Fe
y Razón
Revista virtual gratuita
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 23 – Junio de 2008
“Omne
verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga,
procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)
“Hoy se
hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la
Iglesia como explicación de
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Colaboradores: Dr. Carlos Álvarez Cozzi, Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic.
Horacio Bojorge, Pbro. Dr.
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo
de Dirección |
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Documentos |
Papa Pablo VI |
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Documentos |
Decreto
General relativo al delito de atentada
ordenación sagrada de una mujer |
Congregación para
la Doctrina de la Fe |
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Espiritualidad |
Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola |
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Espiritualidad |
Ing. |
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Teología |
Lic. Néstor Martínez |
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Filosofía |
Lic. Néstor Martínez |
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Doctrina
Social |
Michael Hull |
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Familia
y Vida |
El precio que pagan los contribuyentes por
la ruptura de las familias |
Padre John Flynn, L. C. (Zenit) |
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Noticias
eclesiales |
La Santa Sede aprueba los estatutos
definitivos del Camino Neocatecumenal |
Jesús Colina (Zenit) |
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Historia
de la Iglesia |
La Santa Sede y los obispos españoles salvaron miles de vidas republicanas tras la guerra civil |
Inmaculada Álvarez (Zenit) |
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Historia
de la Iglesia |
Ing. |
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Biblia |
Autores Varios |
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de Jerusalén |
El origen del “Credo del pueblo de
Dios”
Equipo de Dirección
El
próximo 30 de junio se cumplirán 40 años de la proclamación del “Credo del pueblo de Dios” por parte del
Papa Pablo VI. Con motivo del 1900º aniversario del martirio de los apóstoles
San Pedro y San Pablo en Roma, el Papa había dispuesto que entre 1967 y 1968 se
celebrara el “Año de la Fe”. El 30 de junio del 1968, el día en que concluía el
“Año de la Fe”, Pablo VI pronunció en la plaza de San Pedro una solemne
profesión de fe, el “Credo del pueblo de
Dios”.
Basado
en el Credo de Nicea y Constantinopla, el “Credo
del pueblo de Dios” contiene importantes complementos y desarrollos,
orientados a reafirmar y aclarar puntos centrales de la fe católica que, sobre
todo después del Concilio Vaticano II, habían sido cuestionados por muchos
teólogos de la corriente autodenominada “progresista”.
En su excelente sitio web, el
periodista italiano Sandro Magister informa que un libro que se publicará
pronto en Francia, el Tomo VI de
El
cardenal Georges Cottier –discípulo de Journet y teólogo emérito de la casa
pontificia– ha contado los entretelones de aquel Credo a la publicación mensual
internacional “30 Días”. A continuación reproducimos parte del artículo en el
que Sandro Magister resume las revelaciones del Cardenal Cottier.
“En 1967 Maritain tiene 85 años. Vive en
Tolosa, entre los Hermanitos de Charles de Foucauld. Acaba de publicar “Le
paysan de la Garonne” [“El campesino del Garona”], una crítica despiadada a la Iglesia postconciliar “arrodillada ante
el mundo”. [Nota de “Fe y Razón”:
en realidad la crítica de Maritain no fue dirigida a “la Iglesia
postconciliar”, sino a los “católicos progresistas” del post-concilio].
El 12 de enero el cardenal Journet escribe a
Maritain que se va a reunir pronto con el Papa, en Roma. Ni el uno ni el otro
saben que Pablo VI tiene la intención de iniciar el Año de
“El Soberano Pontífice redacte una profesión
de fe completa y detallada, en la cual sea explícito todo lo que está realmente
contenido en el Símbolo de Nicea. Ésta será, en la historia de la Iglesia, la
profesión de fe de Pablo VI”.
Sin que Maritain se lo haya pedido, Journet
fotocopia la carta del filósofo y se la entrega al Papa, cuando se reúne con él
el 18 de enero. En aquella ocasión, Pablo VI pide al teólogo un juicio sobre el
estado de salud de la Iglesia: “Trágico”, responde Journet. Tanto él como el
Papa están impresionados por la publicación ocurrida el año anterior en
Holanda, con la bendición de los obispos, de un nuevo Catecismo nada menos que
“con el objetivo de sustituir dentro de la Iglesia una ortodoxia por otra, una
ortodoxia moderna por la ortodoxia tradicional” (así se expresaba la comisión
cardenalicia instituida por Pablo VI para examinar aquel Catecismo, del que
Journet hacia parte).
El 22 de febrero de 1967 Pablo VI inaugura el
Año de
El mismo año, del 29 de septiembre al 29 de
octubre, se reúne en Roma el primer sínodo de los obispos. El informe final de
la comisión doctrinal somete al Papa la propuesta de una declaración sobre los
puntos esenciales de la fe.
El 14 de diciembre Pablo VI recibe nuevamente
al cardenal Journet. Éste vuelve a presentarle al Papa la idea de Maritain. Y
Pablo VI le recuerda que ya otros habían sugerido, al final del Concilio
Vaticano II, promulgar un nuevo símbolo de la fe. Él mismo, el Papa, había
pedido al famoso teólogo dominicano Yves Congar preparar un texto, pero que no
le pareció satisfactorio y que dejó archivado.
Después repentinamente Pablo VI dice a
Journet: “Preparadme vosotros un esquema de lo que vosotros pensáis que deba
ser hecho”.
Regresando a Suiza, Journet refiere la
solicitud del Papa a Maritain. Y éste, al inicio del nuevo año, mientras está
en París, redacta un proyecto de profesión de fe. Lo termina el 11 de enero de
1968 y el 20 lo envía a Journet. Que el día siguiente lo remite a Pablo VI.
De la correspondencia entre el teólogo y el
filósofo resulta que el texto elaborado por Maritain quería ser solamente un
borrador que fuese de ayuda a Journet. Pero es este último quien por iniciativa
propia reenvía el texto al Papa sin agregarle nada. A juicio de Journet, en ese
texto se encontraba respuesta a todas las dudas suscitadas por el Catecismo
holandés, y por otros teólogos de fama sobre dogmas como el pecado original, la
misa como sacrificio, la presencia real de Cristo en la eucaristía, la creación
a partir de la nada, el primado de Pedro, la virginidad de María, la Inmaculada
concepción, la asunción.
El 6 de abril llega de Roma una carta del
teólogo dominico Benoît Duroux, consultor de la congregación para la doctrina
de
Después nada más. El 30 de junio de 1968
Pablo VI pronunciará solemnemente en
[…]
En los años cincuenta, Maritain estuvo cerca
de ser condenado por el Santo Oficio por su pensamiento filosófico, sospechoso
de “naturalismo integral”. La condena no se dio, también porque tomó su defensa
Giovanni Battista Montini, el futuro Pablo VI, entonces sustituto secretario de
estado, unido por una larga amistad con el pensador francés.”
Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/204969?sp=y
A 40 años de estos importantes sucesos
eclesiales, “Fe y Razón” se adhiere a
la solemne profesión de fe del Papa Pablo VI, reproduciendo en este número de
la revista el texto completo del “Credo
del pueblo de Dios”.
El Señor nos mantenga firmes en la fe, alegres
en la esperanza y diligentes en la caridad.
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Pablo VI
Solemne profesión de fe que
Pablo VI pronunció el 30 de junio de 1968, al concluir el Año de la Fe, proclamado
con motivo del XlX centenario del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en
Roma.
Venerables hermanos y queridos
hijos:
1. Clausuramos con esta liturgia
solemne tanto la conmemoración del XIX centenario del martirio de los santos
apóstoles Pedro y Pablo como el año que hemos llamado de
2. Pensamos que es ahora nuestro deber manifestar públicamente nuestra gratitud a aquellos fieles cristianos que, respondiendo a nuestras invitaciones, hicieron que el año llamado de la fe obtuviera suma abundancia de frutos, sea dando una adhesión más profunda a la palabra de Dios, sea renovando en muchas comunidades la profesión de fe, sea confirmando la fe misma con claros testimonios de vida cristiana. Por ello, a la vez que expresamos nuestro reconocimiento, sobre todo a nuestros hermanos en el episcopado y a todos los hijos de la Iglesia católica, les otorgamos nuestra bendición apostólica.
3. Juzgamos además que debemos
cumplir el mandato confiado por Cristo a Pedro, de quien, aunque muy inferior
en méritos, somos sucesor; a saber: que confirmemos
en la fe a los hermanos
(cf. Lc 22,32). Por
lo cual, aunque somos conscientes de nuestra pequeñez, con aquella inmensa
fuerza de ánimo que tomamos del mandato que nos ha sido entregado, vamos a
hacer una profesión de fe y a pronunciar una fórmula que comienza con la
palabra creo, la cual, aunque no haya que llamarla verdadera
y propiamente definición dogmática, sin embargo repite sustancialmente, con
algunas explicaciones postuladas por las condiciones espirituales de esta
nuestra época, la fórmula nicena: es decir, la fórmula de la tradición inmortal
de
4. Bien sabemos, al hacer esto, por qué perturbaciones están hoy agitados, en lo tocante a la fe, algunos grupos de hombres. Los cuales no escaparon al influjo de un mundo que se está transformando enteramente, en el que tantas verdades son o completamente negadas o puestas en discusión. Más aún: vemos incluso a algunos católicos como cautivos de cierto deseo de cambiar o de innovar. La Iglesia juzga que es obligación suya no interrumpir los esfuerzos para penetrar más y más en los misterios profundos de Dios, de los que tantos frutos de salvación manan para todos y, a la vez, proponerlos a los hombres de las épocas sucesivas cada día de un modo más apto. Pero, al mismo tiempo, hay que tener sumo cuidado para que, mientras se realiza este necesario deber de investigación, no se derriben verdades de la doctrina cristiana. Si esto sucediera -y vemos dolorosamente que hoy sucede en realidad-, ello llevaría la perturbación y la duda a los fieles ánimos de muchos.
5. A este propósito, es de suma importancia advertir que, además de lo que es observable y de lo descubierto por medio de las ciencias, la inteligencia, que nos ha sido dada por Dios, puede llegar a lo que es, no sólo a significaciones subjetivas de lo que llaman estructuras, o de la evolución de la conciencia humana. Por lo demás, hay que recordar que pertenece a la interpretación o hermenéutica el que, atendiendo a la palabra que ha sido pronunciada, nos esforcemos por entender y discernir el sentido contenido en tal texto, pero no innovar, en cierto modo, este sentido, según la arbitrariedad de una conjetura.
