Fe
y Razón
Revista virtual gratuita de
teología católica
Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y
Razón”
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 64 – Diciembre de 2011
“Omne
verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga,
procede del Espíritu Santo”
(Santo Tomás de Aquino)
“Hoy se hace necesario
rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como
explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente
defensiva per
se. Implica, más bien, la
capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y
convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad"
(Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que
nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.”
(Documento de Aparecida, n. 229).
Publicaciones del
Centro Cultural Católico Fe y Razón
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1.
Miguel
Antonio Barriola, “En tu palabra echaré
la red” (Lc 5,5). Reflexiones sobre Dios en la historia.
2.
Daniel
Iglesias Grèzes, Razones para nuestra
esperanza. Escritos de apologética católica.
3.
Néstor
Martínez Valls, Baúl apologético.
Selección de trabajos filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.
4.
Guzmán
Carriquiry Lecour, Realidad y
perspectivas del laicado católico en nuestro tiempo.
5.
Miguel Antonio
Barriola, “Cristo amó a la Iglesia” (Ef
5,25). Reflexiones sobre la cristología de J. L. Segundo y la eclesiología de
H. Küng.
6.
Horacio Bojorge, Teologías deicidas. El pensamiento de Juan
Luis Segundo en su contexto, Segunda edición.
7.
Daniel Iglesias
Grèzes, En el principio era el Logos.
Apologética católica en diálogo con los no creyentes.
8.
Daniel
Iglesias Grèzes, Vosotros sois la sal de
la tierra. El choque entre la civilización cristiana y la cultura de la muerte.
Estos libros están disponibles en Lulu,
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Colaboradores: Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro.
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Dirección
1.
Sobre una exposición de la
Comisión Nacional de Pastoral Familiar
Hace pocas semanas el Sr. Víctor Hugo
Guerrero y la Dra. Gabriela López de Guerrero, en representación de la Comisión
Nacional de Pastoral Familiar, dependiente de la Conferencia Episcopal del
Uruguay, realizaron una exposición ante la Comisión de Salud Pública de la
Cámara de Senadores, sobre el proyecto de ley que legalizaría el aborto en
nuestro país. En dicha exposición denunciaron las presiones que diversas
organizaciones extranjeras o internacionales efectúan sobre los países en vías
de desarrollo, a fin de que éstos legalicen el aborto.
En los días subsiguientes, varios órganos de
la prensa nacional, tergiversando profundamente las declaraciones del
matrimonio Guerrero López, anunciaron que la Iglesia o los Obispos habían
acusado a los legisladores uruguayos favorables a la legalización del aborto de
estar financiados desde el exterior. Basta leer el acta de la correspondiente
sesión de la Comisión de Salud Pública para convencerse de la completa falsedad
de esas noticias.
En el improbable caso de que los Señores
Legisladores oyeran un sermón contra el adulterio, no tendría sentido que
pensaran que el predicador los acusó de ser adúlteros. Análogamente, no es
razonable que ellos se sientan ofendidos cuando se menciona el hecho evidente
de que existen fuertes presiones internacionales a favor de la legalización del
aborto.
Ante esta situación, “Fe y Razón” declara su
pleno apoyo a los fieles laicos que presentaron lealmente la posición católica
en el Parlamento y denuncia la descarada manipulación de estos hechos por parte
de cierta prensa, probablemente inspirada por un sentimiento anticatólico.
Además, la Comisión de Salud Pública del
Senado ha procedido ya a la votación del referido proyecto de ley, sin conceder
previa entrevista a asociaciones pro-vida que querían expresar su parecer sobre
el mismo y habían cursado oportunamente la correspondiente solicitud. Según se
dice, se quiere hacer votar el proyecto en el Senado antes de fin de año. Son
lamentables la prisa por legalizar la muerte del inocente y la negativa
antidemocrática a escuchar voces disidentes, favorables al derecho de todo ser
humano a la vida.
2.
El nuevo Obispo de Auxiliar de
Montevideo
Hace pocos días se anunció que el Papa Benedicto XVI designó al R. P. Daniel Fernando Sturla Berhouet SDB como Obispo titular de Felbes y Obispo Auxiliar de Montevideo. El Padre Sturla es actualmente Inspector Salesiano en Uruguay y Presidente de la Conferencia de Religiosos del Uruguay. Con este nombramiento, nuestra arquidiócesis pasará a tener un Arzobispo (Mons. Nicolás Cotugno SDB) y dos Obispos auxiliares (Mons. Milton Tróccoli y el recién nombrado).
“Fe y Razón” felicita a Mons. Sturla y pide
para él la abundante bendición del Cielo, a fin de que sea siempre un buen
Pastor, a imagen de Nuestro Señor Jesucristo.
3.
¡Feliz Navidad!
“Fe y Razón” desea de todo corazón a todos
sus suscriptores y lectores y a sus familias una muy santa y feliz Navidad. Que
la alegría de la fiesta navideña nos impulse a ser cada vez más fieles
discípulos de Nuestro Señor Jesucristo.
En enero descansaremos. Dios mediante, nos
reencontraremos con ustedes a principios de febrero.
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L'importance* - Discurso sobre la prensa
católica y la opinión pública
17 de febrero de 1950
1. La importancia de la prensa católica, que representáis, amadísimos hijos, en este Congreso internacional, y la gravedad de los problemas que se proponen a vuestro estudio, nos han llevado a derogar, para recibiros, la regla que Nos nos impusimos, muy a pesar nuestro, de limitar, e incluso de suprimir de ordinario, nuestros discursos y nuestras alocuciones a lo largo del Año Santo. Pero esta vez Nos no podemos dejar de dar el apoyo de nuestra palabra al gran tema de vuestra reunión. Este tema es tan vasto como sugestivo: la prensa católica al servicio de la verdad, de la justicia y de la paz.
2. Teniendo presente uno de los aspectos capitales de este servicio, Nos juzgarnos oportuno presentar a vuestras meditaciones algunos principios fundamentales relativos al papel de la prensa católica frente a la opinión pública. Es un hecho que la prensa se encuentra entre los principales factores que contribuyen a la formación y a la difusión de ésta.
3. La opinión pública es, en efecto, el patrimonio de toda sociedad normal compuesta de hombres que, conscientes de su conducta personal y social, están íntimamente ligados a la comunidad de la que forman parte. La opinión pública es en todas partes, en definitiva, el eco natural, la resonancia común, más o menos espontánea, de los sucesos y de la situación actual en sus espíritus y en sus juicios.
4. Allí donde no apareciera manifestación alguna de la opinión pública, allí, sobre todo, donde hubiera que registrar su real inexistencia, sea la que sea la razón con que se explique su mutismo o su ausencia, se debería ver un vicio, una enfermedad, un mal de la vida social.
5. Dejamos aparte, evidentemente, el caso en que la opinión pública se calla en un mundo de donde incluso la justa libertad está desterrada y donde sólo la opinión de los partidos en el poder, la opinión de los jefes o de los dictadores, está autorizada a dejar oír su voz. Ahogar la voz de los ciudadanos, reducirla a un silencio forzado, es a los ojos de todo cristiano un atentado contra el derecho natural del hombre, una violación del orden del mundo tal como Dios lo ha establecido.
6. ¿Quién no adivina las angustias, el desorden moral a que este estado de cosas lanza la conciencia de los hombres de la prensa? En verdad, Nos habíamos esperado que las experiencias demasiado duras del pasado hubieran servido, al menos, como lección para librar definitivamente a la sociedad de una tiranía tan escandalosa y acabar con un ultraje tan humillante para los periodistas y para sus lectores. Sí, Nos lo habíamos esperado no menos vivamente que vosotros, y nuestra decepción no ha sido menos amarga que la vuestra.
7. ¡Situación lamentable! Tan deplorable y tal vez más funesta todavía por sus consecuencias es la de los pueblos donde la opinión pública permanece muda, no por haber sido amordazada por una fuerza exterior, sino porque le faltan aquellos presupuestos interiores que deben hallarse en todos los hombres que viven en comunidad.
8. Nos reconocemos en la opinión pública un eco natural, una resonancia común, más o menos espontánea, de los hechos y de las circunstancias en el espíritu y en los juicios de las personas que se sienten responsables y estrechamente ligadas a la suerte de su comunidad. Nuestras palabras indican así otras tantas razones por las cuales la opinión pública se forma y se expresa tan difícilmente. Lo que hoy día se llama opinión pública no es muchas veces más que el nombre, un nombre vacío de sentido, algo como un vago rumor, una impresión artificiosa y superficial; nada de un eco espontáneo despertado en la conciencia de la sociedad y dimanante de ésta.
9. Pero ¿dónde encontrar a estos hombres profundamente penetrados del sentimiento de su responsabilidad y de su estrecha solidaridad con el medio en que viven? Ya no hay tradiciones, ni hogar estable, ni seguridad de la vida, ni nada de todo lo que habría podido mantener a raya la obra de la disgregación y, con demasiada frecuencia, de la destrucción. Añadid el abuso de las fuerzas de las organizaciones gigantescas de masas que, encadenando al hombre moderno en su complicado engranaje, ahogan a sangre fría toda la espontaneidad de la opinión pública y la reducen a un conformismo ciego y dócil de ideas y de juicios.
10. ¿No habrá, pues, ya en estas desgraciadas naciones hombres dignos de este nombre? ¿Hombres marcados con el sello de una verdadera personalidad, capaces de hacer posible la vida interior de la sociedad? ¿Hombres que, a la luz de los principios centrales de la vida, a la luz de sus fuertes convicciones, sepan contemplar a Dios, el mundo y todos los sucesos, grandes o pequeños, que en él se suceden? Estos hombres, al parecer, gracias a la rectitud de su juicio y de sus sentimientos, deberían poder edificar, piedra a piedra, la sólida pared sobre la cual la voz de estos sucesos, al chocar, se refleje en un eco espontáneo. ¡Sin duda alguna hay todavía hombres de este temple, aunque, por desgracia, poco numerosos, y cada día más escasos, a medida que se ven suplantados por sujetos escépticos, hastiados, despreocupados, sin consistencia ni carácter, fácilmente manejados por algunos «hacedores del juego»!
11. El hombre moderno adopta gustoso posturas independientes y desenvueltas. Éstas no son, la mayoría de las veces, sino una fachada detrás de la cual se esconden pobres seres, vacíos, inconsistentes, sin fuerza de espíritu para desenmascarar la mentira, sin fuerza en el alma para resistir la violencia de los que con habilidad saben poner en movimiento todos los resortes de la técnica moderna, todo el arte refinado de la persuasión para despojarlos de su libertad de pensamiento y hacerlos semejantes a las frágiles «cañas agitadas por el viento» (Mt 11,7).
12. ¿Se atrevería alguien a decir con seguridad que la mayoría de los hombres es apta para juzgar, para apreciar los hechos y las corrientes en su verdadero peso, de suerte que la opinión sea guiada por la razón? Es ésta, sin embargo, una condición sine qua non de su valor y de su salud. ¿No se ve, en lugar de esto, cómo esta manera –la única legítima– de juzgar a los hombres y las cosas según reglas claras y justos principios es repudiada como un obstáculo a la espontaneidad, y cómo, por el contrario, el impulso y la reacción sensitivos del instinto y de la pasión son exaltados como los únicos «valores de la vida»? Bajo la acción de este prejuicio, lo que queda de la razón humana y de su fuerza de penetración en el profundo dédalo de la realidad es poca cosa. Los hombres de buen sentido no cuentan; quedan aquellos cuyo campo visual no se extiende más allá de su estrecha especialidad ni más arriba del poder puramente técnico. No es de estos hombres de quienes se puede esperar ordinariamente la educación de la opinión pública ni la firmeza frente a la astuta propaganda que se arroga el privilegio de moderarla a su gusto. En este terreno, los hombres de espíritu cristiano, sencillo, recto, pero claro, aunque la mayor parte de las veces no tengan muchos estudios, son muy superiores a aquéllos.
13. Los hombres a quienes debería tocar la misión de esclarecer y guiar a la opinión pública se ven frecuentemente, los unos por su mala voluntad o por su insuficiencia, los otros por imposibilidad o por presión, en una mala postura para dedicarse a ello con libertad y con éxito. Esta situación desfavorable afecta particularmente a la prensa católica en su actuación al servicio de la opinión pública. Porque todas las deficiencias, las incapacidades de que Nos acabamos de hablar, tienden a la violación de la organización natural de la sociedad humana tal como Dios la ha querido, a la mutilación del hombre, que, formado a imagen de su Creador y dotado por Él de inteligencia, había sido colocado en el mundo para enseñorearlo, totalmente penetrado de la verdad y dócil a los preceptos de la ley moral, del derecho natural y de la doctrina sobrenatural contenida en la revelación de Cristo.
14. En esta situación, el mal más temible para el publicista católico seria la pusilanimidad y el abatimiento. Ved la Iglesia: después de casi dos milenios, a través de todas las dificultades, contradicciones, incomprensiones, persecuciones abiertas o solapadas, nunca se ha desanimado, nunca se ha dejado deprimir. Tomadla como modelo. Ved, en las lamentables deficiencias que acabamos de señalar, el doble cuadro de lo que no debe ser y de lo que debe ser la prensa católica.
15. En toda su manera de ser y de obrar, la prensa católica debe oponer un obstáculo infranqueable al retroceso progresivo, a la desaparición de las condiciones fundamentales de una sana opinión pública y consolidar e incluso reforzar lo que de ella queda. Renuncie de buena gana a los vanos provechos de un interés vulgar o de una popularidad de mala ley; sepa mantenerse, con enérgica y decidida dignidad, inaccesible a todos los intentos directos o indirectos de corrupción. Tenga el valor –aun a costa de sacrificios pecuniarios– de alejar implacablemente de sus columnas todo anuncio, toda publicidad injuriosa para la fe o la honestidad. Al obrar así, ganará en valor intrínseco, acabará por conquistar la estima y luego la confianza y justificará la consigna tantas veces repetida: «En todo hogar católico, el periódico católico».
16. Pero, aun suponiendo las mejores condiciones interiores y exteriores en que se desenvuelva y propague, la opinión pública no es, sin embargo, infalible ni siempre absolutamente espontánea. La complejidad y la novedad de los acontecimientos y de las situaciones pueden ejercer una decisiva influencia en su formación, sin contar que no se libera fácilmente de los juicios preconcebidos, ni de la corriente dominante de las ideas, ni siquiera cuando la reacción estuviese objetivamente justificada, ni siquiera en el caso de que lograra imponerse. Es entonces cuando la prensa tiene un papel decisivo que realizar en la educación de la opinión, no para dictarla o dirigirla, sino para servirla útilmente.
17. Esta delicada tarea supone, en los miembros de la prensa católica, competencia, una cultura general sobre todo filosófica y teológica, cualidades de estilo, tacto psicológico. Pero lo que le es indispensable, en primer lugar, es el carácter. El carácter, es decir, sencillamente, el amor profundo e inalterable al orden divino, que abraza y anima todos los dominios de la vida; amor y respeto que el periodista católico no debe contentarse con sentir y nutrir en el secreto de su propio corazón, sino que debe cultivar en los de sus lectores. En ciertos casos, la llama que así salta bastará para encender o para reavivar en ellos la centellita casi muerta de las convicciones y de los sentimientos dormidos en el fondo de su conciencia. En otros casos, su amplitud de miras y de juicio podrá abrir sus ojos, fijados con excesiva timidez en prejuicios tradicionales. En los unos como en los otros, el periodista católico se guardará siempre de «hacer» la opinión; más bien, ambicionará servirla.
18. Nos creemos que esta concepción católica de la opinión pública, de su funcionamiento y de los servicios que le presta la prensa, es completamente justa, y que es necesaria para abrir a los hombres, con arreglo a vuestro ideal, el camino de la verdad, de la justicia y de la paz.
