Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 34 – Mayo de 2009

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”

(Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

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Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias Grèzes.

 

Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

La alegría de la Pascua

Equipo de Dirección

Documentos

Pautas para el discernimiento político en año electoral

Conferencia Episcopal del Uruguay

Documentos

Tres dones oportunos para nuestra época confundida e inquieta

Cardenal Giacomo Biffi

Espiritualidad

Reiki, ¿compatible con la fe cristiana?

 

Pbro. Miguel Pastorino

Moral Social

Ciudadanos religiosos y seculares en la democracia

Robert Spaemann

Ciencia y Fe

El milagro de los monos literatos (Parte 2)

Daniel Iglesias Grèzes

Iglesia

La renovación de la Iglesia: el buen ejemplo de Toulon

Pablo J. Ginés

Iglesia

Carta abierta a Hans Küng

Vittorio Messori

Historia de la Iglesia

Santa Catalina de Siena (29 de abril)

30 Días en la Iglesia y en el Mundo

Oración

Busco Tu rostro

San Anselmo de Canterbury

 

 

La alegría de la Pascua

 

Equipo de Dirección

 

En este número de la revista “Fe y Razón”, publicamos en primer término el documento en el cual los Obispos uruguayos, en el ejercicio de su función pastoral, indican a los fieles católicos de nuestro país un conjunto de criterios de discernimiento moral de cara a las próximas elecciones. Agradecemos a nuestros Obispos su coraje al plantear estas pautas esclarecedoras.

 

A continuación viene la homilía pronunciada por el Cardenal Giacomo Biffi, como enviado especial del Papa Benedicto XVI, en la celebración del noveno centenario de la muerte de San Anselmo de Canterbury, uno de los mayores teólogos medievales. El Cardenal Biffi extrae de la vida y obra de San Anselmo, monje benedictino, tres mensajes muy oportunos para los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

 

Seguidamente reproducimos la extensa y jugosa entrevista que la Agencia de Noticias Zenit realizó al Pbro. Miguel Pastorino, Director del Departamento de Comunicaciones Sociales de la Arquidiócesis de Montevideo, sobre el Reiki. El Padre Pastorino, quien entre otras cosas es experto en sectas y colaborador de “Fe y Razón”, alertó acerca de la incompatibilidad del Reiki con la fe católica y de la falta de valor científico del Reiki.

 

También reproducimos una estimulante conferencia del gran filósofo católico alemán Robert Spaemann sobre la convivencia pacífica y armónica de los ciudadanos creyentes y no creyentes en el Estado de Derecho moderno y democrático. Spaemann subraya que esa clase de convivencia sólo es posible mediante el respeto de la ley moral natural.

 

Luego ofrecemos la segunda parte del artículo de Daniel Iglesias Grèzes titulado “El milagro de los monos literatos”, donde se expone un argumento estadístico contra el sistema neodarwinista, cuyos defensores –en su gran mayoría- se adhieren a las corrientes de pensamiento naturalista y materialista. En esta época en la cual los sistemas de Karl Marx y Sigmund Freud se han manifestado  claramente –en lo esencial- como “pseudo-ciencias”, y la consolidación de la teoría del Big Bang ha prácticamente acabado con el postulado materialista de la eternidad del mundo, la teoría evolucionista de Charles Darwin se presenta como el principal sustento intelectual aparente del ateísmo que aún queda en pie. De ahí el ardoroso celo –rayano en el fanatismo- con que muchos de sus partidarios defienden al darwinismo de las numerosas y graves críticas a las que está sometido hoy en cuanto teoría científica.

 

El siguiente aporte es un artículo de Pablo Ginés en ForumLibertas sobre la renovación de la Iglesia Católica en una diócesis concreta (Toulon, Francia), donde se está produciendo una pequeña explosión de conversiones y vocaciones, en parte gracias a la apertura del Obispo diocesano al aporte de los nuevos movimientos, asociaciones y comunidades eclesiales.

 

La carta abierta de Vittorio Messori a Hans Küng nos parece una reflexión muy acertada y oportuna, orientada a superar los desenfoques de un sector “progresista” cuyos clamorosos disensos han hecho tanto daño a la Iglesia Católica en el post-concilio.

 

En el siglo XIV, en medio de la crisis de la Iglesia representada por el “cautiverio de Aviñón”, la Divina Providencia se valió de una mujer sencilla, Santa Catalina de Siena, para renovar a su Iglesia. Un fruto particularmente importante de la vida de Santa Catalina fue el convencer al Papa para que regresara a la ciudad de Roma, a la Sede Apostólica. Así Dios preparó a la Iglesia Católica para enfrentar en mejores condiciones los graves desafíos del tiempo subsiguiente (el “cisma de Occidente”). Ofrecemos el resumen de un artículo de la revista “30 Días” sobre la vida de Santa Catalina de Siena.

 

En la sección de oraciones incluimos esta vez una hermosa oración de San Anselmo de Canterbury, tomada de una de sus obras principales, el Proslogion.

 

Para concluir, rogamos a Dios Padre que la alegría de la resurrección de Su Hijo Jesucristo llene y desborde de tal modo nuestras almas, que se contagie de corazón a corazón en la vida cotidiana.

 

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Documento Pastoral de los Obispos para las comunidades cristianas

Pautas para el discernimiento político en año electoral

(Conferencia Episcopal del Uruguay)

 

(Para acceder al documento completo, por favor haga clic sobre el título).

 

Síntesis de los criterios de discernimiento propuestos

 

Siempre con una perspectiva de continuidad y de largo plazo, ya que la decisión electoral se ubica siempre en un “antes-durante-después” de la propia elección:

 

1. El respeto por las personas debe ser siempre un criterio fundamental en nuestro actuar y en nuestro juicio, rechazando la tentación de justificar u obtener eficacia a cualquier precio.

 

2. Juzgar con sentido crítico las políticas concretas por su manera de encarar el problema global de la vida humana en el Uruguay de hoy, atendiendo especialmente a la defensa del derecho de todo ser humano a la vida, desde la concepción, pasando por todas las etapas de su desarrollo, hasta la muerte natural.

 

3. En las decisiones, cuidar no sólo los propios intereses sino principalmente los intereses de los más vulnerables.

 

4. Poner como condición necesaria de nuestro apoyo a las distintas propuestas la defensa de la familia basada en el matrimonio estable de un varón y una mujer y la coherencia de esas propuestas con la consecuente visión de la sexualidad humana y su significado. Reclamar la plena y real libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos.

 

5. Frente a las propuestas económicas, debemos asumir las perspectivas que incluyan una creciente redistribución de la riqueza.

 

6. En los programas, las prácticas y las expresiones de los partidos políticos y de cada uno de nosotros, debemos construir y defender el pluralismo, a la vez que defender y promover los valores básicos e irrenunciables de la persona humana.

 

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Tres dones oportunos para nuestra época confundida e inquieta


Cardenal Giacomo Biffi


Me es querido y preciso manifestar mi reconocimiento al Padre del cielo, quien concede “todo buen regalo y todo don perfecto” (cfr. Sant 1,17), por la alegría que me ha dado de presidir este rito que recuerda y exalta a un hombre de Dios extraordinario y fascinante como san Anselmo, gloria inalienable de esta Iglesia y de esta ciudad de Aosta, en el noveno centenario de su feliz tránsito a la vida eterna. Agradezco a nuestro Papa Benedicto, que me ha reservado el privilegio de representarlo como su enviado especial en esta bella circunstancia.


La espléndida y ardiente aventura humana de Anselmo, además de connotada siempre por una absoluta coherencia interior, se desarrolla en tres tiempos, disímiles  y lejanos entre ellos, a causa de una diversidad de tareas, de atenciones y de responsabilidades.


Al comienzo están los años vividos en ésta su tierra natal, los años de la infancia, de la adolescencia y de la primera juventud. En ellos, él se revela ya como un incansable investigador sobre Dios, deseoso de una existencia rica de sentido y sobrenaturalmente motivada.


El segundo período, que se prolonga durante treinta años, se sitúa en la abadía de Bec, en Normandía, donde es antes que nada un monje ejemplar. Luego, como prior y como abad, tiene forma de manifestar sus dotes de educador y pedagogo original, de sabio maestro en la vida de oración, de formidable razonador, además de indagador inteligente y genial de la verdad revelada.


Por último, en los últimos dieciséis años, convertido en arzobispo de Canterbury y primado de Inglaterra, se revela como un pastor valiente y sabio, enamorado de su Iglesia, a la que defiende de las prepotencias y de la avidez de los reyes normandos Guillermo el Rojo y Enrique I, herederos y dignos hijos de Guillermo el Conquistador.


Toda su peregrinación terrenal ha sido fecunda en enseñanzas admirables y en ejemplos preciosos. Por eso es natural formular hoy el auspicio que este centenario sea una ocasión, para cuantos aspiran a ser verdaderamente “teólogos”, para el multifacético grupo de los hombres de la cultura y para todo el pueblo de los creyentes, de volver a escuchar, con nueva premura, su magisterio y de explorar cuidadosamente los tesoros de verdad y de gracia que él nos ofrece.


Pero nosotros, en el breve espacio de una homilía, debemos limitarnos a considerar solamente tres advertencias con las que san Anselmo nos puede gratificar hoy y que incluyen a cada rasgo de su itinerario eclesial, como si fuesen tres “dones”, singularmente oportunos para nuestra época confundida e inquieta.


***

Desde sus primeros años, Anselmo tuvo una agudísima percepción del mundo invisible, es decir, de esa realidad que vive y palpita más allá de la escena llamativa y bulliciosa de las cosas y de los acontecimientos de aquí abajo: es el mundo donde reina la Trinidad excelsa; es el mundo lleno de grupos de criaturas felices; es el mundo que nos trasciende, pero que también está próximo a nosotros y da sentido y fin a nuestra vida de criaturas mortales.


Él era –advierte su biógrafo Eadmero– “un niño crecido entre los montes” y se imaginaba que las altas cimas nevadas que circundaban su ciudad eran los fundamentos y los pilares que sostenían la casa misteriosa donde el Señor moraba con sus ángeles y con todos los santos. Una noche soñó directamente haber logrado ascender hasta allí y haber llegado a la presencia de la majestad divina.


Ésta es la primera lección que queremos recoger. Cuando en el “Credo” afirmamos que Dios es creador de todas las cosas “visibles e invisibles”, recordamos no sólo la verdad de fe sobre el origen de cada ser por parte de Aquel que es causa de todas las cosas, sino que también expresamos una persuasión, por así decir, preliminar y general: que la realidad total es mucho más vasta de la que aprehendemos con el simple conocimiento natural, basada solamente en experiencias sensibles, en razonamientos inductivos y deductivos y en el cálculo matemático. En consecuencia, hoy san Anselmo nos dice que es indispensable que no ignoremos jamás las auténticas dimensiones de lo existente.


Para quien sabe mantener vivaz y punzante en su conciencia la idea del mundo invisible, se torna natural una actitud habitual de escucha: escucha de la Revelación divina sobre cuanto está más allá del torbellino de sombras, de figuras, de casos fortuitos y de aberraciones en las que estamos inmersos; y más ampliamente, escucha lo que el Espíritu Santo nos dice de varias maneras, pues es Él el actor oculto pero primario de nuestra historia más auténtica.


Cuando en ciertas ocasiones se apodera de nosotros la depresión y el desaliento a causa de lo que sucede bajo el cielo, dentro y fuera de la cristiandad, el remedio más efectivo frente a tal espectáculo decepcionante consiste precisamente en repensar en la efectiva extensión del universo, que comprende justamente el mundo invisible, ese mundo invisible que ya ha vencido al mal y que ya es nuestro; ese mundo invisible que está lleno y exuberante de una energía sobrehumana de la que (inclusive también cuando no nos damos cuenta) la tierra está revestida sin tregua.


***

Una segunda enseñanza para nada despreciable se refiere a la relación entre fe y razón. En nuestros días no son pocos  –y no se cuentan entre los menos seguros de sí mismos y los menos locuaces– los que juzgan que fe y razón son dos formas de conocimiento que son incompatibles entre ellas y totalmente alternativas: quien razona (afirman ellos) no tiene necesidad de creer, y quien cree se aleja por eso mismo del ámbito de la racionalidad. Piensan de este modo, con inconmovible y dogmática convicción.


Anselmo se estremecería frente a esta actitud mental. Para él –y para todo cristiano adecuadamente informado– la fe no sólo no es separable de la razón y no la mortifica, sino que es justamente el ejercicio extremo y más alto de nuestra facultad intelectiva.


Por otra parte, en la cultura moderna, condicionada y dominada por un subjetivismo absoluto, se va afirmando del mismo modo una visión pesimista del conocimiento humano natural. El hombre (así piensan muchos) no está en condiciones de llegar a ninguna verdad que no sea provisoria e intrínsecamente relativa.


Cuando se trata de las cuestiones que cuentan –sobre nuestro origen, sobre el destino último del hombre, sobre alguna persuasiva razón de nuestro existir– hoy las certezas son directamente ridiculizadas e inclusive culpabilizadas. Las preguntas más serias, cuando no son censuradas de entrada por las diversas ideologías dominantes, son permitidas sólo como premisa e impulso para la proliferación de las dudas. Pero así se extingue en el hombre toda necesaria confianza: ¿cómo podemos resignarnos a aprehender nuestra única vida en los puntos de interrogación que no tienen respuesta?


Por el contrario, Anselmo reconoce la dignidad y la eficacia de la razón. Para él –y para todos los discípulos de Jesús– la razón es honorable ya por sí misma, porque es un gran don de Dios. Más aún, ella entra como elemento constitutivo indispensable en el acto de fe, y permanece como elemento constitutivo indispensable de esa “inteligencia de la fe” en la que Anselmo es un reconocido maestro.

 

***

Hay una tercera advertencia que Anselmo dirige a la vida eclesial de nuestros días, en la que nos exhorta a no perder jamás de vista la función primaria e insustituible de la Sede de Pedro.


Durante la larga y áspera lucha para salvar la “libertas Ecclesiae” de las intromisiones arbitrarias del poder político, el primado de Inglaterra estuvo solo. “Tampoco mis obispos sufragáneos –escribe con cierta melancolía– me daban otros consejos que los conformes a la voluntad del rey” (Epístola 210). Por eso busca, y obtiene, el apoyo, el aliento y la defensa del obispo de Roma, a quien recurre confiadamente.


