Fe y Razón

Revista gratuita de teología y cultura católica

Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 119 – 1° de abril de 2016

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

(“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”)

Santo Tomás de Aquino

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

Diez años de la revista Fe y Razón

Equipo de Dirección

Libros

Daniel Iglesias Grèzes publicó un libro de meditaciones cristianas

Equipo de Dirección

Magisterio

Carta Encíclica Pascendi sobre las doctrinas de los modernistas –IV

Papa San Pío X

Historia

50º aniversario de la Conferencia Episcopal Española: ¿celebración o penitencia?

Bruno M.

Espiritualidad

Infidelidades y reformas –4

Pbro. Dr. José María Iraburu

Biblia

El arrepentimiento del hijo pródigo

Lic. Néstor Martínez Valls

Biblia

Algunos argumentos contra la fuente Q

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Apologética

Refutación de objeciones a la existencia del alma espiritual

Raymond de Souza, KM

Familia y Vida

El neocolonialismo (1974-1994)

José Alfredo Elía Marcos

Catecismo

La purificación final o purgatorio

Catecismo de la Iglesia Católica

Oración

Regina Caeli

Tradicional

 

 

Diez años de la revista Fe y Razón

 

Equipo de Dirección

 

El 10° aniversario de la revista Fe y Razón

 

El sitio web de teología y filosofía Fe y Razón fue fundado hace diecisiete años (en 1999) por tres católicos uruguayos (Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias) con el propósito de contribuir a la evangelización de la cultura en fidelidad al Magisterio de la Iglesia y de difundir la obra de grandes pensadores cristianos.

 

En marzo de 2006, el mismo trío publicó el N° 1 de la revista Fe y Razón. Por lo tanto, en este mes de marzo (que, al escribir estas líneas, está terminando) nuestra revista cumplió diez años de vida.

 

En el artículo editorial de ese primer número escribimos entre otras cosas lo siguiente: En este año de gracia 2006 tenemos el agrado y la alegría de dar un paso más, por medio de la publicación de la Revista Virtual "Fe y Razón", con suscripción gratuita y periodicidad mensual. Esperamos que esta revista permita acercar a "Fe y Razón" a nuevos lectores (especialmente en nuestro propio país) y establecer con ellos un intercambio más fluido e interactivo. (…)

  

Rogamos al Señor que la Revista Virtual “Fe y Razón”, que hoy damos a luz, pueda hacer en los años sucesivos, desde la perspectiva de la fe católica y con humildad, un aporte positivo a nuestra cultura, marcada tan fuertemente por el secularismo. A través de Internet, este nuevo medio de comunicación social que abre tantas perspectivas para la democratización de la información, queremos contribuir a la formación cristiana continua de los fieles laicos y al fortalecimiento de la presencia católica en el espacio público. (…)

 

La revista virtual “Fe y Razón”, al igual que el sitio web homónimo, no está dirigida únicamente a lectores católicos. Todos los lectores son bienvenidos, sean cuales sean sus creencias u opiniones en materia religiosa. Queremos que “Fe y Razón” (sitio web y revista virtual) sea un espacio de diálogo con católicos, cristianos no católicos, creyentes no cristianos y no creyentes. Con respeto y confianza, trataremos de proponer a todos las verdades conocidas por la fe en la Divina Revelación y por la razón humana, (…) [y] poner de relieve la credibilidad de la fe católica.”

 

Llegar a los diez años de existencia es un logro importante para cualquier revista, tanto más para una revista de teología católica nacida en una ciudad tan secularizada como nuestra querida Montevideo. Hoy, a la vez que damos gracias a Dios por los primeros diez años de nuestra revista, volvemos a expresar nuestro compromiso de trabajar en pro de la evangelización de la cultura y del renacimiento o la renovación de la cultura católica.

 

Día Internacional del Niño por Nacer


Tenemos el agrado de invitar a nuestros lectores al Encuentro sobre el derecho a la vida y las amenazas del nuevo orden mundial que tendrá lugar el sábado 2 de abril a las 16:00 hs en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes (conocida como "Parroquia de Malvín"), en Michigan 1625, Montevideo. El Encuentro se hará en el marco de la celebración del Día Internacional del Niño por Nacer en Uruguay. Por la DEROGACIÓN de la LEY del ABORTO y por la RESTAURACIÓN del DERECHO a la VIDA. Les rogamos que difundan esta invitación.


***

 

Les deseamos a todos ustedes y sus familias una muy feliz y santa Pascua de Resurrección.

 

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Daniel Iglesias Grèzes publicó un libro de meditaciones cristianas

 

Equipo de Dirección

 

El Ing. Daniel Iglesias Grèzes ha publicado su tercer libro en Amazon: Proclamad la Buena Noticia. Meditaciones sobre algunos puntos de la doctrina cristiana. Este libro de 120 páginas pretende ayudar a los lectores cristianos a crecer en la fe y a los no cristianos a conocer y apreciar más el cristianismo. La obra consta de un prólogo y 38 capítulos:

 

1. Un pálido punto azul -2. “Dame una razón para ir a la iglesia” -3. Dos tipos de relaciones humanas -4. Mi felicidad y la infelicidad ajena -5. Dios castiga -6. Jesús resucitado da el Espíritu Santo a sus discípulos -7. Piedras vivas -8. La multiplicación de los panes: ¿un simple reparto de provisiones? -9. Sobre esta roca -10. “Mis hermanos más pequeños” -11. El primer principio de la teología cristiana -12. El tiempo del Anticristo -13. Reflexiones sobre el “moralismo” -14. El Corán y la Santísima Trinidad -15. Fe y Razón -16. La Iglesia y el Reino de Dios -17. El regreso del conciliarismo -18. Algunos argumentos contra el protestantismo -19. La inteligencia humana puede conocer la verdad de lo real -20. El conocimiento de Dios -21. El hombre es “capaz” de Dios -22. ¿Cómo es Dios? -23. La razón humana y el misterio de Dios -24. La “neuroteología” -25. Hay un solo Dios -26. La Divina Revelación -27. La Sagrada Escritura -28. El hombre y los animales -29. El hombre es un ser religioso -30. Jesucristo, el Hijo de Dios -31. El pluralismo y la verdad -32. Unidad, libertad y caridad -33. Proponer la fe -34. La hipótesis del limbo es abandonada -35. La reencarnación de las almas -36. La indisolubilidad del matrimonio -37. Las cosas pequeñas -38. La nueva evangelización requiere el nuevo ardor de los católicos

 

Proclamad la Buena Noticia está disponible en dos formatos:

·         como libro impreso en: https://www.createspace.com/6157928 (precio: US$ 7.00 más envío);

·         como libro electrónico en formato Kindle en: http://www.amazon.com/dp/B01DCO5UYQ (precio: US$ 5.00).

 

La opción Look inside permite ver algunas páginas del ebook, a modo de muestra gratis.

 

Para leer este ebook no se requiere un dispositivo Kindle. Amazon ofrece la posibilidad de descargar fácilmente una aplicación gratuita llamada Kindle App, que permite leer ebooks en cualquier computadora, tablet o smartphone. Basta que ingreses tu número de teléfono móvil o tu dirección de email para que Amazon te envíe un enlace para descargar esa aplicación gratuita. 

 

Te invitamos a comprar un ejemplar de este libro. Si optas por el ebook, podrás disfrutar inmediatamente de una obra que es el resultado de estudios, reflexiones y discusiones que el autor ha desarrollado a lo largo de muchos años de apostolado como apologista católico.

 

Te rogamos que difundas esta noticia. Que Dios te bendiga.

 

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Carta Encíclica Pascendi
sobre las doctrinas de los modernistas –IV

 

Papa San Pío X

 

33. Pasemos al apologista. También éste, entre los modernistas, depende del filósofo por dos razones: indirectamente, ante todo, al tomar por materia la historia escrita según la norma, como ya vimos, del filósofo; directamente, luego, al recibir de él sus dogmas y sus juicios. De aquí la afirmación, corriente en la escuela modernista, de que la nueva apología debe dirimir las controversias de religión por medio de investigaciones históricas y psicológicas. Por lo cual los apologistas modernistas emprenden su trabajo avisando a los racionalistas que ellos defienden la religión, no con los Libros Sagrados o con historias usadas vulgarmente en la Iglesia, y que estén escritas por el método antiguo, sino con la historia real, compuesta según las normas y métodos modernos. Y eso lo dicen no cual si arguyesen ad hominem, sino porque creen en realidad que sólo tal historia ofrece la verdad. De asegurar su sinceridad al escribir no se cuidan; son ya conocidos entre los racionalistas y alabados también como soldados que militan bajo una misma bandera; y de esas alabanzas, que el verdadero católico rechazaría, se congratulan ellos y las oponen a las reprensiones de la Iglesia.

 

Pero veamos ya cómo uno de ellos compone la apología. El fin que se propone alcanzar es éste: llevar al hombre, que todavía carece de fe, a que logre acerca de la religión católica aquella experiencia que es, conforme a los principios de los modernistas, el único fundamento de la fe. Dos caminos se ofrecen para esto: uno objetivo, subjetivo el otro. El primero brota del agnosticismo y tiende a demostrar que hay en la religión, principalmente en la católica, tal virtud vital, que persuade a cualquier psicólogo y lo mismo a todo historiador de sano juicio, que es menester que en su historia se oculte algo desconocido. A este fin urge probar que la actual religión católica es absolutamente la misma que Cristo fundó, o sea, no otra cosa que el progresivo desarrollo del germen introducido por Cristo. Luego, en primer lugar, debemos señalar qué germen sea ése; y ellos pretenden significarlo mediante la fórmula siguiente: Cristo anunció que en breve se establecería el advenimiento del reino de Dios, del que Él sería el Mesías, esto es, su autor y su organizador, ejecutor, por divina ordenación. Tras esto se ha de mostrar cómo dicho germen, siempre inmanente en la religión católica y permanente, insensiblemente y según la historia, se desenvolvió y adaptó a las circunstancias sucesivas, tomando de éstas para sí vitalmente cuanto le era útil en las formas doctrinales, culturales, eclesiásticas, y venciendo al mismo tiempo los impedimentos, si alguno salía al paso, desbaratando a los enemigos y sobreviviendo a todo género de persecuciones y luchas. Después que todo esto, impedimentos, adversarios, persecuciones, luchas, lo mismo que la vida, fecundidad de la Iglesia y otras cosas a ese tenor, se mostraren tales que, aunque en la historia misma de la Iglesia aparezcan incólumes las leyes de la evolución, no basten con todo para explicar plenamente la misma historia; entonces se presentará delante y se ofrecerá espontáneamente lo incógnito. Así hablan ellos. Mas en todo este raciocinio no advierten una cosa: que aquella determinación del germen primitivo únicamente se debe al apriorismo del filósofo agnóstico y evolucionista, y que la definición que dan del mismo germen es gratuita y creada según conviene a sus propósitos.

 

34. Estos nuevos apologistas, al paso que trabajan por afirmar y persuadir la religión católica con las argumentaciones referidas, aceptan y conceden de buena gana que hay en ella muchas cosas que pueden ofender a los ánimos. Y aun llegan a decir públicamente, con cierta delectación mal disimulada, que también en materia dogmática se hallan errores y contradicciones, aunque añadiendo que no sólo admiten excusa, sino que se produjeron justa y legítimamente: afirmación que no puede menos de excitar el asombro. Así también, según ellos, hay en los Libros Sagrados muchas cosas científica o históricamente viciadas de error; pero dicen que allí no se trata de ciencia o de historia, sino sólo de la religión y las costumbres. Las ciencias y la historia son allí a manera de una envoltura, con la que se cubren las experiencias religiosas y morales para difundirlas más fácilmente entre el vulgo; el cual, como no las entendería de otra suerte, no sacaría utilidad, sino daño de otra ciencia o historia más perfecta. Por lo demás, agregan, los Libros Sagrados, como por su naturaleza son religiosos, necesariamente viven una vida; mas su vida tiene también su verdad y su lógica, distintas ciertamente de la verdad y lógica racional, y hasta de un orden enteramente diverso, es a saber: la verdad de la adaptación y proporción, así al medio (como ellos dicen) en que se desarrolla la vida como al fin por el que se vive. Finalmente, llegan hasta afirmar, sin ninguna atenuación, que todo cuanto se explica por la vida es verdadero y legítimo.

 

35. Nosotros, ciertamente, venerables hermanos, para quienes la verdad no es más que una, y que consideramos que los Libros Sagrados, como «escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor» (19), aseguramos que todo aquello es lo mismo que atribuir a Dios una mentira de utilidad u oficiosa, y aseveramos con las palabras de San Agustín: «Una vez admitida en tan alta autoridad alguna mentira oficiosa, no quedará ya ni la más pequeña parte de aquellos libros que, si a alguien le parece o difícil para las costumbres o increíble para la fe, no se refiera por esa misma perniciosísima regla al propósito o a la condescendencia del autor que miente» (20). De donde se seguirá, como añade el mismo santo Doctor, «que en aquéllas (es a saber, en las Escrituras) cada cual creerá lo que quiera y dejará de creer lo que no quiera». Pero los apologistas modernistas, audaces, aún van más allá. Conceden, además, que en los Sagrados Libros ocurren a veces, para probar alguna doctrina, raciocinios que no se rigen por ningún fundamento racional, cuales son los que se apoyan en las profecías; pero los defienden también como ciertos artificios oratorios que están legitimados por la vida. ¿Qué más? Conceden y aun afirman que el mismo Cristo erró manifiestamente al indicar el tiempo del advenimiento del reino de Dios, lo cual, dicen, no debe maravillar a nadie, pues también Él estaba sujeto a las leyes de la vida.

 

¿Qué suerte puede caber después de esto a los dogmas de la Iglesia? Estos se hallan llenos de claras contradicciones; pero, fuera de que la lógica vital las admite, no contradicen a la verdad simbólica, como quiera que se trata en ellas del Infinito, el cual tiene infinitos aspectos. Finalmente, todas estas cosas las aprueban y defienden, de suerte que no dudan en declarar que no se puede atribuir al Infinito honor más excelso que el afirmar de Él cosas contradictorias. Mas, cuando ya se ha legitimado la contradicción, ¿qué habrá que no pueda legitimarse?

 

36. Por otra parte, el que todavía no cree no sólo puede disponerse a la fe con argumentos objetivos, sino también con los subjetivos. Para ello los apologistas modernistas se vuelven a la doctrina de la inmanencia. En efecto, se empeñan en persuadir al hombre de que en él mismo, y en lo más profundo de su naturaleza y de su vida, se ocultan el deseo y la exigencia de alguna religión, y no de una religión cualquiera, sino precisamente la católica; pues ésta, dicen, la reclama absolutamente el pleno desarrollo de la vida.

 

En este lugar conviene que de nuevo Nos lamentemos grandemente, pues entre los católicos no faltan algunos que, si bien rechazan la doctrina de la inmanencia como doctrina; la emplean, no obstante, para una finalidad apologética; y esto lo hacen tan sin cautela, que parecen admitir en la naturaleza humana no sólo una capacidad y conveniencia para el orden sobrenatural –lo cual los apologistas católicos lo demostraron siempre, añadiendo las oportunas salvedades–, sino una verdadera y auténtica exigencia.

 

Mas, para decir verdad, esta exigencia de la religión católica la introducen sólo aquellos modernistas que quieren pasar por más moderados, pues los que llamaríamos integrales pretenden demostrar cómo en el hombre que todavía no cree está latente el mismo germen que hubo en la conciencia de Cristo, y que Él transmitió a los hombres.

 

Así, pues, venerables hermanos, reconocemos que el método apologético de los modernistas, que sumariamente dejamos descrito, se ajusta por completo a sus doctrinas; método ciertamente lleno de errores, como las doctrinas mismas; apto no para edificar, sino para destruir; no para hacer católicos, sino para arrastrar a los mismos católicos a la herejía y aun a la destrucción total de cualquier religión.

 

37. Queda, finalmente, ya hablar sobre el modernista en cuanto reformador. Ya cuanto hasta aquí hemos dicho manifiesta de cuán vehemente afán de novedades se hallan animados tales hombres; y dicho afán se extiende por completo a todo cuanto es cristiano. Quieren que se renueve la filosofía, principalmente en los seminarios: de suerte que, relegada la escolástica a la historia de la filosofía, como uno de tantos sistemas ya envejecidos, se enseñe a los alumnos la filosofía moderna, la única verdadera y la única que corresponde a nuestros tiempos.

 

Para renovar la teología quieren que la llamada racional tome por fundamento la filosofía moderna, y exigen principalmente que la teología positiva tenga como fundamento la historia de los dogmas. Reclaman también que la historia se escriba y enseñe conforme a su método y a las modernas prescripciones.

 

Ordenan que los dogmas y su evolución deban ponerse en armonía con la ciencia y la historia.

 

Por lo que se refiere a la catequesis, solicitan que en los libros para el catecismo no se consignen otros dogmas sino los que hubieren sido reformados y que estén acomodados al alcance del vulgo.

 

Acerca del sagrado culto, dicen que hay que disminuir las devociones exteriores y prohibir su aumento; por más que otros, más inclinados al simbolismo, se muestran en ello más indulgentes en esta materia.