19. Así, por su actitud frente a la opinión pública, la Iglesia se coloca como una barrera ante el totalitarismo, que, por su misma naturaleza, es necesariamente enemigo de la verdadera y libre opinión de los ciudadanos. De hecho, es por su misma naturaleza por lo que el totalitarismo niega este orden divino y la relativa autonomía que éste reconoce a todos los dominios de la vida, en cuanto todos ellos tienen su origen en Dios.
20. Esta oposición se ha afirmado de nuevo manifiestamente con ocasión de dos discursos en que Nos nos dedicamos recientemente a aclarar la posición del juez ante la ley [1]. Nos hablábamos entonces de las normas objetivas del derecho, del derecho divino natural, que garantiza a la vida jurídica de los hombres la autonomía requerida por una viva y segura adaptación a las condiciones de cada tiempo. Que no nos hayan comprendido los totalitarios, para quienes la ley y el derecho no son más que instrumentos en manos de los círculos dominantes, Nos, ciertamente, lo esperábamos. ¡Pero comprobar las mismas incomprensiones por parte de ciertos medios que, durante mucho tiempo, se habían proclamado como campeones de la concepción liberal de la vida, que habían condenado a hombres por el solo pecado de su adhesión a leyes y preceptos contrarios a la moral, he aquí algo que es muy para sorprendernos! Porque, en definitiva, que el juez, al dictar una sentencia, se sienta ligado por la ley positiva y obligado a interpretarla fielmente, no tiene nada de incompatible con el reconocimiento del derecho natural; más aún, es ésta una de sus exigencias. Pero lo que no se podría legítimamente conceder es que este vínculo sea anudado exclusivamente por el acto del legislador humano de quien emana la ley. Esto sería reconocer a la legislación positiva una seudo-majestad que no se diferenciaría en nada de la que el racismo o el nacionalismo atribuía a la producción jurídica totalitaria, pisoteando los derechos naturales de las personas físicas y morales. Aquí también la prensa católica tiene señalado su puesto para expresar con fórmulas claras el pensamiento del pueblo, confuso, vacilante, embarazado ante el mecanismo moderno de la legislación positiva, mecanismo peligroso desde el momento en que se deja de ver en esta última una derivación del derecho divino natural.
21. Esta concepción católica de la opinión pública y del servicio que le rinde la prensa es también una sólida garantía de la paz. La prensa toma una decidida posición, de hecho y de derecho, a favor de la justa libertad de pensar y del derecho de los hombres a su juicio propio, pero los contempla a la luz de la ley divina. Que es tanto como decir que quien quiere ponerse lealmente al servicio de la opinión pública, sea la autoridad social o la prensa misma, debe prohibirse absolutamente toda mentira y toda excitación. ¿No es evidente que esta disposición de espíritu y de voluntad reacciona eficazmente contra el clima de guerra? Desde el momento, por el contrario, en que la pretendida opinión pública es dictada, impuesta, de grado o por fuerza; desde que las mentiras, los prejuicios parciales, los artificios del estilo, los efectos de voz y de gesto, la explotación del sentimiento, vienen a hacer ilusorio el justo derecho de los hombres a su propio juicio, a sus propias convicciones, entonces se crea una atmósfera pesada, malsana, ficticia, que, en el curso de los acontecimientos, de repente, tan fatalmente como los odiosos procedimientos químicos hoy día demasiado conocidos, sofoca o adormece a los mismos hombres y les obliga a exponer sus bienes y su sangre por la defensa y el triunfo de una causa falsa e injusta. En verdad, allí donde la opinión pública deja de funcionar libremente, allí es donde está en peligro la paz.
22. Finalmente, Nos querríamos todavía
añadir una palabra referente a la opinión pública en el seno mismo de la
Iglesia (naturalmente, en las materias dejadas a la libre discusión). Se
extrañarán de esto solamente quienes no conocen a la Iglesia o quienes la
conocen mal. Porque la Iglesia, después de todo, es un cuerpo vivo y le
faltaría algo a su vida si la opinión pública le faltase; falta cuya censura
recaería sobre los pastores y sobre los fieles. Pero también aquí la prensa
católica puede hacer un servicio muy útil. A este servicio, sin embargo, más
que a cualquier otro, el periodista debe aportar aquel carácter del que Nos
hemos hablado, y que está formado por un inalterable respeto y un amor profundo
hacia el orden divino, es decir, en el caso presente, hacia la Iglesia tal como
ella es, no solamente en los designios eternos, sino tal como vive
concretamente aquí abajo en el espacio y en el tiempo, divina, sí, pero formada
por miembros y por órganos humanos.
23. Si posee este carácter, el publicista
católico sabrá evitar tanto un servilismo mudo como una crítica descontrolada.
Ayudará con una firme claridad a la formación de una opinión católica en la
Iglesia, precisamente cuando, como ahora, esta opinión oscila entre los dos
polos, igualmente peligrosos, de un espiritualismo ilusorio e irreal y de un
realismo derrotista y materializante. Alejada de estos dos extremos, la prensa
católica deberá ejercer entre los fieles su influencia sobre la opinión pública
en la Iglesia. Solamente así se podrán eludir todas las ideas falsas, por
exceso o por defecto, sobre la misión y sobre las posibilidades de la Iglesia
en el dominio temporal y, en nuestros días, sobre todo en la cuestión social y
el problema de la paz.
24. Nos no terminaremos sin dirigir nuestro pensamiento hacia tantos hombres verdaderamente grandes, honor y gloria del periodismo y de la prensa católica de los tiempos modernos. Hace más de un siglo, esos hombres se alzan ante nosotros como modelos de actividad espiritual; más todavía: desde sus filas se han levantado hoy verdaderos mártires de la santa causa, confesores valerosos en medio de las dificultades espirituales y temporales de la existencia. ¡Bendita sea su memoria! Que su recuerdo sea para vosotros un consuelo y un aliento en el cumplimiento de vuestro rudo pero importante deber.
Confiando que, a ejemplo suyo, cumpliréis fiel y fructuosamente el vuestro, os damos de todo corazón, queridos hijos, nuestra bendición apostólica.
* Pío XII, Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Prensa Católica, 17 de febrero de 1950: AAS 42 (1950) 251-257. No pudo ser pronunciado personalmente por el Papa a causa de una enfermedad, pero el texto original francés fue publicado en L'Osservatore Romano y en latín en AAS.
[1] Discurso sobre el concepto cristiano del derecho y la aplicación de la ley injusta, dirigido al Congreso de Juristas Católicos Italianos, 6 de noviembre de 1949: AAS 41 (1949) 597-604.
(Nota de “Fe y Razón”: el destaque en negritas de los numerales 22-23 es nuestro).
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La pastoral del matrimonio debe
fundarse en la verdad [1]
En 1998 el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, introdujo el volumen titulado “Sulla pastorale dei divorziati risposati” (“Sobre la pastoral de los divorciados vueltos a casar”), publicado por la Libreria Editrice Vaticana en una colección del dicasterio (“Documenti e Studi”, 17). Por la actualidad y la amplitud de miras de este escrito poco conocido, proponemos su tercera parte, con el añadido de tres notas. El texto está disponible en la web de nuestro periódico (www.osservatoreromano.va) en lengua italiana, así como en español, inglés, francés, portugués y alemán.
La Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la recepción de la Comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar, del 14 de septiembre de 1994, ha tenido eco vivaz en diversos lugares de la Iglesia. Junto a muchas reacciones positivas también se han oído no pocas voces críticas. Las objeciones esenciales contra la doctrina y la praxis de la Iglesia se presentan a continuación en modo simplificado.
Algunas objeciones más significativas –sobre todo las que se refieren a la praxis considerada más flexible de los Padres de la Iglesia, que sería la inspiración de la praxis de las Iglesias orientales separadas de Roma, así como la referencia a los principios tradicionales de la epicheia y de la aequitas canonica– han sido estudiadas profundamente por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los artículos de los Profesores Pelland, Marcuzzi y Rodríguez Luño[2] han sido elaborados en el curso de este estudio. Los principales resultados de esa investigación, que indican la dirección de la respuesta a las objeciones, también serán aquí resumidos brevemente.
1. Muchos
sostienen, aduciendo algunos pasajes del Nuevo Testamento, que la palabra de
Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio permite una aplicación flexible y
no puede ser encasillada en una categoría rígidamente jurídica.
Algunos exegetas ponen de relieve críticamente que el Magisterio, en relación a la indisolubilidad del Matrimonio, citaría casi exclusivamente una sola perícopa, o sea Mc 10,11-12, sin considerar otros pasajes del Evangelio de Mateo y de la Primera Carta a los Corintios. Estos pasajes bíblicos indicarían una cierta “excepción” a la palabra del Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio, o sea en el caso de porneia (Cfr. Mt 5,32; 19,9) y en el caso de separación por causa de la fe (Cfr. 1Cor 7,12-16). Estos textos serían indicaciones de que los cristianos, en situaciones difíciles, habrían conocido, ya en los tiempos apostólicos, una aplicación flexible de la palabra de Jesús.
A esta objeción se debe responder que los documentos magisteriales no pretenden presentar de modo completo y exhaustivo los fundamentos bíblicos de la doctrina sobre el matrimonio. Dejan esta importante tarea a los expertos competentes. El Magisterio subraya, sin embargo, que la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio deriva de la fidelidad a la palabra de Jesús. Jesús define claramente la praxis veterotestamentaria del divorcio como una consecuencia de la dureza del corazón del hombre. Yendo más allá de la ley, Cristo se remonta al inicio de la creación, a la voluntad del Creador, y resume su enseñanza con las palabras: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10,9). Con la llegada del Redentor, se vuelve a instaurar el matrimonio en su forma original a partir de la creación y se sustrae al arbitrio humano, sobre todo al del marido, pues la mujer no tenía posibilidad de divorciarse. La palabra de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio constituye la superación del antiguo orden de la ley en el nuevo orden de la fe y de la gracia. Sólo así el matrimonio puede hacer plena justicia tanto a la vocación de Dios al amor como a la dignidad humana, y constituirse en signo de la alianza de amor incondicionado de Dios, es decir, en un «Sacramento» (Cfr. Ef 5,32).
La posibilidad de separarse que Pablo señala en 1Cor 7 se refiere a matrimonios entre un cónyuge cristiano y un no bautizado. La reflexión teológica posterior ha dejado claro que únicamente los matrimonios entre bautizados son «Sacramento», en el sentido estricto de la palabra, y que la indisolubilidad absoluta caracteriza sólo a estos matrimonios que se colocan en el ámbito de la fe en Cristo. El denominado «matrimonio natural» funda su dignidad en el orden de la creación y está, por tanto, orientado a la indisolubilidad. Sin embargo, en determinadas circunstancias, puede ser disuelto a causa de un bien más alto, como es la fe. De este modo la sistematización teológica ha clasificado jurídicamente la indicación de San Pablo como «privilegium paulinum», es decir, como posibilidad de disolver, por el bien de la fe, un matrimonio no sacramental. La indisolubilidad del matrimonio verdaderamente sacramental permanece salvaguardada. No se trata, pues, de una excepción a la palabra del Señor. Volveremos sobre esto más adelante.
Acerca de la recta comprensión de las cláusulas sobre la porneia existe abundante literatura con muchas hipótesis diferentes, incluso opuestas. No hay unanimidad entre los exegetas sobre esta cuestión. Muchos sostienen que se refiere a uniones matrimoniales inválidas y no a excepciones a la indisolubilidad del matrimonio. Sea como fuere, la Iglesia no puede edificar su doctrina y praxis sobre hipótesis exegéticas inciertas, sino que debe atenerse a la clara enseñanza de Cristo.
2. Otros
objetan que la tradición patrística dejaría espacio para una praxis más
diferenciada, que haría mayor justicia a las situaciones difíciles. A este
propósito, la Iglesia católica podría aprender del principio de «economía» de
las Iglesias orientales separadas de Roma.
Se afirma que el Magisterio actual sólo se nutriría de un filón de la tradición patrística, y no de la entera herencia de la Iglesia antigua. Si bien los Padres se atuvieron claramente al principio doctrinal de la indisolubilidad del matrimonio, algunos de ellos toleraron, en la práctica pastoral, una cierta flexibilidad ante situaciones difíciles concretas. Sobre este fundamento, las Iglesias orientales separadas de Roma habrían desarrollado más tarde, junto al principio de la akribia, de la fidelidad a la verdad revelada, el principio de la oikonomia, de la condescendencia benévola en situaciones difíciles. Sin renunciar a la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio, esas Iglesias permitirían, en determinados casos, un segundo e incluso un tercer matrimonio, que, por otra parte, es diferente del primer matrimonio sacramental y está marcado por el carácter de la penitencia. Esta praxis nunca habría sido condenada explícitamente por la Iglesia Católica. El Sínodo de Obispos de 1980 habría sugerido estudiar a fondo esta tradición, a fin de hacer resplandecer mejor la misericordia de Dios.
El estudio del Padre Pelland muestra la dirección en que se debe buscar la respuesta a estas cuestiones. La interpretación de cada uno de los textos patrísticos compete naturalmente al historiador. Debido a la difícil situación textual las controversias tampoco se aplacarán en el futuro. Desde el punto de vista teológico debe afirmarse:
a) Existe un claro consenso de los Padres acerca de la indisolubilidad del matrimonio. Puesto que ésta deriva de la voluntad del Señor, la Iglesia no tiene poder alguno a ese respecto. Por ello, el matrimonio cristiano fue distinto desde el primer momento al matrimonio de la civilización romana, a pesar de que en los primeros tiempos no existía todavía ningún ordenamiento canónico. La Iglesia del tiempo de los Padres excluye claramente el divorcio y las nuevas nupcias, en fiel obediencia al Nuevo Testamento.
b) En la Iglesia del tiempo de los Padres, los fieles divorciados y vueltos a casar nunca fueron admitidos oficialmente a la sagrada Comunión después de un tiempo de penitencia. Es cierto, en cambio, que la Iglesia no siempre revocó en determinados países las concesiones en esta materia, aunque sí se calificaban como incompatibles con la doctrina y la disciplina. Parece cierto también que algunos Padres, por ejemplo, San León Magno, buscaron soluciones «pastorales» para raros casos límite.
c) Sucesivamente se produjeron dos desarrollos contrapuestos:
– En la Iglesia imperial posterior a Constantino se buscó, debido al progresivo entrelazamiento del Estado y la de Iglesia, una mayor flexibilidad y disponibilidad al compromiso en situaciones matrimoniales difíciles. Una tendencia semejante se dio en el ámbito gálico y germánico hasta la reforma gregoriana. En las Iglesias orientales separadas de Roma, este desarrollo continuó posteriormente en el segundo milenio y condujo a una praxis cada vez más liberal. Hoy en día, en muchas Iglesias orientales existe una serie de motivos de divorcio, es más, se ha desarrollado una «teología del divorcio», que de ningún modo resulta conciliable con las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio. En el diálogo ecuménico, este problema debe ser claramente afrontado.
– En Occidente, gracias a la reforma gregoriana, se recuperó la concepción originaria de los Padres. El Concilio de Trento sancionó en cierto modo este desarrollo y fue propuesto de nuevo como doctrina de la Iglesia por el Concilio Vaticano II.
La praxis de las Iglesias orientales separadas de Roma, que es consecuencia de un complejo proceso histórico, de una interpretación cada vez más liberal –que progresivamente se alejaba de la Palabra del Señor– de algunos pasajes patrísticos oscuros, así como de un influjo no despreciable de la legislación civil, por motivos doctrinales, no puede ser asumida por la Iglesia Católica. Es inexacta la afirmación de que la Iglesia Católica habría simplemente tolerado la praxis oriental. Ciertamente, Trento no la condenó formalmente. Los canonistas medievales, sin embargo, hablaban continuamente de ella como de praxis abusiva. Además, hay testimonios de que grupos de fíeles ortodoxos, al convertirse al catolicismo, debían firmar una confesión de fe que incluía una indicación expresa sobre la imposibilidad de un segundo matrimonio.
