Fe
y Razón
Revista virtual gratuita de
teología católica
Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y
Razón”
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 54 – Diciembre de 2010
“Omne
verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga,
procede del Espíritu Santo”
(Santo Tomás de Aquino)
“Hoy se hace necesario
rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como
explicación de
Contacto: feyrazon@gmail.com - Por favor envíenos sus
comentarios o sugerencias a esta dirección. Si el mensaje está referido a una
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cuerpo del mensaje: nombre completo, ciudad o localidad, país, e-mail.
Equipo de
Dirección: Diác.
Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing.
Colaboradores: Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro.
Dr.
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Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo
de Dirección |
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Magisterio |
Papa Benedicto XVI |
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Iglesia |
Mons. |
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Libros |
Nuevo libro de Mons. Miguel Antonio Barriola: “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25) |
Equipo de Dirección |
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Libros |
Introducción a: Miguel Antonio Barriola: “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25) |
Pbro. Dr. Antonio Bonzani |
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Apologética |
Dr. Eduardo Casanova |
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Teología |
Lic. Néstor Martínez |
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Teología |
Ing. |
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Familia
y Vida |
Absurdistán |
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Libertad
religiosa |
Noticias Globales |
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Oración |
Biblia
de Jerusalén |
Equipo de Dirección
Con alegría informamos que, con
fecha 1/11/2010, Mons.
Tras un largo proceso de
digitación y edición, a fines del pasado mes de noviembre el CCCFR publicó el
Nº 5 de la Colección de Libros “Fe y Razón”: Miguel Antonio Barriola, “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25).
Reflexiones sobre la cristología de J. L. Segundo y la eclesiología de H. Küng.
En este número publicamos un comunicado sobre este excelente libro de Mons.
Barriola y la Introducción al mismo, compuesta por el Pbro. Dr.
Del 9 de noviembre al 7 de
diciembre, en
El presente número contiene
también la magnífica homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció en Santiago de
Compostela durante su reciente viaje a España; y la octava nota de la
interesente serie del Dr.
Aún no hemos alcanzado la meta de los mil suscriptores. Volvemos a solicitarles que tengan la bondad de difundir la revista “Fe y Razón” entre sus familiares y amigos y de invitarlos a suscribirse, enviando sus datos a: feyrazon@gmail.com.
Durante el mes de enero no se publicará la revista “Fe y Razón”. Nos reencontraremos a principios de febrero.
«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace.» (Lucas 2,14). Rogamos a Dios, nuestro Padre bueno, que conceda a cada uno de ustedes, nuestros lectores, y a sus familias vivir una muy feliz y santa Navidad; y también un muy buen año 2011.
Santa Misa con ocasión del Año Santo
Compostelano
Homilía del Santo Padre Benedicto XVI
Plaza
del Obradoiro, Santiago de Compostela
Sábado 6
de noviembre de 2010
Amadísimos hermanos en Jesucristo:
Doy gracias a Dios por el don de poder estar aquí, en esta espléndida plaza repleta de arte, cultura y significado espiritual. En este Año Santo, llego como peregrino entre los peregrinos, acompañando a tantos como vienen hasta aquí sedientos de la fe en Cristo resucitado. Fe anunciada y transmitida fielmente por los Apóstoles, como Santiago el Mayor, a quien se venera en Compostela desde tiempo inmemorial.
Agradezco las gentiles palabras de bienvenida de Monseñor Julián Barrio Barrio, Arzobispo de esta Iglesia particular, y la amable presencia de Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, de los Señores Cardenales, así como de los numerosos hermanos en el episcopado y el sacerdocio. Vaya también mi saludo cordial a los parlamentarios europeos, miembros del intergrupo “Camino de Santiago”, así como a las distinguidas autoridades nacionales, autonómicas y locales que han querido estar presentes en esta celebración. Todo ello es signo de deferencia para con el Sucesor de Pedro y también del sentimiento entrañable que Santiago de Compostela despierta en Galicia y en los demás pueblos de España, que reconoce al Apóstol como su Patrón y protector. Un caluroso saludo igualmente a las personas consagradas, seminaristas y fieles que participan en esta Eucaristía y, con una emoción particular, a los peregrinos, forjadores del genuino espíritu jacobeo, sin el cual poco o nada se entendería de lo que aquí tiene lugar.
Una frase de la primera lectura afirma con admirable sencillez: «Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor» (Hch 4,33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no se halla una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jesús justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo condenó por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que hará justicia a todos los injustamente humillados de la historia.
«Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen» (Hch 5,32), dicen los apóstoles. Así pues, ellos dieron testimonio de la vida, muerte y resurrección de Cristo Jesús, a quien conocieron mientras predicaba y hacía milagros. A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos. Así imitaremos también a San Pablo que, en medio de tantas tribulaciones, naufragios y soledades, proclamaba exultante: «Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2 Co 4,7).
Junto a estas palabras del Apóstol de los gentiles, están las propias palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, y que invitan a vivir desde la humildad de Cristo que, siguiendo en todo la voluntad del Padre, ha venido para servir, «para dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28). Para los discípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de Él, incluso con los gestos más sencillos. Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la comunidad, basado en la lógica del amor y del servicio, Jesús se dirige también a los «jefes de los pueblos», porque donde no hay entrega por los demás surgen formas de prepotencia y explotación que no dejan espacio para una auténtica promoción humana integral. Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los jóvenes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la vía para que, renunciando a un modo de pensar egoísta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jesús, podáis realizaros plenamente y ser semilla de esperanza.
Esto es lo que nos recuerda también la celebración de este Año Santo Compostelano. Y esto es lo que en el secreto del corazón, sabiéndolo explícitamente o sintiéndolo sin saber expresarlo con palabras, viven tantos peregrinos que caminan a Santiago de Compostela para abrazar al Apóstol. El cansancio del andar, la variedad de paisajes, el encuentro con personas de otra nacionalidad, los abren a lo más profundo y común que nos une a los humanos: seres en búsqueda, seres necesitados de verdad y de belleza, de una experiencia de gracia, de caridad y de paz, de perdón y de redención. Y en lo más recóndito de todos esos hombres resuena la presencia de Dios y la acción del Espíritu Santo. Sí, a todo hombre que hace silencio en su interior y pone distancia a las apetencias, deseos y quehaceres inmediatos, al hombre que ora, Dios lo alumbra para que lo encuentre y para que reconozca a Cristo. Quien peregrina a Santiago, en el fondo, lo hace para encontrarse sobre todo con Dios que, reflejado en la majestad de Cristo, lo acoge y bendice al llegar al Pórtico de la Gloria.
Desde aquí, como mensajero del Evangelio
que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la
Europa que peregrinó a Compostela. ¿Cuáles son sus grandes necesidades, temores
y esperanzas? ¿Cuál es la aportación específica y fundamental de la Iglesia a
esa Europa, que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas
configuraciones y proyectos? Su aportación se centra en una realidad tan
sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado
Es una tragedia que en Europa, sobre todo
en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el
antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quería
ensombrecer la verdadera fe bíblica en Dios, que envió al mundo a su Hijo
Jesucristo, a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna (cf.
Jn 3,16).
El autor sagrado afirma tajante, ante un
paganismo para el cual Dios es envidioso o despectivo del hombre: ¿Cómo habría
creado Dios todas las cosas si no las hubiera amado, Él que en su plenitud
infinita no necesita nada? (cf. Sab 11,24-26). ¿Cómo se habría revelado
a los hombres si no quisiera velar por ellos? Dios es el origen de nuestro ser
y cimiento y cúspide de nuestra libertad; no su oponente. ¿Cómo el hombre
mortal se va a fundar a sí mismo y cómo el hombre pecador se va a reconciliar a
sí mismo? ¿Cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad
primera y esencial de la vida humana? ¿Cómo lo más determinante de ella puede
ser recluido en la mera intimidad o remitido a la penumbra? Los hombres no
podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, ¿cómo es posible
que se niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e imán
de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla? Por eso, es necesario que Dios vuelva a
resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se
pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le
son impropios. Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la
percibamos así en la vida de cada día, en el silencio del trabajo, en el amor
fraterno y en las dificultades que los años traen consigo.
Europa ha de abrirse a Dios, salir a su
encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que
habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental
en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que
nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales
de Europa.
Ese Dios y ese hombre son los que se han
manifestado concreta e históricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos
hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que
acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado
hasta el extremo, y por eso don y perdón al mismo tiempo, debe ser nuestra
estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido
sinónimos en nuestra historia, porque Cristo se dejó clavar en ella para darnos
el supremo testimonio de su amor, para invitarnos al perdón y la
reconciliación, para enseñarnos a vencer el mal con el bien. No dejéis de
aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la
vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y guía. ¡Oh Cruz
bendita, brilla siempre en tierras de Europa!
Dejadme que proclame desde aquí la gloria
del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el
expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte
infligidas a los más débiles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin
velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quien
es su Padre y responder a la pregunta por Él. La Europa de la ciencia y de las
tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la
vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros
continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es
lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre,
desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo.
