Fe
y Razón
Revista virtual gratuita de
teología católica
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de
la evangelización de la cultura
Nº 40 – Noviembre de 2009
“Omne
verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga, procede
del Espíritu Santo”
(Santo Tomás de Aquino)
“Hoy se hace necesario
rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como
explicación de
Contacto: feyrazon@gmail.com - Por favor envíenos sus
comentarios o sugerencias a esta dirección. Si el mensaje está referido a una
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Equipo de
Dirección: Diác.
Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing.
Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro.
Dr.
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo
de Dirección |
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Teología |
Pbro. Dr. Miguel A. Barriola |
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Apologética |
Ing. |
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Moral |
Reflexiones ante la próxima instancia electoral desde el punto de vista moral |
Lic. Néstor Martínez |
|
Familia
y Vida |
Zenit |
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|
Magisterio |
Congregación para la Doctrina de la Fe |
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|
Iglesia |
Nota vaticana sobre los anglicanos que entran en la Iglesia católica |
Zenit |
|
Oración |
Anónimo |
Fe y Razón: diez años de apostolado católico en Internet
Ing.
1. Los orígenes
En 1998 el Papa Juan Pablo II publicó
En junio de 1999 los tres creamos el sitio web "Fe y Razón", dedicado a la teología y la filosofía, para
contribuir a la evangelización de la cultura -en fidelidad al Magisterio de la
Iglesia- y a la difusión de la obra de grandes pensadores cristianos. Al
principio el sitio estuvo alojado en Geocities.
Desde 2001 su dirección es: www.feyrazon.org.
El sitio “Fe
y Razón” cuenta actualmente con más de 500 trabajos publicados, organizados
en secciones de Filosofía, Teología, Apologética, Biblia, Moral, Liturgia,
Familia, etc. También dispone de una sección interactiva llamada Forum, donde los directores y
colaboradores de “Fe y Razón” se
comunican con los visitantes que dejan allí sus comentarios. Agradecemos a Juan
Carlos Riojas Álvarez (un colaborador mexicano, residente en la ciudad de
Chihuahua) el gran apoyo que nos presta desde hace unos cuantos años en la
atención de ese Forum.
Además, desde 2006 publicamos la revista
virtual gratuita “Fe y Razón”, la
cual hoy tiene más de 750 suscriptores. Hasta el momento hemos publicado 39
números. Todos ellos se encuentran en el blog
de la revista, cuya dirección es: www.revistafeyrazon.blogspot.com.
2.
Algunos
logros
Gracias a Dios, el sitio www.feyrazon.org tiene un promedio de unos 15.000 visitantes
distintos y unas 30.000 páginas visitadas por mes. “Fe y Razón” ha llegado a prácticamente todos los países de habla
hispana. La mayor parte de nuestros lectores procede de Argentina, México,
España, Estados Unidos y, por supuesto, Uruguay. Hasta donde sabemos, según el ranking de Alexa, “Fe y Razón” sería
el sitio uruguayo dedicado a temas religiosos con mayor volumen de tráfico. En
gran parte esto se debe a la muy buena ubicación alcanzada por “Fe y Razón” en los buscadores de Internet, especialmente en Google. Suponemos que, en ese sentido,
corrió a nuestro favor el hecho de que “Fe
y Razón” fue uno de los primeros sitios de apostolado católico en Internet. En 2003 una encuesta del
portal Catholic.net incluyó a "Fe y Razón" en una lista de una
docena de portales católicos favoritos del mundo de habla hispana.
Por otra parte, la dedicación de "Fe y Razón" a la difusión del
pensamiento de Santo Tomás de Aquino y de autores tomistas llamó la atención de
las autoridades de
Nos corresponde destacar el gran aporte de
los colaboradores de "Fe y Razón",
sobre todo los más habituales: el Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, el R.P.
Horacio Bojorge SJ (Presidente de
3.
Otras actividades de apostolado
en medios de comunicación social
Desde 1999 hemos diversificado gradualmente
nuestras actividades de apostolado en los medios. Por ejemplo, Néstor Martínez
y
4. Dificultades
La principal dificultad que experimentamos es
nuestra gran escasez de recursos. Todo
nuestro trabajo es honorario y se realiza dentro de nuestro tiempo libre, cada
vez más escaso. Hasta hace pocos días no contábamos con la colaboración de
ningún experto en informática. Los tres co-directores del sitio no sólo
redactamos o digitalizamos la mayor parte del material publicado y leemos todos
los aportes recibidos (ya que la publicación de un aporte está condicionada a
la aprobación unánime de los tres), sino que también diseñamos y administramos
el sitio. Nuestra falta de conocimientos especializados nos impide aprovechar
algunas ventajas de la tecnología disponible. Tampoco contamos con apoyo para las tareas administrativas, como
el manejo de la base de datos de suscriptores de la revista.
5. La celebración del 10º aniversario
La celebración de
nuestro 10º aniversario consta de dos elementos fundamentales: por una parte, este evento académico, el
primero que organiza nuestro Centro Cultural Católico.
Agradecemos vivamente la hospitalidad del Padre
Por otra parte, en este año de
nuestro 10º aniversario, hemos lanzado la Colección de Libros “Fe y Razón”, que por el momento cuenta
con sólo dos títulos. El Nº 1 es un libro de alta calidad: un volumen de
homenaje al Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, en sus 75 años, como signo de
agradecimiento por sus constantes y muy valiosos aportes a nuestra obra. Dicho
libro reúne catorce artículos del Padre Barriola publicados en la revista
virtual “Fe y Razón” o en el sitio
homónimo. El libro se titula “En tu
palabra echaré la red” (Lc 5,5). Reflexiones sobre Dios en la historia, tiene
200 páginas y contiene un prólogo del R.P. Horacio Bojorge SJ y un epílogo titulado “Un uruguayo en
El Nº 2 de la Colección “Fe y
Razón” es un libro de
Ambos libros están disponibles en: http://stores.lulu.com/feyrazon
6. Planes para el futuro
Ante todo pretendemos rediseñar
el sitio web, para darle una
apariencia más atractiva y
consistente. Gracias a Dios y a la difusión de nuestro 10º aniversario en el
portal español InfoCatólica, un experto español (Juan José Romero), a quien
agradecemos su generosidad, se ha ofrecido a realizar gratuitamente el trabajo
de rediseño y ya ha puesto manos a
Por otra parte, deseamos publicar de un modo
convencional la Colección de Libros "Fe
y Razón", que poco a poco irá creciendo, pero para ello necesitaríamos
una ayuda económica de personas u organizaciones consustanciadas con nuestra
labor, porque el costo de una edición convencional está más allá de nuestras
posibilidades económicas.
Por último, quisiéramos convertir a “Fe y Razón” en un Centro Cultural
Católico con un programa dinámico de cursos y conferencias.
Para todo ello, por primera vez en diez años,
hemos pedido una colaboración económica a nuestros lectores, habilitando una
funcionalidad de donaciones a través de PayPal
en el blog de nuestra revista
virtual.
Por otra parte, en el contexto de esta
celebración, hemos recibido varias propuestas de colaboración, de las cuales
por ahora mencionaremos sólo una: gracias a los buenos oficios del Ec. Rafael
Menéndez, hemos acordado realizar un trabajo conjunto con el Centro de
Investigación en Ética Social (CIES) de la Argentina.
Montevideo, 4 de noviembre de
2009.
Jornada Conmemorativa del 10º
aniversario de “Fe y Razón”
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Jrónos ante la plenitud de los tiempos
Miguel Antonio Barriola
“Mors et vita duello conflixere
mirando” (= la muerte y la vida pelearon un admirable duelo) (1)
El tiempo, que
vuela inexorable, ha sido sentido siempre como un factor problemático de la
realidad, porque de su seno surge tanto la vida y el crecimiento, como la
fugacidad y muerte de todo lo que ha sido, es y será.
Lo percibió justamente la antigua mitología griega, concibiendo a Jrónos como al padre de los dioses, que engullía vorazmente a sus propios hijos, por temor de que los sucesores lo defenestraran de su despótico pináculo (2).
Semejante terror aparece siempre cual telón de fondo en la perspectiva meramente natural de individuos, civilizaciones y culturas.
Repasemos someramente algunas expresiones clásicas: “Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus” (= pero, mientras tanto, huye el tiempo irreparable) (3). “Tempus edax rerum” (= el tiempo devorador de las cosas) (4). “Eheu fugaces, Postume, Postume, labuntur anni” (¡Ay, Póstumo, Póstumo, qué fugaces huyen los años!) (5). Esta trágica realidad, que ni los más sofisticados cosméticos pueden encubrir, ha encontrado albergue también en la Biblia, palabra inspirada por el verdadero Dios, especialmente en el libro tan realista del Qohelet, con su recurrente estribillo: “Vanidad de vanidades y todo es vanidad” (Ecl 1,2.14, passim).
Así y todo, el ser humano nunca se ha resignado a esta progresiva decadencia, aspirando sin desmayo en pos de auras de eternidad. Es conocida la serenidad de Sócrates antes de beber la mortal cicuta (6). El mismo ya citado Horacio, entonando su canto a César Augusto, escribía; “Exegi monumentum aere perennius…non omnis moriar” (= construí un monumento más duradero que el cobre… no moriré del todo) (7). Igualmente en la Biblia se recogen estas aspiraciones de los hombres de toda edad y cultura hacia la superación de las dentelladas del tiempo: “Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza” (Sab 2,23).
“Tengo las llaves de la muerte y
del abismo” (Apoc 1,18)
Si es propio de sabios evitar los extremos, hemos de ubicarnos correctamente ante estas sensaciones que provocan en el alma las hojas que caen del almanaque. Será provechoso saber de dónde venimos y hacia dónde peregrinamos sin abandonarnos a un fatal abatimiento ni al titanismo prometeico.
Para quienes han sido iluminados por la fe del Evangelio, no sin drama, pero lejos de todo derrotismo, se nos ofrece un panorama de ardua armonía, donde el tiempo es despojado de su tiranía disolvente, llegando a transformarse en plataforma de lanzamiento para su propia transfiguración.
Porque el Eterno, quien domina la sucesión de los siglos, se ha trabado en dura lucha con la voracidad temporal, para subyugarla y transformarla.
Es la poderosa paradoja que acuñó San Pablo, cuando nos abrió la perspectiva de la “plenitud de los tiempos” (tó pléroma toú jrónou: Gal 4,4).
¿Cómo unir el concepto y realidad de “plenitud” con aquello que por su esencia es vaciamiento, desmoronamiento irrefrenable?
No se ha de atribuir el cambio a un proceso autónomo, por el que el hombre caería en la cuenta de su estado deplorable, decidiéndose después a revertirlo. La humanidad entera, a través de todas sus generaciones no habría hecho más que acumular ruina tras ruina.
La transformación es debida a un acontecimiento que constituye el punto de llegada y el cumplimiento definitivo de la historia, siendo el protagonista el mismo Dios desde su libre iniciativa, que mandó a su Hijo, ya preexistente en ÉL (ex – apésteilen: envió desde sí mismo) y como resultado de esa misión hizo también que “el Espíritu de su Hijo” (v. 6) se aposente en los creyentes. O sea, la Trinidad entera se empeña en esta hora decisiva para los anales de la historia.
