Fe y Razón

Revista virtual gratuita de teología

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 33 – Abril de 2009

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”

(Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

Contacto: feyrazon@gmail.com - Por favor envíenos sus comentarios o sugerencias a esta dirección. Si el mensaje está referido a una suscripción, por favor indique “Crear suscripción”, “Modificar suscripción” o “Suprimir suscripción” en el “Asunto” e incluya los siguientes datos en el cuerpo del mensaje: nombre completo, ciudad o localidad, país, e-mail.

 

 

Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias Grèzes.

 

Colaboradores: Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

La tumba de Jesús está vacía

Equipo de Dirección

Documentos

Mensaje Urbi et Orbi (Pascua 2009)

Papa Benedicto XVI

Documentos

Homilía en el solemne inicio del pontificado

Papa Benedicto XVI

Tema Central

Advertencia acerca de los escritos del Padre Teilhard de Chardin

Sagrada Congregación del Santo Oficio

Tema Central

Pierre Teilhard de Chardin

J. L. Illanes Maestre

Tema Central

William Dembski y el “Diseño Inteligente”

Lic. Néstor Martínez

Tema Central

Un argumento contra el neodarwinismo

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Tema Central

Creación evolutiva

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Apologética

La investigación histórica sobre Jesús

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Familia y Vida

Proclama del Día Internacional del Niño por Nacer

Mesa Coordinadora Nacional por la Vida

Doctrina Social

“Los católicos servimos mejor al César cuando servimos primero a Dios”

Aceprensa

Iglesia

Los obispos de Estados Unidos declaran no cristiana la terapia Reiki

Zenit

Oración

Salmo 116 (114-115)

El Libro del Pueblo de Dios

Oración

Secuencia del Domingo de Pascua

Misal Romano

 

 

La tumba de Jesús está vacía

 

Equipo de Dirección

 

En este número de la revista “Fe y Razón”, publicamos en primer término el mensaje pascual “urbi et orbi” (a la ciudad -de Roma- y al mundo) de Su Santidad Benedicto XVI. De este bello mensaje destacamos la siguiente enseñanza del Papa: la resurrección de Cristo fue un hecho histórico objetivo (aunque también trascendente), no una mera experiencia subjetiva de sus discípulos, como sostienen algunos teólogos modernos, que de este modo atentan contra el fundamento de la fe y la esperanza cristianas. La tumba de Jesucristo está vacía, porque Él ha resucitado verdaderamente, en unidad de cuerpo y alma.

 

El día 19/04/2009 será el 4º aniversario de la elección del Cardenal Joseph Ratzinger como Sucesor del Apóstol San Pedro. Por ese motivo reproducimos la homilía del Papa Benedicto XVI del domingo 24/04/2005, en la Santa Misa con la que dio un solemne inicio a su pontificado. De esa extraordinaria homilía destacamos aquí el siguiente pasaje: “No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario.”

 

Así nos conectamos con el tema central del Nº 33 de “Fe y Razón”: la evolución cósmica y -sobre todo- biológica, en el contexto del diálogo entre ciencia, filosofía y teología. Aportamos cinco textos que abordan este tema desde distintos ángulos:

·        El artículo de la Gran Enciclopedia Rialp (enciclopedia muy recomendable y totalmente on-line) da una muy buena visión sintética de la obra de Pierre Teilhard de Chardin SJ y de su incompatibilidad con la doctrina católica.

·        El Monitum del Santo Oficio de 1962, cuya vigencia fue confirmada por la Santa Sede en 1981, advierte contra los graves errores filosóficos y teológicos de los escritos de Teilhard de Chardin.

·        El artículo de Néstor Martínez critica algunos aspectos de la corriente de pensamiento norteamericana llamada “Intelligent Design” (Diseño Inteligente), la cual tiene la virtud de enfrentar decididamente al evolucionismo materialista, pero suele adolecer de debilidades filosóficas.

·        El primer artículo de Daniel Iglesias presenta un argumento de tipo estadístico contra la validez científica de la teoría neodarwinista, comúnmente (aunque no siempre) asociada a una cosmovisión materialista.

·        El segundo artículo de Daniel Iglesias pretende responder a las críticas de los no creyentes que consideran absurdo que el Universo, tal como es de hecho, haya sido creado por Dios a través de un proceso evolutivo.

 

Esperamos que tanto este tema central como el resto de la revista resulte instructivo y útil para nuestros lectores. Para concluir, les deseamos de todo corazón unas muy felices Pascuas de Resurrección; ¡porque verdaderamente Cristo ha resucitado!

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

Mensaje Urbi et Orbi (Pascua 2009)

Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero:

A todos vosotros dirijo de corazón la felicitación pascual con las palabras de san Agustín: «Resurrectio Domini, spes nostra», «la resurrección del Señor es nuestra esperanza» (Sermón 261,1). Con esta afirmación, el gran Obispo explicaba a sus fieles que Jesús resucitó para que nosotros, aunque destinados a la muerte, no desesperáramos, pensando que con la muerte se acaba totalmente la vida; Cristo ha resucitado para darnos la esperanza (cf. ibíd.).

En efecto, una de las preguntas que más angustian la existencia del hombre es precisamente ésta: ¿qué hay después de la muerte? Esta solemnidad nos permite responder a este enigma afirmando que la muerte no tiene la última palabra, porque al final es la Vida la que triunfa. Nuestra certeza no se basa en simples razonamientos humanos, sino en un dato histórico de fe: Jesucristo, crucificado y sepultado, ha resucitado con su cuerpo glorioso. Jesús ha resucitado para que también nosotros, creyendo en Él, podamos tener la vida eterna. Este anuncio está en el corazón del mensaje evangélico. San Pablo lo afirma con fuerza: «Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo». Y añade: «Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados» (1 Co 15,14.19). Desde la aurora de Pascua una nueva primavera de esperanza llena el mundo; desde aquel día nuestra resurrección ya ha comenzado, porque la Pascua no marca simplemente un momento de la historia, sino el inicio de una condición nueva: Jesús ha resucitado no porque su recuerdo permanezca vivo en el corazón de sus discípulos, sino porque Él mismo vive en nosotros y en Él ya podemos gustar la alegría de la vida eterna.

Por tanto, la resurrección no es una teoría, sino una realidad histórica revelada por el Hombre Jesucristo mediante su «pascua», su «paso», que ha abierto una «nueva vía» entre la tierra y el Cielo (cf. Hb 10,20). No es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que en el crepúsculo del Viernes fue bajado de la cruz y sepultado, ha salido vencedor de la tumba. En efecto, al amanecer del primer día después del sábado, Pedro y Juan hallaron la tumba vacía. Magdalena y las otras mujeres encontraron a Jesús resucitado; lo reconocieron también los dos discípulos de Emaús en la fracción del pan; el Resucitado se apareció a los Apóstoles aquella tarde en el Cenáculo y luego a otros muchos discípulos en Galilea.

El anuncio de la resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en que vivimos. Me refiero particularmente al materialismo y al nihilismo, a esa visión del mundo que no logra trascender lo que es constatable experimentalmente, y se abate desconsolada en un sentimiento de la nada, que sería la meta definitiva de la existencia humana. En efecto, si Cristo no hubiera resucitado, el «vacío» acabaría ganando. Si quitamos a Cristo y su resurrección, no hay salida para el hombre, y toda su esperanza sería ilusoria. Pero, precisamente hoy, irrumpe con fuerza el anuncio de la resurrección del Señor, que responde a la pregunta recurrente de los escépticos, referida también por el libro del Eclesiastés: «¿Acaso hay algo de lo que se pueda decir: “Mira, esto es nuevo?”» (Qo 1,10). Sí, contestamos: todo se ha renovado en la mañana de Pascua. «Mors et vita / duello conflixere mirando: dux vitae mortuus / regnat vivus» - Lucharon vida y muerte / en singular batalla / y, muerto el que es Vida, / triunfante se levanta. Ésta es la novedad. Una novedad que cambia la existencia de quien la acoge, como sucedió a lo santos. Así, por ejemplo, le ocurrió a san Pablo.

En el contexto del Año Paulino, hemos tenido ocasión muchas veces de meditar sobre la experiencia del gran Apóstol. Saulo de Tarso, el perseguidor encarnizado de los cristianos, encontró a Cristo resucitado en el camino de Damasco y fue «conquistado» por Él. El resto lo sabemos. A Pablo le sucedió lo que más tarde él escribirá a los cristianos de Corinto: «El que vive con Cristo, es una criatura nueva; lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo» (2 Co 5,17). Fijémonos en este gran evangelizador, que con el entusiasmo audaz de su acción apostólica, llevó el Evangelio a muchos pueblos del mundo de entonces. Que su enseñanza y ejemplo nos impulsen a buscar al Señor Jesús y nos animen a confiar en Él, porque ahora el sentido de la nada, que tiende a intoxicar la humanidad, ha sido vencido por la luz y la esperanza que surgen de la resurrección. Ahora son verdaderas y reales las palabras del Salmo: «Ni la tiniebla es oscura para ti / la noche es clara como el día» (139[138],12). Ya no es la nada la que envuelve todo, sino la presencia amorosa de Dios. Más aún, hasta el reino mismo de la muerte ha sido liberado, porque también al «abismo» ha llegado el Verbo de la vida, aventado por el soplo del Espíritu (v. 8).

