupó de hacer el trabajo gratuitamente.

 

Antes del día de la boda y bautismo, Uma tuvo otro sueño. Esta vez María estaba parada enfrente de la iglesia con una gran sonrisa en su rostro. Tenía dos sortijas de matrimonio en su mano y tres Rosarios de tres distintos colores –rojo, naranja y amarillo. Decidieron usar esos colores en el bouquet de flores de Uma y en el pastel de bodas, ambos donados por los miembros de la parroquia.

 

El día de la ceremonia, la parroquia entera estaba ahí para ver cómo Uma y Kumar recibían los Sacramentos. La recepción tuvo lugar en el salón de reuniones, decorado con flores de colores rojo, naranja y amarillo.

 

“Aunque no teníamos planes, Dios hizo los planes por nosotros”, dijo Kumar. “Dios planeó todo tan perfectamente que se ocupó hasta de conseguirnos un fotógrafo. Fue como si este matrimonio estuviera ya preparado para nosotros. Estamos tan contentos y nos sentimos tan agraciados de estar aquí."

 

El Padre Starzynski explica que la conversión de Uma y Kumar muestra cómo Dios trabaja en forma misteriosa. Se siente honrado de haber hecho su parte para ayudar a esta familia. “Creo que esto muestra cómo Dios obra y la clase de obra que Él puede hacer. Esto hace que uno piense y nos mueve a preguntarnos: ¿Somos lo suficientemente adaptables para entender los caminos de Dios de manera que Dios pueda obrar en nosotros si salimos de esa coraza protectora en la que muchos de nosotros vivimos?”

 

Desde que recibieron los Sacramentos, Kumar y Uma nos cuentan que los disturbios y las pesadillas han desaparecido. Uma se siente fortalecida y puede quedarse sola en casa sin ningún problema. “Sentimos que el Espíritu Santo está en ella para darle toda la protección necesaria”, explica Kumar.

 

La pareja nos cuenta que están gratamente impresionados por el amor de la congregación. “Me siento como si hubiera sido siempre un peregrino y que ahora he llegado a mi hogar”, dice Kumar. “Nunca he conocido tan buena gente, tan buenos católicos.”

 

Y tras haber pasado todas estas experiencias ¡los sueños de Uma continúan! “Para bien o para mal, quiero compartirlos con todos para que todos sepan”, dice Kumar. “Hay quien pueda tomarlos a mal, pero sentimos que debemos compartir nuestra experiencia. Somos muy agraciados. Me siento afortunado, honrado y bendecido.”

 

Katie Bahr -- Traducido por Carlos Caso-Rosendi.

 

Referencias:

English version here: http://casorosendi.blogspot.com/2009/10/from-hinduism-to-catholicism.html

En español aquí: http://voxfidei.blogspot.com/2009/10/del-hinduismo-al-catolicismo.html

 

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Salmo 129

 

Canto de peregrinación.

 

Desde lo más profundo te invoco, Señor,

¡Señor, oye mi voz!

Estén tus oídos atentos

al clamor de mi plegaria.

 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,

¿quién podrá subsistir?

Pero en Ti se encuentra el perdón,

para que seas temido.

 

Mi alma espera en el Señor,

y yo confío en su palabra.

Mi alma espera al Señor,

más que el centinela la aurora.

 

Como el centinela espera la aurora,

espere Israel al Señor,

porque en Él se encuentra la misericordia

y la redención en abundancia:

Él redimirá a Israel

de todos sus pecados.

 

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios (traducción argentina de la Biblia).

 

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