Fe y Razón

Revista virtual gratuita

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 29 – Diciembre de 2008

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

Sitio web original: Fe y Razónwww.feyrazon.org

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Colaboradores: Dr. Carlos Álvarez Cozzi, Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Dra. María Lourdes González, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Álvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

El Evangelio de la Vida irradia su esplendor desde el pesebre de Belén

Equipo de Dirección

Documentos

Intervención de Benedicto XVI en el Sínodo de los Obispos

Zenit

Documentos

A la opinión pública y a nuestras comunidades

Conferencia Episcopal del Uruguay

Espiritualidad

Navidad desde la fe

Diác. Jorge Novoa

Biblia

¿Quién es el ángel del pozo del Abismo?

Diác. Jorge Novoa

Teología

13 preguntas y respuestas sobre la fe cristiana (Parte 1)

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Filosofía

¿Están verdes?

Lic. Néstor Martínez

Familia y Vida

Un hombre vestido de blanco y negro

Lic. Néstor Martínez

Familia y Vida

Comunicado sobre el veto parcial de la ley de salud sexual y reproductiva

Mesa Coordinadora Nacional por la Vida

Noticias

Fallece un sacerdote víctima de la persecución contra los cristianos en la India

Zenit

Noticias

Halloween: observancia extravagante

Noticias Globales

Oración

Salmo 1

Biblia de Jerusalén

 

 

El Evangelio de la Vida irradia su esplendor desde el pesebre de Belén

 

Equipo de Dirección

 

1.      La aprobación de la Ley de “Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva”: los hechos

En una larga sesión, que se extendió del martes 4 al miércoles 5 de noviembre de 2008, la Cámara de Representantes aprobó el proyecto de ley de “Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva”, que introducía una muy amplia legalización del aborto en el Uruguay. La votación del proyecto en general arrojó 49 votos a favor y 48 votos en contra. Todos los votos a favor provinieron de Diputados del partido de gobierno (la coalición de izquierda “Frente Amplio”). Votaron en contra los 46 Diputados presentes de la oposición (integrada por el Partido Nacional, el Partido Colorado y el Partido Independiente) y dos Diputados del Frente Amplio. Dicha aprobación sólo fue posible porque, bajo una intensa presión de la mayoría de sus compañeros de bancada, otros dos Diputados del Frente Amplio que habían anunciado su intención de votar en contra del proyecto terminaron votando a favor del mismo. Uno de ellos, sin embargo, votó contra el Artículo 2º del proyecto, que instituía a los “derechos sexuales y reproductivos” (que entre otras cosas incluyen la homosexualidad y el aborto) como “derechos humanos universales”. Así, ese artículo fue rechazado, por lo cual el proyecto de ley tuvo que volver al Senado.

 

Cabe mencionar que dos Diputados titulares del Frente Amplio, de conocida posición anti-abortista, no participaron de esta sesión de la Cámara de Representantes. Según informes de prensa, esto se debió a maniobras de su propio sector político, Asamblea Uruguay (cuyo líder, el Senador Danilo Astori, es uno de los precandidatos del Frente Amplio a la Presidencia de la República). Asamblea Uruguay se había comprometido a hacer los esfuerzos necesarios para asegurar que se alcanzarían los votos requeridos para aprobar ese proyecto de ley en la Cámara Baja.

 

El martes 11 de noviembre de 2008 el proyecto en cuestión (con la modificación hecha por la Cámara de Representantes) fue aprobado por la Cámara de Senadores, por 17 votos contra 13. Votaron a favor los 17 Senadores del Frente Amplio. En contra votaron los once Senadores del Partido Nacional y dos de los tres Senadores del Partido Colorado. El restante Senador colorado (el Dr. Julio María Sanguinetti, quien fue dos veces Presidente de la República) se ausentó de sala en el momento de la votación. Habiendo sido aprobado por ambas Cámaras, el proyecto de ley pasó a consideración del Poder Ejecutivo.

 

El jueves 13 de noviembre de 2008, en un hecho que tuvo resonancia mundial, el Poder Ejecutivo, ejercido en ese caso por el Dr. Tabaré Vázquez, Presidente de la República, y la Dra. María Julia Muñoz, Ministra de Salud Pública, vetó los Capítulos II, III y IV del proyecto de ley. Esos tres Capítulos trataban directamente acerca de la legalización del aborto. De este modo, el Dr. Vázquez (médico oncólogo de reconocido prestigio profesional) cumplió su reiterado compromiso público de vetar dichas disposiciones. Recomendamos la lectura del documento por medio del cual el Poder Ejecutivo interpuso ese veto parcial y explicó los fundamentos del mismo (ese documento está disponible en:

http://www.presidencia.gub.uy/_Web/proyectos/2008/11/s511__00001.PDF). Diversos comentaristas, tanto en el Uruguay como en otros países, han destacado la fuerte coincidencia entre las razones esgrimidas en este documento y muchos de los principales argumentos del movimiento pro-vida.

 

El jueves 20 de noviembre de 2008 se reunió la Asamblea General (integrada por todos los miembros de ambas Cámaras parlamentarias) para considerar el veto presidencial. Para levantar el veto se requería un mínimo de tres quintos de los votos de los miembros presentes de cada Cámara. Votaron negativamente (es decir, en contra del veto presidencial) 15 de los 29 Senadores presentes y 46 de los 90 Diputados presentes. De los 61 votos negativos, 60 fueron de legisladores del partido de gobierno. El restante voto negativo fue el del ya mencionado Dr. Sanguinetti. Al principio la sesión fue presidida por el Senador José Mujica (otro precandidato del Frente Amplio a la Presidencia de la República), quien sin embargo se retiró antes de la votación. Dado que no se alcanzaron las mayorías especiales requeridas, el veto quedó firme. Por consiguiente, del proyecto original fueron aprobados únicamente los Capítulos I (sin el Artículo 2º) y V.

 

2.      La aprobación de la “Ley de Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva”: nuestra opinión

Los hechos reseñados en el numeral anterior contienen aspectos positivos y aspectos negativos.

 

Por una parte, celebramos el gran triunfo alcanzado por la “cultura de la vida” al ser rechazadas las iniciativas legislativas que habrían convertido al Uruguay en el primer país de América Latina en introducir la legalización del aborto por la sola voluntad de la madre, bajo condiciones muy amplias. Una vez más, con la ayuda de Dios, el pequeño David ha vencido al gigante Goliat. Felicitamos, entonces, a todos los legisladores, gobernantes y ciudadanos uruguayos que defendieron el derecho humano a la vida.

 

Destacamos el coraje manifestado por el Presidente de la República al mantenerse fiel a profundas convicciones éticas, pese a la existencia de fortísimas presiones contrarias. No es nada común que un importante líder político actúe en contra de la firme voluntad de casi todos sus seguidores y de sus propios intereses electorales, para seguir el dictado de su conciencia.

 

Con la misma claridad lamentamos los aspectos negativos de estos acontecimientos. Resumiendo y actualizando los argumentos expuestos por Norberto Corsini en su blog “Defensores del pueblo” (véase: www.defpueblo.blogspot.com), señalamos que, en breve síntesis, la ley promulgada:

·        encomienda al Ministerio de Salud Pública la implantación en todo el país del programa de “asesoramiento para la maternidad segura” que hoy funciona en el Hospital Pereira Rossell de Montevideo, programa que consiste esencialmente en promover el aborto farmacológico basado en el Misoprostol;

·        erige a la “perspectiva de género” (que afirma que el “género” es una mera construcción cultural y una opción libre de la persona, independiente de su realidad biológica) como ideología oficial del Estado uruguayo, contrariando así el principio de laicidad;

·        viola gravemente y en múltiples sentidos la patria potestad, al establecer varias disposiciones que se refieren al ejercicio de los supuestos “derechos sexuales y reproductivos” y a la recepción de “servicios de salud reproductiva” por parte de niños o adolescentes, ignorando las convicciones y la voluntad de sus padres;

·        dispone la capacitación de los docentes de todo el sistema educativo para la promoción de los derechos sexuales y reproductivos, lo cual implica entre otras cosas que los docentes inculquen en sus alumnos la noción de que la homosexualidad y el aborto son derechos humanos.

 

Por consiguiente, reafirmamos nuestra voluntad de seguir trabajando a fin de lograr la derogación total de la nueva ley, en el momento oportuno.

 

3.      Un silogismo para los católicos en tiempos electorales

Un silogismo es un razonamiento formado por tres proposiciones: premisa mayor, premisa menor y conclusión. Las leyes de la lógica garantizan que, si el silogismo está construido correctamente y las dos premisas son verdaderas, la conclusión será necesariamente verdadera.

 

El silogismo que vamos a proponer parte de la siguiente premisa mayor:

“Un ciudadano cristiano no puede lícitamente votar a favor de un candidato, sector o partido que promueve la legalización del aborto”.

Nos referimos aquí a la licitud moral del voto, no a su licitud jurídica. Esta premisa mayor puede ser demostrada tanto filosóficamente (es decir, apelando a la razón humana natural) como teológicamente (es decir, apelando a la razón iluminada por la fe sobrenatural). Para mayor brevedad, nos atendremos aquí a la vía teológica, apelando a la autoridad del Magisterio de la Iglesia Católica:

“Cuando en ámbitos y realidades que remiten a exigencias éticas fundamentales se proponen o se toman decisiones legislativas y políticas contrarias a los principios y valores cristianos, el Magisterio enseña que «la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral».” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 570).

De esta doctrina católica se deduce fácilmente la premisa mayor referida.

 

Nuestro silogismo continúa con la siguiente premisa menor:

“El candidato, sector o partido X promueve la legalización del aborto”.

La verdad de esta premisa puede ser fundada en hechos públicos y notorios, como por ejemplo el voto de cada candidato, sector o partido en las diversas instancias del trámite parlamentario de la Ley de “Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva”.

 

Evidentemente, nuestro silogismo termina en la siguiente conclusión:

“Un ciudadano cristiano no puede lícitamente votar a favor de X”.

 

Para evitar esta conclusión, es preciso rechazar una doctrina católica (lo cual no debe hacer ningún católico), o bien rechazar hechos públicos y notorios (lo cual no debe hacer ningún ciudadano informado), o bien rechazar las leyes de la lógica (lo cual no debe hacer ningún ser racional).

 

Nótese que, aunque en general los Pastores de la Iglesia se limitan a enseñar la premisa mayor, ellos suponen que los fieles católicos están suficientemente capacitados para informarse acerca de los hechos que fundamentan la premisa menor y para deducir por sí mismos la necesaria conclusión.

 

4.      La Iglesia tiene derecho a excomulgar

En su edición del domingo 2/11/2008, el diario “El País” publicó una entrevista del periodista Alejandro Nogueira a Mons. Nicolás Cotugno, Arzobispo de Montevideo. La entrevista se realizó en el contexto de la inminente votación en la Cámara de Representantes del proyecto de ley de “salud sexual y reproductiva”, que incluía la legalización del aborto.

 

En el transcurso de dicha entrevista y en respuesta a preguntas concretas del periodista, Mons. Cotugno se refirió entre otros a los siguientes puntos de la doctrina católica:

·        El derecho a la vida, como los demás derechos humanos fundamentales, es natural, por lo cual ningún grupo de legisladores o de ciudadanos (aunque sea mayoritario) puede abolirlo.

·        El legislador católico que vote en el Parlamento a favor de la legalización del aborto puede ser excomulgado por la Jerarquía eclesiástica y debe abstenerse de recibir la Santa Comunión mientras no se arrepienta y no se reconcilie con Cristo y con la Iglesia.

 

A pesar de que esas declaraciones de Mons. Cotugno no hicieron otra cosa que recordar aspectos de la doctrina católica tradicional, inmediatamente se produjeron numerosas y muy duras críticas de distintos legisladores, políticos, periodistas, académicos, etc. Muchos de los críticos consideraron las mencionadas declaraciones como una amenaza o presión indebida del Arzobispo a los legisladores o como una expresión de sentimientos de intolerancia o anti-democráticos. En algunos casos esas críticas abarcaron a toda la Iglesia Católica o llegaron a incluir descalificaciones personales del Sr. Arzobispo o insultos al mismo.

 

Frente a esas críticas equivocadas, injustas y reminiscentes de viejas tendencias jacobinas, manifestamos nuestra adhesión y apoyo al Arzobispo de Montevideo y lo felicitamos por su valiente y firme defensa del derecho humano a la vida y su preocupación pastoral por la salud espiritual de los legisladores católicos pro-abortistas.