3. Muchos
proponen que se permitan excepciones a la norma eclesial, basándose en los
tradicionales principios de la epikeia y de la
aequitas canonica.
Se dice que algunos casos matrimoniales no pueden ser regulados en el fuero externo. La Iglesia no sólo podría relegar las normas jurídicas, sino que debería también respetar y tolerar la conciencia de cada uno. Las doctrinas tradicionales de la epikeia y de la aequitas canonica podrían justificar, tanto desde el punto de vista de la teología moral como desde el punto de vista jurídico, una decisión de la conciencia que se aleje de la norma general. Sobre todo en el tema de la recepción de los Sacramentos, la Iglesia debería dar pasos adelante y no sólo ofrecer prohibiciones a los fieles.
Las dos contribuciones de los profesores Marcuzzi y Rodríguez Luño ilustran esta compleja problemática. A este propósito hay que distinguir claramente tres tipos de cuestiones:
a) La epikeia y la aequitas canonica tienen gran importancia en el ámbito de las normas humanas y puramente eclesiales, pero no pueden ser aplicadas en el ámbito de las normas sobre las que la Iglesia no posee ningún poder discrecional. La indisolubilidad del matrimonio es una de estas normas, que se remontan al Señor mismo y, por tanto, son designadas como normas de «derecho divino». La Iglesia no puede ni siquiera aprobar prácticas pastorales –por ejemplo, en la pastoral de los Sacramentos– que contradigan el claro mandamiento del Señor. En otras palabras, si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conforme al derecho; por tanto, por motivos intrínsecos, es imposible que reciban los Sacramentos. La conciencia de cada uno está vinculada, sin excepción, a esta norma[3].
b) La Iglesia, en cambio, sí tiene el poder de especificar qué condiciones deben cumplirse para que un matrimonio sea considerado como indisoluble según la enseñanza de Jesús. En línea con las afirmaciones paulinas de 1Cor 7, la Iglesia estableció que solamente dos cristianos pueden contraer un matrimonio sacramental. Desarrolló las figuras jurídicas del privilegium paulinum y del privilegium petrinum. Con referencia a la cláusula sobre la porneia de Mateo y Hechos 15,20, formuló impedimentos matrimoniales. Además, especificó, cada vez más nítidamente, los motivos de nulidad matrimonial y desarrolló ampliamente los procedimientos judiciales. Todo esto contribuyó a delimitar y precisar el concepto de matrimonio indisoluble. Cabe decir que, de este modo, también la Iglesia occidental dio espacio al principio de la «oikonomia», sin manipular la indisolubilidad del matrimonio.
En esta línea se coloca el posterior desarrollo jurídico del Código de Derecho Canónico de 1983, que otorga fuerza de prueba a las declaraciones de las partes. Conforme a ello, según la opinión de personas competentes, parecen prácticamente excluidos los casos en que la invalidez de un matrimonio no pueda ser demostrada por vía jurídica. Las cuestiones matrimoniales deben resolverse en el fuero externo, ya que el matrimonio tiene esencialmente un carácter público-eclesial y está regido por el principio fundamental nemo iudex in propria causa («nadie es juez en causa propia»). Por eso, si unos fíeles divorciados y vueltos a casar consideran que es inválido su matrimonio anterior, están obligados a dirigirse al tribunal eclesiástico competente, que deberá examinar objetivamente el problema y aplicar todas las posibilidades jurídicas disponibles.
c) No se excluye, ciertamente, que en los procesos matrimoniales sobrevengan errores. En algunas partes de la Iglesia no existen todavía tribunales eclesiásticos que funcionen bien. Otras veces los procesos se alargan excesivamente. En algunos casos se dictan sentencias problemáticas. No parece que se excluya, en principio, la aplicación de la epikeia en el «fuero interno». La Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1994 alude a este punto, cuando dice que con las nuevas vías canónicas debería excluirse, «en la medida de lo posible», toda divergencia entre la verdad verificable en el proceso y la verdad objetiva (Cfr. Carta, n. 9). Muchos teólogos opinan que los fieles deban de atenerse, también en el «fuero interno», a los juicios del tribunal eclesiástico, aún cuando les parezcan falsos. Otros sostienen que en el «fuero interno» cabe pensar en excepciones, porque en el ordenamiento jurídico no se trata de normas de derecho divino, sino eclesiástico. Este asunto exige más estudios y clarificaciones. A fin de evitar arbitrariedades y proteger el carácter público del matrimonio –sustrayéndolo al juicio subjetivo– deberían dilucidarse de modo muy preciso las condiciones para dar por cierta una «excepción».
4. Algunos
acusan, al actual Magisterio, de involución respecto al Magisterio del
Concilio, y de proponer una visión preconciliar del matrimonio.
Algunos teólogos afirman que, en la base de los nuevos documentos magisteriales sobre temas matrimoniales, habría una concepción naturalista y legalista del matrimonio. El acento estaría puesto sobre el contrato entre los esposos y sobre el «ius in corpus». El Concilio habría superado esta comprensión estática al describir el matrimonio de un modo más personalista, como pacto de amor y de vida. Con ello habría abierto posibilidades de resolver más humanamente situaciones difíciles. Desarrollando esta línea de pensamiento, algunos estudiosos se preguntan si no cabría hablar de «muerte del matrimonio» cuando se desvanece el vínculo personal de amor entre dos esposos. Otros suscitan la vieja cuestión de si el Papa no tendría, en esos casos, la posibilidad de disolver el matrimonio.
Quien lea atentamente los recientes pronunciamientos eclesiásticos, reconocerá que sus afirmaciones centrales se fundan en la Gaudium et spes y desarrollan, con rasgos totalmente personalistas y sobre la vía indicada por el Concilio, la doctrina allí contenida. Es inadecuado contraponer la visión personalista a la visión jurídica del matrimonio. El Concilio no ha roto con la concepción tradicional del matrimonio, sino que la ha hecho avanzar. Cuando, por ejemplo, se repite continuamente que el Concilio ha sustituido el concepto estrictamente jurídico de «contrato» por el más amplio y teológicamente más profundo de «pacto», no cabe olvidar que «pacto» contiene también el elemento de «contrato», por mucho que lo sitúe en una perspectiva más amplia. Que el matrimonio vaya mucho más allá de lo puramente jurídico y se asiente en la hondura de lo humano y en el misterio de lo divino, en realidad se ha afirmado siempre con la palabra «sacramento», si bien ciertamente no se ha puesto a menudo en el candelero con la claridad que el Concilio ha dado a esos aspectos. El derecho no lo es todo, pero es una parte irrenunciable, una dimensión del todo. No existe un matrimonio sin normativa jurídica que lo inserte en un conjunto global de sociedad e Iglesia. Si la reforma del derecho después del Concilio afecta también al ámbito del matrimonio, esto no es traicionar al Concilio, sino llevar a cabo sus disposiciones.
Si la Iglesia aceptase la teoría de que un matrimonio ha muerto cuando los cónyuges dejan de amarse, entonces con ello aprobaría el divorcio y mantendría la indisolubilidad del matrimonio sólo verbalmente y no de hecho. La opinión de que el Papa podría disolver un matrimonio sacramental consumado, irremediablemente fracasado, debe calificarse como errónea. Un tal matrimonio no puede ser disuelto por nadie. En la celebración nupcial, los esposos se prometen fidelidad hasta la muerte.
Recientes estudios plantean la cuestión de si los cristianos no creyentes, bautizados que nunca han creído o que ya no creen en Dios, pueden verdaderamente contraer matrimonio sacramental. En otras palabras, debería aclararse si todo matrimonio entre bautizados es «ipso facto» sacramental. De hecho, el Código mismo indica que sólo el contrato matrimonial «válido» entre bautizados es a la vez Sacramento (Cfr. CIC, can. 1055 §2). A la esencia del Sacramento pertenece la fe; queda por aclarar la cuestión jurídica acerca de qué evidencia de «no-fe» implica que no se realice un Sacramento.[4]
5. Muchos
afirman que la actitud de la Iglesia en la cuestión de los fieles divorciados y
vueltos a casar es unilateralmente normativa y no pastoral.
Una serie de objeciones críticas contra la doctrina y la praxis de la Iglesia concierne a problemas de carácter pastoral. Se dice, por ejemplo, que el lenguaje de los documentos eclesiales sería demasiado legalista, que la dureza de la ley prevalecería sobre la comprensión hacia situaciones humanas dramáticas. El hombre de hoy no podría comprender ese lenguaje. Mientras Jesús habría atendido a las necesidades de todos los hombres, sobre todo de los marginados de la sociedad, la Iglesia, por el contrario, se mostraría más bien como juez, que excluye de los Sacramentos y de ciertas funciones públicas a personas heridas.
Se puede indudablemente admitir que las formas expresivas del Magisterio eclesial a veces no resultan fácilmente comprensibles y deben ser traducidas por los predicadores y catequistas al lenguaje que corresponde a las diferentes personas y a su ambiente cultural. Sin embargo, debe mantenerse el contenido esencial del Magisterio eclesial, pues transmite la verdad revelada y, por ello, no puede diluirse en razón de supuestos motivos pastorales. Es ciertamente difícil transmitir al hombre secularizado las exigencias del Evangelio. Pero esta dificultad no puede conducir a compromisos con la verdad. En la encíclica Veritatis splendor, Juan Pablo II ha rechazado claramente las soluciones denominadas «pastorales» que contradigan las declaraciones del Magisterio (Cfr. ibid., n. 56).
Por lo que respecta a la posición del Magisterio acerca del problema de los fieles divorciados y vueltos a casar, se debe además subrayar que los recientes documentos de la Iglesia unen de modo equilibrado las exigencias de la verdad con las de la caridad. Si en el pasado a veces la caridad quizá no resplandecía suficientemente al presentar la verdad, hoy en día, en cambio, el gran peligro es callar o comprometer la verdad en nombre de la caridad. La palabra de la verdad puede, ciertamente, doler y ser incómoda; pero es el camino hacia la curación, hacia la paz y hacia la libertad interior. Una pastoral que quiera auténticamente ayudar a la persona debe apoyarse siempre en la verdad. Sólo lo que es verdadero puede, en definitiva, ser pastoral. «Entonces conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32).
Notas
[1] Este texto recoge la tercera parte de la Introducción del Cardenal Joseph Ratzinger al número 17 de la Serie "Documenti e Studi", dirigida por la Congregación para la Doctrina de la Fe, Sulla pastorale dei divorziati risposati, LEV, Città del Vaticano 1998, pp. 20-29. Las notas han sido añadidas.
[2] Cfr. Ángel Rodríguez Luño, L’epicheia nella cura pastorale dei fedeli divorziati risposati, ibid., pp. 75-87; Piero Giorgio Marcuzzi, S.D.B., Applicazione di “aequitas et epikeia” ai contenuti della Lettera della Congregazione per la Dottrina della Fede del 14 settembre 1994, ibid., pp. 88-98; Gilles Pelland, S.J., La pratica della Chiesa antica relativa ai fedeli divorziati risposati, ibid., pp. 99-131.
[3] En este sentido, vale la regla general reiterada por el Papa Juan Pablo II en la Exhortación apostólica post-sinodal Familiaris consortio, n. 84: “La reconciliación en el Sacramento de la Penitencia –que les abriría el camino al sacramento eucarístico– puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, –como, por ejemplo, la educación de los hijos– no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos»”. Véase también Benedicto XVI, Exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum Caritatis, n. 29.
[4] Durante un encuentro con el clero de la Diócesis de Aosta, el 25 de julio de 2005, el Papa Benedicto XVI afirmó, sobre esta difícil cuestión, que “es particularmente dolorosa la situación de los que se casaron por la Iglesia, pero no eran realmente creyentes y lo hicieron por tradición, y luego, hallándose en un nuevo matrimonio inválido se convierten, encuentran la fe y se sienten excluidos del Sacramento. Realmente se trata de un gran sufrimiento. Cuando era prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, invité a diversas Conferencias episcopales y a varios especialistas a estudiar este problema: un sacramento celebrado sin fe. No me atrevo a decir si realmente se puede encontrar aquí un momento de invalidez, porque al sacramento le faltaba una dimensión fundamental. Yo personalmente lo pensaba, pero los debates que tuvimos me hicieron comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más”.
(L’Osservatore Romano, 30 de noviembre de 2011).
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Francisco José Fernández de la Cigoña
Recientemente (23-7-99) se ha publicado, bajo
el título de «Teología y Magisterio: relaciones conflictivas», una especie de
manifiesto que firman José María Díez Alegría y Juan José Tamayo y que es
apoyado por otros treinta y ocho nombres. Es una protesta contra el documento
de Juan Pablo II Ad tuendam fidem, pero
podría serlo contra cualquier otro. A estos «teólogos» les molesta en la
ocasión la condena del aborto y la eutanasia y el rechazo del sacerdocio
femenino, pero lo que en realidad parece molestarles es el dogma y la moral
católicos y la autoridad en la Iglesia.
¿Quiénes son?
Díez Alegría es un anciano sacerdote asturiano, doctor en
Filosofía y Derecho y licenciado en Teología, hermano de dos tenientes
generales de la era de Franco. Convertido al marxismo por un extraño síndrome
de Estocolmo, pura perturbación mental que se dio en algún otro jesuita como el
P. Llanos, según el cual los asesinos de sus hermanos de religión, y en algún
caso hasta de sangre, pasaron a ser sus amigos, mientras que aquellos que
salvaron a la religión y a la patria se convirtieron en sus enemigos.
A Díez Alegría le vemos participando en el
contra-sínodo de 1974 (Ya, 1-10-74). Una conferencia que iba a dar en Las
Palmas fue suspendida gubernativamente, pero se aprovechó de la prensa para
manifestarse en favor del socialismo, el aborto y el divorcio (La Tarde,
14-2-75; Las Provincias, 14-2-75) por lo que será desautorizado por el obispo
de Canarias (Informaciones, 20-2-75). La noticia de que abandonaba la Compañía
de Jesús causó sensación (Informaciones, 15-3-75), lo mismo que sus explicaciones
del hecho: «Por qué salgo de la Compañía de Jesús» (Informaciones, 17-3-75). El
provincial de Toledo manifestó que no se le había impuesto la decisión (Arriba,
18-3-75) pero ello no fue óbice para que sesenta y cuatro jesuitas españoles se
solidarizaran con el ya ex-jesuita (El Ciervo, 1ª quincena de abril, 75;
Informaciones, 25-3-75), en un abierto acto de rebeldía que no tuvo
consecuencias adversas.
A partir de su exclaustración fue uno de los
más decididos partidarios del diálogo con el marxismo (Triunfo, 31-1-76) y uno
de los setenta y seis «intelectuales» que se manifiestan en contra de la
exclusión del Partido Comunista (La Voz de Galicia, 28-7-76) porque para él el
cristianismo es compatible con el marxismo (El País, 27-10-76). Continuó en sus
manifestaciones pro-marxistas (El País, 30-10-76; Diario 16, 13-12-76; Vida
Nueva, 8-11-76) hasta anunciar que su voto sería para los comunistas (El País,
22-4-77) y asistió por lo menos a uno de los mítines que organizó el Partido
(El País, 28-5-77).
Se muestra contrario a que se mencione a la
Iglesia en el texto constitucional (Ya, 4-7-78), es uno de los firmantes de un
comunicado al Papa, que ya lo era Juan Pablo II, pidiendo se reabran las
secularizaciones de los sacerdotes que querían contraer matrimonio como una
exigencia de los derechos humanos (El País, 25-11-79) y con otros cuarenta y
nueve «teólogos» españoles se manifiesta en favor de Hans Küng, censurado por
Roma (El País, 23-12-79).