“Se anonadó a sí mismo”
(Filip 2,7)
Con todo, el Hijo eterno no pretendió deslumbrarnos con su gloria superior, ni apiadarse de nosotros como quien suministra una limosna desde su lugar privilegiado. Resolvió ser presa de ese mismo Jrónos asesino para vencerlo, sin dejarle posibilidad de levantar cabeza nuevamente.
No quiso presentarse con un cuerpo adulto (como podría haber sido en absoluto, a la manera en que fue “creado” Adán: Gn 1,27; 2,7), lo cual habría satisfecho mejor a la mentalidad de sus contemporáneos, que esperaban a un salvador glorioso y lleno de poder. Decidió nacer de una mujer para ser auténtico retoño (Is 11,1) de la estirpe que venía a regenerar. Así, no rescata a los extraviados por medio de un auxilio arrojado desde lo alto, sino a partir de la entraña misma de la historia, compartiendo la condición de quienes eran esclavos (Gal 3,23; 4,3; Filip 2,7). Esto primordialmente significa la expresión “nacido de mujer”, que no quiere aquí poner de relieve las prerrogativas del Hijo de Dios, sino subrayar su abajamiento.
Sólo que Pablo se expresa en un tono paradojal, indicando en el veneno el medio para obtener el antídoto, la salud completa, y en la maternidad humana la condición para la paternidad divina.
Porque, ¿en qué modo alguien sometido a la ley nos podrá desligar de su yugo? ¿Cómo podrá ser que un “nacido de mujer” será capaz de hacernos “nacer de Dios”, hijos, de modo que podamos dirigirnos a ÉL como “Abbá” (v. 6, ver: Rom 8,15, al igual que el propio Jesús; Mc 14,36)?
Es posible percibir el anonadamiento extremo del giro “nacido de mujer”, si lo situamos en su trasfondo bíblico. “El hombre, nacido de mujer, breve en sus días y saciado de inquietudes, como una flor aparece y se marchita” (Job 14,1); tal como lo daba a entender el mito de Jrónos. Pero la otra expresión: “nacido bajo la ley”, somete todavía más al Hijo de Dios: no sólo se degradó al hacerse hombre, sino que, para más, se presenta como sujeto a una norma exterior. Es verdaderamente extraño. Estas dos humillaciones son el medio inesperado para obtener dos resultados positivos: el Hijo de Dios se volvió sujeto a la ley, para rescatar a los sometidos a la ley, se hizo hijo de una mujer, para que los “nacidos de mujer” llegaran a ser hijos de Dios.
“Obediente hasta la muerte”
(Filip 2,8)
La paradoja ha
de tener una clave en ciertos elementos positivos, que son silenciados con el
objeto de obtener una afirmación que despierte el asombro. Para la liberación
de la ley, tales indicios se encontraban ya en Gal 2,19-20: Cristo sujeto a la
ley, se sometió a la misma hasta padecer, por nosotros, la pena de muerte. Pero
encontró el modo de sufrir en la cruz que ha producido una nueva vida. Su
estilo consistió en aceptar la pena capital, infligida por la ley, con perfecta
obediencia filial (1,4) y con extrema caridad fraterna (2,20). Así Cristo se
liberó de la ley y quien se adhiere a ÉL por medio de la fe se encuentra
igualmente exento de
La clave de la paradoja restante (el Hijo de Dios que nace de una mujer para obtenernos la adopción divina) no se encuentra expresada por Pablo en otros pasajes de sus cartas. La luz sobre este punto nos viene de los Evangelios de la Infancia, que explican “cómo fue engendrado Jesucristo” (Mt 1,18), o sea, en un modo totalmente singular: su madre, virgen, “se encontró encinta por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18.20.23; Lc 1,27.35). La formulación empleada por Pablo está implícitamente en armonía con esta noticia de los evangelios, ya que presenta a Cristo como Hijo de Dios por una parte y nacido de mujer por la otra, sin hacer la mínima alusión a un padre humano (8).
Sin pronunciar su nombre, Pablo está indicando en María el punto de inflexión en que la “pobreza” de su niño nos “enriquece” (II Cor 8,9), porque no deja de ser Hijo eterno del Padre Dios. Así como, también discretamente, lo da a entender el autor de Hebr 10,5-7: “Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio me has dado un cuerpo (9). No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo –como está escrito de mí en el libro de la Ley– para hacer tu voluntad”.
El presente
pasaje es el único en la abundante literatura paulina que se refiere a la Madre
de Cristo. Pero la exigua cantidad es compensada por su densa calidad. En
efecto, no puede pensarse momento más solemne que “la plenitud de los tiempos”,
cuando las largas etapas de preparación contemplan su culminación en el punto
en que la eternidad se viste de historia. La mujer situada en ese quicio de los
siglos, es el filtro por el que el Hijo se convierte en siervo, haciendo
también de puente a través del cual los siervos pasan a ser hijos, dotados del
mismo Espíritu, entrando como adoptivos en el seno mismo de
Cabe, entonces, la iluminada expresión del P. H. Bojorge: “María no es el Evangelio. No hay ningún Evangelio de María. Pero sin María tampoco hay Evangelio” (10). Ella, criatura del tiempo, se vuelve así punto de partida de una historia inaudita, que no pasará a la manera en que se desprenden las hojas del calendario, sino que viene a ser preludio de la Pascua, que, según bella definición de R. Cantalamessa, es “pasar a donde no se pasa”.
San Efrem ha
ilustrado sugestivamente este triunfo del Hijo de María sobre Jrónos. “La muerte lo mató a través del cuerpo que ÉL había asumido; pero con
las mismas armas triunfó ÉL de
Ante nuestro 10° aniversario
Con todo, el
carácter plenificante e insuperable de la venida del Hijo de Dios a nuestra
historia no quiere decir que ya todo se haya acabado y nada más reste esperar.
En la cabeza, en el logro de salvación, nadie podrá aportar algo
sustancialmente nuevo. Sin embargo, queda todavía la tarea de “completar en los propios trabajos y
padecimientos lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo que es
la Iglesia” (Col 1,24). No porque la obra redentora de Jesús haya sido
insuficiente, cosa negada en inmediatos versículos anteriores (12). O sea: la
fuente de gracia sigue siempre inagotable, manando para todos del costado
abierto de Cristo. Pero queda el libre acceso de cada uno, de los pueblos y las
edades, para beneficiarnos de su frescura hasta que Dios disponga que ya el
tiempo está maduro para dar paso a lo imperecedero. Todo esto no quita
dramaticidad a nuestras horas. Más bien
Y esto, ni más ni menos, veo yo en nuestro 10° aniversario de “Fe y Razón”: el esfuerzo entusiasta en cristianos convencidos de que la perennidad de su fe nunca pasará de moda, que está dotada de luz y energía como para iluminar el sucederse de las vicisitudes históricas, capacitada para dialogar y valorar lo correcto, así como denunciar y desenmascarar todo tipo de sofisma, que se disfraza y maquilla de juventud y actualismo.
La fe, en efecto, nos confirma que “las puertas del averno no prevalecerán” (Mt 16,18), nos asegura que el supremo Maestro estará con nosotros “hasta el fin de los siglos” (ibid. 28,20). La razón, que no es negada por la fe, sino que la supone, como la gracia, que se enraíza en la naturaleza, se ejercita no menos en armonizar lo humano y lo divino, en alejar incomprensiones y superar estériles altercados.
El esfuerzo ha sido guiado con gran amor al magisterio genuino de la Iglesia y muy especialmente puesto bajo el patrocinio de un genio en semejante faena: Santo Tomás de Aquino.
Lejos de las caricaturas baratas, que se mofan de las “oscuridades medievales”, quien seria y laboriosamente se entregue a profundizar en la obra luminosa de este santo doctor no quedará defraudado. Porque también es saludable aprender a no dejarse embaucar por lo meramente novedoso, ya que diálogo con lo moderno nunca podrá equivaler a encandilamiento ante el último best-seller. El mismo que propuso el lema que nos sirve de programa: “Toda verdad, venga de quien venga, proviene del Espíritu Santo” (13), no menos sostiene: “Refutar la opinión de un amigo no va contra la verdad, a la cual principalmente buscamos en las ciencias especulativas…Y aunque universalmente la verdad haya de ser preferida a los amigos, puesto que la razón pertenece a todos los hombres, con todo es conveniente hacer esto en especial con los filósofos, que son profesores de sabiduría, que consiste en el conocimiento de la verdad” (14).
En este
sentido, una cosa significativa, que debe hacer pensar, es la facilidad con que
autores y teólogos “modernos” acuden como criterio de verdad, justamente a la avidez
de Jrónos, al eco que una ideología
encuentra en la “sensibilidad actual”. Los filósofos y teólogos de raza se
miden más bien con la realidad y
Teniendo en cuenta precisamente esta situación atiborrada de bien y mal, de verdad y falacia, Pablo VI dio una saludable lección de nítida raigambre tomista: “Tememos que las facultades cognoscitivas de la nueva generación se vean fácilmente atraídas y tentadas a quedar satisfechas con la facilidad y afluencia de los conocimientos sensibles y fenoménico-científicos, externos al espíritu humano y desviados del esfuerzo sistemático y comprometido de remontarse a las razones superiores del saber como del ser” (15).
También Santo Tomás estuvo sujeto a los condicionamientos y limitaciones de toda época, lo cual no significa que se lo tenga que relegar a polvorientos archivos arqueológicos. Cuanto más un pensador se arrima a lo eterno, aparecido en el tiempo, más participa de una indeficiente lozanía. El mismo veía con clarividencia: “Nadie es suficiente para excogitar todo lo que pertenece a la sabiduría y por eso nadie es tan sabio que no necesite ser instruido por otro” (16). Consciente asimismo de las limitaciones de cada época, enseñó que “el tiempo es un inventor y buen cooperador de los que tienen que circunscribir algo bien” (17). Es, pues, evidente que ni la especulación filosófica ni la teológica fueron definitivamente clausuradas el 7 de marzo de 1274, con la muerte del santo Doctor.
Con todo, se dan crecimientos, elefantiasis, raquitismos y veces hay en que “desinit in piscem mulier formosa superne” (= termina en pez la hermosa mujer -pintada- más arriba) (18).
O sea, no cualquier evolución o maridaje puede resultar fecundo. Pretender que la revelación pueda aliarse con todo posible desarrollo es precisamente dejarse arrollar por el frenesí más estéril (19).
Por lo cual, siempre será saludable meditar en las advertencias de un conocedor de lo antiguo y lo actual: “Si hay algo imprevisible, es la historia del hombre, que en todo momento de su vida y en toda época de su devenir puede elegir la insipiencia o la menor sabiduría. La sucesión del tiempo no lo preserva de ello en ningún caso. Ésa es la razón por la cual podemos escuchar a algunos <maestros> de hoy y retroceder, mientras que podemos ponernos a la escuela de maestros de ayer y progresar. La verdad (que, como sabemos, Bernardo de Chartres llamaba <hija del tiempo>, porque nace y aparece en el tiempo) no está para nada condicionada por él: la Metafísica de Aristóteles o el De Veritate de Santo Tomás contienen atemporalmente verdades, aunque sean obras alejadas de nosotros en centenares de años por su fecha de nacimiento. La seguridad con que son catalogadas y descalificadas, en nombre de la inactualidad, no honra el pensamiento y sus leyes” (20).