Anselmo sabe que Jesús ha dicho a Pedro y a sus sucesores (y no a otros): “Confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32); sabe que Jesús ha prometido a Pedro y a sus sucesores (y no a los diversos opinantes sobre la “sacra doctrina”, por más doctos y geniales que sean): “Todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos” (Mt 16, 19); sabe que Jesús ha dado la tarea de apacentar toda su grey a Pedro y a sus sucesores (y no a uno u otro agrupamiento eclesiástico o cultural) (cfr. Jn 21, 17).


Él lo sabe, y tampoco nosotros debemos olvidarlo jamás: la Sede Apostólica es siempre el punto normal de referencia y el juicio último incuestionable para todo problema que se refiere a la verdad revelada, a la disciplina eclesial y la orientación pastoral a elegir.


El arzobispo de Canterbury correspondió luego la ayuda recibida por parte del Romano Pontífice con una fidelidad despojada de todo temor, que entre otras cosas le costó en varias ocasiones la incomodidad y la amargura del exilio.


***

Como se puede apreciar, Anselmo de Aosta ocupa un lugar prestigioso y benéfico en la historia de la Iglesia, en la historia de la santidad y en la historia del pensamiento humano. Nosotros damos gracias al Señor que nos lo ha suscitado.


Todavía hoy es una figura y una personalidad verdaderamente actual. De tal forma que nos surge espontáneamente contar con su intercesión ante Dios a favor de estos tiempos nuestros; de estos tiempos nuestros que con frecuencia están obligados a escuchar la voz atrevida de los numerosos profetas de la nada y los discursos de los complacientes defensores de un destino humano sin plausibilidad, sin sentido y sin esperanza.

 

Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1338134?sp=y

 

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Reiki, ¿compatible con la fe cristiana?

Entrevista con el sacerdote y experto Miguel Pastorino

 

MONTEVIDEO, domingo, 19 abril 2009 (ZENIT.org).

 

Recientemente los obispos norteamericanos publicaron un documento sobre la incompatibilidad de la fe cristiana con la práctica del Reiki. Para profundizar en este tema, ZENIT ha realizado una entrevista al sacerdote Miguel Pastorino –quien participó de la Consulta Internacional sobre New Age realizada en la Santa Sede en 2004- dedicada especialmente a las nuevas terapias promovidas por este movimiento.

 

El padre Miguel Pastorino es miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y actualmente es Director del Departamento de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Montevideo (Uruguay).

 

-¿Qué es propiamente el Reiki?

 

-Miguel Pastorino: No es simplemente una terapia, sino una cosmovisión religiosa, con ritos iniciáticos y una espiritualidad panteísta que se amalgama con elementos cristianos, y con no pocos principios esotéricos y gnósticos, según las diversas escuelas o sistemas.

 

El Reiki es definido como “camino espiritual” o “sistema de crecimiento espiritual” por varios de sus maestros. Como un “método natural de curación por medio de la energía universal, cósmica”. “Rei Ki” es un término de origen japonés que se refiere a la “energía vital (ki) universal (rei)” que fluye a través de una persona que ha sido sintonizada en Reiki.

 

Rei” describe el ser universal, impersonal, omnisciente, que otorga vida, como los rayos del sol a los seres vivos. “Ki” es lo que emana del “rei”, es la energía o fuerza vital que pasa a través de todo lo que vive. Usualmente traducen “ReiKi” como: “Energía Universal guiada espiritualmente”.

 

El Reiki afirma que las enfermedades son siempre ocasionadas por un “desequilibrio” en la “energía vital”. Por ello hay que encontrar “la armonía”, “el equilibrio” de la energía existente en los diferentes centros energéticos del cuerpo (chakras), mediante la imposición de manos. Muchos de sus practicantes prometen un gran alivio al que lo recibe, en el plano físico y espiritual, una gran relajación y una plena sensación de paz interior… una nueva vida.

 

Los centros de Reiki otorgan cursos de hasta tres y cuatro niveles. En el primer nivel se abren los cuatro chakras inferiores, que funcionan como canales receptivos de energía (otros autores hablan de “aprender a sintonizar la energía” y no hablan de apertura de chakras), mediante unas ceremonias establecidas y se aprende a usar las manos para la curación; en el segundo grado se dan otros pasos iniciáticos y se dan a conocer los símbolos que caracterizan la terapia Reiki, se pueden hacer curaciones a distancia (tercer símbolo). En el tercer nivel se alcanza la maduración y se llega a la maestría, aunque actualmente hay para ello un cuarto nivel.

 

-¿Qué son los chakras?

 

-Miguel Pastorino: Si bien no todos los sistemas de Reiki utilizan el recurso a los chakras, la new age ha dispersado en distintas terapias alternativas el uso de los mismos y con pretensiones de veracidad científica, que obviamente no tienen.

 

Chakra es una palabra sánscrita de género masculino que significa “rueda, círculo”, es decir, los chakras son vórtices o centros muy activos, como un torbellino de energía cósmica, que existen en el cuerpo humano (7 principales en el hinduismo, 4 según el budismo). Es una creencia de origen hinduista, relacionada con los 7 cuerpos (etéreo, físico, mental, astral, etéreo, sutil, anímico). Son reflejo del cuerpo sutil, se encuentran en el cuerpo físico, y subsisten después de la muerte y contribuyen a la animación del feto en el instante de la reencarnación del alma en otro cuerpo. O sea, son una creencia religiosa.

 

-¿Cuál es el origen de este sistema?

 

-Miguel Pastorino: La curación por el uso de “energía” tiene una antigüedad milenaria en Asia, pero el Reiki surgió a principios del siglo XX con Mikao Usui (1865-1927), decano de una pequeña universidad en Kyoto (Japón), persona noble, virtuosa y admirada. Un maestro con carisma de gurú, quien tuvo visiones místicas y creó este nuevo sistema curativo, que no es sólo una técnica, sino un camino espiritual.

 

Cuentan que subió al monte Kurama de Kyoto y que, en el curso de una meditación, recibió la capacidad de canalizar la energía universal. Usui denominó Reiki al sistema de sanación natural que comenzó a divulgar desde entonces. Funda así en Tokio la “Usui Reiki Rioho Gakkai”, donde estableció ceremonias de iniciación para sus discípulos.

 

En sus inicios el Reiki surge como una secta (Energía Vital Universal), luego es traída a Occidente (no del todo secularizada) como una práctica curativa. Luego en 1980 se instituyó la American International Reiki Association (AIRA), que contribuye a su difusión en los países occidentales. El mismo nombre (Reiki) lo llevan la secta de Usui, y la práctica presentada como “terapia alternativa o complementaria”, de ahí la no poca confusión de muchos.

 

Al igual que tantos otros maestros del Oriente, Usui reedita algunos principios éticos del confucianismo y de otras tradiciones asiáticas. En la actualidad existen diversas y variadas escuelas y sistemas de entrenamiento de Reiki, por las naturales escisiones que tuvo la versión original al llegar a Occidente, razón por la cual es difícil hablar de un único sistema de Reiki.

 

Si bien existen maestros de Reiki que lo enseñan en fidelidad a Mikao Usui, y no tienen intenciones de engañar a nadie, no pueden ignorar los cristianos la incompatibilidad doctrinal de sus doctrinas con la fe cristiana, aunque se presente como una inocua terapia.

 

Es sabido lo difícil que es delinear la frontera entre lo terapéutico y lo espiritual en las disciplinas orientales. Al sostener trabajos sobre la espiritualidad de la persona, se está incluyendo siempre un contenido religioso implícito, aunque no se llame religión.

 

-En rasgos generales, ¿cuáles son los principales elementos de la cosmovisión del Reiki incompatibles con la fe cristiana?

 

-Miguel Pastorino: En primer lugar un dualismo cósmico. De origen taoísta, la teoría de los opuestos (Yin-Yang), viviendo en una constante “guerra espiritual” contra las energías negativas, de las cuales se protegen con símbolos protectores (“escudos”), que son simples amuletos, que promueven una mentalidad mágica y supersticiosa. Y por otra parte, subyace en sus escritos un panteísmo que reduce a Dios a una energía que se puede canalizar si uno se concentra y aprende las técnicas para ello.

 

El sincretismo es tal, que en sus oraciones al “Padre”, lo llaman “Ser universal superior” y al “Espíritu Santo” lo igualan al “Ki” o “Chi”, es decir, a la energía que pasa a través de nosotros y que recibiríamos del universo, con lo cual Dios ya no es persona, sino una energía que podemos “sintonizar”. En algunos casos recurren a un lenguaje pseudo-científico para explicar que a Dios no lo vemos simplemente porque es una energía a otro nivel de frecuencia. Con esto basta para entender que están muy lejos de la fe cristiana y empapados de la New Age.

 

Semejante a algunas antropologías gnósticas, sus manuales nos hablan de una “chispa divina” atrapada en nuestra carne, y el 90% de sus adherentes creen en la reencarnación.

 

Por otra parte, el mismo Jesús es nombrado como un gran maestro sanador que imponía manos, y hasta graciosamente lo proponen como un maestro Reiki muy antiguo. Incluyen una doctrina sobre Jesús que desfigura su identidad como Dios hecho hombre y como único salvador, quedando como un sanador entre tantos. El sentido cristiano de la imposición de manos no tiene nada que ver con el uso que se hace de ese gesto en el Reiki.

 

Con esto bastaría para decir que nadie puede llamarse cristiano y tener una visión así de Dios, del mundo, del ser humano y de la vida después de la muerte.

 

No tengo nada en contra de las terapias de origen japonés, pero advierto siempre a los católicos de la incompatibilidad de esta doctrina, que se presenta como simple “terapia”, con la fe cristiana.

 

-Siendo tan complejo el mundo de las nuevas terapias alternativas, ¿cómo discernir cuando nos alejan de la fe cristiana?

 

-Miguel Pastorino: Es necesario un serio discernimiento frente a la multitud de disciplinas orientales importadas en Occidente, ya que en el caso de que pudieran no ser perjudiciales en sí mismas, es preciso no caer ni en un rechazo a lo diferente por ser desconocido, ni en un concordismo ingenuo por falta de sentido crítico y coherencia en la fe.

 

La mayoría de las disciplinas orientales traídas a Occidente en la segunda mitad del siglo XX (Yoga, Artes Marciales, Meditación Zen, Tai Chi Chuan, Chi Kung, etc.) gozan del testimonio benéfico que han dejado a sus practicantes. Y es que, practicadas dentro de una buena purificación en contenidos y un serio discernimiento, no le es problema a un cristiano practicar cualquiera de ellas, salvo cuando se incluye en el aprendizaje elementos doctrinales y espirituales. Una dificultad en la actualidad es que muchas de ellas están siendo re-encantadas con espiritualidades esotéricas promovidas por la Nueva Era. Hay que discernir caso por caso, y una importante “vacuna” para un buen discernimiento es una profunda experiencia de fe en Jesucristo y una sólida formación cristiana.

 

-Los obispos norteamericanos declaran la invalidez científica del Reiki. ¿Qué opina al respecto?

 

-Miguel Pastorino: Es claro que no tiene validación científica, al igual que muchas otras terapias importadas de Oriente, y mucho menos lo tienen las pseudo-terapias promovidas por la Nueva Era.

 

Creo que se da una situación peligrosa cuando una persona abandona un tratamiento médico por sumergirse en un sinfín de terapias extrañas y sin validación científica. Uno de los problemas ocasionados por algunos maestros del Reiki, es que prometen curarlo todo, y es obvio que no es cierto.

 

El Reiki contradice todos los adelantos científicos en materia médica. Cree encontrar las causas de todo lo malo en desequilibrios energéticos, espirituales y psicosomáticos. En este sentido hay mucho de dogmatismo, falta de seriedad, discernimiento y honestidad en este tipo de afirmaciones.

 

Las llamadas “terapias complementarias”, entre las que hoy se incluye el Reiki, gozan de buena propaganda, pero no todas son igualmente serias y además no siempre son tan “efectivas” como prometen. Es verdad que la medicina tradicional no se ha abierto demasiado a nuevos paradigmas en su campo, pero también es verdad que hoy cualquiera se proclama “terapeuta” y no se sabe ni de qué disciplina, ni dónde se graduó, ni si es veraz lo que dice.

 

Con todos los avances científicos y la presencia de nuevas formas de religiosidad des-institucionalizada se vuelve difícil la delimitación conceptual, y así, la frontera entre la ciencia, lo mágico, lo paranormal y lo religioso parece diluirse en un magma gnóstico. Muchos se confunden por la gran desinformación que hay al respecto de todo este tema.

 

-Usted es uruguayo. ¿Cómo es la situación en su país?

 

-Miguel Pastorino: La moda sociocultural de Nueva Era es el principal distribuidor de Reiki en nuestro país, y la mayoría de sus centros de curación son verdaderos centros de espiritualidad oriental, sincréticos, donde sus practicantes terminan creyendo en la reencarnación, y que forman parte del gran ser universal, impersonal y energético. En lugar de dar fe a la gracia de Dios, dan fe a la energía que todo lo invade y cuya ausencia deteriora los seres. Jesucristo aparece relativizado como un sanador más dentro de la historia de la humanidad al ser igualado a “otros” Budas (iluminados), y se ve alterada su identidad al no ser reconocido como Dios mismo entre nosotros.

 

Al igual que muchas de las disciplinas promovidas por la New Age, el Reiki va acompañado de una serie de manuales y materiales teóricos que van minando el cristianismo con un sincretismo que relativiza las bases de la fe cristiana detrás de una fascinación búdica y hasta esotérica. Por su propia modalidad se presenta como “no religioso”, cuando todos los temas que toca y sobre los que pretende traer una novedad son medularmente religiosos.

 

Muchos cristianos sedientos de paz, de armonía, de seguridad, de sanación interior y física han salido a buscar en Oriente (cuando no en la caricatura consumista que ha hecho la New Age de las milenarias tradiciones orientales), lo que no han encontrado en un Occidente más frío, racionalista, resecado por el secularismo y vacío de espiritualidad. Las iglesias históricas han quedado a veces presas del paradigma moderno y de una teología secularizada, volviéndose incapaces en la práctica de dar respuesta a la sed espiritual de nuestro tiempo. Por otra parte, el mercado religioso está en “la última” novelería para el ansioso consumidor de nuevas experiencias espirituales disfrazadas de “terapias”, llevando así la delantera en la pugna por ofrecer respuestas a las necesidades “espirituales” más urgentes.

