Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología católica

Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 49 – Junio de 2010

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”

(Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

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Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias Grèzes.

 

Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Primeros ecos de la Encuesta sobre “Fe y Razón”

Equipo de Dirección

Magisterio

Homilía en la Clausura del Año Sacerdotal

Papa Benedicto XVI

Magisterio

Benedicto XVI: Santo Tomás, defensor de la razón humana

Zenit

Libros

Colección de Libros “Fe y Razón”

Equipo de Dirección

Noticias

Resultados de la Encuesta sobre “Fe y Razón”

Equipo de Dirección

Filosofía

Perspectiva de género

Lic. Néstor Martínez

Apologética

Sábana Santa: fe y razón (Nota 3)

Dr. Eduardo Casanova

Apologética

El Corán y la Santísima Trinidad

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Derecho Canónico

Del matrimonio

Código de Derecho Canónico

Oración

Trisagio a la Santísima Trinidad

Anónimo

 

 

Primeros ecos de la Encuesta sobre “Fe y Razón”

 

Equipo de Dirección

 

Del 23 de mayo al 4 de junio del presente año hicimos una encuesta sobre “Fe y Razón” entre nuestros 850 suscriptores y recibimos 108 respuestas. En otro artículo de este número publicamos todos los resultados de la misma. Aquí presentaremos sólo un resumen de esos resultados y algunos comentarios sobre ellos:

 

a)      El sitio web “Fe y Razón” es muy visitado y apreciado por nuestros suscriptores. El 56% de los participantes de la encuesta lo visita algunas veces por mes o por semana; y el 71% lo califica como muy bueno o excelente. Algo parecido puede decirse de la revista virtual “Fe y Razón”: el 66% de los participantes de la encuesta lee todos o casi todos los números de la revista; y el 76% la califica como muy buena o excelente. Estos resultados nos alegran y reconfortan.

b)      En cambio el blog de la revista es menos utilizado por nuestros suscriptores. El 48% de quienes respondieron la encuesta no lo visita nunca o casi nunca. Trataremos de difundir más ese blog.

c)      La sección que más interesa a nuestros suscriptores es la de Teología, que reúne un 58% de las preferencias. A bastante distancia le siguen las secciones de Filosofía (33%) y Doctrina Social (30%). Trataremos de que en cada número de la revista haya al menos un artículo en cada una de esas tres secciones.

d)      Sólo el 37% de los participantes de la encuesta respondió la pregunta sobre los posibles cambios en la revista. Un 11% dice que no quiere ningún cambio, mientras que el restante 26% pide una gran variedad de cambios, no siempre compatibles entre sí. Trataremos de atender los pedidos de cambio que están dentro de la línea de la revista y dentro de nuestras posibilidades. Sin embargo, esos posibles cambios llevarán tiempo.

e)      La Colección de Libros “Fe y Razón” es poco conocida y utilizada por nuestros suscriptores. El 81% de los participantes de la encuesta no la conoce, o la conoce pero aún no ha descargado ningún libro. Trataremos de difundir más esta Colección. En esa línea, ya en este número incluimos un artículo sobre este tema.

f)        La propuesta de organizar una serie de charlas en la Parroquia Nuestra Señora de Bzommar (en Montevideo) sobre distintos temas de formación cristiana suscitó bastante interés. El 59% de los participantes de la encuesta manifestó estar interesado o muy interesado en esas charlas. Por tal motivo, hemos decidido llevar a cabo un ciclo de charlas los días miércoles de septiembre (de noche), sobre los cuatro temas más votados por ustedes:

 

i)        Amenazas contra la vida y la familia en el Uruguay de hoy.

ii)       Raíces subjetivistas de la actual crisis religiosa y moral.

iii)     Introducción a la filosofía cristiana.

iv)     Nuevos datos de la ciencia que apuntan hacia el Creador.

Más adelante les daremos más información sobre este ciclo de charlas.

 

Agradecemos mucho a los 108 suscriptores que respondieron esta encuesta, porque sus opiniones nos ayudarán a mejorar los servicios que intentamos brindar a todos ustedes.

 

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Clausura del Año Sacerdotal

Santa Misa

Homilía del Santo Padre Benedicto XVI

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Plaza de San Pedro,

Viernes 11 de junio de 2010

 

Queridos hermanos en el ministerio sacerdotal, queridos hermanos y hermanas:

 

El Año Sacerdotal que hemos celebrado, 150 años después de la muerte del santo Cura de Ars, modelo del ministerio sacerdotal en nuestros días, llega a su fin. Nos hemos dejado guiar por el Cura de Ars para comprender de nuevo la grandeza y la belleza del ministerio sacerdotal. El sacerdote no es simplemente alguien que detenta un oficio, como aquellos que toda sociedad necesita para que puedan cumplirse en ella ciertas funciones. Por el contrario, el sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo: pronunciar en nombre de Cristo la palabra de absolución de nuestros pecados, cambiando así, a partir de Dios, la situación de nuestra vida. Pronuncia sobre las ofrendas del pan y el vino las palabras de acción de gracias de Cristo, que son palabras de transustanciación,  palabras que lo hacen presente a Él mismo, el Resucitado, su Cuerpo y su Sangre, transformando así los elementos del mundo; son palabras que abren el mundo a Dios y lo unen a Él. Por tanto, el sacerdocio no es un simple «oficio», sino un sacramento: Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor. Esta audacia de Dios, que se abandona en las manos de seres humanos; que, aun conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar, esta audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra «sacerdocio». Que Dios nos considere capaces de esto; que por eso llame a su servicio a hombres y, así, se una a ellos desde dentro, esto es lo que en este año hemos querido de nuevo considerar y comprender. Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe a nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día. Queríamos también, así, enseñar de nuevo a los jóvenes que esta vocación, esta comunión de servicio por Dios y con Dios, existe; más aún, que Dios está esperando nuestro «sí». Junto con la Iglesia, hemos querido destacar de nuevo que tenemos que pedir a Dios esta vocación. Pedimos trabajadores para la mies de Dios, y esta plegaria a Dios es, al mismo tiempo, una llamada de Dios al corazón de jóvenes que se consideren capaces de eso mismo para lo que Dios los cree capaces. Era de esperar que al «enemigo» no le gustara que el sacerdocio brillara de nuevo; él hubiera preferido verlo desaparecer, para que al fin Dios fuera arrojado del mundo. Y así ha ocurrido que, precisamente en este año de alegría por el sacramento del sacerdocio, han salido a la luz los pecados de los sacerdotes, sobre todo el abuso a los pequeños, en el cual el sacerdocio, que lleva a cabo la solicitud de Dios por el bien del hombre, se convierte en lo contrario. También nosotros pedimos perdón insistentemente a Dios y a las personas afectadas, mientras prometemos que queremos hacer todo lo posible para que semejante abuso no vuelva a suceder jamás; que en la admisión al ministerio sacerdotal y en la formación que prepara al mismo haremos todo lo posible para examinar la autenticidad de la vocación; y que queremos acompañar aún más a los sacerdotes en su camino, para que el Señor los proteja y los custodie en las situaciones dolorosas y en los peligros de la vida. Si el Año Sacerdotal hubiera sido una glorificación de nuestros logros humanos personales, habría sido destruido por estos hechos. Pero, para nosotros, se trataba precisamente de lo contrario, de sentirnos agradecidos por el don de Dios, un don que se lleva en «vasijas de barro», y que una y otra vez, a través de toda la debilidad humana, hace visible su amor en el mundo. Así, consideramos lo ocurrido como una tarea de purificación, un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios. De este modo, el don se convierte en el compromiso de responder al valor y la humildad de Dios con nuestro valor y nuestra humildad. La palabra de Cristo, que hemos entonado como canto de entrada en la liturgia, puede decirnos en este momento lo que significa hacerse y ser sacerdotes: «Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29).

 

Celebramos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y con la liturgia echamos una mirada, por así decirlo, dentro del corazón de Jesús, que al morir fue traspasado por la lanza del soldado romano. Sí, su corazón está abierto por nosotros y ante nosotros; y con esto nos ha abierto el corazón de Dios mismo. La liturgia interpreta para nosotros el lenguaje del corazón de Jesús, que habla sobre todo de Dios como pastor de los hombres, y así nos manifiesta el sacerdocio de Jesús, que está arraigado en lo íntimo de su corazón; de este modo, nos indica el perenne fundamento, así como el criterio válido de todo ministerio sacerdotal, que debe estar siempre anclado en el corazón de Jesús y ser vivido a partir de él. Quisiera meditar hoy, sobre todo, los textos con los que la Iglesia orante responde a la Palabra de Dios proclamada en las lecturas. En esos cantos, palabra y respuesta se compenetran. Por una parte, están tomados de la Palabra de Dios, pero, por otra, son ya al mismo tiempo la respuesta del hombre a dicha Palabra, respuesta en la que la Palabra misma se comunica y entra en nuestra vida. El más importante de estos textos en la liturgia de hoy es el Salmo 23 [22] –«El Señor es mi pastor»–, en el que el Israel orante acoge la autorrevelación de Dios como pastor, haciendo de esto la orientación para su propia vida. «El Señor es mi pastor, nada me falta». En este primer versículo se expresan alegría y gratitud porque Dios está presente y cuida de nosotros. La lectura tomada del Libro de Ezequiel empieza con el mismo tema: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro» (Ez 34,11). Dios cuida personalmente de mí, de nosotros, de la humanidad. No me ha dejado solo, extraviado en el universo y en una sociedad ante la cual uno se siente cada vez más desorientado. Él cuida de mí. No es un Dios lejano, para quien mi vida no cuenta casi nada. Las religiones del mundo, por lo que podemos ver, han sabido siempre que, en último análisis, sólo hay un Dios. Pero este Dios era lejano. Abandonaba aparentemente el mundo a otras potencias y fuerzas, a otras divinidades. Había que llegar a un acuerdo con éstas. El Dios único era bueno, pero lejano. No constituía un peligro, pero tampoco ofrecía ayuda. Por tanto, no era necesario ocuparse de Él. Él no dominaba. Extrañamente, esta idea ha resurgido en la Ilustración. Se aceptaba no obstante que el mundo presupone un Creador. Este Dios, sin embargo, habría construido el mundo, para después retirarse de él. Ahora el mundo tiene un conjunto de leyes propias según las cuales se desarrolla, y en las cuales Dios no interviene, no puede intervenir. Dios es sólo un origen remoto. Muchos, quizás, tampoco deseaban que Dios se preocupara de ellos. No querían que Dios los molestara. Pero allí donde la cercanía del amor de Dios se percibe como molestia, el ser humano se siente mal. Es bello y consolador saber que hay una persona que me quiere y cuida de mí. Pero es mucho más decisivo que exista ese Dios que me conoce, me quiere y se preocupa por mí. «Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen» (Jn 10,14), dice la Iglesia antes del Evangelio con una palabra del Señor. Dios me conoce, se preocupa de mí. Este pensamiento debería proporcionarnos realmente alegría. Dejemos que penetre intensamente en nuestro interior. En ese momento comprendemos también qué significa: Dios quiere que nosotros como sacerdotes, en un pequeño punto de la historia, compartamos sus preocupaciones por los hombres. Como sacerdotes, queremos ser personas que, en comunión con su amor por los hombres, cuidemos de ellos, les hagamos experimentar en lo concreto esta atención de Dios. Y, por lo que se refiere al ámbito que se le confía, el sacerdote, junto con el Señor, debería poder decir: «Yo conozco mis ovejas y ellas me conocen». «Conocer», en el sentido de la Sagrada Escritura, nunca es solamente un saber exterior, igual que se conoce el número telefónico de una persona. «Conocer» significa estar interiormente cerca del otro. Quererle. Nosotros deberíamos tratar de «conocer» a los hombres de parte de Dios y con vistas a Dios; deberíamos tratar de caminar con ellos en la vía de la amistad de Dios.

