Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología católica

Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 47 – Mayo de 2010

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”

(Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

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Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias Grèzes.

 

Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Los abusos y los abusos de los abusos

Equipo de Dirección

Magisterio

Homilía en la Vigilia Pascual de 2010

Papa Benedicto XVI

Tema Central

El abuso de los abusos. Historia de una deficiente gestión mediática. Omisiones, tergiversaciones, calumnias, falsedades, fantasías e invenciones con un objetivo: el Papa

Jorge Enrique Mújica, LC

Tema Central

El problema del pecado en la Iglesia

Daniel Iglesias Grèzes

 

Tema Central

La fe reafirmada

Daniel Iglesias Grèzes – Néstor Martínez

Tema Central

La Iglesia Católica y su defensa del derecho a la vida

Lic. Néstor Martínez

Tema Central

Pedofilia y objetividad periodística

Daniel Iglesias Grèzes

Teología

Dante Alighieri y los justos paganos

en los primeros cantos de la “Divina Comedia”

Lic. Néstor Martínez

Apologética

Sábana Santa: fe y razón (nota 1)

Dr. Eduardo Casanova

Noticias

Fundación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Equipo de Dirección

Libros

Se publicó un libro del Lic. Néstor Martínez: Baúl apologético

Equipo de Dirección

Oración

Oración para la Misión en Montevideo

Entre Todos

 

 

Los abusos y los abusos de los abusos

 

Equipo de Dirección

 

En el número anterior de nuestra revista tratamos el tema de las actuales persecuciones contra los cristianos e incluimos una nota del Arzobispo de Nueva York sobre el anticatolicismo. Pensábamos cambiar de tema, pero las circunstancias nos obligan a seguir profundizando en el mismo asunto. El tema central de este número es algo que ha sido muy destacado en las últimas semanas por la mayoría de los medios de comunicación social del mundo entero: los abusos sexuales de menores por parte de algunos sacerdotes católicos y las reacciones de la jerarquía eclesiástica ante dichos abusos. A la vez analizamos lo que el Padre J. E. Mújica ha llamado apropiadamente “el abuso de los abusos”, es decir la explotación con fines anticatólicos del fenómeno de los abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes.

 

Es importante destacar que nuestra condena absoluta de todo abuso sexual no queda de ningún modo relativizada ni atenuada por nuestro firme rechazo de la utilización de ese escándalo con miras a destruir la autoridad moral de la Iglesia Católica. En honor a la verdad, una cosa no quita la otra. Es más, ambos males (los abusos sexuales por parte de miembros del clero y el abuso de este escándalo por parte de la prensa anticatólica) provienen en última instancia de la misma raíz: el rechazo a la ley de Dios. No hay que buscar la causa de los citados abusos en la moral sexual católica (que, al contrario, exige a todos los hombres una vida casta) ni en el celibato sacerdotal (don de Dios a su Iglesia), sino ante todo en el alejamiento teórico o práctico de algunos sacerdotes con respecto al contenido de la fe católica, incluyendo la doctrina moral. Si bien es cierto, como dice el sabio refrán popular, que “en todas partes se cuecen habas”, también es claro que, ceteris paribus (*), es más probable que caiga en la tentación del abuso sexual de menores un sacerdote que no cree en la realidad del infierno ni en la existencia de normas morales absolutas que un sacerdote que se adhiere firmemente a toda la doctrina católica. De modo que lo principal que podemos hacer nosotros, simples fieles cristianos, en esta materia, es orar por los sacerdotes y dar un testimonio personal creíble del Evangelio de Jesucristo, con palabras y obras.

 

En cuanto al “abuso de los abusos”, en la mayoría de los casos nos toca más directamente, en la medida en que todos, en estos días, hemos escuchado o leído acusaciones delirantes contra la Iglesia Católica y hemos visto cómo personas de buena voluntad comienzan a sentir, quizás con angustia, cierta desconfianza, no respecto a este o aquel sacerdote u obispo, sino respecto a la Iglesia entera o toda su jerarquía. Ante esta situación, nuestro deber es tratar de disipar las falsedades o mentiras que la propaganda anticatólica está diseminando con tanta eficacia.

 

Por ejemplo, en Uruguay, en el correr de pocas semanas, fueron publicados en importantes medios de prensa, entre otros muchos artículos con sabor anticatólico, los siguientes tres:

1.      un artículo de Daniel Vidart en Brecha que pretende demostrar que la fe católica es irracional y que los verdaderos creyentes son fanáticos peligrosos;

2.      un artículo de Tomás Linn en Búsqueda que sostiene que la Iglesia Católica defiende el derecho a la vida para que haya más niños de los que sus sacerdotes puedan abusar y que la misma Iglesia ha perdido toda autoridad para predicar su doctrina moral;

3.      y un artículo de Gerardo Sotelo en El País que achaca a toda la Iglesia Católica la culpa de la tolerancia de esos abusos y que se adhiere a la “solución” propuesta por Leonardo Boff: la abolición del celibato sacerdotal.

 

En este número incluimos nuestras respuestas a esos tres artículos. Dado que la tarea de defender la religión católica contra los ataques en la prensa supera las posibilidades de una o dos personas, aunque se dedicaran a ello a tiempo completo (lo cual no podemos ni deseamos hacer), alentamos a todos nuestros lectores a responder por escrito, con respeto y firmeza, esa clase de ataques y a hacer llegar sus respuestas a los medios de prensa. Es importante hacer ver que se está ofendiendo gratuitamente las convicciones más hondas de muchos católicos, no sólo de unos pocos.

 

También publicamos: un artículo largo pero muy bueno del Padre Mújica, que muestra en detalle la trama de las recientes calumnias contra el Santo Padre Benedicto XVI; y una breve reflexión teológica sobre el problema del pecado en la Iglesia, que quizás pueda ayudar a superar las dificultades de fe que este escándalo ha provocado en algunos cristianos.

 

Además, publicamos la primera de una serie de notas del Dr. Eduardo Casanova sobre el Santo Sudario, ese venerable objeto que, con toda probabilidad, es una reliquia sagrada que da testimonio del hecho central de la historia: la resurrección de Cristo.

 

Aunque ya lo anunciamos en un mensaje reciente, en este número incluimos dos gratas noticias “de la casa”: la fundación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón” y la publicación del primer libro del Lic. Néstor Martínez, Presidente de dicho Centro: Baúl apologético.

 

Por otra parte, “Fe y Razón” se adhiere a la Misión en Montevideo (enmarcada en la gran Misión Continental auspiciada por la Conferencia de Aparecida), cuyo lanzamiento tendrá lugar el lunes 3 de mayo en la Catedral de esta ciudad.

 

Dios mediante, en mayo publicaremos un número extraordinario con aportes de Mons. Barriola y el Dr. Ordoqui.

 

Para concluir, ofrecemos para vuestra meditación un texto de la Sagrada Escritura que nos exhorta a resistir el mal con fe perseverante:

 

“Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan los mismos sufrimientos. El Dios de toda gracia, el que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará. A Él el poder por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro 5,8-11).

 

Que el Señor bendiga y guarde a cada uno de ustedes.

 

***

 

*) O sea, si todo lo demás permanece constante.

 

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Homilía en la Vigilia Pascual de 2010

 

Benedicto XVI

 

(Vigilia Pascual en la Noche Santa, Homilía del Santo Padre Benedicto XVI, Basílica Vaticana, Sábado Santo, 3 de abril de 2010).

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Una antigua leyenda judía tomada del libro apócrifo «La vida de Adán y Eva» cuenta que Adán, en la enfermedad que le llevaría a la muerte, mandó a su hijo Set, junto con Eva, a la región del Paraíso para traer el aceite de la misericordia, de modo que le ungiesen con él y sanara. Después de tantas oraciones y llanto de los dos en busca del árbol de la vida, se les apareció el arcángel Miguel para decirles que no conseguirían el óleo del árbol de la misericordia, y que Adán tendría que morir. Algunos lectores cristianos han añadido posteriormente a esta comunicación del arcángel una palabra de consuelo. El arcángel habría dicho que, después de 5.500 años, vendría el Rey bondadoso, Cristo, el Hijo de Dios, y ungiría con el óleo de su misericordia a todos los que creyeran en él: «El óleo de la misericordia se dará de eternidad en eternidad a cuantos renaciesen por el agua y el Espíritu Santo. Entonces, el Hijo de Dios, rico en amor, Cristo, descenderá en las profundidades de la tierra y llevará a tu padre al Paraíso, junto al árbol de la misericordia». En esta leyenda puede verse toda la aflicción del hombre ante el destino de enfermedad, dolor y muerte que se le ha impuesto. Se pone en evidencia la resistencia que el hombre opone a la muerte. En alguna parte —han pensado repetidamente los hombres— deberá haber una hierba medicinal contra la muerte. Antes o después, se deberá poder encontrar una medicina, no sólo contra esta o aquella enfermedad, sino contra la verdadera fatalidad, contra la muerte. En suma, debería existir la medicina de la inmortalidad. También hoy los hombres están buscando una sustancia curativa de este tipo. También la ciencia médica actual está tratando, si no de evitar propiamente la muerte, sí de eliminar el mayor número posible de sus causas, de posponerla cada vez más, de ofrecer una vida cada vez mejor y más longeva. Pero, reflexionemos un momento: ¿qué ocurriría realmente si se lograra, tal vez no evitar la muerte, pero sí retrasarla indefinidamente y alcanzar una edad de varios cientos de años? ¿Sería bueno esto? La humanidad envejecería de manera extraordinaria, y ya no habría espacio para la juventud. Se apagaría la capacidad de innovación y una vida interminable, en vez de un paraíso, sería más bien una condena. La verdadera hierba medicinal contra la muerte debería ser diversa. No debería llevar sólo a prolongar indefinidamente esta vida actual. Debería más bien transformar nuestra vida desde dentro. Crear en nosotros una vida nueva, verdaderamente capaz de eternidad, transformarnos de tal manera que no se acabara con la muerte, sino que comenzara en plenitud sólo con ella. Lo nuevo y emocionante del mensaje cristiano, del Evangelio de Jesucristo era, y lo es aún, esto que se nos dice: sí, esta hierba medicinal contra la muerte, este fármaco de inmortalidad existe. Se ha encontrado. Es accesible. Esta medicina se nos da en el Bautismo. Una vida nueva comienza en nosotros, una vida nueva que madura en la fe y que no es truncada con la muerte de la antigua vida, sino que sólo entonces sale plenamente a la luz.

 

Ante esto, algunos, tal vez muchos, responderán: ciertamente oigo el mensaje, sólo que me falta la fe. Y también quien desea creer preguntará: ¿Es realmente así? ¿Cómo nos lo podemos imaginar? ¿Cómo se desarrolla esta transformación de la vieja vida, de modo que se forme en ella la vida nueva que no conoce la muerte? Una vez más, un antiguo escrito judío puede ayudarnos a hacernos una idea de ese proceso misterioso que comienza en nosotros con el Bautismo. En él, se cuenta cómo el antepasado Henoc fue arrebatado por Dios hasta su trono. Pero él se asustó ante las gloriosas potestades angélicas y, en su debilidad humana, no pudo contemplar el rostro de Dios. «Entonces —prosigue el libro de Henoc— Dios dijo a Miguel: “Toma a Henoc y quítale sus ropas terrenas. Úngelo con óleo suave y revístelo con vestiduras de gloria”. Y Miguel quitó mis vestidos, me ungió con óleo suave, y este óleo era más que una luz radiante... Su esplendor se parecía a los rayos del sol. Cuando me miré, me di cuenta de que era como uno de los seres gloriosos» (Ph. Rech, Inbild des Kosmos, II 524).

 

Precisamente esto, el ser revestido con los nuevos indumentos de Dios, es lo que sucede en el Bautismo; así nos dice la fe cristiana. Naturalmente, este cambio de vestidura es un proceso que dura toda la vida. Lo que ocurre en el Bautismo es el comienzo de un camino que abarca toda nuestra existencia, que nos hace capaces de eternidad, de manera que con el vestido de luz de Cristo podamos comparecer en presencia de Dios y vivir por siempre con Él.

 

En el rito del Bautismo hay dos elementos en los que se expresa este acontecimiento, y en los que se pone también de manifiesto su necesidad para el transcurso de nuestra vida. Ante todo, tenemos el rito de las renuncias y promesas. En la Iglesia antigua, el bautizando se volvía hacia el occidente, símbolo de las tinieblas, del ocaso del sol, de la muerte y, por tanto, del dominio del pecado. Miraba en esa dirección y pronunciaba un triple «no»: al demonio, a sus pompas y al pecado. Con esta extraña palabra, «pompas», es decir, la suntuosidad del diablo, se indicaba el esplendor del antiguo culto de los dioses y del antiguo teatro, en el que se sentía gusto viendo a personas vivas desgarradas por bestias feroces. Con este «no» se rechazaba un tipo de cultura que encadenaba al hombre a la adoración del poder, al mundo de la codicia, a la mentira, a la crueldad. Era un acto de liberación respecto a la imposición de una forma de vida, que se presentaba como placer y que, sin embargo, impulsaba a la destrucción de lo mejor que tiene el hombre. Esta renuncia —sin tantos gestos externos— sigue siendo también hoy una parte esencial del Bautismo. En él, quitamos las «viejas vestiduras» con las que no se puede estar ante Dios. Dicho mejor aún, empezamos a despojarnos de ellas. En efecto, esta renuncia es una promesa en la cual damos la mano a Cristo, para que Él nos guíe y nos revista. Lo que son estas «vestiduras» que dejamos y la promesa que hacemos, lo vemos claramente cuando leemos, en el quinto capítulo de la Carta a los Gálatas, lo que Pablo llama «obras de la carne», término que significa precisamente las viejas vestiduras que se han de abandonar. Pablo las llama así: «fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, celos, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, envidias, borracheras, orgías y cosas por el estilo» (Ga 5,19ss.). Éstas son las vestiduras que dejamos; son vestiduras de la muerte.

 

En la Iglesia antigua, el bautizando se volvía después hacia el oriente, símbolo de la luz, símbolo del nuevo sol de la historia, del nuevo sol que surge, símbolo de Cristo. El bautizando determina la nueva orientación de su vida: la fe en el Dios trinitario al que él se entrega. Así, Dios mismo nos viste con indumentos de luz, con el vestido de la vida. Pablo llama a estas nuevas «vestiduras» «frutos del Espíritu» y las describe con las siguientes palabras: «Amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí» (Ga 5,22).

 

En la Iglesia antigua, el bautizando era a continuación desvestido realmente de sus ropas. Descendía en la fuente bautismal y se le sumergía tres veces; era un símbolo de la muerte que expresa toda la radicalidad de dicho despojo y del cambio de vestiduras. Esta vida, que en todo caso está destinada a la muerte, el bautizando la entrega a la muerte, junto con Cristo, y se deja llevar y levantar por Él a la vida nueva que lo transforma para la eternidad. Luego, al salir de las aguas bautismales, los neófitos eran revestidos de blanco, el vestido de luz de Dios, y recibían una vela encendida como signo de la vida nueva en la luz, que Dios mismo había encendido en ellos. Lo sabían, habían obtenido el fármaco de la inmortalidad, que ahora, en el momento de recibir la santa comunión, tomaba plenamente forma. En ella recibimos el Cuerpo del Señor resucitado y nosotros mismos somos incorporados a este Cuerpo, de manera que estamos ya resguardados en Aquel que ha vencido a la muerte y nos guía a través de la muerte.