 

No puedo tampoco generalizar, porque hay muchos católicos que, ignorando las incompatibilidades doctrinales, se aventuran en caminos espirituales que creen complementarios, y han encontrado allí algo de paz y bienestar espiritual. Esto es cierto, pero no hay que dejar de decir que tarde o temprano por esos caminos se alejan del Evangelio.

 

Esta situación nos interpela en cuanto a nuestra misión evangelizadora. ¿Por qué tienen que ir a buscar a otros pozos de agua lo que en Jesucristo colmaría toda su sed de plenitud?

 

-Algunos incluyen el Reiki dentro de las sectas. ¿Qué opinión le merece?

 

-Miguel Pastorino: No es una secta, pero el tema es complejo. Las personas que lo practican tienen muy buenas intenciones: mejorar su vida y la de los demás, ser canales del “amor” (cósmico y divino), ser instrumentos de “sanación”. Y muchos otorgan sus sesiones gratuitamente porque la bondad no se cobra, lo cual es un signo de la renovación ética y espiritual que se produce en muchos de estos ambientes, lo cual es algo muy positivo.

 

Pero por otra parte, como todo lo vinculado a la New Age, se está convirtiendo en nuevo negocio religioso para muchos. Nos estamos plagando de maestros Reiki que cobran hasta dos mil dólares un nivel superior, cursos carísimos que gozan de buena reputación en centros de Fitness. Si uno mira las propagandas de varios centros en Montevideo, tienen testimonios de lo que el Reiki ha hecho en su vida, su búsqueda espiritual, y el Reiki aparece como la respuesta, hasta venden amuletos con signos que atraen energía… También dicen “es compatible con cualquier religión”, porque todo sincretismo religioso así se presenta; “todo es complementario”, aunque estén frente a lo opuesto. Muchos nuevos movimientos religiosos sincréticos se presentan como “complementarios”, cuando en realidad se pretenden sucedáneos de las religiones tradicionales.

 

Muchos son los que detrás de la fachada de una simple terapia han encontrado un maestro espiritual que los escucha, una comunidad que los acoge, un ambiente de paz y armonía, una nueva religión que, por no ser institucional, dicen que no es religión. En todo caso habría que decir que no es una Iglesia o una secta, pero alcanza con leer los manuales para ver que una cosmovisión como ésta es una propuesta religiosa con doctrina, culto y espiritualidad. Es así como podemos ver en un practicante de Reiki los rasgos psicológicos de un “recién convertido”: el fanatismo, el deslumbramiento y la paranoia persecutoria hacia quienes quieren cuestionar “algunos aspectos” de su nuevo descubrimiento. Cuando uno los escucha hablar, no hablan de cuestiones terapéuticas sino espirituales.

 

No hemos de condenar las buenas intenciones de tanta gente que quiere mejorar su calidad de vida, pero los cristianos podemos caer en la tentación de pedir prestada la espiritualidad o importarla de Asia, por haber secado nuestro propio pozo. No en vano la Santa Sede ha llamado al documento sobre el New Age: “Jesucristo portador del agua viva”, llamándonos frente a la Nueva Era a redescubrir nuestra propia espiritualidad genuinamente cristiana, que no siempre hemos cultivado en profundidad.

 

Además con los grandes problemas en los que estamos sumergidos, en el angustiante y alienante anonimato en que vivimos, muchos pagan a cualquier precio sentirse importantes, sentirse especiales, siendo un maestro energético o un sanador… Ahora todos quieren ser un gurú.

 

-¿Qué desafíos presenta a la Iglesia este tipo de terapias promovidas dentro de los mismos creyentes?

 

-Miguel Pastorino: Muchos de estos problemas dentro de nuestra Iglesia se solucionan con una renovación espiritual, con una conversión verdadera, y hoy es un tiempo propicio para el primer anuncio y para un catecumenado de adultos que inicie realmente a los católicos en la vida de Cristo y en los misterios de nuestra fe. Porque, como afirmaron los Obispos Latinoamericanos en Aparecida, una fe católica reducida a bagaje cultural, a elenco de normas morales y prácticas devocionales, a una práctica ocasional en algunos sacramentos… no resistirá los embates del tiempo. Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la Iglesia en la cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando.

 

La respuesta a muchos de los problemas actuales es tener un verdadero encuentro profundo y existencial con Jesucristo vivo, que cambia las vidas de las personas, y centrar la vida pastoral en la fuente inagotable de la vida cristiana, que es Jesucristo mismo. Es necesaria una verdadera conversión pastoral, que nos haga caer en la cuenta de que no podemos descuidar lo esencial.

 

Tal vez como cristianos hemos hablado poco y casi nada a nuestros hermanos sobre el amor que Dios nos tiene, sobre nuestra realidad de seres únicos e irrepetibles, sobre la gracia, sobre la vida de Dios que se derrama en nosotros, sobre la necesidad de ser sanados de nuestras heridas espirituales, psíquicas y físicas; y tal vez este tipo de cosas nos digan que hemos dejado unos cuantos espacios vacíos que otros vinieron a llenar.

 

Hoy son muchos los que manifiestan su hambre y sed de crecimiento espiritual, especialmente en países de secularización avanzada. Estoy muy feliz de ver cómo en muchos lugares del mundo se está despertando una renovación espiritual dentro de la Iglesia, que sin lugar a dudas es la mejor vacuna para muchos de los desafíos actuales.

 

ZS09041901

Fuente: http://www.zenit.org/article-30862?l=spanish

 

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Ciudadanos religiosos y seculares en la democracia

 

Robert Spaemann

 

El año pasado tuvo lugar en Bruselas una humillación de los ciudadanos cristianos de Europa como nunca antes había sucedido. Y que esta humillación haya sido simplemente asumida y no haya conducido a una crisis purificadora de las instituciones europeas, ilumina con una luz inquietante la situación interna del corpus catholicorum en este continente. Todo sigue con el business as usual. ¿Qué había sucedido? El candidato presentado por Italia para Comisario Europeo de Justicia, el ministro italiano Rocco Buttiglione, fue obligado a renunciar a su candidatura. ¿Cuál fue el motivo?

 

En una audiencia, preguntaron a Buttiglione por sus convicciones personales a propósito de la familia, de la posición de la mujer y de la homosexualidad. Respondió haciendo, en primer lugar, la distinción kantiana entre derecho y moral. No todas las normas morales pueden ni deben convertirse en normas jurídicas. No todo lo que consideramos mandamiento moral puede ser mandado también jurídicamente e impuesto por el Estado. Buttiglione hacía propio el Estado moderno de Derecho y de libertades. No obstante, también para este Estado de Derecho existen obligaciones de tipo pre-estatal. Por ejemplo, el Estado tiene que tener en cuenta el hecho de que, por una parte, los niños necesitan a sus madres y crecen del mejor modo si las madres disponen de una cierta cantidad de tiempo para ellos, y de que, por otra parte, las mujeres tienen hoy más que antes el deseo de una actividad profesional fuera de casa. De modo que es una tarea del Estado preocuparse por la legislación correspondiente a una mejor compatibilidad de las obligaciones profesionales y familiares. Aunque no fuera por otra razón, la catastrófica situación demográfica obligaría a ello.

 

Por lo que se refiere a la homosexualidad, a propósito de la cual se pidió también la opinión personal de Buttiglione, él condenaba la discriminación de personas homosexuales, pero se identificaba en sus convicciones personales con la doctrina del Catecismo de la Iglesia católica, según la cual la tendencia homosexual es un defecto y su ejercicio práctico un pecado. Esta confesión fue el motivo del rechazo de su candidatura. Lo que significa, tanto en alemán como en español, que un católico cuyas convicciones coincidan con la doctrina moral de la Iglesia católica, sólo por ese motivo, no está cualificado para ocupar un puesto de dirección en la Comunidad Europea. Hay que añadir que se trata de la doctrina moral de toda la tradición cristiana, e igualmente de la tradición filosófica de Europa, incluida la época de la Ilustración. Y hay que añadir que, según los criterios aplicados en el caso Buttiglione, los padres fundadores de la nueva Europa tras la segunda guerra mundial no podrían ocupar ningún puesto de dirección en esta Europa. Robert Schuman, Alcide de Gasperi y Konrad Adenauer eran, los tres, católicos ortodoxos.

 

Como se ha dicho, estos acontecimientos no han conducido a una crisis, porque la cristiandad europea está claramente atemorizada. Pero tanta más razón hay, por tanto, para repensar a fondo el status de los ciudadanos religiosos en el moderno Estado de Derecho. Y digo en el moderno Estado de Derecho; no digo en el Estado secular, como se dice habitualmente hoy día. Quien caracteriza al Estado moderno como Estado secular ha tomado ya partido por una posición. Se hizo muy claro recientemente en un artículo del conocido escritor y periodista alemán Jan Philipp Reemtsma, en el periódico Le monde diplomatique. El artículo se titulaba “¿Tenemos que respetar a las religiones?” La respuesta era “No”. Tenemos que tolerar conciudadanos religiosos, lo queramos o no. Pero en un Estado secular son y permanecen unos extranjeros. Con gentes que comparten la doctrina del Papa sobre la relación entre el derecho divino y el humano, sólo hay una tregua.

 

La sociedad secular se siente orgullosa de no reconocer ningún origen divino a la distinción entre malo y bueno; se considera a sí misma como la creadora de esta distinción. Por ello, para los que defienden esta opinión, los cristianos, que no comparten este orgullo, son ciudadanos de un Estado secular sólo en el sentido en que los árabes israelitas son ciudadanos del Estado de Israel. Por la naturaleza misma de las cosas, el orgullo de un Estado judío no puede ser su orgullo, pues el Estado de Israel se define a sí mismo como un Estado judío. Así también, según la concepción de laicistas militantes como Reemtsma, el moderno Estado se define como Estado secular que tiene por presupuesto la no existencia de Dios, o la falta de toda consecuencia de su eventual existencia.

 

Estado secular y de Derecho

 

Merece consideración que Jürgen Habermas, en un artículo reciente sobre ciudadanos religiosos y seculares en un Estado moderno, renuncie explícitamente a definir al Estado moderno como Estado secular. Y precisamente por este motivo exacto: tal definición haría de los ciudadanos religiosos ciudadanos de segunda clase. Pero, ¿no nos encontramos en un dilema? ¿No está condenado al fracaso todo intento de neutralizar la oposición entre fe y no fe, y de ordenar la comunidad humana poniendo entre paréntesis la cuestión de la verdad? ¿Pueden los creyentes renunciar a convertir en legislación lo que consideran mandamientos de Dios, cuando lleguen a ser la mayoría en un Estado? Y al revés, ¿no es comprensible que no creyentes rechacen una legislación cuyos fundamentos no son plausibles para ellos?

 

¿Acaso no puede comprenderse que digan a los creyentes: Nadie os obliga a abortar a vuestros hijos, a divorciaros, a establecer vínculos homosexuales, a visitar peep-shows, a matar a vuestros parientes cuando la vida se les haga incómoda a ellos o ellos sean incómodos para vosotros? Nadie os dificulta que recéis, que vayáis a la Iglesia, que cuidéis gratuitamente a los enfermos de sida. Pero, por favor, permitid que otros hombres piensen de modo diferente que vosotros, y vivan como les guste.

 

La respuesta del Islam a este respecto es clara: el mandamiento de Dios no regula sólo la vida privada, sino también la pública. No permite tolerar una desobediencia pública a estos mandamientos, y menos que se abandone la verdadera fe. Hace varios siglos, la respuesta de la Iglesia era muy semejante a la musulmana; pero hace mucho que ya no lo es. A algunos les parece que la posición actual de la Iglesia es un compromiso inaceptable con el secularismo. La respuesta musulmana parece tener la lógica de su parte. Y, si esto es así, entonces parece plausible que ciudadanos tanto cristianos como seculares vean en la extensión del Islam un peligro para la subsistencia de una sociedad libre, es decir, el peligro de la teocracia.

 

Un reino que no es de este mundo

 

Pero, ¿no quieren una teocracia también los cristianos?; ¿no quieren el reinado –el reino- de Dios en la vida tanto privada como pública? Realmente sí lo quieren. Pero tienen también la frase de Jesús ante Pilatos: «Mi reino no es de este mundo». Y Jesús dice esta frase para aclarar que Él no quiere extender o defender este reino con los medios de los reinados terrenos. Con estos medios sólo se puede obligar a una obediencia exterior, mientras que a Jesús le importa el reinado sobre los corazones, la fe, que no se puede forzar. El libre asentimiento de la fe presupone que es posible también la increencia. La exigencia de la libertad religiosa no es un compromiso de la Iglesia con el mundo liberal, sino una exigencia que proviene del núcleo mismo del cristianismo.

 

Por eso, una teocracia real no es una forma de Estado. Allí donde se comprende el reinado de Dios como una forma política de reinado, resulta consecuente, por ejemplo, que se castigue la blasfemia con la pena de muerte. Es el crimen mayor que existe; sancionarla con una pena menor, sería en sí mismo una blasfemia. En los Estados de libertad no se protege el honor de Dios. El honor de Dios no puede ser protegido políticamente; de hecho, su honor no sufre ningún daño en ningún caso. Lo que tiene pretensión de ser protegido es la convicción religiosa de los ciudadanos. No se puede ofender públicamente aquello que es santo para ellos, sin ofender a los fieles. Y esta ofensa ha de tener una pena, pues es una injusticia contra hombres y contra conciudadanos. Pero no es la injusticia peor, y la pena adecuada no es la pena más severa de que dispone el Estado. El Estado moderno se refiere a la verdad siempre sólo indirectamente, y directamente sólo a las convicciones sobre la verdad.

 

Coexistencia

 

En esto descansa la paz interior. Pues la verdad en cuanto tal es intolerante. Si algo es verdadero, lo contrario no puede ser también verdadero. Y así, Dios, tal como la Biblia lo entiende, también es intolerante: «No tendrás otro Dios fuera de mí». Pero las convicciones sobre la verdad pueden coexistir unas con otras. Sus contenidos pueden excluirse, pero, por contra, su existencia como convicción es mutuamente compatible. Se trata de una distinción que ya hacía san Agustín, cuando escribía que ha de odiarse el error, pero amar al que yerra; y cuando hablaba de la paz, que es común a creyentes y no creyentes (Pax illis et nobis communis).