 

Volvamos al Salmo. Allí se dice: «Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan» (23 [22], 3s). El pastor muestra el camino correcto a quienes le están confiados. Los precede y guía. Digámoslo de otro modo: el Señor nos muestra cómo se realiza en modo justo nuestro ser hombres. Nos enseña el arte de ser persona. ¿Qué debo hacer para no arruinarme, para no desperdiciar mi vida con la falta de sentido? En efecto, ésta es la pregunta que todo hombre debe plantearse y que sirve para cualquier período de la vida. ¡Cuánta oscuridad hay alrededor de esta pregunta en nuestro tiempo! Siempre vuelve a nuestra mente la palabra de Jesús, que tenía compasión por los hombres, porque estaban como ovejas sin pastor. Señor, ten piedad también de nosotros. Muéstranos el camino. Sabemos por el Evangelio que Él es el camino. Vivir con Cristo, seguirlo, esto significa encontrar el sendero justo, para que nuestra vida tenga sentido y para que un día podamos decir: “Sí, vivir ha sido algo bueno”. El pueblo de Israel estaba y está agradecido a Dios, porque ha mostrado en los mandamientos el camino de la vida. El gran Salmo 119 (118) es una expresión de alegría por este hecho: nosotros no  andamos a tientas en la oscuridad. Dios nos ha mostrado cuál es el camino, cómo podemos caminar de manera justa. La vida de Jesús es una síntesis y un modelo vivo de lo que afirman los mandamientos. Así comprendemos que estas normas de Dios no son cadenas, sino el camino que Él nos indica. Podemos estar alegres por ellas y porque en Cristo están ante nosotros como una realidad vivida. Él mismo nos hace felices. Caminando junto a Cristo tenemos la experiencia de la alegría de la Revelación, y como sacerdotes debemos comunicar a la gente la alegría de que nos haya mostrado el camino justo de la vida.

 

Después viene una palabra referida a la “cañada oscura”, a través de la cual el Señor guía al hombre. El camino de cada uno de nosotros nos llevará un día a la cañada oscura de la muerte, a la que ninguno nos puede acompañar. Y Él estará allí. Cristo mismo ha descendido a la noche oscura de la muerte. Tampoco allí nos abandona. También allí nos guía. “Si me acuesto en el abismo, allí te encuentro”, dice el Salmo 139 (138). Sí, Tú estás presente también en la última fatiga, y así el Salmo responsorial puede decir: también allí, en la cañada oscura, nada temo. Sin embargo, hablando de la cañada oscura, podemos pensar también en las cañadas oscuras de las tentaciones, del desaliento, de la prueba, que toda persona humana debe atravesar. También en estas cañadas tenebrosas de la vida Él está allí. Señor, en la oscuridad de la tentación, en las horas de la oscuridad, en que todas las luces parecen apagarse, muéstrame que Tú estás allí. Ayúdanos a nosotros, sacerdotes, para que podamos estar junto a las personas que en esas noches oscuras nos han sido confiadas, para que podamos mostrarles tu luz.

 

«Tu vara y tu cayado me sosiegan»: el pastor necesita la vara contra las bestias salvajes que quieren atacar el rebaño; contra los salteadores que buscan su botín. Junto a la vara está el cayado, que sostiene y ayuda a atravesar los lugares difíciles. Las dos cosas entran dentro del ministerio de la Iglesia, del ministerio del sacerdote. También la Iglesia debe usar la vara del pastor, la vara con la que protege la fe contra los farsantes, contra las orientaciones que son, en realidad, desorientaciones. En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de amor. Hoy vemos que no se trata de amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal. Como tampoco se trata de amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la fe, como si nosotros inventáramos la fe autónomamente. Como si ya no fuese un don de Dios, la perla preciosa que no dejamos que nos arranquen. Al mismo tiempo, sin embargo, la vara continuamente debe transformarse en el cayado del pastor, cayado que ayude a los hombres a poder caminar por senderos difíciles y seguir a Cristo.

 

Al final del salmo, se habla de la mesa preparada, del perfume con que se unge la cabeza, de la copa que rebosa, del habitar en la casa del Señor. En el salmo, esto muestra sobre todo la perspectiva del gozo por la fiesta de estar con Dios en el templo, de ser hospedados y servidos por Él mismo, de poder habitar en su casa. Para nosotros, que rezamos este salmo con Cristo y con su Cuerpo que es la Iglesia, esta perspectiva de esperanza ha adquirido una amplitud y profundidad todavía más grande. Vemos en estas palabras, por así decir, una anticipación profética del misterio de la Eucaristía, en la que Dios mismo nos invita y se nos ofrece como alimento, como aquel pan y aquel vino exquisito que son la única respuesta última al hambre y a la sed interior del hombre. ¿Cómo no alegrarnos de estar invitados cada día a la misma mesa de Dios y habitar en su casa? ¿Cómo no estar alegres por haber recibido de Él este mandato: “Haced esto en memoria mía”? Alegres porque Él nos ha permitido preparar la mesa de Dios para los hombres, de ofrecerles su Cuerpo y su Sangre, de ofrecerles el don precioso de su misma presencia. Sí, podemos rezar juntos con todo el corazón las palabras del salmo: «Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida» (23 [22], 6).

 

Por último, veamos brevemente los dos cantos de comunión sugeridos hoy por la Iglesia en su liturgia. Ante todo, está la palabra con la que san Juan concluye el relato de la crucifixión de Jesús: «uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua» (Jn 19,34). El corazón de Jesús es traspasado por la lanza. Se abre, y se convierte en una fuente: el agua y la sangre que manan aluden a los dos sacramentos fundamentales de los que vive la Iglesia: el Bautismo y la Eucaristía. Del costado traspasado del Señor, de su corazón abierto, brota la fuente viva que mana a través de los siglos y edifica la Iglesia. El corazón abierto es fuente de un nuevo río de vida; en este contexto, Juan ciertamente ha pensado también en la profecía de Ezequiel, que ve manar del nuevo templo un río que proporciona fecundidad y vida  (Ez 47): Jesús mismo es el nuevo templo, y su corazón abierto es la fuente de la que brota un río de vida nueva, que se nos comunica en el Bautismo y la Eucaristía.

 

La liturgia de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, sin embargo, prevé como canto de comunión otra palabra, afín a ésta, extraída del evangelio de Juan: «El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí que beba. Como dice la Escritura: De sus entrañas manarán torrentes de agua viva» (cfr. Jn 7,37s). En la fe bebemos, por así decir, del agua viva de la Palabra de Dios. Así, el creyente se convierte él mismo en una fuente, que da agua viva a la tierra reseca de la historia. Lo vemos en los santos. Lo vemos en María que, como gran mujer de fe y de amor, se ha convertido a lo largo de los siglos en fuente de fe, amor y vida. Cada cristiano y cada sacerdote deberían transformarse, a partir de Cristo, en fuente que comunica vida a los demás. Deberíamos dar el agua de la vida a un mundo sediento. Señor, te damos gracias porque nos has abierto tu corazón; porque en tu muerte y resurrección te has convertido en fuente de vida. Haz que seamos personas vivas, vivas por tu fuente, y danos ser también nosotros fuente, de manera que podamos dar agua viva a nuestro tiempo. Te agradecemos la gracia del ministerio sacerdotal. Señor, bendícenos y bendice a todos los hombres de este tiempo que están sedientos y buscando. Amén.

 

Fuente:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2010/documents/hf_ben-xvi_hom_20100611_concl-anno-sac_sp.html

 

Nota: Los énfasis fueron agregados por “Fe y Razón”.

 

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 Benedicto XVI: Santo Tomás, defensor de la razón humana

 

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 16 de junio de 2010 (ZENIT.org).

 

Ofrecemos a continuación la catequesis realizada hoy por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro.

 

* * * * *

 

Queridos hermanos y hermanas,

 

hoy quisiera continuar la presentación de santo Tomás de Aquino, un teólogo de tal valor que el estudio de su pensamiento fue explícitamente recomendado por el Concilio Vaticano II en dos documentos, el decreto Optatam totius, sobre la formación al sacerdocio, y la declaración Gravissimum educationis, que trata sobre la educación cristiana. Por lo demás, ya en 1880 el Papa León XIII, gran estimador suyo y promotor de estudios tomistas, quiso declarar a santo Tomás Patrón de las escuelas y de las universidades católicas.

 

El motivo principal de este aprecio reside no sólo en el contenido de su enseñanza, sino también en el método adoptado por él, sobre todo la nueva síntesis y distinción entre filosofía y teología. Los Padres de la Iglesia se encontraban enfrentados con diversas filosofías de tipo platónico, en las que se presentaba una visión completa del mundo y de la vida, incluyendo la cuestión de Dios y de la religión. En la confrontación con estas ideologías, ellos mismos habían elaborado una visión completa de la realidad, partiendo de la fe y usando elementos del platonismo, para responder a las cuestiones esenciales de los hombres. Esta visión, basada en la revelación bíblica y elaborada con un platonismo corregido a la luz de la fe, ellos la llamaban "nuestra filosofía". La palabra "filosofía" no era por tanto expresión de un sistema puramente racional y, como tal, distinto de la fe, sino que indicaba una visión completa de la realidad, construida a la luz de la fe, pero hecha y pensada por la razón; una visión que, ciertamente, iba más allá de las capacidades propias de la razón, pero que, como tal, era también satisfactoria para ella. Para santo Tomás el encuentro con la filosofía pre-cristiana de Aristóteles (muerto hacia el 322 a.C.) abría una perspectiva nueva. La filosofía aristotélica era, obviamente, una filosofía elaborada sin conocimiento del Antiguo y del Nuevo Testamento, una explicación del mundo sin revelación, por la sola razón. Y esta racionalidad consiguiente era convincente. Así la vieja forma de "nuestra filosofía" de los Padres ya no funcionaba. La relación entre filosofía y teología, entre fe y razón, había que volver a pensarla. Existía una "filosofía" completa y convincente en sí misma, una racionalidad que precedía a la fe, y luego la "teología", un pensar con la fe y en la fe. La cuestión urgente era ésta: el mundo de la racionalidad, la filosofía pensada sin Cristo, y el mundo de la fe, ¿son compatibles? ¿O se excluyen? No faltaban elementos que afirmaban la incompatibilidad entre los dos mundos, pero santo Tomás estaba firmemente convencido de su compatibilidad; es más, que la filosofía elaborada sin conocimiento de Cristo casi esperaba la luz de Jesús para ser completa. Ésta fue la gran "sorpresa" de santo Tomás, que determinó su camino de pensador. Mostrar esta independencia entre filosofía y teología y, al mismo tiempo, su recíproca racionalidad, fue la misión histórica del gran maestro. Y así se entiende que, en el siglo XIX, cuando se declaraba fuertemente la incompatibilidad entre razón moderna y fe, el papa León XIII indicara a santo Tomás como guía en el diálogo entre una y otra. En su trabajo teológico, santo Tomás supone y concreta esta racionalidad. La fe consolida, integra e ilumina el patrimonio de verdad que la razón humana adquiere. La confianza que santo Tomás otorga a estos dos instrumentos del conocimiento -la fe y la razón- puede ser reconducida a la convicción de que ambas proceden de una única fuente de verdad, el Logos divino, que opera tanto en el ámbito de la creación como en el de la redención.