Santo Tomás es un gran espíritu universal, asimilador de todo lo que sirve para manifestar los planes armoniosos del Creador y Redentor, a la vez que avizor centinela que alerta sobre todo lo que atente a corromper la unidad vital.
De ahí la gran confianza que alimenta respecto a la razón natural, ya que concebirla como un término contrario –dialécticamente- de la revelación, iría “en detrimento” de la “virtud” de Dios, pues, sostuvo egregiamente, “rebajar la perfección de las criaturas significa rebajar la perfección del Creador” (21).
Entre los extremos viciosos, por una parte, de un pietismo teológico que, para honrar más a la revelación, la finge “pura y separada” de todo contacto profano y, por otra, la exaltación altiva de la razón, deformada en “racionalismo”, Tomás invita al diálogo e intercambio fecundo. La fe trae la plenitud al ser finito e inteligente que es el hombre. Pero, ¿dónde colocaríamos tal riqueza, si no hubiera un recipiente, aunque rústico y pobre, pero al fin de cuentas apto para recibirla? Por excelso que sea, este tesoro requiere “vasos de barro” (II Cor 4,7). Sin el humilde ministerio de la razón, la Palabra no se habría traducido en hebreo, ni en griego, ni llegado a “todas las gentes” (Mt 28,19).
En esta gigantesca empresa para que el tiempo sea plenitud y no Jrónos exterminador, agradezcamos a la Iglesia Católica, a su Magisterio y en su historia al “Doctor común”, que nos ofrecen los tesoros de los siglos: tanto las “semillas del Verbo” (22), ya sembradas por Platón, Aristóteles y los grandes pensadores precristianos, como las riquezas del Antiguo Testamento, desembocando todo, a través de la humildad de María, en su Hijo “Jesucristo, el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebr 13,8).
Montevideo, 4/XI/2009.
*****
1) Himno, Victimae paschali laudes.
2) El genial pintor español F. de Goya y Lucientes ha ofrecido una
espeluznante representación de este personaje.
3) Virgilio, Georgica,
III, 284.
4) Ovidio, Methamorphoses,
XV, 234.
5) Horacio, Odae, II, 14, 1.
6) Ver: Platón, Apología de Sócrates, 40c-41c; y en
el mismo Platón: República, Fedón, Fedro, Timeo.
7) Odae, III, 30, 1 y 6.
8) Según algunos exegetas: J. Winandy (“La conception virginale dans le Nouveau Testament” en: Nouvelle
Révue Théologique, 100 - 1978 - 716), R. Laurentin (Les
Évangiles de l’ Enfance du Christ – Vérité de Noël au–delà des mythes,
Paris – 1982 – 488), se ha de notar que Pablo usa “genómenon (=hecho: de gínomai = soy hecho) ek gynaikós” y no “gennómenon”(= nacido: de gennáo). Según tales autores el cambio
de verbo ha de querer significar alguna modalidad especial en cuanto al
nacimiento de Cristo, ya que pocos versículos más adelante, el Apóstol acudirá
tranquilamente al verbo natural para indicar nacimientos (gennáo: evitado en Gal
4,4), al evocar la venida al mundo
de Isaac e Ismael: Gal 4,25-29. Apunta, pues, seguramente a la paradoja de un
nacimiento virginal.
9) Brindado por María, como es fácil añadir sin la más mínima
tergiversación del sentido.
10) La Figura de María a través de los evangelistas, Buenos Aires
(1975) 90.
11) Sermo de Domino nostro – 2a. lectura del viernes en
12) “Plugo al Padre que en ÉL
habitase toda la plenitud y por ÉL reconciliar consigo todas las cosas en ÉL,
pacificando con la sangre de su cruz así las de la tierra como las del cielo”
(Col 1,19-20).
13) De substantiis separatis…ad
Fratrem Reginaldum, cap. 16).
14) In I Ethicorum, lect. 6, ns. 75 y 76.
“Santo Tomás no siguió la filosofía de
Aristóteles porque sus contemporáneos acababan de descubrirla, sino porque era
verdadera y abierta a nuevas profundizaciones en el sentido de la verdad y de
la revelación cristiana” (E. Gilson,
“Avant Propos” a: San
Tommaso – Fonti e riflessi del suo pensiero, Città Nuova (1974) 8).
15) “Discurso en el Angelicum”,
20/IV/1974, en: L’Osservatore Romano, ed. española: 28/IV/1974, 6.
16) In Psalmum 43, n. 1.
17) In I Ethicorum, lect. 11, n. 132.
18) Horacio, Epistula ad Pisones seu de arte poetica,
4.
19) Así, muchos se han dejado encandilar, pretendiendo alianzas del
pensamiento cristiano con los sistemas en boga: kantiano, hegeliano, marxista,
existencialista, postmoderno, que si pueden aportar útiles enriquecimientos,
también entorpecen con harta frecuencia la solidez de la filosofía y teología
clásicas.
20) I. Biffi, La Teologia e un Teologo – San Tommaso d
‘Aquino, Casale Monferrato (1984) 81 – 82.
21) Summa contra gentes, III, 69.
22) San Justino, Apología, 2, 10.
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Nuevos datos de la ciencia que apuntan hacia el Creador
Ing.
En noviembre de 1793, durante el
Régimen del Terror, la Comuna de París clausuró todas las iglesias de París y
convirtió a Notre Dame (la Catedral
de esa ciudad) en un templo de
A mi juicio es esa soberbia del
racionalismo ilustrado -y no una sana concepción de la autonomía de la ciencia-
lo que se trasluce en el famoso diálogo entre el gran matemático y físico Pierre Simon Laplace y el Emperador Napoleón Bonaparte. En la presentación
del Tratado de Mecánica Celeste de
Laplace, Napoleón le comentó: “Habéis
escrito un libro sobre el sistema del universo, sin haber mencionado ni una
sola vez a su Creador”. A lo que el autor contestó: “No he necesitado esa hipótesis, Siré”.
El siglo XIX fue
difícil para los cristianos desde el punto de vista intelectual. A lo largo de
ese siglo se produjo un auge cada vez mayor de las corrientes de pensamiento
naturalistas, materialistas y mecanicistas y se difundió la idea de que la fe
cristiana era intrínsecamente incompatible con la razón y, por ende, estaba
destinada a sucumbir ante el progreso inexorable de
Los partidarios del mecanicismo pensaban que (en teoría), si se pudiera conocer exactamente la posición y la velocidad de todas las partículas del universo en un instante dado, se podría, aplicando las leyes de la mecánica de Newton, determinar el comportamiento futuro de todas las partículas y, así, del universo mismo. Aunque la inimaginablemente enorme dimensión del sistema de ecuaciones diferenciales resultante haría imposible en la práctica el cálculo de la solución, los mecanicistas concluían que el futuro del universo estaba completamente determinado por su presente, como éste, a su vez, estaba determinado por su pasado. En esta visión mecanicista, Dios desaparece o, a lo sumo, se reduce a establecer las condiciones iniciales del universo y sus leyes naturales, a partir de lo cual el universo subsiste y se mueve por sí mismo, sin dejar ningún espacio al libre albedrío, ni divino ni humano.
Sin embargo, a comienzos del siglo XX, de un modo casi totalmente inesperado, el edificio conceptual del ateísmo cientificista comenzó a desmoronarse. En 1900 Max Planck dio inicio a la física cuántica, al proponer que la energía se presenta en pequeñas unidades discretas, denominadas “cuantos”. Durante las tres primeras décadas del siglo XX, gracias a los aportes de Einstein, Bohr, de Broglie, Pauli, Schrödinger y otros, la física cuántica hizo grandes progresos. En este contexto, en 1927 Werner Heisenberg enunció el “principio de incertidumbre”, según el cual no se puede determinar, en forma simultánea y precisa, la posición y la velocidad de una partícula dada. Cuanto más se conoce su posición, menos se conoce su velocidad, y recíprocamente. Así se desvaneció una parte sustancial del sueño del mecanicismo. No nos es dado conocer exactamente las condiciones iniciales ni siquiera de una sola partícula, mucho menos de todas las partículas existentes. No obstante, desde una perspectiva realista, opino que no es correcto, como se hace a menudo, interpretar el principio de incertidumbre (gnoseológica) como un principio de indeterminación ontológica, como si la indeterminación no se refiriera a las mediciones, sino a las partículas en sí mismas, de modo que éstas no estarían realmente en lugares determinados ni estarían determinadas a moverse de cierta manera por las leyes naturales, conocidas o no.
En paralelo con
la revolución científica provocada por la física cuántica, se produjo otra
conmoción debido a la teoría de la relatividad, formulada por Albert Einstein
entre 1905 y 1916 y comprobada experimentalmente poco después. Sin embargo,
Einstein agregó en una de sus ecuaciones una constante de integración llamada
“constante cosmológica”, con la única finalidad de hacer que su teoría fuera
compatible con un universo estático. Posteriormente Einstein declaró que la
constante cosmológica había sido el peor error de su carrera científica. Lo
dijo porque poco después se realizó un descubrimiento asombroso: contrariamente
a lo que siempre se había creído, el universo no es un sistema estático, sino
que está en expansión. Todavía en 1920 grandes astrónomos pensaban que
El mismo Georges
Lemaître, astrofísico belga y sacerdote católico, propuso en 1931 que el
universo se originó en la explosión de un «átomo primigenio» o «huevo cósmico»,
en lo que hoy es conocido como Big Bang
o Gran Explosión. Lemaître estimó que el universo tiene una edad comprendida
entre diez y veinte mil millones de años, lo cual se corresponde con las estimaciones
actuales. La teoría del Big Bang goza
de tres comprobaciones empíricas independientes: el ya citado “corrimiento
hacia el rojo”, la radiación cósmica de fondo del universo (descubierta por casualidad en
1964) y la existencia de elementos muy livianos, como el helio, que no podrían
haber sido sintetizados en el interior de las estrellas. Todo esto hace del Big Bang una teoría cosmológica muy
sólida, que hoy es aceptada por casi todos los físicos y astrónomos.
Consideremos
ahora las consecuencias teológicas del Big
Bang. Los filósofos paganos de la Antigüedad creían en la eternidad del
cosmos. La Revelación bíblica, sin embargo, incluye un dato fundamental: “En el principio creó Dios el cielo y la
tierra” (Génesis 1,1). Por lo tanto, el mundo creado tuvo un principio
temporal. Durante
La concepción actual de un universo que ha comenzado a existir en el tiempo simplifica mucho la demostración de la existencia de Dios. Hacia el año 1100, el teólogo musulmán al-Ghazali, retomando ideas del teólogo cristiano heterodoxo Juan Filopón, quien vivió en Alejandría en el siglo VI, propuso la siguiente demostración silogística: Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa. Es así que el universo ha comenzado a existir. Por lo tanto, el universo tiene una causa. Recientemente esa demostración ha sido divulgada de nuevo por el filósofo norteamericano William Lane Craig, bajo el nombre de “argumento kalam”.
En
Esto explica el hecho de que desde hace décadas científicos no creyentes procuren denodadamente derribar la teoría del Big Bang, sosteniendo teorías alternativas, más allá de lo razonable, contra un conjunto abrumador de evidencias y argumentos.
