Fe
y Razón
Revista virtual gratuita de
teología católica
Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y
Razón”
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 52 – Septiembre-Octubre de 2010
“Omne
verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga,
procede del Espíritu Santo”
(Santo Tomás de Aquino)
“Hoy se hace necesario
rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como
explicación de
Contacto: feyrazon@gmail.com - Por favor envíenos sus comentarios
o sugerencias a esta dirección. Si el mensaje está referido a una suscripción, por
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suscripción” en el “Asunto” e incluya los siguientes datos en el cuerpo del
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Equipo de
Dirección: Diác.
Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing.
Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro.
Dr.
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo
de Dirección |
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Eventos |
Equipo de Dirección |
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Eventos |
Equipo de Dirección |
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Libros |
Equipo de Dirección |
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Magisterio |
Papa Benedicto XVI |
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Historia
de la Iglesia |
Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola |
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Teología |
Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola |
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Teología |
Lic. Néstor Martínez |
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Apologética |
Dr. Eduardo Casanova |
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Familia
y Vida |
Asociación “Familia y Vida” |
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Familia
y Vida |
Según el Consejo Europeo, los hospitales no
pueden ser obligados a realizar abortos |
Zenit |
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Noticias |
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Oración |
Biblia
de Jerusalén |
Equipo de Dirección
1. Defendamos el derecho humano a la vida
En términos escolares, se terminó el recreo.
Así que, nuevamente, todas las personas de buena voluntad y respetuosas del derecho a la vida de todo ser humano inocente están convocadas a pelear esta batalla, que no la buscamos nosotros, sino que nos la imponen los grandes centros de poder mundial que quieren resolver el problema demográfico mediante el genocidio; y sus adláteres locales, obviamente.
Tal vez alguno dirá que no tiene sentido pelear una batalla que está perdida de antemano. Lo único que podemos responder, en este caso, es que mucho menos sentido, sin comparación, tiene no pelearla. Ante la magnitud de lo que está en juego, hablar de resultados y de éxitos suena a lujo superfluo. La única derrota verdadera, en este tema, es no pelear.
Según estadísticas que se reducen al aborto quirúrgico, el cual parece ser el menos extendido en comparación con el aborto químico, hoy en nuestro planeta se asesina a 50 millones de seres humanos por año mediante el aborto, y más o menos la mitad de esos homicidios están permitidos legalmente.
Lo repetimos, porque sin duda no se ha entendido al leerlo: 50 millones de seres humanos por año.
Recordemos que Adolf Hitler ha pasado a ser una especie de paradigma de la maldad humana por haber asesinado a 12 millones de seres humanos en los campos de concentración del nazismo. Hoy día, en nuestro planeta políticamente correcto y superdemocrático, cuadruplicamos CADA AÑO (y eso, siendo conservadores), el récord del dictador alemán.
No puede caber duda de que nuestra actual civilización globalizada descansa sobre la base de una gigantesca montaña de cadáveres de seres humanos inocentes no nacidos, legalmente asesinados.
A partir de hoy, entonces, se pone en balanza la tradicional cultura uruguaya de respeto a los derechos del prójimo. Hay la posibilidad de que surja un nuevo Uruguay, que no hubiesen querido ver, ciertamente, nuestros antepasados.
Un nuevo Uruguay en el que la ley deje de proteger el derecho a la vida de todo ser humano inocente.
Un nuevo Uruguay en el que los niños crezcan sabiendo que el Estado autoriza a matar a otros niños que están, como estuvieron ellos, en el vientre de sus madres.
Un nuevo Uruguay, en el cual la solidaridad para con la mujer embarazada y en situación angustiosa consista en darle la posibilidad de convertirse en autora de la muerte de su propio hijo.
Un nuevo Uruguay, en el cual nadie podrá pronunciar las palabras "justicia", "solidaridad" o "derechos humanos" sin que ellas le suenen a sarcasmo y a humor negro.
Un nuevo Uruguay, en el que el desfile de los tachos cargados de restos humanos procedentes de las clínicas abortistas legales sea parte habitual del paisaje urbano.
Obviamente, podemos mirar para otro lado, podemos decir "qué le vamos a hacer" o "no hay nada que hacer". Podemos incluso (no, no podemos, ¿cómo vamos a poder?, ¡por favor!) justificarlo diciendo que es un mal necesario en el camino hacia una sociedad más justa... Pero el reloj está en marcha, y la hora de la votación final se acerca inexorable.
El tiempo que queda en el medio es el único que tenemos.
2. Noticias “de la casa”
·
El jueves 14 de octubre, en el Aula Magna de la
Facultad de Teología del Uruguay, tendrá lugar
·
A partir del martes 9 de noviembre, y durante
cinco martes consecutivos, en el primer piso de
·
Hemos publicado el Nº 4 de la Colección “Fe y
Razón”: un libro del Dr.
·
Recientemente el Dr.
Que en el presente mes de octubre, mes de las misiones, nuestro Padre Dios nos ayude a dar un testimonio más fiel de Jesucristo, con palabras y obras, ante nuestros prójimos.
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Segunda Jornada
Académica de “Fe y Razón”
“La caridad en la verdad y su dimensión
social”
Organiza: Centro Cultural Católico “Fe y Razón” (CCCFR)
Auspicia: Facultad
de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler” (FTUMMS)
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Horario |
Actividad |
Expositor |
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19:00-19:15 |
Palabras de bienvenida |
Pbro.
Dr. Rector de la FTUMMS |
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19:15-19:30 |
El Centro Cultural Católico “Fe
y Razón” |
Lic. Néstor
Martínez Ing. |
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19:30-20:15 |
El derecho a la vida según la
Encíclica “Caritas in Veritate” |
Lic. Néstor Martínez Presidente del CCCFR |
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20:15-20:30 |
Intervalo |
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20:30-21:15 |
Los desafíos de la técnica según
la Encíclica “Caritas in Veritate” |
Ing. Secretario del CCCFR |
Primer Ciclo de
Charlas de “Fe y Razón”
Organiza: Centro Cultural Católico “Fe y Razón” (CCCFR)
Auspicia: Facultad
de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler” (FTUMMS)
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Fecha |
Horario |
Tema |
Expositor |
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Martes 09/11/2010 |
19:00-20:30 |
Introducción
a la filosofía cristiana |
Lic. Néstor
Martínez |
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Martes 16/11/2010 |
19:00-20:30 |
Las raíces
subjetivistas de la actual crisis religiosa y moral |
Lic. Néstor
Martínez |
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Martes 23/11/2010 |
19:00-20:30 |
Amenazas contra la familia y la vida en
el Uruguay de hoy |
Ing. Daniel Iglesias Grèzes |
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Martes 30/11/2010 |
19:00-20:30 |
Nuevos datos de la ciencia que apuntan
hacia el Creador |
Ing. Daniel Iglesias Grèzes |
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Martes 7/12/2010 |
19:00-20:30 |
El Santo Sudario: punto de encuentro
entre fe y razón |
Dr. Eduardo Casanova |
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“Fe y Razón” publicó un libro del Dr. Guzmán Carriquiry
Equipo de Dirección
El Centro
Cultural Católico “Fe y Razón” acaba de publicar el cuarto título de su
Colección de Libros. Se trata de una obra del Dr. Guzmán Carriquiry Lecour: Realidad
y perspectivas del laicado católico en nuestro tiempo.
El libro, de 198
páginas, contiene una introducción y ocho capítulos, a saber: 1) El camino del laicado
católico. 2) Nueva época asociativa de los fieles laicos y el don de los
movimientos eclesiales. 3) La transmisión de la fe a las nuevas generaciones.
4) Matrimonio y familia: morada de humanidad. 5) Recapitulación de cuestiones referidas a las
relaciones entre clero y laicado.
6) ¿Qué esperan los
laicos de la vida religiosa? 7) Sobre la formación de los fieles laicos en el
compromiso político. 8) ¿Cuáles laicos para el tercer milenio?
El autor de este libro, Dr.
Guzmán M. Carriquiry Lecour, se ha definido en alguna oportunidad como “uruguayo, rioplatense, mercosureño,
sudamericano, latinoamericano, que, por sorprendentes y desproporcionados
designios de la Providencia de Dios, trabaja desde hace más de 35 años en la
Santa Sede”.
Su lugar de trabajo, desde que
muy joven dejó su país natal, el Uruguay, hasta la actualidad, ha sido el
Consejo Pontificio para los Laicos, uno de los nuevos organismos creados en el
gobierno central de la Iglesia católica a solicitud de los Obispos del mundo
entero que participaron en el Concilio Ecuménico Vaticano II. Incluso fue el
primer laico católico (no eclesiástico) en ser nombrado, por parte del papa
Pablo VI, Jefe de Departamento (“capo
ufficio”) en un dicasterio de la Santa Sede, y también el primer laico
católico a quien otro pontífice, Juan Pablo II, confió la alta responsabilidad
de Sub-Secretario del mismo organismo (designación después confirmada por el
mismo papa y por su sucesor, Benedicto XVI).
El Dr. Guzmán Carriquiry Lecour
ha estado, pues, en las mejores condiciones para apreciar, acompañar y servir,
desde ese mirador universal que es el centro de la catolicidad, la gran
corriente histórica de “promoción del laicado” que el Concilio Vaticano II
recogió, profundizó en sus fundamentos y relanzó con renovadas luces e ímpetus
en las décadas subsiguientes.
Al hablar del laicado católico
–nos dice el Prof. Carriquiry– nos estamos refiriendo a más del 99% del pueblo
de bautizados en la Iglesia católica –que alcanza casi a los 1.100 millones de
personas de todas las naciones y continentes–, en diversos círculos
concéntricos de pertenencia y adhesión a la Iglesia. Si, por una parte, ese
pueblo de bautizados ha sufrido fuertes influjos de descristianización, por
otra parte, muchos de sus componentes han ido dejando atrás cierta condición de
minoridad y pasividad de los fieles laicos –que fue característica de una
Iglesia de fuertes acentos clericales en tiempos pos-tridentinos tardíos–,
ahora muy conscientes de su dignidad cristiana, de su plena pertenencia a la
comunión eclesial, de su responsabilidad de testimonio y anuncio del Evangelio
y de servicio de la caridad en todos los ambientes de la convivencia social y
en las más diversas culturas y situaciones.