6. Sin embargo, ante todo, confiamos firmísimamente en el Espíritu Santo, que es el alma de la Iglesia, y en la fe teologal, en la que se apoya la vida del Cuerpo místico. No ignorando, ciertamente, que los hombres esperan las palabras del Vicario de Cristo, satisfacemos por ello esa su expectación con discursos y homilías, que nos agrada tener muy frecuentemente. Pero hoy se nos ofrece la oportunidad de proferir una palabra más solemne.
7. Así, pues, este día, elegido por Nos para clausurar el año llamado de la fe, y en esta celebración de los santos apóstoles Pedro y Pablo, queremos prestar a Dios, sumo y vivo, el obsequio de la profesión de fe. Y como en otro tiempo, en Cesarea de Filipo, Simón Pedro, fuera de las opiniones de los hombres, confesó verdaderamente, en nombre de los doce apóstoles, a Cristo, Hijo del Dios vivo, así hoy su humilde Sucesor y Pastor de la Iglesia universal, en nombre de todo el pueblo de Dios, alza su voz para dar un testimonio firmísimo a la Verdad divina, que ha sido confiada a la Iglesia para que la anuncie a todas las gentes.
Queremos que esta nuestra profesión de fe sea lo bastante completa y explícita para satisfacer, de modo apto, a la necesidad de luz que oprime a tantos fieles y a todos aquellos que en el mundo -sea cual fuere el grupo espiritual a que pertenezcan- buscan la Verdad.
Por tanto, para gloria de Dios
omnipotente y de nuestro Señor Jesucristo, poniendo la confianza en el auxilio
de
Unidad y Trinidad de Dios
8. Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles -como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida- y de las cosas invisibles -como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles (1)- y también Creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal (2).
9. Creemos que este Dios único es tan absolutamente uno en su santísima esencia como en todas sus demás perfecciones: en su omnipotencia, en su ciencia infinita, en su providencia, en su voluntad y caridad. Él es el que es, como él mismo reveló a Moisés (cf. Ex 3,14), él es Amor, como nos enseñó el apóstol Juan (cf. 1Jn 4,8) de tal manera que estos dos nombres, Ser y Amor, expresan inefablemente la misma divina esencia de aquel que quiso manifestarse a sí mismo a nosotros y que, habitando la luz inaccesible (cf. 1Tim 6,16), está en sí mismo sobre todo nombre y sobre todas las cosas e inteligencias creadas. Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de sí mismo, revelándose a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar, aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y después de la muerte, en la luz sempiterna. Los vínculos mutuos que constituyen a las tres personas desde toda la eternidad, cada una de las cuales es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender de modo humano (3).
Sin embargo, damos gracias a la
divina bondad de que tantísimos creyentes puedan testificar con nosotros ante
los hombres la unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de
10. Creemos, pues, en Dios, que en toda la eternidad engendra al Hijo; creemos en el Hijo, Verbo de Dios, que es engendrado desde la eternidad; creemos en el Espíritu Santo, persona increada, que procede del Padre y del Hijo como Amor sempiterno de ellos. Así, en las tres personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí (4), la vida y la felicidad de Dios enteramente uno abundan sobremanera y se consuman con excelencia suma y gloria propia de la esencia increada; y siempre hay que venerar la unidad en la trinidad y la trinidad en la unidad (5).
Cristología
11. Creemos en nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. Él es el Verbo eterno, nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre, homoousios to Patri; por quien han sido hechas todas las cosas. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen, y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad (6), completamente uno, no por confusión (que no puede hacerse) de la sustancia, sino por unidad de la persona (7).
12. El mismo habitó entre
nosotros lleno de gracia y de verdad. Anunció y fundó el reino de Dios,
manifestándonos en sí mismo al Padre. Nos dio su mandamiento nuevo de que nos
amáramos los unos a los otros como él nos amó. Nos enseñó el camino de las
bienaventuranzas evangélicas, a saber: ser pobres en espíritu y mansos, tolerar
los dolores con paciencia, tener sed de justicia, ser misericordiosos, limpios
de corazón, pacíficos, padecer persecución por
Y su reino no tendrá fin.
El Espíritu Santo
13. Creemos en el Espíritu Santo,
Señor y vivificador que, con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y
glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de
su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la
Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen
Mariología
14. Creemos que
15. Ligada por un vínculo
estrecho e indisoluble al misterio de la encarnación y de la redención (12),
Pecado original
16. Creemos que todos pecaron en
Adán; lo que significa que la culpa original cometida por él hizo que la
naturaleza, común a todos los hombres, cayera en un estado tal en el que
padeciese las consecuencias de aquella culpa. Este estado ya no es aquel en el
que la naturaleza humana se encontraba al principio en nuestros primeros
padres, ya que estaban constituidos en santidad y justicia, y en el que el
hombre estaba exento del mal y de
17. Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, por el sacrificio de la cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que se mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (cf. Rom 5,20).
18. Confesamos creyendo un solo bautismo instituido por nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los pecados. Que el bautismo hay que conferirlo también a los niños, que todavía no han podido cometer por sí mismos ningún pecado, de modo que, privados de la gracia sobrenatural en el nacimiento nazcan de nuevo, del agua y del Espíritu Santo, a la vida divina en Cristo Jesús (17).
La Iglesia
19. Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra, que es Pedro. Ella es el Cuerpo místico de Cristo, sociedad visible, equipada de órganos jerárquicos, y, a la vez, comunidad espiritual; Iglesia terrestre, Pueblo de Dios peregrinante aquí en la tierra e Iglesia enriquecida por bienes celestes, germen y comienzo del reino de Dios, por el que la obra y los sufrimientos de la redención se continúan a través de la historia humana, y que con todas las fuerzas anhela la consumación perfecta, que ha de ser conseguida después del fin de los tiempos en la gloria celeste (18). Durante el transcurso de los tiempos el Señor Jesús forma a su Iglesia por medio de los sacramentos, que manan de su plenitud (19). Porque la Iglesia hace por ellos que sus miembros participen del misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo, por la gracia del Espíritu Santo, que la vivifica y la mueve (20). Es, pues, santa, aunque abarque en su seno pecadores, porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo.
20. Heredera de las divinas promesas e hija de Abrahán según el Espíritu, por medio de aquel Israel, cuyos libros sagrados conserva con amor y cuyos patriarcas y profetas venera con piedad; edificada sobre el fundamento de los apóstoles, cuya palabra siempre viva y cuyos propios poderes de pastores transmite fielmente a través de los siglos en el Sucesor de Pedro y en los obispos que guardan comunión con él; gozando finalmente de la perpetua asistencia del Espíritu Santo, compete a la Iglesia la misión de conservar, enseñar, explicar y difundir aquella verdad que, bosquejada hasta cierto punto por los profetas, Dios reveló a los hombres plenamente por el Señor Jesús. Nosotros creemos todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia, o con juicio solemne, o con magisterio ordinario y universal, para ser creídas como divinamente reveladas (21). Nosotros creemos en aquella infalibilidad de que goza el Sucesor de Pedro cuando habla ex cathedra (22) y que reside también en el Cuerpo de los obispos cuando ejerce con el mismo el supremo magisterio (23).
21. Nosotros creemos que la Iglesia, que Cristo fundó y por la que rogó, es sin cesar una por la fe, y el culto, y el vínculo de la comunión jerárquica (24). La abundantísima variedad de ritos litúrgicos en el seno de esta Iglesia o la diferencia legítima de patrimonio teológico y espiritual y de disciplina peculiares no sólo no dañan a la unidad de la misma, sino que más bien la manifiestan (25).
22. Nosotros también,
reconociendo por una parte que fuera de la estructura de la
Iglesia de Cristo se encuentran muchos elementos de
santificación y verdad, que como dones propios de
23. Nosotros creemos que la
Iglesia es necesaria para
Eucaristía
24. Nosotros creemos que la misa
que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud
de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él
en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el
sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros
altares. Nosotros creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor
en
25. En este sacramento, Cristo no
puede hacerse presente de otra manera que por la conversión de toda la
sustancia del pan en su cuerpo y la conversión de toda la sustancia del vino en
su sangre, permaneciendo solamente íntegras las propiedades del pan y del vino,
que percibimos con nuestros sentidos. La cual conversión misteriosa es llamada
por
26. La única e indivisible
existencia de Cristo, el Señor glorioso en los cielos, no se multiplica, pero
por el sacramento se hace presente en los varios lugares del orbe de la tierra,
donde se realiza el sacrificio eucarístico. La misma existencia, después de
celebrado el sacrificio, permanece presente en el Santísimo Sacramento, el
cual, en el tabernáculo del altar, es como el corazón vivo de nuestros templos.
Por lo cual estamos obligados, por obligación ciertamente suavísima, a honrar y
adorar en
Escatología
27. Confesamos igualmente que el reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas, sino que consiste en que se conozcan cada vez más profundamente las riquezas insondables de Cristo, en que se ponga cada vez con mayor constancia la esperanza en los bienes eternos, en que cada vez más ardientemente se responda al amor de Dios; finalmente, en que la gracia y la santidad se difundan cada vez más abundantemente entre los hombres. Pero con el mismo amor es impulsada la Iglesia para interesarse continuamente también por el verdadero bien temporal de los hombres. Porque, mientras no cesa de amonestar a todos sus hijos que no tienen aquí en la tierra ciudad permanente (cf. Heb 13,14), los estimula también, a cada uno según su condición de vida y sus recursos, a que fomenten el desarrollo de la propia ciudad humana, promuevan la justicia, la paz y la concordia fraterna entre los hombres y presten ayuda a sus hermanos, sobre todo a los más pobres y a los más infelices. Por lo cual, la gran solicitud con que la Iglesia, Esposa de Cristo, sigue de cerca las necesidades de los hombres, es decir, sus alegrías y esperanzas, dolores y trabajos, no es otra cosa sino el deseo que la impele vehementemente a estar presente a ellos, ciertamente con la voluntad de iluminar a los hombres con la luz de Cristo, y de congregar y unir a todos en aquel que es su único Salvador. Pero jamás debe interpretarse esta solicitud como si la Iglesia se acomodase a las cosas de este mundo o se resfriase el ardor con que ella espera a su Señor y el reino eterno.