Ahora son nueve los «teólogos» que preguntan:
«Matrimonio indisoluble, ¿ley o ideal?» (Vida Nueva, 15-12-79) y se manifiestan
favorables al divorcio.
Apoya a los dominicos de San Blas en conflicto con la jerarquía (Vida Nueva,
1-3-80) y, según él, el Papa actuó autoritariamente en la dimisión del P.
Arrupe como Prepósito General de la Compañía de Jesús (El País, 12-8-80).
Aquel año de 1980 asume una postura crítica frente al Pontificado en la
Universidad Internacional de Santander (El País, 6-9-80); publica una carta en
solidaridad con los dirigentes de la JOC que habían sido cesados (El País,
7-10-80); sigue expresándose en favor del divorcio (El País, 19-10-80); critica
la actual intolerancia de la Iglesia (El País, 11-11-80); en una entrevista se
expresa en contra del Papa y el celibato y en favor del divorcio y del marxismo
(El País, 15-11-80) y, con otros sacerdotes, manifiesta que no puede objetarse
el divorcio desde la fe (El País, 17-12-80).
El año 1981 publica un mediocre artículo: «Ante la ley del divorcio» (El País,
8-2-81), denuncia recortes a la libertad de expresión en la Iglesia (El País,
2-5-81) y se manifiesta contra la OTAN (El País, 25-9-81). Los obispos
catalanes le prohíben un curso (El País, 23-4-81). Y firmará con Santiago
Carrillo [Nota de “Fe y Razón”: Secretario General del Partido Comunista
de España en aquella época] y demás compañeros de viaje una petición de
ley de divorcio (El País, 17-3-81).
Con Carrillo y otros firma un escrito en
solidaridad con la guerrilla marxista de El Salvador (El País, 27-3-82) y, con
toda la izquierda, un manifiesto contra la OTAN (El País, 23-3-83). Ya en un
terreno más puramente religioso, su artículo «Contribución a un diálogo sobre
el aborto» (El País, 23-1-83) desata no pocas protestas (Ya, 2-3-83; El País,
2-2-83), aunque las llamadas Comunidades Cristianas Populares le expresen su
solidaridad (El País, 8-2-83).
También de 1982 es su participación en la
«boda» de su amigo, firmante con él del manifiesto que comentamos y de
bastantes más, Juan José Tamayo (El País, 31-8-82).
Firmará, con otros, una carta al presidente
del Gobierno, Felipe González, en apoyo del sandinismo (El País, 7-1-84) y
continúa manifestándose en favor del comunismo (El País, 5-12-83). Sigue
firmando escritos contra la OTAN (El País, 1-6-84; 20-10-84). Pide a la Iglesia
más pluralismo y la superación de sistemas inquisitoriales (El País, 21-9-84);
critica la manifestación en favor de la libertad de enseñanza (El País,
18-11-84) y, ya en un verdadero prurito firmante, se solidariza hasta con… la
Clínica de la Concepción (El País, 19-12-84).
Con Juan José Rodríguez Ponce firma una carta
abierta en apoyo de Díaz Merchán que había criticado los gastos de defensa (El
País, 4-1-85), cuestión, sin duda, muy episcopal, como si el Gobierno criticara
los gastos de cera en los actos de culto o la música de las misas.
Después será Leonardo Boff, también en el
punto de mira del Vaticano, hoy al margen del sacerdocio y viviendo con una
señora, el objeto de sus solidaridades (El País, 31-5-85), mientras sigue
manifestándose en favor del sandinismo (El País, 24-4-86). Con otros diecinueve
«teólogos» se manifestará contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87). Y en
favor del destituido Forcano (El País, 14-5-88). Con el inevitable Tamayo
presentará el escrito de solidaridad de numerosas Comunidades de Base con los
destituidos Castillo, Estrada y Forcano, jesuitas los dos primeros y claretiano
el último (El País, 23-6-88; Ya, 23-6-88), en una nueva y abierta confrontación
con la autoridad eclesiástica, lo que, a persona tan poco sospechosa de
integrismo como José Luis Martín Descalzo le llevó a escribir un artículo de
réplica titulado: «Una declaración asombrosa» (ABC, 24-6-88).
En 1988 es elegido nuevo presidente de la
Asociación de Teólogos Juan XXIII (El País, 10-9-88), verdadero refugium peccatorum de los restos, cada
vez más mermados, más ancianos y más casados, del progresismo hispánico.
Respaldará el documento anti-vaticano de Colonia (ABC, 1-2-89) y, con otros
sesenta y un «teólogos» acusará a Roma de actuaciones «autoritarias y
excluyentes» (El País, 19-4-89). Diez años más tarde los sesenta y dos se han
reducido a cuarenta.
En el IX Congreso de la citada Asociación
defiende el derecho de los católicos al uso de anticonceptivos (El País,
15-9-89). En 1992 denunciará la situación de la mujer en la Iglesia (ABC,
12-9-92). Y en 1996 deja la presidencia de la Asociación Juan XXIII a Miret
Magdalena (El País, 8-9-96). Tenía ya 85 años, un anciano dejaba el puesto a
otro anciano.
En un artículo autobiográfico (El País,
12-10-97) solicita que la Iglesia pida perdón por la guerra civil y el apoyo al
régimen de Franco, aunque reconoce que hasta 1955 sus ideas eran muy otras. En
lo que insiste en otro artículo (El País, 9-11-97): «La Iglesia católica y el
perdón», firmado con Miret y Acosta.
No he sido exhaustivo con Díez Alegría. Pero
creo que está caracterizado. Ahora, próximo a los noventa años, tras el fracaso
de todos sus nuevos ideales, continúa empecinado en lo que ya no verá.
El otro firmante, que unas veces se hace
llamar Tamayo y otras Tamayo-Acosta, era profesor de la Universidad
Pontificia de Salamanca hasta que una «boda» canónicamente inexistente, dada su
condición de sacerdote no secularizado, le impone la pérdida de la cátedra. La
novia era una alumna suya. Presidió el simulacro de ceremonia Casiano Floristán
y, entre otros sacerdotes, «concelebraron» Díez Alegría y Forcano (Faro de
Vigo, 21-8-82; Ya, 31-8-82; El País, 31-8-82; Tiempo, 24-1-83).
Era también dirigente de las «Comunidades
Populares», las más politizadas de todas. Su libro Por una Iglesia del pueblo fue secuestrado en 1976 (Vida Nueva,
22-5-76; 20-11-76; 4-3-78). Su trayectoria desde este momento será muy similar
a la de Díez Alegría, hasta el punto de que parecen inseparables.
Firmará el comunicado pidiendo que se reabran
las secularizaciones (El País, 25-11-79), asunto que le afectaría
directísimamente y en el que parecía actuar pro
domo sua; es uno de los cincuenta «teólogos» que se manifiestan en favor de
Küng (El País, 23-12-79); se solidariza con los cesados dirigentes de la JOC
(El País, 7-10-80); denuncia los que entiende recortes a la libertad de
expresión en la Iglesia (El País, 2-5-81); firma con Santiago Carrillo y otros
una petición de ley de divorcio (El País, 13-3-81); con otros treinta y nueve
promueve una asociación civil de curas ante la «involución» de la Iglesia (El
País, 14-5-81); vuelve a firmar con Carrillo y otros un documento de
solidaridad con la guerrilla marxista de El Salvador (El País, 27-3-82); con
otros veintiún miembros de la Asociación Juan XXIII firma un escrito en favor
de la Teología de la Liberación, en réplica a los obispos Sebastián y Benavent
que la habían criticado (El País, 13-11-84).
Con los mismos, pero ahora reducidos a trece,
se solidariza con el franciscano brasileño Leonardo Boff (El País, 31-5-85),
que años después seguiría los pasos de Tamayo abjurando del celibato. Será uno
de los ponentes en la Universidad de La Rábida de las tesis de la Teología de
la Liberación (El País, 26-5-87) y uno de los veinte que se pronuncian contra
el impuesto religioso (El País, 28-9-87).
Con Díez Alegría presentará el escrito de las
Comunidades de Base solidarizándose con los profesores destituidos por sus
extremadas doctrinas, Castillo, Estrada y Forcano (Ya, 23-6-88; El País,
23-6-88; ABC, 24-6-88) y será elegido secretario de la Asociación Juan XXIII
(El País, 10-9-88). Se adhiere al antirromano documento de Colonia (ABC,
1-2-89) y, con otros 61 acusa al Vaticano de actuaciones «autoritarias y
excluyentes» (El País, 19-4-89).
En el IX Congreso de la ya tantas veces
mencionada Asociación manifiesta que la Iglesia, «si no corrige su actual
rumbo, lleva camino de convertirse en la última dictadura de la historia
moderna» (El País, 14-9-89). Asegura que dicha Asociación está en contra de la
beatificación del fundador del Opus Dei
(ABC, 11-2-92) y, en su opinión, el Vaticano sólo deja a los teólogos el papel
de comparsa (El País, 28-6-90).
Escribe con Díez Alegría y Miret un artículo
titulado «La Iglesia católica y el perdón» (El País, 9-11-97), en réplica a
otro, también bastante desdichado, del obispo Echarren que aseguraba que ya lo
había pedido por la guerra de 1936.
Con motivo de la intervención humanitaria del
Vaticano en favor del octogenario general Pinochet, Tamayo escribe un indignado
artículo en El País (2-3-99) en el que la explicación del hecho está en que,
«en definitiva una dictadura (la Iglesia) apoya y legitima a otra dictadura».
Después vienen 38 nombres que respaldan lo
que los dos citados discurrieron. En general, con algunas excepciones, son
figuras secundarias al haber protagonizado menos incidentes eclesiales.
De E. Aguiló, nada sé. Xavier Alegre es un
jesuita que perteneció, y tal vez pertenezca, a la Facultad de Teología de San
Cugat de Barcelona. En 1975 se había solidarizado con Díez Alegría, obligado a
abandonar la Compañía de Jesús (El Ciervo, 1ª quincena de abril, 75). Años
después se manifestaba, con otros 49 «teólogos», en apoyo de Hans Küng (El
País, 23-12-79).
Nada sé tampoco de E. Bautista y J. M. Bernal. Juan Bosch es un dominico que
fue delegado diocesano de ecumenismo en Valencia, especializado en lo que se ha
dado en llamar Teología de la Negritud (Vida Nueva, 3-10-85; Bosch, Juan: James H. Cone, teólogo de la negritud,
Escritos del Vedat, Facultad de Teología de Valencia, Valencia, 1985), autor de
una carta en la que no sólo protestaba por que se hubiera suprimido un pliego
sobre el Opus Dei, sino que además
denunciaba los nuevos brotes inquisitoriales en la Iglesia (Vida Nueva,
1-12-79).
L. Briones, rector en su día del Centro de
Estudios Teológicos de Sevilla, cesado con otros siete profesores de aquel
centro (Ya, 4-7-76) y firmante con otros 21 de la omnipresente Asociación Juan
XXIII del ya citado escrito en favor de la Teología de la Liberación en réplica
a dos obispos (El País, 13-11-84).
José María
Castillo, de la Compañía de Jesús,
tuvo una activa participación en la Asamblea Europea de Sacerdotes y fue uno de
los encargados de presentar las conclusiones del Congreso a la Congregación del
Clero (Ya, 24-10-71). En ese mismo año fue uno de los firmantes de un radical
escrito contra el Concordato que el Estado español había firmado con la Santa
Sede (Ya, 12-6-71). Fue encargado de redactar los documentos base de la famosa
Asamblea Conjunta, el primero de los cuales fue rechazado por la Comisión
Episcopal del Clero por sus ideas heterodoxas.
Escribió numerosos artículos, todos ellos
declaradamente progresistas. Nosotros recordamos «Donde no hay Justicia no hay
Eucaristía» (Vida Nueva, 4-12-71); «¿Dónde están los profetas?» (Misión
Abierta, abril, 72); «La fuerza de los débiles. ¿Cuál es la verdadera raíz de
la crisis del clero?» (Vida Nueva, 6-5-72); «Balance de la Iglesia en España en
1971»; «En la adultez y la libertad» (Misión Abierta, enero, 72); «La
Eucaristía, problema político» (Vida Nueva, 19-5-73).
De 1979 es el comunicado de los «teólogos»
profesores de la Facultad de Granada afirmando que se puede votar al marxismo
(Vida Nueva, 3-3-79) y la durísima crítica a la Iglesia en el I Encuentro de
curas jóvenes de Madrid (Vida Nueva, 9-6-79). También ese año se manifestará
con otros 49 en favor de Küng (El País, 23-12-79). En 1981 es vetado para
enseñar en determinadas universidades católicas (El País, 28-2-81) y un libro
suyo es denunciado a Roma (El País, 14-5-81).
Será uno de los firmantes de la declaración
de la Comisión española por los derechos humanos y la paz en El Salvador (El
País, 15-12-81) en abierto apoyo a la guerrilla marxista. Interviene con una
ponencia en la reunión del Movimiento pro celibato opcional celebrada en Madrid
(Ya, 10-6-84) y será uno de los 22 que suscribirán el documento de la
Asociación Juan XXIII en favor de la Teología de la Liberación y en contra de
la postura sobre la misma manifestada por los obispos Sebastián y Benavent (El País,
13-11-84).
Se manifestará, con otros trece, en apoyo de
Boff (El País, 31-5-85). Y ese mismo año publica un artículo (El País,
13-12-85) denunciando el involucionismo del Sínodo de los Obispos.
El canónigo malagueño Luis Vera publica un
demoledor trabajo contra el jesuita: “El padre José María Castillo y su libro
«Símbolos de libertad. Teología de los Sacramentos»” (Iglesia-Mundo, 1ª
quincena de mayo, 87). Mientras tanto sigue firmando escritos, ahora contra el
impuesto religioso (El País, 28-9-87).
Castillo y Estrada son destituidos por la
jerarquía eclesiástica de sus puestos docentes en la Facultad de Teología de
Granada (El País, 10-5-88; ABC, 11-5-88). Con lo que inmediatamente se desatan
las protestas de los de siempre (El País, 14-5-88; 17-5-88, 18-5-88; 19-5-88;
23-5-88; 24-5-88; ABC, 23-6-88). El general de la Compañía ratificará las
destituciones (El País, 2-6-88).
Nada sabemos de J. Centeno. Carlos Domínguez,
jesuita, profesor de la Facultad de Teología de Granada, es uno de los
firmantes del comunicado afirmando que los católicos pueden votar a los
marxistas (Vida Nueva, 3-3-79) y de la solidaridad de 50 «teólogos» españoles
con Küng (El País, 23-12-79). Encabezará una carta de 17 firmantes en apoyo de
sus compañeros de Orden y Facultad, Castillo y Estrada (El País, 24-5-88).
El que en unas ocasiones firma Jesús Ekiza y
en otras, como ésta, Jesús Equiza, es el sacerdote navarro colaborador habitual
de la revista Herria 2000. A Ekiza, que tantas responsabilidades tiene en la
postura de un sector del clero vasco y navarro favorable, o al menos sumamente
ambiguo, ante ETA, no es extraño encontrarle firmando escritos contra el
Concordato (Ya, 12-6-71) o en favor de la Asamblea Conjunta (Vida Nueva,
18-12-71).
La historia del también jesuita Juan Antonio Estrada, compañero de Castillo y destituido con él,
es similar a la de su hermano de hábito, por lo que nos remitimos a lo dicho
del anterior.
Casiano
Floristán Samanes es otro adalid
del progresismo. Fue, y puede que lo siga siendo, profesor de Teología Pastoral
en la Pontificia salmantina.