 

En el curso de los siglos, los símbolos se han ido haciendo más escasos, pero lo que acontece esencialmente en el Bautismo ha permanecido igual. No es solamente un lavado, y menos aún una acogida un tanto compleja en una nueva asociación. Es muerte y resurrección, renacimiento a la vida nueva.

 

Sí, la hierba medicinal contra la muerte existe. Cristo es el árbol de la vida hecho de nuevo accesible. Si nos atenemos a Él, entonces estamos en la vida. Por eso cantaremos en esta noche de la resurrección, de todo corazón, el aleluya, el canto de la alegría que no precisa palabras. Por eso, Pablo puede decir a los Filipenses: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres» (Flp 4,4). No se puede ordenar la alegría. Sólo se la puede dar. El Señor resucitado nos da la alegría: la verdadera vida. Estamos ya cobijados para siempre en el amor de Aquel a quien ha sido dado todo poder en el cielo y sobre la tierra (cf. Mt 28,18). Por eso pedimos, seguros de ser escuchados, con la oración sobre las ofrendas que la Iglesia eleva en esta noche: “Escucha, Señor, la oración de tu pueblo y acepta sus ofrendas, para que aquello que ha comenzado con los misterios pascuales nos ayude, por obra tuya, como medicina para la eternidad. Amén.”

 

Fuente:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2010/documents/hf_ben-xvi_hom_20100403_veglia-pasquale_sp.html

 

El abuso de los abusos

Historia de una deficiente gestión mediática.

Omisiones, tergiversaciones, calumnias, falsedades, fantasías e invenciones

con un objetivo: el Papa

 

Jorge Enrique Mújica, LC

 

La carrera por hacer titulares ha llevado a algunos medios a mentir, falsear y calumniar. Un diagnóstico de la prensa, al menos de la aquí citada, apunta a su triste y vergonzoso ocaso.

 

Han pasado cinco años desde la publicación de aquella conocida portada del periódico The Mirror que, tras la elección del cardenal Joseph Ratzinger como Papa, decía “God´s Rottweiler” (El rottweiler de Dios). Ya por entonces, los diferentes titulares, de carácter más bien hostil, presagiaban la relación que ofrecería la mayoría de la prensa laica mundial a aquel que como cardenal ya había tratado severamente mal.

 

A lo largo de este lustro, Benedicto XVI se ha enfrentado a no pocas crisis mediáticas. Entre las más significativas han estado: 1) el hecho de ser de origen alemán y por eso, ipso facto, tacharlo de “nazi”; 2) la lección magistral de septiembre de 2006 en la universidad de Ratisbona, de donde se extrapoló una parte del discurso y se ocasionó la ira islámica; 3) en enero de 2008, la negativa de una mínima parte del claustro de profesores y estudiantes de la universidad de La Sapienza, en Roma, para que el Papa inaugurase el año académico (a raíz de una interpretación errada de un discurso sobre Galileo que, como cardenal, habría pronunciado Ratzinger en la misma institución); 4) el levantamiento de la excomunión a los obispos “lefebvristas” de inicios de 2009 y la desconocida opinión de uno de esos obispos, Richard Williamson, sobre el holocausto hebreo; y, por último, 5) el revuelo a raíz de la respuesta del Papa al periodista de France 2 sobre el condón, en el vuelo rumbo a Angola de marzo de 2009.

 

Pero quizá ninguna otra crisis haya sido tan mordaz como la del tema de los abusos por parte del clero católico. Sin minusvalorar la tristísima realidad de hechos comprobados y siempre reprobables en este campo, la prensa ha buscado no sólo exprimir y generalizar hasta la saciedad las debilidades de algunos miembros de la Iglesia, sino también involucrar y manchar la imagen de Benedicto XVI.

 

Ya el 1 de octubre de 2006 se había dado el primer intento cuando la BBC puso al aire  “Sex crime and the Vatican”, un programa de unos 40 minutos lleno de delicados errores claramente porráceos que, además, denotan palmariamente su mala intención en el afán de desprestigio del Papa. Mal utilizando documentos de la Iglesia (“Crimen sollicitationis” y la carta “Ad exequenda”), sirviéndose de viejos filmes y entrevistas no datadas, el programa adultera, deforma e interpreta a su antojo la información.

 

Uno de los más penosos errores fue afirmar que Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, es el autor de “Crimen sollicitationis”, documento aparecido en 1962 y preparado por la entonces Congregación para el Santo Oficio, hoy Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF en adelante). Así, el programa mal informa sobre el autor (Joseph Ratzinger por entonces ni siquiera vivía en Roma ni mucho menos era prefecto) y el contenido.

 

1. Cuatro intentos para desprestigiar al Papa: cuatro casos de periodismo deficiente

 

En mayo de 2009 se hacía público el Informe de la Comisión de Investigación Irlandesa (el Informe Ryan se puede consultar íntegramente en el siguiente enlace o leer el resumen sintético) sobre el tema de los abusos en escuelas e instituciones de ese país. En diciembre de 2009 se publicaba el Murphy Report, centrado en la diócesis de Dublín. El revuelo suscitado por las deplorables revelaciones tocó sensiblemente no sólo a la sociedad irlandesa.

 

A. Don Georg, el hermano del Papa

 

Un semestre después, el 28 de enero de 2010, el rotativo berlinés Der Tagesspiegel publicaba los primeros casos de abusos sexuales en Alemania. Concretamente los perpetrados entre los años 70 y 80 en el Canisius College, gestionado por jesuitas. Más tarde se conocieron los casos de la escuela de la abadía benedictina de Ettal y, finalmente, el caso más mediáticamente manoseado: el de los abusos entre los Regensburger Domspatzen (coro de niños de la catedral de Ratisbona), del cual fue director Georg Ratzinger, hermano del Papa. Comenzaba así el primer intento sistemático por vincular y dañar directamente a Benedicto XVI.

 

¿Cuál era la verdad? Lo contaba así Diego Contreras en su blog “La Iglesia en la prensa”: “La diócesis de Ratisbona ha divulgado un caso de abuso ocurrido en 1958, un presunto caso que habría sucedido al inicio de los sesenta y un tercer caso (todavía incierto), que se supone que es de 1969. Los tres se refieren de algún modo al coro de los “Domspatzen”. Se trata de crímenes, o presuntos crímenes, ocurridos en la residencia donde se alojaban y estudiaban los chicos. Una institución que contaba con su propia dirección, independiente de la dirección musical. El hermano del Papa, mons. Georg Ratzinger, fue director musical del coro (externo a la residencia) en el periodo 1964-1993. Es decir, no sólo estaba lejano físicamente del lugar de los hechos, o presuntos hechos, sino que estos ocurrieron en un periodo en el que él no era ni tan siquiera director (el dato claro del tercer caso es que ocurrió diez años después de que el presunto culpable abandonara su relación con el coro)”.

 

A partir de esta nota puesta en circulación con transparencia y apertura por la misma arquidiócesis de Ratisbona se construyeron los más fantasiosos titulares que apuntaban a la caza de Benedicto XVI sin más información que la mentira y la fantasía de los periodistas en cuestión.

 

B. Süddeutsche Zeitung, TIME y el semanario Stern

 

La segunda diatriba contra Benedicto XVI vino de un medio alemán: el Süddeutsche Zeitung. El 13 de marzo de 2010 publicó una nota sobre la supuesta admisión en la arquidiócesis de Munich de un sacerdote –Peter Hullermann– acusado de abuso y procedente de la diócesis de Essen. Ya en Munich, habría recibido un nuevo encargo pastoral. Todo esto habría ocurrido en 1980, cuando el arzobispo de esa sede arzobispal era el cardenal Joseph Ratzinger.

 

El mismo día, TIME reproducía la nota que luego, sucesivamente, daría la vuelta al mundo. El título que dio TIME fue “El Papa sabía que el sacerdote era pedófilo pero autorizó que continuara su ministerio”.

 

¿Cuál era la realidad de los hechos? Efectivamente el entonces arzobispo de Munich autorizó que Peter Hullermann residiera pero en un convicto sacerdotal de la arquidiócesis y exclusivamente para recibir terapia. Tras el nombramiento, en noviembre de 1981, como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, Ratzinger renuncia a la sede de Munich y pasa a Roma en febrero de 1982. Durante el periodo de sede vacante (es decir, cuando aún no se nombra al suplente de Joseph Ratzinger para Munich), el vicario para la arquidiócesis, padre Gerhard Gruber, es quien decide dar licencia para que Hullermann ejerciera el ministerio en una parroquia.

 

En 1985 se dan nuevas denuncias contra Hullermann (es decir, cuando Joseph Ratzinger ya no estaba en Munich) y se le retira del ministerio sacerdotal. En junio de 1986 es condenado por abusos de menores a 18 meses de cárcel en libertad condicional y a una multa de 4.000 marcos.

 

Otro medio alemán que fallidamente intentó desprestigiar con mentiras a Benedicto XVI fue el semanario Stern. El jueves 7 de abril de 2010 publicaba una monumental falsedad según la cual, como cardenal prefecto para la CDF, Joseph Ratzinger habría encubierto a Marcial Maciel, presbítero mexicano.

 

Prontamente el portavoz de la Santa Sede hizo una declaración oficial afirmando: "Es paradójico –y para las personas informadas ridículo– atribuir al cardenal Ratzinger responsabilidades de cobertura o de encubrimiento de cualquier tipo. Todas las personas informadas saben que fue mérito del cardenal Ratzinger promover la investigación canónica sobre las acusaciones a propósito de Marcial Maciel, hasta llegar a establecer con certeza su culpabilidad". Maciel fue reducido a una vida de oración y penitencia, sin posibilidad de ejercer el ministerio públicamente, en 2006.

 

C. The New York Times

 

Tras el fallido intento de manchar al Papa inventando la ficticia relación de su hermano Georg con la situación del Regensburger Domspatzen, las invenciones del Süddeutsche Zeitung y las ilusiones del semanario Stern, The New York Times tomó la batuta.

 

El 24 de marzo de 2010 publicaba una información sobre los abusos de un sacerdote, Lawrence Murphy, en una escuela para niños sordos en Wisconsin, el St. John´s School.

 

El periódico estadounidense acusaba al Papa porque, según su versión de los hechos, como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe no lo retiró del ministerio sacerdotal, obstaculizó y archivó el caso, aun conociendo los antecedentes del acusado. Una segunda entrega fue publicada el 26 de marzo, dos días después.

 

El padre Federico Lombardi, S.J., portavoz de la Santa Sede, hizo posteriormente unas declaraciones oficiales puntualizando la verdad de los hechos.

 

De acuerdo a las palabras del padre Lombardi, Lawrence Murphy, sacerdote de la diócesis de Milwaukee, efectivamente habría abusado de niños especialmente vulnerables, entre 1950 y 1974. En 1975, cuando Ratzinger todavía no era prefecto en Roma, habrían salido las primeras acusaciones contra Murphy. Su caso no se habría derivado a la Congregación vaticana presidida luego por Ratzinger pues, por entonces, era competencia de la diócesis. Veinte años más tarde, en 1995, el caso llegó efectivamente a la Congregación para la Doctrina de la Fe por tratarse de solicitaciones en el confesionario.

 

Además, como puntualizó el padre Lombardi, “Es importante subrayar que la cuestión canónica no estaba relacionada con las potenciales medidas civiles o criminales contra el padre Murphy”, medidas que, de suyo, fueron archivadas por la policía norteamericana años atrás. Y añadía: “el Código de Derecho Canónico no prevé sanciones automáticas, pero recomienda que se haga un juicio sin excluir incluso la mayor pena eclesiástica de expulsión del estado clerical (cf. Canon 1395, n. 2).  Teniendo en cuenta que el padre Murphy era anciano y estaba mal de salud y que estaba viviendo en aislamiento y las denuncias de abuso no se habían notificado durante más de 20 años, la Congregación para la Doctrina de la Fe sugirió que el arzobispo de Milwaukee estudiara la posibilidad de abordar la situación, por ejemplo, restringiendo el ministerio público del padre Murphy, y exigiéndole que aceptara la plena responsabilidad de la gravedad de sus actos. El padre Murphy murió aproximadamente cuatro meses más tarde, sin más incidentes”.

 

Sobre este tema concreto, un artículo de Riccardo Cacioli en el diario Avvenire (ver enlace a la traducción española de “El New York Times se desmiente en sus ataques contra el Papa”) recapitulaba los dos artículos del periódico neoyorkino haciendo ver la incongruencia de lo supuestamente revelado: “Los documentos dicen de hecho que los únicos que se preocuparon por el mal realizado por Murphy fueron los responsables de la diócesis americana y la Congregación para la Doctrina de la Fe, mientras que las autoridades civiles habían archivado el caso. Concretamente, la Congregación para la Doctrina de la Fe, implicada en la cuestión sólo entre 1996 y 1997, dio la indicación de proceder contra Murphy a pesar de que la lejanía temporal de los hechos constituyera un impedimento a la norma del derecho canónico”.

 

También tuvo su impacto y ofreció luz el artículo de Massimo Introvigne titulado “El lobby laicista contra el Papa. El gran bulo del New York Times”.

 

Escribía Introvigne: “Este nuevo ejemplo de periodismo basura confirma cómo funcionan los “pánicos morales”. Para enfangar a la persona del Santo Padre se remueve un episodio de hace treinta y cinco años, conocido y discutido por la prensa local ya a mitad de los años 70, cuya gestión –en cuanto era de su competencia y un cuarto de siglo después de los hechos– por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue canónica y moralmente impecable, y mucho más severa que la de las autoridades estatales americanas. ¿De cuántos de estos “descubrimientos” tenemos aún necesidad para darnos cuenta de que el ataque contra el Papa no tiene nada que ver con la defensa de las víctimas de los casos de pedofilia –ciertamente graves, inaceptables y criminales, como Benedicto XVI ha recordado con tanta severidad– sino que intenta desacreditar a un Pontífice y a una Iglesia que molestan a los lobbies por su eficaz acción de defensa de la vida y de la familia?”.

 

Semanas más tarde, el vicepresidente de The News Corporation, William McGurn, publicaba un artículo en The Wall Street Journal (cf. 06.04.2010) sobre las motivaciones del New York Times para divulgar información parcial y calumniosa contra el Papa.

 

McGurn expone que los documentos usados para los dos artículos de The New York Times (firmados por Laurie Goodstein) fueron proporcionados por dos abogados de cinco hombres que han demandado económicamente a la arquidiócesis de Milwaukee: Jeff Anderson y Mike Finnegan. ¿Quién es el abogado Anderson? De acuerdo a McGurn, el mismo que en 2002 declarara a la agencia Associated Press que había ganado más de 60 millones de dólares por concepto de demandas y acuerdos contra la Iglesia. O lo que es lo mismo: “En lo que se refiere a demandas contra la Iglesia, él es el principal abogado”.

 

En su artículo, McGurn reta a The New York Times a comprobar que Lawrence Murphy no fue sancionado, como afirma el mismo diario. Y concretamente sobre el entonces cardenal Ratzinger afirma: “El hombre que es ahora Papa reabrió casos que habían sido cerrados, hizo más que nadie para procesar casos y hacer responder a los abusadores, y se convirtió en el primer Papa en hablar con las víctimas".

