Fe y Razón

Revista virtual gratuita

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 19 – Diciembre de 2007

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)

 

 

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

Para leer la hermosísima carta encíclica “Spe Salvi” del Sumo Pontífice Benedicto XVI sobre la esperanza cristiana, haga clic sobre el siguiente enlace:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi_sp.html

 

 

Sitio web original: “Fe y Razón” – www.feyrazon.org - Lo invitamos a visitar “Fe y Razón” con frecuencia.

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Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias.

Colaboradores: Dr. Carlos Álvarez Cozzi, Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R.P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Pbro. Dr. Jaime Fuentes, Dr. Pedro Gaudiano, Dra. María Lourdes González, Ec. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Pbro. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Alvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Su Reino no tendrá fin

Equipo de Dirección

Tema central

Del Bautismo de Jesús a Su Transfiguración

Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio

Tema central

Jesús de Nazaret”, fruto maduro de toda una vida

Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola

Tema central

Cristo y Mitra

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Familia y Vida

Defendiendo la vida humana ganamos todos

Conferencia Episcopal del Uruguay

Familia y Vida

Uniones concubinarias: un atentado contra la ley

y las buenas costumbres

Instituto Arquidiocesano de Bioética “Juan Pablo II”

Familia y Vida

Familia y Vida en el Documento de Aparecida

Lic. Néstor Martínez

Doctrina Social

Política y valores

Cardenal Renato Martino

Documentos

Respuesta a una duda sobre la validez del bautismo conferido por «La Iglesia de Jesucristo de los Santos del Ultimo Día», conocida como «Mormones»

Congregación para la Doctrina de la Fe

Oración

Acto de Esperanza

Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio

 

 

Su Reino no tendrá fin

 

Equipo de Dirección

 

1.      Jesucristo, Rey del Universo

Culminando el ciclo anual de las fiestas litúrgicas, el pasado domingo 25 de noviembre la Iglesia Católica celebró en todo el mundo la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. El aspecto del misterio de Cristo que se destaca en esta solemnidad es el expresado por estas palabras del Credo de Nicea y Constantinopla: "Y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin."

Las lecturas bíblicas de las semanas previas a esta solemnidad nos guiaron paso a paso hacia la contemplación de nuestro encuentro definitivo con Cristo Resucitado, Fin de la historia, por quien todo será transfigurado y reconducido hasta Dios Padre. Ese encuentro será también un juicio: al final de nuestras vidas seremos examinados en el amor y entonces se pondrá de manifiesto si hemos permanecido fieles a Cristo, amando a Dios y a los hombres con el mismo amor de Cristo, que nos es regalado gratuitamente por Dios.

La Iglesia peregrina en la tierra vive en una situación paradójica: está en el mundo, pero no es del mundo. Mientras espera y ansía la unión consumada con su Rey en la gloria, ella es actualmente el Reino de Cristo en germen, misteriosamente presente en el mundo, y vive y crece por el poder de Dios. Contra el inmanentismo de un mundo encerrado en sí mismo, el cristiano ha de dar un testimonio permanente de la trascendencia de su esperanza en el Reino de Cristo, Reino de vida, verdad, justicia y paz.

"Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en Tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a Tu majestad y Te glorifique sin fin." (Oración de la Misa de la fiesta de Cristo Rey).

 

2.      Dos graves retrocesos de los derechos humanos

En el Nº 18 de Fe y Razón informamos que el pasado 17 de octubre la Cámara de Senadores de la República Oriental del Uruguay rechazó -por 15 votos sobre 30- el proyecto de ley denominado “de defensa del derecho a la salud sexual y reproductiva”, cuyo principal objetivo es la legalización del aborto. Lamentablemente el día 6 de noviembre la misma Cámara reconsideró dicho proyecto, aprobándola en esa ocasión por 18 votos sobre 31. Votaron a favor 16 de los 17 Senadores del Frente Amplio (partido de gobierno), 1 de los 11 Senadores del Partido Nacional y 1 de los 3 Senadores del Partido Colorado. Los cambios con respecto a la votación anterior fueron los siguientes: el Senador frenteamplista Alberto Cid, que había votado en contra del proyecto en octubre, votó a favor del mismo esta vez; el Senador nacionalista Julio Lara, cuyo suplente votó en octubre contra la legalización del aborto, votó a favor en noviembre; el Senador colorado Julio María Sanguinetti, cuyo suplente se retiró de sala durante la votación de octubre, votó a favor de la legalización del aborto en esta segunda instancia. El proyecto de ley aprobado por el Senado pasó a consideración de la Cámara de Representantes.

Además, el día 28 de noviembre la Cámara de Representantes aprobó el proyecto de ley de unión concubinaria, que da reconicimiento legal a las uniones de hecho -heterosexuales u homosexuales- y les concede derechos análogos a los del matrimonio. Al ser votado en general, este proyecto alcanzó una amplia mayoría, que se redujo en la votación particular de algunos artículos. Sólo dos Diputados (ambos nacionalistas: Luis Lacalle Pou y Jaime Trobo) votaron en contra del proyecto en general. El proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes debe volver al Senado (que lo había aprobado en septiembre), debido a un cambio realizado.

 

3.      Brotes de anticatolicismo

Gracias a Dios, muchos prejuicios (racistas, antisemitas etc.) están en vías de desaparición en la cultura contemporánea. Sin embargo el prejuicio anticatólico sigue gozando de buena salud en muchos ambientes. Varios destacados autores han analizado este fenómeno y uno de ellos ha escrito que “el anticatolicismo es el antisemitismo de los intelectuales”. A continuación mencionaremos varios ejemplos recientes de esta preocupante tendencia.

Hace algunos días, dos conocidos humoristas uruguayos, en una sección de su programa de televisión, dedicada a mostrar errores gruesos cometidos en otros programas del mismo medio, pretendieron ridiculizar al Arzobispo de Montevideo. Mostraron a Mons. Nicolás Cotugno pronunciando la expresión “dictadura de la mayoría”, expresión que dio lugar a burlas de los conductores del programa. Ni siquiera se pudo escuchar la frase completa del Arzobispo; mucho menos el razonamiento que estaba hilvanando. La sola expresión citada fue suficiente para suscitar -en los conductores- hilaridad y falta de respeto hacia esa alta autoridad de la religión mayoritaria del pueblo uruguayo. ¡Como si la expresión “dictadura de la mayoría” fuera absurda o ininteligible, cuando es obvio que se refiere a realidades que –por desgracia- no son infrecuentes!: el avasallamiento de los derechos de las minorías por parte de las mayorías; el desconocimiento de los derechos naturales de la persona y de la familia, con base en el poder político de la mayoría.

Otro ejemplo. Un diario de nuestra ciudad dio amplio destaque a la más reciente publicación del escritor inglés David Yallop, conocido sobre todo por una obra suya anterior donde sostiene la infundada tesis de que el Papa Juan Pablo I murió asesinado, víctima de un complot urdido contra él por varios Cardenales, la Mafia italiana y una logia masónica. El nuevo libro de D. Yallop constituye un burdo intento de denigrar la memoria de otro Papa, a quien no en vano tantos católicos llaman ya “Juan Pablo II el Grande”. En este libro Yallop pretende demostrar que Karol Wojtyla fue un hombre inescrupuloso y corrupto, dominado por una insaciable sed de fama y poder. En la siguiente dirección se puede leer (en inglés) una crítica bastante sensata de ese libro insensato: http://www.mercatornet.com/articles/the_power_and_the_glory/

El citado libro de Yallop se inscribe dentro de una tendencia más amplia. Otro libro reciente (de una autora italiana) pretende demostrar la absurda tesis (ampliamente refutada por otros autores) de que Juan Pablo II murió víctima de una forma de eutanasia voluntaria. Además, las revelaciones sobre “la noche oscura del alma” que la Madre Teresa de Calcuta sufrió durante mucho tiempo han desatado en algunas tiendas comentarios aberrantes, que intentan presentar a la Beata como una hipócrita que ni siquiera creía en Dios. Como dice el sabio refrán castellano: “Piensa el ladrón / que todos son / de su condición”.

Por último, mencionaremos que una reciente reseña del libro “Jesús de Nazaret” del Papa Benedicto XVI en un prestigioso semanario uruguayo termina con una recomendación de no leer este libro y buscar otra lectura más fácil y amena para el próximo verano.

 

4.      Jesús de Nazaret, centro de nuestra fe

Este número de Fe y Razón tiene como tema central la persona de Cristo, centro de nuestra fe. Jesucristo, verdadero y perfecto Dios, nos revela la verdad acerca de Dios: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, lo ha manifestado” (Juan 1,18). Y el mismo Jesucristo, verdadero y perfecto hombre, nos revela la verdad acerca del hombre: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor, Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación.” (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 22).

Puesto que sólo en Cristo podemos encontrar la verdadera respuesta a nuestras preguntas más profundas acerca de nosotros mismos, sólo podemos acoger con gratitud el regalo que nos ha hecho el Santo Padre Benedicto XVI al publicar el libro “Jesús de Nazaret”. Como dice el mismo autor, este libro es una expresión de su búsqueda personal del rostro del Señor. Es, además, el resultado sintético de una vida dedicada sobre todo al estudio teológico.

En el artículo principal de este número de Fe y Razón, el Padre Miguel Barriola realiza una muy buena presentación de este libro de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI.

 

5.      Fe y Razón es un Centro Cultural Católico

Compartimos con nuestros lectores una buena noticia: el Pontificio Consejo para la Cultura invitó a uno de los tres co-directores de esta revista virtual (el Diác. Jorge Novoa) al Tercer Encuentro de Centros Culturales Católicos del Cono Sur, que se realizó en Bahía (Brasil) del 12 al 14 de noviembre, para que presentara la experiencia de Fe y Razón. Este Encuentro contó con la participación de representantes de Centros Culturales Católicos de varios países de la región. Aunque en definitiva el Diác. Novoa no pudo asistir al Encuentro, esta invitación fue para nosotros un motivo de alegría y satisfacción, porque representa un reconocimiento de Fe y Razón como centro cultural católico por parte de un importante organismo de la Santa Sede y un respaldo a nuestra labor apostólica en Internet, desarrollada desde 1999.

Esperamos que, con el apoyo de los colaboradores actuales y de otros que se puedan ir sumando a este esfuerzo, Fe y Razón pueda ir desplegando otras potencialidades de un centro cultural católico, más allá del sitio web y la revista virtual.

 

6.      Un saludo navideño

Al final de este editorial largo y cargado de tantos temas distintos, sólo nos resta desear a todos nuestros lectores y sus familiares una muy santa y feliz Navidad.

 

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Del Bautismo de Jesús a Su Transfiguración

 

Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio, nn. 105-110.

 

105. ¿Por qué Jesús recibe de Juan el «Bautismo de conversión para el perdón de los pecados» (Lc 3, 3)?

Jesús recibe de Juan el Bautismo de conversión para inaugurar su vida pública y anticipar el «Bautismo» de su Muerte; y aunque no había en Él pecado alguno, Jesús, «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29), acepta ser contado entre los pecadores. El Padre lo proclama su «Hijo predilecto» (Mt 3, 17), y el Espíritu viene a posarse sobre Él. El Bautismo de Jesús es la prefiguración de nuestro bautismo.

 

106. ¿Qué nos revelan las tentaciones de Jesús en el desierto?