Hace ya 30 años Floristán y otros publicaron un documento: «Lo que es
privilegio y lo que es competencia de la Iglesia» (Ya, 17-6-69), que fue
replicado por cuatro ilustres dominicos, profesores también de la Pontificia de
Salamanca, los PP. Fraile, García Cordero, Alonso Lobo y Victorino Rodríguez
(Pueblo, 21-6-69; Arriba, 22-6-69). No eran nuevas esas posiciones de
Floristán, pues el año anterior, en unas declaraciones, sorprendió no poco a
los lectores (Pueblo, 4-7- 68).
Los «guerrilleros de Cristo Rey» son objeto
de preocupación para estos clérigos y nuestro hombre aparece entre los
firmantes de un manifiesto contra ellos (Ya, 28-12-69). Así como del escrito
contra el Concordato ya mencionado (Ya, 12-6-71). Lo encontraremos también en
el manifiesto en favor de la Asamblea Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71) y entre
los 33 que en marzo de 1972 suscriben un contestatario manifiesto (Nuevo
Diario, 29-3-72; Vida Nueva, 8-4-72).
Intervino en la redacción de un misal que se
estaba difundiendo por España y que fue denunciado por un ilustre jesuita, el
P. José Antonio de Aldama: «Un misal que pone en peligro la fe del pueblo
español» (Iglesia-Mundo, 30-7-72). El obispo de Tenerife alerta sobre los
errores doctrinales del texto (El Alcázar, 5-10-72). Los prelados de Calahorra
(Pueblo, 13-10-72), Jaca y Coria (El Alcázar, 8-11-72) insisten en los peligros
del misal, mientras que González Ruiz sale en defensa de su amigo (Sábado
Gráfico, 21-10-72). La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe ordena la
revisión del texto (El Pensamiento Navarro, 8-12-72), el P. Aldama insiste en
sus críticas (Iglesia-Mundo, 15-11-72) aunque según Martín Descalzo, por aquel
entonces muy identificado con Floristán y sus amigos, no hay errores formales
en el misal en opinión de la Comisión Episcopal correspondiente (ABC, 17-1-73).
Pero Iglesia-Mundo afirma que los ha apreciado (1-2-73). Y un nuevo obispo, el
de Orihuela, prohíbe el misal (Informaciones, 6-3-73). Se hace pública la nota
de la Comisión, que es bastante favorable (Informaciones, 6-4-73). Floristán
cesa, a petición propia, en la dirección del Instituto de Teología Pastoral
(Ya, 23-2-73). Sus amigos, entre ellos Joaquín L. Ortega, le apoyan
incondicionalmente (Vida Nueva, 14-4-73). Aunque las críticas no ceden.
Mientras tanto Floristán pide, con otros 25,
la supresión del privilegio del fuero eclesiástico (Informaciones, 14-10-72) y,
según Pueblo (28-9-74), es nombrado profesor de la Gregoriana. El rector de la
Pontificia de Salamanca tiene que salir al paso de los comentarios que suscita
el cese de varios profesores del Instituto de Pastoral de Madrid (El Adelanto,
9-11-74). Floristán es uno de los ponentes de la Asamblea Cristiana de Vallecas
(Ya, 11-1-75), que fue suspendida gubernativamente. Se solidariza con Arbeloa y
otros sacerdotes multados (Ya, 18-2-75). Y la Santa Sede desautoriza las
Plegarias de la Comunidad (ABC, 18-8-77).
Junto con otros 19 se pronuncia contra Don
Marcelo por sus reservas a la Constitución (Ya, 1-12-78). Figura entre los que
piden a Juan Pablo II la reapertura de las secularizaciones (El País,
25-11-79). Y con otros 49 suscribe el documento de respaldo a Küng (El País,
23-12-79). También se muestra favorable al divorcio (Vida Nueva, 15-12-79). Y
denuncia los recortes a la libertad de expresión en la Iglesia (El País,
2-5-80).
Es de los que promueven una asociación civil
–la tan citada Juan XXIII–, ante lo que juzgan involución eclesiástica (El
País, 14-5-81). Firma solidaridades con la subversión hispanoamericana, alguna
en compañía de Santiago Carrillo (El País, 15-12-81; 27-3-82). Preside la boda
de Tamayo (El País, 31-8-82). Se le cuenta entre los favorables a la
despenalización del aborto (Tiempo, 14-2-83). Se manifiesta identificado con la
Teología de la Liberación (Ya, 22-9-84) y la defiende ante las críticas de los
obispos (El País, 13-11-84). Critica los nombramientos cardenalicios de Juan
Pablo II (El País, 25-4-85). Suscribe la adhesión a Boff (El País, 31-5-85).
Firma con otros 28 una declaración contra la involución eclesiástica (El País,
14-12-87). Y otra contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87).
En 1988 cesa como presidente de la Juan XXIII
y es sustituido por Díez Alegría (El País, 10-9-88). José María Javierre, en un
tiempo íntimo de Floristán aunque después en posiciones algo más ortodoxas, le
escribe una carta levemente crítica (Ya, 18-5-89), a la que éste contesta
molesto y desabrido (Ya, 25-5-89).
Fue designado representante de la Juan XXIII
para asistir en Maguncia a la Asociación Europea de Teólogos, en continuación
de la anti-vaticana declaración de Colonia (El País, 16-9-89). También asiste a
la reunión que se celebró en Lovaina donde se reclamó la ordenación de hombres
casados, se denunció el Catecismo Universal, se afirmó que Roma ponía en
peligro la colegialidad, etc. (El País, 14-9-90).
El ex-claretiano Benjamín Forcano
Cebollada desde hace tiempo decidió situarse en la frontera, si no la
traspasó repetidas veces. Recordamos de 1969 un confuso artículo sobre las
relaciones prematrimoniales (Ilustración del Clero, junio y julio-agosto, 69),
otro demoledor sobre la vida religiosa (Vida Nueva, 29-4-72), la defensa de la
contracepción (CIO, 14-4-73)…
Firma el comunicado al Papa pidiendo se reabran las secularizaciones (El País,
25-11-79), la exposición en favor de Küng (El País, 23-12-79), se manifiesta
favorable al divorcio (Vida Nueva, 15-12-79), denuncia los recortes a la
libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2-5-81), participa en la boda de
Tamayo (El País, 31-8-82).
Pero es la situación hispanoamericana la que
le tiene permanentemente ocupado en escritos, artículos, manifiestos y
proclamas, bien solidarizándose con la guerrilla salvadoreña (El País,
15-12-81; 27-3-82; 25-3-83) ya justificando, contra el parecer de la jerarquía
de aquel país, la dictadura sandinista de Nicaragua (El País, 19-7-83; ABC,
6-11-83; El País, 7-1-84; 25-7-84; 24-4-86; 19-7-86; Ya, 21-8-86).
Se le tiene por uno de los clérigos
favorables al aborto (Tiempo, 14-2-83). Será uno de los firmantes del escrito
en favor de la Teología de la Liberación (El País, 13-11-84), de la solidaridad
con Boff (El País, 31-5-85) y del manifiesto pidiendo la salida de la OTAN (El
País, 14-12-85).
El Vaticano previene contra su libro Nueva Ética Sexual (Ya, 29-4-86:
Iglesia-Mundo, 2ª quincena de abril, 86). Aunque se había adelantado en lo
mismo el obispo de Cuenca, Guerra Campos, que publica en su Boletín diocesano
una nota con este ilustrador título: «Un libro de ética sexual y la doctrina
católica» (Boletín Oficial del Obispado de Cuenca, diciembre, 85).
«Interrogado o seguido de cerca por Roma» (El País, 24-8-86), será uno de los
29 firmantes de la declaración contra la involución eclesiástica (El País,
14-12-87) y, por fin, es destituido de su puesto de director de Misión Abierta
(ABC, 11-5-88) por intervención directa del cardenal Ratzinger, prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe (El País, 11-5-88). Hacía meses habían
desaparecido de la mancheta de la revista varios miembros del Consejo de
Redacción, todos ellos ex-claretianos. La Orden claretiana se apresuró a
asegurar por un portavoz que la destitución «no ha sido iniciativa de nuestro
gobierno general, que se ha limitado a asumir lo llegado de más arriba» (Ya,
12-5-88).
Las destituciones de Forcano, Castillo y
Estrada desataron la indignación del progresismo (El País, 14-5-88; ABC, 4 y
23-6-88; El País, 7 y 13-6-88: Ya, 23-6-88; El País, 23-6-88; ABC, 24-6-88).
Forcano apoya el anti-vaticano documento de
Colonia (El País, 1-2-89), firma, con todo el comunismo, un escrito contra las
bases USA en España (El País, 9-3-89) y con otros 61 acusa a Roma de
actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-4-89). También hace
campaña para que concedan al ultra-progresista obispo Casaldáliga, claretiano,
el Nóbel de la Paz (El País, 4-3-89).
Su artículo «La Cruz, ¿un símbolo
sadomasoquista?» (El Independiente, 7-4-91) es lamentable. Participa también en
la boda del sacerdote Tamayo.
La Orden claretiana, no sabemos si motu proprio o debidamente aleccionada,
expulsa a seis religiosos «por discrepancias con sus planteamientos teológicos»
(ABC, 28-4-93). Entre ellos Benjamín Forcano. Su amigo el obispo Casaldáliga
los acoge benévolo en su diócesis de la selva brasileña; pero no debió
gustarles Brasil, porque optan todos, con permiso del obispo, por residir en
Madrid.
El jesuita Manuel Fraijó Nieto,
profesor de Teología Fundamental en Comillas, parece un caso de clonación con
los anteriores y los siguientes. Con otros 19 se manifiesta contra el cardenal
González Martín por sus reservas ante algún principio de la Constitución
española (Ya, 1-12-78). También será uno de los firmantes del manifiesto en
favor de Küng (El País, 23-12-79), lo que seguramente le pareció insuficiente
por lo que lo ratificó en una «Carta abierta a Hans Küng» (El País, 29-12-79),
que nos parece pésima.
Le niegan el permiso canónico para ejercer el
profesorado en la Universidad de Comillas (El País, 23-4-81) y, desde Roma, le
exigen precisiones a sus tesis (El País, 14-5-81). Pero sigue en sus trece,
firmando el escrito en favor de la Teología de la Liberación (El País,
13-11-84), el que se produjo poco después en solidaridad con Boff (El País,
31-5-85), la petición, en unión del comunismo español, de la salida de la OTAN
(El País, 14-12-85), el manifiesto contra el impuesto religioso (El País,
28-9-87) y la denuncia de la línea del Vaticano (ABC, 19-4-89)...
M. García-Ruíz no sabemos quién es. El
valenciano Joaquín García Roca fue autor de alguna más que dudosa ponencia en
los congresos de la Asociación Juan XXIII (Ya, 4 y 6-9-85).
El jesuita José Ignacio González Faus
es profesor de Cristología. Ya en 1971 se solidarizaba con su hermano de orden
Leita, que había sido expulsado de la Compañía (Ya, 1-5-71; ¿Qué Pasa?,
19-6-71). Firma un escrito contra el Concordato (Ya, 12-6-71) y otro en favor
de la Asamblea Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71). Después es también forzado a
dejar la Compañía de Jesús, con Díez Alegría, con quien se solidariza (El
Ciervo, lª quincena de abril, 75).
Será uno de los nueve que interrogan a los
obispos con un artículo también citado ya varias veces: «Matrimonio
indisoluble: ¿ley o ideal?» (Vida Nueva, 15-12-79). Es evidente cuál era la
opinión de los firmantes.
Será vetado para enseñar en determinadas facultades católicas (El País,
28-2-81). La solidaridad con la guerrilla marxista salvadoreña era también
obligada (El País, 15-12-81; 27-3-82), aunque los compañeros de viaje fueran
Santiago Carrillo y sus correligionarios.
Las tesis del jesuita dieron lugar a una
polémica en la que el provincial de Cataluña y el obispo Iniesta se ponen de su
lado (Ya, 21-12-82; 8-1-83; 12-1-83). En este caso fue el cardenal Ratzinger el
origen de las censuras. Con lo que se revela el papelón del obispo auxiliar de
Madrid, Iniesta. Todo ello no fue obstáculo para que sus compañeros jesuitas le
eligieran representante para la Congregación General que se iba a celebrar en
Roma (Ya, 13-4-83).
Critica el documento vaticano sobre la Teología de la Liberación (El País,
9-9-84) y los nombramientos cardenalicios que hace el Papa Wojtyla (El País,
25-6-85), aunque según él, en realidad, «lo que habría que hacer es cuestionar
el colegio cardenalicio».
También criticará a la jerarquía eclesiástica
en el Octavo encuentro de cristianos de Base (El País, 31-10-88). Su modelo de
obispo parece ser Casaldáliga, para el que también solicita el Premio Nóbel de
La Paz (El País, 4-3-89).
Con otros españoles acusa al Vaticano de
actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-6-89) y pide el
compromiso firme con los marginados (El País, 5-7-82), en una reunión en El
Escorial para conmemorar el 20º aniversario del Congreso que dio a conocer en
Europa la Teología de la Liberación. Los allí reunidos firman una carta de
solidaridad con Boff, que acababa de dejar el sacerdocio. González Faus afirmó
que «la teología de la liberación no sólo sigue viva sino que ha engendrado
hermanos menores como la teología de la marginación».
Mientras tanto, la Comisión Episcopal para la
Doctrina de la Fe, con la firma del obispo Palenzuela, opone serios reparos
doctrinales al libro de González Faus Hombres
de la comunidad. Apuntes sobre el ministerio eclesial (ABC, 28-11-88;
Iglesia-Mundo, 2ª quincena de febrero, 90). Se manifiesta contra la
beatificación del fundador del Opus Dei
(Diario 16, 15-5-92).
José María
González Ruiz es otro anciano y una
de las claves del progresismo español. Presente en todas las disidencias,
escribir su trayectoria precisaría un libro.
Adalid del diálogo católico-marxista (Pueblo,
2-2-68; Índice, junio, 68), fue procesado (Pueblo, 10-6-68; 19-5-71), objeto de
prohibiciones (Nuevo Diario, 12-1-69), absuelto (Ya, 30-3-69) y protagonista de
declaraciones que escandalizaron a no pocos católicos (Pueblo, 30-9-66;
29-11-66).
Del Comité Internacional del IDOC (Fuerza
Nueva, 9-11-68), acude a Roma con los curas contestatarios (Pueblo, 10-11-69; Corriere della Sera, 16-10-69; SP,
19-10-69). Prologa la edición italiana de los escritos del cura guerrillero
Camilo Torres (Índice, octubre, 68), pronuncia homilías en apoyo del P. Gamo
(Arriba, 17-1-70), manifiesta su adhesión a Fidel Castro en el caso Padilla (Le Monde, 9-7-71), publica numerosos
artículos que dejan perplejos a muchos fieles: «La Iglesia española pide
perdón» (Sábado Gráfico, 25-9-71), «¿Colaboración, conflicto, concordato,
acuerdos?» (Sábado gráfico, 27-22-71), «El Isolotto
de Florencia» (Índice, noviembre y diciembre, 71), «El conflicto de la
Universidad eclesiástica de Comillas» (Sábado Gráfico, 26-2-72), «Ni opio del
pueblo ni ateísmo positivista» (Sábado Gráfico, 13-5-72), en apoyo del entonces
comunista católico Garaudy, hoy creo que musulmán, «La izquierda de Cristo»
(Sábado Gráfico, 3-6-72), «Confusión y libertad en la Iglesia» (Sábado Gráfico,
29-7-72).
Parece que el canónigo malagueño presumía de
haber renunciado a su paga capitular; pero desde Fuerza Nueva aseguran que no
era cierto (29-1-72). Después vino el lío aquel del misal que unos obispos
prohibían y los progresistas ensalzaban. Nos remitimos a lo dicho.