 

Y cuestiona después: “¿No es ésta acaso la más razonable interpretación de todos estos eventos: que la experiencia del Cardenal Ratzinger con casos como el de Murphy lo llevaron a promover reformas que le dieron a la Iglesia armas más efectivas para manejar los abusos sacerdotales?”


Para William McGurn es necesario que la prensa proporcione "algo de contexto y muestre algo de escepticismo periodístico sobre lo relatado por un abogado defensor que hace millones con este tipo de casos", en referencia a Jeff Anderson.

 

D. Associated Press y El País

 

El último intento por desprestigiar a Benedicto XVI fue el de la agencia Associated Press. En un despacho de prensa de inicios de abril (cf. AP: Future pope stalled Calif. Pedophile case) la agencia “revelaba” que cuando Joseph Ratzinger era prefecto de la CDF evitó “expulsar” a un sacerdote tras la denuncia del obispo de Oakland.

 

El caso, magnificado, reinterpretado y aumentado, por el conocido periódico español El País, de corte marcadamente anticristiano, afirma que en una carta de 1985 el entonces cardenal Ratzinger se habría opuesto a la destitución de Stephen Keisle, quien cometió abusos sexuales en 1981 y a quien la propia diócesis de Oakland, en California, pidió destituir pues ya había antecedentes e incluso una condena civil de 1978.

 

El País miente y habla equívocamente: al cardenal Ratzinger no le competía destituir (entendiendo como apartar de su puesto al sacerdote, que de suyo sí hizo el obispo de Oakland, pues era de su competencia) sino reducir al estado laical a Stephen Keisle (es decir, que dejara de ser sacerdote), cosa que de hecho sucedió en 1987. En los dos años que tardó la decisión sobre este segundo punto no se registraron abusos.

 

En una entrevista con Il Corriere della Sera (cf. 10.03.2010), el subdirector de la Sala de Prensa de la Santa Sede, padre Ciro Benedetti, declaró: “Como se deduce claramente de la misiva, el cardenal Ratzinger no ocultó el caso, sino que hizo presente la necesidad de estudiarlo con mayor atención. Hay que tener presente que la suspensión del cargo (al sacerdote) era entonces competencia del obispo local y no de la Congregación para la Doctrina de la Fe”.

 

Un artículo de Massimo Introvigne, director del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones, sobre este nuevo bulo lanzado ahora por Associated Prees, comprobaba la pretensión de fondo: “calumniad, calumniad, que algo queda” (vale la pena leer el artículo completo en Adelante otro bulo: la carta de 1985 del cardenal Ratzinger).

 

Ciertamente los cuatro casos mencionados no son los únicos, si bien sí son los que han tenido mayor trascendencia mediática. Ahí están también los continuos artículos difamatorios y periodísticamente defectuosos en periódicos como el Die Preese, de Austria; el Trouw, de Holanda; el Sme, de Eslovaquia; el Times of Malta, de Malta; The Times y The Guardian de Gran Bretaña; Nwsmill y Sydsvenska Dagbladet, de Suecia; La libre Belgique, de Bélgica; The Irish Times, de Irlanda; El Universal y Reforma, de México; o el Kristeligt Dagblad, de Dinamarca.

 

E. Acusaciones peregrinas y acciones disparatadas

 

A los acontecimientos de Irlanda y Alemania le han seguido otros deplorables en Austria, Holanda, Noruega, Suecia y, con menor intensidad, en Chile, España, Brasil y México.

 

Todos han estado puntualmente acompañados por la irresponsabilidad informativa de medios como los apenas enunciados así como otros de cobertura imperfecta. La gravedad de una información adulterada ha quedado patente en los pronunciamientos de diferentes personalidades del mundo de la política y de la cultura; pronunciamientos que, dicho sea de paso, no corresponden a la realidad de los acontecimientos: sea a sus causas, sea a sus consecuencias.

 

El 9 de marzo de 2010, el periódico alemán Süddeutsche Zeitung publicaba las declaraciones de la ministra alemana de justicia, Sabine Leutheusser-Schnarrenberger, exigiendo a la Iglesia indemnizaciones, incluso para los casos no comprobados de pederastia. Este mismo periódico también daría espacio a las críticas disidentes de Leonardo Boff contra el Papa.

 

Era esa misma ministra (del partido liberal FDP) la que el 8 de marzo lanzó graves e irresponsables acusaciones al afirmar un presunto “muro de silencio” de la Iglesia en estas situaciones. A esta invectiva respondió el obispo de Ratisbona, mons. Gerhard Ludwin Müller, diciendo: “La afirmación de la ministra es falsa y difamatoria. […] pido al ministerio presentar la prueba de la acusación según la cual la Iglesia obstaculizaría las indagaciones. Si no puede presentarla, le pido no instrumentalizar la autoridad para acosos de este tipo”.

 

El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, mons. Robert Zollitsch, la instó a que se retractara. El cardenal Karl Lehmann fue más allá al publicar un artículo en el Allgemeine Zeitung donde recordaba: “Fuimos el primer grupo social en redactar una “guía” para el trato con víctimas y autores (2002) y lo revisamos, después de las primeras experiencias, con expertos y en dos ocasiones (2005 y 2008). Es totalmente absurdo decir que la Iglesia católica no tiene una voluntad convincente para esclarecer estos hechos”. El comentario de Sabine Leutheusser-Schnarrenberger también fue rechazado por personalidades de la política alemana como Stephan Mayer y Günter Kring. La ministra ya no respondió.

 

Otro político, aunque éste español, lanzaba unas irrespetuosas y denigrantes declaraciones a mediados de abril de 2010 al acusar al Vaticano –y además sin pruebas– de dar “licencia para violar”. Se trata de Álvaro Cuesta, diputado del partido socialista por Asturias y secretario de “libertades públicas” del Partido Socialista Obrero Español. La secretaria de política internacional del mismo partido, Elena Salgado, también ha unido su voz a las voces críticas contra la Iglesia.

 

Justamente el domingo de ramos de 2010, The Washington Post se unía al coro de medios hostiles contra la Iglesia católica con la publicación de un agrio artículo de la cantante Sinead O´Connor donde esta mujer se extrapola y afirma que la Iglesia es una organización abusadora.

 

A inicios de abril de 2010, el abogado de nacionalidad australiano-británico, Geoffrey Robertson, publicaba un artículo (cf. Sentar al Papa en el banquillo) en el periódico The Guardian. Este señor es miembro del equipo de cinco juristas de Naciones Unidas. Con su artículo promovía procesar a Benedicto XVI por los casos de pederastia, sobre todo considerando que en septiembre de 2010 visitaría el Reino Unido. Aún siendo abogado, Robertson olvidaba, además de la inmunidad diplomática que posee un jefe de Estado, que los delitos no los había cometido aquel al que desea procesar.

 

Los ateos, con Richard Dawkins y Christopher Hitchens a la cabeza, han secundado la iniciativa de Robertson.

 

Hans Küng, al que algunos regalan todavía el título de “teólogo”, publicó el 15 de abril de 2010 una carta abierta a todos los obispos católicos del mundo. En esa misiva, el octogenario “sacerdote” critica el pontificado de Benedicto XVI (sobre todo por el levantamiento de la excomunión a los lefebvristas, la disciplina sobre el celibato, etc.) para luego invitar a los obispos a una subversión contra el Papa, al que sin más pruebas que sus palabras acusa de ocultamientos.

 

Semanas antes, precisamente un obispo decía sobre Küng: “Las inusitadas y claramente forzadas acusaciones del teólogo Hans Küng contra la persona de Joseph Ratzinger, teólogo, obispo, Prefecto de la Congregación de la Fe y ahora Pontífice, por haber causado, según él, la pedofilia de algunos eclesiásticos mediante su teología y su magisterio sobre el celibato nos amargan profundamente”.

 

Desde el mundo anglicano también llegaron los ecos. En una entrevista con la BBC, el primado de la Iglesia anglicana alegó que la Iglesia católica había perdido toda su credibilidad como resultado de los numerosos escándalos sexuales por parte de curas pedófilos en Irlanda (cf. ForumLibertas.com, 07.04.2010). Después pidió disculpas por sus palabras pues de hecho la moral en la confesión anglicana no está muy bien.

 

2. A la defensa del Papa

 

En todo este espectáculo mediático que han construido y promovido diversos medios de comunicación, diferentes voces se han alzado para dejar constancia de la injusticia que está ocurriendo.

 

En una entrevista publicada por el diario italiano La Repubblica, el presidente emérito del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, cardenal Julián Herranz, manifestó su adhesión al Santo Padre, además de afirmar que los escándalos producen en el Papa un sufrimiento “indecible, atroz y profundo”.

 

Cardenales, obispos, Conferencias Episcopales, Movimientos y diversas realidades eclesiales han manifestado también su cercanía al Papa y han lamentado la porrácea campaña mediática contra Su Santidad. Por citar algunos casos, el cardenal arzobispo de París, André Vingt-Trois, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, deploró la campaña de difamación y calumnias para ensuciar al Papa, al final de la asamblea plenaria de los obispos franceses, el 26 de marzo de 2010.

 

Al finalizar la misa del domingo de ramos de 2010 en la catedral de san Patricio, en Nueva York, se dejó sentir un largo aplauso para el Papa, después de las palabras del arzobispo Timothy Dolan: “Lo que hace más profunda ahora la tristeza son las insinuaciones sin tregua contra el propio Santo Padre, ya que algunas fuentes parecen ansiosas por implicar al hombre que, quizá más que ningún otro, ha sido el líder de la purificación, reforma y renovación que la Iglesia tanto necesita”. Fue a monseñor Dolan al que meses atrás The New York Times vetó publicar un artículo que hablaba sobre el anticatolicismo.

 

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos publicó el 30 de marzo una declaración con la que manifestaron su apoyo y adhesión al Papa. Especialmente conmovedoras fueron las sentidas palabras de cercanía y apoyo que el domingo de Resurrección dijera a nombre de la curia su decano, el cardenal Angelo Sodano, al Papa.

 

Días más tarde, en una entrevista a L´Osservatore Romano (cf. 06-07.04.2010), el cardenal Sodano recordaba que el Papa ha pedido perdón por toda esta situación varias veces ya, aun no siendo él el culpable.

 

A. Católicos

 

La plataforma española HazteOir.org, ForumLibertas.com y E-Cristians.net han estado promoviendo campañas masivas de apoyo al Papa en las últimas semanas (para adherirse se puede hacer pinchando aquí).

 

Escritores como George Weigel, Jay Scott, Massimo Introvigne, Andrea Tornielli, José Luis Restán o Juan Manuel de Prada, entre muchos otros, han salido al paso contra las calumnias.

 

B. No sólo los católicos defienden al Papa

 

No han sido sólo los católicos quienes ante la campaña de linchamiento mediático contra el Papa han manifestado su desconformidad.

 

Jon Juaristi, poeta, novelista, columnista y ensayista judío, señaló que “no es necesario ser católico” para darse cuenta de esa campaña anti-Iglesia. Con un artículo publicado en el diario español ABC (04.03.2010), Juaristi ha puesto en claro las cosas: “Sólo el Papa y la Iglesia se han tomado en serio este asunto [el de los abusos, ndr]. Explotando el escándalo, la prensa amarilla sólo busca vender, y la progre, sacar a los católicos del espacio público, o al menos, si la campaña no diera para tanto, dejar la reputación del clero por los suelos”. Y más adelante afirma: “El blanco de los ataques ya no lo constituyen los curas pederastas y los obispos encubridores, sino el Papa, contra el que se ha movilizado la progresía justiciera”.

 

Peggy Noonan, ex asesora durante la presidencia de Ronald Reagan publicaba en The Wall Street Journal un artículo en el que, además de manifestar su apoyo al Papa, recuerda a tres grupos de víctimas sobre todo este tema: “El primero y el más obvio son los niños que fueron abusados”. El segundo es el de “los buenos sacerdotes y religiosas, los grandes líderes de la Iglesia en el día a día, que salvan a los pobres, enseñan a los inmigrantes y, literalmente, salvan vidas. Ellos han sido estigmatizados cuando merecen ser alabados”. Y el tercer grupo está formado “por los heroicos católicos de Estados Unidos y Europa en los bancos de sus parroquias, las fuertes almas que pese a lo que se le hace a su Iglesia están todavía allí, haciendo la vida parroquial posible, sosteniendo su bandera, con su fe inquebrantable”.

 

Ed Koch, primer alcalde judío de Nueva York, expresó su solidaridad a Benedicto XVI con la publicación de una entrada en su blog alojado en The Jerusalem Post. Haciendo una radiografía de la prensa laica afirmaba: “No pretenden informar, sino castigar”, para luego aseverar que los ataques al Papa son mero anticatolicismo debidos a la postura de la Iglesia en temas como el aborto, la oposición a “matrimonios” entre homosexuales o la negativa a los métodos anticonceptivos, el sacerdocio femenino o la disciplina sobre el celibato eclesiástico.

 

El presidente del senado italiano, Renato Schifani, rechazó también la agresiva campaña mediática contra Benedicto XVI: “los ataques al Pontífice en estos días son inaceptables e indignos dado que el Santo Padre ha adoptado recientemente medidas decisivas ante los casos de abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero”. Los presidentes de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini, y de la Corte Constitucional, han condenado también los intentos de desprestigio y calumnias contra el Papa.

 

Dos italianos más, ambos agnósticos, salieron en defensa del Papa. Giulano Ferrara, director del periódico Il Foglio, escribía un artículo donde mostraba los objetivos de la campaña mediática contra el Benedicto XVI y la Iglesia: "Los radicales quieren una Iglesia democratizada y sometida plenamente por las leyes del estado, sin espacio para su 'siniestro' teatro de lo divino y del culto y de la 'represiva y supersticiosa' cura de almas. Los liberales, por lo menos de tono y método, como buscamos ser nosotros en Il Foglio, creen en una Iglesia y un Estado libre, en una Iglesia que tiene derecho a la palabra, la acción, la educación y el autogobierno. Y que sobre todo tiene derecho también al propio punto de vista al distinguir, sagrado principio liberal, entre pecado y delito".

 

Marcello Pera, por su parte, escribía una carta al director de un periódico italiano. La titulaba “Una agresión al Papa y a la democracia” (cf. Análisis y Actualidad, boletín telemático, número especial, 23 de marzo de 2010). En esa epístola manifestaba su disgusto ante la situación mediática de beligerancia contra el Pontífice. En una de las partes más emblemáticas decía: “Hoy como ayer, lo que se quiere es la destrucción de la religión”.

 

Desde España, Gabriel Albiac elogiaba así la carta de Benedicto XVI a los irlandeses: “No es necesario creer en nada, salvo en la inteligencia, para apreciar la elegancia conceptual de Benedicto XVI […] En la asunción de esa culpa colectiva, Benedicto XVI persevera en el rigor teológico de Ratzinger. Admirable. Aún para el que no cree”.

 

En Rusia, el periódico no católico Pravda.ru publicó un editorial a favor del Papa. El escrito firmado por Artur Rosa Teixera comenta que los casos aislados, sobre todo los más complicados, se generalizan para inducir a los lectores a creer que todo el cuerpo es igual.

 

Pero Teixera va todavía más allá al referir qué está detrás de estos ataques sistemáticos: "Esta generalización obviamente tiene connotaciones ideológicas y sigue una agenda política que busca deconstruir la sociedad tradicional y sus instituciones seculares así como imponer un nuevo orden mundial con la manera de los siniestros intereses de la oligarquía internacional, los mismos que manejan los mercados financieros y, a través de ellos, controlan ampliamente la economía mundial".