 

Junto con el acuerdo entre razón y fe, se debe reconocer, por otra parte, que éstas se valen de procedimientos cognoscitivos diferentes. La razón acoge una verdad en virtud de su evidencia intrínseca, mediata o inmediata; la fe, en cambio, acepta una verdad en base a la autoridad de la Palabra de Dios que se revela. Escribe santo Tomás al principio de su Summa Theologiae: "El orden de las ciencias es doble: algunas proceden de principios conocidos mediante la luz natural de la razón, como las matemáticas, la geometría y similares; otras proceden de principios conocidos mediante una ciencia superior: como la perspectiva procede de principios conocidos mediante la geometría, y la música desde principios conocidos mediante las matemáticas. Y de esta forma la sagrada doctrina (es decir, la teología) es ciencia que procede de los principios conocidos a través de la lumbre de una ciencia superior, es decir, la ciencia de Dios y de los santos" (I, q. 1, a. 2).

 

Esta distinción asegura la autonomía tanto de las ciencias humanas, como de las ciencias teológicas. Ésta sin embargo no equivale a separación, sino que implica más bien una colaboración recíproca y ventajosa. La fe, de hecho, protege a la razón de toda tentación de desconfianza en sus propias capacidades, la estimula a abrirse a horizontes cada vez más amplios, tiene viva en ella la búsqueda de los fundamentos y, cuando la propia razón se aplica a la esfera sobrenatural de la relación entre Dios y el hombre, enriquece su trabajo. Según santo Tomás, por ejemplo, la razón humana puede por supuesto llegar a la afirmación de la existencia de un solo Dios, pero sólo la fe, que acoge la Revelación divina, es capaz de llegar al misterio del Amor de Dios Uno y Trino.

 

Por otra parte, no es sólo la fe la que ayuda a la razón. También la razón, con sus medios, puede hacer algo importante por la fe, haciéndole un triple servicio que santo Tomás resume en el prólogo de su comentario al De Trinitate de Boecio: "Demostrar los fundamentos de la fe: explicar mediante similitudes las verdades de la fe; rechazar las objeciones que se levantan contra la fe" (q. 2, a. 2). Toda la historia de la teología es, en el fondo, el ejercicio de este empeño de la inteligencia, que muestra la inteligibilidad de la fe, su articulación y armonía internas, su racionabilidad y su capacidad de promover el bien del hombre. La corrección de los razonamientos teológicos y su significado cognoscitivo real se basan en el valor del lenguaje teológico, que es, según santo Tomás, principalmente un lenguaje analógico. La distancia entre Dios, el Creador, y el ser de sus criaturas es infinita; la disimilitud es siempre más grande que la similitud (cfr. DS 806). A pesar de ello, en toda la diferencia entre Creador y criatura, existe una analogía entre el ser de lo creado y el ser del Creador, que nos permite hablar con palabras humanas sobre Dios.

 

Santo Tomás fundó la doctrina de la analogía, además de sus argumentaciones exquisitamente filosóficas, también en el hecho de que con la Revelación Dios mismo nos ha hablado y nos ha, por tanto, autorizado a hablar de Él. Considero importante recordar esta doctrina. Ésta, de hecho, nos ayuda a superar algunas objeciones del ateísmo contemporáneo, que niega que el lenguaje religioso esté provisto de un significado objetivo, y sostiene en cambio que tenga sólo un valor subjetivo o simplemente emotivo. Esta objeción resulta del hecho de que el pensamiento positivista está convencido de que el hombre no conoce el ser, sino sólo las funciones experimentales de la realidad. Con santo Tomás y con la gran tradición filosófica nosotros estamos convencidos de que, en realidad, el hombre no conoce sólo las funciones, objeto de las ciencias naturales, sino que conoce algo del ser mismo; por ejemplo, conoce a la persona, al tú del otro, y no sólo el aspecto físico y biológico de su ser.

 

A la luz de esta enseñanza de santo Tomás, la teología afirma que, aun siendo limitado, el lenguaje religioso está dotado de sentido porque tocamos el ser, como una flecha que se dirige hacia la realidad que significa. Este acuerdo fundamental entre razón humana y fe cristiana es visto en otro principio fundamental del pensamiento del Aquinate: la Gracia divina no anula, sino que supone y perfecciona la naturaleza humana. Esta última, de hecho, incluso después del pecado, no está completamente corrompida, sino herida y debilitada. La Gracia, dada por Dios y comunicada a través del Misterio del Verbo encarnado, es un don absolutamente gratuito con el que la naturaleza es curada, potenciada y ayudada a perseguir el deseo innato en el corazón de cada hombre y de cada mujer: la felicidad. Todas las facultades del ser humano son purificadas, transformadas y elevadas por la Gracia divina.

 

Una importante aplicación de esta relación entre la naturaleza y la Gracia se descubre en la teología moral de santo Tomás de Aquino, que resulta de gran actualidad. En el centro de su enseñanza en este campo, él pone la ley nueva, que es la ley del Espíritu Santo. Con una mirada profundamente evangélica, insiste en el hecho de que esta ley es la Gracia del Espíritu Santo dada a aquellos que creen en Cristo. A esta Gracia se une la enseñanza escrita y oral de las verdades doctrinales y morales, transmitidas por la Iglesia. Santo Tomás, subrayando el papel fundamental, en la vida moral, de la acción del Espíritu Santo, de la Gracia, de la que brotan las virtudes teologales y morales, hace comprender que todo cristiano puede alcanzar las altas perspectivas del "Sermón de la Montaña" si vive una relación auténtica de fe en Cristo, si se abre a la acción de su Santo Espíritu. Pero añade el Aquinate  "aunque la gracia es más eficaz que la naturaleza, con todo la naturaleza es más esencial para el hombre" (Summa Theologiae, Ia, q. 29, a. 3), por lo que, en la perspectiva moral cristiana, hay un lugar para la razón, la cual es capaz de discernir la ley moral natural. La razón puede reconocerla considerando lo que es bueno hacer y lo que es bueno evitar para conseguir esa felicidad que está en el corazón de cada uno, y que impone también una responsabilidad hacia los demás, y por tanto, la búsqueda del bien común. En otras palabras, las virtudes del hombre, teologales y morales, están arraigadas en la naturaleza humana. La Gracia divina acompaña, sostiene y empuja el compromiso ético, pero, de por sí, según santo Tomás, todos los hombres, creyentes y no creyentes, están llamados a reconocer las exigencias de la naturaleza humana expresadas en la ley natural y a inspirarse en ella en la formulación de las leyes positivas, es decir, las que emanan las autoridades civiles y políticas para regular la convivencia humana.

 

Cuando la ley natural y la responsabilidad que ésta implica se niegan, se abre dramáticamente el camino al relativismo ético en el plano individual y al totalitarismo del Estado en el plano político. La defensa de los derechos universales del hombre y la afirmación del valor absoluto de la dignidad de la persona postulan un fundamento. ¿No es precisamente la ley natural este fundamento, con los valores no negociables que ésta indica? El Venerable Juan Pablo II escribía en su Encíclica Evangelium vitae palabras que siguen siendo de gran actualidad: "Para el futuro de la sociedad y el desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover." (n. 71).

 

En conclusión, Tomás nos propone un concepto de la razón humana amplio y confiado: amplio porque no está limitado a los espacios de la llamada razón empírico-científica, sino abierto a todo el ser y por tanto también a las cuestiones fundamentales e irrenunciables del vivir humano; y confiado porque la razón humana, sobre todo si acoge las inspiraciones de la fe cristiana, promueve una civilización que reconoce la dignidad de la persona, la intangibilidad de sus derechos y la fuerza de sus deberes. No sorprende que la doctrina sobre la dignidad de la persona, fundamental para el reconocimiento de la inviolabilidad de los derechos del hombre, haya madurado en ambientes de pensamiento que recogieron la herencia de santo Tomás de Aquino, el cual tenía un concepto altísimo de la criatura humana. La definió, con su lenguaje rigurosamente filosófico, como "lo más perfecto que hay en toda la naturaleza, es decir, un sujeto subsistente en una naturaleza racional" (Summa Theologiae, Ia, q. 29, a. 3).

 

La profundidad del pensamiento de santo Tomás de Aquino brota -no lo olvidemos nunca- de su fe viva y de su piedad fervorosa, que expresaba en oraciones inspiradas, como ésta en la que pide a Dios: "Concédeme, te ruego, una voluntad que te busque, una sabiduría que te encuentre, una vida que te agrade, una perseverancia que te espere con confianza y una confianza que al final llegue a poseerte".

 

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez].

 

Fuente: Zenit – www.zenit.org

 

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Colección de Libros “Fe y Razón”

 

Equipo de Dirección

 

El Centro Cultural Católico “Fe y Razón” publica la Colección de Libros “Fe y Razón”, la que de momento está integrada por los siguientes títulos:

 

·      Nº 1 – Miguel Antonio Barriola, “En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5). Reflexiones sobre Dios en la historia.

·      Nº 2 – Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica.

·      Nº 3 – Néstor Martínez Valls, Baúl apologético. Selección de trabajos filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.

 

Actualmente estamos preparando los números 4 y 5 de esta Colección, que corresponderán, en un orden aún indeterminado, a las siguientes obras:

·        Un libro del Prof. Dr. Guzmán Carriquiry Lecour (Subsecretario del Pontificio Consejo para los Laicos), que todavía no tiene un título.

·        Un libro de Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola (Miembro de la Pontificia Comisión Bíblica), que se titulará: “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones sobre la Cristología de J. L. Segundo y la Eclesiología de H. Küng.

 

Todos los libros de la Colección “Fe y Razón” están disponibles en:

http://stores.lulu.com/feyrazon.

 

Hay dos formas de obtener estos libros:

 

·        Descarga gratuita de la versión electrónica

 

Cada uno de los libros puede ser descargado como archivo PDF, gratuitamente, desde la dirección indicada. Para abrir un archivo PDF se requiere el programa gratuito Adobe Reader, disponible en la gran mayoría de las computadoras. En caso de no tener ese programa en tu PC, puedes bajarlo desde Internet.

 

·        Compra en Lulu de la versión impresa

 

La dirección web de la Colección “Fe y Razón” corresponde a una “tienda” de Lulu, un sitio norteamericano de auto-publicación en línea, el principal en el mundo de ese mercado en particular. En esa dirección se puede comprar cualquier cantidad de ejemplares (desde uno en adelante) de la versión impresa de cualquiera de los libros. Lulu imprime el o los ejemplares adquiridos y los envía por correo al comprador. El cliente debe optar por una de las tres formas de envío disponibles: envío económico (por correo), envío rápido o envío express (ambos por FedEx). Para efectuar esta compra se requiere una tarjeta internacional (Visa, Mastercard, etc.). Según nuestra experiencia, este sistema de compra, impresión, envío y facturación es muy seguro. Hasta el momento hemos comprado unos 60 libros en Lulu, los que han sido enviados desde Estados Unidos a Uruguay (mediante el envío económico o el rápido) sin ningún contratiempo.