Queridos amigos, levantemos una mirada esperanzadora hacia todo lo que Dios nos ha prometido y nos ofrece. Que Él nos dé su fortaleza, que aliente a esta Archidiócesis compostelana, que vivifique la fe de sus hijos y los ayude a seguir fieles a su vocación de sembrar y dar vigor al Evangelio, también en otras tierras.
Que Santiago, el amigo del Señor, alcance abundantes bendiciones para Galicia, para los demás pueblos de España, de Europa y de tantos otros lugares allende los mares, donde el Apóstol es signo de identidad cristiana y promotor del anuncio de Cristo. ¡Amén!
Fuente:
Nota: El énfasis de los párrafos en negrita fue agregado por “Fe y Razón”.
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ARZOBISPO DE
MONTEVIDEO
DECRETO
CENTRO CULTURAL
CATÓLICO “FE Y RAZÓN” (CCCFR)
VISTO:
1º.
La solicitud de reconocimiento como Asociación Privada de Fieles, del Centro
Cultural Católico Fe y Razón, Asociación Civil con sede en
2º. Que ha presentado para la aprobación los Estatutos correspondientes, cuyo ejemplar auténtico ha sido sellado y firmado por el Sr. Canciller del Arzobispado.
3º. Que la entidad peticionante solicita ser constituida Persona Jurídica Eclesial.
4º. La solicitud para denominarse Católica a obtener de la correspondiente autoridad.
CONSIDERANDO:
1º. Que los fines de la Asociación son fomentar la cultura con espíritu cristiano; desarrollar iniciativas para la evangelización de la cultura; promover y defender la doctrina católica, incluyendo la doctrina social de la Iglesia.
2º. Su manifestación de trabajar en estrecho contacto con la Facultad de Teología del Uruguay “Mons. Mariano Soler”.
3º. La voluntad de desarrollar su tarea en la línea del Pontificio Consejo para la Cultura.
4º. Lo establecido en los cc 299,#1-2; 322; 114,#3; 300 del CIC.
POR LAS PRESENTES DECRETAMOS:
1º. El reconocimiento de la nueva entidad como Asociación Privada de Fieles.
2º. La aprobación de los correspondientes Estatutos, cuyo ejemplar auténtico acompaña este Decreto.
3º.
El otorgamiento de
4º. La autorización para denominarse Católica.
5º. Comuníquese, notifíquese, archívese.
Dado en Montevideo, a los 1 días de noviembre Solemnidad de Todos los Santos del año del Señor dos mil diez.
+
ARZOBISPO DE MONTEVIDEO
Pbro.
Secretario-Canciller
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Nuevo libro de Mons. Miguel Antonio Barriola:
“Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25)
Equipo de Dirección
El
Centro Cultural Católico “Fe y Razón” se complace en anunciar la publicación
del quinto título de su Colección de Libros. Se trata de una obra de Mons. Dr.
Miguel Antonio Barriola: “Cristo amó a la
Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones sobre la cristología de J. L. Segundo y la
eclesiología de H. Küng.
Este libro, de
218 páginas, contiene una Introducción (a cargo del Pbro. Dr.
· Parte 1 - Jesucristo según Juan Luis Segundo
· Parte 2 - Hans Küng contra el Papado. Algunas respuestas a su ofensiva
(leer más)
En la primera parte, el autor realiza un análisis crítico de la obra: Ese Dios - Juan Luis Segundo - Versión desgrabada de sus charlas, OBSUR, Montevideo 2006. En estas charlas, Segundo, sacerdote jesuita uruguayo que militó en las filas de la llamada “Teología de la Liberación”, desarrolla una cristología muy alejada de la doctrina católica.
En la segunda
parte, escrita en 1972 pero cuyo contenido sigue teniendo hoy un palpitante
interés, el autor analiza críticamente el célebre libro de Hans Küng, Infallibile? Una domanda, Brescia, 1970.
Allí Küng, sacerdote suizo, el más famoso de los teólogos católicos disidentes
contemporáneos, niega el dogma católico de la infalibilidad papal.
*****
Miguel Antonio
Barriola nació el 27 de mayo de 1934 en Montevideo. Fue ordenado sacerdote del
clero secular de Montevideo el 15 de agosto de 1957. Es Licenciado en Teología
Dogmática por
Fue miembro fundador del
Instituto Teológico del Uruguay (1963) y Perito
enviado por el Episcopado uruguayo para
Desarrolló la docencia de Latín, Griego, Filosofía, Teología y Sagrada Escritura en los Seminarios de Montevideo (Uruguay), Córdoba, Santa Fe, Tucumán y La Plata (Argentina). Actualmente reside en esta última ciudad, donde es docente y director espiritual.
El 20 de
septiembre de 2001 el Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de
Mons. Barriola –autor de gran erudición– ha tenido un notable influjo a través de varios libros y de innumerables artículos y conferencias, convirtiéndose en un destacado referente teológico en Uruguay, Argentina, otros países de América Latina y Europa. Es socio fundador del Centro Cultural Católico “Fe y Razón” y colabora asiduamente con sus publicaciones y actividades académicas.
*****
El libro en
cuestión (cuya corrección y edición estuvo a cargo de
Allí se permite ver la tapa y las primeras páginas del libro, y se puede obtener el mismo en cualquiera de las siguientes dos modalidades:
· Como descarga gratuita del texto en formato PDF.
· Como libro impreso. En este último caso, Lulu imprime la cantidad de ejemplares pedida (cualquier cantidad, de uno en adelante) y los envía desde Estados Unidos al comprador. Para hacer la compra se requiere una tarjeta internacional. Hay tres modos de envío, denominados “Económico”, “Rápido” y “Exprés”. El envío “Económico” (o “Correo”) es más barato, más lento y menos seguro que las otras dos formas de envío. En esas otras dos modalidades el envío está garantizado por Lulu, ya que le permiten rastrear los paquetes.
Actualmente la Colección “Fe y Razón” (disponible en la dirección ya indicada) está compuesta por los siguientes libros:
·
Nº 1 – Miguel Antonio Barriola, “En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5).
Reflexiones sobre Dios en la historia.
·
Nº 2 –
·
Nº 3 – Néstor Martínez Valls, Baúl apologético. Selección de trabajos
filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.
·
Nº 4 –
· Nº 5 – Miguel Antonio Barriola, “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones sobre la cristología de J. L. Segundo y la eclesiología de H. Küng.
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Introducción a: Miguel Antonio Barriola,
“Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25)
Pbro. Dr.
Rector
Con mucho gusto
quiero saludar los presentes aportes teológicamente críticos del muy apreciado
amigo y colaborador de nuestra Facultad de Teología del Uruguay ‘Mons. Mariano
Soler’, el Reverendísimo Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, incansable servidor
del ‘Verbum Domini’, desde
El libro se titula “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones sobre la cristología de J. L. Segundo y la eclesiología de H. Küng. Se trata del Nº 5 de la Colección de Libros ‘Fe y Razón’ y tiene dos partes:
· La Parte 1 es ‘Jesucristo según Juan Luis Segundo’.
· La Parte 2 es ‘Hans Küng contra el Papado. Algunas respuestas a su ofensiva’.
Una vez más, con este aporte, Mons. Barriola ofrece elementos valiosos para nunca olvidar cuanto recomendaba el Magisterio: “... es importante subrayar que la utilización por parte de la teología de elementos e instrumentos conceptuales provenientes de la filosofía o de otra disciplina exige un discernimiento que tiene su principio normativo último en la doctrina revelada. Es ésta la que debe suministrar los criterios para el discernimiento de esos elementos e instrumentos conceptuales, y no al contrario”[1],
considerando la correcta comprensión del quehacer teológico:
“... la fe de la Iglesia es el punto de
partida del quehacer teológico o, mejor dicho,
Sin embargo se siguen publicando obras del Dr. Juan Luis Segundo SJ[3], luego de su muerte –el 17 de enero de 1996–, a pesar de las reservas planteadas por distintos ámbitos eclesiales y destacados teólogos[4].
Justo al
cumplirse 25 años de la publicación de
Ante estas
actitudes editoriales consideramos proféticas las expresiones de Papa Benedicto
XVI: “en ella (la Instrucción) se subrayaba el peligro que implicaba la
aceptación acrítica, por parte de algunos teólogos, de tesis y metodologías
provenientes del marxismo. Sus consecuencias más o menos visibles, hechas de
rebelión, división, disenso, ofensa y anarquía, todavía se dejan sentir,
creando en comunidades diocesanas un gran sufrimiento y una grave pérdida de
fuerzas vivas”;
y agregaba: “suplico a todos los que de algún modo se
han sentido atraídos, involucrados y afectados en su interior por ciertos
principios engañosos de la teología de la liberación, que vuelvan a
confrontarse con
También es valioso el aporte de la segunda parte: es un análisis crítico del libro de Hans Küng, Infallibile? Una domanda, Brescia, 1970; una iniciativa concreta del más destacado biblista uruguayo para contrarrestar el indiferentismo y relativismo eclesiológico, libre de cualquier reduccionismo conformista o irenismo acrítico.