Las tesis de monseñor Guerra Campos sobre la
confesionalidad del Estado son replicadas por el belicoso canónigo (Sábado
Gráfico, 16-6-73). Otros obispos de contraria línea: Buxarrais, que de Zamora
pasó a Málaga y allí, ante su propia incapacidad tuvo que renunciar
anticipadamente, y el contestatario Casaldáliga, son en cambio maravillosos.
Cristianos por el Socialismo y la Teología de
la Liberación son ahora la Dulcinea de González Ruiz (CIO, 28-7-73; Sábado
Gráfico, 9-3-74; CIO, 20-4-74). La muerte de otro clérigo guerrillero, el
aragonés Domingo Laín, dio lugar a otro elogio del canónigo: «Adiós a Domingo
Laín» (Sábado Gráfico, 30-3-74).
González Ruiz está con los divorcistas
italianos (Pueblo, 3-5-74) y no celebró misa cuando se enteró de que su amigo
el italiano dom Franzoni había sido suspendido a divinis (Fuerza Nueva, 11-5-74). El catedrático Gabriel García
Cantero replica en ABC las tesis divorcistas del canónigo (6-7-74). Lo que da
lugar a una réplica del malagueño (ABC, 16-7-74) una contestación del catedrático
(ABC, 26-7-74) y a otras intervenciones contrarias a los presupuestos
divorcistas como las de Eulogio Ramírez (El Alcázar, 20-5-74), Julián Gil de
Sagredo (ABC, 23-7-74) e Ijcis (¿Qué Pasa?, 1-6-74), o favorables a los mismos
(ABC, 28-7-74).
Participa en el contra-sínodo del 74 (Ya,
1-10-74), ve interrumpida una homilía en la catedral de Málaga por las
protestas de numerosos fieles (Hoja del Lunes, 7-10-74), es multado (Pueblo,
8-10-74) y para inaugurar el nuevo año habla de «aquel gran creyente que se
llamó Martín Lutero» (Sábado Gráfico, 11-1-75).
Propugna la «teología de la mierda» (Sábado
Gráfico, 9 al 15-7-75), le molesta el documento vaticano sobre la sexualidad
(Sábado Gráfico, 3 al 9-3-76) y el comunicado de los obispos españoles sobre la
enseñanza (Vida Nueva, 9-7-77). El episcopado alemán replica un artículo suyo
(ABC, 10-2-78; Vida Nueva, 18-2-78). Acusa al Papa de neoconservadurismo (Vida
Nueva, 13-10-79) y se refiere a «sus» amigos, con los que luchó codo con codo
por un mundo mejor y más libre: Tierno [Nota de “Fe y Razón”: Alcalde
socialista de Madrid], Carrillo y
Garaudy (E1 País, 13-11-79).
La condena de Küng y el divorcio ocupan ahora
la atención del canónigo (El País, 5 y 13-1-80, 4-10-80, 7-2-81), rechazando
especialmente una pastoral del cardenal González Martín, con lo que sigue
acumulando contradictores. La destitución de los dos jesuitas de Granada
suscitará también las iras de nuestro sacerdote, tanto en solitario (El País,
15-4-81), como junto a otros (El País, 25-8-81). Promueve una asociación civil
ante la involución de la Iglesia (El País, 14-5-81), polemiza contra el Opus Dei (Ya, 19 y 29-12-82), se declara
antiabortista al tiempo que dice que no es marxista (El País, 11-2-83).
Tanto solo (El País, 12-11-84), como en compañía
de otros (El País, 13-11-84), sale en defensa de la Teología de la Liberación,
que había sido levemente reconvenida por los obispos Sebastián y Benavent.
Firmará con el comunismo español un manifiesto contra la OTAN (El País,
20-10-84). Y en un artículo titulado «La teología de la liberación» incurre en
un error mayúsculo. Confunde a Pío IX con San Pío X, atribuyendo a este último,
Papa del siglo XX, el famoso Syllabus
que publicó el primero en 1864. Error que vuelve a repetir un mes después (El
País, 29-1-85).
Su obispo diocesano sale al paso de unas
críticas de González Ruiz al Papa (Ya, 20-1-85), con lo que el canónigo se ve
obligado a matizar sus palabras (ABC, 21-1-85; Ya, 22-1-85). Una vez más, junto
al comunismo español, firma una carta a Reagan con motivo de su viaje a España
(El País, 6-5-85) y se pronuncia contra el documento de Ratzinger sobre la
homosexualidad (El País, 3-11-86). Personaje contradictorio, ahora denuncia el
conformismo de la Iglesia española con la izquierda: «¿Dónde están los profetas
españoles?» (El País, 19-9-86). Pero sigue manifestándose a favor de la
Teología de la Liberación (El País, 11-12-87), firma una declaración contra la
involución eclesiástica (El País, 14-12-87) y otra contra el impuesto religioso
(El País, 28-9-87).
La coronación de la Virgen de la Esperanza,
que no le gustó nada, le lleva a celebrar una «misa paralela» a la que
asistieron 100 personas, mientras que a la coronación acudieron 8.000 (El País,
20-6-88). La historia del siglo pasado no es el fuerte de nuestro canónigo, que
en su artículo «El problema está en Roma» dice que con los viejos católicos,
que se separaron de la disciplina eclesial con motivo de la infalibilidad
pontificia, fueron obispos al cisma, lo que es falso. Y que aquel pequeño grupo
cismático era la derecha, lo que es falso también.
Sigue apoyando la insumisión de los católicos
progresistas (El País, 21-3-89), adhiriéndose al documento de Colonia (ABC,
1-2-89) y critica a Ratzinger por sus medidas contra la revista claretiana Misión
Abierta (El País, 19-1-89). Califica de «discoteca a lo divino» los actos de la
visita del Papa a Santiago (El País, 28-8-89). Y tiene que sufrir una severa
amonestación de su obispo, Buxarrais, por sus ataques al cardenal López
Trujillo (El País, 17-10-89; ABC, 23-10-89; 26-10-89). Por lo que tendrá que
retractarse, con algunas reservas (ABC, 12-11-89; El País, 17-11-89). También
protestará la Conferencia Episcopal Colombiana (El País, 2-11-89).
Afirmará que el Papa es un obseso sexual (El Sol del Mediterráneo, 28-11-90) y
Comunión y Liberación una calamidad eclesial (Diario 16, 10-3-93).
No sabemos quien es J. Luis. Juan Llopis Sarrió es profesor de la Universidad
Pontificia de Salamanca, de la Facultad de Teología de Barcelona y miembro del
Consejo Académico del Centre de Estudis
Pastorals de las diócesis catalanas, si no confundimos a dos personas en
una. Fue uno de los firmantes de aquel escrito «Lo que es privilegio y lo que
es competencia de la Iglesia» (Ya, 17-6-69) pulverizado por los cuatro dominicos
salmantinos ya citados (ABC, 21-6-69). Será uno de los firmantes del radical
escrito contra el Concordato al que ya nos hemos referido y del manifiesto
contestatario de los 33. Se secularizó posteriormente (¿Qué Pasa?, 13-10-73,
2-11-74).
Un Joan Llopis, que pensamos puede ser el
mismo, suscribirá años después la adhesión a Leonardo Boff (El País, 31-5-85),
protestará contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87), criticará el
restauracionismo impulsado por Juan Pablo II (El País, 14-3-88) y acusará al
vaticano de actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-4-89).
Eduardo Malvido es profesor del Instituto de
Ciencias Catequéticas San Pío X, uno de los que firmaron el escrito de
solidaridad con Küng (El País, 23-12-79), el que se suscribió en favor de los
derechos humanos en El Salvador, un respaldo a la guerrilla marxista, que
precisamente no se caracterizaba por respetar esos derechos, (El País,
15-12-81), y la réplica en defensa de la teología de la liberación (El País,
13-11-84).
Casimiro Martí, profesor de Historia Social
en Barcelona, fue uno de los clérigos que levantaron la bandera progresista y
catalanista en la que hoy es la comunidad más secularizada de España.
Responsable de la sentada ante el palacio arzobispal (¿Qué Pasa?, 8-3-69),
defensor de la experiencia progresista italiana del Isolotto (¿Qué Pasa?, 11-10-69), firmante de un escrito contra el
proyecto de ley sindical (¿Qué Pasa?, 22-11-69), participante en un congreso
anarquista (¿Qué Pasa?, 21-3-70), firmante del escrito colectivo contra el
Concordato (Ya, 12-6-71), del que se redactó a favor de la Asamblea Conjunta
(Vida Nueva, 18-12-71) y de aquel otro en el que 25 pedían la supresión del
privilegio concordatario del fuero eclesiástico (Informaciones, 14-10-72), al
que se acogían, sin reparo alguno, cada vez que tenían algún problema con la
autoridad gubernativa. Critica a monseñor Guerra Campos (¿Qué Pasa?, 23-12-72),
firma escritos contra la enseñanza católica (Vida Nueva, 15-5-76; Boletín del
Colegio de Licenciados, 30-3-77) e interviene en los contestatarios congresos
de la Asociación Juan XXIII (El País, 12-9-86).
F. Martín no sabemos quién es. Enrique Miret
Magdalena, actual presidente de la Juan XXIII, químico de profesión, seglar, y
que suele firmar como «teólogo», es otro anciano con prurito de escribir.
Renunciamos a una descripción pormenorizada de sus posiciones, que nos llenaría
páginas y páginas. En escritos colectivos o en artículos individuales, éstos
generalmente indigeribles, se ha opuesto a la doctrina oficial de la Iglesia en
todo: divorcio, aborto, ética sexual, píldora, marxismo, homosexualidad,
celibato, Juan Pablo II... Apoyó cuanta manifestación contestataria se produjo
y su tesis podría resumirse del siguiente modo: la Iglesia ha sido y es un asco
y sólo dejará de serlo si deja de ser Iglesia para convertirse en una asamblea
sin autoridad ni leyes en la que un vago espiritualismo serviría de nexo a sus
miembros.
A. Moliner, G. Mora, M. Navarro y M.
Parmentier me resultan desconocidos. El jesuita Federico Pastor se solidarizó
con Díez Alegría cuando su expulsión de la Compañía (El Ciervo, lª quincena de
abril, 75) y contra el cardenal primado cuando expresó reservas contra algún
punto de la Constitución (Ya, 1-12-78). Protestará, con otros 61, contra la
línea actual del Vaticano, y creemos que está secularizado (ABC, 19-4-86).
Tampoco conocemos de nada a J. Peláez. Margarita Pinto, Pintos o Pintor, que de
estos modos la hemos visto citada en ocasiones, suponemos que es o fue monja.
De la Asociación Juan XXIII (ABC, 9-9-88), firmó el escrito contra el impuesto
religioso (El País, 28-9-87), acusa a la Iglesia de hacer apartheid con la mujer (ABC, 9-9-88), dice que el Papa «se está
imponiendo con un espíritu policial» y denuncia la persecución del progresismo
(Interviú, 30-5-89). Afirma también que mujeres, divorciados y homosexuales
están marginados en la Iglesia y que la situación de las primeras es comparable
a la de los negros en Sudáfrica. Naturalmente, en la Sudáfrica anterior a
Mandela (El País, 17-9-89).
J. Rius Camps creemos que puede ser el
descalificado por el Informe de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe
por una edición del Nuevo Testamento (Iglesia-Mundo, 2ª quincena de mayo, 89).
Nada sabemos de J. Ruiz Díaz, F. Sáez y J. Vitoria.
Rufino Velasco, ex-claretiano, firmó el
escrito pidiendo se reabran las secularizaciones (El País, 25-11-79), el
manifiesto a favor de Küng (El País, 23-12-79), el también citado escrito
pro-divorcista (Vida Nueva, 15-12-79), las solidaridades con El Salvador, que
debe entenderse con su guerrilla (El País, 15-12-81, 27-3-82), la réplica
liberacionista a Sebastián y Benavent (El País, 13-11-84), la solidaridad con
Boff (El País, 31-5-85), el manifiesto contra el impuesto religioso (El País,
28-9-87). Fue profesor del Seminario madrileño y del Instituto Superior de
Pastoral. Sobre su expulsión de la Orden nos remitimos a lo dicho de Forcano.
El ex-claretiano Evaristo Villar es clónico
del anterior. Solidario con Küng, un artículo suyo antimariano es replicado por
el también claretiano Apodaca (Dios lo
quiere, abril-mayo-junio, 81). Y no deja de manifestarse liberacionista en
cuanta ocasión encuentra. Profesor de Teología en la Escuela Bíblica, critica
los nombramientos cardenalicios de Juan Pablo II, respalda a Boff, pide la
salida de España de la OTAN... Será otro de los recogidos por Casaldáliga.
Por último, Andrés Torres Queiruga es
un gallego nacionalista que firmó el escrito contra el Concordato, vio cómo el
gobernador de Orense prohibió un coloquio en el que iba a intervenir (Ya,
20-2-75) y suscribe el citado documento en el que se acusa al Vaticano de
actuaciones «autoritarias y excluyentes». Profesor en el Seminario compostelano
de Teología Fundamental, Filosofía y Fenomenología de la Religión, pasó después
a la Universidad a explicar Filosofía de la Religión. Su primer artículo lo
publicó en Grial en 1965 con el significativo título de «Notas para una
Teología del galleguismo». Es miembro de la Real Academia Gallega (El Correo
Gallego, 23-10-94).
Con lo dicho nos parece casi milagroso que
una institución, minada por topos hostiles como los referidos, subsista. Y no
son gente perdida en parroquias rurales, sino ocupando cátedras en seminarios y
universidades. Todo parecido con un suicidio no es mera coincidencia.
Otra cuestión es la de las responsabilidades
jerárquicas. Y la inutilidad de las benevolencias y contemporizaciones.
Los «teólogos» del anti-franquismo no han
hecho Iglesia, más bien la han deshecho. La multitud de buenos sacerdotes,
algunos quizá no demasiado inteligentes, con sus faltas, como todos, pero con
afán de servicio a la Iglesia, que se sentían identificados con un régimen que
salvó al catolicismo de la muerte de los obispos, sacerdotes y seglares no
asesinados, de la muerte de la Iglesia española, estaban en una posición más
eclesial que estos portavoces de la teología de la muerte de la Iglesia.
Tuvieron en sus manos demostrar al mundo que en la oposición al régimen nacido
el 18 de julio de 1936 surgía una Iglesia fecunda, pujante, caritativa,
misionera... Han demostrado todo lo contrario.
Fuente: http://www.galeon.com/razonespanola/re98-teo.htm
Entrevista al Metropolita de la
Iglesia Católica Anglo-Luterana
El Arzobispo Irl A. Gladfelter preside una de las confesiones cristianas que planean volver al catolicismo en los ordinariatos creados por Benedicto XVI. La Iglesia Católica Anglo-Luterana es la única de ellas con raíces luteranas y podría suponer el primer paso para la vuelta al redil católico de los herederos de Lutero. En una larga entrevista concedida a InfoCatólica, este Arzobispo, que aún no es católico pero sí Cooperador del Opus Dei, habla de su alegría al volver a la Iglesia Católica, de la importancia de una única fe y de su compromiso para deshacer la Reforma protestante.
(Bruno
Moreno, InfoCatólica, 30/06/2011).
Reverendo
Irl A. Gladfelter, Metropolita de la Iglesia Católica Anglo-Luterana (ALCC), es
usted biólogo, Doctor en Cirugía Dental, teniente coronel jubilado del ejército
estadounidense, Doctor en Teología y el Metropolita de la ALCC. ¿Cómo ha encontrado
tiempo para tantas cosas?
No fue un problema. Sólo me convertí en clérigo después de jubilarme en el Ejército de los Estados Unidos y como dentista.
¿Cuándo se fundó la ALCC? ¿Por qué la combinación de anglicanismo y luteranismo?
