Fe y Razón

Revista gratuita de teología y cultura católica

Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 114 – 2 de octubre de 2015

 

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

(“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”)

Santo Tomás de Aquino

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

En Octubre, oremos por el Sínodo de la Familia

Equipo de Dirección

Magisterio

Homilía en la Misa de toma de posesión de la Cátedra de San Pedro

Papa Benedicto XVI

Sínodo de la Familia

El papel de la gracia sobrenatural en el compromiso por la castidad familiar

Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS-Mons. Robert F. Vasa-

Mons. Athanasius Schneider

Sínodo de la Familia

790.190 firmas, entre los cuales 202 prelados, piden al Papa una palabra esclarecedora

Filial Súplica al Papa Francisco sobre el futuro de la Familia

Sínodo de la Familia

Hacia el Sínodo de Octubre

Lic. Néstor Martínez Valls

Derecho Canónico

Reforma de los procesos de nulidad: 6 ideas falsas

Benedict Nguyen

Teología

Aspectos a tener en cuenta para la evangelización

Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola

Apologética

Compra buenos libros y ayuda a una buena causa

Equipo de Dirección

Apologética

Conocemos que hay un Dios por las leyes de la Naturaleza

Raymond de Souza KM

Familia y Vida

Birth Control (1914-1942)

José Alfredo Elía Marcos

Oración

Salmo 7

La Santa Biblia

 

 

En Octubre, oremos por el Sínodo de la Familia

 

Equipo de Dirección

 

1.      Presentación del libro de J. M. Iraburu sobre el Sínodo de la Familia

 

El pasado martes 15 de septiembre, en la Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler”, tuvo lugar la presentación del último libro del Pbro. Dr. José María Iraburu, Reflexiones sobre los dos Sínodos de la Familia (2014-2015). Los oradores fueron el Dr. Pedro Gaudiano, la Dra. Gabriela López y el Lic. Néstor Martínez. En este número de Fe y Razón publicamos la ponencia del Lic. Martínez.

 

El libro continúa a la venta en varias parroquias y librerías de Montevideo y Buenos Aires.

 

2.      El umbral de los 2.000 suscriptores

 

Como les contamos en el N° 113, la revista Fe y Razón ha alcanzado el número de 2.000 suscriptores. Esto nos generó un problema importante. El servicio gratuito de MailChimp que utilizamos para el envío masivo de emails abarca hasta 2.000 direcciones. Dado que ahora no podemos afrontar el costo del servicio pago de MailChimp (de unos US$ 30 por mes), por el momento impediremos que el número de suscriptores de Fe y Razón supere los 2.000. Para ello tendremos que borrar a algunos suscriptores inactivos. Esta solución es económica pero bastante trabajosa y es viable sólo a corto plazo. A largo plazo necesitaremos recursos económicos para contratar el servicio pago de MailChimp.

***

 

Durante todo el mes de octubre, oremos por el Papa, por toda la Iglesia y por el Sínodo de la Familia.

 

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Homilía del Papa Benedicto XVI
en la Misa de toma de posesión de su cátedra

(Basílica de San Juan de Letrán, Sábado 7 de mayo de 2005)

 

Queridos padres cardenales;

amados hermanos en el episcopado;

queridos hermanos y hermanas:


Este día, en el que por primera vez puedo tomar posesión de la cátedra del Obispo de Roma como Sucesor de Pedro, es el día en que en Italia la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión del Señor. En el centro de este día encontramos a Cristo. Sólo gracias a Él, gracias al misterio de su Ascensión, logramos también comprender el significado de la cátedra, que es, a su vez, el símbolo de la potestad y de la responsabilidad del obispo. ¿Qué nos quiere decir, entonces, la fiesta de la Ascensión del Señor? No quiere decirnos que el Señor se ha ido a un lugar alejado de los hombres y del mundo. La Ascensión de Cristo no es un viaje en el espacio hacia los astros más remotos; porque, en el fondo, también los astros están hechos de elementos físicos como la tierra. La Ascensión de Cristo significa que Él ya no pertenece al mundo de la corrupción y de la muerte, que condiciona nuestra vida. Significa que Él pertenece completamente a Dios. Él, el Hijo eterno, ha conducido nuestro ser humano a la presencia de Dios, ha llevado consigo la carne y la sangre en una forma transfigurada.


El hombre encuentra espacio en Dios; el ser humano ha sido introducido por Cristo en la vida misma de Dios. Y puesto que Dios abarca y sostiene todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias a su estar con el Padre, está cerca de cada uno de nosotros, para siempre. Cada uno de nosotros puede tratarlo de Tú; cada uno puede llamarlo. El Señor está siempre atento a nuestra voz. Nosotros podemos alejarnos de Él interiormente. Podemos vivir dándole la espalda. Pero Él nos espera siempre, y está siempre cerca de nosotros.


De las lecturas de la liturgia de hoy aprendemos también algo más sobre cómo el Señor realiza de forma concreta este estar cerca de nosotros. El Señor promete a los discípulos su Espíritu Santo.
La primera lectura, que acabamos de escuchar, nos dice que el Espíritu Santo será "fuerza" para los discípulos; el evangelio añade que nos guiará hasta la Verdad completa. Jesús dijo todo a sus discípulos, siendo Él mismo la Palabra viva de Dios, y Dios no puede dar más de Sí mismo.


En Jesús, Dios se nos ha dado totalmente a Sí mismo, es decir, nos lo ha dado todo. Además de esto, o junto a esto, no puede haber ninguna otra revelación capaz de comunicar más o de completar, de algún modo, la revelación de Cristo. En Él, en el Hijo, se nos ha dicho todo, se nos ha dado todo. Pero nuestra capacidad de comprender es limitada; por eso, la misión del Espíritu consiste en introducir a la Iglesia de modo siempre nuevo, de generación en generación, en la grandeza del misterio de Cristo.


El Espíritu no añade nada diverso o nada nuevo a Cristo; no existe –como dicen algunos– ninguna revelación pneumática junto a la de Cristo, ningún segundo nivel de Revelación. No: "recibirá de lo mío", dice Cristo en el evangelio (Jn 16,14). Y del mismo modo que Cristo dice sólo lo que oye y recibe del Padre, así el Espíritu Santo es intérprete de Cristo. "Recibirá de lo mío". No nos conduce a otros lugares, lejanos de Cristo, sino que nos conduce cada vez más dentro de la luz de Cristo.
Por eso, la Revelación cristiana es, al mismo tiempo, siempre antigua y siempre nueva. Por eso, todo nos es dado siempre y ya. Al mismo tiempo, cada generación, en el inagotable encuentro con el Señor, encuentro mediado por el Espíritu Santo, capta siempre algo nuevo.


Así, el Espíritu Santo es la fuerza a través de la cual Cristo nos hace experimentar su cercanía. Pero la primera lectura hace también una segunda afirmación: seréis mis testigos. Cristo resucitado necesita testigos que se hayan encontrado con Él, hombres que lo hayan conocido íntimamente a través de la fuerza del Espíritu Santo. Hombres que, habiendo estado con Él, puedan dar testimonio de Él. Así la Iglesia, la familia de Cristo, ha crecido desde "Jerusalén... hasta los confines de la tierra", como dice la lectura. A través de los testigos se ha construido la Iglesia, comenzando por Pedro y Pablo, y por los Doce, hasta todos los hombres y mujeres que, llenos de Cristo, a lo largo de los siglos han encendido y encenderán de modo siempre nuevo la llama de la fe. Todo cristiano, a su modo, puede y debe ser testigo del Señor resucitado. Al repasar los nombres de los santos podemos constatar que han sido, y siguen siendo, ante todo hombres sencillos, hombres de los que emanaba, y emana, una luz resplandeciente capaz de llevar a Cristo.


Pero esta sinfonía de testimonios también está dotada de una estructura bien definida: a los sucesores de los Apóstoles, es decir, a los obispos, les corresponde la responsabilidad pública de hacer que la red de estos testimonios permanezca en el tiempo. En el sacramento de la ordenación episcopal se les confiere la potestad y la gracia necesarias para este servicio.


En esta red de testimonios, al Sucesor de Pedro le compete una tarea especial. Pedro fue el primero que hizo, en nombre de los Apóstoles, la profesión de fe: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,16). Ésta es la tarea de todos los sucesores de Pedro: ser el guía en la profesión de fe en Cristo, el Hijo de Dios vivo. La cátedra de Roma es, ante todo, cátedra de este credo. Desde lo alto de esta cátedra, el Obispo de Roma debe repetir constantemente: Dominus Iesus, "Jesús es el Señor", como escribió San Pablo en sus cartas a los Romanos (Rm 10,9) y a los Corintios (1 Co 12,3). A los Corintios, con particular énfasis, les dijo: "Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, (...) para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre; (...) y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros" (1 Co 8,5-6).

La cátedra de Pedro obliga a quienes son sus titulares a decir, como ya hizo San Pedro en un momento de crisis de los discípulos, cuando muchos querían irse: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios" (Jn 6,68-69). Aquel que se sienta en la cátedra de Pedro debe recordar las palabras que el Señor dijo a Simón Pedro en la hora de la última Cena: "Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos" (Lc 22,32).


Aquel que es titular del ministerio petrino debe tener conciencia de que es un hombre frágil y débil, como son frágiles y débiles sus fuerzas, y necesita constantemente purificación y conversión. Pero debe tener también conciencia de que del Señor le viene la fuerza para confirmar a sus hermanos en la fe y mantenerlos unidos en la confesión de Cristo crucificado y resucitado.


En la primera carta de San Pablo a los Corintios encontramos la narración más antigua que tenemos de la resurrección. San Pablo la recogió fielmente de los testigos. Esa narración habla primero de la muerte del Señor por nuestros pecados, de su sepultura, de su resurrección, que tuvo lugar al tercer día, y después dice: "Cristo se apareció a Cefas y luego a los Doce..." (1 Co 15,4). Así, una vez más, se resume el significado del mandato conferido a Pedro hasta el fin de los tiempos: ser testigo de Cristo resucitado.


El Obispo de Roma se sienta en su cátedra para dar testimonio de Cristo. Así, la cátedra es el símbolo de la potestas docendi, la potestad de enseñar, parte esencial del mandato de atar y desatar conferido por el Señor a Pedro y, después de él, a los Doce. En la Iglesia, la sagrada Escritura, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el ministerio de la interpretación auténtica, conferido a los Apóstoles, se pertenecen uno al otro de modo indisoluble.


Cuando la Sagrada Escritura se separa de la voz viva de la Iglesia, pasa a ser objeto de las disputas de los expertos. Ciertamente, todo lo que los expertos tienen que decirnos es importante y valioso; el trabajo de los sabios nos ayuda en gran medida a comprender el proceso vivo con el que ha crecido la Escritura y así apreciar su riqueza histórica. Pero la ciencia por sí sola no puede proporcionarnos una interpretación definitiva y vinculante; no está en condiciones de darnos, en la interpretación, la certeza con la que podamos vivir y por la que también podamos morir. Para esto es necesario un mandato más grande, que no puede brotar única y exclusivamente de las capacidades humanas. Para esto se necesita la voz de la Iglesia viva, la Iglesia encomendada a Pedro y al Colegio de los Apóstoles hasta el final de los tiempos.


Esta potestad de enseñanza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunción contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es así. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe.


El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo.


Así lo hizo el Papa Juan Pablo II, cuando, ante todos los intentos, aparentemente benévolos con respecto al hombre, frente a las interpretaciones erróneas de la libertad, destacó de modo inequívoco la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. La libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce al ser humano a la esclavitud. El Papa es consciente de que, en sus grandes decisiones, está unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de peregrinación de la Iglesia. Así, su poder no está por encima, sino al servicio de la Palabra de Dios, y tiene la responsabilidad de hacer que esta Palabra siga estando presente en su grandeza y resonando en su pureza, de modo que no la alteren los continuos cambios de las modas.


La cátedra es –digámoslo una vez más– símbolo de la potestad de enseñanza, que es una potestad de obediencia y de servicio, para que la Palabra de Dios, ¡la verdad!, resplandezca entre nosotros, indicándonos el camino de la vida. Pero, hablando de la cátedra del Obispo de Roma, ¿cómo no recordar las palabras que San Ignacio de Antioquía escribió a los Romanos? Pedro, procedente de Antioquía, su primera sede, se dirigió a Roma, su sede definitiva. Una sede que se transformó en definitiva por el martirio con el que unió para siempre su sucesión a Roma. Ignacio, por su parte, siendo obispo de Antioquía, se dirigía a Roma para sufrir el martirio.


En su carta a los Romanos se refiere a la Iglesia de Roma como a "aquella que preside en el amor", expresión muy significativa. No sabemos con certeza qué es lo que pensaba realmente Ignacio al usar estas palabras. Pero, para la Iglesia antigua, la palabra amor, ágape, aludía al misterio de la Eucaristía. En este misterio, el amor de Cristo se hace siempre tangible en medio de nosotros. Aquí, Él se entrega siempre de nuevo. Aquí, se hace traspasar el corazón siempre de nuevo; aquí, mantiene su promesa, la promesa según la cual, desde la cruz, atraería a todos a Sí.


En la Eucaristía, nosotros aprendemos el amor de Cristo. Ha sido gracias a este centro y corazón, gracias a la Eucaristía, como los santos han vivido, llevando de modos y formas siempre nuevos el amor de Dios al mundo. Gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo. La Iglesia es la red –la comunidad eucarística– en la que todos nosotros, al recibir al mismo Señor, nos transformamos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo.

 
En definitiva, presidir en la doctrina y presidir en el amor deben ser una sola cosa: toda la doctrina de la Iglesia, en resumidas cuentas, conduce al amor. Y la Eucaristía, como amor presente de Jesucristo, es el criterio de toda doctrina. Del amor dependen toda la Ley y los Profetas, dice el Señor (cf. Mt 22,40). El amor es la Ley en su plenitud, escribió San Pablo a los Romanos (cf. Rm 13,10).


Queridos romanos, ahora soy vuestro Obispo. Gracias por vuestra generosidad, gracias por vuestra simpatía, gracias por vuestra paciencia conmigo. En cuanto católicos, todos somos, de algún modo, también romanos. Con las palabras del Salmo 87, un himno de alabanza a Sión, madre de todos los pueblos, cantaba Israel y canta la Iglesia: "Se dirá de Sión: ‘Uno por uno todos han nacido en ella’..." (v. 5). De modo semejante, también nosotros podríamos decir: en cuanto católicos, todos hemos nacido, de algún modo, en Roma. Así, con todo mi corazón, quiero tratar de ser vuestro Obispo, el Obispo de Roma. Todos queremos tratar de ser cada vez más católicos, cada vez más hermanos y hermanas en la gran familia de Dios, la familia en la que no hay extranjeros.


Por último, quisiera dar las gracias de corazón al vicario para la diócesis de Roma, el querido Cardenal Camillo Ruini, y también a los obispos auxiliares y a todos sus colaboradores. Doy las gracias de corazón a los párrocos, al clero de Roma y a todos los que, como fieles, contribuyen aquí en la construcción de la casa viva de Dios. Amén.

 

Fuente: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050507_san-giovanni-laterano.html

 

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El papel de la gracia sobrenatural

en el compromiso por la castidad familiar

 

Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS, Arzobispo de Paraíba (Brasil)

Mons. Robert F. Vasa, Obispo de Santa Rosa, California (EE.UU.)

Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán)

 

95ª Pregunta: Dado que el hombre de hoy parece incapaz de asumir los compromisos definitivos, que han de ser respetados por toda la vida, y que el matrimonio monogámico e indisoluble parece así impracticable por la mayoría de las personas, ¿no es entonces utópico que la Iglesia exija que los miembros de la familia practiquen las virtudes de la fidelidad y de la castidad?

 

Respuesta: Dios no exige del hombre alcanzar un fin impracticable, cumplir un compromiso por encima de sus fuerzas. Si las fuerzas naturales no son suficientes, la Providencia da entonces al hombre fuerzas sobrenaturales que lo vuelvan apto a cumplir su misión. Nuestro Señor Jesucristo no pide nada imposible a los cónyuges, a los padres, a los hijos, porque Él les concede la gracia suficiente.

 

“Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante de Dios, que será concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y confianza en la oración.” (S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n° 59).

 

96ª Pregunta: ¿Cómo es posible vivir la virtud de la castidad?

 

Respuesta: “Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2348). La Iglesia enseña que tanto la castidad absoluta fuera del matrimonio, cuanto la practicada dentro del matrimonio, son conformes a la naturaleza y, por tanto, teóricamente posibles. No obstante, en la práctica, por causa del Pecado Original, mantener durablemente la castidad sólo es posible con la ayuda de la Gracia, con la cual un compromiso pesado se vuelve leve: “Mi yugo es suave y mi fardo es liviano” (Mt 11,29-30). Una vez sustituido el hábito de la lujuria por el de la castidad, eso se vuelve una virtud gratificante.

 

“La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2339).

 

97ª Pregunta: Aunque teóricamente la castidad parezca posible, ¿cómo puede serlo en la práctica, en nuestra época disoluta dominada por la pan-sexualidad?

 

Respuesta: Siempre fue difícil mantener la castidad; y lo es más aún en la sociedad moderna, donde los ambientes, la cultura y los medios de comunicación favorecen la lujuria. Hoy más que nunca, para mantener la castidad los fieles deben ir contra la corriente, para lo que es especialmente necesaria la ayuda de la gracia divina por medio de la oración, de la ascesis y de la penitencia. Pero entonces, repetimos, vivir castamente es más meritorio y gratificante que en el pasado.

 

“La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes.” (Gaudium et Spes, n° 17).

 

98ª Pregunta: ¿Es posible a dos esposos practicar la castidad conyugal?

 

Respuesta: La castidad conyugal no es una exigencia irrealizable, antes por el contrario, es condición para que un matrimonio y una familia saludables y fecundos, así como socialmente benéficos.

 

“Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable (cf Mt 19,10). Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada (cf Mt 11,29-30) (...) Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1615).

 

99ª Pregunta: ¿No parece evidente que la causa de la familia está perdida y que ahora ya no hay qué hacer?

 

Respuesta: ¡Hay mucho, sin embargo, que hacer, y con urgencia! En vez de lamentar la situación actual y resignarse a lo peor, es hora de que los cristianos pongan manos a la obra para recuperar el terreno perdido y hacer uso de todos los medios necesarios, recordando que “Todo puedo en Aquel que me conforta” (Fil. 4, 13).

 

“Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre. Amar a la familia significa individuar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos. Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. Finalmente, una forma eminente de amor es dar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentada por el desánimo y angustiada por las dificultades crecientes, razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Dios le ha confiado.” (S. Juan Pablo II, Familiaris Consortio, Conclusión).

 

100ª Pregunta: Entonces, ¿qué hacer?

 

Respuesta: “Nos queremos en esta ocasión llamar la atención de los educadores y de todos aquellos que tienen incumbencia de responsabilidad, en orden al bien común de la convivencia humana, sobre la necesidad de crear un clima favorable a la educación de la castidad, es decir, al triunfo de la libertad sobre el libertinaje, mediante el respeto del orden moral. (...) Nos decimos a los gobernantes, que son los primeros responsables del bien común y que tanto pueden hacer para salvaguardar las costumbres morales: no permitáis que se degrade la moralidad de vuestros pueblos; no aceptéis que se introduzcan legalmente en la célula fundamental, que es la familia, prácticas contrarias a la ley natural y divina.” (B. Paulo VI, Humanae Vitae, nn. 22-23).