En este clima de servicio a la Verdad presentamos este libro, una vez más agradecidos al Autor, y al Centro Cultural Católico ‘Fe y Razón’ por publicarlo.
*****
[1] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Veritatis Donum, Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, Librería Editrice Vaticana, Roma, 1990, n. 10.
[2] Juan Pablo II, Pastores Dabo Vobis, Exhortación Apostólica del 25 de marzo de 1992, n. 53.
[3] Nacido en Montevideo en 1925,
en el año 1941 ingresó a la Compañía de Jesús. Licenciado en Filosofía (Buenos
Aires) y en Teología (Lovaina), consigue el grado académico de ‘Docteur en Lettres’ (París), donde bajo
la dirección de Paul Ricoer, hizo su tesis sobre N. Berdiaeff. El pensamiento
del Padre Segundo ha sido estudiado, entre otros, por el uruguayo Elbio Medina
Ylla, quien dedicó su tesis doctoral a profundizar ‘El sentido de la esperanza, y su relación con la historia y
[4] Cf. Pbro. Dr. Miguel Antonio
Barriola, Fieles al Papa desde América
Latina. Otra respuesta al Cardenal Ratzinger, Instituto Teológico del
Uruguay ‘Monseñor Mariano Soler’, Montevideo, 1987. Para una muy lograda
contextualización del pensamiento del Autor sacerdote jesuita, me permito
remitir al estudio muy documentado del téologo uruguayo Reverendo Padre Lic.
Horacio Bojorge SJ, Teologías deicidas.
El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto, Ediciones Encuentro,
Madrid, 2000, 380 p, con bibliografía selectiva de y sobre Juan Luis Segundo,
pp. 369-380. Cf. Eduardo Rodríguez Antuñano SJ, El Problema Cristológico en la actual búsqueda teológica
latinoamericana, Editorial de
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Sábana Santa: fe y razón (Nota 8)
Dr.
Signo es la expresión material, física, que puede ser comprendida por el intelecto como un concepto, es decir, con un “significado”. Los signos pueden ser figuras, palabras o señas, más o menos complejas, captadas por nuestros sentidos –vista, oído e incluso tacto, para el lenguaje Braille–, expresando “mensajes” que aumentan nuestro conocimiento.
Los signos recogidos por la ciencia no sólo confirman la autenticidad histórica de la Síndone, sino que documentan de un modo nuevo los relatos evangélicos.
Si bien todo signo es una
expresión física y temporal, los signos impresos en
Los signos estudiados por los paleontólogos tienen un carácter histórico especial. Por ejemplo, los trazos inteligentes descubiertos en las Cuevas de Altamira revelan la presencia humana en tiempos remotos. Lo mismo ocurre con los granos de polen en la Síndone, que documentan su ubicación en Jerusalén en el siglo I. Pero en la Síndone estos signos contienen un valor no sólo paleontológico-histórico, sino que parecen proyectar nuestro presente al futuro, y a la eternidad, que no cuenta con pasado ni futuro. Con más de 2000 años, las huellas sindónicas escapan a la historia porque pertenecen al Creador del tiempo.
Lo que el Evangelio llama “signo de los tiempos” se refiere al significado global de los sucesos de determinado período histórico: sabemos que se aproxima la primavera al advertir brotes en las plantas. Por ello cabe que nos preguntemos hoy sobre el significado de la Síndone, ya que hasta el presente no contábamos con toda la información y el conocimiento con que hoy el Lienzo nos enriquece. Hasta ahora no podíamos apreciar esa riqueza, como no podíamos apreciar durante el invierno la vitalidad de la planta que se hace aparente en la primavera.
La Síndone como signo de los tiempos por excelencia
El planteo anterior se corresponde con la realidad de que la Síndone contiene aquellos signos que traducen “la plenitud de los tiempos”, los de la Vida de Dios hecho Hombre, con Su Pasión, Muerte y Resurrección. Desde ese momento histórico tomarán significado todos los demás períodos de la historia, reconocidos como anteriores o posteriores a Cristo.
No obstante lo dicho, el análisis de la Síndone permite descubrir un significado especial para cada época histórica. Se comportará siempre como signo de los tiempos para esa época, y por ello obrará como signo de los tiempos por excelencia.
La ciencia semiológica permite a
los médicos interpretar los síntomas relatados por una persona. De igual modo
la semiótica analiza las expresiones que permiten entender lo que manifiesta un
intelecto racional. En todos los casos, los signos se interpretan vinculados a
su origen, relacionado con una inteligencia personal, racional. Lo mismo ocurre
con
La Revelación implícita (la del
universo) y la Revelación explícita (la de la Palabra) se encuentran ambas
contenidas en
Esta peculiaridad de la Síndone permite entender que Juan Pablo II le haya honrado con honores similares a los reservados para la Eucaristía.
Algunos autores cristianos se refirieron a la Síndone como a un “icono”. Sin embargo, su valor ontológico es mucho mayor que el de un “símbolo” (etimología griega del término “icono”), sobre todo cuando la tradición cristiana aplica este término a una “pintura, imagen u objeto consagrado”. La Síndone no es una imagen pintada, ni consagrada por creatura alguna, sino por el mismo Creador.
Si una cruz es “símbolo” de
salvación, y la figura o reliquia de un santo es signo de vida a imitar, la
Síndone es mucho más que eso: no sólo “representa” la Pasión, Muerte y
Resurrección, sino que la “materializa” en el tiempo, así como la Eucaristía
materializa
Los signos de los tiempos en la historia de la Síndone
Durante el siglo XX la creciente tecnología reveló, a partir de los hallazgos iniciales, nuevos signos, y fue enriqueciendo nuestro conocimiento.
Antes y después de Edessa, la
Síndone fue signo de contradicción, de violencia, como lo había sido la vida de
Jesús enfrentado al “establishment”
de su tiempo, violencia que a la postre lo llevó a
¿Qué ocurre con la Síndone
durante el siglo XX? En nuestros días el lienzo de Turín parece materializar la
interpelación más concreta a quienes aún no creen, para que crean y se
conviertan, de modo similar a Juan evangelista en el siglo I, cuando ante el
Sepulcro Vacío, y ante
El estrecho vínculo de la Síndone
con la Resurrección es puesto hoy en evidencia por el C14, cuando
nuestra fe parece afrontar el desafío descrito por San Pablo, quien sostiene
que si Cristo no hubiese resucitado, sería vana nuestra fe. Ante las
circunstancias actuales,
La física cuántica enseña que el tiempo se identifica con la materia del universo, pero la realidad no se agota en el tiempo, ni en lo material. Ello aparece también expresado en la Síndone, como huella de la Realidad suprema e inmaterial en la materialidad del lino.
La Síndone como signo peculiar de los tiempos actuales
El enfrentamiento que hoy
comprobamos entre ciencia e ideología es uno de los signos más elocuentes de
contradicción, también proyectado en
La ideología del siglo XXI
encarna una síntesis globalizada de los peores elementos de las ideologías del
siglo pasado. Lo que se reconoce como “ideología de género” aparece como una
filosofía consistente en “torcer” la realidad, proponiendo que la realidad ha
de ser “construida” o “inventada”, no “descubierta”. De este modo, los
“descubrimientos realizados” en el lienzo de Turín pierden todo “significado”:
la ideología se ha empecinado en desconocerlos y negarlos. Como en tiempos de
Jesús, la hipocresía actual llega también a niveles críticos, porque como antes
se ponía por excusa la ley para desconocer la ley, hoy se pone a la ciencia
como excusa para desconocer la ciencia: sobre el dato aislado del C14
se llegó a sostener que el negativo fotográfico presente en la Síndone tiene su
origen cinco siglos antes de que se conociese
Se niega el valor de la evidencia, evidencia física, evidencia biológica, evidencia jurídica y evidencia moral. Las consecuencias de estas negaciones resultan nefastas para los seres humanos, a quienes se niega su carácter esencial de persona, atendiendo al grado de desarrollo biológico, intelectual o económico, y a su grado de salud. Una ministra española llegó a sostener que podía considerarse al embrión humano como “un ser vivo”, pero no “un ser humano”.
En esta ideología puede concebirse que alguien pueda ser padre de “un ser vivo” sin ser varón, y ser madre sin ser mujer, independientemente de su identidad genética.
Ante esta realidad, que puede ser
“construida” o “inventada” por consenso, antes que “descubierta”,
La ideología que contradice a la
Vida en su máxima expresión, es la que se identifica con lo que Juan Pablo II
llamó “cultura de la muerte”. Es la misma que preconiza el asesinato de los
seres humanos más inocentes e indefensos en el vientre materno. Es la que
procura que las madres maten a sus hijos, contribuyendo así a la corrupción de
la familia y de
La contradicción no radica sólo en desconocer la evidencia, sino en mentir: en pronunciar un discurso y optar por un comportamiento contrario. Así como se pretende negar la autenticidad de la Síndone invocando la ciencia, se invoca también el término “católico” para descristianizar instituciones, sobre todo educativas y de salud, que nacieron y crecieron inspiradas por y en el Magisterio de la Iglesia.