Si es verdad que la muerte ya no tiene poder sobre el hombre y el mundo, sin embargo quedan todavía muchos, demasiados signos de su antiguo dominio. Si, por la Pascua, Cristo ha extirpado la raíz del mal, necesita no obstante hombres y mujeres que lo ayuden siempre y en todo lugar a afianzar su victoria con sus mismas armas: las armas de la justicia y de la verdad, de la misericordia, del perdón y del amor. Éste es el mensaje que, con ocasión del reciente viaje apostólico a Camerún y Angola, he querido llevar a todo el Continente africano, que me ha recibido con gran entusiasmo y dispuesto a escuchar. En efecto, África sufre enormemente por conflictos crueles e interminables, a menudo olvidados, que laceran y ensangrientan varias de sus Naciones, y por el número cada vez mayor de sus hijos e hijas que acaban siendo víctimas del hambre, la pobreza y la enfermedad. El mismo mensaje repetiré con fuerza en Tierra Santa, donde tendré la alegría de ir dentro de algunas semanas. La difícil, pero indispensable reconciliación, que es premisa para un futuro de seguridad común y de pacífica convivencia, no se hará realidad sino por los esfuerzos renovados, perseverantes y sinceros para la solución del conflicto israelí-palestino. Luego, desde Tierra Santa, la mirada se ampliará a los Países limítrofes, al Medio Oriente, al mundo entero. En un tiempo de carestía global de alimentos, de desbarajuste financiero, de pobrezas antiguas y nuevas, de cambios climáticos preocupantes, de violencias y miserias que obligan a muchos a abandonar su tierra buscando una supervivencia menos incierta, de terrorismo siempre amenazante, de miedos crecientes ante un porvenir problemático, es urgente descubrir nuevamente perspectivas capaces de devolver la esperanza. Que nadie se arredre en esta batalla pacífica comenzada con la Pascua de Cristo, el cual, lo repito, busca hombres y mujeres que lo ayuden a afianzar su victoria con sus mismas armas, las de la justicia y la verdad, la misericordia, el perdón y el amor.

«Resurrectio Domini, spes nostra». La resurrección de Cristo es nuestra esperanza. La Iglesia proclama hoy esto con alegría: anuncia la esperanza, que Dios ha hecho firme e invencible resucitando a Jesucristo de entre los muertos; comunica la esperanza, que lleva en el corazón y quiere compartir con todos, en cualquier lugar, especialmente allí donde los cristianos sufren persecución a causa de su fe y su compromiso por la justicia y la paz; invoca la esperanza capaz de avivar el deseo del bien, también y sobre todo cuando cuesta. Hoy la Iglesia canta «el día en que actuó el Señor» e invita al gozo. Hoy la Iglesia ora, invoca a María, Estrella de la Esperanza, para que conduzca a la humanidad hacia el puerto seguro de la salvación, que es el corazón de Cristo, la Víctima pascual, el Cordero que «ha redimido al mundo», el Inocente que nos «ha reconciliado a nosotros, pecadores, con el Padre». A Él, Rey victorioso, a Él, crucificado y resucitado, gritamos con alegría nuestro Alleluia.

Fuente: www.forumlibertas.com

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

Santa Misa - Imposición del Palio y Entrega del Anillo del Pescador

en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino del Obispo de Roma

Homilía de Su Santidad Benedicto XVI

 

Plaza de San Pedro - Domingo 24 de abril de 2005

 

Señores Cardenales, venerables Hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, distinguidas Autoridades y Miembros del Cuerpo diplomático, queridos Hermanos y Hermanas. 

 

Por tres veces nos ha acompañado en estos días tan intensos el canto de las letanías de los santos: durante los funerales de nuestro Santo Padre Juan Pablo II; con ocasión de la entrada de los Cardenales en Cónclave, y también hoy, cuando las hemos cantado de nuevo con la invocación: Tu illum adiuva, asiste al nuevo sucesor de San Pedro. He oído este canto orante cada vez de un modo completamente singular, como un gran consuelo.

 

¡Cómo nos hemos sentido abandonados tras el fallecimiento de Juan Pablo II! El Papa que durante 26 años ha sido nuestro pastor y guía en el camino a través de nuestros tiempos. Él cruzó el umbral hacia la otra vida, entrando en el misterio de Dios. Pero no dio este paso en solitario. Quien cree, nunca está solo; no lo está en la vida ni tampoco en la muerte. En aquellos momentos hemos podido invocar a los santos de todos los siglos, sus amigos, sus hermanos en la fe, sabiendo que serían el cortejo viviente que lo acompañaría en el más allá, hasta la gloria de Dios. Nosotros sabíamos que allí se esperaba su llegada. Ahora sabemos que él está entre los suyos y se encuentra realmente en su casa.

 

Hemos sido consolados de nuevo realizando la solemne entrada en cónclave para elegir al que Dios había escogido. ¿Cómo podíamos reconocer su nombre? ¿Cómo 115 Obispos, procedentes de todas las culturas y países, podían encontrar a quien Dios quería otorgar la misión de atar y desatar? Una vez más, lo sabíamos; sabíamos que no estamos solos, que estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios.

 

Y ahora, en este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo? Todos vosotros, queridos amigos, acabáis de invocar a toda la muchedumbre de los santos, representada por algunos de los grandes nombres de la historia que Dios teje con los hombres. De este modo, también en mí se reaviva esta conciencia: no estoy solo. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan, queridos amigos, vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza. En efecto, a la comunidad de los santos no pertenecen sólo las grandes figuras que nos han precedido y cuyos nombres conocemos. Todos nosotros somos la comunidad de los santos; nosotros, bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; nosotros, que vivimos del don de la carne y la sangre de Cristo, por medio del cual quiere transformarnos y hacernos semejantes a sí mismo.

 

Sí, la Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días. Precisamente en los tristes días de la enfermedad y la muerte del Papa, algo se ha manifestado de modo maravilloso ante nuestros ojos: que la Iglesia está viva. Y la Iglesia es joven. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro. La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos. La Iglesia está viva; está viva porque Cristo está vivo, porque él ha resucitado verdaderamente. En el dolor que aparecía en el rostro del Santo Padre en los días de Pascua, hemos contemplado el misterio de la pasión de Cristo y tocado al mismo tiempo sus heridas. Pero en todos estos días también hemos podido tocar, en un sentido profundo, al Resucitado. Hemos podido experimentar la alegría que él ha prometido, después de un breve tiempo de oscuridad, como fruto de su resurrección. 

 

La Iglesia está viva: de este modo saludo con gran gozo y gratitud a todos vosotros que estáis aquí reunidos, venerables Hermanos Cardenales y Obispos, queridos sacerdotes, diáconos, agentes de pastoral y catequistas. Os saludo a vosotros, religiosos y religiosas, testigos de la presencia transfigurante de Dios. Os saludo a vosotros, fieles laicos, inmersos en el gran campo de la construcción del Reino de Dios que se expande en el mundo, en cualquier manifestación de la vida. El saludo se llena de afecto al dirigirlo también a todos los que, renacidos en el sacramento del Bautismo, aún no están en plena comunión con nosotros; y a vosotros, hermanos del pueblo hebreo, al que estamos estrechamente unidos por un gran patrimonio espiritual común, que hunde sus raíces en las irrevocables promesas de Dios. Pienso, en fin –casi como una onda que se expande– en todos los hombres de nuestro tiempo, creyentes y no creyentes.

 

¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea, lo he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia. En lugar de exponer un programa, desearía más bien intentar comentar simplemente los dos signos con los que se representa litúrgicamente el inicio del Ministerio petrino; por lo demás, ambos signos reflejan también exactamente lo que se ha proclamado en las lecturas de hoy. 

 

El primer signo es el palio, tejido de lana pura, que se me pone sobre los hombros. Este signo antiquísimo, que los Obispos de Roma llevan desde el siglo IV, puede ser considerado como una imagen del yugo de Cristo, que el Obispo de esta ciudad, el Siervo de los Siervos de Dios, toma sobre sus hombros. El yugo de Dios es la voluntad de Dios que nosotros acogemos. Y esta voluntad no es un peso exterior que nos oprime y nos priva de la libertad. Conocer lo que Dios quiere, conocer cuál es la vía de la vida, era la alegría de Israel, su gran privilegio. Ésta es también nuestra alegría: la voluntad de Dios, en vez de alejarnos de nuestra propia identidad, nos purifica –quizás a veces de manera dolorosa– y nos hace volver de este modo a nosotros mismos. Y así, no servimos solamente a Él, sino también a la salvación de todo el mundo, de toda la historia.

 

En realidad, el simbolismo del Palio es más concreto aún: la lana de cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdida, que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y de la Iglesia. La humanidad –todos nosotros– es la oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Hijo de Dios no consiente que ocurra esto; no puede abandonar la humanidad a una situación tan miserable. Se alza en pie, abandona la gloria del cielo, para ir en busca de la oveja e ir tras ella, incluso hasta la cruz. La pone sobre sus hombros, carga con nuestra humanidad, nos lleva a nosotros mismos, pues Él es el buen pastor, que ofrece su vida por las ovejas. El Palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a otros. Se convierte así en el símbolo de la misión del pastor del que hablan la segunda lectura y el Evangelio de hoy. La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud.