 

Concluimos diciendo que la Sagrada Familia de Nazaret es el modelo por excelencia de la familia, porque realiza la comunión de amor, su carácter sagrado e inviolable. Para la salvación de la familia, los Papas han recomendado la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En esta perspectiva, Dios socorrerá a las familias en dificultad con su Gracia omnipotente. La Santísima Virgen las asistirá con su maternal protección, y la Iglesia las ayudará con su palabra, su oración, sus sacramentos y su caridad activa.

 

(Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS-Mons. Robert F. Vasa-Mons. Athanasius Schneider, Opción preferencial por la FAMILIA. 100 preguntas y 100 respuestas a propósito del Sínodo. Prefacio del Cardenal Jorge A. Medina Estévez, Edizioni Supplica Filiale, Roma 2015, pp. 58-61).

 

Aquí puede descargar gratuitamente la obra en formato PDF

 

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790.190 firmas, entre los cuales 202 prelados,

piden al Papa una palabra esclarecedora

 

(Resultado final de la Filial Súplica al Papa Francisco sobre el futuro de la Familia)

 

Roma, 29/9/2015. Esta mañana ha sido entregada la Filial Súplica al Papa Francisco sobre el futuro de la Familia, resultado de una recolección de firmas en 178 países.

 

En vista de la apertura del Sínodo Ordinario sobre la Familia, 790.190 signatarios –entre los cuales se cuentan 202 cardenales, arzobispos y obispos– piden al Papa Francisco pronunciar «una palabra esclarecedora» para disipar la “generalizada desorientación causada por la eventualidad de que en el seno de la Iglesia se abra una brecha tal que pueda permitir el adulterio –como consecuencia de la admisión a la Comunión de las parejas divorciadas y vueltas a casar civilmente– e incluso una eventual aceptación de la uniones homosexuales. Todas prácticas éstas que han sido condenadas categóricamente por la Iglesia como opuestas a la ley divina y natural». Sólo una suprema intervención a este nivel podrá ayudar a los fieles desorientados a salir de la confusión que se ha creado en el curso de los años y que hoy se ha tan dramáticamente agravado.

 

El portavoz de la iniciativa, profesor Tommaso Scandroglio, docente de Ética y Bioética en la Universidad Europea de Roma, ha señalado que la Súplica “ha tenido amplio eco en la prensa italiana e internacional”, agregando que “las repercusiones en los mass-media, la cantidad de firmas recogidas y el número de personalidades que la han firmado, indican que existe todo un pueblo de creyentes muy preocupado con ciertas tendencias teológicas presentes en la Iglesia”.

 

“La iniciativa –según Scandroglio– se inserta en modo constructivo en el clima de discusión y diálogo existente sobre estas temáticas. De ello es muestra el vademecum “Opción preferencial por la Familia –100 preguntas y 100 respuestas a propósito del Sínodo”, que ha acompañado desde su inicio la recolección de firmas y que se propone como un instrumento de difusión del Magisterio católico sobre los asuntos en cuestión. Este vademecum, obra de tres obispos, ha sido solicitado en decenas de millares de copias desde diversas partes del mundo”.

 

Entre los numerosos firmantes de la Súplica señalamos, en el ámbito eclesiástico: el Cardenal Jorge Medina Estévez, prefecto emérito de la Congregación del Culto Divino; el Cardenal Geraldo Majella Agnelo, ex primado de Brasil y secretario emérito de la Congregación del Culto Divino en Roma; el Cardenal Gaudencio Rosales, arzobispo emérito de Manila; los ordinarios militares de los Estados Unidos y de Brasil, respectivamente los arzobispos Timothy Broglio y Fernando Guimaraes. El presidente de la Conferencia Episcopal de Madagascar, arzobispo de Toamasina Désiré Tsarahasana. Prelados que guían grandes diócesis, como Ramón Arguelles, arzobispo de Lipa en las Filipinas (2.700.000 fieles); el arzobispo de Tucumán, Argentina, Alfredo Zecca (más de un millón de fieles); Mons. Aldo di Cillo Pagotto, arzobispo de Paraíba en Brasil, (más de un millón de fieles) y el arzobispo de Manizales, en Colombia, Gonzalo Restrepo (más de 800.000 católicos). En Africa, podemos mencionar como ejemplo la diócesis de Maputo, Mozambique, con más de 1.200.000 católicos, donde han firmado tanto el actual arzobispo Francis Chimoio como su predecesor el Cardenal Alexandre dos Santos. En Asia, entre otros, han firmado el arzobispo de Astana, Kazakhstan, Tomasz Peta y el arzobispo de Trivandrum en India, Calis Soosa Pakiam. Diversos son los arzobispos y obispos de Europa como también los eparcas y obispos de ritos grecocatólicos.

 

En ámbito político o público constan entre los firmantes: el Dr. Alejandro Ordóñez Maldonado, Procurador General de la República de Colombia; Rick Santorum, ex senador norteamericano; el Príncipe Luiz de Orleans-Braganza, jefe de la Casa Imperial de Brasil; los europarlamentarios Anna Zaborska (Eslovaquia) y Ruza Tomasic (Croacia).

 

Son signatarios del mundo acádemico algunos miembros de la Pontificia Academia para la Vida: Josef Seifert, ex Presidente de la International Academy of Philosophy; Luke Gormally, Director del Linacre Centre for Healthcare Ethics; Wolfgang Waldstein, profesor emérito de la Universidad de Salzburgo. Otras figuras universitarias son, por ejemplo, el profesor Stephan Kampowski, del Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, y el profesor Massimo de Leonardis, director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán.

 

Muy numerosos entre los signatarios son los dirigentes de movimientos pro-familia y pro-vida de todos los continentes.

 

(Comunicado de Prensa de Supplica Filiale a Papa Francesco sul futuro della familia; Via Nizza, 110; 00198 Roma; Mob. 366 997 1856 (9:30-13:00); Email: supplicafiliale@gmail.com).

 

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Hacia el Sínodo de Octubre

 

Lic. Néstor Martínez Valls

 

El próximo Sínodo sobre la Familia tiene, de acuerdo a su naturaleza, un carácter puramente consultivo y no es capaz de tomar ninguna decisión en lo tocante a la doctrina o la pastoral en la Iglesia. Será en todo caso la posterior Exhortación Apostólica del Papa la que lo haga, recogiendo o no sus indicaciones. De todos modos, es claro que se trata de un evento de gran importancia para la vida de la Iglesia y por eso es lógica la preocupación de miles de católicos, expresada por ejemplo en la Filial Súplica dirigida al Papa Francisco, ante los claros indicios de una pretendida revolución doctrinal sostenida por una parte de los Padres Sinodales.

 

Principalmente dos temas, la comunión de los divorciados “vueltos a casar” y el dar algún estatuto en la Iglesia a las uniones homosexuales, chocan frontalmente con la doctrina católica y causan gran dolor y preocupación al pueblo católico en todo el planeta. Aquí nos vamos a ocupar solamente del primero de ellos, y lo haremos enunciando de entrada nuestra tesis, que recoge simplemente la doctrina católica, y el argumento en que se apoya, para a partir de ahí ir descubriendo las distintas propuestas contrarias a la enseñanza tradicional de la Iglesia.

 

TESIS: Los bautizados que mantienen relaciones sexuales con una pareja distinta de su cónyuge legítimo, en vida de éste, no pueden comulgar mientras no se arrepientan, hagan propósito de enmienda, que implica dejar esa relación adúltera o convivir en adelante como “hermano y hermana”, y se confiesen manifestando ese arrepentimiento y ese propósito de enmienda.

 

En adelante llamamos BSA (bautizados en situación de adulterio) a estas personas, mientras no cumplan con la condición señalada en la tesis: arrepentirse, hacer propósito de enmienda en el sentido allí dicho, y confesarse.

 

Sobre la definición de “adulterio”, veamos lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

 

“2380 El adulterio. Esta palabra designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf Mt 5, 27-28). El sexto mandamiento y el Nuevo Testamento prohíben absolutamente el adulterio (cf Mt 5, 32; 19, 6; Mc 10, 11; 1 Co 6, 9-10). Los profetas denuncian su gravedad; ven en el adulterio la imagen del pecado de idolatría (cf Os 2, 7; Jr 5, 7; 13, 27).

 

2381 El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres.”

 

Prueba: No se puede comulgar en pecado mortal. Pero los BSA están en pecado mortal. Ergo.

 

*****

 

La Mayor parecería aceptada universalmente. Sin embargo, veamos estas declaraciones del P. Antonio Grappone: http://infocatolica.com/blog/praeclara.php/1409210834-ifalsa-absolucion

 

Especialmente este párrafo:

 

Por tanto, ¿el sacerdote no puede absolver a un divorciado vuelto a casar que se confiesa?

 

Debe absolutamente absolverlo si el penitente está decidido a vivir con el nuevo “cónyuge” como hermano y hermana, ya no como marido y mujer, y esto también aunque alguna vez haya una caída por debilidad, porque es la intención lo que cuenta. También es absuelto si manifiesta signos auténticos de arrepentimiento sobre el segundo matrimonio, aunque aún no se sienta capaz de tomar la decisión, porque se está abriendo a la gracia y por tanto debe ser apoyado.”

 

Aquí se admite que la situación de la persona es de adulterio, y que el adulterio es pecado mortal, porque dice que tiene que haber “signos auténticos de arrepentimiento sobre el segundo matrimonio”, por tanto, lo que se hace es afirmar la posibilidad de arrepentimiento sin propósito de enmienda: “aunque aún no se sienta capaz de tomar la decisión”. O bien se habla de una absolución sin arrepentimiento, igualmente absurda. La situación de adulterio, por tanto, reconocida como pecado mortal, se admite de hecho que continúa, a pesar de que al mismo tiempo se habla, para ella, de una “absolución”, lo cual es ciertamente contradictorio. ¿Absolución previa a la comisión del pecado? Absurdo, obviamente.

 

Así que aquí parece que sí se admite, de hecho al menos, que se puede comulgar en pecado mortal, con la excusa de que hay que “ayudar a abrirse a la gracia”, lo cual en este caso no se aplica, porque al inducir al sacrilegio eucarístico, pecado más grave aún que el adulterio mismo, en realidad se está ayudando a la persona a cerrarse cada vez más a la gracia. A no ser que se piense en una absolución mágica, sin arrepentimiento, o en un arrepentimiento puramente verbal, sin propósito de enmienda, que es lo mismo. No es solamente entonces que “no hay propósito de enmienda”, sino que ello se expresa en el hecho de que se seguiría cometiendo el pecado de adulterio, reconocido como tal en esta propuesta, una y otra vez, y al mismo tiempo recibiendo la Eucaristía, con lo cual se ve claramente que se admite, de hecho al menos, la posibilidad de comulgar en pecado mortal, o sea, la licitud, en algunos casos, del sacrilegio eucarístico.

 

Ésa parece ser la postura que se describe en el Instrumentum Laboris para el Sínodo de Octubre de este año, como una de las que están presentes entre los Padres Sinodales: “Otros, por camino penitencial entienden un proceso de clarificación y de nueva orientación después del fracaso vivido, acompañado por un presbítero elegido para ello. Este proceso debería llevar al interesado a un juicio honesto sobre la propia condición, en la cual el presbítero pueda madurar su valoración para usar la potestad de unir y de desatar de modo adecuado a la situación.” (n. 123).

 

Si hay que usar la potestad de “atar y desatar” (no sabemos por qué la versión española dice “unir y desatar”, lo que además sueña extrañamente relacionado con la unión matrimonial), es que hay pecado de por medio, o sea, adulterio, porque evidentemente no se trata del pecado de separación del cónyuge legítimo. Hay por tanto, “absolución”, pero no hay propósito de enmienda, porque si lo hubiera, no haría falta ningún camino especial fuera de la confesión sacramental ordinaria.

O sea que, no solamente no hay verdadera absolución por el adulterio pasado, sino que el programa es seguir pecando de adulterio en el futuro y comulgando al mismo tiempo.

 

*****

 

La Menor la probamos de este modo: El adulterio es pecado mortal. Pero los BSA están en situación de adulterio. Ergo.

 

Aquí ya empiezan a dividirse las aguas entre los defensores de la posibilidad de dar la comunión eucarística a los BSA. En efecto, hay al parecer una corriente que niega la Mayor de este silogismo, porque niega que haya actos intrínsecamente malos. Según esto, el adulterio tampoco sería intrínsecamente malo, y entonces, sería bueno o malo según la intención del adúltero y las circunstancias del adulterio. En esos casos, no sería pecado mortal.

 

Por ejemplo, el P. Thomasset SJ: http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1508050526-polemicas-matrimoniales-xxvii

 

“La interpretación de la doctrina de los actos conocidos como “intrínsecamente malos” parece ser una de las fuentes fundamentales de las dificultades actuales de la atención pastoral de las familias, ya que determina en gran medida la condena de la anticoncepción artificial, los actos sexuales de los divorciados y vueltos a casar y los de las parejas del mismo sexo aún si son estables. Aparece a muchos como incomprensible y parece pastoralmente contraproducente. Si insiste con razón en las referencias objetivas necesarias para la vida moral, deja de lado la dimensión biográfica de la existencia y las condiciones específicas de cada recorrido personal, elementos a los que nuestros contemporáneos son muy sensibles y que participan de las condiciones actuales de recepción de una doctrina eclesial. Varios argumentos apuntan en esa dirección de una mayor integración de la historia de las personas. (…) Cabe decir más claramente que la intención y las circunstancias pueden influir en la calificación objetiva del acto, y en segundo lugar, que son necesarios para determinar la responsabilidad moral del sujeto que debe decidir y actuar en conciencia. Toda la tradición moral católica exige un discernimiento que tenga en cuenta estos diferentes elementos para un juicio moral que se deja en última instancia a la conciencia de las personas.”

 

Es importante que algunos representantes o ideólogos de la parte del Sínodo contraria a nuestra tesis hayan llegado a esta conclusión, porque muestra que efectivamente su propuesta es incompatible con la doctrina católica.

 

Las fuentes de la moralidad son tres: el objeto, el fin o intención, y las circunstancias. El objeto es aquel fin al que el acto tiende de suyo, por su propia estructura interna, más allá de la intención del agente. Se lo llama también finis operis, fin de la obra. La intención es el fin al que tiende el agente al realizar el acto. Se la llama también finis operantis, fin del que obra. Es clásico el ejemplo del que da limosna para ser visto y elogiado por los demás. El finis operis es bueno, la acción de suyo es buena, por su objeto. Pero el finis operantis, la vanagloria, es malo, y por tanto, la acción así realizada es, en concreto, mala. Para que un acto humano sea moralmente lícito, tienen que ser buenos el objeto y la intención. Las circunstancias no cambian la especie moral del acto, es decir, no lo hacen pasar de bueno a malo o viceversa, sino que aumentan o disminuyen la bondad o maldad del acto.

 

Lo que define en primer lugar si un acto es lícito o no es su objeto, finis operis. Esto quiere decir que hay actos que son ilícitos, malos, por su mismo objeto, porque el fin al que de suyo tienden, más allá de la intención del agente, no es ordenable al fin último del hombre, no es acorde, por tanto, con la naturaleza humana, ni tampoco, por tanto, con la ley moral natural, expresión de la Voluntad del Creador de la naturaleza humana. Éstos son los actos intrínsecamente malos, o sea malos en sí mismos, y por tanto independientemente de las circunstancias o de la intención del agente. Entre las circunstancias que no cambian la maldad intrínseca de un acto malo por su objeto están las consecuencias de ese acto. Cuando decimos que el fin no justifica los medios, estamos diciendo que los actos intrínsecamente malos no dejan de serlo porque la intención del que los realiza (finis operantis) sea buena. Cuando decimos que las circunstancias no hacen bueno un acto intrínsecamente malo, estamos diciendo que tampoco las consecuencias beneficiosas de un acto así pueden justificar su realización. Es decir, el acto intrínsecamente malo no debe ser realizado por ninguna razón, bajo ninguna circunstancia, en ninguna hipótesis, sin ninguna excepción.

 

Resume todo eso San Juan Pablo II en la Encíclica Veritatis Splendor:

 

“El objeto es el fin próximo de una elección deliberada que determina el acto del querer de la persona que actúa. En este sentido, como enseña el Catecismo de la Iglesia católica, «hay comportamientos concretos cuya elección es siempre errada porque ésta comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral» . «Sucede frecuentemente –afirma el Aquinate– que el hombre actúe con buena intención, pero sin provecho espiritual porque le falta la buena voluntad. Por ejemplo, uno roba para ayudar a los pobres: en este caso, si bien la intención es buena, falta la rectitud de la voluntad porque las obras son malas. En conclusión, la buena intención no autoriza a hacer ninguna obra mala. “Algunos dicen: hagamos el mal para que venga el bien. Éstos bien merecen la propia condena” (Rm 3, 8)».

 

La razón por la que no basta la buena intención, sino que es necesaria también la recta elección de las obras, reside en el hecho de que el acto humano depende de su objeto, o sea si éste es o no es «ordenable» a Dios, al único que es «Bueno», y así realiza la perfección de la persona. Por tanto, el acto es bueno si su objeto es conforme con el bien de la persona en el respeto de los bienes moralmente relevantes para ella. La ética cristiana, que privilegia la atención al objeto moral, no rechaza considerar la teleología interior del obrar, en cuanto orientado a promover el verdadero bien de la persona, sino que reconoce que éste sólo se pretende realmente cuando se respetan los elementos esenciales de la naturaleza humana. El acto humano, bueno según su objeto, es «ordenable» también al fin último. El mismo acto alcanza después su perfección última y decisiva cuando la voluntad lo ordena efectivamente a Dios mediante la caridad. A este respecto, el patrono de los moralistas y confesores enseña: «No basta realizar obras buenas, sino que es preciso hacerlas bien. Para que nuestras obras sean buenas y perfectas, es necesario hacerlas con el fin puro de agradar a Dios».

 

El elemento primario y decisivo para el juicio moral es el objeto del acto humano, el cual decide sobre su «ordenabilidad» al bien y al fin último que es Dios. Tal «ordenabilidad» es aprehendida por la razón en el mismo ser del hombre, considerado en su verdad integral, y, por tanto, en sus inclinaciones naturales, en sus dinamismos y sus finalidades, que también tienen siempre una dimensión espiritual: éstos son exactamente los contenidos de la ley natural y, por consiguiente, el conjunto ordenado de los bienes para la persona que se ponen al servicio del bien de la persona, del bien que es ella misma y su perfección. Éstos son los bienes tutelados por los mandamientos, los cuales, según Santo Tomás, contienen toda la ley natural.

 

Ahora bien, la razón testimonia que existen objetos del acto humano que se configuran como no-ordenables a Dios, porque contradicen radicalmente el bien de la persona, creada a su imagen. Son los actos que, en la tradición moral de la Iglesia, han sido denominados intrínsecamente malos («intrinsece malum»): lo son siempre y por sí mismos, es decir, por su objeto, independientemente de las ulteriores intenciones de quien actúa, y de las circunstancias. Por esto, sin negar en absoluto el influjo que sobre la moralidad tienen las circunstancias y, sobre todo, las intenciones, la Iglesia enseña que «existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto».

