Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de

la evangelización de la cultura

Nº 35 – Junio de 2009

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”

(Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

Contacto: feyrazon@gmail.com - Por favor envíenos sus comentarios o sugerencias a esta dirección. Si el mensaje está referido a una suscripción, por favor indique “Crear suscripción”, “Modificar suscripción” o “Suprimir suscripción” en el “Asunto” e incluya los siguientes datos en el cuerpo del mensaje: nombre completo, ciudad o localidad, país, e-mail.

 

 

Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias Grèzes.

 

Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Volumen de homenaje al Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola

Equipo de Dirección

Teología

Palabras liminares del libro “En tu palabra echaré la red

R.P. Horacio Bojorge SJ

Documentos

Ideologías del mal

Juan Pablo II

Teología

Esperar ¿en razón de qué?

Josef Pieper

Ciencia y Fe

El “principio antrópico” y la probabilidad de un Universo que contiene vida racional

Lic. Néstor Martínez

Iglesia

Prólogo del libro “Sintió compasión de ellos

Daniel Iglesias Grèzes

Historia de la Iglesia

San Bonifacio (5 de junio)

30 Días en la Iglesia y en el Mundo

Oración

Salmo 116

Biblia de Jerusalén

 

 

Volumen de homenaje al Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola

 

Equipo de Dirección

 

En junio de 2009 se cumplen diez años de la fundación del sitio web “Fe y Razón” (www.feyrazon.org). Para celebrar este aniversario, estamos lanzando la Colección de Libros “Fe y Razón”; y tenemos el agrado de asegurar que lo hacemos con un libro de alta calidad: un volumen de homenaje al Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola (quien el mes pasado cumplió 75 años), como signo de agradecimiento por sus constantes y muy valiosos aportes a nuestra obra de apostolado católico en Internet. Dicho libro reúne todos los artículos del Padre Barriola publicados en la revista virtual “Fe y Razón”, más otro trabajo suyo publicado en el sitio homónimo.

 

El citado libro del Padre Barriola se titula:

“En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5). Reflexiones sobre Dios en la historia.

 

El libro tiene 200 páginas. Contiene unas palabras liminares del R.P. Horacio Bojorge SJ, un prólogo y catorce capítulos, a saber: 1) ¿Dios autor y lector de la Biblia? 2) San Jerónimo, guía para un fructuoso encuentro con la Biblia. 3) La “cuestión bíblica”, el P. M.-J. Lagrange y el Magisterio de la Iglesia. 4) Bendeciré al Señor en todo tiempo” (Sal 34,2). 5) Trayectoria teológica de Benedicto XVI. 6) “Jesús de Nazaret”, fruto maduro de toda una vida. 7) El Año Paulino: 29/IV/2008. 8) Conversión y vocación de San Pablo. 9) La verdadera libertad según San Pablo. 10) La pureza cristiana en San Pablo. 11) Acompañando a Cristo el Jueves Santo. 12) Fuerza en la debilidad. 13) Fecunda soledad sacerdotal. 14) El tiempo ordinario.

Además, el libro contiene una entrevista que “Fe y Razón” realizó al autor, en un epílogo titulado “Un uruguayo en la Pontificia Comisión Bíblica”.

 

El Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola fue ordenado sacerdote en Montevideo, el 15/VIII/1957. Licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma) y doctorado en Exégesis Bíblica por el Pontificio Instituto Bíblico (Roma). Ha ejercido la docencia de filosofía, teología, Antiguo y Nuevo Testamento en los Seminarios de Montevideo, Córdoba, Tucumán y Santa Fe, siendo también párroco en Montevideo (1975-1987). En la actualidad es Director Espiritual del Seminario Mayor San José y Profesor de Sagrada Escritura en La Plata. Fue nombrado entre los peritos del Episcopado Uruguayo para la Tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla. Desde 1979 hasta 1992 perteneció al Equipo de Reflexión del CELAM. Desde 2002 es miembro de la Pontificia Comisión Bíblica, siendo el único escriturista uruguayo que ha alcanzado este reconocimiento de parte de la Santa Sede. Ha publicado libros y artículos en diversas revistas de América Latina y Europa.

 

El libro en cuestión puede ser adquirido por Internet en la siguiente dirección:

www.lulu.com/content/7227848

Allí se permite ver la tapa y las primeras diez páginas del libro.

 

Lulu es un prestigioso sitio norteamericano y el principal mercado de auto-publicación a nivel mundial. Tiene varios millones de usuarios registrados, de casi todos los países, y publica más de 400.000 libros (títulos) nuevos por año, más que todas las editoriales tradicionales de los Estados Unidos juntas.

 

El libro puede ser adquirido en cualquiera de las siguientes dos modalidades:

·        Como descarga del texto en formato PDF.

Para abrir un archivo PDF se requiere el programa gratuito Adobe Reader, disponible en la gran mayoría de las computadoras. En caso de no tener ese programa en la PC, se puede bajarlo gratuitamente desde:

http://www.adobe.com/es/products/acrobat/readstep2.html

·        Como libro impreso.

En este caso, Lulu imprime la cantidad de ejemplares pedida (cualquier cantidad, de uno en adelante) y los envía por correo al comprador. Al precio del libro se agrega aquí el costo del envío, el cual depende de la cantidad de ejemplares, del país de destino y de la forma de envío elegida. Existen un envío económico, que demora entre 3 y 5 semanas y carece de un sistema de seguimiento, y diversas formas de envío más rápidas, más seguras y más costosas.

 

Para hacer la compra se requiere una tarjeta internacional. Según nuestra experiencia, tanto el sitio de Lulu como su forma de envío económico de libros son recomendables desde el punto de vista de la seguridad. Habiendo comprado más de 30 libros en Lulu desde Uruguay, no hemos tenido ningún inconveniente.

 

En atención a los muchos méritos del Padre Barriola como sacerdote y como teólogo, y al valor intrínseco de la obra referida, solicitamos a cada uno de nuestros suscriptores su colaboración para dar a este libro la mayor difusión posible y, más aún, para hacer que llegue al mayor número posible de lectores.

 

Un último detalle. Cada ejemplar vendido del libro dejará un pequeño margen de ganancia, que el Padre Barriola ha tenido la generosidad de donar a "Fe y Razón". En sus diez años de vida, "Fe y Razón" no ha tenido jamás ningún ingreso monetario. Nuestra labor evangelizadora ha sido siempre totalmente gratuita. Obviamente, ha tenido costos, que los tres fundadores de "Fe y Razón" hemos debido solventar, con base en nuestros escasos recursos. Por primera vez, entonces, ustedes tienen la oportunidad, no sólo de obtener acceso a un contenido teológico de gran valor, sino también de hacer una pequeña contribución económica al sostenimiento y el desarrollo de "Fe y Razón".

 

Que el Señor los bendiga día tras día.

 

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Palabras liminares del libro “En tu palabra echaré la red

 

Horacio Bojorge S.J.

 

El 31 de mayo de este año 2009, domingo de Pentecostés, por la mañana, me llegó un correo electrónico del Ingeniero Daniel Iglesias Grèzes, en que me anunciaba el proyecto de publicar este libro del Padre Miguel Antonio Barriola, y me decía: “Él me pidió que lo consulte para ver si usted podría hacerse cargo de escribir una presentación del libro, que se antepondría al prólogo del autor”. ¿Puede ser casual que un pedido como éste llegue, no en un día cualquiera, sino en Pentecostés? A mí me pareció, casi inmediatamente, que no. Y así vencí la tentación de excusarme.

 

A una petición de Miguel Barriola ninguno que se honre con el don de su amistad puede negarse, por más incapaz que se sienta para la tarea a la que se lo invita. Por deber de amistad, y porque me comunican su deseo en Pentecostés, voy a intentar lo que me pide el Padre Miguel Barriola, consciente de que la calidad de sus escritos merecerían un presentador más calificado.

 

Aunque el Padre Miguel Barriola haya pensado en mí para presentar este libro, me perdonará que diga algunas palabras sobre él. Aunque en nuestro medio eclesial no necesite de presentación, me parece de justicia, por exigirlo, de alguna manera, la presentación de un volumen que considero de homenaje al autor.

 

Tengo al Padre Miguel Antonio Barriola como el más grande escriturista católico que el Señor haya suscitado en Uruguay. Alguien me dirá que esto no es mucho decir, porque son bien pocos. Aclararé, entonces, que es el único escriturista nacido en Uruguay, que haya sido hallado digno de recibir reconocimiento internacional tan vasto. Y por eso no he dicho que es “el más grande escriturista del Uruguay”; sino que es, entre los pocos escrituristas nacidos en Uruguay, el que ha logrado mayor reconocimiento internacional. Pero sobre todo, y es lo que considero de mayor peso, el mayor reconocimiento de la Iglesia romana, que preside en la caridad a todas las iglesias locales. Me refiero a que es el primer uruguayo que integra la Pontificia Comisión Bíblica. Me refiero a que es consultado en asuntos doctrinales y de Sagrada Escritura por la Congregación para la Doctrina de la Fe y por señores Obispos. Con todo fundamento y razón.

 

Una y otra vez, leyendo sus escritos, me asalta el gozoso asombro ante su erudición no sólo en Sagrada Escritura sino también filosófica, teológica, literaria y musical. La cita exacta y oportuna, a veces humorística, que acude a su memoria y a su pluma, como si estuvieran abiertos ante él, en acto, todos los libros que ha leído. Un verdadero don del Espíritu Santo para la Iglesia católica en estas tierras y en el mundo. Los trabajos contenidos en este volumen dan testimonio de que lo que afirmo es objetivo y no una exageración suscitada por el afecto de la amistad.

 

Como suele suceder con grandes talentos, el P. Miguel Barriola puede elencarse en la larga lista, casi mitológica, de “los uruguayos que triunfaron en el extranjero”. Y también en la lista de los que han sido exiliados por razones ideológicas o por acedia ante el talento.

 

Algún reconocimiento notable tuvo, sin embargo, dentro del Uruguay, aunque no proveniente de los medios eclesiásticos. Fue el de la Academia Nacional de Letras, en la que, como Académico de número, ocupó el Sillón "José Manuel Pérez Castellano", en el que sucedió a Mons. Antonio María Barbieri y en el que estuvo desde el 19 de noviembre de 1979 hasta su renuncia el 23 de noviembre de 1989.

 

Vengamos ahora al libro que publica en Fe y Razón.

 

Este libro del P. Miguel Antonio Barriola se ubica, como dije más arriba, dentro del género de los así llamados Volúmenes de Homenaje. Lo publican sus amigos de la página web Fe y Razón como parte de las celebraciones de los diez años de la existencia de la página. Pero resulta, a la vez, un volumen de homenaje a este asiduo colaborador, que la ha prestigiado internacionalmente con sus escritos, y que cumple este año 2009 sus 75 años de edad. ¡Es justicia!

