Fe
y Razón
Revista virtual gratuita de
teología católica
Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y
Razón”
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 47 – Mayo de 2010
“Omne
verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga,
procede del Espíritu Santo”
(Santo Tomás de Aquino)
“Hoy se hace necesario
rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como
explicación de
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Equipo de
Dirección: Diác.
Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing.
Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro.
Dr.
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Sección |
Título |
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Editorial |
Equipo
de Dirección |
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Magisterio |
Papa Benedicto XVI |
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Tema
Central |
Jorge Enrique Mújica, LC |
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Tema
Central |
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Tema
Central |
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Tema
Central |
Lic. Néstor Martínez |
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Tema
Central |
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Teología |
Lic. Néstor Martínez |
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Apologética |
Dr. Eduardo Casanova |
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Noticias |
Equipo de Dirección |
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Libros |
Se publicó un libro del Lic. Néstor Martínez: Baúl apologético |
Equipo de Dirección |
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Oración |
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Los abusos y los abusos de los abusos
Equipo de Dirección
En el número anterior de nuestra revista tratamos el tema de las actuales persecuciones contra los cristianos e incluimos una nota del Arzobispo de Nueva York sobre el anticatolicismo. Pensábamos cambiar de tema, pero las circunstancias nos obligan a seguir profundizando en el mismo asunto. El tema central de este número es algo que ha sido muy destacado en las últimas semanas por la mayoría de los medios de comunicación social del mundo entero: los abusos sexuales de menores por parte de algunos sacerdotes católicos y las reacciones de la jerarquía eclesiástica ante dichos abusos. A la vez analizamos lo que el Padre J. E. Mújica ha llamado apropiadamente “el abuso de los abusos”, es decir la explotación con fines anticatólicos del fenómeno de los abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes.
Es importante destacar que
nuestra condena absoluta de todo abuso sexual no queda de ningún modo
relativizada ni atenuada por nuestro firme rechazo de la utilización de ese
escándalo con miras a destruir la autoridad moral de
En cuanto al “abuso de los abusos”, en la mayoría de los casos nos toca más directamente, en la medida en que todos, en estos días, hemos escuchado o leído acusaciones delirantes contra la Iglesia Católica y hemos visto cómo personas de buena voluntad comienzan a sentir, quizás con angustia, cierta desconfianza, no respecto a este o aquel sacerdote u obispo, sino respecto a la Iglesia entera o toda su jerarquía. Ante esta situación, nuestro deber es tratar de disipar las falsedades o mentiras que la propaganda anticatólica está diseminando con tanta eficacia.
Por ejemplo, en Uruguay, en el correr de pocas semanas, fueron publicados en importantes medios de prensa, entre otros muchos artículos con sabor anticatólico, los siguientes tres:
1. un artículo de Daniel Vidart en Brecha que pretende demostrar que la fe católica es irracional y que los verdaderos creyentes son fanáticos peligrosos;
2.
un artículo de Tomás Linn en Búsqueda que sostiene que
la Iglesia Católica defiende el derecho a la vida para que haya más niños de
los que sus sacerdotes puedan abusar y que
3. y un artículo de Gerardo Sotelo en El País que achaca a toda la Iglesia Católica la culpa de la tolerancia de esos abusos y que se adhiere a la “solución” propuesta por Leonardo Boff: la abolición del celibato sacerdotal.
En este número incluimos nuestras respuestas a esos tres artículos. Dado que la tarea de defender la religión católica contra los ataques en la prensa supera las posibilidades de una o dos personas, aunque se dedicaran a ello a tiempo completo (lo cual no podemos ni deseamos hacer), alentamos a todos nuestros lectores a responder por escrito, con respeto y firmeza, esa clase de ataques y a hacer llegar sus respuestas a los medios de prensa. Es importante hacer ver que se está ofendiendo gratuitamente las convicciones más hondas de muchos católicos, no sólo de unos pocos.
También publicamos: un artículo largo pero muy bueno del Padre Mújica, que muestra en detalle la trama de las recientes calumnias contra el Santo Padre Benedicto XVI; y una breve reflexión teológica sobre el problema del pecado en la Iglesia, que quizás pueda ayudar a superar las dificultades de fe que este escándalo ha provocado en algunos cristianos.
Además, publicamos la primera de
una serie de notas del Dr.
Aunque ya lo anunciamos en un mensaje reciente, en este número incluimos dos gratas noticias “de la casa”: la fundación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón” y la publicación del primer libro del Lic. Néstor Martínez, Presidente de dicho Centro: Baúl apologético.
Por otra parte, “Fe y Razón” se
adhiere a la Misión en Montevideo (enmarcada en
Dios
mediante, en mayo publicaremos un número extraordinario con aportes de Mons.
Barriola y el Dr. Ordoqui.
Para
concluir, ofrecemos para vuestra meditación un texto de
“Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan los mismos sufrimientos. El Dios de toda gracia, el que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará. A Él el poder por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro 5,8-11).
Que el Señor bendiga y guarde a cada uno de ustedes.
***
*) O sea, si todo lo demás permanece constante.
Vuelve a la Tabla de Contenidos
Homilía en
Benedicto
XVI
(Vigilia
Pascual en
Queridos hermanos y hermanas:
Una antigua
leyenda judía tomada del libro apócrifo «La
vida de Adán y Eva» cuenta que Adán, en la enfermedad que le llevaría a la
muerte, mandó a su hijo Set, junto con Eva, a la región del Paraíso para traer
el aceite de la misericordia, de modo que le ungiesen con él y sanara. Después
de tantas oraciones y llanto de los dos en busca del árbol de la vida, se les
apareció el arcángel Miguel para decirles que no conseguirían el óleo del árbol
de la misericordia, y que Adán tendría que morir. Algunos lectores cristianos
han añadido posteriormente a esta comunicación del arcángel una palabra de
consuelo. El arcángel habría dicho que, después de 5.500 años, vendría el Rey
bondadoso, Cristo, el Hijo de Dios, y ungiría con el óleo de su misericordia a
todos los que creyeran en él: «El óleo de
la misericordia se dará de eternidad en eternidad a cuantos renaciesen por el
agua y el Espíritu Santo. Entonces, el Hijo de Dios, rico en amor, Cristo,
descenderá en las profundidades de la tierra y llevará a tu padre al Paraíso,
junto al árbol de la misericordia». En esta leyenda puede verse toda la
aflicción del hombre ante el destino de enfermedad, dolor y muerte que se le ha
impuesto. Se pone en evidencia la resistencia que el hombre opone a
Ante esto,
algunos, tal vez muchos, responderán: ciertamente oigo el mensaje, sólo que me
falta
Precisamente
esto, el ser revestido con los nuevos indumentos de Dios, es lo que sucede en
el Bautismo; así nos dice la fe cristiana. Naturalmente, este cambio de
vestidura es un proceso que dura toda
En el rito del
Bautismo hay dos elementos en los que se expresa este acontecimiento, y en los
que se pone también de manifiesto su necesidad para el transcurso de nuestra
vida. Ante todo, tenemos el rito de las renuncias y promesas. En la Iglesia
antigua, el bautizando se volvía hacia el occidente, símbolo de las tinieblas,
del ocaso del sol, de la muerte y, por tanto, del dominio del pecado. Miraba en
esa dirección y pronunciaba un triple «no»: al demonio, a sus pompas y al
pecado. Con esta extraña palabra, «pompas», es decir, la suntuosidad del
diablo, se indicaba el esplendor del antiguo culto de los dioses y del antiguo
teatro, en el que se sentía gusto viendo a personas vivas desgarradas por
bestias feroces. Con este «no» se rechazaba un tipo de cultura que encadenaba
al hombre a la adoración del poder, al mundo de la codicia, a la mentira, a
En la Iglesia
antigua, el bautizando se volvía después hacia el oriente, símbolo de la luz,
símbolo del nuevo sol de la historia, del nuevo sol que surge, símbolo de
Cristo. El bautizando determina la nueva orientación de su vida: la fe en el
Dios trinitario al que él se entrega. Así, Dios mismo nos viste con indumentos
de luz, con el vestido de
En la Iglesia
antigua, el bautizando era a continuación desvestido realmente de sus ropas.
Descendía en la fuente bautismal y se le sumergía tres veces; era un símbolo de
la muerte que expresa toda la radicalidad de dicho despojo y del cambio de
vestiduras. Esta vida, que en todo caso está destinada a la muerte, el
bautizando la entrega a la muerte, junto con Cristo, y se deja llevar y
levantar por Él a la vida nueva que lo transforma para
En el curso de los siglos, los símbolos se han ido haciendo más escasos, pero lo que acontece esencialmente en el Bautismo ha permanecido igual. No es solamente un lavado, y menos aún una acogida un tanto compleja en una nueva asociación. Es muerte y resurrección, renacimiento a la vida nueva.
Sí, la hierba
medicinal contra la muerte existe. Cristo es el árbol de la vida hecho de nuevo
accesible. Si nos atenemos a Él, entonces estamos en
Fuente:
Historia de una
deficiente gestión mediática.
Omisiones,
tergiversaciones, calumnias, falsedades, fantasías e invenciones
con un objetivo: el Papa
Jorge Enrique
Mújica, LC
La carrera por hacer titulares ha llevado a
algunos medios a mentir, falsear y calumniar. Un diagnóstico de la prensa, al
menos de la aquí citada, apunta a su triste y vergonzoso ocaso.
Han pasado cinco años desde la publicación de
aquella conocida portada del periódico The Mirror que, tras la elección
del cardenal Joseph Ratzinger como Papa, decía “God´s Rottweiler” (El rottweiler de Dios). Ya por entonces,
los diferentes titulares, de carácter más bien hostil, presagiaban la relación
que ofrecería la mayoría de la prensa laica mundial a aquel que como cardenal
ya había tratado severamente mal.
A lo largo de este lustro, Benedicto XVI se ha
enfrentado a no pocas crisis mediáticas. Entre las más significativas han
estado: 1) el hecho de ser de origen alemán y por eso, ipso facto, tacharlo
de “nazi”; 2) la lección magistral de septiembre de 2006 en la universidad de
Ratisbona, de donde se extrapoló una parte del discurso y se ocasionó la ira
islámica; 3) en enero de 2008, la negativa de una mínima parte del claustro de
profesores y estudiantes de la universidad de La Sapienza, en Roma, para
que el Papa inaugurase el año académico (a raíz de una interpretación errada de
un discurso sobre Galileo que, como cardenal, habría pronunciado Ratzinger en
la misma institución); 4) el levantamiento de la excomunión a los obispos
“lefebvristas” de inicios de 2009 y la desconocida opinión de uno de esos
obispos, Richard Williamson, sobre el holocausto hebreo; y, por último, 5) el
revuelo a raíz de la respuesta del Papa al periodista de France 2 sobre
el condón, en el vuelo rumbo a Angola de marzo de 2009.
Pero quizá ninguna otra crisis haya sido tan
mordaz como la del tema de los abusos por parte del clero católico. Sin
minusvalorar la tristísima realidad de hechos comprobados y siempre reprobables
en este campo, la prensa ha buscado no sólo exprimir y generalizar hasta la
saciedad las debilidades de algunos miembros de la Iglesia, sino también
involucrar y manchar la imagen de Benedicto XVI.
Ya el 1 de octubre de 2006 se había dado el
primer intento cuando la BBC puso al aire “Sex crime and the Vatican”, un programa de unos 40 minutos lleno de
delicados errores claramente porráceos que, además, denotan palmariamente su
mala intención en el afán de desprestigio del Papa. Mal utilizando documentos
de la Iglesia (“Crimen sollicitationis”
y la carta “Ad exequenda”),
sirviéndose de viejos filmes y entrevistas no datadas, el programa adultera,
deforma e interpreta a su antojo la información.
Uno de los más penosos errores fue afirmar que
Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, es el autor de “Crimen sollicitationis”, documento aparecido en 1962 y preparado
por
1. Cuatro intentos para desprestigiar al Papa:
cuatro casos de periodismo deficiente
En mayo de 2009 se hacía público el Informe de
la Comisión de Investigación Irlandesa (el Informe Ryan se puede consultar
íntegramente en el siguiente enlace o
leer el resumen sintético) sobre
el tema de los abusos en escuelas e instituciones de ese país. En diciembre de
2009 se publicaba el Murphy
Report, centrado en la diócesis de Dublín. El revuelo suscitado por
las deplorables revelaciones tocó sensiblemente no sólo a la sociedad
irlandesa.