 

Hasta ahora, en total, Lulu ha vendido 21 ejemplares impresos de los tres libros de la Colección “Fe y Razón” y se han realizado 477 descargas de los mismos libros en su versión electrónica.

 

Invitamos a nuestros lectores a descargar gratuitamente y leer los tres libros de la Colección “Fe y Razón”. Por supuesto, quienes lo deseen también podrán comprar versiones impresas de esos libros.

 

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Resultados de la Encuesta sobre “Fe y Razón”

 

Equipo de Dirección

 

La Encuesta sobre “Fe y Razón” fue creada el 23/05/2010. Se recolectaron respuestas desde ese día hasta el 4/06/2010. Durante ese período la encuesta fue respondida por 108 personas en total. Debido a las limitaciones de la herramienta informática utilizada (la versión gratuita de SurveyMonkey – www.surveymonkey.com), sólo pudimos ver y analizar las primeras 100 de las 108 respuestas recibidas. A continuación reproduciremos un análisis de esas 100 respuestas.

 

2)      ¿Con qué frecuencia visitas el sitio web “Fe y Razón” (www.feyrazon.org)?

a)      Nunca                                       3

b)      Casi nunca                              10

c)      Algunas veces por año 31

d)      Algunas veces por mes            46

e)      Algunas veces por semana       10

f)        No contesta                              7

 

3)      ¿Cómo calificarías al sitio web “Fe y Razón” (www.feyrazon.org) desde el punto de vista de la calidad de su contenido?

a)      Muy malo          0

b)      Malo                 0

c)      Regular              2

d)      Bueno              20

e)      Muy bueno      54

f)        Excelente         17

g)      No contesta       7

 

4)      ¿Con qué frecuencia lees la revista virtual “Fe y Razón”?

a)      No la leo nunca                         0

b)      La leo esporádicamente             6

c)      Leo algunos de sus números    28

d)      Leo casi todos sus números     41

e)      Leo todos sus números            25

f)        No contesta                              0

 

5)      ¿Cómo calificarías a la revista virtual “Fe y Razón” desde el punto de vista de la calidad de su contenido?

a)      Muy mala          0

b)      Mala                  0

c)      Regular              2

d)      Buena              20

e)      Muy buena      57

f)        Excelente         19

g)      No contesta       2

 

6)      ¿Con qué frecuencia visitas el blog de la revista “Fe y Razón” (www.revistafeyrazon.blogspot.com)?

a)      Nunca                                     26

b)      Casi nunca                              22

c)      Algunas veces por año 22

d)      Algunas veces por mes            24

e)      Algunas veces por semana         6

f)        No contesta                              0

 

7)      ¿Cuáles son las secciones de la revista “Fe y Razón” que más te interesan? Por favor no elijas más de tres opciones.

a)      Editorial                       24

b)      Magisterio                   25

c)      Tema Central               21

d)      Teología                      58

e)      Filosofía                      33

f)        Biblia                           24

g)      Apologética                 28

h)      Familia y Vida  28

i)        Doctrina Social            30

j)        Noticias                       19

k)      Derecho Canónico         6

l)        Libros                         12

m)    Oración                       16

n)      No contesta                   1

 

8)      ¿Qué cambios te gustaría ver en la revista “Fe y Razón”?

a)      Pregunta respondida    37

b)      No contesta                 63

 

Detalle de las 37 respuestas:

1) Ninguno

2) Un ámbito mayor de discusiones entre los lectores

3) Nada

4) Ninguno que se me ocurra de momento

5) Por el momento ninguno, me parece muy bien su contenido, puede ampliarse, siempre los cambios son positivos.

6) Creo que así esta bien

7) Tocar un poco más los temas relacionados a misión y evangelización

8) Tener un link para ver los históricos sobre Luis Segundo y temas por el estilo donde se analizan libros o posturas teológicas con gran profundidad. También leer algo sobre filosofía y algo sobre exégesis bíblica.

9) Quizás, intercalar algunas preguntas en los artículos largos que generalmente son densos en cuanto a su contenido.

10) ¿Se cumplen en Hispanoamérica el Motu Proprio de S.S. Benedicto XVI sobre el Rito de la Misa de San Gregorio Magno, modificado por Juan XXIII?

11) Diseño más moderno

12) TODOS LOS TEMAS ESTAN A LA ALTURA DEL MAGISTERIO PETRINO, DESDE EL VAT. II

13) Ninguno. Es sencilla, fácil de leer. Quizá fuente de letra más grande, si es posible. Por lo general, la gente que leemos temas filosóficos o teológicos ya pasamos de cierta edad, y nos fallan un poco las "lámparas". JAJAJA Estoy encantada con su sitio y lo he insertado como recomendable en mi sitio: www.granitosde mostaza.org y si me dan la oportunidad, me gustaría colocar una foto suya en mi Galería. "Limosnera y con garrote" decimos en México. JAJAJA

14) Incluir cine e historia. Profana y sagrada. También arte y arquitectura.

15) Me parece muy bien, de pronto también materiales para catequesis sería muy bueno

16) No espero ningún cambio. Me gusta el diseño, el estilo, los temas tratados, los autores de los artículos; la comprensión del contenido de éstos es -con un poco de saludable esfuerzo- accesible aún para aquellos que tienen sólo un conocimiento básico de Filosofía (como en mi caso).

17) Mejor diseño, más dinámico y no tan "bloque".

18) Nuevos expositores, y no siempre los mismos. Más participación.

19) Está muy bien

20) Ilustraciones

21) Más temas de FAMILIA

22) Que se vea la posibilidad de que se editara en forma de libro, para así coleccionar los números y un determinado número de ellos, poder empastarlos, son números dignos de conservar y leerse siempre, y en consecuencia, formar una biblioteca; sé que todo cuesta, aunque los suscriptores podemos aportarlo algo de recursos, que tengan un precio los números; un saludo afectuoso y que Dios los siga iluminando; adelante con nuestra fe católica: César Priego Arias

23) Ninguno. Ustedes me enseñan y confío en vuestro conocimiento.

24) Los términos del lenguaje utilizados resultan a veces difíciles para algunas personas; sería bueno que fueran explicados mediante un pequeño diccionario o un anexo al final de cada artículo a los efectos de mejorar la comprensión de algunos textos, en especial los que tratan temas de Filosofía o Teología. Pienso que esto aumentaría en alcance de posibles lectores. Gracias

25) Un diseño más moderno e interactivo

26) Comentarios de libros, cine. Alguna sección latinoamericana, dado que se ve resurgir nuevos antifaces de la Teología de la liberación en un indigenismo exagerado, feminismos, cultura (¿ - ? ) de género, etc.

27) Sin comentarios

28) Les deseo que, si es voluntad vuestra, algun día tengamos Fe y Razón en forma impresa.

29) Algunos elementos de psicología cristiana no vendrían mal. Están implícitos en muchos temas, pero explicitarlos en artículos estaría interesante.

30) Alguna entrevista

31) Más sobre María... Más sobre pedagogía de la fe. Más sobre misión

32) La verdad, no la consulto tanto como para proponer cambios, pero me gusta encontrar temas que en el momento me ayudan en mis tareas eclesiales.

33) Creo que le faltan temas más específicos con relación al nombre de "FE Y RAZON"

34) Es algo que ahora no puedo definir.

35) Ninguno,en el sentido que permanezca su posiciòn clara y firme en la verdad y en la ortodoxia

36) Queridos hermanos, ¡no les pido que propongan opiniones alejadas de la fe! Sólo que siempre me parecen en actitudes de "defensiva". ¿Recuerdan cómo el p. Schillebeeckx (por ejemplo) se arriesgaba a proponer algo nuevo, para la mejor comprensión de las Verdades Eternas y en diálogo con nuevos pensamientos filosóficos? ... ¿O cómo Mysterium Salutis nos ayudó a comprender que el proceso de hominización no deriva en el alma humana sino que ésta es creada inmediatamente por Dios? Ese tipo de teología es el que me gusta. Por otra parte, me apasiona el estudio bíblico, y escucho a sabios como Barriola o Bojorge admirado por su método y su ciencia.

37) Artículos sobre doctrina social

 

9)      ¿Conoces la Colección de Libros “Fe y Razón” (http://stores.lulu.com/feyrazon)? ¿Has descargado alguno de los libros de la Colección? ¿Lo has leído? ¿Te ha gustado?

a)      No conozco la Colección “Fe y Razón”                                              33

b)      La conozco, pero no he descargado ningún libro                                 48

c)      He descargado uno o más libros, pero no los he leído                6

d)      He descargado y leído uno o más libros, pero no me gustaron   0

e)      He descargado y leído uno o más libros y me gustaron                        13

f)        No contesta                                                                                         0

 

10)  El Centro Cultural Católico "Fe y Razón" piensa organizar una serie de conferencias o charlas sobre distintos temas de formación cristiana, las que tendrían lugar en la Parroquia N. Sra. de Bzommar en el Barrio La Comercial de Montevideo. ¿Te interesaría asistir? (Por favor responda esta pregunta sólo si vive en Montevideo o alrededores).

a)      No me interesa                                                                         7

b)      Me interesa y podría asistir a algunas de esas charlas   47

c)      Me interesa mucho y asistiría a la mayoría de esas charlas       12

d)      No contesta                                                                           34

 

11)  ¿Cuál de los siguientes temas te interesa más? (Esta pregunta es sólo para quienes manifestaron interés en la respuesta a la pregunta anterior).

a)      No contesta                                                                           35

b)      Nuevos datos de la ciencia que apuntan hacia el Creador          7

c)      La acción política de los católicos                                             4

d)      John Henry Newman, precursor del Concilio Vaticano II          4

e)      Amenazas contra la vida y la familia en el Uruguay de hoy       15

f)        El Santo Sudario, punto de encuentro entre fe y razón   2

g)      Vida y obra de Mons. Mariano Soler                                        4

h)      Raíces subjetivistas de la actual crisis religiosa y moral 11

i)        Lógica – Las falacias más comunes                                           2

j)        Introducción a la filosofía cristiana                                             7

k)      Las nuevas sectas                                                                     5

l)        Otro (por favor especifique)                                                     4

 

Detalle de los otros 4 temas propuestos:

 

1) Los artículos del Padre Bojorge

 

2) Santo sudario, La acción política de los católicos

 

3) Opciones 2, 5 y 8

 

4) La catequesis como algo vivo y personal

 

 

 

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Perspectiva de género

 

Lic. Néstor Martínez

 

La ideología de la “perspectiva de género”, tan en boga hoy día y adoptada oficialmente por varios Estados que por otra parte se definen como “laicos”, incluido el uruguayo, sostiene que el sexo es natural y el género es cultural. El ser varón o mujer pertenece al género, no al sexo. Por tanto, el ser varón o mujer no es algo natural, sino cultural.

 

Por eso mismo, la heterosexualidad, al no ser natural, no es la única opción posible. Hay seis “opciones sexuales” igualmente válidas: heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual masculino, homosexual femenino, bisexual masculino, bisexual femenino.

