Fe y Razón
Revista gratuita de
teología y cultura católica
Publicación del Centro Cultural Católico “Fe y
Razón”
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 113 – 4 de septiembre de 2015
“Omne verum, a
quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
(“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del
Espíritu Santo”)
Santo Tomás de Aquino
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo de Dirección |
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Magisterio |
Aplicaciones de la misericordia a las situaciones
familiares |
Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS-Mons. Robert
F. Vasa- Mons. Athanasius Schneider |
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Iglesia |
Pbro. Dr. José
María Iraburu |
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Iglesia |
Joseph Ratzinger |
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Apologética |
Raymond de Souza KM |
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Familia y Vida |
José Alfredo Elía Marcos |
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Familia y Vida |
Comunicado sobre un reciente fallo del Tribunal de lo
Contencioso Administrativo |
Asociación Familia y Vida |
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Familia y Vida |
Ing. Daniel Iglesias Grèzes – Lic. Néstor Martínez Valls |
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Historia de la Iglesia |
Ing. Daniel Iglesias Grèzes |
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Oración |
La Santa Biblia |
Otras cuatro buenas noticias de la casa
Equipo de Dirección
1.
XXVII Exposición del Libro Católico en Buenos Aires
El Centro Cultural Católico “Fe y Razón” (CCCFR), de Montevideo (Uruguay), se complace en anunciar que este año participará por primera vez de la Exposición del Libro Católico, que se celebra anualmente en Buenos Aires (Argentina). La 27ª edición de dicha Exposición tendrá lugar del 31 de agosto al 13 de septiembre de 2015 en la Casa de la Empleada (Obra de Monseñor Miguel de Andrea), Monumento Histórico Nacional ubicado en Sarmiento 1272 –Buenos Aires (a 200 metros del Obelisco). En esta oportunidad el lema de la Exposición, en adhesión al Sínodo extraordinario sobre la familia, es: “Buenos libros para crecer en familia”. El horario de la Exposición es de 9 a 21 horas de lunes a sábados y de 15 a 21 horas los domingos. Todos los actos previstos en el programa de actividades comenzarán a las 19 horas. La entrada es libre y gratuita.
El CCCFR expondrá los once títulos de la Colección de Libros “Fe y Razón” y su última publicación (la primera impresa en Montevideo): José María Iraburu, Reflexiones sobre los dos Sínodos de la Familia (2014-2015).
Invitamos a nuestros lectores bonaerenses a visitar la Exposición, y a comprar nuestros libros. Más información sobre la Exposición aquí: www.librocatolico.com.ar
2. Presentación del libro de J.
M. Iraburu sobre el Sínodo de la Familia
El martes 15 de septiembre de 2015, de 19:00 a 21:00 horas, en la Facultad de Teología del Uruguay “Monseñor Mariano Soler” (San Fructuoso 1019, Montevideo), tendrá lugar la presentación del último libro del Pbro. Dr. José María Iraburu, Reflexiones sobre los dos Sínodos de la Familia (2014-2015). Los oradores serán la Dra. Gabriela López, el Lic. Néstor Martínez y un tercer expositor a confirmar.
La presentación tendrá lugar en el salón doble del segundo piso de la Facultad (no hay ascensor). Como de costumbre, la entrada será libre y gratuita. Se podrá adquirir el libro al precio de $ 100 (cien pesos uruguayos).
3.
El cristianismo frente al desafío del relativismo
(Raymond de Souza KM)
El sábado 27 de junio de 2015, en el local de
la Asociación Uruguaya de la Orden de Malta, tuvo lugar una conferencia de
apologética del destacado conferencista internacional Raymond de Souza. El
título de la conferencia fue: ¿Qué es la Verdad? ¿Qué es el Bien? ¿Qué es
el Mal? El cristianismo frente al desafío del relativismo. Esta
conferencia, una de las cinco que R. de Souza dictó en Uruguay, fue
co-organizada por el Centro Cultural Católico “Fe y Razón” (CCCFR) y Provida Esperanza
Uruguay, y apoyada por la Asociación Uruguaya de la Orden de Malta. Hoy tenemos
el agrado de publicar la filmación de esa conferencia. Véase aquí:
https://www.youtube.com/watch?v=yx9Yai643jA#t=1049 (duración: 50
minutos).
4.
Superamos
los 2.000 suscriptores
Les anunciamos con alegría que el día 31/08/2015, por primera vez, la
Revista “Fe y Razón” alcanzó los 2.000 suscriptores. Exhortamos a nuestros
lectores a seguir difundiendo esta revista, a fin de que la tendencia creciente
continúe, para que la revista llegue a más personas y pueda producir más
frutos.
No obstante, este crecimiento tiene también su lado malo. Desde 2012,
para enviar la revista por email a
los suscriptores, usamos el sistema MailChimp, que nos ha sido de inmensa
ayuda. Ahora bien, el servicio gratuito de MailChimp abarca hasta 2.000 direcciones
de email. Al haber superado la
barrera de los 2.000 suscriptores, tendremos que afrontar un costo que, aunque
no es demasiado alto en términos absolutos, será un problema relativamente
importante para los pobres finanzas del Centro Cultural Católico “Fe y Razón”. Por
lo tanto, nos vemos en la obligación de solicitar vuestra ayuda económica para
poder seguir ofreciendo un servicio gratuito. Por el momento nuestro Centro sigue
utilizando la cuenta de PayPal de su Secretario, pero se prevé abrir una cuenta
independiente en el futuro.