A. Don Georg, el hermano del Papa
Un semestre después, el 28 de enero de 2010, el
rotativo berlinés Der Tagesspiegel publicaba los primeros casos de abusos
sexuales en Alemania. Concretamente los perpetrados entre los años 70 y 80 en
el Canisius College, gestionado por jesuitas. Más tarde se conocieron
los casos de la escuela de la abadía benedictina de Ettal y, finalmente, el
caso más mediáticamente manoseado: el de los abusos entre los Regensburger
Domspatzen (coro de niños de la catedral de Ratisbona), del cual fue
director Georg Ratzinger, hermano del Papa. Comenzaba así el primer intento
sistemático por vincular y dañar directamente a Benedicto XVI.
¿Cuál era la verdad? Lo contaba así Diego
Contreras en su blog “La Iglesia en la prensa”: “La diócesis de Ratisbona ha divulgado un caso de abuso ocurrido en 1958, un presunto
caso que habría sucedido al inicio de los sesenta y un tercer caso (todavía
incierto), que se supone que es de 1969. Los tres se refieren de algún modo al
coro de los “Domspatzen”. Se trata de
crímenes, o presuntos crímenes, ocurridos en la residencia donde se alojaban y
estudiaban los chicos. Una institución que contaba con su propia dirección,
independiente de la dirección musical. El hermano del Papa, mons. Georg
Ratzinger, fue director musical del coro (externo a la residencia) en el
periodo 1964-1993. Es decir, no sólo estaba lejano físicamente del lugar de los
hechos, o presuntos hechos, sino que estos ocurrieron en un periodo en el que
él no era ni tan siquiera director (el dato claro del tercer caso es que
ocurrió diez años después de que el presunto culpable abandonara su relación
con el coro)”.
A partir de esta nota puesta en circulación con
transparencia y apertura por la misma arquidiócesis de Ratisbona se
construyeron los más fantasiosos titulares que apuntaban a la caza de Benedicto
XVI sin más información que la mentira y la fantasía de los periodistas en
cuestión.
B. Süddeutsche
Zeitung, TIME y el semanario Stern
La segunda diatriba contra Benedicto XVI vino
de un medio alemán: el Süddeutsche Zeitung. El 13 de marzo de 2010
publicó una nota sobre la supuesta admisión en la arquidiócesis de Munich de un
sacerdote –Peter Hullermann– acusado de abuso y procedente de la diócesis de
Essen. Ya en Munich, habría recibido un nuevo encargo pastoral. Todo esto
habría ocurrido en 1980, cuando el arzobispo de esa sede arzobispal era el
cardenal Joseph Ratzinger.
El mismo día, TIME reproducía la nota
que luego, sucesivamente, daría la vuelta al mundo. El título que dio TIME
fue “El Papa sabía que el sacerdote era
pedófilo pero autorizó que continuara su ministerio”.
¿Cuál era la realidad de los hechos?
Efectivamente el entonces arzobispo de Munich autorizó que Peter Hullermann
residiera pero en un convicto sacerdotal de la arquidiócesis y exclusivamente
para recibir terapia. Tras el nombramiento, en noviembre de 1981, como prefecto
para la Congregación para la Doctrina de la Fe, Ratzinger renuncia a la sede de
Munich y pasa a Roma en febrero de 1982. Durante el periodo de sede vacante (es
decir, cuando aún no se nombra al suplente de Joseph Ratzinger para Munich), el
vicario para la arquidiócesis, padre Gerhard Gruber, es quien decide dar
licencia para que Hullermann ejerciera el ministerio en una parroquia.
En 1985 se dan nuevas denuncias contra
Hullermann (es decir, cuando Joseph Ratzinger ya no estaba en Munich) y se le
retira del ministerio sacerdotal. En junio de 1986 es condenado por abusos de
menores a 18 meses de cárcel en libertad condicional y a una multa de 4.000
marcos.
Otro medio alemán que fallidamente
intentó desprestigiar con mentiras a Benedicto XVI fue el semanario Stern.
El jueves 7 de abril de 2010 publicaba una monumental falsedad según la cual,
como cardenal prefecto para la CDF, Joseph Ratzinger habría encubierto a
Marcial Maciel, presbítero mexicano.
Prontamente el portavoz de
C. The
New York Times
Tras el fallido intento de manchar al Papa
inventando la ficticia relación de su hermano Georg con la situación del Regensburger
Domspatzen, las invenciones del Süddeutsche Zeitung y las ilusiones
del semanario Stern, The New York Times tomó la batuta.
El 24 de marzo de 2010 publicaba una
información sobre los abusos de un sacerdote, Lawrence Murphy, en una escuela
para niños sordos en Wisconsin, el St. John´s School.
El periódico estadounidense acusaba al Papa
porque, según su versión de los hechos, como prefecto para la Congregación para
la Doctrina de la Fe no lo retiró del ministerio sacerdotal, obstaculizó y
archivó el caso, aun conociendo los antecedentes del acusado. Una segunda
entrega fue publicada el 26 de marzo, dos días después.
El padre Federico Lombardi, S.J., portavoz de
De acuerdo a las palabras del padre Lombardi,
Lawrence Murphy, sacerdote de la diócesis de Milwaukee, efectivamente habría
abusado de niños especialmente vulnerables, entre 1950 y 1974. En 1975, cuando
Ratzinger todavía no era prefecto en Roma, habrían salido las primeras
acusaciones contra Murphy. Su caso no se habría derivado a la Congregación
vaticana presidida luego por Ratzinger pues, por entonces, era competencia de
Además, como puntualizó el padre Lombardi, “Es importante subrayar que la cuestión
canónica no estaba relacionada con las potenciales medidas civiles o criminales
contra el padre Murphy”, medidas que, de suyo, fueron archivadas por la
policía norteamericana años atrás. Y añadía: “el Código de Derecho Canónico no prevé sanciones automáticas, pero
recomienda que se haga un juicio sin excluir incluso la mayor pena eclesiástica
de expulsión del estado clerical (cf. Canon 1395, n. 2). Teniendo en
cuenta que el padre Murphy era anciano y estaba mal de salud y que estaba
viviendo en aislamiento y las denuncias de abuso no se habían notificado
durante más de 20 años, la Congregación para la Doctrina de la Fe sugirió que
el arzobispo de Milwaukee estudiara la posibilidad de abordar la situación, por
ejemplo, restringiendo el ministerio público del padre Murphy, y exigiéndole
que aceptara la plena responsabilidad de la gravedad de sus actos. El padre
Murphy murió aproximadamente cuatro meses más tarde, sin más incidentes”.
Sobre este tema concreto, un artículo de
Riccardo Cacioli en el diario Avvenire
(ver enlace a la traducción española de “El New York Times se desmiente en sus
ataques contra el Papa”) recapitulaba los dos artículos del periódico
neoyorkino haciendo ver la incongruencia de lo supuestamente revelado: “Los documentos dicen de hecho que los únicos
que se preocuparon por el mal realizado por Murphy fueron los responsables de
la diócesis americana y la Congregación para la Doctrina de la Fe, mientras que
las autoridades civiles habían archivado el caso. Concretamente, la
Congregación para la Doctrina de la Fe, implicada en la cuestión sólo entre
1996 y 1997, dio la indicación de proceder contra Murphy a pesar de que la
lejanía temporal de los hechos constituyera un impedimento a la norma del
derecho canónico”.
También tuvo su impacto y ofreció
luz el artículo de Massimo Introvigne titulado “El lobby
laicista contra el Papa. El gran bulo del New York Times”.
Escribía Introvigne: “Este nuevo ejemplo de periodismo basura confirma cómo funcionan los
“pánicos morales”. Para enfangar a la persona del Santo Padre se remueve un
episodio de hace treinta y cinco años, conocido y discutido por la prensa local
ya a mitad de los años 70, cuya gestión –en cuanto era de su competencia y un cuarto
de siglo después de los hechos– por parte de la Congregación para la Doctrina
de la Fe, fue canónica y moralmente impecable, y mucho más severa que la de las
autoridades estatales americanas. ¿De cuántos de estos “descubrimientos”
tenemos aún necesidad para darnos cuenta de que el ataque contra el Papa no
tiene nada que ver con la defensa de las víctimas de los casos de pedofilia
–ciertamente graves, inaceptables y criminales, como Benedicto XVI ha recordado
con tanta severidad– sino que intenta desacreditar a un Pontífice y a una
Iglesia que molestan a los lobbies
por su eficaz acción de defensa de la vida y de la familia?”.
Semanas más tarde, el vicepresidente de The
News Corporation, William McGurn, publicaba un artículo en The Wall
Street Journal (cf. 06.04.2010) sobre las motivaciones del New York
Times para divulgar información parcial y calumniosa contra el Papa.
McGurn expone que los documentos usados para
los dos artículos de The New York Times (firmados por Laurie Goodstein)
fueron proporcionados por dos abogados de cinco hombres que han demandado
económicamente a la arquidiócesis de Milwaukee: Jeff Anderson y Mike Finnegan.
¿Quién es el abogado Anderson? De acuerdo a McGurn, el mismo que en 2002
declarara a
En su artículo, McGurn reta a The New York
Times a comprobar que Lawrence Murphy no fue sancionado, como afirma el
mismo diario. Y concretamente sobre el entonces cardenal Ratzinger afirma: “El hombre que es ahora Papa reabrió casos
que habían sido cerrados, hizo más que nadie para procesar casos y hacer responder
a los abusadores, y se convirtió en el primer Papa en hablar con las
víctimas".
Y cuestiona después: “¿No es ésta acaso la más razonable interpretación de todos estos
eventos: que la experiencia del Cardenal Ratzinger con casos como el de Murphy
lo llevaron a promover reformas que le dieron a la Iglesia armas más efectivas
para manejar los abusos sacerdotales?”
Para William McGurn es necesario que la prensa proporcione "algo de contexto y muestre algo de
escepticismo periodístico sobre lo relatado por un abogado defensor que hace
millones con este tipo de casos", en referencia a Jeff Anderson.
D. Associated
Press y El País
El último intento por desprestigiar a Benedicto
XVI fue el de
El caso, magnificado, reinterpretado y aumentado,
por el conocido periódico español El País, de corte marcadamente
anticristiano, afirma que en una carta de 1985 el entonces cardenal Ratzinger
se habría opuesto a la destitución de Stephen Keisle, quien cometió abusos
sexuales en 1981 y a quien la propia diócesis de Oakland, en California, pidió
destituir pues ya había antecedentes e incluso una condena civil de 1978.
El País miente y habla equívocamente: al cardenal
Ratzinger no le competía destituir (entendiendo como apartar de su puesto al sacerdote,
que de suyo sí hizo el obispo de Oakland, pues era de su competencia) sino
reducir al estado laical a Stephen Keisle (es decir, que dejara de ser
sacerdote), cosa que de hecho sucedió en 1987. En los dos años que tardó la
decisión sobre este segundo punto no se registraron abusos.
En una entrevista con Il Corriere della Sera
(cf. 10.03.2010), el subdirector de la Sala de Prensa de
Un artículo de Massimo Introvigne, director del
Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones, sobre este nuevo bulo lanzado
ahora por Associated Prees, comprobaba la pretensión de fondo: “calumniad, calumniad, que algo queda”
(vale la pena leer el artículo completo en Adelante
otro bulo: la carta de 1985 del cardenal Ratzinger).
Ciertamente los cuatro casos mencionados no son
los únicos, si bien sí son los que han tenido mayor trascendencia mediática.
Ahí están también los continuos artículos difamatorios y periodísticamente
defectuosos en periódicos como el Die Preese, de Austria; el Trouw,
de Holanda; el Sme, de Eslovaquia; el Times of Malta, de Malta; The
Times y The Guardian de Gran Bretaña; Nwsmill y Sydsvenska
Dagbladet, de Suecia;
E. Acusaciones peregrinas y acciones
disparatadas
A los acontecimientos de Irlanda y Alemania le
han seguido otros deplorables en Austria, Holanda, Noruega, Suecia y, con menor
intensidad, en Chile, España, Brasil y México.