 

Eso enseñan estos Estados en la educación pública a los hijos de los ciudadanos, sin importarles qué piensan al respecto los padres, que tienen por naturaleza el derecho a ser los primeros y principales educadores de sus hijos.

 

En el fondo parece estar la idea de “libertad”: ella es la que se interpone entre la realidad biológica de la persona y su “identidad de género”. El argumento es que la identidad de género es “cultural”. La naturaleza humana es vista como un límite a la libertad del hombre; por eso se la disuelve en la cultura.

 

Es errada la idea de “libertad absoluta” que está en el fondo de este planteo. La libertad nunca puede ser absoluta, pues al menos no puede, por razones lógicas, elegir entre existir o no existir, entre ser libertad o no serlo, entre ser capaz de elegir o no serlo.

 

Sin duda el ser humano puede terminar su vida, pero no puede decidir el comienzo de la misma, y por eso mismo, tampoco puede decidir si ha de ser miembro de la especie humana o de alguna otra, ni tampoco, por tanto, si ha de estar dotado o no de la capacidad de elegir.

 

Sería erróneo pensar que en la fe cristiana se le reconoce a Dios mismo una libertad absoluta. No es así. La Omnipotencia divina, según Santo Tomás de Aquino, es la capacidad de hacer todo aquello que no implica contradicción. Lo contradictorio cae fuera del ser, es el no ser, y no sería perfección alguna de la voluntad el querer el no ser, ni del poder, el poder realizarlo. Es la misma Perfección divina, por tanto, la que hace que la Omnipotencia divina no se extienda a lo contradictorio.

 

Por eso mismo, la libertad divina no se extiende a lo contradictorio. Podemos pensar muchas cosas que caen fuera de la Omnipotencia divina, a las cuales no se extiende la libertad divina: que Dios no exista, que no sea Dios, que no sea libre, que sea finito, que no sea bueno, que sea material, que el mundo exista sin haber sido creado por Dios, etc. El no ser queda fuera de “todo”, por eso Dios es Todopoderoso.

 

Es falsa también la oposición que plantea la perspectiva de género entre libertad y naturaleza. Esto lo hereda, entre otros, del existencialismo de Sartre: recordemos que la compañera de Sartre, Simone de Beauvoir, es una de las precursoras de la perspectiva de género con su libro “El segundo sexo”; donde hace la famosa afirmación de que “una no nace mujer, sino que llega a serlo”, dando así una versión feminista, por así decir, del existencialismo, para el cual el hombre no viene al mundo dotado de una naturaleza humana.

 

Por el contrario, el ser humano es libre por naturaleza, posee por naturaleza el libre albedrío, porque posee por naturaleza la inteligencia y la voluntad que lo capacitan para elegir sus propias acciones. Y que esa libertad sea limitada no es, como ya dijimos, un defecto o imperfección de la libertad humana, sino su condición de posibilidad, ya que sólo donde hay una naturaleza racional puede haber libertad, y por tanto, esa naturaleza racional es el presupuesto de esa libertad y no cae por tanto dentro de su capacidad de opción.

 

Hay una naturaleza de la que no puede escapar la libertad incluso en la perspectiva más radical, que es la naturaleza de la libertad misma. La libertad no puede no ser libertad. Y esa libertad, como ya dijimos, sólo puede tenerse por naturaleza, porque es contradictoria la idea de elegir entre poder elegir o no poder hacerlo.

 

Y por eso mismo, es totalmente errada la exclusión del cuerpo que practica la perspectiva de género, marginándolo al exterior de lo propiamente humano, en la más pura y paradójica tradición del dualismo antropológico, que tiene sus antecesores señeros en Platón y Descartes.

 

Porque el cuerpo es ineludiblemente parte de la naturaleza humana. Así como no hay libertad sin naturaleza, no hay libertad humana sin cuerpo. El cuerpo, parte de mi naturaleza humana, por eso es junto con ella presupuesto de mi libertad y por eso mismo no es objeto de libre opción por mi parte, como tampoco lo es mi naturaleza misma.

 

Y precisamente porque el cuerpo es integrante esencial de la naturaleza de la persona humana, la sexualidad es algo de la persona, no solamente del cuerpo. Es la persona, cuerpo y alma, la que es sexuada. Es la persona, cuerpo y alma, la que es varón o mujer.

 

La sexualidad no es algo “meramente biológico”, es algo humano, porque el cuerpo mismo del hombre es esencialmente humano y no es, como supone la perspectiva de género, algo exterior a lo propiamente humano, lo cual sería solamente esa “libertad” que gira en el vacío de toda referencia ontológica y antropológica.

 

Los límites nos constituyen. Somos gracias a ellos. Sin ellos, la misma libertad de elección sería imposible. Si no hay límites, si todo es igual a todo, entonces no se puede elegir. La idea que la perspectiva de género tiene de la libertad es como la de aquel que para “liberar” a una figura dibujada en el papel le borrase todos los contornos. Eso no es liberación, sino destrucción. La perspectiva de género quiere borrarnos como personas humanas. Quiere destruirnos.

 

La homosexualidad, por tanto, no es una opción, en el sentido de que no es una opción coherente con la naturaleza de la persona humana. Obviamente, el ser humano puede de hecho optar por ser homosexual, pero no puede hacer que esa opción sea coherente con su naturaleza ni puede hacer que contribuya, por tanto, a la plena realización de su humanidad. Por el contrario, siempre que el hombre atenta contra la naturaleza humana, atenta obviamente contra sí mismo, y termina por destruirse.

 

Por otra parte, se nota cierta contradicción hoy día entre los propulsores de la ideología homosexualista, en cuanto por un lado se habla de la homosexualidad como una opción sexual, y por otro lado, se la presenta como un dato genético que escapa a la voluntad de la persona. Lo que escapa a la voluntad del individuo no puede ser objeto de una opción por parte suya.

 

Es muy curioso, además, que mientras se afirma que la heterosexualidad, que sí está enraizada en la biología, no es algo que se imponga a la libertad, se dice también que la homosexualidad, a la que se pretende enraizar falsamente en la biología, es decir, en los genes, sí se impone a la libertad de modo tal que el homosexual no podría dejar de serlo aunque quisiese.

 

Sabemos que según muchos médicos, hay casos de homosexualidad que son superables por la persona, y otros, tal vez, que muy difícilmente lo son, o no lo son en modo alguno. Pero tampoco en este último caso sería la naturaleza humana la que impondría la homosexualidad, sino que ella constituiría justamente una falla de esa naturaleza en ese caso particular. Una falla genética. si existe algo así en estos casos, no forma parte del código genético con el mismo título con que lo integran sus componentes naturales, y la falibilidad es una de las características esenciales de toda naturaleza finita.

 

La supuesta “libertad absoluta” de la perspectiva de género, apenas liberada de la naturaleza humana y del cuerpo, viene a colapsar ante la condición homosexual, que es precisamente la que no se nos impone por naturaleza.

 

Al final se viene a reconocer, en medio de las brumas, que la libertad humana debe seguir a la naturaleza humana. Y después de haber proclamado la independencia respecto de la biología real, termina esta libertad sin cuerpo por someterse a una biología inventada. La perspectiva de género es un producto cultural.

 

Perecer en medio de una maraña de contradicciones es el triste destino de todas las ideologías que comienzan por rebelarse ante la realidad y la verdad, y que pretenden sustituir el ser de las cosas con la voluntad de poder y sus proyecciones utópicas, que terminan siendo más bien “distópicas”. La inteligencia moderna está enferma de “antirrealismo” y necesita una cura urgente de metafísica y sana filosofía del ser.

 

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Sábana Santa: fe y razón (Nota 3)

 

Dr. Eduardo Casanova

 

Huellas en el tiempo de la Pasión, Muerte y Resurrección

 

A partir del revelado fotográfico del “negativo” que se encuentra impreso en la tela de lino, continuamente los medios tecnológicos han ido aportando más y más información. Llegados a la primera década del siglo XXI, puede decirse que la Sábana Santa es el objeto que en toda la historia humana ha sido el que se sometió a la mayor cantidad y diversidad de estudios.

 

A esta altura de los acontecimientos, la datación histórica, la ubicación de la edad de la tela de lino, cuyo dato discordante aportado por el carbono 14 se confrontaba con cinco mil trillones de probabilidades en contrario, parece ser un dato que corresponde totalmente al pasado, existiendo evidencias de su falsedad. En todo caso sólo ha sido útil para satisfacer a quienes aman más la ideología que la ciencia, y por ello prefieren negar lo evidente, antes que reconocer aquello que contradice sus propios intereses particulares.

 

Como señalamos antes, la microscopía electrónica permitió poner en evidencia el carácter “tridimensional” de la figura humana de la Sábana. La impronta fotográfica tiene lugar gracias a una especie de “quemadura”, que afecta a las fibras de lino en una profundidad de unos 125 micrómetros, dando que en sectores existe una impresión que es más superficial, mientras que en otros es más profunda. El estudio se realizó con el VP8, instrumento utilizado por la NASA para estudiar la superficie tridimensional de los planetas, relevando planicies, hondonadas y elevaciones de su superficie. El mismo procedimiento se llevó a cabo para traducir la tridimensionalidad existente en ese breve margen de 125 micrómetros, donde la profundidad o la superficialidad de las zonas quemadas diferían de una a otra zona del cuerpo, en relación inversa a la proximidad de la tela a la superficie corporal.

 

La citada tecnología permitió describir detalles micrométricos, no sólo anatómicos de la figura corporal, sino también de otras “marcas” que presentaba el cuerpo o que aparecían en la tela, junto a él. Una de las marcas presentes en el cuerpo mismo era por ejemplo la producida por los latigazos que tuvieron lugar durante la flagelación. Se registran las marcas correspondientes, coherentes con el dato histórico, pues los azotes eran sistematizados, y en número predeterminado, administrándose en la superficie anterior y dorsal del tronco y de los miembros. Tal es la perfección del registro de dichas huellas, que es posible calcular, por la inclinación de las marcas, la estatura de cada una de las dos personas que se ocuparon de la tarea de la flagelación, con el cuerpo atado a una columna.

 

Otro detalle que revela la precisión de la imagen, es la fuerte flexión de ambos pulgares, sobre las palmas de las manos, debido a la estimulación del nervio mediano, irritado por los clavos insertados entre los huesos cúbito y radio, fijando la muñeca al palo horizontal de la Cruz.

 

Los hallazgos más importantes aportados por la microscopía electrónica se relacionan también con la fecha de datación del tejido, que obviamente está falseada por el carbono 14, dado que era imposible en el siglo XII obtener un resultado tecnológico semejante. Sin embargo, el carbono 14 ha servido notablemente (como veremos más adelante), para entender mejor el mecanismo que produjo en la tela la impresión fotográfica que hoy comprobamos.

 

La datación más grosera puede ser apreciada por la presencia de imágenes de monedas (con las que los judíos cubrían los ojos de sus muertos), que cuentan con la inscripción del emperador Tiberio. Más aún, recientemente Scheuermann comprobó que las descargas eléctricas producidas sobre el metal son capaces de impresionar el lienzo con imágenes similares a las que presentan estas monedas. También este hecho es compatible con el mecanismo por el que se alteró la proporción de carbono 14 en las fibras de lino.