 

El mismo concilio Vaticano II, en el marco del respeto debido a la persona humana, ofrece una amplia ejemplificación de tales actos: «Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador».

 

Sobre los actos intrínsecamente malos y refiriéndose a las prácticas contraceptivas mediante las cuales el acto conyugal es realizado intencionalmente infecundo, Pablo VI enseña: «En verdad, si es lícito alguna vez tolerar un mal menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien (cf. Rm 3, 8), es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social».

 

Si los actos son intrínsecamente malos, una intención buena o determinadas circunstancias particulares pueden atenuar su malicia, pero no pueden suprimirla: son actos irremediablemente malos, por sí y en sí mismos no son ordenables a Dios y al bien de la persona: «En cuanto a los actos que son por sí mismos pecados (cum iam opera ipsa peccata sunt) –dice san Agustín–, como el robo, la fornicación, la blasfemia u otros actos semejantes, ¿quién osará afirmar que cumpliéndolos por motivos buenos (bonis causis), ya no serían pecados o –conclusión más absurda aún– que serían pecados justificados?».

 

Por esto, las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección.” (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, nn. 78-82).

 

El pecado ocurre cuando realizamos con deliberación y advertencia un acto intrínsecamente malo, o cuando realizamos del mismo modo un acto de suyo lícito, pero con mala intención.

 

La existencia misma de la moral, la ley natural, y la existencia de actos intrínsecamente malos son tres cosas que están inseparablemente unidas. En efecto, los actos intrínsecamente malos representan el aspecto absoluto y universal de la moralidad. Por eso los mandamientos son en su mayoría negativos: prohíben aquello que no debe ser hecho en ninguna hipótesis. Si negamos la existencia de actos intrínsecamente malos, entonces todo se vuelve relativo a la intención del agente y las circunstancias y consecuencias de sus actos. No se podría, por ejemplo, condenar el genocidio nazi o el genocidio comunista sin antes haber evaluado las intenciones de Hitler y Stalin, y las circunstancias en que llevaron a cabo sus crímenes, especialmente las consecuencias de los mismos, para ver si fueron buenas o malas.

 

El “consecuencialismo”, postura lamentablemente apoyada por muchos moralistas católicos contra el Magisterio de la Iglesia, por ejemplo en Estados Unidos, es la tesis que dice que no hay actos intrínsecamente malos y que todo debe ser evaluado según sus consecuencias previsibles, debiéndose elegir siempre la opción que arroja un mayor saldo positivo al hacer el balance de las consecuencias buenas y las malas.

 

Esto se relaciona con lo que venimos diciendo, porque el adulterio es un caso típico de acto intrínsecamente malo, es decir, malo por su objeto, finis operis, y por tanto, irremediablemente malo, independientemente de la intención de quien lo realiza o de las circunstancias en que se realiza, en particular, independientemente de sus consecuencias. Por eso no tiene sentido toda la argumentación acerca de si la persona ha formado una nueva pareja estable, si los hijos de esa nueva pareja la necesitan, etc. Todo eso pertenece al plano de las circunstancias, de las consecuencias del acto, que, siendo intrínsecamente malo, no se hace bueno por el hecho de que tenga algunas consecuencias buenas. E inversamente, esas circunstancias no hacen malo algo que de suyo es, en esta situación, no solamente lícito, sino obligatorio: terminar con las relaciones sexuales adúlteras.

 

En ese sentido, se ha hablado absurdamente de que no se puede pedir el heroísmo al cristiano común y corriente. Así, por ejemplo, el Card. Kasper: “¿Para vivir juntos como hermano y hermana? Por supuesto que tengo gran respeto por aquellos que están haciendo esto. Pero es un acto heroico, y el heroísmo no es para el cristiano promedio.”

http://infocatolica.com/blog/praeclara.php/1405241055-iredefinicion-del-adulterio

 

Sin duda, no se puede exigir bajo pena de pecado a este cristiano que se arroje al agua con peligro de su propia vida para salvar a alguien que se está ahogando, o que entre a un edificio en llamas, con riesgo de terminar incinerado, a salvar a desconocidos, o que venda todos sus bienes y vaya a la selva a predicar el Evangelio, pero a todo el mundo se le exige no realizar en ninguna circunstancia actos intrínsecamente malos, independientemente de que ello comporte o no algún “heroísmo”. Si hay algún “heroísmo” en esto, eso no quita que no se trate de un “ideal”, sino de una norma. Y es que no se puede llamar “heroísmo”, al menos en el mismo sentido, al mero cumplimiento, por dificultoso y doloroso que sea, de los mandamientos en su parte negativa, a saber, en la prohibición absoluta y sin excepciones de los actos intrínsecamente malos. Tanto se habló después del Concilio de que los mandamientos eran el “mínimo moral”, y que en realidad, la moral evangélica basada en el amor iba mucho más alto, para ahora terminar diciendo que el mero cumplimiento de los mandamientos es “heroísmo”, un “idealno exigible a la mayoría de los cristianos. ¿Se pensará ahora, entonces, que se debe o puede vivir la caridad por debajo de los diez mandamientos, es decir, en compañía del pecado mortal?

 

*****

 

Otros, por el contrario, niegan la Menor. Los BSA no estarían en situación de adulterio.

 

Entre ellos, algunos acuden al hecho de que tal vez los BSA no sean subjetivamente culpables, a pesar de que objetivamente viven una situación de adulterio. Algo así se refleja en el Instrumentum Laboris (n. 122): “Todavía es necesario profundizar la cuestión, teniendo bien presente la distinción entre situación objetiva de pecado y circunstancias atenuantes, dado que «la imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas» a causa de diversos «factores psíquicos o sociales» (CIC, 1735).

 

El numeral citado del Catecismo de la Iglesia Católica dice lo siguiente: “1735 La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales.”

 

Veamos entonces las posibles causales de inimputabilidad y su eventual repercusión en nuestro tema.

 

Ignorancia. Se refiere a la ignorancia de la ley moral. La persona no sabe que el adulterio es moralmente malo, o no sabe que la situación en que ella se encuentra es una situación de adulterio. La ignorancia puede ser vencible o invencible. En el primer caso, la persona es responsable de su ignorancia y por lo mismo, culpable de la transgresión que comete. En el segundo, la persona no es responsable de su ignorancia y por tanto es inocente en el fuero interno.

¿De qué sirve esto en nuestro tema? ¿Cómo se sabe si la persona es vencible o invenciblemente ignorante? Porque según el mismo argumento, en el primer caso no es inocente tampoco en el fuero interno, y por tanto, tampoco puede comulgar. Pero supongamos que el sacerdote llega a la conclusión de que Fulano cree con conciencia invenciblemente errónea que puede comulgar.

 

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “1793 Si por el contrario, la ignorancia es invencible, o el juicio erróneo sin responsabilidad del sujeto moral, el mal cometido por la persona no puede serle imputado. Pero no deja de ser un mal, una privación, un desorden. Por tanto, es preciso trabajar por corregir la conciencia moral de sus errores.”

 

Oigamos a los moralistas: “El que actúa bajo error invencible tiene derecho a seguir el dictamen de su conciencia en el foro interno, sin que sea por ello culpado por otros y sin que se lo pueda instigar a que actúe contra su propia conciencia, pero no puede reivindicar ante los demás los mismos derechos que corresponden a la conciencia verdadera, y se le puede impedir con resistencia positiva que, obedeciendo a su conciencia, invada los derechos de otros o dañe el bien común; también puede ser obligado a que pasiva y materialmente soporte lo que es contrario a su conciencia. Los demás no pueden prestar cooperación a la acción objetivamente mala del que yerra en forma invencible; sí pueden, en cambio, por causas justas, aportar medios indiferentes, sin intención de colaborar pero con previsión de que serán usados para la ejecución del error.” (REGATILLO, E.F., y ZALBA, M., Theologiae Moralis Summa, I, BAC, Madrid, 1952, p. 260, traducción nuestra).

 

O sea, concluimos nosotros, que la conciencia invenciblemente errónea no da derecho a pedir, por ejemplo, la comunión eucarística estando en situación objetivamente mala desde el punto de vista moral, pues ahí no se trata solamente de actuar según la propia conciencia en el foro interno, sino además de involucrar a los demás, y específicamente, en este caso, a la Iglesia, en una acción objetivamente mala. En la práctica, además, eso no serviría de mucho, porque seguramente la inmensa mayoría de los BSA saben cuál es la doctrina de la Iglesia en este tema, tanto respecto del adulterio como respecto de las condiciones para recibir la Eucaristía.

 

Inadvertencia. La persona sabe que una situación como aquella en la que de hecho ella se encuentra es de adulterio, pero no es consciente de que ella está en esa situación. ¿Difícil, no? En todo caso, es claro que lo que corresponde es sacarla de su inadvertencia.

 

Violencia y temor. La persona convive adulterinamente a la fuerza, obligada física o sicológicamente. Es claro que sería ridículo querer basarse en esto para admitir a algunas personas a la comunión eucarística. Lo que habría que hacer, por el contrario, sería liberar urgentemente a los que padeciesen tales situaciones.

 

Hábitos y afectos desordenados. La persona no es capaz de controlar los impulsos que la llevan a convivir maritalmente con alguien distinto de su cónyuge legítimo, y además, eso se le ha hecho un hábito que es prácticamente imposible de superar. Ese hábito, normalmente, es libre y responsable in causa, y entonces, no exime de culpa: la persona tampoco es subjetivamente inocente.

 

En cuanto a las pasiones, hay distinguir las antecedentes y las consecuentes. Las primeras son independientes de la voluntad; las segundas dependen de ella. Las primeras pueden disminuir la libertad y, en la medida en que lo hacen, la responsabilidad; las segundas, aunque lo hagan, no eximen de culpa in causa.

 

Pero además, una cosa es constatar, ante un pecado cometido, que la persona no tuvo suficiente deliberación y advertencia al realizarlo y que por tanto no es subjetivamente culpable, y otra cosa es hacer ese juicio a futuro, autorizando, por así decir, futuros actos objetivamente malos con el argumento de que la persona, cuando los realice, no va a tener plena deliberación o advertencia. Y más aún, suponiendo que las circunstancias atenuantes han convertido lo que de suyo sería un pecado mortal en un pecado venial o en una ausencia total de pecado. ¿Entonces para qué el camino penitencial, y para qué la absolución del sacerdote? Y si todavía subsiste el pecado mortal, es claro que en estos casos no va a haber propósito de enmienda, porque, por la razón que sea, las personas no tienen el propósito de dejar las relaciones adúlteras. Ahora bien, sin propósito de enmienda no hay arrepentimiento, y sin arrepentimiento, en esta hipótesis de que sí hay pecado mortal, no puede haber confesión válida, ni absolución, ni mucho menos comunión eucarística. ¿Y entonces, de qué “camino penitencial” se está hablando?

 

Además, dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “2384 El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente.”

 

Y también la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el tema, del año 1994: “Por consiguiente, frente a las nuevas propuestas pastorales arriba mencionadas, esta Congregación siente la obligación de volver a recordar la doctrina y la disciplina de la Iglesia al respecto. Fiel a la palabra de Jesucristo, la Iglesia afirma que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el anterior matrimonio. Si los divorciados se han vuelto a casar civilmente, se encuentran en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la Comunión eucarística mientras persista esa situación.”

 

En ambos documentos, con más claridad en el segundo, se habla de una situación objetiva que contradice la ley de Dios, que surge de la nueva unión civil, y que es la causa de que los fieles no puedan recibir la Eucaristía. Tratándose de una situación objetiva, no es afectada, entonces, por la culpabilidad subjetiva o no de esas personas.

 

En ese sentido va también la declaración del año 2000 del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos sobre este tema: “Este texto concierne ante todo al mismo fiel y a su conciencia moral, lo cual se formula en el Código en el sucesivo can. 916. Pero el ser indigno porque se está en estado de pecado crea también un grave problema jurídico en la Iglesia: precisamente el término «indigno» está recogido en el canon del Código de los Cánones de las Iglesias Orientales que es paralelo al can. 915 latino: «Deben ser alejados de la recepción de la Divina Eucaristía los públicamente indignos» (can. 712). En efecto, recibir el cuerpo de Cristo siendo públicamente indigno constituye un daño objetivo a la comunión eclesial; es un comportamiento que atenta contra los derechos de la Iglesia y de todos los fieles a vivir en coherencia con las exigencias de esa comunión. En el caso concreto de la admisión a la sagrada Comunión de los fieles divorciados que se han vuelto a casar, el escándalo, entendido como acción que mueve a los otros hacia el mal, atañe a un tiempo al sacramento de la Eucaristía y a la indisolubilidad del matrimonio. Tal escándalo sigue existiendo aun cuando ese comportamiento, desgraciadamente, ya no cause sorpresa: más aún, precisamente es ante la deformación de las conciencias cuando resulta más necesaria la acción de los Pastores, tan paciente como firme, en custodia de la santidad de los sacramentos, en defensa de la moralidad cristiana, y para la recta formación de los fieles.”

 

Y sigue: “cuando se presenten situaciones en las que esas precauciones no hayan tenido efecto o no hayan sido posibles, el ministro de la distribución de la Comunión debe negarse a darla a quien sea públicamente indigno. Lo hará con extrema caridad, y tratará de explicar en el momento oportuno las razones que lo han obligado a ello. Pero debe hacerlo también con firmeza, sabedor del valor que semejantes signos de fortaleza tienen para el bien de la Iglesia y de las almas.”

 

*****

 

Otros pretenden negar la citada Menor también en su aspecto objetivo; es decir, la situación de estas personas no sería objetivamente una situación de adulterio.

 

Por nuestra parte, la probamos así: El que mantiene relaciones sexuales con una pareja distinta de su cónyuge legítimo, en vida de éste, está en situación de adulterio. Pero los BSA mantienen relaciones sexuales con una pareja distinta de su cónyuge legítimo, en vida de éste. Ergo.

 

La Mayor es simplemente la definición de adulterio. Precisamente, la estrategia de algunos es redefinir el adulterio. Dicen que no siempre que alguien tiene relaciones sexuales etc. (ver la formulación de nuestra tesis) estaría cometiendo adulterio. La nueva definición de adulterio sería algo así como “tener relaciones sexuales con otra persona distinta del cónyuge legítimo, en vida de éste, sin que de esas relaciones surja una convivencia “familiar” estable en la cual haya hijos que requieran los cuidados y atención del sujeto.”

 

Eso aparece también en la propuesta del Card. Kasper: “De manera similar, se puede decir, el verdadero matrimonio es el matrimonio sacramental. Y el segundo no es un matrimonio en el mismo sentido, pero hay elementos del mismo –los que así conviven se ocupan de los otros, están dedicados exclusivamente el uno al otro, hay una intención de permanencia, se cuida de los niños, se lleva una vida de oración, y así sucesivamente.”

http://infocatolica.com/blog/praeclara.php/1405241055-iredefinicion-del-adulterio

 

Ello implica, a su vez, que lo que comenzó siendo un adulterio dejaría de serlo con el tiempo, porque sólo con el tiempo se puede ver si se verifica o no la segunda parte de la “nueva definición”.

Tan es así esto, que se generaría una nueva obligación para con la “nueva realidad familiar”:

 

“CWL: Así que, para ser claros, cuando Usted habla de un católico divorciado y vuelto a casar incapaz de cumplir con los requisitos de los rigoristas sin incurrir en una nueva culpa, ¿de qué sería él o ella culpable?

 

Kasper: La desintegración de la segunda familia. Si hay niños usted no puede hacerlo. Si usted está comprometido con una nueva pareja, le has dado tu palabra, así que no es posible.” http://infocatolica.com/blog/praeclara.php/1405241055-iredefinicion-del-adulterio

 

Es claro que también se le había dado la palabra al cónyuge legítimo al celebrar el matrimonio válido. Más aún, había sido una palabra dada en la celebración de un matrimonio sacramental, ante Dios y ante la Iglesia. ¿Esa palabra no impidió salir de la familia legítima, en la cual también puede haber hijos que necesiten a ambos padres, pero la palabra dada ante un tribunal civil en una unión adúltera sí impide salir de esa relación adúltera? Es realmente inconcebible que hoy día en la Iglesia tengamos que estar discutiendo estas cosas.

 

En la misma línea, se habla, muy lamentablemente, en el Instrumentum Laboris, de una situación, que de hecho es de adulterio, “irreversible”:

 

“Es conveniente que estos caminos de integración pastoral de los divorciados vueltos a casar civilmente vayan precedidos por un oportuno discernimiento de parte de los pastores acerca de la irreversibilidad de la situación y la vida de fe de la pareja en una nueva unión, que vayan acompañados por una sensibilización de la comunidad cristiana en orden a la acogida de las personas interesadas y que se realicen según una ley de gradualidad (cfr. FC, 34), respetuosa de la maduración de las conciencias.” (n. 121)

 

“Se reflexionó sobre la posibilidad de que los divorciados y vueltos a casar accediesen a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. Varios Padres sinodales insistieron en favor de la disciplina actual, en virtud de la relación constitutiva entre la participación en la Eucaristía y la comunión con la Iglesia y su enseñanza sobre el matrimonio indisoluble. Otros se expresaron en favor de una acogida no generalizada a la mesa eucarística, en algunas situaciones particulares y con condiciones bien precisas, sobre todo cuando se trata de casos irreversibles y vinculados a obligaciones morales para con los hijos, quienes terminarían por padecer injustos sufrimientos.” (n. 122)

 

“Para afrontar la temática apenas citada, existe un común acuerdo sobre la hipótesis de un itinerario de reconciliación o camino penitencial, bajo la autoridad del Obispo, para los fieles divorciados vueltos a casar civilmente, que se encuentran en situación de convivencia irreversible.” (n. 123).

 

¿Qué es aquí lo “irreversible”? ¿La ruptura con el cónyuge legítimo? ¿La necesidad de permanecer juntos para poder atender mejor a los hijos? ¿O también la necesidad de seguir teniendo relaciones sexuales con el que no es el cónyuge legítimo? En el primer caso, desde siempre se admitió en la Iglesia la posibilidad de la “separación de cuerpos” sin divorcio ni nuevo matrimonio de ninguno de los dos. En el segundo caso, no hay mucho para investigar ni averiguar, porque se resuelve simplemente con lo que ya existe: arrepentimiento, propósito de enmienda, es decir, de vivir en adelante como “hermano y hermana”, confesión, comunión. En el tercer caso, que es el único que justificaría buscar un camino distinto de lo que ya tradicionalmente existe, es muy grave que en un documento eclesial se hable de una situación de pecado “irreversible”. Eso contradice la esencia del mensaje evangélico, que incluye el llamado al arrepentimiento y la conversión y la Buena Noticia de que eso es posible por la gracia de Dios en Jesucristo.

 

Nos preguntamos también qué quedará de esta nueva obligación, tan grave al parecer que provoca la legitimación de la unión adulterina, en el caso eventual de que aparezca una tercera unión.