Las tentaciones de Jesús en el desierto recapitulan la de Adán en el paraíso y las de Israel en el desierto. Satanás tienta a Jesús en su obediencia a la misión que el Padre le ha confiado. Cristo, nuevo Adán, resiste, y su victoria anuncia la de su Pasión, en la que su amor filial dará suprema prueba de obediencia. La Iglesia se une particularmente a este Misterio en el tiempo litúrgico de la Cuaresma.

 

107. ¿Quién es invitado a formar parte del Reino de Dios, anunciado y realizado por Jesús?

Jesús invita a todos los hombres a entrar en el Reino de Dios; aún el peor de los pecadores es llamado a convertirse y aceptar la infinita misericordia del Padre. El Reino pertenece, ya aquí en la tierra, a quienes lo acogen con corazón humilde. A ellos les son revelados los misterios del Reino de Dios.

 

108. ¿Por qué Jesús manifiesta el Reino mediante signos y milagros?

Jesús acompaña su palabra con signos y milagros para atestiguar que el Reino está presente en Él, el Mesías. Si bien cura a algunas personas, Él no ha venido para abolir todos los males de esta tierra, sino ante todo para liberarnos de la esclavitud del pecado. La expulsión de los demonios anuncia que su Cruz se alzará victoriosa sobre «el príncipe de este mundo» (Jn 12, 31).

 

109. ¿Qué autoridad confiere Jesús a sus Apóstoles en el Reino?

Jesús elige a los Doce, futuros testigos de su Resurrección, y los hace partícipes de su misión y de su autoridad para enseñar, absolver los pecados, edificar y gobernar la Iglesia. En este colegio, Pedro recibe «las llaves del Reino» (Mt 16, 19) y ocupa el primer puesto, con la misión de custodiar la fe en su integridad y de confirmar en ella a sus hermanos.

 

110. ¿Cuál es el significado de la Transfiguración?

En la Transfiguración de Jesús aparece ante todo la Trinidad: «el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa» (Santo Tomás de Aquino). Al evocar, junto a Moisés y Elías, su «partida» (Lc 9, 31), Jesús muestra que su gloria pasa a través de la cruz, y otorga un anticipo de su resurrección y de su gloriosa venida, «que transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo» (Flp 3, 21).

 

«En el monte te transfiguraste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu gloria, en cuanto podían comprenderla. Así, cuando te viesen crucificado entenderían que padecías libremente y anunciarían al mundo que tú eres en verdad el resplandor del Padre» (Liturgia bizantina).

 

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Jesús de Nazaret”, fruto maduro de toda una vida

 

Miguel Antonio Barriola

 

Jesucristo, objeto de veneración y amor para siglos y siglos de mártires, santos y todo el pueblo cristiano, también “signo de contradicción” (Lc 2, 34) a lo largo de todas las edades, nunca ha dejado de interesar a los hombres, bien para encontrar en ÉL orientación y entrega para la vida entera o bien para considerarlo como aguafiestas de la historia y la existencia humana.

Que siempre haya despertado búsquedas y nuevas profundizaciones, habla a las claras de sus “insondables riquezas” (Ef 3, 8).

Pero nadie está libre de proyectar su mundo en el de Jesús. Porque, individual y socialmente, somos portadores de todo un bagaje de precomprensiones y juicios, que exigen un verdadero discernimiento, para no distorsionar en demasía el objeto de la indagación, adhesión o rechazo.

¿A la luz de qué criterios llevar a cabo tal dilucidación?

Hubo una respuesta aprobada por Jesús mismo: “Tú eres el Cristo” (Mc 8, 29), profundizada poco a poco, con la luz del Espíritu: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, según completa Mt 16, 16. Y el mismo Pedro, autor de la confesión céntrica del Evangelio, proclamará, contra el abandono de otros muchos discípulos: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6, 68).

Ante el hervidero de interpretaciones sensacionalistas, que se han ido popularizando en los últimos años (1), es consolador encontrarnos, en este 2007, con la respuesta, precisamente, del sucesor de Pedro, que, retomando la antigua confesión, la ofrece profundizada, viviente y dialogante con los problemas actuales.

 

I – El Autor

 

Ha llamado la atención la doble rúbrica con que se presenta la obra: Joseph Ratzinger – Benedicto XVI. El mismo autor ha aclarado la clave en que ha de encararse su obra: para ningún católico significa que las posturas adoptadas indiquen declaraciones vinculantes para su fe, dejando más bien libertad para contradecir los resultados de su búsqueda personal (2).

El hecho estaría invitando a no deponer la crítica, pero no menos a dejar de lado la hipercrítica, ya que no se trata de un autor entre tantos, sino de alguien que ha dado pruebas de sólida ciencia teológica a lo largo de toda una trayectoria por célebres universidades alemanas (3) y desde un puesto tan central, para observar la vida de la fe eclesial, como ha sido su prefectura sobre la Doctrina de la Fe y lo es ahora su actual culminación como Papa.

 

II – Método seguido

 

Clara y convincentemente, en su prólogo y a lo largo de todo su estudio (4), marca el autor sus discrepancias respecto a cierto empleo del método histórico–crítico, que se ha vuelto normal en la gran mayoría de los exégetas bíblicos.

No que reniegue de él, porque también echa mano a este indispensable medio de indagación. Más aún declara “irrenunciable” (5) el recurso a los sondeos históricos. Sólo avisa sobre su insuficiencia, si se lo emplea de modo exclusivo.

De ahí que, valido sobre todo de las orientaciones del documento emanado por la Pontificia Comisión Bíblica en 1993 (6), prefiera a todas luces la exégesis llamada “canónica”. Es decir: no la que aísla un texto, desmenuzándolo en posibles tradiciones previas, en el afán de ubicar sus orígenes, sino teniendo en cuenta la inserción del escrito individual en la totalidad de la Biblia canónicamente admitida en la Iglesia y los ecos que ha ido despertando en su viva tradición.

Este enfoque ha levantado las críticas de intérpretes profesionales, sobre todo en Alemania (7).

Pero no se ha de escuchar sólo una campana. En décadas no tan remotas y en la misma actualidad, no han faltado voces de autorizados investigadores bíblicos denunciando la escualidez de ciertos procedimientos interpretativos. Oigamos, por ejemplo, la autocrítica de L. Alonso Schökel, ya en 1972: “Los hombres nos piden pan y nosotros les ofrecemos un puñado de hipótesis sobre un versículo del c. 6 de S. Juan; nos preguntan sobre Dios y les ofrecemos tres teorías sobre el género literario de un Salmo; tienen sed de justicia y les proponemos una disquisición etimológica sobre la raíz «sedaqá». Estoy haciendo un examen de conciencia en voz alta y siento como respuesta: «hay que hacer esto, sin omitir aquello»” (8).

X. Léon–Dufour daba cuenta de esta situación, cuando comprobaba: “La exégesis no llega a un verdadero comentario y se limita a opiniones yuxtapuestas más que sólidamente expuestas y defendidas” (9).

Recientemente W. Brueggemann apunta igualmente al favor que está cobrando una actitud más abarcadora de las riquezas que pueden aportar enfoques desde diferentes puntos de acceso: “Un pluralismo de métodos que ha puesto fin a la antigua hegemonía de los planteamientos histórico – críticos” (10).

Ya desde 1988 venía J. Ratzinger observando la esterilidad del uso que se hacía del método histórico-crítico (11), a la vez que demostrando cómo el Jesús de los Evangelios se presenta mucho más lógico y comprensible, aún históricamente hablando, que las reconstrucciones con las cuales hemos sido confrontados últimamente (12). Para él, como para tantos otros autores, la operación anónima que se pretende fingir como origen del mensaje evangélico, no explica nada. ¿Cómo habrían podido fuerzas colectivas desconocidas ser tan creativas? ¿No es más aceptable históricamente que lo grande esté al comienzo y que la figura de Jesús rebasara todas las categorías corrientes, siendo sólo inteligible a partir del misterio de Dios? (13) ¿Cómo sólo diez años después, sus discípulos, provenientes de un judaísmo confesante, han podido equipararlo con Dios? (14)

Empleando, pues, un acercamiento más “sinfónico”, sin congelarse en la mera y fría reconstrucción del pasado, nuestro autor convoca a toda la Sagrada Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, para iluminar los textos referentes a Jesús, haciendo asimismo frecuentes y muy pertinentes confrontaciones con las situaciones actuales (15). Acertadamente sugirió el Card. C. M. Martini: “El verdadero título (del libro) debería ser más precisamente «Jesús de Nazaret ayer y hoy». De hecho el Autor pasa con facilidad de la consideración de los hechos referentes a Jesús a la importancia de los mismos para los siglos siguientes y para nuestra Iglesia. Por lo cual el libro está lleno de alusiones a cuestiones contemporáneas” (16).

Igual ponderación de este acercamiento “sincrónico” expresa O. Artus (17): Se trata de leer la Biblia “como una totalidad... que, en todos sus estratos históricos, es la expresión de un mensaje intrínsecamente coherente... La crítica histórica no es negada en su pertinencia, pero está puesta al servicio de un proyecto exegético que va más allá de la sola cuestión histórica y busca desentrañar el sentido pleno de la Escritura” (18).

 

III – Núcleo aglutinante de la obra

 

El contenido de este primer volumen (19) abarca la primera sección de la vida pública de Jesús, desde su Bautismo hasta la Transfiguración, según los Sinópticos. Se intercala la consideración de las grandes figuras joaneas, para finalizar con el examen de las propias autodesignaciones de Jesús (“Hijo del hombre”, “el Hijo”, “Yo soy”).

No es exhaustiva esta evaluación (20), pero ofrece las principales vetas de la actuación y predicación de Jesús: Bautismo, Tentaciones, Sermón del Monte y Padrenuestro, los discípulos, las parábolas, la confesión de Pedro y la Transfiguración (21).

El punto constructivo, que sostiene toda la consideración, es la persona misma de Jesús y su íntima comunidad con el Padre, el misterio de Jesús.

A lo largo de sus análisis aparecerá con frecuencia la contraposición de Moisés con Jesús (22). Del primero se hizo el elogio inaudito y único en el A.T., porque “pudo hablar cara a cara” con el Señor (Ex 33, 11). Lo compendiará el final del Deuteronomio (34,10): “Nunca más surgió en Israel un profeta igual a Moisés”. Pese a todo, Moisés experimentó también la limitación de no haber podido contemplar más que “la espalda de Dios”, no su rostro (Ex 33, 23).

Tal grandeza, sin embargo, no sería monopolio único de los primeros tiempos, ya que Moisés anunció que “el Señor tu Dios te suscitará un profeta como yo” (Deut 18, 15).

El Prólogo del Cuarto Evangelio considera cumplido, pero con creces, tal vaticinio en Jesús, Palabra encarnada de Dios: “Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre” (Jn 1, 18). Afirmación que sigue inmediatamente a la contraposición entre la obra de Moisés y la del Verbo encarnado: “La ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (ibid., v. 17).

La centralidad de la persona de Jesús será el hilo conductor que irá enhebrando cada uno de los profundos sondeos que ofrece el Papa acerca de Jesús. Así, por ejemplo, en su Bautismo: “La proclamación por parte de Dios, del Padre, sobre el envío de Jesús, la cual, con todo, no explica una obra, sino su ser: Él es el Hijo querido, en el que reposa la complacencia de Dios” (23).