Los diversos artículos del Dr.
Carriquiry recogidos en este volumen nos introducen en un cuadro panorámico de
las realidades, corrientes, exigencias y desafíos que emergen en la vida del
laicado católico de nuestro tiempo.
El Centro Cultural Católico “Fe
y Razón” se siente muy honrado y se complace en promover la edición de este
libro y de contar en su catálogo de publicaciones con la obra de este
prestigioso autor. Es un servicio que se ofrece a todos los que se interesan
por conocer más cabalmente la vida de la Iglesia católica –más allá de
impresiones episódicas, fragmentarias, y de diafragmas ideológicos deformantes–
y a todos los que se sienten implicados como discípulos y testigos de
Jesucristo en la vida matrimonial y familiar, en los ámbitos de la educación y
la cultura, en los medios de comunicación social, en la economía y la política,
como ámbitos de santificación y de construcción de formas de vida más humanas.
*****
El libro en
cuestión (cuya corrección y edición estuvo a cargo de Daniel Iglesias Grèzes)
puede ser adquirido en Lulu, el mayor
sitio de auto-publicación a nivel mundial, en la siguiente dirección: http://stores.lulu.com/feyrazon
Allí se permite ver la tapa y las primeras quince páginas del libro, y se puede obtener el mismo en cualquiera de las siguientes dos modalidades:
· Como descarga gratuita del texto en formato PDF.
· Como libro impreso. En este último caso, Lulu imprime la cantidad de ejemplares pedida (cualquier cantidad, de uno en adelante) y los envía desde Estados Unidos al comprador. Para hacer la compra se requiere una tarjeta internacional. Hay dos modos de envío, denominados “Correo” y “Exprés”. El envío “Exprés” es más rápido, más seguro y más caro que el envío por “Correo”.
Actualmente la Colección “Fe y Razón” (disponible en la dirección ya indicada) está compuesta por los siguientes libros:
·
Nº 1 – Miguel Antonio Barriola, “En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5).
Reflexiones sobre Dios en la historia.
·
Nº 2 – Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de
apologética católica.
·
Nº 3 – Néstor Martínez Valls, Baúl apologético. Selección de trabajos
filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.
· Nº 4 – Guzmán Carriquiry Lecour, Realidad y perspectivas del laicado católico en nuestro tiempo.
Se está preparando el Nº 5 –
Miguel Antonio Barriola, “Cristo amó a la
Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones sobre la cristología de J. L. Segundo y la
eclesiología de H. Küng.
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Encuentro
con representantes de la sociedad británica
Discurso del Santo Padre Benedicto XVI
Westminster
Hall, City of Westminster, Viernes 17 de septiembre de 2010
(Vídeo)
Señor Orador:
Gracias por sus palabras de bienvenida en nombre de esta distinguida asamblea. Al dirigirme a ustedes, soy consciente del gran privilegio que se me ha concedido de poder hablar al pueblo británico y a sus representantes en Westminster Hall, un edificio de significación única en la historia civil y política del pueblo de estas islas. Permítanme expresar igualmente mi estima por el Parlamento, presente en este lugar desde hace siglos y que ha tenido una profunda influencia en el desarrollo de los gobiernos democráticos entre las naciones, especialmente en la Commonwealth y en el mundo de habla inglesa en general. Vuestra tradición jurídica –“common law”– sirve de base a los sistemas legales de muchos lugares del mundo, y vuestra visión particular de los respectivos derechos y deberes del Estado y de las personas, así como de la separación de poderes, siguen inspirando a muchos en todo el mundo.
Al hablarles en este histórico lugar, pienso en los innumerables hombres y mujeres que durante siglos han participado en los memorables acontecimientos vividos entre estos muros y que han determinado las vidas de muchas generaciones de británicos y de otras muchas personas. En particular, quisiera recordar la figura de Santo Tomás Moro, el gran erudito inglés y hombre de Estado, quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un “buen servidor”, pues eligió servir primero a Dios. El dilema que afrontó Moro en aquellos tiempos difíciles, la perenne cuestión de la relación entre lo que se debe al César y lo que se debe a Dios, me ofrece la oportunidad de reflexionar brevemente con ustedes sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político.
La tradición parlamentaria de este país debe mucho al instinto nacional de moderación, al deseo de alcanzar un genuino equilibrio entre las legítimas reivindicaciones del gobierno y los derechos de quienes están sujetos a él. Mientras se han dado pasos decisivos en muchos momentos de vuestra historia para delimitar el ejercicio del poder, las instituciones políticas de la nación se han podido desarrollar con un notable grado de estabilidad. En este proceso, Gran Bretaña se ha configurado como una democracia pluralista que valora enormemente la libertad de expresión, la libertad de afiliación política y el respeto por el papel de la ley, con un profundo sentido de los derechos y deberes individuales, y de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Si bien con otro lenguaje, la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho en común con dicha perspectiva, en su preocupación primordial por la protección de la dignidad única de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y en su énfasis en los deberes de la autoridad civil para la promoción del bien común.
Con todo, las cuestiones fundamentales en juego en la causa de Tomás Moro continúan presentándose hoy en términos que varían según las nuevas condiciones sociales. Cada generación, al tratar de progresar en el bien común, debe replantearse: ¿Qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ¿qué alcance pueden tener? ¿En nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentación ética de la vida civil. Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.
La reciente crisis financiera global ha mostrado claramente la inadecuación de soluciones pragmáticas y a corto plazo relativas a complejos problemas sociales y éticos. Es opinión ampliamente compartida que la falta de una base ética sólida en la actividad económica ha contribuido a agravar las dificultades que ahora están padeciendo millones de personas en todo el mundo. Ya que “toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral” (Caritas in veritate, 37), igualmente en el campo político, la dimensión ética de la política tiene consecuencias de tal alcance que ningún gobierno puede permitirse ignorar. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en uno de los logros particularmente notables del Parlamento Británico: la abolición del tráfico de esclavos. La campaña que condujo a promulgar este hito legislativo estaba edificada sobre firmes principios éticos, enraizados en la ley natural, y brindó una contribución a la civilización de la cual esta nación puede estar orgullosa.
Así que, el punto central de esta cuestión es el siguiente: ¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe –el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas– necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.
En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad debería suprimirse, según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen –paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación– que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional.
Vuestra disposición a actuar así ya está implícita en la invitación sin precedentes que se me ha brindado hoy. Y se ve reflejada en la preocupación en diversos ámbitos en los que vuestro gobierno trabaja con la Santa Sede. En el ámbito de la paz, ha habido conversaciones para la elaboración de un tratado internacional sobre el comercio de armas; respecto a los derechos humanos, la Santa Sede y el Reino Unido se han congratulado por la difusión de la democracia, especialmente en los últimos sesenta y cinco años; en el campo del desarrollo, se ha colaborado en la reducción de la deuda, en el comercio justo y en la ayuda al desarrollo, especialmente a través del International Finance Facility, del International Immunization Bond, y del Advanced Market Commitment. Igualmente, la Santa Sede tiene interés en colaborar con el Reino Unido en la búsqueda de nuevas vías de promoción de la responsabilidad medioambiental, en beneficio de todos.
Observo asimismo que el Gobierno actual compromete al Reino Unido a asignar el 0,7% de la renta nacional a la ayuda al desarrollo hasta el año 2013. En los últimos años, ha sido alentador percibir signos positivos de un crecimiento mundial de la solidaridad hacia los pobres. Sin embargo, para concretar esta solidaridad en acciones eficaces se requieren nuevas ideas que mejoren las condiciones de vida en muchas áreas importantes, tales como la producción de alimentos, el agua potable, la creación de empleo, la educación, el apoyo a las familias, sobre todo emigrantes, y la atención sanitaria básica. Donde hay vidas humanas de por medio, el tiempo es siempre limitado: el mundo ha sido también testigo de los ingentes recursos que los gobiernos pueden emplear en el rescate de instituciones financieras consideradas “demasiado grandes para que fracasen”. Desde luego, el desarrollo humano integral de los pueblos del mundo no es menos importante. He aquí una empresa digna de la atención mundial, que es en verdad “demasiado grande para que fracase”.
Esta visión general de la cooperación reciente entre el Reino Unido y la Santa Sede muestra cuánto progreso se ha realizado en los años transcurridos desde el establecimiento de relaciones diplomáticas bilaterales, promoviendo en todo el mundo los muchos valores fundamentales que compartimos. Confío y rezo para que esta relación continúe dando frutos y que se refleje en una creciente aceptación de la necesidad de diálogo y de respeto en todos los niveles de la sociedad entre el mundo de la razón y el mundo de la fe. Estoy convencido de que, también dentro de este país, hay muchas áreas en las que la Iglesia y las autoridades públicas pueden trabajar conjuntamente por el bien de los ciudadanos, en consonancia con la histórica costumbre de este Parlamento de invocar la asistencia del Espíritu sobre quienes buscan mejorar las condiciones de toda la humanidad. Para que dicha cooperación sea posible, las entidades religiosas –incluidas las instituciones vinculadas a la Iglesia católica– necesitan tener libertad de actuación conforme a sus propios principios y convicciones específicas basadas en la fe y el magisterio oficial de la Iglesia. Así se garantizarán derechos fundamentales como la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la libertad de asociación. Los ángeles que nos contemplan desde el espléndido cielo de este antiguo salón nos recuerdan la larga tradición en la que la democracia parlamentaria británica se ha desarrollado. Nos recuerdan que Dios vela constantemente para guiarnos y protegernos; y, a su vez, nos invitan a reconocer la contribución vital que la religión ha brindado y puede seguir brindando a la vida de la nación.