 

El símbolo del cordero tiene todavía otro aspecto. Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado. Por el contrario, el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él mismo cordero, se ha puesto de parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: “Yo soy el buen pastor [...]. Yo doy mi vida por las ovejas”, dice Jesús de sí mismo (Jn 10,14s.). No es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres. 

 

Una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. “Apacienta mis ovejas”, dice Cristo a Pedro, y también a mí, en este momento. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento. Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos. Roguemos unos por otros para que sea el Señor quien nos lleve y nosotros aprendamos a llevarnos unos a otros.

 

El segundo signo con el cual la liturgia de hoy representa el comienzo del Ministerio petrino es la entrega del anillo del pescador. La llamada de Pedro a ser pastor, que hemos oído en el Evangelio, viene después de la narración de una pesca abundante; después de una noche en la que echaron las redes sin éxito, los discípulos vieron en la orilla al Señor resucitado. Él les manda volver a pescar otra vez, y he aquí que la red se llena tanto que no tenían fuerzas para sacarla; había 153 peces grandes y, “aunque eran tantos, no se rompió la red” (Jn 21,11). Este relato al final del camino terrenal de Jesús con sus discípulos, se corresponde con uno del principio: tampoco entonces los discípulos habían pescado nada durante toda la noche; también entonces Jesús invitó a Simón a remar mar adentro. Y Simón, que todavía no se llamaba Pedro, dio aquella admirable respuesta: “Maestro, por tu palabra echaré las redes”. Se le confió entonces la misión: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5,1.11). También hoy se dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que se adentren en el mar de la historia y echen las redes, para conquistar a los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera.

 

Los Padres han dedicado también un comentario muy particular a esta tarea singular. Dicen así: para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, a la vida verdadera. Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios. Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar a Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo. 

 

Quisiera ahora destacar todavía una cosa: tanto en la imagen del pastor como en la del pescador, emerge de manera muy explícita la llamad a la unidad. “Tengo , además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor” (Jn 10,16), dice Jesús al final del discurso del buen pastor. Y el relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constatación: “Y aunque eran tantos, no se rompió la red” (Jn 21,11). ¡Ay de mí, Señor amado! ahora la red se ha roto, quisiéramos decir doloridos. Pero no, ¡no debemos estar tristes! Alegrémonos por tu promesa que no defrauda y hagamos todo lo posible para recorrer el camino hacia la unidad que tú has prometido. Hagamos memoria de ella en la oración al Señor, como mendigos; sí, Señor, acuérdate de lo que prometiste. ¡Haz que seamos un solo pastor y una sola grey! ¡No permitas que se rompa tu red y ayúdanos a ser servidores de la unidad!

 

En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando el Papa Juan Pablo II inició su ministerio aquí en la Plaza de San Pedro. Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces: “¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!” El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe. Sí, él ciertamente les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa. Además, el Papa hablaba a todos los hombres, sobre todo a los jóvenes. ¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él–, miedo de que él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad? Y todavía el Papa quería decir: ¡no! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. Amén.

 

Fuente: www.vatican.va

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Advertencia acerca de los escritos del Padre Teilhard de Chardin

 

Sagrada Congregación del Santo Oficio

 

Varias obras del P. Pierre Teilhard de Chardin, algunas de las cuales fueron publicadas en forma póstuma, están siendo editadas y están obteniendo mucha difusión.

 

Prescindiendo de un juicio sobre aquellos puntos que conciernen a las ciencias positivas, es suficientemente claro que las obras arriba mencionadas abundan en tales ambigüedades e incluso errores serios, que ofenden a la doctrina católica.

 

Por esta razón, los eminentísimos y reverendísimos Padres del Santo Oficio exhortan a todos los Ordinarios, así como a los superiores de institutos religiosos, rectores de seminarios y presidentes de universidades, a proteger efectivamente las mentes, particularmente de los jóvenes, contra los peligros presentados por las obras del P. Teilhard de Chardin y de sus seguidores.

 

Dado en Roma, en el palacio del Santo Oficio, el día 30 de junio de 1962.

 

Sebastianus Masala, Notario.

 

*****

 

Nota de Fe y Razón: en 1981, haciendo frente a rumores de que el Monitum (Advertencia) del Santo Oficio de 1962 sobre los escritos de Teilhard de Chardin ya no estaba vigente, la Santa Sede reiteró esa advertencia. A continuación reproducimos el texto de la declaración de 1981.

 

***

 

Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

(publicado en la edición inglesa de L´Osservatore Romano del 20 de julio de 1981).

 

La carta enviada por el Cardenal Secretario de Estado a Su Excelencia Mons. Poupard en ocasión del centenario del nacimiento del P. Teilhard de Chardin ha sido interpretada en cierto sector de la prensa como una revisión de previos pronunciamientos de la Santa Sede sobre este autor, y en particular del Monitum del Santo Oficio del 30 de junio de 1962, el cual señaló que la obra del autor contenía ambigüedades y graves errores doctrinales.

 

Se ha planteado la cuestión sobre si tal interpretación está bien fundada.

 

Después de haber consultado al Cardenal Secretario de Estado y al Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, quienes, por orden del Santo Padre, habían sido debidamente consultados de antemano, acerca de la carta en cuestión, estamos en condiciones de replicar por la negativa.

 

Lejos de ser una revisión de los pronunciamientos previos de la Santa Sede, la carta del Cardenal Casaroli expresa reservas en varios pasajes –y estas reservas han sido pasadas por alto en silencio por ciertos periódicos- reservas que se refieren precisamente al juicio dado en el Monitum de Junio de 1962, aun cuando este documento no es mencionado explícitamente.

 

 

Fuente: http://www.ewtn.com/library/CURIA/CDFTEILH.HTM

(En dicha fuente los textos del Monitum y del Comunicado están en inglés; la traducción del inglés fue hecha por Daniel Iglesias Grèzes).

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Pierre Teilhard de Chardin

 

J. L. Illanes Maestre

 

Datos biográficos

 

Jesuita, paleontólogo y pensador francés; nacido el 1 de mayo de 1881, y muerto el 10 de abril de 1955. En 1899 ingresó en la Compañía de Jesús; en 1911 fue ordenado sacerdote. Aficionado desde niño a las ciencias naturales, a partir de 1912 se orientó hacia la paleontología, a la que dedicó desde entonces gran parte de su vida, realizando numerosas exploraciones científicas en África y en Asia, especialmente en China.


Su fama, sin embargo, no está ligada a esos trabajos científicos, sino a su intento de exponer la fe cristiana en el interior de una visión evolucionista del mundo, y a su interpretación de esa evolución como un movimiento cósmico y humano orientado hacia Cristo. Estas ideas, que comenzaron a perfilarse durante sus experiencias con ocasión de la I Guerra Mundial, tomaron forma explícita en Le milieu divin, obra redactada en 1926, y encontraron una exposición más acabada en su otra obra básica: Le phénoméne humain (1938-40). Durante los últimos años de su vida, desde 1951, fijó su residencia en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, donde murió.

     
Ya en 1926 comenzaron a suscitarse dudas sobre la compatibilidad de las ideas de Teilhard con la fe católica, y los superiores de la Compañía le indicaron que renunciara a toda actividad intelectual pública. Por este motivo sus obras no fueron editadas durante su vida, si bien se difundieron reproducidas a multicopista. Al morir, Teilhard dejó sus escritos a Mlle. Jeanne Morlier, que ese mismo año promovió la constitución de un comité internacional encargado de impulsar la rápida publicación de los escritos de Teilhard.

     
Escritos

 

Las obras fundamentales de Teilhard han sido ya mencionadas: las restantes son ensayos, exposiciones o conferencias, en general breves. De entre ellas se pueden destacar: L'esprit de la terre (1931), Esquisse d'un univers personnel (1937), Le groupe zoologique humain (1949), La vision du passé (1949), Le coeur de la matiére (1950), Le Christique (1955). Ha dejado además un nutrido epistolario.

     
La visión teilhardiana del mundo

 

El punto de partida del pensamiento de Teilhard es la consideración de que el cosmos se encuentra en evolución: no estamos -afirma- en un cosmos, sino en una cosmogénesis. La evolución -a sus ojos- no es fruto del acaso, sino la expresión de una intención ordenadora, que resume mediante la que denomina «ley de complejidad-conciencia»: el cosmos, a partir de una situación primordial constituida por una multitud desorganizada de átomos elementales (que forman lo que llama «tela del universo»), va procediendo a través de un progresivo enrollamiento de esos átomos, dando así origen a estructuras cada vez más complejas, ordenadas en último término a la producción de la vida y de la conciencia. La ley de complejidad-conciencia reposa a su vez sobre la afirmación de una ubicuidad de lo psíquico: el psiquismo es, para Teilhard, algo presente ya, aunque en su forma más rudimentaria, en los corpúsculos primitivos, siendo eso lo que explica que su agrupación en estructuras más complicadas vaya dando lugar a una progresiva concentración de la conciencia, que asciende así hacia grados cada vez más elevados.

     
De esa forma -sostiene Teilhard- a partir del estado atomizado original, se fueron produciendo primero moléculas cada vez más complicadas, posteriormente la vida, luego el desarrollo de los vivientes, hasta llegar un momento en que, gracias a la cefalización, es decir, la progresiva complicación del sistema nervioso, apareció el pensamiento. En el seno del cosmos se formó primero la Biosfera, luego, en el interior de ésta, la Noosfera, que debe ser considerada como el producto normal y último de la materia.