 

Y hablando sobre las calumnias del The New York Times revela: “Se ve la mala fe y el tinte difamatorio de la campaña que se ha articulado contra la jerarquía del mundo católico. Y eso se entiende. El actual Pontífice, consistente con los principios de la Iglesia Católica, ha desarrollado una resistencia tenaz contra los propósitos divisorios, alentados por organizaciones seculares que buscan imponer una visión sexista y hedonista de la sociedad, reduciendo al hombre a su naturaleza humana, negándole su dimensión espiritual. Estas organizaciones obviamente no han surgido 'espontáneamente' ni viven del aire… han sido creadas y son apoyadas por la cuna de tales fundaciones filantrópicas como la familia Rockefeller […] Los intereses financieros de éstos, están ligados a un amplio rango de sectores económicos que van desde la banca, petróleo, fármacos, industria militar, etc. hasta los medios audiovisuales, que claramente cumplen una agenda dictada por la élite global a la que pertenecen".

 

El periódico Spiked, del Reino Unido, publicaba un artículo de Brendan O´Neill, su editor, titulado The Secular Inquisition (13.04.2010). En él, O´Neill reprueba la campaña atea de algunos británicos que quieren procesar a Benedicto XVI y la calificaba de “profundamente inquietante, autoritaria e inquisitorial”.

 

Por su parte, la agencia Aciprensa (14.04.2010) publicaba las palabras del Secretario de Gobernación de México, Fernando Gómez Mont, quien después de reunirse con los obispos mexicanos, dijo: “La mayoría de los pastores son gente de bien que no deben quedar marcados por las aberraciones de algunos”. Después aplaudió las medidas que está tomando la Iglesia católica para luchar contra la pederastia.

 

En Francia, un grupo de intelectuales lanzó el 31 de marzo un llamamiento a la verdad (se puede visitar el portal que acompaña la iniciativa en www.appelaverite.fr). Tras solidarizarse con las víctimas de abusos, también hace lo propio con el Papa.

 

C. Algunos medios honestos

 

Un artículo publicado por el diario español La Razón (cf. Roma encargó una investigación a Doctrina de la Fe en 2001. Los hechos de Irlanda o de EEUU responden a circunstancias distintas) reconocía la disparidad de trato entre la Iglesia católica y otros sectores de la población en el tema de la pederastia: “La prensa internacional presenta los casos de abusos sexuales en el clero de forma distinta  que en cualquier otro colectivo”.

 

No era el único medio. Il Corriere della Sera (italiano) publicaba el 21 de marzo una editorial firmada por Ernesto Galli della Loggia donde dice: “Cada vez es más frecuente que el discurso público de las sociedades occidentales muestren una perspectiva despectiva, cuando no abiertamente hostil, hacia el cristianismo”.

 

3. Consideraciones finales: lo que no hay que confundir

 

Todo lo que supone un solo abuso ya es suficiente como para reprobar lo más posible, canónica y civilmente, al autor del mismo. Todo los hechos ciertos que se han venido conociendo son y serán siempre una patética aberración.

 

Sin embargo, como ulterior consideración válida para juzgar adecuadamente la información que se recibe, no se puede perder de vista algunos elementos que, si bien no restan gravedad a los acontecimientos, sí los matizan y ofrecen elementos para una mejor crítica y para ponderar adecuadamente el bombardeo mediático.

 

A. La palabra “abusos”

 

El informe irlandés citado casi al comienzo de este análisis comprende cinco volúmenes: 2.575 páginas. Los titulares que salieron después de que se hizo público tendieron a identificar la palabra “abuso” que aparece en el texto como “abuso sexual”, exclusivamente.

 

Quienes hemos tenido la oportunidad de repasar con detenimiento el informe completo pudimos advertir lo que el mismo informe revela: el término abuso se usa en su acepción más amplia, no sólo referido al sexual sino también, y sobre todo, al físico de castigos y violencia, y al psicológico y a las malas condiciones de las escuelas.

 

Algo similar sucedió en el informe que dio el fiscal del Estado alemán, Thomas Pfister, al investigar el caso de la escuela de Ettal. En su balance, Pfister refiere hasta 100 víctimas pero mezcla los casos de abusos sexuales (missbrauch) con los castigos corporales (misshandlung).

 

Ya en un artículo de Elizabeth Lev para Politics Daily (cf. En defensa del clero católico -¿o queremos otro reino del terror?-) la autora ponía el dedo en este tema: “La frase “abuso sexual” se equipara erróneamente con “pedofilia” para avivar aún más la indignación. No consideran la perspectiva política de Edmund Burke, que se pregunta por qué la Iglesia Católica es escogida para ser tratada así”.

 

B. Católico no es igual sólo a sacerdote y la maximización de las cifras

 

Otro error común de la prensa laica es identificar inmediatamente un caso de abuso en una institución católica con la inmediata imputación a la figura del sacerdote.

 

Es algo que ha quedado reflejado, por ejemplo, en la percepción de situaciones como la reportada a inicios de marzo de 2010 por la cadena de televisión alemana ARD. El canal de televisión informaba sobre el caso de abusos en una fundación católica para niños autistas en Düsseldorf. Los acusados, contrariamente a lo que se pensó, no eran religiosos o sacerdotes sino laicos.

 

En el caso del primer informe irlandés, de todos los centros femeninos estudiados hay sólo tres casos de abusos y las autoras fueron laicas que trabajaban en esas instituciones. Para los centros masculinos sólo hay mención de abusos explícitamente sexuales por parte de 23 religiosos. Éstos se concentran, sobre todo, en dos de los doce centros estudiados. En cuatro centros más los abusos no fueron cometidos por sacerdotes sino por otros colegiales de cursos superiores. En los demás fueron laicos.

 

La maximización de las cifras es un tópico recurrente. Sin dejar de recordar que un solo caso es suficiente para justificar enojo y vergüenza, estudiosos como Philip Jenkins, de la Universidad de Pennsilvania, explicaba al diario Le Monde (cf. 08.04.2010) que los abusos conciernen a un reducido número de sacerdotes.

 

La entrevista de Avvenire con monseñor Scicluna también ilumina en este campo. Interrogado sobre la procedencia numérica de los casos de abusos, el oficial de justicia de la CDF responde: “Sobre todo de Estados Unidos que entre 2003-2004 representaban alrededor del 80% de la totalidad de los casos. Hacia  2009 el porcentaje estadounidense disminuyó pasando a ser el 25% de los 223 nuevos casos señalados en todo el mundo. En los últimos años (2007-2009), efectivamente, la media anual de los casos señalados a la Congregación en todo el mundo ha sido de 250 casos. Muchos países señalan sólo uno o dos casos. Aumenta, por lo tanto, la diversidad y el número de los países de procedencia de los casos, pero el fenómeno es muy limitado. Hay que tener en cuenta que son 400.000 en  total los sacerdotes diocesanos y religiosos en el mundo. Esa estadística no se corresponde con la percepción creada cuando casos tan tristes ocupan las primeras planas de los periódicos”.

 

C. El tema del celibato

 

Algunos han querido relacionar el celibato eclesiástico con los casos de pederastia. Incluso se han instrumentalizado y deformado palabras, como las del cardenal Chistoph Schönborn, de Viena, para “hacerle culpar” al celibato de la crisis actual. El mismo Schönborn negaría la tergiversación.

 

¿Y tienen algo que ver celibato y pedofilia? En opinión de Christian Pfeiffer, director del Instituto de Investigación Criminológica de Hannover, nada tiene que ver lo uno con lo otro.

 

En esa línea va lo que afirma también el prestigioso profesor Hans-Ludwig Kröber, director del Instituto de Psiquiatría Forense de la Universidad Libre de Berlín: “Los delincuentes de abusos sexuales con menores son extraordinariamente raros entre las personas celibatarias. En ningún caso puede decirse que el celibato es la causa de la pedofilia”. Kröber es ateo y en su juventud militó en el comunismo. Y añade: “La creencia de que la falta de pareja tarde o temprano desemboca en la pérdida de la orientación sexual original es científicamente una tontería”.

 

Como recogía Ricardo Estarriol en un artículo publicado en Aceprensa (cf. 23.03.2010): “En un detallado estudio estadístico, Kröber demuestra que la probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual en Alemania es de 1 contra 40”.

 

La causa de la pedofilia no es el celibato”, lo decía también el profesor Tonino Cantelmi, presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos, en una entrevista concedida a la agencia Zenit de noticias (cf. 16.04.2010).

 

Más recientemente, en su visita a Chile, el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, hizo unas declaraciones sobre la relación que de hecho sí existe entre pedofilia y homosexualidad. Un periodista preguntó al cardenal si en el caso de los sacerdotes abusadores había una relación entre celibato y pedofilia. Al respecto, el cardenal Bertone respondió: "Han demostrado muchos sicólogos, muchos siquiatras, que no hay relación entre celibato y pedofilia, pero muchos otros han demostrado, y me han dicho recientemente, que hay relación entre homosexualidad y pedofilia". Su respuesta estaba basada en los estudios realizados sobre el grupo humano sobre el que se le cuestionó.

 

La respuesta del secretario de Estado fue descontextualizada y usada después para un nuevo linchamiento mediático en su contra que, en definitiva, estaba dirigido contra la Iglesia. La incidencia de estas descontextualizaciones es grave pues hace decir a las personas lo que no dijeron.

 

Ciertamente esta manera de reportar informaciones no exime a las personas de cotejar las fuentes originales. Es lamentable que sin consultar la respuesta completa, no sus interpretaciones, incluso el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia haya atacado a Bertone y que en el Parlamento español se haya promovido una moción contra la Santa Sede.

 

Quienes lo critican confunden una rueda de prensa con un tratado de medicina, y buscan prohibir la cita de aquellos datos estadísticos que consideran como políticamente incorrectos. Es una forma de censura inaceptable, en ocasiones disfrazada de científica”, respondía el profesor Introvigne en una entrevista concedida a la agencia Zenit (14.04.2010).

 

D. No se ha pedido silencio a las víctimas y a los obispos

 

En una nota publicada por Aciprensa (cf. 26.03.2010), el cardenal arzobispo de Sydney, George Pell, señalaba que algunos medios suelen referir que las normas de la Iglesia les pedían secreto, tanto a los obispos como a las víctimas, y no comunicar nada a la policía bajo pena de excomunión. Además de negarlo, el cardenal decía que, en su experiencia pastoral de encuentro con víctimas de abusos sexuales, éstas prefieren frecuentemente la privacidad.

 

Diferentes medios, entre los que destacan The New York Times, la BBC de Londres y TIME, han afirmado en diferentes momentos que el documento Crimen Sollicitationis (El crimen de solicitación) imponía silencio a las víctimas. El texto, disponible en la página web del Vaticano (en el siguiente enlace se puede consultar una traducción privada en lengua inglesa) evidencia que no es así. Originalmente redactado en latín, los medios apenas citados no explican qué traductor fue quien les reveló el contenido. También se afirma que el documento De delicta graviora (Sobre crímenes más serios) hacía lo mismo.

 

Cabe decir, en referencia a las víctimas de estos hechos de abusos sexuales, que las más de las veces éstas no buscan indemnizaciones económicas ni aparecer en los medios. Como decía el padre Federico Lombardi a la agencia ANSA: “Muchas víctimas no buscan compensaciones económicas sino ayuda interior, un juicio en su dolorosa situación personal”. De ahí precisamente el interés, especialmente del Papa, por encontrarse con algunas de ellas en sus viajes apostólicos (lejos de cámaras y de todo espectáculo público, como ya ha sucedido en Estados Unidos, Australia, Roma y, más recientemente, en Malta).

 

E. Disparidad de trato

 

La cobertura que se ha dado a la reciente situación de la Iglesia en el rubro que estudia este análisis, ha sido claramente dispar respecto a otras instituciones o grupos humanos.

 

Un ejemplo claro de este inciso es la tratativa dispensada recientemente al internado de élite alemán Odenwald, de gestión completamente laica (de hecho vinculado a la UNESCO) y en el cual también se dieron casos de abusos sexuales a 23 chicos y una chica, entre los años sesenta y noventa. Fundada en 1910 por un matrimonio de pedagogos judíos (Paul y Edith Geheb), Odenwald ha contado entre sus alumnos a personalidades del mundo de la política como Daniel Cohn Bendit, actual líder de los verdes en el Parlamento Europeo, y a personajes del mundo de la cultura como la directora de cine Sandra Nettelbeck y los escritores Jakob Arjouni y Amelie Fried.

 

Pero esta disparidad no sólo contrasta en ese aspecto. El artículo de Elizabeth Lev en la web de Politics Daily dice también: “Los salaces informes sobre los abusos del clero (como si estuvieran limitados sólo al clero católico) han sido colocados por encima de las masacres de cristianos en India e Irak”.

 

No sólo es eso. El 13 de abril, el periódico La Repubblica colocaba en primera plana un titular sobre la crítica de los homosexuales a unas declaraciones del cardenal Tarcisio Bertone en Chile. Casualmente, tanto éste como tantos otros diarios, apenas si daban cobertura a las pintadas obscenas y calumniosas en la casa natal del Papa en Alemania.

 

Resulta cuando menos curioso que los mismos medios que reflejan en sus portadas y en sus páginas las historias de eclesiásticos que han fallado a Dios, a la Iglesia y a las almas, no concedan el más mínimo espacio a los miles de testimonios de sacerdotes que viven fielmente su vocación.

 

F. Pedofilia y Efebofilia. ¿Números inflados?

 

La exageración mediática convertida en pánico moral no ha tenido a bien distinguir entre la pedofilia propiamente dicha y la efebofilia, ni tampoco a reflejar las cifras reales que afectan a la Iglesia.

 

En una ya célebre entrevista del diario Avvenire a Mons. Charles Scicluna, promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el oficial al que llegan y que gestiona los casos de abusos perpetrados por sacerdotes católicos), el prelado ponía de manifiesto la realidad.

 

Preguntado por el número de casos tratados, Scicluna respondía: “En los últimos nueve años (2001-2010) hemos analizado las acusaciones relativas a unos 3.000 casos de sacerdotes diocesanos y religiosos concernientes a delitos cometidos en los últimos cincuenta años”. A la respuesta sigue la pregunta del periodista Gianni Cardinali: “¿Tres mil casos de sacerdotes pedófilos?”, a lo que monseñor Charles contesta: “No es correcto definirlo así. Podemos decir que “grosso modo” en el 60%  de esos casos se trata más que nada de actos de “efebofilia”, o sea debidos a la atracción sexual por adolescentes del mismo sexo, en el otro 30% de relaciones heterosexuales y en el 10% de actos de pedofilia verdadera y propia, esto es, determinados por la atracción sexual hacia niños impúberes. Los casos de sacerdotes acusados de pedofilia verdadera y propia son, entonces, unos trescientos en nueve años. Son siempre demasiados, es indudable, pero hay que reconocer que el fenómeno no está tan difundido como se pretende”.