 

De todos modos, con ello no se resuelve sin más el problema de una comunidad ciudadana hecha de creyentes y no creyentes; y menos aún en el caso de un Estado democrático. En el Nuevo Testamento se amonesta a los cristianos a ser súbditos leales, incluso en regímenes injustos. Durante trescientos años se dejaron perseguir y matar por los emperadores romanos, y siguieron rezando por el emperador. Y esto lo practican hasta hoy.

 

Recuerdo una pequeña historia de la antigua República Democrática Alemana. Yo había ido de visita en otoño. En aquel año, había una buena cosecha de manzanas. Los bajos precios de mercado habían conducido a que muchos dueños de un par de manzanos dejasen pudrirse la fruta en los árboles. Por eso, el Estado compró manzanas a un precio aceptable, para venderlas luego en los comercios estatales por debajo del precio de coste. En todos los hoteles había cestas con manzanas que se podían coger gratuitamente. ¿Cuál fue la consecuencia de este procedimiento antieconómico? Que la gente vendía sus manzanas al Estado y luego las compraba en los negocios estatales a mitad de precio, para volvérselas a vender a los negocios estatales al precio oficial. Un párroco me comentó que los cristianos fueron los únicos que no participaron en este juego, sino que se daban por contentos con la ganancia de una sola operación, ya que toda esta operación antieconómica del Gobierno estaba destinada claramente a servir al bien común. En estas ocasiones, los funcionarios comunistas sabían con toda precisión que los únicos con los que podían contar en casos semejantes eran los cristianos. Pero estos mismos cristianos seguían ahí cuando ya no quedaba ningún comunista en el poder. En la antigua Roma, los trescientos años de persecución terminaron con que el emperador se hizo cristiano.

 

En la democracia, las cosas se plantean de otra manera, aunque no totalmente. También aquí los cristianos son obedientes, mientras no se les pida algo que contradiga los mandamientos de Dios. Pero, en la democracia, los creyentes, como los no creyentes, no son sólo súbditos, sino también ciudadanos, y como ciudadanos, parte del sujeto de la soberanía. No sólo están sometidos a las leyes, sino que son corresponsables de las leyes. No se pueden contentar con no hacer nada injusto, pues son corresponsables de la injusticia que permita el legislador, ya que son parte del legislador, y, en una democracia, deben incluso esforzarse por ser la parte mayor posible.

 

Tomás Moro fue Canciller de un rey preconstitucional. Como Canciller, no podía sostener la política del rey, separar a la Iglesia inglesa de la romana. Como persona privada podía callarse. Por eso dejó su cargo estatal y volvió a ser un hombre privado. En su boca no se encontró ninguna palabra crítica. Testigos falsos tuvieron que poner en sus labios palabras críticas, para que el rey le cortara la cabeza. Tampoco los cristianos de los primeros siglos proclamaban públicamente su fe si no se les exigía. Simplemente, como Rocco Buttiglione, rechazaron renegar públicamente de su fe. En la democracia, ningún ciudadano puede abandonar su responsabilidad, como en cambio lo pudo hacer Tomás Moro. Ya que puede hablar, hay situaciones en las que tiene que hablar. Pues somos responsables de las consecuencias de la falta de ejercicio de un derecho. Pero es propio de la democracia también que sean diferentes, o incluso opuestas, las opiniones sobre qué es lo mejor para el bien común. En todo caso, la soberanía popular es un mito. Un soberano tiene que saber lo que quiere. Pero no existe el pueblo, que sabe lo que quiere, sino que hay unos que quieren una cosa y otros que quieren otra. La mayoría decide, pero no porque tenga razón, sino porque es el único procedimiento indiferente a la cuestión de quién tiene razón, una pregunta que lleva consigo potencialmente el riesgo de la guerra civil. Para evitarla, Thomas Hobbes había escrito: «Non veritas sed auctoritas facit legem» (“No la verdad, sino la autoridad, determina lo que es ley”).

 

Límites a la mayoría

 

Pero la autoridad en la democracia está en la mayoría. De todos modos, tras las experiencias de las dictaduras erigidas democráticamente, las democracias occidentales aprendieron a reconocer derechos fundamentales, cuya vigencia no proviene de una decisión mayoritaria, sino que, al revés, limita la voluntad de la mayoría. ¿En qué descansan estos derechos fundamentales? Son claramente derecho pre-positivo. En la constitución de mi país, estos derechos fundamentales no pueden ser cambiados por ninguna mayoría parlamentaria. Por el contrario, será inválida toda ley que, según el juicio del Tribunal Constitucional, no concuerde con estos derechos fundamentales. Por desgracia, la praxis no responde siempre a esta exigencia, aunque ésta, en principio, esté generalmente reconocida. Así, por ejemplo, el legislador alemán ignora desde hace años determinaciones concretas del Tribunal Constitucional concernientes al aborto.

 

En opinión de los defensores liberales de una sociedad secular, los derechos fundamentales, como todo derecho, provienen de la voluntad asociada de hombres. Si tal fuera el caso, estos derechos tendrían que poder ser abolidos. Y si ello está excluido por la Constitución, estaríamos ante una dictadura de los muertos, que codificaron estos derechos, sobre los vivos. Pero si estos derechos le corresponden al hombre independientemente de su voluntad, entonces tienen que ser de origen divino. Quien no cree en Dios, tendrá que considerarlos una ficción, quizá una ficción útil; o incluso necesaria. En todo caso, no se opondrá en modo alguno a una referencia a Dios en la Constitución de su país y de Europa. Si lo hace, cabe la sospecha de que quiera anclar menos sólidamente los derechos humanos. El ordenamiento jurídico ha de hacerse etsi Deus non daretur (como si Dios no existiese), exigían los filósofos europeos del Derecho en el siglo XVII. Lo que sea oportuno para el bien común, y lo que no, tiene que poder mostrarse con la pura razón. Esta frase, sin embargo, se encuentra ya en Tomás de Aquino, que escribe: «Dios no le ha mandado al hombre nada que no sea bueno y beneficioso para el hombre por la naturaleza misma de las cosas».

 

Pero, por otra parte, está vigente lo contrario de la frase etsi Deus non daretur. Pues si el contenido de las normas morales, así como el de los derechos fundamentales, se sigue de la naturaleza de los hombres y puede ser aprehendido por la razón –«en el silencio de las pasiones», como decía Diderot–, hay un vacío por lo que respecta a la vigencia de estas normas. Para el hombre, como persona, no está vigente una especie de autoridad de la naturaleza. Y tampoco existe ninguna autoridad natural de alguna mayoría de otros hombres sobre él, de la que no pueda emanciparse. Si deseamos que los hombres sigan su intuición moral, y si queremos que algo así como los derechos humanos tengan vigencia independientemente de la voluntad de la sociedad, entonces tenemos que comportarnos en relación a ellos etsi Deus daretur (como si Dios existiese), como le decía recientemente al Papa la periodista italiana Oriana Fallaci, que se profesa atea.

 

Tras todas estas consideraciones, el problema de la convivencia política de creyentes y no creyentes parece resuelto. La razón nos enseña qué ordenamiento de las cosas humanas es bueno para el hombre. La fe en Dios nos da motivos para suponer, tras este entendimiento de las cosas, la voluntad de una autoridad incondicionada. El contenido de los derechos naturales nos es dado etsi Deus non daretur; la fuerza vinculante de esta percepción presupone el etsi Deus daretur.

 

Ciudadano religioso y secular

 

Pero en realidad las cosas no son tan armónicas. La construcción ideal típica no refleja perfectamente nuestra realidad. En primer lugar, hay que precisar el concepto de creyente, el concepto de ciudadano religioso en contraposición con el secular. Pues hay diferencia si hablamos de musulmanes o de cristianos. Y es diferente si hablamos de creyentes en la Revelación o de hombres que creen en la existencia de Dios, pero no en la revelación de su voluntad a través de un libro o a través de otros hombres. Normalmente, esta última categoría es ya bastante insignificante en el ámbito político, mientras que en la época de la Ilustración jugaba un gran papel. La mayoría de los llamados ilustrados en Europa no eran ni ateos ni agnósticos. Estaban de acuerdo con la idea cristiana de que existe un conocimiento puramente racional de Dios, y de que Dios, como escribe el apóstol Pablo, inscribió sus mandamientos en el corazón de los paganos, también sin Sinaí y sin Evangelio. La Revolución Francesa, en la época del poder jacobino, castigaba el ateísmo con la pena de muerte.

 

Los laicistas de hoy día, es decir, los ciudadanos seculares de hoy, ya no creen en una religión natural y en un conocimiento natural de Dios. La Ilustración, surgida en el seno de la Iglesia, había combatido, en nombre de la razón, a la fe cristiana en la Revelación. La diosa razón fue entronizada en el altar de Notre Dame en París. Hoy es la Iglesia quien defiende a la razón contra los auto-proclamados herederos de la Ilustración. Fuera del cristianismo, la duda en la capacidad de la razón para conocer la realidad se ha convertido en la visión del mundo dominante. E igualmente la duda en la capacidad de la razón práctica para reconocer normas morales. Escepticismo y relativismo cultural son los paradigmas dominantes.

 

Friedrich Nietzche había diagnosticado esta evolución hace ya un siglo. Su tesis era: la razón ha destruido la fe en Dios. Pero con ello ha destruido sus propios fundamentos, la fe en algo así como la verdad y en la posibilidad de su conocimiento. Si Dios no existe, entonces sólo hay perspectivas subjetivas, pero ninguna cosa en sí. Con ello se termina la Ilustración. Hoy son los cristianos quienes sostienen la capacidad de la razón humana para alcanzar verdades universales, una posibilidad que ya negaba David Hume, cuando escribía: «We never do one step beyond ourselves» (“Nunca damos un paso más allá de nosotros mismos”).

 

Fe y confianza

 

La fe en una revelación divina presupone una confianza elemental en la razón humana, una confianza que, sin embargo, como Nietzsche observó correctamente, implícitamente ya es una fe. Una fe que significa que Dios es la verdad, que la verdad es divina.

 

En esto se funda la posibilidad de comprenderse con no cristianos en cuestiones referentes al ordenamiento humano de la vida. Los cristianos quieren una referencia a Dios en la Constitución de su país, porque sólo así se expresa que a los hombres no está permitido todo lo que puedan hacer, en el caso en que quieran darse a sí mismos, por vía de mayorías, un ius ad omnia, un derecho a cualquier cosa. Desean el reconocimiento de normas éticas como si Dios existiese, ya que no el de la existencia de Dios. Y esto significa simplemente el reconocimiento de una ley moral natural. Sólo con el fundamento de este reconocimiento es posible una pax illis et nobis communis, una convivencia pacífica de cristianos y no cristianos en un país.

 

Un reconocimiento semejante significa el sometimiento de deseos, intereses y preferencias individuales bajo un criterio común. Sólo con base en un criterio semejante es posible un discurso público en el que verdaderamente esté supuesto el bien común, y en el que los argumentos no sirvan sólo al enmascaramiento de intereses. Los intereses chocarían entre sí, y se impondrían aquellos que fueran representados con mayor energía, aun cuando objetivamente no pudieran pretender tener el rango más elevado. Pero si el rango no es ordenado objetivamente, todo discurso racional es sólo una velada lucha por el poder, como afirma por ejemplo Michel Foucault. Entonces, sin embargo, se pone en cuestión una base esencial de la democracia, pues la democracia vive de la fe en la posibilidad de un entendimiento racional. Sin la idea de un derecho según la naturaleza, que agradecemos a los griegos, no hay ninguna base común entre creyentes y no creyentes. Pero quienes mantienen hoy esta idea son los cristianos católicos. A la táctica de sus oponentes pertenece caracterizar esta idea de una ley moral natural como una idea cristiana y, por tanto, considerarla inaceptable para los no cristianos. Pero esto es injustificado. Todo el que argumenta sobre cuestiones de justicia e injusticia presupone silenciosamente esta idea. A quien denuncie que un vecino le impide dormir, porque toca la trompeta entre las dos y las cuatro de la noche, el tribunal le hará justicia, aunque el trompetista explique que para él es algo existencialmente necesario y que sólo tiene tiempo por la noche. El interés en un mínimo de sueño tiene objetivamente la prioridad. Y también evidentemente el interés de un hombre ya engendrado de poder vivir toda una vida tiene la prioridad sobre el interés eventual de otro hombre –de su madre– de poder autodeterminarse sin cortapisas durante los nueve meses de embarazo. Después el niño puede ser dado en adopción.

 

Todo el que juzgue sin prejuicios –pues la razón habla, como decía Diderot, «en el silencio de las pasiones»– concordará en esta preferencia. Sólo quien niegue por principio que existe una estructura objetiva de preferencia de intereses, aceptará que el interés evidentemente superior sea sacrificado al otro por una regulación liberal del aborto. O tomemos la cuestión de la manipulación genética de la naturaleza humana, que rechazó hace poco Habermas con argumentos claramente de derecho natural. Construir hombres según el proyecto de otros hombres choca con la igualdad fundamental de los hombres. Además, el hombre tiene derecho a conocer a sus progenitores.

 

Homosexualidad

 

Otro ejemplo: la homosexualidad. Que un hombre, como también un animal, no responda a la fuerza de atracción sexual del otro sexo es claramente un defecto biológico (como aparece también en el resto de la naturaleza), un fallo de la naturaleza, como escribía Aristóteles. Pues la supervivencia del género humano descansa en esta fuerza de atracción. Si un hombre que sufre este defecto e inclina sus tendencias sexuales al propio sexo, sigue o no esta tendencia, es una cuestión moral que no debe interesar al legislador estatal. El Estado no tiene nada que buscar en los dormitorios, excepto en caso de violación o de corrupción de menores. Pero el Estado sí tiene un legítimo interés en que esta tendencia no se extienda, por la propaganda o por una pedagogía correspondiente, más allá de los que ya tienen esta disposición. Ante todo, contradice completamente a la razón institucionalizar de alguna manera uniones de este género y acercarlas a lo que es el matrimonio.