  
Es necesario tener en cuenta que, según Teilhard, la Noosfera no quedó constituida con la simple aparición del hombre, sino que es algo en estado de realización. La antropogénesis no ha terminado, sino que continúa a través de un proceso de socialización por el que las diversas conciencias individuales o «granos de pensamiento» van agrupándose entre sí hasta dar lugar a una unidad nueva: un ultra-humano de plenitud de conciencia. Esa nueva unidad aún no ha llegado: para tener, pues, una imagen adecuada de la evolución se hace necesario extrapolar en el futuro un paroxismo de co-reflexión, y para ello postular un punto Omega o foco cósmico de unificación en el que todo converja; punto Omega que, para hacer compatible la unión total con el mantenimiento de la personalidad de las conciencias individuales, deberá ser -afirma Teilhard- de naturaleza personal y divina.

     
Postulada así la existencia de Dios como principio cósmico de convergencia, Teilhard termina de expresar su sistema superponiendo el Omega de la evolución con el Cristo de la fe. Cristo es, pues, presentado por Teilhard como Dios que se sumerge en las cosas y se introduce en el psiquismo total de la tierra y, de esa forma, se convierte en el centro último de reunión universal hacia el que toda la evolución se encamina. El cristiano, y llegamos así a la vertiente místico-existencial del pensamiento teilhardiano, debe, por tanto, dirigirse hacia Cristo fundiendo en un solo movimiento sus ansias de divinidad y su afán de dominar la tierra, ya que eso es lo que exige la realidad de Cristo en cuanto polo de atracción de la síntesis cósmica, y punto al que tiende el movimiento total de la materia.

     
El «problema» Teilhard

 

En los años inmediatos a 1955, al irse difundiendo las obras de Teilhard, surgieron amplias discusiones en torno al significado que cabía atribuir a su pensamiento. Hay en sus escritos una afirmación de los aspectos positivos del mundo y de la vida, un entusiasmo por el cristianismo, mezclado con su entusiasmo y optimismo respecto a la evolución concebida como progreso en cierto modo inexorable, que le lleva a dejar en segundo lugar, y casi a desconocer, los males que oscurecen la historia de la humanidad, como si olvidase la radicalidad de la libertad y la realidad de la herida moral que cada hombre lleva consigo. Sin entrar en los problemas de orden científico natural implicados en la misma idea de evolución biológica de Teilhard, señalemos que las extrapolaciones que hace, pasando de la evolución en el nivel cósmico y biológico, a la historia humana, a la teología y a la escatología, implican un desconocimiento de las diferencias de planos abierto a todo tipo de ambigüedades y errores.

     
Dejando aparte las cuestiones debatidas de índole científico-natural, las posturas respecto al pensamiento de Teilhard en el plano filosófico-teológico pueden reducirse a tres fundamentales:

·        quienes aprueban plenamente su pensamiento, considerándolo como el paradigma de la teología del futuro (cfr. C. Cuénot, Teilhard de Chardin, Les grandes étapes de son évolution, París 1958; íd, Lexique Teilhard de Chardin, París 1963; así como las publicaciones de las «Sociedades Teilhard de Chardin»);

·        quienes, aun reconociendo que su obra presenta deficiencias y contiene puntos de disconformidad con verdades reveladas y con el dogma católico, acogen, sin embargo, la sustancia de su mensaje o al menos el espíritu que lo inspira (cfr. C. Tresmontant, Introduction á la pensée du P. T. de Chardin, París 1956; O. A. Rabut, Dialogue avec Teilhard de Chardin, París 1958; H. de Lubac, La pensée religieuse du Pére Teilhard de Chardin, París 1962; M. Barthélemy-Madaule, Bergson et Teilhard de Chardin, París 1963; id, La personne et le drame humain de T. de Chardin, París 1967);

·        quienes, finalmente, critican los principios mismos del intento teilhardiano, haciendo ver que conducen a la negación de verdades y dogmas cristianos centrales o a su disolución en el mito (cfr. G. Frenaud, L. Jugnet, R. Th. Calme, Gli errori di Teilhard de Chardin, Turín 1963; M. Vernet, La grande illusion de T. de Chardin, París 1964; Philippe de la Trinité, Rome et Teilhard de Chardin, París 1964; íd, Teilhard de Chardin: étude critique, París 1968; J. Maritain, Le paysan de la Garonne, París 1967; É. Gilson, Les tribulations de Sophie, París 1967).

     
El 30 de junio de 1962 la entonces Congregación del Santo Oficio emanó un Monitum destinado a prevenir ante los peligros que pueden derivar de la lectura de los escritos de Teilhard; en él se declara:

«Independientemente del juicio con respeto a los aspectos referentes a las ciencias naturales, es claro que sus obras presentan, en las materias filosóficas y teológicas, ambigüedades, más aún, errores graves, que dañan a la doctrina católica».
     
El Monitum fue publicado en «L'Osservatore Romano» de ese mismo día, junto con un artículo sin firma, que constituye una exposición oficiosa del propio Santo Oficio sobre las razones que fundamentan la medida tomada. Ese artículo afirma en primer lugar que Teilhard incurre en una indebida transposición al plano teológico de términos y conceptos tomados de las teorías sobre el evolucionismo y que, como consecuencia, incurre en graves errores. A continuación señala algunos de ellos, concretamente:

·        una defectuosa explicación de la creación, que no salva la libertad del acto creador divino ni la ausencia de un sujeto preexistente (creatio ex nihilo);

·        diversos puntos débiles en la descripción de las relaciones entre Dios y el mundo, que hacen que no quede clara la trascendencia divina;

·        presentar de tal manera a Cristo que no se salvan la libertad y gratuidad de la Encarnación;

·        desconocer las diferencias y los límites entre la materia y el espíritu;

·        una concepción insuficiente del pecado, que es reducido a una realidad de carácter exclusivamente colectivo;

·        una presentación naturalista de la ascesis y de la vida cristiana.


Bibliografía

 

Aparte de la citada en el último apartado del artículo, para una visión amplia de lo publicado sobre Teilhard, cfr. L. POLGAR, Internationale Teilhard-Bibliographie 1955-1965, Friburgo-Munich 1965; I. PAULIN, Teilhard de Chardin, Essai de bibliographie 1955-1965, Québec 1966. Las obras completas de Teilhard de Chardin se han editado, en París y a partir de 1955, bajo la dirección de C. Cuénot.

 

Fuente: Gran Enciclopedia Rialp, voz “Teilhard de Chardin, Pierre”.


http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=3102&cat=biografiasuelta

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

William Dembski y el “Diseño Inteligente”

 

Lic. Néstor Martínez

 

Uno de los principales integrantes del movimiento del “diseño inteligente”, William Dembski, dice en una de sus obras:

 

“Design theorists find the "theism" in theistic evolution superfluous. Theistic evolution at best includes God as an unnecessary rider in an otherwise purely naturalistic account of life. As such, theistic evolution violates Occam's razor. Occam's razor is a regulative principle for how scientists are supposed to do their science. According to this principle, superfluous entities are to be rigorously excised from science. Thus, since God is an unnecessary rider in our understanding of the natural world, theistic evolution ought to dispense with all talk of God outright and get rid of the useless adjective "theistic”."

(DEMBSKI, William A., What every theologian should know about creation, evolution and design).

 

Este pasaje incluye varias de las confusiones características de la discusión en torno al “intelligent design”.

 

Ante todo, falta la perspectiva metafísica. Se considera que la única “huella” de Dios que puede haber en el Universo es el orden. Hay algo más básico aún: la existencia misma. Si por ventura existiera el universo mecanicista, aún necesitaría, y continuamente, un Creador.

 

Y eso la navaja de Ockham no lo puede eliminar, porque sin un Creador que lo sustenta continuamente en el ser, el Universo simplemente no existe. El Creador, por tanto, es necesario.

 

Dicho esto, hay que reconocer que, en realidad, el Universo mecanicista no existe, y en el Universo real, además de existencia, hay orden. Otra cuestión es si el reconocimiento de ese orden es tema propio de las ciencias particulares y no más bien de la filosofía.       

 

En un Universo mecanicista, el único orden que habría (fuera del de las leyes de naturaleza y movimiento de los átomos) sería accidental, porque las únicas sustancias, que serían los átomos, serían simples, y por tanto, desprovistas de todo orden interno, que sería el orden sustancial. Es cierto que la imagen moderna clásica del átomo no es simple, pero también es cierto que su unidad es igualmente accidental, es decir, externa. Ahora bien, en el Universo real hay orden sustancial, no accidental, más allá de las leyes del movimiento de los átomos, si es que hay átomos: por ejemplo, el orden del organismo de los seres vivos.

 

La finalidad puede darse también en el orden accidental, como en el motor de un automóvil, pero puede también faltar, como en una figura hecha al azar por las olas sobre la playa. En cambio, el orden sustancial, como el de un organismo, no puede darse sin finalidad.

 

Sin duda, en un Universo mecanicista creado por Dios, el único orden que habría, exceptuadas las leyes mismas de la constitución, movimiento y choque de los átomos, que derivan de la sustancia misma de la materia o del átomo, sería el accidental, el de la reunión de los átomos o partículas últimas sean las que sean, que son en ese Universo las verdaderas y únicas sustancias (aparte de Dios). Ese orden sería intencional, obviamente, pero empíricamente sería indiscernible del orden igualmente accidental, pero no intencional, existente en un Universo mecanicista y ateo. En principio, las olas, o cualquier otra cosa, pueden producir cualquier orden accidental, golpeando sobre la playa, o sobre cualquier otra cosa. Sería indiscernible, salvo por un solo rasgo: que este último Universo no existiría.