Todos han estado puntualmente acompañados por
la irresponsabilidad informativa de medios como los apenas enunciados así como
otros de cobertura imperfecta. La gravedad de una información adulterada ha
quedado patente en los pronunciamientos de diferentes personalidades del mundo
de la política y de la cultura; pronunciamientos que, dicho sea de paso, no corresponden
a la realidad de los acontecimientos: sea a sus causas, sea a sus
consecuencias.
El 9 de marzo de 2010, el periódico alemán Süddeutsche
Zeitung publicaba las declaraciones de la ministra alemana de justicia,
Sabine Leutheusser-Schnarrenberger, exigiendo a la Iglesia indemnizaciones,
incluso para los casos no comprobados de pederastia. Este mismo periódico
también daría espacio a las críticas disidentes de Leonardo Boff contra el
Papa.
Era esa misma ministra (del
El presidente de
Otro político, aunque éste español, lanzaba
unas irrespetuosas y denigrantes declaraciones a mediados de abril de 2010 al
acusar al Vaticano –y además sin pruebas– de dar “licencia para violar”. Se trata de Álvaro Cuesta, diputado del
partido socialista por Asturias y secretario de “libertades públicas” del
Partido Socialista Obrero Español. La secretaria de política internacional del
mismo partido, Elena Salgado, también ha unido su voz a las voces críticas
contra la Iglesia.
Justamente el domingo de ramos de 2010, The
Washington Post se unía al coro de medios hostiles contra la Iglesia
católica con la publicación de un agrio artículo de
A inicios de abril de 2010, el abogado de
nacionalidad australiano-británico, Geoffrey Robertson, publicaba un artículo
(cf. Sentar al Papa en el banquillo)
en el periódico The Guardian. Este señor es miembro del equipo de cinco
juristas de Naciones Unidas. Con su artículo promovía procesar a Benedicto XVI
por los casos de pederastia, sobre todo considerando que en septiembre de 2010
visitaría el Reino Unido. Aún siendo abogado, Robertson olvidaba, además de la
inmunidad diplomática que posee un jefe de Estado, que los delitos no los había
cometido aquel al que desea procesar.
Los ateos, con Richard Dawkins y Christopher
Hitchens a la cabeza, han secundado la iniciativa de Robertson.
Hans Küng, al que algunos regalan todavía el
título de “teólogo”, publicó el 15 de abril de 2010 una carta abierta a todos
los obispos católicos del mundo. En esa misiva, el octogenario “sacerdote”
critica el pontificado de Benedicto XVI (sobre todo por el levantamiento de la
excomunión a los lefebvristas, la disciplina sobre el celibato, etc.) para
luego invitar a los obispos a una subversión contra el Papa, al que sin más
pruebas que sus palabras acusa de ocultamientos.
Semanas antes, precisamente un obispo decía
sobre Küng: “Las inusitadas y claramente
forzadas acusaciones del teólogo Hans Küng contra la persona de Joseph
Ratzinger, teólogo, obispo, Prefecto de la Congregación de la Fe y ahora
Pontífice, por haber causado, según él, la pedofilia de algunos eclesiásticos
mediante su teología y su magisterio sobre el celibato nos amargan
profundamente”.
Desde el mundo anglicano también llegaron los
ecos. En una entrevista con la BBC, el primado de la Iglesia anglicana
alegó que la Iglesia católica había perdido toda su credibilidad como resultado
de los numerosos escándalos sexuales por parte de curas pedófilos en Irlanda
(cf. ForumLibertas.com, 07.04.2010). Después pidió disculpas por sus
palabras pues de hecho la moral en la confesión anglicana no está muy bien.
2. A la defensa del Papa
En todo este espectáculo mediático que han
construido y promovido diversos medios de comunicación, diferentes voces se han
alzado para dejar constancia de la injusticia que está ocurriendo.
En una entrevista publicada por el diario
italiano La Repubblica, el presidente emérito del Pontificio Consejo
para los Textos Legislativos, cardenal Julián Herranz, manifestó su adhesión al
Santo Padre, además de afirmar que los escándalos producen en el Papa un
sufrimiento “indecible, atroz y profundo”.
Cardenales, obispos, Conferencias Episcopales,
Movimientos y diversas realidades eclesiales han manifestado también su
cercanía al Papa y han lamentado la porrácea campaña mediática contra Su
Santidad. Por citar algunos casos, el cardenal arzobispo de París, André
Vingt-Trois, presidente de
Al finalizar la misa del domingo de ramos de
2010 en la catedral de san Patricio, en Nueva York, se dejó sentir un largo
aplauso para el Papa, después de las palabras del arzobispo Timothy Dolan: “Lo que hace más profunda ahora la tristeza
son las insinuaciones sin tregua contra el propio Santo Padre, ya que algunas
fuentes parecen ansiosas por implicar al hombre que, quizá más que ningún otro,
ha sido el líder de la purificación, reforma y renovación que la Iglesia tanto
necesita”. Fue a monseñor Dolan al que meses atrás The New York Times
vetó publicar un artículo que hablaba sobre el anticatolicismo.
La Conferencia de Obispos Católicos de Estados
Unidos publicó el 30 de marzo una declaración con la que manifestaron su apoyo
y adhesión al Papa. Especialmente conmovedoras fueron las sentidas palabras de
cercanía y apoyo que el domingo de Resurrección dijera a nombre de la curia su
decano, el cardenal Angelo Sodano, al Papa.
Días más tarde, en una entrevista a L´Osservatore
Romano (cf. 06-07.04.2010), el cardenal Sodano recordaba que el Papa ha
pedido perdón por toda esta situación varias veces ya, aun no siendo él el
culpable.
A. Católicos
La plataforma española HazteOir.org, ForumLibertas.com
y E-Cristians.net han estado promoviendo campañas masivas de apoyo al
Papa en las últimas semanas (para adherirse se puede hacer pinchando aquí).
Escritores como George Weigel, Jay Scott,
Massimo Introvigne, Andrea Tornielli, José Luis Restán o Juan Manuel de Prada,
entre muchos otros, han salido al paso contra las calumnias.
B. No sólo los católicos defienden al Papa
No han sido sólo los católicos quienes ante la
campaña de linchamiento mediático contra el Papa han manifestado su desconformidad.
Jon Juaristi, poeta, novelista, columnista y
ensayista judío, señaló que “no es
necesario ser católico” para darse cuenta de esa campaña anti-Iglesia. Con
un artículo publicado en el diario español ABC
(04.03.2010), Juaristi ha puesto en claro las cosas: “Sólo el Papa y la Iglesia se han tomado en serio este asunto [el de
los abusos, ndr]. Explotando el escándalo, la prensa
amarilla sólo busca vender, y la progre, sacar a los católicos del espacio
público, o al menos, si la campaña no diera para tanto, dejar la reputación del
clero por los suelos”. Y más adelante afirma: “El blanco de los ataques ya no lo constituyen los curas pederastas y
los obispos encubridores, sino el Papa, contra el que se ha movilizado la
progresía justiciera”.
Peggy Noonan, ex asesora durante la presidencia
de Ronald Reagan publicaba en The Wall Street Journal un artículo en el
que, además de manifestar su apoyo al Papa, recuerda a tres grupos de víctimas
sobre todo este tema: “El primero y el
más obvio son los niños que fueron abusados”. El segundo es el de “los buenos sacerdotes y religiosas, los
grandes líderes de la Iglesia en el día a día, que salvan a los pobres, enseñan
a los inmigrantes y, literalmente, salvan vidas. Ellos han sido estigmatizados
cuando merecen ser alabados”. Y el tercer grupo está formado “por los heroicos católicos de Estados Unidos
y Europa en los bancos de sus parroquias, las fuertes almas que pese a lo que
se le hace a su Iglesia están todavía allí, haciendo la vida parroquial
posible, sosteniendo su bandera, con su fe inquebrantable”.
Ed Koch, primer alcalde judío de Nueva York,
expresó su solidaridad a Benedicto XVI con la publicación de una entrada en su blog
alojado en The Jerusalem Post. Haciendo una radiografía de la prensa
laica afirmaba: “No pretenden informar,
sino castigar”, para luego aseverar que los ataques al Papa son mero
anticatolicismo debidos a la postura de la Iglesia en temas como el aborto, la
oposición a “matrimonios” entre homosexuales o la negativa a los métodos
anticonceptivos, el sacerdocio femenino o la disciplina sobre el celibato
eclesiástico.
El presidente del senado italiano, Renato
Schifani, rechazó también la agresiva campaña mediática contra Benedicto XVI: “los ataques al Pontífice en estos días son
inaceptables e indignos dado que el Santo Padre ha adoptado recientemente
medidas decisivas ante los casos de abusos sexuales cometidos por algunos
miembros del clero”. Los presidentes de la Cámara de Diputados, Gianfranco
Fini, y de
Dos italianos más, ambos agnósticos, salieron
en defensa del Papa. Giulano Ferrara, director del periódico Il Foglio,
escribía un artículo donde mostraba los objetivos de la campaña mediática
contra el Benedicto XVI y la Iglesia: "Los
radicales quieren una Iglesia democratizada y sometida plenamente por las leyes
del estado, sin espacio para su 'siniestro' teatro de lo divino y del culto y
de la 'represiva y supersticiosa' cura de almas. Los liberales, por lo menos de
tono y método, como buscamos ser nosotros en Il Foglio, creen en una
Iglesia y un Estado libre, en una Iglesia que tiene derecho a la palabra, la
acción, la educación y el autogobierno. Y que sobre todo tiene derecho también
al propio punto de vista al distinguir, sagrado principio liberal, entre pecado
y delito".
Marcello Pera, por su parte, escribía una carta
al director de un periódico italiano. La titulaba “Una agresión al Papa y a la democracia” (cf. Análisis y
Actualidad, boletín telemático, número especial, 23 de marzo de 2010). En
esa epístola manifestaba su disgusto ante la situación mediática de
beligerancia contra el Pontífice. En una de las partes más emblemáticas decía:
“Hoy como ayer, lo que se quiere es la
destrucción de la religión”.
Desde España, Gabriel Albiac elogiaba así la
carta de Benedicto XVI a los irlandeses: “No
es necesario creer en nada, salvo en la inteligencia, para apreciar la
elegancia conceptual de Benedicto XVI […] En la asunción de esa culpa colectiva, Benedicto XVI persevera en el
rigor teológico de Ratzinger. Admirable. Aún para el que no cree”.
En Rusia, el periódico no católico Pravda.ru
publicó un editorial a favor del Papa. El escrito firmado por Artur Rosa
Teixera comenta que los casos aislados, sobre todo los más complicados, se
generalizan para inducir a los lectores a creer que todo el cuerpo es igual.
Pero Teixera va todavía más allá al referir qué
está detrás de estos ataques sistemáticos: "Esta generalización obviamente tiene connotaciones ideológicas y sigue
una agenda política que busca deconstruir la sociedad tradicional y sus
instituciones seculares así como imponer un nuevo orden mundial con la manera
de los siniestros intereses de la oligarquía internacional, los mismos que
manejan los mercados financieros y, a través de ellos, controlan ampliamente la
economía mundial".
Y hablando sobre las calumnias del The New
York Times revela: “Se ve la mala fe
y el tinte difamatorio de la campaña que se ha articulado contra la jerarquía
del mundo católico. Y eso se entiende. El actual Pontífice, consistente con los
principios de la Iglesia Católica, ha desarrollado una resistencia tenaz contra
los propósitos divisorios, alentados por organizaciones seculares que buscan
imponer una visión sexista y hedonista de la sociedad, reduciendo al hombre a
su naturaleza humana, negándole su dimensión espiritual. Estas organizaciones
obviamente no han surgido 'espontáneamente' ni viven del aire… han sido creadas
y son apoyadas por la cuna de tales fundaciones filantrópicas como
El periódico Spiked, del Reino Unido,
publicaba un artículo de Brendan O´Neill, su editor, titulado The Secular
Inquisition (13.04.2010). En él, O´Neill reprueba la campaña atea de
algunos británicos que quieren procesar a Benedicto XVI y la calificaba de “profundamente inquietante, autoritaria e
inquisitorial”.