 

El interés público en la institución de la unión permanente de dos personas de diferente sexo está relacionado, naturalmente, con que de esta unión pueden provenir niños, y normalmente vienen. Si no, también podrían casarse los hermanos. Y no se encuentra realmente motivo alguno por el que la comunidad de vida, por ejemplo, de un párroco y su hermana, que cuida la casa, no pueda ser una institución jurídicamente privilegiada, como también una comunidad de tres personas, o un matrimonio entre tres, una pequeña comunidad de vida religiosa o la convivencia de un pequeño círculo de amigos del mismo sexo. Que la comunidad de vida privilegiada públicamente tenga que ser sexual, que no pueda establecerse entre parientes, etc., que existan todas estas restricciones, se basa en una imitación del matrimonio que no puede fundamentarse ya con ningún argumento racional. Que alguien se vaya a la cama con otra persona, sólo es de interés público en relación con los eventuales niños que pueden provenir de este género de unión.

 

Completamente absurdo es ya que se otorgue a parejas semejantes el derecho a la adopción de niños. Esto esconde un individualismo craso, según el cual los niños existen para satisfacción de los padres. La única pregunta legítima -¿qué es lo mejor para los niños?- pasa a segundo plano. Nada justifica aceptar que para estos niños, que ya tienen el difícil destino de no poder crecer con los propios padres naturales, sea indiferente si pueden experimentar el ser hombres desde el inicio en la forma dual y polar de los dos sexos, es decir, en la forma plena, o han de hacerlo en la forma reducida de una comunidad homosexual. Que sea una suerte adquirir un carácter homosexual creciendo en una comunidad homosexual, no querrá decirlo nadie en serio. Tras esta exigencia hay un ataque de principio contra algo que pertenece esencialmente a la vida, a la normalidad. Y además una normalidad no arbitraria, sino caracterizada por la naturaleza específica de una especie.

 

Emancipación de la naturaleza

 

La defensa de una emancipación radical, no de la naturaleza humana, sino con respecto a la naturaleza humana, está caracterizada por un alto grado de irracionalismo. Para los discípulos de Nietzsche y de Foucault, la razón misma es sólo un medio de poder para imponer deseos individuales, no una instancia para examinar estos deseos según un criterio universal de lo aceptable para todos. Deseos sado-masoquistas tienen el mismo valor que el deseo de curar una enfermedad. Una manifestación en la que se exponían escenas sadistas asquerosas fue saludada oficialmente por el alcalde de Berlín. Lo importante es que el sádico lo haga con un masoquista, que está de acuerdo en ser tratado como basura.

 

Tras haber iniciado este camino, parece que ya no es posible detenerse. En la pequeña ciudad de Fulda, en la que está enterrado san Bonifacio, el apóstol de los alemanes, pasó lo siguiente el año pasado. Un hombre joven buscó por Internet a alguien que estuviese dispuesto a dejarse matar y comer por él. Y de hecho apareció uno, un ingeniero. Los dos se encontraron y se pusieron de acuerdo en el procedimiento. A la víctima voluntaria se le cortaron, en primer lugar, los testículos, los asaron y se los comieron juntos. Luego el joven mató al ingeniero de varias cuchilladas, asó partes del cadáver y se las comió, congelando otras partes. Casi no es posible pensar una lesión más extrema de la humanidad. El joven fue juzgado y condenado por homicidio, no por asesinato, a una pena limitada de cárcel. El hecho de que la víctima estuviese de acuerdo sirvió de atenuante en el juicio. Absolver a este hombre hubiera sido consecuente con el punto de vista del liberalismo individualista, según el principio volenti non fit iniuria (a quien está de acuerdo no se le hace injusticia). El estremecimiento que a todos recorre la espina dorsal, muestra para el liberal sólo que no hemos progresado todavía suficientemente en el camino de la emancipación con respecto a la naturaleza humana, y en el de la arbitrariedad de nuestras preferencias. Menciono sólo otros dos ejemplos de este abandono del fundamento común de humanidad que existe en todas las naciones civilizadas, al que, por ejemplo, los chinos llaman Tao y que entre nosotros se llama derecho natural.

 

El primero es la eutanasia, que, tras ser tabú a causa de la praxis nacional-socialista, es aconsejada de nuevo hoy como un progreso. No puedo profundizar aquí en el tema y menciono sólo dos argumentos contra esta praxis –para aquellos para los cuales el mandamiento “No matarás” no significa nada–. Si es un derecho de un enfermo o de un hombre muy anciano el pedir a otro hombre que lo mate, entonces, tras un determinado tiempo, este derecho se convierte en un deber moral. Quien tiene un derecho, tiene la responsabilidad de hacer o no hacer uso de ese derecho. El enfermo, que tiene el derecho de pedir que lo maten, tiene desde ese momento la completa responsabilidad de todos los costes y fatigas que sus parientes y la sociedad habrán de sufragar para cuidarlo. De ahí se sigue la increíble presión moral de liberar a otros del propio peso, y la exigencia silenciosa de seguir la indicación: “ahí está la salida”.

 

Justificaciones de la muerte

 

El segundo argumento es el siguiente: Los defensores de la eutanasia conservan para sí el derecho de juzgar si el deseo de morir está justificado o no. Están dispuestos a matar a depresivos, pero no a gente con males de amor. Juzgan cuándo una vida es digna de ser vivida y cuándo no. Pero, en tal caso, también podrían apropiarse el derecho de matar a hombres que no son capaces de expresar el propio acuerdo. Y esto sucede ya masivamente en Holanda, donde la cifra de los muertos sin consentimiento propio y sin castigo penal alcanza millares, y donde la gente mayor atraviesa la frontera y se va a residencias de ancianos alemanas, porque ya no se sienten seguros en las holandesas. Pero estos argumentos presuponen que al hombre no le está permitido hacer lo que quiera, sólo porque la sociedad se lo permita. Presuponen algo así como una ley moral natural.

 

Un terreno común semejante, un terreno de evidencias comunes, es en primer lugar el terreno de una cultura con costumbres morales comunes. No nos engañemos: la democracia presupone una cierta medida de homogeneidad cultural. Pero estas costumbres tienen que enraizarse a su vez en una homogeneidad fundamental de todos los hombres, una homogeneidad de la naturaleza humana y de lo que los griegos llamaban justo según naturaleza. Una cooperación política pacífica entre cristianos y no creyentes sólo es posible sobre esta base. Para los cristianos, la naturaleza humana y la razón práctica que descansa en ella son la revelación de la lex aeterna, de la voluntad eterna de Dios. Pero los cristianos creen, como decía san Pablo, que esta ley está escrita también en el corazón de los paganos. Sin embargo, san Pablo tenía ante los ojos a paganos para los cuales la pietas, la veneración, la piedad, era la más importante de las virtudes. Ejemplo de un ilustrado radical, que ha superado toda piedad como superstición, es el Marqués de Sade, cuyo orgullo era no horrorizarse de nada en sus orgías. Horkheimer y Adorno tenían a Sade ante los ojos cuando escribieron que, al final, el único argumento contra el asesinato es religioso. De hecho, añadiría yo, todo argumento en cuestiones morales es religioso. Pues presupone la disponibilidad de, al menos, escuchar argumentos y someter el propio comportamiento a un mandamiento de la razón práctica. Y esta disponibilidad ya es religiosa, porque si Dios no existe, está vigente lo que escribía Dostojewski: «Todo está permitido». «Todo nos está permitido» era, por lo demás, también frase de Lenin.

 

Creyentes y no creyentes se diferencian en que los no creyentes tienen una fundamentación débil para aquello para lo que los creyentes tienen una fundamentación fuerte. Pero, como Habermas escribe de nuevo en su último libro, los hombres irreligiosos que resisten a la objetivización científico-técnica del hombre, tendrían que estar contentos si los creyentes tienen para esta misma resistencia fundamentos más fuertes que los no creyentes o los agnósticos.

 

Falta de fundamentos fuertes

 

Los fundamentos débiles de una vida como si Dios no existiese (etsi Deus non daretur) no penetran normalmente hasta la plena realidad, hasta el ser, hasta la existencia del hombre. Se quedan en situaciones experimentadas subjetivamente por el hombre. Para ellos, como por ejemplo para Richard Rorty, nada es más importante que el placer y el dolor. Por tanto, ser persona coincide para ellos con la autoconciencia experimentable, el valor de la vida con las situaciones agradables experimentables, y la ofensa de la dignidad humana con la provocación experimentable de dolor, etc. Ahora bien, es posible mostrar con argumentos que esta limitación a lo subjetivamente experimentable no puede ser fundada a partir de la experiencia. Al contrario, los hombres, cuando piensan espontáneamente, piensan de otro modo. Pueden afirmar mil veces teóricamente que el embrión no es aún un hombre, pero dicen sin problema alguno que ellos, personas que están diciendo “Yo”, fueron engendrados y estuvieron en el cuerpo de su madre.

 

Y hay que haberse alejado ya mucho del Tao humano para, con ucer Singer, negar el derecho a la vida de un bebé de un año, porque no tiene todavía auto-conciencia. Estos argumentos se salen fuera de la experiencia de la vida, de la experiencia de hombres normales. Y tampoco el argumento contra la eutanasia, que acabo de presentar, parte del mandamiento “No matarás”, sino del empeoramiento de la calidad de vida a través de la legalización del matar a petición. Quien dispone de una fundamentación fuerte, naturalmente puede usar también la débil, que es la base común de cristianos y no creyentes, la base de una realidad estatal en la que participan ambos, de una paz, de una pax nobis et illis communis, que es más que una tregua pasajera.

 

(Conferencia del Prof. Robert Spaemann, Catedrático Emérito de la Universidad de Munich, en el VII Congreso Católicos y Vida Pública – Madrid, 18, 19 y 20 de noviembre de 2005).

 

Fuente: http://www.noticiasglobales.org/articuloDetalle.asp?Id=868

 

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El milagro de los monos literatos (Parte 2)

 

Daniel Iglesias Grézes

 

Este artículo es una continuación de: Daniel Iglesias Grézes, Un argumento contra el neodarwinismo. El milagro de los monos literatos.

 

Para comenzar, recordemos la primera frase de la gran novela de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”

 

Esta frase consta de 177 caracteres, contando los espacios en blanco. Considerando únicamente las 27 letras simples del idioma español, más el espacio en blanco, el punto y la coma (y sin considerar, por ejemplo, los tildes), tenemos un conjunto de 30 caracteres.

 

El número de textos distintos que es posible formar combinando al azar 177 de esos caracteres es 30177. Dado que log 30 = 1,477 (aproximadamente), 30177 = 101,477 x 177 = 10261 (aproximadamente).

 

Podemos hacernos una idea de la enormidad de este número si tomamos en cuenta que la cantidad total estimada de partículas subatómicas (protones, neutrones y electrones) del Universo es del orden de 1080. Véase por ejemplo: http://www.portalplanetasedna.com.ar/cien03.htm

 

Esto significa que la probabilidad de que un mono dotado de una máquina de escribir tipee al primer intento la frase citada es muchísimo menor que la de que alguien, eligiendo al azar una de entre todas las partículas subatómicas del Universo, acierte a dar con una determinada arbitrariamente (la versión cósmica de “encontrar una aguja en un pajar”).

 

Más aún. Imaginemos, por puro afán especulativo, que existiese un mega-universo (o “universo de segundo orden”) formado por tantos “universos de primer orden” (semejantes al nuestro) como partículas subatómicas hay en nuestro universo. Dentro de ese imaginario mega-universo, nuestro universo sería relativamente tan pequeño como lo es un protón dentro del universo conocido. Pues bien, la cantidad total de partículas subatómicas en ese mega-universo sería del orden de 1080 x 1080, es decir 10160. Este número enormísimo es todavía mucho menor a la cantidad de textos posibles con 177 caracteres. Por lo tanto, aunque extendiéramos la “lotería cósmica” al nivel de ese imaginario macro-universo, la probabilidad de escoger la partícula subatómica correcta sería aún mucho mayor que la probabilidad de acierto de nuestro pobre “mono literato”.

 

Y si, dejando volar aún más nuestra imaginación, supusiéramos la existencia de un “universo de tercer orden”, formado por 1080 “universos de segundo orden”, la cantidad total de partículas subatómicas sería 10240, todavía muy inferior a la cantidad de permutaciones posibles de la primera frase de “Don Quijote de la Mancha”.

 

Ésa es la poderosísima razón que hace que cualquier ser humano, al ver un texto como el citado, adquiera en forma intuitiva e inmediata una certeza total de que dicho texto es el producto de un agente inteligente, no de ningún proceso puramente aleatorio, como el del “mono literato”. Por lo mismo, y con mayor razón aún (si cabe hablar así en este caso), esa certeza inconmovible es válida también ante el texto completo de “Don Quijote de la Mancha”, novela compuesta de miles de frases, de las cuales la citada es sólo la primera.

 

Pasemos ahora del ámbito de la información literaria al de la información biológica. Ésta está contenida fundamentalmente en las moléculas de ADN (Ácido Desoxirribo-Nucleico). El ADN almacena información –las instrucciones para ensamblar proteínas, que constituyen el principal componente de las células- bajo la forma de un código digital de cuatro caracteres: A, G, C y T, que corresponden respectivamente a la adenina, la guanina, la citosina y la timina, cuatro sustancias llamadas apropiadamente “bases” (cf. Lee Strobel, The Case for a Creator, Zondervan, Grand Rapids, Michigan, 2004, C. 9 – The Evidence of Biological Information: The Challenge of DNA and the Origin of Life).

   

El genoma de un virus puede estar compuesto, por ejemplo, por unas 20.000 bases. La cantidad total de permutaciones posibles de 20.000 bases es 420.000.  Dado que log 4 = 0,60206 (aproximadamente), resulta que 420.000 = 100,60206x20.000 = 1012.041 (aproximadamente). Este número es tan enorme que la probabilidad de que esta información biológica (tan genial como la información contenida en una obra maestra literaria) sea únicamente producto del azar (por ejemplo, de mutaciones genéticas aleatorias) es tan abismalmente baja que debe ser despreciada.

 

Si, finalmente, consideramos que el genoma humano está compuesto por unos tres mil millones de bases, por lo cual la cantidad total de permutaciones posibles es 43.000.000.000 = 101.806.180.000 (aprox.), podemos tomar conciencia de que la credulidad requerida para aceptar que el azar es la única causa del origen del genoma humano, como quiere el neodarwinismo, es realmente abismal, inconcebiblemente mayor que la requerida para creer en el “milagro de los monos literatos”.