28. Creemos en la vida eterna. Creemos que las almas de todos aquellos que mueren en la gracia de Cristo -tanto las que todavía deben ser purificadas con el fuego del purgatorio como las que son recibidas por Jesús en el paraíso en seguida que se separan del cuerpo, como el Buen Ladrón- constituyen el Pueblo de Dios después de la muerte, la cual será destruida totalmente el día de la resurrección, en el que estas almas se unirán con sus cuerpos.
29. Creemos que la multitud de aquellas almas que con Jesús y María se congregan en el paraíso, forma la Iglesia celeste, donde ellas, gozando de la bienaventuranza eterna, ven a Dios, como Él es (33) y participan también, ciertamente en grado y modo diverso, juntamente con los santos ángeles, en el gobierno divino de las cosas, que ejerce Cristo glorificado, como quiera que interceden por nosotros y con su fraterna solicitud ayudan grandemente nuestra flaqueza (34).
30. Creemos en la comunión de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comunión está a nuestra disposición el amor misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen oídos atentos a nuestras oraciones, como nos aseguró Jesús: Pedid y recibiréis (cf. Lc 10,9-10; Jn 16,24). Profesando esta fe y apoyados en esta esperanza, esperamos la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero.
Bendito sea Dios, santo, santo, santo. Amén.
Notas
1) Cf. Conc. Vat. I, Const. dogm. Dei Filius: Denz.-Schön. 3002.
2) Cf. enc. Humani generis: AAS 42 (1950) 575; Conc. Lateran. V: Denz.-Schön. 1440-1441.
3) Cf. Conc. Vat. I, Const. dogm. Dei Filius: Denz.-Schön. 3016.
4) Símbolo Quicumque: Denz.-Schön. 75.
5) Ibíd.
6) Ibíd., n. 76.
7) Ibíd.
8) Cf. Conc. Efes.: Denz.-Schön. 251-252.
9) Cf. Concilio Vaticano II, constitución dogmática Lumen gentium, 53.
10) Cf. Pío IX, Bula Ineffabilis Deus: Acta p. 1 vol. 1 p. 616.
11) Cf. Lumen gentium, 53.
12) Cf. Ibíd., n. 53.58.61..
13) Cf. Const. apost. Munificentissimus Deus: AAS 42 (1950) 770.
14) Lumen gentium, 53.56.61.63; cf. Pablo Vl, Al. en el cierre de la III sesión del Concilio Vat. II: AAS 56 (1964), 1016; exhort. apost. Signum magnum: AAS 59 (1967) 465 y 467.
15) Lumen gentium, 62; cf. Pablo Vl, exhort. apost. Signum magnum: AAS 59 (1967) 468.
16) Cf. Conc. Trid., ses. 5: Decr. De pecc. orig.: Denz-Schön. 1513.
17) Cf. Conc. Trid., ibíd.: Denz-Schön. 1514.
18) Cf. Lumen gentium, 8 y 50.
19) Cf. Ibíd., n. 7.11.
20) Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium n. 5.6; Lumen gentium n. 7.12.50.
21) Cf. Conc. Vat. I, Const. Dei Filius: Denz-Schön. 3011.
22) Cf. Ibíd., Const. Pastor aeternus: Denz-Schön. 3074.
23) Cf. Lumen gentium, n. 25.
24) Ibíd., n. 8.18-23; decret. Unitatis redintegratio, n. 2.
25) Cf. Lumen gentium, n. 23; decret. Orientalium Ecclesiarum, n. 2.3.5.6.
26) Cf. Lumen gentium, n. 8.
27) Cf. Ibíd., n. 15.
28) Cf. Ibíd., n. 14..
29) Cf. Ibíd., n. 16.
30) Cf. Conc. Trid., ses. 13: Decr. De Eucharistia: Denz-Schön. 1651.
31) Cf. Ibíd.: Denz-Schön. 1642; Pablo Vl, Enc. Mysterium fidei: AAS 57 (1965) 766.
32) Cf. Santo Tomás, Summa Theologica III, q.73 a.3.
33) 1Jn 3, 2; Benedicto XII, Const. Benedictus Deus: Denz-Schön. 1000.
34) Lumen gentium, n. 49.
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CONGREGACIÓN PARA
DECRETO GENERAL
relativo al delito
de atentada ordenación sagrada de una mujer
La Congregación para la Doctrina de la Fe, para tutelar la
naturaleza y la validez del sacramento del orden, en virtud de la especial
facultad a ella conferida de parte de
Quedando a salvo cuanto prescrito en el can.
1378 del Código de Derecho Canónico, cualquiera que atente
conferir el orden sagrado a una mujer, así como la mujer que atente recibir el
orden sagrado, incurre en la excomunión latae sententiae reservada a
Si quien atentase conferir el orden sagrado a una mujer o
la mujer que atentase recibir el orden sagrado fuese un fiel cristiano sujeto
al Código de Cánones de las Iglesias Orientales, sin perjuicio de lo que
se prescribe en el can. 1443 de dicho Código, sea castigado con la excomunión
mayor, cuya remisión se reserva también a
Este decreto entrará inmediatamente en vigor a partir de su publicación en L’Osservatore Romano.
William Cardinale LEVADA - Prefecto
Angelo AMATO, S.D.B. - Arzobispo titular de Sila - Secretario
In Congr. pro Doctrina Fidei tab., n. 337/02
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Miguel Antonio Barriola
Después de la esplendorosa fiesta de
Pentecostés, nos estamos encaminando por el “tiempo ordinario”.
El adjetivo y sus derivados suelen despertar
sentimientos de monotonía y hastío ante la reiteración de lo ya conocido,
tantas veces expresados con la frase: “más de lo mismo”. Hasta pueden surgir
movimientos de repulsa, como cuando tratamos a alguien de “ordinario” o
calificamos de “ordinariez” a palabras y acciones de baja estofa.
Sin embargo, la raíz posee también un sentido
satisfactorio, si se piensa un poco en profundidad. Pues lo habitual, lo
reglamentado, sirve para que la vida humana no se vuelva un caos. Así “de
ordinario” nos alimentamos, trabajamos dentro de un ritmo, que no suele ser
perturbado por sorpresas. En fin, no es posible vivir siempre de eventos “fuera
de serie” y nuestra existencia transcurre entre el día y la noche, que lo sigue
inexorablemente.
La mayor parte de nuestra vida se desenvuelve
en jornadas comunes y corrientes, que preparan el descanso y la fiesta, a la
vez que en las pausas de ocio y celebración se recuperan fuerzas para volver al
trabajo diario. Se da la saludable interacción entre períodos laborales y de
vacación. Sería absurdo pretender alterarla por el mero gusto de que todo se
vuelva jolgorio.
También a este ritmo se ha sometido el Hijo
de Dios encarnado en María. La maravilla de las maravillas celebrada en Navidad
(“Dios con nosotros”) o la muerte vencida en Pascua, el empuje vivificador del
Espíritu en Pentecostés, se desenvuelven después poco a poco, día tras día: “Jesús crecía en sabiduría y edad y gracia
ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 51). “Todos frecuentaban día a día
el Templo y partían el pan en sus casas”, notifica el mismo Lucas, después
de Pentecostés (Hech 2, 46).
La “vida oculta” de Jesús, creciendo sin el
sensacionalismo que le endilgarán los evangelios apócrifos, la fraternidad
comunitaria, que era moneda habitual en
Ya, asimismo, durante su actuación pública,
que parecería reclamar mayor propaganda y notoriedad, advirtió Cristo contra
los apuros o ansias populares de lo espectacular, alertando ante el impulso a
vivir aquí y ahora, de inmediato, el Reino en todo su esplendor.
Al contrario, advertía que “el Reino de Dios es como un hombre que
arroja la semilla en la tierra y ya duerma, ya vele, de noche y de día, la
semilla germina y crece, sin que él sepa cómo” (Mc 4, 26–27).
En esta y casi todas sus parábolas, tomadas
de lo más usual y trivial, Jesús muestra que el destino de la persona se juega
en su misma existencia “ordinaria”, doméstica, económica y social. El realismo
de sus metáforas (barrer la casa, amasar, encender un candil, cuidar el rebaño)
significa que Jesús coloca el punto de contacto entre Dios y la persona, no
sólo en grandes ceremonias del calendario religioso, sino también en el mundo
cotidiano de la experiencia humana. El estilo popular de su lenguaje realista
prolonga el vaciamiento, la kénosis
del Hijo de Dios en la encarnación (Filip 2, 5–11). Tomó forma de siervo, hasta
en lo gris de la vida humana. Las parábolas proclaman que el terreno en que
Dios pide al ser humano que se arriesgue a tomar una decisión es el ámbito de
lo vivido cada día, el mismo en el que se desarrolló la existencia de Jesús en
diálogo con su propio misterio de ser Hijo de Dios.
En consecuencia, las mismas fiestas
descollantes de la Navidad, Pascua y Pentecostés no celebraron otra cosa que la
voluntad de Dios de manifestarse en la debilidad, a través de signos muy
frágiles. Han sido la entronización gloriosa de la pobreza: un pesebre para
bestias sobre el que cantaron los ángeles, porque allí, ante la indiferencia de
los hombres, obedecía a su Padre el Hijo eterno de Dios. El cadalso de un
ajusticiado a muerte, transfigurado en camino hacia
Por lo mismo, parece muy apropiado, a modo de
compendio del espíritu que ha de animar este “tiempo ordinario” el símbolo
litúrgico, que queda plasmado en el cirio pascual: “Yo soy el alfa y la omega”, tomado de la grandiosa síntesis de toda
la historia de la salvación, que es el Apocalipsis.
El vidente, autor de esta culminación de la
revelación entera, en su mismo pórtico (Apoc 1, 8) acude al sencillo alfabeto,
condensado en la primera y última de sus letras griegas, para compendiar
también con idéntico simbolismo toda su obra (Apoc 21, 6; 22, 13).
Ahora bien, nada hay más común que las
consonantes y vocales, de las que nos valemos para hablar. Pero, a ese
instrumento, que es la última y más humilde trama de la lengua, acuden tanto la
prosaica conversación del mercado como los finos versos del poeta.