La ALCC fue formada en 1997 por antiguos miembros de la Iglesia Luterana – Sínodo de Missouri de los Estados Unidos (LCMS), los cuales, al ser luteranos orientados hacia el catolicismo o “Evangélicos Católicos” (también conocidos como de la “Alta Iglesia”), no podían aceptar la orientación cada vez más protestante de la LCMS y su aceptación creciente de la teología evangélica fundamentalista, junto con algunos aspectos de la soteriología y teología sacramental que habían sido importados desde el calvinismo por varios medios ya en su fundación y la aceptación cada vez mayor de servicios evangélicos no litúrgicos. Nuestros fundadores también ponían reparos a la teología sacramental de la LCMS, a su política congregacional, a sus ideas sobre la naturaleza y el ejercicio de la autoridad dentro de la Iglesia y a su comprensión de las Sagradas Órdenes (el “oficio del ministerio público”, según el lenguaje que utilizan).
Inicialmente, la ALCC adoptó las posturas del ala “anglo-católica” del anglicanismo (o anglicanismo de la “Alta Iglesia”). A lo largo del tiempo, si bien respetábamos las relaciones que se habían ido formando con el anglicanismo de la “Alta Iglesia”, la ALCC encontró también problemas con el anglicanismo, incluyendo su rechazo de la primacía papal, la infalibilidad papal, la infalibilidad del Sagrado Magisterio y de los Concilios posteriores a los cuatro primeros Concilios Ecuménicos, además de su tolerancia de algunos grados de teología eucarística de tipo protestante, que pueden encontrarse en la Plegaria Eucarística del Libro de Oración Común, entre otros problemas. Finalmente, la ALCC llegó a reconocer la verdad absoluta de la fe católica y se dio cuenta de que tenía la obligación en conciencia de volver a Roma.
Se ha descrito recientemente a la Iglesia Católica Anglo-Luterana (ALCC) como “totalmente romanizada” y como una Iglesia que “enseña doctrina católica sólida, utilizando un vocabulario luterano y anglicano, corrigiendo esto último con lo primero”. Ambos comentarios son acertados y precisos. En esencia, la ALCC se ha “romanizado” totalmente, aceptando con entusiasmo la verdad objetiva de todos los aspectos de la fe católica.
¿Fue importante para ustedes la declaración conjunta católica y luterana sobre la justificación (1997)?
Sí. Para la ALCC, la Declaración conjunta católica y luterana sobre la doctrina de la justificación decidió de una vez para siempre el asunto fundamental de la fase de Wittenberg (luterana) de la Reforma. Una vez que ese asunto se había resuelto, la ALCC se dio cuenta de que tenía la “obligación en conciencia” de entrar en la Iglesia Católica, marcando el camino para que otras jurisdicciones eclesiásticas luteranas (Iglesias) pudieran seguirla.
¿Cuántos miembros y parroquias tiene aproximadamente la ALCC? ¿Sólo están presentes en los Estados Unidos o también en otros países?
El número total de miembros de la ALCC es de aproximadamente 11.000 personas, en los Estados Unidos, Canadá, Alemania, Sudán y el próximamente independiente Sudán del Sur. El mayor número corresponde a africanos sub-saharianos, la mayoría de los cuales son de Sudán del Sur.
¿De dónde viene la mayoría de sus miembros? Antes de entrar a formar parte de la ALCC, ¿eran luteranos, anglicanos, católicos o no creyentes?
La mayoría de nuestros miembros no africanos entraron en la ALCC procedentes de otras Iglesias luteranas, pero nuestros miembros subsaharianos, tanto en África como en los Estados Unidos y Canadá, son antiguos anglicanos.
En la Comunión Anglicana hay algunas congregaciones religiosas anglo-católicas. ¿También tienen ustedes religiosos en la ALCC?
Sí, tenemos una Prelatura Personal, la Orden de San Ambrosio (O.S.A.) y una Sociedad Sacerdotal, la Sociedad Sacerdotal de Siervos del Buen Pastor. La Regla y la espiritualidad de ambas se parecen mucho a las del Opus Dei. El Vicario General de la ALCC y yo somos, con gran entusiasmo, Cooperadores del Opus Dei. Algunos de nuestros obispos son miembros de la Confraternidad de San Pedro, dirigida por la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP), una sociedad católica.
¿Entrarán a formar parte del ordinariato de los Estados Unidos cuando se cree, a finales de este año?
Sí, porque es lo que nos ha dicho que hagamos la Congregación para la Doctrina de la Fe, pero la última palabra la tendrá la propia Congregación. Llevamos trabajando con ellos desde 2009. Desde el punto de vista de la ALCC, se trata de un tema de obediencia a la Congregación para la Doctrina de la Fe. En nuestra petición a Roma para entrar en la Iglesia Católica (antes de la promulgación de Anglicanorum Coetibus) no mencionamos un ordinariato, ya que aún no se había publicado la Constitución Apostólica. Por consejo de nuestro abogado católico de Derecho Canónico, la ALCC sólo pidió entrar como “sociedad sacerdotal” o de la forma que dispusiese el Santo Padre. Nuestra petición terminaba con la frase: “El hijo pródigo ha vuelto y está a la puerta. Santo Padre, por favor, déjenos entrar”. La ALCC nunca ha pedido más que eso. Está a la puerta y ruega que la dejen volver a casa.
Sin embargo, cuando en otoño de 2010 recibimos una carta del Secretario de la CDF notificándonos que debíamos entrar en la Iglesia Católica a través de las disposiciones de Anglicanorum Coetibus, por obediencia a los deseos del Santo Padre y de la CDF, la ALCC aceptó inmediatamente esas instrucciones por escrito. Así pues, actualmente, la ALCC espera pacientemente y ruega al Señor y a su Bendita Madre, María, que se nos permita volver a casa, a la Iglesia Católica, ya sea a través de Anglicanorum Coetibus o de otro medio.
¿Todos los miembros de la ALCC se harán católicos o algunos han decidido esperar o pasar a otros grupos anglicanos o luteranos?
Todos los miembros de la ALCC se harán católicos. A diferencia de algunas Iglesias Anglicanas, la ALCC no tiene “posturas inamovibles”. La ALCC no está interesada en absoluto en “preservar un patrimonio”. Al contrario, se trata de una Iglesia profundamente “romanizada”, que trabaja con todas sus fuerzas para “deshacer” la Reforma, porque considera que fue un trágico error de proporciones épicas, que nunca debió suceder, e intenta restaurar la unidad de la Iglesia según los criterios de la Iglesia Católica. La ALCC no pide poder conservar un “patrimonio luterano”. A diferencia del patrimonio anglicano, el patrimonio luterano es esencialmente teológico y, al haber comprendido plenamente las herejías del luteranismo y al haber aceptado la fe católica, lo único que pide y por lo que reza la ALCC es que se la permita “volver a casa” y entrar en la Iglesia Católica, como hijos pródigos arrepentidos. Lo único que queremos es disolvernos en la Iglesia Católica, como católicos normales.
Hace tiempo que la ALCC tiene la política de no admitir miembros ni aceptar clérigos que no estén plenamente comprometidos con la causa de la unidad de la Iglesia de Cristo, sanando las heridas que infligieron a esa unidad el orgullo humano y las herejías de los líderes de la Reforma protestante. Todos los miembros de la ALCC deben estar comprometidos con deshacer la Reforma.
Todos los clérigos de la ALCC, desde el Metropolitano hasta el último diácono permanente deben firmar una versión adaptada del Mandato de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, el cual establece que “se comprometen a enseñar la doctrina católica y no predicarán, enseñarán, escribirán ni publicarán nada que entre en conflicto con el magisterio católico”. Este compromiso se controla y se hace cumplir estrictamente. Ya ha sucedido que algún sacerdote ha sido destituido de su cargo, dándole a elegir entre su dimisión y la excomunión, por no cumplir el Mandato de la ALCC.
¿Será un problema para los miembros de la ALCC la necesidad de aceptar el Catecismo de la Iglesia Católica como la expresión normativa de fe para los ordinariatos? ¿Qué textos utilizan actualmente para catequizar a los niños y a los adultos?
En absoluto. Hace años, la ALCC aceptó oficialmente el Catecismo de la Iglesia Católica como nuestra expresión completa de la fe cristiana. Catequizamos a niños y adultos usando el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica de la Conferencia Episcopal norteamericana, Fe para el futuro: Un nuevo catecismo ilustrado, publicado por Liguori Press; el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia de la Conferencia Episcopal norteamericana y otros textos católicos únicamente. Para la catequesis general y el estudio, la ALCC usa la Biblia de Navarra, publicada por Scepter Press; la New American Bible y la Biblia Católica de Estudio de Ignatius Press. La ALCC no permite el uso de ningún catecismo luterano ni otros catecismos protestantes.
¿Cuáles son las principales dificultades que han encontrado hasta ahora?
Toda organización nueva tiene “crisis de crecimiento” y la ALCC no es una excepción. Siempre hay lugar para mejorar y formas de desarrollar nuestros apostolados de forma más eficaz. Sin embargo, nos va muy bien, teniendo en cuenta que la ALCC se fundó en 1997. La mayor preocupación de la ALCC, con mucha diferencia, consiste en conseguir su objetivo de convertirse en la primera jurisdicción eclesiástica luterana que vuelve a la Iglesia Católica como grupo unificado desde el final de la Contrarreforma.
Una vez que entren en un ordinariato, usted y los demás obispos y sacerdotes de la ALCC tendrán que ser ordenados como diáconos y sacerdotes católicos. ¿Es algo difícil de aceptar?
No, en absoluto. Nos alegramos de ello, porque eliminará la posibilidad de cualquier confusión entre los fieles católicos sobre la validez de nuestra ordenación y nuestros sacramentos.
¿Ha existido siempre un sector “católico” entre los luteranos?
Sí, así es. Se les ha dado muchos nombres: Gneiso-luteranos (luteranos originales), Viejos Luteranos, Luteranos Romanizados y, en los últimos años, “Católicos Evangélicos”. La ALCC está simplemente en el extremo más católico de esta tradición.
¿Hay otros grupos de luteranos que estén relativamente cerca de la Iglesia Católica?
En Suecia existen el movimiento Arbetsgemenskapen Kyrklig Förnyelse (la Unión Eclesial Sueca) y otras sociedades más pequeñas. Hay comunidades monásticas, como el Monasterio de Östanbäck (un monasterio benedictino), el convento de Alsike y la Congregación de San Francisco, la Fundación de San Lorenzo, la Fundación de San Ansgar, la Coalición Eclesial por la Biblia y la Confesión y Förbundet För Kristen Enhet, que, al igual que la ALCC, trabaja para conseguir la unión visible y como grupo con la Iglesia Católica.
En Alemania existen la St. Jakobus- Bruderschaft, con la cual permanece en contacto la ALCC, la Arbeitsgemeinschaft Kirchliche Erneuerung de la Iglesia Luterana de Baviera (Grupo de Trabajo para la Renovación de la Iglesia), Humiliatenorden, St. Athanasius-Bruderschaft, Hochkirchlicher Apostolat St. Ansgar, Bekenntnisbruderschaft St. Peter und Paul, la Kommunität St. Michael en Cottbus, la Congregatio Canonicorum Sancti Augustini y el Priorato de San Wigberto. Hay grupos similares en Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia.
¿Cree que se formará algún tipo de ordinariato para los luteranos en el futuro?
Ya se trate de un ordinariato o de alguna otra estructura más sencilla y menos polémica de establecer e integrar en la Iglesia según el Derecho Canónico, como una “sociedad sacerdotal” o un “instituto de vida apostólica”, creo que se formará algún tipo de estructura para que los luteranos de todos los países puedan volver a la Iglesia Católica. Hay que reconocerlo: la Iglesia Católica, y en general el cristianismo, están siendo atacados actualmente. Las comunidades eclesiales como los anglicanos y luteranos se dividen una y otra vez bajo los ataques del ateísmo, el agnosticismo, la filosofía posmoderna y las teologías heréticas de tipo liberal. La Iglesia no puede permitirse el enfrentarse a esas y otras amenazas en su estado dividido actual.
¡Es hora de que los luteranos y otras comunidades eclesiales vuelvan a la Iglesia Católica, para que a ésta le resulte más fácil derrotar a esas amenazas y realizar la Nueva Evangelización promovida por el Papa Benedicto XVI y otras personas! ¡Es hora de recuperar la unidad de la Iglesia de Cristo! Los luteranos deben darse cuenta de que volver a la Iglesia Católica no es algo bueno, es estupendo. En Getsemaní, Jesús oró para que todos sus discípulos fueran uno, como Él y el Padre son uno, así que la unión con la Iglesia Católica no es algo “bueno”, sino algo “estupendo”, porque Jesús lo pidió en su oración y lo mandó (no lo “sugirió” simplemente). Los luteranos deben volver a la Iglesia Católica porque es lo correcto, el único camino correcto.
En su homilía de vísperas, en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en San Pablo Extramuros, Roma, del 25 de enero de 2011, el Papa Benedicto XVI afirmó: “Los esfuerzos para recuperar la unidad entre los cristianos divididos no pueden reducirse simplemente a reconocer nuestras diferencias recíprocas y a conseguir una coexistencia pacífica. Lo que deseamos es la unidad por la que oró el mismo Cristo y que, por su propia naturaleza, se manifiesta en una comunión de fe, de los sacramentos y del ministerio. El camino hacia esta unidad debe percibirse como un imperativo moral, una respuesta a una llamada específica del Señor… Debemos continuar con entusiasmo el camino hacia este objetivo”. Esto es exactamente lo que intenta hacer la ALCC al esforzarse en entrar en la Iglesia Católica como grupo unificado.
Si se crease un ordinariato para luteranos en el futuro, ¿dejarían el ordinariato anglocatólico para integrarse en él?
Ciertamente,
estaríamos interesados y colaboraríamos con cualquier futuro ordinariato
luterano o estructuras alternativas según el Derecho Canónico actual, pero
haremos exactamente lo que nos pidan la Congregación para la Doctrina de la Fe
y el Santo Padre. Después de todo, los miembros de la ALCC sólo queremos
convertirnos en católicos normales, como todos los demás, e injertarnos de
forma segura en el “centro” teológico y social de la Iglesia Católica. Estaremos
contentos de “florecer” dondequiera que el Santo Padre y la CDF nos “planten”
dentro de la Iglesia Católica.
¿Cree que su unión con la Iglesia Católica influirá en otros luteranos?
¡Sin duda! Hace algunos años, el P. Richard John Neuhaus, un pastor luterano de los Estados Unidos que se convirtió al catolicismo y fue ordenado como sacerdote católico (y que era el editor de la revista norteamericana First Things), escribió que mientras él apenas podía percibir movimientos de luteranos hacia la Iglesia Católica, algún día una Iglesia Luterana “dará un paso adelante y ya nada volverá a ser igual”. Esperamos y rogamos por que la Iglesia Católica Anglo-Luterana sea la Iglesia que dé ese paso adelante y que eso lleve a muchos luteranos a abandonar las herejías de la Reforma y vuelvan a la fe católica; que nos acerque a ese bendito día en el que la oración de Cristo en Getsemaní de que todos sus discípulos fueran uno sea de nuevo una realidad, en una sola Iglesia bajo Cristo y su Vicario en esta Tierra, el Sucesor de San Pedro. Hasta ese día, la ALCC tendrá muy presentes dos lemas usados por nuestra Iglesia: (1) “Volver a la unidad del Cuerpo de Cristo, Iglesia por Iglesia”, y (2) el lema del escudo papal de San Pío X, “renovar todas las cosas en Cristo”.
Muchas gracias por sus respuestas. Espero que tengamos la oportunidad de entrevistarle de nuevo cuando sea miembro del ordinariato.
Ha sido un placer.