Señor Orador, le agradezco una vez más la oportunidad que me ha brindado de poder dirigirme brevemente a esta distinguida asamblea. Les aseguro mis mejores deseos y mis oraciones por ustedes y por los fructuosos trabajos de las dos Cámaras de este antiguo Parlamento. Gracias y que les Dios bendiga a todos ustedes.
Fuente: www.vatican.va
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Miguel Antonio Barriola
El Domingo 19/IX/2010 Benedicto XVI beatificó al Card. J. H. Newman, una personalidad rica en más de un sentido, cercana todavía en el tiempo, que tanto ha influenciado en la vida de la Iglesia y de la cual podemos beneficiarnos mucho.
Su laborioso camino hacia la Iglesia Católica nos puede servir para apreciar los tesoros de que gozamos, pero, con frecuencia, sin caer en la cuenta de su enorme valor. Así como cuando echamos de menos la salud, cuando nos amenaza alguna dolencia. Quienes somos católicos desde la infancia, por lo común, no agradecemos suficientemente el regalo de pertenecer a la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo y puede ser que también sacerdotes y seminaristas caigamos en estos descuidos. Para superarlos, nos puede ayudar con gran provecho la experiencia vivida por los convertidos. Ellos, en efecto, han buscado la verdad, superando serios obstáculos y con no menor ahínco, atravesando tantas dificultades y tribulaciones, experimentando, después de años o décadas de peregrinación y oración, la profunda alegría de haber hallado a la Iglesia genuina del Señor Jesús.
El movimiento de Oxford
Un eminente convertido, muy particular, ha sido Newman, ya famoso intelectual de Oxford y teólogo anglicano, que casi a la mitad de su vida abrazó la fe católica.
Para ubicarnos en esta laboriosa peregrinación, tengamos presente que muchos cristianos, a principios del Siglo XIX, veían con preocupación el avasallamiento de las respectivas iglesias a sus gobiernos (1). Este peligro se agudizaba en el anglicanismo, que, por definición, es una religión y una iglesia estatal, siendo el rey o la reina la cabeza de la Iglesia (2). Surgió entonces el “movimiento de Oxford”, después de una célebre conferencia de uno de sus fundadores, John Keble: “Apostasía nacional”. Los miembros de dicha agrupación luchaban por un retorno al cristianismo primitivo.
Así fue cómo Newman se puso a estudiar a los Santos Padres, las herejías y los primeros concilios, llegando a una primera conclusión, que él llamó “Via media”, con la que intentaba demostrar que la comunión anglicana se situaba entre dos extremos, siendo la legítima heredera de la primitiva Iglesia de Cristo, alejada tanto de los errores doctrinales del protestantismo, como de lo que él veía entonces como la corrupción y los abusos de la Iglesia romana. No acertaba a ver en Trento, por ejemplo, las características de los primitivos concilios.
Pero cuanto más se centraba en la profundización de los Padres y de la herejía arriana, más se iban disipando su odio y prejuicios contra la Roma católica, que le habían enseñado a considerar como la “Babilonia” y el “Anticristo” del Apocalipsis. Recordará él mismo: “Por un momento había surgido el pensamiento: <Al final la Iglesia de Roma se encontrará de parte de la razón>. Pero después se desvaneció. Mis antiguas convicciones siguieron siendo las mismas”.
Otro paso hacia la fe católica fue su reflexión acerca de la lucha antidonatista de San Agustín. Contra el reduccionismo de estos herejes (que se encerraban en grupúsculos considerados por ellos como “puros”), el santo de Hipona había formulado su frase escultórea: “Securus iudicat orbis terrarum” (= Seguro juzga el orbe de la tierra). O sea: en la fe católica, “universal” por definición, se encuentra el criterio de verdad. Cuando un sector se aparta de la doctrina común, es como el sarmiento desgajado de la vid, o un miembro que se amputara del cuerpo total.
Semejantes perspectivas hicieron trastabillar a Newman sobre su tesis anterior del anglicanismo como “via media”. ¿Cómo un conjunto de cristianos tan “nacionalista”, tan “insular”, podría haber guardado intacto el Evangelio?
Su obra maestra
Avanzó, entonces, todavía más, sometiendo a revisión sus prejuicios frente a Roma. ¿Fueron en realidad añadidos espurios y extraños los desarrollos dogmáticos de Trento y otras decisiones romanas? Y así, como fruto de sus nuevas profundizaciones, dio a luz su magistral estudio: “Un ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana” (1845). Defendía en él la legitimidad del esfuerzo cumplido por el pensamiento cristiano para hacer progresar, a partir de datos fundamentales de la fe, las verdades que allí están contenidas implícitamente. Porque la tradición católica no es un museo, donde se guardan piezas inertes del pasado (la espada de Artigas, la bandera de Belgrano, etc.), sino que es un proceso “viviente”, como el bebé, adolescente, adulto, que manifiestan tantos cambios, aunque dentro de una misma persona.
Por esa época le escribía a Keble: “Actualmente me temo, por lo que puedo darme cuenta por mis propias convicciones, que la comunión católica romana es la Iglesia de los Apóstoles y que lo que hay de gracia entre nosotros (que a Dios gracias, no es desdeñable) es extraordinario y viene de la sobreabundancia de su dispensación. Y estoy mucho más seguro de que Inglaterra está en estado de cisma, que de pensar que las adiciones romanas a la fe primitiva no puedan ser otra cosa que desarrollos que proceden de una realización activa y viviente del depósito divino de la fe” (3).
En el pensamiento de Newman, el desarrollo de los dogmas, como acabamos de explicar, es como el crecimiento de un ser vivo: partiendo de una célula originaria, pero con un principio director sobrenatural, que hace de ello un caso único en el ámbito de las ideas y bajo el control de una autoridad infalible, cuya necesidad le parece ahora evidente.
Después, determinará los criterios que permiten distinguir un desarrollo genuino de una corrupción. Porque también el cáncer es un crecimiento de células, pero que lleva a la muerte. Dado que no hay doctrina que se encuentre en posesión de todos sus elementos desde el primer día y que no se beneficie, con el tiempo, de las investigaciones de la fe y que no se vea expuesta a los ataques de la herejía.
A la luz de estos descubrimientos irá pasando revista honesta y sincera
de los puntos que más cruelmente él mismo le había reprochado a Roma. Escribirá
por ese entonces: “A medida que iba
avanzando, mis dificultades desaparecían, de modo que dejé de hablar de
<católicos romanos> y los llamaba con toda libertad <católicos>”.
Decisión heroica
Mientras tanto, Domenico Barberi, pasionista italiano (4), había pasado por Littlemore, localidad en la que se había retirado Newman por ese entonces. En este santo varón, nuestro investigador de los comienzos cristianos, en su proceso de tan profunda revisión, percibió la indudable presencia de la santidad y, como dirá más tarde, quedó conmovido por este religioso hasta las profundidades de su ser. Así, tres meses antes de su paso definitivo al catolicismo, se puso al cuello una Medalla Milagrosa de María Santísima. Cosa que significó a esa altura lo serio de cuanto estaba sucediendo en él, si se tiene en cuenta que hasta ese momento, Newman (que ya había adoptado el rezo del Breviario Romano), todavía omitía las invocaciones a la Virgen María y a los Santos, obligando a sus discípulos a hacer lo mismo.
Todo lo cual desembocó en una noche, en la que, después de cinco horas de haber viajado bajo la lluvia, visitando la casa de Newman, este religioso, que buscaba recuperar un poco de calor, cuenta lo siguiente: “Ocupé un sitio cerca del fuego, para secarme. Se abrió la puerta y ¡qué escena fue para mí ver de repente a mis pies a John Henry Newman, pidiéndome oír su confesión y ser admitido en el seno de la Iglesia! Y allí, junto al fuego, comenzó su confesión general con extraordinaria humildad y devoción” (9/X/1845).
Esta determinación no estuvo privada de muy dolorosas cruces. Así le comentaba a un amigo: “Ya sé lo que me cuesta. Dejo familia, amigos, conocidos. Todos los que me han amado y me han hecho bien. Ya sé que voy a ser la risa de todos y que yo mismo me destierro de la sociedad”. Y lo más penoso fue que, no sólo pasó a ser desdeñado por sus antiguos colegas anglicanos, sino que personas católicas también lo recibían con prejuicios y recelos. Así George Talbot (5) designó a Newman como “el hombre más peligroso de Inglaterra”.
Durante los cinco años siguientes fue objeto de sospechas, tratado con menosprecio y privado de toda influencia. Le pasó, al fin de cuentas, algo similar a Pablo, cuando su conversión. Ya el propio Ananías (quien lo bautizaría) expuso sus dificultades ante Cristo: “Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén” (Hech 9,13).
Queda así claro que Newman abrazó
el catolicismo, no por conveniencia o interés propios, y ni siquiera porque la
Iglesia romana estuviera pasando por momentos de esplendor. Él mismo confesaba:
“Ninguno más que yo puede tener una
visión tan desfavorable de la situación actual de los católicos”. Siempre
se dejaba guiar por lo que le aparecía justo, por más que eso resultara
incómodo o impopular. Es lo que dejó hermosamente expresado en su famosa
poesía: “Lead kindly Light” (= Guíame
oh luz benigna): “Guíame, Oh luz
benévola, entre las tinieblas que me circundan, guíame tú… Sostén mi camino; no
busco ver el horizonte lejano, paso a paso, esto me basta… Me gustaba hacer mis
elecciones y conocer el camino, pero ahora, guíame tú. Me gustaban los días
vistosos, a pesar de los miedos, el orgullo dominaba mi voluntad: no recuerdes
más los días pasados”.