Cuando el Papa analiza la predicación sobre el “Reino de Dios”, enlazando con la justa y tradicional intuición de Orígenes, muestra, textos en mano, hasta qué punto se trata de la “autobasileia” (24). Lo anunciado se relaciona con el anunciador. Él mismo es la noticia. “En este sentido la palabra central es siempre Dios; pero, justamente porque el mismo Jesús es Dios el Hijo, por eso toda su predicación es anuncio de su propio misterio, la cristología, o sea predicación sobre la presencia de Dios en su propio actuar y ser. Y veremos cómo este punto es el que empuja a la decisión y cómo, por eso, es el punto que conduce a la Cruz y la Resurrección” (25).

Así podríamos recorrer todos los capítulos, descubriendo cómo la atenta meditación de los mismos textos evangélicos lleva a comprobar el insoslayable punto de referencia a Jesús, en todo lo que enseñó y practicó (26).

Al respecto es muy instructiva la reflexión que desarrolla sobre el diálogo muy respetuoso del escritor judío Jacob Neusner con Jesús. Después de haberse puesto a la escucha del rabino venido de Galilea, comenta sus impresiones con otro maestro de Israel: “¿Y esto es lo que tuvo Jesús, el sabio, que decir? – Yo: «No precisamente, pero más o menos». Él: «¿Qué agregó después?» Yo: «A sí mismo». Éste es el punto central del espanto ante el anuncio para el creyente judío Neusner y éste es el motivo central por el cual él no quiere seguir a Jesús, sino quedarse con el “eterno Israel”: la centralidad del Yo de Jesús en su anuncio, que da a todo una nueva orientación. Neusner cita en este lugar, como prueba para esta «añadidura», la palabra de Jesús al joven rico: «Si quieres ser perfecto, vete, vende tus posesiones, ven y sígueme” (ver: Mt 19, 20). La perfección del ser santo como Dios, exigida por la Torá (Lev 19, 2; 11, 44), ahora consiste en esto: seguir en pos de Jesús” (27).

Ratzinger, gran admirador de R. Guardini (28), muy seguramente está rememorando, comprobando y poniendo de relieve este rasgo único de Jesús, muy bien resaltado por aquel gran teólogo alemán (29). “La doctrina de Jesús –enseñaba Guardini– es doctrina del Padre. Pero no como en un profeta que recibe y da a conocer la revelación, sino en el sentido de que su punto de partida se halla en el Padre, pero, a la vez, también en Jesús. Y en Jesús de una manera que sólo a Él es propia y que determina su más profunda esencia: por el hecho de ser el Hijo del Padre” (30). Señala cómo en el juicio que pondrá fin a la historia (Mt 25, 31–46) “el criterio de la sentencia no es «la caridad», «el valor», la «categoría ética», sino Él mismo” (31).

Pasando revista a las principales parábolas de Jesús y deteniéndose en la del padre y sus dos hijos (uno rebelde y el otro “aparentemente” fiel: Lc 15, 11–32), se pregunta si faltaría una referencia cristológica en la misma, notando una vez más el relieve que cobra Jesús en la narración, ya que la propone, justamente, para justificar su propia inclinación por los pecadores y publicanos con esa imagen del Padre (32).

Este “yo” de Jesús no se encierra en un egoísmo, porque su “yo” incorpora la comunidad de voluntad con el Padre. Él es un “yo” oyente y obediente. Su comida es hacer la voluntad del Padre (Jn 4, 34) (33).

Esta llamada de atención sobre la persona misma de Jesús, como núcleo viviente de todo su mensaje, viene muy bien frente a la manipulación a que ha sido sometido su mensaje en recientes décadas pasadas, pero que no cesa de levantar cabeza una y otra vez, exaltando más los “valores” por los que se jugó, que su ser de Hijo de Dios y Dios ÉL mismo (34).

 

IV – La cuestión joanea

 

Describe aptamente las perspectivas corrientes acerca del Cuarto Evangelio el joven obispo auxiliar de Madrid, C. A. Franco Martínez (35):

“La idea de que Juan es, entre los evangelistas, «el teólogo» ha extendido el prejuicio de que su dimensión de historiador debe ser puesta en entredicho, como si supeditara a una determinada comprensión teológica de la vida y obra de Jesús los datos de la historia, o los considerara de menor interés para el destinatario de su evangelio. Es cierto que en los últimos años este prejuicio se ha tambaleado ante estudios exegéticos que han puesto de relieve la importancia de Juan como «testigo del Jesús de la historia». Pero persiste, no obstante, la idea de que el cuarto evangelio tiene más interés por desvelar el misterio de la Palabra hecha carne que por narrar con detalle los acontecimientos de la vida de Jesús de Nazaret” (36).

Ratzinger – Benedicto XVI aborda esta agitada problemática, sometiendo a discusión, no sólo a R. Bultmann, sino a otro exégeta más moderado, pero que en este asunto se muestra asombrosamente negativo o extremadamente precavido: M. Hengel (37).

Sostiene este escriturista que Juan no bajaría a banales recuerdos del pasado, sino que tiene la última palabra el Espíritu Paráclito que conduce hacia toda la verdad.

Pero, pregunta el Papa ¿qué es lo que vuelve banal a la memoria histórica? ¿Se trata de la verdad de lo recordado o no? ¿Y hacia qué verdad puede conducir el Espíritu, si deja tras de sí lo histórico como banal? (38)

Por otra parte no se puede entender lo “histórico” como una grabación. En tal caso los discursos del evangelio de Juan no son “históricos”. Pero, por más que no pretendan esta clase de literalidad, en modo alguno significa que son meras poesías sobre Jesús, que poco a poco se fueron creando en el círculo joánico. El autor del Cuarto Evangelio quiere narrar como “testigo” de lo sucedido y nadie como Juan, justamente, ha acentuado la “carne” de la historia: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, lo que tocaron nuestras manos, acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos” (I Jn 1, 1). Tampoco se trata de un recuerdo privado, sino que el “nosotros” implica a la Iglesia, que también va profundizando sucesos únicos, muy alejados de un banal registro de hechos brutos.

El penetrante estudio de las “autodesignaciones de Jesús” (“Hijo del hombre”, “el Hijo”, “Yo soy”), muestra fehacientemente que “el Jesús del Cuarto Evangelio y el Jesús de los sinópticos es el mismo: el verdadero Jesús «histórico»” (39). Juan no hace más que sacar a plena luz la cristología implícita ya actuante en los Sinópticos. Por eso no podía faltar en esta comparación de los datos tradicionales, recogidos por los primeros y el último de los evangelistas, el análisis certero del “texto joánico” (locus johanneus), como se ha designado felizmente a un pasaje común a Mateo y Lucas (fuente Q: Mt 11, 25 ss y Lc 10, 21 ss), sobre el mutuo conocimiento entre el Padre y el Hijo y la exclusividad que le cabe al Hijo para revelarlo a los hombres (40).

 

V – Una obra señera

 

No sólo por la autoridad de quien presenta los frutos de una vida entera dedicada a bucear en las “insondables riquezas de Cristo” (Ef 3, 8), sino también por los sólidos argumentos que brinda, la discusión honesta con grandes nombres de la exégesis, tanto católica (41) como de otras orientaciones (42) y la repercusión perenne, que sabe Ratzinger – Benedicto XVI poner de relieve en la persona de Jesucristo, parece que estamos ante una obra que marcará honda huella en la exégesis y la teología. Por de pronto, vendrá muy bien tenerla en cuenta, como modelo, para las tratativas del próximo Sínodo de los obispos, acerca de la Palabra de Dios en la Iglesia (43).

Se trata de un acercamiento personal, claro está, pero no se lo puede descalificar, como lo han hecho algunos. “Un cuadro de Jesús siempre será el cuadro altamente personal, subjetivo y unilateral de cada autor” (44). “Como cualquier otro investigador anterior a él, también el Papa construye simplemente cómo Jesús pudo ser según su punto de vista” (45).

Ya lo percibía el antiguo adagio de la filosofía clásica: “Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur” (= todo lo que se recibe es recibido según el modo del que recibe). Es innegable el eco subjetivo de todo lo que se conoce. Pero nunca se puede dejar de lado ese “quidquid”. Se da también “algo objetivo” y, fuera de impericia o deliberado afán de engaño, siempre es posible captar lo real, discernir lo verdadero de lo erróneo.

La filosofía “constructivista”, latente en los juicios de Zenger y Stegeman (46), descalificará cualquier presentación que se ofrezca de Cristo o de cualquier otro asunto. Porque, “en el período postmoderno, la filosofía será liberada de los pesos de la argumentación... Mi tesis dice que podemos hacer lo que nos parezca, en la medida en que es nuevo e interesante” (47).

Sólo que semejante talante no ofrece algo más novedoso que las nebulosas en que se acunaban los antiguos escépticos.

El enfoque “personal” con que el Papa se acerca a Jesús de Nazaret está basado en una sana teología fundamental, en la discusión honesta de las principales posturas al respecto y en la vivencia secular de la Iglesia Católica.

No es un arranque romántico de entusiasmo pasajero. Se trata de la visión de una “persona” amplia, sólida y persistentemente relacionada con el mundo, los hombres y Dios. Es la reedición de la “confesión de Pedro”, en boca de su actual vicario, tal como se indicara al comienzo de estas palabras.

Quiera Dios que las precedentes consideraciones sirvan de “aperitivo” que despierte el interés de muchos por beneficiarse con un acercamiento a Jesús de amplias perspectivas y excepcionalmente enriquecedor.

 

13/XI/2007

IX Exposición del Libro Católico en La Plata

 

***

 

1) Las tan taquilleras como burdas e insostenibles fantasmagorías de un Dan Brown (The Da Vinci Code, Doubleday, New York, 2003), las pseudocientíficos programas del History Channel y el Discovery Channel, las supuestas “revelaciones” del “Evangelio de Judas”, etc.

 

2) Joseph Ratzinger - Benedikt XVI, Jesus von Nazareth, Freiburg – Basel – Wien (2007), 22.

 

3) Así lo atestigua en su presentación del libro el antiguo discípulo de J. Ratzinger, Mons. J. Doré, que fuera decano del Institut Catholique de París y Arzobispo emérito de Strasbourg: “Pero, en fin, por sincero que sea nuestro autor, sin duda alguna, no menos es verdad que la obra que somete a nuestra consideración en modo alguno podría ser una más entre otras. Esto por dos razones al menos: primeramente, porque es la obra de un especialista que ha dado pruebas de sus aptitudes en teología, de un teólogo que –doy testimonio de ello– reverencian sus antiguos alumnos, estiman sus colegas y aprecian sus numerosos lectores... además porque el signatario es el mismo Papa y que nada ni nadie, ni siquiera él mismo, pueden impedir que abordemos con reverencia, estima y respeto lo que dice o escribe” (“L’ouvrage d’un théologien Pape – Allocution de Mgr. Joseph Doré”: 23/V/2007, au siège de l’UNESCO á Paris, en: La Documentation Catholique, 17/VII/07, Nº 2382, 577).