 

Además deseamos hacer las siguientes reflexiones:

·        Como persona, Mons. Nicolás Cotugno goza del derecho a la libertad de expresión, que abarca también los temas políticos.

·        Las normas morales y canónicas que determinan cuáles personas pueden recibir la Sagrada Eucaristía son normas internas de la Iglesia Católica, que brotan de su constitución divina y de decisiones legítimas de las autoridades eclesiásticas competentes. Es absurdo y hasta sorprendente que personas no católicas pretendan alterar dichas normas, atentando así contra la libertad religiosa y la libertad de asociación.

·        Las citadas declaraciones de Mons. Cotugno no deben ser consideradas como una mera opinión personal suya sino como una expresión del Magisterio ordinario de la Iglesia Católica.

·        El Magisterio de la Iglesia se refiere a los asuntos de fe y costumbres. Su función es proponer y defender la doctrina cristiana no sólo en sus aspectos teóricos, sino también en sus aspectos prácticos. La fe cristiana implica necesariamente la moral cristiana, la vida en Cristo; y esta moral cristiana no está limitada a los aspectos individuales de la vida humana, sino que incluye también los aspectos sociales. Cuando la Iglesia predica las consecuencias del Evangelio en el ámbito social y político, no se está inmiscuyendo en un terreno que no le corresponde, sino que está cumpliendo una parte esencial de su misión.

·        El Magisterio de la Iglesia no ocupa el lugar de la conciencia del cristiano, sino que la orienta certeramente hacia la verdad. La Iglesia no ordena a sus fieles lo que deben votar, sino que les enseña una doctrina revelada por Dios que les proporciona luces valiosísimas a la hora de tomar decisiones referidas a cuestiones políticas concretas.

·        La cuestión del aborto -considerado por muchos como el mayor drama moral de nuestro tiempo- tiene una importancia tan grande que es justo que la Iglesia Católica ponga un especial énfasis en esta cuestión.

 

Nuestro Señor Jesucristo nos ha dicho: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mateo 5,10). Que Él nos conceda valor para no ceder ante la presión de los poderosos de este mundo, cuando éstos intentan apartarnos del seguimiento de Cristo.

 

5.      Resultados de una pequeña encuesta

Agradecemos a los suscriptores de “Fe y Razón” que tuvieron a bien contestar la pequeña encuesta que hicimos en el mes de noviembre. Nos alegran las opiniones muy positivas que ellos manifestaron acerca de nuestra humilde revista virtual. Además, manifestamos nuestra voluntad de hacer lugar (en lo posible) a las valiosas sugerencias que algunos de ellos nos hicieron a fin de mejorar la revista.

 

6.      Un saludo navideño

El Evangelio de la Vida irradia su esplendor desde el pesebre de Belén, donde la Virgen María dio a luz al Redentor del mundo, Dios de Dios, Luz de Luz, hecho carne para nuestra salvación. Se trata del único Evangelio, que tiene múltiples consecuencias en diversos órdenes de la vida, incluyendo el orden bioético. No olvidemos nunca que “el obrar sigue al ser” y que el ser cristiano brota del encuentro con la persona de Cristo. Vayamos pues, hermanos, jubilosa el alma, al portal de Belén, al encuentro de Aquel que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.

¡De corazón auguramos para todos y cada uno de ustedes una muy feliz y cristiana Navidad!

 

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Intervención de Benedicto XVI en el Sínodo de los Obispos

Propone superar el dualismo entre exégesis y teología

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 19 de octubre de 2008 (ZENIT.org).

 

Publicamos la intervención que Benedicto XVI pronunció el martes 14 de octubre durante la décimo cuarta congregación del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra. El texto ha sido transcrito posteriormente y publicado este sábado por la Oficina de Información de la Santa Sede. El Papa pronunció estas palabras a partir de unas notas que había escrito en su cuaderno.

 

* * *

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

El trabajo con motivo de mi libro sobre Jesús da la oportunidad de ver todo el bien que nos llega de la exégesis moderna, pero también permite reconocer sus problemas y sus riesgos.

 

La Dei Verbum 12 ofrece dos indicaciones metodológicas para un adecuado trabajo exegético. En primer lugar, confirma la necesidad de la utilización del método histórico-crítico, cuyos elementos esenciales describe brevemente. Esta necesidad es la consecuencia del principio cristiano formulado en Juan 1, 14: "Verbum caro factum est". El hecho histórico es una dimensión constitutiva de la fe cristiana. La historia de la salvación no es una mitología, sino una verdadera historia y, por lo tanto, hay que estudiarla con los métodos de la investigación histórica seria.


Sin embargo, esta historia posee otra dimensión, la de la acción divina. En consecuencia la Dei Verbum habla de un segundo nivel metodológico necesario para la interpretación justa de las palabras, que son al mismo tiempo palabras humanas y Palabra divina. El Concilio dice, siguiendo una regla fundamental para la interpretación de cualquier texto literario, que la Escritura hay que interpretarla en el mismo espíritu en el que fue escrita y para ello indica tres elementos metodológicos fundamentales cuyo fin es tener en cuenta la dimensión divina, pneumatológica, de la Biblia: es decir se debe 1) interpretar el texto teniendo presente la unidad de toda la Escritura; esto hoy se llama exégesis canónica; en los tiempos del Concilio este término no había sido creado aún, pero el Concilio dice la misma cosa: es necesario tener presente la unidad de toda la Escritura; 2) también se debe tener presente la viva tradición de toda la Iglesia; y finalmente 3) es necesario observar la analogía de la fe. Sólo allí donde los dos niveles metodológicos, el histórico-crítico y el teológico, son observados, se puede hablar de una exégesis teológica, de una exégesis adecuada a este Libro. Mientras que con respecto al primer nivel la actual exégesis académica trabaja a un altísimo nivel y nos ayuda realmente, la misma cosa no se puede decir del otro nivel. A menudo este segundo nivel, el nivel constituido por los tres elementos teológicos indicados por la Dei Verbum, casi no aparece. Y esto tiene consecuencias más bien graves.


La primera consecuencia de la ausencia de este segundo nivel metodológico es que la Biblia se convierte en un libro del pasado solamente. Se pueden extraer de él consecuencias morales, se puede aprender la historia, pero el libro como tal habla sólo del pasado y la exégesis ya no es realmente teológica, sino que se convierte en pura historiografía, historia de la literatura. Ésta es la primera consecuencia: la Biblia queda como algo del pasado, habla sólo del pasado.


Existe también una segunda consecuencia aún más grave: donde desaparece la hermenéutica de la fe indicada por la Dei Verbum, aparece necesariamente otro tipo de hermenéutica, una hermenéutica secularizada, positivista, cuya clave fundamental es la convicción de que lo Divino no aparece en la historia humana. Según esta hermenéutica, cuando parece que hay un elemento divino, se debe explicar de dónde viene esa impresión y reducir todo al elemento humano. Por consiguiente, se proponen interpretaciones que niegan la historicidad de los elementos divinos.

 

Hoy, el llamado mainstream de la exégesis en Alemania niega, por ejemplo, que el Señor haya instituido la Santa Eucaristía y dice que el cuerpo de Jesús permaneció en la tumba. La Resurrección no sería un hecho histórico, sino una visión teológica. Esto sucede porque falta una hermenéutica de la fe: se consolida entonces una hermenéutica filosófica profana, que niega la posibilidad de la entrada y de la presencia real de lo Divino en la historia. La consecuencia de la ausencia del segundo nivel metodológico es la creación de un profundo foso entre exégesis científica y lectio divina. Y ello a veces provoca también una cierta perplejidad en la preparación de las homilías. Cuando la exégesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, al revés, cuando la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología ya no tiene fundamento.

 

Por eso para la vida y para la misión de la Iglesia, para el futuro de la fe, es absolutamente necesario superar este dualismo entre exégesis y teología. La teología bíblica y la teología sistemática son dos dimensiones de una única realidad, que llamamos teología. Por consiguiente, sería deseable que en una de las propuestas se hablara de la necesidad de tener presente en la exégesis los dos niveles metodológicos indicados por la Dei Verbum 12, en la que se habla de la necesidad de desarrollar una exégesis no sólo histórica, sino también teológica. Así pues, será necesario ampliar la formación de los futuros exégetas en este sentido, para abrir realmente los tesoros de la Escritura al mundo de hoy y a todos nosotros.

 

[Traducción del original italiano por la Secretaría del Sínodo de los Obispos].

 

ZS08101901

Permalink: http://www.zenit.org/article-28854?l=spanish

 

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A la opinión pública y a nuestras comunidades

 

Conferencia Episcopal del Uruguay

 

Ante el trámite que tiene el proyecto de ley de salud sexual y reproductiva en el Parlamento,
los Obispos del
Uruguay, junto al Arzobispo de Montevideo, expresan:

 

1.      Reiteramos y recordamos nuestra declaración del 12 de noviembre de 2007 “Defendiendo la vida humana ganamos todos”, donde decimos: “Legalizar el aborto no cambia lo malo en bueno. Una vez que se concreta, las cosas terminan mal para todos. Se pierde una vida humana. La madre queda con heridas que no cierran fácilmente. El médico va contra la esencia de su noble profesión. La sociedad pierde una vida al no abrirle sus brazos. La cultura de la vida queda golpeada.

 

2.      El valor de la vida humana es un bien para cada uno y para la sociedad. Está por encima de todos los intereses. Ninguna ley honesta puede justificar eliminar un ser indefenso que tiene derecho a la vida y a nacer.

 

3.      Apreciamos el apoyo y el voto a favor de este valor básico desde diversos sectores de la sociedad.

 

4.      Llamamos la atención sobre posturas que manipulan y oscurecen la verdad fundamental del derecho a la vida anteponiendo otros intereses o situaciones, sin tomar en cuenta ni la ciencia ni la conciencia ética.

 

5.      En relación a los fieles católicos que promueven y/o votan una ley favorecedora del aborto, les recordamos que quien actúa así rompe el vínculo que lo une a Cristo en la Iglesia. Mientras no cambie su posición queda impedido de acercarse a la Comunión eucarística (Código de Derecho Canónico, cánones 1341 y 1398).

 

6.      Los uruguayos necesitamos multiplicar señales de amparo a la vida humana en medio de la emigración y el invierno demográfico que comprometen el futuro. El bienestar de nuestro pueblo requiere hijos e hijas que alegren los hogares, colmen las aulas y espacios educativos o de esparcimiento. Estamos a favor del desarrollo integral de la vida humana, que como obispos católicos miramos desde la perspectiva de Jesucristo, que ha venido al mundo para traer vida digna y abundante”.

 

Florida, 7 de noviembre de 2008.

 

Fuente: http://www.iglesiacatolica.org.uy/asamblea_obispos.htm

 

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Navidad desde la fe

 

Diác. Jorge Novoa

 

La Navidad en la cultura contemporánea ha sido sometida a un vaciamiento de su verdadero significado religioso, desvirtuando la verdad de su mensaje y el modo de comprenderla y celebrarla. Ella aparece manipulada por el “mercado” cultural actual, que intenta darle una “utilidad práctica” de corte comercial. También se ha desvirtuado el modo de prepararla. Trataré de proponer algunas verdades del misterio de la Navidad que nos ayudarán a disponernos adecuadamente para vivirla desde el espíritu que manifiesta.

 

Buena Noticia de Dios

La primera palabra que me sugiere la Navidad es la invitación que nos realiza la Iglesia a poder descubrirla, recibirla y vivirla como Buena Noticia de Dios. Así lo dice el texto de la Escritura: “les anuncio una buena noticia...” Dios en la Navidad anuncia una Buena Noticia y también la muestra, la hace perceptible a los sentidos. Dirá el apóstol Juan en la década del 90: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida…” (I Jn 1,1).

 

La Navidad como Buena Noticia de Dios al hombre de todos los tiempos es un misterio de fe para oír, ver y contemplar en los diversos pasajes de la Escritura: como “una gran alegría que lo será para todo el pueblo” (Lc 2,10). “Alégrate” (Lc 1,28), le dice el arcángel Gabriel a María y ella responderá a esta invitación con el Magnificat, respuesta admirable del espíritu humano que ha penetrado en el santuario del misterio anunciado: “mi espíritu se alegra en Dios mi salvador” (Lc 1,47).