 

Incluso, en un Universo mecanicista creado por Dios, todo podría deberse al azar a nivel de las causas segundas, excepto lo que tiene que ver directamente con las leyes del movimiento y choque de los átomos. Y sin embargo, nada sería azaroso por relación a la Causa Primera. Santo Tomás enseña, en efecto, que el azar existe por relación a las causas segundas solamente, no por relación a Dios, Causa Primera. Claro, en un mundo así no habría seres vivos.

 

El tipo de inteligencia que los programas de búsqueda de inteligencia detectan es la inteligencia finita, creada, que sólo puede producir agregados accidentales, es decir, artificiales, dotados de orden accidental. Pero ningún agregado accidental exige necesariamente una inteligencia en su origen. Las olas, nuevamente.

 

En cuanto al orden sustancial, se aprecia con la inteligencia, no con las ciencias particulares. Es decir, es un asunto filosófico.

 

---------------------------------

 

Si al hablar de “diseño inteligente” en la naturaleza no se piensa en términos de “ser”, es decir, metafísicamente, el “dios” al que se llegaría desde allí tampoco sería pensado en términos de “ser”. Y entonces, no sería Dios.

 

¿Siempre que se piensa en términos de “ser” se piensa metafísicamente? ¿No es el ser el objeto mismo de la inteligencia, de modo que todo lo que ésta piensa, lo piensa como ser?

 

Pero el ser se puede pensar en tanto que árbol, o en tanto que perro, o en tanto que ser. Solamente en este caso se está en terreno metafísico. Y solamente en este caso, el diseño inteligente de la naturaleza nos llevaría a Dios.

 

¿Necesariamente, al pensar en Dios, se piensa en términos de ser? Sí, si se piensa en el Dios verdadero. Eso no quiere decir que se sea consciente de ello, porque el hábito de la reflexión metafísica no es muy común.

 

Por ejemplo, si se piensa a Dios como Todopoderoso, u Omnisciente, o Único, se lo piensa como Ser Infinito, aunque no se explicite esto último. Sólo el Ser Infinito, el Ser Subsistente, puede tener esos atributos. Un ser finito no puede tener ni un poder ni un saber infinitos, y por ser finito, admite siempre la posibilidad de que exista otro como él.

 

¿Pero no es bastante con que se pueda probar que hay una Inteligencia detrás de la naturaleza? ¿Puede ser esa Inteligencia otra cosa que Dios?

 

Filosóficamente, esa Inteligencia será Dios solamente cuando se pueda probar que es el Ser Subsistente. De lo contrario, podría, por todo lo que se sabe a esa altura, ser un demiurgo muy grande, pero finito.

 

¿Y la quinta vía de Santo Tomás llega de esa manera a Dios como Ser?

 

Sí, porque el orden de que habla es un orden natural, que brota por tanto de la esencia misma de los seres naturales, y que por tanto, requiere un Creador que dé el mismo ser a estos seres, y así, sea el Ser Subsistente, único que puede dar el ser, porque lo tiene en propiedad.

 

Ahora, hablar y razonar sobre la esencia de los seres naturales es hacer metafísica, no ciencia particular.

 

El programa del “diseño inteligente” busca solamente conocer huellas de “inteligencia” en la naturaleza. Sin las ulteriores precisiones metafísicas que hemos hecho arriba a la quinta vía, esa “inteligencia” bien podría ser la de un gran demiurgo finito.

 

Según esto, el argumento del “intelligent design” tal como se usa hoy día en EE.UU. a lo sumo serviría para demostrar que el evolucionismo mecanicista es falso, pero no para demostrar que Dios existe.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Un argumento contra el neodarwinismo

El milagro de los monos literatos

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Actualmente la versión más popular de la teoría de la evolución es el neodarwinismo. Éste pretende explicar la evolución biológica con base en dos y sólo dos elementos: las mutaciones genéticas aleatorias y la selección natural. Nótese que en este sistema sólo el primero de estos dos elementos cumple un rol positivo o creativo, generando nuevas variantes biológicas. En cambio, el rol de la selección natural es solamente negativo o destructivo, limitándose a hacer desaparecer las variantes menos aptas. En la visión neodarwinista, pues, la evolución avanza únicamente en función del azar. 

 

Quisiera plantear brevemente una idea que encontré en un libro del filósofo católico Claude Tresmontant, cuyo objetivo es refutar estadísticamente la teoría de que la única causa de la evolución biológica es el azar. Dice Tresmontant que sostener esa teoría es creer en "el milagro de los monos literatos".

 

Supongamos que un mono inmortal ha sido adiestrado para escribir a máquina. Como no es inteligente, la mayor parte del tiempo escribirá cosas sin ningún sentido. Sin embargo, según el cálculo de probabilidades, después de un período de tiempo suficientemente largo, el mono acabará por escribir, por puro azar, una novela, por ejemplo "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". Pero se plantean dos graves dificultades:

 

·        En primer lugar, la bajísima frecuencia de aciertos. Por cada éxito (o texto inteligible) habría una multitud innumerable de fracasos (textos ininteligibles).

 

·        En segundo lugar, el larguísimo tiempo requerido. Sólo para escribir la primera frase del Quijote nuestro pobre mono necesitaría muchos siglos de intentos fallidos; y para escribir toda la obra precisaría un tiempo inconcebiblemente prolongado.

 

Una evolución biológica guiada sólo por el azar se parece bastante a la tarea de este mono literato. Cada mutación genética aleatoria se asemeja a la escritura de una letra elegida al azar. La transformación de una especie viable en otra especie viable se asemeja a la escritura completa de una formidable obra literaria. Implica una sucesión enorme de mutaciones y un lapso de tiempo suficientemente largo entre cada par de mutaciones, para permitir el funcionamiento del mecanismo de selección natural.

 

Ahora bien, si la evolución biológica funcionara de este modo, debería producir una inmensa cantidad de "basura biológica" (con perdón de la expresión; con ella nos referimos a plantas o animales muy defectuosos, no a personas) equivalente a la "basura literaria" que produciría el mono en cuestión. Por cada ser vivo normal debería haber trillones de monstruos: aves sin cabeza, mamíferos de tres o cinco patas, peces con plumas, etc. Pero en realidad no es así. Tanto en el origen de cada especie como en el de cada individuo, la evolución avanza de acierto en acierto, de invención genial en invención genial, como dirigida por la mano maestra de un artista supremo. Cada especie es una maravilla en sí misma, y cada órgano de cada especie, y cada función de cada órgano de cada especie, etc.

 

De aquí surge una grave objeción contra el neodarwinismo: no existe evidencia empírica de esa enorme producción de “basura biológica”. Para contrarrestar este hecho, habría que suponer que la selección natural actúa con una eficiencia infinita, eliminando perfectamente todo rastro de esa ingente cantidad de “basura”. Esa suposición es muy difícil de hacer, ya que, por definición, la selección natural es un mecanismo muy lento, que requiere a menudo el paso de muchas generaciones para desempeñar su rol destructivo.

 

Además, si la evolución biológica estuviera dirigida sólo por el azar, habría llevado trillones de años alcanzar un solo resultado coherente (una nueva especie viable), puesto que habría que "escribir" aleatoriamente una sucesión de millones de mutaciones aleatorias magníficamente coordinadas entre sí. Pero el tiempo disponible está acotado, ya que la vida en la Tierra tiene sólo unos pocos miles de millones de años de existencia.

 

Multiplicar los monos literatos no resuelve el problema. En efecto, cuanto mayor sea la cantidad de monos, menor será el tiempo requerido para escribir por azar una gran obra literaria; pero, a igual tiempo, una mayor cantidad de monos producirá una mayor cantidad de "basura literaria". La multiplicación de los monos resuelve una de las dos objeciones, pero al precio de hacer insoluble la restante objeción.

 

En conclusión, la evolución biológica no es guiada sólo por el azar, sino que es la ejecución de un diseño inteligente. Es la creación misma, desarrollándose ante nuestros ojos. No es tanto una “evolución creadora”, como decía el gran filósofo Henri Bergson (convertido al catolicismo al final de sus días), cuanto una “creación evolutiva”.

 

Negar esto implica acumular milagro de mono literato sobre milagro de mono literato, en una sucesión vertiginosa de improbabilidades cada vez más inadmisibles. Aceptarlo significa entrever la sabiduría de la obra creadora de Dios.

 

Por último, me anticipo a responder dos posibles objeciones:

 

1.      El argumento de Tresmontant es una analogía y toda analogía implica a la vez una semejanza y una desemejanza. Es cierto que en la metáfora del mono literato no está representado el elemento “Selección Natural”, pero justamente esa metáfora está orientada a mostrar cuán pasmosa e improbable sería la tarea que debería desempeñar la selección natural en un esquema neodarwinista.

 

2.      El argumento de Tresmontant no cuantifica las probabilidades involucradas, sino que apunta a mostrar cualitativamente que en la teoría neodarwinista los números simplemente "no cierran". Científicos como Fred Hoyle y William Dembski han desarrollado objeciones matemáticas parecidas contra el neodarwinismo. En particular, Dembski ha desarrollado el concepto de “complejidad especificada” para demostrar matemáticamente que la evolución biológica es el producto de un diseño inteligente.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Creación evolutiva

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

He aquí un ensayo de respuesta a los argumentos que pretenden oponer la evolución cósmica o biológica al diseño inteligente y tachar de absurda la noción de creación evolutiva.