Sin duda, en el sistema del Card. Kasper el bautizado debería abandonar y “desintegrar”, ahora sí, a su segunda “familia”, porque ahora la tercera unión es la que es “irreversible”, y no puede desintegrarla para cumplir con los requisitos de los “rigoristas”. Por donde se ve que aquella “irreversibilidad de la segunda unión era relativa, pero, claro está, sólo en un sentido: permitía un nuevo adulterio, pero no la cesación de las relaciones adúlteras ni mucho menos la reconciliación con el cónyuge legítimo. Porque es evidente que, si se da el caso, los que promueven esto lo van a tener que aceptar. No se van a poder poner “rigoristas” con la segunda unión, en contra de la tercera, obviamente.

*****

 

La estrategia de otros es proponer que se acepte en algunos casos el divorcio. No habría adulterio, porque el que llamamos “cónyuge legítimono lo sería, o sea, habría habido un divorcio, una ruptura del vínculo matrimonial previo. Aquí se está negando la indisolubilidad del matrimonio. Así, por ejemplo, algunos apelan a que en esos casos estaría en vigor el Antiguo Testamento, no el Nuevo. Véase por ejemplo el P. Guido Gargano:

http://infocatolica.com/blog/praeclara.php/1507090609-dureza-de-corazon

 

Sin comentarios. O mejor, oigamos a San Pablo, en Gálatas 5, 4-6: “Si ustedes buscan la justicia por medio de la Ley, han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de la gracia. Porque a nosotros, el Espíritu nos hace esperar por la fe los bienes de la justicia. En efecto, en Cristo Jesús, ya no cuenta la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que obra por medio del amor.”

 

También se integran aquí las propuestas de incorporar la praxis de las Iglesias orientales separadas, que consiste en admitir en ciertos casos el divorcio.

 

Aquí hay que tener en cuenta ante todo el canon VII sobre el Sacramento del Matrimonio del Concilio de Trento: “Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando ha enseñado y enseña, según la doctrina del Evangelio y de los Apóstoles, que no se puede disolver el vínculo del Matrimonio por el adulterio de uno de los dos consortes; y cuando enseña que ninguno de los dos, ni aun el inocente que no dio motivo al adulterio, puede contraer otro Matrimonio viviendo el otro consorte; y que cae en fornicación el que se casare con otra dejada la primera por adúltera, o la que, dejando al adúltero, se casare con otro; sea anatema”.

 

El Concilio define como dogma de fe que la Iglesia no yerra al enseñar que el matrimonio no puede ser disuelto por adulterio de uno de los cónyuges. La proposición, entonces, que dice que el matrimonio puede ser disuelto por el adulterio de uno de los cónyuges es por lo menoserror en teología”. Ése es el nombre que se aplica a las proposiciones que no niegan directamente un dogma de fe, pero implican lógicamente la negación de un dogma de fe. En efecto, si es verdad que el matrimonio puede ser disuelto por adulterio de uno de los cónyuges, entonces la Iglesia yerra cuando enseña lo contrario, y entonces estamos negando el dogma de fe definido por Trento: que la Iglesia no yerra al dar esa enseñanza.

 

Éste es justamente el caso que ahora se quiere enseñar como posible, contradiciendo así a este canon de Trento, porque quieren que en los casos de BSA la Iglesia conceda el divorcio, y por tanto, el motivo del mismo sería el adulterio de una de las partes, porque hasta ese momento en que se concede el divorcio obviamente que no están divorciados, y por tanto, la “nueva unión”, en todo el lapso intermedio, ha sido adúltera. Sólo que ahora el adulterio no sería motivo válido de divorcio como adulterio culpable y negativamente visto, sino como adulterio “exitoso” que ha hecho surgir una nueva convivencia “familiar”.

 

Pero además, Ibáñez, J. y Mendoza, F., en La fe divina y católica de la Iglesia, Ed. Magisterio Español S.A., 1978, p. 14, dicen lo siguiente: “De fe divina y católica (o dogma de fe): “Todas aquellas cosas que se contienen en la Palabra de Dios escrita o tradicional, y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas, ora por solemne juicio, ora por su ordinario y universal magisterio.” (Vaticano I, 61). Los autores, en caso de “juicio solemne” (concilio ecuménico o definición ex cathedra) suelen denominarla “de fe divina y católica definida”. La intervención solemne del magisterio de la Iglesia sólo añade el hacer imposible todo subterfugio a la hora de interpretar el juicio infalible de la Iglesia. La proposición contraria en ambos casos es la herejía”.

 

Antes han aclarado que la infalibilidad es una propiedad de las definiciones papales ex cathedra, de las definiciones de los Concilios Ecuménicos, y del magisterio ordinario y universal de los Obispos.

 

Siguen diciendo (p. 15): “en cuanto a fuerza vinculante para la fe –como ya hemos indicado– es indiferente que la Iglesia proponga para ser creída una verdad como de fe divina y católica con su Magisterio universal y ordinario o con su Magisterio solemne, bien en concilio ecuménico, bien por definición ex cathedra.”

 

Es cuando habla de “fe definida” o de “magisterio solemne” o “juicio solemne” o “intervención solemne” que se refiere a las definiciones dogmáticas. Según esto, la indisolubilidad del matrimonio es dogma de fe, aunque no haya sido definida como dogma, pues está incluida en el Magisterio Ordinario y Universal de los Obispos.

 

*****

 

O bien, sostienen algunos, sin mediar divorcio, también sería legítima la nueva pareja, es decir, sería posible contraer un nuevo matrimonio válido en vida del primer cónyuge legítimo. Tesis que en el fondo nos lleva a admitir alguna forma de poligamia, con lo que se niega la unidad del matrimonio.

 

Por aquí va la propuesta del Card. Kasper: “El primer matrimonio es indisoluble porque el matrimonio no es sólo una promesa entre dos personas; es la promesa de Dios también, y lo que Dios hace, lo hace para siempre. Por lo tanto el vínculo del matrimonio permanece. Por supuesto, los cristianos que abandonan su primer matrimonio han fracasado. Eso está claro. El problema es cuando no hay manera de salir de esa situación. Si miramos a la actividad de Dios en la historia de la salvación, vemos que Dios da a su pueblo una nueva oportunidad. Ésa es la misericordia. El amor de Dios no termina porque un ser humano ha fracasado –si se arrepiente. Dios provee una nueva oportunidad –no mediante la cancelación de las exigencias de la justicia: Dios no justifica el pecado. Pero Él justifica al pecador. Muchos de mis críticos no entienden esa distinción. Ellos piensan, bueno, queremos justificar su pecado. No, nadie quiere eso. Pero Dios justifica al pecador que se convierte. Esta distinción aparece ya en Agustín. (…) El segundo matrimonio, por supuesto, no es un matrimonio en el sentido cristiano. Y yo estaría en contra de celebrarlo en la iglesia. Pero hay elementos de un matrimonio.”

http://infocatolica.com/blog/praeclara.php/1405241055-iredefinicion-del-adulterio

 

Esta parte de la propuesta del Card. Kasper viene a decir lo siguiente:

1) El matrimonio válido previamente contraído sigue vigente.

2) Es, además, indisoluble, porque es sacramental.

3) Por eso no se puede contraer un nuevo matrimonio sacramental.

4) Pero sí se puede contraer un nuevo matrimonio no sacramental.

5) De modo que la nueva relación ya no es adúltera, y pueden comulgar.

 

La imposibilidad de contraer nuevo matrimonio estando vivo el cónyuge legítimo deriva directamente, no de la indisolubilidad del matrimonio, sino de su unidad, por la que se excluye la poligamia.

 

¿Sostiene entonces el Card. Kasper que sólo el matrimonio sacramental es “uno”? Y aún si así fuera, que obviamente no lo es, ¿hace eso posible que el bautizado ya casado sacramentalmente se case en forma no sacramental con otra persona? Es decir, ¿la unidad del matrimonio sacramental mira ante todo al sacramento, o a los esposos sacramentalmente unidos? En realidad, la tesis del Card. Kasper ignora que el matrimonio es ante todo una realidad natural, elevada en el caso de los bautizados a la dignidad de sacramento. La unidad, por tanto, no le viene de ser sacramento, sino de ser matrimonio. Ya por eso el bautizado no puede estar unido en matrimonio, sacramental o no, con más de una persona a la vez. Pero además, hay otra realidad fundamental, recogida en el Código de Derecho Canónico, Canon 1055, 2: “entre bautizados no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento”. Mientras que la propuesta de Kasper implica admitir una unión matrimonial no sacramental entre bautizados.

 

Un argumento utilizado por el Card. Kasper es el de la comunión espiritual, que viene a decir: si los divorciados vueltos a casar pueden hacer la comunión espiritual, que implica una unión con Cristo, ¿por qué no pueden hacer la comunión sacramental? Se responde que la comunión espiritual propiamente dicha no puede hacerse en pecado mortal, y que en esa situación solamente se podrá formular el deseo de que Cristo nos dé su gracia, de la forma en que pueda hacerlo dada nuestra situación, y que en todo caso eso es lo que se entiende por “comunión espiritual” en los documentos del Magisterio que hablan de esa posibilidad para los BSA.

 

En ese sentido parece percibirse una cierta rectificación en el Instrumentum Laboris respecto de la segunda Relatio:

 

“124. (53) Algunos Padres sostuvieron que las personas divorciadas y vueltas a casar o convivientes pueden recurrir provechosamente a la comunión espiritual. Otros Padres se preguntaron por qué entonces no pueden acceder a la comunión sacramental. Se requiere, por tanto, una profundización de la temática que haga emerger la peculiaridad de las dos formas y su conexión con la teología del matrimonio.

 

125. El camino eclesial de incorporación a Cristo, iniciado con el Bautismo, también para los fieles divorciados y vueltos a casar civilmente procede por grados a través de la conversión continua. En este recorrido son diversas las modalidades con las que son invitados a conformar su vida al Señor Jesús, que con su gracia los guarda en la comunión eclesial. Como sugiere la Familiaris Consortio 84, entre estas formas de participación se recomiendan la escucha de la Palabra de Dios, la participación en la celebración eucarística, la perseverancia en la oración, las obras de caridad, las iniciativas comunitarias en favor de la justicia, la educación de los hijos en la fe, el espíritu de penitencia, todo ello sostenido por la oración y el testimonio acogedor la Iglesia. Fruto de dicha participación es la comunión del creyente con toda la comunidad, expresión de la inserción real en el Cuerpo eclesial de Cristo. Por lo que concierne a la comunión espiritual, hay que recordar que presupone la conversión y el estado de gracia y que está enlazada con la comunión sacramental.”

 

Finalmente, están los que dicen que desde ese lado de la calle no se pretende de ningún modo cambiar la doctrina, sino solamente la práctica pastoral. Ante todo, esta ocurrencia es risible a la luz de todo lo que venimos de considerar, pues todo lo anterior sí implica un cambio en la doctrina católica. En segundo lugar, la pastoral no es separable de la doctrina, que por algo forma parte del don que es la Iglesia, precisamente, para dirigir e iluminar la vida de los bautizados y no solamente para ser contemplada en los ratos de ocio.

 

*****

 

Cambiando de tema, en el Instrumentum Laboris hay un párrafo dedicado a la anticoncepción:

“137. Teniendo presente la riqueza de sabiduría contenida en la Humanae Vitae, en relación a las cuestiones tratadas en el documento, surgen dos polos que deben ser constantemente conjugados. Por una parte, el papel de la conciencia entendida como voz de Dios que resuena en el corazón del hombre educado a escucharla; por otra, la indicación moral objetiva, que impide considerar la procreación una realidad sobre la cual decidir arbitrariamente, prescindiendo del designio divino sobre la procreación humana. Cuando prevalece la referencia al polo subjetivo, es fácil caer en opciones egoístas; en el otro caso, se percibe la norma moral como un peso insoportable, que no responde a las exigencias y a las posibilidades de la persona. La combinación de los dos aspectos, vivida con el acompañamiento de un director espiritual competente, ayudará a los cónyuges a escoger opciones plenamente humanizadoras y conformes a la voluntad del Señor.”

 

Frente a esto, decimos que ante la norma moral objetiva, el dictamen de la conciencia puede concordar o discordar con ella. En el primer caso, es conciencia verdadera, en el segundo, conciencia errónea. La conciencia errónea, como ya dijimos, puede serlo en forma vencible o en forma invencible, según que sea o no responsabilidad del sujeto su ignorancia. En el primer caso no excusa de pecado, en el segundo, sí. En ninguna de estas alternativas, las únicas posibles, encontramos alguna “combinación de los dos aspectos”, objetivo y subjetivo. La conciencia verdadera está simplemente plegada al orden moral objetivo; la conciencia errónea simplemente se aparta del mismo. En el primer caso, prima simplemente el orden moral objetivo; en el segundo, prima simplemente el aspecto subjetivo. Y no hay más posibilidades. Y es que, en virtud del principio de tercero excluido, no puede haberlas, porque la conciencia, o concuerda con el orden moral objetivo, y es verdadera, o no, y es errónea.

 

Además, si se menciona la participación de un director espiritual competente, ¿cuál deberá ser su papel, al comprobar que la conciencia de sus dirigidos es, supongamos, invenciblemente errónea? Pues obviamente, tratar de iluminar esas conciencias para que se adecuen a la verdad, como dice el Catecismo en el texto arriba citado. En todo caso, nunca será buscar un imposible “tercero excluido” entre la adecuación y la no adecuación de la conciencia moral a la verdad moral objetiva.

 

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Reforma de los procesos de nulidad: 6 ideas falsas

 

Benedict Nguyen

 

Los documentos del Papa Francisco emitidos el martes, uno para la Iglesia Latina (Mitis Iudex Dominus Iesus) y uno para las Iglesias Orientales (Mitis et Misericors Iesus), exigen una lectura atenta a fin de entender los desarrollos de las leyes sobre los procedimientos canónicos relativos al proceso de declaración de nulidad matrimonial.

 

Desafortunadamente, el sensacionalismo que los ha rodeado ha causado numerosos conceptos erróneos e informaciones falsas que a su vez pueden dificultar la comprensión de algunas de las reformas. Si bien todavía hay mucho para digerir, me gustaría destacar seis ideas falsas (…) [acerca de] estas reformas históricas.

 

1. Consideremos primero el mayor concepto erróneo que está siendo reportado, es decir el referido a las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio. La doctrina católica sobre el matrimonio y la indisolubilidad no ha cambiado ni cambiará. Debe decirse clara y repetidamente que las actuales reformas del Papa Francisco son cambios de procedimiento y no cambios en las enseñanzas de la Iglesia, y ni siquiera cambios sustanciales en el derecho canónico o la jurisprudencia para casos matrimoniales. Las afirmaciones de que éstos son cambios en las creencias de la Iglesia sobre el matrimonio son simplemente erróneas.

 

2. El propósito de estas reformas no es facilitar la obtención de una declaración de nulidad en el sentido del laxismo. El propósito es hacer más eficiente y accesible el proceso de investigación. Estemos o no de acuerdo con ellos, estos cambios son los que el Papa y la Comisión que estudió este tema vieron como áreas donde el proceso estaba siendo negado o demorado innecesariamente. Desafortunadamente, incluso las leyes más estrictas pueden ser abusadas o tratadas con laxismo, pero ésos son asuntos personales que caen fuera del alcance de estas reformas. Ahora, como antes, será importante que los obispos, los canonistas y los fieles no sólo adquieran una comprensión clara de las enseñanzas y las leyes canónicas de la Iglesia sobre el matrimonio sino también que estén vigilantes para que el proceso no sufra abusos. La catequesis y la fidelidad serán fundamentales.

 

3. No hay nuevas causales para declarar nulo un matrimonio. Ésta es una de las principales percepciones erróneas. Las razones para determinar si un matrimonio se celebró o no válidamente siguen siendo las mismas. Cada caso debe continuar siendo decidido a la luz de –y sólo a la luz de– las causales canónicas establecidas. El Papa no ha establecido nuevas causales, y no es posible que los obispos, tribunales o jueces lean nuevas causales en estas reformas procesales.

 

En particular, con respecto al Artículo 14 de Mitis Iudex Dominus Iesus (MIDI), el Papa Francisco no está estableciendo aquí nuevas causales para la nulidad matrimonial. Una lectura cuidadosa del Artículo 14 muestra que éstas son situaciones en las que es posible para una parte solicitar el nuevo proceso más breve por el cual un caso puede ser referido al obispo diocesano para su decisión. Estas situaciones pueden incluir casos de falta de fe, brevedad de la vida conyugal, aborto procurado, persistencia en relaciones extramaritales, ocultación maliciosa de asuntos pasados serios, embarazo no planeado, violencia física y falta de uso de razón médicamente probada. Éstas son situaciones que permiten la solicitud de cierto procedimiento. Sería simplemente un error verlas como nuevas causales [de nulidad].

 

Igualmente errónea es ver éstas [situaciones] como corolarios en correspondencia exacta con la invalidez. En otras palabras, aunque pueda ser tentador apresurarse a sacar conclusiones, la mera presencia de cualquiera de éstas [situaciones] no significa necesariamente que hubo un acto de matrimonio inválido. Significa meramente que una parte puede solicitar el nuevo procedimiento más breve. Una vez que hay una decisión acerca de cuál procedimiento usar, entonces el juez o el obispo todavía debe decidir de acuerdo con el derecho canónico si hay una falta de capacidad, una falta de consentimiento o una falta de forma canónica (para los católicos), siguiendo las causales específicas que caen bajo éstas [tres faltas].

 

4. El Papa Francisco no hizo más fácil la norma para declarar nulo un matrimonio. La norma para llegar a una decisión afirmativa sigue siendo muy alta –el juez u obispo debe alcanzar la certeza moral (Canon 1608). El Papa Francisco reitera esto claramente en el Artículo 12. Él subraya que una mera preponderancia de la evidencia no es suficiente. Es claro que la certeza moral sigue siendo la norma. En otras palabras, no se puede dar una decisión afirmativa si el acto matrimonial fuera sólo posiblemente inválido. Tampoco podría darse si fuera incluso probablemente inválido. Más bien, sólo puede darse si es moralmente cierto que ha sido un acto matrimonial inválido.

 

5. El Papa no ha eliminado los tribunales de segunda instancia. Más bien, lo que ha sido eliminado es la apelación obligatoria de la decisión afirmativa del tribunal diocesano local. Las partes, así como el Defensor del Vínculo, aún son libres de apelar la decisión ante un tribunal de segunda instancia, usualmente el metropolitano o arquidiocesano. Además, la capacidad de una parte para apelar a la Rota Romana se mantiene.

 

6. El Papa Francisco no ha exigido la eliminación total de las tasas de los tribunales. Más bien, él alienta a hacer el proceso tan gratuito como sea posible tomando en consideración los salarios justos y decentes de quienes trabajan en los tribunales. Así, una tasa de presentación apropiada está permitida y es adecuada en justicia.

 

(…)

 

(Traducción de Daniel Iglesias Grèzes).

 

(El artículo original, en inglés y completo, puede leerse aquí).

 

Nota sobre el Autor: Benedict Nguyen es un abogado canónico y civil. Es consejero canónico y asesor teológico de la Diócesis de Corpus Christi, Texas. También es profesor adjunto del Instituto Ávila para la Formación Espiritual.

 

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Aspectos a tener en cuenta para la evangelización (1)

 

Miguel Antonio Barriola

 

I – Adaptación

 

Podríamos comenzar por el final, es decir por la última recomendación del Señor resucitado a sus enviados, tal como figura en Mt 28,19-20: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”.

