Fe y Razón
Revista gratuita de teología y cultura católica
Publicación del Centro
Cultural Católico “Fe y Razón”
Desde Montevideo
(Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura
Nº 128 – 3 de febrero de 2017
“Omne verum, a
quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
(“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del
Espíritu Santo”)
Santo Tomás de Aquino
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo de Dirección |
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Libros |
Segunda edición del libro de Daniel
Iglesias Grèzes sobre la actual crisis de la Iglesia Católica |
Equipo de Dirección |
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Libros |
Equipo de Dirección |
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Donaciones |
Solicitud de apoyo económico
al Centro Cultural Católico “Fe y Razón” |
Equipo de Dirección |
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Magisterio |
Discurso a
los hombres de Acción Católica en el 30° aniversario de su unión |
Papa Pío XII |
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Biblia |
Vladimir Soloviev |
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Teología |
Pbro.
Dr. José María Iraburu |
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Teología |
Lic. Néstor Martínez Valls |
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Teología |
Bruno M. |
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Teología |
Si Lutero fuera testigo del Evangelio, los
católicos seríamos testigos del Anticristo |
Bruno M. |
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Teología |
Pedro Luis Llera |
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Teología |
Ing. Daniel Iglesias Grèzes |
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Misiones |
P. Javier Olivera Ravasi |
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Misiones |
Sobre la extraordinaria Misión de San Nicolás
Tavelic y sus compañeros mártires |
Padre Federico |
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Apologética |
Raymond de Souza, KM |
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Familia y Vida |
Juanjo Romero |
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Familia y Vida |
La filial de Planned
Parenthood en Brasil manipula al Papa para fomentar el aborto |
Actuall |
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Familia y Vida |
Lic. José Alfredo Elía Marcos |
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Humor |
Cavernícola |
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Oración |
San
Pedro Canisio |
Equipo de
Dirección
En este Año del Señor 2017 coincidirán los aniversarios de
tres acontecimientos de gran impacto negativo en la historia de la Iglesia y
del mundo: los 500 años del inicio de la Reforma protestante en Alemania, los
300 años de la fundación de la Masonería moderna en Inglaterra y los 100 años
de la Revolución comunista en Rusia.
El 31 de octubre de 1517 el monje agustino Martín Lutero
clavó un documento con 95 tesis contra la doctrina y la práctica de las
indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg (Alemania), iniciando el
proceso que hoy se conoce como “la Reforma protestante”.
El principio más importante
de la Reforma protestante es el de la sola fe, que dice que
el hombre no es justificado por la fe y las obras (como enseña la Iglesia
Católica), sino sólo por la fe.
Este principio no está presente en la Sagrada Escritura ni en la Sagrada Tradición,
sino que fue ideado por Lutero para librarse de la tremenda angustia que
caracterizaba a su vida religiosa.
El otro principio fundamental de la Reforma protestante es el de
la sola Escritura,
que dice que la Divina Revelación no es transmitida por la Sagrada
Escritura y la Sagrada Tradición (como enseña la Iglesia Católica), sino sólo
por la Sagrada Escritura. También dice que la Sagrada Escritura es la única
autoridad en materia religiosa establecida por Dios en la tierra, lo cual
implica el rechazo del Magisterio de la Iglesia (contra lo que enseña la Iglesia
Católica). Sola Scriptura es la
creencia histórica de los reformadores, no una conclusión demostrada. Es sólo
una presuposición teológica, un punto de partida asumido generalmente de forma
acrítica.
Según la doctrina
protestante, cada cristiano debe interpretar la Biblia por su cuenta, contando
para ello con la asistencia del Espíritu Santo. Ésta es la doctrina conocida
como “libre examen”. En cambio, según la doctrina católica, el cristiano debe
interpretar la Biblia en sintonía con la Tradición de la Iglesia y bajo la guía
de su Magisterio. Desde
la época de Lutero
han surgido más de 25.000 denominaciones protestantes diferentes, y en la
actualidad nacen varias nuevas cada semana. Cada una de ellas asegura seguir al
Espíritu Santo y el pleno sentido de la Escritura, pero todas se contradicen
entre sí. Algunas comunidades protestantes aceptan el bautismo de los niños y
otras lo rechazan; algunas creen en la presencia real de Cristo en la
Eucaristía y otras no; etc. Se necesita mucho más que el “libre examen” de la
Biblia para que el cristiano
esté seguro de que su interpretación individual de la Biblia es correcta.
Lutero, por medio de sus errores, causó un enorme daño
espiritual. Quitó siete libros del canon de la Biblia, porque tendían a
contradecir su doctrina. Eliminó el sacerdocio ministerial y casi todos los
sacramentos, el culto a la Virgen María y a todos los santos, la vida religiosa
y sobre todo la Misa católica, a la que aborreció por su valor de sacrificio
redentor. Además, negó el libre albedrío y despreció la razón humana. Insultó
de forma constante, furiosa y grosera al Papa, los Obispos y los teólogos
católicos que lo contradecían y consideró que él hablaba en nombre del Espíritu
Santo y que su doctrina no podía ser juzgada por nadie, ni siquiera los
ángeles. Llegó a escribir: “Quien no
escuche mi doctrina no puede salvarse”.
El 24 de junio de 1717 se constituyó la Gran Logia de
Londres y Westminster, transformada más adelante en la Gran Logia Unida de
Inglaterra. Esta fecha se considera convencionalmente como el origen de la
Masonería moderna. Los ritos de la Masonería moderna o especulativa se asemejan
externamente a los de la Masonería antigua u operativa, pero su significado es
muy diferente. En la Cristiandad, los masones (católicos, por supuesto) eran
miembros de gremios de constructores, artesanos y obreros. Los secretos
guardados por las logias operativas medievales eran meros secretos
profesionales. Durante el siglo XVII, en el ambiente espiritualmente enrarecido
de la Gran Bretaña protestante, las antiguas logias operativas fueron aceptando
a miembros ajenos a esos gremios y se fueron transformando gradualmente en
logias especulativas, que dieron un significado nuevo (racionalista y liberal)
a los símbolos y ritos masónicos. La Masonería “regular”, representada sobre
todo por la Gran Logia Unida de Inglaterra, nació deísta, pero luego surgió la
Masonería “irregular”, representada sobre todo por el Gran Oriente de Francia,
que aceptó miembros ateos o agnósticos. De todos modos, la Masonería moderna
(regular o irregular) rechaza toda noción de revelación sobrenatural y todos
los dogmas de las religiones positivas.
“Desde que la Iglesia comenzó a pronunciarse acerca de la Masonería, su
juicio negativo sobre ésta ha estado inspirado en múltiples razones, prácticas
y doctrinales. La Iglesia no ha juzgado a la Masonería solamente por ser
responsable de actividad subversiva en contra suya, sino que desde los primeros
documentos pontificios sobre la materia, en particular en la Encíclica Humanum Genus de León XIII
(20-4-1884), el Magisterio de la Iglesia ha denunciado en la Masonería ideas
filosóficas y concepciones morales opuestas a la doctrina católica. Para León
XIII se trataba esencialmente de un naturalismo racionalista, inspirador de sus
planes y de sus actividades en contra de la Iglesia. En su carta al pueblo
italiano Custodi (8-12-1892) escribía: «Recordemos que el cristianismo y
la Masonería son esencialmente inconciliables, al punto de que inscribirse en
una significa separarse del otro» (L’Osservatore Romano, edición italiana, 23/02/1985, p. 1).
El 7 de
noviembre de 1917, según el calendario gregoriano (25/10/1917 según el
calendario juliano, que seguía siendo utilizado en Rusia en ese entonces) los
bolcheviques (comunistas) comandados por Lenin tomaron el poder por la fuerza
en San Petersburgo, capital del Imperio Ruso, derrocando al gobierno
provisional de Kerensky y dando origen a la Rusia soviética. Los sucesivos
gobiernos del Partido Comunista de la Unión Soviética eliminaron la propiedad
privada de los medios de producción y establecieron un régimen ateo y
totalitario que persiguió duramente a los cristianos y eliminó a decenas de
millones de personas hasta que se desmoronó totalmente en la Navidad de 1991.
2017 es también el año del centenario de las seis
apariciones de la Bienaventurada Virgen María en Fátima (Portugal) a tres niños
pobres, campesinos y analfabetos: Lucía, Francisco y Jacinta. Las apariciones
ocurrieron los días 13 de mayo, 13 de junio, 13 de julio, 19 de agosto, 13 de
septiembre y 13 de octubre de 1917. La aparición de agosto no ocurrió el día
13, como en los demás meses, porque ese día la autoridad civil de Fátima
arrestó a los tres pastorcitos y los presionó para que revelaran los mensajes
de la Virgen María, cosa que no hicieron, pese a las duras amenazas y a su
corta edad. En la sexta y última aparición, ante unos 70.000 testigos, muchos
de ellos no creyentes, ocurrió el espectacular “milagro del sol”, ofrecido por
la Virgen como una señal de la autenticidad sobrenatural de sus apariciones y
de sus mensajes.
El núcleo del mensaje de la Madre de Dios en Fátima es la
exhortación a la conversión, la oración y la penitencia para la salvación de
los pecadores. La Virgen de Fátima alertó contra el creciente apego al pecado y la negación de Dios en el mundo moderno.
Pidió insistentemente a los tres niños que rezaran el Rosario para pedir perdón por los pecados del mundo y para que éste
alcanzara la paz. Anunció el fin cercano de la Primera Guerra Mundial (1914-1918),
pero advirtió que, en caso de no convertirse, el mundo enfrentaría pronto una
guerra aún peor. Esto se cumplió en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
La
Virgen María mostró el infierno a los tres niños, que se horrorizaron ante la
visión de los demonios y de las penas infernales de los condenados; y les
dijo que, para evitar que mucha gente vaya al infierno, Dios quería instaurar
la devoción al Inmaculado Corazón de María. También advirtió sobre el peligro del comunismo y pidió la Consagración de
Rusia al Inmaculado Corazón de María, para poner fin a la difusión de
sus errores, que promoverían guerras y persecuciones a la Iglesia. Finalmente, la Virgen hizo
una advertencia: si los hombres no se arrepienten de sus pecados y se convierten,
un gran castigo divino se abatirá sobre la humanidad, varias naciones serán
aniquiladas, habrá guerra, hambre y persecuciones a la Iglesia y al Santo
Padre.
En este Año del Señor 2017, pidamos al Señor que nos ayude con su gracia
a mantenernos firmes en la fe, la oración, la penitencia y el apostolado, para
que la Iglesia Católica, único verdadero rebaño de Cristo, supere su actual
crisis y resplandezca ante todos los seres humanos como gran signo e
instrumento de la verdad, el bien y la belleza de su Divino Esposo, el Salvador
del mundo.
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Segunda edición del libro de Daniel Iglesias Grèzes
sobre la actual crisis de la Iglesia Católica
Equipo
de Dirección
Tenemos el agrado de
comunicarles que en el pasado mes de enero fue publicada la segunda edición
(muy aumentada) del libro de Daniel Iglesias Grèzes: Columna y fundamento de la verdad. Reflexiones sobre la Iglesia y su
situación actual. Este libro de 175 páginas ayuda a los católicos
preocupados por la actual crisis de la Iglesia a comprender sus causas
principales y a buscar caminos de solución. En la nueva edición, la obra ha pasado de 12 a 27 capítulos, a saber:
1. La actual crisis de la Iglesia
Católica en Uruguay y América Latina
2. Reflexiones sobre el descenso de
la participación en la Santa Misa
3. Con Dios o sin Dios todo cambia
4.
Reflexiones
sobre la apologética, la catequesis y la teología
5.
La
religión verdadera y su estructura fundamental
6.
Una
sola fe
7. Fe y duda son incompatibles
entre sí
8. La descalificación del lenguaje
católico tradicional
9. El oficio profético del
cristiano
10. Creo en la Iglesia Católica
11. Danos, Señor,
sacerdotes santos
12. La Iglesia es comunión de los
santos
13. Las obras de misericordia más
olvidadas
14. La “laicidad positiva”
15. El Concilio Vaticano II y el
ecumenismo: ¿renovación o ruptura?
16. Siete errores sobre el diálogo
ecuménico
17. La doctrina protestante es
insostenible
18. Controversias varias
19. La familia en la Iglesia y en el
mundo de hoy
20. Un diálogo revelador sobre los
dos Sínodos de la Familia
21. Una reflexión postsinodal
22. Cristo es el mismo, ayer, hoy y
siempre
23. ¿Hacia un ecumenismo
moral?
24. ¿Quiénes son hijos
de Dios?
25. El proselitismo de
la Iglesia primitiva
26. Lo que está en juego
en la actual crisis de la Iglesia
27. La “Opción Benito”
Daniel Iglesias Grèzes nació en Montevideo (Uruguay) en 1959. Está
casado y tiene tres hijos. Se graduó como
Ingeniero Industrial (Opción Electrónica) en la Facultad de Ingeniería de la
Universidad de la República en 1985, como Magíster en Ciencias
Religiosas en el Centro Superior Teológico Pastoral en 1996 y como Bachiller en
Teología en el Instituto Teológico del Uruguay “Monseñor Mariano Soler” en
1997. Es socio fundador de la Obra Social Pablo VI y del Centro Cultural
Católico “Fe y Razón”. Fue miembro del Instituto Arquidiocesano de Bioética y
de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, Encargado de Redacción de la
Revista Pastoral Familiar, miembro del IV Sínodo Arquidiocesano de
Montevideo y conductor del programa Verdades de Fe en Radio María
Uruguay. En 1999, junto con el Lic. Néstor Martínez y el Diác. Jorge Novoa, fue
cofundador de Fe y Razón, un sitio web católico de teología y
filosofía. Desde 2006 edita la revista virtual Fe y Razón y desde 2009 edita la Colección de
Libros Fe y Razón. Desde 2010 colabora con el portal InfoCatólica, mediante su blog “Razones para nuestra esperanza”.
Ha publicado diez
libros sobre temas religiosos (los primeros siete en Lulu y los últimos tres en Amazon).
Columna y fundamento
de la verdad está disponible en
dos formatos:
·
como libro impreso, en: https://www.createspace.com/6845222 (precio: US$ 8.00 más envío);
·
como libro electrónico, en: https://www.amazon.com/dp/B01N9QQY2U (precio: US$ 5.00).
Los invitamos a
comprar y leer un ejemplar de este libro, que reúne estudios, reflexiones y
discusiones que el autor ha desarrollado a lo largo de bastantes años de
apostolado como apologista católico en Internet. También les pedimos que, si el
libro les ha gustado, hagan una reseña del mismo en Amazon. Por
último, rogamos a los suscriptores de esta revista que tengan la amabilidad de
difundir este artículo.
Desde ya muchas
gracias a todos. Que Dios los bendiga.
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Libros publicados o recomendados por Fe y Razón
Equipo de
Dirección
Libros de la
Colección “Fe y Razón” disponibles en esta página de Lulu
(en dos versiones:
impresa y electrónica; la versión electrónica es gratis)
1. Miguel Antonio Barriola, “En tu palabra echaré la red” (Lc 5,5).
Reflexiones sobre Dios en la historia
2. Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de
apologética católica
3. Néstor Martínez Valls, Baúl apologético. Selección de trabajos
filosóficos y teológicos publicados en “Fe y Razón”
4. Guzmán Carriquiry Lecour, Realidad y perspectivas del laicado católico
en nuestro tiempo
5. Miguel Antonio Barriola, “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones
sobre la cristología de J. L. Segundo y la eclesiología de H. Küng
6. Horacio Bojorge, Teologías deicidas. El pensamiento de Juan
Luis Segundo en su contexto, Segunda edición
7. Daniel Iglesias Grèzes, En el principio era el Logos. Apologética
católica en diálogo con los no creyentes
8. Daniel Iglesias Grèzes, Vosotros sois la sal de la tierra. El choque
entre la civilización cristiana y la cultura de la muerte
9. Daniel Iglesias Grèzes, Soy amado, luego existo. Reflexiones sobre
el darwinismo, el diseño inteligente y la fe cristiana
10. María Cristina Araújo Azarola, ¡Atrévanse a pensar! Selección de escritos
filosóficos
11. Néstor Martínez Valls, “No sin grave daño”. La necesidad urgente de
la filosofía tomista en la Iglesia y en el mundo
Libros de la Colección “Fe y Razón” disponibles en Amazon (en formato electrónico)
12. José María Iraburu,
Comentarios sobre la Amoris Laetitia
13. Néstor Martínez Valls, Comentarios
sobre la Amoris Laetitia
Libros de Daniel Iglesias
Grèzes disponibles en Amazon
Columna y fundamento de la verdad. Reflexiones
sobre la Iglesia y su situación actual
(impreso)
Columna y fundamento de la verdad.
Reflexiones sobre la Iglesia y su situación actual
(electrónico)
Proclamad la Buena Noticia. Meditaciones
sobre algunos puntos de la doctrina cristiana
(impreso)
Proclamad la Buena Noticia. Meditaciones
sobre algunos puntos de la doctrina cristiana (electrónico)
Libros de Carlos Caso-Rosendi
disponibles en Amazon (en formato
electrónico)
Vademécum
de Apologética Católica: cómo usar la Biblia para defender la fe
Arca
de Gracia: La Virgen María en la Biblia
Ark of Grace: Our Blessed Mother in
Holy Scripture
Arca de Graça: Nossa Senhora nas Sagradas
Escrituras (traducción al portugués de
Carlos Martins Nabeto)
Otros libros recomendados (en
formato electrónico)
José
Alfredo Elía Marcos, ¿Superpoblación? La
conjura contra la vida humana
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Solicitud
de apoyo económico al Centro Cultural Católico “Fe y Razón”
Equipo de
Dirección
Solicitamos vuestro apoyo económico al Centro Cultural Católico “Fe y
Razón” (CCCFR). Nuestro presupuesto anual mínimo es de unos US$ 540: US$ 360
por el servicio de manejo de emails
masivos (en MailChimp) y US$ 180 por
el servicio de web hosting y del
nombre de dominio (en Ipower). En
este momento prevemos que los haberes del CCCFR se agotarán dentro de unos dos
meses, lo que nos obligaría a volver a usar la versión gratuita de MailChimp. Como ésta permite un máximo
de 2.000 suscriptores, en esas condiciones deberíamos eliminar a casi 200
suscriptores para poder seguir operando. Esperamos no tener que hacerlo,
gracias a vuestra generosidad.
A continuación les explicamos
cómo hacer un aporte económico al CCCFR.
Para quienes
residen en Uruguay: Cuenta en Redpagos, n° 44635, a nombre de Fe y Razón.
Para quienes tienen cuenta en PayPal:
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3. Ingrese sus datos:
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b. Importe de la donación (en
dólares estadounidenses).
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Desde ya muchas gracias a quienes contribuyan a
financiar la supervivencia y la eventual ampliación de este apostolado
católico.
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Discurso a los hombres de Acción Católica en el 30°
aniversario de su unión
Domingo, 12 de octubre de 1952
Papa Pío XII
Al contemplar esta magnífica reunión de hombres de Acción Católica, la
primera palabra que viene a nuestros labios es de agradecimiento a Dios por habernos
regalado un espectáculo tan grandioso y devoto; después, de reconocimiento a vosotros,
queridos hijos, por haberlo querido realizar ante nuestra mirada exultante.
Nos sabemos bien cuáles nubes amenazantes se espesan sobre el mundo, y sólo
el Señor Jesús conoce nuestra continua ansiedad por la suerte de una humanidad
de la que Él, Supremo Pastor invisible, quiso que Nos fuésemos visible padre y
maestro. Ella mientras tanto procede por un camino que cada día se manifiesta más
arduo, mientras parecería que los medios portentosos de la ciencia debiesen, no
digamos «cubrirlo de flores», pero al menos disminuir, si no directamente extirpar,
el cúmulo de cardos y de espinas que lo obstruyen.
De vez en cuando sin embargo –para confirmarnos en esta preocupada ansiedad–
Jesús en su bondad quiere que las nubes se rasguen y aparezca triunfante un rayo
de sol; signo de que incluso las nubes más oscuras no destruyen la luz, sino
que solamente esconden su fulgor.
Y he aquí ahora un pacífico ejército de hombres militantes en la Acción
Católica Italiana; cristianos vivos y vivificantes; pan bueno y a la vez preciosísimo
fermento en medio de la masa de los otros hombres; ciento cincuenta mil, la mayor
parte padres de familia, que viven su bautismo y se esfuerzan para hacerlo vivir
a los otros. No sois todos. Cientos de miles de hombres católicos, retenidos por
graves motivos, están aquí presentes con el ardor de su espíritu, de su fe, de
su amor. Hombres maduros y de toda condición: gerentes, profesionales, empleados,
docentes, obreros, trabajadores del campo, militares: todos hermanos en Cristo,
todos unidos como en un solo latido de un solo corazón.