 

4) Se distancia con decisión de las incertidumbres en las que desemboca el célebre exégeta católico R. Schnackenburg (“Vorwort”, 12–13, 22). Se refiere críticamente a la unilateral utilización de la comprensión meramente histórica en las páginas (sin ser exhaustivo): 64, 77–78, 108, 222, 225, 261-266, 270–272, 371–372 (donde habla de un “cementerio de hipótesis” respecto a los orígenes y el significado del título cristológico: “Hijo del hombre”).

 

5) Ibid., 14–15.

 

6) Pontificia Comisión Bíblica, La Interpretación de la Biblia en la Iglesia, Buenos Aires (2003). Ver: Jesus von Nazareth, 13–14.

 

7) Según M. Karger, el libro del Papa destilaría una “desilusión sobre la exégesis moderna y una asentada desconfianza respecto a ella” (“Lob und Widerspruch des Exegeten” en: Die Tagepost, 27/VI/2007. Ver: forum.herderkorrespondenz@herder, para el 5/X/2007).

Se puede, por de pronto, hacer notar que “la exégesis moderna” ofrece “tot sententiae quot capita” (= tantas sentencias como cabezas), ya que no es tan compacta y homogénea como parecen pretender este comentarista y otros.

Como se verá en el texto, no faltaron ni faltan cotizados especialistas que, pese a indudables progresos, también sospechan que algo anda mal en la “exégesis moderna”.

 

8) “La Bibbia come primo momento ermeneutico”, en: AA. VV.: Esegesi ed Ermeneutica – Atti della XXI Settimana Biblica, Brescia (1972) 147.

 

9) “Bulletin du Nouveau Testament – La Litterature johannique” en: Recherches de Science Religieuse, 82/2, (1994) 236.

 

10) Teología del Antiguo Testamento – Un juicio a Yahvé, Salamanca (2007) 10.

 

11) Su conferencia en New York (publicada en italiano en: AA. VV.: L ‘Esegesi Cristiana Oggi, Casale Monferrato – 1991-1993 - 124): “Interpretazione biblica in conflitto – Problemi del fondamento ed orientamento dell’ esegesi contemporanea”. Comenzaba aquella exposición aludiendo a la novela de Wladimir Solowjew (La Storia dell’ Anticristo), donde la universidad de Tübingen concedía el doctorado en teología al Anticristo por su labor exegética (“Interpretazione..., 93). Idéntica referencia reaparece ahora en su Jesus von Nazareth, 64.

 

12) Ibid., 20–21. Afirma expresamente: “Espero que quede claro a los lectores que yo no escribo este libro en contra de la Exégesis moderna, sino con gran gratitud hacia lo mucho que nos ha regalado y regala. Ella nos ha abierto una cantidad de material y enfoques, por los que la figura de Jesús puede hacérsenos presente en una vivacidad y profundidad, que todavía no podíamos en modo alguno representarnos hace pocas décadas” (ibid. , 22).

No menos añade: “Simplemente he intentado, más allá de la mera interpretación histórico–crítica, usar nuevas perspectivas metódicas, que nos permiten una interpretación propiamente teológica de la Biblia y así exigen a la fe, pero que no quieren ni pueden renunciar a la seriedad histórica en modo alguno” (22).

 

13) Ibid., 22.

Retomará idéntica perspectiva hacia el final de su estudio: lo llamativo y grande debió ser dramático y sucedió justamente al comienzo; la Iglesia debió al principio reconocer lentamente su total grandeza. Se le atribuye a la anónima comunidad una asombrosa capacidad de genialidad teológica (ibid., 372-373, donde también figura una advertencia frente al “pensamiento profesoral”).

 

14) Ibid., 21.

 

15) Ibid., 60, 72, 83–84, 122, 128–129, 141, 154, 170, 200–201, 238, 244, 286, 292, 295, 236, 237– 238, 339, 346 y otros muchos lugares de la obra, que evidencian el contacto vital, no meramente académico, del autor con la palabra viva de Dios.

 

16) Card. C. M. Martini, S. I., “«Gesù di Nazaret» di Joseph Ratzinger – Benedetto XVI” en: La Civiltà Cattolica, 16/VI/2007, 158, Nº 3768, 534.

Esta evaluación ofrece un correctivo a la crítica un tanto ácida del ya citado M. Karger, que juzga al libro “muy poco aterrizado” (zu wenig geerdet: “Lob und Widerspruch des Exegeten”). Depende de qué se entienda por “aterrizado”. Si sólo se tiene en cuenta un parámetro puramente sociológico, se lo puede conceder. Pero la vida en el mundo es algo más que la mera perspectiva económica.

 

17) Exégeta francés, activo en el Institut Catholique de París y actual miembro de la Pontificia Comisión Bíblica. Una de sus obras es citada en este libro del Papa (Jesus von Nazareth, 157- 158).

 

18) En: La Documentation Catholique, 17/VI/2007, Nº 2382, 579.

 

19) Se promete otro, que tratará de los Evangelios de la Infancia de Cristo, su Pasión y Resurrección (ibid., 23).

 

20) Falta la consideración de los milagros, por ejemplo.

 

21) Como lo es en la realidad de los mismos Sinópticos, la consideración se abre con una primera “Voz del Padre” sobre un Jesús mezclado con los pecadores en el Jordán, para culminar con casi la misma “Voz” ante el próximo, ignominioso y a la vez triunfante “éxodo” de Jesús (ver: Lc 9, 31) en su Pascua desde el Calvario hacia la gloria.

 

22) Jesus von Nazareth, 278, 309-310 (afirma aquí expresamente: “Tenemos que completar la imagen de Moisés, porque sólo así sale a la luz la imagen de Jesús que Juan tiene ante los ojos. El punto central del que hemos partido en este libro y hacia el cual una y otra vez hemos vuelto, consiste en que Moisés habló cara a cara con el mismo Dios, «como los hombres hablan entre sí» (Ex 33, 11: ver: Deut 34, 10). Sólo porque él hablaba con Dios, podía llevar a los hombres la palabra de Dios. Pero sobre esta inmediatez con Dios, que está en el meollo del envío de Moisés y que es su fundamento más íntimo, hay con todo una sombra... Jesús es la palabra de Dios, que viene de la visión vital, de la unión con él”. Destaques nuestros). “En el curso de la conversación con Dios destella la luz de Dios sobre él (Moisés) y lo vuelve a él mismo irradiante. Pero, por decirlo así, se trata de un brillo que le viene de fuera, que él mismo deja brillar ahora. Pero Jesús brilla desde dentro, él no recibe luz, él mismo es luz de luz” (ibid., 358).

 

23) Ibid., 50.

 

24) Ibid., 79.

 

25) Ibid., 92.

 

26) Así, cuando Jesús promete la bienaventuranza a los que son perseguidos “a causa de mí” (Mt 5, 11), está dando a su “yo” una capacidad normativa que nadie ha pretendido antes. Es el punto constitutivo de todo el “Sermón del monte” (ibid., 120–122). Enlaza aquí con el controvertido tema de las “religiones”, que para un cristiano jamás podrán ser igualadas a la que tan fuertemente coloca al “único” capaz de mediar la salvación: Jesucristo (Ibid., 122–123). Es sabido todo el revuelo que causó la Declaración “Dominus Jesus” (setiembre del 2000) al respecto. Fueron inconsideradas las críticas que, desde ciertos sectores “teológicos”, se dispararon contra J. Ratzinger, por entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

27) Ibid., 136–137. Repetidas veces se referirá el autor a este libro de J. Neusner. Ya en la p. 94 declaraba: “Esta disputa respetuosa y franca del judío creyente con Jesús, el hijo de Abraham, me ha abierto los ojos más que otras interpretaciones que conozco acerca de la grandeza de la palabra de Jesús y la decisión ante la que nos coloca el Evangelio” (ibid. , 99).

 

28) Al que cita expresamente entre las lecturas que nutrieron su juventud en las décadas de los 30 y los 40 (K. Adam, R. Guardini, F. M. Willam, G. Papini, D. Rops: ibid., 10).

 

29) Del cual se solía decir que supo unir “die römische Klarheit mit der deutschen Tiefe” (= la claridad romana con la profundidad germana). Fue hijo de un embajador italiano en Alemania. Igual sensación de nitidez y hondura causa la lectura de toda la producción de Ratzinger.

 

30) R. Guardini, La esencia del Cristianismo, Madrid (1945) 43.

En páginas anteriores había puesto de relieve la singularidad de Jesús. Budha fue un gran espíritu religioso, pero en principio dice lo que podría proponer otro hombre cualquiera. Lo que hace es indicar el camino que existe también sin él y con la vigencia de una ley universal. La persona misma de Budha no se halla dentro del ámbito de lo propiamente religioso (ibid., 19). Jesús, en cambio, dirá: “Yo soy el camino” (Jn 14, 6).

Más aún, tanto Moisés (“personalidad religiosa de grandes dimensiones”: ibid., 19), como los profetas de Israel y posteriormente los apóstoles “son portadores del Mensaje, obreros en la gran obra, pero nada más. Lo esencial sólo les ha sido confiado. Más aun, es característico de su existencia que están llamados a proclamar algo que sobrepasa por naturaleza su propio ser y su propia capacidad. De aquí se deriva para ellos no sólo grandeza, sino también una profunda problematicidad, una desproporción entre sus palabras y su ser, que las más potentes personalidades de entre ellos han sentido tanto más intensamente” (ibid., 21).

 

31) Ibid., 68.

 

32) Jesus von Nazareth, 248.

 

33) Ibid., 149–150.

 

34) J. L. Segundo, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, Madrid (1982) 3 vols.

Siguen todavía algunos tratando de mantener la vigencia de este escritor, exhumando sus charlas inéditas: Ese Dios – Juan Luis Segundo – Versión desgrabada de sus charlas, Montevideo (2006).

J. Sobrino, Jesús en América Latina – Su significado para la fe y la cristología, Santander (1982).

La “Notificación” de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre las obras de este autor (14/III/ 2007; ver: http://www.vatican.va/phone_sp.htm) tiene que ver con la presentación desdibujada que ofrece de la divinidad de Cristo, dada la preponderancia concedida a su preocupación sociológica.

Pero en el mismo año en que se publica la esclarecedora obra de Benedicto XVI, se edita en España: J.A. Pagola, Jesús, aproximación histórica, Madrid (2007), estudio con óptica totalmente racionalista, recalentando esquemas bultmannianos, que reducen nuevamente a Jesús a “Elías, Jeremías o alguno de los profetas” (Mt 16, 14). A Dios gracias, no ha faltado una inteligente e incisiva crítica de esta obra, debida a J. A. Sayés: “Jesús, aproximación histórica de José Antonio Pagola”, que puede ser consultada en el siguiente sitio de internet: www.mercaba.org.

Entre muchas justas observaciones de Sayés, seleccionamos este pequeño ramillete: “Su método (de Pagola) irá reduciendo siempre todo lo trascendente a una pura experiencia interior (de Jesús)”. Reduce el Reino a la dimensión social”. “Trata a Jesús como un creyente fiel”.

A propósito recuerda Sayés justamente el libro de Benedicto XVI y la impresión que brinda del Rabino Neusner, quien percibió mucho más lúcidamente la singularidad distintiva de Jesús que estos religiosos y profesores “católicos”.

 

35) Que estudiara ciencias bíblicas en L’École Biblique et Archéologique de Jerusalén.

 

36) C. A. Franco Martínez, La Pasión de Jesús según San Juan, Madrid (2005) 26.