 

G. Últimos detalles

 

Las declaraciones del profesor Jenkins, autor de Pedophiles and Priest. Anatomy of a Contemporany Crisis (Oxford University Press, 2001), al diario Le Monde recuerdan también el contexto general en el que se deben enmarcar la tratativa eclesial sobre los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos según la época: “La respuesta de la Iglesia a los abusos sexuales cometidos en su seno se inscribe en buena parte en el contexto legislativo, político y moral de la época, y evoluciona en función de él entre 1950 y la actualidad. En los años 60 y 70, la Iglesia ha creído poder tratar el problema transfiriendo a los sacerdotes acusados e incitándoles a someterse a tratamiento. En cambio, desde comienzos de los años 90 se desarrollan los procedimientos a gran escala para prevenir la pedofilia y responder de manera eficaz a las denuncias. Desde 2002, la Iglesia católica americana ha adoptado una actitud de ‘tolerancia cero’ que prevé la suspensión inmediata de todo sacerdote sospechoso de abusos”.

 

Por otra parte, se está olvidando que el problema de la pedofilia tiene un contexto que no es exclusivamente el eclesial. En la carta del Papa a los católicos de Irlanda (léase completa en el siguiente enlace), Benedicto XVI hacía una interesante contextualización del problema de la pedofilia. Escribe:

 

“En las últimas décadas […] la Iglesia […] ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos  para la fe  debidos  a  la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz  y  a menudo  ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo, las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los  retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.

 

También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por  buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general  debemos tratar de entender el inquietante problema  de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.

 

Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación  humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar  escándalos cuyo resultado fue la falta de  aplicación de las  penas canónicas en vigor y  de  la salvaguardia de la dignidad  de cada persona. Es necesaria una acción urgente  para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución”.

 

H. La diarrea de titulares y el ocaso del periodismo

 

La carrera por hacer titulares ha llevado a algunos medios a mentir, falsear y calumniar. Ya que hemos mencionado el caso del colegio Odenwald, de Alemania, que nada tiene de relación con la Iglesia católica, fue significativo el yerro monumental que en su website tuvo el periódico alemán Frankfurter Rundchau al titular una entrada: “El Papa debe tomar postura sobre Odenwald”. Momentos más tarde tendría que cambiar sigilosamente el título.

 

Ramón Pérez-Maura recordaba desde una columna en el ABC de España que “Periodismo implica cotejar. Incluso –y yo diría sobre todo– cuando la fuente de una información es la agencia AP o The New York Times” (cf. 14.04.2010).

 

El abuso mediático del tema de los abusos plantea la seria consideración del tipo de periodismo que se hace actualmente en buena parte de los medios de comunicación de mayor trascendencia. Las informaciones parecen haber abdicado de la necesidad de investigaciones serias, fuentes contrastadas y contenidos veraces. Crear morbo, vender y calumniar parece ser la pauta a seguir. No sé si muchos de los medios referidos en este análisis sean verdaderamente anticristianos, pero sí sé que no han hecho periodismo.

 

El abuso de los abusos convertido en persecución contra Benedicto XVI, precisamente en el año sacerdotal, pareciera responder, al menos como hipótesis, a un “miedo” a que este evento eclesial suscite nuevas y santas vocaciones, fortalezca a los millares de sacerdotes (y religiosas) santos, y anime a los cristianos a vivir como tales. Tal vez también habría que mirar ahí cuando se trata de encontrar causas muy de fondo a la campaña mediática contra el rottweiler de Dios que, pese a la difamación, suma cinco años como guía de una Iglesia que supera ya los dos mil años de historia.

 

Un diagnóstico de la prensa, al menos de la aquí citada, apunta a su triste y vergonzoso ocaso.

 

Fuente: Análisis y Actualidad - http://actualidadyanalisis.blogspot.com

 

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El problema del pecado en la Iglesia

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

La existencia del pecado en la Iglesia no contradice la doctrina católica sino que la confirma. Los cristianos creemos que Jesús murió en la cruz "por nuestra causa", "por nuestros pecados" (*); también creemos que la Iglesia es a la vez santa y necesitada de purificación. Para comprender esto, es necesario realizar las siguientes distinciones:

 

·        Sólo Dios uno y trino es absolutamente santo. El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, santifica a los cristianos. Sin embargo, sólo Dios es santo en un sentido primero y original. Los cristianos son santos en un sentido segundo y derivado.

·        La Iglesia celestial ya no está necesitada de purificación. En el Cielo los cristianos participan de la gloria y de la santidad del mismo Dios. Conocen y aman como Dios conoce y ama.

·        En la Iglesia terrestre hay "santos" (cristianos en estado de gracia) y "pecadores" (cristianos en estado de pecado mortal). En este sentido de la palabra "pecador" -que es su sentido más propio- sólo algunos cristianos son pecadores. Distinguir con certeza plena quiénes son en la Iglesia los santos y quiénes los pecadores supera la capacidad del hombre. Esto es una prerrogativa del juicio de Dios.

·        En la vida de cada cristiano hay gracia y pecado, actos buenos y malos. Debemos reconocer con humildad nuestras culpas, arrepentirnos sinceramente de ellas y confiar en la misericordia de Dios, que hace sobreabundar la gracia allí donde abundó el pecado.

 

De hecho los hijos de la Iglesia han pecado a lo largo de la historia. No se debe minimizar estas culpas, pero sólo Dios puede juzgarlas absolutamente. La Iglesia católica reconoce las culpas de sus hijos y pide perdón a Dios y a los hombres por ellas. Al parecer, muchas de las otras iglesias, religiones, naciones, ideologías, etc. no han hecho otro tanto, aunque también deberían hacerlo.

 

Sin embargo, en honor a la verdad histórica, se debe rechazar las "leyendas negras" anticatólicas. Éstas pueden ser clasificadas en dos grandes grupos:

 

·        Exageraciones a partir de abusos reales: muchos críticos anti-católicos exageran enormemente los abusos cometidos en la Inquisición, las Cruzadas, la conquista de América por parte de España, etc. También suelen hacer generalizaciones indebidas a partir de errores puntuales, como el del caso Galileo.

·        Falsedades: el supuesto antisemitismo del Papa Pío XII, la presunta responsabilidad de la moral sexual católica en la propagación del hambre y el SIDA, la presunta responsabilidad de la Iglesia en los abusos contra los derechos humanos de las dictaduras militares latinoamericanas de los años setenta, la supuesta alianza histórica de la Iglesia con los poderosos en la lucha de clases, etc.

 

Por otra parte, no se debe sobrevalorar los pecados cometidos por miembros individuales de la Iglesia (por ejemplo, los casos de clérigos culpables de violaciones). Juzgar a la Iglesia por los actos malos cometidos por algunos de sus miembros es una generalización indebida.

 

Los pecados de los hijos de la Iglesia no proceden de la fe cristiana sino de su negación práctica. Son contrarios al Evangelio, a la verdad revelada por Dios en Cristo. Hay quienes van a Misa todos los domingos y son malos católicos. Pero es crucial comprender que no son malos católicos porque van a Misa, sino a pesar de que van a Misa. No ocurre otro tanto con las ideologías (liberalismo individualista, colectivismo marxista, etc.). Los crímenes de estas ideologías no son meros accidentes históricos, sino que dimanan de su misma esencia. Provienen necesariamente de ellas del mismo modo que una conclusión se deriva de unas determinadas premisas.

 

En la historia de la Iglesia Católica abunda el pecado, pero sobreabunda la gracia. La Iglesia ha permanecido fiel a Jesucristo y ha dado en todo tiempo un testimonio creíble de Él. Por la gracia de Dios, la Iglesia ha sido en todas las épocas -incluso las más turbulentas- la Esposa inmaculada del Cordero. Es nuestra tarea y nuestra responsabilidad histórica hacer que en su rostro resplandezca cada vez más claramente la belleza de Cristo resucitado, Luz de las gentes.

 

Fuente: Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica, Centro Cultural Católico “Fe y Razón”, Montevideo 2009, 3ª edición, Capítulo 19.

 

*) Nota del autor: Obviamente este “nosotros” no se limita a los cristianos, sino que los incluye, abarcando a toda la humanidad.

 

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La fe reafirmada

Carta a Brecha en respuesta a un artículo de Daniel Vidart

 

Daniel Iglesias Grèzes – Néstor Martínez

 

Estimado Sr. Director:

 

El nº 1271 de Brecha incluye un artículo de Daniel Vidart titulado “Fe, creencia, credulidad”, cuyo objetivo principal es demostrar el carácter irracional de la fe católica. Vidart dice que lo inspiró un artículo de crítica literaria de “El País” donde se hacía una distinción entre “fanáticos ciegos” y “creyentes cultos y razonables”. Su propio artículo pretende probar que esa disyuntiva no existe, porque la fe cristiana es necesariamente ciega e irracional. Según Vidart, el “creyente razonable”, en la misma medida en que es razonable, deja de creer.

 

En realidad, la distinción indicada es imperfecta, porque lo contrario a una fe razonable es una fe irracional, no el fanatismo religioso, que es algo muy distinto: el celo desmedido en la defensa de la propia fe, llegando incluso (a veces) al intento de imponer a otros la propia fe por medios violentos. Se puede sostener una fe en sí razonable fanáticamente o sin ningún fanatismo; y también se puede sostener una fe irracional con o sin fanatismo.

 

El núcleo del artículo de Vidart está dedicado a un análisis del acto de fe y del contenido de la fe católica. En su análisis del acto de fe, Vidart comete un error inesperado en un intelectual de su categoría. Dado que él se proponía demostrar la irracionalidad de la fe católica, debería haber criticado la noción católica de la fe. No le habría costado mucho consultar, por ejemplo, el Catecismo de la Iglesia Católica. Según la doctrina católica, la fe es un acto de la inteligencia, no de la voluntad (como sostiene Vidart), aunque ésta también interviene en el acto de fe, que es un acto libre. La inteligencia del creyente, por motivos racionales, se adhiere libremente a la verdad revelada por Dios, el Ser perfectísimo, que no puede ni engañarse ni engañarnos.

 

Vidart ignora olímpicamente la doctrina católica sobre la fe y se esfuerza por definir la fe recurriendo a varios diccionarios donde la concepción católica de la fe está mal representada. Por ejemplo, Vidart cita un diccionario soviético que define la fe como la “aceptación gratuita de la veracidad de tal o cual fenómeno” y añade que “la fe ciega en lo sobrenatural… constituye una parte componente de toda religión… La fe religiosa se halla contrapuesta al saber”. No es ése el tono de una enciclopedia que aspire a cierta objetividad. El solo hecho de acudir en este tema a un diccionario partidista como el de Iudin y Rosental, un catecismo marxista ordenado alfabéticamente, resulta sorprendente.

 

Vidart no analiza la noción de “fe en general”, de la cual la fe cristiana es un caso particular. La fe en general no consiste en aceptar algo porque alguien lo manda ni (peor aún) porque sí, sin motivo alguno, sino en dar por verdadero algo porque se tiene buenas razones para pensar que quien lo atestigua es digno de fe. La fe así entendida origina más del 90% de los conocimientos de cualquier persona culta. La fe cristiana corresponde al caso en que quien testifica es Dios mismo, haciéndose presente en la historia humana y manifestando su presencia por medio de signos sobrenaturales, que sólo pueden venir de Él. Las cuestiones que vale la pena discutir aquí son básicamente dos: si Dios existe y si de hecho hubo o no una Revelación de Dios en la historia.

 

Pues bien, esas cuestiones fundamentales son despachadas por Vidart sin ofrecer nada parecido a una prueba: por una parte, él descalifica globalmente las pruebas filosóficas clásicas de la existencia de Dios diciendo que no lo convencen y decretando que son “escolásticas demostraciones de un hábil equilibrista”; por otra parte, él ni siquiera se molesta en argumentar contra la posibilidad o el hecho de la Divina Revelación, contentándose con repetir una y otra vez su tesis sobre la irracionalidad de los dogmas, los credos y las creencias religiosas. En conjunto, el artículo de Vidart reposa sobre una gran petición de principio: da por cierto lo que se proponía probar, y no parece ofrecer mucho más que una profesión de fe en el antiguo credo materialista.

 

Vidart esgrime contra la fe cristiana el conocidísimo “problema del mal”, pero sin demostrar que, si el mal existe, Dios no puede existir. Además, él no considera ni por un instante las respuestas cristianas a ese problema. Haciendo gala de un talante dogmático, pretende quitar la esperanza a los que sufren (lo cual es la peor de las injusticias), llamando a los creyentes “ilusas criaturas, que… vanamente esperan clemencia en este mundo y salvación en el otro”.

 

Luego Vidart procede a una caprichosa descripción de un posible candidato al rótulo de “cristiano razonable”. Éste -según Vidart- “laiciza los rituales o concurre muy de tarde en tarde a misa”; y su fe debería ser “una fe a medias, una fe soft, posmoderna, complaciente, distanciada de la devoción…, no del todo convencida de la omnisciencia y omnipresencia de un dios…, desdeñosa de… lo milagroso, ajena a los inefables misterios del cristianismo”. Es decir, no sería fe cristiana en absoluto.

 

Vidart enfrenta a su hipotético “cristiano razonable” (que, en verdad, ni siquiera es cristiano) con el Credo de los Apóstoles, conservado al menos desde el siglo II por la Iglesia de Roma. Vidart afirma “que existen flagrantes manipulaciones infligidas al Symboli Apostolici”, pero indica sólo un ejemplo muy poco convincente: la traducción de pantókrator por omnipotens, una buena traducción. Vidart reproduce íntegramente el Credo de los Apóstoles y luego conmina a su ““culto” creyente” a que “responda lealmente sí o no a lo escrito en este Credo”. Se podría haber ahorrado este trabajo. ¿No sabe Vidart que la Iglesia Católica ya ha hecho esta misma pregunta a cada uno de sus fieles? El Credo de los Apóstoles es un símbolo bautismal, y cada cristiano ha dicho “sí” a ese Credo en el día de su bautismo y ha reiterado ese “sí” al menos anualmente, en cada vigilia pascual. Vidart rechaza el Credo Apostólico simplemente diciendo que “excede largamente todo lo dicho en las más fantásticas mitologías”.

 

Vidart prosigue su argumento así: “Si el interrogado contesta que no,… no es cristiano…  Si dice que sí, que asuma en consecuencia, y a fondo, lo establecido e impuesto por la santa madre” [Iglesia]. Vidart ya ha dicho antes que, si el cristiano cree de verdad en su fe, no es razonable. Aquí agrega que si no cree, no es cristiano. Por lo tanto, habría que elegir entre cristianismo y racionalidad.

 

Vidart redondea su sofisma citando a Sam Harris: “Los hombres que cometieron las atrocidades del 11 de septiembre no eran “cobardes”…, ni… lunáticos… Eran hombres de fe –y de una fe perfecta”. O sea que el verdadero creyente no sólo no es una persona razonable, sino que es un fanático, alguien muy peligroso para la sociedad. De aquí a la persecución de los creyentes no hay mucha distancia.

 

Hacia el final de su artículo, Vidart calumnia a la Iglesia Católica, al escribir que “los curas pedófilos [han sido] solícitamente puestos hasta hoy por la santa madre al margen de todo castigo divino o humano”. La verdad es que la Iglesia Católica (comenzando por el Papa) ha hecho y sigue haciendo grandes esfuerzos para combatir la lacra de la pequeña minoría pedófila dentro del clero católico, llegando muchas veces a expulsar del estado clerical a los culpables.