 

Andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero principalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada.

 

Las Congregaciones romanas deben asimismo reformarse, y principalmente las llamadas del Santo Oficio y del Índice.

 

Pretenden asimismo que se debe variar la influencia del gobierno eclesiástico en los negocios políticos y sociales, de suerte que, al separarse de los ordenamientos civiles, sin embargo, se adapte a ellos para imbuirlos con su espíritu.

 

En la parte moral hacen suya aquella sentencia de los americanistas: que las virtudes activas han de ser antepuestas a las pasivas, y que deben practicarse aquéllas con preferencia a éstas.

 

Piden que el clero se forme de suerte que presente su antigua humildad y pobreza, pero que en sus ideas y actuación se adapte a los postulados del modernismo.

 

Hay, por fin, algunos que, ateniéndose de buen grado a sus maestros protestantes, desean que se suprima en el sacerdocio el celibato sagrado.

 

¿Qué queda, pues, intacto en la Iglesia que no deba ser reformado por ellos y conforme a sus opiniones?

 

38. En toda esta exposición de la doctrina de los modernistas, venerables hermanos, pensará por ventura alguno que nos hemos detenido demasiado; pero era de todo punto necesario, ya para que ellos no nos acusaran, como suelen, de ignorar sus cosas; ya para que sea manifiesto que, cuando tratamos del modernismo, no hablamos de doctrinas vagas y sin ningún vínculo de unión entre sí, sino como de un cuerpo definido y compacto, en el cual si se admite una cosa de él, se siguen las demás por necesaria consecuencia. Por eso hemos procedido de un modo casi didáctico, sin rehusar algunas veces los vocablos bárbaros de que usan los modernistas.

 

Y ahora, abarcando con una sola mirada la totalidad del sistema, ninguno se maravillará si lo definimos afirmando que es un conjunto de todas las herejías. Pues, en verdad, si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas. Pero han ido tan lejos que no sólo han destruido la religión católica, sino, como ya hemos indicado, absolutamente toda religión. Por ello les aplauden tanto los racionalistas; y entre éstos, los más sinceros y los más libres reconocen que han logrado, entre los modernistas, sus mejores y más eficaces auxiliares.

 

39. Pero volvamos un momento, venerables hermanos, a aquella tan perniciosa doctrina del agnosticismo. Según ella, no existe camino alguno intelectual que conduzca al hombre hacia Dios; pero el sentimiento y la acción del alma misma le deparan otro mejor. Sumo absurdo, que todos ven. Pues el sentimiento del ánimo responde a la impresión de las cosas que nos proponen el entendimiento o los sentidos externos. Suprimid el entendimiento, y el hombre se irá tras los sentidos exteriores con inclinación mayor aún que la que ya lo arrastra. Un nuevo absurdo: pues todas las fantasías acerca del sentimiento religioso no destruirán el sentido común; y este sentido común nos enseña que cualquier perturbación o conmoción del ánimo no sólo no nos sirve de ayuda para investigar la verdad, sino más bien de obstáculo. Hablamos de la verdad en sí; esa otra verdad subjetiva, fruto del sentimiento interno y de la acción, si es útil para formar juegos de palabras, de nada sirve al hombre, al cual interesa principalmente saber si fuera de él hay o no un Dios en cuyas manos debe un día caer.

 

Para obra tan grande le señalan, como auxiliar, la experiencia. Y ¿qué añadiría ésta a aquel sentimiento del ánimo? Nada absolutamente; y sí tan sólo una cierta vehemencia, a la que luego resulta proporcional la firmeza y la convicción sobre la realidad del objeto. Pero, ni aun con estas dos cosas, el sentimiento deja de ser sentimiento, ni le cambian su propia naturaleza siempre expuesta al engaño, si no se rige por el entendimiento; aun le confirman y le ayudan en tal carácter, porque el sentimiento, cuanto más intenso sea, más sentimiento será.

 

En materia de sentimiento religioso y de la experiencia religiosa en él contenida (y de ello estamos tratando ahora), sabéis bien, venerables hermanos, cuánta prudencia es necesaria y al propio tiempo cuánta doctrina para regir a la misma prudencia. Lo sabéis por el trato de las almas, principalmente de algunas de aquellas en las cuales domina el sentimiento; lo sabéis por la lectura de las obras de ascética: obras que los modernistas menosprecian, pero que ofrecen una doctrina mucho más sólida y una sutil sagacidad mucho más fina que las que ellos se atribuyen a sí mismos.

 

40. Nos parece, en efecto, una locura, o, por lo menos, extremada imprudencia, tener por verdaderas, sin ninguna investigación, experiencias íntimas del género de las que propalan los modernistas. Y si es tan grande la fuerza y la firmeza de estas experiencias, ¿por qué, dicho sea de paso, no se atribuye alguna semejante a la experiencia que aseguran tener muchos millares de católicos acerca de lo errado del camino por donde los modernistas andan? Por ventura ¿sólo ésta sería falsa y engañosa? Mas la inmensa mayoría de los hombres profesan y profesaron siempre firmemente que no se logra jamás el conocimiento y la experiencia sin ninguna guía ni luz de la razón. Sólo resta otra vez, pues, recaer en el ateísmo y en la negación de toda religión.

 

Ni tienen por qué prometerse los modernistas mejores resultados de la doctrina del simbolismo que profesan: pues si, como dicen, cualesquiera elementos intelectuales no son otra cosa sino símbolos de Dios, ¿por qué no será también un símbolo el mismo nombre de Dios o el de la personalidad divina? Pero si es así, podría llegarse a dudar de la divina personalidad; y entonces ya queda abierto el camino que conduce al panteísmo.

 

Al mismo término, es a saber, a un puro y descarnado panteísmo, conduce aquella otra teoría de la inmanencia divina, pues preguntamos: aquella inmanencia, ¿distingue a Dios del hombre, o no? Si lo distingue, ¿en qué se diferencia entonces de la doctrina católica, o por qué rechazan la doctrina de la revelación externa? Mas si no lo distingue, ya tenemos el panteísmo. Pero esta inmanencia de los modernistas pretende y admite que todo fenómeno de conciencia procede del hombre en cuanto hombre; luego entonces, por legítimo raciocinio, se deduce de ahí que Dios es una misma cosa con el hombre, de donde se sigue el panteísmo.

 

Finalmente, la distinción que proclaman entre la ciencia y la fe no permite otra consecuencia, pues ponen el objeto de la ciencia en la realidad de lo cognoscible, y el de la fe, por lo contrario, en la de lo incognoscible. Pero la razón de que algo sea incognoscible no es otra que la total falta de proporción entre la materia de que se trata y el entendimiento; pero este defecto de proporción nunca podría suprimirse, ni aun en la doctrina de los modernistas; luego lo incognoscible lo será siempre, tanto para el creyente como para el filósofo. Luego si existe alguna religión, será la de una realidad incognoscible. Y, entonces, no vemos por qué dicha realidad no podría ser aun la misma alma del mundo, según algunos racionalistas afirman.

 

Pero, por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo. (Continuará).

 

Notas

 

19) Conc. Vat. I, De revelat. c. 2.

 

20) Ep. 28,3.

 

Fuente: http://w2.vatican.va/content/pius-x/es/encyclicals/documents/hf_p-x_enc_19070908_pascendi-dominici-gregis.html

 

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50º aniversario de la Conferencia Episcopal Española:

¿celebración o penitencia?

 

Bruno M.

 

Cuando leo alguna noticia sobre la próxima celebración del 50º aniversario de la creación de la Conferencia Episcopal Española, suelo acordarme de la parábola evangélica de los talentos. Ya saben: un Rey se va de viaje y entrega a sus sirvientes diversas cantidades (1, 2 o 5 talentos). Cuando vuelve de su viaje, el que había recibido cinco talentos le entrega al Rey diez y es felicitado; el que había recibido dos, entrega cuatro y también es felicitado; mientras que el que había recibido uno le entrega al Rey ese mismo talento, y es condenado por su cobardía y pereza.

 

Una cosa que siempre me ha llamado la atención de esta parábola es que no haya ningún siervo que entregue al Rey menos de lo que había recibido de sus manos. Los tres siervos creen que han hecho bien, dos de ellos con razón y uno injustificadamente, pero es evidente que ni el siervo más inconsciente podría esperar ser felicitado si devolvía mucho menos de lo recibido de manos del Rey de reyes. Apliquemos la parábola de los talentos a los cincuenta años de historia de la Conferencia Episcopal Española y a su celebración, recordando algunos datos importantes.

 

Hace medio siglo, en 1966, al terminar el Concilio Vaticano II, se creó en España la Conferencia episcopal para potenciar y coordinar la acción pastoral de las diócesis españolas. Los obispos, por aquel entonces, tenían encomendados los fieles de una nación con grandes deficiencias (como todas), pero dotada por la Providencia divina con indudables talentos desde el punto de vista de la fe: una historia y una tradición empapados de catolicismo, el ejemplo cercano en el tiempo (1936-1938) de los miles de mártires de la guerra civil,  la aceptación social, cultural y legal de las grandes líneas de la moral católica, un sistema político que intentaba con mayor o menor acierto plasmar en la sociedad los principios católicos y una mayoría de españoles católicos, con sus pecados, debilidades y defectos, pero realmente creyentes y practicantes.

 

Hace medio siglo, recordemos, no había divorcio en España y casi todos los matrimonios eran católicos. Actualmente, hay dos divorcios por cada tres matrimonios, los nacidos de madre no casada superan el 40%, los matrimonios civiles son ya dos veces más numerosos que los sacramentales y el matrimonio católico, la nupcialidad sacramental, ha descendido tanto que se puede considerar que está en vías de desaparición (ya que, de continuar la tendencia, en pocos años quedaría en una cifra estadísticamente irrelevante). Desgraciadamente, cuando se fue a aprobar la ley del divorcio en 1981, no hubo más que dos o tres obispos de toda España que siguieran las directrices de Roma y que se opusieran con fuerza a esa ley, ante la pasividad de la Conferencia Episcopal, que pareció aceptar el divorcio como un mal inevitable, como un precio que había que pagar para poder integrarse entre la democracias liberales de  Europa. Después de todo, se sugería, el aborto había ya entrado en Italia por una ley firmada por el demócrata cristiano Giulio Andreotti, paradigma de políticos “católicos” (a quien en el 2000 se confió el discurso de apertura del Jubileo de los políticos). No era, pues, cosa de ser “radicales", ni convenía desprestigiar socialmente a la Iglesia en España, planteando por el divorcio una batalla destinada a la derrota (como si el criterio del comportamiento católico fuera la probabilidad humana de victoria, en lugar de la Voluntad de Dios).

 

El aborto, ese crimen aborrecible, hace cincuenta años estaba prohibido y la sociedad en su conjunto lo consideraba como algo criminal e inadmisible. Actualmente, se matan a sangre fría 150.000 niños cada año con la bendición del Estado y en buena parte a cargo de los contribuyentes, y a nadie le parece algo raro. Nueve de cada diez niños con síndrome de Down son asesinados en el vientre de sus madres. Según se ha referido, el mismo rey Juan Carlos I contó con el perverso consejo de algunos eclesiásticos, que le aseguraron, ante la pasividad de la Conferencia Episcopal y contra toda la moral católica, que podía firmar la primera ley del aborto. E increíblemente, la Conferencia Episcopal, por boca de su secretario, volvió a afirmar lo mismo en la ley del aborto de 2010. Durante todos estos años, desgraciadamente, la oposición de los obispos al aborto ha sido más teórica que práctica, más de palabra que de obra, pues han apoyado, con entusiasmo positivo o como mal menor, a partidos abortistas, como el PP. ¿Qué significa que ni un solo obispo haya ido a la cárcel por oponerse a que sus fieles más inocentes fueran masacrados por cientos de miles? ¿Cómo es posible que portavoces de la CEE o miembros distinguidos de ella hayan afirmado tantas veces que son buenas las relaciones de la Iglesia con los gobiernos, cuando ellos son los principales responsables del genocidio?

 

Con un costo enorme y sufragado por muchos “óbolos de viudas”, la Conferencia Episcopal creó una radio y una televisión propias… pero, en lugar de utilizarlas para evangelizar y combatir las mentiras y males del mundo, las ha usado más bien para hacer propaganda manifiesta del partido abortista de derechas, desactivando sistemáticamente cualquier posible militancia católica organizada, fiel a la ley natural. En la misma línea y por obra de todos los partidos con representación parlamentaria, incluido el PP, el “matrimonio” del mismo sexo es hoy parte de nuestras leyes y también la ideología del género, la transexualidad o la experimentación con embriones están normalizadas. Y la eutanasia no queda muy lejos. Los “medios católicos” de información más importantes dependientes del Episcopado, tanto de prensa como de radio o televisión, no han dado la batalla con fuerza suficiente ante esta degradación creciente de la nación.

El adoctrinamiento laicista por parte del Estado continúa y se hace cada vez más invasor, afectando incluso a muchos colegios y universidades de la Iglesia, sin que las fuerzas de la mentira y del mal hallen un combate eficaz de las fuerzas de la verdad y el bien. Puede recordarse por ejemplo que, cuando unos cuantos padres se negaron heroicamente a que sus hijos recibieran la anticatequesis de la Educación para la Ciudadanía, los obispos y los colegios religiosos terminaron por abandonarlos vergonzosamente a su suerte.

 

Durante estos años los sacerdotes que, fieles a la Iglesia, han predicado y escrito contra la anticoncepción han sido una minúscula minoría, en tanto que eran innumerables los teólogos, presbíteros y catequistas que toleraban la anticoncepción o incluso la aconsejaban, utilizando los cursillos prematrimoniales, el confesionario y no pocas editoriales católicas como arma para destruir el sentido moral de los católicos. Todo eso con un índice de natalidad de 1,3, brutalmente por debajo de lo que una sociedad necesita para sobrevivir.

 

A veces, se justifican estas cosas diciendo que la situación está muy difícil, que los obispos han hecho lo que han podido, que era imposible conseguir más, pero la realidad es que han tenido plena libertad y todo tipo de facilidades para hacer algo que no han hecho. Durante estos cincuenta años, la Iglesia no ha tenido que ir a buscar a nadie para evangelizar, ya que entre comuniones, colegios religiosos y clases de religión, ha tenido durante decenios a casi toda la población joven a su disposición para catequizarla… Y el resultado ha sido la descristianización masiva del país. No era necesario ir al fin del mundo: venían a nosotros y se fueron con las manos vacías (o con relativa frecuencia, peor aún: llenas de errores y rencor contra la Iglesia). Ante la pregunta de Cristo, ¿qué hombre hay entre vosotros que, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?, la verdad nos exige responder que no pocos obispos, teólogos, párrocos y catequistas han actuado así.

 

Con la tolerancia o la aquiescencia de los encargados de vigilar la fe (es decir, de los episcopoi, los obispos), han sido innumerables  durante décadas los teólogos que niegan graves doctrinas de la Iglesia, enseñando barbaridades en seminarios, facultades y universidades de la Iglesia, predicando en parroquias, publicando en editoriales católicas, vendiendo sus libros en librerías católicas, a veces diocesanas, y dando conferencias en locales de la Iglesia. Incontables colegios católicos se han convertido en lugares donde no sólo no se predica la fe, sino que a menudo se enseña activamente en contra de esa fe, logrando que los niños salgan vacunados contra el catolicismo. La historia que se enseña en ellos se hace eco en buena parte de las leyendas anticatólicas de los últimos siglos, asumiendo como “dogma de fe” que fue la Ilustración liberal y relativista la que encendió la luz en la oscuridad secular de la Iglesia. De hecho, en la práctica, no son una excepción las parroquias y colegios religiosos que se han convertido en escuelas de ateísmo y anticlericalismo. Hasta algunos obispos, en ocasiones, se permiten negar públicamente la doctrina de la Iglesia, ya sea sobre la indisolubilidad del matrimonio, la pecaminosidad del adulterio, la anticoncepción, la ordenación sacerdotal de mujeres u otros temas de la doctrina católica.

 

Cuando Juan Pablo II denunciaba como una realidad indudable que “los cristianos hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos e incluso desilusionados. Se han esparcido a manos llenas ideas contrastantes con la verdad revelada y enseñada desde siempre. Se han propalado verdaderas herejías en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones, rebeliones. Se ha manipulado incluso la liturgia” (6-2-1981), estaba pensando en las Iglesias de Occidente, también sin duda en la de España. Ahora bien, los teólogos heréticos no suelen tener vocación de mártires, y esparcen sus herejías mientras ven que pueden hacerlo impunemente, mientras puedan permanecer en sus cátedras y sus publicaciones sin ser atajados eficazmente por sus obispos. Si los lobos andan sueltos entre las ovejas, seguro que harán estragos: herirán a unas, matarán a otras y muchas huirán, dispersando el rebaño.