Apologia pro vita sua
De ese modo transcurrieron casi veinte años de renuncia y oscuridad, más bien despreciado que olvidado. Hasta que, en 1864, se le ocurrió a un famoso escritor protestante, furibundo anticatólico, el Dr. Kingsley (6), escribir en una revista que la “religión católica hace peores a los hombres” y que “la verdad no ha sido nunca una virtud del clero católico”. Agregando, para confirmarlo, que “el Padre Newman nos dice que no hace falta eso (tener tal virtud) y, que en general no debe ser así”.
Newman le pidió cortésmente una explicación, pero Kingsley perdió los estribos, al publicar su tristemente célebre pasquín: “¿Qué quiere decir el Dr. Newman?”. Sirvan de ejemplo algunos de sus dardos venenosos: “Si alguna vez tuvo entendimiento humano, el Dr. Newman se lo ha jugado enteramente”. Para concluir de modo inexorable: “Por tanto, yo dudo, como hombre honrado, de cada palabra que pueda escribir el Dr. Newman”.
A lo largo de un mes fue respondiendo Newman a semejantes calumnias, llegando a trabajar 16 horas diarias con ansia febril, que aumentaba con la conmoción que sus réplicas iban suscitando entre católicos y protestantes. Fue la base de su famosa: “Apologia pro vita sua”. Desde América hasta Tasmania le llegaban cartas de admiración. Al ir apareciendo, cada jueves, los folletos de su “Apologia”, el público encontraba en ellos tanto candor, gran buena fe y tal urbanidad, que se los leía por todas partes. El mismo William Gladstone (7) los apreciaba con un temblor de emoción. El eco obtenido por la “Apologia” abrió una nueva época para Newman, siendo tal el efecto avasallador de estas publicaciones, que el Dr. Kingsley se llamó a silencio y no volvió a escribir más. Cuando apareció la “Apologia”, se dejaron de vender las populares y exitosas novelas de Walter Scott (8). La misma Oxford, universidad que tanto lo había escarnecido, le concedió el título de “Fellow” (= académico) honorario y lo recibió en triunfo el 26 de febrero de 1878.
Pero también tuvo que sufrir envidias de dos famosos cardenales católicos ingleses: Wiseman y Manning; sobre todo del segundo, que de tal manera manejó el nombramiento de Newman como cardenal (9), que dejó entender, sin hacer nada por disipar aquellos rumores, que Newman rechazaba el nombramiento.
¿Qué nos enseña Newman?
Ante todo, que es necesario obedecer a la verdad revelada, sin compromisos ni miedos, sin dejarse condicionar por proyectos demasiado humanos. Como se vio sumariamente, no le fue fácil a Newman dejar la “Church of England”. Él amaba su comunidad, Oxford, su familia y sus amigos. Pero el llamado de su conciencia fue más fuerte que cualquier lazo humano. En tal llamado reconoció la voluntad de Dios. Para él no hubo compromisos que doblegaran sus convicciones fatigosa, trabajosa y perseverantemente perseguidas y encontradas. Por lo mismo su mensaje, después de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, es probablemente el más citado en los documentos y discursos de Juan Pablo II, siendo asimismo uno de los autores preferidos de Benedicto XVI. El “Catecismo de la Iglesia Católica” cuatro veces lo tiene en cuenta y es el único citado en dos ocasiones, después de San Alfonso María de Ligorio, en la “Veritatis Splendor”.
El Papa actual, que de manera
casi milagrosa fue acogido triunfalmente en Inglaterra, en su reciente y
fructuoso viaje, ya había escrito en 1991 al respecto: “El segundo paso del camino de conversión, que duró toda la vida de
Newman, fue, de hecho, la superación de la posición del subjetivismo evangélico
a favor de una concepción del cristianismo basada en la objetividad del dogma.
Al respecto, siempre encuentro muy significativa, pero
particularmente hoy, una fórmula tomada de una de sus prédicas de la época
anglicana: <El verdadero cristianismo se demuestra en la obediencia y no en
un estado de conciencia. Así, todo el deber y el trabajo de un cristiano se
organiza en torno a estos dos elementos: la fe y la obediencia, ‘Mira a Jesús’
(Hebr 2,9)… y actúa según su voluntad>. Me parece que hoy corremos el
peligro de no dar el peso que deberíamos a ninguno de los dos elementos.
Consideramos cualquier verdadera y cuidadosa reflexión sobre el contenido de la
fe como estéril ortodoxia, como sutileza técnica. En consecuencia, hacemos consistir
el criterio de nuestra piedad en la posesión de una así llamada disposición de
ánimo espiritual”.
¡Que el Beato J. H. Newman, tan genial, a la vez que humilde y valiente buscador de la verdad, hallada finalmente en la fe católica, nos alcance el aprecio firme por la recta doctrina, por más que el mundo nos persiga con sus sarcasmos y que tantos “teólogos”, que se sienten más iluminados que el más genuino magisterio, aprecien más un cuarto de hora ante las cámaras que el servicio abnegado del Evangelio en la única Iglesia de Cristo!
Notas
1) Recuérdese el planteo de G. F. Hegel, en su diseño del desarrollo de
la cultura universal, de acuerdo a su dialéctica del pensamiento, que hacía
desembocar en el “estado prusiano” el culmen de la historia.
2) De manera ilógica, todavía, en las “Sterling pounds” (= libras esterlinas, nominación de su moneda, ya
que no admiten todavía los actuales “euros”), figura esta inscripción: “Elizabeth II, Queen of England, FD” (= Isabel
II, Reina de Inglaterra, Defensor Fidei):
el título que el Papa León X había otorgado a Enrique VIII, cuando defendió los
siete sacramentos contra Lutero. Pero aquel mismo rey se insubordinó después de
manera absurda contra el mismo Romano Pontífice, a raíz de la ruptura de su
matrimonio con Catalina de Aragón y sucesivos enlaces lujuriosos. Desde
entonces los reyes del Reino Unido se han proclamado “Cabeza de la Iglesia”.
3) En tiempos modernistas elaboró egregiamente estas intuiciones de
Newman, el P. F. Marin-Sola, O. P. , La
Evolución Homogénea del Dogma Católico, Madrid/Valencia (1952 – 3ª. ed.
Original: 1923). El Cardenal inglés es repetidas veces citado por Marin-Sola.
4) Beatificado en 1962. Durante años había tenido la intuición de que
Dios lo llamaba a ejercer su apostolado en Inglaterra. Llegó a Gran Bretaña
sabiendo apenas una que otra palabra de inglés. Pero sus predicaciones
populares, su pobreza de vida, sus mortificaciones, le habían obtenido éxitos
sorprendentes, entrecortados no menos con las peores injurias.
5) Sacerdote católico inglés y hombre de confianza del Beato Pío IX,
tanto que era canónigo de San Pedro.
6) Era capellán de la famosa Reina Victoria.
7) Primer Ministro de la Reina.
8) “Ivanhoe”, “Lucía de Lamermoor” y otras.
9) Honor que le había reservado muy especialmente León XIII. Dado que
tal nombramiento no llevaba consigo la promoción al episcopado, Newman, no
siendo obispo, tenía que residir en Roma. Queriendo Newman permanecer como
director del Oratorio inglés de San Felipe Neri, en Birmingham, del cual él
mismo se hiciera miembro en su conversión, solicitó la excepción de que se lo
dejara en Inglaterra. Esta “anomalía”, para la época, hizo nacer la sospecha de
que Newman no aceptaba el cardenalato. Ante lo cual, Manning nada hizo por
aclarar semejante confusión.
También había sufrido mucho Newman, dentro del mismo Oratorio, por
parte de Frederick William Faber, también famoso converso y celebrado escritor
espiritual (Todo por Jesús) que, al igual que Newman, ingresó en el
Oratorio. Pero su personalidad bastante complicada le hizo la vida imposible a
Newman, de tal modo que el Oratorio se separó en dos comunidades, yéndose
muchos con Faber a Londres.
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Miguel Antonio Barriola
Los “Arcángeles”, cuya festividad celebramos cada 29 de setiembre, nos brindan la oportunidad de alargar nuestra perspectiva espiritual, por lo común atrapada en lo inmediato, cuando no prisionera de preponderantes preocupaciones individualistas.
Los tres arcángeles llevan a Dios en la composición de su nombre: “Mi-ka-El” (¿Quién como Dios?), “Gibbor-El” (Héroe de Dios), “Refá-El” (Medicina de Dios).
Siendo inmensamente superiores a los hombres, se saben relativos totalmente a Dios, cosa que es patente especialmente en Miguel, ya que su nombre indica que nada ni nadie puede igualarse a Dios.
Tal actitud de grandeza, que, con todo, no se extralimita, la podemos comprobar en el último de los ángeles bíblicos, el que explica al vidente del Apocalipsis la aparición final de la Jerusalén Celestial: “Me postré a los pies del ángel que me había mostrado todo esto, para adorarlo. Pero él me dijo: <¡Cuidado! No lo hagas, porque yo soy tu compañero de servicio, el de tus hermanos los profetas y el de todos aquellos que conservan fielmente las palabras de este libro. ¡Es a Dios a quien debes adorar!” (Apoc 22,8-9).
Escena digna de ponderación: un ser clarísimamente por encima de todas las demás creaturas, dado que revela y explica cosas inalcanzables al más genial de los humanos, que no menos claramente se ubica como “compañero”, sin ambicionar un tributo que no le corresponde en modo alguno.
Desgraciadamente poco tenemos en cuenta a estos hermanos nuestros, tan excelsos y superiores, pero para nada engreídos, de modo que no se sienten rebajados al tener que servir a su Dios, no ya en el esplendor de su gloria celestial, sino unido a una naturaleza enormemente inferior a la de ellos, cual es la humana: “¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: <Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy>? Y al introducir a su primogénito en el mundo (1), Dios dice: <Que todos los ángeles lo adoren>” (Hebr 1,5-6).