 

Se agrupan en este volumen catorce trabajos que habían ido publicándose en Fe y Razón. El volumen se cierra con una entrevista que es como un retrato interior y biográfico del autor.

 

El volumen se titula “En tu palabra echaré la red”. Son palabras de Pedro a Jesús, en el Evangelio de Lucas (5,5), que ubican esta obra en la perspectiva de un mandato de Jesús. Un mandato que ha cobrado particular actualidad histórica, pues lo recogió su Vicario en la tierra, Juan Pablo II, al comienzo de su Encíclica inaugural del tercer milenio cristiano:

“Al comienzo del nuevo milenio, mientras se cierra el Gran Jubileo en el que hemos celebrado los dos mil años del nacimiento de Jesús y se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino, resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón, invitó al Apóstol a «remar mar adentro» para pescar: «Duc in altum» (Lc 5,4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes. «Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces» (Lc 5,6).” [Tertio Millennio Adveniente, Nº 1].

 

El título de este volumen sitúa así en nuestra circunstancia histórica y religiosa, no solamente esta selección de escritos del P. Miguel Barriola que hoy se nos ofrecen impresos, sino, de alguna manera, toda su labor de investigación, de predicación y de docencia académica.

 

Expresa este título, algo que interpreta el sentido espiritual de la carrera docente y sacerdotal del querido amigo; algo que habría podido escribirse, con toda verdad y justicia, como lema o como gracia, en el escudo episcopal que, amistades aparte, estimo que habría merecido.

 

En tu palabra echaré la red”. En tu palabra, Señor, -me parece entender que nos dice Barriola con esta frase-, volveré a echarla una y otra vez, cuantas sean necesarias, sin desánimo por haberme fatigado tanto y muchas veces aparentemente en vano. En tu palabra vuelvo a salir a alta mar para arrojar la red. Porque Tú me lo pides. Porque Tú me lo mandas, como Tú sabes que lo he hecho, con tu gracia, durante toda mi vida.

 

Toda la obra del P. Miguel Barriola nace de ese imperativo interior, religioso. Nace de su adhesión a Cristo y de su obediencia al Maestro de la Verdad, y a la Verdad del Maestro. Nace de docilidad a su vocación y a su carisma.

 

En tu palabra, es la respuesta de quien ha escuchado -como hecho a sí mismo- el llamado de Cristo por la boca de Juan Pablo II: duc in altum: navega mar adentro… in verbo tuo: ¡en tu palabra!

 

Entendido así el sentido del título “En tu palabra echaré la red”, el subtítulo se ilumina y aparece especialmente significativo: “Reflexiones sobre Dios en la Historia”. Estamos ante el programa vital de cumplir, esforzadamente -con la laboriosidad infatigable de la que es capaz el P. Miguel Barriola-, el mandato de internarse en alta mar, es decir, en el mar profundo, de cuyos abismos hay que arrancar a los hombres, hundidos en la lejanía de Dios y en las honduras de la desemejanza.

 

Estos estudios habrían podido pasar por una miscelánea de estudios dispares. Título y subtítulo nos muestran cuál es el hilo que enhebra las perlas y les da su unidad espiritual y aún temática.

 

Todos ellos tienen que ver con preguntas del creyente hoy y aquí, en su historia. Algunos de ellos tienen que ver con la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras, a las que inspira; con intérpretes de la Palabra como San Jerónimo, el Padre Lagrange, nuestro Santo Padre Benedicto XVI, maestro de intérpretes y -en particular- con San Pablo, de cuyos escritos el Padre Barriola es gran conocedor y maestro. Otros con la proclamación actual o la escucha actual, meditativa y orante, de esa palabra en la historia.

 

Agradezco, pues, al Padre Miguel Barriola, que me haya invitado a presentar este volumen de homenaje. Un volumen que sus amigos en el Señor le ofrecen -y creo que me autorizan a decir: le ofrecemos- como un abrazo, como una ofrenda de gratitud por su trabajo, por la fiel e insobornable administración de sus talentos, por su fe y su docilidad en obedecer, una y otra vez, a la palabra que lo envía a alta mar, a echar la red.

 

En la solemnidad de Pentecostés

Montevideo, 31 de mayo de 2009.

 

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Ideologías del mal

 

Juan Pablo II

 

¿Cómo nacieron, pues, las ideologías del mal? ¿Cuáles son las raíces del nazismo y del comunismo? ¿Cómo se llegó a su caída?

 

Las cuestiones propuestas tienen un profundo significado filosófico y teológico. Hay que reconstruir la «filosofía del mal» en su vertiente europea, aunque no sólo europea. Esto nos lleva más allá de las ideologías. Nos impulsa a adentrarnos en el mundo de la fe. Hay que afrontar el misterio de Dios y de la creación y, especialmente, el del hombre. Son los misterios que he querido expresar en los primeros años de mi servicio como Sucesor de Pedro mediante las Encíclicas Redemptor hominis, Dives in misericordia y Dominum et vivificantem. Este tríptico se corresponde en realidad con el misterio trinitario de Dios. El contenido de la Encíclica Redemptor hominis lo traje conmigo desde Polonia. También las reflexiones de la Dives in misericordia fueron fruto de mis experiencias pastorales en Polonia y especialmente en Cracovia. Porque en Cracovia está la tumba de santa Faustina Kowalska, a quien Cristo concedió ser una portavoz particularmente inspirada de la verdad sobre la Divina Misericordia. Esta verdad suscitó en sor Faustina una vida mística sumamente rica. Era una persona sencilla, no muy instruida y, no obstante, quien lee el Diario de sus revelaciones se sorprende ante la profundidad de la experiencia mística que relata.

 

Digo esto porque las revelaciones de sor Faustina, centradas en el misterio de la Divina Misericordia, se refieren al período precedente a la Segunda Guerra Mundial. Precisamente el tiempo en que surgieron y se desarrollaron esas ideologías del mal como el nazismo y el comunismo. Sor Faustina se convirtió en pregonera del mensaje, según el cual la única verdad capaz de contrarrestar el mal de estas ideologías es que Dios es Misericordia, la verdad del Cristo misericordioso. Por eso, al ser llamado a la Sede de Pedro, sentí la necesidad imperiosa de transmitir las experiencias vividas en mi país natal, pero que son ya acervo de la Iglesia universal.

 

La Encíclica Dominum et vivificantem, sobre el Espíritu Santo, se gestó ya en Roma. Maduró, pues, algo más tarde. Surgió de las meditaciones sobre el Evangelio de San Juan, sobre lo que Cristo dijo durante la Última Cena. Precisamente en estas últimas horas de la vida terrena de Cristo tuvo lugar probablemente la revelación más completa del Espíritu Santo. En las palabras pronunciadas entonces por Jesús hay también una afirmación muy significativa sobre la cuestión que nos interesa. Dice que el Espíritu Santo «convencerá al mundo en lo referente al pecado» (Jn 16, 8). Traté de ahondar en estas palabras y esto me llevó a las primeras páginas del libro del Génesis, al episodio conocido con el nombre de «pecado original». San Agustín, con su extraordinaria perspicacia, describió la naturaleza de este pecado en la siguiente fórmula: Amor sui usque ad contemptum Dei, amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios (San Agustín, De civitate Dei, XIV, 28). Precisamente el amor sui fue lo que llevó a los primeros padres a la rebelión inicial y determinó la propagación en lo sucesivo del pecado a toda la historia del hombre. A eso se refieren las palabras del libro del Génesis: «Seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (Gn 3, 5), es decir, decidiréis por vosotros mismos lo que está bien y lo que está mal.

 

Y esta dimensión original del pecado no podía tener un contrapeso adecuado más que en la actitud opuesta: Amor Dei usque ad contemptum sui, amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo. De este modo nos adentramos en el misterio de la Redención del hombre y, en este paso, nos guía el Espíritu Santo. Es Él quien nos permite llegar a las profundidades del mysterium Crucis. Y también asomarnos sobre el profundo abismo del mal, cuyo causante y víctima a la vez resulta ser el hombre en el comienzo de su historia. A esto precisamente se refiere la expresión «convencerá al mundo en lo referente al pecado». El objetivo de este «convencer» no es la condena del mundo. Cuando la Iglesia, con la fuerza del Espíritu Santo, llama al mal por su nombre, lo hace únicamente con el fin de indicar al hombre la posibilidad de vencerlo, abriéndose a la dimensión del amor Dei usque ad contemptum sui. Éste es el fruto de la Misericordia Divina. En Jesucristo, Dios se inclina sobre el hombre para tenderle la mano, para volver a levantarlo y ayudarle a reemprender el camino con renovado vigor. El hombre no es capaz de levantarse por sus propias fuerzas; necesita la ayuda del Espíritu Santo. Si rechaza esta ayuda, incurre en lo que Cristo llamó «blasfemia contra el Espíritu Santo», declarando al mismo tiempo que es imperdonable (cf. Mt 12, 31). ¿Por qué es imperdonable? Porque excluye en el hombre el deseo mismo del perdón. El hombre rechaza el amor y la misericordia de Dios porque él mismo se considera Dios. Presume de valerse por sí mismo.

 

Me he referido brevemente a tres Encíclicas que me parecen un comentario oportuno a todo el magisterio del Concilio Vaticano II, y también a las circunstancias complejas del momento histórico en que nos toca vivir.

 

En el transcurso de los años me he ido convenciendo de que las ideologías del mal están profundamente enraizadas en la historia del pensamiento filosófico europeo. A este respecto, debo aludir a ciertos hechos relacionados con la historia de Europa y, sobre todo, con la cultura dominante en ella. Cuando se publicó la Encíclica sobre el Espíritu Santo, algunos sectores en Occidente reaccionaron negativamente e incluso de modo vivaz. ¿De dónde provenía esta reacción? Surgía de las mismas fuentes de las que, hace más de doscientos años, nació la llamada Ilustración europea, especialmente la francesa, pero sin excluir la inglesa, la alemana, la española o la italiana. En Polonia tuvo un sesgo peculiar y Rusia, por su parte, probablemente no sintió tanto la sacudida de la Ilustración. Allí, la crisis de la tradición cristiana llegó por otros derroteros, hasta estallar a comienzos del siglo XX con mayor virulencia aún, como sucedió con la revolución marxista, radicalmente atea.