Quisiéramos que también vosotros pudierais admirar la estupenda visión
que se ofrece en este momento a nuestros ojos; anhelaríamos que sintieseis en
lo profundo del alma con cuánto amor Nos quisiéramos –si fuese posible–
descender en medio de vosotros y abrazaros a todos, como si fueseis uno solo.
¡Queridos hijos! Habéis venido a Roma para festejar los treinta años de
vuestra Unión –la primera de las Asociaciones Nacionales de Acción Católica–.
Hace cinco años, los hombres que coincidieron en la Urbe eran setenta mil; hoy
ese número se ha duplicado y es algo más que un símbolo del multiplicado fervor
de vuestra vida cristiana.
En aquel ya lejano septiembre de 1947 Nos bendijimos vuestro estandarte
y le agregamos una medalla de oro. Queremos deciros aquí, en la presencia de
Roma y de Italia, que vosotros habéis correspondido bien a nuestras
expectativas en estos años de luchas agudas por la civilización cristiana e
italiana. Esta medalla está bien allí, sobre vuestra bandera, porque vosotros
habéis estado entre los principales artífices de la resistencia que Italia, para
sí y para el mundo, ha opuesto a las fuerzas del materialismo y de la tiranía.
Hoy a mediodía un nuevo acorde de campanas se ha agregado al anillo
sonoro de todos los bronces sagrados de la Urbe, que saludan a María e invitan
a los fieles a honrarla. En aquella hora vosotros habéis querido hacernos a
Nos, Obispo de Roma, un don particularmente grato. En el corazón de un barrio
densamente poblado de nuestra querida Ciudad, por impulso de vuestro incansable
Asesor Eclesiástico Central, sobre los diseños de un joven arquitecto miembro
de la Acción Católica, ante la admiración de cuantos han podido observar la
complejidad del proyecto y la rapidez de la ejecución, gracias a la habilidad y
a la tenacidad de los trabajadores, vuestra Unión ha hecho surgir, con todos
los edificios y las obras anexas, una iglesia bella y espaciosa, sede de
parroquia, dándole el nombre de San León Magno.
Nos estimamos que no herimos a nadie diciendo que de este Pontífice,
grande entre los grandes, pocos conocen su intrépida actividad por el bien
civil y social de Roma y de Italia, para conservar la pureza de la fe y para
reordenar y reforzar la organización eclesiástica; quizás no muchos recuerdan
que una gran parte de su actividad fue gastada en la lucha contra la herejía
monofisita, que negaba en Cristo dos naturalezas, la humana y la divina,
realmente distintas, sin fusión ni mezcla.
Pero todos saben que, mientas Atila, rey de los hunos, descendía
victorioso en Italia, devastando la Venecia y la Liguria, y se aprestaba a
marchar sobre Roma, el Papa León reanimó al Emperador, al Senado y al pueblo,
todos presas del terror; después partió inerme y fue al encuentro del invasor
sobre el Mincio. Y Atila lo recibió dignamente y se alegró tanto de la
presencia del summus sacerdos, que renunció a toda acción de guerra
y se retiró más allá del Danubio. Este hecho memorable ocurrió en el otoño del
año 452, de donde Nos estamos felices de conmemorar aquí solemnemente con
vosotros el decimoquinto centenario. ¡Queridos hijos, hombres de Acción
Católica! Cuando nos enteramos de que el nuevo templo debía ser dedicado a San
León I, salvador de Roma y de Italia de la avalancha de los bárbaros, nos ha
venido el pensamiento de que quizás vosotros queríais referiros a las
condiciones actuales. Hoy no sólo la Urbe e Italia, sino el mundo entero está
amenazado.
Oh, no nos preguntéis cuál es el “enemigo”, ni cuáles vestimentas usa.
Él se encuentra en todas partes y en medio de todos; sabe ser violento y
furtivo. En estos últimos siglos ha tratado de realizar la disgregación
intelectual, moral y social de la unidad en el organismo misterioso de Cristo. Ha
querido la naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la
autoridad; a veces la autoridad sin la libertad. Es un “enemigo” vuelto cada vez más concreto, con una falta de
escrúpulos que deja todavía atónito: Cristo sí, Iglesia no. Después: Dios sí,
Cristo no. Finalmente el grito impío: Dios ha muerto; más bien: Dios nunca ha
existido. Y he aquí el intento de edificar la estructura del mundo sobre
fundamentos que Nos no dudamos en señalar como principales responsables de la
amenaza que se cierne sobre la humanidad: una economía sin Dios, un derecho sin
Dios, una política sin Dios. El “enemigo” se ha esforzado y se esfuerza para
que Cristo sea un extraño en la Universidad, en la escuela, en la familia, en
la administración de justicia, en la actividad legislativa, en el consenso de
las naciones, allí donde se determina la paz o la guerra. Él está corrompiendo
el mundo con una prensa y con espectáculos que matan el pudor en los jóvenes y
las jóvenes y destruyen el amor entre los esposos; inculca un nacionalismo que
conduce a la guerra.
Vosotros veis, queridos hijos, que no es Atila quien presiona a las
puertas de Roma; vosotros comprendéis que sería vano, hoy, pedir al Papa que se
mueva y vaya a encontrarlo para detenerlo e impedirle sembrar la ruina y la
muerte. El Papa debe, en su puesto, vigilar, orar y prodigarse incesantemente,
a fin de que el lobo no termine de penetrar en el aprisco para secuestrar y
dispersar la grey (cfr. Juan 10,12); también aquellos que comparten
con el Papa la responsabilidad del gobierno de la Iglesia hacen todo lo posible
para responder a la espera de millones de hombres, los cuales –como expusimos
el pasado febrero– invocan un cambio de ruta y miran a la Iglesia como el
válido y único timonel. Pero esto hoy no basta: todos los fieles de buena
voluntad deben conmoverse y sentir su parte de responsabilidad en el éxito de
esta empresa de salvación.
¡Queridos hijos, hombres de Acción Católica! La humanidad actual,
desorientada, perdida, descorazonada, tiene necesidad de luz, de orientación,
de confianza. ¿Vosotros queréis con vuestra colaboración –bajo la guía de la
sagrada Jerarquía– ser los heraldos de esta esperanza y los mensajeros de esta
luz? ¿Queréis ser portadores de seguridad y de paz? ¿Queréis ser el gran y
triunfal rayo de sol que invita a despertar del sueño y a trabajar con fuerza?
¿Queréis convertiros –si a Dios le place así– en animadores de esta multitud
humana, en espera de vanguardias que la precedan?
Entonces es necesario que vuestra acción sea ante todo consciente. El hombre de Acción Católica
no puede ignorar lo que la Iglesia hace y pretende hacer. Él sabe que la
Iglesia quiere la paz; que quiere una más justa distribución de la riqueza; que
quiere levantar la fortuna de los humildes y de los indigentes; sabe que
Cristo, Dios hecho hombre, es el centro de la historia humana; que todas las
cosas han sido hechas en Él y para Él. Él sabe que la Iglesia, cuando augura un
mundo distinto y mejor, piensa en una sociedad que tenga por base y fundamento
a Jesucristo con su doctrina, sus ejemplos y su redención.
En segundo lugar es necesaria que vuestra acción sea iluminadora. En vuestras fábricas, en
vuestras oficinas, en las calles, en los lugares donde obtenéis la sana
recreación o el necesario descanso, os encontraréis casualmente con hombres
“que tienen ojos para ver y no ven” (Ezequiel
12,2). ¡Hoy, por ejemplo, se encuentra pobre gente persuadida de que la
Iglesia, que el Papa, quieren la explotación del pueblo, quieren la miseria,
quieren –parecería inimaginable– la guerra! Los autores y propagadores de estas
horrendas calumnias logran escapar de la justicia de los hombres, pero no
podrán sustraerse al juicio de Dios. ¡“Vendrá un día…”! ¡Señor, perdónalos!
Entretanto sin embargo es necesario aprovechar toda ocasión para abrir los ojos
a esos ciegos, a menudo más víctimas de engaño que culpables.
Además, es necesario que vuestra acción sea vivificante. La Acción Católica no será realmente tal si no actúa
sobre las almas. Las grandes reuniones, los magníficos desfiles y las
manifestaciones públicas son ciertamente útiles. ¡Pero ay con confundir los
instrumentos con los fines para los cuales deben ser utilizados! Si vuestra
acción no llevase la vida del espíritu adonde está la muerte, si no buscase
sanar esa misma vida donde está enferma, si no la fortificase donde está débil,
sería en vano. Sabemos que vuestra Presidencia General ha preparado un programa
de trabajo “capilar”, para volver eficiente la presencia de los católicos
militantes en cada lugar y con todas las personas entre las cuales viven. De
esa “base misionera”, como se ha querido llamarla, sed por lo tanto vosotros
los principales componentes y propulsores.
Vuestra acción sea también unificadora.
Estad unidos entre los miembros de una misma Asociación; unidos entre las
diversas Asociaciones; unidos con las otras “ramas” de la Acción Católica. Pero
estad unidos y haceos promotores de unión también con las otras fuerzas
católicas, que combaten vuestras mismas incruentas batallas y tienden a vencer
en vuestra misma lucha. –¡Queridos hijos! ¿Queréis ser fuertes? ¿Queréis ser,
con la ayuda de Dios, invencibles? Estad prontos para sacrificar al bien supremo
de la unión, no digamos los caprichos –es evidente–, sino también cualquier
idea o programa que pudiese pareceros genial. La unión, sin embargo, no es
uniformidad. Ésta destruiría la variedad de las fuerzas; variedad que no tiene
solamente un valor estético, sino que también acarrea ventajas estratégicas y
tácticas de primerísimo orden.
Vuestra acción sea finalmente obediente. Ninguno más que Nos
desea que el laicado salga de un cierto estado de minoría de edad, hoy más que
nunca inmerecido, en el campo del apostolado. Pero, por otra parte, es evidente
la necesidad de una obediencia pronta y filial, siempre que la Iglesia habla
para instruir las mentes de los fieles y para dirigir su actividad. Ella cuida
bien de no invadir la competencia de la Autoridad civil. Pero cuando se trata
de cuestiones que afectan la religión o la moral es deber de todos los
cristianos, y especialmente de los militantes de Acción Católica, cumplir sus
disposiciones, comprender y seguir sus enseñanzas. Quisiéramos añadir que
también en el seno de la Acción Católica es necesario observar una estricta
disciplina entre los varios grados de las Asociaciones. Cuando de hecho se
tiene en frente a un ejército de férrea organización, ¿a qué peligros se
expondría una milicia desordenada, en la cual cada uno se creyese autorizado a
juzgar y a actuar según su propio arbitrio?
Y ahora, antes de concluir estas palabras nuestras, quisiéramos
confiaros una “consigna”. Vosotros ciertamente recordáis que en el pasado mes
de febrero hemos dirigido a los fieles de Roma una cálida exhortación, a fin de
que el rostro incluso externo de la Urbe aparezca brillante de santidad y de
belleza. Debemos decir que clero y pueblo están trabajando ardientemente para
que no resulten vanas nuestras esperanzas y no sea frustrada nuestra confianza.
Pero Nos hemos expresado al mismo tiempo el augurio de que el potente
despertar, al que hemos exhortado a Roma, sea “pronto imitado por las diócesis
cercanas y lejanas, a fin de que a nuestros ojos sea concedido ver volver a
Cristo no solamente las ciudades, sino las naciones, los continentes, la
humanidad entera”. Para este que podríamos llamar “segundo tiempo” Nos contamos
con los hombres de Acción Católica, con toda la Acción Católica.
Entonces, mientras los impíos siguen difundiendo los gérmenes del odio,
mientras gritan aún: “No queremos que Jesús reine sobre nosotros”: «nolumus
hunc regnare super nos» (Lucas 19,15), otro canto se elevará, un
canto de amor y de liberación, que exhala firmeza y coraje. Él se elevará en
los campos y en las oficinas, en las casas y en las calles, en los parlamentos
y en los tribunales, en las familias y en la escuela.
¡Queridos hijos, hombres de Acción Católica! Dentro de algunos instantes
Nos impartiremos con toda la efusión de nuestro corazón paterno la Bendición
Apostólica a vosotros, a vuestros seres queridos, a vuestras obras, a vuestras
Asociaciones. Después retomaréis vuestro camino, volveréis a vuestros hogares,
reencontraréis vuestro trabajo. Llevad a todas partes vuestra acción
iluminadora y vivificante. Y sea vuestro canto un canto de certeza y de
victoria.
Christus vincit! Christus
regnat! Christus imperat! [¡Cristo vence! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera!]
(La traducción del italiano es de Daniel Iglesias Grèzes).
Nota de Fe y Razón: Hemos destacado con letra
negrita unas palabras de Pío XII que iluminan un notable significado histórico
de este Año del Señor 2017, en el que coinciden tres aniversarios cruciales:
los 500 años del inicio de la Reforma protestante (“Cristo sí, Iglesia no”),
los 300 años de la fundación de la Masonería moderna (“Dios sí, Cristo no”) y
los 100 años de la Revolución comunista en Rusia (“Dios ha muerto o, mejor
dicho, nunca ha existido”).
Vuelve a la Tabla de Contenidos
Vladimir Soloviev
No
fue en cuanto apóstol que Simón debió cambiar de nombre. Este cambio,
anticipadamente anunciado, no tuvo lugar cuando la elección y misión solemne de
los doce. Éstos, con la sola exclusión de Simón, conservaron sus nombres
propios en el apostolado; ninguno de ellos recibió del Señor un apelativo nuevo
y permanente de significado general y superior. (No hablo aquí de los
sobrenombres o epítetos accidentales y pasajeros, como el de Boanergues dado
a Juan y Santiago).
Fuera
de Simón, los apóstoles sólo se distinguen entre sí por sus caracteres naturales,
así como por las diferencias o matices de sentimiento personal que
su Maestro podía tener a su respecto. Por el contrario, el nombre nuevo y
significativo que solamente Simón recibe aparte del apostolado común, no denota
ni rasgo alguno de su carácter natural ni personal afecto del Señor hacia él, y
depende únicamente del papel particularísimo que el hijo de Jona está llamado a
desempeñar en la Iglesia de Cristo. No le ha sido dicho: Tú eres Pedro
porque te prefiero a los otros ni porque tengas, naturalmente, firmeza de
carácter (cosa que, por lo demás, no sería enteramente conforme a la verdad),
sino: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
La
profesión de Pedro, que por espontánea e infalible adhesión unía la Humanidad a
Cristo y fundaba la Iglesia libre del Nuevo Testamento, no era una simple
manifestación de su carácter habitual, y por esto no podía ser tampoco un
accidental y pasajero impulso de su alma. ¿Puede acaso admitirse que por un
impulso así, por un momento de entusiasmo, no solamente se cambiara el nombre a
Simón como otrora a Abraham y a Jacob, sino que este cambio hubiera sido
predicho mucho tiempo antes como destinado a ocurrir infaliblemente, dándosele
así lugar determinado en los planes del Señor? Y ¿qué cosa más grave hay en la
obra mesiánica que la fundación de la Iglesia Universal, expresamente vinculada
a Simón transformado en Pedro?
La
suposición de que el primer decreto dogmático de San Pedro emanara sólo de su
pura personalidad humana y privada queda destruida, por lo demás, con el
testimonio directo y explícito de Cristo: No te lo reveló carne ni sangre,
sino mi Padre, que está en los cielos.
Esta
profesión de Pedro era, pues, un acto sui generis, un acto por el cual
el ser moral del apóstol entró en relación especial con la Divinidad. Y gracias
a esta relación la palabra humana pudo manifestar infaliblemente la verdad
absoluta del Verbo y crear la base inconmovible de la Iglesia Universal. Y,
como para quitar todo género de duda al respecto, el relato inspirado del
Evangelio no tarda en mostrarnos al mismo Simón, poco antes proclamado por
Jesús Piedra de la Iglesia y portero del reino de los cielos, abandonado en
seguida a sus propias fuerzas y hablando (sin duda con las mejores intenciones
del mundo, pero sin asistencia divina) en el espíritu de su persona natural y
privada. “Después de esto comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que
convenía ir Él a Jerusalén y padecer muchas cosas de los ancianos y de los
escribas y de los príncipes de los sacerdotes, y ser muerto, y resucitar al
tercer día. Y tomándolo Pedro aparte, comenzó a increparlo diciendo: Lejos
esto de ti, Señor; no será esto contigo. Y vuelto hacia Pedro le dijo: Quítateme
de delante, Satanás; estorbo me eres; porque no entiendes las cosas que son de
Dios, sino las de los hombres” (Ev. según S. Mat. XVI, 21-23).
¿Iremos,
como nuestros polemistas greco-rusos, a oponer este texto al precedente para
destruir las palabras de Cristo unas con otras? ¿Puede creerse que la Verdad
encarnada cambiara tan pronto de opinión y suprimiera de golpe todo cuanto
acababa apenas de enunciar? ¿Cómo, por otra parte, conciliar el
“Bienaventurado” y el “Satanás”? ¿Cómo admitir que la “piedra de escándalo”
sea, para el Señor mismo, la piedra de su Iglesia, a la que las puertas del
infierno no podrán conmover, que aquel que sólo piensa cosas humanas reciba las
revelaciones del Padre celestial y obtenga las llaves del Reino de Dios?
No
hay más que una manera de acordar textos que el evangelista inspirado no ha
yuxtapuesto sin razón. Simón Pedro, como Pastor y Doctor supremo de la Iglesia
Universal, a quien Dios asiste y que habla por todos, es el testigo fiel y el
explicador infalible de la verdad divino-humana. En esta calidad es la base
inmoble de la casa de Dios y el llavero del Reino celestial. El mismo Simón
Pedro, como persona privada que habla y obra por sus fuerzas naturales y por su
entendimiento puramente humano, puede decir y hacer cosas indignas y hasta
satánicas. Pero los defectos y pecados personales son transitorios al paso que
la función social del monarca eclesiástico es permanente. “Satanás” y el
“escándalo” han pasado, pero Pedro ha quedado.
(Vladimiro
Solovief, Rusia y la Iglesia Universal,
Ediciones y Publicaciones Españolas S.A., Madrid 1946, Libro 2°, Capítulo 3°;
pp. 203-206).
El elogiado P. Bernhard Häring, moralista anómico
José María Iraburu, sacerdote
-El Padre Häring, sí… el moralista del Alfonsianum.
-Cognitio rerum per causas. Para entender la confusión actual es
necesario conocer su origen.
Con este artículo voy a complementar otro recientemente publicado en su
blog por Alonso Gracián, (156) Inconveniencias eclesiales, X: Amoris Lætitia
y la teología del legalismo de Bernhard Häring. En él cita unas palabras del papa Francisco en la Congregación General XXXVI de los
jesuitas: «Creo que
Bernard Häring fue el primero que empezó a buscar un nuevo camino para
hacer reflorecer la teología moral». La afirmación es desconcertante, si
tenemos en cuenta que Häring fue el máximo impugnador, quizá, de la moral
enseñada por el Beato Pablo VI (Humanæ Vitæ) y por San Juan Pablo II (Veritatis
Splendor)… ¿Cómo puede entenderse?… Vayamos por partes.
–La aversión de Lutero a la ley, y concretamente a las normas morales, suele
ser el trasfondo de todas las morales modernas afectadas de «anomia» (DRAE:
«anomia»: del griego a-nomos,
sin ley. «Anómico»: relativo
a la anomia). Lutero, contraponiendo la Ley y la Gracia, considera nefasta
la moral que pretende la justificación por el cumplimiento de los mandamientos –«esto
está mandado», «esto está prohibido»–. El mundo de la Iglesia es puramente
gracia, y todo empeño por obedecer los mandamientos de Dios y de la Iglesia
implica –judaización del cristianismo, –voluntarismo pelagiano, –soberbia
humana, –rigorismo inmisericorde, –frustración y angustia, –falsificación del
Evangelio de la misericordia divina, ilimitada, gratuita e incondicional, que
ha sido plenamente manifestada y comunicada en Cristo. «La ley trae consigo la
ira» de Dios (Romanos 4,15); «por la ley se hizo más abundante el pecado»
(5,20)…
Cito algunas frases de Lutero en la Controversia de Heidelberg (1518),
donde expone su pensamiento en 28 proposiciones. –(1) «La ley de Dios, que es
la doctrina saludable de vida por excelencia, es incapaz de conducir al hombre
a la justicia: más bien constituye un estorbo» [por ejemplo, lo que Dios ha
unido no lo separe el hombre; no cometerás adulterio]. –(12) «Ante Dios los
pecados son realmente veniales cuando los hombres temen que sean mortales…
porque cuanto más nos acusemos nosotros mismos, tanto más nos disculpará Dios».