 

Dios nos invita a recibir la alegría que brota de este acontecimiento. Ella no tiene su origen en los bienes materiales, en los obsequios y las comidas que podamos compartir. De ellos podemos prescindir o en su defecto podemos ordenarlos adecuadamente para expresar aquello que no puede faltar, el misterio de la Navidad. No hay Navidad sin Jesús. Es su nacimiento el motivo de nuestro gozo. Dios se hizo hombre. “El Verbo se hizo carne” (Jn 1,14).

 

Mientras el anunciado permanece en silencio, ya nos introducen en el misterio de la Navidad los ángeles, los magos, María, Simeón, Ana, Zacarías e Isabel. Este coro de hombres, secunda a los coros angélicos, que proclaman: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres…”. La alegría de la Navidad es alegría por la salvación que ha irrumpido en el mundo, concretamente en un niño que “se nos ha dado” en Belén. Hacia allí Dios dirige las miradas; ésta es su invitación: si quieres encontrarte con la salvación que ha llegado al hombre, debes mirar lo ocurrido en Belén. Hay alguien que es portador de la salvación para los hombres y que nos anuncia algo que debe llenarnos de alegría. Debemos oír, ver y contemplar el mensaje que Dios da en Belén.

 

Esta Buena Noticia permanece como mensaje eterno abierto para la humanidad, de ayer, hoy y siempre. “Hoy les ha nacido un Salvador” (Lc 2,10-11). Este "hoy" que resuena en el mundo se refiere al acontecimiento que tuvo lugar hace más de dos mil años y que cambió la historia del mundo; tiene que ver también con nuestra Navidad hoy. La invitación del Señor permanece hoy abierta para nosotros; nos dice: vayan y “encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. El acontecimiento es palabra e imagen, que muestra visiblemente su elocuente mensaje.

 

Dios visita a su Pueblo

Dios se aproxima, se hace cercano, prójimo. Navidad es anuncio “definitivo” de esta cercanía de Dios. En las religiones de la antigüedad, el abismo que separaba a Dios de los hombres era infranqueable. Dios, al aproximarse, suprime este abismo. Se acerca, poniendo al hombre en una situación totalmente nueva con relación a todos los hombres de todos los siglos anteriores: ha desaparecido el abismo infranqueable. El invisible se muestra, se hace visible y fundamentalmente nos visita para quedarse. El nombre del niño hace referencia a este aspecto del mensaje: “Dios con nosotros”.

 

La salvación que somos invitados a contemplar se nos muestra en un niño recién nacido en un establo. Dios irrumpe en el mundo, sin la custodia de un gran ejército; aparece en la fragilidad y pequeñez de un niño indefenso. La proximidad asumida es irrestricta. El Padre deposita lo más preciado, lo más valioso, su Hijo Único, en brazos de hombres. Son María su Madre y José quienes custodian con sus cuidados amorosos al Rey del Universo.

 

La Encarnación deja conocer la pedagogía divina de su plan, que irrumpe sin ruidos estridentes, iniciando su presencia entre nosotros de modo silencioso, humilde y pobre. Los recursos de Dios para iniciar su obra en el mundo siempre interpelan nuestros proyectos personales, familiares y eclesiales. Jesús vino para quedarse y, según lo anunciado, “su reino no tendrá fin”. Recordemos la promesa del Resucitado que va en esta misma dirección: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. La Iglesia en la Navidad levanta su dedo indicador, como Juan el Bautista, para señalar en dirección de Belén, invitando a los hombres a contemplar al niño Salvador que “se nos ha dado”.

 

Los pastores

“¿Qué debemos hacer?” (Hch 2,37), preguntamos a los discípulos, como en el día de Pentecostés. Y todo se sintetiza en esta palabra: es necesario responder favorablemente al Dios que viene a nuestro encuentro. Enumeraré algunas disposiciones del corazón que podemos reconocer en las actitudes de los pastores o los magos. Cada uno de ellos nos da una enseñanza.

 

De los pastores resaltamos la prontitud de la respuesta. Se encontraban velando por turnos al cuidado del rebaño pero, ante el anuncio, comprenden la magnitud del momento. Podrían haber respondido: no podemos ir ahora, debemos ocuparnos de lo nuestro. Son hombres que nos enseñan a distinguir y reconocer que hay un orden de prioridades. Diría que saben dar a Dios lo que le corresponde y al César lo que es suyo. Hoy los spots publicitarios nos proponen tantos destinos posibles para estos días, que podemos olvidar esta Verdad. Podemos prepararlo todo, pero prescindiendo de Jesús, de su nacimiento y de su mensaje. Puede ser que no te resulte tan atractivo ir hacia la gruta donde se encuentra el niño. Tal vez encuentres el lugar un poco lúgubre o aburrido. Si así fuera, estás muy necesitado del Señor; tu corazón está desértico.

 

Los magos

Han peregrinado desde lugares muy lejanos, con una firme convicción. Para ello han sorteado diversos obstáculos. La intuición que guardan en su corazón les ha permitido reconocer la estrella luminosa que los guía por el camino. Son buscadores de la verdad que anuncia la estrella. Portadores de una serie de presentes que presagian la dignidad del buscado: oro, incienso y mirra. Cada uno de ellos es también anuncio de la verdad sobre el niño. Los magos le reconocen como rey, a pesar del maloliente establo y su entorno austero. Él es el Rey. La mirra hace referencia a que es verdadero hombre, tal como lo presentó más tarde Pilato: “He aquí al hombre”… Es el hombre que Dios sueña, con el que se inicia una nueva humanidad. Y, finalmente, el incienso se debe a que es Dios. Los magos saben encontrar al Todopoderoso en el niño que está recostado en el pesebre. La estrella al detenerse anuncia su presencia. Y tú, ¿qué respondes?: ¿Es tu Rey? ¿Su palabra edifica el hombre nuevo que hay en ti? ¿Es tu Dios?

 

Las rutas en dirección de Belén permanecen transitadas. Ayer hubo allí pastores y magos; también estuvo Herodes. Hoy hay turistas, comerciantes, indiferentes y creyentes. ¿Cómo vas tú en esta peregrinación hacia Belén? ¿Sientes que conviven en ti algunos de estos modos inadecuados de peregrinar?

 

“Ahora bien, ¿qué hay de nosotros? ¿Estamos tan alejados del portal porque somos demasiado refinados y demasiado listos? ¿No nos enredamos también en eruditas exégesis bíblicas, en prueba de la inautenticidad o autenticidad del lugar histórico, hasta el punto de que estamos ciegos para el Niño como tal y no nos enteramos nada de él? ¿No estamos también demasiado en Jerusalén, en el palacio, encastillados en nosotros mismos, en nuestra arbitrariedad, en nuestro miedo a la persecución, como para poder oír por la noche la voz del ángel, e ir a adorar?” (Joseph Ratzinger, El buey y el asno junto al pesebre).

 

Adorar

Nuestro espíritu y nuestro corazón sienten deseos de reverenciar en la fe al Señor. La adoración como expresión de la fe debe encontrarse al final de nuestra peregrinación. Postramos nuestro corazón lleno de gratitud ante el misterio que contemplamos, sumándonos a esa gran cadena de adoradores de todos los tiempos, que peregrinaron, peregrinan y peregrinarán en dirección de Belén. Dios se hizo hombre, el verbo se hizo carne, ha nacido el Salvador.

“Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad y nos infunde la alegría de la eternidad prometida” (San León Magno, Sermón 1 en la Natividad del Señor, 1-3, PL 54, 190-193).

 

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¿Quién es el ángel del pozo del Abismo?

 

Diác. Jorge Novoa

 

En el capítulo 9 del libro del Apocalipsis nos encontramos con la presentación del ángel del pozo del Abismo. Su descripción permite afirmar claramente que se trata de Satanás. En la sección de las trompetas, y al sonar de la quinta, se nos describe lo siguiente:

 

“Tocó el quinto Ángel... Entonces vi una estrella que había caído del cielo a la tierra. Se le dio la llave del pozo del Abismo(9,1).

 

Hay dos palabras que nos orientarán adecuadamente para la comprensión del texto: Abismo y estrella.

 

¿Quién habita el Abismo? Más que conocer qué es, conocemos por el libro que de allí emerge una Bestia (11,7; 17,8) que pertenece a las huestes del Dragón, es decir, “la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero” (12,9). Del Abismo, al ser abierto, “subió del pozo una humareda como la de un horno grande, y el sol y el aire se oscurecieron con la humareda del pozo” (9,2) .

 

En San Juan, las expresiones “oscuridad” y “tinieblas” designan la condición de distintas realidades (mundo, hombres, grupos) que permanecen alejadas o rechazando la Luz (Verdad, Camino, Vida) que vino a los hombres en Jesucristo y, por ello, no abandonan el pecado y el dominio del “príncipe de este mundo”. “Dios es Luz, en Él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con Él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad.”

 

¿La estrella es un astro, es decir una cosa, u otra realidad? El simbolismo de la estrella ha sido explicado en el capítulo 1 del mismo libro, en la visión inicial que tiene Juan.

 

“La explicación del misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro es ésta: las siete estrellas son los Ángeles de las siete Iglesias, y los siete candeleros son las siete Iglesias” (1,20).

 

En esta afirmación del capítulo 1, las estrellas simbolizan a los ángeles. Esto encuentra su confirmación en el mismo capítulo 9, cuando el autor devela su sentido también en esta dirección: “tienen sobre sí, como rey, al Ángel del Abismo” (9,11). El autor ya no utiliza la palabra “estrella” para designar al monarca del Abismo, que ha recibido “la llave del pozo” (9,1), y en su lugar le llama “ángel”.

 

Sabemos que los ángeles son criaturas espirituales creadas por Dios. “La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. E1 testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición” (CIC 328).

 

“Hoy, igual que en tiempos pasados, se discute con mayor o menor sabiduría acerca de estos seres espirituales. Es preciso reconocer que, a veces, la confusión es grande, con el consiguiente riesgo de hacer pasar como fe de la Iglesia respecto a los ángeles cosas que no pertenecen a la fe o, viceversa, de dejar de lado algún aspecto importante de la verdad revelada.

La existencia de los seres espirituales que la Sagrada Escritura, habitualmente, llama 'ángeles', era negada ya en tiempos de Cristo por los saduceos (cfr. Hech 23, 8). La niegan también los materialistas y racionalistas de todos los tiempos. Y sin embargo, como agudamente observa un teólogo moderno, 'si quisiéramos desembarazarnos de los ángeles, se debería revisar radicalmente la misma Sagrada Escritura y con ella toda la historia de la salvación'. (...) Toda la Tradición es unánime sobre esta cuestión.” (1)

 

También conocemos por la Revelación que hubo una batalla en el cielo, que aparece narrada en el capítulo 12 del libro del Apocalipsis.

 

“Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él” (12,7-9).

 

Este texto aporta tres datos que se suman a los anteriores, confirmando la tesis inicial, ciertamente con un lenguaje simbólico, y en nuestro caso bajo el género apocalíptico. Pero, claramente comprendemos que hay un enfrentamiento y que esta realidad impide que los dos grupos, uno capitaneado por Miguel y el otro por el Dragón, sigan perteneciendo a las mismas huestes. Miguel y sus ángeles, y el Dragón y sus ángeles, inicialmente se encuentran todos en el cielo (sabemos que aquí el lenguaje designa realidades espirituales utilizando categorías temporales; ello se debe a que la revelación es para los hombres), pero concluye este enfrentamiento con la expulsión de unos a la tierra y la permanencia de los otros en el cielo.

 

“En la Sagrada Escritura, la expresión "cielo y tierra" significa: todo lo que existe, la creación entera. Indica también el vínculo que, en el interior de la creación, a la vez une y distingue cielo y tierra: "La tierra", es el mundo de los hombres (cf Sal 115, 16). "E1 cielo" o "los cielos" puede designar el firmamento (cf Sal 19, 2), pero también el "lugar" propio de Dios: "nuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 16; cf Sal 115, 16), y por consiguiente también el "cielo", que es la gloria escatológica. Finalmente, la palabra "cielo" indica el "lugar" de las criaturas espirituales -los ángeles- que rodean a Dios.” (CIC 326)

 

Dios está en el cielo sentado en su trono junto al Cordero, el único que puede develar los designios de Dios que están en el Libro sellado (Ap 4-5), y los ángeles que no fueron expulsados permanecen en su relación inicial con Dios: lo glorifican (doxologías) en el templo celestial, lo sirven, lo adoran y son enviados como mensajeros.