Un buen ejemplo
de esto es la teoría del “universo en estado estacionario”, propuesta en 1948 y
hoy totalmente desacreditada. Esa teoría postulaba la aparición continua y
espontánea de nueva materia. Fred Hoyle, uno de sus proponentes, reconoció
abiertamente que esa teoría, que carecía de todo apoyo experimental, estaba
motivada por el deseo de evitar las implicaciones teológicas del Big Bang.
Otro ejemplo es
el “modelo oscilatorio” del universo, ampliamente divulgado por la serie de
televisión “Cosmos”. Esa serie,
dirigida por el astrónomo Carl Sagan, fue una obra maestra de propaganda del
ateísmo. El primer programa de la serie comenzaba con esta declaración de
Sagan: “El universo es todo lo que ha
habido, hay o habrá”. El modelo oscilatorio postula que la expansión del
universo, comenzada por
Un tercer ejemplo lo ofrece el caso del famoso físico Stephen Hawking. Hawking y Roger Penrose demostraron matemáticamente que, en un universo gobernado por la relatividad general, la existencia de una singularidad inicial (es decir, de un comienzo) era inevitable y que es imposible pasar a través de una singularidad hacia un estado subsiguiente. Este resultado molestaba al propio Hawking, quien es ateo, por lo cual más adelante propuso un nuevo modelo matemático en el cual, gracias a la utilización de números imaginarios, la singularidad inicial desaparece. El mismo Hawking ha reconocido que ese modelo no es una descripción de la realidad, sino un artificio matemático para ocultar la singularidad inicial. Ésta, sin embargo, sigue estando presente, lo cual queda de manifiesto al reconvertir las ecuaciones de Hawking, volviendo al conjunto de los números reales: al hacer esto, la singularidad reaparece.
A pesar de esos embates casi desesperados de científicos ateos, la teoría del Big Bang hoy parece más fuerte que nunca. Hay un consenso casi unánime acerca de que la historia del mundo comenzó en un momento determinado del tiempo pasado, en un abrupto relámpago de luz y energía. Este consenso ofrece un panorama muy favorable para la “demostración religiosa”, primer paso de la apologética católica clásica.
Por falta de
tiempo, aquí sólo puedo aludir a otras nuevas evidencias de la física y de la
astronomía que apuntan sugestivamente hacia el Creador. Recientemente los
físicos han descubierto que varias decenas de constantes físicas fundamentales
tienen valores que parecen haber sido calibrados exactamente para hacer posible
la vida en el universo. En efecto, una variación minúscula hacia arriba o hacia
abajo de cualquiera de esas constantes produciría un desbarajuste cósmico tal,
que haría imposible
Por otra parte,
recientemente los astrónomos han descubierto que tanto la ubicación de la
Tierra dentro de
Volvamos ahora nuestra mirada al siglo XIX, el siglo del auge del cientificismo ateo. Karl Marx, Sigmund Freud y Charles Darwin, los tres grandes padres del ateísmo contemporáneo, pretendieron adjudicar valor científico a sus respectivos sistemas. Es interesante notar que Karl Popper, el más famoso epistemólogo del siglo XX, atribuyó al marxismo, el psicoanálisis y el darwinismo el carácter de “pseudo-ciencias”, por no ser “falsables”, es decir, por ser a priori imposible su refutación empírica.
Pues bien,
después de la caída del muro de Berlín en 1989 y de la disolución de
En cuanto al psicoanálisis de Freud, quien consideraba a la religión como una forma de neurosis obsesiva colectiva, hoy casi ha desaparecido de las cátedras de psicología de las universidades de los Estados Unidos y de varios países de Europa. Incluso en Francia, donde la influencia del freudismo aún es grande, se publicó en 2004 “El Libro Negro del Psicoanálisis”, una muy dura y documentada crítica del valor científico y terapéutico del psicoanálisis y de la ética científica de su fundador.
Todo ello ayuda a explicar el celo intransigente, rayano en el fanatismo, con que muchos no creyentes se aferran al darwinismo, el único sustento aparente importante que resta del cientificismo ateo. No tengo tiempo de detenerme a explicarlo detalladamente, pero quiero dejar establecido que, en mi opinión, el descubrimiento de la estructura del ADN en 1953 y la subsiguiente comprensión del rol principalísimo que la información genética juega en el ámbito de la biología han puesto en crisis al neodarwinismo, la versión standard del darwinismo actual. Cálculos bastante sencillos muestran que la probabilidad de que la información del genoma de cualquier especie haya surgido por mero azar, dando lugar a un orden tan admirable, complejo y delicado como el de los organismos vivos, es tan abismalmente baja que puede ser despreciada a los efectos prácticos, dando pie a la certeza de que la vida es el producto de un diseño inteligente, en perfecta sintonía con la fe cristiana de siempre. Obviamente, esta convicción no obliga a rechazar toda forma de evolucionismo.
Como
introducción a la crítica científica del darwinismo, recomiendo el sitio Dissent from Darwin,
cuyo lema reza así: “Hay un disenso científico con respecto al darwinismo.
Merece ser escuchado." Dicho sitio contiene una lista de más de 700 científicos
que se han adherido a la siguiente declaración:
“Somos escépticos acerca de las afirmaciones de que las mutaciones
aleatorias y la selección natural pueden explicar la complejidad de
Cada
firmante de esta declaración tiene un Doctorado en alguna disciplina científica
o es un Médico acreditado que además es Profesor de Medicina. Las razones que
motivaron esa iniciativa se explican de la siguiente manera:
“Nuevas evidencias científicas descubiertas en las décadas recientes en
disciplinas tales como la cosmología, la física, la biología, la investigación
de la “inteligencia artificial” y otras, han impulsado a científicos a
cuestionar la selección natural, el principio fundamental del darwinismo, y a
estudiar la evidencia que la sustenta de manera más detallada.
Sin embargo, los programas de televisión, las declaraciones de política
educativa y los libros de texto de ciencia afirman que la teoría darwinista de
la evolución explica acabadamente la complejidad de los seres vivos. Además, se
le ha asegurado al público que toda la evidencia conocida respalda al
darwinismo y que prácticamente todos los científicos del mundo creen en la
veracidad de esa teoría.
Los científicos que se encuentran en esta lista impugnan la primera
afirmación y se presentan como un testimonio viviente en contra de
La lista está creciendo y actualmente incluye a científicos de
El mismo sitio contiene tres documentos que presentan objeciones científicas muy importantes contra el darwinismo y contra la forma en que éste es enseñado habitualmente.
Recapitulemos.
En las últimas décadas, nuestra cultura ha pasado del racionalismo de la
modernidad al irracionalismo de
Hoy generalmente
se piensa que la razón humana es incapaz de conocer la verdad de lo real y que
ninguna cosmovisión tiene el valor de
Para concluir, quiero destacar que, pese a sus debilidades filosóficas, la obra de los principales autores del movimiento ID o Intelligent Design (Philip Johnson, Michael Behe, William Dembski, etc.) ofrece, para la apologética católica actual, un punto de apoyo mucho más adecuado que la obra de Pierre Teilhard de Chardin, con su muy especulativa y cuestionable “ley de complejidad-conciencia” y su postulado del Punto Omega, de sabor naturalista e incluso panteísta. El filósofo cristiano de hoy puede usar muchos aportes del movimiento ID para actualizar la “quinta vía” de Santo Tomás de Aquino, en fructuoso diálogo con la ciencia contemporánea y en controversia con el naturalismo predominante en el ámbito científico.
Montevideo,
4 de noviembre de 2009.
Principales fuentes consultadas:
·
Lee
Strobel, The Case for a Creator,
Zondervan,
·
Dissent from
·
Wikipedia (http://es.wikipedia.org).
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Reflexiones ante la próxima instancia electoral
desde el punto de
vista moral
Lic. Néstor Martínez
Nuestro país se aproxima a la segunda instancia electoral, en la que se elige el Presidente de la República, luego de que en la "primera vuelta" el partido que tiene en su programa de gobierno la despenalización del aborto ha logrado ya las mayorías necesarias para convertirla en ley, sin que en esta ocasión exista promesa alguna de su candidato a Presidente de vetar dicha ley en caso de ser aprobada sino, al contrario, habiendo éste manifestado su total compromiso con la despenalización.
Lamentablemente y, más aún, incomprensiblemente, estas mayorías, que se han logrado por muy pocos votos, se han debido sin duda al voto de muchos católicos, que eran los que por su condición estaban especialmente llamados a no acompañar semejante programa de gobierno.
La situación actual es que tenemos dos candidatos, uno que -como dijimos- se ha comprometido a promulgar la ley de aborto que seguramente saldrá de las mayorías de que ya goza su partido, y otro que se ha comprometido a vetarla en caso de que sea aprobada por el Parlamento. Para ayudar a tomar una decisión aportamos los siguientes textos del Magisterio, en los cuales se explica también el sentido de este posicionamiento nuestro que a algunos podrá parecerle una ingerencia indebida en lo político.
***
Pío XI, Encíclica Casti Connubii,
1930:
"Finalmente, no es lícito que los que gobiernan las naciones y promulgan las leyes, echen en olvido que es función de la autoridad pública defender con leyes y penas adecuadas la vida de los inocentes, y eso tanto más cuanto menos pueden defenderse a sí mismos aquellos cuya vida peligra y es atacada, entre los cuales ocupan el primer lugar los niños encerrados aún en el seno materno. Y si los públicos magistrados no sólo no defienden a esos niños, sino que con sus leyes y ordenaciones los abandonan, y, aún más, los entregan a manos de médicos u otros para que los maten, recuerden que Dios es juez y vengador de la sangre inocente, que de la tierra clama al cielo (Gén. 4,10)".
***
Compendio de
“La Iglesia respeta la legítima autonomía del orden democrático; pero no posee título alguno para expresar preferencias por una u otra solución institucional o constitucional, ni tiene tampoco la tarea de valorar los programas políticos, si no es por sus implicaciones religiosas y morales.”
***
Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en unas jornadas de estudio sobre Europa organizadas por el Partido Popular Europeo, 30 de marzo de 2006:
“Por lo que atañe a la Iglesia católica, lo que pretende principalmente
con sus intervenciones en el ámbito público es la defensa y promoción de la
dignidad de la persona; por eso, presta conscientemente una atención particular
a principios que no son negociables. Entre éstos, hoy pueden destacarse los
siguientes:
— protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la
concepción hasta la muerte natural;
— reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia,
como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa
contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente
diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización,
oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social;
— protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.”
***
Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas
cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida
política (año 2002):
“En tal contexto, hay que añadir que la conciencia cristiana bien
formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un
programa político o la aprobación de una ley particular que contengan
propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y
la moral.
Ya que las verdades de fe constituyen una unidad inseparable, no es
lógico el aislamiento de uno solo de sus contenidos en detrimento de la totalidad
de la doctrina católica.
El compromiso político a favor de un aspecto aislado de la doctrina
social de la Iglesia no basta para satisfacer la responsabilidad de la búsqueda
del bien común en su totalidad."
*******
Sobre la cuestión de cómo han de aplicarse estas normas y principios a la realidad concreta de cada país o sociedad, entendemos que son pertinentes los siguientes pasajes del Magisterio:
***
Pío XI, Encíclica Casti Connubii, 1930:
"No puede surgir dificultad alguna que sea capaz de derogar la
obligación de los mandamientos de Dios que prohíben los actos malos por su
naturaleza intrínseca."