–(13) «El libre albedrío, después de la caída, no es más que un simple nombre,
y peca mortalmente en tanto en cuanto hace lo que de él depende». –(16) «El
hombre que piensa poseer la voluntad de lograr la gracia a base de hacer lo que
de él depende [cumplir los mandamientos de Dios], añade al pecado otro pecado y
se hace doblemente reo». –(23) «La ley provoca la cólera de Dios, mata,
maldice, hace pecadores, juzga y condena todo lo que no está en Cristo». –(25)
«No es justo quien obra muchas cosas, sino el que, sin obras, cree mucho en
Cristo». –(26) «La ley dice “haz esto”, y eso jamás se hace; la gracia dice,
“cree en éste”, y todo está ya realizado».
La anomia de Lutero se introduce en amplios
ambientes de la Iglesia a partir del modernismo –versión católica del
protestantismo liberal–, y se difunde más ampliamente en los últimos 50
años. «Cristo nos redimió de la maldición de
la ley» (Gálatas 3,13). Según la moral anómica, los mandamientos de Dios y de
la Iglesia, aunque propongan o prohíban sub gravi una cierta
conducta, no son preceptos que exijan obediencia, sino inspiraciones que
impulsan hacia un ideal.
La moral anómica, por ejemplo, aunque reconoce la prohibición del
adulterio, enseñada en el Decálogo y reiterada por Cristo, admite que, en
ciertos casos y situaciones, se pueda permanecer fielmente en un segundo
«matrimonio» [sic], fracasado el primero, manteniéndose los «cónyuges» [sic]
en la gracia de Dios. O por ejemplo: el precepto de la Misa dominical,
establecido como obligación grave por la Iglesia, no es tanto un mandamiento
que exija obediencia, sino más bien un consejo que impulsa a un ideal. Esa
moral no entiende que siempre que el Señor nos da un mandato, nos promete
dar su gracia para poder cumplirlo.
En otras palabras. Entiende que la gracia nos la da el Señor no
tanto para cumplir los mandamientos, sino para creer en Cristo Salvador, y
hallar en Él la salvación. «El justo vive de la fe» (Romanos 1,17), y no del
servil cumplimiento de mandatos y normas morales.
En lo que sigue vuelvo a considerar estas cuestiones, pero lo haré
centrando mi estudio especialmente en un caso concreto: la teología moral
anómica, adversaria de la encíclica Humanæ Vitæ. Y también de la Veritatis
Splendor.
–1954. El P. Bernhard Häring, redentorista alemán
(1912-1998), en sus comienzos académicos, ya contrapone Ley
y Gracia cuando enseña «la esencia de la “nueva ley”» moral
católica (La Ley de Cristo, original en alemán, 1954; Barcelona, Herder
1965, 4ª ed., vol. I, pgs. 293-301). Afirma todavía, sin embargo,
algunas doctrinas católicas, por ejemplo, la grave maldad de la anticoncepción.
Sigue, pues, por ejemplo, en esta cuestión, la doctrina siempre enseñada por
los moralistas católicos y también por los protestantes, y dice que el uso
de preservativos «profana las relaciones conyugales»… «Sería absurdo
pretender que tal proceder se justifica como fomento del mutuo amor. Según San
Agustín, no hay allí amor conyugal, puesto que la mujer queda envilecida a la
condición de una prostituta» (II, 318). Por el contrario, «la continencia
periódica respeta la naturaleza del acto conyugal y se diferencia
esencialmente del uso antinatural del matrimonio» (316).
–1930. Fue la Conferencia Anglicana de Lambeth la que introdujo en el mundo cristiano la
aceptación de la anticoncepción, en ciertas situaciones, se entiende.
El cambio es logrado por una minoría muy activa, liderada por el portavoz de la
Comunión anglicana en Londres, Reverendo William R. Inge, miembro de la Sociedad
de Eugenesia inglesa. Desde entonces, gran parte de las comunidades
protestantes «liberales» hacen suyo el cambio doctrinal, presionadas hábilmente
por este lobby progresista. Y en los años del Vaticano II, no pocos
teólogos católicos difundieron ampliamente la expectativa de que pronto se
cambiaría la doctrina de la Iglesia en esta cuestión, aceptando la
anticoncepción en ciertos casos y situaciones.
–1968. Pablo VI, en la encíclica Humanæ Vitæ, enseña como
«doctrina de la Iglesia» que la anticoncepción es intrínseca y gravemente
pecaminosa, reafirmando la doctrina católica constante y universal.
«La Iglesia, al exigir que los hombres observen las normas de la
ley natural [creadas por Dios], interpretadas por su constante
doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial (quilibet matrimonii usus)
debe quedar abierto a la transmisión de la vida» (11). Usar medios
anticonceptivos físicos o químicos «es contradecir la naturaleza del hombre y
de la mujer, y sus más íntimas relaciones, y por lo mismo es contradecir
también el plan de Dios y su voluntad» (13). «Es por tanto un error pensar que
un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por eso intrínsecamente deshonesto,
pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda» (14).
La encíclica fue pésimamente resistida en muchos
ambientes de la Iglesia, incluso por algunas
Conferencias episcopales. Curiosamente los Obispos y teólogos que con más dureza
combatieron la encíclica Humanæ Vitæ –los que sobreviven o
los que actualmente los siguen– confiesan hoy piadosamente que la exhortación
apostólica Amoris Lætitia requiere absolutamente la
aceptación de todos los fieles cristianos, por ser ciertamente, como Magisterio
apostólico, «obra del Espíritu Santo»… ¿Y la Humanæ Vitæ?
–1968. El P. Bernhard Häring, que ha ido acentuando
más y más su alergia anómica, enseña ahora que la anticoncepción es lícita en
ciertos casos y situaciones, y combate con
tremenda dureza la enseñanza de la Humanæ Vitæ. Mes y
medio después de la publicación de la encíclica hace un llamamiento urgente y
universal a resistirla. Hereda, pues, ya la anomia de Lutero, su compatriota.
«Si el Papa merece admiración por su valentía en seguir su conciencia y
tomar una decisión totalmente impopular, todo hombre o mujer responsable debe
mostrar una sinceridad y una valentía de conciencia similares… El tono de la
encíclica deja muy pocas esperanzas de que [un cambio doctrinal] suceda en vida
del Papa Paulo… a menos que la reacción de toda la Iglesia le haga darse cuenta
de que ha elegido equivocadamente a sus consultores y que los
argumentos recomendados por ellos como sumamente apropiados para la
mentalidad moderna [alude a HV 12] son simplemente
inaceptables… Lo que se necesita ahora en la Iglesia es que todos
hablen sin ambages, con toda franqueza, contra esas fuerzas reaccionarias»
(La crisis de la encíclica. Oponerse puede y debe ser un servicio de amor
hacia el Papa, en: Common Weal 88, nº 20, 6-IX-1968; artículo
reproducido en muchas revistas católicas, como la de los jesuitas de Chile, Mensaje 173, X-1968, 477-488).
–1989. Años más tarde, persistiendo en su combate contra la encíclica, el P.
Häring exige que la doctrina católica sobre la anticoncepción se
ponga a consulta en la Iglesia, pues acerca de la misma «se encuentran
en los polos opuestos dos modelos de pensamiento fundamentalmente diversos» (Ecclesia 1989, 440-443). Efectivamente,
obediencia a la norma moral, viendo en ella la voluntad de Dios, y moral
anómica, que por el discernimiento hace prevalecer en ciertos casos la
conciencia creativa, son inconciliables entre sí.
–1993. Y aún tuvo ánimo el P. Häring, en edad avanzada, para arremeter con
todas sus fuerzas contra la encíclica Veritatis Splendor (1993),
especialmente en lo que ésta se refiere a la regulación de la natalidad: «no
hay nada […] que pueda hacer pensar que se ha dejado a Pedro la misión de
instruir a sus hermanos a propósito de una norma absoluta que prohíbe en todo
caso cualquier tipo de contracepción» (The
Tablet, 23-X-1993). Por lo demás, es lógica la total aversión de Häring a
la Veritatis Splendor, pues gran parte de los errores morales que
ella denuncia y refuta lo afectan a él.
La Academia Alfonsiana dedica en su web a Bernhard Häring un memorial
honorífico, en el que nos informa que a este profesor de moral «le
llovieron honores y premios» de todas partes, y que «es considerado por muchos
como el mayor teólogo moralista católico del siglo XX».
–La coalición contra la Humanæ Vitæ invade en seguida gran
parte de las cátedras y publicaciones católicas. Una declaración, por
ejemplo, de la Universidad Católica de Washington,
encabezada por el P. Charles Curran (1934-), y apoyada por
unos doscientos «teólogos», rechaza públicamente la doctrina de la encíclica
contraria a la anticoncepción (Informations
Catholiques Internationales, n. 317-318, 1968, suppl. p. XIV).
El P. Marciano Vidal (1937-), también redentorista, difunde la moral anómica del P. Häring en
sus muy numerosas obras, concretamente en la principal de ellas, la Moral
de actitudes, publicada en tres tomos a partir de 1974. Durante varios
decenios fue la obra de teología moral más estudiada en facultades y seminarios
de habla hispana; pero también fue traducida a un gran número de lenguas,
incluso al coreano. Una edición italiana de 1994ss, por ejemplo, traduce
la 8ª edición española.
La Congregación para la Doctrina de la Fe publica en el año 2001 –¡por
fin: en el año 2001!– una Notificación reprobatoria de la Moral
de actitudes, firmada por el cardenal Ratzinger. En ella se
señala minuciosamente un gran número de errores y de ambigüedades: «estos
juicios morales no son compatibles con la doctrina católica». Uno de ellos es
la anomia: «En el plano práctico, no se acepta la doctrina
tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y sobre el valor absoluto
de las normas que prohíben esas acciones».
El Cardenal Carlo Martini (1927-2012) propugna también la moral anómica,
rechazando no pocas normas morales enseñadas por el Magisterio apostólico,
sobre todo las relativas a la sexualidad. En el libro Coloquios
nocturnos en Jerusalén (San Pablo, Madrid 2008) refiere que con otros
cardenales había hablado acerca de «las cuestiones a las que tendría que
enfrentarse el nuevo Papa y a las que tiene que dar nuevas
respuestas [es decir distintas, contrarias a las vigentes]. Según mi
opinión, entre ellas está la relación con la sexualidad y la comunión para los
divorciados que han vuelto a contraer matrimonio» (pg. 68). Ataca el
Cardenal en la obra con gran dureza la enseñanza de la Humanæ Vitæ (cp.
V, Aprender a amar, pgs. 139-156). «Debo admitir que la encíclica
ha suscitado un desarrollo negativo. Muchas personas se han alejado de la
Iglesia, y la Iglesia se ha alejado de los hombres. Se ha producido un gran
perjuicio (…) Buscamos un camino para hablar con solidez acerca del matrimonio,
del control de la natalidad, de la fecundación artificial y de la
anticoncepción» (pgs. 141-142). Son palabras del que fue rector de la
Universidad Gregoriana, arzobispo de Milán y miembro distinguido del grupo
cardenalicio de Saint Gall.
–La anticoncepción «sigue» y «prosigue» (ver textos aquí y aquí). «Gracias» especialmente
a la enseñanza anti-católica de la anomia, encabezada por autores como el P.
Häring o el P. Marciano Vidal, se ha generalizado la anticoncepción en la
mayoría de los matrimonios católicos. Actualmente es rara la predicación que la
reprueba, tanto en homilías como en cursillos pre-matrimoniales. Tampoco hoy la
Humanæ Vitæ suele ser impugnada polémicamente, sino simplemente de
hecho, en forma de silencio sistemático. Resistiendo así la doctrina de la
Iglesia, se ha legitimado de hecho la anticoncepción, que viene a ser
considerada un logro de los medios anticonceptivos modernos, del que los
matrimonios católicos no tienen por qué privarse.
La enseñanza falsa de los moralistas anómicos ha difundido la peste de
la anticoncepción entre los matrimonios cristianos, falsificando la unión
conyugal, enfermándolos gravemente y, a veces, quebrándolos. Otra es la
doctrina verdadera y grandiosa de la Iglesia: «Hay actos que por sí y en sí
mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre
gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo… la anticoncepción (Catecismo de la Iglesia Católica 2370)… Son,
pues, actos intrínsecamente malos, siempre y por sí mismos» (San
Juan Pablo II, Veritatis Splendor 80).
–La moral anómica ha prevalecido en no pocas Iglesias locales.
Según ella, los mandamientos de Dios y de la Iglesia, aun aquellos que se han
dado sub gravi en forma absoluta –sobre la anticoncepción, el
divorcio y el adulterio, o sobre cualquier otra grave cuestión moral–, no siempre
obligan a la obediencia. No son propiamente preceptos que obliguen en
conciencia, sino más bien inspiraciones que señalan un ideal.
Pueden darse, por tanto, situaciones –que habrá que discernir «caso
por caso»– en los que un incumplimiento consciente, libre y estable de graves
mandamientos de Dios o de la Iglesia sea compatible con un estado personal de
gracia, que permite el pleno acceso a los sacramentos de la Penitencia y de la
Eucaristía.
La anomia moral ha «silenciado» así la palabra de Cristo: «si me amáis,
guardaréis mis mandamientos» (Juan 14,15); y «vosotros seréis mis amigos si
hacéis lo que yo os mando» (15,14). Queda también descolocada la enseñanza del
apóstol y evangelista Juan: «conocemos que amamos a los hijos de Dios en que
amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos» (1 Juan 5,2).
–La moral anómica es causa principal de la ruina de muchas Iglesias
locales. Donde llega a prevalecer, muchos graves pecados «dejan de ser
pecado», quedan descatalogados en la práctica. Lo explico en (326) Catálogo de pecados descatalogados. Cuando el cristiano anómico niega que debe
conformar en conciencia su mente y su vida a las leyes de Dios y de la Iglesia
porque, según le han enseñado, éstas nunca exigen su obediencia –son únicamente
inspiraciones que señalan un ideal–, puede llegar a cometer graves pecados
habitualmente sin sentirse culpable, sino en gracia de Dios. Pongo tres
ejemplos. Sólo tres, pero que son suficientes para derribar una Iglesia en
pocos años.
1. El precepto de la Misa dominical está claramente
formulado por la Iglesia (Código de Derecho Canónico, cánones
1246-1248); pero la moral anómica, allí donde prevalece, consigue que
innumerables bautizados lo quebranten sin mayor reproche de sus conciencias.
2. La Iglesia prohíbe a los casados la anticoncepción; pero
la moral anómica, allí donde prevalece, consigue que innumerables matrimonios
quebranten esa norma sin mayor reproche de sus conciencias.
3. Los Obispos «deben» castigar a quienes
difunden herejías, según lo manda la Iglesia (canon 1371); pero la moral
anómica, allí donde prevalece, consigue que innumerables Obispos quebranten esa
norma sin mayor reproche de sus conciencias.
Et sic de cæteris. Los pecados que de hecho son descatalogados por la
anomia, a diferencia de los demás pecados, no son combatidos ni por el pecador
ni por la Iglesia local. Lo que les permite perdurar indefinidamente con toda
paz. Algunos de ellos, como el tercer ejemplo, consiguen incluso que el pecado
venga a ser considerado como una virtud.
–La moral anómica consigue, allí donde prevalece, que los
cristianos que reconocen el deber moral de obedecer, con el auxilio de la
gracia, las normas morales de Dios y de su Iglesia sean considerados
legalistas, fariseos, duros de corazón, necesariamente hipócritas, ajenos a la
realidad social y eclesial, rígidos, psicológicamente frustrados, rigoristas
crueles con sus hermanos, tristes esclavos de leyes y normas, incapaces de
discernir más allá de «lo blanco o lo negro» («esto ha de hacerse y eso otro
está prohibido»), etc. Gente impresentable.
«Ven, Señor Jesús». «Venga a nosotros tu Reino».
Post post. En anteriores artículos expuse en forma positiva la
admirable unidad que hay en la Iglesia entre ley y gracia, concretamente en la
serie (80-94) La ley de Cristo, reprobando al mismo tiempo la moral anómica. Más recientemente he vuelto
sobre el tema con ocasión de los últimos Sínodos y de la Amoris
Lætitia: –(343) Sínodo: los que aman a Dios son los que cumplen sus mandatos. –(375) Amoris Lætitia -3. Verificación de un principio de moral
fundamental: hay mandamientos que,
en contra de lo enseñado por el situacionismo, han de aplicarse a todos los
casos particulares. –(377) AL -5. Imputación, conciencia y normas morales. –(378-379) AL -6 y -7. Norma moral,
discernimiento y conciencia. Aquí y aquí.
Fuente: http://infocatolica.com/blog/reforma.php/1612051229-409-el-elogiado-p-bernhard-ha
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Lic. Néstor Martínez Valls
En una reciente edición de Aciprensa se transcriben las siguientes expresiones
del Papa Francisco: “‘¿Por qué sufren los niños?’, volvió a
insistir Francisco. ‘Es una de las preguntas abiertas de nuestra existencia. No
lo sabemos. ¿Es Dios injusto? Sí, fue injusto con su Hijo. Lo mandó a
la cruz. Pero es nuestra existencia humana, es nuestra carne la que sufre
en esos niños. Y cuando se sufre, no se habla: se llora y se reza en silencio’.”
El video aquí (a partir del minuto 29:27). Como muestra el
video, el Papa intercala una frase, no transcrita por Aciprensa, que no
permite adjudicarle sin más la afirmación de injusticia en Dios, si
bien el sentido global no queda, en definitiva, claro: “¿Es Dios injusto? Sí, fue injusto con su
Hijo. Lo mandó a la cruz. Si seguimos esa lógica, debemos decir eso.
Pero es nuestra existencia humana…”, etc.
Sin entrar en el sentido que haya querido darles su
autor, las palabras que aquí se transcriben, tal
como suenan según el entendimiento común de las
mismas, son blasfemas y contrarias a la fe católica, es decir, nos
referimos a la afirmación de que Dios es injusto, y que fue
injusto al enviar a su Hijo a la muerte en Cruz.
Sí se dice la verdad en cuanto a que Dios envió (“mandó”)
a su Hijo a la muerte en la cruz en vez de simplemente “permitirla”. Dice
el Catecismo de la Iglesia Católica: “599. La muerte violenta de Jesús no fue
fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios,
como lo explica San Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de
Pentecostés: ‘Fue entregado según
el determinado designio y previo conocimiento de Dios’ (Hch 2,23). Este lenguaje bíblico
no significa que los que han ‘entregado a Jesús’ (Hch 3,13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama
escrito de antemano por Dios.
600. Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su
actualidad. Por tanto establece su designio eterno de ‘predestinación’
incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: ‘Sí,
verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que
Tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos
de Israel (cf. Sal 2,1-2),
de tal suerte que ellos han
cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado’ (Hch 4,27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de
su ceguera (cf. Mt 26,54;
Jn 18,36; 19,11) para
realizar su designio de salvación (cf. Hch 3,17-18).”
En efecto, Dios permite el pecado de los que matan a
Jesús, pero quiere, y no solamente permite, la muerte de Jesús en
la cruz en tanto que acto de Jesús, ofrenda que el
mismo Hijo de Dios hace de su propia vida, por la salvación del mundo.
Sigue el Catecismo: “601. Este designio divino de salvación a través de la
muerte del ‘Siervo, el Justo’ (Is 53,11;
cf. Hch 3,14) había sido
anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es
decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado
(cf. Is 53,11-12; Jn 8,34-36). San Pablo profesa
en una confesión de fe que dice haber ‘recibido’ (1 Co 15,3) que ‘Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras’ (ibíd.; cf. también Hch 3,18; 7,52; 13,29;
26,22-23). La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del
Siervo doliente (cf. Is 53,7-8
y Hch 8,32-35). Jesús
mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo
doliente (cf. Mt 20,28).
Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los
discípulos de Emaús (cf. Lc 24,25-27),
luego a los propios apóstoles (cf. Lc 24,44-45).”
Y también: “606. El Hijo de Dios ‘bajado del cielo no para hacer su
voluntad sino la del Padre que lo ha enviado’ (Jn 6,38), ‘al entrar en este mundo, dice: […] He aquí que
vengo […] para hacer, oh Dios, tu voluntad […] En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de
una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo’ (Hb 10,5-10). Desde el primer
instante de su Encarnación el Hijo acepta
el designio divino de salvación en su misión redentora: ‘Mi
alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra’ (Jn 4,34). El sacrificio de Jesús
‘por los pecados del mundo entero’ (1
Jn 2,2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: ‘El
Padre me ama porque doy mi vida’ (Jn 10,17).
‘El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado’ (Jn 14,31).”
Así lo dice el Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su único
Hijo, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn
3,16), y también: “Nadie me quita la
vida, yo la doy de mí mismo.
Tengo poder para darla y poder para volverla a tomar. Tal es el mandato que he recibido de mi Padre”
(Jn 10,18) Y también: “Aparta de
mí este cáliz, pero no se haga mi
voluntad, sino la tuya (…) si no puede pasar este cáliz sin que yo
lo beba, hágase tu Voluntad”
(Mt 26,39-42). Y también: “Todo está cumplido” (Jn 20,30).