En nuestra época hasta los teólogos tienen miedo de tratar sobre los ángeles. Parecen sospechar que dedicarles atención sería algo así como perderse en abstracciones o evadirse hacia un mundo de lo irreal y despreocuparse de los graves problemas que la sociedad tiene planteados.
Sin embargo, uno de los teólogos más preclaros de toda la historia, cuyos principales planteos y soluciones son considerados como perennes, Santo Tomás de Aquino, es llamado muy apropiadamente “El Doctor Angélico”, porque, en el entramado de su genial arquitectura doctrinal, su estudio sobre los ángeles no es un mero episodio accidental, ya que, si se prescindiera de sus cuestiones al respecto, se perdería un material absolutamente indispensable para comprender puntos básicos de su sistema (2).
Hoy, en cambio, se presta muy poca importancia a este dato de la fe, por múltiples causas. Quizás una de las más influyentes sea el exagerado antropocentrismo que invade todos los campos del saber. A fuerza de insistir tanto en el hombre, se cierran los ojos a todo lo que no sea el hombre mismo y sus intereses. Así es como se lanzan preguntas por el estilo: ¿Qué saca el hombre con que existan los ángeles? ¿Qué problema humano se puede resolver con base en la existencia de los ángeles? Son interrogantes que comienzan cuestionando y que muchas veces se resuelven negando o, por lo menos, dando cabida a una actitud de indiferencia, que se aproxima a la duda y el rechazo.
Aporte fundamental de Santo Tomás
Por cierto que el Aquinate no pensaba así. No sólo no le estorbaban los ángeles, sino que, al contrario, lo regocijaban. Pensar sobre estos seres superiores sólo con base en la utilidad para el hombre es incapacitarse de antemano para juzgar con acierto, porque levantar un poco la visión, a fin de no considerarnos el ombligo del mundo, nos vuelve más libres de nuestra miopía de tan cortos alcances. Así como el telescopio agiganta nuestra capacidad sensorial de visión, el poderoso lente de aumento de la fe nos sirve para que nunca olvidemos lo pigmeos que somos en el vasto universo de la creación entera.
El principal servicio que las criaturas prestan al hombre consiste en ayudarlo a conocer y amar más a Dios. Nunca será posible a nadie explorar exhaustivamente toda la variedad de lo creado. Para eso se dan las especialidades. Pero el peligro del especialista reside en el encerrarse en su reducido campo de observación, privándose de una visión global.
Así numerosas “teologías” tienden a prescindir de los ángeles, como se adelantó, como si éstos fueran sólo representaciones “míticas” o expresiones “simbólicas”, ya sea de fuerzas cósmicas, ya de intervenciones de Dios en la historia humana. Pero, entonces, también el mismo Dios es deformado, llegándose a hablar de “historia de Dios”, ya que a muchos les parece escandaloso un “Dios inmutable”, pétreo (según explican), sin “sentimientos”; presentando así una imagen de Dios antropomórfica.
En cambio una mirada en profundidad sobre los ángeles preservaría de estas deformaciones, porque un Dios creador de estos seres tan superiores no puede ser pensado a la medida del hombre, ni diluirse en la corriente de una historia humana. Por cierto que tampoco se puede pensar en un Dios a escala angélica, equiparable a los ángeles. Pero, si nos consideramos a nosotros mismos incluyendo también a los ángeles, recibimos un poderoso estímulo, encontrando un firme apoyo para transcendernos y pasar también más allá de los ángeles, liberándonos de nuevas formas del antropomorfismo, que suele ser la antesala de la idolatría.
El sentido de trascendencia despierta en el hombre una postura de adoración más plena, a la vez que se coloca en la actitud más adecuada para abrirse a Dios y acoger sus dones. Aquí está el fundamento para superar el historicismo y secularismo, hoy tan extendidos.
Aporte importante de los ángeles
Estos seres tan especiales han ayudado a pulir el concepto de creación de la nada. Ellos trazan, por así decir, la línea divisoria entre Creador y creatura en la tradición misma de la Iglesia.
En efecto, nos es difícil concebir la “creatio ex nihilo”, dado que nuestra experiencia siempre vive la procedencia de un ser a partir de otro, del que toma algo: los hijos provienen de la unión del padre y la madre, la planta de una semilla previa, el mueble de maderas y del trabajo del carpintero y así todo.
Pero, siendo los ángeles espirituales, sin componente material alguno, todo su ser ha de ser explicado sin referencia a un sustrato material previo.
Tal espiritualidad de los ángeles no siempre fue entendida correctamente. Con frecuencia se les atribuyó una cierta materia, sutil o etérea, para poder distinguirlos del espíritu totalmente inmaterial, que sería sólo Dios. Esta doctrina era enseñada en tiempos de Santo Tomás, quien, sin embargo, nunca la aceptó, enseñando con firmeza que los ángeles son espíritus puros, carentes del menor atisbo de materia, por muy sutil que se la suponga. Atribuyéndoles una inmaterialidad o espiritualidad total, se vio el santo en la necesidad de buscar una razón que diera cuenta de la finitud de estos seres, la raíz misma de su ser de creaturas, distintas, por tanto, del Dios Creador e increado. Porque muchos argüían contra el Aquinate que, si los ángeles eran del todo inmateriales, han de ser también enteramente simples y así, no serían ya más creaturas, quedando convertidos en dioses.
Para mostrar la ineficacia de tales razonamientos, propuso Tomás su doctrina de la distinción real entre la esencia y el ser. Este tema, fundamental en la enseñanza del santo, ha sido desarrollado por él, sobre todo, al tratar de los ángeles, los cuales vienen así a jugar un papel insustituible dentro de su misma filosofía. Dios es el único absolutamente simple, sin haber en ÉL tipo alguno de composición (3). Las criaturas jamás alcanzan la simplicidad de Dios y, por consiguiente, implican siempre alguna composición. Sólo que para explicar estos co-principios de los seres creados, no es necesario acudir en todos los casos a la materia, plasmada por la correspondiente forma. La composición originaria, la más profunda y propia de toda creatura es la de esencia y ser. Los ángeles, entonces, por tan perfectos, inmateriales y excelsos que sean, son igualmente seres compuestos, que han recibido su ser de otro, Dios. Son limitados por su naturaleza y no se identifican con el puro Ser.
Han sido, pues, los ángeles, quienes han obligado a indagar con mayor profundidad lo constitutivo de las creaturas. Con lo cual, de rechazo, se ilumina un tema capital acerca de lo específico de Dios. Los ángeles, pues, han significado una valiosa ayuda para que el hombre pudiera pensar a Dios como Dios.
Los ángeles y nuestra vida
Muy bien. Pero, ¿qué tendrán que ver estas exquisiteces metafísicas con la vida espiritual?
Por de pronto son una llamada de atención a la limitación de la mente humana, la cual, sin la revelación sobrenatural, jamás habría llegado a sondear el ser de Dios y el de las creaturas con tal fineza y exactitud, dentro siempre de la infinita distancia que nos separa del primero.
Los seres más
independientes, no sujetos a la pesadez del cuerpo, la corrupción, la materia,
no por eso son Dios. También ellos son compuestos, están limitados, lejos de la
grosera cantidad, pero no por eso son autosuficientes, ya que llegaron a la
existencia sobresaliente de su naturaleza, en dependencia de Alguien, que los
creó. Con lo cual volvemos al comienzo de esta meditación: a ese “El” = “Dios”,
con el que se arman los nombres de MiguEL, GabriEL y RafaEL. Uno es el gran
luchador y vencedor de los ángeles rebeldes (Apoc 12,7-12). Pero no por ser más
poderoso que “Satán” (de igual naturaleza ampliamente superior a la humana),
sino porque, poseyendo atributos tan insignes, reconoce que también él es
limitado, deudor del único Omnipotente. Su ser y actuar provienen del Ser
Supremo y es necesario reconocerlo con humildad, como lo recuerda la Carta de
Judas (v. 9): “El mismo arcángel (4) Miguel, cuando se enfrentaba con el Diablo
y discutía sobre el cuerpo de Moisés (5),
no se atrevió a proferir contra él ningún juicio injurioso, sino que dijo
solamente: <Que el Señor te reprima>”.
El “Arcángel” se precia de dejar bien claro de dónde le viene su poder. Y esto es un rasgo sentido comúnmente en la Iglesia, dado que también lo destaca II Pedro 2,11 (si bien no está referido a ningún ángel en particular, sino en general a todos ellos): “Estos hombres audaces y arrogantes no tienen miedo de blasfemar contra los ángeles caídos, mientras que los ángeles superiores en fuerza y en poder no pronuncian ningún juicio injurioso contra ellos en presencia del Señor”. Es decir: aún frente a seres abominables, porque se han levantado contra Dios, los “ángeles superiores” dejan la sentencia al Señor de lo visible y lo invisible.
Los ángeles, pues, aunque por desgracia nos acordemos muy poco de ellos, son una lección constante y una advertencia acerca de cómo concebir y vivir la auténtica grandeza. Contra nuestro desordenado afán de figurar y de ponernos en el pedestal, aquellos, que por su naturaleza sublime, espiritual, libre de ataduras materiales, no necesitan abstraer para conocer, dado que intuyen claramente todo lo real, ellos nunca se aprovechan de su rango tan elevado, ni ponen por delante sus privilegios. Aceptan colocarse al servicio de seres harto inferiores, como lo somos todos nosotros. Ellos cantan sobre un establo maloliente de Belén, adorando al Hijo de Dios, el Verbo eterno, que no dice una palabra coherente, porque se ha vuelto un bebé llorón. Uno de ellos asiste al espectáculo deprimente (6) de ese mismo Hijo de Dios, que declaró sentir su alma triste hasta la muerte en Getsemaní.