 

37) Jesus von Nazareth, 270.

 

38) Ibid., 270.

 

39) Ibid., 143.

 

40) Ibid., 390–392.

 

41) Me parece ejemplar la réplica a las dudas que alimenta P. Grelot sobre el sentido de la confesión de Pedro (Mc 8, 27–33). Jesus von Nazareth, 341–344.

 

42) Como hemos venido notando: Bultmann, Hengel, Neusner, etc.

 

43) Una presentación no puede dar cuenta de la total riqueza de este trabajo. Así, por ejemplo, nada hemos indicado sobre la meditación penetrante y extensa (tal es la riqueza escondida en lo que parece ya cotidiano y rutinario) de la “Oración del Señor”, el “Padre Nuestro” (ibid., 161–203).

 

44) E. Zenger, “Das Jesus Buch von Benedikt XVI” (en: forum.herderdorrespondenz@herder - 3/X/2007).

 

45) W. Stegeman, “Der historische Jesus ist ein Konstrukt der Wissenschaftler” (en: ibid., 12/VI/2007).

 

46) Con base ampliamente kantiana, para cuya perspectiva el “objeto” es creado por el hombre, siendo el resultado de los fenómenos, ordenados por las categorías “a priori”.

 

47) R. Rorty, “Di lá dal realismo e dal antirealismo: Heidegger, Fine, Davidson, Derrida” (citado por: V. Possenti en: Terza navigazione. Nichilismo e metafisica, Roma, Armando – 1998 - 52, n. 18 y 341, n. 23).

Si entramos en el reino de lo arbitrario, si no existen el bien y el mal, tampoco vale la pena abogar por un pluralismo u otras soluciones. Si nadie puede ser “guardián de la verdad”, no se ve el interés en permitir tantos ladrones de las conciencias, en lugar de uno solo.

En una entrevista de Rorty a un periodista complaciente, el Card. Ratzinger figuraba como uno de estos “guardianes”, que había que apartar. (“I neocons americani non hanno detto nulla di originale” en: La Repubblica, 24 /IX/2004 (tomado de: G. G. Nastri, Corruzione della filosofia – Il pensiero moderno come anti–religione, Roma – 2006 - 220–221 y notas 3 y 4).

 

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Cristo y Mitra

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Una de las múltiples objeciones esgrimidas por los críticos anticristianos en contra de la fe de la Iglesia se basa en el supuesto influjo del mitraísmo sobre el cristianismo. La tesis que queremos analizar y refutar aquí es ésta: el cristianismo ha surgido fundamentalmente del mito de Mitra, transmutado mediante algún proceso psico-sociológico en el Cristo de la fe.

 

En primer lugar se debe notar que las "soluciones mitológicas" al problema de Jesucristo son muy numerosas: Hay quienes sostienen que las primitivas comunidades cristianas transfirieron a Jesús "su fe en un mito solar (Dupuis), o las creencias del alegorismo alejandrino (Bauer) o un culto oriental de la crucifixión como acto litúrgico (Du Jardin). O, no es sino la caricatura del dios indio Agni o del héroe babilónico Gilgamesh o del dios del sol de Canaán" (Vittorio Messori, Hipótesis sobre Jesús, Ediciones Mensajero, Bilbao 1978, p. 90). Agrego que otros "expertos" sostienen que Jesús fue un extraterrestre o un hongo alucinógeno o un fakir formado en la India o... mil disparates más.

 

En segundo lugar subrayo que, a pesar de que todas esas soluciones mitológicas son incompatibles entre sí, sus proponentes las presentan habitualmente como resultados definitivos de la investigación científica. He aquí un caso flagrante de deshonestidad intelectual. Alfred Loisy (famoso teólogo católico disidente de principios del siglo XX) ironizó sobre las "alborotadas conjeturas de los mitólogos" y escribió: "Las presuntas conclusiones definitivas de estos señores no hay necesidad de tomarlas muy a lo trágico" (o.c., pp. 105 y 97). Y Loisy era uno de ellos...

 

Veamos ahora qué se sabe con respecto al mitraísmo. Fue un culto al dios solar Mitra que floreció en Roma y en otras partes del Imperio Romano en los siglos II y III DC (¡después de Cristo!). No se conoce ningún texto sagrado de esta religión, por lo cual lo poco que se sabe de ella proviene de hallazgos arqueológicos o de indicios aislados. El origen de este culto es muy discutido entre los estudiosos. Dado que en las antiguas religiones de Persia y de la India existieron dioses de nombres parecidos (Mithra, Mithras, etc.) algunos han postulado una relación genética entre una de estas religiones y el mitraísmo. En particular el belga Cumont propuso la hipótesis de un origen persa del culto de Mitra. La obra de Cumont tiene algunas debilidades y continúa siendo debatida. De todos modos no es posible probar que las características propias del culto romano de Mitra provengan de la antigüedad persa. Mitra (o un dios de nombre semejante) era una deidad inferior en el panteón persa (y en el hindú) y al parecer no recibió ningún culto litúrgico especial en Persia. El mitraísmo fue sólo una de las muchas "religiones de misterios" que proliferaron en el Imperio Romano en los primeros siglos de la era cristiana y compitieron con el cristianismo. Además de la religión pagana oficial de Roma, existían los cultos mistéricos de Osiris, Isis, Adonis, Cibeles, etc. Todos estos cultos mistéricos eran "religiones esotéricas", es decir sectas cerradas reservadas a relativamente pocos iniciados en los misterios respectivos. El culto de Mitra excluía a las mujeres, pero no prohibía la pertenencia simultánea del iniciado a otra religión. Mitra era adorado en pequeños templos con forma de cueva, presididos por una estatua que representaba a Mitra sacrificando un toro. El sentido de este sacrificio es discutido; probablemente tiene relación con la astrología. En esos templos los fieles realizaban sus ritos, entre los cuales se destacaban los ritos de iniciación y los banquetes sagrados.

 

Pasemos ahora a las supuestas influencias del mitraísmo sobre el cristianismo. De las muchas supuestas semejanzas afirmadas por los partidarios del origen "mitrano" del cristianismo, sólo una podría tener un sustento histórico plausible: la referida a la fecha de celebración de la Navidad. La fecha exacta del nacimiento de Jesús es desconocida. Los evangelios no dan ningún dato preciso al respecto. Desde el siglo II se comenzó a celebrar la Navidad el 6 de enero. La mayoría de las Iglesias de Oriente continúan celebrándola ese día, de lo cual se deduce que la fecha exacta de la Navidad no afecta a la esencia del cristianismo. Durante el siglo IV un Papa determinó que la Navidad se celebrara el 25 de diciembre. Es probable que la motivación principal de este cambio de fecha fuera el deseo de competir con el culto pagano y el culto de Mitra, que celebraban ese mismo día (debido al solsticio de invierno) la fiesta del nacimiento del Sol invicto. Cronológicamente el 25 de diciembre en Roma fue primero una fiesta pagana, adoptada luego por los fieles de Mitra y luego por la Iglesia Católica. La celebración de la Navidad el 25 de diciembre se extendió pronto a todo el Occidente y a Oriente. No tiene ningún sentido hablar aquí de un "plagio", concepto totalmente inaplicable en este contexto. Ni el paganismo ni (menos aún) el mitraísmo tenían ningún derecho monopólico sobre esa fecha. El cambio de fecha de la Navidad fue una decisión legítima y conveniente de la autoridad eclesiástica. Éste es un caso notable del "poder de asimilación" del cristianismo, que el gran teólogo del siglo XIX John Henry Newman (en su célebre "Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana") consideró una de las siete notas que permiten distinguir un desarrollo auténtico de la doctrina cristiana de una corrupción de la misma.

 

El resto de las supuestas semejanzas entre mitraísmo y cristianismo cabe en alguna de estas tres categorías:

 

1)      Semejanzas  inexistentes (frutos de la imaginación de algún autor).

 

En este rubro ubicamos la supuesta utilización en los banquetes sagrados "mitranos" de las mismísimas palabras que Jesús pronunció en la Última Cena para instituir la Eucaristía. Este desvarío se puede encontrar en algunos de los muchos sitios web anticristianos que recurren a la "hipótesis mitológico-mitrana".

 

2)        Semejanzas como resultado de desarrollos independientes (frutos de la universal tendencia religiosa del ser humano).

 

En este rubro ubicamos la existencia en ambos cultos de procesos de iniciación (muy diferentes entre sí), de ritos de purificación con agua (con significados muy diferentes), de sacrificios o banquetes rituales (la Santa Misa es un sacrificio-banquete sumamente diferente de los respectivos ritos "mitranos"), etc.

 

3)      Semejanzas como resultado de influencias en sentido inverso (es decir, del cristianismo al mitraísmo).

 

En este rubro podríamos ubicar la adoración de pastores y magos en el nacimiento de Mitra. No incluyo aquí el supuesto nacimiento de Mitra de una virgen sólo porque, según mis modestas investigaciones, Mitra no nació de una virgen sino de una roca (!!).

 

Más allá de estos gruesos errores históricos, la tesis que estamos analizando adolece de una grave falencia lógica. La estructura general del argumento "mitológico-mitrano" tiene la forma siguiente:

 

Premisa 1: Existen analogías entre el cristianismo y el mitraísmo.

Premisa 2: El mitraísmo es una religión falsa.

Conclusión: El cristianismo es una religión falsa.

 

Aunque diéramos por buenas ambas premisas, es evidente que en este razonamiento hay algo que no funciona. En este pseudo-silogismo falta una conexión lógica, ya que la conclusión no se deduce de las premisas.

 

Dos cosas son análogas cuando entre ellas existen semejanzas y desemejanzas. Para que el razonamiento fuera correcto habría que demostrar que la semejanza se da en un elemento esencial a ambas religiones y que tal elemento resulta falso en el mitraísmo. Pero en el argumento "mitológico-mitrano" falta esa demostración.

 

No sólo no está probado que Cristo es un mito semejante al de Mitra, sino que está probado precisamente lo contrario: que Jesucristo pertenece a la historia y no al mito.

 

Por lo demás, en la perspectiva cristiana no resulta en modo alguno preocupante que existan analogías entre el cristianismo y otras religiones (antiguas o modernas). Todo lo que hay en éstas de verdadero y bueno resulta ser una providencial preparación al Evangelio de Jesucristo; lo que hay en ellas de erróneo o malo es resultado de la limitación o el pecado del hombre.

 

Concluyo con una magnífica cita de Jean Guitton: "Los historiadores del tercer milenio, que lleguen a descubrir una breve biografía de Napoleón salvada casualmente de una catástrofe atómica, si emplean los mismos métodos que se han seguido con Jesús, demostrarán que la epopeya napoleónica no es más que un mito. Una leyenda en la que los hombres del lejano siglo XIX han encarnado la idea preexistente del "Genial Caudillo". Las expediciones en el desierto y entre las nieves, su nacimiento y muerte en una isla, su mismo nombre, su caída, su resurgimiento, su recaída bajo los golpes de la envidia y de la reacción, el exilio en medio del océano. "De todo esto resulta evidente que Napoleón nunca existió. Se trata del eterno mito del Emperador; acaso es la misma idea de Francia a la que un desconocido grupo de fanáticos patriotas ha dado un nombre, una existencia y una empresa fantásticas a comienzos del siglo XIX", dirán infinitos expertos. Es decir, los sucesores de esos especialistas que aplican ese método al problema de Jesús de Nazaret" (o.c., p. 157).