Así es la vida de Cristo, que se va
desplegando por siglos, sobre todo en su Iglesia. De sus riquezas se sirven los
pecadores en busca de indulgencia y los santos avanzando en virtud. El Dios
excelso se ha vuelto cercano, el omnipotente se ofrece en signos discretos, sin
forzar libertades.
El símbolo bíblico queda egregiamente
plasmado en la vigilia pascual, a la que ya nos hemos referido. Entre esas
letras extremas, se inscriben las “llagas gloriosas” de Cristo y la cifra del
año en curso. La cruz y la luz, el “hoy”(Sal
95, 7), que, por encima de su monotonía, cobra sentido en la espera del “octavo
día”, que se sale de la secuencia hebdomadaria, para desembocar allí donde ya
no habrá más día ni noche (ver: Hebr 4, 6–11; Apoc 22, 5).
Ni la Escritura ni los más antiguos escritos
cristianos mencionan, entre los creyentes, la celebración de la Pascua, a modo
de conmemoración anual, según la usanza judía. Pero sí que se refieren al
domingo, como un día aparte, señalado por antonomasia para las asambleas de los
fieles (I Cor 16, 2; Hech 20, 7: “primer
día de la semana”; Apoc 1, 10: Kyriaké
heméra: día del Kyrios, del
Señor, Domingo –Dominus-).
La Pascua, pues, de “anual” y “extraordinaria”
pasó a ser “semanal” y “ordinaria”, “la Pascua dominical”.
Volviendo a Apoc 1, 10, su contexto puede
brindar apuntes y sugerencias válidos para la espiritualidad del tiempo
ordinario.
En efecto, el vidente se encuentra impedido
de celebrar el “día del Señor” junto con su comunidad, ya que se halla
encarcelado en Patmos, “a causa de la
Palabra de Dios y del testimonio de Jesús” (ibid., v. 9).
Nada, pues, más alejado de una “fiesta”.
Sin embargo, esa misma situación es la
elegida por Cristo, que se le revela, para hacerlo testigo de la liturgia
celestial. Lo “extraordinario” se sumerge en los días oscuros del calabozo y,
al revés, la penuria terrena recibe, en la fe, la contemplación del trono mismo
de Dios.
De igual modo,
En efecto, como enseñó Juan Pablo II: “El Domingo recuerda en la sucesión semanal
del tiempo, el día de la resurrección de Cristo. Es
Esta “ordinarización” (valga el neologismo)
de la “extraordinaria Pascua” de la antigua alianza, pone igualmente a nuestro
alcance, en la riqueza de cada Domingo, lo más excelso y “extraorinario” de
nuestra fe, a saber, el misterio de nuestro Dios Uno y Trino, ya que el primer
día de la semana nos recuerda al “Creador” (estreno absoluto del obrar de Dios
“ad extra”, atribuible al “Primero y
sin origen”: Dios Padre). El Domingo, nos conecta con el “Redentor”, Cristo
Jesús, Hijo eterno de Dios, encarnado en María. Por fin, dado que Pentecostés
cae también en Domingo, el Santificador, Espíritu de amor entre el Padre y el
Hijo, nos acompañará siempre, haciendo que lo ordinario de nuestra
peregrinación desemboque en la Jerusalén de arriba, “donde no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo
de antes pasó” (Apoc 21, 4).
El tiempo ordinario, con sus “Pascuas y
Pentecostés” semanales y, hay que agregar, también diarias (porque la
Eucaristía se actualiza : “hosákis”: “cada vez que”
– I Cor 11, 25–26. Y, según Hech 2, 46, “los
cristianos partían el pan” “kath‘ heméran” –cada día-) va tejiendo nuestra vida de
Adviento en Adviento hasta la Parusía, de Pascua en Pascua “hasta que vuelva” (I Cor 11, 26). La
pequeña “alfa” de todo comienzo (creación – primera alianza) se va agigantando
hasta la “omega”, radiante del fin, “cuando
Cristo entregue a Dios Padre el Reino”(I Cor 15,
24).
Preguntémonos qué y cómo escribimos con este
alfabeto. Si únicamente acudimos a él cuando todo nos sonríe o si sabemos
emplearlo tanto en el Tabor como en el Getsemaní y el Gólgota. Sólo en la
integridad vivida en la fe, tanto de los días brillantes como en los oscuros,
se irá traduciendo en nuestra historia el encuentro del “extraordinario” Dios
creador, redentor y santificador, con su “ordinaria” creatura, pecadora y
reconciliada.
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Mi felicidad y la infelicidad ajena
Leyendo una entrevista -realizada
en 1987- del periodista César di Candia a
Así planteada la cuestión, parece que nuestra frase supone que la felicidad se comporta como si fuera un mero bienestar biológico o material. Como enseña la economía, los bienes materiales siempre son “escasos” (o finitos), por lo cual, para remediar una injusta distribución de la riqueza, a menudo es moralmente obligatorio que alguien renuncie a una parte excedente de sus bienes para darla a otro, que carece de lo mínimo necesario. Pero en realidad la felicidad no depende de los bienes materiales, como surge de las siguientes dos objeciones obvias:
·
Por una parte, la riqueza no hace
· Por otra parte, Jesús nos enseña que la pobreza material no implica automáticamente la infelicidad: “Bienaventurados los pobres” (Lucas 6,20). Las bienaventuranzas evangélicas no son un elogio de la miseria, sino una invitación apremiante a la austeridad, el desprendimiento de los bienes materiales y la liberación del afán desordenado de riqueza. Son (entre otras muchas cosas) un canto a la libertad del espíritu humano, que no está absolutamente condicionado por las circunstancias materiales. También los materialmente pobres pueden ser felices, si viven de acuerdo con el Evangelio de Cristo.
La felicidad no es un bienestar material ni “funciona” como los bienes materiales. Trascendiendo pues el orden material, la frase en cuestión parece indicar que la misericordia debe hacernos infelices con el infeliz. Aquí cabría distinguir dos niveles:
·
En un nivel más superficial, que podríamos
llamar “bienestar psicológico”, es claro que la felicidad humana no es completa
en esta vida, precisamente porque coexiste con
La falta de
“bienestar psicológico”, aunque puede llegar a ser muy grande, no impide la
verdadera alegría. Pensemos, por ejemplo, en las personas que sufren depresión,
enfermedades mentales o discapacidades intelectuales. La compasión por estas
personas no anula la verdadera alegría. ¿De qué le valdría a los que sufren o
están tristes que los demás les transmitamos tristeza en vez de alegría? En
presencia de alguien infeliz, no puedo ni debo renunciar a mi felicidad, ni a
una parte de ella. El cristiano debe irradiar la alegría de la salvación, sin
perderla: “Vosotros sois la sal de
·
En un
nivel más profundo, propiamente espiritual, la verdadera felicidad puede
coexistir (en esta vida) con el sufrimiento, porque lo supera. Esta felicidad,
que comienza en la tierra, alcanza su plenitud en el cielo; es escatológica. La
infelicidad más profunda, la única verdadera infelicidad, es el fruto de la
culpa grave, del pecado. Pues bien, la misericordia por los pecadores ni nos
vuelve pecadores ni puede quitarnos la alegría de
El estado espiritual que lleva a la felicidad es en cierto sentido incomunicable. Esto es representado plásticamente en la parábola de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias (cf. Mateo 25,1-12). No es en absoluto el egoísmo lo que mueve a las cinco vírgenes prudentes a no compartir el aceite de sus lámparas con las cinco vírgenes necias. En la realidad espiritual representada mediante la parábola, se trata de una imposibilidad ontológica. Cada persona humana será juzgada individualmente y deberá responder de sus actos ante Dios. Podemos influir en los demás, pero nadie puede tomar decisiones de orden moral en lugar del otro, anulando su libertad.
La felicidad es una realidad espiritual que brota de la caridad o amor, como una consecuencia o subproducto de éste: “Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.” (Mateo 16,25). No obtiene la felicidad el que se obsesiona por su propia felicidad y se olvida de los demás, sino el que en cierto modo se olvida de sí y se entrega a sí mismo, tratando de hacer felices a los otros.
El amor, que sí hace la felicidad, no es, como los bienes materiales, un bien escaso, sino un reflejo del don sobreabundante del amor divino. En el milagro de la multiplicación de los panes, Jesús nos muestra que, en el orden espiritual, a diferencia del orden material, cuanto más se da, se tiene cada vez más, no menos. El amor no resta, sino que multiplica. Esta verdad se manifiesta con máximo esplendor en la Eucaristía, el gran sacramento del amor.
No puedo ser feliz desentendiéndome de la felicidad ajena, sino que debo dar felicidad; pero el que da felicidad no la pierde, sino que recibe aún más felicidad.
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Lic. en Filosofía Néstor Martínez
Si Dios castiga.
Parecería que no:
1) El castigo es un mal. Pero Dios no es autor del mal. Luego, Dios no castiga.
2) El mal es una privación, y la privación no tiene causa eficiente, sino sólo deficiente. Luego, su causa sólo puede ser la creatura, que es la que puede fallar en su acción. Pero el castigo es un mal. Luego, sólo la creatura puede castigar, no Dios.
3) El que castiga no ama. Pero Dios nos ama. Luego, Dios no castiga.
4)
El castigo por el pecado es algo justo, mientras que la
misericordia va más allá de
5) El mismo infierno no es castigo, porque no es querido, sino sólo permitido por Dios. Luego, Dios no castiga.
6) El infierno no es castigo, porque no es pena por el pecado, sino solamente consecuencia del pecado. Luego, Dios no castiga.
7) El único castigo es el infierno. Pero el infierno no es en esta vida. Luego, Dios no castiga, al menos en esta vida.
Contra esto:
Es evidente en muchos pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamento que Dios castiga a los ángeles y a los hombres por sus pecados. Por ejemplo, Mt 25, 41-46:
“Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apártense de mí, malditos,
al fuego eterno, preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y
no me dieron de comer (…) E irán
éstos a un castigo eterno, y los justos, a la vida eterna”.