 

Son muchas en España las casas de Ejercicios donde se imparten cursos de eneagrama, Qi Gong, zen, yoga, taichí, reiki, budismo, mindfulness y las doctrinas sectarias más burdas. A veces los profesores son sacerdotes o religiosos. También son muchas las editoriales “católicas” que no tienen ningún inconveniente en publicar lucrativos libros que promueven falsas religiones, espiritualidades orientales no cristianas y las ideas de los gurús del pensamiento débil. Si quisiéramos recopilar los abusos litúrgicos que se han dado en tantas parroquias españolas durante el último medio siglo, no habría papel suficiente para registrarlos.

 

Como consecuencia, el número de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa se ha desplomado brutalmente y se considera un gran éxito que haya 150 ordenaciones sacerdotales en un año, cuando la realidad es que debería haber diez veces más todos los años sólo para evitar el terrible desastre de la falta de sacerdotes que se avecina, teniendo en cuenta que hay un treinta por ciento menos de sacerdotes que hace cincuenta años, que la mitad de esos sacerdotes ya están jubilados y que un 15% de los que se ordenan terminan por secularizarse. Las cifras de los seminarios españoles cayeron drásticamente en los años sesenta y setenta (por ejemplo, en el seminario de Pamplona las ordenaciones se dividieron por diez y el seminario de Vitoria, que llegó a tener mil seminaristas, actualmente tiene dos). La mitad de los seminarios diocesanos españoles tienen menos de diez seminaristas mayores, de los cuales una gran parte no llegará a ordenarse. Son muchas las comunidades religiosas que están desapareciendo y buena parte de las que quedan continúan por el camino del suicidio, ignorando el cumplimiento de las reglas que libremente profesaron, secularizándose cada vez más y dando cobijo a falsos profetas o profetisas.

 

Constantemente se habla de los pobres, los emigrantes y los marginados, pero la realidad es que un gran número de inmigrantes católicos, al venir a España, abandonan la práctica religiosa y terminan perdiendo la fe, ya que en muchas parroquias se limitan a ayudarlos materialmente. Con bastante frecuencia se han hecho protestantes, porque o bien los católicos no les hablaban de Dios, de la vida cristiana y del pecado o, en algunos casos, ni siquiera les hablaban en español “por su propio bien” y “para que se integraran”. Como es sabido, una gran parte de los gitanos ha abandonado la fe católica para formar la llamada “Iglesia de Filadelfia", completamente ajena a sus tradiciones e historia. Las conversiones al catolicismo de los musulmanes que viven en España se aproximan al cero absoluto. En muchas misiones no se predica el Evangelio, por “respeto a la cultura y religión locales", reduciéndose a centros de beneficencia. Y un país como España, que enviaba misioneros a todo el mundo, hoy tiene que recibirlos del extranjero para mantener algunas de sus parroquias. Los organismos de la Iglesia dedicados a la acción caritativa, en muchos casos, se secularizan y evitan cuidadosamente cualquier expresión de catolicismo. Al mismo tiempo, se multiplican en las diócesis los organismos y delegaciones episcopales para el ecumenismo, la inmigración, la liturgia, la catequesis, la juventud, la dependencia y un sinfín de objetivos, de modo que la burocracia eclesial no ha dejado de crecer más y más.

 

Los planes pastorales son cada vez más largos y complejos, los sínodos diocesanos se celebran por doquier, las reuniones se multiplican y alargan, los papeles se amontonan hasta el cielo como modernas torres de Babel… pero, a juzgar por los resultados, apenas quedan tiempo y fuerzas para la evangelización de las gentes. Las enseñanzas “duras” de la Iglesia se ocultan y se sustituyen por tópicos políticamente correctos. La asistencia a la Misa dominical ha descendido del 80 % o más a un 8 % o menos. En muchas parroquias, las primeras comuniones son las últimas. El sacramento de la penitencia, en bastantes diócesis, prácticamente ha desaparecido, sustituido en algunos casos por esporádicas celebraciones pseudo-sacramentales. Los católicos se van de la Iglesia a millares, buscando a alguien que les hable de Dios, del sentido de la vida presente, de la esperanza de una vida eterna, porque es infrecuente que en las parroquias hallen algo que no sea lo que dice y promueve todo el mundo: más de lo mismo. No es extraño que el número de suicidios diarios en España haya ido creciendo imparablemente, si la sal se vuelve sosa y la luz de Cristo se esconde bajo el celemín. Nuestra sociedad está enferma y se muere, sedienta de una salvación temporal y eterna que sólo Cristo puede ofrecer y que hoy apenas se predica.

 

Hace poco un Cardenal se mostraba “perplejo” ante la situación de España, que parece haber tocado fondo en su degradación. Pero no hay efectos sin causas. Todo esto no es extraño, ni ha aparecido de la nada. Ancha es la senda que lleva a la perdición y, paso a paso, hemos ido avanzando por ella, derechos al abismo. Conviene recordar, por ejemplo, la famosa Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes del año 1971, bajo el mando y la inspiración del cardenal Tarancón (presidente de la Conferencia) y Mons. Echarren (director del Secretariado episcopal del clero y después obispo). La Asamblea Conjunta fue la interpretación fraudulenta que se dio al Concilio Ecuménico Vaticano II y que se impondría en adelante. Por ello, una vez celebrada la Asamblea en España, la Congregación vaticana para el Clero publicó un largo documento (9-2-1972) sobre sus ponencias y conclusiones, demoledoramente crítico, dirigido al cardenal Tarancón, que debía enviarlo a todos los obispos. “Hay orientaciones y planteamientos de fondo, esparcidos en todas las ponencias, que suscitan graves reservas doctrinales y disciplinares” (II,I,5). En el examen de la Ponencia I y de sus 60 conclusiones se aprecia que “el resultado final es una inversión y deformación de la naturaleza y de los fines de la Iglesia y del ministerio sacerdotal” (II,2).

 

Nunca, quizá, la Iglesia en España había recibido  una crítica tan grave, una llamada tan clara de atención de Roma para que se replanteara el camino emprendido. Inmediatamente, toda la progresía teológica y mediática reaccionó contra el documento romano. Fue decisivo en este momento crucial el fuerte apoyo que dieron a la Asamblea Conjunta cuatro teólogos de Salamanca (Sebastián, Setién, Rouco y Olegario; los tres primeros posteriormente obispos) en un Estudio teológico-jurídico sobre el Documento de la Congregación del Clero, de unas 30 páginas, elaborado por los cuatro. El documento vaticano quedaría enterrado, con graves consecuencias, porque la Asamblea Conjunta había logrado, con una intuición certera, defender invariablemente las posiciones que demostrarían ser las más destructivas para la Iglesia española: culto a la democracia liberal, desmovilización política total de los laicos, politización del clero, nacionalismos, asamblearismo, predominio de la Conferencia sobre el obispo personal, implantación del “espíritu del Concilio”, asunción acrítica de las ideas izquierdistas infiltradas en los movimientos de Acción Católica, visión del mundo ingenuamente positiva y, desde un análisis liberal o marxista, fuertemente crítica del presente y de la historia de la Iglesia, especialmente de la Iglesia española; ante las herejías, promoción de la tolerancia muda en los responsables de velar por la enseñanza ortodoxa de la fe.

 

En cualquier caso, la Asamblea fue un hito histórico, un comienzo solemne para una trayectoria francamente desastrosa de la Conferencia Episcopal, que, por ejemplo, aceptó en 1978 sin apenas combate (fuera del cardenal González Martín y algún otro) una Constitución que afirma los principios del laicismo y anunciaba ya claramente la descristianización de España. ¿Cómo olvidar los elogios con que la CEE, tres décadas más tarde, alabaría el “extraordinario valor” del servicio a España de un Rey que firmó la ley del aborto, traicionando a los más pequeños de sus súbditos, abandonando a millones de ellos a la muerte antes de nacer? Por alguna razón, parece que, como también sucede en otras naciones, los obispos españoles, reunidos en Conferencia, parecen adquirir un tono gris y anodino, con documentos y decisiones caracterizados por la mediocridad, fruto de tendencias opuestas y únicamente coincidentes en la búsqueda de lo política y eclesialmente correcto. Me permito, con perdón, recordar el adagio latino: senator bonus vir, senatus mala bestia.

 

No olvidemos, por otra parte, que los pecados de omisión pueden ser los más graves y que quien calla al menos parece otorgar. Obispos ha habido que, ante el silencio de sus hermanos reunidos en la Conferencia, han coqueteado con los terroristas, han permitido (nihil obstat, imprimatur) la herejía en publicaciones y en cátedras, han tolerado como si fueran inevitables las pésimas inmoralidades implantadas por el poder político, han sido incapaces de defender con fuerza y en público las enseñanzas de la Iglesia, se han acostumbrado al divorcio, al aborto y a todo lo demás (“es el precio que hay que pagar por la democracia”), predicando a tiempo y a destiempo la corrección política.  Da la impresión de que la Conferencia mantiene como criterio primordial la necesidad de evitar como fuera una confrontación entre la Iglesia y el mundo secular moderno.

 

¿No hay nada positivo? Lo hay, ciertamente, pero, fuera de las actuaciones individuales más que honrosas de algunos obispos, es llamativamente escaso. En el campo del “haber” de la Conferencia Episcopal señalamos sin duda la instrucción pastoral de 2006 sobre La teología y la secularización en España, impulsada por Mons. Romero Pose. En ella se rechazaron los numerosos errores de exégesis, dogmática, moral o liturgia, enseñados en España durante varios decenios por teólogos nombrados, promovidos o tolerados en sus seminarios y universidades por los señores obispos que ahora denunciaban tantos errores. Que por lo demás, en gran parte, siguieron enseñándose impunemente.

 

Asimismo, podríamos recordar otras llamadas de atención a algún que otro teólogo heterodoxo como Vigil, Queiruga o Pagola (eso sí, después de que llevaran años y años pervirtiendo la fe del pueblo cristiano). En el caso, por ejemplo, de Marciano Vidal, la Comisión Doctrinal de la CEE reprobó su Moral de actitudes 25 años después de su primera edición (1974) y justamente después de que la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el año 2000, reprobara esta obra, cuando llevaba más de dos décadas siendo ya el manual preferente de la Teología moral en lengua hispana, es decir, en la mitad de la Iglesia Católica.

 

También pueden apreciarse en el haber de la CEE algunos otros documentos, ciertos éxitos desde el punto de vista organizativo y, sobre todo, el hecho de que la situación eclesial en algunos países es bastante peor, como en Alemania, Suiza o Bélgica. Claro que en otros es significativamente mejor.

 

Ante todo esto, uno siente la tentación de olvidar la reverencia debida a los que realmente son Sucesores de los Apóstoles y desahogarse un rato. Sin embargo, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Con todo el respeto del mundo, los obispos son pecadores, como todos nosotros, y no dan más de sí, ya sea por ignorancia, por debilidad, por la resistencia que a veces encuentran en el pueblo cristiano o por lo que sea. Además, los obispos no salen de la nada, sino que en buena parte son el reflejo de la situación del pueblo de Dios al que pertenecen, con sus defectos y debilidades. En ese sentido, la responsabilidad de los errores de los últimos cincuenta años no es exclusivamente suya, sino que constituye una carga que todos los católicos compartimos, en mayor o menor grado. Dios nos perdone.

 

Dicho eso, incluso comprendiendo la debilidad de los obispos y la época de mala doctrina en que no pocos de ellos recibieron su formación doctrinal, no se puede evitar una sensación de asombro al ver que, cuando contemplan estos cincuenta años, su tendencia es felicitarse unos a otros, considerando la época postconciliar que han presidido como un tiempo de “superación” de la esclerótica Iglesia anterior. Muchos somos los que no alcanzamos a ver el sentido de esa actitud. Yo me pregunto: ¿de verdad van a celebrar festivamente los obispos el 50º aniversario de la creación de la Conferencia Episcopal? ¿No les parece al menos inquietante que, a la hora de rendir cuentas, resulta que han perdido en medio siglo tres cuartas partes del rebaño que les entregó el Buen Pastor? ¿No les dará vergüenza comprobar la situación civil y religiosa de la España actual? ¿Por qué pudo derribarse tan gran parte de la Iglesia española después de casi dos milenios de vida católica profunda y tan fecunda que, por obra del Espíritu Santo, pudo engendrar tantas naciones en la fe católica? ¿Realmente conviene celebrar gozosamente las cinco últimas décadas de la Iglesia en España? ¿No son verdaderos y muy graves los males que he indicado? Quizá alguien pueda considerar que me he excedido en alguna expresión, pero es indudable que esos males son verdaderos y deben señalarse. Los cristianos, como Cristo, hemos venido al mundo para dar testimonio de la verdad, bien conscientes de que sólo la verdad nos hará libres.

 

Parece más bien que lo oportuno será que teólogos y sacerdotes, laicos y religiosos, con nuestros obispos al frente, recitemos con plena convicción el “Yo confieso ante Dios… y ante vosotros hermanos… por mi gran culpa” con el que comenzamos todas las misas. Teólogos y sacerdotes, seglares y religiosos, presididos por nuestros obispos, recordemos las terribles palabras de Cristo en la parábola: Siervo malo y holgazán… quitadle el talento… echadlo a las tinieblas exteriores y allí será el llanto y el rechinar de dientes. En lugar de celebraciones triunfalistas y festivas, ¿no serían más apropiadas unas jornadas de penitencia, presentando con humildad nuestra miseria ante la Misericordia divina en este Año Jubilar?

 

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Infidelidades y reformas –4

 

José María Iraburu

 

Vocaciones sacerdotales y religiosas

 

Otra de las mayores vergüenzas de muchas Iglesias de hoy es que no tengan jóvenes y muchachas en las comunidades cristianas que estén en condición espiritual idónea para escuchar la llamada de Cristo y para seguirlo dejándolo todo.

 

Y ese escándalo, como está sobradamente comprobado, sólo desaparece en aquellas Iglesias que se reforman en la ortodoxia y en la ortopraxis, y que se atreven a enfrentarse abiertamente con el mundo en pensamientos y costumbres. Pronto en ellas, por obra del Espíritu Santo, florecen de nuevo las vocaciones, hasta entonces impedidas por errores y abusos, por infidelidades y escándalos.

 

Pecados materiales y formales, pecados personales y estructurales

 

En nuestro escrito hemos empleado con alguna frecuencia los términos «grave pecado», «sacrilegio», «pecadores públicos», etc. Pero podrá alegarse, con razón, que muchas veces esos pecados no son formales, sino únicamente materiales, al carecer quienes los cometen de conocimiento y libertad plena.

 

Una mujer, sin formación moral alguna, muy en contra de su voluntad, puede abortar, en un acto de abnegación y de amor, porque se lo exige su esposo y su familia. Un sacerdote, de conciencia deformada, puede dar ilícita y quizá inválidamente absoluciones colectivas, creyendo sinceramente que con eso ayuda la vida espiritual de su pueblo. Tantos acuden al matrimonio «por la Iglesia» sin ser conscientes de que no realizan un sacramento, sino un sacrilegio.

 

No entramos, pues –no debemos ni podemos entrar: de internis neque Ecclesia iudicat–, en el juicio de las conciencias subjetivas. Sin embargo, objetivamente considerados, tanto ese aborto, como esa sacrílega absolución colectiva o ese atentado al matrimonio sacramental no dejan de ser enormes males, que habrá que atajar cuanto antes. Son escándalos gravísimos.

 

Una estructura de pecado dificulta grandemente, de hecho, el conocimiento y la práctica de la virtud. Por eso su destrucción es una tarea urgente, aunque quizá no pocos de quienes la sustenten apenas tengan culpa subjetiva de esa maléfica maldad. Sólo entonces vendrá a ser para muchos asequible el conocimiento y el ejercicio del Evangelio que salva.

 

Entre tanto, los males que producen los pecados, aunque sólo sean materiales, son muy grandes. La anticoncepción, por ejemplo, aunque esté practicada con buena conciencia –de eso se encargan ciertos moralistas–, causa objetivamente daños indecibles en la unión conyugal, en la familia, en la educación de los hijos, en la sociedad.

 

Es, pues, tarea urgente denunciar aquellos pecados que, precisamente por estar generalizados en un lugar y tiempo dados, no son captados ya en su maldad, aunque la culpabilidad moral de quienes los cometen venga atenuada o incluso eliminada, según los casos, por el ambiente. Sólo así, con la gracia del Salvador, podrán ser vencidos aquellos males y crímenes que se han generalizado tanto, que casi se han hecho invisibles.

 

La reforma es posible

 

Las Iglesias en las que más abundan los errores doctrinales y los abusos disciplinares y morales son, lógicamente, aquellas que más se ven a sí mismas como irreformables. Pero bien sabemos, tanto a priori como a posteriori, que eso es falso. El Espíritu Santo tiene fuerza divina de amor para renovarlo todo, y por supuesto, para sanar a la Iglesia de los males que padece, adornándola con todas las gracias, dones y carismas que son propias de la Esposa de Cristo.

 

Por otra parte, la adhesión de la mayoría de los errantes a las doctrinas erróneas suele ser muy débil. Muchos enseñan este o aquel error porque está de moda, y porque así pasan por modernos. Pero la gran mayoría de los profesores, por ejemplo, que vean perder la cátedra a un colega por enseñar algo en contra de la doctrina de la Iglesia, o de los párrocos, que sepan que otro ha sido retirado de su parroquia por quebrantar alguna grave norma de la disciplina eclesial, pronto vuelven cautelosamente a la ortodoxia y a la ortopraxis de la Iglesia.