Si nos preguntamos cuál es el
significado de la Síndone para estos tiempos, acaso podamos encontrarlo al
señalar que estamos llegando al punto crítico de disociación del discurso y el
comportamiento. Llegados a este punto, quizá podamos hoy interpretar mejor
aquella oscura frase del Evangelio, acerca de hacia dónde mirar al fin de los
tiempos: “dondequiera que esté el cuerpo,
allí se reunirán las águilas (Lc 17,37). Después de todo, la imagen que
hasta 1898 sólo mostraba la figura borrosa y confusa de un “Cuerpo”, hoy
podemos apreciarla con total nitidez: se trata del Cuerpo con el que finaliza
el tiempo caduco de la vida humana, con el que finaliza la absurda la cultura
de la muerte, y se abre
22-11-2010
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Verdades fundamentales de la fe católica
Lic. Néstor Martínez
La fe cristiana y católica se
apoya sobre tres “es” fundamentales: 1) Jesús es Dios. 2) La Eucaristía es
el Cuerpo y la Sangre de Cristo. 3) La Iglesia de Cristo es
Esos tres “es” están siendo atacados contemporáneamente por propuestas teológicas que buscan –dicen– hacer “comprensible” la fe católica al hombre actual.
Se dice que Dios “está en”
Jesucristo, se niega o se deja de lado la transustanciación eucarística, única
que permite decir que el pan y el vino consagrados son el Cuerpo y la Sangre,
el Alma y la Divinidad de Jesucristo, y se dice que la Iglesia de Cristo
“subsiste” en la Iglesia Católica de tal modo, que “no es”
En todo esto hay que tener presente que, en materia de fe, dar 29 pasos cuando había que dar 30 es como no haberse movido.
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En efecto, respecto del primer “es”, en la verdad de fe fundamental “Jesús es Dios”, se puede errar al menos de dos maneras distintas: por relación al predicado, o por relación a la unión del predicado con el sujeto.
Por relación al predicado erraban los arrianos, cuando decían que Jesús (ellos lo decían propiamente hablando del Hijo, pero el resultado es el mismo) es la máxima creatura de Dios, pero no es Dios. Todo lo que se engrandezca a Jesús, al tiempo que se niega su estricta identidad de naturaleza con el Padre, es estrictamente nada en términos de fe cristiana. Porque la diferencia entre un salvador que no es Dios y un Salvador que es Dios es infinita, como lo es la diferencia entre Dios y sus creaturas.
Por relación a cómo el predicado “Dios” se relaciona con el sujeto “Jesús” erraron por ejemplo los nestorianos, diciendo que el Verbo y Jesús son dos personas distintas, de tal modo que el Verbo “habita en” Jesús como en un templo, y de modo tal que la unión de ambos es sin duda estrechísima. Todo lo estrecha que se haga la unión entre Jesús y el Verbo, después de haber negado la identidad personal entre ambos, es estrictamente nada, en términos de fe cristiana.
Decir que la unión entre el Verbo
y Jesús es la más estrecha que puede haber, no nos saca todavía de
Y si el Verbo solamente “está en” Jesús, si son dos personas distintas, entonces, lógicamente, Jesús no es Dios. Por el camino del nestorianismo volveríamos al arrianismo, o más bien ambos llevan por el mismo camino a negar lo fundamental de la fe cristiana: la Encarnación del Verbo de Dios.
Yo habito en mi casa, yo estoy en mi casa, yo estoy en mis pantalones, pero yo no soy ni mi casa ni mis pantalones. Dios “habita en” sus santos, en la Virgen, en San Juan, en el Bautista, en Santa Teresa. Pero en ese sentido, que es el obvio, de “estar en” o “habitar en”, Dios no habita en Jesús, Dios no está en Jesús. JESÚS ES DIOS.
Mientras el cristiano no confiesa que Jesús es Dios, su fe no es escándalo para el mundo, o sea, no es cristiana. El mundo puede tolerar todas las inhabitaciones de Dios en Jesús que nosotros queramos imaginar. Lo único que le va a dejar un intolerable gusto a sal en la boca es la afirmación pura, simple y desnuda de que Jesús es Dios. Sólo entonces va a tener motivo serio para marginarnos y perseguirnos. Sólo entonces se van a poner a juntar piedras para lapidarnos. Y sólo entonces nos vamos a salvar de ser declarados “sin sabor” y de ser tirados y pisoteados por los hombres.
Es curioso, pero a muchos católicos hoy día les resulta espontáneamente aceptable la afirmación de que en Jesús no hay dos personas, sino solamente una; incluso aceptan que la única persona que hay en Jesús es la Persona divina del Verbo, pero luego reaccionan extrañados cuando se les dice que en Jesús no hay una persona humana y que por tanto Jesús no es una persona humana.
Y sin embargo, ello es lógicamente una consecuencia inevitable de lo anterior, como ya lo vio claro la Iglesia en el Concilio de Éfeso. Si en Jesús hay una persona humana, si Jesús es una persona humana, entonces es una persona distinta de la Persona divina del Verbo, Hijo de Dios. Y entonces en Jesús hay dos personas, la Divina y la humana, lo que es precisamente la herejía condenada en el nestorianismo.
Por eso los nestorianos decían
que María es Madre de Cristo, pero no Madre de Dios. Porque era, según ellos,
madre de la persona humana, no de la Persona divina. Y por eso el Concilio de
Éfeso definió que María es Madre de Dios. Porque es Madre de la Persona divina,
no en cuanto divina, sino en cuanto esa Persona divina ha asumido una
naturaleza humana,
Con esa definición el Concilio no
pretendía solamente ni en primer lugar reconocer la grandeza de la Virgen, sino
ante todo afirmar la unidad de la Persona divina de Jesucristo.
Jesús es una persona divina que
ha asumido la naturaleza humana. Jesús es hombre. Jesús es verdadero hombre.
Jesús es humano. Jesús es el HOMBRE por excelencia. Jesús es una Persona que
tiene la naturaleza humana. Y Jesús no es persona humana, sino Persona divina,
Hoy día, con la intención de hacer “comprensible” la fe cristiana, con la intención de “acercarla” al hombre de hoy, como si con la Encarnación no se hubiese dado todo el acercamiento necesario y suficiente, se vuelve a usar el lenguaje nestoriano: “Dios está en Jesús”. “Dios se hace presente en Jesús”. “Dios se manifiesta en Jesús”. Un gobernante se hace presente por medio de su embajador, pero el embajador no es el gobernante. Un ejército se manifiesta mediante su bandera, pero la bandera no es el ejército.
La alergia metafísica de nuestra
cultura es tomada por algunos teólogos como criterio de interpretación de
No hablamos de idiomas, que sabemos que son varios, sino de lenguaje, de la inevitable estructura metafísica del lenguaje humano. Más allá de que, como dicen algunos, algunas tribus primitivas tengan o no el verbo “ser”, el hecho es que nosotros vemos y sabemos claramente que NO ES LO MISMO SER QUE ESTAR. No es lo mismo que A sea B, que decir que B está en A. Y en todos los lenguajes suficientemente desarrollados como para soportar el peso de una civilización, el verbo que hace de cópula en los juicios es el verbo “ser”.
*****
Lo mismo sucede con el dogma de
Jesús dijo “Esto es mi cuerpo”. No dijo “esto significa mi cuerpo” ni “mi cuerpo está en esto”, sino “Esto es mi cuerpo”. La “transustanciación”, como la entiende la fe católica, es la conversión de toda la sustancia del pan y de toda la sustancia del vino, en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo Nuestro Señor.
El punto de partida, el término “a quo”, es la sustancia del pan y del vino, es decir, su ser profundo, lo que el pan y el vino son. Esto es así, porque los accidentes del pan y el vino permanecen una vez realizada la conversión eucarística, como atestiguan los sentidos. El punto de llegada, el término “ad quem”, de esa conversión, es Jesucristo Nuestro Señor, todo Él: su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Como no hay alternativa entre que Jesús sea el Creador o sea una creatura, y la diferencia es infinita, tampoco hay alternativa entre que la sustancia del pan y el vino permanezca o no, y la diferencia también es infinita. Porque es infinita la diferencia entre una presencia de Cristo que no significa que el pan consagrado SEA Cristo, de una Presencia real de Jesucristo que implica que el pan consagrado ES Nuestro Señor Jesucristo.
Si tras la consagración permanece
la sustancia del pan, no es verdad, literalmente hablando, que
Por tanto, o se acepta la transustanciación, es decir, que después de la consagración ya no existe ni la sustancia del pan ni la sustancia del vino, sino que se han convertido, por el poder de Dios, en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, o hay que negar que el pan consagrado sea el Cuerpo de Cristo y que el vino consagrado sea la Sangre de Cristo, contra lo que enseña la fe católica.