Fuente: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=9480
Carta del Sr. Nuncio Apostólico
sobre el Círculo
Católico de Obreros del Uruguay
A Su Excelencia Reverendísima Mons. Nicolás Cotugno Fanizzi sdb,
Arzobispo Metropolitano de Montevideo.
Excelencia Reverendísima:
En estos meses los competentes Organismos de la Santa Sede –en particular la Secretaría de Estado, la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Congregación para los Obispos– han sido constantemente informados acerca de cuanto Su Excelencia, en sustancial acuerdo y coordinación con un valioso y competente grupo de laicos expertos en la materia, ha realizado para salvaguardar la impostación "católica" del Círculo Católico de Obreros del Uruguay.
La Santa Sede ha estimulado siempre a los Obispos del Uruguay a sostener tan loable esfuerzo y ha ofrecido –y sigue ofreciendo– su apoyo a las iniciativas emprendidas por Su Excelencia y por los expertos laicos, verdaderamente católicos, que lo han ayudado, como corresponde a su misión de fermento en el mundo, a orientar a todo el Pueblo de Dios en este asunto, en conformidad con el Magisterio de la Iglesia.
Sin embargo, tal compromiso no ha tenido como fruto los resultados positivos que todos esperaban, si se consideran algunas decisiones tomadas por las Autoridades civiles no conformes a cuanto había sido pedido.
En nombre de la Santa Sede, siento el deber de invitar a Su Excelencia y al meritorio, precioso y competente grupo de laicos católicos que lo ayudan, a no rendirse ante las dificultades que han aparecido, y a continuar en el esfuerzo para obtener, con todos los medios pastoral y jurídicamente posibles y practicables, el resultado tan anhelado de salvaguardar la índole "católica" del Círculo Católico de Obreros del Uruguay.
Constituyendo éste un óptimo servicio eclesial, la Santa Sede augura que Su Excelencia y los laicos que con Usted colaboran continúen manteniendo una posición clara y firme en este delicado e importante asunto. Que la Santísima Virgen de los Treinta y Tres los proteja a todos en este precioso servicio que están prestando a la fe católica presente en Uruguay y en toda la población de buena voluntad de este querido País.
Agradeciendo su atención, aprovecho gustoso la oportunidad para expresarle, Excelencia, las muestras de mi fraternal estima en el Señor.
+ Anselmo Guido Pecorari, Nuncio Apostólico.
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Proyectan liberalizar totalmente el
aborto en el Uruguay
hasta los nueve meses en cualquier
circunstancia
Lic. Néstor Martínez
Es cierto que en su artículo 1º el proyecto de ley PARECE restringir los
abortos legalizados a las doce primeras semanas del embarazo:
Artículo 1º. (Derecho de la mujer). Toda mujer mayor de edad tiene derecho
a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras doce
semanas del proceso gestacional.
No se aplicará dicho plazo si el embarazo fuera producto de una violación,
acreditada con denuncia judicial e intervención de médico forense.
Pero enseguida aparecen las “restricciones”, que en realidad son “ampliaciones”
del supuesto derecho a abortar:
Artículo 4º. (Restricciones). Fuera del plazo establecido en el art. 2º la
mujer podrá decidir la interrupción de su embarazo en los siguientes casos:
a) Si estuviera en riesgo la salud o vida de la mujer.
b) Si existieran malformaciones fetales graves, incompatibles con la
vida extrauterina.
Esto hay que leerlo con atención. La palabra clave es “salud”. Veamos qué
definición de “salud” viene en la misma exposición de motivos del proyecto:
“[La ley actual] es injusta porque no considera a las mujeres en el
ejercicio pleno del derecho a la salud y a decidir autónomamente; entendiendo
por salud, no la ausencia de enfermedad, sino el estado de bienestar
bio-psico-social.”
El proyecto en cuestión, entonces, entiende por “salud” el “estado de
bienestar” biológico, psicológico y social. Para tener “salud” no alcanza con
no estar enfermo… Por tanto, un malestar psicológico, por ejemplo, es mala
salud, aunque no haya enfermedad psicológica propiamente dicha, según lo que
acabamos de leer. Por tanto, “pone en riesgo la salud” de la madre, y entonces,
según el art. 4º recientemente citado, autorizaría a la mujer a realizar el
aborto, FUERA DEL PLAZO de las doce semanas, o sea HASTA LOS NUEVE MESES.
Pero además, el proyecto tiene un art. 15º (el último, bien abajo) de
“derogaciones”:
Artículo 15º. (Derogaciones). Deróganse los artículos 325, 325
bis y 328 del Código Penal y demás disposiciones que se opongan a la presente
ley, quedando como artículo 325, el actual texto 325 tercero:
“Artículo 325. (Aborto sin consentimiento de la mujer). El que causare el
aborto de una mujer, sin su consentimiento, será castigado con dos a ocho años
de penitenciaría.”
Pues bien, esos artículos
que se DEROGAN por el presente proyecto, son precisamente los que dicen QUE EL
ABORTO ES DELITO y que por tanto está penalizado de acuerdo con la ley.
Esto dicen actualmente los artículos de nuestro Código Penal que este proyecto
de ley derogaría:
Artículo 325. (Aborto con consentimiento de la mujer). La mujer que causare
su aborto o lo consintiera será castigada con prisión, de tres a nueve meses.
325 bis. (Del aborto efectuado con la colaboración de un tercero con el
consentimiento de la mujer). El que colabore en el aborto de una mujer con su
consentimiento con actos de participación principal o secundaria será castigado
con seis a veinticuatro meses de prisión.
325 ter. (Aborto sin consentimiento de la mujer). El que causare el aborto
de una mujer, sin su consentimiento, será castigado con dos a ocho años de
penitenciaría.
Igualmente se derogaría, como se ve,
el art. 328 del Código Penal, que es el que establece los
eximentes de pena en casos particulares de abortos.
Al eliminarse estos artículos del Código Penal, abortar pasa a ser como tomar
café. La ley no dice nada de tomar café, y por tanto se puede hacer sin
problemas, cuando uno quiera y como uno quiera. Lo mismo pasaría con el aborto,
de aprobarse este proyecto de ley. En cualquier momento del embarazo, HASTA LOS
NUEVE MESES, cualquier embarazada, por la razón que fuese, podría abortar sin
que su acto fuese considerado delito, ilegal o penalizable.
Una protagonista lucha contra el
aborto
Asociación “Familia y Vida”
Días pasados, escuchando el programa “Esta boca es mía”, aprendimos una “lección
de vida” de una participante denominada Carmen, que es digna de ser repetida y
difundida.
Esta declaración fue realizada después de haberse escuchado a un panel
tristemente direccionado en su casi totalidad a aceptar la despenalización del
aborto, con la única excepción de la Dra. Argimón. Se han olvidado de algo tan
básico como que en este partido juegan dos personas y no una, y de que aquí no
se trata sólo de defender los legítimos derechos de la mujer, sino que debemos
defender a los dos.
Cuando ya estábamos cansados de escuchar arengas en contra y ninguna palabra a
favor del derecho a la vida del concebido, y ya próximos a cambiar de canal, se
leyó un mensaje de una Señora Carmen realmente ejemplarizante, que textualmente
dijo:
“Cuando hablan de la despenalización del aborto me siento tan rara, ya
que soy adoptada desde los nueve días de nacida. Mi madre me abandonó porque no
podía tenerme; no me deseaba. Como no estaba en situación de pagar un aborto me
entregó al primero que se le presentó. A mis quince años quedé embarazada. La
situación era terrible, tanto económica como emocionalmente. ¿Qué iba a ser de
mi futuro? Mi decisión fue única: va a nacer y va a tener la misma oportunidad
que yo tuve. Hoy Florencia tiene quince años. Yo no me arruiné ningún futuro;
estudié como pude, con mil sacrificios. Es el precio que tenía que pagar por
ser tan inconsciente y no cuidarme, pero lo logré. Nada fue imposible. Hoy
tengo 30 años, y mi hija 14. No puedo imaginar la vida sin ella, ni ella sin mí.
A mi madre biológica la busqué por 27 años. Irónicamente la encontré un 12 de
diciembre, fecha en que mi hija cumplía años, sólo para decirle que no sintiera
culpa porque yo estaba agradecida de que me haya dado la posibilidad de vivir.
Mis padres del corazón hasta el día de hoy me dan ese amor incondicional que
todo hijo merece. No me pongo a cuestionar si se debe despenalizar el aborto.
Sólo cuento mi historia, que es lo único que puedo cuestionar. En mi caso si en
el año 1981 acá en Uruguay se hubiera permitido hacer abortos en forma legal y
con garantías yo no estaría escribiendo estas líneas. Saludos y mucha luz para
todo aquel que no tenga la misma suerte que yo. Disculpen. Mis lágrimas brotan
sin querer con este tema. Adiós.”
No pudo extrañar que después de este llamado a la realidad y dejando
de lado polémicas estériles o parcializadas que se plantearon en un panel al
que sólo le preocupaba legitimar una vía de destrucción de vidas humanas,
finalmente, la encuesta de opinión diera un 67% a favor del derecho a la
vida y 33% a favor de la legalización del aborto.
Montevideo, 14 de diciembre de 2011.
Argentina:
manipular la vida puede ocasionar catástrofes
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata (Argentina), en su reflexión televisiva semanal en el programa Claves para un Mundo Mejor (10-09-2011), comentó algunos aspectos de los proyectos de ley de fecundación artificial o fecundación asistida que se encuentran a estudio de la Cámara de Diputados, diciendo “estas técnicas artificiales vienen a reemplazar el ámbito natural donde debe surgir una persona humana”, y añadió “todo esto suena terrible. Nos hace recordar experiencias históricas del Siglo XX que son catastróficas”.
Texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer
En la Cámara de Diputados de la Nación existen varios proyectos referidos a las técnicas de fecundación humana artificial y uno de ellos ya tiene despacho de mayoría de las Comisiones involucradas en el tema.
Otras veces hemos comentado aquí la problemática que plantean estas técnicas que, hoy día, vienen a reemplazar, como una posibilidad real y efectiva, a la unión conyugal como medio o como ámbito para la comunicación de la vida humana.
Sin duda nosotros comprendemos el deseo de tantas parejas de tener un hijo cuando están afectados por alguna dificultad que no hace posible un embarazo y un nacimiento, pero habría que recordar que el hijo no es un producto del deseo, no es un objeto de deseo.
El hijo es ante todo un don y tiene que ver con el don recíproco de los esposos que se entregan recíprocamente para dar lugar al nacimiento de un tercero que es, entonces sí, el objeto de su amor.
Estas técnicas artificiales vienen a reemplazar el ámbito natural donde debe surgir una persona humana.
Respecto de estos proyectos legislativos hay varias cosas que se pueden apuntar y que son para preocuparse seriamente.
La legalización de la dación, como se dice, o donación de gametos y la posible selección de los mismos. Hoy día todo el mundo sabe que existen y se puede buscar por Internet bancos de semen, por ejemplo, que clasifican el producto de acuerdo a las posibilidades genéticas que van a concretarse a partir de allí.
De ese modo se autoriza la selección según la voluntad de los que requieren el uso de estas técnicas. Se podría, entonces, condicionar las características físicas o intelectuales del niño por nacer. Se podría elegir un niño rubio de ojos celestes o un morocho de ojos negros, un niño más inteligente o con mayor inclinación genética a desarrollar sus capacidades físicas, etc.
Estas cosas plantean un problema muy serio que podríamos denominar de discriminación genética. Pensemos en las consecuencias sociales y legales de todo esto. Me parece que en estos proyectos no se incluye una aclaración sobre estos conceptos fundamentales.
Está también la posibilidad de seleccionar embriones. Todo el mundo sabe que en el uso de estas técnicas hay embriones que “se pierden”. Y pongo ese “se pierden” entre comillas pero ustedes imaginen lo que eso significa.
Para empezar no se incorporan todos los embriones al cuerpo de la mujer sino que se hace una selección previa. Eso ocurre en todas partes del mundo. Se seleccionan aquellos embriones que se consideran viables, es decir aquellos que tienen mejores posibilidades de nacimiento. Esto quiere decir que puede darse un diagnóstico previo a la incorporación del embrión en el cuerpo de la madre, sea de la madre que lo va a llevar en su seno nueve meses o sea en los vientres de alquiler como también existen ahora.
Esta donación de gametos o la donación de embriones es muchas veces anónima. También se puede comprar un embrión. Esto hará que se desarrolle un mercado de embriones y se lo pueda comprar, con lo cual queda en enigma la filiación del niño.
Fíjense cómo se produce una especie de cambio subrepticio del concepto de filiación, que ya no va a tener nada que ver con lo biológico cuando, hoy en día, sabemos que es muy importante saber la identidad biológica y que mucha gente la reclama con razón. Es decir saber quién es su padre y su madre biológicos. En este anonimato del mercado de la fecundación asistida todo eso no va a ser posible de clarificar.
Además estos proyectos aceptan la crioconservación, es decir el congelamiento de embriones. Y solamente el congelamiento de los embriones que se consideren viables. Aquí se plantean varias cuestiones: ¿Cómo se establecerá cuando un embrión es viable? ¿La Ley lo establecerá? ¿Y qué quiere decir que un embrión no es viable? ¿Quiere decir que hemos dado vida a una persona humana y luego la descartamos? ¿Y descartamos a esa persona por qué? ¿La descartamos, quizás, porque de acuerdo al análisis genético o a la procedencia del semen o del óvulo sabemos que va a tener alguna discapacidad?
Se impide, además, a los médicos, enfermeros, al personal sanitario y a las instituciones la defensa de valores inmutables como el derecho a la vida, ya que el proyecto presentado no incorpora la posibilidad de la objeción de conciencia.
Todo esto suena terrible. Nos hace recordar, en todo caso, experiencias históricas del Siglo XX que son catastróficas.
Por otra parte pareciera que aquí se abre un camino de eliminación sistemática de embriones porque están congelados y si no se los reclama en diez años deben ser descartados. Es decir congelamos niños por nacer, congelamos personas humanas, porque allí donde se ha producido la unión del espermatozoide con el óvulo interviene Dios Creador para infundir un alma inmortal y allí se da la constitución de una persona.
Creo que todo esto hay que pensarlo seriamente. Cuando nosotros, impulsados por el amable y afectuoso propósito de ayudar a aquellas personas que desean un hijo, queremos facilitarles el camino para ello, esto no puede hacerse a costa de un orden en el cual se juega la dignidad de la persona humana. No se puede tratar a los embriones como si fueran cosas, meros objetos biológicos. Creo que los legisladores deberían tener en cuenta estas verdades fundamentales, porque cuando se manipulan las fuentes de la vida estamos abiertos a la posibilidad de engendrar cualquier catástrofe. FIN, 10-09-11.
Vid.:
- ARGENTINA: La Iglesia defiende la dignidad del ser humano
- Sperm donor has 150 sons and daughters
- One
Sperm Donor, 150 Offspring (The New York Times, 05-09-11)
- The gut-wrenching dilemmas of “foetal reduction”
Fuente: NOTICIAS GLOBALES
(http://www.noticiasglobales.org),
Año XIV. Número 1007, 39/11. Gacetilla n° 1122. Buenos Aires, 10 septiembre
2011.
Oración a
San Nicolás de Bari
(Himno)
Desde
este mar proceloso,
oh Padre San Nicolás,
conduce al puerto seguro
de la patria celestial.
De
las luchas de la vida
y mortales tempestades
sálvanos por tu favor
y virtudes singulares.
Siempre acudes en socorro
de cuantos tu auxilio imploran.
Enfermos y navegantes,
pobres o ricos te invocan.
Por
tu santidad eximia
e intercesión poderosa,
haz que elegidos seamos
a la eternidad dichosa.
A los fieles que devotos
vuestro culto propagamos
haznos merecer la gloria
amando a nuestros hermanos.
Amén.
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