 

Enseñaban errores y violentaban la ley de la Iglesia mientras esto «se podía hacer», mientras «estaba permitido», sin que por ello sobrevinieran sanciones y penas canónicas. Quizá unos pocos se mantengan en su error e indisciplina –aquellos que están más fuertemente ideologizados en su posición rebelde–. Pero todos los demás, en pocos años, o en meses, vuelven a la obediencia de la Iglesia. Hay mártires por mantener la fe; pero apenas los hay por sostener una ideología teológica. Este dato, a lo largo de la historia, ha podido ser comprobado en muchas ocasiones.

 

Roger Aubert, describiendo «la represión antimodernista» –así la llama él–, recuerda que cuando en 1910 San Pío X exigió a todo el clero católico profesar el juramento antimodernista, sólo hubo en toda la Iglesia 40 sacerdotes que se resistieron (Nueva historia de la Iglesia, V, Cristiandad, Madrid 1984, 200 y 204).

 

Por el camino de la humildad

 

Dios enseña la humildad a las Iglesias no solamente por medio de su Palabra, sino también por sus Hechos providenciales.

 

Fijémonos, por ejemplo, sólo en un tema: en algunas diócesis, muy poco fieles a la doctrina y a la disciplina de la Iglesia, llega a darse una extrema carencia de vocaciones, con todas sus gravísimas consecuencias: parroquias, colegios, conventos, que se van cerrando, dispersión del rebaño...

 

Pues bien, el abatimiento extremo al que llegarán esas Iglesias descristianizadas –es un hecho providencial muy elocuente– las purificará de muchas arrogancias intelectuales y operativas, pasadas o actuales. Llevadas así por Dios a la humildad por el duro camino de la humillación, llegarán de nuevo a la verdad que salva. Siempre ha sido así: «en su angustia, ya me buscarán», dice el Señor (Os 5,15).

 

Las Iglesias, en cambio, que, a pesar de la humillación extrema, persistan en su soberbia, morirán, pues «Dios resiste a los soberbios» (1Pe 5,5).

 

Las otras, Dios quiera que todas, volverán a la verdad, como decimos, por el camino de la humildad, pues «Dios da su gracia a los humildes» (ib.). San Bernardo decía: «por un mismo camino se va y se vuelve a la Ciudad... Si deseas volver a la verdad, no busques un camino nuevo, desconocido, pues ya conoces el que has bajado. Desandando, pues, el mismo camino, sube, humillado, los mismos grados que has bajado ensoberbecido» (Los grados de la humildad y de la soberbia 9,27).

 

Por el camino de la fe

 

A veces, cuando un enfermo está muy grave, se multiplican frenéticamente las acciones procurando su salud, cuando quizá lo que más lo ayudaría es que lo dejaran tranquilo, en quietud y más silencio.

 

¿Cómo devolver la salud y la fuerza a esas Iglesia locales tan gravemente enfermas? ¿Cómo poner fin a esa continua y creciente dispersión del rebaño? ¿Cómo eliminar tantos escándalos tan arraigados? ¿Cómo lograr que la Viña eclesial vuelva a dar el fruto normal de las vocaciones sacerdotales y apostólicas? En una palabra: ¿qué tendrían que hacer esas Iglesias?...

 

Cuando los judíos preguntaron al Señor: «“¿Qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?” Respondió Jesús y les dijo: “la obra de Dios es que creáis en aquél que Él ha enviado”» (Jn 6,28-29).

 

En efecto, más que hacer esto o lo otro, lo que esas Iglesias gravemente enfermas necesitan antes de todo es recuperar la fidelidad perdida en la fe, la moral y la disciplina: profesar la doctrina que enseña el Catecismo sobre el mundo, el purgatorio, el infierno y el cielo, el demonio, el pecado, la gracia, la necesidad de Cristo y de sus sacramentos, la condición sacrificial y expiatoria de la pasión de Cristo, la realidad de sus milagros y de su resurrección, la virginidad de María, la necesidad de la conversión y de la penitencia sacramental, la castidad conyugal y el valor de la virginidad, la obligación de sancionar a los que se rebelan públicamente contra la doctrina o la disciplina de la Iglesia, etc.

 

No está la salvación tanto en organizar grandes eventos en la Iglesia, o en cambiar su imagen, o en acrecentar y modificar comisiones y organigramas, pues todo eso será inútil, muchas veces contraproducente, y siempre engañoso: hace sentir que se está haciendo «todo lo posible», cuando en realidad se está omitiendo «lo único necesario». La salvación está en creer y cumplir humildemente lo que la Iglesia enseña y manda. Eso es lo que ciertamente traerá formidables reformas, florecimientos y renovaciones.

 

Por el camino de la esperanza

 

Los fieles que viven abrumados en una Iglesia local por el peso de tantos pecados, infidelidades y escándalos, desfallecen con frecuencia en la virtud de la esperanza. Se ven tentados a pensar que no hay remedio posible para tantos males.

 

Urge, pues, levantar los corazones con la fuerza alegre de la esperanza, pero con la fuerza de la verdadera esperanza, pues es indudable que hay muchas esperanzas falsas, y una sola verdadera.

 

–Falsas esperanzas. No tienen verdadera esperanza quienes diagnostican como leves los males graves o incluso ven los males como bienes. Como no tienen esperanza, porque no creen que pueda Dios sanar males tan terribles, niegan la gravedad de los males, y concluyen con forzado optimismo: «vamos bien».

 

Son falsas igualmente las esperanzas de quienes, reconociendo a su modo los males, pretenden ponerles remedio aplicándoles nuevas fórmulas doctrinales, nuevas estrategias pastorales, nuevas formas litúrgicas y disciplinares, «más avanzadas que las de la Iglesia oficial». Éstos, como no tienen esperanza, una y otra vez intentan por medios humanos lo que sólo puede conseguirse por la fidelidad a la verdad y a los mandamientos de Dios y de su Iglesia.

 

Es falsa también la esperanza de aquellos que, como no creen en la victoria de Cristo Rey, pactan con el mundo, haciéndose sus cómplices. Esos acuerdos suyos con el mundo, siendo derrotas, los viven y presentan como victorias.

 

Tampoco tienen esperanza los que se atreven a anunciar renovaciones primaverales inminentes sin llamar primero a conversión, es decir, sin quitar los pecados y escándalos que están frenando la acción del Espíritu Santo. No llaman a conversión y a reforma, porque en el fondo, carentes de esperanza, no creen en su posibilidad. ¡Y son ellos los que tachan de pesimistas, derrotistas y carentes de esperanza a aquellos que, entre tantos desesperados, son los únicos que mantienen la esperanza verdadera!

 

–Verdadera esperanza. Los que tienen verdadera esperanza pueden ser también reconocidos muy fácilmente. Ellos ven los males y los escándalos del pueblo descristianizado: se atreven a verlos y, más aún, a decirlos, y se atreven a ello precisamente porque tienen esperanza en el poder del Salvador, es decir, porque creen que todos esos males tienen remedio.

 

Además, la verdadera esperanza en Cristo les hace libres de la fascinación del mundo. Les da fidelidad y fuerza para no ser sus cómplices ni por acción ni por omisión. No temen la persecución, venga ésta de donde venga, ni pretenden para nada la prosperidad y la gloria presentes.

 

Éstos hombres de esperanza predican al pueblo con mucho ánimo el Evangelio de la conversión, para que se ponga fin a todas las infidelidades y escándalos, para que se hagan las reformas necesarias, para que todos pasen de la mentira a la verdad, de la soberbia intelectual a la humildad discipular, de la rebeldía a la obediencia, de los sacrilegios a los sacramentos, del culto al placer y a las riquezas al único culto sagrado del Dios vivo y verdadero.

 

Se atreven a predicar así el Evangelio porque creen que Dios, de un montón de esqueletos descarnados, puede hacer un pueblo de hombres vivos (Ez 37), y de las piedras puede sacar hijos de Abraham (Mt 3,9).

 

Es, pues, una gran falsedad, una mentira diabólica, tachar de pesimistas y de carentes de esperanza a quienes califican como graves los graves pecados y las escandalosas infidelidades de ciertas Iglesias.

 

Por el camino de la caridad

 

La fidelidad a la Iglesia es fidelidad a Cristo, su Esposo amado, el que por Ella nos enseña, nos guía y nos manda. Y ciertamente la fidelidad cristiana está hecha de amor y de obediencia: «si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15). Es el amor a Cristo y a la Iglesia lo único que nos hace posible la fidelidad, la fidelidad incondicional, sin límites, en lo grande y en lo pequeño.

 

Toda infidelidad es un desfallecimiento en el amor, una traición al Amado y a su Esposa. Por tanto, la vuelta de la infidelidad a la fidelidad es un regreso penitencial al amor y a la obediencia.

 

Cristo es el Salvador

 

En medio de tantos pecados y escándalos en el mundo y en la Iglesia, ¿cuáles son las esperanzas de los cristianos?... Nuestras esperanzas son nada menos que las promesas de Dios en las Sagradas Escrituras: todos los pueblos bendecirán el nombre de Jesús y lo reconocerán como único Salvador (Tob 13,13; Sal 85,9; Is 60; Jer 16,19; Dan 7,27; Os 11,10-11; Sof 2,11; Zac 8,22-23; Mt 8,11; 12,21; Lc 13,29; Rm 15,12; etc.). Finalmente, con toda certeza, resonará formidable entre los pueblos el clamor litúrgico de la Iglesia, cantando la gloria de Cristo Salvador:

 

«Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios, soberano de todo. Justos y verdaderos tus designios, Rey de las naciones» (Ap 15,3).

 

Y la gloria de Cristo es la gloria de la Iglesia, pues Ella es su Cuerpo, su Esposa amada: «vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo del lado de Dios, ataviada como una esposa que se adorna para su esposo» (Ap 21,2).

 

Ella es en Cristo el «sacramento universal de salvación» entre los pueblos (Vaticano II: LG 48, AG 1). Sacramento que significa la santificación de los hombres, y que realiza con maravillosa eficacia aquello que significa.

 

Bendita sea la Iglesia una, santa, católica y apostólica. FIN.

 

(José María Iraburu, Infidelidades en la Iglesia, Fundación GRATIS DATE, Pamplona 2005, pp. 45-47).

 

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El arrepentimiento del hijo pródigo

 

Lic. Néstor Martínez Valls

 

En estos tiempos en que hay Cardenales y Obispos que proponen que se pueda dar la comunión a los adúlteros que no renuncian a serlo y que siguen cometiendo, sin arrepentirse, porque no forman propósito de enmienda, el pecado de adulterio, hay quienes han querido interpretar la parábola del Hijo Pródigo como si dijese que Dios da el perdón al pecador sin que éste se haya arrepentido previamente.

 

Para analizar esta interpretación nos valemos entre otras cosas de textos patrísticos extraídos de la Catena Aurea de Santo Tomás de Aquino, Sobre San Lucas, cap. 15. Por eso, la referencia la ponemos cuando en dicha obra aparece.

 

Son obstáculo para esta interpretación de la parábola, entre otras muchas cosas, los versículos 18 y 19 de ese capítulo 15 de San Lucas: 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.” Donde parece claro que el hijo pródigo experimenta el arrepentimiento antes de ir a pedir perdón a su padre.

 

Algunos argumentan contra esto diciendo que en realidad el hijo menor no está arrepentido de lo que ha hecho, sino que solamente prepara una estrategia para poder ser recibido por su padre y así saciar el hambre. Se apoyan en que el texto dice: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré:” etc.

 

Pero entonces ¿qué nos estaría enseñando aquí Jesús? ¿Que no hace falta el arrepentimiento para ser perdonados por Dios? Es claro que eso es absurdo. Y no es eso, obviamente, lo que dice la parábola en cuestión.

 

En primer lugar, porque la parábola integra un grupo de tres parábolas que tienen el mismo tema: el perdón de Dios al pecador arrepentido. En efecto, las parábolas de la oveja perdida y de la moneda perdida terminan de mismo modo: “7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” “10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”

 

Ahora bien, la parábola del Hijo pródigo termina así: “32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” ¿De qué muerte había revivido el hijo menor? Obviamente, no de la muerte corporal, sino de la espiritual, o sea, el pecado. ¿Se revive del pecado por diseñar una estrategia para saciar el hambre? No, ni el Señor puede haber querido enseñarnos eso. ¿Cómo se revive del pecado? Ante todo, por el arrepentimiento, que es, recordemos, el tema común a estas tres parábolas.

 

En cuanto a “se había perdido y ha sido hallado”, hace eco también a las dos parábolas anteriores:

“5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.” “9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.” Las cuales, como ya sabemos, hablan del arrepentimiento.

 

El verbo griego para “encontrar, hallar, ser encontrado, ser hallado” es el mismo en los tres casos: εὑρίσκω. (imperf. εὕρισκον; fut. εὑρήσω; 2 aor. εὗρον; perf. εὕρηκα; 1 aor. pas. εὑρέηθν; fut. pas. εὑρεθήσοµαι). Encontrar, hallar, descubrir, obtener, lograr, recibir, reconocer.

 

“5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.” 5 καὶ εὑρὼν ἐπιτίθησιν ἐπὶ τοὺς ὤμους αὐτοῦ χαίρων, 6 καὶ ἐλθὼν εἰς τὸν οἶκον συγκαλεῖ τοὺς φίλους καὶ τοὺς γείτονας λέγων αὐτοῖς, Συγχάρητέ μοι, ὅτι εὗρον τὸ πρόβατόν μου τὸ ἀπολωλός

 

“9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.” 9 καὶ εὑροῦσα συγκαλεῖ τὰς φίλας καὶ γείτονας λέγουσα, Συγχάρητέ μοι, ὅτι εὗρον τὴν δραχμὴν ἣν ἀπώλεσα

 

“32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” 32 εὐφρανθῆναι δὲ καὶ χαρῆναι ἔδει, ὅτι ὁ ἀδελφός σου οὗτος νεκρὸς ἦν καὶ ἔζησεν, καὶ ἀπολωλὼς καὶ εὑρέθη.

 

Es este contexto el que obliga a tomar en serio las palabras del hijo menor cuando decide volver a la casa paterna: “18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”, como expresivas de arrepentimiento por sus pecados.

 

Por eso, y no solamente por aplicar piadosamente una doctrina espiritual a un texto bíblico, dice San Juan Crisóstomo, en una homilía titulada “Sobre el padre y sus dos hijos”: “Iunior filius ad poenitentiam venit sua sponte, recordatus praeteritae abundantiae patris sui; (…) Deinde senior filius in reditu et salute fratris sui tristatur; cum dominus dicat laetitiam esse apud Angelos super uno peccatore poenitentiam agente“El hijo menor vino a su penitencia espontáneamente, recordando la pasada abundancia junto a su padre; (…) El hijo mayor se entristeció del retorno y la salvación de su hermano, pues el Señor dice que hay más alegría entre los ángeles por un pecador que hace penitencia”.

 

San Gregorio de Nisa, en De Virginitate, cap. 12: “Hunc autem filium prodigum spiritus sanctus nobis descripsit, ut instruamur nos qualiter debeamus cordis deplorare peccamina. “El Espíritu Santo nos ha descrito a este hijo pródigo para que seamos instruidos de cómo debemos deplorar de corazón los pecados.”

 

San Cirilo, en su comentario a Isaías, 3,3: “Est ergo hic sensus parabolae. Arguentibus eum Pharisaeis et Scribis quod reciperet peccatores, proponit praesentem parabolam, in qua hominem vocat Deum, qui pater est duorum fratrum, iustorum scilicet et peccatorum; quorum primus gradus est iustorum ab initio iustitiam sequentium, secundus gradus est hominum per poenitentiam ad iustitiam reductorum.” “Éste es el sentido de la parábola: Arguyendo los fariseos y los escribas a Cristo porque recibía a los pecadores, les propone esta parábola, en la cual compara a Dios con un hombre que es padre de dos hermanos, uno justo y el otro pecador; de los que el primero representa a los justos, que desde el principio han obrado con justicia, el segundo a los que por la penitencia vuelven a la justicia.”

 

Dice el R. P. Juan Leal, S.J., en el Comentario a la Sagrada Escritura de los Profesores de la Compañía de Jesús editado por la B.A.C. en 1964 (t. I, p. 694): “El proceso de la conversión fue: a) entrar dentro de sí, hacerse reflexivo por la desgracia; b) recordar a su padre, comparando el trato que allí tenían los jornaleros con el que ahora él experimentaba. Se acuerda del padre por interés y egoísmo, más que por amor filial; c) voluntad de volverse al padre, d) con humilde y sincera confesión de su pecado, e) dispuesto a aceptar lo que se le dé, viviendo como un jornalero más, porque no merece ser tratado como hijo. El conjunto de la descripción nos da el retrato, pretendido por el parabolista, del pecador arrepentido, que contrasta con la soberbia e hipocresía de los escribas y fariseos, acusadores de ‘publicanos y pecadores’.”