Porque nada puede SER a la vez pan y Cuerpo de Cristo, o a la vez vino y Sangre de Cristo. Eso sí que implica contradicción, ya que implica a la vez ser pan y no ser pan (por ser Cuerpo); ser vino y no ser vino (por ser Sangre).
Y no tiene sentido, análogamente
a como no lo tiene hablando de la Persona y las naturalezas de Jesús, decir
aquí que el Cuerpo de Cristo “está presente” en el pan, o que la Sangre de
Cristo “está presente” en el vino, si previamente se ha negado que el pan
consagrado SEA el Cuerpo de Cristo, y que el vino consagrado SEA la Sangre de
Cristo. Tras la comunión el Cuerpo y la Sangre de Cristo están presentes en el
que los recibe, pero no es eso lo que queremos decir cuando hablamos de
Atiéndase a que aquí no estamos ante una cuestión de teologías diferentes. Ésta no es una cuestión de teología, sino una cuestión de fe. Son dos fes distintas la que dice que Dios solamente “está” en Jesús, y que Jesús solamente “está” en la Eucaristía, y la que dice que Jesús es Dios y que la Eucaristía es el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo Nuestro Señor.
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Y lo mismo sucede hoy día en
muchos teólogos, lamentablemente, en lo tocante a la relación entre la Iglesia
de Cristo y
Pero de ahí toman pie algunos teólogos actuales para decir que el “subsistit in” ha “sustituido” al “es”. Ahora bien, en virtud del principio de tercero excluido (“Toda cosa es, o no es, algo”) la única forma de “sustituir” al “es” es afirmar el “no es”.
Por tanto, para ser lógicos,
habría que decir que la Iglesia de Cristo “no es”
Lo primero sería bien extraño que lo dijera un Concilio Ecuménico: que la Iglesia de Cristo no “es” la Católica pero sí “es” la Oriental separada, por ejemplo. Lo segundo nos lleva de nuevo a dos posibilidades: o bien la Iglesia de Cristo no existe hoy día entre nosotros, o bien existe sólo como realidad espiritual e invisible. Lo primero es claro que es absurdo para ser dicho por un Concilio; lo segundo también, porque es la visión protestante, no la católica, de la Iglesia.
Por supuesto, en ninguna parte dice el Concilio Vaticano II que la Iglesia de Cristo no es la Iglesia Católica, ni que haya que “sustituir” al “es” con el “subsiste en”. La Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica porque es la Iglesia Católica, y en definitiva, subsiste porque existe, y existe histórica y visiblemente, también hoy día.
¿Negamos con eso que existan elementos de la Iglesia fuera de los confines visibles de la Iglesia Católica? Para nada. Se puede participar de algo sin serlo plenamente. Por la gracia somos “partícipes de la naturaleza divina”, pero no somos Dios. Análogamente, fuera de los límites visibles de la Iglesia Católica existen, como dice el Concilio, muchos elementos de santidad y verdad, que de suyo pertenecen a la Iglesia de Cristo, y que impulsan hacia la unidad católica.
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Veamos entonces adónde nos ha llevado la manía “traduccionista” de muchos teólogos contemporáneos: un Jesús que no es Dios, una Eucaristía que no es el Cuerpo de Cristo, una Iglesia Católica que no es la Iglesia de Cristo. ¿Hace falta algo más?
Se trata, en efecto, no de otra
teología, sino de otra fe. Lo malo es que es una fe que pretende ser la
católica y pretende desarrollarse y crecer dentro de
El chocolate no es lo mismo que el dulce de leche. Por algún misterioso triunfo de la sección “pensamiento” de la oficina infernal, tan bien descrita por C. S. Lewis en “Cartas del diablo a su sobrino”, muchos de nuestros católicos contemporáneos se regocijan con la sola idea de explicar lo que es el chocolate a un niño que no lo conoce diciéndole que es como el dulce de leche.
Enseguida muchos sacarán a relucir ante esto la excusa de la “pastoral”. Pero no puede haber un “credo pastoral” distinto del Credo eclesial. La Pastoral en la Iglesia nunca consistió en fomentar la existencia de dos fés distintas, una para el pueblo y otra para los entendidos. Está bien dar leche a los infantes en Cristo, pero está muy mal darles veneno.
Y anunciar la verdadera fe católica no es tan difícil como lo quieren presentar algunos. Por el contrario, la fe verdadera tiene cierta connaturalidad con el alma de los sencillos. El pueblo nunca será espontáneamente nestoriano; por el contrario, tiende más bien al monofisismo, como los niños de catequesis a los que les es más fácil decir que “Dios caminó sobre las aguas” que decir que “Jesús caminó sobre las aguas”.
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Y todavía hay un cuarto “es” que
molesta tremendamente al mundo actual, y que también se integra, a su modo,
a lo específico católico, sin dejar de
ser por ello una verdad natural accesible a cualquiera que haga uso rectamente
de
El odio al ser, el odio a la metafísica, nacido de la impureza nominalista del siglo XIV, tenía que llegar hasta aquí, hasta el holocausto de mucho más de 50 millones de seres humanos abortados en el planeta cada año.
Las impalpables evidencias y certezas metafísicas tenían que mostrar su verdad y su validez en términos del tamaño ingente de la montaña de cadáveres humanos apilada como consecuencia de su negación o de su desprecio.
La Revelación cristiana es la
revelación del Ser. “Yo soy el que Soy.
Esto dirás a los israelitas: El que es me envía a ustedes.” En Dios tenemos
una Esencia y tres Personas; en Cristo, una Persona y dos naturalezas; en la
Eucaristía tenemos la transformación de la sustancia del pan y el vino en el
ser íntegro de Jesucristo; por la gracia somos hechos partícipes de la
Naturaleza divina;
Y el ser humano es una sustancia, dotada de una esencia o naturaleza, un alma espiritual que informa una materia corporal. No es un cerebro ni un sistema nervioso, no es un corazón ni tampoco un conjunto de cromosomas, aún separados o ya combinados; es lo que sustenta todo eso, lo que existe en sí y no en otro, lo que no se capta por los sentidos aparte de los accidentes sensibles mismos que lo manifiestan, lo que subyace a todos los cambios que ocurren después de la fecundación, lo que por participar a su modo del ser participa a su modo del Absoluto de Dios mismo.
En efecto, se trata del comienzo de una existencia, y no, por tanto, del desarrollo de algo que ya existe. Ningún desarrollo anatómico o funcional puede dar lugar a una nueva sustancia, ni, por tanto, a una nueva persona. El cigoto no es un conjunto de cromosomas, ni de átomos, sino una nueva existencia, un ser, algo que es.
La persona no es algo de orden accidental, que le adviene a un sujeto ya existente. La persona es ese sujeto mismo, y comienza a existir cuando comienza a existir ese sujeto, es decir, cuando se hace presente en la realidad ese ente uno, que hasta ese instante no existía simplemente hablando, y que luego es sujeto de todos los cambios y desarrollos.
Hasta aquí tenía que llegar el odio satánico del ser, que es odio de Dios y de su Amor. Nunca hubo, en lo esencial, dos formas de ser cristiano, y menos las hay hoy día. Ante el holocausto mundial, sólo es cristiano el que da testimonio de la Revelación del Ser. Es ridículo hablar de “diálogo” con el Moloch que avanza devorando y triturando la carne humana. Un catolicismo burgués, hecho de concesiones y silenciamientos, no es, simplemente, catolicismo.
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¡Y hay un quinto “es”! Que también es crucial en nuestro tiempo y que también es negado sin fundamento alguno. El ser humano es varón o mujer por naturaleza. Cuando las ideólogas de la “perspectiva de género” hablan de “identidad de género”, dan a esa palabra un contenido puramente psicológico: es cómo se siente la persona, cómo percibe ella su identidad sexual. Así, un travesti masculino puede tener una “identidad de género” femenina, y se exigirá que se lo llame “ella” y no “él”, de acuerdo con la “identidad” de género que “ella” percibe, y no con la identidad sexual que él de hecho tiene.
La identidad sexual no es una cuestión psicológica y subjetiva, sino biológica y objetiva. Es claro que la “perspectiva de género” ha comenzado por decir que el “género”, es decir, el ser varón o mujer, es de origen “cultural”, o sea, no es natural. Ha comenzado por negar, precisamente, la naturaleza humana, poniendo en su lugar constructos culturales, para luego poder reducir la “identidad” a una cuestión psicológica.
Urge volver a una sana filosofía basada en el auténtico realismo de la filosofía del ser. A lo que estamos asistiendo es al suicidio intelectual y moral de Occidente, y la primer estrategia a adoptar ante algo así es no suicidarnos también nosotros.
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Vida cristiana y comunidades cristianas
Quisiera aportar algunas reflexiones sobre un tema arduo y complejo de teología práctica. Se trata del tema del “equilibrio” o la combinación correcta de dos dimensiones de la vida de los fieles cristianos, sobre todo laicos: por un lado sus relaciones con otros cristianos; y por otro lado sus relaciones con los no cristianos.