 

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Defendiendo la vida humana ganamos todos

 

Conferencia Episcopal del Uruguay

 

Los Obispos del Uruguay a la opinión pública:

 

Ante el trámite del Proyecto de Ley de “Salud Sexual y Reproductiva”, que favorece la práctica del aborto, los obispos del Uruguay queremos expresar:

 

1.      Hoy en día, gracias a modernas tecnologías, todos podemos apreciar el maravilloso desarrollo de la vida humana en el interior de una madre junto a la esperanza que trae una vida en gestación, especialmente cuando una mujer la abraza, la familia se ilusiona y la sociedad le brinda protección. Ese pequeño ser es ya sujeto de derechos. Nuestra legislación le reconoce el derecho a heredar en el caso de que el padre fallezca durante su gestación. No es “algo” sino “alguien”. Por lo tanto no se puede ejercer sobre él un derecho absoluto de propiedad.

 

2.      No desconocemos las circunstancias difíciles en que nacen muchos niños en nuestro país. Pero hay que mirar las causas de estos desequilibrios sociales, vinculados al desigual reparto de oportunidades; por lo que el 50% de niños del país están naciendo en hogares carenciados.

 

3.      Reconociendo la dificultad de muchas mujeres que afrontan un embarazo no deseado, pensamos que esta delicada situación debe atenderse con solicitud, pero nunca enfrentándolas como un rígido dilema. Los conflictos humanos no se solucionan verdaderamente eliminando una parte, en particular cuando esta parte es un sujeto de derecho, completamente inocente e indefensa.

 

4.      Algunos acusan a los cristianos o creyentes de “fundamentalistas” por defender el derecho de los concebidos no nacidos. Cinco siglos antes de Cristo fue el médico Hipócrates, quien se negó a poner sus conocimientos médicos al servicio de la muerte: “Tampoco daré ninguna medicina mortal, ni siquiera cuando me la pidan; además no daré consejos al respecto, ni facilitaré a ninguna mujer el aborto”.

 

5.      Nuestra postura contraria al aborto, no está fundamentada prioritariamente en premisas de orden religioso, porque el derecho de un ser humano a nacer está inscrito en la misma naturaleza humana, que en el desarrollo posterior desplegará los rasgos que son su sello de dignidad: inteligencia, libertad, responsabilidad y conciencia.

 

6.      Legalizar el aborto no cambia lo malo en bueno. Una vez que se concreta las cosas terminan mal para todos. Se pierde una vida humana. La madre queda con heridas que no cierran fácilmente. El médico va contra la esencia de su noble profesión. La sociedad pierde una vida al no abrirle sus brazos. La cultura de la vida queda golpeada.

 

7.      Expresamos la máxima consideración y respeto por toda mujer, que se transforma en veneración y agradecimiento cuando contemplamos su maternidad, tanto biológica como en todas las formas en que este talento femenino se prodiga en la vida social.

 

8.      Cuando el pueblo de Israel soportó años oscuros de esclavitud y el faraón egipcio sentenció a muerte a los hijos varones, la valiente “desobediencia civil” de las parteras, encontró la manera de responder a esta política genocida, argumentando que, “como las mujeres hebreas son más robustas, cuando acudimos para asistirlas, ya dieron a luz” (Ex 1,19). Aquellas mujeres representaban el sentimiento humanitario de tantas mujeres y manos solidarias que en cada etapa de la historia han colaborado para engendrar, alentar o adoptar vidas humanas frágiles en medio de angustias, sin doblegarse ante ningún faraón.

 

9.      Los uruguayos necesitamos multiplicar señales de amparo a la vida humana en medio de la emigración y el invierno demográfico que comprometen el futuro. El bienestar de nuestro pueblo requiere hijos e hijas que alegren los hogares, colmen las aulas y espacios educativos o de esparcimiento. Estamos a favor del desarrollo integral de la vida humana, que como obispos católicos la miramos desde la perspectiva de Jesucristo, que ha venido al mundo para traer vida digna y abundante.

 

Florida, 12 de noviembre de 2007.

 

Mons. Carlos María Collazzi sdb - Obispo de Mercedes - Presidente de la CEU

Mons. Raúl Scarrone - Obispo de Florida - Vicepresidente de la CEU

Mons. Nicolás Cotugno sdb - Arzobispo de Montevideo

Mons. Pablo Galimberti - Obispo de Salto

Mons. Julio Bonino - Obispo de Tacuarembó

Mons. Rodolfo Wirz - Obispo de Maldonado-Punta del Este

Mons. Orlando Romero - Obispo de Canelones

Mons. Francisco Barbosa - Obispo de Minas

Mons. Arturo Fajardo - Obispo de San José de Mayo

Mons. Roberto Cáceres - Obispo Emérito de Melo

Mons. Daniel Gil - Obispo Emérito de Salto

Mons. Hermes Garín - Obispo Auxiliar de Canelones

Mons. Heriberto Bodeant - Obispo Auxiliar de Salto

Mons. Martín Pérez Scremini - Obispo Auxiliar de Montevideo

Mons. Luis Del Castillo sj - Obispo de Melo - Secretario General de la CEU

 

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Uniones concubinarias: un atentado contra la ley

y las buenas costumbres

 

Instituto Arquidiocesano de Bioética “Juan Pablo II”

 

El Parlamento está discutiendo en estos días el proyecto de legalización de las uniones concubinarias. A continuación exponemos algunas de las razones por las que no se debería aprobar esta ley.

 

UNA LEY ABSURDA

 

El actual proyecto de ley incurre en el contrasentido de querer regular la situación de aquellas parejas que no han querido registrar su unión por la vía legal reconocida por nuestra sociedad, que es el matrimonio. Al hacerlo, perjudica gravemente a la familia, que está basada en el matrimonio, y que ve cedidos parte de sus derechos a otras formas de convivencia que, sin embargo, no asumen los deberes y obligaciones propios del caso. Se desvaloriza así el compromiso matrimonial, que termina pareciendo superfluo en orden a obtener esos mismos derechos. Se alienta, por tanto, la formación de parejas que no asumen las responsabilidades matrimoniales y se niega así en la práctica el rol de la familia como base de la sociedad, reconocido por la Constitución de la República e impuesto por la realidad de las cosas.

 

El Artículo 1 del proyecto de ley –versión del 12 de setiembre de 2007-, afirma que: “La convivencia ininterrumpida de al menos cinco años en unión concubinaria genera los derechos y obligaciones que se establecen en la presente ley, sin perjuicio de la aplicación de las normas relativas a las uniones de hecho no reguladas por ésta.”

 

Este artículo supone que el solo transcurso del tiempo, a pesar de la renuncia por ambas partes (ratificada por el mismo transcurso del tiempo) de asumir formalmente todo compromiso, crea un estado civil sui generis que otorga a las partes derechos y le impone obligaciones,

 

Además, ¿por qué razón, alguien que eligió no asumir un compromiso civil con su pareja, ahora va a optar por registrarse como concubino, lo cual otorga ciertos derechos, pero también exige obligaciones? Parece absurdo querer formalizar lo que, por voluntad de los propios involucrados, es informal. Por otra parte, no parece razonable legalizar las uniones de hecho por esta vía, pues para formalizar las uniones civiles, una vez disuelto el eventual vínculo anterior, está el matrimonio.

 

Para calibrar el alcance de esta ley, basta evaluar qué pasaría, una vez aprobada, con las uniones libres no registradas oficialmente. En otras palabras, no queda claro dónde está el límite entre la relación formal y la informal, una vez borrada la línea que separa el matrimonio civil (unión formal) del concubinato (unión informal).

 

LEGALIZACIÓN DE LA POLIGAMIA

 

En el Artículo 2º del proyecto se establece que: “A los efectos de esta ley se considera unión concubinaria a la situación de hecho derivada de la comunidad de vida de dos personas -cualquiera sea su sexo, identidad, orientación u opción sexual- que mantienen una relación afectiva de índole sexual, de carácter exclusiva, singular, estable y permanente, sin estar unidas por matrimonio entre sí y que no resulta alcanzada por los impedimentos dirimentes establecidos en los numerales 1º, 2º, 4º y 5º del artículo 91 del Código Civil."

 

En forma sutil, se ha salteado el numeral 3º del mencionado artículo 91, que dice: “El vínculo no disuelto de un matrimonio anterior”. O sea que no opera como impedimento de la formalización del nuevo vínculo heterosexual u homosexual el estar previamente unido en matrimonio.

 

La consecuencia lógica es que se podría formalizar una relación concubinaria (o más), sin haber disuelto el vínculo matrimonial anterior, acumulando formalmente dos o más vínculos dentro de la ley.

 

No parece necesario aquí explicar los inconvenientes de una sociedad en la que reine la poligamia o la poliandria. Simplemente diremos que ello configura un claro e irresponsable atentado contra la misma naturaleza humana.

 

Podría pensarse que fue una omisión involuntaria, pero no parece, desde el momento que en el artículo 15 de este proyecto de ley, cuando remite al Art. 91 del Código Civil, nuevamente omite el inciso 3º: “Agrégase al artículo 25 de la Ley Nº 16.713, de 3 de setiembre de 1995, el siguiente literal: "E) Las concubinas y los concubinos, entendiéndose por tales las personas que, hasta el momento de configuración de la causal, hubieran mantenido con el causante una convivencia ininterrumpida de al menos cinco años en unión concubinaria more uxorio de carácter exclusivo, singular, estable y permanente, cualquiera sea su sexo, identidad, orientación u opción sexual y que no resultare alcanzada por los impedimentos dirimentes establecidos en los numerales 1 ,2, 4 y 5 del artículo 91 del Código Civil".”

 

PATENTE PARA LA INFIDELIDAD

 

En el proyectado artículo 23º se establece: “Sustitúyese el artículo 127 del Código Civil por el siguiente: “ARTÍCULO 127.- Los cónyuges se deben fidelidad mutua y auxilios recíprocos. La obligación de fidelidad mutua cesa si los cónyuges no viven de consuno"."

 

Comenzamos por señalar que este artículo está en el capítulo del Código Civil relativo al matrimonio, tema que no tiene nada que ver con las uniones concubinarias que se pretende legalizar. ¿Por qué en una ley que no tiene nada que ver con el matrimonio, se incluye un artículo que pretende destruir uno de sus fundamentos? Esta vez el golpe es más cruel que en el anterior proyecto en el que se exigía un plazo de separación de 60 días. Esta vez, sin plazo ninguno, la suspensión de la vida de consuno habilita a la infidelidad, lo cual constituye un ataque frontal al matrimonio. Ello configura un claro e injustificado atentado a la estabilidad de la familia a que refiere el Art. 40 de la Constitución de la República. Se olvida, por otra parte, que el beneficiario del deber de fidelidad no es sólo el otro cónyuge, sino los hijos, la familia y la sociedad.

 

Se rompe además, la sistemática del Código Civil, pues no se cambiaron las normas que establecen el adulterio como causal de divorcio en su Art. 148.1. Si no hay deber de fidelidad durante el matrimonio el adulterio dejó de ser causa de divorcio y esto no fue dicho pues el Art. 148 permanece sin tocar, de forma que por un lado es posible ser adúltero y por otro se sanciona al adulterio como causal de divorcio. Algo anda mal en esta coordinación de normas.