 

Desde el punto de vista lógico, es claro que no hay contradicción alguna entre evolución y diseño. Es perfectamente concebible un diseño evolutivo (o, dicho de otro modo, una evolución diseñada). El problema pues, no se encuentra en el orden lógico, sino en el orden psicológico. Los críticos no comprenden por qué Dios habría creado el universo según un plan evolutivo y, al no comprender la finalidad de la creación evolutiva, terminan declarándola absurda.

 

Es una vana pretensión, típicamente racionalista, pretender comprender la "psicología divina". Los racionalistas y los tomistas (entre los cuales modestamente me incluyo) coincidimos en que “ser” es “ser inteligible”. Los tomistas refieren la necesaria inteligibilidad del ser a la Inteligencia divina. Los racionalistas, arbitrariamente, la refieren a la razón humana, que toma así el lugar de Dios (no es una anécdota irrelevante el hecho histórico de que la Revolución Francesa haya transformado a la Catedral de Notre Dame en un templo de la diosa Razón). Por eso, los racionalistas no aceptan que haya verdades que sobrepasen la capacidad finita de comprensión de la razón humana. El creyente, en cambio, se inclina ante la sobrecogedora e inefable majestad de Dios, el misterio infinito que nos envuelve y nos sostiene en el ser. San Agustín escribió: "Si lo comprendes, no es Dios". Por lo tanto, pese a racionalistas cristianos como Descartes, Leibnitz y otros, el racionalismo contiene un germen oculto de ateísmo.

 

Sin embargo, “misterio” no es lo absolutamente desconocido. En el lenguaje cristiano, "misterio" es una realidad divina, trascendente y salvífica, que se nos manifiesta de algún modo visible o perceptible. Podemos hablar de Dios con sentido, pese a Su incomprensibilidad última. Por la fe y por la razón, podemos conocer verdaderamente a Dios, aunque no podamos abarcarlo ni agotarlo con nuestro entendimiento finito.

 

El cristiano puede entonces intentar una respuesta a la pregunta acerca de por qué Dios ha creado el mundo de la forma en que lo hizo, es decir, a través de un larguísimo y complejísimo proceso de evolución cósmica y biológica. A continuación presento un intento de respuesta, bastante fragmentario:

 

1.      Lo primero que hay que decir surge de lo dicho hasta aquí: Dios sabe por qué hace lo que hace. Es preciso confiar en la infinita sabiduría y la infinita bondad de Dios. Aunque en el libro de Job se trata de un problema distinto (el problema del mal), esta respuesta es similar a la que el mismo Dios da a los angustiados reproches de Job: ¿Estabas tú allí cuando Yo hice el cielo y la tierra? Job termina comprendiendo lo absurdo que es pretender poner a Dios en el banquillo de los acusados o desconfiar de Él.

 

2.      Por otra parte, cabría decir que la sobreabundancia del don divino es una de las notas características de Dios. Las dimensiones del universo y la cantidad de especies vegetales y animales pueden parecernos exageradas a nosotros, pero, como nos enseña el profeta Isaías, los pensamientos de Dios no son como los pensamientos de los hombres, sino que los superan infinitamente.

 

3.      La afirmación cristiana de que el universo es para el hombre no debe ser interpretada en el sentido de un utilitarismo estrecho. Ella no implica que, para justificar su existencia, cada cosa deba tener una utilidad directa e inmediata para el hombre. Se trata más bien de que en el mundo hay una jerarquía ontológica, dentro de la cual el hombre ocupa la primera posición. El sentido último del universo material es ser el hogar transitorio del hombre, pero en este hogar puede haber "adornos" con una finalidad no utilitarista. Quizás la galaxia Andrómeda no nos servirá nunca de mucho salvo como objeto de conocimiento y de contemplación, pero eso solo podría justificar su existencia a los ojos de Dios. Más aún, aunque hubiera rincones del universo que el hombre no llegue a conocer jamás, Dios mismo los conoce y se complace en ellos. "Dios miró todo lo que había hecho y vio que era muy bueno" (Génesis 1,31).

 

4.      Además, puede haber cierto grado de necesidad en la existencia de tantos seres vivos diferentes según un plan de creación evolutiva. Por ejemplo, quizás las arañas y las serpientes podrían ser vistas como "subproductos" más o menos necesarios de la creación evolutiva del hombre.

 

5.      Por último, hoy se conoce y se valora positivamente la complejidad enorme de los ecosistemas y la importancia de la biodiversidad. Quizás a nosotros nos pueda parecer que las tortugas galápago (por ejemplo) no son de mucha utilidad para el hombre, pero seguramente están cumpliendo un rol en el sistema ecológico global, aunque ese rol pueda ser tal vez modesto.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

La investigación histórica sobre Jesús

Daniel Iglesias Grèzes


Pregunta:

Recientemente leí la siguiente frase en un artículo de un autor católico: "No sólo no está probado que Cristo es un mito…, sino que está probado precisamente lo contrario: que Jesucristo pertenece a la historia y no al mito."

 

Esa frase me llamó mucho la atención. ¿No es cierto que la existencia histórica de Jesús sigue siendo un tema discutido entre los expertos?


Respuesta:

Niego que entre los expertos reine la incertidumbre acerca de la existencia o inexistencia histórica de Jesús de Nazaret. Al contrario, entre estudiosos de distintas tendencias religiosas y filosóficas, a pesar de sus distintas opiniones sobre el valor histórico de los Evangelios, existe un amplísimo consenso acerca de que ellos permiten conocer (como mínimo) varias verdades sobre Jesucristo, entre ellas su existencia real.


En este punto se puede palpar la distancia entre la “cultura académica”, para la cual la cuestión de la historicidad de Jesús es prácticamente una “cosa juzgada”, y cierta “cultura popular” anticristiana, difundida sobre todo a través de Internet, que divulga toda clase de argumentos contra la fe cristiana, la mayoría de ellos de escaso valor intelectual, incluyendo los que pretenden reducir a Jesucristo a la categoría del mito.

 

En una breve síntesis, se puede decir que los estudios históricos sobre Jesús han pasado por cuatro fases principales:


1) Desde el siglo XVIII hasta fines del siglo XIX se extendió la etapa de la llamada First Quest u Old Quest (“Primera Búsqueda” o “Antigua Búsqueda”), marcada sobre todo por la filosofía racionalista y el liberalismo teológico. Muchos críticos de los Evangelios separaron al “Jesús de la historia” del “Cristo de la fe” e intentaron redescubrir a aquél, construyendo imágenes de un Jesús meramente humano, maestro de sabiduría, profesor de moral o profeta apocalíptico.

 

2) Durante la primera mitad del siglo XX se extendió la etapa que algunos llaman No Quest (“Ninguna Búsqueda”). En este etapa predominó el influjo de Rudolf Bultmann y su “desmitologización” de los Evangelios. En pocas palabras, Bultmann sostuvo que sobre el Jesús histórico (si acaso existió) no se podía saber nada con certeza; pero tampoco necesitábamos saber nada, ya que la fe cristiana estaría basada únicamente en el mito de Cristo.


3) Aproximadamente de 1950 a 1990 se extendió la etapa de la Second Quest o New Quest (“Segunda Búsqueda” o “Nueva Búsqueda”), marcada por una fuerte reacción contra el “nihilismo histórico” de Bultmann y sus seguidores. Se vuelve a investigar al Jesús histórico, aunque prevalece una perspectiva de “minimalismo histórico”: muchos autores piensan que los Evangelios sólo permiten conocer unas pocas cosas ciertas sobre Jesús, entre ellas su existencia real. En los años '80 prácticamente sólo los expertos soviéticos seguían negando la historicidad de Jesús y lo hacían por "disciplina partidaria". Poco después, el Partido Comunista de la Unión Soviética sucumbió junto con la URSS.


4) Desde 1990 hasta el presente se extiende la etapa de la Third Quest (“Tercera Búsqueda”), en la cual se está superando el “minimalismo histórico”. Al haber aumentado mucho el conocimiento histórico sobre el Israel de los tiempos de Jesús, hoy predomina la idea de que es posible conocer muchas cosas históricamente ciertas sobre Jesús. Abundan las obras de autores que intentan volver a presentar o reinterpretar la imagen de Jesús, destacando sobre todo su carácter judío.


Te recomiendo la lectura de un artículo muy interesante sobre las últimas investigaciones acerca del Jesús histórico: Pbro. Miguel Antonio Barriola, Consideraciones acerca del “Jesús judío” y las investigaciones de la “Third Quest. Leyendo con calma este artículo, seguramente aprenderás unas cuantas cosas sobre el estado actual de las investigaciones históricas acerca de Jesús de Nazaret. Entre otras cosas verás que la postura “nihilista” sobre la historicidad de los Evangelios pasó de moda hace varias décadas. Se ha producido un regreso a la sensatez y también a los “preámbulos de la fe”.