 

Sin embargo, quizá la más relevante prueba de historicidad de la Sábana, no sólo por la fecha a la que corresponde, sino por todo el recorrido geográfico que realizó a lo largo de los siglos, está dada también por un hallazgo de la microscopía electrónica. Nos referimos a los granos de polen, que estudian los botánicos dedicados a la palinología, disciplina que identifica los granos de polen con plantas que existen en determinado lugar geográfico, o bien que existieron en ese lugar en algún momento de la historia.

 

La importancia de la palinología es fundamentalmente de tipo forense y policial, para identificar la presencia de un sospechoso que posee en los tejidos de su vestimenta granos de polen que sólo existen en la escena del crimen. Al mismo tiempo, dado que con el correr de los siglos desaparecen plantas y aparecen otras, sus granos de polen van quedando superpuestos en sucesivas capas en el fondo de los mares. Ello permite, como si se recorriesen los estantes de una biblioteca, identificar el grano de polen de un tejido (por ejemplo en una sábana de lino), dentro de una época histórica determinada, porque posee los granos de polen que corresponden a esa capa, de ese siglo, que se conserva en el fondo del mar.

 

Quien primero realizó los estudios palinológicos de la Sábana Santa fue un suizo, de nombre Max Frei, que trabajaba para Interpol y que colaboró con los técnicos de la NASA en la década de los 80. Confirmó que la Sábana Santa contaba con granos de polen pertenecientes a plantas que existieron en Jerusalén en el siglo I de nuestra Era. Hallazgos similares fueron descritos, varios años después, por botánicos israelíes.

 

23-05-2010

 

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El Corán y la Santísima Trinidad

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

“Casi cada vez que el Corán se refiere a Jesús, lo que hace alrededor de una docena de veces, se opoñe señaladamente a la visión cristiana según la cual Cristo es uno de la Trinidad. Peor, según la presentación de la visión cristiana de la Trinidad hecha por el Corán, esta última está compuesta por Dios, Cristo y María.” (Stanley L. Jaki, Jesus, Islam, Science, Real View Books, Pinckney – Michigan, 2001, p. 4; la traducción del inglés es mía). (*)

 

“En la perspectiva radicalmente simple del Corán es suficiente para el fiel musulmán saber sobre Jesús que él nunca pensó que él era Dios o que María era Dios. El fiel musulmán debe vivir en la creencia de que Dios, Jesús y María son la Trinidad cristiana. Esto, si fuera verdad, seguramente equivaldría a un craso politeísmo, que los cristianos abominarían no menos que lo que lo hacen los musulmanes. Pero el Corán no deja ninguna duda de que ésa es la visión cristiana y de que tal visión, y por lo tanto los cristianos y el cristianismo, debería ser deplorada y enfrentada resueltamente. No hay espacio allí para un diálogo, para un mejor entendimiento. Para el musulmán el Corán es la última palabra de Dios al hombre.” (Ídem, p. 10; traducción mía).

 

Stanley Jaki alude aquí a estos textos del Corán:

 

“No creen, en realidad, quienes dicen: «Alá es el Ungido, hijo de María», siendo así que el mismo Ungido ha dicho: «¡Hijos de Israel, servid a Alá, mi Señor y Señor vuestro!». Alá veda el Jardín a quien asocia a Alá. Su morada será el Fuego. Los impíos no tendrán quien les auxilie. No creen, en realidad, quienes dicen: «Alá es el tercero de tres». No hay ningún otro dios que Dios Uno y, si no paran de decir eso, un castigo doloroso alcanzará a quienes de ellos no crean. ¿No se volverán a Alá pidiéndole, perdón? Alá es indulgente, misericordioso. El Ungido, hijo de María, no es sino un enviado, antes del cual han pasado otros enviados, y su madre, veraz. Ambos tomaban alimentos. ¡Mira cómo les explicamos los signos! ¡Y mira cómo son desviados!” (Corán 5,72-75)

 

“Y cuando dijo Alá: «¡Jesús, hijo de María! ¿Eres tú quien ha dicho a los hombres: '¡Tomadnos a mí y a mi madre como a dioses, además de tomar a Alá!'?». Dijo: «¡Gloria a Ti! ¿Cómo voy a decir algo que no tengo por verdad? Si lo hubiera dicho, Tú lo habrías sabido. Tú sabes lo que hay en mí, pero yo no sé lo que hay en Ti. Tú eres Quien conoce a fondo las cosas ocultas.” (Corán 5,116).

 

Aquí se plantea un problema insoluble para la fe musulmana. Para comprender esto se debe tener muy presente que la fe musulmana en el origen divino del Corán es muy diferente de la fe cristiana en la inspiración divina de la Biblia.

 

El cristiano cree que la Biblia es a la vez obra de Dios y obra de hombres. Dios es el autor principal de la Biblia, pero la Biblia fue escrita por hombres inspirados por Dios, que actuaron como verdaderos autores humanos, cada uno de ellos con su vocabulario y estilo propios. El cristiano no concibe la inspiración bíblica como el mero dictado de un texto celestial ni como una suerte de trance espiritista, sino como una iluminación divina de la mente del hagiógrafo, que capacita a éste para transmitir por escrito la palabra revelada por Dios a los hombres para su salvación. Esa transmisión utiliza diversos géneros literarios y la cultura propia de la época de cada autor sagrado, los que deben ser tenidos en cuenta para la correcta interpretación del texto sagrado.

 

Según la fe musulmana, en cambio, el Corán es una obra exclusivamente divina, sin ningún autor humano; se trataría de la transcripción exacta de las mismísimas palabras reveladas por Dios a Mahoma en árabe, por medio del ángel Gabriel. Por eso, según los musulmanes, el Corán es un libro eterno, compuesto en el cielo por el mismo Dios.

 

En la visión musulmana ortodoxa, entonces, no hay espacio para un estudio histórico-crítico del texto del Corán, análogo al que tantos estudiosos cristianos y no cristianos han llevado a cabo sobre la Biblia durante siglos. El musulmán no puede relativizar la información histórica del Corán sobre el dogma trinitario cristiano diciendo que es algo “dicho de paso” o un simple recurso literario para transmitir una verdad de otro orden. Lo que dice el Corán debe ser tenido por el musulmán como absolutamente verdadero también en el sentido histórico.

 

Ahora podemos palpar el problema insoluble antes mencionado, porque es evidentísimo que la presentación que el Corán hace del dogma trinitario cristiano es una completa tergiversación, parecida al craso error de un niño cristiano que –por no conocer aún el Catecismo- confunde la Santísima Trinidad con la Sagrada Familia. Ningún cristiano, ni ortodoxo ni heterodoxo, ha creído jamás que la Trinidad está formada por Dios, Jesús y María. Lo que más se le parece, que yo sepa, fue una tesis sostenida por Leonardo Boff cuando todavía era tenido por teólogo católico: la unión hipostática de María con el Espíritu Santo, disparate teológico que no tuvo ni antecesores ni seguidores. Ni los católicos más “maximalistas” en lo referente a la mariología y el culto mariano han sostenido jamás que María tuviera una naturaleza divina.

 

No hay modo escapar a la conclusión de que el Corán suministra una información equivocada, desde el punto de vista histórico, sobre la fe cristiana en la Trinidad. Más allá de que nuestra fe en la Trinidad sea verdadera o falsa, ella es lo que es y siempre ha sido, y no otra cosa, como pretende hacernos creer el autor del Corán. Considerando lo dicho antes sobre el “Corán eterno” y lo inconcebible de la idea de un Dios mal informado sobre la doctrina cristiana, vemos que no hay forma posible de conciliar la fe musulmana con este error del Corán.

 

*****

 

*) Stanley L. Jaki (1924-2009) fue un sacerdote católico húngaro, monje benedictino, doctor en teología y en física, que se destacó sobre todo como historiador de la ciencia y filósofo de la ciencia y se desempeñó como profesor o investigador en varias de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos y de Gran Bretaña (Princeton, Stanford, Oxford, Edimburgo, etc.). Fue miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias y recibió, entre otros, el Premio Templeton para el progreso de la religión (en 1987). Publicó más de 50 libros y alrededor de 400 artículos sobre temas científicos, filosóficos y teológicos.

(leer más)

 

Varias de las obras de Stanley Jaki están disponibles en Real View Books (www.realviewbooks.com),  una compañía editorial fundada por él para publicar libros significativos para la comprensión y la defensa de la doctrina y la cultura cristianas.

 

Recomiendo vivamente ese sitio y la lectura de las obras de Jaki, caracterizadas por su erudición, su rigor intelectual, su eficacia apologética y su fuerte crítica a las modernas ideologías incompatibles con la fe cristiana.

 

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Del Matrimonio

 

Capítulo I - De la atención pastoral y de lo que debe preceder a la celebración del matrimonio

 

1063. Los pastores de almas están obligados a procurar que la propia comunidad eclesiástica preste a los fieles asistencia para que el estado matrimonial se mantenga en el espíritu cristiano y progrese hacia la perfección. Ante todo, se ha de prestar esta asistencia:

 

1) mediante la predicación, la catequesis acomodada a los menores, a los jóvenes y a los adultos, e incluso con los medios de comunicación social, de modo que los fieles adquieran formación sobre el significado del matrimonio cristiano y sobre la tarea de los cónyuges y padres cristianos;

2) por la preparación personal para contraer matrimonio, por la cual los novios se dispongan para la santidad y las obligaciones de su nuevo estado;

3) por una fructuosa celebración litúrgica del matrimonio, que ponga de manifiesto que los cónyuges se constituyen en signo del misterio de unidad y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia y que participan de él;

4) por la ayuda prestada a los casados, para que, manteniendo y defendiendo fielmente la alianza conyugal, lleguen a una vida cada vez más santa y más plena en el ámbito de la propia familia.

 

1064. Corresponde al Ordinario del lugar cuidar de que se organice debidamente esa asistencia, oyendo también, si parece conveniente, a hombres y mujeres de experiencia y competencia probadas.

 

1065. § 1. Los católicos aún no confirmados deben recibir el sacramento de la confirmación antes de ser admitidos al matrimonio, si ello es posible sin dificultad grave.

 

§ 2. Para que reciban fructuosamente el sacramento del matrimonio, se recomienda encarecida-mente que los contrayentes acudan a los sacramentos de la penitencia y de la santísima Eucaristía.

 

1066. Antes de que se celebre el matrimonio debe constar que nada se opone a su celebración válida y lícita.

 

1067. La Conferencia Episcopal establecerá normas sobre el examen de los contrayentes, así como sobre las proclamas matrimoniales u otros medios oportunos para realizar las investigaciones que deben necesariamente preceder al matrimonio, de manera que, diligentemente observadas, pueda el párroco asistir al matrimonio.

 

1068. En peligro de muerte, si no pueden conseguirse otras pruebas, basta, a no ser que haya indicios en contra, la declaración de los contrayentes, bajo juramento según los casos, de que están bautizados y libres de todo impedimento.

 

1069. Todos los fieles están obligados a manifestar al párroco o al Ordinario del lugar, antes de la celebración del matrimonio, los impedimentos de que tengan noticia.