En la discusión de este tema hay
una amplia gama de posturas diferentes. En un extremo estaría la posición de
quienes abogan por una especie de nueva y masiva “fuga del mundo”, creando
ambientes católicos (por ejemplo, barrios o ciudades enteras) en donde
transcurriría casi toda la vida de muchos fieles. En el otro extremo estaría la
opinión de quienes parecen pensar que, para impregnar el mundo con los valores
del Evangelio, bastan los cristianos individuales debidamente formados y
alimentados con los sacramentos y
Para comenzar a abrirnos camino
en un tema tan complejo, es bueno dividirlo en partes. Consideremos en primer
lugar la forma más primaria de asociación: el matrimonio; y la familia (basada
en el matrimonio), célula básica de
La Iglesia Católica no sólo manda a sus fieles laicos con vocación matrimonial formar matrimonios católicos, sino también familias católicas. Esto implica, muy especialmente, la obligación de dar a sus hijos una educación católica (cf. CDC, c. 226). Todo esto es bien conocido.
Pasemos pues a otro aspecto de nuestra cuestión: las escuelas. También en este sentido la doctrina y la legislación de la Iglesia son muy claras:
· “La Iglesia tiene derecho a establecer y dirigir escuelas de cualquier materia, género y grado. Fomenten los fieles las escuelas católicas, ayudando en la medida de sus fuerzas a crearlas y sostenerlas.” (CDC, c. 800).
· “Los padres han de confiar sus hijos a aquellas escuelas en las que se imparta una educación católica; pero, si esto no es posible, tienen la obligación de procurar que, fuera de las escuelas, se organice la debida educación católica.” (CDC, c. 798).
No quiero profundizar aquí en el gran tema de la educación católica, por lo cual no trataré directamente el tema de las universidades católicas. Pienso que lo dicho es suficiente para desmentir la tesis de los católicos que desestiman la escuela católica porque piensan que allí sus hijos padecerían un nocivo aislamiento del “mundo real” (que, supuestamente, sería sólo la parte del mundo que desconoce o rechaza a Dios, a Cristo o a su Iglesia). La educación católica de los hijos es un deber de los padres católicos y esa educación no puede impartirse adecuadamente sino en ambientes católicos.
Además de la familia y la escuela, otro ambiente de gran importancia para la vida cristiana es la parroquia, organizada generalmente según el principio territorial. Trataré brevemente sólo dos problemas referidos a la parroquia territorial.
El primer problema es el referido a la participación de los fieles laicos en pequeñas comunidades parroquiales. Pienso que también aquí es necesario guardar un equilibrio. Por una parte, está muy bien alabar y fomentar las pequeñas comunidades, pero sin llegar al punto de tratar de volverlas en cierto modo “obligatorias” y de despreciar a los simples “fieles de Misa”, que no participan de esas comunidades, considerándolos como cristianos “de segunda categoría”.
El segundo problema es muy actual: se trata del gran problema pastoral de la relación entre las parroquias territoriales y los movimientos o comunidades eclesiales organizados según otros principios, dones o carismas. Pienso que en este sentido debe prevalecer la voluntad de mutua colaboración y mutuo enriquecimiento. Sin negar la gran importancia de la parroquia territorial en la estructura de la Iglesia, es preciso aceptar serenamente que hoy en día la vida espiritual de muchos fieles cristianos depende más bien de esa otra clase de comunidades cristianas.
Pasemos ahora a la cuestión de las asociaciones de fieles.
“Existen en la Iglesia asociaciones distintas de los institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, en las que los fieles clérigos o laicos, o clérigos junto con laicos, trabajando unidos, buscan fomentar una vida más perfecta, promover el culto público, o la doctrina cristiana, o realizar otras actividades de apostolado, a saber, iniciativas para la evangelización, el ejercicio de piedad o de caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal.” (CDC, c. 298, 1).
En este punto subrayo dos cosas:
· En primer lugar, que también aquí rige el principio de la libertad de los hijos de Dios. Los fieles cristianos (clérigos o laicos) tienen derecho a fundar o integrar asociaciones de fieles (públicas o privadas), pero no están obligados a ello. Pertenecer o no a una asociación de este tipo es una decisión prudencial, que depende de una infinidad de circunstancias personales concretas, que cada uno debe valorar y discernir en conciencia.
· En segundo lugar, que los posibles objetivos de estas asociaciones de fieles abarcan todas las dimensiones de la vida cristiana, incluyendo las obras de caridad “y la animación con espíritu cristiano del orden temporal” (Íbidem). Por lo tanto, también hoy, como ayer, es lícito crear y fomentar asociaciones católicas de orden cultural, social, deportivo, empresarial, gremial, político, etc.
Aquí entramos de lleno en el quid de la cuestión disputada. ¿Esas asociaciones católicas, que –según el CDC– son en principio legítimas, son también convenientes hoy? Al fomentarlas, en lugar de cumplir el mandato misionero de Jesucristo resucitado, ¿no estaríamos creando algo así como ghettos, donde los católicos, lejos de muchas de las tentaciones mundanas, proseguirían su camino más o menos indiferentes a la suerte de sus conciudadanos no católicos o no cristianos?
Hay quienes piensan que tales asociaciones confesionales son un residuo de la Iglesia pre-conciliar y que no tendrían lugar en nuestros tiempos, en los que se impondría una noción de laicidad tolerante y pluralista, abierta a la más amplia cooperación de los cristianos con los no cristianos en todos los asuntos temporales.
Opino que, cuando algunos fieles católicos se asocian para trabajar juntos en la animación con espíritu cristiano del orden temporal, en cualquier ámbito o sector determinado, lo más lógico es que también su asociación (y no sólo sus socios individuales) sea católica, más allá de que esa confesionalidad asuma o no la forma canónica precisa de una “asociación de fieles”.
Las personas forman asociaciones para alcanzar más fácilmente determinados fines deseables. Como dicen sabios refranes populares: “la unión hace la fuerza”, “cuatro ojos ven más que dos”, etc. Ahora bien, si la iniciativa emprendida por los socios fundadores está inspirada en el Evangelio de Cristo y tiene realmente como objetivo animar el orden temporal con espíritu cristiano, sería bastante extraño que precisamente esa fuente primera de inspiración y ese objetivo último constituyeran sólo un compromiso individual, pero no colectivo, como si en esa dimensión trascendente ya no valiera la eficacia de la tendencia asociativa, o como si la unión requerida en ese sentido fuera únicamente la genérica comunión eclesial.
Para no perdernos dentro de la gran variedad de casos posibles, consideremos un caso particular: el caso de un grupo de católicos que se asocian para trabajar en la defensa y promoción del derecho humano a la vida (mutatis mutandis, lo dicho aquí para las asociaciones pro-vida vale también para los demás tipos de asociaciones). En principio caben dos posibilidades: que la nueva asociación sea (explícita o implícitamente) católica o bien que sea aconfesional, un ámbito secular que agrupa tanto a católicos como a no católicos en procura de objetivos meramente seculares.
Es importante notar que la primera alternativa (la de la confesionalidad) no excluye la posibilidad de cooperar con no católicos en el amplio campo del movimiento pro-vida, puesto que no impide participar de un segundo ámbito donde distintas personas o asociaciones (entre ellas nuestra asociación católica) cooperarían en distintas iniciativas comunes, sin perder sus identidades propias ni su legítima autonomía.
Este esquema de “círculos concéntricos” tiene varias ventajas:
· ayuda a mantener vivo y operativo el espíritu cristiano que inspiró a los socios fundadores de la asociación en cuestión;
· evita reducir los objetivos sociales al “máximo común denominador” de los principios, creencias o valores compartidos por socios católicos y no católicos;
· muestra que el diálogo y la cooperación de católicos y no católicos no debe ni necesita hacerse a expensas de la identidad católica de los católicos.
En el caso concreto de un grupo pro-vida o pro-familia, podemos agregar la siguiente consideración: si bien en principio la ley moral natural (sustento del derecho a la vida y de todos los derechos fundamentales del hombre y de la familia) es una base común racionalmente accesible para católicos y no católicos, de hecho son muy raros los casos de no católicos que se adhieran a esa ley moral en toda su integridad. La Iglesia Católica es la única organización religiosa que se atiene firmemente a toda la ley moral natural, incluso en lo relativo al divorcio, la anticoncepción, la reproducción humana artificial, etc. Por lo tanto, renunciar como colectivo a la confesionalidad católica implicará, tarde o temprano, terminar discutiendo dentro del grupo cosas que los socios fundadores daban por supuestas, con el consiguiente desgaste interno.
La confesionalidad del grupo implica, ante todo, la fijación de un objetivo trascendente, no meramente intramundano. Por ejemplo, el objetivo último de un grupo pro-vida católico no puede reducirse a salvar el mayor número posible de vidas humanas, aunque naturalmente esto sea un bien muy deseable. En cambio, el objetivo último de ese grupo, comoquiera que sea formulado, será contribuir (en el ámbito específico del movimiento pro-vida) a “hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Efesios 1,10).