 

Oigamos además a un protestanteMatthew Henry, en su Comentario bíblico, en la parte destinada al cap. 15 del Evangelio de San Lucas: “La parábola del hijo pródigo muestra la naturaleza del arrepentimiento y la prontitud del Señor para acoger bien y bendecir a todos los que vuelven a Él. Expone plenamente las riquezas de la gracia del evangelio; y ha sido y será, mientras dure el mundo, de utilidad indecible para los pobres pecadores, para guiarlos y alentarlos a arrepentirse y a regresar a Dios.

 

Habiendo visto el hijo pródigo en su abyecto estado de miseria, tenemos que considerar en seguida su recuperación. Esto empieza cuando vuelve en sí. Ése es un punto de retorno en la conversión del pecador. El Señor abre sus ojos y le convence de pecado; entonces, se ve a sí mismo, y a todo objeto bajo una luz diferente de la de antes. Así, el pecador convicto percibe que el siervo más pobre de Dios es más dichoso que él. Mirar a Dios como Padre, y nuestro Padre, será muy útil para nuestro arrepentimiento y regreso a Él. El hijo pródigo se levantó y no se detuvo hasta que llegó a su casa. Así, el pecador arrepentido deja resueltamente la atadura de Satanás y sus lujurias, y regresa a Dios por medio de la oración, a pesar de sus temores y desalientos.”

 

Además, el texto dice que el hijo menor “volvió en sí antes de diseñar su “estrategia”. “17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” Pero si sólo buscaba saciar su hambre, seguía “fuera de sí mismo”, no había vuelto en sí para nada.

 

Así lo interpreta San Agustín, en Cuestiones sobre los Evangelios, libro 2, cap. 33: In se autem reversus est cum ab eis quae forinsecus frustra illiciunt et seducunt, in conscientiae suae interiora suam intentionem reduxit.” “‘Vuelto en sí es cuando reduce su intención de las cosas que desde fuera agradan y seducen, a las que están dentro de su conciencia.”

 

San Gregorio de Nisa, De Virginitate, cap. 12: “Non prius autem rediit ad pristinam felicitatem, quam in se rediens sentiret opprimentis aerumnae praesentiam, et meditaretur poenitentiae verba, quae subduntur: surgam.” “No volvió a la felicidad anterior sin que antes, entrando en sí, sintiese la opresiva presencia de la aflicción…, y meditase las palabras de la penitencia que siguen: ‘Me levantaré…’”

 

Y San Ambrosio: “Bene in se revertitur, quia a se recessit: etenim qui ad Deum regreditur, se sibi reddit; et qui recedit a Christo, se sibi abdicat.” “Bien vuelve a sí, porque se había apartado de sí, pues quien a Dios regresa, vuelve a sí, y el que se aleja de Cristo, se aparta de sí mismo.”

 

San Agustín no detecta en ello solamente una estrategia egoísta. Dice en Cuestiones sobre los Evangelios, libro 2, cap. 33: “Cetera vero sunt poenitentiam meditantis in confessione peccati, nondum tamen agentis…” “Las demás palabras [del joven] son propias de quien piensa arrepentirse y confesar su pecado, pero que aún no lo ha llevado a cabo…”

 

Tampoco San Ambrosio: “Deiectus autem se exaltare non debet; unde subdit iam non sum dignus vocari filius tuus. Et ut merito suae humilitatis possit attolli, subdit fac me sicut unum de mercenariis tuis.” “El caído no debe exaltarse a sí mismo, por lo que agrega: ‘ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo’. Y para merecer ser exaltado por su humildad, agrega: ‘trátame como a uno de tus jornaleros’.”

 

Tampoco San Beda el Venerable: “Ad filii affectum, qui omnia quae patris sunt, sua esse non ambigit, aspirare nequaquam praesumit; sed mercenarii statum iam pro mercede serviturus desiderat; verum nec hunc quidem nisi paterna dignatione se mereri posse testatur.” No presume aspirar al afecto de hijo aquel que no duda de que todo lo que es de su padre sea suyo, y así desea servirle como mercenario por una retribución. Pero declara que ni aún eso merece ya sino por la bondad de su padre.”

 

En cuanto a la reacción del padre, San Juan Crisóstomo la ve basada en la percepción del arrepentimiento del hijo: Sensit autem pater poenitentiam; non expectavit recipere confessionis verba, sed praevenit petitionem, misericorditer agens: unde subditur et misericordia motus est.” “El padre percibió el arrepentimiento; no esperó a recibir la confesión verbal, sino que previno la petición del hijo, actuando misericordiosamente, por lo que agrega: ‘fue movido por la misericordia’.”

 

Según Crisóstomo, entonces, el padre abraza al hijo antes de que éste diga nada, pero porque ha percibido de algún modo el arrepentimiento ya preexistente del hijo, de modo que, en la aplicación de la parábola, el perdón divino, si bien pudiese adelantarse a la confesión verbal de los pecados, no se adelanta al arrepentimiento interior de la persona. En efecto, un padre humano podría tal vez abrazar al hijo antes de tener conocimiento alguno de su arrepentimiento, pero eso no se aplica a Dios, que conoce todas las cosas.

 

Agrega Crisóstomo, en una homilía “Sobre el padre y sus dos hijos”: “Quid enim est aliud quod occurrit, nisi quia nos, peccatis impedientibus, nostra virtute ad Deum pervenire non poteramus? Ipse autem potens ad invalidos pervenire descendit. Osculatur autem os, per quod emissa de corde confessio poenitentis exierat, quam pater laetus excepit.” “¿Qué otra cosa es lo que ocurrió, sino que nosotros, impedidos por los pecados, no podíamos llegar a Dios por nuestro poder? Por tanto, el mismo Poderoso descendió para llegar a los inválidos. Se besa por tanto la boca por la que la confesión emitida por el corazón saliera, a la que el Padre dio alegre bienvenida.”

 

Es evidente, en nuestra fe, que el Padre se nos adelanta absolutamente en cuanto a darnos la gracia para que nos arrepintamos y pidamos perdón por nuestros pecados. No en el sentido de que nos perdone antes de nuestro arrepentimiento.

 

En todo caso, la afirmación que dice que no es necesario el arrepentimiento del pecador para que Dios perdone su pecado contradice la fe católica tal como la define el Canon 4 de la Sesión XIV del Concilio de Trento, dedicada al Sacramento de la Penitencia: “Canon 4. Si alguno negare que para la entera y perfecta remisión de los pecados se requieren tres actos en el penitente, a manera de materia del sacramento de la penitencia, a saber: contrición, confesión y satisfacción, que se llaman las tres partes de la penitencia; o dijere que sólo hay dos partes de la penitencia, a saber, los terrores que agitan la conciencia, conocido el pecado, y la fe concebida del Evangelio o de la absolución, por la que uno cree que sus pecados le son perdonados por causa de Cristo, sea anatema.”

 

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Algunos argumentos contra la fuente Q

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son llamados “sinópticos” porque, al ser muy semejantes entre sí, pueden ser dispuestos en tres columnas paralelas a fin de obtener una “sinopsis” o visión conjunta de los tres. A pesar de sus grandes similitudes, los tres Evangelios sinópticos tienen también muchas diferencias de detalle entre sí. Se llama “cuestión sinóptica” o “problema sinóptico” al problema planteado por las similitudes y diferencias entre los tres Evangelios sinópticos. La solución de la cuestión sinóptica preferida hoy por la mayoría de los exégetas (incluso católicos) es la teoría o hipótesis “de las dos fuentes”. Esta teoría sostiene que los Evangelios de Mateo y Lucas fueron compuestos (cada uno de ellos de forma independiente) con base en dos documentos escritos anteriores: el Evangelio de Marcos y Q (inicial del término alemán Quelle, que significa “fuente”). Q es un documento puramente hipotético. Inicialmente considerada como una mera colección de dichos de Jesús, hoy se piensa que la fuente Q contiene también algunos elementos narrativos. La hipótesis Q depende de dos premisas básicas: la prioridad de Marcos (sostenida hoy por casi todos los exégetas) y la independencia entre Mateo y Lucas. Esta segunda premisa parece mucho más débil que la primera.

 

La principal consecuencia de la hipótesis de las dos fuentes es el retraso de las fechas de composición de Mateo y Lucas, en la consideración de quienes defienden la hipótesis. Ese retraso es consistente con la visión racionalista y el interés anti-apologético de los exégetas protestantes liberales que impulsaron la hipótesis Q a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La visión liberal de las fechas de composición de los Evangelios se refleja por ejemplo en esta página. Allí se proponen fechas demasiado tardías: Q (40-80), Marcos (65-80), Mateo (80-100), Lucas (80-130). Esa cronología es compatible con la teoría de las dos fuentes: Marcos y Q habrían sido compuestos antes del año 80; en cambio, Mateo y Lucas habrían sido escritos después del año 80. Esas fechas de composición tan tardías tienden a contradecir la visión tradicional de los Evangelios como relatos históricamente fidedignos, basados en testimonios de testigos oculares y redactados por Apóstoles (Mateo y Juan) o colaboradores directos de Apóstoles (Marcos y Lucas). En cambio esas dataciones tardías tienden a favorecer la visión racionalista de quienes buscan “desmitologizar” los Evangelios, considerándolos más bien como productos de comunidades “creativas”, que habrían transformado por su cuenta el “Jesús histórico” en el “Cristo de la fe”.

 

A continuación presentaré sintéticamente y comentaré un artículo de Mark Goodacre (disponible en esta página) titulado Ten Reasons to Question Q (Diez razones para cuestionar a Q). Las citas de ese artículo han sido traducidas del inglés por mí. El artículo referido es un resumen del libro: Mark Goodacre, The Case Against Q, Trinity Press International, Harrisburg-Pennsylvania, 2001. Goodacre presenta los siguientes diez cuestionamientos críticos de la hipótesis Q.

 

1.      Nadie ha visto jamás a Q

 

“La literatura actual sobre Q abunda en ediciones de Q, investigaciones de sus estratos, estudios de las comunidades que estaban detrás de él y análisis de su teología.” Sin embargo, “no existe ningún manuscrito de Q. Nadie ha encontrado aún siquiera un fragmento de Q”.

 

2.      Nadie había oído jamás de Q

 

“Ningún autor antiguo parece haber sido consciente de la existencia de Q. Uno buscará en vano una sola referencia a él en la literatura antigua. Durante un tiempo se pensó que ‘los logia’ a los que se refirió Papías podrían ser Q. En verdad, éste fue uno de los puntos de apoyo sobre los cuales descansó la hipótesis Q en el siglo XIX. Pero ningún académico prestigioso cree esto ahora.”

 

Papías (siglo II) sostuvo que el Apóstol Mateo escribió en hebreo los logia (dichos) de Jesús. Si damos crédito a esta noticia y la combinamos con la hipótesis de que Mateo redactó dos versiones sucesivas de su Evangelio, identificando a la primera de ellas con Q, la teoría de las dos fuentes se transforma radicalmente, dando lugar a algo muy parecido a la hipótesis de Farrer, defendida por Goodacre. Farrer postuló la prioridad de Marcos y a Mateo como fuente de Lucas. Es decir que Mateo dependería de una sola fuente escrita (Marcos), mientras que Lucas dependería de dos fuentes (Marcos y Mateo).

 

3.      Secuencia narrativa en Q

 

“Aparentemente Q tiene una secuencia narrativa en la cual el progreso del ministerio de Jesús está trazado de modo cuidadoso. En esquema ésta es: la aparición de Juan el Bautista en el Jordán, su predicación, el bautismo de Jesús, las tentaciones en el desierto, Nazara, un gran sermón, Cafarnaúm –donde el hijo del centurión es curado–, mensajeros de Juan el Bautista. Esta narrativa es problemática para Q de dos maneras. Primero, contradice la afirmación de que Q es un ‘Evangelio de Dichos’ paralelo a Tomás. Segundo, esta secuencia tiene sentido cuando uno nota que corresponde precisamente a los lugares en los cuales Mateo se separa del orden básico de Marcos (en Mateo 3-11) y donde Lucas, en paralelo, se aparta de ese orden. En otras palabras, tiene mucho sentido en la hipótesis de que Lucas está siguiendo a Mateo tanto como a Marcos.”

 

El Evangelio de Tomás es una obra gnóstica del siglo II que reúne 114 dichos de Jesús. Es el más famoso de los Evangelios apócrifos.

 

4.      La navaja de Occam

 

“El filósofo medieval británico Occam sugirió un hermoso principio de trabajo: que los entes no deberían ser multiplicados más allá de lo necesario. Entonces, ¿cómo Q ha escapado a la navaja de Occam? La independencia de Lucas con respecto a Mateo, la tesis que Q necesita, se considera confirmada por la aparente ignorancia de Lucas sobre Mateo en los pasajes que ambos comparten con Marcos (pasajes de tradición triple). Pero la existencia de acuerdos entre Mateo y Lucas contra Marcos en esos mismos pasajes sugiere otra cosa.”

 

5.      Acuerdos mayores entre Mateo y Lucas contra Marcos

 

“Un ejemplo claro y famoso de acuerdo mayor entre Mateo y Lucas contra Marcos es provisto por la parábola del grano de mostaza”: Mateo 13,31-32 // Marcos 4,30-32 // Lucas 13,18-19. Las siguientes expresiones de esa parábola representan acuerdos entre Mateo y Lucas contra Marcos: “un hombre”, “se convierte en un arbusto”, “ramas”.

 

“También la ubicación es importante: Mateo y Lucas, a diferencia de Marcos, emparejan esta parábola con la de la levadura (Mateo 13,33 // Lucas 13,20-21). Dado que la hipótesis Q está fundada en la independencia de Lucas con respecto a Mateo, un acuerdo como éste, un acuerdo contra Marcos tanto en la fraseología como en el orden, no debería estar presente. Pero la fuerza de tales acuerdos mayores tiende a no ser sentida debido a la apelación al fenómeno de la ‘superposición Marcos-Q’, tanto aquí como en otros lugares... ¿Entonces esto pone al escéptico sobre Q en una situación sin salida? No tanto. La hipótesis Q tiene un talón de Aquiles bien conocido, los acuerdos menores.”

 

En principio, la teoría de las dos fuentes atribuye a Marcos los pasajes de tradición triple (Mateo-Marcos-Lucas). Empero, para explicar los acuerdos mayores entre Mateo y Lucas contra Marcos, es necesario modificar parcialmente la teoría, atribuyendo los pasajes que contienen esos acuerdos a una “tradición cuádruple” Mateo-Marcos-Lucas-Q y suponiendo que en esos pasajes o acuerdos Mateo y Lucas siguen a Q, en lugar de a Marcos. Éste sería el fenómeno de la “superposición Marcos-Q”.

 

6.      Acuerdos menores entre Mateo y Lucas contra Marcos

 

“Hay alrededor de mil acuerdos menores entre Mateo y Lucas contra Marcos. Apenas hay una perícopa en la tradición triple (Mateo-Marcos-Lucas) que no contenga ninguno.”

 

Esto vuelve muy inverosímil la apelación a la “superposición Marcos-Q” para explicar los acuerdos menores entre Mateo y Lucas contra Marcos. Estadísticamente es muy improbable que existan muchos pasajes de tradición doble Mateo-Marcos, Marcos-Lucas o Mateo-Lucas (estos últimos serían en hipótesis Mateo-Lucas-Q), pero no exista ningún o casi ningún pasaje de tradición triple “pura” (Mateo-Marcos-Lucas sin Q), sino que todos o casi todos los pasajes de tradición triple sean en realidad Mateo-Marcos-Lucas-Q, y que además en ellos Mateo y Lucas sigan siempre a Q, no a Marcos, en unos mil acuerdos menores distribuidos por todas partes.

 

Entre estos acuerdos menores “hay algunos tan llamativos que Q comienza a parecer vulnerable”. Por ejemplo: Mateo 4,12-13 // Marcos 1,14.21 // Lucas 4,14.16.31.

 

“Aquí hay dos puntos clave. Primero, Mateo y Lucas concuerdan contra Marcos en el orden del itinerario de Jesús. Jesús visita Nazara antes de ir a Cafarnaúm. Además, tanto Mateo como Lucas usan aquí un deletreo único –no Nazaret ni Nazareth sino Nazara. Este acuerdo menor, tan difícil de explicar si Lucas es independiente de Mateo, sólo puede ser eliminado por la sugerencia de que Nazara podría haber aparecido en Q, una solución problemática que incrementa el número de elementos narrativos en Q… y hace que Q se parezca más a Mateo (véase el punto 4 arriba).”

 

7.      Acuerdos menores en la narración de la Pasión

 

“Si uno llegara a encontrar un acuerdo menor entre Mateo y Lucas en la narración de la Pasión…, entonces esto sería una evidencia aún más fuerte contra la existencia de Q, porque nadie piensa que Q tiene una narración de la Pasión. La buena noticia es que hay varios acuerdos menores en este material, el más notable de los cuales es éste”: Mateo 26,67-68 // Marcos 14,65 // Lucas 22,63-64.