 

La reflexión acerca de estos datos de la ciencia contemporánea es la razón fundamental que ha impulsado a Antony Flew, el filósofo ateo más famoso del mundo, a cambiar de idea y anunciar que ahora cree en la existencia de Dios, el Creador del mundo, de la vida y de la información genética contenida en los seres vivientes.

 

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La renovación de la Iglesia: el buen ejemplo de Toulon

Aquí hay adoración, evangelización en la calle, folletos, música, jóvenes y vocaciones

 

Pablo J. Ginés

 

Lo decía el ex-superior general de los Misioneros Claretianos, Aquilino Bocos, hace unos días, en un encuentro con 700 religiosos de numerosas órdenes, la mayoría de edad avanzada: “hace falta una juventud que nos espabile; con los años crece el hastío, el egoísmo, la resistencia a lo novedoso, y baja la necesaria vitalidad”.

 

Esa juventud que hace espabilar es la que vi en la diócesis francesa de Toulon en el reciente congreso “Comunión y Evangelización” (www.communionevangelisation.fr) del 17 al 19 de abril. Sin estar especialmente dedicado a jóvenes, el encuentro, celebrado en la villa costera y turística de Hyeres, tenía los 30 ó 35 años como edad media de los asistentes. Docenas de monjes y monjas de diversas órdenes nuevas, casi todos menores de 30 años, participaban en el encuentro con sus hábitos blancos, pardos, azules

 

El convocante y organizador es el obispo local, Dominique Rey, formado en la Comunidad del Emmanuel (web en España: http://www.emmanuelesp.webs.com), una de las grandes comunidades carismáticas de Francia. Nombrado obispo en el 2000, Rey ha llenado la diócesis de nuevas comunidades evangelizadoras: las trae de otras partes de Francia, muchas de Brasil, algunas de Italia y de Suiza. En la web de la diócesis dan una lista de 27 comunidades nuevas, que ya detallábamos en este artículo.

 

La web no está actualizada”, se me disculpa el obispo Rey. “También tenemos grupos de Comunión y Liberación, de Focolares y de neocatecumenales. Del movimiento de Schoenstatt y Sant’Egidio no, pero me encantaría tener a todas las comunidades del mundo. Yo recojo todas las que puedo. No tengo un criterio de exclusión. Con todas intento que desarrollen un enfoque misionero y de renovar la estructura tradicional de la Iglesia, en parroquias, capellanías, colegios…

 

No sólo se trae comunidades del extranjero: también crea nuevas fraternidades. En la Parroquia de San Luis (una joya románica del siglo XIII, alta y maciza, de planta basilical), hay carteles de la “Comunidad de San Lázaro”: “enviados por el obispo de Toulon, acompañamos la oración en el último adiós, damos contacto fraterno con las familias del difunto, estamos en parroquias, cementerios, crematorios, tanatorios, etc…”

 

San Lázaro es un movimiento de espiritualidad en el momento del duelo y de acompañamiento en la muerte, algo desatendidísimo en un Occidente que esconde a sus muertos para que no afeen nuestra cultura narcisista y placentera. “Creamos San Lázaro hace cuatro años y hace un servicio muy bueno”, me dice el obispo Rey.

 

Dominique Rey ha tenido tanto éxito en movilizar vocaciones de jóvenes que casi se queda sin juventud para su diócesis. Me lo cuenta Axelle Brugerolles, una chica de 26 años que hace, más o menos, de encargada de prensa y sabe bastante español.

 

“Venían tantas órdenes y fraternidades de jóvenes de Brasil, o de Italia, o de movimientos franceses, que los jóvenes de la diócesis se apuntaban a ellas y hacían votos de consagración. Pero luego sus superiores los enviaban a crear nuevas comunidades misioneras en otras partes de Francia, o a Tierra Santa, o al Tercer Mundo. Eso está bien, pero el obispo Rey vio que él también necesita jóvenes consagrados a evangelizar Toulon, así que hace unos cinco años creó la Fraternidad de Nuestra Señora de la Misión, donde estoy yo, muchos de los organizadores del congreso, los responsables de la música…”

 

Los responsables de música son muy, muy buenos. Canciones polifónicas en latín en las partes invariables de la misa, canciones pentecostales del grupo australiano Hillsong (las que cantan los carismáticos del mundo entero, pero en francés), algunas canciones carismáticas francesas (un poco sosas para el gusto español o latinoamericano), alguna cosa de Taizé y, ya que es Pascua, de canto de salida el “Resucitó” de Kiko Argüello en español y con toques de guitarra que intentan ser “españoles”. (Me consta que esta canción ha circulado mucho en Francia y que los movimientos franceses lo han exportado incluso a Rusia, porque me lo encontré hace años –en español- en un cancionero carismático ruso donde todas las demás canciones estaban en ruso o francés).

 

Axelle me admite que en Nuestra Señora de la Misión son jóvenes carismáticos y que en sus encuentros de oración alaban en lenguas, “pero en este congreso no lo hacemos, porque vienen muchas órdenes y gente que no es carismática, y estamos para servir al encuentro”. Lo que sí que hay es mucha música de alabanza antes de la adoración eucarística, palmadas (donde destacan las decenas de brasileños con distintos hábitos monacales) y libertad de movimientos con el cuerpo al son de la música.


A la entrada de San Luis, una serie de bonitos folletos de bolsillo (www.Croire.com), como el titulado: “¿Puedo rezar con el cuerpo? Allí hablan del sentido de arrodillarse, del “rezar con los pies” (peregrinaciones), con la respiración, el canto, la señal de la cruz, alzar las manos…

 

Otros folletos, siempre pensando en alejados de la fe:

-         ¿Quién es Jesús?: la muerte y su Resurrección, un kerygma básico…

-         ¿Y si me voy a confesar?: fotos de jóvenes confesándose, el perdón, el secreto sacramental…

-         Las oraciones del cristiano: foto de chica en oración, textos del Padrenuestro, Avemaría, Señal de la Cruz, Yo confieso, Magníficat, Credo de los apóstoles, Concédeles Señor el descanso eterno, Cántico de Zacarías y Ven Espíritu Creador.

-         ¿Y si inscribo a los niños en catequesis?: “para forjar una interioridad, abordar las cuestiones existenciales, caminar con otros creyentes, formar toda la persona…”

-         Esperar un niño: fotos de embarazadas con barriga, oraciones, consejos y contactos para embarazos de crisis…

 

Dominique Rey tiene consejos para cualquier obispo que quiera renovar su diócesis: “el Señor quiere tocar primero el corazón del pastor obispo, darle una nueva visión misionera y una gran conversión personal para pasar de un enfoque de gestión y mantenimiento a un cristianismo de engendramiento, de crecimiento. La clave está en insistir en el kerygma, el primer anuncio cristiano. Primero va el kerygma o anuncio, luego la didaché o catequesis, después la vida sacramental y litúrgica y por fin entrar en la vida de servicio o diaconía. Ése es el orden eficaz hoy”, nos explica. 

 

Para ello, para ser evangelizadores, Rey asegura que un punto esencial es la Eucaristía, especialmente la adoración de la Eucaristía: 

 

“Decía Juan Pablo II que la nueva evangelización requiere nuevo ardor, nuevos métodos y un nuevo lenguaje. Supone radicalidad para elegir darse a Cristo. La adoración eucarística alimenta esta radicalidad. Consiste en responder a Dios. Él se da en la Eucaristía, yo le respondo dándole a Dios mi vida. Vale la pena darse. Ese “darse” de la eucaristía es lo que destacamos. La eucaristía robustece la fe, alimenta el don de fe. Es la objetividad de la presencia de Dios entre nosotros, aunque no sientas nada. Esto pone a prueba tus sentimientos. Se parece a esa gente que está horas en la playa, exponiéndose al sol. En la adoración nos exponemos al Amor de Dios, y Él actúa si le damos ese tiempo de disponibilidad.”

 

Como el congreso trata de Eucaristía aplicada a la Nueva Evangelización, salen al escenario varios fundadores de nuevos movimientos y comunidades a explicar el lugar de la Adoración en sus grupos. No están los líderes de los grandes movimientos franceses (el matrimonio Cattá de Emmanuel, el matrimonio Pingault de Pan de Vida, representantes de la Fraternidad Monástica de Jerusalén…) sino más bien iniciativas pequeñas, aún en sus primeros años. 

 

Habla, por ejemplo, Nicolas Buttet, suizo, fundador de la Fraternidad Eucharistein (www.eucharistein.org). Era jurista, diputado por su cantón en Suiza, y luego colaborador en el Pontificio Consejo Justicia y Paz. Pero en 1992 decidió retirarse a una cabaña en la montaña helvética a hacer vida de ermitaño y pobreza franciscana. La gente empezó a llegar a su cabaña: gente con problemas de drogas, alcohol, familias rotas… y se quedaba con él. Nicolas nos miraba y sonreía, sin juzgarnos”, dice en un video una mujer salida del alcoholismo. 

 

Cuando abrimos una nueva casa para vivir en comunidad –ya tenemos cuatro- la primera habitación es siempre la capilla para el Santísimo”, explica Nicolas. “Es un milagro que gente tan distinta y con un pasado lleno de problemas podamos vivir juntos, es posible sólo por la Eucaristía y la adoración perpetua. Recuerdo un chico que llegó; quería suicidarse, un hombre muy violento, incontrolable… pero en la capilla se tranquilizaba. Hoy está acabando su tesis de filosofía, su vida cambió al hacer adoración en comunidad cada día”, explica el ex-diputado, hoy sacerdote (más datos sobre él en español AQUÍ).

 

Habla también Martinne Ferné, una mujer de unos 50 años, sacada de las calles por la Fraternité Saint-Laurent, una asociación creada por el obispo Rey para ayudar a los sin techo, con una fuerte base de oración y Eucaristía, que colabora con la Caritas local:

 

“Yo estaba en la calle, en la miseria; vinieron unas personas y me dijeron ‘Jesús te ama’. Y yo pensaba: ‘¿Ah, sí? Pues que lo manifieste’. Mi hijo había muerto y yo estaba enfadada con Dios. Empecé a ir con ellos a algunas cosas y en una eucaristía un cura me dijo: ‘Éste es el Cuerpo de Cristo, el Hijo de Dios, que murió pero resucitó’. Entendí que el Hijo de Dios, como el mío, murió, pero resucitó. Y yo cambié, y así soy testimonio de que Él ha resucitado. Los pobres son la riqueza de la Iglesia, como decía San Lorenzo, tienen derecho al encuentro con Cristo, y les ofrecemos lugares donde puedan sentirse acogidos”.

 

En representación de “Misión MIR” habla el Hermano Joel, un hombre grande, de barbas y melenas largas y grises, con ropas tejanas y una cruz al cuello. Se trata de una casa en el campo a la que llevan personas muy hundidas por la vida en la calle, el alcohol, la soledad… “Les ayudamos a volver a una vida normal mediante el trabajo en el campo, con sus manos, en las viñas, carpintería, ayudando a construir la casa. Es una granja con animales, porque cuidar animales les ayuda como terapia, les anima a cuidarse ellos también. Tenemos una capilla en construcción, dedicada a San Francisco y la Virgen. Les animo a participar en la Eucaristía en comunidad.”

 

Con el Hermano Joel está Jean, un hombre sacado de las calles, donde pasó 9 años: hermanos, no llaméis mendigos a la gente de la calle; llamadles hermanos, id a verlos, invitadlos, porque cambiarán”.

 

Habló también Martial Codou, diácono permanente de la diócesis de Toulon, fundador del “Monasterio Invisible de Juan Pablo II”. El Papa polaco afirmó en varias ocasiones que la oración de los enfermos, los impedidos, los más pequeños, formaba una especie de “monasterio invisible” en los hospitales y asilos, que subía hacia Dios y era especialmente eficaz, por ejemplo, para suscitar vocaciones.

 

Durante una adoración eucarística, Martial Codou tuvo la sensación de que el Mal en el mundo no conseguía vencer al Bien y a la Iglesia, pese a su tremendo poder, porque dos tipos de personas apoyaban con una oración fuerte al Bien: “los más pequeños” y “los que sufren”. De ahí vino la idea de convertir ancianos y enfermos en apóstoles mediante la oración.No sufras por nada: sufre por Cristo”, es su lema. “La vida del enfermo es una misa viva, su habitación de hospital es un Gólgota, y el Espíritu Santo es quien enciende el fuego”, asegura Codou, que, con otros miembros del movimiento, lleva los sacramentos a los impedidos y organiza misas en habitaciones de enfermos inmovilizados, animándoles a orar.

 

También se presentaron los Misioneros del Santísimo Sacramento (más datos aquí, en español) oficialmente fundados por el obispo Dominique Rey en 2007 para fomentar la adoración perpetua en las parroquias… no sólo en las de Toulon, sino en todo el mundo. Aunque tiene clero y laicos consagrados, su mayor facilidad de crecimiento es, simplemente, asesorar y animar a parroquias del mundo entero para que se organicen con Adoración Eucarística, 24 horas diarias y 7 días a la semana. A veces incluso restauran capillas para que esto sea posible.

 

Un periodista francés, miembro de la asociación, explicó que “Jesús nació en un pesebre y yo no le puedo dar justicia pero al menos, en la Adoración, le doy consuelo, le conforto.” Explicó también que estuvo recientemente en Haití donde unas monjas atienden todo el día un mar de miseria, “algo que sólo es soportable porque dedican dos horas al día a hacer adoración, se llenan del amor de Dios y luego lo reparten”.

 

Un seminarista llamado Clement presentó el movimiento de origen francés “Puntos Corazón”, (web argentina en http://arg.puntoscorazon.org/), que entre laicos consagrados, sacerdotes y monjas son unas cien personas con presencia en las zonas pobres de varios países. Tienen una casa en Hyeres (bastante humilde) y varias hermanas de origen argentino acompañaron a los congresistas llegados de España.

 

La actual superiora mundial de las Hermanas, Maria Belén, me confesó que tiene 35 años, es de Chajarí (del norte de Argentina), y conoció “Puntos Corazón” en 1994, cuando unas chicas francesas lo presentaron en su parroquia. “Me gustó todo”, dice Maria Belén, que es una traductora bastante buena. Casi todas sus hermanas son más jóvenes que ella. Tiene a su cargo 28 hermanas repartidas en varios países. Y las voluntarias, chicas que dedican al menos un año a compartir la vida con ellas, a tiempo completo, en países o barrios de misión.