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Contenidos
Aplicaciones de la
misericordia a las situaciones familiares
Mons. Aldo di Cillo
Pagotto, SSS, Arzobispo de Paraíba (Brasil)
Mons. Robert F. Vasa,
Obispo de Santa Rosa, California
(EE.UU.)
Mons. Athanasius
Schneider, Obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán)
93ª PREGUNTA: Hoy existe mucha ignorancia en materia de
matrimonio. ¿No significa eso que la mayor parte de los matrimonios debería ser
considerada nula?
RESPUESTA: La ignorancia debe ser remediada con una seria preparación
para el matrimonio, que envuelve la enseñanza de la doctrina. Es realmente
curioso que muchas personas que hoy, ante el hecho de la ignorancia, exigen un
aflojamiento de la disciplina moral de la Iglesia, sean las mismas que antes
habían defendido el aflojamiento de la educación moral que causó tal
ignorancia.
“La preparación remota para el matrimonio es
extremamente importante y podría ser una buena idea iniciarla antes de que los
jóvenes en determinada sociedad tiendan a volverse sexualmente activos, cosa
que en Occidente significa antes de la adolescencia. (...) Es claro que la
Iglesia es llamada a cuidar de las heridas y a curarlas, pero, como sabe todo
buen médico, el mejor remedio es la prevención. Los jóvenes son mucho más
abiertos para hablar sobre la virtud de la castidad de lo que con frecuencia se
cree” (Stephan
Kampowski, Una vita vissuta nel tempo [Una vida vivida en el
tiempo], en: Pérez Soba-Kampowski, pp. 134-135).
94ª PREGUNTA: Un abordaje pastoral que se inspira en la
misericordia, ¿no debería facilitar los procesos de nulidad del vínculo
matrimonial?
RESPUESTA: De acuerdo con el eminente canonista Cardenal Raymond Leo
Burke, “el actual proceso de nulidad garantiza plena justicia a las partes
envueltas, de modo que no habría necesidad de modificarlo en su actual
estructura” (cfr. Card. Raymond Burke, Il processo di nullità
canonica del matrimonio come ricerca della verità [El proceso de
nulidad canónica del matrimonio como investigación de la verdad], in
Aa. Vv., Permanere nella verità di Cristo [Permanecer en la verdad
de Cristo], cap. IX).
Obviamente, la gran solución pastoral consiste en asegurarse de que los
matrimonios sean contraídos de forma consciente y válida, y en volver
accesibles los eventuales procesos de nulidad en todos los niveles sociales,
inclusive en los menos instruidos. Pero no es prudente cuestionar la
validez de muchos matrimonios sólo para satisfacer a la pequeña minoría de
divorciados vueltos a casar que pretende recibir la Comunión sin enmendarse.
“La caridad sin justicia no es caridad, sino
sólo una falsificación, porque la misma caridad requiere la objetividad típica
de la justicia, que no hay que confundir con una frialdad inhumana. A este
respecto, como afirmó mi predecesor el venerable Juan Pablo II en su discurso
dedicado a las relaciones entre pastoral y derecho: “El juez (...) debe
cuidarse siempre del peligro de una malentendida compasión que degeneraría en
sentimentalismo, sólo aparentemente pastoral” (18 de enero de 1990: AAS 82
[1990] 875, n. 5; cfr. L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 28 de
enero de 1990, p. 11).
Hay que huir de las tentaciones
pseudo-pastorales que sitúan las cuestiones en un plano meramente horizontal,
en el que lo que cuenta es satisfacer las peticiones subjetivas para obtener a
toda costa la declaración de nulidad, a fin de poder superar, entre otras
cosas, los obstáculos para recibir los sacramentos de la Penitencia y la
Eucaristía. En cambio, el bien altísimo de la readmisión a la Comunión
eucarística después de la reconciliación sacramental exige que se considere el
bien auténtico de las personas, inseparable de la verdad de su situación
canónica. Sería un bien ficticio, y una falta grave de justicia y de amor,
allanarles el camino hacia la recepción de los sacramentos, con el peligro de
hacer que vivan en contraste objetivo con la verdad de su condición
personal.” (Papa
Benedicto XVI, Discurso al Tribunal de la Rota Romana de
29/1/2010).
(Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS-Mons. Robert F. Vasa-Mons. Athanasius Schneider, Opción preferencial por la FAMILIA. 100 preguntas y 100 respuestas a propósito del Sínodo. Prefacio del Cardenal Jorge A. Medina Estévez, Edizioni Supplica Filiale, Roma 2015, pp. 57-58).
Catálogo de pecados descatalogados
José
María Iraburu,
sacerdote
–Un poco trabalenguas el título…
–Lea usted lo que sigue y lo entenderá… Si Dios quiere.