 

¿Qué ocurrió con el Dragón y sus huestes? Dice el texto del capítulo 12, que “no hubo ya en el cielo lugar para ellos… y fue arrojado”. Podemos ver claramente que en la Biblia, hay dos expresiones vinculadas con los ángeles, que nuevamente hacen referencia a una doble situación: hay enviados y caídos (arrojados). Volviendo a nuestro texto del capítulo 9,1; del ángel (estrella) que se designa allí, se dice que “había caído del cielo a la tierra”. Estamos ante un ángel caído que es el rey del Abismo. El Catecismo de la Iglesia Católica, describe la caída de los ángeles de la siguiente manera:

“La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. "Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali" ("El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos") (Cc. de Letrán IV, año 1215: DS 800).

La Escritura habla de un pecado de estos ángeles (2 P 2,4). Esta "caída" consiste en la elección libre de estos espíritus creados, que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino.” (CIC 391-392).

 

Con relación a esto, es Jesús mismo quien ve “caer del cielo a Satanás como un rayo” (Lc 10,18). Y se nos dice, en el texto que venimos comentando, que recibió (se le dio) las llaves del pozo del Abismo, entendiendo por ello, una potestad u autorización. Es claro que, si comprendemos a la estrella como un astro, no tiene demasiado sentido que reciba una potestad que supone a un ser inteligente. También es necesario aclarar que su acción está subordinada a Dios. Si repasamos el capítulo 4, en el que se nos presenta al que está en el Trono, y el capítulo 5, que presenta al Cordero, descrito como vencedor, nunca observamos una situación que permita pensar que está amenazado el lugar del Trono. El Diablo tiene un poder destructor (Abaddón y Apolión), y lo ejecuta seduciendo (2) al hombre. El campo de batalla es la historia humana (no el Trono) y Dios ha querido, venciéndolo en Cristo (Verbo Encarnado), salvarnos y ahora invitarnos a participar de su triunfo, sumándonos a las huestes de “los hijos de la mujer”, “los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17).

 

Ha proliferado la idea de que el Diablo es una abstracción, y de hecho esto se puede encontrar en algunos autores creyentes, que se han sumado al coro que canta: el Diablo no existe. Esta doctrina no es católica. Remito al excelente trabajo de Néstor Martínez (3) y al presentado bajo forma de respuesta del P. Horacio Bojorge SJ (4).

 

Así explicaba Pablo VI la temática que nos ocupa: “El mal no es ya sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa” (5).

 

En los relatos evangélicos, encontramos un sinnúmero de episodios de la vida de Jesús en que enfrenta demonios y a Satanás. Jesús en los exorcismos los increpa por medio de una orden. La orden dada por Él supone que sus enemigos reconocen y someten a su autoridad su voluntad y libertad. Que pueda yo confundir una abstracción con un ser personal, dotado de voluntad y libertad, esto puede ocurrir, pero que esto le ocurra a Jesús, que “veía caer del cielo como un rayo a Satanás” (Lc 10,18) resulta absolutamente imposible. Frente al magisterio paralelo de algunos profesores que niegan la existencia del Diablo, el Magisterio de la Iglesia y la doctrina de los santos manifiestan claramente su existencia y acción.

 

“La lucha, a medida que se avecina el final, se hace en cierto sentido siempre más violenta, como pone de relieve especialmente el Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento (cfr. Ap 12, 7-9). Pero precisamente este libro acentúa la certeza que nos es dada por toda la Revelación divina: es decir, que la lucha se concluirá con la definitiva victoria del bien.” (6)

 

Concluyo con la sabia síntesis de C. S. Lewis, en el prólogo de su obra Cartas del Diablo a su sobrino:

“En lo que se refiere a los diablos, la raza humana puede caer en dos errores iguales y de signo opuesto. Uno consiste en no creer en su existencia. El otro, en creer en los diablos y sentir por ellos un interés excesivo y malsano. Los diablos se sienten igualmente halagados por ambos errores, y acogen con idéntico entusiasmo a un materialista que a un hechicero.” (7)

 

***

 

1) Juan Pablo II, Catequesis, La existencia de los Ángeles revelada por Dios (09-07-1986).

 

2) Juan Pablo II, Catequesis, El pecado y la acción de Satanás (13-08-1986).

“La acción de Satanás consiste ante todo en tentar a los hombres para el mal, influyendo sobre su imaginación y sobre las facultades superiores para poder situarlos en dirección contraria a la ley de Dios… No se excluye que en ciertos casos el espíritu maligno llegue incluso a ejercitar su influjo no sólo sobre las cosas materiales, sino también sobre el cuerpo del hombre, por lo que se habla de 'posesiones diabólicas' (cfr. Mc 5,2-9). No resulta siempre fácil discernir lo que hay de preternatural en estos casos, ni la Iglesia condesciende o secunda fácilmente la tendencia a atribuir muchos hechos e intervenciones directas al demonio; pero en línea de principio no se puede negar que, en su afán de dañar y conducir al mal, Satanás pueda llegar a esta extrema manifestación de su superioridad.”

 

3) Lic. Néstor Martínez, ¿Es Satanás un ser personal e individual?, en: http://www.feyrazon.org/NesDufour.htm

 

4) R.P. Horacio Bojorge SJ, ¿El Diablo y el demonio son lo mismo?, en: http://www.feyrazon.org/stn1.html

 

5) Pablo VI, Catequesis del 15-11-1972; "Líbranos del mal", L' Oss. Rom. del 19-11-1972, pp. 3-4.

 

6) Juan Pablo II, Catequesis del 20-08-1986, “La acción de Satanás y la victoria de Cristo”

 

7) C. S. Lewis, Cartas del Diablo a su sobrino, Rialp.

 

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13 preguntas y respuestas sobre la fe cristiana (Parte 1)

 

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

 

En el presente trabajo recopilo algunas cuestiones teológicas planteadas por un lector de Costa Rica (Eugenio Grant) y mis respuestas a esas cuestiones. Agradezco profundamente a Eugenio que haya querido compartir con otras personas las dudas e inquietudes religiosas planteadas por él hace ya varios años. Ambos tenemos la esperanza de que nuestro diálogo pueda resultar iluminador y útil para quienes pasan por situaciones similares.

 

1.      Las traducciones de la Biblia

 

Pregunta:

La traducción de un texto puede alterar su real significado, volverlo maleable y sujeto a interpretación. La Biblia fue escrita mucho antes de que se creara la imprenta y por ende la transmisión de su texto estuvo sujeta a errores y modificaciones, tanto involuntarias como voluntarias. ¿Cómo es posible entonces basar dogmas de fe en nuestros textos de la Biblia?

 

Respuesta:

La fe cristiana afirma que Dios se ha revelado a Sí mismo a los hombres en la historia y que la historia de la auto-revelación y la auto-comunicación de Dios al hombre tiene su momento culminante en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación.

No tendría sentido creer que Dios se reveló a los hombres en tiempos de Jesucristo pero no previó ninguna forma de transmisión auténtica de la Divina Revelación a otros hombres y a las generaciones subsiguientes.

El católico cree que la Biblia es un libro escrito por hombres y a la vez un libro inspirado por Dios. También cree que el Espíritu Santo convoca a la Iglesia, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, y la guía hacia la verdad completa, mediante la guía del Magisterio de la Iglesia, el cual interpreta la Divina Revelación con la autoridad del mismo Cristo.

El texto de la Biblia fue transmitido antes de la invención de la imprenta, de manuscrito en manuscrito, con tanta fidelidad, por judíos (Antiguo Testamento) y cristianos (Antiguo y Nuevo Testamentos), que las diferencias entre el texto actual (el “texto recibido”) y los numerosísimos manuscritos antiguos de la Biblia que se conservan son relativamente pocas y de menor importancia.

Por otra parte, es cierto que los traductores de la Biblia pueden cometer errores y que de hecho han cometido algunos. Sin embargo, la gran multiplicidad de las traducciones, la pericia de los traductores y la gracia de Dios han hecho que esos errores no tuvieran consecuencias graves y no afectaran a la esencia del cristianismo.

 

2.      ¿Es necesario ser cristiano?

 

Pregunta:

He tenido contacto tanto con comunidades católicas como con comunidades evangélicas, pero no me he sentido a gusto en ellas, porque no comparto todas sus creencias. A veces pienso que es mejor no frecuentar ninguno de esos grupos, porque eso me hace sentir mejor. ¿A qué se puede deber el hecho de que el no pertenecer a una religión me haga sentir más cercano a Dios y que el formar parte de un grupo religioso me lleve a dudar de muchas cosas? ¿Es necesaria la religión para estar en relación con Dios o será mejor ser deísta?

 

Respuesta:

La fe católica es fe en Dios, en Jesucristo y en la Iglesia (en ese orden jerárquico).

 

El Dios del deísmo es un Dios lejano, que no interfiere con la vida de los hombres. Es el Creador (los masones lo llaman “Gran Arquitecto Del Universo”), pero su relación con el mundo se parece a la de un relojero que fabrica un reloj, le da cuerda para echarlo a andar y luego lo deja solo, desinteresándose de él. Para los deístas, un Dios lleno de amor y misericordia por los seres humanos sería algo más extraño o absurdo que un hombre locamente apasionado por las hormigas. Por eso el deísmo teórico es compatible con un ateísmo práctico. El deísta puede vivir como si Dios no existiera, ya que al fin de cuentas el Dios del deísmo tiene escasa importancia existencial.

 

En cambio, la fe cristiana en Dios es muchísimo más comprometedora. El cristiano cree en un Dios personal (o hiperpersonal, si quieres, pero no impersonal), que nos ama como Padre y se ha revelado y comunicado a Sí mismo, entrando en nuestra historia por medio de la Encarnación de Su Hijo, Jesucristo, quien vivió y murió por nuestra salvación, amando y perdonando hasta el extremo.

 

La Iglesia terrestre es la prolongación de la presencia y de la acción visibles de Cristo en la historia. Ella es el Cuerpo de Cristo, el signo e instrumento de la unión de los hombres con Dios y de la unión de los hombres entre sí en Jesucristo, el único Salvador del mundo, el único Mediador entre Dios y los hombres.

 

El hombre es un ser esencialmente religioso, que sólo puede realizarse plenamente y alcanzar su felicidad en la verdadera religión, es decir en la debida relación con Dios. Cae de su peso que si Dios ha hablado a los hombres, revelándoles la verdad acerca de Sí mismo y acerca del propio hombre, no cabe otra actitud sensata que la humilde escucha de Su palabra y la obediencia a Su santa voluntad.

 

Por otra parte, el Nuevo Testamento muestra de mil maneras que Cristo y la Iglesia son inseparables, como la Cabeza y el Cuerpo, como el Esposo y la Esposa. No puede haber Cristo sin Iglesia, ni Iglesia sin Cristo. En el Evangelio, Jesucristo dice:

"Yo estaré con ustedes [sus discípulos] todos los días, hasta el fin del mundo". "Las puertas [los poderes] del Infierno no prevalecerán contra ella [la Iglesia]". "El que a ustedes [sus discípulos] recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado". "El que da un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa en el Reino de los Cielos". Etc.

 

No puedo juzgarte. Debes considerar por ti mismo la posibilidad de que la tentación de rechazar a la Iglesia te venga de un equivocado sentimiento de superioridad. Es cierto que los cristianos damos a menudo un testimonio insuficiente, y a veces falso; pero también es verdad que "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". Es Dios quien nos salva en Cristo; no nos salvamos a nosotros mismos. No tenemos nada de qué gloriarnos, sino de Cristo muerto y resucitado, quien nos amó y se entregó por nosotros. Todo lo que tenemos, de Dios lo hemos recibido. A la Santa Iglesia, nuestra Madre, le debemos el haber hecho posible nuestro encuentro personal e histórico con Cristo y el haber engendrado en nosotros la fe en Él.

 

Mi recomendación es ésta: no te alejes de la Iglesia. Alejarse de la Iglesia es alejarse de Cristo. Continúa buscando la verdad apasionadamente, en la oración y la acción. Y recuerda que "todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá".

 

3.      La religión verdadera

 

Pregunta:

¿Cómo es posible que los católicos crean que la religión católica es la única religión verdadera, la más completa o la mejor? ¿No es intolerancia creer que la Iglesia Católica es la única poseedora de la verdad y que sólo en ella está la salvación plena? ¿No es cierto que todas las religiones tienen objetivos válidos y enseñan a amar a los demás? Al fin y al cabo, si hubiéramos nacido en un país asiático o en siglos pasados, probablemente seríamos no cristianos. ¿El acceso a la “salvación plena” puede depender de nuestra ubicación geográfica o histórica?