 

Para esclarecer mejor este problema, hay que remontarse al período anterior a la Ilustración y, específicamente, a la revolución que supuso el pensamiento de Descartes en la filosofía. El cogito, ergo sum —pienso, luego existo— comportaba una inversión en el modo de hacer filosofía. En la época precartesiana, la filosofía, y por tanto el cogito, o más bien cognosco, estaba subordinado al esse, que era considerado primordial. A Descartes, en cambio, el esse le pareció secundario, mientras estimó que lo principal era el cogito. De este modo, no solamente se producía un cambio de rumbo en el modo de filosofar, sino también un abandono decisivo de lo que había sido la filosofía hasta entonces y, particularmente, para Santo Tomás de Aquino: la filosofía del esse. Antes todo se interpretaba desde el prisma del esse y desde esta perspectiva se buscaba una explicación a todo. Dios, como el Ser plenamente autosuficiente (Ens subsistens), era considerado el fundamento indispensable de todo ens non subsistens, ens participatum, de todos los seres creados y, por tanto, también del hombre. El cogito, ergo sum supuso la ruptura con este modo de pensar. Lo primordial era ahora el ens cogitans. Así pues, a partir de Descartes, la filosofía se convierte en la ciencia del puro pensamiento: todo lo que es esse —tanto el mundo creado como el Creador— permanece en el campo del cogito, como contenido de la conciencia humana. La filosofía se ocupa de los seres en la medida en que son contenidos de la conciencia y no en cuanto existentes fuera de ella.

 

Llegados a este punto, conviene detenerse un poco en la tradición de la filosofía polaca, particularmente en lo que sucedió tras la llegada al poder del Partido Comunista. En las universidades se puso todo tipo de obstáculos a cualquier forma de pensamiento filosófico que no respondiera al modelo marxista. Y se hizo de un modo simple y radical, actuando contra los que seguían otras corrientes de pensamiento filosófico. Es muy significativo que entre los destituidos de sus cátedras estuvieran sobre todo los representantes de la filosofía realista, incluidos los seguidores de la fenomenología realista, como Roman Ingarden e Izydora Dambska, esta última de la escuela de Lvov-Varsovia. La operación era más difícil con los representantes del tomismo, porque enseñaban en la Universidad Católica de Lublín, en las facultades de Teología de Varsovia y Cracovia, así como en los seminarios mayores. No obstante, en un segundo momento, el sistema tampoco fue condescendiente con ellos, aunque fuera con otros medios. Se recelaba también de otros prestigiosos profesores universitarios que mantenían posturas críticas respecto al materialismo dialéctico. Recuerdo en particular a Tadeusz Kotarbinski, Maria Ossowska y Tadeusz Czezowski. Naturalmente, no se podían quitar del Ordo académico cursos como los dedicados a la lógica y la metodología de las ciencias; pero se podía obstaculizar de muchas formas a los profesores «disidentes», limitando con cualquier medio su influjo en la formación de los estudiantes.

 

Lo ocurrido en Polonia tras la subida al poder de los marxistas tuvo consecuencias similares a las provocadas anteriormente en Europa occidental por los procesos desarrollados a partir de la Ilustración. Se hablaba, entre otras cosas, del «ocaso del realismo tomista», entendiendo con ello también el abandono del cristianismo como fuente de un pensamiento filosófico. En definitiva, se cuestionaba la posibilidad misma de llegar a Dios. En la lógica del cogito, ergo sum, Dios se reducía sólo a un contenido de la conciencia humana; no se le podía considerar como Quien es la razón última del sum humano. Por ende, no se podía mantener como el Ens subsistens, el «Ser autosuficiente», como el Creador, Quien da la existencia, más aún, como Quien se entrega a sí mismo en el misterio de la Encarnación, de la Redención y de la Gracia. El Dios de la revelación dejaba de existir como el «Dios de los filósofos». Quedaba únicamente la idea de Dios, como tema de una libre elaboración del pensamiento humano.

 

De esta manera se desmoronaban también los fundamentos de la “filosofía del mal”. Porque el mal, en su sentido realista, sólo puede existir en relación al bien y, en particular, a Dios, Sumo Bien. De este mal habla precisamente el libro del Génesis. Sólo desde esta perspectiva se puede entender el pecado original y también cada pecado personal del hombre. Pero este mal fue redimido por Cristo mediante la cruz. Más propiamente hablando, fue redimido el hombre, quien, por medio de Cristo, ha sido hecho partícipe de la vida de Dios. Todo esto, el gran drama de la historia de la Salvación, desapareció de la mentalidad ilustrada. El hombre se había quedado solo; solo como creador de su propia historia y de su propia civilización; solo como quien decide por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, como quien existiría y continuaría actuando etsi Deus non daretur, aunque Dios no existiera.

 

Pero si el hombre por sí solo, sin Dios, puede decidir lo que es bueno y lo que es malo, también puede disponer que un determinado grupo de seres humanos sea aniquilado. Determinaciones de este tipo se tomaron, por ejemplo, en el Tercer Reich por personas que, habiendo llegado al poder por medios democráticos, se sirvieron de él para poner en práctica los perversos programas de la ideología nacionalsocialista, que se inspiraba en presupuestos racistas. Medidas análogas tomó también el Partido Comunista en la Unión Soviética y en los países sometidos a la ideología marxista. En este contexto se perpetró el exterminio de los judíos y también de otros grupos como los gitanos, los campesinos en Ucrania y el clero ortodoxo y católico en Rusia, en Bielorrusia y más allá de los Urales. De un modo parecido se persiguió a todas las personas incómodas para el sistema, como, por ejemplo, a los ex combatientes de septiembre de 1939, a los soldados del Ejército nacional en Polonia al terminar la Segunda Guerra Mundial o a los intelectuales que no compartían la ideología marxista o nazi. Generalmente se trataba del exterminio físico, pero a veces también de una destrucción moral: se impedía más o menos drásticamente a la persona el ejercicio de sus derechos.

 

A este propósito, no se puede omitir la referencia a una cuestión más actual que nunca, y dolorosa. Después de la caída de los sistemas construidos sobre las ideologías del mal, cesaron de hecho en esos países las formas de exterminio apenas citadas. No obstante, se mantiene aún la destrucción legal de vidas humanas concebidas, antes de su nacimiento. Y en este caso se trata de un exterminio decidido incluso por parlamentos elegidos democráticamente, en los cuales se invoca el progreso civil de la sociedad y de la humanidad entera. Tampoco faltan otras formas graves de infringir la ley de Dios. Pienso, por ejemplo, en las fuertes presiones del Parlamento Europeo para que se reconozcan las uniones homosexuales como si fueran otra forma de familia, que tendría también derecho a la adopción. Se puede, más aún, se debe plantear la cuestión sobre la presencia en este caso de otra ideología del mal, tal vez más insidiosa y celada, que intenta instrumentalizar incluso los derechos del hombre contra el hombre y contra la familia.

 

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Cuál es la raíz de estas ideologías postilustradas? La respuesta, en realidad, es sencilla: simplemente porque se rechazó a Dios como Creador y, por ende, como fundamento para determinar lo que es bueno y lo que es malo. Se rehusó la noción de lo que, de manera más profunda, nos constituye en seres humanos, es decir, el concepto de naturaleza humana como “dato real”, poniendo en su lugar un “producto del pensamiento”, libremente formado y que cambia libremente según las circunstancias. Considero que una reflexión atenta sobre esto podría conducirnos más allá de la fisura cartesiana. Si queremos hablar sensatamente del mal y del bien, hemos de volver a Santo Tomás de Aquino, es decir, a la filosofía del ser. Con el método fenomenológico, por ejemplo, se puede analizar ciertas experiencias, como la moral, la religiosa e incluso la de ser hombre, enriqueciendo así de modo significativo nuestro conocimiento. Pero no se puede olvidar que todos estos análisis admiten en cierto modo, de manera implícita, la realidad de la existencia humana como un ser creado, y también la realidad del Ser absoluto. Si no se parte de tales presupuestos “realistas”, se acaba moviéndose en el vacío.

 

(Juan Pablo II, Memoria e identidad. Conversaciones al filo de dos milenios, Planeta, Buenos Aires 2005, pp. 16-26).

 

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Esperar ¿en razón de qué?

 

Josef Pieper

 

Como nadie ignora, nuestro concepto más puro de “éxito” en la vida, el logro de toda una existencia, viene designándose desde tiempo inmemorial por la palabra “salvación”, en sentido amplio. A la salvación tiende precisamente “la” esperanza. Pero ¿en qué consiste la salvación? Es claro, ya de entrada, que esta pregunta sólo puede surgir con pleno significado cuando uno se halla dispuesto a poner en juego sus últimos y más sagrados principios. Quien trate de evitarlo renuncia a la posibilidad de hablar en serio del objeto de la esperanza humana.

 

Los grandes maestros del Occidente cristiano dieron a la esperanza el atinado nombre de “virtud teologal”. Hay aquí algo profundamente inquietante, nada fácil de poner en claro. Se dice, por un lado, que no existe la más mínima objeción contra el derecho de las esperanzas propiamente históricas y, por otro, que no es suficiente para el hombre la esperanza en un bienestar natural, aun cuando por ello se entienda algo tan noble como la paz del mundo y la justicia entre los pueblos. Se pretende que sólo la esperanza en la salvación otorgada por Dios, la vida eterna, hace al hombre cabal e íntegro desde dentro. (No otro es el significado del concepto “virtud”: ser cabal, ser como es debido). Debemos asumir esta tesis en su doble polaridad. No solamente se opone a un mero activismo intrahistórico según el cual no queda ninguna esperanza cuando ya nada más podemos hacer, sino también a la pura trascendentalidad de un supranaturalismo sin historia, que renuncia con desánimo a toda política por mejorar el mundo de aquí abajo. La inquietud suscitada por esta tesis sobre el carácter “teológico” de la esperanza todavía determina, en nuestra época, la oposición entre marxismo y cristianismo. Lo más inquietante, sin embargo, es la claridad con que se realiza lo que ya siglos atrás entreviera Platón, a saber, que la “gran esperanza” sólo puede llegar a consumarse si uno ha sido previamente iniciado en los misterios.

 

En este contexto surge una nueva pregunta, aún más importante que la anterior: no “esperar ¿en qué?”, sino “esperar ¿en razón de qué?” El libro sagrado de la cristiandad contiene la respuesta en forma de negación: vana es la esperanza “si Cristo no ha resucitado”.

 

(Josef Pieper, Antología, Editorial Herder, Barcelona 1984, pp. 32-33).