 

Por lo demás, el artículo de Vidart está lleno de contradicciones, confusiones, anacronismos, postulados arbitrarios y gruesos errores:

·        Primero trata de identificar a Cristo con los mitos solares de Oriente y a la Santísima Trinidad con tríos de deidades de la India y de Egipto; después admite que la fe cristiana es incomparable con cualquier mitología.

·        Primero se queja de que la Iglesia Católica haya descartado los evangelios apócrifos y después se burla de la fe católica por algo que encuentra en un evangelio apócrifo.

·        Primero dice que toda verdad (científica o no) requiere una demostración y a renglón seguido se adhiere al falibilismo de Popper, que niega que la ciencia pueda demostrar la verdad de proposición alguna.

·        Confunde el dogma trinitario con la herejía triteísta, el culto católico de los santos con el politeísmo, la fe cristiana en la creación con un anti-evolucionismo fundamentalista, etc.

·        Replantea viejos problemas (la “cuestión sinóptica” y la “cuestión joánica”, enmarcadas en la más amplia “cuestión bíblica”) discutidos por los exegetas durante siglos y resueltos definitivamente en el ámbito católico hace ya más de 60 años; y, una vez más, lo hace sin considerar las respuestas católicas a esas cuestiones.

·        Atribuye a San Pablo la anónima Carta a los Hebreos, lo que hoy no admite casi ningún exegeta.

·        Afirma sin prueba alguna que San Pablo fue “el inventor de Cristo”.

·        Sugiere, también sin prueba, que los evangelistas tuvieron como base solamente “relatos de segunda o tercera mano”.

·        Atribuye fantasiosamente al primer Concilio de Nicea un amplio conjunto de supuestas decisiones que no tienen ninguna verosimilitud histórica.

 

En suma, lamentablemente este artículo se caracteriza por su escaso valor intelectual y por un talante que hace pensar precisamente en ese fanatismo que desvela tanto al autor. La gran agresividad desplegada por el autor contra el catolicismo nos recuerda la tesis del académico no católico Philip Jenkins, quien sostiene con abundantes pruebas que el anticatolicismo es “el último prejuicio aceptable” en nuestra cultura occidental moderna.

 

Montevideo, 17 de abril de 2010.

 

Nota: Una versión más larga de esta respuesta está disponible en:

http://revistafeyrazon.blogspot.com/2010/04/la-fe-reafirmada-daniel-iglesias-nestor.html

 

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La Iglesia Católica y su defensa del derecho a la vida

Carta a Búsqueda en respuesta a un artículo de Tomás Linn

 

Néstor Martínez

 

Estimado Sr. Director de “Búsqueda”:

 

En la edición del jueves 15 de abril de “Búsqueda” se publicó una nota de Tomás Linn acerca del escándalo de los casos de pedofilia en sacerdotes católicos. Como miembro de la comunidad católica me interesa hacer unas puntualizaciones sobre este tema tan doloroso.

 

Sin duda el abuso sexual de un niño por parte de un sacerdote es algo horrendo y aberrante. Si el fenómeno, como parece ser, se extiende a muchos casos (no sabemos si “cientos” como dice Linn, pero sí una cantidad suficiente como para que no sea un caso aislado de dos o tres sacerdotes), señala claramente la existencia de un problema dentro de la Iglesia y de una falla, como dice también Linn, en el sistema de selección, formación y control de los sacerdotes. Lo más grave es cuando a esto se agrega la falta de diligencia de algunas autoridades eclesiásticas, más que nada locales, en poner remedio a estas situaciones o incluso el posible encubrimiento por parte de algunas de ellas.

 

Pero es necesario aclarar algunos puntos que en el escrito de Linn no parecen bien resaltados. La Iglesia condena moralmente la pedofilia. También la heterosexual, por si alguien no entiende bien el comentario que hace Linn sobre el caso del ex-Obispo Lugo.

 

Más allá de lo que Lugo pueda pensar al respecto y de la aplicación que tenga en su caso el término “pedofilia”, para la Iglesia la pedofilia heterosexual no es “una amena travesura machista”, como dice Linn, sino un pecado abominable. Por otra parte, Lugo pertenece justamente a esa corriente dentro de la Iglesia que aboga por una actitud más “liberal”, “amplia”, “comprensiva” de la Iglesia en materia sexual y que, como veremos, es también parte del problema.

 

Además, la Iglesia castiga jurídicamente la pedofilia sacerdotal, pudiendo llegar hasta la expulsión del estado clerical.

 

Los fallos de los integrantes de las instituciones, aún de autoridades de esas instituciones, no desacreditan necesariamente a las instituciones mismas. ¿Dónde está la institución, formada por seres humanos y no por ángeles, en la cual no ocurran cosas análogas? ¿Y por eso estas instituciones pierden su autoridad moral, su doctrina o sus principios dejan de tener vigencia, etc.? Si así fuese, nos quedaríamos sin instituciones en el mundo. Sin familias, sin partidos políticos, sin sindicatos, sin ejércitos, sin parlamentos, sin prensa, sin universidades, sin instituciones de salud, sin empresas, sin comercio, sin bancos, sin instituciones deportivas, etc., etc.

 

Menos aún desacreditan o refutan tales fallos a las doctrinas y los principios de esas instituciones. Sobre todo cuando esas doctrinas y principios son precisamente los que condenan como inmorales a esas conductas. Al condenar la pedofilia estamos coincidiendo con la condena que la Iglesia hace de la misma.

 

Si la doctrina moral de la Iglesia en materia de sexualidad ha quedado “descalificada” por este escándalo ¿entonces de ahora en adelante es ético el adulterio, el incesto, la prostitución, la misma pedofilia?

 

No es cierto que la Iglesia no haya tomado y siga tomando medidas concretas para afrontar los casos de pedofilia en los sacerdotes y para ayudar en lo posible a las víctimas. El mismo Benedicto XVI ha tenido reuniones con víctimas de abusos y ha apoyado y promovido las iniciativas en diversos lugares en orden a atender a esas personas.

 

Tampoco es verdad que la pedofilia sea más frecuente entre los sacerdotes católicos. Al contrario, los estudios al respecto muestran una gran cantidad de casos de pedofilia por parte de hombres y mujeres casados. También apuntan a mayor cantidad de casos en otros cuerpos religiosos, que carecen de celibato sacerdotal. Lo cual derriba el mito de que el celibato sacerdotal es causa de la pedofilia. Es un ínfimo porcentaje del sacerdocio católico mundial el que se ha visto implicado en estos casos.

 

Por otra parte, la actitud de sociedades como la norteamericana ante la pedofilia no es clara. Hace décadas que existe en EE.UU. una organización llamada NAMBLA que es la “ONG” de los pedófilos. Actúa en forma totalmente legal, tiene conferencias y manifestaciones, publica revistas, sale en la prensa, etc. A diferencia de la Iglesia, que condena la pedofilia y lamenta la conducta de aquellos hijos suyos que caen en esa horrenda falta, y hasta pide perdón por ello, NAMBLA reivindica la pedofilia como un derecho y promueve la eliminación del límite de la edad legal del consentimiento para las relaciones sexuales.

 

Sin embargo, no hemos visto ninguna campaña mediática contra NAMBLA, no ha habido que sepamos vestiduras que se hayan rasgado por ese motivo; en realidad, seguramente el 99 % de los eventuales lectores de esta carta no sabían de su existencia. Tampoco somos informados, o casi, de otros casos de pedofilia que no sean los de los sacerdotes católicos.

 

Por ejemplo, un periodista norteamericano ha comentado que durante la primera mitad de 2002, los 61 periódicos más importantes de California publicaron 2.000 historias de abuso sexual en instituciones católicas, mayormente relacionados con acusaciones pasadas. Durante el mismo periodo, esos periódicos publicaron 4 historias acerca del descubrimiento del gobierno federal de un escándalo de abuso sexual mucho más largo -y continuo- en escuelas públicas.

 

En efecto, por Internet sabemos de informes según los cuales en las escuelas públicas de EE.UU. un 5% de los profesores es responsable de abusar sexualmente de un 15% de los alumnos. Recordemos que el celibato no es requisito para ser profesor de la enseñanza pública en EE.UU…

 

¿Es de extrañar entonces que se afirme la existencia de un brote de odio anticatólico que lleva a atacar selectivamente a la Iglesia olvidando, silenciando y capaz que hasta aprobando otros casos igualmente condenables? ¿No es razonable pensar que lo que se busca es acallar a la Iglesia en una coyuntura particular de la historia en la que su prédica se opone frontalmente a un cierto proyecto de reorganización de la sociedad mundial que desconoce brutalmente la dignidad y los derechos de la persona humana, empezando por el más elemental de todos, el derecho a la vida desde la concepción?

 

De hecho, en el mismo artículo de Linn la conclusión es que la enseñanza moral de la Iglesia ha quedado desacreditada y no merece ser oída, incluso en lo referente al aborto. Pero sobre esto volveremos más adelante.

 

Linn hace una defensa de la homosexualidad y se escandaliza de lo que él llama “estigmatización” de la homosexualidad por parte de la Iglesia. La Iglesia enseña que los actos homosexuales son intrínsecamente malos y no son lícitos moralmente. Si por “homosexualidad” se entiende la tendencia homosexual, la Iglesia enseña que, siendo sí un desorden de la personalidad, no es un pecado mientras no reciba el consentimiento de la voluntad y mientras no se realicen los actos a que esas tendencias impulsan.

 

Pero además, hay estudios que afirman un claro vínculo entre homosexualidad y pedofilia. De hecho, y como lo reconoce el mismo Linn, la mayoría de los casos denunciados son casos de homosexualidad, pues son casos de sacerdotes que tienen relaciones con menores de sexo masculino.

Sin embargo ¿qué clamores no se levantaron cuando el Papa emitió un documento en el que se negaba la posibilidad de acceder al sacerdocio a las personas de tendencia homosexual que no manifestaban claramente la renuncia a las conductas homosexuales?

 

No deja de ser contradictoria la actitud de los que desde los años sesenta vienen pidiendo a la Iglesia que predique una moral sexual más liberal y tolerante, y ahora se escandalizan por la más mínima falta de rigor o severidad con los casos de pedofilia sacerdotal. De hecho, importantes estudiosos católicos norteamericanos han señalado la relación que hay entre el relajamiento doctrinal y disciplinar que aqueja a una parte de la Iglesia en EE.UU., y especialmente a algunos seminarios, desde el post-Concilio y el fenómeno de la pedofilia de algunos sacerdotes.

 

Sin duda, entonces, que, como dice Linn, ha habido fallos graves en la selección y formación de los candidatos al sacerdocio y en el ejercicio de la autoridad episcopal en casos concretos. Pero han estado muy probablemente inspirados en el mismo conjunto de ideas y actitudes que Linn promueve al valorar positivamente la homosexualidad, al criticar el celibato sacerdotal y al tratar de amordazar la enseñanza moral de la Iglesia en materia sexual.

 

Hasta aquí hemos rebatido afirmaciones y argumentos. Lo que viene ahora es más grave. Linn plantea la duda de si no será que la Iglesia defiende el derecho a la vida desde la concepción y se opone a la legalización del aborto para que en el futuro haya suficientes niños pequeños de los que puedan abusar sexualmente sus sacerdotes. Sí, leyó bien. Dice textualmente:

 

“La Iglesia incluso perdió autoridad para sentenciar a quienes defienden el aborto. Hoy cualquiera podría aducir que la firme defensa de la vida antes de nacer, tan cara a su prédica, era para que ella fuera dañada por los propios curas en la infancia. El razonamiento parecerá maligno, pero los hechos no ayudan a refutarlo.”

 

Es mejor no comentar esto, pero es una muestra significativa del clima intelectual y espiritual del que procede este tipo de críticas. Después de esto, los hechos no ayudan, ciertamente, a creer que no existe una campaña de odio anticatólico que busca silenciar, entre otras cosas, la firme defensa que la Iglesia hace del matrimonio, de la familia y del derecho de todo ser humano a la vida.

 

No hay en ello novedad alguna, por supuesto. Hace dos mil años que la prédica del Evangelio suscita reacciones parecidas, así como hace brotar también la conversión, la fe y la santidad. Linn teme que los creyentes nos veamos “decepcionados”. Por lo que nos toca, y sabiendo que hablamos en nombre de muchos, nuestro problema principal es cómo ser menos indignos de ser miembros de la Iglesia de Cristo. Sabemos que nunca lo vamos a resolver del todo, porque siempre va a ser un don espléndido e inmerecido, una deuda impagable.

 

Lo saludo atentamente.

 

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Pedofilia y objetividad periodística

Carta a “El País” en respuesta a un artículo de Gerardo Sotelo

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Estimado Sr. Director:

 

El artículo de Gerardo Sotelo en el número de “El País” de fecha 20/04/2010 aborda el escándalo de los casos de pedofilia dentro del clero católico de un modo que considero muy cuestionable y preocupante. Todo acto pedófilo, sea quien sea el culpable, debe ser condenado enérgicamente. No obstante, sin atenuar ni un ápice esa condena, también merece rechazo el intento de utilizar el escándalo mencionado con fines anticatólicos. Lamentablemente, buena parte de la prensa mundial se está prestando a esa clase de intentos. Es posible percibir esto comparando las diferencias cuantitativas y cualitativas entre los respectivos tratamientos que un mismo medio de prensa da a los actos de pedofilia cometidos por sacerdotes católicos y los actos de pedofilia cometidos por cualquier otra persona. El artículo de Sotelo, pese a su brevedad, ejemplifica bien ambos tipos de diferencias.

 

Consideremos en primer lugar las diferencias cualitativas. Éstas se manifiestan cuando periodistas habitualmente competentes y objetivos, al tratar el tema de los sacerdotes pedófilos, incurren en exageraciones, generalizaciones indebidas, informes tendenciosos, datos no comprobados, juicios temerarios y hasta verdaderas calumnias.

 

Sotelo exagera, generaliza indebidamente y calumnia a todos los católicos al escribir lo siguiente: “El escándalo involucra a toda la Iglesia Católica, que ha ocultado, tolerado y en muchos casos vuelto a poner en contacto con niños, a los sacerdotes abusadores.” Es obvio que muchos millones de católicos (clérigos y laicos) no hemos hecho nada de lo que Sotelo nos acusa de haber hecho. También es evidente para cualquiera que se haya informado más o menos profundamente de este asunto que sólo algunos obispos manejaron de un modo inadecuado el problema de los sacerdotes pedófilos y que sólo algunos de esos manejos inadecuados pueden ser calificados con justicia de ocultamiento y tolerancia. No está de más señalar que no todos los sacerdotes acusados de pedofilia son culpables y que, aún cuando son culpables, no siempre se cuenta con pruebas suficientes para demostrar su culpabilidad. Sobre todo en los últimos veinte años, al tomarse una mayor conciencia de la magnitud de este problema, la Iglesia Católica, siguiendo las directivas de los últimos dos Papas, ha hecho un gran esfuerzo para combatir la lacra de la pequeña minoría pedófila dentro del clero, tomando muchas medidas adecuadas, que ya empiezan a dar resultados. Gracias a Dios, los nuevos casos denunciados están en franca disminución y casi todos los casos señalados por la prensa últimamente corresponden a hechos ocurridos hace 20, 30, 40 o más años.