¿Y no es un signo de arrogancia llamar “hermanos separados” a los cristianos no católicos? ¿No serían más bien los católicos los verdaderos “hermanos separados”, por haberse separado de la religión judía en el siglo I? ¿No sería mejor que la gente fuera más unida en materia interreligiosa y dejara de lado todo sentimiento de superioridad?

 

Respuesta:

Por razones válidas, el católico cree que Dios ha querido revelarse a Sí mismo en la persona de Jesucristo y fundar la Iglesia católica (es decir, universal), como continuadora de la misión salvífica de Cristo. Aceptar, por medio de la obediencia de la fe, la voluntad de Dios revelada en Jesucristo no es arrogancia, sino, muy por el contrario, verdadera humildad. El católico no se cree dueño de la verdad, sino humilde portador de algunas verdades fundamentales, que lo sobrepasan infinitamente. Se ve a sí mismo como una pobre vasija de barro que transporta un tesoro.

 

Verdadera arrogancia, en cambio, es pretender que la inteligencia y la voluntad infinitas de Dios se sometan a los dictados de la razón o los sentimientos del hombre, ser finito. El hombre no es capaz de juzgar a Dios. Es Él quien nos juzgará a nosotros. La pretensión (de raíces racionalistas) de obligar a Dios a seguir nuestras ideas sobre la mejor forma de planificar u organizar la historia de salvación es profundamente absurda.

 

En definitiva no percibes el carácter sobrenatural de la Iglesia. Negarle a los cristianos el derecho de creer que el cristianismo es la religión verdadera equivale a negarle a Dios (la Verdad infinita) el derecho a autorrevelarse cuando y como Él quiera; pero también implica el considerar a la Iglesia sólo como una sociedad humana más, en el fondo igual a otra cualquiera.

 

No se puede negar que entre las distintas religiones hay diferencias esenciales, que hacen imposible que todas ellas sean verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido.

 

La doctrina católica sostiene la posibilidad de salvación de las personas no cristianas de buena voluntad y a la vez afirma que la Iglesia Católica es el medio ordinario de salvación querido por Dios, provisto de la plenitud de los medios de salvación.

 

En la parábola de los talentos, Jesús nos enseña que a cada uno se le pedirá en función de lo que se le ha dado. Al que se le dio más, se le pedirá más; y al que se le dio menos, se le pedirá menos. Pero sería muy mezquino -y denotaría no haber captado el espíritu del Evangelio- conformarse con haber recibido menos para que las exigencias sean menores.

 

La Iglesia es el nuevo Israel, el Pueblo de la Nueva Alianza sellada en la Cruz con la sangre derramada del Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. La relación del Nuevo Testamento con el Antiguo Testamento es a la vez de continuidad y de superación. La Nueva Alianza perfecciona y lleva a plenitud la religión de la Antigua Alianza. Las expectativas mesiánicas de Israel se cumplieron (y de forma superabundante) por medio de la Encarnación del Hijo de Dios.

 

Los primeros cristianos fueron judíos. Como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, la primitiva comunidad cristiana siguió rezando en el Templo de Jerusalén. Hacia el año 50, cuando el cristianismo comenzó a difundirse más rápidamente entre los gentiles (no judíos), los Apóstoles discernieron que no era necesario que los gentiles convertidos al cristianismo se circuncidasen y adoptaran todos los ritos y las normas del judaísmo. El conflicto entre judíos y cristianos fue creciendo y tiempo después estos últimos fueron expulsados de la Sinagoga. No obstante, un judío (incluso hoy) puede volverse cristiano sin dejar de ser judío, pero sólo en la medida en que comprenda al judaísmo como fe en el Antiguo Testamento, esencialmente abierta a una ulterior revelación y acción de Dios en la historia.

 

La Iglesia Católica reconoce la validez del bautismo de los ortodoxos, anglicanos y muchos protestantes y por lo tanto los considera como verdaderos cristianos, hermanos en la fe. A la vez el católico cree que los cristianos no católicos están en comunión imperfecta con la Iglesia una y católica, puesto que, en distintos momentos históricos, se separaron de la plena comunión (doctrinal, sacramental y jerárquica) con ella. La expresión "hermanos separados" sintetiza los dos elementos de la relación entre católicos y cristianos no católicos. Somos hermanos en Cristo, estamos unidos en una sola Iglesia por un solo bautismo; pero, por desgracia, muchos cristianos no están en plena comunión de fe y de vida con la única Iglesia de Cristo, que subsiste en la Iglesia Católica (véase el Concilio Vaticano II, constitución Lumen Gentium y decreto Unitatis Redintegratio).

 

Los buenos católicos no tienen ningún sentimiento de superioridad sobre los no católicos. Saben que han sido elegidos por Dios, sin mérito alguno de su parte, y que son cristianos por la gracia de Dios. Como enseña San Pablo, el cristiano no se gloría de nada, sino de Cristo, y Cristo crucificado.

 

Jesús dio el mandamiento nuevo, el mandamiento del amor, sólo a sus discípulos, y mandó a éstos ir por todo el mundo predicando el Evangelio a toda criatura, enseñándoles a cumplir todo lo que Él les mandó. "El que crea y sea bautizado, se salvará. El que no crea se condenará" (final del Evangelio de Marcos). Esto hay que entenderlo en el contexto de toda la Revelación cristiana: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 4). Dios guía a muchos no cristianos por caminos de salvación que sólo Él conoce, y que suponen una fe implícita (y tal vez inconsciente) en Cristo.

 

Nada de todo esto es irracional o injusto. Dios nos ha creado, nos ha dado una naturaleza humana inteligente y libre y una apertura a (y una sed de) una posible revelación Suya. Nos ha llamado (vocación) a unirnos a Él en el amor (comunión) y a invitar a otros a participar de esa misma unión (misión). En eso consiste la verdad de nuestro ser y la felicidad de nuestra existencia. Y esa unión de fe, esperanza y amor entre el hombre y Dios tiene consecuencias concretas, muy lógicas.

 

Si tienes algo de fe, te puede servir repetir la oración de un personaje del Evangelio: "Señor, yo creo, pero aumenta mi fe".

 

4.      La Biblia y la Verdad

 

Pregunta:

He leído un libro llamado “¿Dice la Biblia la Verdad?” escrito por un sacerdote. El libro dice que la Biblia se contradice y que, sacando partes de su contexto, podemos llegar a demostrar cosas que no eran lo que se pretendía decir. Dice también que las últimas palabras de Cristo en la cruz son diferentes en los cuatro Evangelios, ya que cada uno de ellos fue dirigido a pueblos diferentes con necesidades diferentes, y que la verdad contenida en la Biblia se refiere a nuestra salvación y se ha ido revelando en forma progresiva. Se debe considerar el conjunto de la Biblia para entender su mensaje, no sacar de ella frases sueltas para justificar nuestras creencias.

Los argumentos de este libro me parecieron muy coherentes. Por un lado, me convenció de que no se debe descartar la Biblia; pero, por otro lado, me dejó la sensación de que sobre esa base es muy difícil creer en dogmas como la institución de la Iglesia, el Papado, la prohibición de transfusiones de sangre, etc.

 

Respuesta:

Según la doctrina de la Iglesia Católica, la verdad revelada por Dios que la Biblia transmite sin error es la verdad religiosa y salvífica, no la verdad científica, ni tampoco la verdad histórica, pese al valor histórico de muchos libros de la Biblia. La Biblia narra historias para transmitir verdades religiosas, lo cual no quiere decir -ni mucho menos- que esté desprovista de valor histórico. El cristianismo es una religión histórica en el sentido de que se basa en hechos históricos (Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, etc.).

 

Toda la Biblia (todo versículo de la Biblia) dice la verdad, transmite la verdad salvífica, pero no siempre es fácil descubrir en qué sentido, cuál es la verdad salvífica que Dios quiere transmitirnos en cada caso particular. Hay una ciencia teológica, la exégesis, que busca interpretar el verdadero sentido de cada texto bíblico. Por ser una ciencia, la exégesis utiliza los métodos racionales (hermenéuticos) aplicables también a la interpretación de cualquier texto meramente humano, no inspirado por Dios. Por ser una ciencia teológica, la exégesis no se basa sólo en la razón, sino que parte de la fe cristiana. Es una obra de la razón natural iluminada por la luz de la fe. Por lo tanto, el exégeta católico no realiza su trabajo aisladamente, sino como parte del cuerpo de la Iglesia, que tiene un órgano (el Magisterio) al que Dios asiste para que interprete auténticamente la Sagrada Escritura, con la autoridad del mismo Cristo. De ahí que en la Iglesia Católica no haya lugar para el “libre examen” en el sentido protestante, es decir para la doctrina de que cada cristiano individual encuentra por sí mismo el verdadero sentido de la Escritura, gracias a la ayuda del Espíritu Santo, sin referencia a la Sagrada Tradición ni al Magisterio de la Iglesia.

 

También es doctrina y práctica de la Iglesia Católica, contra las herejías de todos los tiempos, interpretar cada texto de la Biblia en el contexto de la totalidad de la doctrina revelada. Es lo que se llama tradicionalmente "analogia fidei" (la analogía de la fe), que se opone por ejemplo a la propuesta de Martín Lutero de un "canon dentro del canon": la reinterpretación de toda la Biblia a partir de su doctrina favorita, la de la justificación por la “sola fe”, erigida por él arbitrariamente en centro y regla de todo lo demás.

 

Para un cristiano no es difícil creer en dogmas, vale decir en verdades que deben ser creídas firmemente por haber sido reveladas por Dios. ¿De qué serviría la transmisión fiel de la Revelación en la Biblia a lo largo de la historia si su interpretación quedara totalmente librada a la subjetividad de cada creyente? En ese caso, la Revelación de Dios en Cristo habría sido útil sólo en el siglo I.

 

Por último, la prohibición de las transfusiones de sangre es un absurdo en el que incurren sólo los Testigos de Jehová, basándose en una lectura fundamentalista de la Biblia, es decir en una exégesis errónea y superficial, atada al sentido aparente de los textos bíblicos.

 

5.      La Teología y el Magisterio de la Iglesia

 

Pregunta:

Estoy comenzando a estudiar teología y me ha surgido una duda respecto al alcance de la labor del teólogo: ¿Cómo se regula el trabajo de un teólogo? Es decir, ¿en qué momento se considera que su pensamiento está fuera de la doctrina católica? ¿El Papa es algo así como el Jefe de los Teólogos, el encargado de definir que un libro determinado contradice la doctrina católica? ¿O hay otras personas que se encargan de esto?

Otra duda: ¿Es necesario ser teólogo para ser Papa?

 

Respuesta:

La función de establecer la doctrina católica con la autoridad de Cristo no corresponde al teólogo sino al Magisterio de la Iglesia, que es ejercido por el Papa y los Concilios Ecuménicos (en comunión con el Papa) en el nivel universal y por el Obispo (en comunión con el Papa) en el nivel local.

 

Te recomiendo leer la instrucción "Donum veritatis" (El don de la verdad) de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), publicada en 1990. Esa instrucción hace un análisis excelente y detallado de la relación entre Teología y Magisterio.

 

La CDF auxilia al Papa en su función de promover y defender la doctrina de la fe católica en la Iglesia universal. Las Conferencias Episcopales de cada país suelen tener una Comisión para la Doctrina de la Fe, con funciones análogas a las de la CDF, pero en el nivel nacional.

 

Por otra parte, según el derecho canónico, sigue existiendo la obligación (en casos bien determinados) de someter a la censura eclesiástica los libros sobre temas religiosos escritos por sacerdotos o religiosos. Los censores son nombrados por el Obispo diocesano. Teniendo en cuenta los comentarios de los censores, el Obispo resuelve si conceder o no el permiso eclesiástico de publicación del libro (el “imprimatur” o imprímase). Lamentablemente esta práctica ha ido cayendo en desuso y hoy se puede encontrar muchos libros de sacerdotes o religiosos católicos que se apartan gravemente de la doctrina católica.

 

Con respecto a tu última pregunta, me parece muy conveniente que el Papa sea muy versado en teología, pero no hay ninguna norma jurídica que establezca que el Papa deba tener determinado grado académico en esa materia (Bachiller, Licenciado, Doctor). Los distintos Papas pueden tener formaciones algo diferentes entre sí. Por ejemplo, Juan Pablo II era un filósofo destacado y Benedicto XVI es uno de los principales teólogos católicos desde hace más de 40 años.