Por su parte,
En Francia, un grupo de intelectuales lanzó el
31 de marzo un llamamiento a la verdad (se puede visitar el portal que acompaña
la iniciativa en www.appelaverite.fr). Tras solidarizarse con las
víctimas de abusos, también hace lo propio con el Papa.
C. Algunos medios honestos
Un artículo publicado por el diario español La
Razón (cf. Roma encargó una investigación a Doctrina de la Fe en 2001.
Los hechos de Irlanda o de EEUU responden a circunstancias distintas)
reconocía la disparidad de trato entre la Iglesia católica y otros sectores de
la población en el tema de la pederastia: “La prensa internacional presenta los
casos de abusos sexuales en el clero de forma distinta que en cualquier
otro colectivo”.
No era el único medio. Il Corriere della
Sera (italiano) publicaba el 21 de marzo una editorial firmada por Ernesto
Galli della Loggia donde dice: “Cada vez es más frecuente que el discurso
público de las sociedades occidentales muestren una perspectiva despectiva,
cuando no abiertamente hostil, hacia el cristianismo”.
3. Consideraciones finales: lo que no hay que
confundir
Todo lo que supone un solo abuso ya es
suficiente como para reprobar lo más posible, canónica y civilmente, al autor
del mismo. Todo los hechos ciertos que se han venido conociendo son y serán
siempre una patética aberración.
Sin embargo, como ulterior consideración válida
para juzgar adecuadamente la información que se recibe, no se puede perder de
vista algunos elementos que, si bien no restan gravedad a los acontecimientos,
sí los matizan y ofrecen elementos para una mejor crítica y para ponderar
adecuadamente el bombardeo mediático.
A. La palabra “abusos”
El informe irlandés citado casi al comienzo de
este análisis comprende cinco volúmenes: 2.575 páginas. Los titulares que
salieron después de que se hizo público tendieron a identificar la palabra
“abuso” que aparece en el texto como “abuso sexual”, exclusivamente.
Quienes hemos tenido la oportunidad de repasar
con detenimiento el informe completo pudimos advertir lo que el mismo informe
revela: el término abuso se usa en su acepción más amplia, no sólo referido al
sexual sino también, y sobre todo, al físico de castigos y violencia, y al
psicológico y a las malas condiciones de las escuelas.
Algo similar sucedió en el informe que dio el
fiscal del Estado alemán, Thomas Pfister, al investigar el caso de la
escuela de Ettal. En su balance, Pfister refiere hasta 100 víctimas pero mezcla
los casos de abusos sexuales (missbrauch) con los castigos corporales (misshandlung).
Ya en un artículo de Elizabeth Lev para Politics
Daily (cf. En defensa del clero
católico -¿o queremos otro reino del terror?-) la autora ponía el dedo en
este tema: “La frase “abuso sexual” se
equipara erróneamente con “pedofilia” para avivar aún más
B. Católico no es igual sólo a
sacerdote y la maximización de las cifras
Otro error común de la prensa
laica es identificar inmediatamente un caso de abuso en una institución católica
con la inmediata imputación a la figura del sacerdote.
Es algo que ha quedado reflejado,
por ejemplo, en la percepción de situaciones como la reportada a inicios de marzo de 2010 por la
cadena de televisión alemana ARD. El canal de televisión informaba sobre el
caso de abusos en una fundación católica para niños autistas en Düsseldorf. Los
acusados, contrariamente a lo que se pensó, no eran religiosos o sacerdotes
sino laicos.
En el caso del primer informe
irlandés, de todos los centros femeninos estudiados hay sólo tres casos de
abusos y las autoras fueron laicas que trabajaban en esas instituciones. Para
los centros masculinos sólo hay mención de abusos explícitamente sexuales por
parte de 23 religiosos. Éstos se concentran, sobre todo, en dos de los doce
centros estudiados. En cuatro centros más los abusos no fueron cometidos por
sacerdotes sino por otros colegiales de cursos superiores. En los demás fueron
laicos.
La maximización de las cifras es
un tópico recurrente. Sin dejar de recordar que un solo caso es suficiente para
justificar enojo y vergüenza, estudiosos como Philip Jenkins, de la Universidad
de Pennsilvania, explicaba al diario Le Monde (cf. 08.04.2010) que los
abusos conciernen a un reducido número de sacerdotes.
La entrevista de Avvenire
con monseñor Scicluna también ilumina en este campo. Interrogado sobre la
procedencia numérica de los casos de abusos, el oficial de justicia de la CDF
responde: “Sobre todo de Estados Unidos que entre
2003-2004 representaban alrededor del 80% de la totalidad de los casos.
Hacia 2009 el porcentaje estadounidense disminuyó pasando a ser el 25% de
los 223 nuevos casos señalados en todo el mundo. En los últimos años
(2007-2009), efectivamente, la media anual de los casos señalados a la Congregación
en todo el mundo ha sido de 250 casos. Muchos países señalan sólo uno o dos
casos. Aumenta, por lo tanto, la diversidad y el número de los países de
procedencia de los casos, pero el fenómeno es muy limitado. Hay que tener en
cuenta que son 400.000 en total los sacerdotes diocesanos y religiosos en
el mundo. Esa estadística no se corresponde con la percepción creada cuando
casos tan tristes ocupan las primeras planas de los periódicos”.
C. El tema del celibato
Algunos han querido relacionar el
celibato eclesiástico con los casos de pederastia. Incluso se han
instrumentalizado y deformado palabras, como las del cardenal Chistoph Schönborn,
de Viena, para “hacerle culpar” al celibato de la crisis actual. El mismo
Schönborn negaría la tergiversación.
¿Y tienen algo que ver celibato y
pedofilia? En opinión de Christian Pfeiffer, director del Instituto de
Investigación Criminológica de Hannover, nada tiene que ver lo uno con lo otro.
En esa línea va lo que afirma
también el prestigioso profesor Hans-Ludwig Kröber, director del Instituto de
Psiquiatría Forense de
Como recogía Ricardo Estarriol en
un artículo publicado en Aceprensa (cf. 23.03.2010): “En un detallado estudio estadístico, Kröber
demuestra que la probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual en
Alemania es de 1 contra 40”.
“La causa de la pedofilia no es el celibato”, lo decía también el
profesor Tonino Cantelmi, presidente de
Más recientemente, en su visita a
Chile, el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, hizo unas
declaraciones sobre la relación que de hecho sí existe entre pedofilia y
homosexualidad. Un periodista preguntó al cardenal si en el caso de los
sacerdotes abusadores había una relación entre celibato y pedofilia. Al
respecto, el cardenal Bertone respondió: "Han demostrado muchos sicólogos, muchos siquiatras, que no hay relación
entre celibato y pedofilia, pero muchos otros han demostrado, y me han dicho
recientemente, que hay relación entre homosexualidad y pedofilia". Su
respuesta estaba basada en los estudios realizados sobre el grupo humano sobre
el que se le cuestionó.
La respuesta del secretario de
Estado fue descontextualizada y usada después para un nuevo linchamiento
mediático en su contra que, en definitiva, estaba dirigido contra
Ciertamente esta manera de
reportar informaciones no exime a las personas de cotejar las fuentes
originales. Es lamentable que sin consultar la respuesta completa, no sus
interpretaciones, incluso el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia haya
atacado a Bertone y que en el Parlamento español se haya promovido una moción
contra
“Quienes lo critican confunden una rueda de prensa con un tratado de
medicina, y buscan prohibir la cita de aquellos datos estadísticos que
consideran como políticamente incorrectos. Es una forma de censura inaceptable,
en ocasiones disfrazada de científica”, respondía el profesor Introvigne en
una entrevista concedida a
D. No se ha pedido silencio a
las víctimas y a los obispos
En una nota publicada por Aciprensa
(cf. 26.03.2010), el cardenal arzobispo de Sydney, George Pell, señalaba que
algunos medios suelen referir que las normas de la Iglesia les pedían secreto,
tanto a los obispos como a las víctimas, y no comunicar nada a la policía bajo
pena de excomunión. Además de negarlo, el cardenal decía que, en su experiencia
pastoral de encuentro con víctimas de abusos sexuales, éstas prefieren
frecuentemente la privacidad.
Diferentes medios, entre los que
destacan The New York Times, la BBC de Londres y TIME, han
afirmado en diferentes momentos que el documento Crimen Sollicitationis
(El crimen de solicitación) imponía silencio a las víctimas. El texto,
disponible en la página web del Vaticano (en el siguiente enlace se puede consultar una traducción privada en
lengua inglesa) evidencia que no es así. Originalmente redactado en
latín, los medios apenas citados no explican qué traductor fue quien les reveló
el contenido. También se afirma que el documento De delicta graviora
(Sobre crímenes más serios) hacía lo mismo.
Cabe decir, en referencia a las
víctimas de estos hechos de abusos sexuales, que las más de las veces éstas no buscan indemnizaciones económicas ni aparecer en
los medios. Como decía el padre Federico Lombardi a
E. Disparidad de trato
La cobertura que se ha dado a la
reciente situación de la Iglesia en el rubro que estudia este análisis, ha sido
claramente dispar respecto a otras instituciones o grupos humanos.
Un ejemplo claro de este inciso
es la tratativa dispensada recientemente al internado de élite alemán Odenwald,
de gestión completamente laica (de hecho vinculado a la UNESCO) y en el cual
también se dieron casos de abusos sexuales a 23 chicos y una chica, entre los
años sesenta y noventa. Fundada en 1910 por un matrimonio de pedagogos judíos
(Paul y Edith Geheb), Odenwald ha contado entre sus alumnos a personalidades
del mundo de la política como Daniel Cohn Bendit, actual líder de los verdes en
el Parlamento Europeo, y a personajes del mundo de la cultura como la directora
de cine Sandra Nettelbeck y los escritores Jakob Arjouni y Amelie Fried.
Pero esta disparidad no sólo
contrasta en ese aspecto. El artículo de Elizabeth Lev en la web de Politics
Daily dice también: “Los salaces
informes sobre los abusos del clero (como si estuvieran limitados sólo al clero
católico) han sido colocados por encima de las masacres de cristianos en India
e Irak”.
No sólo es eso. El 13 de abril,
el periódico La Repubblica colocaba en primera plana un titular sobre la
crítica de los homosexuales a unas declaraciones del cardenal Tarcisio Bertone
en Chile. Casualmente, tanto éste como tantos otros diarios, apenas si daban
cobertura a las pintadas obscenas y calumniosas en la casa natal del Papa en
Alemania.
Resulta cuando menos curioso que
los mismos medios que reflejan en sus portadas y en sus páginas las historias
de eclesiásticos que han fallado a Dios, a la Iglesia y a las almas, no
concedan el más mínimo espacio a los miles de testimonios de sacerdotes que
viven fielmente su vocación.
F. Pedofilia y Efebofilia. ¿Números inflados?
La exageración mediática convertida en pánico
moral no ha tenido a bien distinguir entre la pedofilia propiamente dicha y la
efebofilia, ni tampoco a reflejar las cifras reales que afectan a la Iglesia.
En una ya célebre entrevista del diario Avvenire
a Mons. Charles Scicluna, promotor de
justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el oficial al que llegan
y que gestiona los casos de abusos perpetrados por sacerdotes católicos), el
prelado ponía de manifiesto la realidad.
Preguntado por el número de
casos tratados, Scicluna respondía: “En los últimos
nueve años (2001-2010) hemos analizado las acusaciones relativas a unos 3.000
casos de sacerdotes diocesanos y religiosos concernientes a delitos cometidos
en los últimos cincuenta años”. A la respuesta sigue la pregunta del periodista Gianni Cardinali: “¿Tres mil casos de sacerdotes pedófilos?”,
a lo que monseñor Charles contesta: “No
es correcto definirlo así. Podemos decir que “grosso modo” en el 60% de esos casos se trata más
que nada de actos de “efebofilia”, o sea debidos a la atracción sexual por
adolescentes del mismo sexo, en el otro 30% de relaciones heterosexuales y en
el 10% de actos de pedofilia verdadera y propia, esto es, determinados por la
atracción sexual hacia niños impúberes. Los casos de sacerdotes acusados de
pedofilia verdadera y propia son, entonces, unos trescientos en nueve años. Son
siempre demasiados, es indudable, pero hay que reconocer que el fenómeno no
está tan difundido como se pretende”.