***
Juan Pablo II, Encíclica Evangelium
Vitae, 1995:
"Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo
podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser
contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible
por la misma razón, y proclamada por la Iglesia."
***
Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, 1993:
"52. (...) La Iglesia ha enseñado siempre que nunca se deben
escoger comportamientos prohibidos por los mandamientos morales, expresados de
manera negativa en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como se ha visto, Jesús
mismo afirma la inderogabilidad de estas prohibiciones: «Si quieres entrar en
la vida, guarda los mandamientos...: No matarás, no cometerás adulterio, no
robarás, no levantarás testimonio falso» (Mt 19,17-18)." (...)
56. Para justificar semejantes posturas, algunos han propuesto una
especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y
abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta
consideración existencial más concreta. Ésta, teniendo en cuenta las
circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones
a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena
conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente
malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una
oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la
conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el
bien y el mal. Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las
llamadas soluciones pastorales contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y
justificar una hermenéutica creativa, según la cual la conciencia moral no
estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo
particular. Con estos planteamientos se pone en discusión la identidad misma de
la conciencia moral ante la libertad del hombre y ante la ley de Dios. Sólo la
clarificación hecha anteriormente sobre la relación entre libertad y ley basada
en la verdad hace posible el discernimiento sobre esta interpretación creativa
de la conciencia."
***
De la mencionada clarificación
sobre la relación entre libertad y verdad, hecha en
"90. La relación entre fe y moral resplandece con toda su
intensidad en el respeto incondicionado que se debe a las exigencias
ineludibles de la dignidad personal de cada hombre, exigencias tuteladas por
las normas morales que prohíben sin excepción los actos intrínsecamente malos.
La universalidad y la inmutabilidad de la norma moral manifiestan y, al mismo tiempo,
se ponen al servicio de la absoluta dignidad personal, o sea, de la
inviolabilidad del hombre, en cuyo rostro brilla el esplendor de Dios (cf. Gn
9, 5-6).
El no poder aceptar las teorías éticas «teleológicas»,
«consecuencialistas» y «proporcionalistas» que niegan la existencia de normas
morales negativas relativas a comportamientos determinados y que son válidas
sin excepción, halla una confirmación particularmente elocuente en el hecho del
martirio cristiano, que siempre ha acompañado y acompaña la vida de la Iglesia.
(...)
La Iglesia propone el ejemplo de numerosos santos y santas, que han
testimoniado y defendido la verdad moral hasta el martirio o han prefirido la
muerte antes que cometer un solo pecado mortal. Elevándolos al honor de los altares,
la Iglesia ha canonizado su testimonio y ha declarado verdadero su juicio,
según el cual el amor implica obligatoriamente el respeto de sus mandamientos,
incluso en las circunstancias más graves, y el rechazo de traicionarlos, aunque
fuera con la intención de salvar la propia vida (...)
El martirio demuestra como ilusorio y falso todo significado humano que
se pretendiese atribuir, aunque fuera en condiciones excepcionales, a un acto
en sí mismo moralmente malo; más aún, manifiesta abiertamente su verdadero
rostro: el de una violación de la «humanidad» del hombre, antes aún en quien lo
realiza que no en quien lo padece. (...)
Si el martirio es el testimonio culminante de la verdad moral, al que
relativamente pocos son llamados, existe no obstante un testimonio de
coherencia que todos los cristianos deben estar dispuestos a dar cada día,
incluso a costa de sufrimientos y de grandes sacrificios. En efecto, ante las
múltiples dificultades, que incluso en las circunstancias más ordinarias puede
exigir la fidelidad al orden moral, el cristiano, implorando con su oración la
gracia de Dios, está llamado a una entrega a veces heroica. Le sostiene la
virtud de la fortaleza, que —como enseña san Gregorio Magno— le capacita a
«amar las dificultades de este mundo a la vista del premio eterno» (...)
Más allá de las intenciones, a veces buenas, y de las circunstancias, a
menudo difíciles, las autoridades civiles y los individuos jamás están
autorizados a transgredir los derechos fundamentales e inalienables de la
persona humana. Por lo cual, sólo una moral que reconozca normas válidas
siempre y para todos, sin ninguna excepción, puede garantizar el fundamento
ético de la convivencia social, tanto nacional como internacional."
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El "derecho" a poseer esclavos
Por monseñor Francisco Gil Hellín,
arzobispo de Burgos
BURGOS, sábado, 24 de octubre de
2009 (ZENIT.org).
Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, con el título "El 'derecho' a poseer esclavos".
* * *
Aunque parezca extraño, todavía no está lejos la época en la que poseer otros seres humanos se veía tan normal como poseer cabezas de ganado. Más extraño es, si cabe, que esta postura se defendiera en un país tan avanzado como los Estados Unidos. Sin embargo, así ocurría bien entrado el siglo XIX, concretamente hasta poco antes de 1860.
En efecto, en aquel momento la
aceptación de la esclavitud era asumida por los sureños de los Estados Unidos
de cualquier clase y condición. Hasta el extremo de que, a partir de la década
de 1830, el servicio de correos se negaba a distribuir en el Sur folletos que
propugnasen la abolición de
En aquel momento, la política de
los EE.UU estaba dominada por dos partidos: los Demócratas y los Whigs. El partido Demócrata era el gran defensor
de la esclavitud y acaparaba el poder en los Estados del Sur. En el otro
partido había dos tendencias: unos eran partidarios de la esclavitud y otros
eran abolicionistas. Estos se desgajaron de los Whigs cuando en 1854
Los Republicanos rechazaban no sólo la extensión de la esclavitud a los nuevos territorios sino que eran partidarios de que ese «derecho» no existiese en ningún Estado. Los esclavistas los tachaban de
«republicanismo negro». Quien haya visto la película «Dioses y generales» quizás recuerde el estribillo de una canción muy pegadiza que empezaba con «¡Viva, viva. Por los derechos del Sur. Viva!». Esta canción ensalzaba la bandera azul con una estrella blanca en el centro, que sirvió de distintivo en muchos campos de batalla a las fuerzas confederadas durante la Guerra de Secesión.
De hecho, cuando el republicano Abraham Lincoln, un abolicionista, llegó a la Presidencia en 1861, los demócratas sureños iniciaron la secesión, con el argumento de que el nuevo gobierno pretendía arrebatar sus «derechos» -es decir: que quería abolir la esclavitud- a los estados del sur. Fueron necesarios cuatro años de guerra para acabar con un levantamiento armado, que invocaba palabras como «derechos» y «libertad» para defender una brutal forma de opresión. Porque eso era y es la esclavitud.
Hoy la historia se repite. Pero no sólo en los Estados Unidos sino en todo el Occidente, incluidas Europa y España. También hoy se habla de «derechos» y de «libertad» para matar a los niños aún no nacidos, sobre todo si son deficientes. Que eso es el aborto. España lidera esta postura, como lo demuestra la ley que actualmente está en curso para ser aprobada por el partido gobernante y con el asentimiento de muchos votantes del partido de la oposición.
Una minoría cada vez más
numerosa, integrada por hombres y mujeres de diversos colores políticos y religiosos,
sostiene la misma postura de quienes se oponían a la esclavitud en los estados
sureños. Como ellos, también son tachados de «extremistas» y enemigos de
ZS09102404 - 24-10-2009
http://www.zenit.org/article-33012?l=spanish
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Notificación
sobre algunos
escritos del
Rvdo. P.
Marciano Vidal, C.Ss.R.
Congregación
para la Doctrina de la Fe
Preámbulo
Una de las misiones encomendadas a la Congregación para la Doctrina de la Fe es velar y custodiar la doctrina de la fe, para que el Pueblo de Dios se mantenga fiel a la enseñanza recibida. Por ello, en ocasiones, debe hacer juicio de doctrina y advertir, incluso con notificación pública, sobre ambigüedades o errores expresados en algunas publicaciones de especial difusión que pueden dañar la fe del Pueblo de Dios, en orden a su oportuna rectificación. Tal notificación a veces resulta necesaria, aun cuando el autor se muestre bien dispuesto a rectificar o ya esté rectificando.
Después de un primer estudio del Diccionario de ética teológica, de La propuesta moral de Juan Pablo II. Comentario teológico-moral de
El 13 de diciembre de 1997 la Congregación para la Doctrina
de la Fe envió al Autor, a través del Rvdo. P. Joseph William Tobin, Superior
General de la Congregación del Santísimo Redentor, el texto de la Contestatio. Ésta comprendía una
introducción sobre la fundamentación cristológica de la ética teológica,
seguida de dos partes, dedicadas respectivamente a las cuestiones de carácter
epistemológico (relación entre
El 4 de junio de 1998 se recibió el texto de la Respuesta
redactada por el Rvdo. P. Marciano Vidal, ayudado por el Consejero elegido por
él, y acompañada por una carta del Superior General. La Congregación examinó la
Respuesta, considerándola insatisfactoria, y decidió ofrecer al Autor una nueva
posibilidad de clarificar su pensamiento sobre los puntos en examen. Un nuevo
texto, que comprendía algunas preguntas, fue presentado para aprobación a
El nuevo texto, acompañado de una carta, se entregó al Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor en una reunión que tuvo lugar en la sede de este Dicasterio (7 de junio de 1999). En esta reunión se comunicó el resultado del examen de la Respuesta, así como la decisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de carácter excepcional, de volver a formular los puntos en discusión, con objeto de facilitar una respuesta más puntual y precisa. Además, después de manifestar la viva esperanza de que el P. Vidal viese la nueva oportunidad que se le concedía como una llamada a una más profunda reflexión para su propio bien y para el bien de la Iglesia, en nombre de la cual desarrolla su servicio de docencia teológica, se determinó que la respuesta del P. Vidal, redactada de forma personal, inequívoca y sucinta, debía llegar a la Congregación para la Doctrina de la Fe antes del próximo 30 de septiembre.
Informado del nuevo paso emprendido por este Dicasterio, el
P. Vidal, a través del propio Ordinario, aseguró que se atendría a cuanto la
Congregación le pedía. El 28 de septiembre de 1999 el Superior General entregó
personalmente al cardenal Prefecto el texto de la Respuesta a las «Preguntas dirigidas al Rev. P. Marciano
Vidal C.Ss.R.», junto con su parecer personal. El texto de
El 10 de noviembre de 1999
El 2 de junio de 2000 tuvo lugar la prevista reunión con el
Autor. A ella participaron el Emmo. Cardenal Prefecto, el Excmo. Secretario,
S.E.R. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Granada y Miembro de la
Congregación, que representaba a
Informados del resultado positivo de la reunión, los Emmos.
e Ilmos. Miembros de
Con tal decisión, con la que no se enjuicia al Autor ni su intención, ni la totalidad de su obra o de su ministerio teológico, sino sólo unos determinados escritos, se trata de buscar el bien de los fieles, de los pastores y de los profesores de teología moral tanto del presente como del futuro, sobre todo de aquellos que han sido formados según la teología moral del Autor o que se reconocen en las mismas perspectivas teológico-morales, a fin de que se aparten de estos errores o lagunas en los que han sido formados o persisten todavía, con las consecuencias prácticas que esto comporta en el ámbito pastoral y ministerial.