 

Ya de entrada podemos comprender que los Doce y cuantos se les fueron juntando en la inmensa obra del anuncio de la Buena Nueva no pudieron expresarse en su arameo natal, en Atenas, Roma o las diversas regiones que fueron adoctrinando. De entrada la traducción tuvo que ser una primera adaptación.

 

Pero no menos hubo asimismo aterrizajes culturales que, sin deformar lo esencial del mensaje, se acomodaban a las diferentes situaciones. Así encontramos en los mismos Evangelios variados casos de este cariz. Baste recordar uno muy importante.

 

Refiriéndose a una trascendental innovación (2), Mt 5,31-32 y 19,9 nos recuerda que Jesús, refiriéndose sólo al varón, sentenció: “El que se divorcia de su mujer… la expone a cometer adulterio”. En cambio, cuando Marcos afronta el mismo asunto, añade algo: “Si uno repudia a su mujer… y si ella repudia a su marido”.

 

¿Qué dijo Jesús de hecho? Seguramente lo expresado en Mateo, dado que habló a judíos y el Primer Evangelio también fue dirigido a “judeocristianos”. Y, además, sabemos del “machismo”, que se puede observar en el Antiguo Testamento (AT). En cambio, en Roma las mujeres gozaban de mayores libertades (3) y hasta podían iniciar un proceso de divorcio respecto a sus cónyuges. Marcos, entonces, escribiendo su Evangelio a cristianos romanos, sin traicionar lo esencial del mensaje de Jesús, lo acomoda a una cultura con otras modalidades.

 

También podríamos aludir a las necesarias acomodaciones de lenguaje. Imaginemos, por ejemplo, los primeros misioneros católicos que llegaron a Alaska o territorios cercanos al Polo Norte. No podrían haber repetido Mt 10,16: “Sean prudentes como serpientes”, simplemente porque en aquellas gélidas regiones no se conocen semejantes ofidios. Habrán dicho: “Sean prudentes como las focas” o vaya uno a saber qué, pero es evidente cómo también es preciso bajar igualmente a este tipo de adecuación de las palabras mismas.

 

No menos se pide una adaptación hacia atrás. O sea, respecto a las tradiciones o costumbres reflejadas en la Biblia que, traducidas al pie de la letra, han de ser ubicadas en su tiempo y costumbres, por medio de expresiones equivalentes. Por ejemplo, si un enamorado le dijera a su amada hoy en día: “Yo te comparo, amada mía, a una yegua uncida al carro del Faraón” (Cant 1,9), tal como se lee en el libro más romántico del AT, de seguro que se rompería el idilio. Pero, hemos de situarnos en aquellas remotas épocas, de las cuales nos quedan vestigios en los bajorrelieves egipcios, donde se puede observar a las yeguas faraónicas adornadas con espléndidos plumajes y hasta joyas.

 

Algo similar sucede con diferentes amenazas que leemos frecuentemente en labios de los profetas: “Golpearé de Jeroboam a todos los que orinan contra la pared” (I Rey 14,10; 15,29; 21,21; II Rey 9,8). Es evidente, que se refiere a “los varones”.

 

Más cerca nuestro, fijémonos cómo el beato José Gabriel del Rosario Brochero (“el cura gaucho”) se acercaba al modo de hablar de sus paisanos. Sabemos cómo llamaba él frecuentemente a jesuitas predicadores de Ejercicios Espirituales. En una ocasión, habiendo exhortado en perfecta teología uno de estos padres: “Acércate a esa cruz y contempla cómo está lastimado Jesucristo, pagando por los pecados”. Al terminar este punto, se levantó el buen párroco y dijo aparte al misionero: “Padre, mis paisanos no lo entienden si así les habla. Permítame a mí la otra parte”. E hincándose Brochero ante el Santo Cristo exclamó: “Mira hijo, lo jodido que está Jesucristo, saltados los dientes y chorreando sangre. Mira la cabeza rajada y con llagas y espinos. Por ti que sacas la oveja del vecino. Por ti tiene jodidos y rotos los labios, tú que maldices cuando te chupas. Por ti que atropellas la mujer del amigo. ¡Qué jodido lo has dejado en los pies abiertos con clavos, tú que perjuras y odias…!” El historiador añade que “aquellos hombres se iban encorvando como de vergüenza poco a poco e iban subiendo también los sollozos” (4).

 

II – Adaptación, no adulteración

 

Ahora bien, no hemos de olvidar que, mandando “a todo el mundo”, Jesús no dijo: “Prediquen lo que le guste a la gente, lo que esté de moda”, sino “todo lo que YO les he mandado” (Mt 28,20). Por lo tanto hemos de estar muy atentos a tantas tentaciones, que se presentan a veces bajo el manto de la comprensión y misericordia y que, en realidad, son chantajes.

 

Siendo párroco, en un día de primeras comuniones, se me presentó en el confesonario un penitente, con el siguiente planteo: “Padre, hoy hace mi hijita su primera comunión. Pero, soy casado, divorciado y vuelto a casar y… el cura de la parroquia de al lado me permite comulgar”. Le respondí algo por el estilo: “Usted perdone. No le apareceré un ‘cura tan piola’, pero yo no soy el dueño de la ley. Así que Usted puede participar de este acontecimiento tan grande para su hija y familia, como aquel dolorido, pero consciente cristiano que, encontrándose en su misma situación, participaba de la Eucaristía y, cuando veía a sus hermanos, que se acercaban a comulgar, oraba algo así: ‘Señor, que mis hermanos te reciban con las ansias que tengo yo de hacerlo… pero no puedo’ ”.

 

Otro Jueves Santo, se presentó un joven con parecida situación y, al querer confesarse, manifestó algo así: “Padre, en un día tan profundo como el de la Institución de la Eucaristía, tengo grandes ganas de comulgar, pero… soy casado, divorciado y vuelto a casar”. Al explicarle la misma doctrina que en el caso anterior, se insubordinó, protestando: “Ve, uno vuelve y ustedes lo rechazan”. Le pregunté: “¿Volviste o viniste con tus condiciones?”

 

También se ha extendido mucho el indiferentismo religioso: todo el mundo se salva (5), ¿para qué entonces molestar a la gente, para que acepte la fe católica?

 

Así también, debido a un “feminismo” ultra-exagerado, se anda esparciendo la costumbre de tildar a San Pablo de “misógino”. Por ejemplo, muchas veces se rechaza como posible lectura para el sacramento del Matrimonio a Ef 5,21-33. Ahora bien, el texto nos invita a “todos y todas” a “someternos los unos a los otros por consideración a Cristo” (ibid., v. 21). Por lo mismo, cuando exhorta expresamente a la mujer a respetar a su marido, no significa eso considerarla con inferioridad, sobre todo teniendo en cuenta que sigue el consejo a los maridos a que traten a sus cónyuges, “como Cristo amó a la Iglesia, entregándose por ella” (ibid., vv. 25-26). Por otro lado, nos enseña no menos el mismo Pablo: “Cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos” (I Cor 15,28). Sometimiento que nadie llamará “de inferioridad”.

 

III – Jesús nos envía a cosechar lo más posible, pero no necesariamente a tener éxito a toda costa

 

Así, cuando ensayó un primer envío misionero, advirtió: “Si la casa se lo merece, la paz de ustedes vendrá sobre ella… Si alguno no los recibe…, al salir de su casa, sacudan el polvo de sus pies” (Mt 10,13).

 

De modo análogo, al proponer la “corrección fraterna”, expresó: “Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas… y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano” (Mt 18,15-17).

 

Se tratará, pues, siempre de “proponer” sin jamás “imponer” la verdad del Evangelio. Cosa que no significa descalificar la labor apologética de defensa, refutación de sofismas y hacer frente al poderosísimo aparato anticristiano y sobretodo de inquina contra la fe católica, poderosamente organizado hoy en día. ¡No! Hemos también de tener en cuenta el saludable consejo de Pedro: “Dispuestos siempre para dar explicación a todo el que les pida la razón de la esperanza de ustedes, pero con delicadeza y con respeto” (I Pedro 3,15-16). Al igual que las exhortaciones paulinas: “Arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina” (II Tim 4,2).

 

Jesús mismo, ante lo que les pareció “duro” a muchos de los discípulos que lo seguían, se dirigió a los que quedaban todavía y les preguntó: “¿También ustedes quieren irse?” (Jn 6,67). Es que no buscaba muchedumbres que lo siguieran a cualquier precio. Quiera ÉL mismo, que siempre nos acompañe la lucidez y valentía de la respuesta petrina: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios” (ibid., vv. 68-69).

 

IV – Co-laboradores, “no protagonistas”

 

En este apartado se querría insistir en que los evangelizadores, predicadores o misioneros, sacerdotes o seglares, nunca han de dejar que se mezcle en sus empresas, organizaciones o tareas pastorales el mal espíritu de los celos o las ansias de “personajes mediáticos”.

 

Aludimos brevemente a los cuatro primeros capítulos de la Iª Corintios, que dejamos a la fructuosa lectura de cada uno. En ellos Pablo fustiga los corrillos que se estaban armando en Corinto: “Yo de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas” (ibid., 1,12; 3,4.22). El Apóstol se opone con sabiduría, vigor y humildad a semejantes pullas entre grupúsculos, aunque se aglomeraban en torno a personas tan santas. Él siempre va a insistir en que todos los enviados por Cristo (él inclusive) son syn-ergói (= co-operadores, co-laboradores: ibid., 3,9), o diákonoi, servidores (ibid., 3,5). Esa partícula “syn”, que indica “junto con”, es frecuentísimamente repetida por Pablo, como para indicar que “sin” Cristo nada somos, se nos suben los humos a la cabeza y, en vez de construir, demolemos. Los evangelizadores, según la explicación del Card. G. Ravasi: “son co-laboradores, que trabajan con uno que es el verdadero actor. Nosotros estamos siempre ‘con’ (syn): esta preposición es muy querida por Pablo, la usa continuamente conjugándola con las frases ‘con-vivimos con Cristo’, ‘con-morimos con Él’, ‘con-resucitamos’…” (6).

 

Así evitaremos una auto-apreciación que suele ser una tentación frecuente en algunos pastores. Si no, repasemos la exagerada confianza con que Pedro opuso su desmesurado “YO” a la cobardía que sospechaba en sus compañeros: “Aunque todos se escandalicen por tu causa, YO no me escandalizaré” (Mt 26,33; Mc 14,29). Una vez caído en sus vergonzosas tres negaciones (Mt 26,69-75 y paralelos sinópticos), cuando el Señor, una vez resucitado, le pregunte por tres veces si lo amaba (ver Jn 21,15-18), ya dará un paso de humildad y en vez de responder con el verbo con que lo interrogó Jesús (agapás me), que indica un amor elevado y perfecto, respondió con otro verbo que da a entender afecto, pero no tan acabado: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero” (filó se: ibid., v. 16). Ya tenemos un primer paso de humildad. Notando también cómo el “yo” (tan en primera línea en la Última Cena) desaparece detrás de una palabra que necesariamente se refiere a otra persona, destacando además el predominio de los “TÚ”: “sabes que TE quiero” (ibid., vv. 15-17).

 

Esto nos ahorrará las inútiles y casi escandalosas riñas, que ha habido (y hay) en la Iglesia entre congregaciones religiosas (7), movimientos o grupos.

 

Ya las tuvo que soportar, con infinita paciencia, el mismo Jesús entre sus elegidos, cuando tantas veces se trenzaban en discusiones, a ver quién era el “mayor entre ellos”. En la mismísima Última Cena de despedida, nos informa Lucas (22,24), estaban discutiendo “cuál de ellos era el más grande”. Con magnanimidad sublime y extraordinaria, el Señor entregó en manos de aquellos mezquinos discípulos suyos la grandeza de su amor ilimitado junto con la Eucaristía, que los fue agigantando, hasta que llegaron muchos de ellos a dar también su sangre, uniéndola a la redentora del Calvario, revivido a lo largo de los siglos en la Misa.

 

Que somos de “Cursillos de Cristiandad”, “Carismáticos”, “Neocatecumenales”, etc. Las diferentes acentuaciones de espiritualidad, métodos de apostolado o lo que sea, deberían servir, no para oposiciones o envidias, sino para la variedad sinfónica de tanta riqueza en el Cuerpo de Cristo. Así como los violines no son los oboes, ni los timbales el arpa, pero tales y tantas diferencias de instrumentos confluyen armónicamente, para brindar una misma partitura, bajo la batuta del mismo director de orquesta, en forma similar han de contribuir los diversos carismas a la multiplicidad unificada de los dones, que Dios distribuye entre personas o grupos.

 

Así, ni más ni menos, han de ser las personas, instituciones o movimientos en el Cuerpo de Cristo. Repásense los capítulos 12 al 14 de la Iª a los Corintios, al respecto. La mano no es el pie, el ojo tiene una función diferente a la del oído, pero todos se coordinen para el único bien del cuerpo todo y, teniendo especial preocupación por los que no son tan notorios, como aconseja el mismo Pablo: I Cor 12,22-23.

 

Parece que ilustra a la perfección este estado de cosas aquella anécdota del Papa León XIII. Estaba dando audiencia a los miembros de una ilustre orden religiosa, e iba preguntando a cada uno sobre sus ocupaciones. “Yo enseño filosofía”, informó uno. “Yo Patrología”, declaró otro. “Yo dogmática”, indicó un tercero. Y así, hasta que llegó a un hermanito lego, que expresó: “Yo soy cocinero”. El Papa, le aseguró: “Sin sus platos estas lumbreras ni podrían abrir la boca”.

 

V – No temer corregir

 

No faltaron ni escasean también hoy en día aquellos pastores que, dejándose llevar de una excesiva indulgencia (8), omiten llamar la atención o corregir a quienes yerran en la fe o las costumbres. Se merecen el reproche que Isaías (56,10) dirigía contra negligentes guías del pueblo de Dios: “Perros mudos, incapaces de ladrar”.

 

Todo lo contrario nos encontramos en la tarea pastoral, tal como nos la encontramos en textos insignes de la Escritura. “Yo a los que amo los reprendo”, dice Jesús en la carta apocalíptica a los dirigentes de Laodicea (Apoc 3,19) (9).

 

Ahora bien, el autor de Hebreos nos previene (12,5-11): “Ninguna corrección resulta agradable en el momento, sino que duele. Pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella”. Por lo cual, cuando seamos reprendidos por superiores o debamos llamar al orden a subordinados, parroquianos o no, hemos de contar con esa primera reacción de sentirnos agredidos, pero no menos todos hemos de habituarnos a esperar el buen resultado de las advertencias, dirigidas a nuestro adelanto espiritual o en el orden que sea.

 

Y ya, desde el primer escrito de todo el Nuevo Testamento, nos encontramos con el cuidado paternal de Pablo, que ama a los suyos, pero se sitúa lejos del menor asomo de verse adulado o intento de congraciarse con sus convertidos. Basta la verdad: “Ustedes saben –y Dios es testigo de ello– que nunca hemos buscado pretexto para ganar dinero. Tampoco hemos ambicionado el reconocimiento de los hombres, ni de ustedes ni de nadie, si bien, como Apóstoles de Cristo, teníamos derecho a hacernos valer” (I Tes 2,5-7).

 

Algo análogo hemos de acostumbrarnos a vivir respecto a las pruebas que el mismo Dios permite en nuestras vidas y planes. Recordemos la sabia advertencia de Dt 8,2-5. El Señor se mostró poderoso y espléndido en milagros de liberación, cuando la salida de su pueblo de la esclavitud egipcia: milagro del mar, destrucción de los ejércitos perseguidores, etc. Pero, rememora y amonesta no menos: “Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante cuarenta años. Allí Él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive sólo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios… Reconoce que el Señor, tu Dios, te corrige como un padre a sus hijos”.

 

Los momentos de oscuridad y borrasca, entonces, no deben apocarnos y hacer que caigamos en depresión espiritual, sino que el gran Maestro de la vida interior los destina para “conocer el fondo de tu corazón” (Deut 8,2), si sólo amamos a Dios cuando todo va bien, o también le somos fieles en la adversidad y la cruz. En fin, lo que en alguna parte escribió lúcidamente San Bernardo: “No hay que buscar tanto los dones de Dios, cuanto al Dios de los dones”.

 

VI – Oración y apostolado

 

En muchas ocasiones solemos expresarnos como si el recurso a la oración fuera el último y desesperado intento de acudir a alguna situación difícil o complicada: “Voy a rezar por el problema”.

 

No fue así para Jesús. Al observar que “la mies es mucha, pero los trabajadores pocos” (Mt 9,37), no se puso a organizar escuadrones de cosechadores, sino que lo primerísimo que aconsejó fue: “Rueguen al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (ibid.). Por lo tanto, siempre debería consistir nuestro primer instrumento de Evangelización la fe convencida y profunda en que, sin el auxilio de Dios, nuestros esfuerzos serán vanos.

 

Lo podemos confirmar en casi toda la Biblia. Así Pablo pide a sus Colosenses: “Rueguen al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos dé la ocasión de predicar y de exponer el misterio de Cristo, por el cual estoy en la cárcel” (Col 4,3).

 

Ya el Sal 127/126,1, advertía: “Si el señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas”. Y recordemos cómo la Pequeña Teresa, sin haber salido de su monasterio de Lisieux, ha sido proclamada “patrona de las misiones”. Simplemente porque creía y confiaba en la fuerza de la oración para trabajo tan duro, universal y que atraviesa los siglos.

 

En consecuencia, en muchas misiones u organizaciones apostólicas, se suele tomar en primer lugar la medida de pedir a monasterios de contemplativos o religiosas de clausura que se los acompañe desde el silencio eficaz de la oración.

 

VII – Epidemia del acostumbramiento

 

Como en toda profesión, puede acecharnos la gran tentación del aburrimiento, volviéndonos “funcionarios eclesiales”, con “horario de oficina” y ansias de “pasar a otra cosa más divertida”, no bien podamos (10).

 

Sin embargo, no toda repetición cansa. Aquello que gusta, suele ser visto una y otra vez. Así, quienes gozan con el foot-ball no se cansan de ver la reiteración de ciertos goles o jugadas; en la ópera o conciertos, el público suele pedir “bis” cuando algún aria o coro ha sido bien interpretado por el tenor, la soprano o quienes sean.

 

Por lo mismo, aquello que constituirá nuestra “vocación de por vida” no puede caer en la monotonía meramente soportada, el frustrante sentimiento del “más de lo mismo”, cediendo a las ansias de la diversión o la novedad perpetua. Así podemos observar, lamentablemente, cómo la inmensa mayoría de la gente se cansa y busca siempre sensaciones novedosas. “Bailando por un sueño”, “Nadando por un sueño”, “Patinando por un sueño” y mil variaciones, que tienden a saciar el hambre de “lo distinto”, casi cada día.

 

Pero, para la fe cristiana hay realidades, en el tiempo, de valor perenne y que no podemos dejar abandonadas a nuestros estados de ánimo o cambiarlas a piacere. Ya lo advertía la Gaudium et Spes, la Constitución Pastoral del Vaticano II, que tantos consideran como la “más moderna” y “dialogante con el mundo”, que, sin embargo, en su Nº 10, no dejó de recordar lo siguiente: “Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre” (11).