 

1070. Si realiza las investigaciones alguien distinto del párroco a quien corresponde asistir al matrimonio, comunicará cuanto antes su resultado al mismo párroco, mediante documento auténtico.

 

1071. § 1. Excepto en caso de necesidad, nadie debe asistir sin licencia del Ordinario del lugar:

1) al matrimonio de los vagos;

2) al matrimonio que no puede ser reconocido o celebrado según la ley civil;

3) al matrimonio de quien esté sujeto a obligaciones naturales nacidas de una unión precedente, hacia la otra parte o hacia los hijos de esa unión;

4) al matrimonio de quien notoriamente hubiera abandonado la fe católica;

5) al matrimonio de quien esté incurso en una censura;

6) al matrimonio de un menor de edad, si sus padres lo ignoran o se oponen razonablemente;

7) al matrimonio por procurador, del que se trata en el c. 1105.

 

§ 2. El Ordinario del lugar no debe conceder licencia para asistir al matrimonio de quien haya abandonado notoriamente la fe católica, si no es observando con las debidas adaptaciones lo establecido en el c. 1125.

 

1072. Procuren los pastores de almas disuadir de la celebración del matrimonio a los jóvenes que aún no han alcanzado la edad en la que según las costumbres de la región se suele contraer.

 

Capítulo II - De los impedimentos dirimentes en general

 

1073. El impedimento dirimente inhabilita a la persona para contraer matrimonio válidamente.

 

1074. Se considera público el impedimento que puede probarse en el fuero externo; en caso contrario es oculto.

 

1075. § 1. Compete de modo exclusivo a la autoridad suprema de la Iglesia declarar auténticamente cuándo el derecho divino prohíbe o dirime el matrimonio.

 

§ 2. Igualmente, sólo la autoridad suprema tiene el derecho a establecer otros impedimentos respecto a los bautizados.

 

1076. Queda reprobada cualquier costumbre que introduzca un impedimento nuevo o sea contraria a los impedimentos existentes.

 

1077. § 1. Puede el Ordinario del lugar prohibir en un caso particular el matrimonio a sus propios súbditos dondequiera que residan y a todos los que de hecho moren dentro de su territorio, pero sólo temporalmente, por causa grave y mientras ésta dure.

 

§ 2. Sólo la autoridad suprema de la Iglesia puede añadir a esta prohibición una cláusula dirimente.

 

1078. § 1. Exceptuados aquellos impedimentos cuya dispensa se reserva a la Sede Apostólica, el Ordinario del lugar puede dispensar de todos los impedimentos de derecho eclesiástico a sus propios súbditos, cualquiera que sea el lugar en el que residen, y a todos los que de hecho moran en su territorio.

 

§ 2. Los impedimentos cuya dispensa se reserva a la Sede Apostólica son:

1) el impedimento que proviene de haber recibido las sagradas órdenes o del voto público perpetuo de castidad en un instituto religioso de derecho pontificio;

2) el impedimento de crimen, del que se trata en el c. 1090.

 

§ 3. Nunca se concede dispensa del impedimento de consanguinidad en línea recta o en segundo grado de línea colateral.

 

1079. § 1. En peligro de muerte, el Ordinario del lugar puede dispensar a sus propios súbditos, cualquiera que sea el lugar donde residen, y a todos los que de hecho moran en su territorio, tanto de la forma que debe observarse en la celebración del matrimonio como de todos y cada uno de los impedimentos de derecho eclesiástico, ya sean públicos ya ocultos, excepto el impedimento surgido del orden sagrado del presbiterado.

 

§ 2. En las mismas circunstancias de las que se trata en el § 1, pero sólo para los casos en que ni siquiera sea posible acudir al Ordinario del lugar, tienen la misma facultad de dispensar el párroco, el ministro sagrado debidamente delegado y el sacerdote o diácono que asisten al matrimonio de que trata el c. 1116.

 

§ 3. En peligro de muerte, el confesor goza de la potestad de dispensar en el fuero interno de los impedimentos ocultos, tanto en la confesión sacramental como fuera de ella.

 

§ 4. En el caso del que se trata en el § 2, se considera que no es posible acudir al Ordinario del lugar si sólo puede hacerse por telégrafo o teléfono.

 

1080. § 1. Siempre que el impedimento se descubra cuando ya está todo preparado para las nupcias, y el matrimonio no pueda retrasarse sin peligro de daño grave hasta que se obtenga la dispensa de la autoridad competente, gozan de la potestad de dispensar de todos los impedimentos, exceptuados los que se enumeran en el c. 1078 § 2, 1, el Ordinario del lugar y, siempre que el caso sea oculto, todos los que se mencionan en el c. 1079 §§ 2 y 3, observando las condiciones que allí se prescriben.

 

§ 2. Esta potestad vale también para convalidar un matrimonio, si existe el mismo peligro en la demora y no hay tiempo para recurrir a la Sede Apostólica, o al Ordinario del lugar cuando se trate de impedimentos de los que puede dispensar.

 

1081. Tanto el párroco como el sacerdote o el diácono a los que se refiere el c. 1079 §2, han de comunicar inmediatamente al Ordinario del lugar la dispensa concedida para el fuero externo; y ésta debe anotarse en el libro de matrimonios.

 

1082. A no ser que el rescripto de la Penitenciaría determine otra cosa, la dispensa de un impedimento oculto concedida en el fuero interno no sacramental se anotará en el libro que debe guardarse en el archivo secreto de la curia; y no es necesaria ulterior dispensa para el fuero externo, si el impedimento oculto llegase más tarde a hacerse público.

 

Capítulo III - De los impedimentos dirimentes en particular

 

1083. § 1. No puede contraer matrimonio válido el varón antes de los dieciséis años cumplidos, ni la mujer antes de los catorce, también cumplidos.

 

§ 2. Puede la Conferencia Episcopal establecer una edad superior para la celebración lícita del matrimonio.

 

1084. § 1. La impotencia antecedente y perpetua para realizar el acto conyugal, tanto por parte del hombre como de la mujer, ya absoluta ya relativa, hace nulo el matrimonio por su misma naturaleza.

 

§ 2. Si el impedimento de impotencia es dudoso, con duda de derecho o de hecho, no se debe impedir el matrimonio ni, mientras persista la duda, declararlo nulo.

 

§ 3. La esterilidad no prohíbe ni dirime el matrimonio, sin perjuicio de lo que se prescribe en el c. 1098.

 

1085. § 1. Atenta inválidamente matrimonio quien está ligado por el vínculo de un matrimonio anterior, aunque no haya sido consumado.

 

§ 2. Aun cuando el matrimonio anterior sea nulo o haya sido disuelto por cualquier causa, no por eso es lícito contraer otro antes de que conste legítimamente y con certeza la nulidad o disolución del precedente.

 

1086. § 1. Es inválido el matrimonio entre dos personas, una de las cuales fue bautizada en la Iglesia católica o recibida en su seno y no se ha apartado de ella por acto formal, y otra no bautizada.

 

§ 2. No se dispense este impedimento si no se cumplen las condiciones indicadas en los cc. 1125 y 1126.

 

§ 3. Si al contraer el matrimonio, una parte era comúnmente tenida por bautizada o su bautismo era dudoso, se ha de presumir, conforme al c. 1060, la validez del matrimonio hasta que se pruebe con certeza que uno de los contrayentes estaba bautizado y el otro no.

 

1087. Atentan inválidamente el matrimonio quienes han recibido las órdenes sagradas.

 

1088. Atentan inválidamente el matrimonio quienes están vinculados por voto público perpetuo de castidad en un instituto religioso.

 

1089. No puede haber matrimonio entre un hombre y una mujer raptada o al menos retenida con miras a contraer matrimonio con ella, a no ser que después la mujer, separada del raptor y hallándose en lugar seguro y libre, elija voluntariamente el matrimonio.

 

1090. § 1. Quien, con el fin de contraer matrimonio con una determinada persona, causa la muerte del cónyuge de ésta o de su propio cónyuge, atenta inválidamente ese matrimonio.

 

§ 2. También atentan inválidamente el matrimonio entre sí quienes con una cooperación mutua, física o moral, causaron la muerte del cónyuge.

 

1091. § 1. En línea recta de consanguinidad, es nulo el matrimonio entre todos los ascendientes y descendientes, tanto legítimos como naturales.

 

§ 2. En línea colateral, es nulo hasta el cuarto grado inclusive.

 

§ 3. El impedimento de consanguinidad no se multiplica.

 

§ 4. Nunca debe permitirse el matrimonio cuando subsiste alguna duda sobre si las partes son consanguíneas en algún grado de línea recta o en segundo grado de línea colateral.

 

1092. La afinidad en línea recta dirime el matrimonio en cualquier grado.

 

1093. El impedimento de pública honestidad surge del matrimonio inválido después de instaurada la vida en común o del concubinato notorio o público; y dirime el matrimonio en el primer grado de línea recta entre el varón y las consanguíneas de la mujer y viceversa.

 

1094 No pueden contraer válidamente matrimonio entre sí quienes están unidos por parentesco legal proveniente de la adopción, en línea recta o en segundo grado de línea colateral.

 

Capítulo IV - Del consentimiento matrimonial

 

1095. Son incapaces de contraer matrimonio:

1) quienes carecen de suficiente uso de razón;

2) quienes tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y aceptar;

3) quienes no pueden asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica.

 

1096. § 1. Para que pueda haber consentimiento matrimonial, es necesario que los contrayentes no ignoren al menos que el matrimonio es un consorcio permanente entre un varón y una mujer, ordenado a la procreación de la prole mediante una cierta cooperación sexual.

 

§ 2. Esta ignorancia no se presume después de la pubertad.

 

1097. § 1. El error acerca de la persona hace inválido el matrimonio.

 

§ 2. El error acerca de una cualidad de la persona, aunque sea causa del contrato, no dirime el matrimonio, a no ser que se pretenda esta cualidad directa y principalmente.

 

1098. Quien contrae el matrimonio engañado por dolo, provocado para obtener su consentimiento, acerca de una cualidad del otro contrayente, que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal, contrae inválidamente.

 

1099. El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio, con tal que no determine a la voluntad, no vicia el consentimiento matrimonial.

 

1100. La certeza o la opinión acerca de la nulidad del matrimonio no excluye necesariamente el consentimiento matrimonial.

 

1101. § 1. El consentimiento interno de la voluntad se presume que está conforme con las palabras o signos empleados al celebrar el matrimonio.

 

§ 2. Pero si uno o ambos contrayentes excluyen con un acto positivo de la voluntad el matrimonio mismo, o un elemento esencial del matrimonio, o una propiedad esencial, contraen inválidamente.

 

1102. § 1. No puede contraerse válidamente matrimonio bajo condición de futuro.

 

§ 2. El matrimonio contraído bajo condición de pasado o de presente es válido o no, según que se verifique o no aquello que es objeto de la condición.

 

§ 3. Sin embargo, la condición que trata el § 2 no puede ponerse lícitamente sin licencia escrita del Ordinario del lugar.

 

1103. Es inválido el matrimonio contraído por violencia o por miedo grave proveniente de una causa externa, incluso el no inferido con miras al matrimonio, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse.

 

1104 § 1. Para contraer válidamente matrimonio es necesario que ambos contrayentes se hallen presentes en un mismo lugar, o en persona o por medio de un procurador.