Nota Doctrinal
1. Valoración general
El libro Moral de Actitudes consta de tres volúmenes. En el primero se trata de la moral fundamental (1). El segundo volumen se divide en dos tomos, dedicados, respectivamente, a la moral de la persona y bioética teológica (2) y a la moral del amor y de la sexualidad (3). El tercer volumen se ocupa de la moral social (4). El Diccionario de ética teológica (5) ofrece un tratamiento más conciso de los principales conceptos y temas de la moral cristiana.
En Moral de Actitudes se advierte la preocupación pastoral por el diálogo con «el hombre autónomo, secular y concreto» (6). En función de este objetivo se adopta una actitud benigna y comprensiva, atenta al carácter gradual y progresivo de la vida y de la educación moral, y se busca una mediación entre las posiciones consideradas extremas, teniendo presentes los datos ofrecidos por las ciencias humanas y por las diversas orientaciones culturales. Sin embargo, esta laudable preocupación frecuentemente no alcanza su objetivo, porque predomina sobre aspectos que son esenciales y constitutivos de toda presentación integral de la doctrina moral de la Iglesia; particularmente: el uso de una metodología teológica correcta, la adecuada definición de la moralidad objetiva de las acciones, la precisión del lenguaje y la presentación de argumentaciones completas.
Como afirma el Autor, Moral
de Actitudes está construido sobre la «opción
por el paradigma de la “autonomía teónoma” reinterpretado desde la “ética de
liberación”» (7). Él se propone llevar a cabo una revisión personal de ese
paradigma, pero no consigue evitar algunos de los errores que contiene, que son
sustancialmente los señalados por
Por ello el Autor afirma repetidas veces una de las tesis determinantes del planteamiento del libro: «lo propio y específico del êthos cristiano no hay que buscarlo en el orden de los contenidos concretos del compromiso moral», sino «en el orden de la cosmovisión que acompaña» esos contenidos (13). Sólo a partir de estas afirmaciones se debe entender —como precisa el Autor— qué significa «la referencia a Jesús de Nazaret en cuanto horizonte o ámbito nuevo de comprensión y de vivencia de la realidad» (14), o bien en qué sentido se sostiene que la fe ofrece un «influjo», un «contexto», una «orientación» (15), un «nuevo ámbito de referencia» y una «dimensión» (16). Aunque el Autor afirma ocasionalmente que «la Norma decisiva de la ética cristiana es Cristo» y que «no hay otra norma para el cristiano que el acontecimiento de Jesús de Nazaret» (17), su intento de fundamentación cristológica no consigue conceder normatividad ética concreta a la revelación de Dios en Cristo (18). La fundamentación cristológica de la ética se admite solamente en cuanto «redimensiona la normativa intramundana del personalismo de alteridad política» (19).
La ética cristiana resultante es «una ética influida por la fe» (20), pero se trata de un influjo débil, porque se yuxtapone de hecho a una racionalidad secularizada enteramente proyectada sobre un plano horizontal. En Moral de Actitudes no se resalta suficientemente la dimensión vertical ascendente de la vida moral cristiana, y grandes temas cristianos como la redención, la cruz, la gracia, las virtudes teologales, la oración, las bienaventuranzas, la resurrección, el juicio, la vida eterna, además de estar poco presentes, no tienen casi influjo en la presentación de los contenidos morales.
Consecuencia del modelo moral adoptado es la atribución de
un papel insuficiente a la Tradición y al Magisterio moral de la Iglesia, que
se filtran a través de las frecuentes «opciones»
y «preferencias» del Autor (21). En
el comentario a
Se debe señalar, en fin, la tendencia a utilizar el método del conflicto de valores o de bienes en el estudio de los diversos problemas éticos, así como el papel desempeñado por las referencias al nivel óntico o pre-moral (23). Modos que llevan a tratar reductivamente algunos problemas teóricos y prácticos, como son la relación entre libertad y verdad, entre conciencia y ley, entre opción fundamental y acciones concretas, los cuales no se resuelven positivamente por la falta de una toma de posición coherente del Autor. En el plano práctico, no se acepta la doctrina tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y sobre el valor absoluto de las normas que prohíben esas acciones.
2. Cuestiones particulares
El Autor afirma que los métodos interceptivos, es decir, aquéllos que actúan después de la fecundación y antes de la anidación, no son abortivos. Generalmente no se pueden considerar como medios lícitos para controlar la natalidad (24), pero son moralmente aceptables «en situaciones de notable gravedad, cuando es imposible el recurso a otros medios» (25). El Autor aplica este mismo criterio de juicio a la esterilización, afirmando que en algunas situaciones no ofrece dificultades morales, «ya que lo que se intenta es realizar de una manera responsable un valor humano» (26). En ambos casos se trata de valoraciones contrarias a la enseñanza de la Iglesia (27).
El Autor sostiene que la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad posee cierta coherencia, pero no goza de suficiente fundamento bíblico (28) y adolece de importantes condicionamientos (29) y ambigüedades (30). En ella se encuentran los fallos que pueden advertirse «en todo el edificio histórico de la ética sexual cristiana» (31). En la valoración moral de la homosexualidad —añade el Autor— se debe «adoptar una actitud de provisionalidad», y desde luego «ha de formularse en clave de búsqueda y apertura» (32). Para el homosexual irreversible un juicio cristiano coherente «no pasa necesariamente por la única salida de una moral rígida: cambio a la heterosexualidad o abstinencia total» (33). Estos juicios morales no son compatibles con la doctrina católica, para la que existe una valoración perfectamente clara y firme sobre la moralidad objetiva de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (34). El grado de imputabilidad subjetiva que esas relaciones puedan tener en cada caso concreto es una cuestión diversa, que no está aquí en discusión.
El Autor sostiene que no se ha probado «la gravedad ex toto genere suo de la masturbación» (35). Ciertas condiciones personales son en realidad elementos objetivos de ese comportamiento, por lo «que no es correcto hacer “abstracción objetiva” de los condicionamientos personales y formar una valoración universalmente válida desde el punto de vista objetivo» (36). «No todo acto de masturbación es “materia objetivamente grave”» (37). Sería incorrecto el juicio de la doctrina moral católica de que los actos autoeróticos son objetivamente acciones intrínsecamente malas (38).
Con relación a la procreación responsable, considera el Autor que ninguno de los métodos actuales para regular los nacimientos reúne una bondad absoluta. «Es incoherente y arriesgado inclinar la valoración moral por un método determinado» (39). Aunque el Magisterio de la Iglesia tiene el cometido de orientar positiva y negativamente el empleo de las soluciones concretas (40), en casos de conflicto «seguirá siendo válido el principio básico de la inviolabilidad de la conciencia moral» (41). Pero incluso fuera de los casos conflictivos, «la utilización moral de los métodos estrictamente anticonceptivos ha de ser objeto de responsable discernimiento de los cónyuges» (42). Entre los diversos criterios ofrecidos por el Autor para guiar ese discernimiento (43) no se encuentra el valor objetivo y vinculante de la norma moral contenida en la Humanae vitae (44) y en los demás documentos del Magisterio pontificio anteriores (45) y posteriores a ella (46).
Sobre la fecundación in vitro homóloga el Autor se separa de la doctrina eclesial (47). «Por lo que respecta a la fecundación completamente intraconyugal (“caso simple”), creemos que no puede ser descartada...» (48). Si se neutraliza todo lo posible la probabilidad de riesgos para el nascituro, si existe una razonable proporción entre los fracasos y el éxito fundadamente esperado, y se respeta la condición humana del embrión, «la fecundación artificial homóloga no puede ser declarada en principio como inmoral» (49).
Sobre otros problemas de moral especial, Moral de Actitudes contiene juicios ambiguos. Es el caso, por ejemplo, de la inseminación artificial por parte de personas casadas con semen de un donador (50), o bien el de la fecundación in vitro heteróloga (51) y el aborto. Es verdad que el autor da una valoración moral negativa del aborto en términos generales, pero su posición acerca del aborto terapéutico es ambigua (52): al sostener la posibilidad de ciertas intervenciones médicas en algunos casos más difíciles, no se entiende claramente si se está refiriendo a lo que tradicionalmente se llamaba «aborto indirecto», o si en cambio admite también la licitud de intervenciones no comprendidas en la categoría tradicional mencionada. No menos ambigua es su posición sobre el aborto eugenésico (53). Por lo que se refiere a las leyes abortistas, el Autor explica correctamente que el aborto no se puede considerar como contenido de un derecho individual (54), pero a continuación añade que «no toda liberalización jurídica del aborto es contraria frontalmente a la ética» (55). Parece que se refiere a las leyes que permiten una cierta despenalización del aborto (56). Pero, dado que existen diversos modos de despenalizar el aborto —algunos de los cuales equivalen, en la práctica, a su legalización, mientras que ninguno de los demás es, en todo caso, aceptable según la doctrina católica (57)— y que el contexto no es suficientemente claro, al lector no le es posible entender qué tipo de leyes despenalizadoras del aborto se consideran «no contrarias frontalmente a la ética».
La Congregación para la Doctrina de la Fe, considerando con
satisfacción los pasos dados por el Autor y su disponibilidad para seguir los
textos del Magisterio, confía en que, mediante su colaboración con
La Congregación, con esta Notificación, desea al mismo tiempo animar a los teólogos moralistas a proseguir en el camino de renovación de la Teología moral, en especial de profundización en la moral fundamental y de rigor en el método teológico-moral, conforme a las enseñanzas de Veritatis splendor, y con verdadero sentido de responsabilidad eclesial.
El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en el transcurso de la
Audiencia concedida al suscrito Cardenal Prefecto el 9 de febrero de 2001, a la
luz de los pasos dados, ha confirmado Su aprobación a
Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 22 de febrero de 2001, Fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol.
+ Joseph Card. Ratzinger, Prefecto.
+ Tarcisio Bertone, S.D.B., Arzobispo emérito de Vercelli, Secretario.
1) Moral de Actitudes, I. Moral fundamental, Editorial PS, Madrid 1990, 8ª ed. (ampliada y refundida en su totalidad), 902 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, I. Morale fondamentale, Cittadella Editrice, Assisi 1994, 958 pp.] (se cita Ma I según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).
2) Moral de Actitudes, II-1.ª Moral de la persona y bioética teológica, Editorial PS, Madrid 1991, 8ª ed., 797 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, II-1.ª Morale della persona e bioetica teologica, Cittadella Editrice, Assisi 1995, 896 pp.] (se cita Ma II/1 según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).
3) Moral de Actitudes, II-2.ª Moral del amor y de la sexualidad, Editorial PS, Madrid 1991, 8ª ed., 662 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, II-2.ª Morale dell’amore e della sessualità, Cittadella Editrice, Assisi 1996, 748 pp.] (se cita Ma II/2 según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).
4) Moral de Actitudes, III. Moral social, Editorial PS, Madrid 1995, 8ª ed. 1015 pp. [trad. it. Manuale di etica teologica, III. Morale sociale, Cittadella Editrice, Assisi 1997, 1123 pp.] (se cita Ma III según la edición española, indicando después el número de la página de la edición italiana precedido del signo = ).
5) Diccionario de ética teológica, Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 1991, 649 pp. (se cita Det).
6) Ma I, p. 266 = 283; cfr. Ma I, pp. 139 = 147-148, 211-215 = 222-226.
7) Ma I, p. 260 = 276; cfr. Ma I, pp. 260-284 = 276-301.