 

6.      ¿Sólo los santos pueden comulgar?

 

Pregunta:

Un amigo mío, que es Testigo de Jehová, me dijo que según la Biblia sólo los santos pueden comulgar. También me dijo que los católicos adoran imágenes. Respecto al segundo punto  encontré fácilmente una página de apologética en Internet que demuestra que más que nada es un tema de interpretación. Pero no pude encontrar nada sobre el primer punto. Me extraña mucho que haya dos interpretaciones tan diferentes sobre un mismo punto de doctrina. Unos entienden que la comunión es para todos, mientras otros dicen que sólo los santos pueden recibirla. No logro encontrar en la Biblia ningún versículo que diga que "sólo los santos pueden comulgar", pero tampoco encuentro ninguno que diga que "todos pueden comulgar".

Apelando a unos versículos de Lucas 22, mi amigo dice que la idea original era que sólo comulgaran los santos. La Última Cena se realizó en un grupo pequeño y exclusivo. Luego, apoyándose en el Apocalipsis, me habló de un rebaño pequeño de 144.000 personas y de un rebaño grande. El rebaño pequeño, compuesto por los santos, pertenece al reino celestial. En cambio el rebaño grande vivirá en la tierra por mil años.

 

Respuesta:

La Iglesia Católica no enseña que cualquier persona o cualquier cristiano puede comulgar. La Eucaristía o Comunión es uno de los siete sacramentos de la Iglesia. Al recibir el Bautismo, primero de los sacramentos, una persona se convierte en hijo de Dios, discípulo de Cristo y miembro de la Iglesia. El Bautismo es uno de los requisitos para recibir cualquiera de los otros seis sacramentos. Existen además otros requisitos, que varían de un sacramento a otro. Para concentrarnos en tu consulta, consideremos el caso de la Eucaristía. Supongamos que el bautizado ha recibido ya la Primera Comunión, para lo cual se requiere generalmente cierta edad mínima y cierta preparación previa.

 

Volvamos a la proposición "sólo los santos pueden comulgar". Para evaluarla correctamente y discernir si es verdadera o falsa, es necesario que antes se defina con precisión qué se entiende por "santo", palabra que puede tener diversas acepciones.

 

En su sentido más corriente, la palabra "santo" designa a aquella persona que vive o ha vivido las virtudes cristianas en un grado heroico. Cuando un “santo” (en el sentido expuesto) muere, su alma va directamente al Cielo, porque no tiene penas para expiar en el Purgatorio.

 

Los santos canonizados por la Iglesia pertenecen a esa categoría de personas “canonizables” (“canon” significa regla; la vida de un santo canonizado puede servir como regla o ejemplo para los demás cristianos). En este sentido de la palabra “santo”, la frase "sólo pueden comulgar los santos" es falsa y no tiene sustento bíblico. La verdad es en cierto modo lo contrario. No comulgamos porque seamos ya santos, sino para llegar a ser santos. La Eucaristía nos santifica. No es necesario ser santo para comulgar. Basta estar en estado de gracia, o sea no estar en pecado mortal.

 

Un pecado es un acto humano (consciente y libre) moralmente malo, es decir que atenta contra la ley de Dios y contra la naturaleza y la vocación del hombre. Existen dos tipos de pecados:

·        el pecado mortal o grave, que rompe la comunión con Dios;

·        el pecado venial o leve, que daña la comunión con Dios, sin romperla.

 

Para que un pecado sea pecado mortal, deben darse simultáneamente las siguientes tres condiciones:

·        materia grave (es decir, debe ser objetivamente una grave infracción moral);

·        advertencia plena (es decir, debe ser cometido con conciencia de su maldad);

·        consentimiento pleno (es decir, debe ser un acto deliberado).

 

El cristiano que está en pecado mortal no puede comulgar sin volver antes al estado de gracia o amistad con Dios. Para salir del estado de pecado mortal, debe arrepentirse y tener un sincero propósito de enmienda, recibir el perdón de Dios en el sacramento de la Penitencia o Confesión y cumplir la penitencia impuesta por el confesor (o al menos tener una sincera voluntad de cumplirla).

 

El Capítulo 22 del Evangelio de Lucas narra la institución de la Eucaristía en la Última Cena. Los comensales eran pocos debido a las circunstancias. Fue una Cena Pascual de Jesús con sus más íntimos seguidores, los Doce Apóstoles, horas antes del arresto de Jesús en el Huerto de los Olivos, que dio inicio a su Pasión. Lucas 22 no dice en ninguna parte que sólo pueden comulgar los santos.

 

Pero la palabra “santo” puede tener también otros santidos. Así, por ejemplo, los primeros cristianos a veces se llamaban a sí mismos "los santos". Se daba así por sentado que generalmente esos cristianos se encontraban en estado de gracia. En este sentido, la proposición “sólo los santos pueden comulgar” es verdadera: sólo pueden comulgar los cristianos en estado de gracia.

 

Obviamente la acusación de que los católicos adoramos imágenes es una burda falsedad. Los católicos adoramos sólo a Dios. Jesús es verdadero Dios. Veneramos las imágenes que representan al Único Dios a quien adoramos y que nos ayudan a dirigir hacia Él nuestra imaginación y nuestra memoria.

 

Por último, te recomiendo un excelente artículo de Carlos Caso-Rosendi: ¿Se debe creer en los Testigos de Jehová? El autor, argentino, es un ex Testigo de Jehová, hoy católico devoto y militante.

 

7.      El don de la fe

 

Pregunta:

Tengo grandes dudas sobre la existencia de Dios. Mentiría si digo que creo en Dios, pero tampoco puedo decir que no creo en Él. Muchas experiencias de vida me hacen pensar en la Divina Providencia y sentir que quizás Alguien me acompaña. Tal vez esté confundido por querer sustentar racionalmente la fe en la existencia de Dios. Si tuviese que apostar sobre esta cuestión, apostaría que Dios existe, pero no tengo certeza de ello. Pienso que sería magnífico que Dios existiera, porque se podría tener esperanza en un futuro mejor, en que el bien inevitablemente triunfará, en que todo (incluso las dificultades) tiene un propósito, en que después de la muerte me reencontraré con mis seres queridos difuntos. Pero no es correcto creer en Dios sólo porque es reconfortante. Probablemente mis dudas en materia religiosa provengan de mis lecturas de autores racionalistas. También influyó mucho en mi pensamiento la serie de televisión “Cosmos”, que vi durante mi infancia.

 

Aunque fui bautizado en la Iglesia Católica, hoy no puedo llamarme católico, porque no tengo fe. Sin embargo me siento cercano a la religión católica y la aprecio mucho, especialmente por la racionalidad con que busca presentar la fe. Comparto y defiendo (incluso públicamente) en gran parte las enseñanzas morales de la Iglesia Católica, pero siento que no puedo creer en sus dogmas y sacramentos. A pesar de esto me agrada y me hace bien escuchar a sacerdotes predicar el mensaje de Cristo sobre el amor, el perdón, etc. Pienso que hacer el bien, perdonar las ofensas, no matar, ser fiel en el matrimonio y muchas otras normas morales cristianas son razonables e indiscutibles. Están más allá de cualquier duda y se sustentan en el sentido común, diga lo que diga la Biblia sobre ellas. Pero los dogmas de la fe cristiana requieren creer que la Biblia es Palabra de Dios y ahí es donde empiezan mis problemas. Los dogmas se apoyan en muchos casos en la validez de la Biblia y eso es para mí una materia opinable.

 

Respuesta:

Según el “principio de tercero excluido”, las cosas son o no son. Entre el ser y el no ser no hay una tercera posibilidad, un punto intermedio. Este principio, enunciado en la Antigüedad por Aristóteles y conocido -explícita o implícitamente- por todos los seres humanos por sentido común, es válido tanto con respecto a la realidad (o sea, es un principio ontológico) como con respecto al pensamiento (o sea, es un principio lógico). Por lo tanto, se es creyente o no creyente; se cree en Dios o no se cree en Dios. Es imposible que haya otra alternativa. No es lo mismo no creer que Dios existe que creer que Dios no existe. Entre los no creyentes caben distintas posturas ante el problema religioso: ateísmo, agnosticismo, indiferencia religiosa, búsqueda de la Verdad, etc. Según tus palabras, tú aún no crees en Dios, aunque sientes deseos de creer en Él.

 

Consideremos brevemente la cuestión de fondo. El hecho de la existencia del mundo puede ser confrontado con la hipótesis monoteísta y con la hipótesis atea (la hipótesis panteísta puede ser descartada por ser auto-contradictoria). La hipótesis atea no explica nada y convierte todo en un gigantesco absurdo. La hipótesis monoteísta lo explica todo y todo lo ilumina con gran esplendor. ¿Cuál de las dos hipótesis debería elegir un ser racional?

 

Pienso que las pruebas clásicas (metafísicas) de la existencia de Dios son sutiles precisamente porque esa existencia, aunque no es un hecho evidente, es algo bastante simple de apreciar, algo al alcance de cualquier inteligencia común. El ser relativo del mundo supone un Ser Absoluto que llamamos "Dios". Las cosas más sencillas son a menudo las más difíciles de explicar y demostrar. Por eso se han escrito tantos libros sobre las pruebas de la existencia de Dios. Te recomiendo uno muy bueno: "Dios", de R. Garrigou-Lagrange, un gran filósofo católico de principios del siglo XX.

 

John Henry Newman (un gran teólogo del siglo XIX) escribió con mucho acierto que dificultad y duda son cosas inconmensurables entre sí y que mil dificultades no hacen una sola duda. El cristiano puede experimentar mil dificultades intelectuales para fundamentar, comprender y explicar el sentido de su fe; pero él no duda de su fe. Fe y duda son actitudes incompatibles entre sí. El que cree no duda, y el que duda no cree.

 

G. K. Chesterton (otro notable pensador católico) escribió que cuando un cristiano se encuentra con alguien que duda acerca de las verdades religiosas, el mejor camino para guiarlo hacia la fe no es decirle que deje de dudar, sino decirle que siga dudando más y más, hasta que quizás, por ventura, comience a dudar de sí mismo. El racionalista tiende a hacer de su propia razón un ídolo, un falso dios. El creyente, en cambio, sabe que la razón humana, precioso don de Dios, es infinitamente menos poderosa que la inteligencia de Dios, fuente de toda verdad. Reconocer humildemente los límites de la propia razón es muy importante para aceptar que podemos conocer de verdad cosas que no podemos comprender totalmente, ni demostrar a la manera de un teorema matemático; cosas como el amor de un padre, de una esposa o de un hijo; cosas como el amor de Dios por nosotros.

 

La serie "Cosmos", más allá de su valor de divulgación científica, estaba muy contaminada por la filosofía materialista de Carl Sagan. Basta recordar la frase inicial de la serie, que compendia la ideología que la inspiró: “El Cosmos es todo lo que hay, ha habido o habrá”. En otras palabras, esto significa simplemente que Dios no existe, nunca ha existido y jamas existirá. Partiendo de este principio (que no tiene base científica alguna), “Cosmos” se convirtió en una obra maestra de propaganda atea. Carl Sagan cometió la deshonestidad de presentar su falsa filosofía disfrazada con los prestigiosos vestidos de la ciencia experimental.

 

Quizás te puedan ayudar los dos consejos que expondré enseguida. Según creo recordar, el primero lo encontré en un libro de Joseph Ratzinger (el actual Papa Benedicto XVI) y el segundo en el célebre libro “Pensamientos” de Blaise Pascal, gran matemático y pensador católico.

 

A los no creyentes que tienen inquietudes religiosas y buscan la verdad acerca de Dios, pero sienten que no pueden creer en Él, el Cardenal Ratzinger les propuso que adopten esta máxima: vivir como si Dios existiera (“etsi Deus daretur”). Es exactamente lo contrario de lo que proponían los filósofos racionalistas de los siglos XVII y XVIII: organizar la sociedad y sus leyes "etsi Deus non daretur", como si Dios no existiera.

 

A la persona que quisiera ser creyente, pero se siente incapaz de llegar a serlo, Pascal le propone que frecuente a personas creyentes y que trate de imitarlas. Aprenderá por contagio u ósmosis cómo vivir una vida de fe. 

 

Según dices, lo que te cuesta aceptar de la religión cristiana no es la moral, sino el dogma. Sin embargo, el dogma cristiano es algo perfectamente razonable. Ser dogmático (es decir, creer en la Palabra de Dios revelada a los hombres) es dejar que sea Dios el que diga la primera y la última palabra en mi vida. Es aceptar que Dios es Dios. Que Él te conceda abrirte a Su Verdad.