 

§ 2. Expresen los esposos con palabras el consentimiento matrimonial; o, si no pueden hablar, con signos equivalentes.

 

1105. § 1. Para contraer válidamente matrimonio por procurador, se requiere:

1) que se haya dado mandato especial para contraer con una persona determinada;

2) que el procurador haya sido designado por el mandante, y desempeñe personalmente esa función.

 

§ 2. Para la validez del mandato se requiere que esté firmado por el mandante y, además, por el párroco o el Ordinario del lugar donde se da el mandato, o por un sacerdote delegado por uno de ellos, o al menos por dos testigos; o debe hacerse mediante documento auténtico a tenor del derecho civil.

 

§ 3. Si el mandante no puede escribir, se ha de hacer constar esta circunstancia en el mandato, y se añadirá otro testigo, que debe firmar también el escrito; en caso contrario, el mandato es nulo.

 

§ 4. Si el mandante, antes de que el procurador haya contraído en su nombre, revoca el mandato o cae en amencia, el matrimonio es inválido, aunque el procurador o el otro contrayente lo ignoren.

 

1106. El matrimonio puede contraerse mediante intérprete, pero el párroco no debe asistir si no le consta la fidelidad del intérprete.

 

1107. Aunque el matrimonio se hubiera contraído inválidamente por razón de un impedimento o defecto de forma, se presume que el consentimiento prestado persevera, mientras no conste su revocación.

 

(Código de Derecho Canónico, cánones 1063-1107).

 

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Trisagio a la Santísima Trinidad

 

El Trisagio consiste en alabar y dar las gracias a la Santísima Trinidad, con estas palabras sacadas del Misal Romano (Santa Misa): Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos: llenos están el cielo y la tierra de vuestra gloria. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Ofrecimiento

Os rogamos, Señor, por la santa Iglesia y Prelados de ella, por la exaltación de la fe católica, extirpación de las herejías, paz y concordia entre los Príncipes cristianos, conversión de todos los infieles, herejes y pecadores; por los agonizantes y caminantes; por las benditas Almas del Purgatorio y demás piadosos fines de nuestra santa Madre la Iglesia. Amén.

 

Bendita sea la santa e individua Trinidad, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Abrid, Señor, mis labios.

Y mi voz pronunciará vuestras alabanzas.

Dios mío, venid en mi ayuda.

Apresuraos, Señor, a socorrerme.

Gloria al Padre, Gloria al Eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo.

Por los siglos de los siglos.

Amén. Aleluya.

 

Acto de contrición

Amorisísimo Dios, Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo, alma, potencias y sentidos, por ser Vos mi Señor y mi Dios, infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas; me pesa, Trinidad santísima, me pesa, Trinidad amabilísima, me pesa, Trinidad misericordisísima, de haberos ofendido, sólo por ser quien sois. Propongo y os doy palabra de nunca más ofenderos y de morir antes que pecar. Espero de vuestra suma bondad y misericordia infinita me habéis de perdonar todos mis pecados, y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y una cordialísima devoción a vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.

 

Himno

Ya se aparta el sol ardiente,

Y así, oh luz perenne unida,

En nuestros pechos infunde

Amor, Trinidad divina.

En la aurora te alabamos,

Y también al mediodía;

Suspirando por gozar

En el Cielo de tu vista.

Al Padre, al Hijo y a Ti,

Espíritu que das vida,

Ahora y siempre se den

Alabanzas infinitas. Amén.

 

Oración al Padre

¡Oh Padre Eterno! Principio y fuente de todo bien. Increado, Ingénito, centro de toda felicidad; me gozo de veros tan superior a todo lo creado, que mi entendimiento se pierde en el océano de vuestras perfecciones infinitas. Permitid que, unidos a los Ángeles, Arcángeles y Tronos, celebremos vuestro inmenso poder.

¡Oh, Padre eterno! Fuera de vuestra posesión, yo no veo otra cosa que tristezas y tormentos. Vos sois mi única felicidad, mi tesoro y mi gloria. Haced que jamás me separe de Vos, para que pueda siempre alabaros.

 

Un Padrenuestro, Avemaría y nueve veces:

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos: llenos están el cielo y la tierra de vuestra gloria.

Y se responde cada vez:

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Al final de las nueve veces se añade:

Santo Dios, Señor fuerte, Santo inmortal; líbranos, Señor, de todo mal.

 

Oración al Hijo

¡Oh Hijo divino! En todo igual al Padre, verdad inefable, camino seguro y vida felicísima del hombre; os glorifico por todos vuestros soberanos atributos, y os alabo por vuestras misericordias infinitas. ¡Ay Jesús mío, que no he sido discípulo vuestro sino de nombre! Pero queriendo ya serlo en realidad, permitid que una mi voz a la de las Dominaciones, Principados y Potestades, y ensalce con ellas vuestra sabiduría infinita.

¡Oh Verdad eterna, fuera de la cual yo no veo otra cosa que engaños y mentiras!
¡Ah! ¿Cuándo será la hora en que Vos me hablaréis claramente en el seno de vuestra gloria?

 

Un Padrenuestro, Avemaría y nueve veces:

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos: llenos están el cielo y la tierra de vuestra gloria.

Y se responde cada vez:

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Al final de las nueve veces se añade:

Santo Dios, Señor fuerte, Santo inmortal; líbranos, Señor, de todo mal.

 

Oración al Espíritu Santo

¡Oh Espíritu consolador!, que procedéis del Padre y del Hijo, amor increado, manantial de todas las gracias, centro de todas las dulzuras, y no obstante, tan poco amado. A lo menos, me alegro del encendido amor con que os aman las Virtudes, los Querubines y Serafines. ¡Oh! Quién pudiera amaros con todos los hombres de la tierra, como estos espíritus os aman en el cielo!

¡Oh amor, oh don del Altísimo, centro de las dulzuras y de la felicidad del mismo Dios!
¿Cuándo derramaréis vuestro bien como un torrente sobre mi alma? ¿Cuándo será esto?, ¡oh mi Dios!, ¿cuándo será?

 

Un Padrenuestro, Avemaría y nueve veces:

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos: llenos están el cielo y la tierra de vuestra gloria.

Y se responde cada vez:

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Al final de las nueve veces se añade:

Santo Dios, Señor fuerte, Santo inmortal; líbranos, Señor, de todo mal.

 

Antífona

A Vos, Dios Padre Ingénito; a Vos, Hijo Unigénito; a Vos, Espíritu Santo Paráclito, santa e individua Trinidad, de todo corazón os confesamos, alabamos y bendecimos. A Vos se dé la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.

 

Oración

Señor Dios, Uno y Trino; dadnos continuamente vuestra gracia, vuestra caridad y la comunicación con Vos, para que en tiempo y eternidad os amemos y glorifiquemos, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, en una Deidad, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste revelar a tus siervos la gloria de tu eterna Trinidad, y hacer que confesando una sola fe verdadera, adorásemos la unidad en tu augusta Majestad; te rogamos, Señor, que en virtud de esta fe, nos veamos libres de toda adversidad y peligro. Amén.

 

Gozos en el Trisagio de la augustísima Trinidad

 

Dios uno y Trino,

a quien tantos Arcángeles, Querubines,

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 

A vuestra inmensa Deidad,

indivisa en tres personas,

clamamos, pues nos perdonas

nuestra miseria y maldad:

por esa benignidad

en su misterioso canto

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 

Interminable bondad,

suma esencia soberana,

de donde el bien nos dimana,

Santísima Trinidad:

pues tu divina piedad

pone fin a nuestro llanto:

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 
El Trisagio que Isaías

escribió con gran celo,

le oyó cantar en el cielo

a angélicas jerarquías:

para que en sus melodías

repita nuestra voz cuanto

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 
Este Trisagio sagrado,

voz del Coro celestial,

contra el poder infernal

la Iglesia le ha celebrado:

con este elogio ensalzado:

que en fe y amor adelanto,

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 
De la súbita muerte,

del rayo de la centella,

libra este Trisagio,

y sella a quien le reza y advierte,

que por esta feliz suerte

en este mar de quebranto,

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.


Es el Iris que en el mar,

en la tierra y en el fuego,

en el aire ostenta luego

que nos quiere libertar:

Por favor tan singular

de este prodigio y encanto,

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 
Es escudo soberano,

de la divina Justicia,

y de la infernal malicia

triunfa devoto el cristiano:

y como el demonio ufano huye

de terror y espanto,

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 
En vuestra bondad me fundo,

Señor, Dios fuerte e inmortal,

que en el coro celestial

cantaré este himno jocundo;

pues en los riesgos del mundo

me cubrís con vuestro manto,

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 
Dios uno y Trino a quien tantos

Arcángeles, Querubines,

Ángeles y Serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 
Antífona
Bendita sea la santa e individua Trinidad que todas las cosas cría y gobierna, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Bendigamos al Padre, y al Hijo con el Espíritu Santo.

Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.


Oración

Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste revelar a tus siervos en la confesión de la verdadera fe la gloria de tu eterna Trinidad, y que adorasen la unidad, en tu Majestad: te rogamos, Señor, que por la fuerza de esa misma fe, nos veamos siempre libres de todas las adversidades y peligros. Por Cristo Señor nuestro. Amén.

Bendita y alabada sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, el santísimo Sacramento del altar y la purísima Concepción de María santísima, Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original desde el primer instante de su ser natural. Amén.

 

Líbrame del mal

Amorosísimo Dios, trino y uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad Santísima, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, y humildemente pido protección y ayuda.

Santísima Trinidad, bendíceme, ayúdame, ampárame, líbrame del mal y peligro, de toda mala hora, que todos mis enemigos se queden atrás.

¡Paz de Cristo! ¡Paz de Cristo!

Que el enemigo que venga en mi contra, en el acto sea vencido.

Que tenga ojos y no me vean, que tengan oídos y no me oigan, que tengan manos y no me toquen, que con solo nombrar a la Santísima Trinidad sean vencidos todos mis enemigos.

En el nombre del Padre (+), del hijo (+) y el Espíritu Santo (+),

con el manto de la Santísima Trinidad sea envuelto mi cuerpo,

con el escapulario de la Virgen del Carmen me vea envuelto

para no ser visto, ni oído, ni preso, ni de los malos vencidos,

la Santísima Trinidad esté conmigo, el Padre me guarde (+), el Hijo me guíe (+) y el Espíritu Santo me ilumine (+) y me acompañe, donde quiera que yo vaya la Santísima Trinidad esté en todo momento y me libre siempre de todo mal y peligro.

Cruz Santa, Cruz Digna, Cruz Divina, por el Señor que murió en ti, cosa mala no llegue a mí,
en el nombre del Padre (+), del Hijo (+) y del Espíritu Santo (+), en nombre de la Santísima Trinidad, para que en esta hora y momento nuestro Padre Eterno (+), Nuestro Señor Jesucristo (+) y el Espíritu Santo (+) me ilumine la mente para que todas mis cosas me salgan perfectas y la paz de Nuestro Señor Jesucristo reine en mi hogar, en mi trabajo y donde quiera que yo pise. En el nombre del Padre (+), del Hijo (+) y el Espíritu Santo (+), amén.

 

* Donde aparece el símbolo (+) se debe hacer la señal de la cruz.

 

Fuente: http://www.terra.es/personal2/andresja/trisagio.htm

 

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