 

“Aquí… tenemos un acuerdo literal de cinco palabras entre Mateo y Lucas contra Marcos tis estin o paisas se [dinos quién te golpeó]– un acuerdo que es tanto más notable por su uso del verbo paiw (paiõ, golpear), que ocurre sólo aquí en Mateo y sólo aquí en Lucas.”

 

“La principal defensa de los teóricos de Q… propone que cada manuscrito individual de Mateo ha sido corrompido en este punto para incluir cinco palabras… que originalmente no estaban allí.”

 

En mi opinión, en este punto la teoría de las dos fuentes se vuelve tan enrevesada y artificiosa que parece mejor simplemente descartarla.

 

8.      El fenómeno de la fatiga

 

“Cuando un escritor está copiando el trabajo de otro, a veces se hacen cambios al principio de un reporte que luego no son sostenidos en todas partes –el escritor cae en la dócil reproducción de su fuente. Este fenómeno de ‘fatiga’ es un signo revelador de la dependencia de un escritor con respecto a una fuente. Mateo, por ejemplo, llama correctamente a Herodes ‘tetrarca’ en 14,1, sólo para caer en llamarlo con el menos correcto ‘rey’ en 14,9, aparentemente reproduciendo a Marcos (6,26), quien lo ha llamado ‘rey’ en todas partes. Similarmente, Lucas reubica la escena de la alimentación de los cinco mil en ‘una ciudad llamada Bethsaida’ (Lucas 9,10) sólo para caer en la fraseología marcana más tarde: ‘Estamos aquí en un lugar desierto’ (Lucas 9,12; cf. Marcos 6,35).

 

Es revelador que este fenómeno también ocurra en el material de tradición doble (Q), y siempre en la misma dirección, a favor del uso de Mateo por parte de Lucas. Tomemos la parábola de los talentos / minas (Mateo 25,14-30 // Lucas 19,11-27). Mateo tiene tres siervos todo el tiempo. Lucas, por otra parte, tiene diez. Pero a medida que la historia progresa, oímos acerca de ‘el primero’ (19,16), ‘el segundo’ (19,18) y asombrosamente ‘el otro’ (Lucas 19,20). Por inadvertencia, Lucas ha delatado su conocimiento de Mateo mediante la deriva hacia la línea narrativa de su fuente.”

 

9.      El legado del estudio académico de cortar-y-pegar

 

“Q pertenece a otra era, una era en la cual los académicos resolvían cada problema postulando otra fuente escrita. Se consideraba a los evangelistas como hombres de ‘cortar-y-pegar’, compiladores y no compositores, que editaban juntos pedazos de varios documentos. Clásicamente, el libresco B. H. Streeter resolvió el problema sinóptico asignando una fuente escrita a cada tipo de material –la tradición triple era de Marcos; la tradición doble era de ‘Q’; lo especial de Mateo era de ‘M’ y lo especial de Lucas era de ‘L’. Desde entonces la mayoría de los estudiosos ha prescindido de las fuentes escritas ‘M’ y ‘L’. Ahora ha llegado el momento de ponerse al día y de prescindir también de Q.”

 

B. H. Streeter propuso en 1924 la “hipótesis de las cuatro fuentes” (o cuatro documentos): Marcos, Q, M y L. Mateo dependería de tres fuentes escritas previas: Marcos, Q y M; mientras que Lucas dependería de otras tres: Marcos, Q y L. La navaja de Streeter no estaba muy afilada…

 

La expresión “tradición doble” se refiere aquí a los pasajes compartidos por Mateo y Lucas y faltantes en Marcos. Por supuesto, además de la tradición doble Mateo-Lucas, existen también las tradiciones dobles Mateo-Marcos y Marcos-Lucas; pero estas últimas dos tradiciones dobles se explican fácilmente por la prioridad de Marcos.

 

10.  El reconocimiento de la habilidad literaria de Lucas

 

“La creencia en Q ha sido un impedimento para la debida apreciación de la habilidad literaria de Lucas, porque el orden de Lucas ha sido explicado tradicionalmente con base en la suposición de que él estaba siguiendo conservadoramente un texto de Q. Pero no es en absoluto inconcebible que Lucas haya reordenado material de Mateo de forma imaginativa y creativa. Tomemos, por ejemplo, la ubicación ideal de la Oración del Señor (Lucas 11,1-4), introduciendo una sección de enseñanzas de Jesús sobre la oración; o el pasaje ‘Mirad los lirios’ (Lucas 12,22-34), tan apropiadamente puesto como continuación del rico insensato lucano (Lucas 12,13-21). Lejos de ‘revolver el huevo con alevosía’ (R. H. Fuller), la tesis del uso de Mateo por parte de Lucas nos ayuda a ver cómo Lucas evitó el enfoque más rígido y temático de su predecesor a fin de desarrollar una narración plausible y secuencial, precisamente como él nos dijo que haría (Lucas 1,3).”

 

En general, los defensores de la teoría de las dos fuentes piensan que el contraste entre el magnífico orden del Evangelio de Mateo y el orden supuestamente inferior del Evangelio de Lucas es un signo de la independencia entre Mateo y Lucas; porque Lucas es un muy buen escritor, pero si hubiera conocido el Evangelio de Mateo, sería culpable de desordenar con torpeza el material de Mateo. De ahí la expresión de Fuller: “revolver el huevo con alevosía”. Esa visión me parece incorrecta. Aun negando la independencia entre Mateo y Lucas, se puede y se debe reconocer la calidad de la obra literaria de Lucas.

 

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Refutación de objeciones a la existencia del alma espiritual

(Curso de Apologética –Lección 8)

 

Raymond de Souza, KM

 

El lector habrá notado la progresión del pensamiento en esta serie de artículos: en lugar de tratar varios temas más bien aleatoriamente, la sección consiste en una serie de artículos con el formato de lecciones de un curso. Así, el primer tema fue el más básico, o sea que la verdad es objetiva y no subjetiva; el segundo tema fue la existencia de Dios; el tercero es el alma espiritual humana. Como este último es menos fácil de probar que el anterior, me gustaría responder algunas objeciones comunes que los agnósticos mantienen contra la existencia del alma humana como una realidad distinta de, pero unida sustancialmente con, el cuerpo material.

 

Primera objeción: cuando tú piensas, usas tu cerebro, que no es nada más que un órgano sofisticado dentro de tu cráneo. Sin embargo, si sufres una conmoción más fuerte que lo usual y tu cerebro es dañado, entras en un coma y no puedes pensar más. Conclusión: el pensamiento es sólo una secreción del cerebro, porque tu cerebro y tu mente son una y la misma cosa.

 

Respuesta: No es verdad. Un escocés contento toca su gaita durante la noche. El vecino de al lado, incapaz de dormir, entra en su apartamento con un cuchillo, hace un gran agujero en la gaita y rompe su tubo. El anteriormente contento escocés no puede tocar más su gaita. Conclusión: el escocés y la gaita son una y la misma cosa…

 

Evidentemente, el cerebro está hecho de materia orgánica, y cualquier cosa que pueda segregar es también material. Pero tus ideas, tus elecciones, tus opiniones y tus sueños no son cosas materiales, no tienen extensión fuera de tu mente. Ellos son completamente diferentes y distintos de la materia orgánica que forma tu cerebro, y no pueden ser identificados con ninguna de sus partes o estados, ya sea en reposo o en movimiento.

 

El alma y el cuerpo están unidos del modo más íntimo en una persona viva. Ésa es la razón de que hoy haya equipamiento electrónico que identifica ciertos movimientos en el cerebro relacionados con ciertos estados de la mente o reacciones a estímulos exteriores. A la inversa, un acto de la mente puede tener una reacción correspondiente en el cuerpo. Por eso una persona se vuelve incapaz de pensar si el medio de comunicación –el cerebro– resulta herido y se vuelve incapaz de funcionar correctamente.

 

Exactamente como el conocimiento musical del escocés y su talento para tocar la gaita no se encuentran en la gaita, pero el escocés necesita la gaita en buen estado para tocar –y el vecino de al lado le dará otro instrumento, bajo la condición de que deje de tocar durante la noche.

 

Segunda objeción: en el primer artículo de esta serie usted afirmó, y lo cito, que “cada ser vivo tiene dentro de sí mismo su propia fuente de su propia actividad, su propio poder y su propio principio vital. Esa fuente o poder, que hace marchar a cada ser vivo, es llamada el alma,  en el sentido más amplio del término. Pero en sentido estricto, sólo llamamos alma al principio vital de los seres humanos, en virtud de su intrínsecamente superior poder de pensamiento. La palabra latina para vida es anima, que también significa alma” –fin de la cita. Ahora bien, dado que los animales son seres vivos y están dotados de sentidos, y tienen almas, ¿por qué usted asume que sus almas no son espirituales? ¿Por qué ellos deberían tener sólo ‘almas materiales’ como su principio de vida? Sus almas pueden ser desconocidas para nosotros, porque no podemos verlas ni tocarlas, ¿pero ellos no tienen almas igual que nosotros?

 

Respuesta: En primer lugar aclaremos nuestra terminología. El principio de la vida animal, o ‘alma’ en su significado más amplio de vida, pura y simplemente, no es ‘material’ en el sentido de su cerebro, orejas o nariz. No puedes verlo o sentirlo como lo haces con sus orejas o nariz. Es cierto tipo de actividad, no espiritual, y como tal no tiene extensión en términos materiales. Y no obstante se lo llama material porque no existe en sí mismo fuera de la materia animal, y cesa de existir con la muerte del animal. Actúa exclusivamente con actividad material; sus sentidos no tienen poder de abstracción, tratando como tratan exclusivamente con realidades materiales.

 

Si uno busca ‘posibilidades’ del tipo de animales con almas espirituales sin que nosotros las conozcamos, eso es como decir con el agnóstico que “los guijarros están vivos con una vida propia que nosotros no conocemos”, o que “podría haber criaturas vivas en el Sol, de un tipo especial desconocido para nosotros aquí en la Tierra”, o que “todavía hay sirenas en la costa de sur de Madagascar”, u otras cosas por el estilo. Pero eso es sólo ignorancia compartida, no razonamiento correcto, mucho menos ciencia.

 

Además, si los animales tuvieran almas espirituales como nosotros, ellos serían personas, pensando y haciendo elecciones libres, no esclavizados por los instintos, con el mismo derecho a la vida que nosotros tenemos, y matarlos, incluso para tener alimento, sería un asesinato. Pero no hay absolutamente ninguna evidencia que sugiera siquiera que los animales pueden razonar, mucho menos hacer elecciones morales, lo que es la prerrogativa de las personas. Por lo tanto, no hay absolutamente ninguna razón para atribuir personalidad a los animales, contrariando la evidencia de los hechos. Eso son sólo ilusiones, motivadas por los miembros radicales de la ASS (Animal Scientific Society, o Sociedad Científica Animal).

 

Tercera objeción: Leí en un libro hindú que el alma es del tamaño de la cabeza de un alfiler y está ubicada en un lugar específico del cerebro, y desde allí envía sus vibraciones para animar a todo el cuerpo. ¿No es esta suposición más verosímil, en oposición a la idea cristiana de que el alma espiritual está presente en todo el cuerpo para animarlo?

 

Respuesta: No, no lo es. Esta suposición es sólo… una suposición, sin ninguna evidencia en la realidad. Ante todo, no hay tal cabeza de alfiler en el cerebro; de lo contrario sería detectada por un escaneo del cerebro. En segundo lugar, el cerebro tiene longitud, ancho y profundidad, al igual que cualquiera de sus partes, independientemente del número de partes en que puedas dividirlo. Dado que alma puede estar presente en todas esas partes, también puede estar presente en todo el cuerpo. No hay ningún problema aquí.

 

Próximo artículo: ¿Por qué ser cristiano? ¿Por qué no musulmán, budista o hindú?

 

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El neocolonialismo (1974-1994)

 

José Alfredo Elía Marcos

 

El año 1974 es el punto de inflexión para la contracepción, iniciándose lo que hoy denominamos “la guerra contra la población”. La misma deja de ser un asunto de instituciones particulares, o de algunos gobiernos, para politizarse al máximo nivel e internacionalizarse. El control de natalidad pasa a ser uno de los ejes principales en la política exterior de los países desarrollados, en especial de los EE.UU., y se empieza a imponer de forma compulsiva a los países en vías de desarrollo, a través de organismos transnacionales. A partir de esa fecha, los fondos dedicados al control de la natalidad aumentan de forma exponencial. Este punto de inflexión es el resultado de cuatro hechos fundamentales:

§  La publicación de la llamada “literatura del apocalipsis”. Obras como La bomba demográfica de Paul Ehrlich (1968) y Los límites del crecimiento del Club de Roma (1972) ayudan a crear el mito de la Superpoblación.

§  En 1973 la Corte Suprema de los EE.UU. dicta su inhumano fallo en el caso Roe vs. Wade por el que legaliza el aborto en todo el territorio norteamericano. En los siguientes años muchos otros países occidentales empezarán a legalizar el aborto en varios supuestos.

§  En 1974 se celebra la IV Conferencia de Población de Bucarest, siendo la primera de carácter político en la que se plantea por vez primera el control de natalidad como medida para el progreso y desarrollo de los países.

§  Henry Kissinger elabora el informe Memorandum 200 por orden del presidente Nixon, en el que expone la necesidad de invertir en control de natalidad en el tercer mundo para asegurarse la supremacía sobre las materias primas de este.

 

1. El informe Rockefeller

 

El 18 de julio de 1969, Richard Nixon dirigió al Congreso su Mensaje especial para el Congreso sobre Problemas de Crecimiento de la Población, en el que declaró que:

 

“Durante algún tiempo, el crecimiento de la población ha sido visto como un problema de los países en vías de desarrollo. Sólo recientemente la presión demográfica se ha manifestado como un problema para los países industrialmente avanzados (…) Es por todos estos motivos que hoy propongo la creación, por parte del Congreso, de una COMISIÓN SOBRE EL CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN Y EL FUTURO DE AMÉRICA. El Congreso debería de otorgar a dicha Comisión la responsabilidad de investigar y hacer recomendaciones sobre tres áreas específicas:

 

Primero, el curso probable del crecimiento de la población, las migraciones internas y los desarrollos demográficos desde ahora hasta el año 2000.

 

Segundo, los recursos en el sector público de la economía que se requieran para abordar el crecimiento de población anticipado.

 

Tercero, modos en que el crecimiento de población puede afectar a las actividades del Gobierno Federal y de los gobiernos locales”.

 

“Uno de los retos más serios del destino humano en el último tercio de este siglo será el crecimiento de la población. Que la respuesta del hombre a este desafío sea digna de orgullo o de desesperanza en el año 2000 dependerá mucho de lo que hagamos hoy en día. Si ahora comenzamos nuestro trabajo de la forma adecuada, y seguimos prestando considerable atención y energía a este problema, entonces la humanidad será capaz de superar este reto como ha superado otros muchos a lo largo de la civilización.” (Richard Nixon, Discurso, 18 de julio de 1969).

 

Dicha Comisión estuvo encabezada y presidida por John D. Rockefeller III, quien presentó el informe final en estos términos:

 

“Tengo el honor de transmitir para su consideración el Informe Final que contiene los resultados y recomendaciones de la Comisión sobre el Crecimiento de la Población y el Futuro de América, Sec.8, PL 91-213.”

 

“Después de dos años de concentrado esfuerzo, hemos concluido que, a largo plazo, no se obtendrán substanciales beneficios del continuo crecimiento de la población de la Nación; por el contrario, la gradual estabilización de nuestra población a través de métodos voluntarios, contribuiría significativamente a la capacidad de la Nación de resolver sus problemas.” (John D. Rockefeller III, 27 de marzo de 1972).

 

Rockefeller vio en la Iglesia Católica el principal enemigo contra las estrategias neocolonialistas. En el informe global 2000 se expone el por qué de esta decisión:

 

“El informe Rockefeller señalaba como causa fundamental del peligro para la plena consecución de sus planes de reducción forzada de la población a la Iglesia Católica ‘que educa a los pueblos, les da cultura, les hace pensar y les anuncia la inalienable dignidad de los hombres’.” (Sandalio, 7 de julio de 2004, El Informe Global 2000).

 

2. El mito de la Superpoblación

 

El 30 de septiembre de 1968 el presidente del Banco Mundial Robert McNamara se dirigió a la Junta de Gobernadores del mismo en la ciudad de Washington, para anunciar cuál iba a ser la política que en adelante se consideraría prioritaria en las agencias de las Naciones Unidas: El control de la población: “El rápido crecimiento demográfico es una de las mayores barreras que obstaculizan el crecimiento económico y el bienestar social de nuestros Estados miembros”.

 

Para justificar estas políticas se publicaron en los años siguientes varios libros que, pese a no tener ningún rigor científico y ser absolutamente sensacionalistas, tuvieron una enorme difusión. Estos textos difundieron en el inconsciente colectivo las falsas ideas de un terrible exceso de la población mundial y la proximidad de un colapso universal. Era el nacimiento del mito de la superpoblación.