 

En todos los tiempos la Iglesia Católica ha sostenido firmemente el valor histórico global de los Evangelios. La gran mayoría de los autores católicos se ha mantenido en esa línea, pese a los vaivenes experimentados por otras corrientes de pensamiento en la “búsqueda” del “Jesús de la historia”, en las distintas etapas antes señaladas.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Proclama del Día Internacional del Niño por Nacer

(leída en el acto realizado en la Plaza de la Bandera de Montevideo el 25 de Marzo de 2009)

 

Mesa Coordinadora Nacional por la Vida

 

Amigos y amigas:

 

Nos hemos reunido una vez más para celebrar el Día del Niño por Nacer. Nos convoca esta celebración de la grandeza y dignidad de la vida humana.

 

Debemos sin duda asombrarnos ante el don maravilloso de la vida. A todos nos fascina, nos asombra, y nos admira ver a un bebé recién nacido, pero mucho más admirable aún es todo el proceso de la gestación desde el instante de la concepción, que puede conocerse a través de las imágenes que hoy en día son de fácil acceso.

 

Por eso el Día del Niño por Nacer es una ocasión para reflexionar acerca del valor de la vida humana, del respeto que se debe al ser humano desde el instante mismo de la concepción, a partir de la cual existe un desarrollo coordinado, gradual, autónomo y continuo.

 

Desde el descubrimiento del genoma humano, ya nadie puede decir con honestidad intelectual que el fruto de la concepción no es un individuo de la especie humana.

 

Las evidencias científicas nos demuestran que desde el mismo instante de la concepción, cuando se constituye el cigoto, allí está toda la información genética que señala la identidad de la persona y que va a desarrollarse no sólo hasta el nacimiento, sino hasta el fin natural de la vida.

 

Desde esta óptica de valoración de la vida humana, felicitamos a las madres, porque todas ellas son heroicas, al acoger, cuidar, alimentar y amar a un nuevo hijo, por la valentía que han tenido de traer un hijo al mundo.

 

Toda maternidad bien entendida conlleva sacrificio, el olvidarse de sí mismas por el hijo, y merece por tanto el perpetuo respeto de todos los seres humanos.

 

Al mismo tiempo tenemos que decir que, lamentablemente, hoy día, cuando vivimos una ola de inseguridad en las calles y en las casas, el lugar más peligroso para el ser humano es el vientre materno. El lugar que debería ser su primer refugio, es el lugar más desprotegido.

 

Eso es así, porque en nuestro país no sólo se recurre al aborto como una falsa “solución” a los problemas, sino que hay quienes lo promueven como un supuesto “derecho” y buscan su legalización.

 

Por eso mismo deploramos que se haya aprobado irregularmente una supuesta ley que posibilita que los médicos informen cómo eliminar la vida humana. Concretamente nos referimos a las consejerías del Pereira Rossell, que ahora pretenden extender a todo el país.

 

Los médicos, en quienes depositamos nuestra confianza, deberían ser los que cuidan la vida, no los que enseñan cómo suprimirla.

 

Pero la vida del niño por nacer no está amenazada solamente por el aborto y las leyes que lo quieren despenalizar, sino además por las técnicas de reproducción asistida y de investigación sobre embriones, que llevan necesariamente a la destrucción de miles de embriones humanos, que son considerados como material sobrante.

 

Esta mentalidad considera al embrión humano como un objeto, y no se advierte que el ser humano, desde el instante de la concepción, no puede ser medio o instrumento para otra cosa, sino que es alguien que tiene sentido por sí mismo.

 

No podría llegar nunca a ser una persona humana si no lo fuera desde el comienzo, porque no es un embrión vegetal, no es un embrión animal, sino que es un embrión humano, y como tal tiene la dignidad que corresponde al hombre, que es un ser personal: fin y no medio.

 

Es por todo esto que queremos gobernantes que defiendan el derecho a vivir de todo ser humano, de cada uno de nosotros, no importa nuestra edad o estadio de desarrollo.

 

Porque una sociedad donde algunos vean que su integridad y su vida no son protegidas por la ley es una sociedad retrógrada, donde prima la ley de la selva.

 

Y si a un ser humano no se le reconoce el derecho a vivir, ¿qué garantías tenemos de que se le respeten otros derechos?

 

Este año nos enfrentamos a un nuevo desafío. Es año electoral, y, comenzando ya por las elecciones internas, se decide la orientación que el futuro gobierno va a tener en lo que tiene que ver con el derecho a la vida.

 

En estas elecciones se juega el destino de muchos niños por nacer en nuestro país. Según quiénes salgan elegidos, hay la posibilidad de que en la próxima legislatura tengamos que estar nuevamente en la calle defendiendo el más básico y elemental de todos los derechos humanos.

 

Vamos a ser responsables, con nuestro voto, de que en el futuro gobierno, la vida humana en el vientre materno siga protegida por la ley, o deje de estarlo. Tenemos que pensar esto muy bien, antes de votar.

 

La Mesa Coordinadora Nacional por la Vida no depende de ningún grupo político ni de ninguna institución religiosa. Nos une la defensa de la vida humana y de la familia. Por eso la Mesa no puede decirle a la ciudadanía a quién debe votar en estas elecciones. Y no lo vamos a hacer.

 

Pero dentro de nuestro campo específico, que es la defensa de la vida humana y del derecho a la vida, hay algo que sí podemos y debemos hacer, y por eso nos sentimos en el deber de exhortar a todos los uruguayos:

 

¡VOTEMOS A FAVOR DE LA VIDA HUMANA!

 

¡VOTEMOS A FAVOR DEL DERECHO HUMANO FUNDAMENTAL, QUE ES EL DERECHO A LA VIDA!

 

¡VOTEMOS A FAVOR DEL NIÑO POR NACER!

 

¡VOTEMOS A FAVOR DE LOS QUE DEFIENDEN LA VIDA!

 

¡NO VOTEMOS A PARTIDOS O CANDIDATOS QUE PROMUEVAN LA DESPENALIZACIÓN O LEGALIZACIÓN DEL ABORTO!

 

¡NO VOTEMOS, COMENZANDO POR LAS ELECCIONES INTERNAS DE LOS PARTIDOS, A AQUELLOS QUE HAYAN LEVANTADO SU MANO PARA VOTAR A FAVOR DE LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO!

 

¡HAGAMOS SABER A NUESTROS REPRESENTANTES QUE EL VOTO DE LOS URUGUAYOS DEPENDE DEL RESPETO QUE SE MUESTRE A LA VIDA HUMANA Y A LA FAMILIA BASADA EN EL MATRIMONIO DE UN VARÓN Y UNA MUJER!

 

¡DIFUNDAMOS ENTRE TODOS NUESTROS CONOCIDOS LA CONSIGNA DE VOTAR A FAVOR DEL DERECHO HUMANO FUNDAMENTAL, QUE ES EL DERECHO A LA VIDA DESDE LA CONCEPCIÓN!

 

¡VIVA LA VIDA HUMANA!

 

¡VIVA LA FAMILIA!

 

¡VIVA EL URUGUAY!

 

¡VIVA LA PATRIA!

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Charles J. Chaput, arzobispo de Denver

“Los católicos servimos mejor al César cuando servimos primero a Dios”

 

(Aceprensa, 13 Abril 2009)

 

Charles J. Chaput, arzobispo de Denver y autor del reciente libro Render Unto Caesar, ha llamado la atención en Estados Unidos por defender con energía el compromiso de los creyentes en la vida pública. El pasado 17 de marzo, en una mesa redonda organizada por el Pew Forum on Religion & Public Life, se reunió con varios periodistas para hablar sobre esta cuestión.

Antes de abordar el tema propuesto por sus invitados, Chaput se refirió brevemente al modo en que los medios de comunicación cubren las noticias sobre la Iglesia católica. El arzobispo, que tiene fama de ser un hombre hábil y moderado, no quiso desaprovechar esta oportunidad pues tenía delante a periodistas de prestigiosos medios como el Washington Post, el New York Times o Associated Press.

 

Más allá de las convicciones personales, un buen periodista debe plantear las cosas con honradez y profesionalidad. Esta es la idea central que transmitió Chaput en un tono cordial. “No espero que los periodistas que hablan sobre la Iglesia católica estén de acuerdo con todo lo que ella enseña. Pero sí creo que quienes informan sobre ella han de tener un conocimiento profundo acerca de sus enseñanzas y de sus tradiciones”.

 

Chaput denunció la falta de rigor de algunos periodistas en temas de religión. “Ningún medio serio enviaría a cubrir una noticia sobre lo que ocurre en Wall Street a un periodista que carece de conocimientos básicos de economía, de política monetaria y fiscal, y, en estos días, de las teorías de Keynes. Sin embargo, cuando se trata de hablar de religión, aparecen muchos periodistas que no han hecho bien sus deberes”.

 

Tras esta incisiva introducción, Chaput entró de lleno en el tema de la mesa redonda. Sobre las obligaciones políticas de los católicos. “La principal obligación política de cualquier católico es primero ser católico, es decir, conocer su fe y pensar y actuar en todo momento como tal. Esto incluye su vida en la esfera pública, lo que supone la obligación de promover políticas y candidatos que reflejen la ley natural, el Evangelio, y las enseñanzas morales y sociales de la Iglesia”.