 

Vivir como si Dios existiera supone mucho más que aceptar y cumplir el orden moral objetivo accesible a la sola razón natural. Implica también reconocer a Dios como fin último de nuestra existencia, tratar de hablar con Él en la oración y (en un ambiente cristiano) tratar de escucharlo por medio de la lectura de la Biblia. Supone tratar de conocer, amar y seguir a Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne para nuestra salvación.

 

Jesús en persona es la autorrevelación de Dios al hombre. Él mismo es el máximo signo de credibilidad del cristianismo. En última instancia, es Él quien hace creíbles a la Iglesia y a la Biblia, no al revés. Entonces, trata de relacionarte con Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. Quizás no puedas rezar aún como aquel padre de familia: "Señor, yo creo, pero aumenta mi fe". Pero, aunque parezca paradójico, puedes pedir a Jesús el don de la fe; puedes pedirle que se manifieste en tu vida como tu Señor y Salvador.

 

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¿Están verdes?

 

Lic. Néstor Martínez

 

En las noticias de Zenit se informa sobre un debate acerca de si se puede saber que Dios existe, ocurrido en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid.

 

Uno de los defensores de la respuesta negativa dijo entre otras cosas:

"Gabriel Albiac, antes de nada, aclaró que no se puede demostrar la no existencia de algo, y que la comprobación viene siempre por parte del que afirma la existencia. "Toda afirmación es falsa mientras no se demuestre lo contrario"."

 

En pocas palabras se dicen aquí muchas cosas, pero no todas coherentes entre sí. Estamos de acuerdo en que el que afirma la existencia de Dios debe probarlo, pero igualmente el que afirma que Dios no existe, debe probarlo.

 

Se nos dirá que la no existencia de algo no se puede probar. No es tan así. Toda noción que sea intrínsecamente contradictoria, por ejemplo, es necesariamente inexistente. El círculo cuadrado no existe, ni puede existir. Y eso está racionalmente comprobado, por el principio de no contradicción.

 

Tampoco puede existir lo que contradice hechos indudables. Por ejemplo, un planeta que no sea Júpiter y que sin embargo se encuentre situado en el mismo punto que Júpiter y al mismo tiempo que él.

 

O sea, hay formas de probar la no existencia de algo. Luego, el que afirma que Dios no existe, tiene tanta obligación de probarlo, como el que afirma que sí existe.

 

Lo que pasa es que puede haber aquí un pequeño juego de palabras en torno al término "afirmación". "Dios existe" es una afirmación. ¿"Dios no existe", es una afirmación? Pues sí, también lo es. Pues al decir que Dios no existe, estoy diciendo también que eso que digo es verdad, o sea, estoy afirmando: "Sí, es verdad: Dios no existe".

 

Luego, si toda afirmación (que no sea evidente por sí misma) debe ser probada, ésta también.

 

¿Se dirá que son las afirmaciones de existencia las que deben ser probadas, no las de no existencia? Pero ahí simplemente hay que preguntar: ¿por qué? Y si se responde que porque la no existencia no puede ser probada, ya se respondió a eso arriba.

Pero lo que es totalmente incoherente con todo lo anterior, es la afirmación de que "toda afirmación es falsa mientras no se demuestre lo contrario".

 

De esto se seguiría, por lo que dice el autor, que la afirmación de la existencia de Dios es falsa hasta que no se demuestre. Pero si esa afirmación es falsa, entonces Dios no existe. De todo ello se siguen consecuencias absurdas: Decir que esa afirmación es falsa equivale a decir que Dios no existe, y entonces, o eso se afirma con prueba o sin prueba. En el segundo caso, es una afirmación totalmente gratuita. En el primer caso, se va contra lo que se dijo arriba, que la no existencia de algo no puede ser demostrada.

 

Por la misma razón, si decir que esa afirmación es falsa es decir que Dios no existe, al decir al mismo tiempo que esa afirmación es falsa hasta que se demuestre, resulta que entonces Dios comenzaría a existir el día en que se demostrase su existencia, lo cual es absurdo. Y esto vale en general para toda afirmación aún no demostrada, con lo cual el absurdo se generaliza.

 

En efecto, aún no se ha demostrado que haya vida inteligente en otros planetas. Luego, no la hay, pues la afirmación "hay vida inteligente en otros planetas" es, según este autor, falsa hasta que se demuestre, y si es falsa, es porque no hay vida inteligente en otros planetas. Luego, el día en que se demostrase que hay vida inteligente en otros planetas, comenzaría a haber vida inteligente en otros planetas. Absurdo.

 

Pero además, si fuese verdad que "toda afirmación es falsa hasta que se demuestra", entonces una afirmación falsa se convertiría en verdadera, por el hecho de ser demostrada. Alguno fue el primero en demostrar que el lado del cuadrado y su diagonal son inconmensurables. ¿Hasta ese momento la afirmación había sido falsa? ¿Tienen fecha las verdades geométricas?

 

En el fondo el "truco" es muy sencillo: se dice que la carga de la prueba corresponde al que afirma, se toma como "afirmación" solamente la afirmación de existencia, no la afirmación de inexistencia, y se afirma luego, subrepticiamente, la inexistencia, al decir que "toda afirmación es falsa hasta que se demuestra". Pero una tesis que necesita recurrir a tales trucos se descalifica a sí misma por ese mismo hecho.

 

Ahora bien, también da para ser comentada alguna intervención de los defensores de la respuesta afirmativa, es decir, los creyentes:

"Pues bien -prosiguió-, cuando alguien dice: 'Yo sé que Dios existe', es evidente que no lo dice como quien ve los colores de las cosas o como quien ha hecho una suma o una deducción lógica. Lo dice como quien conoce las cosas en un nivel existencial y, además, en una relación que tiene que ver de alguna forma con la amistad, la filiación, el amor. Lo sabe por experiencia".

 

Para dar razones de estos enunciados el profesor Antuñano expuso que el conocimiento de Dios tiene un fuerte carácter subjetivo, porque en ese conocimiento está implicada la propia persona, pero que esto no significa que se confunda esta creencia con una auto-sugestión por parte del sujeto, una proyección interna de sus propias ideas y deseos que termina generando la ilusión ficticia de un ser imaginario llamado Dios.

 

"Por eso -añadió-, saber que Dios existe tiene también un carácter objetivo: hay una alteridad real en ese conocimiento. No todo lo que puede proyectar un hombre coincide necesariamente con lo que Dios es, o como descubre que Dios es. Más aún, hay veces que lo que uno proyecta es exactamente lo contrario a lo que descubre cuando sabe que Dios existe. Una pura invención mía no puede en realidad dejarme satisfecho, el autoengaño dura poco, y genera frustración, tristeza, y hasta violencia".

 

“El profesor concluyó diciendo que este conocer a Dios es evidentemente mucho más que un mero conocimiento empírico, mucho más que el conocimiento matemático o lógico o científico y por supuesto es muchísimo más que una opinión opinable: es el conocimiento cierto y convencido de alguien a quien se ama porque se ha sentido su caricia de amor en la propia vida."

 

En definitiva, este participante se apoyó en su propia experiencia. Es magnífico que él tenga una experiencia de Dios. Pero la experiencia es intransferible. En definitiva, este participante está pidiendo a los otros que le crean. O bien, les está diciendo que si se embarcan en cierto camino existencial, podrán llegar a tener la misma experiencia que él. Pero nótese que él no da ninguna razón por la cual los otros deban aceptar que su experiencia no es una mera ilusión. Obviamente, él afirma que no lo es, pero una mera afirmación no es razón para aceptar nada.

 

Se dirá: cuando el otro se ponga en camino, y haga la experiencia, verá que no es una ilusión. Pero ¿qué razón se le da al otro para ponerse en camino? ¿Cómo sabe que no se embarca en un proceso de auto-sugestión?

 

La intervención de este participante es un signo del lamentable estado en que se encuentra actualmente el pensamiento católico. Habiendo aceptado el veto kantiano contra la metafísica, habiendo tirado por la borda la filosofía escolástica, única capaz de dar claridad y solidez en estos temas, se cree haber hecho un gran progreso cuando se reduce uno a "dar testimonio", con algunas palabras altisonantes, todo lo cual se parece lastimosamente al caso de la zorra que decía de las uvas que no podía alcanzar: "Están verdes".

 

Igualmente, da la impresión de que algunos, apabullados por las que ellos consideran ilevantables razones del agnosticismo metafísico, al ver inalcanzables las uvas de la demostración filosófica de la existencia de Dios, se consuelan declarándolas "verdes", es decir, imposibles, y tratan de elevar lo más que pueden (de ahí las palabras altisonantes) el cercano recurso a la experiencia subjetiva, que sin embargo, quedará siempre así, subjetivo.

 

Al menos el participante incrédulo se tomaba el trabajo de argumentar, aunque lo hacía mal.

 

¿Qué diría hoy aquel santo Papa que en su momento enunció esta gran verdad: "Apartarse de Santo Tomás, aunque sea sólo el espacio de una uña, sobre todo en cuestiones metafísicas, es algo que no se puede hacer sin grave daño"?

 

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Un hombre vestido de blanco y negro

 

Lic. Néstor Martínez

 

Se ha difundido recientemente la noticia de que un médico serbio, Stojan Adasevic, que fue durante mucho tiempo el "rey del aborto" en la Yugoslavia comunista, habiendo practicado unos 48.000 abortos, se ha convertido en un líder pro–vida.

 

Véase por ejemplo en estos vínculos:

http://moralyluces.wordpress.com/2008/11/12/pro-vida-despues-de-48000-abortos/

http://www.hazteoir.org/node/15467

 

El regreso de Tomás de Aquino

 

En ese país comunista se enseñaba a los médicos que abortar era como extirpar un tejido cualquiera. Ni las imágenes de ultrasonido hacían cambiar de opinión a los médicos entrenados en las consignas del Partido.

 

El Dr. Adasevic, sin embargo, empezó a tener sueños, en los que veía multitud de niños y jóvenes que jugaban y reían, pero que al verlo a él retrocedían aterrorizados. Había también un hombre vestido de blanco y negro, que lo miraba en silencio. Luego de soñar varias noches lo mismo, al final preguntó al hombre, en el sueño, quién era. "Soy Tomás de Aquino", le respondió, y continuó: "¿No me preguntas quiénes son éstos? Son todos aquellos a quienes tú mataste mediante el aborto".

 

Adasevic, formado en la cultura comunista y en un país de Europa Oriental de tradición cristiana ortodoxa, no sabía quién era Tomás de Aquino. Decidió no practicar más intervenciones abortivas, pero luego accedió a hacer una más. El resultado fue que entre los miembros destrozados del bebé estaba el corazón, aún latiendo. Adasevic se convenció de que había matado a un ser humano.

 

Informó a las autoridades que no iba a practicar más abortos. Le bajaron el sueldo, echaron a su hija de su trabajo y su hijo no pudo entrar a la Universidad. Al final, cansado de resistir las presiones de todo tipo, iba a renunciar a la lucha, pero volvió a soñar con el hombre vestido de blanco y negro: "Eres mi buen amigo. Persevera", le dijo esta vez Tomás de Aquino.

 

Adasevic se comprometió con los grupos pro-vida y logró que la televisión yugoeslava pasase en dos ocasiones el video "El grito silencioso", de Bernard Nathanson, el famoso doctor abortista convertido también, antes que Adasevic, en líder pro-vida. Actualmente, Adasevic ha vuelto al cristianismo ortodoxo y ha comenzado a investigar acerca de Santo Tomás de Aquino.

 

La nota de prensa termina con una conclusión que Adasevic ha sacado de sus lecturas sobre Santo Tomás. En efecto, Santo Tomás, influido por la filosofía de Aristóteles, había enseñado, como todo el mundo en su época, que el alma humana no se infundía en el embrión apenas concebido, sino un tiempo después, lo que se llama la "animación retardada". Algunos abortistas usan eso hoy día como argumento de que el máximo teólogo del catolicismo estaría de acuerdo con el aborto en las primeras semanas.

 

En realidad, con el avance de la ciencia biológica y genética, el Magisterio de la Iglesia afirma actualmente que la vida de un nuevo individuo de la especie humana está dada ya, en acto, desde la concepción misma, lo cual implica lógicamente, decimos nosotros, que el alma espiritual le haya sido dada por Dios en la misma concepción.