G. Últimos detalles
Las declaraciones del profesor Jenkins, autor
de Pedophiles and Priest. Anatomy of a Contemporany Crisis (Oxford
University Press, 2001), al diario Le Monde recuerdan también el
contexto general en el que se deben enmarcar la tratativa eclesial sobre los
casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos según la época: “La respuesta de la Iglesia a los abusos
sexuales cometidos en su seno se inscribe en buena parte en el contexto
legislativo, político y moral de la época, y evoluciona en función de él entre
1950 y
Por otra parte, se está olvidando que el
problema de la pedofilia tiene un contexto que no es exclusivamente el
eclesial. En la carta del Papa a los católicos de Irlanda (léase completa en el
siguiente enlace), Benedicto XVI hacía una interesante
contextualización del problema de
“En las últimas
décadas […] la Iglesia […] ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves
retos para la fe debidos a la rápida transformación y
secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy
veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la
tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos.
Asimismo, las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la
hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los
retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.
También fue
significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes
y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad
secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación
propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la
luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada
fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una
tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar
los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este
contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema
de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe
y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.
Sólo examinando
cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es
posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones
eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos
enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los
candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación
humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la
tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y
una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por
evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de
las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad
de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos
factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las
víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no
lo habían hecho siglos de persecución”.
H. La diarrea de titulares y el ocaso del
periodismo
La carrera por hacer titulares ha llevado a
algunos medios a mentir, falsear y calumniar. Ya que hemos mencionado el caso
del colegio Odenwald, de Alemania, que nada tiene de relación con la Iglesia
católica, fue significativo el yerro monumental que en su website tuvo
el periódico alemán Frankfurter Rundchau al titular una entrada: “El Papa debe tomar postura sobre Odenwald”.
Momentos más tarde tendría que cambiar sigilosamente el título.
Ramón Pérez-Maura recordaba desde una columna
en el ABC de España que “Periodismo
implica cotejar. Incluso –y yo diría sobre todo– cuando la fuente de una
información es
El abuso mediático del tema de los abusos plantea
la seria consideración del tipo de periodismo que se hace actualmente en buena
parte de los medios de comunicación de mayor trascendencia. Las informaciones
parecen haber abdicado de la necesidad de investigaciones serias, fuentes
contrastadas y contenidos veraces. Crear morbo, vender y calumniar parece ser
la pauta a seguir. No sé si muchos de los medios referidos en este análisis
sean verdaderamente anticristianos, pero sí sé que no han hecho periodismo.
El abuso de los abusos convertido en persecución
contra Benedicto XVI, precisamente en el año sacerdotal, pareciera responder,
al menos como hipótesis, a un “miedo” a que este evento eclesial suscite nuevas
y santas vocaciones, fortalezca a los millares de sacerdotes (y religiosas)
santos, y anime a los cristianos a vivir como tales. Tal vez también habría que
mirar ahí cuando se trata de encontrar causas muy de fondo a la campaña
mediática contra el rottweiler de Dios que, pese a la difamación, suma
cinco años como guía de una Iglesia que supera ya los dos mil años de historia.
Un diagnóstico de la prensa, al menos de la
aquí citada, apunta a su triste y vergonzoso ocaso.
Vuelve a la Tabla de Contenidos
El problema del pecado en la Iglesia
La existencia del pecado en la
Iglesia no contradice la doctrina católica sino que
· Sólo Dios uno y trino es absolutamente santo. El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, santifica a los cristianos. Sin embargo, sólo Dios es santo en un sentido primero y original. Los cristianos son santos en un sentido segundo y derivado.
· La Iglesia celestial ya no está necesitada de purificación. En el Cielo los cristianos participan de la gloria y de la santidad del mismo Dios. Conocen y aman como Dios conoce y ama.
· En la Iglesia terrestre hay "santos" (cristianos en estado de gracia) y "pecadores" (cristianos en estado de pecado mortal). En este sentido de la palabra "pecador" -que es su sentido más propio- sólo algunos cristianos son pecadores. Distinguir con certeza plena quiénes son en la Iglesia los santos y quiénes los pecadores supera la capacidad del hombre. Esto es una prerrogativa del juicio de Dios.
· En la vida de cada cristiano hay gracia y pecado, actos buenos y malos. Debemos reconocer con humildad nuestras culpas, arrepentirnos sinceramente de ellas y confiar en la misericordia de Dios, que hace sobreabundar la gracia allí donde abundó el pecado.
De hecho los hijos de la Iglesia
han pecado a lo largo de
Sin embargo, en honor a la verdad histórica, se debe rechazar las "leyendas negras" anticatólicas. Éstas pueden ser clasificadas en dos grandes grupos:
· Exageraciones a partir de abusos reales: muchos críticos anti-católicos exageran enormemente los abusos cometidos en la Inquisición, las Cruzadas, la conquista de América por parte de España, etc. También suelen hacer generalizaciones indebidas a partir de errores puntuales, como el del caso Galileo.
· Falsedades: el supuesto antisemitismo del Papa Pío XII, la presunta responsabilidad de la moral sexual católica en la propagación del hambre y el SIDA, la presunta responsabilidad de la Iglesia en los abusos contra los derechos humanos de las dictaduras militares latinoamericanas de los años setenta, la supuesta alianza histórica de la Iglesia con los poderosos en la lucha de clases, etc.
Por otra parte, no se debe sobrevalorar los pecados cometidos por miembros individuales de la Iglesia (por ejemplo, los casos de clérigos culpables de violaciones). Juzgar a la Iglesia por los actos malos cometidos por algunos de sus miembros es una generalización indebida.
Los pecados de los hijos de la Iglesia no proceden de la fe cristiana sino de su negación práctica. Son contrarios al Evangelio, a la verdad revelada por Dios en Cristo. Hay quienes van a Misa todos los domingos y son malos católicos. Pero es crucial comprender que no son malos católicos porque van a Misa, sino a pesar de que van a Misa. No ocurre otro tanto con las ideologías (liberalismo individualista, colectivismo marxista, etc.). Los crímenes de estas ideologías no son meros accidentes históricos, sino que dimanan de su misma esencia. Provienen necesariamente de ellas del mismo modo que una conclusión se deriva de unas determinadas premisas.
En la historia de la Iglesia
Católica abunda el pecado, pero sobreabunda
Fuente:
*) Nota del autor: Obviamente este “nosotros” no se limita a los cristianos, sino que los incluye, abarcando a toda la humanidad.
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Carta a Brecha en respuesta a un
artículo de Daniel Vidart
Estimado Sr. Director:
El nº 1271 de Brecha incluye un artículo de Daniel Vidart titulado “Fe, creencia, credulidad”, cuyo objetivo principal es demostrar el carácter irracional de la fe católica. Vidart dice que lo inspiró un artículo de crítica literaria de “El País” donde se hacía una distinción entre “fanáticos ciegos” y “creyentes cultos y razonables”. Su propio artículo pretende probar que esa disyuntiva no existe, porque la fe cristiana es necesariamente ciega e irracional. Según Vidart, el “creyente razonable”, en la misma medida en que es razonable, deja de creer.
En realidad, la distinción indicada es imperfecta, porque lo contrario a una fe razonable es una fe irracional, no el fanatismo religioso, que es algo muy distinto: el celo desmedido en la defensa de la propia fe, llegando incluso (a veces) al intento de imponer a otros la propia fe por medios violentos. Se puede sostener una fe en sí razonable fanáticamente o sin ningún fanatismo; y también se puede sostener una fe irracional con o sin fanatismo.
El núcleo del artículo de Vidart
está dedicado a un análisis del acto de fe y del contenido de la fe católica.
En su análisis del acto de fe, Vidart comete un error inesperado en un
intelectual de su categoría. Dado que él se proponía demostrar la
irracionalidad de la fe católica, debería haber criticado la noción católica de
Vidart ignora olímpicamente la
doctrina católica sobre la fe y se esfuerza por definir la fe recurriendo a
varios diccionarios donde la concepción católica de la fe está mal
representada. Por ejemplo, Vidart cita un diccionario soviético que define la
fe como la “aceptación gratuita de la
veracidad de tal o cual fenómeno” y añade que “la fe ciega en lo sobrenatural… constituye una parte componente de
toda religión… La fe religiosa se halla contrapuesta al saber”. No es ése el tono de una enciclopedia que
aspire a cierta objetividad. El solo hecho de acudir en este tema a un
diccionario partidista como el de Iudin y Rosental, un catecismo marxista
ordenado alfabéticamente, resulta sorprendente.
Vidart no analiza la noción de
“fe en general”, de la cual la fe cristiana es un caso particular. La fe en
general no consiste en aceptar algo porque alguien lo manda ni (peor aún)
porque sí, sin motivo alguno, sino en dar por verdadero algo porque se tiene
buenas razones para pensar que quien lo atestigua es digno de fe. La fe así
entendida origina más del 90% de los conocimientos de cualquier persona culta.
La fe cristiana corresponde al caso en que quien testifica es Dios mismo,
haciéndose presente en la historia humana y manifestando su presencia por medio
de signos sobrenaturales, que sólo pueden venir de Él. Las cuestiones que vale la pena discutir aquí son básicamente dos: si
Dios existe y si de hecho hubo o no una Revelación de Dios en la historia.
Pues bien, esas cuestiones fundamentales son despachadas por Vidart
sin ofrecer nada parecido a una prueba: por una parte, él descalifica
globalmente las pruebas filosóficas clásicas de la existencia de Dios diciendo que
no lo convencen y decretando que son “escolásticas
demostraciones de un hábil equilibrista”; por otra parte, él ni siquiera se
molesta en argumentar contra la posibilidad o el hecho de
Vidart esgrime contra la fe cristiana el conocidísimo “problema del mal”, pero sin demostrar que, si el mal existe, Dios no puede existir. Además, él no considera ni por un instante las respuestas cristianas a ese problema. Haciendo gala de un talante dogmático, pretende quitar la esperanza a los que sufren (lo cual es la peor de las injusticias), llamando a los creyentes “ilusas criaturas, que… vanamente esperan clemencia en este mundo y salvación en el otro”.
Luego Vidart procede a una caprichosa descripción de un posible candidato al rótulo de “cristiano razonable”. Éste -según Vidart- “laiciza los rituales o concurre muy de tarde en tarde a misa”; y su fe debería ser “una fe a medias, una fe soft, posmoderna, complaciente, distanciada de la devoción…, no del todo convencida de la omnisciencia y omnipresencia de un dios…, desdeñosa de… lo milagroso, ajena a los inefables misterios del cristianismo”. Es decir, no sería fe cristiana en absoluto.
Vidart enfrenta a su hipotético “cristiano razonable” (que, en verdad, ni siquiera es cristiano) con el Credo de los Apóstoles, conservado al menos desde el siglo II por la Iglesia de Roma. Vidart afirma “que existen flagrantes manipulaciones infligidas al Symboli Apostolici”, pero indica sólo un ejemplo muy poco convincente: la traducción de pantókrator por omnipotens, una buena traducción. Vidart reproduce íntegramente el Credo de los Apóstoles y luego conmina a su ““culto” creyente” a que “responda lealmente sí o no a lo escrito en este Credo”. Se podría haber ahorrado este trabajo. ¿No sabe Vidart que la Iglesia Católica ya ha hecho esta misma pregunta a cada uno de sus fieles? El Credo de los Apóstoles es un símbolo bautismal, y cada cristiano ha dicho “sí” a ese Credo en el día de su bautismo y ha reiterado ese “sí” al menos anualmente, en cada vigilia pascual. Vidart rechaza el Credo Apostólico simplemente diciendo que “excede largamente todo lo dicho en las más fantásticas mitologías”.
Vidart prosigue su argumento así: “Si el interrogado contesta que no,… no es cristiano… Si dice que sí, que asuma en consecuencia, y a fondo, lo establecido e impuesto por la santa madre” [Iglesia]. Vidart ya ha dicho antes que, si el cristiano cree de verdad en su fe, no es razonable. Aquí agrega que si no cree, no es cristiano. Por lo tanto, habría que elegir entre cristianismo y racionalidad.