De donde se deduce que:
a) Por el contexto, la razón para ir al fuego eterno es de orden moral y es una culpa: “Tuve hambre, y no me dieron de comer…” etc.
b) El infierno existe.
c) Es eterno, o sea, no tiene fin. Por tanto, del infierno no sale nadie: no habrá una reconciliación final de los condenados con Dios.
d) En él se encuentran ya, por lo menos, los ángeles caídos. No es, por tanto, una mera posibilidad.
e) En él se encontrarán, luego de la segunda venida del Señor, algunos seres humanos condenados. Lo cual no excluye que ya existan ahora condenados, entre los difuntos, si bien eso no está afirmado en el texto. Luego, no todos los seres humanos se salvan.
f) El fuego eterno tiene una finalidad, ha sido “preparado para el Diablo y sus ángeles”. O sea, no una mera consecuencia ciega o azarosa, sino algo previsto y querido por Dios.
g) En efecto, la expresión “preparado para el Diablo y sus ángeles” es un “pasivo divino”, o sea, una forma de evitar, por respeto, nombrar a Dios. En vez de decir que Dios lo ha preparado, se dice que está preparado o que ha sido preparado. De hecho, otros manuscritos ponen “preparado por el Padre” o “preparado por el Señor”.
h) Por tanto, si ha sido previsto y querido, “preparado”, por Dios, por razón del pecado y de la culpa, pues eso es lo que tienen en común el Diablo, sus ángeles y los hombres que son colocados a la izquierda del Juez en el último día, entonces ha sido “preparado” como castigo por el pecado. Su misma eternidad sin fin excluye otra finalidad como podría ser la corrección o la conversión.
i) Del mismo modo, se llama a los condenados “malditos”, lo cual es también un “pasivo divino”: Dios los maldice, es decir, “dice el mal” contra ellos como consecuencia de sus pecados y de su falta de arrepentimiento.
j) Pero además, está dicho explícitamente en el texto evangélico: “Irán éstos a un castigo eterno”. Se explicita la calidad de “castigo” del infierno y se vuelve a afirmar su eternidad.
k) La esencia del infierno está expresada en esas dos expresiones: “Apártense de mí”, o sea, la pena de daño, que es la principal, la pérdida de Dios, fin último de nuestra existencia, y “el fuego eterno”, o sea, la pena de sentido.
l) Luego, Dios castiga.
Respuesta:
Hay que decir que Dios castiga. En efecto, Dios crea todo en orden a un fin, que es Él mismo. Las creaturas racionales por naturaleza tienden libremente a ese fin para el que Dios las ha creado, y entonces, pueden fallar y no alcanzar el fin, por el mal uso de su libertad, lo cual es un mal. Luego, el infierno, que consiste esencialmente en la pérdida del fin último, es posible por el solo hecho de que existe la creatura racional dotada de libre albedrío.
Nada ocurre sino aquello que Dios Todopoderoso quiere o permite. Luego, ese mal que es la condenación eterna no ocurre sino porque Dios o lo quiere o lo permite.
Ese mal que es el infierno o la
condenación eterna es una consecuencia del mal uso de la libertad por parte de
la creatura racional. Ahora bien, por el mal uso de la libertad se incurre en
Pero la pena o el castigo por el
pecado, si bien implica necesariamente un mal para el que es castigado, en sí
misma no es un mal, sino un bien, pues su finalidad es
restablecer el orden de la justicia, alterado por
A los argumentos respondemos:
1)
El castigo es tal por el mal que inflige al castigado,
pero es también un bien, en la medida en que restablece el orden de
2) El mal como tal no tiene causa eficiente, pero el acto del cual resulta un mal para alguno, sí. Es decir, el incendio y la destrucción de un bosque, por ejemplo, que es un mal, en cuanto mal no tiene causa eficiente, pero sí en cuanto incendio, a saber, el encendido de un fósforo. De ese modo el castigo consiste en algún tipo de acción o de permisión de la cual resulta el mal para el castigado. Y en ese sentido, el que actúa o permite de ese modo es causa del castigo. Pero toda acción o permisión de la creatura depende de una acción o permisión de Dios. Y lo que es bueno, en tanto lo es, no puede ser simplemente permitido por Dios, sino que ha de ser querido por él y lo ha de tener como causa eficiente, pues el bien se identifica con el ser. Luego, Dios es Causa Primera del castigo, en lo que éste tiene de ser y de bien. Luego, Dios castiga.
3) Si el que castiga no ama, entonces los padres no aman a sus hijos cuando los castigan. Por el contrario, amar es querer el bien del otro, y el castigo es un bien, en esta vida, no solamente en cuanto restablece el orden de la justicia, sino además, en cuanto sirve para la corrección del pecador, lo cual apunta a su salvación eterna. Por eso, es por amor que los padres castigan a sus hijos. Por lo que tiene que ver con la condenación eterna, que no tiene finalidad correctiva, se debe a que el amor de Dios no elimina su justicia, de modo que el pecador no arrepentido, que rechaza hasta el final el amor de Dios que busca su salvación, cae por ello mismo bajo la justicia divina, que restablece el orden propio de la justicia mediante la pena del infierno.
4) Dios misericordioso perdona siempre al pecador arrepentido, pero el pecador puede no arrepentirse, y entonces, está sujeto al castigo de la justicia divina.
5) El infierno o la condenación eterna no puede ser solamente permitido por Dios, como se ha dicho, porque en sí mismo no es un mal, sino un bien, en tanto pena por el pecado que restablece el orden de la justicia.
6) El infierno no puede ser solamente consecuencia del pecado, y no castigo por el pecado, porque el pecador incurre en culpa y la consecuencia de la culpa es justamente la pena, como se ha dicho.
7)
Los males de esta vida, al menos algunos de ellos, son
consecuencia de nuestros pecados. Ahora bien, como se ha dicho, el pecado
implica la culpa, y la consecuencia de la culpa es
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Lic. Néstor Martínez
"La esterilidad de la lógica formal aristotélica ha sido señalada
a menudo. El pensamiento filosófico se ha desenvuelto en forma paralela e
incluso aislada de esa lógica. En sus principales intentos, ni la escuela
idealista ni la materialista, ni la racionalista, ni la empirista parecen
deberle nada. La lógica formal era no trascendente en su misma estructura.
Sancionaba y organizaba el pensamiento dentro de un marco dado, más allá del
cual ningún silogismo puede pasar: permanecía en todo momento
"analítica". La lógica siguió adelante como una disciplina especial
al lado del desarrollo sustantivo del pensamiento filosófico, sin cambiar
esencialmente a pesar de los nuevos conceptos y nuevos contenidos que marcaban
ese desarrollo."
MARCUSE, Herbert, El hombre unidimensional, Ed. Seix Barral, Barcelona, 1969, p. 67.
Sin embargo, este mismo texto de Marcuse no se sostiene sino a condición de que sean válidos los razonamientos lógicos siguientes:
1) Toda lógica que sea estéril, no sirve. Pero la lógica formal aristotélica es estéril. Luego, la lógica formal aristotélica no sirve.
2) Ninguna lógica respecto de la cual el pensamiento filosófico se haya desenvuelto en forma paralela, e incluso aislada, sirve. Pero el pensamiento filosófico se ha desenvuelto en forma paralela, e incluso aislada, respecto de la lógica formal aristotélica. Luego, la lógica formal aristotélica no sirve.
3) Ninguna lógica que sea no trascendente, sirve. Pero la lógica formal aristotélica es no trascendente. Luego, no sirve.
4) Es no trascendente la lógica que permanece dentro de un marco dado. Pero la lógica formal aristotélica permanece dentro de un marco dado. Luego, es no trascendente.
5) Está atrasada una lógica cuando no acompaña el desarrollo sustantivo del pensamiento filosófico. Pero la lógica formal aristotélica no acompañó el desarrollo sustantivo del pensamiento filosófico. Luego, está atrasada.
O sea que al final tenía razón
Aristóteles: "El que mata la razón,
la sostiene".
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Michael Hull
Intervención del profesor de Teología Michael Hull, de Nueva York, en
la última videoconferencia internacional organizada por la Congregación para el
Clero sobre «Iglesia y Estado»
La
moral cristiana se aplica a la vida pública de la misma manera que a la vida
privada. El hecho de que un católico ocupe un cargo público no establece una
diferencia en sus obligaciones morales. Desgraciadamente, un error persistente
y muy difundido -a menudo propalado por católicos y no católicos poco o mal
informados y que se expresa a través de una frase vacua como «personalmente me
opongo, pero políticamente apoyo»- sostiene que alguien puede apoyar y promover
públicamente el mal y, al mismo tiempo, oponerse privadamente a ese mismo mal.
Hoy, muchos políticos que se declaran
buenos católicos apoyan activamente políticas contrarias a la ley moral natural
y la enseñanza de la Iglesia como, por ejemplo, el homicidio de niños no
nacidos en el aborto y el infanticidio (aborto por «nacimiento parcial»).
¿Podría un político católico que aboga y promueve un mal moral intrínseco
recibir lícitamente
La respuesta es, por supuesto, «no». ¿Por
qué? Porque los católicos tienen la obligación de promover el bien común. La
mejor descripción de la doctrina católica sobre este tema es actualmente la de
monseñor Raymond L. Burke, arzobispo de St. Louis, en su carta pastoral «On Our Civic Responsibility for the Common
Good» («Sobre nuestra responsabilidad
cívica por el bien común»). El arzobispo Burke observa que, para cumplir
con su responsabilidad por el bien común de la mejor manera posible, los
católicos deben votar apuntando a obtener «la
conformidad total de la ley civil con la ley moral».
Dicha obligación no disminuye, sino que
se intensifica cuando un católico ocupa un cargo público. Desgraciadamente, se
da el hecho de que algunos políticos católicos estén convencidos de que pueden
apoyar una ley injusta, como, por ejemplo, «Roe
v. Wade» (1973), sobre «el derecho al aborto», y, al mismo tiempo, seguir
siendo buenos católicos y recibir
Durante una conferencia en el National Press Club (Washington, 15 de
septiembre de 2004), intitulada «Public
Witness/Public Scandal: Faith, Politics, and Life Issues in the Catholic Church»
(«Testimonio público/escándalo público:
fe, política y cuestiones referentes a la vida en la Iglesia católica»),
promovida por
En ocasión de la misma conferencia, el
doctor Robert P. George, profesor de Derecho de la Universidad de Princeton,
explicó la sinrazón de quienes sostienen que la Iglesia no tiene el derecho -no
hablemos del deber- de prohibir
En los Estados Unidos, donde la cuestión
tiene, en este año de elecciones presidenciales, una vigencia especial,
Afortunadamente, algunos obispos
diocesanos han tenido el coraje de prohibir públicamente que algunos políticos
católicos favorables al aborto se acercaran a comulgar. Su valor no sólo
subraya la necedad de la frase «personalmente me opongo, pero políticamente
apoyo», sino que también fortalece al conjunto de los creyentes.