 

Según Adasevic, Santo Tomás vino a su sueño para reparar el error filosófico–teológico que había cometido.

 

Puede ser, sin duda. Pero en mi opinión, hay mucho más. En resumen, entiendo que, si Santo Tomás se le manifestó en sueños a Adasevic, fue porque Santo Tomás es el doctor de la ley natural, el doctor de la razón, y bien merecería ser declarado el Santo Patrono de la causa pro–vida.

 

En efecto, Santo Tomás de Aquino enseña el realismo filosófico, es decir, la tesis que dice que nuestra inteligencia es capaz de conocer las cosas reales, alcanzándolas en sí mismas, precisamente en aquello en que son independientes de esa misma inteligencia nuestra, a saber: en su ser, en su naturaleza o esencia, que reciben de Dios por la Creación.

 

Así, la razón humana puede leer en las cosas mismas, independientes de nosotros, el reflejo de la Razón divina. Se encuentra entonces con Otro que al mismo tiempo que la trasciende, puede iluminarla. Las cosas tienen una ley intrínseca, independiente del hombre y accesible a su inteligencia a la vez. El fundamento último de esta ley es la Inteligencia de Dios Creador.

 

El mensaje que las cosas trasmiten así a la inteligencia humana dice que cada cosa tiene una naturaleza que viene de Dios mismo, no de la inteligencia o voluntad del hombre. Y que por tanto, la ley fundamental de lo real trasciende al hombre y se impone a su inteligencia y a su voluntad libre como ley moral natural.

 

Al abandonar el tomismo y la escolástica en general, el pensamiento moderno cortó ese lazo entre la razón humana, la naturaleza de las cosas y la Inteligencia divina. La razón humana primero se endiosó, se absolutizó (idealismo alemán), conociéndose sólo a sí misma, y luego, se rindió totalmente a lo empírico y a lo fáctico, resignándose a registrar solamente las regularidades de la experiencia (positivismo).

 

En ambos casos, quedó incapacitada para escuchar en la naturaleza de las cosas reales, exteriores a la razón humana misma, independientes de ella, el mensaje de Dios. El rechazo de la metafísica realista llevó a la filosofía moderna a negar la ley moral natural.

 

La consecuencia final de todo esto ha sido el genocidio más grande de toda la historia de la humanidad: según cálculos que quedan muy por debajo de la realidad, pues se refieren solamente al aborto quirúrgico, y no al químico, se realizan cada año en el mundo 50 millones de abortos.

 

Es cierto, entonces, que Santo Tomás, influido por la ciencia de su tiempo (Aristóteles) sostuvo la "animación retardada" del feto. Pero mucho más importante es que él puso, de forma inigualada hasta hoy, las bases filosóficas para superar de raíz la cultura de la muerte, cuya máxima expresión es el genocidio abortista.

 

También por esto, entonces, es sumamente conveniente (como diría el mismo Santo Tomás) que haya sido él, y no otro santo, el que se apareció en sueños al "Nathanson serbio" para convertirlo en líder de la causa "pro-vida". Ojalá nosotros aprovechemos la lección y renovemos el entusiasmo por leer y estudiar las obras del Doctor Común.

 

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Comunicado sobre el veto parcial de la ley de salud sexual y reproductiva

 

Mesa Coordinadora Nacional por la Vida

 

La Mesa Coordinadora Nacional por la Vida, y el pueblo oriental todo, se congratula ante el veto que el Sr. Presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, haciendo uso de sus facultades constitucionales legítimas, ha interpuesto al texto de salud sexual y reproductiva que pretendía la legalización del aborto.

 

Coincidimos ampliamente con los sólidos fundamentos que ha expresado en su veto. Las organizaciones provida de todo el país nos vemos inequívocamente reflejadas en los conceptos que ha vertido, que están sustentados en principios y valores que, a lo largo de estos años, han nutrido nuestra entrega y compromiso en defensa de los derechos humanos fundamentales. Su modo de referirse a la existencia de un nuevo ser humano desde la concepción, al valor del sujeto en sí mismo y no en función de los afectos que despierte o la utilidad que preste, a la objeción de conciencia como un derecho a ser ejercido permanentemente, al reconocimiento del derecho de las instituciones en el libre ejercicio de sus principios fundacionales, al aumento de los abortos ante su legalización, a la protección preferencial de los más débiles, y a la consecuente solidaridad hacia la mujer desamparada en lugar de la facilitación al aborto, han sido todos ellos conceptos medulares de nuestra acción social, sensibilizadora y concientizadora.

 

Sin perjuicio de lo anterior, expresamos nuestro pesar por la vigencia que adquieren, al no ser vetados, los capítulos I y V del texto en cuestión. Allí se atenta contra el derecho de patria potestad y contra la laicidad del Estado uruguayo, así como se legaliza y se extiende a todo el país una asesoría para abortar que contradice el carácter ilegal que conserva el aborto en nuestro orden jurídico. La lucha por lo tanto sigue.

 

Finalmente agradecemos a todos aquellos que de un modo u otro participan cotidiana y anónimamente en la defensa del más fundamental de los derechos, demostrando que la ciudadanía reacciona positivamente en la defensa de los principios que han hecho grande a nuestra nación. Convocamos, pues, al pueblo uruguayo a no bajar los brazos y a estar muy atentos en la defensa de estos valores, que entre todos debemos mantener y afirmar.

 

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Fallece un sacerdote víctima de la persecución contra los cristianos en la India

El padre Bernard Digal había sido bárbaramente golpeado el 25 de agosto

 

NUEVA DELHI, jueves, 30 de octubre de 2008 (ZENIT.org).

 

Este miércoles ha fallecido el primer sacerdote víctima de la persecución contra los cristianos que se vive en la India, en particular en el Estado de Orissa.

 

Se trata del padre Bernard Digal, de la archidiócesis de Cuttack-Bhubaneshwar, en Orissa, quien fue bestialmente golpeado por violentos extremistas hindúes el 25 de agosto. Falleció en el hospital a causa de las graves lesiones sufridas en la cabeza y en todo el cuerpo.

 

El padre Mrutyunjay Digal, sacerdote de la misma Archidiócesis y secretario del arzobispo local, monseñor Raphael Cheenath, ha dado la noticia a la agencia misionera de la Santa Sede "Fides", definiéndolo como "un momento de luto, de silencio y de oración por toda la Iglesia local".

 

El padre Bernard, de 45 años, fue ingresado en el hospital de Chennai, en Tamil Nadu, para ser sometido a una delicada intervención quirúrgica en la cabeza. Sin embargo, su cuerpo no ha resistido los traumas recibidos.

 

"Durante su vida el padre Bernard mostró determinación y valentía para testimoniar y morir por Cristo. Ha muerto como auténtico cristiano, e inmediatamente después de la agresión sufrida perdonó a sus enemigos y perseguidores", ha explicado el sacerdote de su archidiócesis.

 

"A todos sus seres queridos va nuestro afecto y nuestras oraciones para infundir fuerza y ánimo en este momento de dificultad", ha añadido, informando que en la cabecera del lecho de muerte del padre Bernard estaba monseñor Cheenath, quien le dio las últimas palabras de consuelo y lo acompañó en el tránsito con la oración.

 

El padre Bernard es el primer sacerdote católico que muere en la campaña de violencia anticristiana. Según algunas organizaciones cristianas indias citadas por Fides, los muertos a causa de la violencia contra los cristianos son unos cien, mientras que son miles los heridos y continúan las matanzas, más o menos escondidas. Unos 15.000 cristianos están todavía en campos de refugiados y cerca de 40.000 han huido a la selva o a otros lugares, aterrorizados por grupos de extremistas hindúes.

 

ZS08102916

http://www.zenit.org/article-28998?l=spanish

 

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Halloween: observancia extravagante

 

Al acercarse el 31 de octubre, reproducimos la intervención de Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata (Argentina) sobre el Halloween, en el programa de televisión Claves para un Mundo Mejor del 03-11-07 (NG 328, 545, 546, 590).

“No tenemos que darnos por vencidos y, además es preciso criticar con toda claridad, serenamente, estas observancias extravagantes, completamente ajenas a la fe católica de nuestro pueblo y a nuestra tradición cultural”.

 

Texto de la intervención de Mons. Aguer

 

Desde hace varios años se ha tomado la costumbre, en muchos ambientes, de celebrar Halloween, y tengo la impresión de que quienes adoptan esta moda no saben bien de qué se trata.

 

Para remontarnos a los orígenes hay que decir que en la antigüedad era la celebración del Año Nuevo Celta. Se la ubica en Gran Bretaña e Irlanda, en épocas antiquísimas.

 

Se pensaba que en la noche del 31 de octubre al 1º de noviembre el espíritu de los muertos regresaba a su casa a visitar a sus hogares y que, además, esa noche vagaban diablos de toda especie, hadas, duendes, brujas y toda clase de espíritus extraños.

 

Era una celebración ligada al ritmo de la naturaleza, que tenía que ver con el término del verano y con los cambios propios de la cultura agropecuaria.

 

Luego, con el tiempo, se fue perdiendo el sentido religioso-pagano y, en épocas cristianas, esas observancias se mezclaron con los ritos católicos. En la Edad Media ha habido muchos sincretismos, análogos a los que hoy todavía encontramos en algunos sectores de América Latina o de África.

 

Lo cierto es que los irlandeses que emigraron a Estados Unidos, en la segunda mitad del Siglo XIX, llevaron esta antigua celebración y allí, en América del Norte, tomó características diversas:  invadir casas para romper ventanas, reclamar la entrega de regalos y, muchas veces, quedó convertida simplemente en una diversión para los niños que se disfrazaban e iban pidiendo golosinas.

 

Como en este mundo globalizado las modas se estandarizan y cruzan rápidamente los continentes, desde hace unos años tenemos aquí que también entre nosotros se festeja Halloween.

 

Halloween y escuela católica

 

Me extraña comprobar que hasta en jardines de infantes de escuelas católicas encontramos esta observancia y me pregunto ¿qué sentido tiene? Recuerdo muy bien que, cuando era niño, la celebración de Todos los Santos -el 1º de noviembre- y la conmemoración de los Fieles Difuntos, el día siguiente, tenían un arraigo cultural consistente. Eran días feriados y, por ejemplo, la visita al cementerio era un gesto de piedad arraigado en una larga tradición católica.

 

Entonces, habría que pensar muy bien qué sentido tiene que incorporemos estos hechos culturales cuyo significado originario se ha perdido, y que se mezclan indebidamente y, de algún modo, desplazan las celebraciones cristianas que corresponde observar en estos días.

 

Habría que recuperar, por ejemplo, el sentido que tiene en lo religioso, catequístico y cultural la Solemnidad de Todos los Santos, que nos recuerda nuestra comunión con la Patria Celestial. Ese dogma fundamental de nuestra fe que profesamos en el Credo cuando decimos ‘creo en la comunión de los santos’ y que nos muestra también la dimensión inmensa de la Iglesia, que no se agota en este mundo peregrino sino que incorpora también a los santos del cielo y a las almas del Purgatorio.

 

Deberíamos recuperar la antiquísima Novena de Ánimas, preparando la celebración del 2 de noviembre; recordar la indulgencia plenaria por los difuntos; recuperar el sentido de la visita al cementerio como un gesto religioso y profundamente humano, e incluso habría que ir elaborando nuevas proyecciones culturales de estas verdades cristianas.

 

No tenemos que darnos por vencidos y, además es preciso criticar con toda claridad, serenamente, estas observancias extravagantes, completamente ajenas a la fe católica de nuestro pueblo y a nuestra tradición cultural.

 

Noticias Globales, Año XI, Número 811, 59/08. Gacetilla nº 934. Buenos Aires, 24 octubre 2008.

Fuente: Claves Web, 03-11-07.

 

Salmo 1

 

¡Dichoso el hombre que no sigue

el consejo de los impíos,

ni en la senda de los pecadores se detiene,

ni en el banco de los burlones se sienta,

mas se complace en la ley de Yahveh,

su ley susurra día y noche!

 

Es como un árbol plantado

junto a corrientes de agua,

que da a su tiempo el fruto,

y jamás se amustia su follaje;

todo lo que hace sale bien.

 

¡No así los impíos, no así!

Que ellos son como paja que se lleva el viento.

Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos,

ni los pecadores en la comunidad de los justos.

Porque Yahveh conoce el camino de los justos,

pero el camino de los impíos se pierde.

 

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