8) Cfr. Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor (6 de agosto de 1993), especialmente nn. 36-37: AAS 85 (1993) 1162-1163.
9) Cfr. Ma I, p. 213 = 224.
10) Cfr. S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q. 100, a. 2, c.
11) Cfr. Enc. Veritatis splendor, nn. 36. 42-45: AAS 85 (1993) 1162-1163. 1166-1169.
12) Enc. Veritatis splendor, n. 44: AAS 85 (1993) 1168-1169.
13) Ma I, p. 203 = 214; la misma
afirmación se encuentra en Ma II/1, pp. 131 = 140 y 139 = 148, Ma III, pp.
99-100 = 107-108 y en Ma I, p. 99 = 103 referida a
14) Ma I, pp. 203-204 = 214.
15) Ma I, pp. 192-193 = 202-203.
16) Ma I, p. 274 = 291.
17) Ma I, p. 452 = 476.
18) Cfr. Ma I, pp. 268-270 = 285-287.
19) Ma I, p. 275 = 291.
20) Ma I, p. 192 = 202-203.
21) Cfr. por ejemplo Ma I, pp. 260 = 276; 789-790 = 837-839; 816 = 872; 848 = 904; Ma II/1, pp. 400-403 = 434-437; 497 = 550-551; 597 = 660-661; Ma II/2, pp. 189 = 202; 191 = 204; 263 = 311; 264 = 312; 495 = 553.
22) Cfr. Conc. Vaticano II, Lumen gentium, 25; Congregación para la
Doctrina de la Fe, Instr. Donum veritatis
(24 de mayo de 1990), 16: AAS 82 (1990) 1557. Véase la posición del Autor en La propuesta moral de Juan Pablo II.
Comentario teológico-moral de
23) Cfr. por ejemplo Ma I, p. 468 = 492.
24) Ma II/2, p. 574 = 651.
25) Ma II/2, p. 574 = 651.
26) Ma II/1, p. 641 = 714; cfr. también Ma II/2, p. 575 = 652, donde la esterilización es considerada una «solución adecuada» para algunos casos, y Det, p. 225, donde se afirma que en algunas ocasiones la esterilización será el «único método aconsejable».
27) Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. De abortu procurato (18 de noviembre de 1974), nn. 12-13: AAS 66 (1974) 737-739; Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae (25 de marzo de 1995), n. 58: AAS 87 (1995) 466-467. Para la esterilización, cfr. Pablo VI, Enc. Humanae vitae (25 de julio de 1968), n. 14 y las fuentes allí citadas: AAS 60 (1968) 490-491; Congregación para la Doctrina de la Fe, Resp. Circa sterilizationem in nosocomiis catholicis (13 de marzo de 1975): AAS 68 (1976) 738-740; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2399.
28) Cfr. Ma II/2, pp. 266-267 = 314-315.
29) Cfr. Ma II/2, p. 267 = 315.
30) Cfr. Ma II/2, p. 268 = 316; también Det, pp. 294-295.
31) Ma II/2, p. 268 = 316; cfr. pp. 268-270 = 316-318.
32) Ma II/2, pp. 281-282 = 330.
33) Ma II/2, p. 283 = 332.
34) Cfr. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tm 1, 10; Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana (29 de diciembre de 1975), n. 8: AAS 68 (1976) 84-85; Carta Homosexualitatis problema (1 de octubre de 1986), nn. 3-8: AAS 79 (1987) 544-548; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359. 2396.
35) Ma II/2, p. 324 = 374.
36) Ma II/2, p. 330 = 381; cfr. también Det, p. 45.
37) Ma II/2, p. 332 = 382.
38) Cfr. Decl. Persona humana, n. 9: AAS 68 (1976) 85-87; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2352. Cfr. también León IX, Carta Ad splendidum nitentis, año 1054: DH 687-688.
39) Ma II/2, p. 576 = 653.
40) Cfr. Ma II/2, p. 576 = 653.
41) Ma II/2, p. 576 = 653.
42) Ma II/2, p. 576 = 653.
43) Cfr. Ma II/2, pp. 576-577 = 653-654.
44) Cfr. Enc. Humanae vitae, nn. 11-14: AAS 60 (1968) 488-491.
45) Cfr. las fuentes citadas en Enc. Humanae vitae, n. 14: AAS 60 (1968) 490-491.
46) Cfr. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), n. 32: AAS 74 (1982) 118-120; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2370 y 2399. Cfr. también Ma II/2, pp. 571-573 = 648-650.
47) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae (22 de Febrero de 1987), n. II, B, 5: AAS 80 (1988) 92-94.
48) Ma II/1, p. 597 = 660.
49) Ma II/1, p. 597 = 661.
50) Cfr. Ma II/1, p. 586 = 649 y Det, p. 315.
51) Cfr. Ma II/1, p. 597 = 660.
52) Cfr. Ma II/1, p. 403 = 437.
53) Cfr. Ma II/1 p. 403 = 437-438.
54) Cfr. Ma II/1, p. 412 = 454.
55) Ma II/1, p. 412 = 454.
56) Cfr. Ma II/1, p. 408 = 442. 444.
57) Cfr. Decl. De abortu procurato, nn. 19-23: AAS 66 (1974) 742-744; Enc. Evangelium vitae, nn. 71-74: AAS 87 (1995) 483-488.
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A propósito de
la Notificación de la Congregación
para la Doctrina de la Fe sobre algunos escritos del Rvdo. P. Marciano Vidal, C.Ss.R.
Congregación
para la Doctrina de la Fe
1. La teología moral ha suscitado en la vida de la Iglesia de los últimos decenios un interés que no conocía desde hacía mucho tiempo. Son muchas las causas que explican este fenómeno. La atención concedida por el Concilio Vaticano II a la persona humana y a los problemas que atormentan su corazón; la nueva percepción de la dignidad de la conciencia y del respeto que se le debe; la necesidad de renovar la teología moral según un modelo que se adecue mejor a la Alianza de Dios con su Pueblo, cuyo centro es la persona de Cristo; la consolidación de una antropología de índole más personalista; el redescubrimiento del carácter vocacional del matrimonio cristiano; los grandes desafíos planteados a la ciencia y a la cultura por las conquistas en el campo de la bio-ingeniería. Éstos son algunos de los elementos que han contribuido a concentrar la atención de los teólogos sobre la moral.
2. Si se consideran los resultados adquiridos en este ámbito, es indiscutible que se ha alcanzado un progreso considerable. Aun sin mencionar las respuestas inéditas —pero no por ello menos conformes a la “mente de Cristo” (1 Co 2, 16)— ofrecidas tanto a viejos como a nuevos problemas, no es posible ignorar múltiples indicios concretos de renovación. Entre éstos cabe señalar el descubrimiento, por parte de muchos fieles, de la grandeza de la vocación cristiana y de la profunda e inalterable alegría ligada al compromiso pleno y definitivo con ella; un anuncio del Evangelio que no teme proclamar con claridad las más altas exigencias de las ‘Bienaventuranzas’ como camino ordinario de la vida cristiana al servicio de la gloria del Padre y de los hermanos que el Padre atrae hacia Sí (cfr. Jn 6, 44); la fortaleza de numerosos cristianos para afirmar la propia identidad, cuando llega el momento de dialogar con personas que no comparten sus convicciones, fortaleza que no rehuye, si es necesario, el martirio, expresión sublime de la moral cristiana; el entusiasmo de las nuevas generaciones de teólogos en el aprendizaje y en el ejercicio de su ‘vocación’.
De este florecimiento y de sus frutos, Juan Pablo II ha dejado constancia en su encíclica Veritatis splendor: «El esfuerzo de muchos teólogos, alentados por el Concilio, ya ha dado sus frutos con interesantes y útiles reflexiones sobre las verdades de la fe que hay que creer y aplicar a la vida, presentadas de manera más adecuada a la sensibilidad y a los interrogantes de los hombres de nuestro tiempo» (1).
3. Hay otro aspecto que conviene considerar. En un clima de efervescencia intelectual, como el que la teología moral ha conocido en el pasado y todavía conoce, se requiere un esfuerzo especial en quien, como el teólogo moralista, se ve implicado en primera persona: el esfuerzo para no perder el sentido del equilibrio y de la mesura inherente a su vocación. Ésta última comporta, en efecto, la referencia a dos polos inseparables: el respeto a la verdad íntegra debido al Pueblo de Dios, y una fuerte unión con el Magisterio de la Iglesia, depositario del deber de mantener, mediante el Espíritu del Resucitado (cfr. Jn 16, 13), al Pueblo de Dios en una fidelidad viva a la verdad, a través del tiempo y de las más variadas circunstancias.
Es oportuno
detenerse sobre la apenas mencionada vocación del teólogo moralista, para
precisar todavía más su contorno. La tarea del teólogo moralista es
indispensable para la realidad viva de
Estas líneas
generales se podrían completar con las consideraciones más específicas que
4. Con respecto a las relaciones entre el teólogo y el Magisterio, se puede constatar la existencia de algunas tensiones. Éstas no deben ser siempre interpretadas necesariamente como expresión de posiciones inconciliables o de latentes rupturas, sino como resultado de modos diferentes de acercarse a una misma verdad, siempre difícil de aferrar en toda su complejidad y riqueza.
Cabría recordar, en la historia reciente de la Iglesia, las tensiones que existieron entre algunos teólogos y el Magisterio en los años 50. Esas tensiones —como ha reconocido el mismo Magisterio— revelaron su fecundidad sucesivamente, hasta el punto de convertirse en estímulo para el Concilio Vaticano II. Admitir las tensiones no significa descuido o indiferencia. Se trata, más bien, de la «paciencia de la maduración» (4), que la tierra requiere para permitir que la semilla germine y produzca nuevos frutos. Dejando de lado la metáfora, se reconoce la necesidad de dejar que las nuevas ideas se adecuen gradualmente al patrimonio doctrinal de la Iglesia, para abrirlo después a las riquezas insospechables que contenía dentro de sí. El Magisterio adopta prudentemente esta actitud y le concede particular relieve, porque sabe que de ese modo se alcanzan las comprensiones más profundas de la Verdad para el mayor bien de los fieles. Es la actitud de Juan Pablo II cuando, en la encíclica citada, se abstiene de «imponer a los fieles ningún sistema teológico particular» (5). Llegará la hora de la poda y del discernimiento, pero nunca antes de que surja y se abra lo que está germinando (6).
5. Junto a la
tensión, puede surgir por desgracia la oposición. Ésta existe cuando la
búsqueda de la verdad se realiza con detrimento del patrimonio doctrinal de la
Iglesia y cristaliza en tesis ambiguas o claramente erróneas. La vigilancia
realizada en este caso por los Pastores pertenece a la función que el Señor les
confió de mantener intacto el «depósito
de la fe» para el bien de toda la Iglesia (7).