Es claro que Nuestro Señor, al decir esas cosas, no estaba
pensando que el Padre era injusto al darle ese mandato. Pensar o
sostener lo contrario sería la más horrenda de las blasfemias.
Véase también este pasaje de la Encíclica Dives in Misericordia de San Juan Pablo II, n. 7: “Cristo,
en cuanto hombre que sufre realmente y de modo terrible en el Huerto de los
Olivos y en el Calvario, se dirige al Padre, a aquel Padre cuyo amor ha
predicado a los hombres, cuya misericordia ha testimoniado con todas sus obras.
Pero no le es ahorrado –precisamente
a Él– el tremendo sufrimiento de la muerte en cruz: «a quien no conoció el pecado,
Dios lo hizo pecado por nosotros», escribía San Pablo,
resumiendo en pocas palabras toda la profundidad del misterio de la cruz y a la
vez la dimensión divina de la realidad de la redención. Justamente esta
redención es la revelación última
y definitiva de la santidad de Dios, que es la plenitud absoluta de
la perfección: plenitud de la
justicia y del amor, ya que la justicia se funda sobre el amor,
mana de él y tiende hacia él. En
la pasión y muerte de Cristo –en el hecho de que el Padre no perdonó la vida a
su Hijo, sino que lo «hizo pecado por nosotros»– se expresa la justicia
absoluta, porque Cristo sufre la pasión y la cruz a causa de los
pecados de la humanidad. Esto es incluso una «sobreabundancia» de la justicia, ya que los pecados del
hombre son «compensados» por el sacrificio del Hombre-Dios. Sin embargo, tal justicia, que es propiamente justicia «a
medida» de Dios, nace toda ella del amor: del amor del Padre y del Hijo, y
fructifica toda ella en el amor. Precisamente por esto la justicia divina, revelada en la cruz de
Cristo, es «a medida» de Dios, porque nace del amor y se completa en el amor,
generando frutos de salvación. La dimensión divina de la
redención no se actúa solamente haciendo justicia del pecado, sino
restituyendo al amor su fuerza creadora en el interior del hombre, gracias a la
cual él tiene acceso de nuevo a la plenitud de vida y de santidad, que viene de
Dios. De este modo la redención comporta la revelación de la misericordia en su plenitud.”
En cuanto a la afirmación general de que Dios es injusto, es
ante todo absurda ante la misma razón. Dios es el Sumo Bien y la Fuente
de toda justicia. No hay ninguna ley moral ni del tipo que sea que
esté por encima de Dios, a la cual Él pueda ajustarse o no, y frente al
cual pueda ser eventualmente injusto. Decir que Dios es injusto es
como decir que la luz oscurece o que el agua seca, o que
el ser impide la existencia.
Pero esa afirmación es también, obviamente, contraria a la fe,
y ante todo, a la Sagrada Escritura:
Éxodo
9:27 -Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He
pecado esta vez; Yahveh es JUSTO, y yo y mi pueblo impíos.
Deuteronomio 32:4 -Él es la Roca, cuya obra es perfecta,
porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad
en Él; es JUSTO y recto.
2
Crónicas 12:6 -Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron,
y dijeron: JUSTO es Yahveh.
Esdras
9:15 -Oh Yahveh Dios de Israel, Tú eres JUSTO, puesto que
hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí
delante de Ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a
causa de esto.
Nehemías
9:8 -y hallaste fiel su corazón delante de Ti, e hiciste pacto con él para
darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y
del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque
eres JUSTO.
Nehemías
9:33 -Pero Tú eres JUSTO en todo lo que ha venido sobre
nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo.
Job
4:17 -¿Será el hombre más JUSTO que Dios? ¿Será el varón más limpio
que el que lo hizo?
Job
35:2 -¿Piensas que es cosa recta lo que has dicho: Más JUSTO soy
yo que Dios?
Salmos
7:9 -Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece Tú al justo;
Porque el Dios JUSTO prueba la mente y el corazón.
Salmos
7:11 -Dios es juez JUSTO, y Dios está airado contra el impío
todos los días.
Salmos
11:7 -Porque Yahveh es JUSTO, y ama la justicia. El hombre recto
mirará su rostro.
Salmos
19:9 -El temor de Yahveh es limpio, que permanece para siempre. Los juicios
de Yahveh son verdad, todos JUSTOS.
Salmos
51:4 -Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus
ojos; para que seas reconocido JUSTO en tu palabra, y tenido por puro en
tu juicio.
Salmos
116:5 -Clemente es Yahveh, y JUSTO; sí, misericordioso es nuestro
Dios.
Salmos
119:7 -Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus JUSTOS juicios.
Salmos
119:62 -A medianoche me levanto para alabarte por tus JUSTOS juicios.
Salmos
119:75 -Conozco, oh Yahveh, que tus juicios son JUSTOS, y que conforme
a tu fidelidad me afligiste.
Salmos
119:106 -Juré y ratifiqué que guardaré tus JUSTOS juicios.
Salmos
119:137 -JUSTO eres Tú, oh Yahveh, y rectos tus juicios.
Salmos
119:164 -Siete veces al día te alabo a causa de tus JUSTOS juicios.
Salmos
129:4 -Yahveh es JUSTO; cortó las coyundas de los impíos.
Salmos
145:17 -JUSTO es Yahveh en todos sus caminos, y misericordioso en
todas sus obras.
Isaías
30:18 -Por tanto, Yahveh esperará para tener piedad de vosotros y, por tanto,
será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Yahveh es Dios JUSTO;
bienaventurados todos los que confían en Él.
Isaías
45:21 -Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién
hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino Yo
Yahveh? Y no hay más Dios que Yo; Dios JUSTO y Salvador;
ningún otro fuera de Mí.
Jeremías
12:1 -JUSTO eres Tú, oh Yahveh, para que yo dispute contigo; sin
embargo, alegaré mi causa ante Ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los
impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?
Lamentaciones
1:18 -Yahveh es JUSTO; yo
contra su palabra me rebelé. Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor. Mis
vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio.
Daniel
9:14 -Por tanto, Yahveh veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros;
porque JUSTO es Yahveh nuestro Dios en todas sus obras que ha
hecho, porque no obedecimos a su voz.
Sofonías
3:5 -Yahveh en medio de ella es JUSTO, no hará iniquidad; de mañana sacará a luz su juicio, nunca
faltará; pero el perverso no conoce la vergüenza.
Juan
5:30 -No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi
juicio es JUSTO, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que
me envió, la del Padre.
Juan
17:25 -Padre JUSTO, el mundo no te ha conocido, pero yo te he
conocido, y éstos han conocido que Tú me enviaste.
Romanos
2:5 -Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido atesoras para ti
mismo ira para el día de la ira y de la revelación del JUSTO juicio
de Dios.
Romanos
3:5 -Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué
diremos? ¿Será INJUSTO Dios que da castigo? (Hablo como
hombre).
Romanos
3:26 -con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él
sea el JUSTO, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
2
Tesalonicenses 1:5 -Esto es demostración del JUSTO juicio
de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual
asimismo padecéis.
2
Timoteo 4:8 -Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará
el Señor, juez JUSTO, en
aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
Hebreos
6:10 -Porque Dios no es INJUSTO para olvidar vuestra obra y
el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los
santos y sirviéndoles aún.
1
Juan 1:9 -Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y JUSTO para
perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Apocalipsis
15:3 -Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del
Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios
Todopoderoso; JUSTOS y verdaderos son tus caminos, Rey de los
santos.
Apocalipsis
16:5 -Y oí al ángel de las aguas, que decía: JUSTO eres Tú,
oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas.
Apocalipsis
16:7 -También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios
Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y JUSTOS.
Apocalipsis
19:2 -porque sus juicios son verdaderos y JUSTOS;
pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su
fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.
Por lo que toca al Magisterio de la Iglesia, leemos en Royo
Marín, Antonio, O.P., Dios y su obra, que
“El Concilio Vaticano
I definió (…) que ‘Dios es infinito en toda perfección’
(…) luego, es infinito en la justicia,
que es una perfección.” (p. 178).
El texto del Concilio Vaticano I dice: D-1782 [Sobre
Dios uno, vivo y verdadero y su distinción de la universidad de las cosas]
“La santa Iglesia Católica, Apostólica y
Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor
del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en
toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual,
singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto
del mundo, real y esencialmente, felicísimo en Sí y de Sí, e inefablemente
excelso por encima de todo lo que fuera de Él mismo existe o puede ser
concebido.”
De hecho, IBÁÑEZ, J., y MENDOZA, F., en La fe divina y católica
de la Iglesia, p. 76, ponen la proposición “Dios es infinitamente justo”
como dogma de fe (“de fe divina y católica definida”), refiriéndose
al mismo pasaje del Concilio Vaticano I. En todo caso, según la clasificación
que traen estos autores, no habría duda de que esa proposición es “de fe
divina y católica”, porque es claro que al menos ha sido objeto del
Magisterio ordinario y universal de la Iglesia, mereciendo entonces de
todos modos la nota de “dogma de fe”, y su negación, la censura de “herejía”. (cfr. p. 14)
En cuanto al Catecismo de
la Iglesia Católica, dice, citando a Santo Tomás de Aquino: “271. La
omnipotencia divina no es en modo
alguno arbitraria: ‘En Dios el poder y la esencia, la voluntad y la
inteligencia, la sabiduría y la justicia son
una sola cosa, de suerte que nada
puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios o
en su sabia inteligencia’ (Santo Tomás de Aquino, S.Th., I, q. 25, a.5, ad 1).”
Entendemos, entonces, que correspondería que el Papa, como
Maestro supremo de la Fe para toda la Iglesia, rectificara
esas palabras, reafirmando la enseñanza católica acerca de la infinita
Justicia de Dios, en quien no cabe pensar ni afirmar injusticia alguna.
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Del adulterio al suicidio... y lo que vendrá
Bruno M.
Desgraciadamente, no ha tardado mucho en llegar: ya tenemos aquí
la aplicación a otros campos de los errores relativos a la recepción de la
Eucaristía por los divorciados en una nueva unión. Recuerdo que el Cardenal
Kasper nos aseguraba que lo de la comunión para los divorciados en nueva unión no
iba a ser algo masivo y frecuente, sino sólo para algunos casos aislados. Pues
bien, no sólo es evidente que la idea (y la realidad ya hoy en algunas
diócesis) es legitimar el divorcio y las nuevas uniones de forma generalizada
(y por lo tanto el adulterio), sino que esta forma de actuar ya ha empezado
a aplicarse también a otro gran pecado (que ya no lo es tanto): el suicidio.
Después de que, en junio, se aprobara una nueva ley en el Canadá
que legalizaba el suicidio asistido por profesionales “médicos”, los
obispos canadienses de la región del Atlántico pensaron que había llegado el
momento de trasladar la “revolución de la misericordia” a los futuros suicidas.
El mes pasado, estos obispos escribieron una carta pastoral conjunta en la que se permite dar la Comunión y la
Unción de Enfermos, además de confesar y absolver, ¡a los que van a
suicidarse! Parece una broma, pero no lo es.
Según estos obispos atlánticos, un sacerdote deberá tener un “encuentro
pastoral” con el
interesado y su familia… y después decidirá si le dan los sacramentos o no. Y
como esa decisión tendrá que ser “misericordiosa”, es evidente para cualquiera
que lea la carta que la idea es que siempre se dé la comunión
y los demás sacramentos a los futuros suicidas, porque una vez que la
misericordia ya no depende de criterios objetivos, ¿quién se atreverá a
exponerse a la acusación de falta de misericordia?
Siguiendo el ejemplo de Amoris Laetitia, se utiliza
constantemente como excusa la idea de que la responsabilidad puede
estar disminuida. Esta excusa, sin embargo, es claramente transparente,
porque no estamos hablando de alguien que, en un momento de locura o de
sufrimiento insoportable, acaba con su vida, sino de una persona que toma
la decisión de suicidarse de forma serena, pública y premeditada, implicando en
su pecado a otros (ya se trate de médicos, familia o amigos), haciendo uso de
una ley gravísimamente inmoral y causando un terrible escándalo. Recordemos que
la ley canadiense exige dos informes médicos independientes, que el paciente
firme una declaración escrita ante dos testigos que confirmen que lo hizo de
forma libre de coacción y el transcurso de un plazo de al menos diez días desde
su firma. Es decir, sería dificilísimo encontrar un caso en el que la excusa de
la falta de responsabilidad tenga menos valor (bueno, estaría empatado con el
caso de los divorciados en una nueva unión, porque para contraer esa nueva
unión, por definición, hace falta no ser irresponsable).
Una vez más, las consecuencias de esta forma de actuar son gravísimas.
Es evidente que se tira por la borda la importancia del quinto
mandamiento, que pasa a ser una mera orientación, sujeta a lo que le
parezca mejor al interesado en cada momento. Es más, se deja de lado el
mandamiento en el caso más grave y horrible, que es el suicidio. El asesino
mata a una persona, mientras que, de alguna manera, el suicida está matando al
mundo entero. Sin embargo, en las provincias atlánticas del Canadá, el suicida
podrá confesarse, comulgar y recibir la unción de enfermos antes de suicidarse,
como si lo que planeara fuera cambiar de casa o hacerse monje.
Además, se abandona en la práctica la necesidad de un propósito de
enmienda para confesarse. Los obispos canadienses, aparentemente, no
recuerdan o no quieren recordar que, como enseña Santo Tomás, “basta con la
intención de cometer un pecado mortal para pecar mortalmente”. Es decir, la
intención de cometer un pecado grave ya es un pecado grave de por sí y, por lo
tanto, impide recibir la absolución, la comunión y la unción de enfermos. Este
tipo de pastoral destruye el sacramento de la Penitencia, que deja
de servir para la conversión del pecador y se convierte en una ayuda más para
permanecer en el pecado.
Otra realidad que se ha abandonado es la del
sacrilegio, porque recibir
cualquier sacramento en esas condiciones es un acto sacrílego. Dar
conscientemente la comunión, la absolución o la unción de enfermos a una
persona que piensa suicidarse es una aberración, que pondría los pelos de punta
a cualquier santo de la historia de la Iglesia. Y como el sacrilegio es un
pecado contra el mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas (cf. Catecismo de la Iglesia Católica 2118),
he aquí que estas nuevas pastorales acaban también con el primer
mandamiento de la ley de Dios, que ya no parece ser tan importante.
Todo esto se adorna con muchas referencias a la misericordia, como
si pudiera existir una misericordia que acompañase al pecador hacia el infierno,
en lugar de advertirle con firmeza y claridad que ese camino lleva a la
perdición. Lo cierto es que esta actuación destruye también la misericordia y
la sustituye por una actitud de “seguir la corriente” o “dar la razón”, que en
lenguaje claro se llama pura y simplemente adulación.
La carta de los obispos comienza diciendo que la perspectiva que van a
usar es la de la “Iglesia como nuestra Madre”, que “nos acompaña amorosamente a
lo largo de la vida y que especialmente desea apoyarnos y guiarnos cuando
afrontamos situaciones y decisiones difíciles”. Uno está tentado de pensar que estos
obispos no tienen madre, porque cualquier persona que no sea
huérfana sabe que una madre no se limitaría a “acompañar” a un hijo que
quisiera tirarse por un precipicio, sino que le dará una buena azotaina y le
gritará durante todo el camino de vuelta desde el precipicio hasta su casa,
para que le quedara muy clarito que lo que iba a hacer era una estupidez.
En cualquier caso, la verdad objetiva y la ley moral fueron las
primeras bajas de esta batalla, abandonadas en favor del subjetivismo y el
relativismo exacerbados propios del pensamiento posmoderno. Lo mismo podríamos
decir del Papado (ya que los obispos canadienses apelan al
Papa como justificación de estos despropósitos: “Nuestra preocupación es el
acompañamiento pastoral. El Papa Francisco es nuestro modelo”), la unidad de
la Iglesia (ya que sus vecinos, los obispos de Alberta y el Noroeste de
Canadá permanecen fieles a la doctrina tradicional), la Tradición (que
ni siquiera se ha tenido en cuenta en todo esto, quizá porque es diametralmente
opuesta a todas esas innovaciones) y otras muchas partes de la fe, porque la fe
es como un cuerpo y no es posible dañar una parte y dejar a salvo las demás.
También se abandona, en fin, la existencia del bien
objetivo, porque ya no importa
lo que es bueno para el enfermo, lo que puede darle la verdadera felicidad y la
vida eterna, sino únicamente lo que él quiere, desea y le apetece. Y lo que
quiere es que alguien tranquilice su conciencia diciéndole que puede
suicidarse e ir al cielo, que puede cometer un pecado mortal y seguir siendo un
buen católico, que puede poner una vela a Dios y otra al diablo. Eso es
precisamente lo que estos obispos han decidido darle. Es triste, porque la
misión de tranquilizar las conciencias de los pecadores está ya asignada y no
precisamente a la Iglesia, sino al diablo.
Por todo lo dicho, resulta evidente que, por su propia naturaleza, esta
destrucción de la moral tiende a ir alcanzando poco a poco a todos los
pecados. Comenzando, probablemente, por los actos sexuales entre personas
del mismo sexo, como ya han pedido varios obispos, siguiendo por el aborto y
continuando por cualquier otro pecado que al Mundo le parezca que está de moda,
por muy horrible que sea. Si un ciego guía a otro ciego, los dos
acabarán en el hoyo. Si Dios no lo remedia, claro. Recemos.
Fuente: http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1612140436-del-adulterio-al-suicidio-y-l
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Si Lutero fuera testigo del Evangelio, los católicos seríamos
testigos del
Anticristo
Bruno M.
Veo que el Pontificio Consejo para la Unidad de los
Cristianos se reafirma en
llamar a Lutero “testigo del evangelio”. Es ley de vida: cuando uno cree que ya ha visto todos los disparates
del mundo, siempre hay alguien que lo sorprende.
No hace falta pensar mucho para darse cuenta de que decir que
Lutero fue un testigo del Evangelio es lo mismo que decir que lo que proclamaba
era cierto, al menos en esencia. Si no se quiere decir eso, es que las
palabras utilizadas no significan nada y, en vez de hablar, lo que se está
haciendo es emitir ruidos sin sentido, gruñidos animales propios de quien ha
abandonado la razón, sustituyéndola por lo políticamente correcto.
Si Lutero fue un testigo del Evangelio, las doctrinas católicas que
negaba o bien eran en efecto falsas o se trataba de cosas sin importancia, no
esenciales. Es decir, si Lutero fue un testigo del Evangelio, el
catolicismo está formado por “doctrinas impías”, la Misa es una “abominación
diabólica”, la razón es una “prostituta”, el purgatorio no existe y orar
por los muertos es condenable, el Papa es un “loco furioso, falsificador de la
historia, mentiroso, blasfemo”, la libertad humana es una ilusión, la Tradición
es innecesaria, los pecados más graves no tienen ninguna importancia, siete
libros de la Escritura en realidad son invenciones humanas, la castidad
perfecta es una perversión, la adoración al Santísimo no es más que idolatría,
los dogmas infalibles de Trento son un cúmulo de errores y blasfemias…
O, en el mejor de los casos, la Misa, el Papado, la libertad humana, el
purgatorio, la caridad, la Tradición, el Magisterio, el Santísimo, la vida
religiosa, el pecado y tantas otras cosas son meras especulaciones humanas,
irrelevantes, sin ninguna importancia. En ese caso, la Iglesia
Católica, que nos ha engañado para que pensáramos que eran
fundamentales, es culpable de sustituir la verdadera fe por sus propias
invenciones y, de nuevo, se cumple la afirmación de Lutero de que las
enseñanzas católicas son “doctrinas impías” y el Papa es un “loco furioso,
falsificador de la historia, mentiroso, blasfemo”, que cambia la fe por sus
delirios.
No es extraño que una parte esencial de la doctrina de Lutero
fuera que la Iglesia Católica, con el Papa y los obispos a la cabeza, era el
Anticristo, la Ramera de Babilonia y la Bestia del Apocalipsis. Sus
enseñanzas no podían sostenerse de otro modo, ya que si lo que él enseñaba era
la Verdad con mayúscula, cualquiera que se opusiese estaba actuando como
enemigo de Dios: “Soy yo quien lo afirmo, yo, el doctor Martín Lutero, hablando
en nombre del Espíritu Santo”. “No admito que mi doctrina pueda juzgarla nadie,
ni aun los ángeles. Quien no escuche mi doctrina no puede salvarse”. Es decir, si
Lutero fue, en efecto, un testigo del Evangelio, nosotros los católicos somos
testigos del Anticristo. No hay otra opción posible, tertium non
datur.