Vidart redondea su sofisma
citando a Sam Harris: “Los hombres que
cometieron las atrocidades del 11 de septiembre no eran “cobardes”…, ni… lunáticos…
Eran hombres de fe –y de una fe perfecta”. O sea que el verdadero creyente
no sólo no es una persona razonable, sino que es un fanático, alguien muy
peligroso para
Hacia el final de su artículo, Vidart calumnia a la Iglesia Católica, al escribir que “los curas pedófilos [han sido] solícitamente puestos hasta hoy por la santa madre al margen de todo castigo divino o humano”. La verdad es que la Iglesia Católica (comenzando por el Papa) ha hecho y sigue haciendo grandes esfuerzos para combatir la lacra de la pequeña minoría pedófila dentro del clero católico, llegando muchas veces a expulsar del estado clerical a los culpables.
Por lo demás, el artículo de Vidart está lleno de contradicciones, confusiones, anacronismos, postulados arbitrarios y gruesos errores:
·
Primero trata de identificar a Cristo con los
mitos solares de Oriente y a
· Primero se queja de que la Iglesia Católica haya descartado los evangelios apócrifos y después se burla de la fe católica por algo que encuentra en un evangelio apócrifo.
· Primero dice que toda verdad (científica o no) requiere una demostración y a renglón seguido se adhiere al falibilismo de Popper, que niega que la ciencia pueda demostrar la verdad de proposición alguna.
· Confunde el dogma trinitario con la herejía triteísta, el culto católico de los santos con el politeísmo, la fe cristiana en la creación con un anti-evolucionismo fundamentalista, etc.
· Replantea viejos problemas (la “cuestión sinóptica” y la “cuestión joánica”, enmarcadas en la más amplia “cuestión bíblica”) discutidos por los exegetas durante siglos y resueltos definitivamente en el ámbito católico hace ya más de 60 años; y, una vez más, lo hace sin considerar las respuestas católicas a esas cuestiones.
·
Atribuye a San Pablo
·
Afirma sin prueba alguna que San Pablo fue “el inventor de Cristo”.
·
Sugiere, también sin prueba, que los
evangelistas tuvieron como base solamente “relatos
de segunda o tercera mano”.
· Atribuye fantasiosamente al primer Concilio de Nicea un amplio conjunto de supuestas decisiones que no tienen ninguna verosimilitud histórica.
En suma, lamentablemente este artículo se caracteriza por su escaso valor intelectual y por un talante que hace pensar precisamente en ese fanatismo que desvela tanto al autor. La gran agresividad desplegada por el autor contra el catolicismo nos recuerda la tesis del académico no católico Philip Jenkins, quien sostiene con abundantes pruebas que el anticatolicismo es “el último prejuicio aceptable” en nuestra cultura occidental moderna.
Montevideo, 17 de abril de 2010.
Nota: Una versión más larga de esta respuesta está disponible en:
http://revistafeyrazon.blogspot.com/2010/04/la-fe-reafirmada-daniel-iglesias-nestor.html
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La Iglesia Católica y su defensa del derecho a la vida
Carta a Búsqueda en respuesta a un
artículo de Tomás Linn
Néstor Martínez
Estimado Sr. Director de “Búsqueda”:
En la edición del jueves 15 de abril de “Búsqueda” se publicó una nota de Tomás Linn acerca del escándalo de los casos de pedofilia en sacerdotes católicos. Como miembro de la comunidad católica me interesa hacer unas puntualizaciones sobre este tema tan doloroso.
Sin duda el abuso sexual de un niño por parte de un sacerdote es algo horrendo y aberrante. Si el fenómeno, como parece ser, se extiende a muchos casos (no sabemos si “cientos” como dice Linn, pero sí una cantidad suficiente como para que no sea un caso aislado de dos o tres sacerdotes), señala claramente la existencia de un problema dentro de la Iglesia y de una falla, como dice también Linn, en el sistema de selección, formación y control de los sacerdotes. Lo más grave es cuando a esto se agrega la falta de diligencia de algunas autoridades eclesiásticas, más que nada locales, en poner remedio a estas situaciones o incluso el posible encubrimiento por parte de algunas de ellas.
Pero es necesario aclarar algunos
puntos que en el escrito de Linn no parecen bien resaltados. La Iglesia condena
moralmente
Más allá de lo que Lugo pueda pensar al respecto y de la aplicación que tenga en su caso el término “pedofilia”, para la Iglesia la pedofilia heterosexual no es “una amena travesura machista”, como dice Linn, sino un pecado abominable. Por otra parte, Lugo pertenece justamente a esa corriente dentro de la Iglesia que aboga por una actitud más “liberal”, “amplia”, “comprensiva” de la Iglesia en materia sexual y que, como veremos, es también parte del problema.
Además, la Iglesia castiga jurídicamente la pedofilia sacerdotal, pudiendo llegar hasta la expulsión del estado clerical.
Los fallos de los integrantes de las instituciones, aún de autoridades de esas instituciones, no desacreditan necesariamente a las instituciones mismas. ¿Dónde está la institución, formada por seres humanos y no por ángeles, en la cual no ocurran cosas análogas? ¿Y por eso estas instituciones pierden su autoridad moral, su doctrina o sus principios dejan de tener vigencia, etc.? Si así fuese, nos quedaríamos sin instituciones en el mundo. Sin familias, sin partidos políticos, sin sindicatos, sin ejércitos, sin parlamentos, sin prensa, sin universidades, sin instituciones de salud, sin empresas, sin comercio, sin bancos, sin instituciones deportivas, etc., etc.
Menos aún desacreditan o refutan tales fallos a las doctrinas y los principios de esas instituciones. Sobre todo cuando esas doctrinas y principios son precisamente los que condenan como inmorales a esas conductas. Al condenar la pedofilia estamos coincidiendo con la condena que la Iglesia hace de la misma.
Si la doctrina moral de la Iglesia en materia de sexualidad ha quedado “descalificada” por este escándalo ¿entonces de ahora en adelante es ético el adulterio, el incesto, la prostitución, la misma pedofilia?
No es cierto que la Iglesia no haya tomado y siga tomando medidas concretas para afrontar los casos de pedofilia en los sacerdotes y para ayudar en lo posible a las víctimas. El mismo Benedicto XVI ha tenido reuniones con víctimas de abusos y ha apoyado y promovido las iniciativas en diversos lugares en orden a atender a esas personas.
Tampoco es verdad que la
pedofilia sea más frecuente entre los sacerdotes católicos. Al contrario, los
estudios al respecto muestran una gran cantidad de casos de pedofilia por parte
de hombres y mujeres casados. También apuntan a mayor cantidad de casos en
otros cuerpos religiosos, que carecen de celibato sacerdotal. Lo cual derriba
el mito de que el celibato sacerdotal es causa de
Por otra parte, la actitud de
sociedades como la norteamericana ante la pedofilia no es clara. Hace décadas
que existe en EE.UU. una organización llamada NAMBLA que es
Sin embargo, no hemos visto ninguna campaña mediática contra NAMBLA, no ha habido que sepamos vestiduras que se hayan rasgado por ese motivo; en realidad, seguramente el 99 % de los eventuales lectores de esta carta no sabían de su existencia. Tampoco somos informados, o casi, de otros casos de pedofilia que no sean los de los sacerdotes católicos.
Por ejemplo, un periodista norteamericano ha comentado que durante la primera mitad de 2002, los 61 periódicos más importantes de California publicaron 2.000 historias de abuso sexual en instituciones católicas, mayormente relacionados con acusaciones pasadas. Durante el mismo periodo, esos periódicos publicaron 4 historias acerca del descubrimiento del gobierno federal de un escándalo de abuso sexual mucho más largo -y continuo- en escuelas públicas.
En efecto, por Internet sabemos de informes según los cuales en las escuelas públicas de EE.UU. un 5% de los profesores es responsable de abusar sexualmente de un 15% de los alumnos. Recordemos que el celibato no es requisito para ser profesor de la enseñanza pública en EE.UU…
¿Es de extrañar entonces que se afirme la existencia de un brote de odio anticatólico que lleva a atacar selectivamente a la Iglesia olvidando, silenciando y capaz que hasta aprobando otros casos igualmente condenables? ¿No es razonable pensar que lo que se busca es acallar a la Iglesia en una coyuntura particular de la historia en la que su prédica se opone frontalmente a un cierto proyecto de reorganización de la sociedad mundial que desconoce brutalmente la dignidad y los derechos de la persona humana, empezando por el más elemental de todos, el derecho a la vida desde la concepción?
De hecho, en el mismo artículo de Linn la conclusión es que la enseñanza moral de la Iglesia ha quedado desacreditada y no merece ser oída, incluso en lo referente al aborto. Pero sobre esto volveremos más adelante.
Linn hace una defensa de la
homosexualidad y se escandaliza de lo que él llama “estigmatización” de la
homosexualidad por parte de
Pero además, hay estudios que afirman un claro vínculo entre homosexualidad y pedofilia. De hecho, y como lo reconoce el mismo Linn, la mayoría de los casos denunciados son casos de homosexualidad, pues son casos de sacerdotes que tienen relaciones con menores de sexo masculino.
Sin embargo ¿qué clamores no se levantaron cuando el Papa emitió un documento en el que se negaba la posibilidad de acceder al sacerdocio a las personas de tendencia homosexual que no manifestaban claramente la renuncia a las conductas homosexuales?
No deja de ser contradictoria la actitud de los que desde los años sesenta vienen pidiendo a la Iglesia que predique una moral sexual más liberal y tolerante, y ahora se escandalizan por la más mínima falta de rigor o severidad con los casos de pedofilia sacerdotal. De hecho, importantes estudiosos católicos norteamericanos han señalado la relación que hay entre el relajamiento doctrinal y disciplinar que aqueja a una parte de la Iglesia en EE.UU., y especialmente a algunos seminarios, desde el post-Concilio y el fenómeno de la pedofilia de algunos sacerdotes.
Sin duda, entonces, que, como dice Linn, ha habido fallos graves en la selección y formación de los candidatos al sacerdocio y en el ejercicio de la autoridad episcopal en casos concretos. Pero han estado muy probablemente inspirados en el mismo conjunto de ideas y actitudes que Linn promueve al valorar positivamente la homosexualidad, al criticar el celibato sacerdotal y al tratar de amordazar la enseñanza moral de la Iglesia en materia sexual.
Hasta aquí hemos rebatido afirmaciones y argumentos. Lo que viene ahora es más grave. Linn plantea la duda de si no será que la Iglesia defiende el derecho a la vida desde la concepción y se opone a la legalización del aborto para que en el futuro haya suficientes niños pequeños de los que puedan abusar sexualmente sus sacerdotes. Sí, leyó bien. Dice textualmente:
“La Iglesia incluso perdió autoridad para sentenciar a quienes
defienden el aborto. Hoy cualquiera podría aducir que la firme defensa de la
vida antes de nacer, tan cara a su prédica, era para que ella fuera dañada por
los propios curas en
Es mejor no comentar esto, pero es una muestra significativa del clima intelectual y espiritual del que procede este tipo de críticas. Después de esto, los hechos no ayudan, ciertamente, a creer que no existe una campaña de odio anticatólico que busca silenciar, entre otras cosas, la firme defensa que la Iglesia hace del matrimonio, de la familia y del derecho de todo ser humano a la vida.
No hay en ello novedad alguna,
por supuesto. Hace dos mil años que la prédica del Evangelio suscita reacciones
parecidas, así como hace brotar también la conversión, la fe y
Lo saludo atentamente.
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Pedofilia y objetividad periodística
Carta a “El País” en respuesta a un
artículo de Gerardo Sotelo
Estimado Sr. Director:
El artículo de Gerardo Sotelo en el número de “El País” de fecha 20/04/2010 aborda el escándalo de los casos de pedofilia dentro del clero católico de un modo que considero muy cuestionable y preocupante. Todo acto pedófilo, sea quien sea el culpable, debe ser condenado enérgicamente. No obstante, sin atenuar ni un ápice esa condena, también merece rechazo el intento de utilizar el escándalo mencionado con fines anticatólicos. Lamentablemente, buena parte de la prensa mundial se está prestando a esa clase de intentos. Es posible percibir esto comparando las diferencias cuantitativas y cualitativas entre los respectivos tratamientos que un mismo medio de prensa da a los actos de pedofilia cometidos por sacerdotes católicos y los actos de pedofilia cometidos por cualquier otra persona. El artículo de Sotelo, pese a su brevedad, ejemplifica bien ambos tipos de diferencias.