En efecto,
considerada más de cerca, la actitud de oposición es nociva para todos. Ante
todo para el teólogo, el cual, negadas algunas verdades, se expone a caer en
otros errores que podrían llevarlo a cerrarse a
6. El resultado
positivo de la vigilancia de los Pastores de la Iglesia se extiende a la
comunidad teológica de la que forma parte el P. Marciano Vidal. Lo que se dice
ahora constituye, para los demás miembros de esa comunidad, la ocasión de
examinar sus contribuciones a la luz de lo que el Magisterio reconoce, en este
caso particular, como perteneciente o no al «depósito» confiado a
La primera de ellas es sin duda el lugar central que ocupa la persona de Cristo en la teología moral católica. Aun reconociendo el valor de la recta ratio para conocer al hombre, Cristo es sin embargo el punto de referencia indispensable y definitivo para adquirir un conocimiento íntegro de la persona humana, que será después el fundamento de un obrar moral integral, en el que no hay dicotomía alguna entre lo que depende del humanum y lo que procede de la fe.
Tras las huellas
del Concilio Vaticano II,
Una segunda indicación importante, derivada directamente de la anterior, es la dignidad intangible de la sexualidad humana. En un contexto marcado por la exasperada sexualidad prevalente en nuestro mundo, el contorno de su auténtico significado puede fácilmente difuminarse. Por ello, el moralista cristiano puede sentir la tentación de resolver los viejos y nuevos problemas con respuestas que son más conformes a la sensibilidad y las expectativas del mundo que a la «mente de Cristo» (cfr. 1 Co 2, 16). Como sucede frecuentemente en las cuestiones doctrinales objeto de discusión, la solución buena es aquí la lectio difficilior. Como el Magisterio ha demostrado en diversas ocasiones y en diferentes contextos, no es posible aceptar ninguna transacción en este ámbito. La vocación cristiana, en sus diversos estados de vida, encuentra su condición de posibilidad en una sexualidad humana integral.
A la luz de estas observaciones se entiende el motivo por el que la Iglesia considera la masturbación y las relaciones sexuales de tipo homosexual como actos objetivamente graves (10). Y en la misma óptica la Iglesia invita a los esposos cristianos a la paternidad responsable en el respeto de la «inseparable conexión», querida por el Creador y Redentor del hombre, entre los dos significados, unitivo y procreativo, del acto conyugal (11).
Las mismas razones se encuentran en la enseñanza del Magisterio sobre la fecundación artificial homóloga. En efecto, por una parte se trata de los actos propios de los esposos como único lugar digno de la procreación humana y, por otra, de la necesidad de evitar cualquier forma de manipulación del embrión humano (12). Por lo que se refiere al respeto incondicional debido al embrión, no es suficiente afirmar la inmoralidad global del aborto, para después atenuar confusamente ese principio cuando se trata de aplicarlo a casos concretos particularmente complejos. Sobre este punto, la Iglesia ha reivindicado siempre una absoluta coherencia y continúa haciéndolo con creciente insistencia (13). Ateniéndose firmemente al principio de la integridad de la sexualidad humana y al del respeto de la vida, conectado con el primero, la Iglesia no oprime al hombre. Más bien, lo valoriza; y lo hace sobre la base de la idea que Jesucristo y la Tradición apostólica han tenido del hombre, a pesar del contexto cultural de su tiempo.
7. Una
Notificación como la que el presente texto se ha propuesto comentar es siempre
un evento importante en la vida de
(15 de mayo de 2001)
* * *
(1) Juan Pablo II, Encíclica Veritatis splendor (6 de agosto de 1993), n. 29: AAS 85 (1993) 1157.
(2) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum veritatis (24 de mayo de 1990), n. 6: AAS 82 (1990) 1552.
(3) Cfr. Enc. Veritatis splendor, nn. 111-113: AAS 85 (1993) 1220-1222.
(4) Esta expresión se toma de
(5) Enc. Veritatis splendor, n. 29: AAS 85 (1993) 1157.
(6)
(7) Cfr. Instr. Donum veritatis, n. 14: AAS 82 (1990) 1556.
(8) Cfr. Enc. Veritatis splendor, n. 4: AAS 85 (1993) 1135-1137.
(9) Cfr. Enc. Veritatis splendor, nn. 2. 6-7: AAS 85 (1993) 1134-1135; Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), n. 10: AAS 71 (1979) 274.
(10) Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana (29 de diciembre de 1975), nn. 8-9: AAS 68 (1976) 84-87; Carta Homosexualitatis problema (1 de octubre de 1986), nn. 3-8: AAS 79 (1987) 544-548; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2352. 2357-2359. 2396.
(11) Cfr. Pablo VI, Enc. Humanae vitae (25 de julio de 1968), nn. 11-14: AAS 60 (1968) 488-491; Juan Pablo II, Exhort. Apost. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), n. 32: AAS 74 (1982) 118-120; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2370 y 2399.
(12) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae (22 de febrero de 1987), n. II, B, 5: AAS 80 (1988) 92-94.
(13) Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae (25 de marzo de 1995), nn. 58-62: AAS 87 (1995) 466-472.
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Nota vaticana sobre los anglicanos que entran en la Iglesia
católica
Anuncia la constitución apostólica que creará
ordinariatos personales para ellos
CIUDAD DEL VATICANO, martes 20 de
octubre de 2009 (ZENIT.org).
Publicamos la nota informativa de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre los ordinariatos personales para anglicanos que entran en la Iglesia católica.
* * *
Con la
preparación de una constitución apostólica, la Iglesia católica está
respondiendo a las numerosas peticiones que han sido presentadas a
En esta constitución apostólica el Santo Padre ha introducido una estructura canónica que provee para dicha reunión corporativa, a través de la institución de ordinariatos personales que permitirán a los antiguos anglicanos entrar en comunión plena con la Iglesia católica preservando elementos del distintivo patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. Según el tenor de la constitución apostólica, la atención y la guía pastoral para estos grupos de fieles antiguos anglicanos será asegurada por un ordinariato personal, cuyo ordinario será habitualmente nombrado por el clero ex anglicano.
La constitución apostólica que pronto será publicada ofrece una respuesta razonable y necesaria para un fenómeno mundial, presentando un modelo canónico único para la Iglesia universal, adaptable a las distintas situaciones locales y equitativo para los antiguos anglicanos en su aplicación universal. Razones históricas y ecuménicas excluyen la ordenación de hombres casados como obispos, tanto en la Iglesia católica como en las Iglesias ortodoxas. La constitución, por este motivo, estipula que el ordinario puede ser tanto un sacerdote como un obispo no casado. Los seminaristas del ordinariato deberán formarse junto con otros seminaristas católicos, aunque el ordinariato puede establecer una casa de formación para tratar las necesidades particulares de formación en el patrimonio anglicano. De esta manera, la constitución apostólica busca balancear, por un lado, la preocupación por preservar el valioso patrimonio litúrgico y espiritual anglicano y, por otro lado, la preocupación de que estos grupos y su clero sean integrados en la Iglesia católica.
El cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que ha preparado esta provisión, ha explicado: "Hemos tratado de satisfacer las peticiones de comunión plena que nos han llegado de parte de anglicanos en distintas partes del mundo en los últimos años de una manera unitaria y equitativa. Con esta propuesta, la Iglesia quiere responder a las legítimas aspiraciones de estos grupos anglicanos para la unidad plena y visible con el obispo de Roma, sucesor de San Pedro".
Estos
ordinariatos personales serán instituidos, según las necesidades, consultando a
las conferencias episcopales locales, y su estructura será similar en algunos
aspectos a la de los ordinariatos militares que han sido establecidos en la
mayoría de los países para atender al cuidado pastoral de los miembros de las
fuerzas armadas y sus familias en todo el mundo. "Aquellos anglicanos que se han acercado a
La provisión
de esta nueva estructura está en línea con el compromiso del diálogo ecuménico,
que continúa siendo una prioridad para la Iglesia católica, particularmente a
través de los esfuerzos del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad
de los Cristianos. "La iniciativa
procede de diferentes grupos de anglicanos", continuó Levada. "Han declarado que comparten la fe católica
común expresada en el Catecismo de la Iglesia Católica, y que aceptan el
ministerio petrino como algo que Cristo quiso para
Según el
cardenal Levada: "El Santo Padre, el
Papa Benedicto XVI, espera que los clérigos y fieles anglicanos que deseen la
unión con la Iglesia católica encuentren en esta estructura canónica la
oportunidad de preservar aquellas tradiciones anglicanas que para ellos son
preciosas y que están en conformidad con la fe católica. En la medida en que
estas tradiciones expresan en un modo distintivo la fe común, son un don para
ser compartido en toda
Información de contexto
Desde el siglo XVI, cuando el rey Enrique VIII declaró la independencia de la Iglesia de Inglaterra de la autoridad del Papa, la Iglesia de Inglaterra creó sus propias confesiones doctrinales, usos litúrgicos y prácticas pastorales, incorporando con frecuencia ideas de la Reforma, acaecida en el continente europeo. La expansión del Reino Británico, unida al apostolado misionero anglicano, llevó al nacimiento de una Comunión Anglicana a nivel mundial.
En el curso de los más de 450 años de su historia, la cuestión de la reunión entre anglicanos y católicos nunca ha sido descartada. En la mitad del siglo XIX, el Movimiento de Oxford (en Inglaterra) mostró un nuevo interés por los aspectos católicos del anglicanismo. Al inicio del siglo XX, el cardenal Mercier, de Bélgica, emprendió coloquios públicos con anglicanos con el objetivo de explorar la posibilidad de una unión con la Iglesia católica bajo la bandera de un anglicanismo "reunido pero no absorbido".
El Concilio
Vaticano II alimentó aún más la esperanza de una unión, en particular con el Decreto sobre el ecumenismo (n. 13), que
al hacer referencia a las comunidades separadas de la Iglesia católica en el
tiempo de la reforma, confirmaba: "Entre
éstas [comuniones] en las que siguen
subsistiendo en parte las tradiciones y las estructuras católicas, ocupa un
lugar especial
Desde el
Concilio, las relaciones entre anglicanos y católicos romanos han mejorado el
clima de comprensión y mutua cooperación.
En los años
sucesivos al Concilio, algunos anglicanos han abandonado la tradición de
conferir las órdenes sagradas sólo a los hombres, llamando al presbiterado y al
episcopado también a mujeres. Más recientemente, algunos segmentos de
Mientras tanto, muchos anglicanos han entrado individualmente en la comunión plena con la Iglesia católica. En ocasiones, han entrado también grupos de anglicanos, conservando una cierta estructura "corporativa". Esto ha sucedido, por ejemplo, en el caso de la diócesis anglicana de Amritsar en la India y de algunas parroquias en los Estados Unidos que, si bien mantienen una identidad anglicana, han entrado en la Iglesia católica en el marco de una "medida pastoral" adoptada por la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobada por Juan Pablo II en 1982. En estos casos, la Iglesia católica ha dispensado con frecuencia del requisito del celibato, admitiendo que los clérigos anglicanos casados que desean continuar el servicio ministerial como sacerdotes católicos sean ordenados en la Iglesia católica.
En este
contexto, los ordinariatos personales instituidos según la susodicha
constitución apostólica pueden ser vistos como un paso más hacia la realización
de la aspiración por la unión plena y visible en
[Traducción de Jesús Colina]
ZS09102013 - 20-10-2009
http://www.zenit.org/article-32969?l=spanish
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Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
Oremos:
Oh Dios, que en este sacramento admirable
nos dejaste el memorial de Tu pasión;
Te pedimos nos concedas venerar de tal modo
los sagrados misterios de Tu Cuerpo y de Tu Sangre,
que experimentemos constantemente en nosotros
el fruto de Tu redención.
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
Amén.
(Se reza en
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