 

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El “principio antrópico” y la probabilidad de un Universo

que contiene vida racional

 

Lic. Néstor Martínez

 

Introducción

 

En la discusión acerca de si el orden del mundo lleva o no a afirmar una Inteligencia ordenadora del mundo, cuando esta discusión se lleva a cabo sobre la base de los datos actuales de la ciencia y no en una perspectiva estrictamente metafísica, el teísta argumenta que el orden que la ciencia descubre en el Universo hace más probable la existencia de Dios que su no existencia, mientras que el no teísta lo niega, y afirma concretamente que no es necesario recurrir a Dios para explicar el orden del Universo, lo cual quiere decir, o bien que la existencia de un Universo como el nuestro, sin una Causa Inteligente, no es improbable, o bien que lo es, pero que la única conclusión que podemos sacar es que hemos tenido suerte, o “hemos sacado la lotería”, como dice Jacques Monod.

Muchas veces, la argumentación no teísta al respecto yerra el punto, pues se reduce a tratar de mostrar que un Universo salido del azar sería posible, cuando en realidad, lo que se debe discutir es si es probable o no lo es y si, en caso de no serlo, la existencia del Universo que conocemos no requiere una Inteligencia ordenadora como opción más probable.

 

Otras veces, la argumentación no teísta apunta al problema de la probabilidad. Por ejemplo, se argumentará a partir de la hipótesis de una pluralidad muy grande de Universos actualmente existentes, entre los cuales el nuestro será un caso más, estadísticamente esperable y, por tanto, no improbable.

 

También puede el no teísta argumentar a partir de ciertas formas del “principio antrópico”. Este principio se basa en la constatación obvia de que hay una relación entre el orden del Universo y nuestra misma existencia como observadores de ese orden. Si el Universo fuese algo diferente de lo que es, no estaríamos allí nosotros para maravillarnos de que sea como es.

 

Pero a partir de eso que es obvio, el no teísta puede intentar construir un argumento que dice que en realidad no tenemos que maravillarnos del orden del mundo y, por tanto, no tenemos que buscar como explicación una Inteligencia ordenadora. Si el mundo no fuera ordenado, no estaríamos aquí.

 

Un ejemplo del uso antiteísta del “principio antrópico” es el artículo de STENGER, Victor J., Natural explanations for the anthropic coincidences; el cual comentaremos en lo que resta de este trabajo.

 

La tesis del autor es que el principio antrópico no requiere de un diseño inteligente. Sus argumentos son :

1) La vida puede ser muy distinta de la que nosotros conocemos; luego, no tiene por qué ser necesario, para que haya vida, y vida racional, que las constantes del Universo sean tan cuidadosamente seleccionadas.

2) Las leyes de la naturaleza son un producto natural. Surgen naturalmente, del mismo proceso natural del Universo. Las simetrías cósmicas son el resultado, precisamente, de la no intervención de un agente exterior, y dan origen a las grandes leyes de conservación.

3) La ruptura de las simetrías puede deberse al azar, y da origen a las leyes naturales. Es espontánea, sin causa.

4) El Universo surge de un “falso” vacío que no contiene materia ni radiación, pero contiene un espacio curvo dentro del cual había cierta energía. A su vez, este “falso vacío” salió de un “vacío puro”, es decir, de la “nada”, mediante una fluctuación cuántica.

5) Posibilidad de infinitos Universos dentro del modelo físico actual.

6) La infinitud de Universos no viola la ley de Ockham. Es más económica que la tesis de un solo Universo, porque para explicar las peculiaridades de este último hay que agregar principios especiales.

7) Selección natural de Universos a partir de “agujeros negros”. Progresiva multiplicación de Universos.

8) Son posibles todos los Universos que no implican contradicción. Las leyes de la lógica son simplemente las leyes de nuestro lenguaje.

 

La nada primordial

 

Ante todo queremos comentar lo del comienzo del Universo a partir del “vacío puro”. Lo del “falso vacío” que procede del “vacío puro”, del cual en definitiva procede entonces el Universo todo, marca un hito en la lectura y hace que uno se dé cuenta de lo profundamente absurda que es toda esta postura en general, por debajo del disfraz de “sobriedad” y “racionalidad” que gusta aparentar.

Así, como si nada, se nos informa, sin mayor explicación (lógicamente) que todo ha surgido de la nada. A la nada se la pone entre comillas: “nothing”. ¿Qué quieren decir esas comillas? ¿Qué no es realmente la nada, sino algo, o que no nos animamos a decir franca y rudamente que todo salió de la nada? Ambas alternativas son ruinosas para el argumento. En el primer caso, no estamos explicando el origen del Universo, sino el origen de esa parte de Universo, con mucho la más grande, ciertamente, que derivó de ese “algo” inicial. Pero la curiosidad impenitente del ser humano llevará inmediatamente a preguntar de dónde o de qué procede ese “algo”, si no procede de nada, si es eterno, si lo que estamos afirmando, entonces, es en realidad un universo eterno, sin comienzo, contra la teoría aceptada hoy día por los físicos. Y si no es eterno, si acaso surgió “porque sí”, lo cual no es explicación alguna.

 

Y si lo que se afirma es que todo procede de la nada, tomada en sentido estricto, entonces, hay que detenerse un momento a meditar. ¿Es esto una aplicación de la navaja de Ockham? Sin duda, la nada es lo más económico de todo. Pero tal vez sea demasiado económico, ¿no? No hay que multiplicar los entes sin necesidad, pero algún ente hay que poner, y el no ente no explica nada. Ahora bien, ¿es preferible hacer derivar todo de la nada, que no quiere decir nada, a aceptar una Inteligencia ordenadora? ¿Tiene sentido seguir hablando de racionalidad, ciencia, y todo lo demás, una vez que se acepta que de la nada puede salir algo? ¿Es más racional el absurdo que la afirmación de Dios?

 

El autor dice que la nada inicial ha dado lugar al “falso vacío” mediante una “fluctuación cuántica”. En todo caso, eso nos llevaría a hacer retroceder el “falso vacío” un paso más. Cualquier cosa capaz de sufrir una “fluctuación cuántica”, no es la nada. Es algo, sea lo que sea. Aunque sea una virtualidad o una potencialidad, no es la nada. Sigue en pie la pregunta: ¿por qué existe ese algo, aun cuando fuese con existencia “virtual”?

 

Origen natural de las leyes naturales

 

En cuanto a que las leyes de la naturaleza sean un producto natural, ahí estamos en un retruécano bastante interesante. ¿Todo lo que puede ser calificado de “producto natural” surge de acuerdo con leyes naturales? Si decimos que sí, entonces resulta que las leyes de la naturaleza son un resultado de las leyes de la naturaleza, lo cual es bastante circular. Si decimos que no, entonces cuando decimos que las leyes de la naturaleza son un producto “natural”, estamos usando la palabra “natural” en un sentido bastante excepcional.

 

Las simetrías observables en el Universo, dice el autor, son precisamente el resultado de la no intervención de un agente exterior. Obviamente, para explicar las simetrías no hace falta la intervención de un agente exterior que venga a romperlas. Pero tal vez sí haga falta la intervención de un agente exterior que las instituya y fundamente. Es como una máquina en funcionamiento: no hace falta la intervención de un agente externo que la apague para explicar que siga funcionando.

 

Dice también que la ruptura de las simetrías puede deberse al azar. Pero es dudoso que algo pueda deberse al azar. Veamos: si la estadística predice que cada tanto tiempo alguien ha de sacar el primer premio en un juego de azar, es claro que será azaroso que el premiado sea Juan en vez de Pedro. Pero eso no quiere decir que el premio le haya llegado a Juan “por azar”, es decir, de modo que el azar sea la única causa explicativa del hecho. No es así. El premio le llegó porque las bolillas chocaron entre sí en el globo girante de tal modo que, según las leyes de la física, y dada la posición inicial, debía salir por el agujero precisamente la bolilla que corresponde al billete comprado por Juan. El azar supone por tanto las leyes naturales, y no puede entonces producirlas, y no puede ser entonces, como dice el autor, que las leyes naturales hayan surgido por la ruptura azarosa de las simetrías primitivas.

 

Sin duda, dado que el Universo ha comenzado, según la teoría hoy aceptada, ha habido, para cada ley natural, un primer suceso que ha ocurrido según esas leyes. Pero eso no quiere decir que la ley haya comenzado a ser una ley. Una ley debe estar vigente, lógicamente, antes de aplicarse a un caso particular. Toda ley tiene la forma “Si se da A, entonces ha de darse B”. Ahora bien, antes de darse A, la ley, o está vigente, o no. Si ya está vigente, lo está con anterioridad a su aplicación. Si no lo está, cuando A se da no ocurre nada, no se sigue B, y si se sigue, es por puro azar, no por razón de una ley.

 

También puede ser que la ley “Si se da A, ha de darse B”, dependa de una condición, por ejemplo, la unión previa de C y D. Antes de dicha unión ¿se puede decir que la primera no es aún una ley? Tampoco. Antes de esa unión tiene que ser de todos modos verdad que “Si se unen C y D, entonces, en caso de darse A, ha de darse B”.

 

¿El Universo puede haber comenzado a existir de acuerdo con una ley natural? Si por “Universo” entendemos la totalidad de los seres materiales, y no solamente la totalidad de los que más o menos podemos observar, o forman nuestro entorno, etc., sino la totalidad en sentido estricto, entonces claramente no. Porque la totalidad de los seres materiales equivale a la “naturaleza” en su conjunto, y la naturaleza en su conjunto no puede deberse a una ley natural, pues ésta debería por necesidad quedar fuera de la naturaleza en su conjunto, y entonces no sería natural.

 

Tampoco es posible que la ruptura de las simetrías sea espontánea y sin causa. Eso equivale a decir que se ha dado “porque sí”, lo cual viola el principio de razón de ser y hace inútil toda búsqueda científica. Que nosotros no podamos asignar la causa de ciertos fenómenos naturales no quiere decir que puedan no tenerla.

 

Finalmente, el autor reconoce que quedan excluidos de entre los Universos posibles aquellos que van contra las leyes de la lógica, por ejemplo, los que contienen círculos cuadrados o los que existen y no existen a la vez. Pero luego dice que las leyes de la lógica son solamente las leyes de nuestro lenguaje. ¿Tanto poder tiene nuestro lenguaje, como para permitir o no la existencia de Universos reales? De nuevo ¿tiene sentido ser tan puntilloso en la aplicación del principio de economía, para luego dar por bueno un salto argumental semejante? Si los Universos en realidad posibles deben obedecer a las leyes de la lógica ¿no son éstas anteriores a toda posible intervención del azar? ¿Y por tanto, a todo Universo real? ¿Y de dónde proceden, entonces? ¿Cómo se explican?