Consideremos en primer lugar las diferencias cualitativas. Éstas se manifiestan cuando periodistas habitualmente competentes y objetivos, al tratar el tema de los sacerdotes pedófilos, incurren en exageraciones, generalizaciones indebidas, informes tendenciosos, datos no comprobados, juicios temerarios y hasta verdaderas calumnias.
Sotelo exagera, generaliza indebidamente y calumnia a todos los católicos al escribir lo siguiente: “El escándalo involucra a toda la Iglesia Católica, que ha ocultado, tolerado y en muchos casos vuelto a poner en contacto con niños, a los sacerdotes abusadores.” Es obvio que muchos millones de católicos (clérigos y laicos) no hemos hecho nada de lo que Sotelo nos acusa de haber hecho. También es evidente para cualquiera que se haya informado más o menos profundamente de este asunto que sólo algunos obispos manejaron de un modo inadecuado el problema de los sacerdotes pedófilos y que sólo algunos de esos manejos inadecuados pueden ser calificados con justicia de ocultamiento y tolerancia. No está de más señalar que no todos los sacerdotes acusados de pedofilia son culpables y que, aún cuando son culpables, no siempre se cuenta con pruebas suficientes para demostrar su culpabilidad. Sobre todo en los últimos veinte años, al tomarse una mayor conciencia de la magnitud de este problema, la Iglesia Católica, siguiendo las directivas de los últimos dos Papas, ha hecho un gran esfuerzo para combatir la lacra de la pequeña minoría pedófila dentro del clero, tomando muchas medidas adecuadas, que ya empiezan a dar resultados. Gracias a Dios, los nuevos casos denunciados están en franca disminución y casi todos los casos señalados por la prensa últimamente corresponden a hechos ocurridos hace 20, 30, 40 o más años.
Sotelo informa de un modo
tendencioso al escribir lo siguiente: “El
propio Papa Benedicto es acusado de haber dado hospedaje a un sacerdote
pedófilo y asignarlo luego a una parroquia donde volvió a cometer el mismo
crimen.” Sotelo no informa que ese sacerdote fue transferido de Essen a
Munich para que pudiera someterse a una terapia ni que la posterior asignación
de ese sacerdote a una parroquia fue una decisión del vicario general Gerhard Gruber, quien ha asumido
la responsabilidad de ese error, no del Cardenal Ratzinger, entonces Arzobispo
de Munich (1). Es claro que en una arquidiócesis enorme
Sotelo acusa sin ofrecer pruebas al escribir lo siguiente: “
Sotelo también delata su falta de objetividad en este caso al escribir lo siguiente: “Como señala el ex sacerdote Leonardo Boff, perseguido por Joseph Ratzinger a causa de sus posiciones heterodoxas en materia teológica…” Parece claro que el término “perseguido” pretende insinuar que L. Boff fue víctima de medidas injustas. “Sancionado” habría sido un término más exacto y ecuánime.
Además, Sotelo parece adherirse a la “terapia” propuesta por L. Boff: la abolición del celibato sacerdotal. En realidad, no hay ninguna prueba científica que relacione el celibato con la pedofilia; y es más que dudoso que el matrimonio de los sacerdotes pudiera eliminar o atenuar el problema de la pedofilia en el clero. Baste pensar que el porcentaje de pedófilos entre los hombres casados es superior al que se da entre los sacerdotes católicos célibes.
Y así entramos en el tema de las diferencias cuantitativas. Llama poderosamente la atención de los observadores imparciales el hecho de que la gran prensa mundial otorgue una cobertura mil veces mayor a los casos de los sacerdotes católicos pedófilos que a todos los demás casos juntos, pese a que estos últimos son mil veces más numerosos que los primeros (2). Tomando en cuenta ambos factores, resulta una desproporción enorme, de 1.000.000 a 1. Es decir, un caso cualquiera de pedofilia dentro del clero católico (o de instituciones católicas) recibe, en promedio, una atención un millón de veces mayor en la gran prensa que un caso cualquiera de pedofilia fuera de ese ámbito. Si esta gran cobertura periodística estuviera motivada principalmente por la voluntad de combatir la pedofilia, no se explicaría por qué se dedica tanta atención a algunas víctimas y tan poca a todas las demás.
Pues he aquí que Sotelo, quizás
sin darse cuenta, nos ofrece una excelente explicación de esta desproporción
llamativa, que cabe catalogar como “indignación selectiva”. Comentando unas
expresiones de Mons.
O sea que, según Sotelo, al juzgar a la Iglesia Católica como colectividad (no a sus integrantes individuales), los números no importan. Un solo caso de un sacerdote católico pedófilo, parece decir Sotelo, es mucho más grave que cientos de otros casos de pedofilia cuyos culpables son docentes, médicos, concubinos, ministros de otras religiones, etc., porque el catolicismo se presenta como la única religión verdadera e incluye la fe en la santidad de la Iglesia (3). A partir de aquí, ¿será muy suspicaz de nuestra parte sospechar que muchos periodistas encuentran un secreto deleite en descargar sobre toda la Iglesia Católica la culpa del escándalo de los sacerdotes pedófilos, para arrojar dudas sobre la autoridad religiosa y moral de la Iglesia? ¿No es posible percibir aquí una especie de discriminación anticatólica en marcha? Porque es evidente que toda religión (no sólo la católica) pretende ser verdadera y también que los católicos creemos que la Iglesia es santa porque Dios es santo, no porque todos los católicos seamos santos, que no lo somos (4).
*****
Notas posteriores del autor:
1) Después de escribir esta nota me enteré de que, aunque fue el Cardenal Ratzinger quien autorizó en 1980 la transferencia de ese sacerdote a Munich, la asignación del mismo a una parroquia fue hecha en 1982, cuando Ratzinger ya no era Arzobispo de Munich, sino Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por lo cual por ese entonces vivía en Roma, muy lejos del hecho denunciado. Esto muestra que a veces, en su afán de atacar al Papa, algunos periodistas pasan por alto datos elementales.
2) Estos números son sólo aproximados, pero transmiten la idea correcta.
3) El anuncio, por parte de la Iglesia Católica, de la verdad revelada por Dios acerca de Dios y del hombre, y especialmente de la ley moral natural, causa profunda irritación en la actual cultura relativista. Esto explica en buena medida el presente auge del sentimiento anticatólico, sentimiento que se manifiesta, por ejemplo, en el tratamiento mucho más duro que la gran prensa suele dar a las culpas de católicos, en comparación con culpas similares de no católicos.
4) Es decir, no todos.
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Dante Alighieri y los justos paganos
en los primeros cantos de
Lic. Néstor Martínez
En el primer canto de
En el canto segundo, Virgilio cuenta a Dante que ésa es la misión que ha recibido precisamente de Beatriz.
El tercer canto comienza con la descripción de la puerta de entrada al Infierno, y del otro lado de la misma aparece una turba de gente que a primera vista parecen ser condenados, pero que, según la explicación de Virgilio, son los que “no se hicieron merecedores de vituperio y alabanza”.
Hay entre ellos incluso ángeles, que “no fueron fieles ni infieles a Dios, sino que sólo vivieron para sí mismos”. Estos personajes son torturados por avispas que los aguijonean sin cesar.
El tercer canto termina con el cruce del río Aqueronte, en la barca del demonio Carón.
En el cuarto canto, una vez cruzado el Aqueronte, se ha llegado al Infierno propiamente dicho, que es un pozo en forma de cono invertido, de círculos concéntricos cada vez más estrechos.
El primer círculo es lo que podríamos llamar “el Limbo de los justos paganos”, que, como veremos, es un lugar extrañamente apacible y luminoso, para formar parte del Infierno.
Para pasar de allí al segundo círculo, hay que comparecer primero ante el juez Minos, y de allí se va al lugar donde son castigados los lujuriosos, lo cual muestra que, para Dante, de los que propiamente pueden ser llamados pecados, éste era el menos grave.
Todo esto pensamos que ofrece material para algunas reflexiones.
Según Dante, dentro del Infierno hay dos clases de personas que no parecen ser propiamente pecadores: los que no hicieron ni bien ni mal, y los justos paganos.
La primera categoría es en realidad imposible, según la teología cristiana. De hecho, si estas personas son las que no se comprometieron con nada, eso ya es un pecado, y de hecho, si hay uno que “por cobardía hizo la gran renuncia”, como dice Dante, es claro que eso es un pecado.
Pero además aparece allí una categoría de ángeles “que no fueron ni fieles ni infieles a Dios, sino que sólo vivieron para sí”. Eso es de nuevo imposible, el “sólo vivir para sí” ya es una infidelidad.
Sería interesante averiguar si existía en tiempos de Dante o anteriormente una opinión de este tipo sobre los ángeles.
Los justos paganos parecen ser de dos categorías:
a) Los que viviendo en tiempos de la fe cristiana, no la abrazaron. Éstos “no pecaron”, dice Virgilio.
b) Los que, viviendo antes de Cristo, no adoraron a Dios como debían.
Se puede interpretar de dos maneras: o ninguno de éstos pecó, o solamente los de la primera categoría estuvieron exentos de pecado.
El primer caso es menos coherente, porque los de la segunda categoría pecaron precisamente por “no adorar a Dios como debían”, y, de hecho, Virgilio llama a eso una “falta”.
Pero el segundo caso también tiene una incongruencia. Porque es cierto que hubo una interpretación teológica según la cual sólo los que tienen fe explícita en Jesucristo se salvan. Pero incluso esa interpretación teológica sostiene, lógicamente, que si los otros se condenan, es porque pecan y no llegan a arrepentirse de su pecado, es decir, porque a falta de la fe y la gracia que ésta conlleva, no se puede a la larga evitar el pecado.
En realidad, la
doctrina oficial de la Iglesia hoy es que no es absolutamente necesaria la fe
explícita en Jesucristo para alcanzar, de hecho,
La lógica de su planteo lleva a Dante a consecuencias paradójicas. Es claro que si hay algunos que no pecaron, deben ir antes que los que pecaron del modo que sea. Pero entonces resulta que personajes como el que “por cobardía hizo la gran renuncia”, vienen a estar menos hundidos, por así decir, en el Infierno que algunos justos paganos cuya única razón de estar allí es no haber recibido el bautismo (Virgilio, en la interpretación que arriba dimos como más probable, no dice que éstos hayan pecado).
De hecho, para llegar del sitio en que se encuentran los que no hicieron bien ni mal, al “limbo de los justos paganos”, hay que cruzar el Aqueronte.
Por eso mismo, ni siquiera es claro en el texto que los que vivieron en tiempos de Cristo y no se bautizaron hayan pecado de modo alguno, por lo cual ni siquiera suponiendo el planteo de Dante, de que hay algunos seres humanos que ni pecaron ni hicieron méritos para la vida eterna, deberían estar allí.
Finalmente, otra incongruencia es que, supuesto todo este planteo, resulta que de todos modos todas estas categorías se encuentran al otro lado de la puerta del Infierno.
Entendemos que la raíz de todas estas dificultades está en haber admitido que en la economía presente puede haber alguna creatura racional que no esté ni en amistad ni en enemistad con Dios y, tratándose de seres humanos difuntos, que puede haber alguno al que no deba asignarse en definitiva la salvación o la condenación eterna.
Es posible que la razón de ese planteo teológico erróneo haya estado precisamente en el caso de los justos paganos y la dificultad que planteaba a la teología cristiana. No se admitía que pudiesen entrar en el Cielo sin bautismo sacramental, y parecía muy duro destinarlos a las penas infernales.
De ahí su supuesto estado “intermedio”, que en realidad conlleva varias contradicciones: de hecho, sufren la peor de las penas, que es la “pena de daño”, la pérdida de la visión de Dios, y carecen solamente de la menos grave, que es la “pena de sentido”.
Y además, no dejan de estar del otro lado de la puerta del Infierno, cuando en buena lógica, según las premisas de Dante, deberían estar fuera de él (y también fuera del Cielo).