 

Sotelo informa de un modo tendencioso al escribir lo siguiente: “El propio Papa Benedicto es acusado de haber dado hospedaje a un sacerdote pedófilo y asignarlo luego a una parroquia donde volvió a cometer el mismo crimen.” Sotelo no informa que ese sacerdote fue transferido de Essen a Munich para que pudiera someterse a una terapia ni que la posterior asignación de ese sacerdote a una parroquia fue una decisión del vicario general Gerhard Gruber, quien ha asumido la responsabilidad de ese error, no del Cardenal Ratzinger, entonces Arzobispo de Munich (1). Es claro que en una arquidiócesis enorme como la de Munich, con miles de sacerdotes, no todas las decisiones son tomadas por el Arzobispo.

 

Sotelo acusa sin ofrecer pruebas al escribir lo siguiente: Nicolás Cotugno pretendió alejar el escándalo diciendo que en su diócesis no hay denuncias de este tipo, pero no es cierto.”

 

Sotelo también delata su falta de objetividad en este caso al escribir lo siguiente: “Como señala el ex sacerdote Leonardo Boff, perseguido por Joseph Ratzinger a causa de sus posiciones heterodoxas en materia teológica…” Parece claro que el término “perseguido” pretende insinuar que L. Boff fue víctima de medidas injustas. “Sancionado” habría sido un término más exacto y ecuánime.  

 

Además, Sotelo parece adherirse a la “terapia” propuesta por L. Boff: la abolición del celibato sacerdotal. En realidad, no hay ninguna prueba científica que relacione el celibato con la pedofilia; y es más que dudoso que el matrimonio de los sacerdotes pudiera eliminar o atenuar el problema de la pedofilia en el clero. Baste pensar que el porcentaje de pedófilos entre los hombres casados es superior al que se da entre los sacerdotes católicos célibes.

 

Y así entramos en el tema de las diferencias cuantitativas. Llama poderosamente la atención de los observadores imparciales el hecho de que la gran prensa mundial otorgue una cobertura mil veces mayor a los casos de los sacerdotes católicos pedófilos que a todos los demás casos juntos, pese a que estos últimos son mil veces más numerosos que los primeros (2). Tomando en cuenta ambos factores, resulta una desproporción enorme, de 1.000.000 a 1. Es decir, un caso cualquiera de pedofilia dentro del clero católico (o de instituciones católicas) recibe, en promedio, una atención un millón de veces mayor en la gran prensa que un caso cualquiera de pedofilia fuera de ese ámbito. Si esta gran cobertura periodística estuviera motivada principalmente por la voluntad de combatir la pedofilia, no se explicaría por qué se dedica tanta atención a algunas víctimas y tan poca a todas las demás.

 

Pues he aquí que Sotelo, quizás sin darse cuenta, nos ofrece una excelente explicación de esta desproporción llamativa, que cabe catalogar como “indignación selectiva”. Comentando unas expresiones de Mons. Nicolás Cotugno, Arzobispo de Montevideo, que aludían precisamente a la desproporción que venimos analizando, Sotelo escribió lo siguiente: “Pero si la ecuanimidad y la ponderación no parecen ser los mayores atributos del arzobispo, las valoraciones estadísticas tampoco lo ayudan. Aún suponiendo que hay curas abusadores y obispos encubridores en un porcentaje similar al de otros profesionales que traicionan su misión, como los policías corruptos o los periodistas mentirosos, ninguna profesión presume tener la única llave que abre y cierra las puertas del paraíso ni de actuar inspirados por el Espíritu Santo.”

 

O sea que, según Sotelo, al juzgar a la Iglesia Católica como colectividad (no a sus integrantes individuales), los números no importan. Un solo caso de un sacerdote católico pedófilo, parece decir Sotelo, es mucho más grave que cientos de otros casos de pedofilia cuyos culpables son docentes, médicos, concubinos, ministros de otras religiones, etc., porque el catolicismo se presenta como la única religión verdadera e incluye la fe en la santidad de la Iglesia (3). A partir de aquí, ¿será muy suspicaz de nuestra parte sospechar que muchos periodistas encuentran un secreto deleite en descargar sobre toda la Iglesia Católica la culpa del escándalo de los sacerdotes pedófilos, para arrojar dudas sobre la autoridad religiosa y moral de la Iglesia? ¿No es posible percibir aquí una especie de discriminación anticatólica en marcha? Porque es evidente que toda religión (no sólo la católica) pretende ser verdadera y también que los católicos creemos que la Iglesia es santa porque Dios es santo, no porque todos los católicos seamos santos, que no lo somos (4).

 

*****

 

Notas posteriores del autor:

 

1)      Después de escribir esta nota me enteré de que, aunque fue el Cardenal Ratzinger quien autorizó en 1980 la transferencia de ese sacerdote a Munich, la asignación del mismo a una parroquia fue hecha en 1982, cuando Ratzinger ya no era Arzobispo de Munich, sino Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por lo cual por ese entonces vivía en Roma, muy lejos del hecho denunciado. Esto muestra que a veces, en su afán de atacar al Papa, algunos periodistas pasan por alto datos elementales.

 

2)      Estos números son sólo aproximados, pero transmiten la idea correcta.

 

3)      El anuncio, por parte de la Iglesia Católica, de la verdad revelada por Dios acerca de Dios y del hombre, y especialmente de la ley moral natural, causa profunda irritación en la actual cultura relativista. Esto explica en buena medida el presente auge del sentimiento anticatólico, sentimiento que se manifiesta, por ejemplo, en el tratamiento mucho más duro que la gran prensa suele dar a las culpas de católicos, en comparación con culpas similares de no católicos.

 

4)      Es decir, no todos.

 

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Dante Alighieri y los justos paganos

en los primeros cantos de la “Divina Comedia

 

Lic. Néstor Martínez

 

En el primer canto de la “Divina Comedia” de Dante Alighieri tenemos el encuentro de Dante con Virgilio, que se ofrece para conducirlo a través del Infierno y el Purgatorio (será Beatriz la que lo guíe luego a través de las esferas celestiales).

 

En el canto segundo, Virgilio cuenta a Dante que ésa es la misión que ha recibido precisamente de Beatriz.

 

El tercer canto comienza con la descripción de la puerta de entrada al Infierno, y del otro lado de la misma aparece una turba de gente que a primera vista parecen ser condenados, pero que, según la explicación de Virgilio, son los que “no se hicieron merecedores de vituperio y alabanza”.

 

Hay entre ellos incluso ángeles, que “no fueron fieles ni infieles a Dios, sino que sólo vivieron para sí mismos”. Estos personajes son torturados por avispas que los aguijonean sin cesar.

 

El tercer canto termina con el cruce del río Aqueronte, en la barca del demonio Carón.

 

En el cuarto canto, una vez cruzado el Aqueronte, se ha llegado al Infierno propiamente dicho, que es un pozo en forma de cono invertido, de círculos concéntricos cada vez más estrechos.

 

El primer círculo es lo que podríamos llamar “el Limbo de los justos paganos”, que, como veremos, es un lugar extrañamente apacible y luminoso, para formar parte del Infierno.

 

Para pasar de allí al segundo círculo, hay que comparecer primero ante el juez Minos, y de allí se va al lugar donde son castigados los lujuriosos, lo cual muestra que, para Dante, de los que propiamente pueden ser llamados pecados, éste era el menos grave.

 

Todo esto pensamos que ofrece material para algunas reflexiones.

 

Según Dante, dentro del Infierno hay dos clases de personas que no parecen ser propiamente pecadores: los que no hicieron ni bien ni mal, y los justos paganos.

 

La primera categoría es en realidad imposible, según la teología cristiana. De hecho, si estas personas son las que no se comprometieron con nada, eso ya es un pecado, y de hecho, si hay uno que “por cobardía hizo la gran renuncia”, como dice Dante, es claro que eso es un pecado.

 

Pero además aparece allí una categoría de ángeles “que no fueron ni fieles ni infieles a Dios, sino que sólo vivieron para sí”. Eso es de nuevo imposible, el “sólo vivir para sí” ya es una infidelidad.

 

Sería interesante averiguar si existía en tiempos de Dante o anteriormente una opinión de este tipo sobre los ángeles.

 

Los justos paganos parecen ser de dos categorías:

 

a) Los que viviendo en tiempos de la fe cristiana, no la abrazaron. Éstos “no pecaron”, dice Virgilio.

 

b) Los que, viviendo antes de Cristo, no adoraron a Dios como debían.

 

Se puede interpretar de dos maneras: o ninguno de éstos pecó, o solamente los de la primera categoría estuvieron exentos de pecado.

 

El primer caso es menos coherente, porque los de la segunda categoría pecaron precisamente por “no adorar a Dios como debían”, y, de hecho, Virgilio llama a eso una “falta”.

 

Pero el segundo caso también tiene una incongruencia. Porque es cierto que hubo una interpretación teológica según la cual sólo los que tienen fe explícita en Jesucristo se salvan. Pero incluso esa interpretación teológica sostiene, lógicamente, que si los otros se condenan, es porque pecan y no llegan a arrepentirse de su pecado, es decir, porque a falta de la fe y la gracia que ésta conlleva, no se puede a la larga evitar el pecado.

 

En realidad, la doctrina oficial de la Iglesia hoy es que no es absolutamente necesaria la fe explícita en Jesucristo para alcanzar, de hecho, la salvación. Si la persona, sin culpa de su parte, desconoce la misión salvadora de Cristo y de la Iglesia, y por otra parte, se esfuerza por cumplir la voluntad de Dios, conocida por la voz de la conciencia, recibe de Cristo, y misteriosamente por medio de la Iglesia, la gracia necesaria para la salvación.

 

La lógica de su planteo lleva a Dante a consecuencias paradójicas. Es claro que si hay algunos que no pecaron, deben ir antes que los que pecaron del modo que sea. Pero entonces resulta que personajes como el que “por cobardía hizo la gran renuncia”, vienen a estar menos hundidos, por así decir, en el Infierno que algunos justos paganos cuya única razón de estar allí es no haber recibido el bautismo (Virgilio, en la interpretación que arriba dimos como más probable, no dice que éstos hayan pecado).

 

De hecho, para llegar del sitio en que se encuentran los que no hicieron bien ni mal, al “limbo de los justos paganos”, hay que cruzar el Aqueronte.

 

Por eso mismo, ni siquiera es claro en el texto que los que vivieron en tiempos de Cristo y no se bautizaron hayan pecado de modo alguno, por lo cual ni siquiera suponiendo el planteo de Dante, de que hay algunos seres humanos que ni pecaron ni hicieron méritos para la vida eterna, deberían estar allí.

 

Finalmente, otra incongruencia es que, supuesto todo este planteo, resulta que de todos modos todas estas categorías se encuentran al otro lado de la puerta del Infierno.

 

Entendemos que la raíz de todas estas dificultades está en haber admitido que en la economía presente puede haber alguna creatura racional que no esté ni en amistad ni en enemistad con Dios y, tratándose de seres humanos difuntos, que puede haber alguno al que no deba asignarse en definitiva la salvación o la condenación eterna.

 

Es posible que la razón de ese planteo teológico erróneo haya estado precisamente en el caso de los justos paganos y la dificultad que planteaba a la teología cristiana. No se admitía que pudiesen entrar en el Cielo sin bautismo sacramental, y parecía muy duro destinarlos a las penas infernales.

 

De ahí su supuesto estado “intermedio”, que en realidad conlleva varias contradicciones: de hecho, sufren la peor de las penas, que es la “pena de daño”, la pérdida de la visión de Dios, y carecen solamente de la menos grave, que es la “pena de sentido”.

 

Y además, no dejan de estar del otro lado de la puerta del Infierno, cuando en buena lógica, según las premisas de Dante, deberían estar fuera de él (y también fuera del Cielo).

 

Lo que tiene que ver con los que aparecen en primer lugar, los que “no se hicieron merecedores de alabanza ni vituperio”, parece ser una cuestión más personal del propio Dante. Sin duda que Cristo en el Apocalipsis dice que al tibio, que no es ni frío ni caliente, lo vomitará de su boca, y que ojalá fuese frío o caliente. De modo análogo, Dante dice que estos desgraciados “no vivieron nunca”. Pero lo que para el Apocalipsis es claramente un pecado, para Dante parece ser una situación que no es ni de pecado ni de gracia.

 

Finalmente, cabe preguntarse si no aparece en este planteo algo de lo que será el naturalismo propio de algunas de las corrientes más notables del Renacimiento. En la idea del “limbo de los justos paganos” apunta la noción de un estado del ser humano que puede mantenerse, por así decir, “aparte” de la historia de la salvación, que puede carecer de la gracia sin por ello estar propiamente en pecado, y que puede incluso disfrutar de una especie de “paraíso triste” o “lugar apacible y luminoso” dentro del mismo Infierno.

 

Tenemos aquí almas a las que la “pena de daño”, la pérdida de la visión de Dios, les produce solamente algunos suspiros de tristeza, en medio de su augusta y luminosa tranquilidad.

 

Esto tiene alguna semejanza (dentro de una gran diferencia) con la idea tomista del “limbo de los niños”, que sería el estado definitivo de las almas de los niños que mueren sin el bautismo. Allí, según Santo Tomás, las almas de estos niños gozan de una felicidad natural, basada en una contemplación intelectual natural, abstracta, de Dios, Causa Primera, sin poder gozar de la visión beatificante de la Esencia Divina, que es el Cielo propiamente dicho, por no haber recibido el bautismo sacramental y no habérseles borrado, por tanto, el pecado original. De todos modos, carecen de pecados personales, y ésa es la razón por la que no se encuentran en el Infierno.

 

La diferencia entre el planteo de Dante y la tesis tomista es que para Santo Tomás ningún adulto puede estar en este estado, porque con el uso de razón y del libre albedrío ya se entra en la disyuntiva inexorable del pecado (personal) o la gracia.

 

Además, para Santo Tomás este “limbo de los niños” no es parte del Infierno, como sí es para Dante lo que hemos llamado el “limbo de los justos paganos”.

 

De hecho, hoy día, la Iglesia, en el Catecismo, enseña que hay que confiar en que la misericordia de Dios encuentra una vía de salvación para las almas de los niños que mueren sin el bautismo sacramental, lo cual implica necesariamente, entendemos nosotros, que de algún modo la gracia propia del bautismo borra en ellos el pecado original, sin lo cual nadie puede entrar en la vida eterna.

 

 

Sábana Santa: fe y razón (nota 1)

 

Dr. Eduardo Casanova

 

El negativo fotográfico

 

Cuando en 1898 se tomó la primera fotografía de la Sábana Santa por parte de un abogado, Secondo Pía, fue con la intención de presentarla en una exposición de arte sacro. Hasta entonces, la Sábana Santa, o Sábana de Turín, o Síndone (en la nominación italiana), se conservaba como una preciosa reliquia, aunque aún no se contaba con la certeza total acerca de su autenticidad con la que hoy contamos.

 

Durante siglos se había conservado superando diversas agresiones físicas, como las de la intemperie y el incendio de 1532. Presentaba el registro impreciso y borroso de una figura humana, a la que se agregaban distintos tipos de manchas difíciles de interpretar. Uno de estos estigmas era el efecto del citado incendio, que tuvo lugar en la capilla de Chambéry, cuando la caja de plata que contenía la Sábana Santa llegó a derretirse por el calor, y una gota del metal fundido perforó el lienzo.

 

Hasta 1898 el pueblo cristiano la veneraba, fundado en la Tradición y en los relatos evangélicos, que hablaban de una sábana de lino, propiedad de José de Arimatea, que éste había ofrecido para amortajar el Cuerpo muerto de Jesús, luego de bajado de la Cruz.