 

“Dicho de otro modo: Los católicos servimos mejor al César cuando servimos primero a Dios. Esto significa vivir con coherencia nuestras creencias, fielmente y sin pedir excusas, tanto en casa como en la vida pública, en el trabajo y en las urnas. No podemos ser buenos católicos si nos mostramos indiferentes ante los sufrimientos de los pobres, de los sin techo o de los inmigrantes ilegales. Tampoco podemos olvidar la masacre diaria de los no nacidos, sin luchar para evitarlo, y no sólo con políticas sociales de apoyo sino también cambiando las leyes”.

 

Frente a las suspicacias que mostraron algunos periodistas cuando el pasado otoño se publicó el libro Render Unto Caesar, Chaput aclaró que no se decanta por ningún partido político. “No escribí este libro para animar a los católicos a que se convirtieran en demócratas o en republicanos. Mi objetivo era recordar que la fe, aunque esencialmente personal, nunca es meramente privada, sino que tiene implicaciones en la vida pública”

 

“La Iglesia no es una organización política. Pero su testimonio moral -cuando la gente lo toma en serio- siempre tendrá consecuencias políticas. Si a algún partido le molestan esas consecuencias, es un problema del partido. La razón de ese choque está en las opciones que ha tomado el propio partido; no es culpa de la Iglesia. Tampoco es misión de la Iglesia callarse para evitar los dilemas morales de los políticos católicos”.

 

“Donde los medios ven políticos católicos, los obispos vemos almas. Para un obispo, el papel de los católicos en la vida pública no se reduce al juego político de los partidos. En realidad, es una cuestión que tiene que ver con la escatología (...) La escatología hace referencia al más allá: cielo e infierno, juicio y salvación. Refleja las enseñanzas de Jesús: lo que hacemos aquí tiene consecuencias en la vida futura”.

 

Después de referirse al caso de los políticos católicos que defienden posturas incompatibles con su fe, Chaput concluyó su intervención destacando el papel positivo de la religión en la vida pública. “La historia nos enseña que la fe es uno de los motores de la dignidad humana y del progreso. Cuando se margina a la religión de la vida pública, la política ocupa su lugar bajo el mismo ropaje pero con menos conciencia”.

 

La intervención completa del arzobispo y las preguntas de los periodistas en:

http://www.catholiceducation.org/articles/media/me0080.htm

 

Fuente: http://www.aceprensa.com/articulos/2009/apr/13/los-catlicos-servimos-mejor-al-cesar-cuando-servimos-primero-dios/

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Los obispos de Estados Unidos declaran no cristiana la terapia Reiki

Denuncian su utilización en instituciones católicas

 

WASHINGTON, domingo, 10 abril 2009 (ZENIT.org).

 

El Reiki, medicina alternativa japonesa, carece de credibilidad científica y está fuera de la fe cristiana, haciéndola inaceptable para las instituciones sanitarias católicas, indicaba la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

 

El 29 de marzo, la Conferencia publicaba las "Directrices para la Evaluación del Reiki como Terapia Alternativa", desarrolladas por su comité doctrinal, presidido por el obispo de Bridgeport, Connecticut, Mons. William Lori, y aprobadas por el comité administrativo el viernes 28 de marzo.

 

El documento observa que "la Iglesia reconoce dos clases de curación: la curación por la gracia divina y la curación que utiliza los poderes de la naturaleza", que "no se excluyen una a otra".El Reiki, sin embargo, "no encuentra apoyo ni en los descubrimientos de la ciencia natural ni en la fe cristiana", explicaba.

 

Las directrices indican que esta técnica de curación "fue inventada en Japón a finales del ochocientos por Mikao Usui, que estudiaba los textos budistas". El documento añade: "Según las enseñanzas del Reiki, la enfermedad es causada por alguna clase de disfunción o desequilibrio en la ‘energía vital' de uno. Un médico Reiki efectúa la curación colocando sus manos en ciertas posiciones sobre el cuerpo del paciente para facilitar el flujo del Reiki, la ‘energía vital universal', del médico Reiki al paciente".

 

Curación espiritual

 

Explica más adelante que la terapia tiene algunos aspectos de religión, siendo "descrita como una clase de curación ‘espiritual'", con sus propios preceptos éticos o "forma de vida".

 

El Reiki "no ha sido aceptado por las comunidades científica y médica como una terapia eficaz", observaban las directrices. "Estudios científicos serios atestiguan que el Reiki carece de eficacia, así como de una explicación científica plausible sobre cómo podría llegar a ser eficaz".

 

Tampoco la fe puede ser la base de esta terapia, afirmaban los obispos, puesto que el Reiki es diferente de la "curación divina conocida por los cristianos". Explicaban que "la diferencia radical se puede ver de forma inmediata en el hecho de que el poder de curación del médico Reiki está a disposición del ser humano". Para los cristianos, afirmaban, "el acceso a la curación divina se hace a través de la oración a Cristo como Señor y Salvador", mientras que el Reiki es una técnica que se transmite de "maestro" a alumno, un método que "según parece producirá los resultados previstos".

 

Problemas insolubles

 

Las directrices establecen: "Para un católico creer en la terapia Reiki presenta problemas insolubles. En términos de curación de la salud física propia o de los demás, emplear una técnica que no tiene apoyo científico -ni incluso verosimilitud- es, por lo general, imprudente".

 

A nivel espiritual, el documento indica que "existen peligros importantes". Y explica: "Para usar el Reiki habría que aceptar, al menos de forma implícita, elementos centrales de la visión del mundo que subyace tras la teoría Reiki, elementos que no pertenecen ni a la fe cristiana ni a la ciencia natural".

 

"Sin justificación ni de la fe cristiana ni de la ciencia natural, por tanto, un católico que ponga su confianza en el Reiki estaría actuando dentro del ámbito de la superstición, esa tierra de nadie que no es ni fe ni ciencia".

 

"La superstición corrompe el culto a Dios volviendo hacia una dirección falsa los sentimientos y la práctica religiosa. Aunque en ocasiones la gente cae en la superstición por ignorancia, es responsabilidad de todos los que enseñan en nombre de la Iglesia eliminar tal ignorancia tanto como les sea posible".

 

El documento concluye, "puesto que la terapia Reiki no es compatible ni con la enseñanza cristiana ni con la evidencia científica, no sería apropiado que instituciones católicas, como establecimientos sanitarios católicos y centros de retiros, o personas que representan a la Iglesia, como capellanes católicos, promuevan o proporcionen terapia Reiki".

 

En la red: Directrices - http://www.usccb.org/dpp/doctrine.htm

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Salmo 116 (114-115)

 

Amo al Señor, porque Él escucha

el clamor de mi súplica,

porque inclina su oído hacia mí,

cuando yo lo invoco.

Los lazos de la muerte me envolvieron,

me alcanzaron las redes del Abismo,

caí en la angustia y la tristeza;

entonces invoqué al Señor:

«¡Por favor, sálvame la vida!».

El Señor es justo y bondadoso,

nuestro Dios es compasivo;

el Señor protege a los sencillos:

yo estaba en la miseria y me salvó.

Alma mía, recobra la calma,

porque el Señor ha sido bueno contigo.

El libró mi vida de la muerte,

mis ojos de las lágrimas

y mis pies de la caída.

Yo caminaré en la presencia del Señor,

en la tierra de los vivientes.

Tenía confianza, incluso cuando dije:

«¡Qué grande es mi desgracia!».

Yo, que en mi turbación llegué a decir:

«¡Los hombres son todos mentirosos!».

¿Con qué pagaré al Señor

todo el bien que me hizo?

Alzaré la copa de la salvación

e invocaré el nombre del Señor.

Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo.

¡Qué penosa es para el Señor

la muerte de sus amigos!

Yo, Señor, soy tu servidor,

tu servidor, lo mismo que mi madre:

por eso rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

e invocaré el nombre del Señor.

Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo,

en los atrios de la Casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén.

¡Aleluya!

 

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios (traducción argentina de la Biblia).

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Secuencia del Domingo de Pascua

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.


Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.


Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.


«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,


los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua.»


Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.


Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.

 

Vuelve a la Tabla de Contenidos

 

 

Sitios web recomendados

 

Sitios de Fe y Razón:

 

Fe y Razón

www.feyrazon.org

Revista Virtual Fe y Razón

www.revistafeyrazon.blogspot.com

 

 

Sitios de miembros de Fe y Razón:

 

Diácono Jorge Novoa

www.diaconojorge.blogspot.com

Meditaciones Cristianas

www.lmillau.blogspot.com

Verdades de Fe

www.verdadesdefe.blogspot.com

Aportes al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo

www.ivsinodo.blogspot.com

 

Libros de Teología de Daniel Iglesias

http://stores.lulu.com/diglesias

Introducción a la Teología Moral

www.slideshare.net/feyrazon

 

 

Sitios de colaboradores de Fe y Razón:

 

Toma y Lee. Sagradas Escrituras

www.tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com

El Blog del Buen Amor

www.elblogdelbuenamor.blogspot.com

A ver qué hacemos

www.algotipocomo.blogspot.com

 

 

Otros sitios uruguayos:

 

Veritas de terra orta est

www.verdaddelcielo.blogspot.com

Obra Social Pablo VI

www.osp6.blogspot.com

 

 

Otros sitios:

 

Santa Sede

www.vatican.va

Zenit

www.zenit.org

ForumLibertas

www.forumlibertas.com

Noticias Globales

www.noticiasglobales.org

Aceprensa

www.aceprensa.com

 

 

Este mensaje no es un SPAM. Si desea cancelar su suscripción, por favor escríbanos a: feyrazon@gmail.com