Tampoco hace falta pensar mucho para darse cuenta de que, si
Lutero fue un testigo del Evangelio, lo mejor que puede hacer cualquier
Pontificio Consejo es disolverse rápidamente, de modo que sus miembros
puedan abjurar de sus blasfemos errores católicos y pedir humildemente la
entrada en una comunidad luterana.
En cambio, si lo que Lutero anunciaba era erróneo, si su
interpretación de la Escritura estaba viciada de raíz, si su rechazo de la
Tradición era un rechazo de la Revelación de Dios, si su destrucción de tres
cuartas partes de los sacramentos era una barbaridad impía, si la santa Misa no
es una “abominación diabólica”, si la idea de que no existe el pecado mortal
que separa de Dios es un autoengaño de gravísimas consecuencias, si su
sustitución del Magisterio eclesial por el subjetivismo deja a los fieles como
ovejas sin pastor, si la Iglesia Católica es la Iglesia fundada por el mismo
Cristo y constituye su Cuerpo Místico, si los Pontificios Consejos tienen algún
sentido… entonces Lutero era un testigo, sí, pero un testigo de un
falso evangelio. Como siempre ha enseñado la Iglesia y como tiene
necesariamente que enseñar, so pena de abandonar la fe católica y la misma
razón.
Fuente: http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1701050502-si-lutero-fuera-testigo-del-e
Quiero ser modernista posverdadiano
Pedro Luis Llera
Está decidido: quiero ser modernista. Después de tantos años, por fin he
descubierto mi verdadero camino. Ya está bien de verdades dogmáticas, propias
de fanáticos integristas. Yo pertenezco a la Era de la Posverdad,
que es la palabra de moda: la palabra del año para el Diccionario Oxford (registraré el término «posverdadiano» en
la Sociedad General de Autores). ¿Que no habían oído hablar de esta palabra?
¿Que no la conocían? Están ustedes out. No están en la onda (ni
buena ni mala: si la tienen buena, mándenmela). Han quedado ustedes desfasados,
anticuados, carrozas, carcas… Permítanme humildemente que les ilustre: la
posverdad significa que los hechos objetivos importan un bledo; lo que cuenta
es lo que cada uno sienta o crea.
La posverdad representa el triunfo final del subjetivismo absoluto sobre
la verdad objetiva. La validez universal de la norma moral objetiva ha quedado
definitivamente abrogada. Algo es bueno si yo opino y siento que es bueno; y es
malo, si siento lo contrario.
Otro tanto sucede con la percepción de la realidad. No existe una
realidad objetiva, sino tantas realidades virtuales como individuos. Si yo me
siento un pez y creo que soy un pez, entonces ¿por qué no voy a ser un pez?
¿Qué más da lo que diga la biología? La verdad científica no importa: solo
cuenta lo que yo siento, lo que yo creo, lo que yo opino o lo que yo quiero.
Esto es una especie de egolatría narcisista y hedonista. La posverdad, como
diría mi buen amigo Néstor Mora, es líquida y poliédrica: es el triunfo de Matrix.
Yo quiero ser, definitivamente, posverdadiano. ¿Mandamientos, dogmas,
sacramentos, doctrina? Eso ya no nos sirve. ¿Moral? ¡Vade retro! Lo bueno y lo malo no es aquello que dicta el
Catecismo, sino lo que yo siento. El Catecismo, los padres de la Iglesia, la
tradición, el magisterio milenario de la Iglesia están pasados de moda. No
están con los tiempos: «¡Los tiempos cambian y la Iglesia tiene que estar con
los tiempos!». Es que no se enteran ustedes… De verdad…
- Los rigoristas con cara de pepinillo en vinagre se empeñan en defender
que todo es blanco o negro. Pero no es así. Ni hablar. Hay una
infinita gama de grises y hay que discernir…
- Vamos a ver: tú, ¿qué sientes?
- Yo vivo en adulterio pero me siento fenomenal y voy a seguir teniendo
relaciones adúlteras porque me siento bien así. Me fastidia no comulgar cuando
voy a misa y siento que tengo derecho a comulgar.
- Pues nada… Pero, ¿no podría usted vivir en castidad y en continencia?
- ¡Huy, no! Eso perjudicaría la relación con mi pareja… A ver si me
abandona por otro…
- Tiene usted razón. La comunión no es un privilegio de los santos, sino
medicina para los pecadores. Comulgue usted.
- Los mandamientos, ¿no son criterios válidos de discernimiento? Yo
creía que si los cumplías, ibas al Cielo y si no los cumplías, era pecado y te
condenabas… Y los mandamientos dicen que ese señor vive en pecado mortal y que
así no se puede comulgar…
- Así argumentan los que no han aprendido todavía que la fe es compasión
y misericordia. Hay situaciones objetivas de pecado mortal que, según las
circunstancias, pueden no serlo tanto y estar interiormente en estado de
gracia. Entonces puedes comulgar. Lo importante no son las leyes o las normas,
sino lo que te dice la propia conciencia. Los que ponen las leyes y las normas
por encima del corazón son fariseos clericalistas. Como Caifás, que condenó al
pobre Judas Iscariote. Pobrecillo Judas, el infeliz…
- Pero dice San Pablo que quien comulga en pecado mortal se gana su
propia condenación…
- Eso era antes, cuando se hablaba del Infierno a todas horas. Los
modernistas posverdadianos creemos (opinamos, sentimos) que Dios es tan bueno
que nadie se condena. Dios nos perdona siempre y a todos. Todos vamos a ir al
Cielo.
- Pero la confesión… ¿para qué sirve?
- Dios nos perdona siempre. Y si te confiesas, el cura te va a perdonar
en cualquier caso. No hace falta propósito de enmienda ni hay que cumplir
ninguna penitencia.
- ¿Y la gracia?
- ¿Qué gracia ni qué niño muerto? «¡Otro mundo es posible!» Lo
importante es que todos nos comprometamos con los pobres y con los excluidos;
con los descartados de este mundo capitalista sin escrúpulos. Ahí es donde está
Dios: menos rosarios, menos sagrarios y menos adoración eucarística. Eso es
perder el tiempo: comprométete con una ONG que mole: si es pacifista, no
violenta y ecologista, mejor que mejor. Porque el planeta, la Madre Tierra,
está siendo expoliado por la voracidad de las multinacionales y quienes pagan
las consecuencias del cambio climático siempre son los pobres, los excluidos,
los descartados…
- Pero si el clima cambia, ¿no cambia igual para los ricos que para los
pobres? Y ese planteamiento, ¿no es puro pelagianismo?
- Eso lo dice porque es usted un fascista y un negacionista. ¿Quién dice
que esto sea pelagianismo?
- Alonso Gracián, por ejemplo… Luis Fernando Pérez Bustamante…
- ¡InfoCatólica!: ultraconservadores que se resisten a la primavera.
- Pero ¿lo que está llegando no es el invierno?
- ¡Rigorista! ¡Integrista dogmático! ¡Homófobo! Seguro que usted tampoco
está a favor del matrimonio homosexual…
- Pero las relaciones homosexuales, ¿no estaban condenadas en el Antiguo
y en el Nuevo Testamento? ¿La fornicación y la lujuria ya no son pecados
graves?
- Yo bendigo a cientos de perros y gatos todos los años, ¿no voy a
bendecir el amor de los gays? Lo
importante es que las personas se quieran. Jesús predicó el amor. Esas páginas
hay que interpretarlas en el contexto patriarcal, machista y falócrata de la
época. Hoy eso ya no vale. Eso aleja a los fieles de la Iglesia. La doctrina no
la cambiamos (total para lo que sirve…). Pero tenemos que cambiar la ortopraxis
para adaptarnos a la Era de la Posverdad.
- Y ¿qué me dice de las adopciones por parte de las parejas
homosexuales?
- Estamos contra todo tipo de discriminación. A fin de cuentas, todos
los hijos son de alguna manera adoptados y da igual que lo sean por parejas
heterosexuales que homosexuales.
- ¿Y sobre los vientres de alquiler y la fecundación artificial?
- Grandes avances de la humanidad que liberan del sufrimiento a tantas
parejas que no podían tener hijos.
- Pero en los procesos de fertilidad se descartan muchos embriones…
- Los embriones no son seres humanos.
- Vamos a ver: ¿la vida humana no comenzaba en el momento de la
fecundación?
- Ni hablar.
- ¿Y qué me dice del aborto?
- ¿Quién soy yo para juzgar?
- ¿Y de la eutanasia?
- ¿Quién sabe lo que pasa en el interior de un ser humano que sufre?
Todos tenemos derecho a una muerte digna. Ya ve que unos obispos de Canadá han
pedido que se dé la extremaunción y la comunión a los que han pedido el
suicidio asistido… Dios es compasivo.
- O sea que lo que me enseñaron de pequeño no sirve ya para nada… ¿El
quinto Mandamiento, el sexto… entonces…?
- Reglas, leyes, mandamientos… Lo único que cuenta es la ternura de
Dios. Antes había dogmas que tenías que creer por narices: eran tiempos
oscurantistas y medievales. Decían que la Iglesia predicaba la Verdad y que no
había salvación fuera de la Iglesia. ¡Menuda barbaridad! Eran fanáticos
intransigentes; fariseos e inquisidores sin misericordia.
- Pero al menos, podremos seguir creyendo en el dogma de la
transubstanciación…
- Ese concepto es de otros tiempos. Hoy en día ya no sirve.
- Pues yo sigo creyendo lo mismo de siempre… Y mi amiga Rafaela, igual…
- Pues váyase usted de la Iglesia. ¡Es usted un fanático ultraortodoxo y
ultracatólico!
- Pero, ¿no era usted misericordioso?
- No con gentuza como usted. Ustedes sobran en la Iglesia. En la nueva
Primavera, no hay lugar para fanáticos dogmáticos que creen que poseen la
Verdad. ¿Qué es la Verdad? La Verdad no existe. Existen opiniones,
sentimientos, emociones…
- Pues mi amigo Alonso Gracián opina que lo que usted dice es puro
nominalismo…Que dice él –que es muy tomista– que son ustedes una banda de
herejes…
- Pero si al Alonsillo ese no lo entiende nadie… La filosofía y el
tomismo hoy no tienen sentido. La filosofía busca la verdad y la verdad no
existe. La filosofía ha muerto. La vida es una gran farsa en la que cada uno
representa su papel. Ahora podemos escoger libremente nuestro propio personaje
y el decorado que más nos guste: sin imposiciones, sin mandamientos, sin dogmas
ni verdades irrefutables. La vida es un sueño; muchas veces, una pesadilla.
Viva y deje vivir.
- Tiene usted razón. Ya se lo decía yo el otro día al P. Jorge: soy un
verdadero gilipollas por haberme pasado la vida defendiendo la doctrina de la
Iglesia de toda la vida. ¡Estoy harto! Yo quiero que José Manuel Mortal me
ofrezca un blog en Herejía Digital.
Quiero ser como Kasper.
- ¿El fantasma de la película?
- No, no: el otro… El amigo de Marx… Me ha convencido usted:
definitivamente me voy a hacer Modernista Posverdadiano.
Ahora, en serio. Lo que nos encontramos después de la verdad, es la
mentira y la inmoralidad. Dios nos libre de caer en la herejía, de pactar con
la mentalidad de este mundo. Que la Santísima Virgen nos ampare e interceda por
nosotros, pobres pecadores, para que su Hijo nos conceda la gracia de
permanecer firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad. La verdad nos
hace libres. La mentira y la inmoralidad nos esclavizan y nos condenan.
El pecado hay que combatirlo siempre.
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Lo que está en juego en la actual crisis de la Iglesia
Ing. Daniel Iglesias Grèzes
Un sacerdote católico muy peculiar
Raymond Gravel (1952-2014) fue un católico de la provincia canadiense de Quebec. En su
juventud fue prostituto en bares de la Gay
Village de Montreal. En 1982 entró al seminario y años más tarde fue
ordenado sacerdote. Como sacerdote, fue controvertido sobre todo por su apoyo
público al aborto, la eutanasia y el ‘matrimonio homosexual’. En 2006 recibió
una dispensa del obispo de Joliette (Quebec) para entrar en política y fue
elegido Miembro del Parlamento de Canadá por el partido Bloc Québécois.
En 2008, después de que Gravel se opuso a la Ley C-484, que habría
reconocido el daño a un feto durante un crimen como una ofensa distinta del
daño a la madre, y de que apoyó la concesión de la Orden de Canadá al Dr. Henry
Morgentaler, médico pionero del aborto en Canadá, la Santa Sede le ordenó que
eligiera entre dejar el sacerdocio y dejar la política. Gravel renunció a la política
y siguió ejerciendo el sacerdocio.
En 2010 Gravel fue destituido por sus posturas
disidentes de un puesto de responsable de la catequesis en la Diócesis de
Joliette y presentó una demanda por medio millón de dólares contra la agencia
católica pro-vida LifeSiteNews por
identificarlo como ‘pro-aborto’, mientras que él se identificaba como
‘pro-elección’.
En
2014 Gravel murió de cáncer, a los 61 años.
Los comentarios bíblicos del P. Raymond Gravel
El P. Gravel fue un estudioso de
la Biblia y escribió unos comentarios bíblicos semanales que alcanzaron
bastante difusión. Yo los encontré traducidos al
portugués, en varios sitios brasileños. A continuación citaré extractos
de seis de esos comentarios bíblicos (traducidos por mí del portugués al español),
para dar una idea de su orientación general.
“Jean Debruynne escribe: ‘Marcos nos indica
así que la fe no es un saber, sino un mirar para ver. Ver y creer en el
evangelio se vuelve un mismo camino’. Hoy, en nuestra Iglesia, cuando nos
rehusamos a ver el mundo en el que vivimos, cuando nos rehusamos a acoger las
realidades nuevas que son las nuestras, cuando excluimos personas, con la
excusa de que ellas no corresponden a las etiquetas que nosotros les queremos
imponer, ¿será que no estamos ciegos, nosotros también? ¿No estamos rechazando
el camino de la luz que nos es propuesto por Cristo en el evangelio de
Marcos?’” (Raymond
Gravel, Caminar con los ojos abiertos, Domingo 28/10/2012).
“¿Cómo renovar el rostro de nuestra Iglesia, para
que los que están fuera, sin ser de los nuestros, encuentren en nuestra fe la
realización de ellos mismos y no un juicio severo para el cual nuestra
suficiencia tiene siempre tendencia a condenar los errores? ¿Cómo reencontrar
esa simplicidad de corazón que nos permite hacer crecer en las otras personas
un poco de su generosidad y de su coraje para exorcizar esa tentación incesante
de ricos que nos lleva a sofocar y a matar a nuestro Salvador por haber querido
monopolizarlo y poseerlo? (…)
La
fe: ¿una certeza o una esperanza? Lo que siempre nutrió la fe es la certeza de aquellos que creen en la
verdad sobre Dios y sobre el mundo. ¿Cuántos sufrimientos fueron infligidos a
las personas por causa de estas falsas certezas? ¿Cuántas ilusiones fueron
tomadas por realidades? ¿Cuántas condenaciones y exclusiones en nombre de una
pseudo-verdad? Me parece que los textos bíblicos de esta fiesta
de la Epifanía nos enseñan que la fe no es jamás una certeza, sino un camino de
esperanza que debemos emprender cada día, un camino que no está trazado
previamente, y no sabemos adónde nos conducirá. (…)
La fe exige el
respeto de nuestras diferencias. Hace algunos años, en una
comedia humorística de fin de año, en Radio Canadá, el humorista Pierre
Verville, imitando al arzobispo emérito de Montreal, el cardenal Jean-Claude Turcotte,
ofrecía sus mejores votos con ocasión del Año Nuevo a todos, menos a los
divorciados, a las madres no casadas, a los homosexuales, a los médicos que
practican el aborto, a los niños no bautizados, a las personas que creen en la
teoría de la evolución, a los que usan preservativos, a las mujeres que toman
anticonceptivos; pero a todos los otros, en caso de que quedase alguien...
¡Buen y Feliz Año Nuevo! Podemos decir que se trata claramente de una
caricatura sarcástica y exagerada, pero esa caricatura exagera simplemente la
realidad. Eso quiere decir que, como Iglesia, tenemos una amplia batalla para
volvernos modelo de apertura, de acogida y de respeto al otro. Y además, el
evangelio nos interpela bastante en ese sentido.” (Raymond Gravel, La salvación es universal, Domingo 06/01/2013).
“En la Iglesia hay
ritos, devociones, formulaciones dogmáticas, estructuras que pueden variar
conforme a las épocas y los lugares. Eso es normal. Pero lo importante es no
colocar esas formas que cambian antes de lo esencial, que es la fe, porque las
formas sólo están para encarnarla. El aparato religioso no es el objetivo, y sí
un medio que nos indica la dirección para ir hasta el Otro. (…)
¿Todavía hoy no
hacemos la misma cosa en nuestra Iglesia? Años atrás, un padre del Opus Dei me dijo: ‘Tú, Raymond, tú eres importante en la Iglesia. Tú acoges a
los homosexuales, a los divorciados casados nuevamente y a todos los
marginados’... Yo le pregunté: ‘¿Pero por qué tú no haces eso?’ Y él me respondió:
‘Yo no puedo si quiero permanecer fiel al Magisterio de la Iglesia’. Eso es
horrible: el párroco está exento del mandamiento del Amor, con la bendición de
las autoridades religiosas, porque él pertenece al Opus Dei. Es exactamente lo que San Marcos
denunciaba, en el final del primer siglo, en su comunidad cristiana.”
(Raymond Gravel, Una Palabra que se
vuelve acción, Domingo 02/09/2012).
“Cuando en lo alto
de nuestra grandeza se dice que el mundo está perdido porque él abandonó la
autoridad de la Iglesia, nos apropiamos de Dios como si él nos perteneciese. Y
además, nuestras sociedades laicas que se inspiran en los valores cristianos de
apertura, acogida, respeto, dignidad, igualdad, tolerancia y justicia están más
cerca de Dios y de su Palabra de lo que estamos nosotros mismos. Personalmente,
cuando escucho a algunos dirigentes de la Iglesia condenar a las personas que
defienden a los homosexuales, los divorciados que se casan de nuevo, las
mujeres que abortan, los heridos de la vida, yo me pregunto: ¿Quiénes se creen
que son? Ellos se parecen a los apóstoles del Evangelio que quieren impedir que
las personas actúen en nombre de Cristo.” (Raymond Gravel, Siempre acoger, nunca excluir, Domingo 30/09/2012).
“La Iglesia que
nosotros somos: Escrutando los textos bíblicos de este domingo, leyendo los
comentarios de los últimos años, la pregunta que yo me hago es la siguiente:
¿Dónde está la Iglesia en todo eso? ¿La Iglesia que nosotros conocemos y a la
cual pertenecemos, la Iglesia que somos se habrá vuelto estéril como la viña
del Antiguo Testamento, que correspondía al pueblo de Israel? Cuando miramos a
la Iglesia de hoy que, en sus dirigentes, se distancia cada vez más del
verdadero mundo y se distancia frecuentemente del mensaje de amor de los evangelios
(el amor que está hecho de apertura, de acogida incondicional, de tolerancia,
de misericordia, de perdón y de esperanza), imponiendo reglas y doctrinas que
ya no están vinculadas a las realidades del mundo actual, nosotros tenemos el
derecho de preguntar si nuestra Iglesia puede estar todavía podada o si ella
está completamente desmembrada del tronco, o sea, desconectada del Cristo de la
Pascua... este Cristo siempre vivo a través de los hombres y de las mujeres de
hoy. ¿Los ramos de nuestra Iglesia están todos secos? ¿Será que la Iglesia
permite todavía a sus miembros, a sus ramos, dar frutos?” (Raymond Gravel, “No es porque yo sea un huerto viejo que doy
manzanas viejas”, Domingo
06/05/2012).
“Tercera
exclusión: hoy. No está en el evangelio de Marcos,
pero si yo continúo la reflexión sobre la exclusión, si yo actualizo la Palabra
de Dios hoy, precisamos reconocer otras formas de exclusión en nuestra Iglesia.
Si Cristo se colocó en la defensa de los pequeños, de los pobres, de los
marginados y de los excluidos, ¿qué nos quiere decir él hoy sobre las nuevas
realidades vividas en nuestras sociedades contemporáneas? ¿La familia
monoparental? ¿La pareja reconstituida? ¿El matrimonio gay? La pregunta a
hacerse para ser fieles al evangelio es la siguiente: ¿Esas nuevas realidades
pueden expresar el Amor de Dios por la humanidad? ¿Dios puede unir a dos
hombres o dos mujeres que se amen verdaderamente? ¿La complementariedad es
solamente biológica? ¿Puede ser psíquica y social? ¿Dios se reconoce en una
pareja divorciada y casada de nuevo? Como cristianos, como Iglesia, nosotros
debemos responder a esas preguntas con la misma actitud que tuvo el Cristo del
evangelio de Marcos.” (Raymond
Gravel, No a toda forma de exclusión,
Domingo 07/10/2012).