 

La foto realizada por Secondo Pía marcó al mismo tiempo un hito histórico y científico para la humanidad: transformó a la Sábana Santa en la expresión más emblemática de la unidad entre la razón y la fe, entre la ciencia y la Revelación. Desde aquel momento no se ha cesado de investigar y, al mismo tiempo, los hallazgos tampoco ha dejado de maravillar a quienes se acercan a ellos libres de prejuicios, con un afán sincero de conocer.

 

El desafío planteado por la Síndone se estableció en torno a la dificultad de encontrar una explicación científica a un fenómeno que existe con la misma realidad evidente con que existe la luz del sol. No se puede discutir lo evidente y lo real, aunque no se alcance a entender en todas sus dimensiones y aspectos. El discurso científico racional ha de conjugarse con la fe en la Revelación, quizá no para creer, pero sí para entender que la Revelación sirve a la ciencia como lo hace el dibujo en la tapa del puzzle para ordenar las piezas que se nos ofrecen. La Síndone muestra ante todo la evidente coherencia entre la Palabra de Dios y la realidad física que se nos presenta ante los ojos y ante toda la tecnología con la que la analizamos. Cuanto más se estudia, tanto más se avanza en la unidad que existe entre la Revelación y la evidencia física, biológica e histórica que se nos ofrece en la Sábana Santa. Ello ameritó que se le llamase “el quinto Evangelio” y que en 1998, al conmemorarse el centenario de aquella primera fotografía, el Papa Juan Pablo II le rindiese similares honores litúrgicos que los reservados para la Eucaristía.

 

¿En que consistió el hecho que asombró al mundo con aquella primera fotografía, que luego se repitió en cuantas nuevas fotografías se le tomasen? Según se dice, el negativo obtenido por Secondo Pía temblaba en su mano, y él estuvo a punto de desmayarse por la sorpresa, al comprobar que lo que había obtenido, no era un negativo fotográfico, sino una fotografía en positivo: el negativo fotográfico era el que estaba impreso en el lino.

 

La fotografía obtenida contenía tal precisión, era tan perfecta, que aún hasta el día hoy, pese al avance tecnológico, no resulta simple obtener una imagen de semejante calidad, tanto por su gran tamaño (la cara anterior y posterior de un cuerpo de unos 180 cm. de altura, con un largo de 260 cm.), que cuenta además con una calidad de imagen que da tridimensionalidad a la figura, como luego pudo comprobarse.

 

El tamaño de la imagen se comprende a partir de un lienzo doblado sobre la cabeza, para que cubriese la cara anterior y la posterior del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. El negativo fotográfico que se comprueba en la tela no puede resultar sino de algún tipo de irradiación física, como ocurre con la radiación luminosa para la fotografía tradicionalmente conocida. Aunque aquí obviamente no se trata de radiación lumínica, la radiación física indiscutiblemente existe para poder imprimirse en la tela. Ella es la que produjo sobre las fibrillas de lino una especie de “quemadura”, desde la superficie a la profundidad de la tela. Dicha impronta se realizó de tal manera que la superficie más próxima al cuerpo fuese “quemada” más profundamente que las más alejadas, que se “quemaron” más superficialmente. Existe una perfecta adecuación de las distancias y la profundidad de las marcas o quemaduras en cada milímetro de la superficie corporal: ambas dimensiones son inversamente proporcionales. Por ejemplo, a la altura de la nariz el lienzo se marcaba más profundamente que a nivel de los labios, y en los labios más que a nivel del hueco supra-mentoniano. Este hecho es el que explica la perfección de las primeras fotografías, que se debe al aspecto tridimensional que luego se comprobó aplicando nuevas tecnologías, como la del VP8, que luego analizaremos. Esa tridimensionalidad se explica por la precisión micrométrica con la que se produjo en profundidad la quemadura de las fibrillas de lino, tal como lo comprueba el microscopio electrónico.

 

Cuando actualmente nos referimos a la Síndone, el público en general trae a colación, de modo espontáneo, el tema del carbono 14, citándolo como presunta prueba que pondría en duda la autenticidad de la Sábana. Ello parece ser también un elocuente signo de los tiempos: sintetiza la filosofía de relativismo agnóstico, que, con un objetivo laicista, proclama una postura de tipo ideológico anticristiano, sin importar que sea claramente anticientífica. Ello da más fuerza a la Síndone como providencial signo contemporáneo que reclama la unidad entre fe y razón: para ello es preciso conservar una actitud abierta, no dogmática, no cerrada al principio de no contradicción y a la evidencia científica.

 

En 1998 Emanuella Marinelli realizó la estimación matemático-estadística que permitía dudar de la autenticidad de la Síndone ante las abrumadoras pruebas de lo contrario: dicha posibilidad sería equivalente a la de acertar a la ruleta 158 veces seguidas. Fijarse sólo en el carbono 14 para desestimar el resto de las pruebas equivale a desestimar cinco mil trillones de probabilidades, tal como lo refiere Francisco Ansón (1). Ello es claramente anticientífico, sobre todo porque el carbono 14 carece de todo valor para datar en el tiempo un objeto que, como la Síndone, fue sometido a una intensísima radiación, no sólo cuando se imprimió la figura en el lienzo, sino en el incendio de la noche del 3 al 4 de diciembre de 1532, cuando fue perforada en Chambéry por una gota de metal fundido, de la caja de plata que lo contenía. Es sabido que la plata se funde a 960 ºC y, como luego veremos, esta radiación aumenta los átomos de carbono 14, que hacen aparecer al objeto como del siglo XIII. Sin embargo, los estudios realizados por parte de la NASA y por autoridades científicas de todo el mundo, no permiten ignorar que la realidad histórica, física y biológica de la Sábana Santa se encuentra en total y absoluta coherencia con la Revelación. A ello nos referiremos en próximas notas.

 

19-04-2010.

 

1) ANSON, F., La Sábana Santa, Palabra, Madrid 1999.

 

Fundación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

 

Equipo de Dirección

 

El sábado 27/03/2010, en la Parroquia Nuestra Señora de Bzommar de la ciudad de Montevideo (Uruguay), se realizó la asamblea fundacional de la asociación civil Centro Cultural Católico “Fe y Razón”.

 

Tras una oración inicial a cargo del Párroco del lugar (Pbro. Gustavo Calvete), fueron presentados los antecedentes y los motivos de la creación del Centro referido. Se recordó que, desde 1999 hasta la fecha citada, “Fe y Razón” fue un grupo no formal, que produjo un sitio web (www.feyrazon.org), una revista virtual (www.revistafeyrazon.blogspot.com), una incipiente colección de libros (http://stores.lulu.com/feyrazon) y un evento académico (la Jornada Conmemorativa del 10º Aniversario de “Fe y Razón”).

 

A continuación se leyeron, comentaron y aprobaron los estatutos de la nueva entidad. Destacamos los siguientes puntos de dichos estatutos:

 

·        La sede de la nueva asociación estará localizada en Montevideo.

·        La asociación tendrá los siguientes fines:

o     Fomentar la cultura, con espíritu cristiano.

o     Desarrollar iniciativas para la evangelización de la cultura.

o     Promover y defender la doctrina católica, incluyendo la Doctrina Social de la Iglesia.

·        Para ser admitido como socio se requiere tener al menos 18 años de edad y profesar la fe católica.

·        En caso de disolución de la asociación, los bienes que existieren serán destinados a la Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler”.

·        La primera Comisión Directiva y la primera Comisión Fiscal, que deberán actuar hasta el 31/08/2012, estarán integradas de la siguiente forma:

o     Comisión Directiva: Lic. Néstor Martínez, Diác. Jorge Novoa, Ing. Daniel Iglesias, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Carlos Barbé (titulares); Sr. Santiago Raffo, Dr. Pedro Gaudiano, Prof. Ivannah Toniolo, Sra. Alejandra Cabrera, Ing. María Chifflet (suplentes).

o     Comisión Fiscal: Dr. Gustavo Ordoqui, Dr. Eduardo Casanova, Dra. Dolores Torrado (titulares); Pbro. Eliomar Carrara, Pbro. Gustavo Calvete, Mons. Miguel Barriola (suplentes).

 

La Asamblea eligió al Pbro. Eliomar Carrara como consejero espiritual del Centro. Además, encomendó al Dr. Gustavo Ordoqui la gestión ante el Ministerio de Educación y Cultura del reconocimiento de la personería jurídica de la asociación; y al Lic. Néstor Martínez y el Ing. Daniel Iglesias, la gestión ante la autoridad eclesiástica del reconocimiento de la nueva entidad como asociación privada de fieles.

 

Posteriormente los socios presentes intercambiaron ideas en orden a la elaboración de un plan de trabajo para el año 2010. Luego de la definición de algunas cuestiones organizativas, la primera Asamblea General concluyó con una oración final y un pequeño brindis.

 

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Se publicó un libro del Lic. Néstor Martínez: Baúl apologético

 

Equipo de Dirección

 

El Centro Cultural “Fe y Razón” (en formación) acaba de publicar el tercer título de su Colección de Libros. Se trata de una obra del Lic. Néstor Martínez Valls: Baúl apologético. Selección de trabajos filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.

 

El libro tiene 190 páginas. Contiene un prólogo y dieciocho capítulos, a saber: 1) G. K. Chesterton. 2) El realismo metódico en el pensamiento de Étienne Gilson. 3) Sobre el emergentismo. 4) ¿Termina todo con la muerte? 5) ¿Lo esencial de la religión? 6) Lo que el Papa dijo a Hawking. 7) El explorador. 8) Un ejemplo de "pensamiento débil" en la filosofía católica: Juan A. Estrada y las pruebas filosóficas de la existencia de Dios. 9) El Universo: ¿Infinito? 10) El retorno del maniqueísmo en la teología de Andrés Torres Queiruga. 11) ¿Dios castiga? 12) ¿Es Satanás un ser personal e individual? 13) Un diálogo sobre Jesús. 14) La cristología de Dan Brown y otros errores de “El Código da Vinci”. 15) La Iglesia subsiste y existe. 16) La mediación de los santos. 17) La doctrina eucarística del P. Juan Luis Segundo SJ en su obra “El Infierno”. 18) Conversación sobre los divorciados y la comunión.

 

El propósito general de los distintos capítulos es mostrar, de diversas maneras, la armonía entre la fe católica y la recta razón.

 

Néstor Martínez Valls nació en Montevideo (Uruguay) en 1957. Se graduó como Licenciado en Filosofía en la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República en 1997. Es Profesor de Filosofía en la Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler” y en la Universidad de Montevideo.

 

Es socio fundador y Secretario Académico de la sección Uruguay de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA), miembro del Instituto de Bioética "Juan Pablo II" e integrante de la Mesa Coordinadora Nacional por la Vida. También es socio fundador y Presidente del Centro Cultural  “Fe y Razón”. Junto con el Diác. Jorge Novoa y el Ing. Daniel Iglesias, es co-director de Fe y Razón desde 1999.

 

Fe y Razón (www.feyrazon.org) es un sitio web de teología y filosofía cuyo propósito es contribuir a la evangelización de la cultura en fidelidad al Magisterio de la Iglesia Católica y difundir la obra de Santo Tomás de Aquino y otros grandes pensadores cristianos. Entre otras cosas, contiene la revista virtual gratuita Fe y Razón, con 46 números publicados y unos 800 suscriptores. Fe y Razón tiene unos 500 trabajos publicados y unas 30.000 páginas visitadas por mes. En 2003 una encuesta del portal Catholic.net lo incluyó en una lista de doce portales católicos favoritos del mundo de habla hispana.

 

El libro en cuestión (el primero publicado por el autor) puede ser adquirido en Lulu, el mayor sitio de auto-publicación a nivel mundial, en la siguiente dirección:

http://stores.lulu.com/feyrazon

 

Allí se permite ver la tapa y las primeras diez páginas del libro.

 

El libro puede ser obtenido en cualquiera de las siguientes dos modalidades:

·        Como descarga gratuita del texto en formato PDF.

·        Como libro impreso.

En este caso, Lulu imprime la cantidad de ejemplares pedida (cualquier cantidad, de uno en adelante) y los envía por correo desde Estados Unidos al comprador. Para hacer la compra se requiere una tarjeta internacional. Según nuestra amplia experiencia, tanto el sitio de Lulu como su modo de envío económico de libros son recomendables desde el punto de vista de la seguridad.

 

Actualmente la Colección “Fe y Razón” (disponible en la dirección ya indicada) está compuesta por los siguientes libros:

·      Nº 1 – Miguel Antonio Barriola, “En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5). Reflexiones sobre Dios en la historia.

·      Nº 2 – Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica.

·      Nº 3 – Néstor Martínez Valls, Baúl apologético. Selección de escritos filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.

 

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Oración para la Misión en Montevideo

 

Señor Jesús,

nosotros, discípulos y misioneros tuyos,

queremos remar mar adentro

para que nuestro Montevideo

tenga en Ti vida abundante,

y con solidaridad construyamos la fraternidad y la paz.

Espíritu Santo,

¡ven y envíanos!

María, Virgen de los Treinta y Tres,

ruega por nosotros.

Amén.

 

Fuente: Entre Todos, Nº 227, 24/04/2010, p. 5.

 

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Sitios web recomendados

(por favor note que esta lista ha crecido)

 

Sitios de Fe y Razón:

 

Fe y Razón

www.feyrazon.org

Revista Virtual Fe y Razón

www.revistafeyrazon.blogspot.com

Colección de Libros Fe y Razón

http://stores.lulu.com/feyrazon

 

 

Sitios de miembros de Fe y Razón:

 

Diácono Jorge Novoa

www.diaconojorge.blogspot.com

Meditaciones Cristianas

www.lmillau.blogspot.com

Verdades de Fe

www.verdadesdefe.blogspot.com

Aportes al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo

www.ivsinodo.blogspot.com

Libros de Daniel Iglesias Grèzes

http://stores.lulu.com/diglesias

Presentaciones de Daniel Iglesias Grèzes

www.slideshare.net/diglesias

Curso de Introducción a la Teología Moral

www.slideshare.net/feyrazon

 

 

Sitios de colaboradores de Fe y Razón:

 

Toma y Lee. Sagradas Escrituras

www.tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com

El Blog del Buen Amor

www.elblogdelbuenamor.blogspot.com

A ver qué hacemos

www.algotipocomo.blogspot.com

El clero oriental

www.elclerooriental.blogspot.com

 

 

Otros sitios uruguayos:

 

Veritas de terra orta est

www.verdaddelcielo.blogspot.com

Obra Social Pablo VI

www.osp6.blogspot.com

Defensores del pueblo

www.defpueblo.blogspot.com

 

 

Otros sitios:

 

Santa Sede

www.vatican.va

Zenit

www.zenit.org

ForumLibertas

www.forumlibertas.com

Noticias Globales

www.noticiasglobales.org

Aceprensa

www.aceprensa.com

Primera Luz

www.primeraluz.org

Chiesa

http://chiesa.espresso.repubblica.it

ConoZe.com

www.conoze.com

Centro de Investigación en Ética Social

www.fundacionaletheia.org.ar

Fluvium

www.fluvium.org

InfoCatólica

www.infocatolica.com

Arbil

www.arbil.org

Hispanidad

www.hispanidad.com

 

 

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