 

Esta permanencia está siendo poderosamente atacada hoy en día por “ilustres” teólogos, obispos y cardenales, ante la problemática sacramental, ya del matrimonio, ya de la Eucaristía y la Penitencia. Por lo cual, hemos de recordar y nunca olvidar que el amor verdadero entre cónyuges cristianos no dura sólo “en la luna de miel”, sino que ha de permanecer (si es verdadero cariño y no sólo mero enamoramiento primerizo) también cuando se va la miel, quedando sólo la luna.

 

Por más que su música sea estupenda y excepcionalmente artística, no podemos consentir con la letra y fondo de la “Habanera”, cantada por la protagonista en la ópera “Carmen” de G. Bizet (12): “L’amour est enfant de Bohème, qui n’a jamais, jamais a connue des lois” (= “el amor es hijo de gitanos, que nunca, nunca ha conocido leyes”). Porque, si se trata de afecto humano, no se puede excluir del mismo aquello que es su diferencia específica: la inteligencia (animal rationale). De lo contrario es mero erotismo, flechazo de Cupido (13).

 

Aplicando lo expuesto a la vocación apostólica, especialmente sacerdotal, según el carisma propio de la Iglesia católica latina, he visto, en mi ya larga vida de formador en seminarios (Montevideo, Córdoba, Tucumán, Santa Fe, La Plata), verdaderos llantos de emoción y alegría en las solemnes ceremonias del sacramento del orden. Pero…, no menos: posteriores períodos de saciedad, monotonía, desencanto de una vocación que se quiso abrazar de por vida.

 

Es que ya desde épocas neotestamentarias, hemos de contar y practicar el repetido consejo de Pablo a Timoteo: “No descuides el carisma que hay en ti, que te fue dado por intervención profética con imposición de manos del presbiterio. Medita estas cosas y permanece en ellas, para que todos vean cómo progresas. Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Sé constante en estas cosas, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan” (I Tim 4,14-15) (14).

 

Semejante recomendación repetirá en II Tim 1,6: “Reaviva (ana-zo-pyrein) (15) el carisma que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza”.

 

No menos puede apoderarse de las vocaciones apostólicas, sacerdotales, religiosas, el desenfreno de lo “divertido”, el ya mentado “tinellismo”, el recurso a cualquier medio con tal de salir del tedio de “siempre lo mismo”. Y, para remediar tales hastíos, no se ha de buscar teatralidad o lo fuera de serie. Como tan claramente lo describía el entonces Cardenal Ratzinger: “La liturgia no es un show, no es un espectáculo que necesite directores geniales y actores de talento. La liturgia no vive de sorpresas ‘simpáticas’, de ocurrencias ‘cautivadoras’, sino de repeticiones solemnes [remarcado por mí]. No debe expresar la actualidad, el momento efímero, sino el misterio de lo Sagrado. Muchos han pensado y dicho que la liturgia debe ser ‘hecha’ por toda la comunidad para que sea verdaderamente suya. Es ésta una visión que ha llevado a medir el ‘resultado’ de la liturgia en términos de eficacia espectacular, de entretenimiento. De este modo se ha dispersado el proprium litúrgico, que no proviene de lo que nosotros hacemos, sino del hecho de que aquí acontece Algo que todos nosotros juntos somos incapaces de hacer” (16).

 

Estos recursos bastante extravagantes para “salir del cansancio repetitivo” han de ser igualmente tenidos a raya en la vida privada cotidiana. No puede ser que, al sentirnos saturados de trabajo, vayamos siempre a la TV, Internet o cualquier tipo de entretenimiento. Lejos de mí y de cualquier formador sensato el negar la utilidad de las computadoras, Internet y el uso moderado de la TV, el cine y tantos otros modos de rebajar en algo las tensiones del día. Pero, bueno sería que no fueran siempre y primordialmente esos recursos los que nos hagan reposar o reponer fuerzas. Aconsejable sería llevar un plan de lectura, seguir estudiando, que no se acabe la formación con el último examen que se presentó en los años de formación. Orar y sobre todo impedir que la riqueza de la Liturgia de las Horas se vuelva “la suegra”, como calificaban algunos curas de otras épocas al “Breviarium Romanum”. Y, no en último lugar, dedicar buen tiempo a la preparación de las homilías.

 

VIII – Evangelii gaudium (17)

 

Por lo común, cuando se menciona o se anhela “la alegría”, se la suele asociar con la fiesta, la jarana, el jolgorio, la carcajada.

 

No así lo hizo Jesús, cuando en su primer discurso (según Mateo) unió “la felicidad”, “la beatitud” (makárioi: Mt 5,1-12), con lo que se suele aborrecer o tener lejos de la vista: los pobres, pacientes, afligidos, etc…

 

Significativa unión armónica, que nunca hemos de perder de vista en nuestros logros, éxitos y frutos de apostolado o desilusiones y derrotas. No siempre todo nos saldrá a pedir de boca, pero que las borrascas o fracasos nunca nos hagan bajar los brazos (18).

 

Nos puede ilustrar y alentar la carta de Pablo a los Filipenses. Tratándose de una “epístola de la cautividad”, redactada en el calabozo, no menos de 11 veces evoca o exhorta a la alegría (1,3.18.25; 2,2.17-18.28; 3,1; 4,1.4.10). De los cuales pasajes, sea permitido resaltar algunos, ya que muestran la magnanimidad en el genuino gozo del Apóstol.

 

Aún sabiendo que muchos predicaban a Cristo con envidia respecto a sí mismo, escribió: “Aquellos, en cambio, anuncian a Cristo por espíritu de discordia, por motivos que no son puros, creyendo que así aumentan el peso de mis cadenas. Pero ¡qué importa! Después de todo, de una u otra manera, con sinceridad o sin ella, Cristo es anunciado y de esto me alegro y me alegraré siempre” (ibid., 1,17-18) (19). “Y aunque mi sangre debiera derramarse como libación sobre el sacrificio y la ofrenda sagrada, que es la fe de ustedes, yo me siento dichoso y comparto su alegría. También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo” (ibid., 2,17-18). “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense” (ibid., 4,4). “Yo tuve gran alegría en el Señor cuando vi florecer los buenos sentimientos de ustedes con respecto a mí” (ibid., 4,10).

 

Recordemos también la dicha del mismo Jesús: “En aquella hora se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: ‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños’.” (Lc 10,21)

 

Contamos con gran cantidad de esta “alegre sabiduría”, inspirada casi directamente por el mismo Espíritu Santo a pequeños, iletrados, pero santos.

 

Santa Juana de Arco, antes de sus gloriosas gestas militares en favor de Francia, había sido una pastora analfabeta. Cuando fue hecha prisionera por los invasores ingleses, se la sometió a juicios tremendos, para poder condenarla como “hereje”. Sus jueces fueron doctísimos teólogos dominicos, aliados con los enemigos de Francia. Dado que nadie puede estar seguro de estar en gracia de Dios (20), al fin de enredarla, le preguntaron: “¿Estás tú en gracia de Dios?” Ella respondió: “Si estoy, que Él allí me guarde. Si no, que Él allí me guíe”. Se entregó por completo al Señor, sin ponerse a sí misma en el centro, respondiendo en perfecta teología de la gracia.

 

Así también, el Santo Cura de Ars; cuando empezaba a ser reconocido como gran confesor, de modo que se agolpaban en su confesonario peregrinos de casi toda Francia, algunos clérigos envidiosos organizaron una junta de firmas, para pedir al obispo que no se dieran tales atribuciones a quien se había mostrado tan retrasado en sus estudios. Y bien, una de esas folias vino a caer en manos del mismo Juan B. María Vianney, que… agregó su propia firma a la lista de los “protestantes” en su contra. Evidente rasgo de buen humor, respecto a su propia valoración, tan alejada de cualquier altanería.

 

Santa Bernadette Soubirous era hostigada hasta por el cura párroco de Lourdes, cuando comunicaba los mensajes recibidos de la Virgen. Entonces respondía con total sentido común: “No me mandó la Señora que los convenciera, sino que les comunicara lo que les estoy contando”.

 

A mí mismo me pasó que, colaborando con una misión en el “Hospital Misericordia” de Córdoba, al acercarme a confesar a una ancianita, me dijo: “Padre, yo ya estoy sentenciada: tengo cáncer. Pero… ¿sabe lo que es? Allá en Traslasierra, donde yo vivía, el cura pasaba casi sólo una vez al año y aquí, tengo a Jesús todos los días”. ¡Cuánta apreciación “sabia”, para tantos que tenemos el Sagrario tan al alcance y cerca de nuestras moradas!

 

Con todo, esta preferencia de Jesús por la “sabiduría de los pobres y humildes” no quiere decir que tengamos que dejar los estudios, la mejor preparación, la conciencia de que nunca podremos dejar de cultivarnos en Sagrada Escritura, Teología, recursos para responder a dificultades que se presentan contra la fe, etc.

 

El Señor, excluyendo a “los sabios y entendidos”, se refiere a los que se pavonean con sus títulos y diplomas, o buscan far carriera. Sólo advierte, pues, para que no seamos pagados de nosotros mismos, que no se nos suban los humos a la cabeza o a fin de no afanarnos detrás de pretensiones honoríficas.

 

Puede ilustrar esta advertencia la siguiente anécdota (21). Iban los que asistieron a la escena en un automóvil por una carretera canadiense. Delante de su coche marchaba otro que, en una curva muy cerrada, se estrelló malísimamente, de modo que sus ocupantes resultaron casi difuntos.           Al bajarse del auto, para examinar el estado en que habían quedado los accidentados, uno observó: “Miren, aquel tiene una cadena y una cruz. Ha de ser un obispo”. El personaje señalado, ya casi cadáver, replicó: ARZ–OBISPO.

 

Orán, 5/IX/2015.

                       

1) ADVERTENCIA PREVIA: Dos días antes de mi viaje a Orán, para ofrecer una charla sobre Los Mártires del Zenta, el Pbro. Martín Alarcón me pidió si podría también brindar algunas consideraciones sobre la encíclica del Papa Francisco: Evangelii gaudium. No disponiendo del tiempo suficiente para tal objetivo, le propuse desarrollar algunos balbuceos sobre la Evangelización, basándome en el mismo Nuevo Testamento. Tal fue lo que expuse el 29/VIII/2015, sometiéndolo ahora a la consideración de los indulgentes lectores.

2) Que, con todo, se conectaba con el “comienzo”, querido por el mismo Dios y que… hoy anda también tan discutida en vísperas de la última etapa del Sínodo de los obispos…

3) Más aún que en la democrática Grecia, donde las mujeres quedaban reducidas a los “gineceos”.

4) A. Aznar, Los caranchos y el Cura Brochero. Su lenguaje enfático, Córdoba (1956) 7-8. Tomado a su vez de: Pbro. César Alejandro Pluchinotta, El Cura Brochero, Hombre – Sacerdote / Su humanidad y espiritualidad sacerdotal, Ed. Lumen, Buenos Aires-México (2013) 122, n. 260.

5) Mucho influyó en estos talantes la teoría del “cristianismo anónimo” de K. Rahner, a la cual (sin nombrarla) fustigaba la Redemptoris Missio de San Juan Pablo II: “No obstante, debido también a los cambios modernos y a la difusión de nuevas concepciones teológicas [resaltado por mí], algunos preguntan: ¿Es válida aún la misión entre los no cristianos? ¿No ha sido sustituida quizás por el diálogo interreligioso? ¿No es un objetivo suficiente la promoción humana? El respeto de la conciencia y de la libertad ¿no excluye toda propuesta de conversión? ¿No puede uno salvarse en cualquier religión? ¿Para qué entonces la misión?” (Roma, 7/XII/1990, Nº 4. Ed. Claretiana, Buenos Aires 1991, 9-10). Nueve años después tuvo que salir también la Dominus Jesus (6/VIII/2000), en referencia a tan extendido relativismo misionero.

6) Ver: G. Ravasi, Lettera ai Corinzi, Bologna (1991) 48.

7) Es una exageración, pero se contaba en tiempos de las tristemente célebres “controversias de auxiliis” (entre los siglos XVI y XVII), en las que los jesuitas (molinistas) se oponían a los dominicos (bañecianos), que un dominico, durante unas predicaciones cuaresmales, anunció: “Mañana hablaré de la Compañía de Jesús”. Al otro día se colmó de público el templo y, dado que en aquella Iglesia había a un lado un altar con el nacimiento del Niño Dios y en el muro de enfrente otro con el Calvario, el ingenioso, pero no menos malicioso, predicador, señalando al pesebre, dijo: “Compañía de Jesús: al nacer: bestias” (por el asno y el buey, que suelen colocarse al lado del Divino Niño). Y volviéndose al otro altar: “Al morir, ladrones”.

8) O “buenismo”, como la suelen llamar hoy en día.

9) Que reproduce, por otra parte, el ya antiguo consejo veterotestamentario: “Porque el Señor corrige a los que ama, como un padre a su hijo predilecto”.

10) Recuerdo, al respecto de estos vicios de “mero funcionalismo”, que, encontrándome en una ocasión internado, a causa de una intervención quirúrgica, sentí que se acercaban los enfermeros por el pasillo, para asear los lechos donde yacíamos los enfermos. Entre sus conversaciones, escuché la apreciación “chistosa” de uno de ellos: “Vamos a ver cómo están estos ‘fiambres’.” Una situación tan delicada como la enfermedad suele volver duros e insensibles, ya a médicos como a enfermeros, y… no menos a sacerdotes, religiosos y fieles.

11) Hebr 13, 8.

12) Basada en la obra de Prosper Merimée: Carmen (1845).

13) De ahí la consideración muy sagaz de un dicho alemán: “Creo en el amor a primera vista. Pero tengo por aconsejable dar un segundo vistazo”. Porque no se enamora uno de “Miss Universo” o una de “Charles Atlas” o el “Príncipe azul”. El amor humano se da entre personas adornadas de cualidades y virtudes y limitadas no menos con defectos e imperfecciones. El verdadero amor no busca “lo que a MÍ me agrada de la persona querida”, sino que es entrega en las buenas y en las malas. Como bien lo decía San Agustín: “Ubi est amor non est labor, aut ipse labor amatur” (= “donde hay amor no hay trabajo o el mismo trabajo es amado”; De bono viduitatis 21,26). También lo observa la sabiduría popular cuando acuña la frase: “Contigo, pan y cebolla”. Es decir: la persona verdaderamente querida no necesita pompas o banquetes exquisitos, para ser verdaderamente amada.

14) En el anterior versículo, le había recomendado asimismo: “Hasta que yo llegue, dedícate a la lectura, a la proclamación de las Escrituras, a la exhortación y a la enseñanza” (ibid., v. 13).

15) El original griego es muy ilustrativo, ya que se compone de: aná (= hacia arriba), zo (= vivir), pyréin (= fogonear). De modo que viene a indicar el cuidado, que hay que tener siempre, para que las brasas sean sopladas, y así reaviven su fuego hacia arriba, ya que de lo contrario se extinguiría.

16) “Un espacio para lo sagrado”, en la obra común: Card. Joseph Ratzinger-Vittorio Messori, Informe sobre la fe, Madrid –BAC popular– 1985, 139.

17) De algún modo, recojo la sugerencia primera que me hiciera el P. Martín Alarcón.

18) Así, podríamos calificar como totalmente rechazado al maravilloso discurso de San Esteban (Hech 7,1-53), que culminó con su inmediata lapidación. Pero, hubo allí un “joven”, encargado de cuidar los mantos de los verdugos, Saulo, que fue el que llevó adelante y realizó la visión universal de Esteban.

19) Subrayemos hasta qué punto el gozo de Pablo está desprendido de sus propias conveniencias. Cristo anunciado, sea como sea, le basta para redundar en alegría.

20) “Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor” (I Cor 4,4).

21) Que le escuché al P. Jean-Noël Aletti, profesor del Pontificio Istituto Biblico de Roma y del cual fui colega en la Pontificia Comisión Bíblica (2002-2013).

 

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Vivimos en un tiempo en que toda clase de información da la vuelta al mundo a una velocidad vertiginosa. Sin embargo, la gran mayoría de la gente ignora las leyes de Dios y sus promesas. Hoy la Iglesia Católica se encuentra en una de las más graves crisis de su historia y las circunstancias demandan que los fieles tengan el espíritu de los primeros cristianos, quienes estuvieron dispuestos a sufrir persecución y martirio por enseñar las sendas de la vida al mundo pagano. Dios nos ha traído a esta hora para servir a la humanidad de esa misma manera. Debemos hacer saber al mundo que la vida abundante prometida por Jesús sigue disponible para todos aquellos que aceptan el desafío de vivir en la gracia de Dios.

 

Nosotros los fieles tenemos que hacer un esfuerzo para auto-evangelizarnos y entonces poder evangelizar a otros, pero mayormente debemos cultivar la voluntad de entregar el mensaje del Evangelio a un mundo empeñado en auto-destruirse. Ésta no es una época cualquiera. Millones de almas pueden ser salvadas o perdidas.

 

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Conocemos que hay un Dios por las leyes de la Naturaleza

(Curso de Apologética –Parte 4)

 

Raymond de Souza, KM

 

Debes de haber notado que hay muchas leyes en la Naturaleza: en física, química, biología, matemática, álgebra, geometría, etc. Los científicos no inventan las leyes de la naturaleza; sólo las descubren. Incluso la mota de polvo más pequeña está, en todos sus movimientos y cambios, sujeta a leyes naturales fijas. Lo mismo vale para los seres vivos –plantas, animales y hombres: cada especie crece, se desarrolla y actúa de la misma manera. Ellos siguen las leyes específicas de su propia naturaleza. El universo entero está unido en un conjunto enorme e increíblemente complicado, como una máquina grande y maravillosa, cuyas partes encajan admirablemente en un orden perfecto.

 

Mira el movimiento ordenado de la Vía Láctea y las galaxias; o lo que podemos ver en las fotos tomadas por el telescopio Hubble; o la estructura maravillosa de los seres vivientes y sus órganos, tales como la vista y el oído, los estupendos instintos de los animales, como en el trabajo de las abejas y la construcción de los nidos de los pájaros, etc. Además, la actividad libre del hombre, sus grandes logros en ciencia, literatura y arte –todas esas maravillas son dones de la naturaleza, sí, pero siempre en conformidad con sus leyes. Los animales que no vuelan no vuelan, pura y simplemente. No les crecen alas a los perros ni a los sapos, ni mucho menos a las tortugas. Empero los hombres tampoco vuelan, y sin embargo pueden aprender las leyes de la aerodinámica y hacer máquinas que vuelan. La inteligencia de los hombres puede perfeccionar el orden del universo.

 

Ahora bien, ¿es razonable suponer que esas leyes naturales, que producen efectos tan vastos, y sin embargo tan ordenados en su conjunto y en sus menores detalles, podrían haber surgido por mero azar? ¿Puede haber una ley sin un legislador? ¿No es inmensamente más razonable admitir que las leyes inteligibles provienen de mentes inteligentes, los legisladores? Un Legislador que enmarcó esas leyes, y las dirigió en su obrar para alcanzar los fines deseados. Ese Legislador debe ser un ser de una inteligencia increíblemente vasta. Él también debe poseer libre albedrío, porque ha dado esa facultad a una de Sus criaturas: el hombre. Él debe poseer un poder que está más allá de nuestra capacidad de medida, un poder al cual nuestras mentes no pueden poner ningún límite.