Notemos que nuestro lenguaje no puede ser en todo caso anterior a nuestra existencia en el planeta, y que mucho antes de eso, desde el mismo Big Bang, tenemos que reconocer que la existencia de realidades contradictorias era imposible, o bien, dejar de hacer ciencia.

 

Nuestro autor, entonces, debe comenzar por ciertas “simetrías” y por las leyes de la lógica. Las mismas leyes naturales ya vimos que no pueden ser un producto natural. Si no hay nada, no hay tampoco azar. Y si hay algo, entonces hay alguna ley, por ejemplo, el principio de no contradicción, y por tanto, algún orden.

 

Es ilógica la excepción que el autor establece a favor de las simetrías primitivas. Dice que allí sería “antieconómico” recurrir a una inteligencia ordenadora. Vemos que el famoso “principio de economía” se presta para bastante subjetivismo, al menos en su aplicación. Lo que no puede hacer el principio de economía es dispensarnos de toda explicación. Alguna razón tiene que haber, y el principio de economía no puede primar sobre el principio de razón de ser. Tanto más cuanto que en realidad es una consecuencia del mismo. Por tanto, las simetrías primitivas o se explican por el azar, o se explican por una Inteligencia ordenadora. Pero ya vimos que de todos modos el azar supone siempre algún orden y, por tanto, no puede explicar el orden en forma radical.

 

La navaja de Ockham

 

Con su argumento de que la pluralidad de Universos sin un Creador es más conforme al principio de economía de Ockham que la afirmación de un único Universo creado por una Inteligencia, el autor intenta mostrar que efectivamente, es más probable lo primero que lo segundo. Porque lógicamente, lo que requiere menos principios para realizarse, es de más probable realización, que lo que requiere más. Y para explicar la vida a partir de un solo Universo, hacen falta más principios, dice el autor, que para explicarla a partir de muchos, porque habría que agregar principios especiales que no se dan en cualquier Universo posible.

 

El tema de si la pluralidad de Universos no viola la ley de Ockham es discutible. Se trata de cuántos “entes” son necesarios para explicar nuestro mundo. El teísta pone uno solo: Dios. El no teísta debe poner una cantidad muy grande de Universos y, al parecer, sería mejor que pusiera infinitos Universos. Eso es mucho más que uno.

 

Pero además, habría que aportar un principio que justificase la existencia de varios Universos en vez de uno solo. ¿En virtud de qué existirían los múltiples o infinitos Universos? No puede ser “porque sí” y, por tanto, tampoco puede ser “por azar”. ¿Hay una ley natural que dice que deben existir todos los Universos posibles? ¿De dónde viene esa ley? En todo caso, es un principio de explicación que no hace falta en la hipótesis de un solo Universo.

 

La posibilidad no equivale a la existencia. Porque si todos los Universos posibles son posibles, lo son en el sentido de que también es posible que no exista ninguno de ellos, o sea, nada. ¿Por qué, entonces, existe alguno y, con más razón, por qué deberían existir todos?

 

También, la noción de “varios Universos” es problemática. ¿No forman parte todos, en realidad, de un único Universo? Los requisitos para justificar la “separación” entre Universos serían otros tantos principios más requeridos por esta explicación. Nada de eso hace falta en la teoría de que hay un solo Universo, que es el nuestro.

 

Y nótese además que en esta hipótesis se estarían pidiendo principios “extra” para justificar algo que no es un hecho, sino una mera hipótesis: la pluralidad o incluso infinitud de Universos. Nada más antieconómico que eso.

 

Diferentes formas de “vida”

 

En cuanto a que la vida puede ser en otros Universos distinta de lo que es en el nuestro, al menos se nos debe conceder que es posible la materia inanimada. Es decir, no por el solo hecho de existir algo, existe un viviente. Luego, necesariamente la existencia de vivientes ha de ser menos probable que la existencia de algo en general, es decir, no por el hecho de que haya un Universo, habrá en él vida.

 

Ahora bien, la cuestión es cuál sería, grosso modo, la cantidad de Universos posibles con vida, respecto de la cantidad de Universos posibles en general. El autor contiende que no lo podemos saber con seguridad, porque la vida puede ser muy diferente de lo que nosotros conocemos. Pero algo, seguramente, podremos decir. Por ejemplo, con todo lo que ha avanzado nuestro conocimiento del Universo, hasta ahora no hemos encontrado ninguna forma de vida fuera de nuestro planeta. Parece que efectivamente la vida no es algo que se dé tan fácilmente. Es cierto, se dirá que eso es así en nuestro Universo, pero que con otras constantes cósmicas, otros tipos de vida podrían ser posibles. ¿Podría haber vida en un planeta cuya temperatura de superficie fuese de 1.000 grados? En todo caso, reconozcamos que es al menos bastante improbable.

 

Pero el argumento puede funcionar también en sentido contrario: no sabemos tampoco si nuestro conocimiento abarca todas las formas posibles de existencia inanimada. Lo más probable es que no, y que haya muchísimas otras combinaciones además de las que conocemos, que dan por resultado materia no viviente. Con lo cual ambos argumentos se anulan, y volvemos al punto de partida: la vida es en verdad muy poco probable.

 

Agreguemos algo más: no se trata solamente de que el Universo en cuestión tenga vida, se trata de que tenga vida racional, como la nuestra, es decir, capaz de llegar a realizar investigaciones sobre el origen del Universo y maravillarse ante las “coincidencias antrópicas”. Evidentemente, la probabilidad disminuye más aún.

 

El punto central es que evidentemente la vida es menos probable que la ausencia de vida, y la vida racional es menos probable aún. Aumentar la cantidad de Universos en la que es posible la vida racional implica aumentar proporcionalmente la cantidad de Universos existentes sin más.

 

La cantidad de Universos requerida para que en uno de ellos haya vida dependerá de cuán probable sea la vida en general. Es claro, alguna noción de “vida” tendremos que manejar para hacer ese cálculo. El autor extiende generosamente el título de “ser vivo” a las computadoras y a la Internet. No lo seguimos en eso, obviamente, pero ahí no más bastaría para preguntarnos en cuántos Universos es probable que haya computadoras e Internet, y en cuántos de esos Universos es probable que éstas hayan surgido al azar. ¡Y conste que ni siquiera tienen vida en el sentido auténtico del término!

 

El argumento del autor va por el lado de decir que aunque no sean exactamente iguales a nuestro Universo, otros Universos al menos podrían albergar vida racional algo diferente de la nuestra. Parece probado, en efecto, que por lo que toca a la vida racional tal como la conocemos, una pequeña variante en las constantes básicas de nuestro Universo la habría vuelto imposible. Pero ¿cuán distinta de la nuestra puede ser una vida racional, para poder no verse afectada por un cambio en esas constantes? Cuanto más diversos de los de nuestro Universo sean los valores de esas constantes, más distinta de nosotros deberá ser esa forma de vida racional y, por lo mismo, menos probable será, porque, como ya dijimos, de todos modos ha de haber un límite a lo que puede ser llamado “vida” en cualquier Universo posible.

 

En efecto, en la peor hipótesis, la nuestra sería la menos probable de las formas de vida racional, y la más alejada de la más probable. Pero a lo mejor estamos en el centro y somos la forma de vida más probable de todas. O sea que, en definitiva, a medida que aumenta la diferencia en los valores de las constantes entre un Universo X y el nuestro, se va reduciendo el campo en que la vida es probable. Eso quiere decir que tampoco nos podemos ir demasiado lejos de nuestro Universo en la búsqueda de Universos posibles en los que pueda haber vida y vida racional.

 

¿Cuántos Universos serían necesarios?

 

Se nos dirá que al que saca la lotería se le puede decir que no tiene de qué asombrarse, porque alguien tenía que sacar el premio, y él no puede deducir, del hecho de que salir sorteado ha sido sin duda altamente improbable, que alguien hizo trampa a su favor.

 

Pero este argumento tiene límites que se alcanzan bastante pronto. Si a la semana siguiente vuelve a sacar la lotería, la explicación por el azar ya no va ser tan natural. Y si una semana después de eso saca el primer premio por tercera vez, entonces algo está sucediendo.

 

¿A cuántas semanas sucesivas de sacar el primer premio equivale nuestra existencia en el mundo tal como lo conocemos?

 

Si miramos la historia de nuestro Universo, vamos a encontrar muchos puntos en los cuales todas las posibilidades menos una, o unas pocas, eran contrarias al hecho de que finalmente llegásemos a estar aquí. Si decimos que todo ello estaba predeterminado en la configuración inicial del mundo, y por tanto, en el tipo de Universo que de hecho es el nuestro, entonces eso quiere decir que para cada uno de esos pasos críticos hay al menos un Universo posible sin nosotros al final. En 15.000.000.000 años ha habido tiempo para muchísimos de esos “puntos críticos”, y particularmente durante la historia de la vida en nuestro planeta.

 

Aquí entra el tema de la pluralidad de Universos. Si lo que existe o se produce es una pluralidad de Universos, se dice, es menos extraño que haya allí uno como el nuestro.

 

Pero veamos de qué pluralidad estamos hablando. ¿Cuántas veces será necesario tirar al aire una caja completa de tipos de imprenta para que finalmente salga “El Quijote de la Mancha”? ¿Y qué es más complejo, el “Quijote” o nuestro Universo?

 

No parece injusta la comparación. La vida, y sobre todo la vida racional, se relaciona con lo inanimado de un modo semejante a como el “Quijote” se relaciona con un conjunto informe de letras.

 

Hagamos un pequeño cálculo. Pongamos que el “Quijote”, o si no otra novela, tiene 500 páginas. Pongamos que cada página tiene unos 3.000 caracteres. En total, son 1.500.000 caracteres, en un orden preciso y determinado.

 

¿Cuántas novelas posibles de 1.500.000 caracteres se pueden escribir, que difieran entre sí al menos en un carácter, es decir, que difieran entre sí al menos porque en el carácter 34, en vez de haber una A, hay una B, o algo por el estilo?

 

Es decir, la palabra “novelas” aquí no es del todo apropiada, pues se trata simplemente de series de caracteres, la inmensa mayoría de las cuales no tendrá sentido alguno. Es decir, el equivalente, en nuestro argumento, a Universos sin vida.

 

Debemos partir de un alfabeto de 27 letras, porque en la cuenta automática la ch y la ll serán contadas cada una como dos caracteres, es decir, no se las tiene en cuenta. Eso quiere decir que para la primera letra tendremos 27 posibilidades, la misma cantidad para la segunda, para la tercera, etc. O sea, que el total será 27^1.500.000, es decir, 27 multiplicado por sí mismo 1.500.000 veces.