Lo que está en juego en la actual crisis
de la Iglesia
Para quienes, por la gracia de Dios, conservamos la fe católica, es
evidente que los comentarios bíblicos del P. Raymond Gravel están llenos de
herejías y abundan en críticas injustas a la Iglesia
Católica, su jerarquía y su magisterio.
Los estridentes
textos de Gravel citados más arriba dan una idea clara de la tendencia general
de sus muy numerosos comentarios bíblicos. Gravel vuelve una y otra vez a las
mismas ideas modernistas: la fe no es una certeza, ni contiene una doctrina
verdadera; los dogmas son cambiantes; lo que vale es sólo el amor (sin verdad);
la Iglesia tiene que acoger a todos incondicionalmente; como la Iglesia
Católica no lo hace, ella es opresora y reaccionaria; no hay que exigir la
conversión; etc.
Además, Gravel
sostuvo muchos otros errores doctrinales graves. Por ejemplo, en un comentario
bíblico que no cito textualmente porque no pude volver a encontrarlo, Gravel
descalificó la Santa Misa, considerándola
como un retroceso al Antiguo Testamento…
Apenas puedo
expresar el rechazo que siento hacia la actitud de los que viven en la Iglesia
Católica, y en cierto modo de la Iglesia Católica, pero la traicionan enseñando
doctrinas contrarias a la suya y despreciando y criticando de un modo duro y
continuo a la Iglesia realmente existente, la que nos engendró a la vida de la
fe y nos sostiene en ella, por la gracia de Dios. Los sacerdotes o teólogos
como el P. Gravel no son católicos, pero permanecen en la Iglesia Católica para
combatirla y dañarla desde adentro. Representan la “auto-demolición de la
Iglesia” denunciada por el Papa Beato Pablo VI hace alrededor de 40 años.
Es cierto que
dentro del sector del “progresismo” católico hay una amplia gama de posturas
diferentes y que el P. Gravel fue un caso de desviación más extrema que la del
“progresista” promedio. Pero las ideas tienen su propia dinámica y la lógica
interna del “progresismo” o modernismo impulsa hacia las posturas defendidas
por Gravel: un liberalismo teológico plenamente desarrollado, en el cual el
“cristiano adulto” se “libera” de las nociones cristianas de verdad y bien, se
“libera” por fin totalmente de la doctrina, la moral y el culto católicos. Al
final de este proceso no queda prácticamente nada de la religión católica,
salvo acaso una terminología religiosa manipulada para asignarle un significado
nuevo, secularizado. En la nueva religión neo-católica a la que aspiran los
católicos progresistas más radicales y coherentes no hay lucha ascética, no hay
combate moral ni espiritual, excepto quizás en el plano político.
Antes de
concluir, apunto sólo tres sugerencias para los laicos católicos que quieren
resistir la tendencia destructiva del progresismo católico. No se trata de un
vademécum exhaustivo, sino sólo de tres ideas que me vienen ahora a la cabeza.
1. Formémonos
bien y no dejemos que nos vendan gato por liebre. Si un sacerdote católico
enseña doctrinas claramente contrarias a la doctrina católica, apliquémosle con
caridad y humildad el procedimiento de corrección fraterna en tres etapas que
nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo: “Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás
ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que
el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a
hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la
comunidad, considéralo como pagano o publicano.” (Mateo 18,15-17). Me permito un toque de humor. Increíblemente, la
versión de la Biblia en español publicada en el sitio web de la Santa Sede dice aquí “considéralo
como pagano o republicano”. Esa traducción la debe de haber hecho Hillary
Clinton…
2. Quien tenga la necesaria
formación doctrinal y la vocación particular para ello, dedíquese a la
promoción y defensa de la fe católica en los medios de comunicación social,
sobre todo Internet.
3. El quinto precepto de la
Iglesia (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) es bueno y santo, pero
tratemos de cumplirlo de forma tal que ayudemos realmente a la Iglesia
Católica, y no alimentemos a los Padres Gravel infiltrados en ella.
Y para terminar, oremos por el
alma del P. Raymond Gravel, para que el Señor se apiade de él.
“No oenegearás”. Una experiencia india
P. Javier Olivera Ravasi
Misionero itinerante en
la meseta tibetana
Entre los tantos viajes que debimos hacer durante este tiempo misional
con el padre Federico narraré sólo una
experiencia puntual para que cada uno saque sus propias conclusiones.
El fin de las misiones ad gentes
en la Iglesia es casi un hecho; ya casi nadie misiona en el mundo gentil y, si
lo hace, es para resguardar a los pocos fieles católicos que se encuentran
viviendo en ese ambiente; y no me refiero simplemente a ese “apostolado de la
presencia” sino a la explicación lisa y llana del Evangelio ad gentes ante millones de almas que no
conocen a Jesucristo. “Id por todo el
mundo enseñando…”, decía el Señor antes de Su gloriosa ascensión.
Si no, veamos la siguiente conversación que mantuvimos en uno de los
transportes con una joven pareja recién casada.
- Buenas tardes –les dije–. ¿De viaje por aquí?
En un perfecto inglés, contestaron: - Sí, estamos de luna de miel.
¿Y usted?
- Yo, misionando por un tiempo aquí, en el norte de la India. Soy
un sacerdote católico. ¿Saben ustedes lo que significa?
- Ahhhh…, sí, –dijo la joven esposa–. ¿Ustedes no se casan, no?
- Correcto. A ejemplo de Jesucristo, que es Dios hecho hombre, queremos
imitarlo en su castidad. Es un sacrificio, claro. ¿Y ustedes saben quién es
Jesucristo? (La mayoría por aquí sabe de Jesucristo más o menos lo mismo que un
occidental de cultura media puede conocer de Buda o de Confucio…).
- Eh…, sí –dijo ella–. Yo algo sé, pues fui a un colegio
católico y a una universidad católica.
- ¡Ahhh! ¿Y qué sabes de Él? ¿Te habrán dicho que vino a salvarnos,
no?
- No…, no sé mucho. Sólo sé que a ustedes los llaman “father”, pero nada más…
- Pues bien –les dije–. Jesucristo es Dios verdadero, Dios y hombre
a la vez, que vino a salvarnos de nuestros pecados.
- Ahhh…; ¡gracias! (el indio es habitualmente muy cortés).
Y…, una pregunta: - ¿Y ustedes en qué creen?
- Somos hindúes –respondieron (es decir, creen en dioses monstruosos
con cabezas de elefantes y esas mitologías incluso aceptadas como tales por
muchos de ellos).
- Pero –insistió ella–, ustedes los cristianos están divididos, ¿no?
Mmmm… Tenía ganas de decirle que cada vez más quieren que nos
igualemos con los protestantes, pero mejor omití un poco la respuesta y
respondí a lo jesuita, con otra pregunta:
- ¿Por qué lo dices?
- Porque están los musulmanes y los cristianos; ¿o no son lo mismo?
Ahí comprobé una vez más la ignorancia enorme que una persona que fue a
una organización católica desde su más tierna edad tenía acerca de la religión verdadera.
¿Por qué? Porque habitualmente, por estos lares, no-se-predica-a-Jesucristo
a los infieles. Esto lo hemos comprobado en más de una oportunidad. La
Iglesia tiene un gran prestigio en el ámbito educativo, pero en sus
establecimientos, hace décadas (quizás desde el aterrador invierno
posconciliar) se ha dejado de lado, absolutamente, la predicación
directa del Evangelio para “respetar a todas las religiones”.
A la joven parejita de tortolitos les expliqué que no; que los católicos
no somos lo mismo que los musulmanes (ellos son una herejía judeo-cristiana,
estrictamente); y que la división, en realidad, es con los protestantes...
- ¿Ah, sí? –me dijo la joven–. ¿Y qué diferencia hay entre los
católicos y los protestantes?
- Muy bien –les dije–. Es simple: ellos son una secta que se separó
de la verdadera Fe para seguir sus propias inclinaciones personales, por eso
hay casi tantas sectas protestantes como pastores existen…
- ¡Ah! ¡Muchas gracias! –me dijeron.
El viaje iba terminando y ellos estaban en su luna de miel, así que
hasta ahí duró la conversación.
Me quedé pensando y pensando y me dije: ¿por qué cada vez es menor el
avance de la Iglesia en estos países de infieles? Pues simple: porque han
convertido a la Iglesia en una ONG de desarrollo social.
Entonces pensé: hoy que se dictan tantos “nuevos mandamientos”,
propondré uno para que vayamos contra la corriente: “No o-ene-gearás”.
Amén y que ¡viva Cristo Rey!
Que no te la cuenten…
Fuente: http://infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/1701070318-no-oenegearas-una-experiencia
Sobre la extraordinaria Misión de San Nicolás Tavelic y sus compañeros
mártires
Padre
Federico, misionero en la meseta
tibetana
Mucho nos complace presentar el testimonio de estos Santos, que, como
precisa S.S. Pablo VI, es un testimonio de carácter “sumamente precioso” [1].
En el siglo XIV, San Nicolás Tavelic concibió un
proyecto apostólico del todo osado: ir a predicar la Santa Fe Católica a la
mezquita de Jerusalén. Luego de rezar, él y
sus compañeros, y de confirmar –por medio de oportunas consultas– el origen
divino de tan singular moción, partieron a convertir a los mahometanos. El Papa
Pablo VI explica claramente el propósito de estos Santos: tenían “una doble
intención: la de predicar la fe cristiana, refutando valerosamente, y no menos
cauta y sabiamente, la religión de Mahoma; y la de desafiar y provocar el
riesgo del sacrificio de la propia vida” [2].
Acompañaban a San Nicolás otros tres sacerdotes franciscanos: Deodato
«de Ruticinio», Esteban de Cuneo y Pedro de Narbona. Fue un apostolado fiel a
la vera impronta de San Francisco, quien “«por la sed del martirio,
en presencia del Sultán soberbio, predicó a Cristo» (Dante, Paraíso,
XI, 100)” [3].
Portaban una gran proclama (o cartel) para exhortar públicamente a los
musulmanes a la conversión, pero cuando quisieron entrar a predicar a la
mezquita, les fue impedido el paso. Fue entonces cuando pidieron los lleven
ante el Cadí pues querían, como dijeron, “decirle cosas muy útiles y saludables
para sus almas”. Así, ante el Cadí y muchos musulmanes, los Misioneros
anunciaron a Jesucristo y exhortaron a los presentes a dejar la religión
islámica y convertirse a la Fe Católica.
La respuesta de los musulmanes fue unánime: la
tortura y el martirio de los Misioneros. Sufrieron prisión y tormentos durante tres días. Luego, fueron
descuartizados, ejecutados y quemados. Murieron mártires en Jerusalén el 14 de
noviembre de 1391. Su muerte, como dijo S.S. Pablo VI, fue una “bienaventurada
muerte” [4].
El 21 de junio de 1970 S.S. Pablo VI canonizó a estos cuatro heroicos
soldados de Cristo Rey, exaltando su fortaleza con palabras de San
Cipriano: “¿Cómo cantar vuestras alabanzas, oh hermanos intrépidos? ¿Con qué
elogios puedo celebrar la fuerza de vuestro espíritu […]?» (Ep. VIII; PL
4, 251-252)” [5].
Como explica el Papa, si bien “«nadie debe entregarse espontáneamente a
la muerte» (San Agustín, De Civitate Dei, 1, 26; PL 41, 39),
[…] pueden presentarse situaciones en las que, bien por impulso del
Espíritu Santo, o por otras circunstancias especiales, el heraldo del
Evangelio no tiene otro procedimiento para remover la infidelidad que el de
hacer de su propia sangre la voz de un testimonio supremo” [6].
El ejemplo de estos Santos es inmensamente admirable, pero sólo será
imitable en situaciones extraordinarias, y hará falta una perfecta certeza
moral de que Dios lo quiere, si bien –y esto debe quedar claro– se trata de
algo extraordinario. Antes de emprender un apostolado misional concreto, se
debe discernir que sea Dios quien lo inspira y lo pide. No basta la valentía,
hace falta también el discernimiento a las mociones del Divino Espíritu.
Roguemos a Dios que el ejemplo de esta “aventura misionera” –como la
llamó Pablo VI– inspire a muchos jóvenes a crecer en el celo apostólico.
Taiwán, 29-I-2014.
[1] S.S. Pablo VI, Homilía en la Canonización de los
Mártires Nicolás Tavelic, Deodato Aribert De Rodez, Esteban de Cuneo y Pedro de
Narbona, Roma 1970.
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Ibid.
[6] Reproducimos el pasaje entero: “Es verdad que «nadie debe
entregarse espontáneamente a la muerte» (San Agustín, De Civitate Dei, 1, 26; PL 41, 39), y que «uno no debe dar a los
demás ocasión de obrar injustamente» (Santo Tomás, íb., 13), pero, como nota el
mismo Benedicto XIV, refiriéndose al caso que nos ocupa, pueden presentarse
situaciones en las que, bien por impulso del Espíritu Santo, o por otras
circunstancias especiales, el heraldo del Evangelio no tiene otro procedimiento
para remover la infidelidad que el de hacer de su propia sangre la voz de un testimonio
supremo” (Ibid).
Fuente: http://infocatolica.com/blog/maradentro.php/1611081052-sobre-la-extraordinaria-misio
*****
El Padre
Federico es sacerdote. Abogado por la Universidad de Buenos Aires (UBA),
Licenciado y Doctorando en Filosofía (Ateneo Pontificio Regina Apostolorum,
Roma). Se desempeñó dictando materias en tres Seminarios Mayores. Escribió
varios libros. Desde enero de 2014, es Misionero en
Extremo Oriente. Actualmente, misiona en la Meseta Tibetana.
Puedes ponerte en contacto con él en maradentrose@gmail.com o en su página de Facebook.
La
divinidad de Cristo –Una respuesta al Islam
Curso
de Apologética –Lección 14
Raymond de
Souza, KM
En nuestros
días, un equivocado sentido de ecumenismo tiende a igualar las principales religiones
monoteístas (cristianismo, judaísmo e islamismo) como formas diferentes de
adorar al mismo Dios. Es como decir que todas las denominaciones protestantes
están bien con tal que mencionen el nombre de Jesús, sin tener en cuenta las
viscerales contradicciones doctrinales que las afligen. Pero la diferencia
entre el islamismo y el cristianismo es inmensamente más visceral y completa
que las que hay entre las diversas denominaciones protestantes.
En el Islam hay
un solo Dios, llamado Allah, que es “Señor” pero NO es llamado Padre por sus
seguidores, y cuya voluntad determina todos los eventos, es decir, Maktub: ¡Está escrito! Pase lo que pase,
Allah es el autor directo y único. No hay libre albedrío humano. Y un conductor
de camellos de Arabia fue el profeta de Allah. Pero en el cristianismo, o
catolicismo para ser preciso, Dios creó a los hombres a su imagen y semejanza,
y, después del pecado original de los hombres, envió a Su Hijo –tan Divino como
Él mismo– para redimir a la humanidad, y nos adoptó como Sus hijos en Su
Iglesia –de aquí que Lo llamemos nuestro Padre–. Por lo tanto, Jesús no es un
mero profeta de Dios; Él es Dios Encarnado. Por lo tanto, hay poco en común
entre el concepto de Dios del Islam y la enseñanza de Jesús.
Nosotros los católicos debemos tener este concepto muy
claro en nuestras mentes, para evitar la confusión y el falso ecumenismo con un
error evidente. Esto es de la mayor importancia, especialmente en nuestros
días, cuando hermanos cristianos son asesinados por musulmanes por su fe en el
‘Nazareno’. ¡Fortalezcamos nuestra fe en la divinidad de Nuestro Señor
Jesucristo!
La forma primera y más fácil de probar la divinidad de
Jesús es el hecho de que Él realizó milagros en Su propio nombre. Él modificó
elementos naturales, como convertir agua en vino y multiplicar panes y peces; ¡Él
dio salud a los enfermos, audición a los sordos, vista a los ciegos, paz a
aquellos que sufrían, incluso purificó a los leprosos y devolvió la vida a los
muertos, sin mencionar que exorcizó demonios, probando Su poder absoluto sobre
la naturaleza! Y Él hizo todo esto a plena vista de la gente, especialmente de
sus enemigos jurados, que intentaron todo para eliminarlo del ministerio que Él
había comenzado.
Él los desafió a refutar Sus Milagros: si hubiesen
podido probar que ellos eran falsos, Su misión se habría desmoronado a los ojos
de todos. ¡Pero no pudieron! Él les dijo que las mismas obras que ellos Lo
vieron hacer daban testimonio de Su misión, es decir, de que Dios Padre Lo
había enviado (Mateo 11:45; Juan 5:36; 10:37). Pero cuanto mayor bien hizo,
cuantos más milagros realizó, más Lo odiaron Sus enemigos. Su odio ciego fue su
perdición, como ocurrió en el año 70 DC, cuando los romanos destruyeron el
Templo y los registros sacerdotales y se manifestó que el pueblo judío no
cristiano había perdido su elección a los ojos de Dios y de Sus Ángeles. Los
milagros de Jesús probaron Su pretensión de divinidad, a pesar de la rabia de
los racionalistas, porque Dios no da poder divino a impostores.
Pero siendo los racionalistas usualmente irracionales,
ellos hacen su mayor esfuerzo para refutar la divinidad de Jesús. Varias
teorías han sido presentadas para explicar Sus milagros: ¡ellos sugieren
engaño, hipnotismo e incluso poder diabólico! Consideremos
esas teorías una a una.
Decir que los Milagros de Jesús fueron creídos por la
gente porque ellos se engañaron a sí mismos para creer, porque querían creer,
es sumamente absurdo, porque Sus enemigos creyeron que Él sí realizó milagros,
¡y aun así fueron letales contra Él! ¡Ellos querían probar que Él estaba
equivocado, no en lo cierto! Como no pudieron probar que Sus milagros eran
falsos, decidieron librarse de Él…
Que el hipnotismo pueda ayudar a curar algunas
enfermedades nerviosas después de un cierto tiempo de tratamiento es posible,
pero nunca purificará instantáneamente a un leproso de su lepra o dará la vista
a un hombre ciego de nacimiento, ¡y mucho menos devolverá la vida a un muerto!
Además, algunas veces Jesús curó a personas a distancia, y algunas veces ellas
ni siquiera sabían que Él las estaba curando. Por lo tanto, mencionar el
hipnotismo es sólo una tonta invención.
El poder diabólico es la última –y la más ridícula–
acusación que he visto jamás. En primer lugar, la santidad de la vida de Jesús
era indiscutida –incluso el Corán islámico Lo llama justo, enviado por Dios, y
dice que ahora está en el cielo; y en segundo lugar, Jesús expulsó demonios de
gente poseída, mostrando que Él era enemigo de Satanás, no su amigo.
El impresionante registro de profecías del Antiguo
Testamento que fueron confirmadas en la vida de Jesucristo es asombroso, y
excluye cualquier sugerencia de falsificación. Sólo unos pocos ejemplos
bastarán para probar nuestro punto: el profeta Miqueas (5:2) escribió que el
Ungido (o Mesías) nacería en Belén (nunca escuché que alguien eligiera su
propio lugar de nacimiento); Zacarías (11:12-13) escribió que Él sería vendido
por treinta piezas de plata –éste fue el dinero usado para comprar el campo del
alfarero; Isaías (53) describió Su Pasión con increíble detalle; David, mil
años antes de Él, profetizó que Él sería crucificado (“taladran mis manos y mis
pies”), que Su ropa sería dividida y Su túnica sería sorteada (Salmo 22), y la
lista sigue y sigue.
Estas profecías fueron hechas antes de Su nacimiento.
Pero Él mismo profetizó el fin del judaísmo como la religión querida por Dios,
la destrucción del Templo y el cese de los sacrificios mosaicos, el fin de su
sacerdocio, la dispersión de los judíos alrededor del mundo, etc., etc. ¡Incluso
la estrategia bélica usada por los romanos para tomar Jerusalén fue prevista
por Él (Lucas 19)! Él previó la traición de Judas, las tres negaciones de
Pedro, la persecución de los primeros cristianos y el crecimiento de Su
Iglesia, etc., etc. Se puede leer todo acerca de la destrucción de Jerusalén
precisamente como Cristo la previó en la Historia
de las Guerras Judías de Flavio Josefo, un historiador judío contemporáneo
a la destrucción de Jerusalén.
Cualquiera con una mente sin prejuicios puede darse
cuenta de que todas esas profecías, tanto las anteriores a Su nacimiento como
las que Él mismo hizo, no podrían ser el resultado de un engaño o de una treta
humana. ¡El hombre cuya vida cumplió todas las antiguas profecías, cuyas
propias profecías se hicieron realidad, que hizo milagros reconocidos por Sus
enemigos mortales y, sobre todo, que resucitó de entre los muertos probó
abundantemente Su pretensión de divinidad!