 

Volvamos a tu vieja cámara fotográfica. Su fabricante juntó los materiales que necesitaba; los modeló, presentó y limpió con gran cuidado, y finalmente los encajó unos a otros. Ahora tú tienes tu cámara. Tú puedes admirar su destreza, y sin embargo tú sabes que tú mismo, con un entrenamiento adecuado, también podrías hacer tu propia cámara.

 

¿Pero qué hay del hacedor de esa otra cámara, el ojo humano? ¿Cómo hizo Él su trabajo? ¡De una forma sumamente misteriosa que somos bastante incapaces de entender, y que reconocemos como mucho más allá de la posibilidad de imitación…! Podemos aprender a fabricar una cámara hecha de metal o plástico, pero no podemos aprender a fabricar un ojo humano por nuestra cuenta –para tener ojos humanos debemos seguir las leyes de la naturaleza y engendrar humanos, que normalmente nacen con ojos.

 

El gran Isaac Newton, quien descubrió las leyes del movimiento de los cuerpos celestes, escribió lo siguiente: “Este hermosísimo sistema del sol, planetas y cometas no pudo de ningún modo venir a la existencia sin el diseño y la propiedad de un Ser a la vez inteligente y poderoso… Este Ser gobierna todas las cosas, no como si Él fuera el alma del mundo, sino como el Amo de todo. (…) Nosotros Lo admiramos por Sus perfecciones, y Lo veneramos y adoramos por su Señorío.” (Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1687), III, Sch. Gen.).

 

 

Conocemos que hay un Dios debido a la ley básica del movimiento

 

Cuando estudiamos física en el liceo, aprendimos acerca de las propiedades de la materia. Una de ellas es llamada inercia. Afirma que un cuerpo inanimado no puede comenzar un movimiento o detener un movimiento sin un motor desde afuera. Por lo tanto, si tú ruedas una pelota sobre el suelo, sabes que, más pronto o más tarde, va a detenerse. ¿Por qué? A causa de al menos dos factores que interfieren con su movimiento: gravedad y fricción. Empero, si la pelota es lanzada por un cohete al espacio, donde no hay gravedad ni fricción, seguirá moviéndose por siempre, a menos que choque contra otro cuerpo en el espacio que lo haga detenerse o frenarse. A la inversa, la pelota no podría arrojarse a sí misma rodando sobre el piso ni al espacio a menos que una fuerza desde afuera –tu brazo o un cohete– inicie el movimiento. Esto se llama la ley de inercia, y todo científico la conoce.

 

¿Y qué?, podrías preguntar. Simple: si los planetas se mueven alrededor del sol, ¿cómo comenzaron a moverse? ¿Quién hizo que se movieran? Decir que fue una gran explosión sólo pospone el problema, porque no puedes explicar la energía dentro de la masa original y quién encendió la explosión. Lo mismo se puede decir del movimiento de los electrones alrededor del núcleo de un átomo. Ellos no pudieron iniciar el movimiento sin un motor externo.

 

Por lo tanto, la experiencia cotidiana nos muestra que las cosas se mueven. Ninguna cosa del mundo visible se puede mover enteramente por sí misma, es decir sin ayuda. Ninguna cosa móvil contiene en sí misma la explicación completa de su movimiento. Esto es especialmente así en el caso de los cuerpos inanimados. Ellos se mueven sólo si son movidos. No se mueven a sí mismos de ninguna manera. Obtienen todo su movimiento desde afuera de sus seres.

 

Apliquemos estas observaciones a la Tierra y los cuerpos celestes. Que algunos de estos cuerpos están en movimiento es manifiesto. El movimiento de la Tierra sobre su eje es un hecho probado. Su movimiento alrededor del sol es igualmente cierto. ¿Cómo obtuvo la Tierra su movimiento? Muchos físicos dicen que obtuvo su movimiento del Sol, el cual, dando vueltas, la arrojó fuera como un fragmento. ¿Pero de dónde el Sol obtuvo su movimiento? Algunos dicen que el Sol obtuvo su movimiento de un cuerpo más grande del cual formó parte una vez, mientras que otros afirman que el Sol con su movimiento es el resultado de una colisión entre dos estrellas. ¿Pero cómo se originó el movimiento del cuerpo más grande o de las estrellas? La ciencia puede proveer conjeturas pero, al hacerlo, nos habla meramente de otro cuerpo móvil u otros cuerpos móviles cuyo movimiento necesitaría igualmente explicación.

 

Esa respuesta nos dejaría exactamente donde estábamos: aún estaríamos tan lejos como siempre de una explicación final y satisfactoria del movimiento de la Tierra. La única respuesta real que excluye cualquier indagación ulterior es que el movimiento se debe inmediatamente o en última instancia a alguna fuente inmóvil de movimiento, al primer motor.

 

Debe existir, por lo tanto, un ser distinto del mundo, que le dio el movimiento. Ese ser es, o bien el primer motor o un ser movido por algún otro. Si ese motor es movido por otro, ¿de dónde ese otro derivó su movimiento? La pregunta sobre la fuente del movimiento puede ser respondida satisfactoriamente sólo cuando, finalmente, alcanzamos un primer motor que no es movido por ningún otro. A ese primer motor lo llamamos Dios.

 

(Artículo traducido del inglés por Daniel Iglesias Grèzes).

 

(Raymond de Souza es conductor de un programa de EWTN; coordinador regional de Human Life International [Vida Humana Internacional] para los países de habla portuguesa; presidente del Sacred Heart Institute [Instituto del Sagrado Corazón]; y miembro de la Soberana, Militar y Hospitalaria Orden de los Caballeros de Malta. Su sitio web es: www.RaymonddeSouza.com).

 

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Birth Control (1914-1942)

 

José Alfredo Elía Marcos

 

A principios del s. XX gran parte de la clase política de los países del ámbito anglosajón ve en el control de natalidad o Birth Control una herramienta de control político contra los pobres, los más desfavorecidos y las razas “inferiores”. El Birth Control incluía la esterilización de enfermos mentales, clínicas abortivas en barrios de negros y latinos, reparto de métodos anticonceptivos entre las clases pobres, etc.

 

Varios personajes fueron los artífices de que esta forma de práctica inhumanista se llevara a cabo de manera organizada y a gran escala: Margaret Sanger y Clarence Gamble en los Estados Unidos, y Marie Stopes y Annie Besant en Inglaterra.

 

4.1. Margaret Sanger: la creadora del “control de la natalidad”

 

Margaret Sanger es la principal ideológica y artífice de la estrategia del Control de la Natalidad (Birth Control). Ella es quien fusionará las principales corrientes antihumanistas del momento: neomaltusianismo, eugenismo, feminismo radical y teosofía neopagana.

 

Margaret Sanger (1879-1966) nace en Irlanda en el seno de una familia numerosa de once hijos. Aunque su madre era católica, su padre ejercía una dictadura antirreligiosa en casa impidiendo a su esposa ir a misa o instruir a los niños en la fe cristiana. Margaret se hizo enfermera en un hospital y se casó con un anarquista llamado William Sanger, con quien tuvo tres hijos que luego abandonó, pues la vida de hogar la “aburría”. Su biógrafa Madeline Gray cuenta que “le encantaba abrazar y besar a sus hijos, pero responsabilizarse de ellos era otra cosa distinta”. Su hijo Grant escribía años después: “Madre raramente se encontraba en casa. Se limitaba a dejarnos con cualquiera que tuviese a mano, y se iba corriendo a no sabemos dónde”.

 

Partidaria del “amor libre”, tuvo varios amantes. Con el fin de evitar la incomodidad de los embarazos, viaja a Francia para entrar en contacto con los métodos contraceptivos que empleaban las prostitutas en los burdeles. También contacta con la feminista radical Emma Goldman, con quien tiene una relación sentimental, hecho que desencadenó el divorcio con su marido. Una vez instruida en el neomaltusianismo que imperaba en Europa, vuelve a los Estados Unidos donde se propone liderar una “cruzada” por el control de la natalidad, la liberación del deseo sexual y la nueva ciencia de la eugenesia.

 

En 1914 publica un periódico titulado The Woman Rebel (La mujer rebelde), un panfleto presidido en su cabecera por el lema: “¡No hay dioses! ¡No hay amos!”. En él Margaret Sanger proclamaba la siguiente máxima: “Más hijos para los capacitados; menos hijos para los incapacitados, ésa es la esencia del control de la natalidad” (Margaret Sanger, edición de mayo de 1919 del Birth Control Review).

 

Afiliada al Partido Socialista Estadounidense, Margaret pretendía ayudar a los pobres, pero se alió con las clases pudientes de su época, a la que prestó favores sexuales para ganarse su apoyo e influencia: Havelock Ellis, Lorenzo Portet, Johann Goldstein, Hugo de Selicourt, H. G. Wells, Herbert Simonds, Harold Chile, Angus MacDonald, Hobson Pitman,… y el magnate del aceite Tres en Uno, James Henry Noah Slee, fueron algunos de sus amantes. Con este último se llegó a casar, atraída por su cuantiosa fortuna; le obligó a firmar un acuerdo prenupcial que le otorgaba “completa libertad sexual sin preguntas”.

 

En 1922 escribe uno de sus libros más esclarecedores de su pensamiento: The pivot of Civilization (El eje de la civilización). Allí expone con claridad las claves del birth control: “El aumento de la clase trabajadora debe regularse, ya que se compone de imbéciles benignos, que alientan los elementos defectuosos y enfermizos de la humanidad mediante su irresponsable enjambrar y engendrar. Tenemos que eliminar la “maleza humana”, segregar a los imbéciles, desajustados y mal ajustados y esterilizar a las razas genéticamente inferiores” (Margaret Sanger, The pivot of civilization, New York, 1922).

 

Una de las principales obsesiones de Margaret Sanger era realizar una especie de “selección natural” al estilo darwinista de los habitantes de los barrios pobres, “quienes a causa de su naturaleza animal, se reproducen como conejos y pronto podrían sobrepasar los límites de sus barrios o de sus territorios, y contaminar entonces los mejores elementos de la sociedad con enfermedades y genes inferiores”.

 

En sus memorias, Margaret Sanger describió su vida de familia como: "infeliz, y llena de trabajos ingratos y de temores". Sus últimos días vivió enganchada al alcohol. A la hora de su muerte, el 6 de septiembre de 1966, había perdido todo: dinero, amor, felicidad, satisfacción, familia y amigos. Tan sólo quedó su obra: la IPPF (Federación Internacional de Planificación Familiar), que, como ha definido Jorge Scala, es actualmente la mayor multinacional de la cultura de la muerte.

 

Control de la natalidad como medio práctico de la política racista

 

Margaret Sanger presenta el control de la natalidad como el mejor método de la política racista y eugenista en manos de las clases pudientes, para ejercer un control efectivo de la clase obrera pobre.

“El control de la natalidad en sí mismo, denunciado a menudo como violación de la ley natural, no es nada más y nada menos que la facilitación del proceso de deshacerse del indigno, de prevenir el nacimiento de defectuosos o de aquellos que lo serán”. “El desequilibrio entre el índice de natalidad del indigno y del digno es la mayor amenaza actual a la civilización. El problema más urgente hoy es cómo limitar y disminuir la sobre-fertilidad del mental y físicamente defectuoso” (M. Sanger).

 

Para Sanger el Birth Control no es menos importante que una política de segregación o que una guerra colonial, pues en todos los casos se trata de una batalla para eliminar a aquellos que “amenazan los privilegios de los poderosos y que no deberían de haber venido al mundo”. “Nuestro fallo de segregar a los imbéciles, quienes están aumentado y multiplicándose –un peso muerto de basura humana– engendra impasiblemente la clase de los seres humanos que nunca deberían haber nacido”. “Nosotros que bregamos por el control de la natalidad… insistimos en la interrupción de la reproducción de los no aptos así como en la interrupción de toda reproducción que tenga lugar en un ámbito donde no existen suficientes recursos económicos para hacerse cargo de los nacidos sanos” (Margaret Sanger).

 

El Negro Project o la eliminación de la raza negra

 

Uno de los planes de Margaret Sanger era emplear el “Control de la natalidad” para exterminar a

la población negra de los EE.UU. Este proyecto fue llamado “Negro Project” y fue mantenido en secreto por sus promotores. Margaret Sanger explicaba por carta su plan a otro de los promotores del birth control (Clarence Gamble): “El enfoque educacional más exitoso para llegar al negro es a través de un llamamiento religioso. No queremos que nadie se entere de que queremos eliminar a la población negra, y el ministro religioso es el hombre que puede aclarar esa idea… Deberíamos contratar a tres o cuatro sacerdotes de color, preferentemente con conocimientos del servicio social y con atrayentes personalidades, para que expliquen a los negros las bondades de la anticoncepción”.

 

En la actualidad los negros representan el 11 % de la población de los Estados Unidos, mientras que sufren del 32 al 43 % de los abortos de este país. Muchas asociaciones por los derechos civiles de los negros reconocen que los métodos abortivos y anticonceptivos usados por Margaret Sanger asesinan anualmente a más negros que todos los linchamientos perpetrados por el Ku Klux Klan en toda su historia. No es de extrañar que Margaret Sanger realizara numerosas conferencias en los Estados sureños entre las asociaciones afines al Klan, donde encontró grandes apoyos.

 

Hoy en día la tasa de esterilización en los EE.UU. entre las personas de la raza negra es 45 % más alta que entre los blancos. Entre los hispanos la proporción es el 30 % más alta. Hasta un 42 % de todas las madres indígenas de los Estados Unidos y el 35 % de las mujeres de Puerto Rico han sido esterilizadas. En Houston, Texas y en Fort Wayne, Indiana, la asociación creada por Margaret Sanger, Planned Parenthood, ha usado cupones de descuento, discos de música pop y bailes para atraer a mujeres de minorías étnicas a sus "clínicas". En otras ciudades son sobornadas con dinero o con premios.

 

Esterilización de los débiles mentales

 

Otro de los objetivos de Margaret Sanger era la esterilización y eliminación de los minusválidos y “débiles mentales”. Según ella este grupo ascendía a 25 millones de personas. Aproximadamente la quinta parte de de los norteamericanos que vivían en esa época en el país.

 

“La raza aria es hoy más dada al control de la natalidad y debe darse cuenta de que no sufre internacionalmente por la ignorancia relativa de la estirpe inferior”. “Hay solamente una respuesta a la necesidad de obtener una tasa de natalidad más alta entre los más inteligentes, y ella es pedirle primero al gobierno que nos alivie del peso de los dementes y de los débiles mentales. La respuesta para esto es la esterilización”. “Que sea la ley que ninguna cosa mutilada deba ser alimentada” (Margaret Sanger, Woman and the New Race).

 

Publicó un número de artículos en la Revista del Control de la Natalidad que reflejaban la retórica de la supremacía racial aria y blanca de Hitler. Llegó a solicitar al Dr. Ernst Rudin, director del programa nazi de experimentos médicos, que escribiera en dicha revista. En 1931, Sanger fundó la Asociación de Población de América (Population Association of America), encabezada por Henry Pratt Fairchild, el principal profesor racista de esa década. En 1932 delineó su "Plan para la paz", pidiendo la esterilización forzosa, segregación obligada y campos de concentración para "rehabilitar" a todas las razas "genéticamente inferiores".

 

Selección elitista de las clases acomodadas

 

“Nuestra tarea está no solamente en prevenir la multiplicación de la mala estirpe; está también en preservar la estirpe bien dotada”. “Por el interés del progreso social o incluso por la permanencia de la civilización, las clases intelectuales deben tener más niños”. “Nuestro problema más acuciante es aumentar el índice de natalidad del superior y disminuir el del inferior” (Margaret Sanger).

 

Destrucción de la familia y el matrimonio

 

Margaret creía que la familia y el matrimonio estable eran perjudiciales para sus objetivos y que las principales acciones antinatalistas debían llevarse a cabo allí. “La acción más misericordiosa que puede hacer una familia numerosa por uno de sus miembros más pequeños es matarlo”. “La cama del matrimonio es la influencia más degenerativa en el orden social”. “Ninguna mujer tiene derecho legal de concebir a un niño sin un permiso para la maternidad” (Margaret Sanger).

 

Anticristianismo: la Iglesia como principal enemiga del progreso de la raza

 

Miembro de la secta masónica anticristiana Unity, Sanger veía a los pobres como una amenaza al poder político y económico de los anglosajones blancos, en razón de la superioridad numérica de los inmigrantes eslavos, latinos y judíos. Por ello criticará fuertemente toda la labor social y caritativa que llevaban a cabo las congregaciones religiosas y los misioneros cristianos. “Los filántropos que proporcionan cuidados gratis de maternidad estimulan a los segmentos más sanos y normales del mundo a soportar la carga de la fecundidad irreflexiva e indiscriminada de los demás: lo que trae consigo… un peso muerto de desperdicio humano; en lugar de disminuir y dedicarse a eliminar las estirpes que más perjudican el futuro de la raza y del mundo, tienden a volverlas dominantes en un grado amenazador” (Margaret Sanger).

 

4.2. Marie Stopes y el Birth Control en Gran Bretaña

 

Nacida de una familia acaudalada en Escocia, Marie Stopes (1880-1958) se instruyó en casa por sus padres hasta que entró al internado en Londres a los doce años. Después estudió botánica, obteniendo el doctorado por la Universidad de Munich. En 1911 se casó con Reginald Ruggles Gates, pero al descubrir que éste era estéril se divorció. Se vuelve a casar con Humphrey Roe, un acaudalado constructor de aeronaves, pero éste le sugirió que tuviera un amante, y Marie y él firmaron un contrato al respecto. Por lo tanto, durante el resto de su vida, Marie tuvo un gran número de amantes jóvenes con el consentimiento de su esposo.

 

Radical defensora de la selección y pureza racial, se decidió a adoptar a un niño que cumpliera ciertas condiciones: que fuera “completamente sano, inteligente y no circuncidado”. Cuando su hijo Harry fue adulto, desaprobó su matrimonio con una mujer por el simple hecho de que ésta era miope, llegando a desheredarlo.

 

A los 38 años publicó un folleto titulado Married Love, con siete ediciones y más de un millón de copias vendidas. Allí defiende el derecho al control del propio cuerpo y al placer sexual femenino. También defiende la esterilización obligatoria de aquellas personas que, en su opinión, no son aptas para la paternidad: enfermos, alcohólicos o simplemente aquellos que tuvieran “mal carácter”, pues lo consideraba “esencial para el progreso racial”.

 

Marie Stopes perteneció a las logias teosóficas fundadas por Madame Blavatsky, ocupando puestos relevantes. Fue ella quien organizó el primer congreso teosófico europeo.

 

Su defensa del “amor libre” la llevó a ver que no podía vivir libremente su sexualidad mientras tuviera el temor de un posible embarazo. Publica entonces un libro titulado Wise Parenthood (1918), donde describe diversas técnicas de anticoncepción. En los años 20 inicia el negocio del aborto y la anticoncepción en el Reino Unido, abriendo el 21 de marzo de 1921, en el barrio de Holloway al norte de Londres, la primera clínica de control natal en el mundo. En 1920 contribuyó con el manifiesto del círculo de eugenistas ingleses The Control of Parenthood. En él se presentaba una utopía que pasaría por la “purificación racial” de la sociedad. “No se puede hacer mucho por los que forman en la actualidad la población de débiles y defectuosos. No obstante se pueden estudiar las condiciones en que llegaron a este mundo, descubrir las principales fuentes u orígenes de sus defectos y eliminar estas fuentes de la próxima generación, a fin de privar a los que aún están por nacer de las cargas innecesarias que la lucha por la vida les hubiera de dar” (The Control of Parenthood, Section II. Racial and Imperial Aspects).