 

Obviamente, no tiene sentido tomar papel y lápiz. Si una calculadora pudiese hacer una multiplicación de ésas cada segundo, tardaría 1.500.000 segundos en llegar al resultado correcto. Es decir, 25.000 minutos, o sea, unas 416 horas, y por tanto, unos 17 días, calculando todo el tiempo de corrido.

 

Por lo pronto, la calculadora del XP se rehúsa a calcular esa cifra. Pero sí calcula algo mucho menor, como es 27^10.000, cuyo resultado es aproximadamente 4,3 x 10^14.313, es decir, un número que tiene 14.312 ceros.

 

¡Y conste que no hemos incluido los espacios, y los signos de puntuación, las mayúsculas y minúsculas, etc., y el lugar preciso en que deben ir! ¿Qué decir entonces de nuestro Universo?

 

A esto se puede objetar que ese número inmenso representa en realidad, además de las innumerables series de caracteres sin sentido, todas las novelas posibles, dotadas de sentido, de 1.500.000 caracteres, las cuales serán completamente legibles e inteligibles, tanto como el Quijote. Si lo que buscamos es la “inteligibilidad” como equivalente de la “vida” en nuestro ejemplo, entonces la proporción no sería tan espantosamente desproporcionada.

 

Pero de todos modos, es claro que la desproporción entre las novelas dotadas de sentido y las series de caracteres sin sentido sería inmensa. Pensemos que basta cambiar una letra en el “Quijote” por alguna otra determinada letra, para que la palabra resultante ya no tenga sentido en castellano.

 

Se dirá que podría tener sentido en algún otro idioma, al menos posible, es decir, representaría un tipo de vida distinto del que conocemos. Pero contra esto, pensemos que una de esas muchísimas posibilidades es cuando todas las letras de la novela (¡1.500.000!) son la A. Otra, cuanto todas son la B. Otra, cuando todas menos una son la A. Otra, cuando las únicas letras que aparecen son la A y la B. Y así sigue. En ninguno de estos casos se puede hablar de “idiomas diferentes”.

 

Se puede objetar que para variar el tipo de Universo no hay que hacer variar una de 1.500.000 propiedades. El autor propone un juego en el cual se van generando distintos Universos posibles con variar los valores de 4 constantes fundamentales. Supongamos que cada una de esas constantes puede tener uno entre 1.000 valores. El total de Universos posibles sería de 1 x 10^12, es decir, un millón de millones de Universos. La probabilidad de que nuestro Universo apareciese sería, por tanto, de una en un millón de millones. Si a cada constante le damos 100 valores posibles, tenemos 1 x 10^8 Universos posibles, es decir, 100 millones de Universos posibles, y la probabilidad de nuestro Universo sería de una en 100 millones.

 

Las constantes cósmicas en relación con la vida

 

Sin embargo, en un sitio de Internet (1) se mencionan las siguientes constantes cósmicas que deben tener un valor bastante preciso para que la vida racional como la nuestra sea posible (omitimos las explicaciones, que se pueden consultar en el sitio indicado):

- La constante de acople gravitacional (es decir, la fuerza de la gravedad).

- La constante de acople de la fuerza nuclear fuerte

- La constante de acople de la fuerza nuclear débil

- La constante de acople electromagnética

- La relación de masa del electrón a masa del protón

- La edad del universo

- El índice de la expansión del universo

- El nivel de la entropía del universo

- La masa del universo

- La uniformidad del universo

- La estabilidad del protón

- Las constantes de estructura fina (son varias).

- La velocidad de la luz

- Los niveles de energía mostrados por estos tres núclidos: 8Be, 12C y 16O (afectan la posibilidad de la vida)

- La distancia entre las estrellas

- El índice del aumento de la luminosidad para las estrellas (afecta la temperatura de los planetas circundantes).

 

Y si agregamos las condiciones para la vida en un sistema de planetas girando en torno a una estrella, como en nuestro sistema solar, tenemos:

- número de compañeros de la estrella

- fecha del nacimiento de la estrella paterna

- edad de la estrella paterna

- distancia de la estrella paterna del centro de la galaxia

- masa de la estrella paterna

- color de la estrella paterna

- gravedad superficial

- distancia de la estrella paterna

- espesor de la corteza

- período de rotación

- interacción gravitacional con una luna

- campo magnético

- inclinación axial

- albedo (relación de luz reflejada con respecto a la cantidad total de luz que cae en superficie)

- relación oxígeno a nitrógeno en la atmósfera

- niveles de bióxido de carbono y vapor de agua en la atmósfera

- nivel del ozono en la atmósfera

- tasa de descargas eléctricas en la atmósfera

- actividad sísmica

 

¡Como se ve, son bastantes más que 4! Unas 35. Obviamente, el rango de valores que puede darse a cada uno de estos parámetros es muy diferente en cada caso. Como mínimo, deberán ser al menos 2 valores posibles para cada uno. Eso sólo ya nos da un número de 34.359.738.368 Universos posibles. Es obvio que en la mayoría de los casos serán más de 2 valores posibles, lo cual aumenta el resultado final. La probabilidad de sacar el “5 de oro” es de 1 en 1 millón, más o menos, pero aquí estamos hablando por lo menos de una probabilidad en 35.000 millones aproximadamente, 3,4 x 10^10.

 

Recordemos que si aumentamos la cantidad de valores posibles para cada parámetro aumentaremos la cantidad de Universos posibles. Para 3 valores posibles por parámetro, por ejemplo, serían 50.031.545.098.999.707 Universos posibles, es decir, unos 50.000 millones de millones de Universos posibles, o 5 x 10^16.

 

De todos esos, uno solo podría tener vida como la nuestra. En efecto, si a cada parámetro le damos solamente 2 valores posibles, es claro que uno de ellos será el que cada parámetro necesita para que la vida sea posible en nuestro planeta, en este Universo, y por tanto, el otro la hará imposible. Uno solo de esos Universos posibles, por tanto, reunirá en todos los parámetros el valor adecuado. Quiere decir que deberían existir al menos 35.000 millones de Universos para que el nuestro, es decir, uno capaz de albergar vida como la nuestra, tuviese una sola chance de existir. Para que hubiese dos Universos como el nuestro, deberían existir por lo menos unos 70.000 millones de Universos.

 

En la hipótesis de 3 valores posibles por parámetro, deberían darse al menos unos 50.000 millones de millones de Universos.

 

Pero el mismo autor que nos aportaba esos 35 parámetros, en otro lugar da una lista de 93 parámetros (2). Según esto, y siguiendo el razonamiento anterior, basado en 2 valores por parámetro, serían posibles al menos 9.903.520.314.283.042.199.192.993.792 Universos diferentes, o sea, 9,9 x 10^27 Universos aproximadamente, es decir, 9.000 billones de billones de Universos deberían darse para que se diera uno capaz de albergar vida como la nuestra.

 

Claro que si vamos a 3 valores por parámetro, tendremos un total de 2,3 por 10^44 Universos posibles. Es decir, unos 230 millones de billones de billones de billones de Universos posibles.

 

Hacia el final del artículo, el autor presenta la teoría de la “generación sucesiva de Universos”. La idea es que dentro de cada Universo, algunos “agujeros negros”, al menos, dan origen a otros Universos. La “selección natural” cósmica va “eliminando” los Universos con pocos agujeros negros, que dan por tanto origen a pocos Universos. El tipo de Universo con más agujeros negros por lógica “se reproduce” más, y así, su porcentaje va siendo cada vez mayor. Eso es una forma de acelerar la producción de Universos, a fin de llegar pronto a la cantidad necesaria para que el nuestro parezca algo natural.

 

Pero eso mismo implica que estamos hablando de una sucesión finita. En una sucesión infinita no tiene sentido marcar un progreso semejante, porque no hay dónde poner un punto de partida; todos los Universos, digamos, son iguales de viejos, pertenecen a generaciones que son posteriores, siempre, a infinitas generaciones. Pero en una sucesión finita de Universos, la improbabilidad de un Universo como el nuestro pesa decisivamente, por lo arriba dicho.

 

Porque además, si de entrada limitamos el tipo de Universos posibles, en un sentido favorable al nuestro, de modo que no hagan falta tantos intentos sucesivos para hacer probable nuestro mundo, estamos recurriendo ocultamente al diseño inteligente. Lo único que puede limitar al azar, es el propósito.

 

Terminamos esta sección con una interesante e inquietante cita del mismo Ross:

 

“Más de una docena de otros parámetros, tales como la composición química atmosférica, se están investigando actualmente para conocer su sensibilidad en la ayuda para la vida. Sin embargo, los diecinueve enumerados en la Tabla 1, por sí mismos, permiten llegar a una conclusión: solamente menos de una de cada 10^(28) estrellas tendría planetas habitables. En el universo hay 10^(11) estrellas/galaxia y 10^(14) galaxias/cosmos, lo cual da un total de 10^(25) estrellas/cosmos.

 

Podemos ver que -por procesos naturales solamente- ni siquiera un planeta habitable habría en todo el cosmos. No nos podemos maravillar de las afirmaciones de Robert Rood y James Trefil y otros: han conjeturado que la vida física inteligente existe solamente en la Tierra. Parece extraordinariamente claro que la Tierra, también, además del universo mismo, ha sido objeto de diseño divino.” (3)

 

¿Cantidad infinita de Universos reales?

 

El autor recurre, como a una hipótesis no indispensable pero auxiliar, a la pluralidad de Universos. En concreto, se podría pensar que actualmente existe una cantidad infinita de Universos. En ese caso, parece que necesariamente uno de ellos, al menos, debería tener las condiciones del nuestro, que hacen posible la vida racional.

 

El problema central con esto, es que el infinito numérico actual es imposible. Los únicos números infinitos que conocemos son números potenciales, no actuales. Por ejemplo, el conjunto de los números naturales. Siempre puede haber un número natural más grande, pero será siempre finito, y no hay un número natural infinito. Un número puede ser infinito, entonces, sólo potencialmente, es decir, en el sentido de que no se puede, de derecho y no sólo de hecho, encontrarle un tope finito a determinada cantidad de cosas. Pero no tiene sentido decir eso de un número actual, es decir, de un conjunto de cosas existentes, sino solamente de un conjunto de cosas posibles.

 

Pero además, recordemos que aún habría que explicar por qué existen todos los Universos posibles, en número infinito, siendo así que cada uno de ellos podría muy bien no existir.

 

Finalmente, parece que en todo caso el recurso a infinitos Universos no arregla nada. Porque podría pensarse que la proporción de nuestro Universo particular a una cantidad infinita de Universos posibles sin vida, sería la misma, a la postre, que la proporción de finitos o infinitos Universos dotados de vida racional, a la cantidad infinita, y siempre de orden mayor, de Universos carentes de la misma. En efecto, la distancia entre ambos extremos sería siempre infinita, y entonces, la probabilidad de un Universo con vida sería 1/infinito, o sea, 0.