Por esta razón los primeros cristianos dieron sus
vidas en testimonio de la divinidad de Jesús y de la Redención, de Su Iglesia y
de la salvación prometida a aquellos que son fieles a Él; ¡y por esta misma
razón hoy nuestros hermanos cristianos de rito caldeo en Irak están siendo
asesinados, crucificados, violados, decapitados y abusados por seguidores de
una falsa religión, un falso profeta y un falso dios!
Es imprescindible para nosotros, católicos de hoy, aprender
tanto como podamos acerca de la divinidad de Cristo y de la verdad de Su única
Iglesia, a fin de que permanezcamos firmes en la verdadera fe si alguna vez
llega a pasarnos lo que está sucediendo hoy a muchos hermanos en países
islámicos.
Próximo artículo: El judaísmo, en aquel entonces y ahora.
Raymond de Souza
KM está disponible para hablar en eventos católicos en cualquier lugar del
mundo libre en inglés, español, francés y portugués. Por favor envíe un email a SacredHeartMedia@Outlook.com o
visite www.RaymonddeSouza.com o llame por
teléfono a 507-450-4196 en los Estados Unidos.
Juan Claudio Sanahuja, in memoriam
Juanjo Romero
Acaba de fallecer el querido Padre Juan Claudio Sanahuja,
bloguero y colaborador de InfoCatólica. Como dice el P.
Christian, él «que tanto luchó en defensa del niño por
nacer, fue llamado a su encuentro con el Señor, cuando el Niño Dios está por
nacer».
Licenciado en Ciencias de la Información y Doctor en Teología por la
Universidad de Navarra. Ordenado sacerdote en 1972, pertenecía a la Prelatura
del Opus Dei.
Conocido y respetado defensor de la vida y la familia, autor de El Gran Desafío: la Cultura de la Vida
contra la Cultura de la Muerte; El
Desarrollo Sustentable. La nueva ética internacional; Poder Global y religión universal; y de otros seis libros en
colaboración con otros autores.
Puso sus dones naturales al servicio de la evangelización. Pionero de la
publicación en Internet funda en 1998
el boletín electrónico Noticias
Globales, del que en 2001 se desprendió Notivida, boletín dedicado a los mismos temas enfocado a Argentina,
con la estrecha colaboración de Mónica del Río.
Asesor Eclesiástico de la Fundación Nueva Cristiandad y Vice-asesor del
Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires. Miembro correspondiente
de la Pontificia Academia Pro-Vida. Colaboró con el Pontificio Consejo para
la Familia, cuyo presidente, el cardenal Alfonso López Trujillo, lo llamó a
participar en 1992 en el Primer Encuentro de los Movimientos Pro-Vida de
América, organizado en Monterrey, México.
Allí pasó a integrar el grupo encargado de implantar la agenda pro-vida
y pro-familia en América Latina. Desde entonces, su actividad fue muy intensa,
siempre en colaboración estrecha con el Pontificio Consejo para la Familia.
En 2011, Su Santidad Benedicto XVI le otorgó el título de Capellán de Su
Santidad, incorporándolo de esta manera a la Familia Pontificia “por su dedicación al servicio del Evangelio
de la vida”.
Los que tuvimos la suerte de conocerlo fuimos testigos de su entrega
a las almas y su dolor por la Iglesia, siempre presentados por su inmensa
sonrisa. Su labor sacerdotal siempre fue guiada por el deseo de ser «‘alter
Christus, ipse Christus’, otro Cristo, el mismo Cristo» como
tantas veces le oyó decir a San Josemaría. Su amor al Señor era la raíz de todo
lo demás, por eso su pasión en la defensa de los más pequeños, de los débiles y
de la familia arrastraba a todos.
Fino analista que sazonaba los momentos más dramáticos con toques de
humor, incluso sobre él mismo. Pude comprobarlo en estos últimos días, cuando
la rápida enfermedad se iba desarrollando. Y cómo ofreció hasta el último
momento sus dolores por la Iglesia.
Personalmente fue un apoyo en tiempos de tribulación, con su consejo y
su prudente valentía; y me atrevo a decir lo mismo de otros blogueros de InfoCatólica, de muchos sacerdotes en su
Argentina y de fieles por todo el mundo.
Os animo a que en las puertas de la Navidad ofrezcamos oraciones por el
eterno descanso de su alma. Él lo preferiría a cualquier panegírico. Poder
presentarse con las «vestiduras blancas» (Ap 3,5) y las manos llenas.
Don Juan Claudio. DEP y muchas gracias.
Fuente: http://infocatolica.com/blog/delapsis.php/1612230530-fallece-juan-carlos-sanahuja
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La filial de Planned Parenthood
en Brasil manipula al Papa
para fomentar el
aborto
Una organización abortista brasileña, filial de la multinacional Planned
Parenthood, ha lanzado en las redes
sociales una singular campaña que convierte al Papa Francisco en aliado en su
lucha en favor del asesinato de bebés en gestación, al ponerlo como ejemplo
para convertir el aborto en «un crimen sin pena». El mensaje de esa campaña es:
“Mujeres que abortan. Todas
perdonadas por el Papa”.
(Actuall, 15/12/2016). Una imagen del Pontífice sonriendo
acompañada de la frase «mujeres
que abortan: ellas son millares en Brasil; todas perdonadas por el Papa
Francisco», está siendo intensamente divulgada en Facebook, Twitter y grupos de Whatsapp
desde finales de noviembre. La frase induce a pensar que el Santo Padre ha modificado la doctrina y
disciplina de Iglesia referente al aborto o que ha brindado algún tipo
de perdón automático a quien ha practicado o practica abortos.
La frase es falsa. Es una evidente manipulación del numeral 12 de la
carta apostólica Misericordia et misera, publicada el pasado 20 de
noviembre, en la que el Papa extiende por tiempo indefinido la facultad que
había concedido temporalmente a los sacerdotes de perdonar en confesión el
pecado del aborto. En la Iglesia
Católica el aborto causa excomunión inmediata y el penitente,
arrepentido y recurriendo al sacramento de la confesión, sólo podía ser perdonado por un obispo.
Ahora, para que «ningún obstáculo se
interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios»
cualquier sacerdote podrá absolver a quien esté arrepentido.
Podría pensarse que la campaña brasileña no es sino un lamentable equívoco,
lo que es común, por ejemplo, en una prensa inculta al momento de divulgar
noticias de la Iglesia. Sin embargo, junto al banner se ha divulgado un artículo de la antropóloga Débora Diniz
titulado El Papa Francisco y el
perdón del aborto. Originalmente
publicado en el periódico digital Huffington
Post, el texto, aunque breve, está plagado de mentiras y errores de
bulto.
Inicia declarando taxativamente que «no
hay más excomunión para la mujer que aborta, hay perdón, dijo el Papa Francisco».
La autora considera que a partir de ahora, en obediencia al Pontífice, los cristianos no deberán «amenazar a la mujer con las penas del
infierno» ni con la expulsión de la Iglesia Católica, y que los
confesores deberán «abstenerse de
castigar», dispensando «un perdón
incondicional». Indica que «el
sufrimiento del aborto es resultado de la clandestinidad», y no de la culpa
por haber asesinado al propio hijo en el vientre, y subraya que «es preciso que todas ellas lo sepan: el
pecado del aborto ahora es perdonable». Y transmite un mensaje claro: «aborta, antes no podías ser perdonada y
ahora sí, el Papa te comprende».
En el texto se afirma que para el Código
de Derecho Canónico – que es definido como un conjunto de reglas que
orientan la práctica religiosa de los católicos– , el aborto es una falta sin perdón que ha
sido ahora perdonado por un gesto «simple, justo y generoso» del Papa. Este gesto, concluye, es un ejemplo
a ser seguido por legisladores y jueces: «Son
millones de mujeres las que podrán acudir al confesionario y recibir el perdón.
El próximo paso es que nuestro ordenamiento legal se inspire en el Papa
Francisco y también haga del aborto un crimen sin pena».
Los errores son crasos y difícilmente puede
pensarse que no haya mala fe al afirmar que
hasta ahora el aborto era una «falta sin perdón» en la Iglesia. Quien escribe,
Débora Diniz, es una persona con instrucción académica superior, con
doctorados, formada en una familia cristiana, activista y líder feminista. La
autora omite intencionalmente que en el mismo numeral del documento pontificio
comentado en el artículo Francisco también dice «quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado
grave, porque pone fin a una vida humana inocente».
La organización que divulga todas estas mentiras no es cualquier grupo amateur. Se trata de ANIS – Instituto
de Bioética, organización que
recibe jugosos recursos de las Fundaciones Ford
y MacArthur y es una de
los tres representantes institucionales de Planned
Parenthood en Brasil. ANIS, que articula de forma sistemática en el país
las agendas abortista y de género, logró que en 2012 el aborto en caso de
anencefalia diagnosticada en el bebé en gestación fuera discutido y
despenalizado por el Supremo Tribunal de Justicia. Ahora, es una de las tres
situaciones en las que el crimen del aborto no es penalizado (las otras dos son
cuando hay riesgo para la vida de la madre y cuando hubo violación) en un
ordenamiento jurídico como el brasileño, que reconoce el derecho a la vida y
salvaguarda los derechos del nasciturus.
Recientemente ANIS ha intentado recorrer un camino similar para
aprobar el aborto para mujeres que estén infectadas por el virus del Zika, independientemente
de que el bebé este sano o tenga malformaciones. «Aquí la cuestión no es el feto. La mujer puede tener zika, pero no
presentar ninguna alteración en el feto. El problema es la presión psicológica
que sufre. Obligarla a mantener el embarazo en esta situación es una
violencia, es semejante a ser
sometida a una violación o a un largo periodo de tortura», explica
Débora Diniz. Si el Supremo respalda la petición de ANIS, impetrada a través de
la Asociación Nacional de Defensores Públicos, el aborto podrá ser practicado
en Brasil en cualquier mes de la gestación cuando cualquier mujer argumente que está padeciendo sufrimiento
psicológico intenso.
En este contexto se lanzó la campaña del «Francisco abortista». No por
casualidad se difundió una semana antes de que el Supremo abordara la petición
de ANIS sobre el «aborto-zika». Por eso pide que «el ordenamiento legal se inspire en el Papa Francisco y también haga
del aborto un crimen sin pena».
El juicio, que se realizaría el 7 de diciembre pasado, fue aplazado y no
tiene fecha definida aún. La ministra Carmen Lucia Antunes Rocha, presidente
del Supremo, manifestó estar sorprendida con la reacción «grande y un poco inesperada» de la población que se movilizó para
manifestar su rechazo al aborto en casos de Zika. Al parecer la campaña
abortista que manipula las palabras y gestos del Papa Francisco, como dicen los
brasileños, não colou (no coló).
El racismo como fenómeno contemporáneo
Lic. José
Alfredo Elía Marcos
Importantes
historiadores como Mosse, Claussen o Shipmann afirman que el racismo comienza a
partir de los siglos XVIII y XIX. Otros en cambio, como Gossett o Novel
argumentan que cada forma de exclusión étnica histórica puede considerarse como
racista. Ahora bien, si nos atenemos al análisis histórico del concepto “raza”
como categoría pseudo-antropológica, podemos asegurar que el racismo es un
fenómeno claramente contemporáneo.
En la antigüedad las grandes civilizaciones no fueron racistas
Hay quien
afirma que el racismo es tan antiguo como el hombre, pero un estudio serio
histórico y antropológico demuestra la falsedad de dicha aseveración. La
antropología comparada ha demostrado que infinidad de tribus primitivas
dividían a los seres humanos en dos grandes categorías: los “hombres”, es decir
los miembros de la propia tribu, y “los demás”, considerados a veces como
inferiores o incluso como animales. Pero aquí no se puede hablar de racismo, ya
que esas creencias carecen de cualquier tipo de formulación o intento alguno de
fundamentación ideológica; se trata, simplemente de un caso de xenofobia
cultural que se conoce como etnocentrismo (Levi-Strauss).
El tema de la
diferenciación entre el “nosotros” y los “otros” es un tema
recurrente presente en todas las civilizaciones y grupos humanos a lo largo de
la historia. Así lo expresa el pedagogo e investigador Alfonso García: “Todo
grupo humano primario tiende a considerarse a sí mismo como distinto del resto
de los humanos que no son parte de él. A lo largo y ancho del planeta, ciertas
tribus suelen denominarse a sí mismo ‘los hombres’, como distintivo del resto
de los seres humanos no pertenecientes a dichas tribus, implicando un rasgo
exclusivo de superioridad y de calidad frente a los otros, los extranjeros. Lo
cual no implica que el trato hacia los demás –los ‘no hombres’– sea excluyente.
En todo caso, en los llamados ‘pueblos primitivos’ de todos los continentes,
hombres son sólo los individuos que conforman el grupo tribal (el ‘endogrupo’
de la psicología social); el resto son forasteros, ajenos al grupo, y conforman
el ‘exogrupo’. También los antiguos egipcios se creían autóctonos y especiales,
fruto de una creación divina específica, e independiente de cualquier otro
grupo humano. El proceso en Grecia y Roma fue cambiando de acuerdo con los
designios de la extensión de la ciudadanía. Sin embargo, en ambos pueblos los
extraños eran denominados indistintamente ‘bárbaros’”. [1]
Estas
divisiones primarias entre nosotros y los otros son la base del
etnocentrismo considerado como conciencia de grupo de pertenencia. Los pueblos
antiguos solían explicar estas distinciones usando relatos míticos en los que
los dioses distinguían entre los elegidos y los discriminados. Ahora bien,
estas discriminaciones no eran raciales; en todo caso se basaban en aspectos
más bien culturales, como la geografía, la lengua, el vestido, el hábitat o la
religión.
Un
historiador chino describía a los bárbaros en el año I como cercanos a los
salvajes, pero en su descripción no se refiere a cuestiones biológicas, sino
más bien antropológicas y culturales: “Los bárbaros parecen humanos, pero
tienen el mismo corazón de los animales salvajes. Llevan puesto un vestido que
difiere del corriente en el Imperio del Medio, tienen otros usos y costumbres,
otra alimentación y otras bebidas. Hablan además una lengua incomprensible. Esa
es la razón por la cual un gobernante debería tratar a los bárbaros como se
trata a los salvajes”. [2]
En el Libro
de las Puertas, texto sagrado del Antiguo Egipto, aparece una división de
la humanidad en distintas “razas”. Este escrito identifica cuatro categorías de
“hombres” en las que se mezclaban características como el color de piel con las
identidades tribales o nacionales. Estos grupos eran los egipcios, asiáticos,
libios y nubios. Historiadores como Basil Davidson, J. D. Clark, H. Alimen o L.
S. B. Leakey han estudiado en profundidad esta época histórica concluyendo que
una tercera parte de la población egipcia estaba compuesta por pueblos
“negroides”. Incluso algunos faraones fueron de origen “negro”, llegando a
reinar en el Egipto toda una dinastía etíope.
Gran parte de
la historia del pueblo judío se haya reflejada en la Biblia y en ella, si bien
podemos encontrar una exaltación de este pueblo como escogido de Dios, no hay
signos de discriminación hacia otros pueblos por motivos raciales, sino por sus
costumbres paganas. Por poner algunos ejemplos, Seforá, la esposa de Moisés fue
cusita (por lo que pudo haber sido negra), como también lo fue Ebedmélec, quien
salvó la vida al profeta Jeremías. En el Cantar de los Cantares 1,5, se ensalza
la belleza de una mujer negra. Los intentos de justificar primero la esclavitud
y más tarde el racismo en base a las Sagradas Escrituras han sido, como ya
veremos, tergiversaciones y manipulaciones del texto original.
Otras
civilizaciones clásicas como Roma o China daban mayor importancia a las
afiliaciones en la familia o tribu que a la apariencia física (Dikötter, 1992;
Goldenberg, 2003). En la Grecia clásica se daba una mezcla cultural siendo así
que los esclavos griegos pertenecían al mismo grupo humano de sus amos. La
única división que se establecía era la de griegos y bárbaros, siendo estos
últimos los que no hablaban griego y no poseían una cultura griega. Jenófanes
en el siglo VI a.C. fue el primer autor que escribió sobre las diferencias
físicas existentes entre blancos y negros, pero en aquella época ni entre los
griegos, ni entre los romanos, se hablaba de superioridad de unos frente a
otros. El mestizaje, por tanto, no se veía como repugnante o raro: “ninguna
ley se refería al tema y numerosos etíopes se casaron con griegos o egipcios”. [3]
El sabio Cicerón
(103-43 a.C.), sostenía que todos los hombres, independientemente de su origen,
podían alcanzar la virtud: “Los hombres se diferencian por el saber; más
todos son iguales por sus aptitudes para conseguir ese saber; no hay raza que,
guiada por la razón, no llegue a alcanzar la virtud”. [4]
El
historiador norteamericano Frank M. Snowden Jr. escribe: “Entre los griegos
y los romanos, las relaciones sociales (entre negros y blancos) no dieron lugar
a los prejuicios de color de determinadas sociedades occidentales posteriores.
Ni los griegos ni los romanos desarrollaron ninguna teoría sobre la
superioridad blanca”. [5]
Un claro
ejemplo de la ausencia de racismo basado en el color en el Imperio romano lo
encontramos en el hecho de que el emperador romano Septimius Severus
(193-211 d.C.) era negro. También Publio Terencio Africano, un respetado autor
de comedias romanas, era de tez oscura. En Roma un ciudadano era despreciado no
por su pigmentación, sino por pertenecer a un grupo marginal, o por practicar
ritos bárbaros. No obstante, a medida que el Imperio se ampliaba, la categoría
de ciudadano se extendía a todas las personas nacidas libres en las distintas
municipalidades. Es cierto que los romanos se consideraban superiores a los
demás, y con derecho a conquistar y someter a sus vecinos. Pero en ellos se
observa un esfuerzo por extender su cultura a los pueblos conquistados, lo que
nos demuestra que en realidad creían más en la superioridad de su cultura y no
tanto en la de su sangre o raza.
Se puede
afirmar que las disputas entre los pueblos de la antigüedad no estuvo motivada
por el odio racial. Los griegos llamaban ‘bárbaro’ a todo aquel que no era de
su cultura (en aquel momento ese término no tenía el sentido peyorativo que
tiene en la actualidad). Los egipcios también llamaban bárbaro a aquellos que
no hablaban la misma lengua de su pueblo. Es por ello que no se puede hablar de
un sentimiento de superioridad o inferioridad racial, sino tan solo de
etnocentrismo cultural. Griegos y egipcios sobrevaloraron sus culturas y las
colocaron como centro y modelo de todas las demás.
Con el
cristianismo se introduce en la historia el concepto de universalismo, un
término completamente desconocido para el mundo antiguo. Los primeros
cristianos, en vez de sentirse miembros de una comunidad restringida y separada
del resto de la humanidad, se consideran miembros de la gran familia de los “hijos
de Dios” a la que todo ser humano está llamado a pertenecer. En los hechos de
los apóstoles se puede leer este testimonio de Pedro que es crucial para
entender el fundamento universalista del cristianismo: «Pedro tomó entonces
la palabra y dijo: “Ahora comprendo de verdad que Dios no hace distinción de
personas, sino que, en cualquier nación, acepta al que lo respeta y obra
rectamente. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la buena noticia
de la paz por medio de Jesús el Mesías, que es el Señor de todos. Ya conocéis
lo que ha ocurrido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, después
del bautismo predicado por Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios
ungió con la fuerza del Espíritu Santo. Él pasó haciendo el bien y curando a
los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con Él. Nosotros somos
testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. A Él, a
quien mataron colgándolo de un madero, Dios lo resucitó al tercer día y le
concedió que se manifestase, no a todo el pueblo, sino a los testigos elegidos
de antemano por Dios, a nosotros que comimos y bebimos con Él después que
resucitó de entre los muertos. Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio
de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio
todos los profetas, afirmando que todo el que cree en Él recibe el perdón de
los pecados, por medio de su nombre.”» [6]
La cuestión de la esclavitud en el mundo antiguo
Otro tema a
destacar es la actitud política que llevaron a cabo estas culturas hacia “los
otros”. Durante el imperio romano los que eran hechos esclavos eran los
ciudadanos extranjeros de los pueblos conquistados. Pueblos racial y
culturalmente diferentes a quienes se aplicaba el derecho de conquista. Sólo en
la decadencia de Roma la esclavitud se empezó a aplicar como castigo a los
ciudadanos romanos culpables de ciertos delitos.
Para las
culturas clásicas de Persia, Egipto, Grecia y Roma la esclavitud estaba
universalmente aceptada. Esta se basaba en el derecho de conquista y por lo
tanto la guerra era un medio de nutrirse de mano de obra esclava con los
prisioneros capturados en la batalla. Así también lo entendieron civilizaciones
tan dispares como las aztecas, mayas, indias o chinas.