 

Por otra parte, este artículo no parece una buena noticia para quienes estando unidos en matrimonio, por razones laborales intervienen en las misiones de paz de la ONU, para quienes emigran “a prueba”, con la idea de llevar a su familia en una etapa posterior o para quienes van a “hacer la temporada” a Punta del Este… En estos casos puede operar un cese en la vida de consumo y con ello cae el débito de fidelidad que es sustancial en toda relación matrimonial.

 

Es evidente el desprecio hacia el deber esencial del vínculo matrimonial (la fidelidad de los esposos) y la pretensión de legalizar la omisión del mismo sin dar ninguna explicación ni fundamento. La pregunta que queda por hacer es: ¿para qué contraer matrimonio, si al eliminar el deber de fidelidad, se legaliza el adulterio?

 

Estamos ante el más claro y grave atentado que ha cometido proyecto de ley alguno contra la familia, desde que existe el Parlamento uruguayo. Con ese proyecto se destruye el fundamento mismo de la sociedad.

 

Concebir el matrimonio como una relación heterosexual y afirmar que la fidelidad es el sustento del vínculo matrimonial no es patrimonio exclusivo de los cristianos, sino que estos principios son inherentes a la naturaleza humana. Por tanto deben defenderse, más allá de credos y religiones, por todos aquellos que realmente se preocupen por el futuro de su familia y del país.

 

Pensemos en el panorama que eso abre para los hijos que eventualmente nacerán de estas uniones. Nacer dentro de una familia integrada por un padre y una madre claramente identificables, pasará a ser algo extraño. ¿Acaso el objetivo que se busca es que las mujeres "produzcan hijos" al margen de una familia para que los eduque el Estado?

 

UNIONES HOMOSEXUALES

 

Los homosexuales merecen el máximo respeto en cuanto personas. Pero una cosa es el respeto a la persona en sí, y otra la aceptación de los actos contrarios a la moral que este proyecto pretende respaldar. En ocho artículos (37, 40, 41, 44, 54, 68, 71 y 80), la propia Constitución de la República hace referencia a la necesidad de defender y proteger la moral.

 

El proyecto apunta a legalizar las uniones homosexuales. Lo paradójico del caso es que uno de los firmantes del proyecto original (octubre de 2003), con anterioridad a esa fecha afirmó que el concepto de concubinato en la legislación uruguaya, es derivado del concepto de matrimonio, y que por tanto, sólo puede aplicarse a la unión entre un hombre y una mujer (1). Así, ni siquiera se podría denominar a la ley “de unión concubinaria”, porque este término lo reserva el Derecho uruguayo exclusivamente para las uniones de hecho heterosexuales.

 

Aclaramos, por otra parte, que el ordenamiento jurídico vigente permite a los homosexuales –como a todo ciudadano- proteger sus derechos civiles. Pueden establecer sociedades civiles en las que las partes convengan a qué derechos y deberes se obligan, pudiendo variar la forma del contrato en cada caso. La libertad y variedad de contratos es muy amplia. Igualmente, las parejas homosexuales tienen la posibilidad de hacer testamentos recíprocos que beneficien mutuamente a ambos interesados.

 

¿Por qué entonces, no se utilizan estas leyes? ¿Por qué las parejas homosexuales buscan llegar, por etapas, a la equiparación con el matrimonio? A nuestro juicio, la única justificación para no aprovechar las leyes civiles vigentes y promover una ley que empiece a equiparar los deberes y derechos del matrimonio con los de las parejas homosexuales, es la importancia que estas parejas dan a la adopción de niños. No abundaremos en detalles sobre la inconveniencia de esta práctica. Sólo diremos que está más que comprobada la importancia que tiene para los niños la presencia simultánea de las figuras paterna y materna en el hogar.

 

Por otra parte, las estadísticas demuestran que la mayor estabilidad se logra en los matrimonios (a pesar del incremento de divorcios), luego le siguen las relaciones concubinarias heterosexuales, mucho menos estables, y finalmente las más inestables son las relaciones homosexuales. Un dato revelador de esta inestabilidad lo tenemos de estudios provenientes de los EEUU de donde resulta que “el 28% de los homosexuales estudiados había tenido 1.000 o más compañeros, el 15% entre 100 y 249, el 9% entre 50 y 99 hasta llegar a un solo compañero, situación en la que se reconocían 3 de casi 600 homosexuales estudiados.”

 

SE TRATA DE UN PROYECTO DE LEY CLARAMENTE INCONSTITUCIONAL

 

En la Exposición de Motivos del proyecto original, se afirma lo siguiente:

 

“El artículo 40 de la Constitución establece que: "La familia es la base de nuestra sociedad" e impone al Estado la obligación de velar "por su estabilidad moral y material". Dicho precepto constitucional no hace referencia a un modelo de familia determinado ni predominante, lo que hace necesaria una interpretación amplia de lo que debe entenderse como tal, consecuente con la realidad social actual."

 

En realidad, lo que dice el Art. 40 de la Constitución, es lo siguiente:

 

"La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad."

 

¿Por qué se amputó intencionalmente una parte del artículo?

 

La intención es obvia: se quiere presentar a la familia desvinculada de los hijos, lo que no sólo es antinatural, sino inconstitucional.

 

La Carta Magna concibe a la familia como la relación de un hombre y una mujer con posibilidades de procreación lo que por cierto no puede ocurrir con las parejas homosexuales.

 

Con sólo consultar los antecedentes de esta norma (Acta 39 de la Comisión Constituyente de 1934) y tener presente lo sostenido por Stewart Vargas, Secco Illa y Etchegoyen, se concluye que esta norma alude a la familia legítima sustentada en el matrimonio entre un hombre y una mujer.

 

Gross Espiell (Revista Uruguaya de Derecho de Familia Nº 5 pág. 67) realiza un interesante estudio del tema y concluye en el criterio aquí expuesto.

 

Por si alguna duda quedare, la sistemática con el Art. 41 del mismo cuerpo normativo confirma este criterio, al sobrentender a la familia como una relación humana de la que puedan nacer hijos. Por esta razón la norma referida señala que el cuidado y educación de los hijos es un deber y un derecho de los padres. Es obvio entonces que lo que la Constitución entiende por familia es una institución basada en el matrimonio e integrada por un padre, una madre y sus hijos (naturales o legales).

 

Y no sólo la Constitución refiere a la familia natural heterosexual: el mismo Pacto de San José de Costa Rica, ley 15.737 de 8 de marzo de 1985, dispone que la familia es un elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la sociedad y el Estado.

 

Establecer que la familia es un elemento natural de la sociedad encierra cuatro verdades sustanciales:

 

1.      la familia es anterior a la sociedad y el Estado;

2.      tiene una esencia inmutable, pues de lo contrario no pertenecería al orden de la naturaleza;

3.      como consecuencia de lo anterior tiene sus propias características que deben ser respetadas, como hasta ahora, por el ordenamiento jurídico;

4.      se trata de una familia heterosexual, porque es la posibilidad de engendrar y criar prole lo que hace que el Estado deba protegerla.

 

Similar texto al comentado tenemos en el Protocolo de San Salvador de 17 de noviembre de 1988, en cuyo artículo 15 se refiere a la familia en forma diáfana como aquella apta para la procreación y desarrollo de los niños.

 

No es bueno traicionar a la naturaleza. La familia fue y seguirá siendo, pese a lo que digan algunos, la primera escuela de virtudes humanas y sociales. Un lugar irremplazable para el reconocimiento y desarrollo de la persona. La familia fundada en el vínculo matrimonial no es un invento de católicos, sino una exigencia de la convivencia natural humana anterior a la era cristiana.

 

La conclusión obvia es que si un proyecto de ley pretende asimilar en derechos a las relaciones homosexuales y las heterosexuales, es inconstitucional. Pues la Carta Magna sólo protege a estas últimas, no a las primeras.

 

DISCRIMINAR ES TRATAR IGUAL A LOS DESIGUALES

 

Los partidarios de este proyecto han manifestado que se aspira a eliminar discriminaciones injustas, pues a su juicio deben protegerse los sentimientos de las parejas homosexuales de la misma forma que se protegen los sentimientos de las relaciones heterosexuales. Aquí los errores son graves, pues en el caso de la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, lo que se protegen no son sentimientos, sino la base misma de la sociedad, ámbito en el que se pueden y deben formar los hijos. Es necesario recordar que la familia, tal como se ha entendido siempre, es anterior al Estado. Por tanto, éste no puede concederle ni quitarle derechos: sólo se los puede reconocer.

 

Por otra parte, al pretender regular por ley las relaciones homosexuales, el proyecto presupone implícitamente que estas personas son objeto de discriminación, cuando el Art. 8 de la Constitución, establece claramente que todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas que las de los talentos o las virtudes.

 

Por esa razón, lo que es realmente discriminatorio, es pretender un trato igual para relaciones sustancialmente diferentes. Entre otras cosas, cabe señalar que esta ley otorga una gran cantidad de beneficios económicos a los concubinos, que van a salir de los bolsillos de personas que no están de acuerdo –por un tema de conciencia- con la legalización de las uniones hetero y homosexuales. Si cada uno es libre de pensar como quiera, también cada uno debería ser libre de no contribuir al financiamiento de beneficios establecidos en leyes con las que en conciencia discrepa.

 

CONCLUSIÓN

 

Este proyecto de ley es un síntoma del estado actual de nuestra cultura. No hemos superado el hambre y la pobreza, pero nos damos el lujo de perder tiempo y energía discutiendo leyes que, como ésta, no contribuyen en lo más mínimo al bien común de la sociedad. Leyes que, junto con las de aborto, eutanasia y esterilización, contribuyen -cada una a su manera- a establecer conductas antiprocreativas y destructivas de la población. En un país con demografía de país desarrollado y economía de país subdesarrollado, desangrado por la emigración, esto es casi como promover un suicidio colectivo. ¿Es esto lo que nuestros legisladores quieren para nuestra sociedad?

 

Montevideo, 22 de noviembre de 2007.

 

1) Orrico, Jorge, versión taquigráfica de la reunión realizada el día 27 de junio de 2001 con motivo de la aprobación del Código de la Niñez y Adolescencia: Concubinato es una relación entre hombre y mujer porque el concepto de concubino deriva del concepto de matrimonio, que en la legislación uruguaya es heterosexual (…) En realidad, no existe ninguna disposición específica del Código Civil que establezca que el matrimonio significa una unión entre personas de distinto sexo. Pero eso deriva de la economía del Código, porque algunas disposiciones no serían entendibles si no estuviéramos hablando de la unión heterosexual. La que más recuerdo ahora -hay otras- es la que establece que, decretado el divorcio, la mujer no podrá seguir utilizando el apellido de su marido. Esta y otras disposiciones dan la pauta de que en el sistema del Código Civil cuando se habla de matrimonio se hace referencia a la unión entre un hombre y una mujer. Esto es independiente del concepto que existía en la época de la sanción del Código en que a nadie se le iba a ocurrir pensar en matrimonios de personas del mismo sexo. Esto aparece claro. Como el concubinato de algún modo es una institución que surge del matrimonio y a la cual se le aplican muchos de sus elementos -por ejemplo toda la parte de bienes y demás-, entonces, se entiende que el término refiere a una relación heterosexual, pero en ningún artículo de ningún lado va a decir que eso es así.”