 

El Catastrofismo Neomalthusiano

 

Al crecimiento poblacional se le empieza a asociar la crisis ambiental, de tal manera que el neomaltusianismo empieza a hablar de “catástrofe del planeta”. Varios serán los autores que empezarán a publicar textos alarmistas sobre una catástrofe del medioambiente causada principalmente por la superpoblación y que propongan como única solución el control de la población. En 1948 Fairfield Osborn publica Our plundered planet (Nuestro planeta saqueado) y en 1953 The limits of the Earth (Los límites de la Tierra).

 

“Vivimos sometidos al imperio de un principio independiente del tiempo, que ejerce su influencia implacable y universalmente. Este principio está estrechamente relacionado con la ley de la oferta y la demanda. Se expresa en una simple razón, en la que uno de los términos sería los recursos de la tierra y el otro sería el número de habitantes. Mientras que el primero es relativamente fijo y está sólo parcialmente sujeto al poder del hombre, el otro es cambiante y puede determinarlo el hombre en buena medida, si es que no del todo. Si somo ciegos para ver esta ley, o si nos engañamos subestimando su poder, podemos estar seguros de una cosa: el género humano pasará por un período de crecientes penalidades, de conflictos y de tinieblas.” (Fairfield Osborn, Los límites de la tierra, 1956).

 

En 1955, Alan Gregg, de la Fundación Rockefeller, describió, por primera vez, el género humano como un “crecimiento cancerígeno” sobre el planeta Tierra que podría con el tiempo destruirlo: “La superpoblación es un cáncer; nunca he oído que un cáncer se curara alimentándolo”.

 

En 1960, Raymond B. Cowles propuso una “bonificación para no tener hijos” a ser pagada a los padres potenciales por el gobierno. Esta idea fue elaborada en 1964 por Kenneth E. Boulding en una “licencia comercializable para los bebés”. La unidad para tal licencia sería un “deciniño”, y una acumulación de diez de estas unidades, por la compra, la herencia o donación, permitiría a una mujer tener un hijo legal. En 1967, William y Paul Paddock llegaron incluso más lejos y propusieron un sistema de “triaje”, que cancelaría todos los envíos de alimentos estadounidenses a aquellos países que dejen de controlar su “superpoblación”. Ya que “no podían ser salvados”, deberían simplemente ser abandonados a morir, lo más pronto posible.

 

“Si no hay suficiente comida para alimentar el excesivo número de gente (los pobres, las masas) ellos deben ser lanzados fuera de la borda (asesinados por guerras o epidemias). Estos “razonamientos” proveen una justificación para controlar la curva del crecimiento poblacional y la destrucción del exceso de población por cualquier medio, incluyendo las guerras, los genocidios, las epidemias, las hambrunas, las depresiones económicas y hasta el terrorismo.” (Pearce and Turner, 1995).

 

Paul Ehrlich y la bomba demográfica (1968)

 

El principal impulso al catastrofismo neomalthusiano lo dio el entomólogo Paul R. Ehrlich de la Universidad de Stanford, quien en 1968 publicó The population Bomb (La bomba demográfica) y que fue un éxito de ventas. En el mismo prólogo se adelanta la visión pesimista del libro.

 

"La batalla para alimentar a toda la humanidad se ha acabado [...] En la década de los 70 y 80, centenares de millones de personas se morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que se emprenda ahora. A estas alturas nada puede impedir un sustancial incremento en la tasa de mortalidad mundial, aunque muchas vidas podrían ser salvadas mediante drásticos programas para ampliar la capacidad de la tierra incrementando la producción alimentaria y distribuyendo más equitativamente el alimento disponible. Pero estos programas sólo proporcionarán un aplazamiento a menos que se acompañen con esfuerzos decididos y exitosos de control de la población.” (Paul Ehrlich, The population bomb, 1968, Prólogo).

 

A lo largo de las siguientes doscientas páginas Ehrlich hacía predicciones tan atrevidamente maltusianas como que “un mínimo de diez millones de personas, en su mayoría niños, se morirán de hambre durante cada año de la década de los sesenta. Pero éste es un mero puñado comparado con los números que se morirán de hambre antes del fin de siglo”.

 

Para evitarlo Ehrlich se apresuró a ofrecer ideas de control demográfico coercitivas, aunque reconocía que no eran propias sino sugeridas por colegas suyos. Entre estas medidas proponía la adición de sustancias anticonceptivas en toda la comida vendida en los Estados Unidos.

 

Garret Hardin y la capacidad de carga de la tierra

 

Garret Hardin (1915-2003) fue un profesor retirado de biología de la Universidad de California, y es considerado uno de los más influyentes teóricos del control de población. En 1968 publica su más famoso ensayo The tragedy of the commons (La tragedia de los comunes) en la prestigiosa revista científica Science. Con la “capacidad de carga”, Hardin aplica a la población humana un concepto biológico que se empleaba para determinar el número de insectos que un ecosistema podía soportar. A partir de la publicación del artículo, la gestión colectiva de los recursos se convirtió en uno de los temas clave de los economistas ambientales y los especialistas en recursos naturales. En el ensayo Hardin sostiene que cuando los recursos son limitados, las decisiones racionales de cada individuo “dan lugar a un dilema irracional para el grupo”, planteando que cada usuario de un bien colectivo tiende a maximizar el uso individualizado de ese recurso en un corto plazo, lo que conduce invariablemente a su sobreexplotación.

 

“Si cada familia humana dependiera exclusivamente de sus propios recursos, si los hijos de padres no previsores murieran de hambre, si, por lo tanto, la reproducción excesiva tuviera su propio ‘castigo’ para la línea germinal: entonces no habría ninguna razón para que el interés público controlara la reproducción familiar. Pero nuestra sociedad está profundamente comprometida con el estado de bienestar… Equilibrar el concepto de libertad de procreación con la creencia de que todo el que nace tiene igual derecho sobre los recursos comunes es encaminar al mundo hacia un trágico destino.” (Garret Hardin, La tragedia de los comunes, 1968).

 

Como conclusión final establece la iniciativa de pedir a la raza humana su renuncia a la procreación, como condición para poner fin a la tragedia de los recursos comunes.

 

“La libertad de reproducción traerá la ruina para todos… La única manera en que nosotros podemos preservar y alimentar otras y más preciadas libertades es renunciando a la libertad de reproducción, y muy pronto. La libertad es el reconocimiento de la necesidad, y es el papel de la educación revelar a todos la necesidad de abandonar la libertad de procreación. Solamente así podremos poner fin a este aspecto de la tragedia de los recursos comunes.” (Garret Hardin, La tragedia de los comunes, 1968).

 

Los límites del crecimiento del Club de Roma (1972)

 

En 1968 se reúnen en Roma 35 personalidades de 30 países entre los que se encuentran académicos, científicos, investigadores y políticos para fundar lo que ellos mismos denominaron Club de Roma. Sus miembros, de diferentes culturas e ideologías, compartían una común inquietud: una preocupación común por el futuro de la humanidad.

 

El primer informe del Club de Roma llevó por título Los límites del crecimiento y fue editado en los Estados Unidos durante 1972 y presentado a la Asamblea de las Naciones Unidas, reunida en Estocolmo para el estudio del medio ambiente. El estudio se llevó a cabo utilizando las técnicas de análisis de dinámica de sistemas más avanzadas del momento. Primeramente se recopilaron datos sobre cinco variables significativas: población, producción industrial y agrícola, contaminación y consumo de reservas conocidas de algunos minerales. A continuación se diseñaron fórmulas que relacionaban esas variables entre sí. Finalmente introdujeron el sistema completo en un ordenador y le pidieron que calculase los valores futuros de esas variables.

 

Las perspectivas resultaron muy negativas. El informe señalaba que debido a que la población mundial está creciendo “sin control alguno”, los recursos no renovables del mundo estarán eventualmente extintos en unos años y la economía mundial caerá en una gran depresión y miseria. Las conclusiones del estudio argumentaban que de continuar un crecimiento exponencial en los “factores” que inciden contra el planeta, sólo duraríamos hasta el 2027.

 

“Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial.” (D.L. Meadows y otros, Los Límites del Crecimiento, 1972).

           

La única forma de conseguir la eliminación de esta crisis consistía en igualar inmediatamente las tasas de natalidad y mortalidad en todo el mundo, la detención del proceso de acumulación de capital y la reinversión del mismo en recursos más ahorradores y menos contaminantes. Lo que el informe pretendía es lo que más tarde se denominó como crecimiento cero.

 

El efecto de tan pesimistas previsiones no se hizo esperar. Poco después de publicarse el informe del Club de Roma los precios del petróleo y de las materias primas se dispararon y los países occidentales se hundieron en la crisis económica más grave y prolongada que se había conocido desde la Segunda Guerra Mundial. Muchos pensaron que aquellas sombrías previsiones estaban a punto de cumplirse, antes de lo estimado. Fue la época del nacimiento de un gran número de organizaciones ecologistas y de teorías sobre el crecimiento cero. Libros del tipo Cómo sobrevivir una familia explotando dos hectáreas de terreno alcanzaron los puestos más altos en las listas de ventas.

 

3. La conferencia de población de Bucarest

 

Durante 1973, las Naciones Unidas anunciaron la Conferencia de Bucarest, como culminación del Año Mundial de la Población 1974, publicitada con pósters que sugestivamente decían: “una familia pequeña es una familia feliz”.

 

Rockefeller se dirigió a los delegados de la Conferencia, en un discurso donde afirmó que la “planificación de la población ha de ser una parte fundamental de cualquier programa de desarrollo moderno, tal como lo reconocen y aceptan los líderes de las naciones”.

 

El “Plan de Acción Poblacional Mundial”

 

La ONU había organizado previamente dos Conferencias de Población de carácter exclusivamente científico, en Roma (1954) y en Belgrado (1965). La de Bucarest fue la primera que tuvo un carácter marcadamente político. La Conferencia fue abierta por el entonces Secretario General de la ONU, Kurt Waldheim, el 19 de agosto de 1974. En ella participaron 135 gobiernos, además de 14 organismos de Naciones Unidas relacionados con la temática poblacional, entre ellos el FNUAP, UNESCO, FAO, OIT y UNICEF. En Bucarest se debatió el Plan Mundial de Acción en Población, basado en un Plan Provisional, preparado por 16 “expertos” de las N.U.

 

“El Plan Provisional recomienda que se debe adoptar como meta de cara al año 1985, la reducción de la tasa mundial de crecimiento anual, desde el 2 % actual a un 1,6 %. Siguiendo esta misma línea, el Plan Provisional urge a todas las naciones que hagan llegar, no más tarde de 1985, a cualquier individuo que lo desee, la necesaria información y educación sobre planificación familiar, y los métodos para llevar a cabo una planificación familiar eficazmente.” (Manuel Ferrer y otros, Las políticas demográficas, 1975).

 

Al tratar el Plan Provisional, “la mayor sorpresa fue la actuación de Argentina, que propuso nada menos que 69 enmiendas, la mayoría de las cuales atacaron a los apartados del Plan dedicados a la planificación familiar y a la reducción del crecimiento de la población. Especialmente ofensiva para Argentina era la meta de proporcionar información y métodos de planificación familiar a todas las parejas del mundo para 1985, y el planteamiento de los problemas del subdesarrollo desde la perspectiva de la supuesta explosión demográfica. Por tanto, Argentina propuso que se eliminase del documento toda referencia a la urgencia de poner en práctica programas de planificación familiar y la repartición de información y servicios sobre el control de natalidad a todas las parejas del mundo para el año 1985. Esta moción fue adoptada por 52 votos a favor y 42 en contra, con protestas oficiales por parte de Estados Unidos, Yugoslavia y Méjico”.

 

“La delegación de Argentina no podía aceptar el planteamiento de que la población había de tratarse de una manera peculiar y singular, fuera del contexto de otros factores más importantes, como son el desarrollo, la justicia social y la distribución equitativa de las riquezas de la tierra. El cambio de énfasis en el Plan Mundial desde el control de la fertilidad hacia estos otros factores se debe en gran parte a las enmiendas propuestas por Argentina en el Grupo de Trabajo”. En la Eco 92, Argentina volvería a tener un papel decisivo, para desbaratar los aspectos antinatalistas de los borradores de trabajo preparados por los burócratas de las Naciones Unidas.

 

El Informe Kissinger comentó la suerte del Plan de Acción para la Población Mundial, afirmando que “hubo una consternación general, por lo tanto, cuando al comienzo de la conferencia el plan fue sometido a un ataque fulminante que se prolongó por cinco horas, encabezado por Argelia, con el apoyo de varios países africanos; Argentina, apoyado por Uruguay, Brasil, Perú, y, en forma más limitada, por otros países de Latinoamérica; el grupo de países del Este europeo (menos Rumania); el PRC y la Santa Sede.” (Informe Kissinger, NSSM, pp. 86 y 87).

 

El Plan Mundial de Acción en Población resultó un fiasco para los EE.UU. y los organismos dependientes de Naciones Unidas, cuyo único interés era la aplicación a escala mundial del control natal. Sin embargo, “aunque los objetivos más radicales de los planificadores familiares han sido modificados y minados en gran parte del Plan, todavía siguen allí, entretejidos a lo largo del documento y camuflados por un lenguaje retórico. Por eso, cada palabra llega a tener una importancia mucho mayor de lo que se percibe sobre el papel: la condenación de los abortos ilegales significa de hecho la aprobación de los abortos legales; la integración de la mujer en la sociedad implica la reducción de sus obligaciones con respecto a su familia; el derecho de cada pareja a decidir el número de hijos que desean se traduce en el acceso a los anticonceptivos que quieren, y así sucesivamente”.

 

La estrategia de la organización

 

Los organizadores de la Conferencia de Bucarest fueron lo suficientemente hábiles como para compensar su derrota en el campo diplomático con importantes victorias en lo periodístico. Para ello prepararon y desarrollaron, en forma paralela a la Conferencia, el coloquio para Periodistas, con diez conferencias a cargo de diversos “expertos” contratados por la organización. Curiosamente nueve de ellos eran acérrimos partidarios del control natal, como Margaret Mead, Lester Brown, Aziz Bindary y Aurelio Peccei. Al coloquio asistieron más de 250 periodistas, incluyendo 50 que habían sido invitados especialmente y financiados exclusivamente por las Naciones Unidas.

 

Además, se llevó a cabo la Tribuna de Población, en la que expusieron 159 personas, de los que sólo 46 pertenecían a instituciones universitarias, 8 a la IPPF, y el resto eran funcionarios de organismos demográficos o de salud, gubernamentales o no gubernamentales. El 80 % era partidario del control natal, como por ejemplo el infaltable John D. Rockefeller III… Se publicó el diario Planet de la Conferencia, que fue repartido a los 5.000 asistentes durante los 10 días de su duración; lo editó la IPPF, y su contenido fue indisimuladamente partidario del control natal. Con todos estos elementos, los periodistas acreditados en la Conferencia, comenzaron a hablar del supuesto “espíritu de Bucarest”, según el cual habría un exceso en la población mundial, y sería imprescindible e impostergable tomar medidas concretas para la reducción de la tasa de natalidad de todos los países en vías de desarrollo.

 

Ellos no lo reconocerán jamás, pero, tal como observan agudamente Ferrer y otros, en el “espíritu de Bucarest” subyacen las tesis de Malthus, quien “en vez de preocuparse por aliviar la miseria ajenas, descubrió un principio natural, según el cual hay que evitar que existan pobres evitando que nazcan, y si nacen no se los debe ayudar, porque no tienen derecho a la vida: ‘Nos sentimos obligados por la justicia y el honor a negar formalmente que los pobres tengan derecho a ser ayudados’. Este espíritu maltusiano no es la mentalidad de una sociedad adulta y responsable por el futuro, sino una simple expresión de un mundo egoísta”. Lo cierto y real es que desde la Conferencia de Bucarest, los medios de comunicación social se lanzaron a una campaña cada vez más intensa, a favor de la contracepción y el control natal, y paralelamente han silenciado todas las voces partidarias del respeto a la dignidad de la persona humana.

 

4. El Informe Kissinger

 

A principios de los años 70 el presidente Nixon pidió al Congreso mayores fondos para financiar las actividades de población. En 1970 creó la Comisión sobre el Crecimiento Demográfico y el Futuro de Norteamérica, nombrando para presidirla nada menos que a John D. Rockefeller III.

 

En su carácter de secretario de estado del gobierno norteamericano, Henry Kissinguer suscribió el 24 de abril de 1974 el documento titulado Memorandum de Estudio para la Seguridad Nacional nº 200 (NSSM 200) – Implicaciones del Crecimiento Poblacional Mundial para la Seguridad de Estados Unidos e Intereses de Ultramar.

 

En 1989 estos documentos fueron desclasificados. Esto permitió descubrir como el Informe Kissinger recomendaba al ejecutivo del gobierno de Richard Nixon declarar de máxima prioridad el control de natalidad en 13 países. Brasil aparecía en primer lugar; los otros países eran India, Bangladesh, Paquistán, Nigeria, México, Indonesia, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. Se alegaba que la “explosión” demográfica era una “amenaza” para la seguridad de los EE.UU. Entre otras cosas, recomendaba a las agencias del gobierno de EE.UU. no usar el término “control de la natalidad” para no asustar a los políticos, sino expresiones como “planificación familiar” o “paternidad responsable”. El objetivo era garantizar el acceso de los EE.UU. a las materias primas de esos países, minimizando el consumo interno en ellos.