Como
San Pablo, debemos recordar que «no nos
dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad y
de templanza», con el que debemos conservar la verdad que nos ha sido confiada
por el Espíritu Santo (2 Tim 1,7.14).
Fuente: Catholic.net (www.es.catholic.net).
Aporte enviado por el Prof. Dr. Carlos Álvarez Cozzi.
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El precio que pagan los contribuyentes por la ruptura de las familias
Advertencias sobre las drásticas consecuencias sociales y económicas
ROMA, domingo, 25 mayo 2007 (ZENIT.org).
La desintegración de la vida familiar está costando un gran parte de los impuestos. Un informe publicado en abril calcula el coste anual en 112.000 millones de dólares, sólo en Estados Unidos.
"El coste de los impuestos del divorcio y de criar a los hijos
fuera del matrimonio: primeras estimaciones para la nación y otros 50
Estados", ha sido publicado por cuatro organizaciones: el Institute for American Values, el Georgia Family Council, el Institute for Marriage y
"Este estudio documenta por primera vez que el divorcio y el criar a los hijos fuera del matrimonio -ambas cosas malas para los niños- también están costando un montón de dinero a los contribuyentes", afirmaba David Blankenhorn, presidente del Institute for American Values, en una nota de prensa que acompañaba el informe.
El matrimonio es más que una institución moral o social, observa el mismo estudio. Es una institución económica, y cuando se rompe los costes para los gobiernos locales, estatales y federales son muy altos.
El informe calcula en 112.000 millones de dólares el coste anual -o más de 1 billón de dólares en la pasada década-, algo que los autores consideran una estimación mínima. El gobierno federal soporta la carga más pesada, 70.100 millones de dólares, seguido por los estados con 33.000 millones, y 8.500 millones a nivel local.
Estos costes vienen de diversas fuentes: aumento de los gastos provenientes de impuestos para los programas contra la pobreza, la justicia penal y los programas de educación, y una aportación menor a los impuestos por parte de individuos que, como adultos, ganan menos debido a la reducción de oportunidades, resultado de haber crecido con más probabilidad en la pobreza.
El estudio sostiene que el apoyo del gobierno al matrimonio y a la familia sería una política económica inteligente. Sólo una ligera reducción de la tasa de divorcios podría ahorrar miles de millones de dólares al año.
Algunos estados se han dado cuenta de esto y el informe cita el ejemplo de Texas, que aprobó recientemente dedicar 15 millones de dólares en los próximos dos años para educación matrimonial y otros programas. El estudio explica que si esto trae consigo un descenso de menos del 1% en las rupturas matrimoniales, tendrá un resultado real para los contribuyentes tejanos.
Cambios espectaculares
El estudio presenta una visión general de los enormes cambios de la vida familiar en las últimas décadas.
- Entre 1970 y el 2005, la proporción de niños que viven con sus dos progenitores casados ha descendido del 85% al 68%.
- Más de un tercio de los niños de Estados Unidos nacen actualmente fuera del matrimonio: el 25% de los bebés blancos no hispanos, el 46% de los hispanos, y el 69% de los afroamericanos.
- En el 2004, casi 1,5 millones de niños nacieron de madres no casadas.
- Ha habido un ligero descenso en el número de divorcios desde 1980, no obstante esto se ha compensado por el aumento del número de niños criados por parejas no casadas, por lo que el porcentaje de niños que viven con un único progenitor ha aumentado sin descanso de 1970 a 1998, con una pequeña disminución después de 1998.
- El informe admite que un tema crucial es verificar hasta qué punto hay una relación causal entre la fragmentación familiar y los costes económicos para el gobierno.
Los autores prosiguen mostrando evidencias de diversas fuentes que prueban su afirmación. Existe una amplia documentación, observan, de que el divorcio contribuye a la pobreza infantil.
El análisis sugiere que prácticamente todo el aumento en la pobreza observado entre las madres divorciadas tiene su causa en el mismo divorcio, indica el informe citando un reciente estudio.
También se han investigado con profundidad los efectos en los niños del divorcio y de ser criados por un solo progenitor. El estudio cita investigaciones académicas en las que se indica cómo el vivir estas situaciones lleva a índices de criminalidad más alto y a problemas de delincuencia.
Colapso de los ingresos
Las evidencias de otros países respaldan el informe de Estados Unidos. En Inglaterra, entre 1991 y 1997, el descenso medio de los ingresos de una madre tras la separación fue del 30%, informaba un estudio publicado por el Institute for Social and Economic Research de la Universidad de Essex.
En su reportaje del 5 de marzo sobre el estudio, el periódico Guardian observaba que en los últimos años este descenso se ha suavizado de forma sustancial. Entre 1998 y el 2004, el descenso de renta fue sólo del 12%.
No obstante, los investigadores atribuían parte de esta mejora a un incremento en el nivel de apoyo económico del estado.
Los hogares rotos también crean problemas para los colegios, informaba el 19 de marzo el periódico Telegraph. El declive de la familia tradicional está creando un "círculo vicioso" de fracaso escolar, pobreza y crimen, según la Association of Teachers and Lecturers, una organización de más 160.000 miembros.
El Telegraph indicaba que se ha manifestado esta preocupación precisamente en el momento en que se publicaban las cifras oficiales de madres solteras en Gran Bretaña que han aumentado en la pasada década en 250.000, llegando hasta casi los dos millones.
Otra consecuencia para los niños en medios de las rupturas familiares es una salud mental más pobre. El 24 de abril, el Times de Londres informaba que, según un estudio encargado por Children's Society, más de un cuarto de los jóvenes de menos de 16 años se sienten deprimidos por las tensiones de la vida familiar, las amistades y el colegio.
Miles de niños tomaron parte en el estudio y, para muchos de ellos, la ruptura familiar era el problema.
Los apuros europeos
Europa también está sufriendo grandes cambios en la vida familiar, como apuntaba un estudio reciente publicado por la agencia de noticias Fides, la agencia misionera del Vaticano. En un dossier titulado "La Crisis de la Familia en Europa", la agencia reunía información de varios estudios y organizaciones.
La población de Europa pronto
empezará a disminuir y ya está envejeciendo rápidamente, advertía Fides. Cada 25 segundos hay un aborto en
los 27 países miembros de
Tanto hombres como mujeres posponen el matrimonio, y en el 2005, casi 1,9 millones de niños nacieron fuera del matrimonio. En algunos países cerca de la mitad de todos los nacimientos se atribuyen a madres solteras o a parejas de hecho. El número de divorcios sigue aumentando, con millones de niños afectados.
En medio de estas tendencias, Fides indicaba también que, del 27% de producto interior bruto que Europa destina a gastos sociales, sólo una parte muy pequeña se dirige a apoyar a las familias, que, según parece, no se consideran una prioridad.
De hecho, el informe establece
que "las instituciones y la
legislación europeas consideran la familia como un legado histórico, en vez de
una institución que pueda formar parte del futuro".
Por ello, añadía, los gobiernos no apoyan de forma activa a la familia basada en el matrimonio estable entre un hombre y una mujer y, a la contra, apoyan diversas formas de cohabitación.
También hay medidas que permiten la adopción de niños por solteros, en lugar de por parejas casadas, así como permitir la adopción a las parejas de hecho y a las del mismo sexo.
Realidad fundamental
Benedicto XVI, consciente de la calamitosa situación de la familia, suele expresarse pidiendo a las autoridades públicas que apoyen el matrimonio. El respeto a la familia basada en el matrimonio es "imperativo", decía el Papa el 10 de enero al dirigirse a los representantes del gobierno local de Roma y de la región del Lacio.
"Lamentablemente, cada día constatamos cuán insistentes y amenazadores son los ataques y las incomprensiones con respecto a esta realidad humana y social fundamental", comentaba el Papa.
"Por consiguiente, es muy necesario que las Administraciones públicas no secunden esas tendencias negativas, sino que, por el contrario, ofrezcan a las familias un apoyo convencido y concreto, con la certeza de que así contribuyen al bien común", concluía.
El 16 de mayo, el Papa comentaba
que muchas familias están reclamando ayuda a las autoridades civiles. Benedicto
XVI hizo estas afirmaciones sobre la familia durante una audiencia con los
representantes del Foro de Asociaciones Familiares y de
"Existe la necesidad urgente de un compromiso común para apoyar a las familiares con todos los medios disponibles, sea desde el punto de vista social y económico, como del jurídico y espiritual", afirmaba el Papa.
El Santo Padre alababa la
iniciativa de movilizar a la gente para apoyar políticas fiscales de apoyo a
Por el padre John Flynn, L. C.;
traducción de Justo Amado
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del Camino Neocatecumenal
La Iglesia confirma la
"genuinidad del carisma", dice el cardenal Rylko
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 13 junio 2008 (ZENIT.org).
En una celebración de carácter
familiar,
Presidió el encuentro el cardenal
Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, e
intervinieron los iniciadores del Camino, Kiko Argüello y
Al final de la ceremonia, que tuvo lugar en la sede de ese organismo vaticano, en la que participaron unas cien personas, el cardenal Rylko explicó a Zenit el significado de este gesto.
"Significa la confirmación por parte de la Iglesia de la autenticidad, del carácter genuino del carisma que se encuentra en su origen, en la vida y en la misión de la Iglesia", dijo el purpurado polaco.
"El Camino ya tiene una larga historia en la Iglesia, más de 40
años, y trae a la vida de la Iglesia muchos frutos, muchas vidas cambiadas
profundamente, muchas familias reconstruidas, muchas vocaciones religiosas,
sacerdotales, y mucho compromiso a favor de la nueva evangelización".
"Por tanto -añadió-, es
un momento de gran alegría para la Iglesia, es un momento de gran alegría para
la realidad eclesial que recibe este reconocimiento".
Durante la ceremonia el cardenal dejó tres orientaciones particulares a los miembros de las comunidades neocatecumenales: obediencia a los obispos, reconocimiento del papel del presbítero, y fidelidad a los textos litúrgicos de la Iglesia.