 

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Familia y Vida en el Documento de Aparecida

 

Lic. Néstor Martínez

 

El Documento tiene una introducción, tres partes y una conclusión.

 

La primera parte es un VER la realidad de nuestro continente, titulado "La vida en nuestros pueblos hoy".

 

Se subdivide en dos partes: 1) Los discípulos misioneros y 2) Mirada de los discípulos misioneros sobre la realidad.

 

La segunda parte ilumina esa realidad con un JUZGAR centrado en el tema de los "discípulos misioneros". Su título es "La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros".

 

Se subdivide en cuatro partes. La primera, dedicada a la Buena Nueva y la alegría de comunicarla en los ámbitos de la dignidad humana, la vida, la familia, la actividad humana, el trabajo, la ciencia y la tecnología, el destino universal de los bienes y la ecología.

 

La segunda, sobre la vocación de los discípulos misioneros a la SANTIDAD.

 

La tercera, sobre la COMUNIÓN de los discípulos misioneros en la Iglesia.

 

La cuarta, sobre la FORMACIÓN de los discípulos misioneros.

 

La tercera y última parte, finalmente, recoge el ACTUAR que se deriva de los pasos anteriores.

 

Una primera parte habla de la misión a favor de la VIDA.

 

La segunda parte habla de la promoción de la DIGNIDAD HUMANA.

 

La tercera parte habla de FAMILIA, PERSONAS Y VIDA.


La cuarta parte habla de la CULTURA.

 

En los últimos años América Latina ha sido literalmente bombardeada por proyectos de ley de despenalización del aborto y la eutanasia, legalización de matrimonios homosexuales y de uniones concubinarias, fecundación artificial en seres humanos, educación sexual aberrante basada en la "perspectiva de género", campañas de anticoncepción y hasta esterilización forzada, ingerencias y presiones de organismos de la ONU ante los gobiernos nacionales para legalizar el aborto, etc., etc.

 

En nuestro Documento, el "ver" está estructurado en un apartado sociocultural, otro económico, otro sociopolítico, y otros dedicados a la biodiversidad, ecología, pueblos indígenas y afroamericanos.

 

En el n. 40 hay la referencia y condena de la "ideología de género":

 

“Entre los presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar, encontramos la ideología de género, según la cual cada uno puede escoger su orientación sexual, sin tomar en cuenta las diferencias dadas por la naturaleza humana. Esto ha provocado modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familia.”

 

En los nn. 44 y 47 se hace referencia al culto desenfrenado a la libertad individual y a los derechos subjetivos:

 

“44. Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios:

 

“aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo... Quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de la realidad y sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas.”

 

Surge hoy, con gran fuerza, una sobrevaloración de la subjetividad individual. Independientemente de su forma, la libertad y la dignidad de la persona son reconocidas. (...) Se deja de lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y, muchas veces, arbitrarios derechos individuales, a los problemas de la sexualidad, la familia, las enfermedades y la muerte.”

 

“47. También se verifica una tendencia hacia la afirmación exasperada de derechos individuales y subjetivos. Esta búsqueda es pragmática e inmediatista, sin preocupación por criterios éticos. La afirmación de los derechos individuales y subjetivos, sin un esfuerzo semejante para garantizar los derechos sociales, culturales y solidarios, resulta en perjuicio de la dignidad de todos, especialmente de quienes son más pobres y vulnerables.”

 

En el n. 79 se habla de las legislaciones injustas:

 

“Algunos parlamentos o congresos legislativos aprueban leyes injustas por encima de los derechos humanos y de la voluntad popular, precisamente por no estar cerca de sus representados ni saber escuchar y dialogar con los ciudadanos, pero también por ignorancia, por falta de acompañamiento, y porque muchos ciudadanos abdican de su deber de participar en la vida pública.”

 

Se habla también de la situación de la mujer, los cambios de roles masculinos y femeninos, "potenciando todas sus dimensiones humanas en la convivencia cotidiana, en la familia y en la sociedad, a veces por vías equivocadas" (n. 49).

 

En el n. 65 se habla de "los rostros de quienes sufren", entre los cuales figuran "también los niños víctimas del aborto".

 

En el n. 80 se habla del desprecio a la objeción de conciencia:

 

"En algunos Estados, ha aumentado la represión, la violación de los derechos humanos, incluso el derecho a la libertad religiosa, la libertad de expresión y la libertad de enseñanza, así como el desprecio a la objeción de conciencia."

 

En la parte dedicada al "juzgar", aparece el n. 108:

 

“Bendecimos al Padre porque todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, puede llegar a descubrir, en la ley natural escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14-15), el valor sagrado de la vida humana, desde su inicio hasta su término natural, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho, se fundamenta "la convivencia humana y la misma comunidad política".”

 

Y en el n. 116, en sintonía con la condena de la "ideología de género" en el n. 40, se dice:

 

“Bendecimos a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, aunque hoy se quiera confundir esta verdad. "Creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó" (Gn 1, 27). Pertenece a la naturaleza humana el que el varón y la mujer busquen el uno en el otro su reciprocidad y complementariedad.”

 

En la tercera subdivisión de la tercera parte encontramos la mayoría de los textos referentes a familia, la vida humana, el aborto, la eutanasia, etc. Aquí transcribimos los principales:

 

“436. Esperamos que los legisladores, gobernantes y profesionales de la salud, conscientes de la dignidad de la vida humana y del arraigo de la familia en nuestros pueblos, la defiendan y protejan de los crímenes abominables del aborto y la eutanasia; ésta es su responsabilidad. Por ello, ante leyes y disposiciones gubernamentales que son injustas a la luz de la fe y la razón, se debe favorecer la objeción de conciencia. Debemos atenernos a la "coherencia eucarística", es decir, ser conscientes de que no pueden recibir la sagrada comunión y al mismo tiempo actuar con hechos o palabras contra los mandamientos, en particular, cuando se propician el aborto, la eutanasia y otros delitos graves contra la vida y la familia. Esta responsabilidad pesa de manera particular sobre los legisladores, gobernantes, y los profesionales de la salud.”

 

“437. Para tutelar y apoyar la familia, la pastoral familiar puede impulsar, entre otras, las siguientes acciones:

(...)

d. Promover, en diálogo con los gobiernos y la sociedad, políticas y leyes a favor de la vida, del matrimonio y la familia.”

 

“464. El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, también posee una altísima dignidad que no podemos pisotear y que estamos llamados a respetar y a promover. La vida es regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural, sin relativismos.”

 

“465. La globalización influye en las ciencias y en sus métodos, prescindiendo de los cauces éticos. Los discípulos de Jesús tenemos que llevar el Evangelio al gran escenario de las mismas, promover el diálogo entre ciencia y fe, y, en ese contexto, presentar la defensa de la vida. Este diálogo debe ser realizado por la ética y en casos especiales por una bioética bien fundada. La bioética trabaja con esta base epistemológica, de manera interdisciplinar, donde cada ciencia aporta sus conclusiones.”

 

“466. No podemos escapar de este reto de diálogo entre la fe, la razón y las ciencias. Nuestra prioridad por la vida y la familia, cargadas de problemáticas que se debaten en las cuestiones éticas y en la bioética, nos urge iluminarlas con el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia.”

 

“467. Asistimos hoy a retos nuevos que nos piden ser voz de los que no tienen voz. El niño que está creciendo en el seno materno y las personas que se encuentran en el ocaso de sus vidas, son un reclamo de vida digna que grita al cielo y que no puede dejar de estremecernos. La liberalización y banalización de las prácticas abortivas son crímenes abominables, al igual que la eutanasia, la manipulación genética y embrionaria, ensayos médicos contrarios a la ética, pena capital, y tantas otras maneras de atentar contra la dignidad y la vida del ser humano. Si queremos sostener un fundamento sólido e inviolable para los derechos humanos, es indispensable reconocer que la vida humana debe ser defendida siempre, desde el momento mismo de la fecundación. De otra manera, las circunstancias y conveniencias de los poderosos siempre encontrarán excusas para maltratar a las personas.”

 

Como vemos, el Documento es muy rico en referencias a esta temática que marca tan dramáticamente el hoy de la Iglesia y de los pueblos de América Latina. Por eso mismo nos hubiera gustado, personalmente, que en la parte dedicada al "ver" esa realidad actual latinoamericana se hubiese hecho más espacio y dado algo de destaque a la brutal agresión de la "cultura de la muerte" que asalta todos los días los titulares periodísticos con noticias de intentos de legalización del aborto, la eutanasia, las uniones concubinarias, las uniones homosexuales, la fecundación artificial, etc., etc., así como a buscar las causas y tratar de diagnosticar la presencia de todos conocida de influyentes poderes económicos y políticos (¡incluida la misma ONU!) detrás de esas campañas dirigidas al parecer especialmente a los países pobres.

 

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Política y valores

 

Con este nombre el Presidente del Pontificio Justicia y Paz de la Santa Sede, Cardenal Renato Raffaele Martino, pronunció en la ciudad de La Plata, Argentina, una conferencia magistral donde toca puntos claves de la doctrina social de la Iglesia. Las relaciones entre la política, los valores, el bien común y la Eucaristía son analizadas en forma diáfana por este directo colaborador del Santo Padre Benedicto XVI en los temas de la Justicia y la Paz en el Mundo. Cierra con el broche de oro de las Bienaventuranzas del Político que redactara su antecesor en el cargo, el fallecido Cardenal Van Thuan, responsable de la elaboración del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Lectura muy recomendable para los estudiosos de la doctrina social y para toda persona de buena voluntad.

Prof. Dr. Carlos Alvarez Cozzi

 

Para leer la conferencia, haga clic sobre el siguiente enlace:

http://www.zenit.org/article-25399?l=spanish

 

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Respuesta a una duda sobre la validez del bautismo conferido por «La Iglesia de Jesucristo de los Santos del Ultimo Día», conocida como «Mormones»

 

Congregación para la Doctrina de la Fe

 

Pregunta: ¿Es válido el bautismo conferido en la comunidad llamada «La Iglesia de Jesucristo de los santos del último día», conocida generalmente come «mormones»?

 

Respuesta: No.

 

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto, aprobó y ordenó publicar la presente Respuesta, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación.

 

Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 5 de junio de 2001.

 

+ Joseph Card. RATZINGER

Prefecto

 

+ Tarsicio BERTONE, S.D.B.
Arzobispo emérito de Vercelli

Secretario

 

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Acto de Esperanza

 

Acto de Esperanza

Señor Dios mío, espero por tu gracia
la remisión de todos mis pecados;
y después de esta vida,
alcanzar la eterna felicidad:
porque tú lo prometiste, que eres
infinitamente poderoso,
fiel, benigno y lleno de misericordia.
Quiero vivir y morir en esta esperanza. Amén.

Actus Spei

Dómine Deus, spero per grátiam
tuam remissiónem
ómnium peccatórum,
et post hanc vitam ætérnam
felicitátem me esse consecutúrum:
quia tu promisísti, qui es infiníte
potens, fidélis, benígnus, et miséricors.
In hac spe vívere et mori státuo. Amen.

 

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio, Apéndice, A) Oraciones comunes.

 

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