 

Los “puntos corazón” propiamente dicho son unas casitas con capilla y sagrario en barrios pobres y a veces peligrosos, donde los religiosos viven (por lo general un par de hermanas o curas con un par de voluntarios/as). Allí rezan y acogen a niños pobres que pasan para jugar, charlar, merendar, pedir ayuda con los deberes…

 

La hermana francesa Marie-Madeleine Lorin estuvo cinco años en El Salvador, en una zona rural, preparando para la primera comunión a grupos de 300 niños. “Los niños no sabían ni leer, y yo llegaba de Europa pensando en dar fotocopias, fichas, lecturas… claro, nada de eso”, me explicó. Madeleine añora su época de misiones con niños.

 

La hermana Liliana, argentina, residente en Hyeres, me comenta en otro momento su admiración por el obispo Dominique. “Es muy valiente y tiene muchas ganas de evangelizar y nunca se está quieto”, cuenta. “Pero este país está muy descristianizado, y hay muchos obispos franceses que no tienen ganas de mover un dedo, sin ganas de hacer nada para evangelizar, y miran mal a nuestro obispo, como si fuese un bicho raro”.

 

Puntos Corazón es un movimiento joven, renovador y renovado, pero no es carismático. “No me sale lo de dar palmadas”, me dice Madeleine pese a sus 5 años en El Salvador. Es un ejemplo de que el obispo Rey ha sabido reunir a gente diversa de estilos diversos, siempre que fuese evangelizadora.

 

Ayudándome con las traducciones (y prestándome su almohada) está Inma Cendrós i Solé, de Montblanc (Tarragona), consagrada en la comunidad del Emmanuel. Vive en comunidad con otras tres hermanas en Toulon y lleva en Francia desde 1997. Trabaja de enfermera y está volcada en apoyar su parroquia. La Comunidad de Emmanuel le gustó por su combinación de adoración y acción para evangelizar y porque actúan juntos todos los estados de vida: casados, consagrados, sacerdotes…

 

Ai, quina gràcia, quants catalans han vingut, tu. De Reus, de Vic, de Barcelona”, comenta Inma muy contenta. El obispo Rey le ha pedido que acompañe a Romà Casanova, obispo de Vic, el único prelado español en el congreso, que se defiende bien en francés, pero que con ayuda de Inma va más suelto. Casanova de vez en cuando deja caer expresiones locales propias de su origen tortosino, que a Inma le parecen divertidas y aún más a Maite, que aunque viene de Reus es nativa de Deltebre. “Es que al obispo Casanova yo lo conocí de párroco en Deltebre y me divierte verlo de obispo, diciendo expresiones de pueblo muy graciosas que sólo usamos los de allí”, me dice Maite.


Axelle organiza una improvisada rueda de prensa con unas sillas debajo de unos árboles. Hay prensa católica francesa y algo de prensa local. Con el obispo Rey y el obispo de Vic, están el cardenal Panafieu, emérito de Marsella, el arzobispo Cattenoz de Avignon y el joven y reciente obispo Brouwet, de Nanterre.

 

Preguntamos al obispo Dominique Rey por el polémico acercamiento del Papa a los lefebvrianos, su invitación a que vuelvan a la comunión plena con la Iglesia, que ha molestado a algunos obispos franceses. Los lefebvrianos (y otros tradicionalistas) han sido siempre duros con todo lo “nuevo” y aún más con todo lo “carismático”.

 

“Hemos de aceptar las particularidades y la diversidad dentro de la Iglesia”, responde Rey. “Hay que aceptar a las nuevas comunidades, y también a los tradicionalistas, y superar los malentendidos. Yo me sumo a la solicitud pastoral del Papa por la unidad de la Iglesia”.

 

La prensa pregunta al obispo de Vic por su presencia en Hyeres.

 

Francia va por delante de España en muchas cosas, en lo bueno y en lo malo”, responde Casanova. “Tenemos un laicismo acelerado en España, pero aún el 70 por ciento de familias piden la clase de religión en la escuela y la fe tiene raíces fuertes que hay que trabajar, como lo es la Eucaristía, que es el tema de este congreso”.

 

En otra ocasión el obispo Casanova me comenta que él sigue abierto a traer comunidades y sacerdotes del extranjero a su diócesis. Está echando una mirada a la gran diversidad de Toulon.

 

- ¿Después de las quejas y protestas que le montaron por traer a los misioneros del Verbo Encarnado de Argentina aún sigue pensando en traer más extranjeros?

- Sí, claro, ¿por qué no? Últimamente hemos recibido un sacerdote polaco, algunos sudamericanos…

- ¿Para atender emigrantes?

- No, no, para atender a la gente de la diócesis en general. Los emigrantes de mi diócesis están bastante dispersos, y se integran en la parroquia que tengan a mano.

- ¿Qué le ha llamado la atención de estos días en Hyeres, de esta diócesis?

- Bueno, una liturgia bonita, muy cuidada, muchas ganas de evangelizar, mucha diversidad, y la importancia de la Eucaristía, que a veces allí no valoramos lo suficiente…

 

Los otros asistentes españoles comentan al obispo Rey y al prelado de Vic su deseo de hacer un encuentro similar en España. Onofre e Icíar son un matrimonio, dirigentes de la comunidad de alianza “Señorío de Jesús” de Vitoria (www.sdjvitoria.org), integrada con otras 70 comunidades de todo el mundo en una plataforma internacional llamada “Espada del Espíritu” (www.swordofthespirit.net/index.html). Piensan que en España hay comunidades y realidades eclesiales nuevas, renovadoras y bastante poco conocidas y que tendría sentido algún encuentro similar al de Hyeres, siempre con un enfoque evangelizador. Han publicado su crónica del congreso francés en: http://www.aquilaypriscila.org/ComunionyEvangelizacion.dsp.

 

Dominique Rey concluye uno de los actos resumiendo su visión de lo que es una diócesis viva, que sale a la calle, que consigue vocaciones y conversiones:

 

La vida de la Iglesia pasa por los sacramentos, y también por los dones que Dios da, sus carismas. Hemos de integrar ambas cosas. Hemos de aprovechar esa juventud, esa fuerza para revitalizar toda la Iglesia, y que sea cada vez más bella”.

 

Fuente: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=13626&id_seccion=10

  

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Carta abierta a Hans Küng

Vittorio Messori

Querido padre Küng:

Usted es sacerdote, se acerca a los setenta años de edad, entró en el seminario cuando era niño, lo conoce todo y a todos en el mundo clerical. Así pues, también usted habrá oído esas historias divertidas que circulan en el milieu, y de las que usted es protagonista. Una, por ejemplo, es la de los cardenales reunidos en cónclave que –al no encontrar entre ellos a nadie bastante “progresista” y, por tanto, capaz de guiar la barca de Pedro hacia “el sol del porvenir”- le envían un emisario a Tubinga para saber si está dispuesto a subir al solio pontificio. Y usted responde: “¿Yo Papa? ¡Es una provocación vaticana! Si fuera Papa, dejaría de ser infalible, lo que ahora, como teólogo de vanguardia, soy y quiero seguir siendo…”

Una historia divertida y –ha de admitirlo- que lleva en sí una verdad. Leyendo sus cosas –por lo menos desde hace quince años siempre iguales, pero con un índice de agresividad que a veces se convierte en insulto-, uno tiene realmente la impresión de que usted quiere atribuirse ese carisma de infalibilidad que niega a aquel y a aquellos a los que Cristo ha garantizado la asistencia del Espíritu.

Ahora, usted, con sus Tesis sobre el futuro del papado, llega a desear –constato con tristeza- la rápida intervención de la muerte que, al llevarse a Juan Pablo II, libera a la barca de la Iglesia de un “capitán” que está por echarla a pique. Al periodista de Il Corriere della Sera, que le pregunta si desea que el papa dimita, vista su insistencia en un cambio de cúpula en la Iglesia, responde con decisión que no. En efecto, explica que, aunque dimita, pero siga con vida, “este papa [cito textualmente] haría de todo para apoyar un sucesor en el espíritu del wojtylismo y del Opus Dei. Es preciso, por tanto, garantizar que los cardenales puedan elegir un sucesor sin sufrir manipulaciones, guiados únicamente por el Espíritu Santo”.

Un Karol Wojtyla vivo sería, pues, “un manipulador”, un obstáculo intolerable a la acción del Paráclito: así, que se muera y lo antes posible. Raus! Naturalmente, mi esperanza –y la de todos los que, sea como fuere su fe o su incredulidad, no están cegados por el furor theologorum-, nuestra esperanza, decía, es que hayamos comprendido mal, que usted no quería decir esto, que no quería llegar tan lejos.

Lo espero como hombre y como hermano en la fe. En efecto, a pesar de los insultos que he recibido de usted en la prensa internacional (primero por mi libro-entrevista con el cardenal Joseph Ratzinger, luego por el otro con el papa Juan Pablo II y por la traducción alemana de otros escritos míos), a pesar de las palabras ofensivas que me ha dedicado, he escrito varias veces que, a pesar de todo, tengo por usted un sentimiento de simpatía. En el sentido etimológico del término: “padecer con”.

Küng no corre el riesgo de ser “vomitado” por ser “tibio”, “ni frío ni caliente”, por citar el tercer capítulo del Apocalipsis. Se puede –mejor dicho, creo que se debe, y con firmeza- disentir de la terapia suicida que usted propone para el catolicismo en particular y para el cristianismo en general. Estoy convencido de que, si precisamente se sigue el rumbo que usted propone, la barca de Pedro se rompería contra los escollos o quedaría desierta, abandonada por los últimos ocupantes. Y, sin embargo, a pesar del tono cada vez más desagradable e intolerante que usa usted, nunca le he negado la buena fe, la lealtad de las intenciones: en usted hay pasión, no “tibieza”. Sucede a menudo (así, por lo menos, nos parece a muchos como yo, a los que usted ha insultado) que quien habla demasiado de “diálogo” cree que está libre de practicarlo. Hay en sus invectivas un diagnóstico equivocado, pero está también el tormento por la causa de la fe en el mundo de hoy.

Pero justamente éste, padre Küng, me parece que es el punto decisivo: ¿está usted tan seguro de que este mundo está habitado por personas que esperan de la Iglesia lo que usted imagina? Quien, como el que le escribe (permítame una alusión personal en esta carta que quiere ser personal), viene de lejos, y se ha formado –o deformado- no en cerrados ambientes clericales sino en esa cultura ilustrada que tanto le fascina, a duras penas frena una reacción irónica al leer estas “tesis” suyas, presentadas como nuevas y que en cambio se han repetido cien veces.

Profesor, ¿le ha asaltado alguna vez la duda de que se yerra el tiro al buscarle un lugar al cristianismo –a toda costa, incluso con el peligro de deformarlo- en las categorías “modernas” que le obsesionan, pero que muestran su anacronismo con mil señales? Usted es un apologista; y lo digo con solidaridad, aunque para usted este apelativo forma parte de esa categoría “políticamente incorrecta” que le aterroriza. Pero, para quien conoce cómo ver el mundo de verdad, esta apologética suya parece más adecuada al pasado en el que usted se formó, a los años sesenta conciliares, que levantaron su fama y que marcaron el ápice y al mismo tiempo el comienzo del declive de la modernidad.

Hemos entrado en una tierra desconocida que, a falta de términos mejores, llamamos “posmoderna”. El hombre de hoy –ese al que usted se dirige- está cansado y muere de lo que usted quiere proponerle otra vez: desacralización, desmitificación, profanidad, racionalismo, libertinaje, ilustración, socialización, democratización. Busca a tientas –le escandaliza por supuesto, pero no la tome con quien no hace más que describir- Sagrado, Símbolo, Misterio, Tradición, Disciplina, Religión, Autoridad, Milagro, Mística, Gregoriano, Prodigio, Ángeles, Videntes. Y así hasta la saciedad.

El mítico “hombre de hoy” sobre el que usted fantasea (y que, si alguna vez existió, pertenece a una modernidad muerta) no asiste a los debates –sobre todo si los animan teólogos “ilustrados”- y corre a donde se esparcen voces de apariciones: se niega a leer documentos, aunque sean sofisticados, de las infinitas comisiones y grupos de trabajo clericales, y escuchan con avidez cuando se les habla de Sábana Santa, Lourdes, Fátima o Medjugorje, de prodigios, de ángeles buenos y malos, incluido el demonio; abandona las parroquias, reducidas a centros “democráticos” de comités y asambleas, con elecciones y organigramas, y llaman a la puerta de carismáticos, gurús, sectas e iglesiuchas donde hallar lo “sagrado” y la “religión”, y no sociologías o ideologismos; respeta, tal vez, aunque los abandona a sus asuntos, a sacerdotes y religiosas disfrazados de “gente como las demás”, de las que hay gran abundancia, y ansiosamente va a buscar a hombres y mujeres “diferentes”, “de Dios”. Al padre Pío, para entendernos y por citar a uno que nada sabía de “planes pastorales” ni de “nuevos planteamientos kerigmáticos” y que de las lecciones del profesor Küng poco o nada habría entendido; pero, que, justamente por esto, atrajo en su vida a más almas que todas las facultades teológicas juntas en su historia pasada y futura.

Participaba una vez en una fastuosa conferencia de prensa organizada por el grupo de sus editores para presentar su enésimo libro donde –como de costumbre y con su acostumbrada impetuosidad virulenta- pedía para la Iglesia católica lo mismo que sigue pidiendo con estas últimas “tesis” suyas. Sacerdotes casados; mujeres sacerdote; divorciados admitidos en nuevos matrimonios; homosexuales venerados, métodos anticonceptivos libres, aborto aceptado, párrocos, obispos y papas elegidos por todos; cismáticos y herejes puestos como modelos; ateos, agnósticos y paganos acogidos no sólo como hermanos en humanidad sino como maestros de vida y pensamiento de los que aprender todo… En resumen, el acostumbrado rosario de lo “teológicamente correcto”. Los mandamientos del nuevo conservador, las “valerosas reformas” del conformista occidental medio.

Perdóneme, pero a duras penas contenía los bostezos. A mi lado le escuchaba con atención un pastor protestante que, al final, tomó la palabra: “Es muy hermoso y edificante, profesor Küng. Tiene usted razón, éstas son las reformas que el catolicismo debería poner en práctica. Pero, dígame: ¿por qué nosotros, los protestantes, tenemos todo lo que usted pide, y desde hace mucho tiempo, y sin embargo, nuestros templos están menos llenos que sus iglesias?”