En su respuesta, Kiko Argüello
dio gracias a Benedicto XVI, a Juan Pablo II y a Pablo VI. Este último le dijo
en una ocasión, según recordó: "Sé
humilde y fiel con la Iglesia y la Iglesia te será fiel".
Por su parte,
Después, en la tarde de este
viernes, los iniciadores del Camino ofrecieron su primera rueda de prensa de la
historia para manifestar este agradecimiento a
Kiko Argüello reveló que en estos
momentos
Según Argüello el único cambio significativo que introducen los estatutos definitivos respecto de la liturgia afecta a la manera de recibir la Comunión durante la Eucaristía, que implicará un ligero cambio con respecto a la costumbre que venían siguiendo.
La comunión, conforme a la práctica habitual de las comunidades, seguirá recibiéndose bajo las dos especies. Es distribuida por los ministros en la asamblea, en lugar de la procesión de los fieles que se realiza normalmente en el rito romano. Esta forma se mantiene en los estatutos definitivos, pero para la recepción del Pan, el fiel deberá ponerse de pie ante el ministro. No así en el caso de la comunión con el Cáliz, que seguirá recibiéndose sentado, para evitar que el vino consagrado pueda desbordarse.
Respecto al saludo de la paz, se mantiene tras la oración de los fieles y antes de comenzar la liturgia eucarística, si bien procurando que este momento no rompa el orden y el recogimiento de la asamblea.
El Camino Neocatecumenal, nacido en 1964 en Palomeras Altas, uno de los barrios más miserables de Madrid, se encuentra difundido en 107 países, cuenta con 20 mil comunidades y 70 seminarios diocesanos misioneros Redemptoris Mater, que han dado a la Iglesia 1.260 presbíteros.
El Camino está presente en 5.700 parroquias de 1.200 diócesis. Más de 600 familias han dejado su tierra para ir a evangelizar las zonas más descristianizadas del planeta, viviendo entre los pobres.
La aprobación de los estatutos tiene lugar tras cinco años de la aprobación de la primera versión de los estatutos "ad experimentum".
Por Jesús Colina
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tras la guerra civil
Entrevista al sacerdote e
historiador Vicente Cárcel Ortí
ROMA, lunes, 26 mayo 2008 (ZENIT.org).
El Papa Pío XI y los obispos españoles intercedieron ante Franco por miles de republicanos condenados a muerte y lograron salvarles la vida, según el sacerdote e historiador valenciano Vicente Cárcel Ortí, autor de dos recientes libros (uno a punto de ser publicado) sobre la postura de la Iglesia ante el conflicto español.
Ambas obras ("Caídos, víctimas y mártires",
editado por Espasa-Calpe, y "Pío XI
entre la República y Franco", próximamente editado por la BAC) son el
resultado de una larga investigación en el Archivo Secreto Vaticano, y aportan
documentos inéditos que, según el autor, "desmienten
muchos tópicos y mitos de la más dramática década de la Historia de España en
el siglo XX".
- En una entrevista reciente a la agencia "Avan", usted relataba el caso de monseñor Olaechea, arzobispo de Valencia, que intercedió por miles de encarcelados en el Fuerte de San Cristóbal (Navarra). ¿Fue un caso singular?
- Vicente Cárcel: No; la noticia se centraba en el arzobispo Olaechea porque se dirigía a un público valenciano, pero la investigación no se limita a él, sino que habla de muchos más. He investigado mucho sobre Pío XI, sobre el cardenal Pacelli, sobre los nuncios y sobre varios obispos, y entre ellos está Olaechea. Esto aparece en el libro que yo acabo de publicar y al que le dedico un capítulo, pero hay muchos capítulos, es un libro muy voluminoso en el que hablo de muchos temas.
Lo que hizo Olaechea, toda su labor de intervenir para salvar condenados y gente que iban a ejecutar por motivos políticos, no sólo lo hizo él sino que lo hicieron muchos más. Casos concretos de personas concretas con nombres y apellidos no puedo referir, porque he estudiado miles de casos. Los casos concretos no se pueden estudiar porque se refieren al pontificado de Pío XII, y esa documentación todavía no se puede consultar en el Vaticano. Los casos concretos de los que hablo en mi libro se refieren al periodo de la guerra, entre 1936 y 1939, y se refieren a personas sencillas, trabajadores, padres de familia, etc. por los que el Papa y los obispos interceden ante Franco para que no sean ejecutados.
Lo que queda de manifiesto es la
intervención que tuvo
- Usted que ha estudiado ese periodo muy a fondo, tras la persecución religiosa y a punto de ganar Franco, ¿cuál es la posición de la Iglesia española? ¿Se justifica la tradicional acusación de que la Iglesia estaba alineada con el Alzamiento?
- Vicente Cárcel: Esa acusación
es completamente falsa.
Por otro lado, hay que tener en
cuenta que en esos momentos nadie sabía cómo iba a ser ese régimen ni cuántos
años iba a durar. Ahora sabemos que duró cuarenta años, pero eso lo sabemos
ahora. Según los documentos que he estudiado en el Vaticano, en el año ‘36
nadie sabía cómo iba a terminar aquello. Por eso
En medio de todo esto hubo una
serie de gestiones particulares, personales, muy discretas, casi secretas en
muchos casos, ante Franco y los militares para impedir que se ejecutara a tanta
gente sólo por motivos políticos, y que se liberen las cárceles o que se
reduzcan las penas, porque entonces se hacían procesos militares, y esa es la
documentación que yo doy a conocer en mi libro. Precisamente, la novedad de mi
investigación es que aporta documentos del archivo vaticano que demuestran que
En algún caso concreto, el Papa pidió clemencia y, cuando la petición llegó, al reo ya se le había ejecutado. Hubo el caso, por ejemplo, de un político catalán, perteneciente al partido "Unió Democrática de Catalunya" (el partido que hoy forma parte de "Convergencia i Unió"). Este político era católico, padre de cinco hijos. El Papa intercedió por él, pero cuando la petición llegó este hombre ya había sido ejecutado. Son casos que yo documento. Además, la intervención del Papa se produjo a favor sobre todo de personas humildes, no de grandes personalidades republicanas.
- Usted dice que el Papa Pío XI hizo lo que pudo para que la guerra terminara. ¿Qué tipo de gestiones realizó?
- Vicente Cárcel: Hizo varias gestiones, para impedir que estallara la guerra, para mediar entre Franco y los republicanos para que cesaran las hostilidades, pero los llamamientos del Papa no fueron escuchados por nadie. Aún al final, en la Navidad de 1938 (la guerra acabó en marzo del 39), el Papa hizo personalmente un llamamiento a la paz a Franco, y éste le contestó que una guerra era una guerra y que sólo podía terminar con la victoria de uno y la derrota de otro, y que por consiguiente cualquier tregua o interrupción sólo iba a servir para alargar el sufrimiento.
Todo esto, que reseño aquí brevemente, está documentado en el libro con muchos textos y datos.
- La persecución religiosa ¿se produjo sólo en la República o hubo también algún caso en la parte nacional, como defienden algunos?
- Vicente Cárcel: No, la
persecución religiosa se produjo exclusivamente en la parte republicana. En la
parte franquista hubo represión política, pero esto no tiene nada que ver con
la persecución religiosa. Ésta tiene unas notas muy claras: destrucción de
templos, de imágenes sagradas, asesinato de sacerdotes, monjas y seglares por
el hecho de ser católicos, por odio a
-
- Vicente Cárcel:
En mi libro (el que aún no se ha
publicado) se describe el proceso día a día: las preocupaciones del Papa, sus
peticiones a Franco para que cesen las represalias, sus dudas al ver que era
apoyado por Hitler y Mussolini, cuyas doctrinas la Iglesia consideraba paganas,
etc. Al final, el Papa tuvo que optar por uno u otro, y está claro que no podía
ponerse del lado de los que perseguían a
- Al margen de la actuación de monseñor Olaechea, ¿cuál fue la postura del resto de los prelados españoles al terminar la guerra?
- Vicente Cárcel: Tanto antes
como durante como después de la guerra, los obispos españoles (como muestran
todos los documentos, en el Vaticano y en España) en sus intervenciones
buscaban dos cosas: la reconciliación y
- Si eso es lo que se sabe respecto al pontificado de Pío XI, ¿qué pasará cuando se abra el archivo del pontificado de Pío XII?
- Vicente Cárcel: Ésa es
- ¿Por qué cree usted que no se le está reconociendo esa labor a la Iglesia?
- Vicente Cárcel: Sencillamente por una manipulación política, por una ideología. La Iglesia tiene que ser siempre atacada y criticada en todo lo que haga. Si hace cosas positivas hay que ocultarlas, y si hace cosas negativas hay que ponerlas de relieve. Se subraya que la Iglesia apoyó a Franco (pero insisto, ¿a quién podía apoyar en ese momento?) y se olvida de esa obra de reconciliación. ¡En los años ‘30, nadie ni en la Iglesia ni fuera de ella sabía que iba a ser un régimen militar que duraría 40 años! Eso se sabe ahora. Por tanto, juzgar las actuaciones de entonces con los conocimientos de ahora es absurdo.
Por Inmaculada Álvarez
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La revista “Cristianismo y Revolución”, publicada en Argentina de 1966 a 1971, fue un emblema del catolicismo marxista y una de las fuentes intelectuales de la guerrilla argentina. Dirigida por el ex seminarista Juan García Elorrio hasta su fallecimiento en 1970 y posteriormente por Casiana Ahumada, fue un medio de expresión del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, de varias organizaciones guerrilleras argentinas y latinoamericanas (incluyendo a los Tupamaros) y de agrupaciones obreras de extrema izquierda.
“Cristianismo y Revolución” es un ejemplo paradigmático de lo que C. S. Lewis llamó el “cristianismo y”, es decir una combinación del cristianismo con otra cosa, hecha de tal modo que toda la atención se centra en esa otra cosa. La lectura del índice completo de los 30 números publicados de “Cristianismo y Revolución” basta para convencerse de que los responsables de la revista estaban infinitamente más interesados en la revolución que en el cristianismo. No se encuentra en ella ningún tema puramente religioso, sino sólo temas políticos, tratados desde un punto de vista revolucionario, de sabor marxista.