En ningún
momento se justificó la esclavitud por el hecho de que los seres humanos fueran
superiores o inferiores. Algunos pensadores griegos y juristas romanos llegaron
a reconocer que la esclavitud iba contra
natura. La legislación romana reconocía que existía un conflicto entre la ius
gentium, la ley consuetudinaria de las naciones, y la ius naturale,
o ley natural. La opinión general entre los historiadores es que la esclavitud
era una convención, algo que resultaba muy práctico y que se justificaba en
base a su utilidad.
El filósofo
griego Platón (427-347 a.C.) dividía la sociedad en categorías funcionales. En
el libro de La República habla de la división de la ciudad según tres
tipos básicos de actividades. Asignará a cada ciudadano una posición según su
disposición natural para realizar estas labores básicas para el funcionamiento
de la ciudad.
§
Gobernantes: encargados de las actividades administrativas
de la ciudad.
§
Guardianes o guerreros: encargados de la guerra.
§
Artesanos: encargados de las actividades
productivas.
De esta
manera establece las clases sociales que ha de tener la ciudad. Ahora bien,
para Platón, cada ciudadano, al igual que un metal, tiene una característica
propia. La mezcla de estas genera distintas aleaciones que el gobernante ha de
tener en cuenta a la hora de organizar la ciudad. “Sois, pues, hermanos
todos cuantos habitáis en la ciudad –les diremos siguiendo con la fábula–;
pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos
de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno;
plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y
demás artesanos. Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente
ocurra que cada clase de ciudadanos engendre hijos semejantes a ellos, puede
darse el caso de que nazca un hijo de plata, o que se produzca cualquier otra
combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal
mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de
todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya
ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que
están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su
propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o de hierro, el gobernante debe
estimar la naturaleza en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima
conmiseración, a la clase de los artesanos y labradores. O al contrario, si
nace de éstos un vástago que contenga oro o plata, debe apreciar también su
valor y educarlos como guardián en el primer caso o como auxiliar en el
segundo, pues, según un oráculo, la ciudad perecerá cuando la guarde el
guardián de hierro o el de bronce”. [7]
De la misma
manera se expresa el filósofo árabe medieval Ibn Khaldûn, para quien la esclavitud forma parte
del orden de la sociedad:“El mundo es un jardín cuya cerca es la dinastía.
La dinastía es una autoridad que da a la vida un comportamiento adecuado. Un
comportamiento adecuado es una política dirigida por el gobernante. El
gobernante es una institución sostenida por los soldados. Los soldados son
ayudantes que se mantienen con dinero. El dinero es un medio de sostenimiento
que proporcionan los súbditos. Los súbditos son sirvientes protegidos por la
justicia. La justicia es algo familiar y, a través de ella, el mundo persiste.
El mundo es un jardín…” [8]
En el
islamismo la yihad se plantea como una guerra lícita en que cada
musulmán varón tiene como deber religioso liberar la tierra del Islam (Dar
Al Islam) de la dominación de los infieles. La ley coránica permite a los
defensores del Islam capturar a personas para hacerlas esclavas (Kafirun).
Tan sólo se permitía a los “monoteístas”, es decir, judíos y cristianos,
liberarse de la esclavitud, mediante el pago de un impuesto o rescate (yizya)
como muestra de sometimiento e inferioridad. De hecho, en la España musulmana,
los cristianos podían eludir la esclavitud sólo si pagaban la yizya a
los gobernantes árabes. Pensadores musulmanes como Alí Al-Bagir defendieron la
institución esclavista de la siguiente manera:
“El
yihad busca ennoblecer el espíritu en el Islam, liberar el espíritu del vínculo
de la no-creencia, la conversión no es ni mucho menos un santuario alejado de
la condición servil. Y si el yihad libera a los hombres de la no-creencia, así
también la humillación y el sometimiento de la esclavitud sirven para arrancar
a los hombres de la infidelidad. De esta forma, el yihad trae la muerte al
infiel, mientras lo elimina garantiza la dignidad de la comunidad musulmana. Es
la esencia del Islam. Para capturar su identidad (nasab), el esclavo y la
esclava deben enclaustrar su espíritu en el Islam y es sólo a través de la
manumisión que el proceso se puede sostener”. [9]
Diversas fuentes historiográficas
cifran en un periodo superior a un milenio la duración del comercio de esclavos
por los árabes musulmanes, estimándose en más de diez millones las personas
sometidas a esclavitud. Los esclavos en el mundo árabe tenían diversas
procedencias, incluyendo el África subsahariana, el Cáucaso, Asia Central y
Europa Central y Oriental. Ibn Battuta ha afirmado multitud de veces que le
fueron dados o que compró esclavos. Los esclavos eran comprados o capturados en
las fronteras del mundo islámico y posteriormente importados hacia los
principales centros, donde existían mercados de esclavos desde donde eran
distribuidos.
Fueron los
musulmanes los primeros en servirse del falso argumento bíblico de la
“maldición de Cam” para poder ejercer la rentable profesión de esclavista sin
problemas de conciencia. De esta manera, los textos sagrados se fueron
alterando lo suficiente para poder justificar la esclavitud.
Algunos
lugares africanos tienen etimologías árabes haciendo referencia en sus nombres
a este tráfico de personas. Así, por ejemplo Zanzíbar significa en persa “Costa
de esclavos” (زنگبار zangi-bar). Sudán proviene del árabe السودان, Bilad as-Suda’n; que significa ‘tierra de los
esclavos’.
En China la
esclavitud también se aceptaba como parte de la vida política. Los esclavos
eran propiedad del Estado, y estaban compuestos principalmente por prisioneros
de guerra y delincuentes condenados. Algunas dinastías, como por ejemplo la
Shang (1600-1100 a.C.), fueron tan crueles que en las tumbas encontradas en
Anyang se han encontrado evidencias de sacrificios humanos en un número
considerable. El filósofo chino Confucio (551-479 a.C.) consideraba que
los esclavos eran, por razones “naturales”, intelectualmente inferiores a sus
propietarios, quienes poseían un ingenio innato que les capacitaba para asumir
el poder y dirigir los asuntos de Estado. Su afirmación: “dos cosas son
inmutables: la inteligencia de los hombres bien nacidos y la estupidez de los
plebeyos” resume su postura.
La India y el sistema de castas
Entre las
civilizaciones antiguas existe no obstante una excepción que merece la pena
analizar. Es el caso de la civilización india y su sistema de castas. Esta
forma de organización social generó una religión a medida denominada hinduismo,
que no es otra cosa que un auténtico racismo de castas, por lo que tiene de
discriminación y segregación. En la actualidad más de 200 millones de
individuos, aproximadamente la sexta parte de la población de la India, siguen
sufriendo este sistema, a pesar de los continuos esfuerzos por erradicarlo y de
que la constitución de la India de 1950 abolió el término “intocables”.
El sistema de
castas de la India es un sistema hereditario de estratificación social en cinco
niveles que, ligado al hinduismo, ha permanecido por unos 3.000 años aproximadamente.
Esta jerarquía social se atribuye al legislador Manú, quien en el Mánava
Drama Shastra (Leyes de Manú) estableció uno de los principales fundamentos
de la religión hindú. El sistema de castas se implantó a raíz de las invasiones
de grupos indoeuropeos en la península del Indostán hacia el 1.500 a.C. En los
libros sagrados (Vedas) escritos en sánscrito se describe esta invasión
por los que llaman arios.
Según el Código
de Manú, cada individuo nace en una de las varnas o categorías, y ha
de permanecer en ella hasta la muerte. Estas varnas se ordenan
jerárquicamente en cuatro castas. El término varna significa “color” y
alude a criterios de pureza. El hinduismo enseña que la creación del hombre se
realizó a partir de las diferentes partes del cuerpo de una divinidad llamada Brahma.
Dependiendo de la parte del cuerpo de origen estos se clasifican en las cuatro
varnas o castas. Los brahmanes constituyen la casta superior y estaría
formada por los sacerdotes y maestros, quienes habrían surgido de la boca de
Brahma. La segunda estaría constituida por los Kshatriyas o casta
político militar, estaría formada por nobles y guerreros y habría surgido de
los hombros de Brahma. Les siguen los vaisias que serían los mercaderes
y negociantes formados de las caderas de Brahma. Por último se encontrarían los
shudras o esclavos, a quienes pertenecerían los campesinos, obreros y
artesanos. Estos habrían surgido de los pies de Brahma. Según las leyes de Manú
la máxima aspiración de un shudra ha de ser la de entrar al servicio de
algún miembro de las tres castas superiores. Los intocables, dalits o parias
pertenecen a una quinta categoría que está al margen del sistema de varnas,
porque las labores que realizan son demasiado impuras como para incluirlas en
la escala de los varnas. Su origen no estaría en el cuerpo de Brama, sino en su
excremento.
Las leyes
de Manú establecen que este orden es sagrado y que nadie puede aspirar a
pasar a otra casta en el transcurso de su vida. Tan solo mediante la
reencarnación un alma podría ir avanzando hacia estados más puros siempre que
se hayan cumplido las actividades (Karma) correspondientes a su camino (dharma).
Cada individuo debe preservar la armonía y el orden y por ello se encuentra
atrapado en su propio dharma sin posibilidad de escapar al destino que
corresponde a su casta.
La doctrina
hindú habla del “kali-yuga” como aquella época en que se produce la decadencia
de una civilización debido al mestizaje y a la desaparición de las castas y
estirpes. Por ello, el Manava Dharmasastra o “Leyes de Manú”
sentencia de la siguiente manera: “Los arios que, en su locura, contraigan
matrimonio con una mujer de la última casta, degradan su familia y su
descendencia al nivel de un sudra… De las uniones irreprobables descienden una
posteridad sin mácula; de las uniones ilícitas una posteridad despreciable: se
deben, por tanto, evitar las uniones despreciables”. [10]
La
división en castas establecida por Manu en el año 200 perdura hasta hoy y su
principal sustento en el tiempo proviene de los brahmanes, que se encuentran en
el vértice de la pirámide. Un informe del profesor de Ciencias Políticas de la
Universidad de Nueva Delhi Gopal Guru, publicado por la UNESCO en 2001,
afirmaba: «Es evidente que la discriminación basada en la casta fue una
construcción ideológica elaborada por las categorías superiores para crear y
mantener su monopolio sobre el capital cultural (conocimiento y educación), el
capital social (situación y dominación patriarcal), el político (poder) y el
material (riqueza)».
La concepción
de la historia en el hinduismo es cíclica y viene determinada por las sucesivas
reencarnaciones. Una reencarnación es la sucesión periódica de muertes y
renacimientos, en las que el alma va pasando por diferentes vidas siguiendo un
orden ascendente o descendente según los méritos y el comportamiento personal
que se hayan seguido en la vida anterior. La finalidad del hinduismo es romper
el karma o “rueda de la vida” de sufrimientos y penurias, para llegar a
un estado de nirvana o felicidad absoluta. En este mundo espiritual
superior, uno se libera definitivamente del ciclo de reencarnaciones, siempre
que haya llevado una vida de oración y desapego sincero de los bienes
materiales. Precisamente la creencia del hinduismo en las reencarnaciones
permitía, como apunta el historiador francés Jean Michel Deveau, justificar la
esclavitud en la India: “Por eso conviene remontarse al Ramayana, al
Mahabharata y al conjunto de la literatura épica sánscrita para encontrar la
descripción de una esclavización comparable a la que conocieron las restantes
civilizaciones (…) Según los relatos de esta literatura antigua, los indios
pensaban que toda persona nacida en la esclavitud pagaba las malas acciones de
una vida anterior. No le quedaba más remedio que aceptar pacientemente su
suerte y aguantar los antojos de su amo, sin sentir ningún resentimiento hacia
él, aun cuando este último tratara de darle muerte, pues esta larga resignación
le valdría una mejor suerte en una próxima vida.” [11]
Las castas
han funcionado en la India como un apartheid, que permitía mantener el
monopolio del poder de las castas superiores a la vez que se empleaba como
mecanismo de explotación económica. La segregación por casta llega a límites
insospechados, de tal manera que el solo contacto de un individuo con alguien
de casta inferior es considerado como una contaminación y ha de procederse a un
largo y complejo ceremonial para poder recuperar la limpieza. Algunas castas
contaminan sólo con la sombra y otras no pueden acercarse sino a distancias
determinadas.
[1] Alfonso García Martínez, La construcción sociocultural del racismo,
2004.
[2] Citado por Angel Rodríguez
Kauth, Sobre las razas y el racismo.
[3] Thomas,
1998:26. Citado por Alfonso García Martínez, La construcción sociocultural del racismo, Ed. Dykinson, 2004, p.
38.
[4] Citado por Juan Comas, Los mitos raciales, Universidad de
México, Nº 6, 1956.
[5] Frank M. Snowden Jr., Blacks in Antiquity, Cambridge-Mass., 1970, pp. 182-183.
[6] Hechos de los Apóstoles 10,34-43.
[7] Platón, La República, 415 a-c.
[8] Ibn Khaldûn, The
Muquaddimah, 3 vols., Nueva York 1958, I, pp. 80-81.
[9] Ali
Al-Baquir, Tarij ghard afriqia; citado
por Omayma Shiakh-Eldin Gibril, Antropología
de la esclavitud, género y racismo en Sudán, Editorial de la Universidad de
Granada, 2007.
[10] Leyes de Manú, III, 15, 42.
[11]
Jean-Michel Deveau, Mujeres esclavas de
todos los tiempos, Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 2001, pp. 149-150.
(José Alfredo Elía
Marcos, Las mentiras del Racismo.
El peligroso mito de la raza y la falaz ideología del determinismo biológico,
Sección 1.4).
Nota
de Fe y Razón: Estamos
publicando en entregas sucesivas, con permiso del autor, el libro Las mentiras del Racismo del Lic. José
Alfredo Elía Marcos. En este libro, el autor expone el verdadero origen
de la ideología del racismo, su desarrollo histórico (colonialismo, apartheid, nazismo...) y cómo fue
vencida (teóricamente, que no en la práctica) durante el siglo XX. Es un texto
sorprendente y revelador de cómo una ideología materialista y atea originó una
falsa antropología sobre el hombre y sus relaciones; una ideología que tiene su
sustituto actual en otro planteamiento deshumanizador y destructor: la
ideología de género.
José Alfredo Elía Marcos es español, nacido en Valladolid y
residente en Madrid. Licenciado en
Ciencias Físicas. Profesor de Instituto. Casado y padre de tres niños. Ha dado
diversas conferencias sobre Publicidad, Antropología, Ciencia y Fe. También ha
dado cursos sobre Cine y Educación, y Cultura de la Vida. Autor del libro Superpoblación: La conjura contra la vida
humana, y de los blogs No matarás
y Las mentiras del racismo.
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Mujer sospecha que su matrimonio podría ser válido
Cavernícola
(ECOS de la CAVERNA) Helena K., nueva feligresa de la
Parroquia de San Gaspar de los Alemanes, sorprendió el pasado martes a sus
coparroquianos con unas afirmaciones que algunos han calificado como “escandalosas”.
“Eso que dice no es católico”, opina Eugenio M., feligrés de la misma parroquia.
“Me eduqué durante veintitrés años en el colegio de los Padres Alfonsinos
Acompañistas y sé de lo que hablo”.
Según declaraciones de testigos presenciales, la última reunión semanal
de matrimonios de la parroquia contó con la asistencia de una pareja nueva,
recién llegada a la zona. “En cuanto los vi, noté que no eran trigo limpio”,
recuerda Erwina F., vicepresidenta del consejo parroquial. “Había
algo en sus caras que no me convencía”.
Como es su costumbre, el Comisario Pastoral del grupo de matrimonios
había dado comienzo a la reunión con algunas explicaciones teológicas sobre el
matrimonio. En aquella ocasión, aclaró que no había que “preocuparse cuando
surgen dificultades en el matrimonio, porque esos problemas son la voz
de Dios que nos indica que nos hemos equivocado y debemos pedir la
nulidad para rehacer nuestra vida”.
“Pues yo creo que nuestro matrimonio podría ser válido”,
afirmó entonces Helena K., sin ser consciente de las expresiones de horror que
suscitaban sus palabras entre la concurrencia. “Ya sé que mi marido es tirando
a feo y que suele estar bastante malhumorado antes de cenar, pero, en fin, es
mi marido”. “A veces discutimos y nada me apetecería más que enviarlo a freír
espárragos, pero si acudimos a Dios, nos da la fuerza para ser fieles a nuestro
matrimonio”.
Según parece, los demás asistentes a la reunión intentaron que la nueva
miembra del grupo entendiera su error, recordándole que la Biblia decía “en
algún sitio” que todos los matrimonios eran nulos, pero cuando el esposo
confesó que tenían cuatro hijos, comprendieron que sus esfuerzos eran en vano.
Como los ánimos de los veteranos del grupo se estaban calentando, el Comisario
Pastoral se vio obligado a concluir la reunión para evitar males
mayores y la pareja abandonó apresuradamente el lugar entre gritos de
“¡Judas!” y “¡Se creen mejores que los demás!”.
El párroco de San Gaspar, don Sisebuto, prefiere quitar
hierro al asunto. “Pensar así no es pecado, al menos no exactamente”,
explicó el sacerdote al reportero de ECOS de la CAVERNA. “Más bien, se trata de
una cierta actitud de soberbia espiritual, de ponerse por encima de los demás,
pero nada que no pueda corregirse con unas cuantas reuniones del grupo de
matrimonios. Ya lo hemos conseguido en otros casos”.
NOTA: ECOS de la CAVERNA es un
periódico de carácter humorístico-paleontológico-autorreferencial.
Fuente: http://infocatolica.com/blog/caverna.php/1701110230-mujer-sospecha-que-su-matrimo
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San Pedro Canisio
¡Oh Dios todopoderoso y eterno, Señor, Padre celestial!
Mira nuestra calamidad, miseria y necesidad con los ojos de tu
insondable misericordia.
Compadécete de todos los fieles cristianos,
por los que tu Hijo unigénito, nuestro amado Señor y Salvador
Jesucristo,
se entregó voluntariamente en manos de los pecadores
y derramó su preciosa sangre en el tronco de la Santa Cruz.
Por los méritos de nuestro Señor Jesús aparta de nosotros, oh
Padre clementísimo,
los castigos merecidos, los peligros presentes y futuros, los
disgustos dañinos,
los preparativos bélicos, las carestías, las enfermedades, las
épocas de tristeza y miseria.
Ilumina también y fortalece en todo lo bueno
a los dirigentes y gobernantes tanto espirituales como seculares,
para que fomenten todo lo que pueda contribuir a tu gloria divina
y a nuestra salvación,
así como a la paz universal y al bienestar de la cristiandad en la
paz.
Concédenos, oh Dios de la paz, una adecuada reunificación en la
fe, sin cismas ni divisiones;
convierte nuestros corazones a la verdadera penitencia y a la enmienda
de vida;
haz que prenda en nosotros el fuego de tu amor;
danos hambre y celo de toda justicia, para que, como niños
obedientes,
te resultemos agradables y placenteros en la vida y en la muerte.
También te suplicamos, como Tú quieres que te supliquemos, oh
Dios,
por nuestros amigos y enemigos, por los sanos y los enfermos,
por todos los cristianos tristes y compungidos, por los vivos y
los difuntos.
En tus manos ponemos, oh Señor, todas nuestras acciones y
omisiones,
nuestra actividad y cambio, nuestra vida y muerte.
¡Permítenos disfrutar aquí de tu gracia y llegar, con todos los
elegidos,
a alabarte, honrarte y glorificarte en la paz y la dicha eternas!
¡Concédenos todo esto, oh Señor, Padre celestial!
Por Jesucristo, tu Hijo amado, quien junto contigo y con el
Espíritu Santo vive y reina,
como Dios en igual medida, de eternidad en eternidad.
Amén.
(Fuente: Benedicto XVI, Últimas conversaciones con Peter Seewald).
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“Hoy se hace
necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la
Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa
o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de
decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente,
como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los
discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una
apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de
Aparecida, n. 229).
Contacto: feyrazon@gmail.com
Fundadores: Ing. Daniel Iglesias, Lic. Néstor Martínez, Diác.
Jorge Novoa.
Equipo de Dirección: Ing. Daniel Iglesias, Lic.
Néstor Martínez, Ec. Rafael Menéndez.
Colaboradores: Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, R. P. Lic.
Horacio Bojorge SJ, Mons. Dr. Antonio Bonzani, Pbro. Eliomar Carrara,
Dr. Eduardo Casanova, Carlos Caso-Rosendi, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Dr.
Pedro Gaudiano, Diác. Prof. Milton Iglesias Fascetto (+), Pbro. Dr. José María
Iraburu, Diác. Jorge Novoa, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Miguel Pastorino,
Santiago Raffo.
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