 

Marie Stopes dedicó toda su vida a fomentar el antinatalismo en los barrios pobres. Se mostró contraria a la abolición del trabajo infantil, pues para ella prolongaba la irresponsabilidad de los jóvenes de las clases bajas. Publicó varios textos sobre anticoncepción y amor libre: A Letter to Working Mothers (1919); Radiant Motherhood (1920) y Enduring Passion (1928). Fundó la “Sociedad para el control de la natalidad y el progreso racial”. Para ella, el control de natalidad no era sino el instrumento que permitiera implantar la agenda racista y eugenista de las políticas de la época. “La sociedad permite a los enfermos, a los racionalmente negligentes, a los pobres, a los carenciados, a los débiles intelectuales, a los más bajos y peores miembros de la humanidad, producir miles y miles de criaturas inferiores; muchos de ellos, muertos por su herencia física o al menos impedidos de una vida normal, drenan los recursos de las clases pudientes que tienen un sentido de responsabilidad. Las clases mejores, liberadas del costo de instituciones, hospitales, prisiones, etc., principalmente llenos de los inferiores raciales, serían capaces de agrandar sus propias familias” (Marie Stopes).

 

Firme admiradora de Hitler y de sus métodos, asistió a un congreso nazi sobre “ciencia y población” que se celebró en Berlín en 1935. También envió a Hitler varios libros de poemas con afectuosas dedicatorias firmadas de su propio puño. Havelock Ellis, principal promotor del birth control en Alemania y perseguido por el régimen nazi por ser judío, reconoció en Marie Stopes sus intenciones antisemitas en la promoción del antinatalismo.

 

Profundamente anticristiana, se enfrentó en numerosas ocasiones a los católicos, llegando a realizar actos provocativos en la propia catedral de Westminster de Londres.

 

Fundó dos grandes multinacionales de la muerte como son la Planned Parenthood y la Fundación Marie Stopes Internacional (MSI), que se encuentra actualmente implantada en 42 países (Bolivia, Gran Bretaña, Australia, Kenya, Sudáfrica, Pakistán, Bangladesh, etc.). En sus más de 560 centros se promueven los métodos anticonceptivos, abortivos y de esterilización.

 

A los 77 años de edad se le diagnostica un cáncer de mama avanzado, falleciendo el 2 de octubre de 1958. Toda su fortuna personal la donará a la Sociedad Eugenésica inglesa.

 

4.3. Los congresos internacionales de Birth Control

 

Como hemos visto, el birth control se difundió rápidamente por muchos países del mundo. Uno de los elementos más relevantes en esta propagación fueron las conferencias y congresos internacionales de población en los que se hablaba de métodos de control de la población y de depuración de la raza. Los más importantes fueron:

- 1921: IV Conferencia Internacional de Maltusianismo y Birth Control en Amsterdam.

- 1922: V Conferencia en Londres.

- 1926: VI Conferencia Internacional de Maltusianismo y Birth Control.

- 1927: I Congreso Internacional de Población, donde se crea la Unión Internacional para el estudio científico de la población.

- 1928: VI Conferencia en New York.

- 1930: VII Congreso sobre anticoncepción en Zurich.

 

El objetivo de todos estos congresos fue llamar la atención de los gobiernos sobre las ventajas del control de la natalidad para sus políticas racistas e imperialistas.

 

4.4. Los programas de esterilización forzada en el mundo

 

Por los años 20, diversos países de la órbita anglosajona empezaron a introducir en sus políticas sanitarias programas de esterilización forzada con fines eugenésicos. El principal objetivo era impedir la reproducción y multiplicación de miembros de la población considerados como portadores de rasgos genéticos defectuosos.

 

Los Estados Unidos

 

El primer país en aplicar la esterilización forzosa fue Estados Unidos. Los propulsores de estos programas eran firmes defensores de la eugenesia como Charles Davenport, Lothrop Stoddart, Harry Laughlin, etc. Las principales víctimas fueron los retrasados mentales y los enfermos mentales; pero en muchos estados se incluyeron también a sordos, ciegos, alcohólicos, tuberculosos, sifilíticos, leprosos, criminales, idiotas, pobres, deformes, epilépticos y personas sin domicilio fijo. En 1926 la Corte Suprema estadounidense aprobó una ley de esterilización cuyo borrador había sido elaborado por un equipo de prestigiosos biólogos. En el preámbulo se decía: “Considerando que la herencia tiene una función de la mayor importancia en la transmisión de la delincuencia, la idiotez y la imbecilidad…”. El proyecto legal mostraba claramente cuál era el objetivo perseguido: “preservar la pureza de la raza blanca”. Oliver Wendell, miembro del Tribunal Supremo afirmó: «En vez de ejecutar a los degenerados o de dejarles que mueran por su propia imbecilidad, es mejor que la sociedad pueda evitar a tiempo que los manifiestamente inútiles tengan descendencia».

 

G. W. Hunter, uno de los biólogos que preparó el borrador de la ley, publicó el libro A Civic Biology. En el capítulo que lleva por título Parasitism and Its Cost to Society: the Remedy (El parasitismo y su costo para la sociedad: la solución), dice: "Cientos de familias como las que hemos descrito más arriba existen hoy en día, extendiendo enfermedades, inmoralidad y crimen a todas partes de este país. El coste para la sociedad de estas familias es muy severo. De la misma manera que ciertos animales y plantas se hacen parásitos de otras plantas y animales, estas familias se han convertido en parásitos de la sociedad. No solamente son dañinas para los demás corrompiendo, robando o extendiendo enfermedades, sino que en realidad son protegidas y cuidadas por el estado con dinero de todos. Las casas para pobres y asilos existen principalmente para ellos. Son auténticos parásitos. Si esta gente fuesen animales inferiores, seguramente se les mataría para impedir que se extendiesen. La humanidad no permitirá esto, pero tenemos la solución de separar los sexos en los asilos u otros sitios y prevenir de varias maneras el matrimonio entre ellos y las posibilidades de perpetuar esta raza tan baja y degenerada".

 

Miles de amerindios y mujeres afroamericanas fueron esterilizados contra su voluntad por motivos racistas, mientras estaban hospitalizados por diversas causas, como por ejemplo dar a luz. Algunas esterilizaciones tuvieron lugar en prisiones e instituciones penales, con el objetivo de “luchar contra la criminalidad”. Desde 1927 hasta 1972 más de 650.000 personas fueron esterilizadas en 33 estados mediante programas estatales de “depuración racial”.

 

El clan Rockefeller estuvo implicado en un estudio para emplear los rayos X en la esterilización masiva de mujeres. Una inmensa mayoría de las mujeres que formaron parte de los experimentos murieron días después por desangramientos y severas hemorragias. California llevó a cabo más de un tercio de todas las operaciones de esterilización. El programa que se implantó en este estado fue publicado en un libro por los eugenistas E. S. Gosney y Paul B. Popenoe, y fue punto de referencia para el programa que Adolf Hitler introdujo, años después, en la Alemania nazi, al probarse la eficacia de un plan de esterilización a gran escala.

 

Alemania

 

En 1933 Hitler aprueba la Ley para la prevención de descendencia con enfermedades hereditarias (Gesetz zur Verhütung erbkranken Nachwuchses). Más de 200 tribunales eugenésicos se crearon específicamente como resultado de esta ley. Todos los doctores estaban obligados a denunciar a aquellos pacientes que fueran retrasados mentales, enfermos mentales (incluyendo a la esquizofrenia y el trastorno bipolar), epilépticos, ciegos, sordos o físicamente deformes, etc. con el fin de ser esterilizados.

 

El médico Horst Schumann fue el encargado de buscar un método "económico y rápido", con rayos X, para la esterilización en masa de hombres y mujeres. Sus pacientes –jóvenes, hombres y mujeres, en buen estado de salud, de una veintena de años– eran alineados en una sala de espera e introducidos uno por uno; por lo general ignoraban lo que les esperaba. Se introducía a las mujeres entre dos placas que les presionaban el abdomen y la espalda. En el caso de los varones, sus penes y escrotos eran puestos sobre una placa especial. Schumann accionaba los ruidosos aparatos y así cada “tratamiento” duraba solamente “algunos minutos”. Muchas mujeres salían con “quemaduras importantes” que a veces se infectaban y necesitaban muchos meses para curar. En muchos casos se presentaban síntomas de peritonitis, con fiebres, dolores agudos y vómitos. Luego de la exposición a los rayos X se practicaba quirúrgicamente la ablación de los ovarios. Casi ninguna de sus numerosas víctimas sobrevivió; siendo las causas de estas muertes las quemaduras sufridas, las "intervenciones complementarias" (extirpación de ovarios y testículos), el agotamiento físico y el shock psíquico.

 

Al final de la Segunda Guerra Mundial más de 400.000 personas habían sido esterilizadas bajo el auspicio de la ley alemana. Cuando en los juicios de Nuremberg se trajo a colación el tema de las esterilizaciones forzosas, muchos nazis se defendieron explicando que sus acciones habían sido inspiradas en los programas eugenistas estadounidenses.

 

Otros países

 

La esterilización forzada de los “indeseables” también se fue implantando en otros países del mundo, como Australia, Noruega, Finlandia, Estonia, Eslovaquia, Suiza, Islandia y algunos países de Iberoamérica, como Panamá y Puerto Rico.

 

- Japón: con la promulgación de las Leyes de Prevención de la Lepra de 1907, 1931 y 1953, se llevaron a cabo abortos y esterilizaciones forzadas de aquellos ciudadanos que “alteraran la paz”.

- En 1928 Suiza aprobó un decreto por el que se autorizaba la esterilización de los enfermos mentales.

- Dinamarca legalizó las esterilizaciones forzadas eugenésicas en 1929.

- Suecia esterilizó a más de 230.000 personas entre 1935 y 1996 en el marco de un programa basado en teorías eugenésicas y por “razones de higiene social y racial”. En el programa se incluyeron minorías étnicas como gitanos y lapones.

- Noruega aprobó leyes estatales de esterilización en 1934, Finlandia lo hizo en 1935 y Estonia en 1936. Estas leyes, además de esterilizar, prohibían o multaban los matrimonios de ciertos ciudadanos, castigaban nacimientos de ciertos hijos, etc.

- En China y la India se han realizado campañas coercitivas periódicas de esterilizaciones masivas. En 1976 se realizó la vasectomía y la ligadura de trompas a miles de de varones y mujeres, bien por pago o bajo las presiones de importantes multas.

- Entre 1973 y 1990 Checoslovaquia llevó a cabo una política de esterilización de mujeres gitanas.

- En Perú, el presidente Alberto Fujimori presentó en 1995 un proyecto de ley con el nombre de “Plan de salud pública” por el que se autorizaban programas de esterilización forzada contra más de 330.000 mujeres indígenas (esencialmente quechuas) y unos 25.000 varones. El plan fue financiado por la Agencia de Cooperación Internacional Estadounidense con 36 millones de dólares y por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

- En 1974, en el hospital general San Juan de Dios de Guatemala, financiados por la organización internacional Population Council, hubo experimentos de esterilización en mujeres guatemaltecas. Les ofrecieron atención médica gratuita y nunca les informaron de lo que se les hacía. En 1984, el obispo guatemalteco Gerardo Flores denunció la contaminación de alimentos con sustancias anticonceptivas y esterilizantes; había sido un regalo de los Estados Unidos para repartir entre la población más pobre.

- En el Reino Unido, el secretario de estado Winston Churchill aprobó en 1913 una cláusula que instaba a la esterilización forzosa en el Mental Deficiency Act, pero el escritor católico G.K. Chesterton organizó una campaña de gran éxito que logró su abolición.

 

4.5. La legalización del aborto

 

El primer país en legalizar esta práctica fue la República Federal de Suiza en 1916. Siguieron Checoslovaquia en 1925, la Unión Soviética en 1926 y el Imperio de Japón en 1929. Alemania lo hizo en 1933 y 1935, con una ley que, en sí misma, era una disposición racista que pretendía “la prevención de nacimientos con taras hereditarias (y) la transmisión de enfermedades hereditarias”; de la misma el PSOE copió, casi literalmente, el supuesto relativo a las “graves dolencias físicas o

psíquicas” y la expresión “Interrupción del Embarazo” (Schwangerschaftunterbrechung).

 

Durante la II República, Cataluña se convirtió en pionera, con la ley más “progresista” y cruel, en ese momento, de Europa; fue la Ley de Reforma Eugenésica del Aborto, aprobada por decreto en diciembre de 1936 y publicada en enero de 1937 en el Diario Oficial de la Generalitat; José Tarradellas, como Conseller en Cap, firmó el decreto. Islandia legalizó el aborto en 1935, seguida de Suecia en 1938, Dinamarca en 1939 y finalmente Finlandia y Noruega en 1950 y 1960.

 

En 1967 el aborto se aprobó en Inglaterra, luego en Canadá (1969) y en 1973 en los Estados Unidos. Hacia 1973 existían 44 países en el mundo en los cuales el aborto era legal, de los cuales 19 sólo lo permitían por razones médicas, 6 incluían además razones morales y 19 más por otros tipos de razones. En la República Popular China se aprobó una ampliación de los supuestos en 1975, año de la legalización del aborto en Francia y Austria; la República Federal Alemana siguió en 1976, Nueva Zelanda en 1977, Italia en 1978 y los Países Bajos en 1984. Por entonces los países de la Europa mediterránea (Italia, Portugal y España) e Irlanda, de más honda influencia católica, no tenían liberalizado ningún supuesto. En 1985 España legaliza el aborto. En 1990 Bélgica lo aprueba a pesar de que el rey Balduino hizo el artificio legal de abdicar por un día para no firmar la ley. Recientemente Colombia (2006) y Ciudad de México, junto con Portugal (2007) y otras naciones, han legalizado el aborto.

 

4.6. La Conferencia de Lambeth

 

Las iglesias protestantes iniciaron un brusco cambio en su defensa de la vida y del matrimonio cuando en 1930 se celebró la Conferencia de Lambeth. En ella, los obispos anglicanos publicaron

una resolución en la que aceptaban la utilización de medios artificiales de contracepción para situaciones excepcionales. El principal impulsor de este cambio fue el reverendo William R. Inge, quien era miembro influyente de la Sociedad de Eugenesia inglesa y gran admirador de Margaret Sanger tras leer su obra Woman and the new race.

 

La resolución fue aprobada por 193 votos a favor, 67 en contra y 40 abstenciones. El obispo de Exeter, Lord William Cecil, contrario a la declaración que resultó de Lambeth, comunicaba con pesar a sus diocesanos: “Yo sigo creyendo que la resolución será mal interpretada. Los obispos han entreabierto la puerta. El egoísmo la forzará y la abrirá completamente”.

 

4.7. Pío XI y la defensa de la familia y el matrimonio

 

Pío XI publicó dos encíclicas (Ubi arcano y Casti connubii) defendiendo el matrimonio y la familia y ratificando la Arcanum divinae (1880), que había escrito anteriormente el papa León XIII sobre la dignidad y sacralidad del sacramento matrimonial.

 

En la Ubi arcano (1922) expuso que “la sociedad es un reflejo de la familia” y denunció cómo el laicismo había penetrado “hasta las mismas raíces de la sociedad, es decir, hasta el santuario de la familia”.

 

En Casti connubii (1930), el Papa declaró que “como enseña la historia, la salud del Estado y la prosperidad de la sociedad” no están seguras si no lo está su fundamento, es decir, el recto orden

moral del matrimonio y la familia. La encíclica se proponía hablar “sobre la naturaleza del matrimonio cristiano, de su dignidad, de las ventajas y beneficios que de él dimanan para la familia y para la sociedad humana”. Así mismo pretendía denunciar los errores contrarios a la institución familiar que se estaban dando en su tiempo, los vicios opuestos a la vida conyugal y proponer los remedios que debían aplicarse. “Hablaremos, en primer lugar, de la prole, que muchos se atreven a motejar de molesta carga del matrimonio y mandan evitar cuidadosamente a los cónyuges, no mediante una continencia honesta (permitida también en el matrimonio, previo consentimiento de ambos cónyuges), sino pervirtiendo el acto de la naturaleza. Criminosa licencia, que se arrogan unos porque, hastiados de prole, tratan sólo de satisfacer sin cargas su voluptuosidad, y otros alegando que ni pueden guardar continencia ni admitir prole por dificultades propias, o de la madre, o de la hacienda familiar” (Pío XI, Casti connubii).

 

La publicación de la Casti connubii estuvo marcada por dos sucesos importantes como fueron el matrimonio de la princesa de Saboya con el rey de Bulgaria, celebrado de manera irregular; y la conferencia de Lambeth (1930), en la que los prelados anglicanos declararon lícito el uso de medios anticonceptivos artificiales. La encíclica afirmaba que los primeros deberes de los esposos deben ser la fidelidad recíproca, el mutuo y cariñoso amor y la educación recta y cristiana de los hijos. Así mismo se declaraba moralmente ilícito el aborto y cualquier intervención artificial para evitar la procreación.

 

(José Alfredo Elía Marcos, Las lágrimas de Raquel. Historia, ideologías y estrategias de la guerra contra la población, 2011, Capítulo 4, en:

http://laguerracontralapoblacion.blogspot.com.uy/2011/03/4-birth-control-1914-1922.html).

 

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Salmo 7

 

Lamentación de David. La que cantó al Señor a propósito de Cus, el benjaminita.

 

Señor, Dios mío, en Ti me refugio:

sálvame de todos los que me persiguen;

líbrame, para que nadie pueda atraparme

como un león, que destroza sin remedio.

 

Señor, Dios mío, si cometí alguna bajeza,

o hay crímenes en mis manos;

si he pagado con traición a mi amigo

o he despojado sin razón a mi adversario:

que el enemigo me persiga y me alcance,

que aplaste mi vida contra el suelo

y deje tendidas mis entrañas en el polvo.

 

Levántate, Señor, lleno de indignación;

álzate contra el furor de mis adversarios.

Despierta para el juicio que has convocado:

que una asamblea de pueblos te rodee,

y presídelos Tú, desde lo alto.

 

El Señor es el Juez de las naciones:

júzgame, Señor, conforme a mi justicia

y de acuerdo con mi integridad.

¡Que se acabe la maldad de los impíos!

Tú que sondeas las mentes y los corazones,

Tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.

Mi escudo es el Dios Altísimo,

que salva a los rectos de corazón.

 

Dios es un Juez justo

y puede irritarse en cualquier momento.

Si no se convierten, afilará la espada,

tenderá su arco y apuntará;

preparará sus armas mortíferas,

dispondrá sus flechas incendiarias.

 

El malvado concibe la maldad,

está grávido de malicia y da a luz la mentira.

Cavó una fosa y la ahondó,

pero él mismo cayó en la fosa que hizo:

su maldad se vuelve sobre su cabeza,

su violencia recae sobre su cráneo.

 

Daré gracias al Señor por su justicia

y cantaré al nombre del Señor Altísimo.

 

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios (traducción argentina de la Biblia).

 

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“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de Aparecida, n. 229).

 

 

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