No sólo usted no respondió a la pregunta, que desde el cielo de las teorías “pastorales”, óptimas para los semestres académicos, bajaba a la brutal realidad de los hechos, estos maleducados que no quieren entrar nunca en nuestros esquemas, sino que veo en su artículo de Il Corriere della Sera que sigue impávido: así, el pecado imperdonable de este papa sería sobre todo el “no haber introducido en la Iglesia católica las instancias de la Reforma y de la modernidad”.

En cuanto a la “modernidad”, ya hemos hecho alusión a algunas cosas. Respecto a la Reforma, ¿es posible que uno como usted, que vive entre Suiza y Alemania, que conoce ese norte de Europa, que se pasó (a menudo por la violencia de los príncipes) al verbo de Lutero, Calvino y Zwinglio, es posible, decía, que no constate el verdadero estado de las Iglesias que antaño estuvieron tan vivas? ¿Es posible que sus viajes por el mundo no le hayan mostrado que el único protestantismo que hoy parece tener futuro es ese protestantismo “enloquecido”, agresivo, intolerante hacia todo ecumenismo, representado por miles de sectas y de iglesiuchas?

¿Se pueden proponer hoy para la Iglesia romana –casi como si fueran novedades taumatúrgicas- reformas que la que a sí misma se llama “Reforma” descubrió y adoptó hace cinco siglos y cuyos resultados están a la vista de todos los que sepan leer sin los anteojos de la abstracción? Por poner sólo un ejemplo, este año más de once mil anglicanos de Gran Bretaña han pedido entrar en la Iglesia católica. Dentro de algunos días, el arzobispo de Londres ordenará sacerdotes católicos a muchas decenas de pastores anglicanos. Son hermanos (y hermanas) cuya conversión ha sido provocada por la decisión de la jerarquía anglicana de ordenar a las mujeres. Una decisión que no les ha atraído ningún católico (¡ni ninguna católica!), mientras que se ha provocado un éxodo importante hacia el catolicismo. Profesor Küng, por lo menos en este caso, ¿no son los hechos exactamente lo contrario de lo que afirman sus teorías?

¿Qué me dice, por ejemplo, de esa Holanda que antes del Concilio era quizá el país del mundo con la más ferviente vida católica, que inmediatamente después del Concilio se convirtió en la esperanza y La Meca del progresismo clerical, que llevó a cabo lo que era posible realizar de las reformas que usted invoca, cubriendo de desprecio “la arcaica teología romana”, y que en breve tiempo fue reducida a un desierto donde las iglesias que no caen en ruinas las transforman en supermercados, porno-shops o hamburgueserías? Padre Küng, ¿no le ha revelado nunca nadie que si el más católico de los continentes, el latinoamericano, se está pasando rápida y masivamente a las sectas “enloquecidas” que citaba antes o regresa a los cultos afroamericanos es porque busca en esto lo que ya no le da cierto clero católico, que (formado a menudo en la escuela de sus facultades alemanas) dice que “ha elegido a los pobres”, mientras que los pobres no lo han elegido a él?

Tal vez usted contraponga otros hechos a los míos. Los examinaré con atención: el único carisma que me atribuyo es el de la falibilidad; creo, sin embargo, que no me equivoco al recordar que –“remontando”, como decía, el viejo 68, que sólo sigue vivo en la Iglesia, como usted nos testimonia- lo que le divide a usted de los que insulta es, a fin y al cabo, la concepción misma de Iglesia. La cual no es un club donde los socios pueden cambiar a su gusto el estatuto para “adaptarlo a los tiempos”; no es un círculo de lectores del mismo viejo Libro, donde cada uno defiende su interpretación; no es ni siquiera una asamblea donde el “en mi opinión” de cada uno tiene el mismo valor que el de los demás. Este papa al que (repito: espero que su pensamiento haya sido malentendido) usted parece desear una muerte liberadora, no es un amo, sino un siervo y administrador de una Escritura y una Tradición que no son suyas, al igual que no lo son de ningún hombre. Me detengo inmediatamente porque me sentiría algo ridículo si fuera más allá de la simple alusión al problema con quien, como usted, conoce mucho mejor que yo no sólo la eclesiología católica, sino también la comparada.

Y, precisamente porque la conoce –y tan bien-, permítame decirle que en la Iglesia institucional, de los hombres de Iglesia, veo todos los límites, todos los defectos (que son también los míos: como todo bautizado, ¿acaso no soy yo también “la Iglesia”?); que conozco y apruebo la vieja sentencia sobre la Ecclesia semper reformanda; que estoy tan lejos de todo tipo de triunfalismo que soy sospechoso para muchos que sospechan también de usted.

Y, sin embargo, tal vez precisamente porque no he nacido en esta vieja Iglesia, en ella he hallado –experimentando su vida concreta- un lugar de humanidad, libertad, sabiduría y esperanza que en vano había buscado en otras partes. También –y sobre todo- en esa “modernidad” que le obsesiona y que usted quisiera imponernos y cuya salida buscan los hombres a tientas para no morir asfixiados.

Sepa perdonarme, profesor Küng, respeto sus “nuevos paradigmas” que he meditado en tantos libros suyos, pero –por lo que me atañe- se los dejo con gusto. Si a la fuerza debo equivocarme, más que en su compañía, prefiero hacerlo en compañía de esos muchos para los cuales ese papa “polaco” –como lo llama- no es una carga sino un don; no es un amo contra el que rebelarse sino un padre; no es el presidente de un club sino el sucesor de Pedro en la dirección de una Iglesia que, por la fe, no es sólo ni en primer lugar “el Vaticano” sino que es el Cuerpo mismo de Cristo.

¿Periodista de corte? ¿Diletante y autodidacta de la teología? ¿Laico abusivo entre los clérigos “conocedores”? Quizá también esta vez me lo gritará desde sus periódicos. En cualquier caso, aquí tiene un hermano que, aunque alérgico a toda retórica, le confirma su estima y se siente solidario –malgré tout- con su, si bien trastrocada, pasión apologética y misionera en un mundo que no soporta a quienes como nosotros son sospechosos de “tomarse demasiado en serio” la causa del Evangelio.

(Vittorio Messori, Los desafíos del católico, Editorial Planeta Testimonio, Madrid, 2001. pp. 154 a 163).

Fuente: http://www.mercaba.org/ARTICULOS/carta_abierta_a_hans_kung.htm

 

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Santa Catalina de Siena (29 de abril)

 

En el siglo XIV la Iglesia vivió una gran crisis. Un hecho simboliza esa crisis: desde 1304 la cristiandad no veía al Papa en la cátedra de San Pedro, en Roma. A partir de Clemente V, el Papa se estableció en Aviñón, donde estaba políticamente sometido al rey de Francia. Para enfrentar esa profunda crisis, la Providencia eligió a una joven analfabeta, Catalina.

 

En 1348 la epidemia de peste negra devastó Toscana. La ciudad de Siena perdió la mitad de sus habitantes. En ese año terrible nació en la familia Benincasa (tintoreros de Fontebranda) la hija número 24: Catalina.

 

La historia de Catalina muestra tangiblemente la acción del Espíritu Santo, capaz de tocar el corazón de cada uno y regenerar la vida cristiana.

 

Catalina nunca fue a la escuela. Le costó ser admitida en la Tercera Orden dominica, compuesta de seglares, pues era demasiado joven (16 años) y muy bella. Su madre, con gran tenacidad, intentó hasta último momento que Catalina se casara.

 

La fe de Catalina fue una fe sencilla, centrada en el “dulce Jesús”, la oración, el ayuno y la caridad vivida entre los enfermos, los leprosos y los presos. En torno a Catalina se reunió un grupo de persona (en su mayoría jóvenes) que la seguían a todas partes. Le llamaban “la hermosa cuadrilla”.

 

El 30 de diciembre de 1370 subió al trono pontificio el Papa Gregorio XI, quien no fue santo ni muy docto. Coaccionado por el rey de Francia y por el Colegio Cardenalicio (francés en su mayor parte), el Papa se encontraba atemorizado. Temía ser envenenado.

 

Catalina viaja a Aviñón para hablar con el Papa y le escribe centenares de cartas, exhortándolo a volver a Roma. Ella, que venera al sucesor de Pedro (lo llama “el dulce Cristo en la tierra”), también lo reprende, lo corrige y lo instruye con un vigor y una seguridad sorprendentes. A Catalina el Papa Gregorio XI le parece timorato y se le presenta como un hijo que confía sus cosas a su madre. A pesar de su poder absoluto, Gregorio XI reconoce que debe obedecer a Catalina. En esta historia sale a relucir la paradójica relación que existe, en la Iglesia, entre autoridad y santidad.

 

Catalina interviene en la elección de los cardenales y trata acuerdos políticos por cuenta del Papa. Lo guía: “Os ruego y os obligo… Venid Padre y no hagáis esperar más a los siervos de Dios que se afligen por el deseo. Venid y no pongáis resistencia a la voluntad de Dios que os llama” (a Roma).

 

Catalina pone en guardia al Papa contra los “consejeros del demonio” y los “lobos feroces que os pondrán la cabeza en el regazo como mansos corderos”. Le da consejos de alta política enseñándole un “santo engaño” para sustraerse al poder del Colegio Cardenalicio. Pero cuando ve temblar al Papa por miedo de que lo maten, lo exhorta: “Poneos como objeto este Cordero desangrado. En su sangre perderéis todo temor; os volveréis y seréis Pastor bueno que daréis la vida por vuestras ovejas”.

 

Ante los últimos obstáculos, Catalina se muestra dura con Gregorio XI: “Puesto que ello os ha dado autoridad y vos la habéis aceptado, debéis usar vuestra virtud y potencia; y no queriéndola usar sería mejor renunciar a la que habéis tomado: más honor para Dios y para vuestra alma sería… Yo en vuestro lugar temería que el Divino juicio cayese sobre mí”.

 

Por fin, la victoria: el Papa salió hacia Roma el 16 de septiembre de 1376, poniendo fin al funesto “cautiverio de Aviñón”. Dos años después murió y la Iglesia debió enfrentar el Cisma de Occidente; pero Catalina ha cumplido su misión. Extenuada por las enormes responsabilidades que el Papa le da, llamándola a Roma, muere el 29 de abril de 1380, llevando en su carne los estigmas del Crucificado: “He consumido mi vida y la he dado en la Iglesia y por la Iglesia”.

 

Fuente: Revista “30 Días en la Iglesia y en el Mundo”, Año 1992.

(Artículo resumido por Daniel Iglesias Grèzes).

 

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Busco Tu rostro

 

San Anselmo de Canterbury

 

Deja un momento tus ocupaciones habituales, hombre insignificante.

Entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos.

Arroja lejos de ti las preocupaciones agobiantes y aparta de ti las inquietudes que te oprimen.

Reposa en Dios un momento.

Descansa siquiera un momento en Él.

Entra en lo más profundo de tu alma.

Aparta de ti todo, excepto a Dios y todo lo que pueda ayudarte a alcanzarlo.

Cierra la puerta de tu habitación y búscalo en el silencio.

Di con todas tus fuerzas, di al Señor:

“Busco Tu rostro. Tu rostro busco, Señor”.

Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo Te encontraré.

Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde Te buscaré?

Si estás en todas partes, ¿por qué no Te veo aquí presente?

Es cierto que Tú habitas en una luz inaccesible, pero ¿dónde está esa luz que no se extingue?

¿Cómo me aproximaré a ella?

¿Quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella Te contemple?

¿Bajo qué signos, bajo qué aspectos Te buscaré?

Nunca Te he visto, Señor y Dios mío.

No conozco Tu rostro.

Dios Altísimo, ¿qué hará este desterrado lejos de Ti?

¿Qué hará este servidor Tuyo sediento de Tu amor, que se encuentra alejado de Ti?

Desea verte y Tu rostro está muy lejos de él.

Anhela acercarse a Ti y no puede acceder a Tu morada.

Anda en deseos de encontrarte e ignora dónde vives.

No suspira más que por Ti y jamás ha visto Tu rostro.

Señor, Tú eres mi Dios, Tú eres mi Señor y nunca Te he visto.

Tú me creaste y me redimiste, Tú me has dado todos los bienes que poseo y aún no Te conozco.

He sido creado para verte y todavía no he podido alcanzar el fin para el cual fui creado.

Y Tú, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros.

Colma nuestros deseos y seremos felices.

Sin Ti todo es hastío y tristeza.

Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta Ti, ya que sin Ti nada podemos.

Enséñanos a buscarte.

Muéstrame Tu rostro, porque si Tú no me lo enseñas no podré buscarte.

Te buscaré deseándote.

Te desearé buscándote.

Amándote, Te encontraré.

Encontrándote, Te amaré.

 

San Anselmo de Canterbury, Proslogion.

 

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Sitios web recomendados

 

Sitios de Fe y Razón:

 

Fe y Razón

www.feyrazon.org

Revista Virtual Fe y Razón

www.revistafeyrazon.blogspot.com

 

 

Sitios de miembros de Fe y Razón:

 

Diácono Jorge Novoa

www.diaconojorge.blogspot.com

Meditaciones Cristianas

www.lmillau.blogspot.com

Verdades de Fe

www.verdadesdefe.blogspot.com

Aportes al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo

www.ivsinodo.blogspot.com

 

Libros de Teología de Daniel Iglesias

http://stores.lulu.com/diglesias

Introducción a la Teología Moral

www.slideshare.net/feyrazon

 

 

Sitios de colaboradores de Fe y Razón:

 

Toma y Lee. Sagradas Escrituras

www.tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com

El Blog del Buen Amor

www.elblogdelbuenamor.blogspot.com

A ver qué hacemos

www.algotipocomo.blogspot.com

 

 

Otros sitios uruguayos:

 

Veritas de terra orta est

www.verdaddelcielo.blogspot.com

Obra Social Pablo VI

www.osp6.blogspot.com

Defensores del pueblo

www.defpueblo.blogspot.com

 

 

Otros sitios:

 

Santa Sede

www.vatican.va

Zenit

www.zenit.org

ForumLibertas

www.forumlibertas.com

Noticias Globales

www.noticiasglobales.org

Aceprensa

www.aceprensa.com

 

 

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