Mucho nos pueden enseñar acerca de todo ministerio en la Iglesia, al respecto de los cuales podríamos preguntarnos: ¿Qué buscamos con ellos? ¿Servir a la gloria de Dios y al bien de nuestros hermanos o servir-nos de la posición apreciada y venerada por los fieles, para hacer sentir nuestra preeminencia y autoridad? Tales humos suelen colársenos solapadamente y puede que vana y mundanamente esperemos que se diga de nosotros, lo que “toda la tierra” proclamaba de la “Bestia de Mar” (7), en estricta contradicción con el nombre de Miguel: “¿Quién se le puede igualar y quién puede luchar contra ella?” (Apoc 13,4).
Notas
1) O sea: en el momento de la “kénosis”
o “vaciamiento” y humillación extrema del Hijo eterno de Dios (ver: Filip
2,6-11; Hebr 10,5-7).
2) Para lo que sigue resumimos y comentamos a: A. Bandera González, O.
P., “TRATADO
DE LOS ÁNGELES – Introducción a las cuestiones 50 a 64” en: Santo Tomás
de Aquino, Suma de Teología – I Parte I, Madrid (1988), BAC, 489-498.
3) Summa Theologiae, I, q. 3. Ver, en cambio, ibid., q. 50, a. 2: “¿El ángel está o no compuesto a partir de
la materia y la forma?”
4) Única vez que se da esta jerarquía a un ángel con nombre propio. El
único otro lugar es: I Tes 4,16. Sólo que sin referencia a una individualidad
en especial.
5) Toma el dato Judas de un apócrifo: “La Asunción de Moisés”.
6) Recuérdese el escándalo que esta escena provocaba, sobre todo en el
mundo griego. Comparaban muchos enemigos del cristianismo naciente la serenidad
de Sócrates, que antes de beber la mortal cicuta, se explaya en un sereno
discurso sobre la inmortalidad, con estas angustias del “Salvador”, que pide
ser eximido de aquel trago amargo: “Pase
de mí este cáliz” (Mt 26,39.41).
7) El imperio romano.
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Prioridad de la Iglesia Universal o de la Iglesia local
Lic. Néstor Martínez
Tuvo gran resonancia hace algunos años la polémica entre el entonces Card. Ratzinger, hoy Benedicto XVI, y el Card. Kasper, acerca de la prioridad de la Iglesia Universal (sostenida por el primero) o de la Iglesia local (sostenida por el segundo).
Nos parece que la resolución de la discusión depende esencialmente de la recta comprensión del tipo de unidad que posee la Iglesia.
La unidad puede ser “per se” o “per accidens”. Es unidad “per se” cuando hay un solo acto de ser. Es unidad “per accidens” cuando hay varios actos de ser. En el primer caso, tenemos un solo ente sustancial, una sola sustancia; en el segundo, varias sustancias relacionadas entre sí. En el caso de la Iglesia, por tanto, parece claro que la unidad es “per accidens”, al estar formada por Dios y los hombres; y, tratándose de los hombres, por muchas personas que tienen cada una su propio acto de ser.
La unidad accidental, por tanto, es unidad de relaciones, y, como las relaciones son accidentes, es lógicamente posterior a las sustancias relacionadas. Por tanto, lo que en la Iglesia tiene prioridad metafísica, absolutamente hablando, son las personas concretas.
Las Personas divinas tienen entre sí un único Acto de Ser, mientras que cada persona creada, humana o angélica, tiene su propio acto de ser. En el caso de la Segunda Persona de la Trinidad, su relación con lo creado, en lo más peculiar suyo, no se debe a algo accidental, sino a algo que pertenece al orden hipostático: la asunción de la naturaleza humana de Nuestro Señor Jesucristo.
En el caso de las personas creadas humanas, se relacionan en la Iglesia con Dios y entre sí por medio de un accidente sobrenatural que es el carácter bautismal, que en su floración normal va acompañado de otro accidente sobrenatural que es la gracia santificante.
Esos accidentes no son relaciones, sino cualidades, pero son fundamento de las relaciones que constituyen formalmente el ser de la Iglesia como un todo accidental de orden.
Dentro de ese orden universal se integran los órdenes particulares que son las Iglesias locales. Al argumento que dice:
“Aquello que surge a partir de la comunión de muchos elementos, es posterior a esos elementos. Pero la Iglesia Universal surge de la comunión de muchas Iglesias locales. Luego, es posterior a ellas, que tienen así la primacía”;
hay que responder que el hecho de que un orden esté integrado por muchos órdenes particulares no quiere decir que éstos sean la causa de aquél. La causa del orden es la inteligencia ordenadora, en este caso, la Inteligencia divina. En efecto, la comunión de la Iglesia universal no procede en definitiva de los esfuerzos inteligentes de los miembros de las Iglesias locales, sino de la Inteligencia divina que así ha establecido a la Iglesia universal.
Por eso es acertado el argumento del entonces Card. Ratzinger, hoy Benedicto XVI, al decir que la prioridad de la Iglesia universal procede de la prioridad que ésta tiene en la mente divina, y no es suficiente la respuesta del Card. Kasper que dice que en la mente divina también han estado, desde la eternidad, las Iglesias locales.
Porque si en el plan de una inteligencia ordenadora hay órdenes particulares que integran un orden global, es necesario que aquellos hayan sido pensados en función de éste, y que éste, entonces, sea lo primeramente pensado y querido, teniendo así la primacía.
En efecto, si en una inteligencia los órdenes particulares se engloban en un orden último, esto no puede ser por casualidad, pues eso sería lo contrario de lo que ocurre en una inteligencia en tanto que inteligencia. Debe haber por tanto una razón, y eso quiere decir que es la intención de esa inteligencia ordenadora que los órdenes particulares estén en función del orden global y último. Pero esto sólo puede ocurrir si primero y ante todo esa inteligencia ha pensado y querido este orden último, porque siempre el fin es pensado y querido con anterioridad a los medios que se ordenan al fin.
Es claro que en la Inteligencia divina no hay anterioridad ni posterioridad temporales, sino sólo lógicas. Igualmente, es cierto que, como dice Santo Tomás, Dios “no quiere esto a causa de aquello, sino que quiere que esto sea a causa de aquello”. Es decir, nada determina a la Voluntad divina, como un fin determina a nuestra voluntad a buscar el medio adecuado, sino que la Voluntad divina establece que algunas cosas sean fines y que otras sean medios para esos fines. Sigue en pie que en la Inteligencia divina hay fines y hay medios que se ordenan a esos fines, y que éstos se ordenan a aquéllos, que tienen por tanto la primacía.
Sábana Santa: fe y razón (Nota 6)
Dr. Eduardo Casanova
El Carbono 14. Segunda parte
Correlación de los relatos evangélicos con el C14 en el
lienzo
El 16 de octubre de 1992 se analizó en una mesa redonda la abundantísima información recogida por diversos medios tecnológicos aplicados sobre la Sábana Santa. Lo tratado se publicó por la editorial Montre-Nous Ton Visage. El tema central en esta oportunidad había sido expuesto por Jean Baptiste Rinaudo, investigador en medicina nuclear de Montpellier: sostenía que el mecanismo por el que se imprimió la figura en la tela era el mismo fenómeno que había disminuido la proporción de C14 del lino. Se fundaba para sostenerlo en la comprobación de que distintas radiaciones de energía también disminuían la proporción de átomos del C14 en otros materiales biológicos examinados. También se apoyaba en los análisis radiocarbónicos del profesor Eberhard Lindner, físico de Karlsruhe (Alemania), quien en 1989 planteó que la figura de la Sábana Santa habría sido grabada por una corriente de electrones, partículas beta. Esta misma propuesta había sido luego fortalecida por los hallazgos experimentales de Dimitri A. Kouznetsov irradiando tejidos de lino de grosor semejante.
En la citada mesa redonda, llamó la atención la posición de Evin, un investigador que, pese a manifestar respeto por las pruebas, expresó sus dudas acerca de la fuente de energía en los siguientes términos: “Tenéis una máquina que os surte de la energía necesaria, el campo eléctrico focalizado que necesitáis, la muestra de lino, etc. ... Tendréis que hacer grandes acrobacias para encontrar todo eso en una tumba oscura…”
Cabe preguntarse si no resulta artificioso buscar otra fuente de energía diferente a la del propio Cuerpo cuya figura quedó esculpida en el lino. Parece capcioso pretender ignorar lo evidente: no existía en el Sepulcro otra fuente que el propio Cuerpo que envolvía el lino. ¿Cuál otra podía ser la fuente que aumentó en un 15% el C14, y al mismo tiempo esculpió su figura en la tela? ¿Cuál otra explicación, para que contra toda otra evidencia histórica y científica, se modifique la edad de la tela de 2.000 a 600 años?
Hablar de una “tumba oscura” contrasta con la luminosidad advertida en plena noche por los guardias que custodiaban el Sepulcro. Contrasta con los textos narrados por los Evangelios, que hoy nos recuerdan a una “onda expansiva” que removió la pesada losa que bloqueaba la tumba: “de pronto hubo un gran terremoto” (Mt 28,2).
La noche del sábado al domingo de Pascua
El relato de San Mateo expresa el carácter súbito que sorprende y atemoriza a los guardias: aparece como una brusca liberación de energía que “hizo rodar la piedra del sepulcro” (Mt 28,2), y afecta a los soldados, que “quedaron como muertos”. Los efectos mecánicos se traducen por una sensación de movimiento de la tierra, como un “terremoto”. No quedan dudas que tiene su origen en el interior del Sepulcro, porque la roca que lo cierra es despedida hacia fuera: el Sepulcro aún no estaba “vacío”.
La reacción de los soldados: a pesar de la evidencia, la fuerza que consiguió mover la pesada losa no es capaz de remover su corazón. Venden su con-ciencia, su conocimiento de lo presenciado, por el interés de las monedas que reciben: “los ancianos acordaron en consejo dar bastante dinero a los soldados, advirtiéndoles: Decid: Sus discípulos fueron de noche, y lo robaron mientras dormíamos” (Mt 28,12-13).