Si el objetivo último del grupo es sobrenatural, entonces sus medios no podrán ser sólo naturales. En el caso concreto del movimiento pro-vida, esto significa, entre otras cosas, que no hay razones válidas para renunciar al lenguaje teológico a favor de un lenguaje exclusivamente filosófico o científico. Esa renuncia equivaldría a caer en la trampa del secularismo, que quiere hacernos creer que la fe sólo tiene lugar en el ámbito privado, mientras que en el espacio público sólo tienen derecho de circulación los argumentos no religiosos. Tenemos el derecho y el deber de predicar el Evangelio de la Vida en privado y en público, y para ello será preciso usar, de forma conveniente y oportuna, argumentos teológicos, filosóficos y científicos, en función de los destinatarios del mensaje y de otras circunstancias.
La renuncia al lenguaje teológico
explícito no sólo impediría el logro del objetivo último religioso de la
asociación católica, sino que incluso comprometería gravemente el logro de sus
objetivos intramundanos; porque, como bien escribió Santo Tomás de Aquino, Dios reveló verdades de suyo accesibles a
la sola razón natural (como las verdades que integran la ley moral natural)
para que en el estado presente de la humanidad todos los hombres pudieran
conocerlas fácilmente, con certeza y sin mezcla de error.
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“La dialéctica del sexo” de
Shulamith Firestone
JAD
Como es bien sabido, el mundo está mal hecho y, si nos dieran permiso, todos quitaríamos o pondríamos algo que estorba o falta. Lo que le estorba a Shulamith Firestone en este mundo mal hecho es, por decirlo en una palabra, el útero. La función de la mujer como hembra de la especie y su protagonismo en los mecanismos de la reproducción, ésa es la causa de que este mundo no funcione bien para Shulamith Firestone. Por fortuna, todo tiene arreglo, y Firestone nos ha diseñado un mundo nuevo enteramente liberado de los contratiempos de la maternidad, una Arcadia automatizada con cadena de producción de bebés.
Shulamith Firestone hereda de Engels, a través de Simone de Beauvoir, la idea de la subyugación ancestral de la mujer y los niños (el proletariado de la familia) por el varón (el burgués). Pero no se contenta, como Engels, con atribuir esa subyugación a unas supuestas condiciones económicas surgidas en el Neolítico, sino que va mucho más lejos y deduce que la raíz de la opresión se basa en la propia configuración biológica de los sexos. Según sus propias palabras, se trata de "una opresión que se remonta más allá de todo testimonio escrito hasta penetrar en los mismísimos umbrales del reino animal". Dicho de otro modo, la naturaleza –que manda a las leonas cazar y parir y a los leones defender el territorio y fecundar– hizo mal las cosas al confiar las labores de embarazo y parto a las hembras, y el resultado ha sido la opresión de la mujer por el hombre desde mucho antes de que ambos fueran humanos, por lo que debemos invitar a los paleoantropólogos a que adopten en sus investigaciones una rigurosa perspectiva de género y nos aclaren si ya los pequeños australopitecos del Rift oprimían y sojuzgaban a sus hembras hace tres millones de años o si la cosa viene todavía de más lejos.
Ahora bien, partiendo de la afirmación de su admirada Simone de Beauvoir de que "la humanidad no es una especie animal, sino una realidad histórica", Shulamith Firestone declara que "lo 'natural' no es necesariamente un valor 'humano'" y "que no cabe justificar el mantenimiento de un sistema discriminatorio de clases sexuales basándonos en su enraizamiento en la Naturaleza". Por lo tanto, la revolución feminista radical auspiciada por Firestone tendrá como primer objetivo superar las diferencias sexuales de origen natural para llegar a una especie de utopía comunista (más a nivel de comuna que de Estado) donde reine la más perfecta homogeneidad de funciones y comportamientos entre hombres, mujeres... y niños. En ese mundo feliz, las diferencias de edad y de fuerza física no tendrán ninguna importancia a efectos de división del trabajo, porque, en virtud de un proceso denominado "cybernation", todo el trabajo será llevado a cabo por modernas máquinas. Los seres humanos se dedicarán casi exclusivamente al ocio y al placer.
Pero para alcanzar ese paraíso
será condición indispensable suprimir antes de cuajo la fuente de toda opresión
femenina e infantil:
"Del mismo modo que para asegurar la eliminación de las clases
económicas se necesita una revuelta de la clase inferior (el proletariado) y –mediante
una dictadura temporal– la confiscación de los medios de producción, de igual
modo, para asegurar la eliminación de las clases sexuales se necesita una
revuelta de la clase inferior (mujeres) y la confiscación del control de la
reproducción; es indispensable no sólo la plena restitución a las mujeres de la
propiedad sobre sus cuerpos, sino también la confiscación (temporal) por parte
de ellas del control de la fertilidad humana... El objetivo final de la revolución
feminista no debe limitarse a la eliminación de los privilegios masculinos,
sino que debe alcanzar a la distinción misma de sexo; las diferencias genitales
entre los seres humanos deberían pasar a ser culturalmente neutras... La
reproducción de la especie a través de uno de los sexos en beneficio de ambos
sería sustituida por la reproducción artificial... La división del trabajo
desaparecería mediante la eliminación total del mismo (cybernation). Se destruiría así la tiranía de la
familia biológica."
Delenda est familia… Engels habría bajado ese día del Olimpo para estrechar entre sus brazos paternales a tan aventajada discípula. Precisamente, Firestone se muestra convencida de que la revolución bolchevique fracasó debido a su pusilanimidad a la hora de destruir la estructura familiar, "fuente de la opresión psicológica, económica y política". Caviló Firestone: la familia es el marco de opresión de la mujer por el varón, según me tiene enseñado mi maestro; el problema es cómo llevar a cabo la destrucción de la familia, porque sin niños se acaba el mundo; ¡eureka! –exclamó–, con úteros artificiales e incubadoras; problema resuelto.
Naturalmente, antes de declarar su guerra a ultranza a la familia, Shulamith Firestone ha tomado la precaución de elaborar un modelo alternativo, a medio camino entre los socialistas utópicos del siglo XIX y las terribles experiencias comunistas del XX. Como su prioridad es crear ese sucedáneo de la familia biológica, no se da demasiados quebraderos de cabeza sobre el modelo macroeconómico o los filones o eldorados que harían viable esa sociedad en perpetuas vacaciones. ¡Qué falta hacen laboriosos cimientos ni forjados, empecemos directamente la casa por los brillos del tejado y la floritura de las fachadas!
Una vez destruida la familia y liberada la mujer de sus funciones reproductoras; una vez destruido el sistema educativo ("todas aquellas instituciones que segregan a los sexos o separan a los niños de la sociedad adulta, vgr. la escuela elemental, deben ser destruidas. ¡Abajo la escuela!") e integrados los niños en la vida social de los adultos; una vez alcanzado el estadio de polimorfismo sexual que Firestone considera natural (incluidas las relaciones sexuales entre adultos y niños y el incesto), la sociedad quedaría configurada en tres colectivos básicos: los solteros, las parejas de hecho y los grupos de convivencia.
Mientras que los solteros y las parejas de hecho son soluciones de escasa trascendencia social, es sobre todo en los grupos de convivencia donde Firestone encuentra el hogar ideal y el marco perfecto para la educación y formación de los niños. Los grupos de convivencia estarían constituidos por un número de unos diez adultos de edades diversas. Aunque Firestone prevé una duración de 7 o 10 años –prorrogables– para cada grupo, los adultos serían libres de abandonar el grupo o incorporarse a él en cualquier momento, de forma que estas irregulares "unidades familiares" estarían sujetas a lo que Firestone considera una saludable inestabilidad, enriquecedora para los niños. Pero, ¿qué pasaría si una madre biológica, en lugar de desprenderse de su pequeño y entregarlo a la comunidad, lo cuidase por sí misma? Es algo que habría que impedir a toda costa, dice Firestone, "a fin de que ningún niño se sienta a priori más favorecido que los demás y a fin de que los niños sean amados por sí mismos."
También cabe la situación opuesta, que las mujeres se muestren excesivamente reacias a procrear. No sería de extrañar, ya que, según Firestone, "el núcleo de la opresión femenina hay que buscarlo en sus funciones procreadoras y de crianza." Soluciones no han de faltar, sobre todo si se ha leído a Orwell:
"Quizás exista también un instinto de suministro de cuidados al
pequeño una vez nacido, pero un instinto de gestación sería superfluo; o, ¿es
que la naturaleza podría oponerse al control del hombre sobre la reproducción?