 

El Memorandum está compuesto por un resumen ejecutivo y dos partes. En la primera parte se presenta la situación demográfica mundial, y la estimación de lo que traerá aparejada tras proyectar varias variables demográficas para los próximos 30 años. La segunda parte configura el programa político sugerido al presidente de los EE.UU. como consecuencia del análisis anterior.

 

Parte I: Análisis demográfico

 

En el capítulo I se habla sobre las tendencias demográficas mundiales y se prevé un crecimiento para el 2000 según tres modelos de 7.800, 6.400 ó 5.900 millones de habitantes (este último fue el más acertado).

 

En el capítulo II se habla del abastecimiento de alimentos. El informe reconoce cómo entre los años 1954 y 1973 se ha producido un aumento del 19 % de la cantidad de alimentos per cápita pero, paradójicamente, pronostica para los siguientes años una serie de hambrunas generalizadas, para lo que propone como solución el descenso en las tasas de crecimiento poblacional de los países pobres.

 

El capítulo III se refiere a los minerales y combustibles, indicando los niveles de materias primas que EE.UU. necesita para mantener sus niveles de desarrollo y consumo. Este acceso a las materias primas se vería amenazado por el crecimiento poblacional del Tercer Mundo, debido a su mayor consumo y a un supuesto riesgo de alteraciones del orden público en tales países.

 

“Este hecho da a los EE.UU. un creciente interés en la estabilidad social, política y económica de los países productores. Donde sea que una disminución de las presiones poblacionales por medio de menores tasas de natalidad puede incrementar las perspectivas de tal estabilidad, la política poblacional se convierte en relevante para el suministro de recursos y para los intereses económicos de los EE.UU.” (Memorandum de Estudio para la Seguridad Nacional nº 200 (NSSM 200), Informe Kissinger).

 

El capítulo IV comienza con esta apocalíptica y dogmática afirmación:

 

“El rápido crecimiento poblacional afecta negativamente todos los aspectos del progreso social y económico de los países en desarrollo… esto lleva a preguntar cuánto más fácil serían los desembolsos para combatir la natalidad, que los destinados a incrementar la producción por medio de inversiones directas en irrigación, o proyectos para generar energía, construir fábricas,…” (Ídem).

 

Una vez establecido el paradigma del control natal, se presentan los medios para imponerlo coactivamente sin levantar incómodas sospechas:

 

“Se cree que serán necesarios algo más que servicios de planificación familiar para motivar a las parejas a querer familias pequeñas… Este factor lleva a la necesidad de programas a gran escala de información, educación y persuasión dirigida a disminuir la fertilidad.” (Ídem).

 

El capítulo V pretende hacer responsable a la presión demográfica de diferentes conflictos mundiales, entre ellos la guerra entre El Salvador y Honduras, la guerra civil nigeriana y el conflicto Pakistán-India-Bangladesh.

 

Por último, el capítulo VI resume la Conferencia de Población de Bucarest de 1974 criticando a aquellos países que se mostraron contrarios al control de población y al llamado Plan de Acción Poblacional Mundial, y planteando una estrategia para revertir y “reeducar” a los gobiernos para que acepten las propuestas Neomalthusianas.

 

“Las creencias ideológicas y los conceptos erróneos mostrados por muchas naciones en Bucarest indican que se requiere, con mayor fuerza que nunca, educación extensa de los líderes de muchos gobiernos, especialmente en África y algunos países de Latinoamérica.” (Ídem).

 

Parte II: La estrategia global

 

El capítulo I presenta la estrategia global poblacional estadounidense. Su análisis es importante para entender la geopolítica que ha gobernado el mundo en las últimas décadas. En primer lugar se indica la necesidad de crear instituciones voluntarias independientes para llevar a cabo el plan. Estas instituciones de voluntarios son lo que en la actualidad denominamos ONG.

 

“Los programas de asistencia poblacional USG deben ser coordinados con los de las principales instituciones multilaterales, organizaciones de voluntarios (ONG), y otros donantes bilaterales.” (Ídem).

 

Esta estrategia global para reducción de la natalidad en el mundo se basó en los siguientes elementos:

-       Priorizar la asistencia económica en materia poblacional de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) en los países más grandes y de desarrollo más rápido… Estos países son: India, Bangladesh, Pakistán, Nigeria, Méjico, Indonesia, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia.

-       Condicionar la ayuda económica a la asunción de los planes de control de la natalidad, evitando la incómoda sospecha de que la planificación familiar se descubra como una forma de imperialismo económico o racial.

-       Garantizar el acceso del 85 % de la población a los servicios de anticoncepción y planificación familiar.

-       Complementar esta acción con la educación y el adoctrinamiento de la creciente generación de niños con respecto a lo apetecible del tamaño de una familia pequeña.

 

“Frente a este plan global, se prevé minimizar las acusaciones de que hay una motivación imperialista detrás del apoyo a las actividades poblacionales afirmando repetidamente que tal apoyo deriva de una preocupación con respecto al derecho de la pareja individual de determinar libremente y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos y a tener información, educación, y los medios para lograrlo; y el desarrollo fundamental social y económico de los países pobres, para los cuales el rápido crecimiento poblacional es a la vez una causa y una consecuencia de la pobreza ampliamente diseminada.” (Jorge Scala, IPPF. La multinacional de la muerte, Ed. Promesa, 2005, p. 43).

 

En el capítulo II se habla ampliamente de la estrategia en la asignación de fondos en materia de población y desarrollo, con el objetivo explícito de “crear las condiciones para la declinación de la fertilidad”. Así en este apartado se reconoce que:

 

“Ha habido algunos experimentos controvertidos, pero notablemente exitosos, en la India en los cuales incentivos financieros, junto con otros dispositivos de motivación, se utilizaron para lograr que un gran número de hombres se hicieran vasectomías.” (NSSM 200).

 

El capítulo III trata del papel que la ONU y sus agencias han de realizar “aumentando el conocimiento y la capacidad para responder a las necesidades en las áreas de población y desarrollo”.

 

Por último, en el capítulo IV se alienta la investigación en tecnología para la imposición del control natal.

 

“El esfuerzo para reducir el crecimiento poblacional requiere una variedad de métodos de control de natalidad que sean seguros, efectivos, baratos, y atractivos tanto para los varones como para las mujeres. Los países en desarrollo en particular necesitan métodos que no requieran de médicos y que se puedan utilizar en áreas rurales remotas y primitivas o villas míseras urbanas por personas que tienen una motivación relativamente baja.” (Ídem).

 

El Memorandum fue puesto inmediatamente en práctica, tanto por los burócratas del gobierno norteamericano, como por los de la ONU, sus agencias y organismos multilaterales de crédito. De esta manera las ONG y los medios de comunicación han contribuido a acrecentar las fortunas de los fabricantes de contraceptivos. Como muestra del éxito de estas políticas, destacar que en Brasil, el número de niños nacidos por mujer ha pasado de poco más de 6,1 en 1960 a 2,4 en 1994, una de las caídas más grandes experimentadas por este índice (inclusive mayor que la de China).

 

Apenas veinticinco años después del Informe Kissinger, la División de Población de la Secretaría General de la ONU publicó el Informe titulado Reemplazo migratorio, donde destaca que 61 naciones tienen tasas de natalidad por debajo del nivel de reemplazo, y que la esperanza de muchos países industrializados para lograr un número de trabajadores que asegure el equilibrio del sistema económico pasa por la inmigración masiva.

 

5. La legalización del aborto en los EE.UU.

 

En 1970, las abogadas Linda Coffee y Sarah Weddington presentaron una demanda en Texas representando a Norma L. McCorvey ("Jane Roe"). McCorvey sostenía que su embarazo había sido causado por una violación y por tanto solicitaba el aborto de la niña. El fiscal de distrito Henry Wade representaba al Estado de Texas. El tribunal del distrito falló a favor de Jane Roe, pero rehusó establecer una restricción en contra de las leyes sobre aborto.

 

El caso fue apelado en reiteradas oportunidades hasta que finalmente llegó a la Corte Suprema de Justicia de los EE.UU., la que finalmente en 1973 decidió que el feto no gozaba de la protección de la Constitución de los EE.UU. y por lo tanto no podía impedirse su remoción del vientre materno. El contenido central de Roe vs. Wade es que el aborto debe ser permitido a la mujer, por cualquier razón, hasta el momento en el que el feto se transforme en “viable”, es decir, sea potencialmente capaz de vivir fuera del útero materno, sin ayuda artificial. Esta decisión de la Corte fue interpretada como la legalización del aborto, que a partir de entonces es válido y vigente para los 50 Estados de la Unión.

 

Si bien el caso Roe vs. Wade legalizó el aborto, en la misma fecha el caso Doe vs. Bolton permitió el aborto a petición durante los nueve meses de embarazo, y fue el medio legal que facilitó la aprobación del tribunal al establecimiento de más de 2.200 abortorios en todo el país.

 

"Jane Roe" dio a luz a su hija mientras el caso aún no se había decidido. La bebé fue dada finalmente en adopción. En 1987, McCorvey admitió que en realidad no había sido violada por pandilleros, tal como sostuvo durante las sesiones del caso. Sarah Weddington, la abogada que litigó el caso Roe vs. Wade en el Tribunal Supremo, explicó en un discurso en el Instituto de Ética de la Educación, en Oklahoma, por qué utilizó los falsos cargos de violación, hasta llegar al Tribunal Supremo: "Mi conducta pudo no haber sido totalmente ética. Pero lo hice por lo que pensé fueron buenas razones."

 

Hugh Hefner, fundador de Playboy, reconoció su financiamiento para el juicio: "Probablemente Playboy estuvo más involucrada en Roe vs. Wade que cualquier otra compañía. Nosotros aportamos los fondos para esos primeros casos y además escribimos el amicus curiae en el caso Roe."

 

Tiempo después del polémico caso, Norma McCorvey (Roe) admitió haber cometido el peor error de su vida y cree haber sido utilizada por sus abogadas para conseguir la legalización del aborto. Pasados los años, Norma McCorvey y Sandra Cano (“Mary Doe”) han pedido al Tribunal de Distrito de Nueva Jersey (en un nuevo caso sobre aborto) que se reviertan las sentencias a su favor dictadas hace más de 25 años. McCorvey –conversa en los 90 al catolicismo– y Cano son actualmente fervientes defensoras de la vida, y testimonio vivo del engaño, la manipulación y la mentira a las que se ven sometidas sistemáticamente las mujeres en tantos países que han asumido la cultura de la muerte con una diabólica naturalidad.

 

6. El control de la natalidad desde 1974

 

A partir de los acontecimientos de 1974, la Federación Internacional de Paternidad Planificada (IPPF) se expande por todo el mundo, instalando sucursales en la mayoría de los países. Miembros de la IPPF o individuos con ideología afín son designados en los puestos clave de los principales organismos dependientes de Naciones Unidas, los organismos multilaterales de crédito y la AID. También ocupan cargos importantes en los Ministerios de Salud de muchos países desarrollados. Desde tales posiciones presionan para lograr que en casi todos los países ricos se instalen las clínicas de planificación familiar (muchas de ellas dirigidas por la filial local de la IPPF), se presten servicios gratuitos de control natal en los hospitales públicos, se despenalicen el aborto y las cirugías mutiladoras para evitar la descendencia, y se imparta educación sexual permisiva y obligatoria en las escuelas. En esos años se comienzan a desarrollar programas en varios países del Tercer Mundo, que contienen algunos de los objetivos recién descritos, utilizando para ello como plataforma de lanzamiento las filiales locales de la IPPF.

 

Reagan y el final de las políticas antinatalistas

 

El año 1984 supone un claro cambio en la política exterior norteamericana en cuestiones antinatalistas. El presidente Reagan se muestra contrario al aborto y suspende la ayuda del Gobierno Federal a toda institución que contemple dicho crimen como medio de control demográfico. En la práctica esta medida tiene una eficacia relativa, ya que si bien se eliminan los subsidios directos al aborto –que deja de ser gratuito en los hospitales– y Paternidad Planificada (filial norteamericana de la IPPF) pierde su asignación estatal, continúan los subsidios indirectos al aborto, a través de los aportes a la AID y a los organismos de Naciones Unidas. Por otra parte, la política de disminuir la tasa de natalidad en el Tercer Mundo continúa exactamente como la había programado el Informe Kissinger. De todos modos es un indicio de que las cosas van cambiando.

 

Paralelamente a esto, comienzan a actuar en muchos países desarrollados organizaciones en defensa de la vida humana y la familia. Muchas de ellas son de inspiración religiosa, otras son entidades civiles sin fines de lucro, y las menos son entes de algún modo políticos. Para neutralizarlas y dar otro paso adelante en el cambio de las costumbres sociales, la IPPF se vincula, directamente o a través de organismos de Naciones Unidas o fundaciones, con grupos radicalizados de diversa índole, a saber: feministas, homosexuales y lesbianas, pseudo-ecologistas que defienden simultáneamente la vida silvestre de plantas y animales y el aborto de seres humanos, sectas orientalistas o degeneradas como los Niños de Dios, que luego quedan englobadas de algún modo en el movimiento de la Nueva Era. Muchos de estos grupos heterogéneos aumentan su eficacia al obtener el status de Organismos No Gubernamentales (ONG) en las Naciones Unidas, el Consejo de Europa, la OEA, etc.

 

Simultáneamente en esa misma década se profundiza la acción contraceptiva en los países del Tercer Mundo. Los préstamos internacionales, que en esos años se multiplican, contienen cláusulas condicionantes en materia demográfica que resultan tan escandalosas que el Papa Juan Pablo II las denuncia en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, de noviembre de 1981, en estos términos: “hay que rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción de los pueblos esté condicionada a programas de anticoncepcionismo, esterilización y aborto”.

 

Estas verdaderas extorsiones supranacionales y económicas llevaron a muchos países en vías de desarrollo a claudicar ante los artífices de la “multinacional de la muerte”, tolerando el aborto y la esterilización de sus jóvenes –muchas veces forzada–, las prácticas contraceptivas en los hospitales y la educación sexual permisiva en sus escuelas. Los países musulmanes, por razones culturales y religiosas, suelen ser los más reacios a estas políticas; por el contrario, muchos países asiáticos son los más permeables; Latinoamérica suelen tener una posición intermedia.

 

En la encíclica Sollicitudo Rei Socialis (1987), dedicada a la cuestión social y al desarrollo de los pueblos, el Papa Juan Pablo II afirmó:

 

“Por otra parte resulta muy alarmante constatar en muchos países el lanzamiento de campañas sistemáticas contra la natalidad, por iniciativa de sus gobiernos, en contraste no sólo con la identidad cultural y religiosa de los mismos países, sino también con la naturaleza del verdadero desarrollo. Sucede a menudo que tales campañas son debidas a presiones y están financiadas por capitales provenientes del extranjero y, en algún caso, están subordinadas a las mismas y a la asistencia económico-financiera. En todo caso, se trata de una falta absoluta de respeto por la libertad de decisión de las personas afectadas, hombres y mujeres, sometidos a veces a intolerables presiones, incluso económicas, para someterlas a esta nueva forma de opresión. Son las poblaciones más pobres las que sufren los atropellos, y ello llega a originar en ocasiones la tendencia a un cierto racismo, o favorece la aplicación de ciertas formas de eugenismo, igualmente racistas.” (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 1987, Nº 25).

           

Esa década terminó con dos hechos de suma importancia, pero completamente antagónicos:

-       En septiembre de 1991 se constituye el Consejo Mundial por la Vida y la Familia, que aspira a ser –y ha comenzado a serlo– la “multinacional de la Vida Humana”.

-       La asunción a comienzos de 1993 del nuevo presidente norteamericano Bill Clinton.

 

(José Alfredo Elía Marcos, Las lágrimas de Raquel. Historia, ideologías y estrategias de la guerra contra la población, Capítulo 8; nueva versión, realizada en 2015 por el autor para la Revista Fe y Razón).

 

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La purificación final o purgatorio

 

Catecismo de la Iglesia Católica

 

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

 

1031 La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

 

«Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, Dialogi 4, 41, 3).

 

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:

 

«Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? [...] No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos» (San Juan Crisóstomo, In epistulam I ad Corinthios homilia 41, 5).

 

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Regina Caeli

 

Regina Caeli laetáre, allelúia.

Quia quem meruísti portáre, allelúia.

Resurréxit, sicut dixit, allelúia.

Ora pro nobis Deum, allelúia.

Gaude et laetáre, Virgo María, allelúia.

Quia surréxit Dóminus vere, allelúia.

 

Orémus.

Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui Dómini nostri Iesu Christi mundum laetificáre dignátus es,
praesta, quaesumus, ut per eius Genetrícem Vírgínem Maríam perpétuae capiámus gáudia vitae. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.

***

 

Reina del Cielo alégrate, aleluya.

Porque el Señor a quien has merecido llevar, aleluya.

Ha resucitado según su palabra, aleluya.

Ruega a Dios por nosotros, aleluya.

Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya.

Porque verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya.

 

Oremos.

Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

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“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

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