Hoy podemos comprobar una actitud similar a la de aquellos soldados, no sólo ante lo que muestra la evidencia científica sobre la Sábana Santa, sino también para negar otro tipo de evidencias que se relacionan con la vida humana. La mentira relacionada con la negación de la Vida, la cultura de la muerte, es la misma que actualmente se cultiva.
También aplicada a la Síndone la evidencia no cambia. Es la que hoy reproduce un acelerador de partículas cuando marca la tela de lino por deshidratación y oxidación de las fibrillas vegetales. Es la misma energía que modifica de modo similar el C14 del lino .
La mañana del domingo de Pascua
Tras el anuncio de las santas mujeres, Pedro y Juan son los primeros discípulos que llegan al Sepulcro, que ahora encuentran vacío. Llegan corriendo, como dice Juan, sosteniendo de sí mismo que, por ser el más joven, llegó antes que Pedro. No entró, aguardando a que lo hiciese primero Pedro, a quien reconoce ese derecho. Sin embargo, aún desde la puerta del Sepulcro se sorprende porque “sólo vio los lienzos” (Lc 24,13). Lo comprobado, también a Pedro le hace volver “a casa maravillado de lo acaecido”.
En el relato evangélico llama la atención el modo en como se insiste en los detalles respecto a la disposición de las mortajas. Dice primero Juan que “vio los lienzos plegados, pero no entró”. Agrega después que “vio los lienzos plegados, y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado en su sitio. Entonces entró también el discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó” (Jn 20,5-8).
No debería pasarnos desapercibida esta afirmación: “vio y creyó”. Pedro y Juan eran de los discípulos más próximos a Jesús. Pedro ya se había arrepentido, llorando amargamente por su negación; y Juan nunca se había separado de Jesús y de María: había estado hasta el final al pie de la Cruz. ¿Qué significa que sólo ahora, al ver la Sábana y el Sudario en el Sepulcro Vacío, se asombren, vean y crean? Juan lo explica: “los discípulos no habían comprendido todavía que según las Escrituras debía resucitar entre los muertos” (Jn 20, 9).
San Pablo sostiene que nuestra fe sería vana si Cristo no hubiese resucitado. Por ello, la alegría y admiración surgen juntas al confirmarse la fe de los discípulos ante la Sábana Santa. Quizá aquí se encuentre el empeño persistente en toda la historia por negar, robar y destruir la Síndone; la explicación de que hasta en nuestros días se niegue toda evidencia.
La Primera Iglesia, los discípulos que habían sido dispersados, vuelven a reunirse en torno a María y a los lienzos encontrados en el Sepulcro Vacío. Nunca un vacío, una falta, una carencia, pudo verse colmada de una Presencia semejante. Es la misma Presencia que hizo temblar la mano de Secondo Pía, al comprobar el resultado de aquella primera foto tomada en 1898 a la Sábana Santa.
Significado histórico en el contexto actual
Luego de siglos de haberse ignorado la Síndone, para considerarla como objeto de arte sacro o, en el mejor de los casos, una reliquia más, la fotografía de Secondo Pía provoca en los cristianos contemporáneos un efecto similar al de hace 2.000 años.
Parece providencial que, después de que la tecnología nos hubiese permitido conocer la impresionante multitud de detalles presentes en la Sábana Santa, el C14, utilizado para negarlo todo, haya resultado a la postre el medio que mejor traduce físicamente, en el plano fenomenológico, la misma Resurrección de Jesús. El C14 en la Sábana Santa nos permite entender que la Resurrección de Jesús, no sólo fue un suceso histórico, sino que además dejó improntas físicas en el tiempo, en la materia, en la historia.
Sin duda que la interrupción de los estudios dejó aspectos cuya interpretación física aún no se ha aclarado, a diferencia de lo que ocurrió con el C14. Sigue siendo un desafío, por ejemplo, interpretar el hecho de que la imagen grabada en el lienzo no cuente con la acción asociada de la gravedad. Si la “quemadura” que observamos sobre el lino la comparamos con la que hace un hierro caliente (la “marca”) sobre el ganado, al calor siempre se suma la mayor o menor presión ejercida al aplicarla. En cambio, en la Síndone no aparece la presión que efectuaría el propio Cuerpo en sus puntos de apoyo, dando mayor profundidad a la quemadura sobre el lino. Sin embargo, no se advierte este efecto de gravedad: la profundidad de la quemadura está dada sólo por la mayor o menor proximidad de la superficie corporal a la tela sobre la que se proyecta tridimensionalmente.
Analizaremos en una próxima nota los distintos avatares acaecidos en la historia de la Sábana Santa. En ella se advierten, no sólo los documentos que resultan elocuentes para confirmar su historicidad, su datación y autenticidad, sino también para ilustrar acerca de lo que puede verse como un signo de los tiempos, quizá el más elocuente de todos.
De este modo, analizando las distintas etapas históricas de la Sábana Santa, llegaremos a la paradoja a la que dio lugar en nuestros días, cuando la mala utilización de la tecnología hizo posible desconocer la enorme riqueza de signos físicos presentes en la Síndone.
No parece casual, sino providencial, la similitud que existe entre los procedimientos actuales, al usar como excusa el C14, con el procedimiento usado hace 2.000 años por “los ancianos”, de los que habla el Evangelio, cuando pretendieron ocultar la Resurrección.
29-08-2010
Ataque grave e injustificado contra la patria potestad
Asociación “Familia y Vida”
1. El Decreto 274/2010, que
aparece como reglamentario de la Ley 18.335 de los derechos y pacientes de los
servicios de salud, en su artículo 11 inciso 2 establece: “Los
adolescentes a quienes, de acuerdo al principio de autonomía progresiva, los
profesionales de la salud consideren suficientemente maduros para recibir
atención fuera de la presencia de los padres o tutores u otros responsables
tienen derecho a la intimidad y pueden solicitar servicios confidenciales o
incluso tratamiento confidencial”.
2. Esta norma es ilegal, no sólo porque no es reglamentaria de la Ley 18.335, que nada dice sobre el particular, sino porque transgrede normas del Código Civil y del Código de la Niñez y Adolescencia.
En efecto según el Art. 258 del
CC “los padres dirigen la educación de
los hijos y los representan en todos los actos civiles”.
La norma dice que los médicos realizarán esta función fuera de la presencia de los padres, nada menos que en lo referente a la sexualidad, con lo cual se está olvidando la norma central que es la del CC e incurriendo en flagrante ilegalidad.
Además, el Art. 16 literal E del
Código de la Niñez y Adolescencia, entre los deberes de los padres respecto de
sus hijos, establece el de “prestar
orientación y dirección para el ejercicio de sus derechos”.
La norma es clara en el sentido de que quienes deben orientar y educar a los hijos son sus padres y no los médicos. El deber de los padres de prestar orientación y dirección para el ejercicio de los derechos del menor implica, obviamente, que los padres tienen derecho a todo aquello que necesitan para poder cumplir con ese deber.
3. Con desinformación se ha
invocado en defensa del artículo cuestionado el derecho de privacidad de los
niños del Art. 11 del Código de la Niñez y Adolescencia en cuanto establece: “Todo niño o adolescente tiene derecho a que
se respete la privacidad de su vida. Tiene derecho a que no se utilice su
imagen en forma lesiva ni se publique ninguna información que lo perjudique y
pueda dar lugar a la individualización de su persona”.
Es claro que aquí se protege la intimidad del menor en el sentido de que su imagen no se use en forma lesiva, especialmente, por ejemplo, cuando ha cometido delitos o infracciones, lo cual no guarda relación con lo que se invoca en el Art. 11 inc. 2 del Decreto 274/2010 cuestionado.
4. Junto a estas graves irregularidades están otras no menores como la que supone el pretender “legislar por decreto”, pues lo que aparece como reglamentario no tiene ningún antecedente en la ley que se pretende reglamentar. Esto está siendo cada vez más habitual en nuestro sistema jurídico, y es particularmente grave en tanto causante de verdadera inseguridad jurídica.
5. Pero el interrogante a desenmascarar está en por qué ocurren estas “ilegalidades”; qué es lo que hay realmente detrás de esta ilegalidad es lo que el lector debe saber.
En estas disposiciones se detecta la tendencia a debilitar la patria potestad, legitimando una nueva modalidad de intromisión del Estado.
Hay en ello un sutil mecanismo de transferencia de responsabilidades. ¿Qué es lo que se busca transfiriendo responsabilidades propias de la familia hacia el Estado? ¿Habrá una delegación por negligencia o una tentativa de justificar la evasión de las verdaderas responsabilidades en el ejercicio de la paternidad? ¿O acaso se estará pensando que el Estado es mejor padre que los padres?
6. Es sobre todo en materias tan importantes y delicadas como la sexualidad humana que los padres deben poder gozar sin trabas de todos los derechos necesarios para ejercer los deberes inherentes a la patria potestad. Si es indebido poner en duda los derechos de los padres en este terreno, mucho menos puede atribuirse al Estado o al médico de turno la capacidad de decidir en estas materias. Sin embargo, “liberar” al menor de la tutela de los padres es someterlo a las decisiones de extraños que decidirán por sí y ante sí si el menor ha alcanzado el grado de “autonomía progresiva” necesario para pasar a depender de las decisiones y criterios del médico, o de otros, en lugar de las de sus padres.
7. Recuérdese que el término “salud sexual y reproductiva” incluye el aborto y la
anticoncepción. Ahora bien, es absolutamente inadmisible que los padres queden
marginados en temas de esta gravedad, y que pueden llegar a tener consecuencias
irreparables para la vida del menor y también para la familia a la que el menor
pertenece.
8. El interés de la sociedad y del bien común exige que los padres puedan desempeñar adecuadamente su labor formativa en orden a que los ciudadanos del futuro tengan una personalidad equilibrada y basada en valores sólidos y auténticamente humanizantes. Eso no lo pueden hacer si la ley, en vez de ampararlos en el ejercicio de los derechos inherentes a la patria potestad, los lesiona injustificadamente con miras a otros fines, que por cierto no consideran realmente el interés superior del niño o adolescente.