Lo que tiene que ver con los que aparecen en primer lugar, los que “no se hicieron merecedores de alabanza ni vituperio”, parece ser una cuestión más personal del propio Dante. Sin duda que Cristo en el Apocalipsis dice que al tibio, que no es ni frío ni caliente, lo vomitará de su boca, y que ojalá fuese frío o caliente. De modo análogo, Dante dice que estos desgraciados “no vivieron nunca”. Pero lo que para el Apocalipsis es claramente un pecado, para Dante parece ser una situación que no es ni de pecado ni de gracia.
Finalmente, cabe preguntarse si no aparece en este planteo algo de lo que será el naturalismo propio de algunas de las corrientes más notables del Renacimiento. En la idea del “limbo de los justos paganos” apunta la noción de un estado del ser humano que puede mantenerse, por así decir, “aparte” de la historia de la salvación, que puede carecer de la gracia sin por ello estar propiamente en pecado, y que puede incluso disfrutar de una especie de “paraíso triste” o “lugar apacible y luminoso” dentro del mismo Infierno.
Tenemos aquí almas a las que la “pena de daño”, la pérdida de la visión de Dios, les produce solamente algunos suspiros de tristeza, en medio de su augusta y luminosa tranquilidad.
Esto tiene
alguna semejanza (dentro de una gran diferencia) con la idea tomista del “limbo
de los niños”, que sería el estado definitivo de las almas de los niños que
mueren sin el bautismo. Allí, según Santo Tomás, las almas de estos niños gozan
de una felicidad natural, basada en una contemplación intelectual natural,
abstracta, de Dios, Causa Primera, sin poder gozar de la visión beatificante de
La diferencia entre el planteo de Dante y la tesis tomista es que para Santo Tomás ningún adulto puede estar en este estado, porque con el uso de razón y del libre albedrío ya se entra en la disyuntiva inexorable del pecado (personal) o la gracia.
Además, para Santo Tomás este “limbo de los niños” no es parte del Infierno, como sí es para Dante lo que hemos llamado el “limbo de los justos paganos”.
De hecho, hoy día, la Iglesia, en el Catecismo, enseña que hay que confiar en que la misericordia de Dios encuentra una vía de salvación para las almas de los niños que mueren sin el bautismo sacramental, lo cual implica necesariamente, entendemos nosotros, que de algún modo la gracia propia del bautismo borra en ellos el pecado original, sin lo cual nadie puede entrar en la vida eterna.
Sábana Santa: fe y razón (nota 1)
Dr.
El negativo fotográfico
Cuando en
1898 se tomó la primera fotografía de
Durante
siglos se había conservado superando diversas agresiones físicas, como las de
la intemperie y el incendio de 1532. Presentaba el registro impreciso y borroso
de una figura humana, a la que se agregaban distintos tipos de manchas
difíciles de interpretar. Uno de estos estigmas era el efecto del citado
incendio, que tuvo lugar en la capilla de Chambéry, cuando la caja de plata que
contenía
Hasta 1898 el pueblo cristiano la veneraba, fundado en la Tradición y en los relatos evangélicos, que hablaban de una sábana de lino, propiedad de José de Arimatea, que éste había ofrecido para amortajar el Cuerpo muerto de Jesús, luego de bajado de la Cruz.
La foto
realizada por Secondo Pía marcó al mismo tiempo un hito histórico y científico
para la humanidad: transformó a
El desafío
planteado por la Síndone se estableció en torno a la dificultad de encontrar
una explicación científica a un fenómeno que existe con la misma realidad
evidente con que existe la luz del sol. No se puede discutir lo evidente y lo
real, aunque no se alcance a entender en todas sus dimensiones y aspectos. El
discurso científico racional ha de conjugarse con la fe en la Revelación, quizá
no para creer, pero sí para entender que la Revelación sirve a la ciencia como lo
hace el dibujo en la tapa del puzzle
para ordenar las piezas que se nos ofrecen. La Síndone muestra ante todo la
evidente coherencia entre la Palabra de Dios y la realidad física que se nos
presenta ante los ojos y ante toda la tecnología con la que
¿En que consistió el hecho que asombró al mundo con aquella primera fotografía, que luego se repitió en cuantas nuevas fotografías se le tomasen? Según se dice, el negativo obtenido por Secondo Pía temblaba en su mano, y él estuvo a punto de desmayarse por la sorpresa, al comprobar que lo que había obtenido, no era un negativo fotográfico, sino una fotografía en positivo: el negativo fotográfico era el que estaba impreso en el lino.
La fotografía obtenida contenía tal precisión, era tan perfecta, que aún hasta el día hoy, pese al avance tecnológico, no resulta simple obtener una imagen de semejante calidad, tanto por su gran tamaño (la cara anterior y posterior de un cuerpo de unos 180 cm. de altura, con un largo de 260 cm.), que cuenta además con una calidad de imagen que da tridimensionalidad a la figura, como luego pudo comprobarse.
El tamaño
de la imagen se comprende a partir de un lienzo doblado sobre la cabeza, para
que cubriese la cara anterior y la posterior del cuerpo, desde la cabeza hasta
los pies. El negativo fotográfico que se comprueba en la tela no puede resultar
sino de algún tipo de irradiación física, como ocurre con la radiación luminosa
para la fotografía tradicionalmente conocida. Aunque aquí obviamente no se
trata de radiación lumínica, la radiación física indiscutiblemente existe para
poder imprimirse en
Cuando
actualmente nos referimos a la Síndone, el público en general trae a colación,
de modo espontáneo, el tema del carbono 14, citándolo como presunta prueba que
pondría en duda la autenticidad de
En 1998
Emanuella Marinelli realizó la estimación matemático-estadística que permitía
dudar de la autenticidad de la Síndone ante las abrumadoras pruebas de lo
contrario: dicha posibilidad sería equivalente a la de acertar a la ruleta 158
veces seguidas. Fijarse sólo en el carbono 14 para desestimar el resto de las
pruebas equivale a desestimar cinco mil trillones de probabilidades, tal como
lo refiere Francisco Ansón (1). Ello es claramente anticientífico, sobre todo
porque el carbono 14 carece de todo valor para datar en el tiempo un objeto
que, como la Síndone, fue sometido a una intensísima radiación, no sólo cuando
se imprimió la figura en el lienzo, sino en el incendio de la noche del 3 al 4
de diciembre de 1532, cuando fue perforada en Chambéry por una gota de metal
fundido, de la caja de plata que lo contenía. Es sabido que la plata se funde a
960 ºC y, como luego veremos, esta radiación aumenta los átomos de carbono 14,
que hacen aparecer al objeto como del siglo XIII. Sin embargo, los estudios
realizados por parte de la NASA y por autoridades científicas de todo el mundo,
no permiten ignorar que la realidad histórica, física y biológica de
19-04-2010.
1) ANSON, F.,
Fundación del Centro Cultural Católico “Fe y
Razón”
Equipo
de Dirección
El sábado 27/03/2010, en
Tras una oración inicial a cargo del Párroco del
lugar (Pbro. Gustavo Calvete), fueron presentados los antecedentes y los
motivos de la creación del Centro referido. Se recordó que, desde 1999 hasta la
fecha citada, “Fe y Razón” fue un grupo no formal, que produjo un sitio web (www.feyrazon.org), una revista virtual (www.revistafeyrazon.blogspot.com),
una incipiente colección de libros (http://stores.lulu.com/feyrazon)
y un evento académico (
A continuación se leyeron, comentaron y aprobaron
los estatutos de la nueva entidad. Destacamos los siguientes puntos de dichos
estatutos:
·
La sede de la
nueva asociación estará localizada en Montevideo.
·
La asociación
tendrá los siguientes fines:
o
Fomentar la
cultura, con espíritu cristiano.
o
Desarrollar
iniciativas para la evangelización de la cultura.
o
Promover y
defender la doctrina católica, incluyendo
·
Para ser
admitido como socio se requiere tener al menos 18 años de edad y profesar la fe
católica.
·
En caso de
disolución de la asociación, los bienes que existieren serán destinados a la
Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler”.
·
o
Comisión
Directiva: Lic. Néstor Martínez, Diác.
o
Comisión
Fiscal: Dr.
La Asamblea eligió al Pbro. Eliomar Carrara como
consejero espiritual del Centro. Además, encomendó al Dr.
Posteriormente los socios presentes intercambiaron
ideas en orden a la elaboración de un plan de trabajo para el año 2010. Luego
de la definición de algunas cuestiones organizativas,
Vuelve a la Tabla de Contenidos
Se publicó un libro del Lic. Néstor Martínez: Baúl apologético
Equipo de Dirección
El Centro Cultural “Fe y Razón”
(en formación) acaba de publicar el tercer título de su Colección de Libros. Se
trata de una obra del Lic. Néstor Martínez Valls: Baúl apologético. Selección de trabajos filosóficos y teológicos
publicados en “Fe y Razón”.
El libro tiene 190 páginas.
Contiene un prólogo y dieciocho capítulos, a saber: 1) G. K. Chesterton. 2) El realismo metódico en el
pensamiento de Étienne Gilson. 3) Sobre el emergentismo. 4) ¿Termina todo con la muerte? 5) ¿Lo esencial
de la religión? 6) Lo
que el Papa dijo a Hawking. 7) El explorador. 8) Un ejemplo de "pensamiento débil" en la filosofía católica:
Juan A. Estrada y las pruebas filosóficas de la existencia de Dios. 9) El
Universo: ¿Infinito? 10) El retorno del maniqueísmo en la teología de
Andrés Torres Queiruga. 11) ¿Dios castiga? 12) ¿Es Satanás un ser personal e individual? 13) Un diálogo sobre
Jesús. 14) La cristología de Dan Brown
y otros errores de “El Código da Vinci”.
15) La Iglesia subsiste y existe. 16) La mediación de los santos. 17) La
doctrina eucarística del P. Juan Luis Segundo SJ en su obra “El Infierno”. 18) Conversación sobre los
divorciados y la comunión.
El propósito general de los distintos
capítulos es mostrar, de diversas maneras, la armonía entre la fe católica y la
recta razón.
Néstor Martínez Valls nació en Montevideo (Uruguay) en 1957. Se graduó como Licenciado en Filosofía en la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República en 1997. Es Profesor de Filosofía en la Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler” y en la Universidad de Montevideo.
Es
socio fundador y Secretario Académico de
Fe y Razón (www.feyrazon.org) es un sitio web de teología y filosofía cuyo propósito es contribuir a la evangelización de la cultura en fidelidad al Magisterio de la Iglesia Católica y difundir la obra de Santo Tomás de Aquino y otros grandes pensadores cristianos. Entre otras cosas, contiene la revista virtual gratuita Fe y Razón, con 46 números publicados y unos 800 suscriptores. Fe y Razón tiene unos 500 trabajos publicados y unas 30.000 páginas visitadas por mes. En 2003 una encuesta del portal Catholic.net lo incluyó en una lista de doce portales católicos favoritos del mundo de habla hispana.
El libro en cuestión (el primero publicado por el autor) puede ser adquirido en Lulu, el mayor sitio de auto-publicación a nivel mundial, en la siguiente dirección:
http://stores.lulu.com/feyrazon
Allí se permite ver la tapa y las primeras diez páginas del libro.
El libro puede ser obtenido en cualquiera de las siguientes dos modalidades:
· Como descarga gratuita del texto en formato PDF.
· Como libro impreso.
En este caso, Lulu imprime la cantidad de ejemplares pedida (cualquier cantidad, de uno en adelante) y los envía por correo desde Estados Unidos al comprador. Para hacer la compra se requiere una tarjeta internacional. Según nuestra amplia experiencia, tanto el sitio de Lulu como su modo de envío económico de libros son recomendables desde el punto de vista de la seguridad.
Actualmente la Colección “Fe y Razón” (disponible en la dirección ya indicada) está compuesta por los siguientes libros:
·
Nº 1 – Miguel Antonio Barriola, “En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5).
Reflexiones sobre Dios en la historia.
·
Nº 2 –
·
Nº 3 – Néstor Martínez Valls, Baúl apologético. Selección de escritos
filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”.
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Oración para la Misión en Montevideo
Señor Jesús,
nosotros, discípulos y misioneros tuyos,
queremos remar mar adentro
para que nuestro Montevideo
tenga en Ti vida abundante,
y con solidaridad construyamos la fraternidad y la paz.
Espíritu Santo,
¡ven y envíanos!
María, Virgen de los Treinta y Tres,
ruega por nosotros.
Amén.
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