 

Se podría responder que no necesariamente es así, que la proporción de los números pares, por ejemplo, a los números naturales es de ½, siendo ambos conjuntos infinitos. Pero entonces estamos postulando infinitos Universos dotados de vida. Lo cual sí va contra toda probabilidad posible, y además, tiene muy poco que ver con el principio de economía de Ockham.

 

¿Una infinita sucesión temporal de Universos?

 

Obviamente, parece que después o en medio de una cantidad infinita de intentos, debería surgir “El Quijote”. Aquí la probabilidad se convertiría incluso en necesidad, es decir, valdría 1. Aquí incluso Santo Tomás de Aquino parece ofrecer una agarradera al argumento de los múltiples mundos, porque él acepta el infinito sucesivo, al tiempo que rechaza el actual. Para Santo Tomás, al tiempo que acepta que de hecho el mundo ha comenzado a existir, por fe en la Escritura, en teoría, el mundo, y con él, el tiempo, podría no haber tenido comienzo, en cuyo caso, el número de días, digamos, sería infinito. Traducido a los términos de nuestro tema, una sucesión infinita de Universos diferentes sería posible para Santo Tomás. En ese caso, antes de nosotros ya habría habido infinitos Universos, y entonces, como que necesariamente debía llegar el nuestro.

 

Por eso es que el “Big Bang”, es decir, la teoría “standard”, ha sido un golpe bastante fuerte para los adversarios del argumento basado en el orden del mundo y su improbabilidad. Porque en todo caso apunta a la existencia de un comienzo del Universo, y entonces nos deja encerrados dentro de las cantidades finitas, dentro de las cuales es relevante la tremenda improbabilidad de formar por azar nuestro Universo.

 

Ahora bien, aún una sucesión infinita de Universos en el tiempo, o un Universo sin comienzo en el tiempo, requeriría igualmente una Inteligencia ordenadora. En efecto, lo contrario sería el azar como explicación última de ese Universo. Pero el azar no puede ser explicación última del orden, porque siempre supone un cierto orden, como dijimos más arriba. Pero si el orden no se puede explicar por el azar, y hay que explicarlo, entonces sólo se puede explicar por la Inteligencia.

 

1) http://www.bibliotecapleyades.net/esp_diseno_antropico.htm

 

2) http://www.reasons.org/fine-tuning-life-universe

 

3) http://www.bibliotecapleyades.net/esp_diseno_antropico.htm. El libro al que se refiere Ross es ROOD, Robert T. y TREFIL, James S., Are We Alone? The Possibility of Extraterrestrial Civilizations, New York, Charles Scribner's Sons, 1983.

 

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Prólogo del libro “Sintió compasión de ellos

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

“Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen  pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»” (Mateo 9,36-38).

 

“Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.” (Mateo 14,13-14).

 

“Él, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.” (Marcos 6,31-34).

 

“Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.»” (Marcos 8,1-3).

 

*****

 

En el sitio web de Misereor, obra de cooperación para el desarrollo de la Iglesia Católica en Alemania, se dice lo siguiente:

 

MISEREOR fue fundada en el año 1958 como entidad de ayuda para "combatir el hambre y la enfermedad en el mundo". En su carácter de organización de desarrollo de la Iglesia Católica de Alemania, MISEREOR ofrece su cooperación a todos los hombres de buena voluntad, para combatir la pobreza a nivel mundial, abolir estructuras de injusticia, promover la solidaridad con los pobres y oprimidos y contribuir a la construcción de "UN MUNDO". […]

 

MISEREOR llama a los católicos y demás ciudadanos de Alemania a tomar conciencia de la pobreza y la miseria existentes en el mundo, a percibir al mismo desde la perspectiva de los pobres y oprimidos, y a sentir y sufrir con ellos, conforme al ejemplo de Jesús: “MISEREOR super turbam” - "Siento compasión de esta gente".”

 

Naturalmente, todo esto está muy bien, pero -como se verá a continuación- es de lamentar cierto sesgo unilateral o reduccionista en esta “exégesis alemana”.

 

En los cuatro textos evangélicos que reproduje más arriba se nos narra que Jesús se compadeció de la multitud. Sin embargo, los cuatro textos difieren en cuanto a la motivación de ese sentimiento de Jesús y en cuanto a la consecuencia inmediata de ese sentimiento.

 

Me parece que hoy existe una tendencia a olvidar los tres primeros textos y a recordar sólo el cuarto. Allí Jesús siente compasión por la multitud hambrienta en el desierto y en consecuencia la alimenta mediante el prodigio de la segunda multiplicación de los panes. También se tiende a olvidar que este milagro no fue un simple reparto de provisiones, sino un anticipo del banquete mesiánico y un signo del Pan de Vida, que es el mismo Jesucristo.

 

En el segundo texto no se indica el motivo de la compasión de Jesús por la multitud, pero se dice que Jesús reaccionó curando a sus enfermos. Los milagros de curación realizados por Jesús son signos visibles de su poder para curar las almas heridas por el pecado.

 

Además, en el primer y el tercer textos, Jesús siente compasión de la gente porque estaban “como ovejas sin pastor”. En el primer caso Jesús reacciona enseñando a los discípulos a rogar a Dios Padre para pedirle “que envíe obreros a su mies”. En el tercer caso, en cambio, la compasión lo mueve a dejar de lado su plan de descansar en un lugar solitario y a ponerse “a enseñarles muchas cosas”.

 

En este contexto, me parece oportuno citar el discurso que el Cardenal Giacomo Biffi, Arzobispo de Bolonia (Italia), pronunció el viernes 15/04/2005 en una reunión de Cardenales, poco antes del comienzo del Cónclave que eligió al actual Papa, Benedicto XVI.


“Después de haber escuchado todas las intervenciones –justas, oportunas, apasionadas– que aquí han resonado, quisiera expresar al futuro Papa (que me está escuchando) toda mi solidaridad, mi simpatía, mi comprensión y también un poco de mi fraterna compasión. Pero quisiera sugerirle también que no se preocupe demasiado por todo aquello que aquí ha escuchado y no se asuste demasiado. El Señor Jesús no le pedirá resolver todos los problemas del mundo. Le pedirá que lo quiera con un amor extraordinario: ‘'¿Me amas más que éstos?’ (cfr. Jn 21,15). En una ‘tira’ y ‘caricatura’ que nos llegaba de Argentina,
la de Mafalda, he encontrado hace varios años una frase que en estos días me ha venido a la mente frecuentemente: ‘Ahora entiendo; –decía aquella terrible y aguda muchachita– el mundo está lleno de problemólogos, pero escasean los solucionólogos’.

 

Quisiera decir al futuro Papa que preste atención a todos los problemas. Pero primero y más todavía que se dé cuenta del estado de confusión, de desorientación, de descarrío que aflige en estos años al pueblo de Dios, y que aflige sobre todo a los ‘pequeños’ [énfasis agregado por mí].

 

Hace unos días escuché en la televisión a una religiosa anciana y devota que respondía así al entrevistador: ‘Este Papa, que ha muerto, ha sido grande sobre todo porque nos ha enseñado que todas las religiones son iguales’. No sé si a Juan Pablo II le hubiese gustado mucho un elogio como ése.

 

En fin, quisiera señalar al nuevo Papa el caso de la ‘Dominus Iesus’: un documento explícitamente de acuerdo y públicamente aprobado por Juan Pablo II; un documento por el cual me gusta expresar al cardenal Ratzinger mi vibrante gratitud. Que Jesús es el único necesario Salvador de todos es una verdad que en veinte siglos –a partir del discurso de Pedro después de Pentecostés– no se había escuchado la necesidad de reclamar jamás. Esta verdad es, por decir así, el grado mínimo de la fe; es la certeza primordial, es entre los creyentes el dato simple y más esencial. En dos mil años no ha sido jamás puesta en duda, ni siquiera durante la crisis arriana y ni siquiera con ocasión del descarrilamiento de la Reforma protestante. El haber tenido que recordarla en nuestros días nos da la medida de la gravedad de la situación hodierna. Sin embargo este documento, que reclama la certeza primordial, más simple, más esencial, ha sido contestado. Ha sido contestado en todos los niveles: en todos los niveles de la acción pastoral, de la enseñanza teológica, de la jerarquía.

 

Me contaron de un buen católico que propuso a su párroco hacer una presentación de la ‘Dominus Iesus’ a la comunidad parroquial. El párroco (un sacerdote por lo demás excelente y bien intencionado) le respondió: ‘Olvídalo. Ése es un documento que divide’. ‘Un documento que divide’. ¡Gran descubrimiento! Jesús mismo ha dicho: ‘Yo he venido a traer la división’ (Lc 12,51).

Pero demasiadas palabras de Jesús resultan hoy censuradas por la cristiandad; al menos por la cristiandad en sus partes más locuaces”. (Giacomo Biffi, Memorie e digressioni di un italiano cardinale [Memorias y digresiones de un italiano cardenal], Cantagalli, Siena, 2007, pp. 614-615).

Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/173182?sp=y

 

Tres días después, en la mañana del lunes 18/04/2005, el Cardenal Joseph Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio, pronunció una memorable homilía en la Santa Misa "Pro eligendo Romano Pontifice", presidida por él y concelebrada por los 115 purpurados electores en la Basílica de San Pedro. Al día siguiente el mismo Cardenal Ratzinger fue elegido Papa y adoptó el nombre de Benedicto XVI. Reproduzco a continuación parte de dicha homilía, según el texto publicado en su momento por Zenit (www.zenit.org).

 

“Pasemos a la segunda lectura, la carta a los Efesios. Afronta esencialmente tres argumentos: en primer lugar, los ministerios y los carismas en la Iglesia, como dones del Señor resucitado y elevado al cielo; a continuación, la maduración en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, como condición y contenido de la unidad en el cuerpo de Cristo; y, por último, la participación común en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, es decir, la transformación del mundo en la comunión con el Señor.

 

Detengámonos en dos puntos. El primero es el camino hacia la «madurez de Cristo», como dice, simplificando, el texto en italiano. Más en concreto tendríamos que hablar, según el texto griego, de la «medida de la plenitud de Cristo», a la que estamos llamados a llegar para ser realmente adultos en la fe. No deberíamos quedarnos como niños en la fe, en estado de minoría de edad. Y, ¿qué significa ser niños en la fe? Responde san Pablo: significa ser «llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina» (Efesios 4,14). ¡Una descripción muy actual!

 

Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir en el error (cf. Efesios 4,14). Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar y «zarandear por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud que está de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas.