A continuación citaré los títulos de una pequeña parte de los artículos publicados en esa revista, para
dar una idea de su tendencia ideológica:
Revolución Cultural China. Sus 16 principios
(Nº 4, Mar. 1967)
Debray, Regis, América Latina. Teoría y revolución (Nº 5, Nov. 1967)
Camilo Torres: Vida, acción y revolución.
Testimonio de un comandante del ELN de Colombia (Nº 5,
Nov. 1967)
Castro, Fidel, Homenaje al Che (Nº 5, Nov. 1967)
Gutiérrez,
Carlos María, Fidel, el cristiano.
Reportaje al Nuncio del Papa en Cuba (Nº 6/7, Abr.
1968)
Programa político del FNL de Vietnam del Sur
(Nº 6/7, Abr. 1968)
Ponencia de los Sacerdotes Católicos,
delegados del Congreso Cultural de La Habana (Nº 6/7,
Abr. 1968)
Encuentro
Latinoamericano Camilo Torres, Alerta: a
los cristianos de América Latina por el viaje del Papa (Nº
8, Jul. 1968)
Camilo o el Papa (Nº
9, Sep. 1968)
La justa violencia de los oprimidos para su
liberación. Apelación de sacerdotes al CELAM (Nº 9,
Sep. 1968)
Molina, Gabriel,
Los guerrilleros de Salta. El desprecio a
los que lloran (Nº 11, Nov. 1968)
Méndez, Federico
Evaristo; Jouvé, Juan Héctor, Carta
abierta a Ricardo Rojo. Los revolucionarios tienen compañeros, no amigos (Nº 11, Nov. 1968)
Illich, Iván, El clero, una especie que desaparece (Nº 11, Nov. 1968)
Kim Il Sung, Che Guevara (Nº 11,
Nov. 1968)
Marighella,
Carlos, La lucha armada en Brasil (Nº 12, Mar. 1969)
Los curas que se casan. Los curas que se
juegan (Nº 13, Primera quincena Abr. 1969)
Fidel Castro explica
García Elorrio,
Juan, Editorial: Los traidores de
Medellín (Nº 14, Segunda quincena Abr. 1969)
Gil Solá, Jorge,
Quieren guerra, tendrán guerra (Nº 15, Primera quincena Mayo 1969)
La violencia es natural (Nº 15, Primera quincena Mayo 1969)
Solidaridad revolucionaria. Para el juicio
del Pueblo (Nº 16, Segunda quincena Mayo 1969)
Eliaschev, José
R., Los guerrilleros y los traidores (Nº 16, Segunda quincena Mayo 1969)
Comité Central
de Al Fataj, Manifiesto de Al Fataj (Nº 16, Segunda quincena Mayo 1969)
Mendoza: curas por un socialismo
latinoamericano (Nº 17, Jun. 1969)
Obispos con Fidel (Nº
17, Jun. 1969)
Cuba y Viet Nam, Discurso de Fidel Castro en apoyo del FNL (Nº 18, Jul. 1969)
La dictadura enfrenta y persigue a los
verdaderos cristianos (Nº 19, Ago. 1969)
Castro, Fidel, Fidel se define sobre Perú
(Nº 19, Ago. 1969)
Violenta interpelación sacerdotal a los
Obispos Brasileños (Nº 20, Sep.-Oct. 1969)
Ho Chih Minh, Su testamento político (Nº 20, Sep.-Oct. 1969)
Revolucionarios brasileños liberados
llegan a Cuba (Nº 21, Nov. 1969)
Corrientes: la reacción de Su EminenCIA (Nº 23, Abr. 1970)
Ongaro, Raimundo, La justicia del pueblo
sancionará a los domesticados colaboracionistas (Nº 24,
Jun. 1970)
Ejército de Liberación Nacional boliviano, Volvimos
a las montañas (Nº 25, Sep. 1970)
Chile: Nuevo fracaso del reformismo en
América Latina (Nº 25, Sep. 1970)
Hablan los Montoneros (Nº 26, Nov.-Dic. 1970)
Chile: Por la razón o por la fuerza (Nº 26, Nov.-Dic. 1970)
Habla el
Movimiento de Izquierda Revolucionaria: entrevista
con Fernando Gutiérrez, del Secretariado Nacional del MIR (Nº 26, Nov.-Dic. 1970)
Una Navidad combatiente (Nº 27, Ene.-Feb. 1971)
Reportaje al ERP (Nº
27, Ene.-Feb. 1971)
J.R.E., España: Euzkadi ta aktatasuna. País vasco libre (Nº 27, Ene.-Feb. 1971)
La Justicia del Pueblo (Nº 28, Abr. 1971)
MR2: El enfrentamiento armado es inevitable (Nº 28, Abr. 1971)
Reportaje a
la guerrilla argentina (Nº 28, Abr. 1971)
Duejo, Gerardo, Un programa socialista: única salida real para la clase trabajadora (Nº 29, Jun. 1971)
Chile: Los cristianos en la construcción del socialismo (Nº 29, Jun. 1971)
Si Evita viviera sería Montonera (Nº 30, Sep. 1971)
Dri, Rubén, Ya se acerca la hora de la liberación (Nº 30, Sep. 1971)
Chile: quebrarle la mano al freísmo (Nº 30, Sep. 1971)
Durante su corta vida, la revista argentina “Cristianismo y Revolución” dedicó bastante espacio al Uruguay. A continuación indicaré los títulos de sus artículos de autores uruguayos o sobre temas referidos al Uruguay.
Spadaccino, Arnaldo,
De la Mater et Magistra a
Declaración del MRO (Movimiento
Revolucionario Oriental, Uruguay) (Nº 5, Nov. 1967)
Galeano, Eduardo, La protesta en la boca de los fusiles (Nº 6/7, Abr. 1968)
Zaffaroni, Juan Carlos, La juventud uruguaya frente al ideario
político de Camilo Torres (Nº 6/7, Abr. 1968)
Seminario de CLASC en Uruguay (Nº 6/7, Abr. 1968)
Llamamiento para
Encuentro Latinoamericano Camilo Torres, Mensaje
de Solidaridad con el sacerdote Juan Carlos Zaffaroni del Uruguay (Nº 8, Jul. 1968)
Pbro. Zaffaroni,
Juan Carlos, Los Cristianos y la
violencia (Nº 9, Sep. 1968)
Tupamaros: 30 preguntas a un Tupamaro (Nº 10, Oct. 1968)
Núñez, Carlos, Estos son los Tupamaros (Nº 15, Primera
quincena Mayo 1969)
Giglio, María Esther, Reportaje a un Tupamaro (Nº 17, Primera quincena Jun. 1969)
Los Tupamaros en Uruguay y Marighela en
Brasil (Nº 21, Nov. 1969)
Tarreche, Eduardo, Uruguay: 1969: balance de un ejercicio
revolucionario (Nº 23, Abr. 1970)
Torturas:
rutina pachequista (Nº 23, Abr. 1970)
Indalecio Oivera: el combate de un cura
tupamaro (Nº 23, Abr. 1970)
Contreras, Orlando, Tupamaros: poder paralelo (Nº 25, Sep. 1970)
Chato Peredo, Del ELN al MLN (Nº 25,
Sep. 1970)
Zabalsa Waksman,
José Pedro, Ricardo Zabalsa: tupamaro
muerto en Pando (Uruguay) (Nº 25, Sep. 1970)
Comunicado
del MLN Tupamaros dado en Buenos Aires (Nº 25, Sep.
1970)
Tupamaros: Reportaje a Urbano (Nº 27, Ene.-Feb. 1971)
Paraguay: el caso Monzón (Nº 30, Sep. 1971)
La mera lectura de estos títulos causa tristeza. ¡Qué gran pena
que tantos católicos latinoamericanos se hayan dejado seducir por la falsa
ideología marxista, despreciando el tesoro de sabiduría contenido en
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La sabiduría del mundo y la Sabiduría de Dios
|
La sabiduría |
La Sabiduría de Dios |
|
"Felizmente empieza a haber en forma
creciente estudios que comienzan a mostrar cuantitativamente que esto [la
responsabilidad social empresarial] es
un buen negocio. Aquí hay argumentos económicos muy fuertes más allá de
consideraciones éticas o morales... Hay resultados económicos positivos detrás de
esto, porque es una visión de negocio. No estamos hablando de altruismo ni de
filantropía". Erwin Hahn, especialista en Responsabilidad Social Empresarial (El Observador,
1/06/2003, Café & Negocios, p. 13). |
"Cuidad de no practicar
vuestra justicia delante de los hombres para ser visto por ellos; de lo
contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto,
cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los
hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por
los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando
hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu
limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
recompensará." Jesús de Nazaret (Mateo 6,1-4). |
|
"La oración de Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en el mundo para llenar tus
expectativas. Y tú no estás en el mundo para llenar las
mías. Tú eres tú y yo soy yo. Y si por casualidad nos encontramos es
hermoso. Si no, no puede remediarse." Fritz Perls, fundador de |
"Yo soy para mi amado y mi amado es para
mí." (Cantar de los Cantares 6,3). "Yo seré para él padre y él será para mí
hijo." (2 Samuel 7,14). "Pondrá su morada entre ellos y ellos
serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios... Ésta será la herencia del vencedor: Yo seré
Dios para él, y él será hijo para mí." (Apocalipsis 21,3.7). |
|
"Imagina que no hay un paraíso, es fácil si lo intentas, ningún infierno debajo de nosotros, por encima de nosotros sólo el cielo. Imagina a todas las personas viviendo para el hoy... Imagina que no hay países, no es difícil de hacer, nada por lo cual matar o morir, tampoco religión. Imagina a todas las personas viviendo la vida en paz..." John Lennon, Imagine. |
"Dice en su corazón el insensato: "¡No hay Dios!"" (Salmo 14(13),1). "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu
corazón, con toda tu (Mateo 22,37). "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos." (Juan 15,13). "Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy (Juan 14,27). |
"La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas
no la vencieron" (Juan 1,5).
Notas:
1) Textos seleccionados por
2) La idea básica fue tomada de
cuadros semejantes publicados por la revista “30 Días en la Iglesia y en el mundo” (“30 Giorni en español”).
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Protégeme, Dios mío, que me refugio
en Ti;
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien".
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con Él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
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