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Según el Consejo Europeo, los hospitales no pueden ser obligados
a realizar abortos
El Consejo de Europa contra la
restricción de la objeción de conciencia
Aprueba una resolución para reconocer
esta posición ante el aborto o la eutanasia
ESTRASBURGO, jueves, 7 de octubre
de 2010 (ZENIT.org).
La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha rechazado este jueves el informe de la diputada británica Christine McCafferty, que pretendía restringir los derechos fundamentales de los ciudadanos a la objeción de conciencia, en particular de quienes trabajan en el sector de la salud ante el aborto o la eutanasia.
El proyecto de resolución ha sido totalmente sustituido por un nuevo texto, que afirma, defiende y promueve el derecho del personal médico a la objeción de conciencia.
Tras el debate, en el que se modificó el texto propuesto por la Comisión para las Cuestiones Sociales, la resolución adoptada afirma que "ningún hospital, institución o persona puede ser sometido a presiones, considerado responsable o sufrir discriminación alguna por su rechazo a realizar, acoger o asistir a un aborto o un acto de eutanasia".
El texto adoptado invita a los Estados miembros a elaborar reglamentaciones amplias y precisas que definan y reglamenten la objeción de conciencia en el campo de la salud y de los servicios médicos.
Grégor Puppinck, director del European Center for Law and Justice, institución que con argumentos jurídicos había denunciado los peligros del informe McCafferty, ha manifestado a ZENIT su satisfacción ante el extraordinario e inesperado cambio.
"El Consejo de Europa reafirma el valor fundamental de la conciencia humana y de la libertad ante los intentos de manipulación ideológica de la ciencia y la medicina", constata el experto.
"El informe McCafferty era una aberración, y estamos satisfechos por haber logrado abrir los ojos de la Asamblea. Numerosas organizaciones no gubernamentales se han movilizado en este sentido", añade Puppinck.
El texto se aplica no sólo a los médicos, sino a todo el personal médico comprometido directa o indirectamente en un acto o procedimiento de aborto o eutanasia.
La resolución se aplica no sólo a los individuos, sino también a las instituciones, hospitales, clínicas, tanto privadas como públicas. McCafferty quería obligar a los hospitales católicos a hacer abortos.
Para Puppinck, "el texto de la señora McCafferty era particularmente peligroso", pues su objetivo principal era profundamente simbólico, al tratar de hacer de la objeción de conciencia algo "inmoral".
Por este motivo, la resolución aprobada "es una gran victoria de la cultura de la vida y de la justicia", concluye el director del European Center for Law and Justice.
Por Jesús Colina
Fuente: www.zenit.org
Más información en:
http://assembly.coe.int/ASP/APFeaturesManager/defaultArtSiteView.asp?ID=950
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Los medios, de nuevo al acecho: el “blanqueo
de dinero” del “banco vaticano” es sólo un “error de procedimiento”
El presidente del Instituto para las Obras de
Religión aclara la polémica creada a raíz de una irregularidad fortuita que ya
ha sido solventada y desenmascara este nuevo ataque a la Iglesia católica
El presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el economista Ettore Gotti Tedeschi, deploró que se use "un error de procedimiento" en esta institución para atacar a la Santa Sede con una investigación por supuesto blanqueo de dinero contra los responsables del llamado “banco vaticano”.
En una entrevista publicada hoy por el diario financiero ‘Il Sole 24 ore’, Tedeschi declaró que "se está usando un error de procedimiento como una excusa para atacar al instituto (IOR), a su presidente, y al Vaticano en general".
El economista dijo que la transacción, que consistía en transferir en total 23 millones de euros, incautados por orden de la jueza María Teresa Covatta, "fue una operación normal de tesorería e implicaba una transferencia desde cuentas del banco del Vaticano a otras cuentas del banco del Vaticano".
Cabe destacar que el director del IOR es un profesional de recorrido y oficio y con el aval de haber sido el máximo responsable del grupo Santander en Italia. Sorprende que algunos medios den tanta credibilidad a algo que, evidentemente, ha sido un error técnico. Sobre todo teniendo en cuenta lo evidente y fácil de detectar el error.
Esta circunstancia es el tipo de hecho que promueve el escándalo para que, posteriormente, se quede en nada. Lo que el director del IOR ha cerrado en dos líneas al aclarar que se trata de “un error de procedimiento” ha sido utilizado para promover el escándalo, dándole una magnitud y un protagonismo en los medios que no tiene.
El hecho, es que, de tanto en tanto, Italia protagoniza algún hecho singular relacionado con la Iglesia Católica. Por ejemplo, un episodio que no se olvidará fácilmente fue el que afectó al anterior arzobispo de Barcelona, Ricard María Carles, que sin saber cómo se vio implicado en el juicio a unos mafiosos que estaba teniendo lugar en el país alpino.
Los acontecimientos se originaron cuando un fiscal italiano que instruía una causa sobre un tema financiero que afectaba a unos mafiosos (cabe explicar que en Italia, a diferencia de España, son los fiscales y no los jueces quienes instruyen la causa) quiso que el arzobispo barcelonés declarara por una grabación que supuestamente le implicaba.
Ese hecho acabó en nada ya que el fiscal (que a la postre se desvelaría anticatólico) solamente tenía para esa supuesta implicación una grabación en la que los dos mafiosos afirmaban tener que hablar un tema “en Barcelona con el cardenal”.
El abogado que llevaba la causa afirmó que no había absolutamente nada contra el arzobispo de Barcelona, pero el fiscal levantó una polémica que salpicó innecesariamente al purpurado y de paso sirvió en bandeja la cabeza de Carles para un juicio público que aprovecharon los medios que tradicionalmente protagonizan una línea editorial bélica con la Iglesia.
De hecho, los propios mafiosos ni siquiera sabían quién era el cardenal Ricard Maria Carles, lo cual desveló el despropósito que desde el inicio había provocado el fiscal, sin más pruebas que una grabación agrandada por sus propios prejuicios.
El IOR: transparencia y responsabilidad social
En el caso del director del IOR, Tedeschi explicó que en los últimos diez meses el banco "ha estado adaptando todos sus trámites internos para estar en armonía con los estándares de transparencia internacional".
Sobre este tema, el diario vaticano L’Osservatore Romano publicó un artículo en primera plana titulado "La transparencia del IOR" en el que explica detalladamente los procedimientos que este organismo financiero realiza para adaptarse a los mencionados estándares.
El artículo señala que la Unidad de Información Financiera de la Banca de Italia advirtió en las transferencias investigadas "una posible violación de las normas contra el blanqueo. Sin embargo, desde el inicio del año los órganos de la Banca de Italia y el IOR trabajan en estrecha colaboración para adecuar las operaciones del IOR a los procedimientos contra el blanqueo".
Con este fin se ha creado dentro del IOR una oficina de información financiera bajo el control del Cardenal Attilio Nicora; y en ese sentido se entiende las constantes colaboraciones del IOR con la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional contra el blanqueo de capitales).
"A los dos organismos se les entregó documentación para la inscripción de la Santa Sede en la llamada White List, que reúne a los países que se adhieren a las normas contra el blanqueo", añade el texto.
Seguidamente explica que "para la adecuación a las exigencias que nacen de la inclusión de la Santa Sede entre los estados que operan contra el blanqueo y el terrorismo, el Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, también creó una comisión presidida por el mismo Cardenal Nicora. Además la dirección del IOR se esfuerza desde hace tiempo –y sobre esto la Banca de Italia está bien informada– en adecuar las estructuras informáticas a las reglas vigentes en materia de lucha contra el blanqueo".
"El inconveniente ha sido causado por una incomprensión en vía de aclaración, entre el IOR y el banco que recibió la orden de transferencia. Con la certeza de que ninguna nueva cuenta se ha abierto sin la estricta observancia de las reglas dictadas por Bankitalia, vale la pena reiterar que el IOR no puede considerarse un banco en la acepción corriente, ya que administra bienes de instituciones católicas a nivel internacional, y estando ubicada en el Estado de la Ciudad del Vaticano, está fuera de las jurisdicciones de los distintos bancos nacionales".
Finalmente, el artículo recuerda que "la integridad y la capacidad del profesor Gotti Tedeschi son bien conocidas en los ambientes financieros italianos e internacionales".
Fuente: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=18007
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¡No a nosotros, Yahveh, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu amor, por tu verdad!
¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su
Dios?»
Nuestro Dios está en los cielos,
todo cuanto le place lo realiza.
Plata y oro son sus ídolos,
obra de mano de hombre.
Tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen oídos y no oyen,
tienen nariz y no huelen.
Tienen manos y no palpan,
tienen pies y no caminan,
ni un solo susurro en su garganta.
Como ellos serán los que los hacen,
cuantos en ellos ponen su confianza.
Casa de Israel, confía en Yahveh,
Él, su auxilio y su escudo;
casa de Aarón, confía en Yahveh,
Él, su auxilio y su escudo;
los que teméis a Yahveh, confiad en Yahveh,
Él, su auxilio y su escudo.
Yahveh se acuerda de nosotros, Él bendecirá,
bendecirá a la casa de Israel,
bendecirá a la casa de Aarón,
bendecirá a los que temen a Yahveh,
a pequeños y grandes.
¡Yahveh os acreciente
a vosotros y a vuestros hijos!
¡Benditos vosotros de Yahveh,
que ha hecho los cielos y la tierra!
Los cielos, son los cielos de Yahveh,
la tierra, se la ha dado a los hijos de Adán.
No alaban los muertos a Yahveh,
ni ninguno de los que bajan al Silencio;
mas nosotros, los vivos, a Yahveh bendecimos,
desde ahora y por siempre.
Fuente: Biblia de Jerusalén.
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