[...] El caso es que las mujeres no tienen ninguna obligación reproductiva
concreta para con
Por último, Firestone nos expone las cuatro exigencias mínimas de su modelo social:
1) "la liberación de las mujeres de la tiranía de su biología reproductiva por todos los medios disponibles", propuesta bastante aceptada socialmente hasta ahora, hay que reconocerlo;
2) "la independencia económica y la autodeterminación de todos", con un reparto de las riquezas basado en los principios del marxismo;
3) "la integración total de las mujeres y los niños en el conjunto social". Para ello será necesario suprimir el concepto de infancia y reconocer plenos derechos legales, sociales y económicos a los niños, cuyas actividades educativo-laborales no se distinguirán de las de los adultos. Los niños "no serán monopolizados, sino que se repartirán libremente por toda la sociedad en beneficio de todos"; y
4) libertad sexual, amor, etc. [...]. En el modelo de sexualidad propuesto por Firestone hay un lugar privilegiado para los niños, que lo mismo pueden establecer relaciones sexuales con sus coetáneos que "elegir" a los adultos, en cuyo caso, los adultos no tienen por qué mostrar escrúpulos, ni siquiera ante las situaciones más atípicas, ya que "si el niño escogiera la relación sexual con los adultos, aun en el caso de que escogiera a su propia madre genética, no existirían razones a priori para que ésta rechazara sus insinuaciones sexuales, puesto que el tabú del incesto habría perdido su función".
Éste es, a grandes rasgos, el modelo de sociedad propugnado por el llamado "feminismo radical". Un mundo sin familias, sin propiedad privada, sin escuelas... y sin niños. Un mundo en el que todos son adultos y todos participan de una misma e indiferenciada comunidad sexual. Un mundo lúdico y feliz donde las máquinas se encargarán de hacer todos los trabajos penosos: tal vez los barcos salgan solos al mar para volver cargados de merluzas; tal vez simpáticos robots se encarguen de subir a los andamios o de bajar a las minas; tal vez el maná vuelva a llover sobre ese mundo venturoso; y tal vez otras sociedades que no hayan alcanzado ese nirvana tengan la deferencia y el buen gusto de no venir a interrumpir tanta dicha... Sin duda, nos hallamos en el mismísimo corazón del Absurdistán.
[La dialéctica del sexo de Shulamith Firestone se publicó por primera vez en 1973. Las citas de este artículo proceden la edición en español de 1976, Editorial Kairós, Barcelona.]
[JAD, 2006]
Fuente: http://www.absurdistan.eu/aut_firestone.htm
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Por su interés reproducimos un artículo del periodista español José
Luis Restán (ÉXODO, Páginas Digital, 08/12/2010).
Con cuatrocientos dólares de limosna gubernamental y un hatillo que reúne las pertenencias más esenciales, quizás algún recuerdo especialmente querido. Tragándose las lágrimas por una historia de siglos que se deja atrás. Así caminan quinientas familias cristianas iraquíes hacia la región autónoma del Kurdistán, donde las autoridades les han prometido protección. Han cerrado sus casas en barrios antaño populosos y alegres en Bagdad y en Mosul, donde durante generaciones sus antepasados vivieron penas y alegrías, construyeron y dialogaron con sus vecinos, conservando siempre fresca la fe recibida de manos apostólicas.
No creo que en Hollywood hagan
una película con su historia amarga y heroica, para que el mundo sepa. El suyo
será un éxodo sin focos ni primeras planas, porque este mundo tan global se ha
vuelto sordo y ciego a la injusticia que padecen. Es cierto que hace un par de
semanas el Parlamento europeo se acordó de ellos, gracias a la tenacidad de
diputados como Mario Mauro y Jaime Mayor Oreja, pero es aún demasiado poco,
demasiado poco para afrontar esta tragedia que incomoda a los musulmanes
moderados, que descoloca a los norteamericanos y a su fallido experimento
democratizador en
En el silencio de la noche de este lunes, una pareja de ancianos cristianos en el barrio de Baladiyat en Bagdad ha sido asesinada. Los pistoleros entraron en su pobre casa y les dieron muerte como a perros. Eran cristianos y no se habían ido. Eran cristianos y hablaban en árabe, y la tez morena de sus rostros no dejaba duda al respecto. Eran de la tierra, de esa tierra al tiempo dulce y dura, regada por el Tigris y el Éufrates, de aromas y cantares misteriosos, tierra de las primeras generaciones de discípulos de Jesús. Los malvados no han querido matarlos sólo a ellos, han querido matar esta historia y quizás durante un tiempo y en esa zona puedan conseguirlo. Porque no está escrito que allí, en Iraq, como en otros rincones de la tierra, vaya a sobrevivir esa presencia extraña de los cristianos, ésa que también se ha vuelto incómoda para tantos en Madrid, Barcelona, Londres o Berlín.
¿Por qué habían de preocuparse por ellos los mismos que decretan la expulsión de los católicos de la Universidad, los mismos que luchan para que desaparezcan los crucifijos de las encrucijadas de nuestros pueblos, los que prohíben belenes en nuestras escuelas? ¿Por qué habían de conmoverse los popes del 68 que han decretado a la Tradición cristiana enemiga de la modernidad y del progreso? Este silencio espeso y culpable es natural. Porque esas quinientas familias con la garganta seca que han dejado atrás casas, escuelas e iglesias, somos también todos nosotros, los católicos de occidente.
Imposible no recordar a nuestro inefable ex ministro de Exteriores Moratinos, desplegando al viento la bandera de la anti-islamofobia en Europa. Cuántos millones de euros, cuánta energía diplomática, cuántos congresos para denunciar y debatir sobre esos fantasmas. Pero ni una piadosa palabra sobre estos cristianos de rasgos árabes, sobre estos hijos de una historia que es la nuestra y que ahora dejamos vagar por el desierto hacia su incierto emplazamiento en el desconocido Kurdistán iraquí. ¿Podrán allí empezar de nuevo? Quién lo sabe.
Para los cálculos del mundo todo esto son peanuts. Hablar de estas quinientas familias mientras los mercados financieros crujen, mientras Corea del Norte amenaza con una guerra nuclear, mientras el paro sigue desbocado y se recortan las prestaciones de nuestro antiguo bienestar... Y sin embargo nuestro futuro tiene que ver con la suerte de ese éxodo desconocido para las grandes tribunas. Porque si los cristianos desaparecen de Oriente Medio lo pagaremos muy caro todos: lo pagarán los países musulmanes sobre los que se cierne una crisis interna de proporciones brutales, y lo pagará la seguridad de este occidente escéptico y desentendido de su propia raíz, esa raíz de la que ha llegado a abominar en gran medida. Hemos de desplegar toda nuestra energía, medios económicos, relaciones políticas, alianzas, para proteger la vida de nuestros hermanos y acompañar su futuro. Debemos hacerlo sin descanso, pero hay algo más que decir.
Hubo una noche así. Una noche desconocida para los poderes de este mundo, en la que un matrimonio salió a escondidas del villorrio de Belén con un pequeño a lomos de un borrico, rumbo a Egipto, para burlar el decreto real que establecía su eliminación. Entonces nadie habría dado una moneda por su suerte, como nadie la da hoy por nuestros hermanos de Iraq. Pero la historia del mundo cambió gracias a aquella familia que parecía no contar para nadie, porque existe un amor y un poder sobre la faz de la tierra que excede de las ecuaciones de los políticos y de los medios. Un amor y un poder que tantas veces no entendemos, y que se valen de lo inerme y de lo pequeño para realizar su designio.
Es preciso volver a cuanto dijo Benedicto XVI en su prodigiosa meditación al comienzo del Sínodo sobre el Medio Oriente: "la transformación del mundo, el conocimiento del verdadero Dios, la pérdida de poder de las fuerzas que dominan la tierra es un proceso de dolor... es el proceso de transformación del mundo, que cuesta sangre, cuesta el sufrimiento de los testigos de Cristo. Y, si miramos bien, vemos que este proceso no ha terminado nunca. Se realiza en los diversos períodos de la historia con formas siempre nuevas; también hoy, en este momento, en el que Cristo, el único Hijo de Dios, debe nacer para el mundo con la caída de los dioses, con el dolor, el martirio de los testigos".
NOTICIAS GLOBALES, Año XIII. Número 956, 63/10. Gacetilla n° 1079. Buenos Aires, 8 de diciembre de 2010.
_______________________________
NOTICIAS GLOBALES es un boletín de noticias sobre temas que se relacionan con la promoción y defensa de la vida humana y la familia.
Editor: Pbro. Dr. Juan Claudio Sanahuja
E-mail: noticiasglobales@noticiasglobales.org
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¡Aleluya!
¡Alaba a Yahveh, alma mía!
A Yahveh, mientras viva, he de alabar,
mientras exista salmodiaré para mi Dios.
No pongáis vuestra confianza en príncipes,
en un hijo de hombre, que no puede salvar;
su soplo exhala, a su barro retorna,
y en ese día sus proyectos fenecen.
Feliz aquel que en el Dios de Jacob tiene su
apoyo,
y su esperanza en Yahveh su Dios,
que hizo los cielos y la tierra,
el mar y cuanto en ellos hay;
que guarda por siempre lealtad,
hace justicia a los oprimidos,
da el pan a los hambrientos,
Yahveh suelta a los encadenados.
Yahveh abre los ojos a los ciegos,
Yahveh a los encorvados endereza,
Ama Yahveh a los justos,
Yahveh protege al forastero,
a la viuda y al huérfano sostiene.
mas el camino de los impíos tuerce;
Yahveh reina para siempre,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Fuente: Biblia de Jerusalén.
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