 

Nosotros tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre. Él es la medida del verdadero humanismo. «Adulta» no es una fe que sigue las olas de la moda y de la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da la medida para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad.

 

Tenemos que madurar en esta fe adulta, tenemos que guiar hacia esta fe al rebaño de Cristo. Y esta fe, sólo la fe, crea unidad y tiene lugar en la caridad. San Pablo nos ofrece, en oposición a las continuas peripecias de quienes son como niños zarandeados por las olas, una bella frase: hacer la verdad en la caridad, como fórmula fundamental de la existencia cristiana. En Cristo coinciden verdad y caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida, verdad y caridad se funden. La caridad sin verdad sería ciega; la verdad sin caridad, sería como «un címbalo que retiñe» (1 Corintios 13,1).” [Énfasis agregados por mí].

 

Por lo tanto, sintamos compasión de la multitud y -como nos enseña Jesús- pidamos a Dios, Padre rico en misericordia, “que envíe obreros a su mies”, que envíe muchos buenos pastores a sus ovejas confundidas, dispersas y descarriadas; pastores que se preocupen, sí, de alimentarlas con el pan material, pero también y sobre todo de curarlas de sus enfermedades espirituales, de enseñarles “muchas cosas”, muchas verdades de orden religioso y moral, de alimentarlas día tras día con el pan de la Palabra de Dios y con el Pan de Vida de la Eucaristía, con Jesucristo, pan vivo bajado del cielo para dar al mundo la vida eterna.

 

(…)

 

Para concluir, cito una parte del Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI para la Cuaresma 2006:

 

“Hoy, en el contexto de la interdependencia global, se puede constatar que ningún proyecto económico, social o político puede sustituir el don de uno mismo a los demás en el que se expresa la caridad. Quien actúa según esta lógica evangélica vive la fe como amistad con el Dios encarnado y, como Él, se preocupa por las necesidades materiales y espirituales del prójimo. Lo mira como un misterio inconmensurable, digno de infinito cuidado y atención. Sabe que quien no da a Dios, da demasiado poco; como decía a menudo la beata Teresa de Calcuta: «la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo». Por esto es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo: sin esta perspectiva, no se construye una civilización sobre bases sólidas.”

 

Daniel Iglesias Grèzes, Sintió compasión de ellos. Escritos teológico-pastorales, Montevideo 2008.

(El libro completo está disponible en: www.lulu.com/content/2473284).

 

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San Bonifacio (5 de junio)

 

En el siglo VII Europa estaba devastada por la acción de las nuevas poblaciones bárbaras, paganas o semi-heréticas, con costumbres brutales y primitivas, a menudo sin una mínima civilización (ni siquiera la escritura). Pero de entre las murallas de los monasterios benedictinos, pequeños oasis que florecían en Italia y en muchas regiones de Europa, salió un puñado de hombres que cambió el destino del mundo, bautizando a las hordas de bárbaros y transformándolos en pueblos civilizados.

 

Bonifacio, el evangelizador del pueblo alemán, es uno de estos hombres. Su nombre originario es Winfrido. Nació hacia el 673 en Crediodunum, en el sudoeste de Inglaterra, y creció desde muy pequeño en las abadías de Exeter y Nhutschelle. El joven Winfrido encontró en el monasterio a hombres enamorados de Dios y apasionados por todo lo verdadero y lo hermoso (la música, la literatura clásica, la medicina, etc.). Winfrido se convirtió en profesor de gramática, autor de tratados y poeta.

 

En el año 716 Winfrido dejó Inglaterra para anunciar a Cristo a los pueblos germanos. No existían carreteras en Europa, sino sólo selvas y territorios llenos de peligro. La primera expedición a Frisia fue un completo fracaso. Dos años más tarde emprendió el camino en dirección a Roma. Los monasterios ingleses estaban muy unidos al Papa (los anglos habían aceptado el bautismo hacia el 650 de manos de monjes italianos mandados a la isla por el Papa Gregorio) y Winfrido quiso construir sobre la roca de Pedro. En mayo de 719 se encontró con el Papa Gregorio II, quien le confió la “misión entre los paganos” y le dio por escrito muchos consejos. Winfrido tomó entonces el nombre de un mártir romano, Bonifacio.

 

Después de esto Bonifacio regresó a Frisia. Trabajando durante dos años en compañía de San Willibrordo (otro monje inglés) logró conquistar esa tierra. En el 721 Bonifacio predicó en Assia y en Turingia, bautizando a miles de paganos y guiando nuevamente hacia la fe católica a muchos cristianos que habían retornado a los antiguos cultos paganos. Fundó un monasterio en Amöneburg.

 

En noviembre del 722 Bonifacio viajó otra vez a Roma, donde el Papa lo consagró obispo. A pesar del apoyo del rey franco Carlos Martel a la obra de Bonifacio, el clero franco se opuso al monje inglés, a quien consideraban un intruso. En el 723 Bonifacio realizó un gesto que simbolizó el reto que lanzaba a las tribus germánicas: abatió el roble sagrado dedicado al dios Tor y con su madera construyó una capilla consagrada a San Pedro.

 

En el año 732 el Papa consagró arzobispo a Bonifacio, confiriéndole la potestad de consagrar obispos en la orilla derecha del Rin. En los monasterios de su tierra natal no sólo se oraba por su misión sino que además se enviaban ayudas materiales. Además muchos grupos de hombres y mujeres jóvenes acudieron donde él para ayudarlo y fundaron unos cuantos monasterios. Bonifacio estuvo unido por fuertes lazos de amistad espiritual con estos monjes jóvenes e intrépidos que se encaminaron hacia la “santa peregrinación” inflamados de amor por Cristo: Vigberto, los hermanos Willibald y Wunibald, su hermana Valburga y otras muchachas extraordinarias como Lioba, Tecla y Cunitrude (todas fueron proclamadas santas por la Iglesia).

 

Durante el tercer viaje de Bonifacio a Roma (737-738), el Papa le encomendó la misión de instituir las iglesias de Baviera, Alemania, Assia y Turingia. Después de la muerte de Carlos Martel (741), Bonifacio venció otra batalla: la reforma de la Iglesia franca, que sobrevivía casi secularizada. Por esa época Bonifacio tomó posesión de su cargo como obispo de Maguncia. En el 744 fundó la abadía de Fulda, que llegó a ser posteriormente el corazón de la fe católica en Alemania.

 

En el 753 Bonifacio, ya anciano, deja la diócesis de Maguncia a Lullo y emprende su última aventura: la evangelización de Sajonia. En torno a él se reúnen unos 50 monjes. Juntos bajan por el Rin en una flotilla de barcas. Desembarcan al este de Zuiderzee y se encuentran con los paganos habitantes de esas tierras. Es la primavera del 755. El 5 de junio una gran multitud de hombres y mujeres convertidos por Bonifacio se prepara para recibir el sacramento de la confirmación. Repentinamente son asaltados por una horda de bandidos. Bonifacio es asesinado junto con todos sus compañeros de viaje. Lullo logra rescatar su cuerpo y lo hace enterrar en la abadía de Fulda, tal como Bonifacio deseaba.

 

Fuente: Revista “30 Días en la Iglesia y en el Mundo”, Junio de 1990

(artículo resumido por Daniel Iglesias Grèzes).

 

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Salmo 116

 

¡Aleluya!

Yo amo, porque Yahveh escucha

mi voz suplicante;

porque hacia mí su oído inclina

el día en que clamo.

Los lazos de la muerte me aferraban,

me sorprendieron las redes del seol;

en angustia y tristeza me encontraba,

y el nombre de Yahveh invoqué:

¡Ah, Yahveh, salva mi alma!

Tierno es Yahveh y justo,

compasivo nuestro Dios;

Yahveh guarda a los pequeños,

estaba yo postrado y me salvó.

Vuelve, alma mía, a tu reposo,

porque Yahveh te ha hecho bien.

Ha guardado mi alma de la muerte,

mis ojos de las lágrimas,

y mis pies de mal paso.

Caminaré en la presencia de Yahveh

por la tierra de los vivos.

¡Tengo fe, aún cuando digo:

«Muy desdichado soy»!,

yo que he dicho en mi consternación:

«Todo hombre es mentiroso».

¿Cómo a Yahveh podré pagar

todo el bien que me ha hecho?

La copa de salvación levantaré,

e invocaré el nombre de Yahveh.

Cumpliré mis votos a Yahveh,

¡, en presencia de todo su pueblo!

Mucho cuesta a los ojos de Yahveh

la muerte de los que le aman.

¡Ah, Yahveh, yo soy tu siervo,

tu siervo, el hijo de tu esclava,

Tú has soltado mis cadenas!

Sacrificio te ofreceré de acción de gracias,

e invocaré el nombre de Yahveh.

Cumpliré mis votos a Yahveh,

, en presencia de todo su pueblo,

en los atrios de la Casa de Yahveh,

en medio de ti, Jerusalén.

 

Fuente: Biblia de Jerusalén.

 

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Sitios web recomendados

 

Sitios de Fe y Razón:

 

Fe y Razón

www.feyrazon.org

Revista Virtual Fe y Razón

www.revistafeyrazon.blogspot.com

Colección Fe y Razón

http://stores.lulu.com/feyrazon

 

 

Sitios de miembros de Fe y Razón:

 

Diácono Jorge Novoa

www.diaconojorge.blogspot.com

Meditaciones Cristianas

www.lmillau.blogspot.com

Verdades de Fe

www.verdadesdefe.blogspot.com

Aportes al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo

www.ivsinodo.blogspot.com

Libros de Daniel Iglesias Grèzes

http://stores.lulu.com/diglesias

Presentaciones de Daniel Iglesias Grèzes

www.slideshare.net/diglesias

Curso de Introducción a la Teología Moral

www.slideshare.net/feyrazon

 

 

Sitios de colaboradores de Fe y Razón:

 

Toma y Lee. Sagradas Escrituras

www.tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com

El Blog del Buen Amor

www.elblogdelbuenamor.blogspot.com

A ver qué hacemos

www.algotipocomo.blogspot.com

 

 

Otros sitios uruguayos:

 

Veritas de terra orta est

www.verdaddelcielo.blogspot.com

Obra Social Pablo VI

www.osp6.blogspot.com

Defensores del pueblo

www.defpueblo.blogspot.com

Cultura de la Vida

http://es.geocities.com/yazgur1/index.htm

 

 

Otros sitios:

 

Santa Sede

www.vatican.va

Zenit

www.zenit.org

ForumLibertas

www.forumlibertas.com

Noticias Globales

www.noticiasglobales.org

Aceprensa

www.aceprensa.com

 

 

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