Declaratio terminorum. CATÁLOGO (del latín, catalogus,
y del griego, katálogos): es una relación ordenada de objetos (libros,
documentos, etc.) que están relacionados entre sí. En este sentido, puede
hablarse, por ejemplo, de catálogo de pecados. DESCATALOGAR:
quitar objetos que formaban parte de un catálogo.
En la doctrina de Cristo hallamos ya
catálogos de pecados,
y éstos pueden ser leves o mortales, es decir, que separan al
hombre de la unión con Dios, fuente de la vida, y que pueden conducir a
la condenación eterna. En el Nuevo Testamento hallamos más de veinte listas de
pecados, algunas de ellas en los Sinópticos, es decir, en la misma enseñanza de
Cristo: «De dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos,
las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes,
desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad» (Mc 7,21-21; en Mt
15,19-20 se mencionan siete). En la parábola del publicano se citan tres:
«ladrones, injustos, adúlteros» (Lc 18,11). Y de otros pecados concretos se habla
en las parábolas de la cizaña, del rico Epulón, del hombre avaro, del siervo
infiel, del juicio final, del escándalo, etc.
También en los escritos de los Apóstoles se formulan catálogos de pecados,
sobre todo en San Pablo. El listado más completo e impresionante lo encontramos
en su carta a los Romanos (1,24-32), donde hallamos muy especialmente
denunciado el pecado nefando de la unión homosexual entre hombres o entre
mujeres (26-28). Otra lista enumera a «inmorales, idólatras, adúlteros,
lujuriosos, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o
estafadores: no heredarán el reino de Dios» (1Cor 6,9-10). «Con quien sea así,
ni compartir la mesa… Expulsad al malvado de entre vosotros» (ib.
5,11.13).
La conciencia de los discípulos de Jesús ha
de tener, pues, un sentido del pecado bien despierto, que nunca estime el mal como bien; que
descubra incluso los pecados internos, no sólo los que tienen
manifestación en obras externas («todo el que mira una mujer deseándola,
ya ha cometido con ella adulterio en su corazón», Mt 5,28); y que tenga en
cuenta no sólo los pecados de comisión, también los de omisión
(las vírgenes necias, Mt 25,11-13; el que no hace rendir sus talentos,
25,27-29; el juicio final, que indica las necesarias buenas obras de caridad no
realizadas, 25,41-46), etc.
Tres observaciones previas
1. Un pecado queda descatalogado, más o
menos, cuando se dan estos signos: 1) cuando la predicación deja de hablar de una cierta virtud y de
señalar los pecados contrarios; 2) cuando se ha generalizado de tal modo que
llega a verse como algo «normal», que no hace cargo de conciencia; 3) cuando es
ya un pecado que no suele ser acusado en la confesión sacramental, ni siquiera
por los pocos cristianos practicantes que se siguen confesando: no lo estiman
relevante, ignoran en la práctica su pecaminosidad, aunque a veces tengan de él
algún conocimiento doctrinal.
La simonía puede ser un ejemplo de pecado
descatalogado en gran medida en aquellas regiones y tiempos en que viene a ser casi el modo normal
por el que los hijos de la nobleza, más instruidos y de presencia más fuerte en
el mundo, acceden a los altos cargos de la Iglesia. En el siglo IX muchos
señores consideran –craso error– que Obispados, Monasterios y
Parroquias forman parte de sus dominios. A ellos, pues, les corresponde dar la investidura
de la autoridad en esas entidades eclesiales. El tráfico sobre los cargos
principales de la Iglesia se consideraba generalmente como algo lícito y
normal. Era un pecado descatalogado.
Sin embargo, en el siglo XI y en la primera mitad del XII se celebran
ocho Concilios regionales en Inglaterra, Francia e Italia para erradicar el
error y el pecado de la simonía. La acción de Papas como Nicolás II (1058-1061)
y Gregorio VII (1072-1085), la predicación y acción de grandes santos, como San
Bruno (1030-1101) y San Bernardo (1090-1153), van venciendo esa plaga. Pero
notemos que, mientras la epidemia espiritual de la simonía tiene toda su
fuerza, pudo haber y hubo Obispos, Abades y Párrocos buenos, ortodoxos y
pastoralmente celosos que, sin embargo, en buena conciencia, habían
accedido a sus cargos por medios simoníacos.
2. Sobre la culpabilidad subjetiva
de quienes incurren en pecados descatalogados no trataré aquí, porque en
otros artículos de esta serie he de hacerlo, con el favor de Dios, más
detenidamente. Puede haber una culpabilidad atenuada o casi nula en personas
que incurren en pecados descatalogados objetivamente graves. Ésta es doctrina
moral –la ignorancia invencible, por ejemplo, y otras consideraciones– siempre
común en la Iglesia.
3. El catálogo que doy aquí de
pecados descatalogados es muy incompleto. Y al ser tan incompleto, prefiero
presentarlo de modo desordenado. Expongo algunos solamente a modo de ejemplo.
Podrían mencionarse otros muchos, pues muchos son los que se dan sobre todo en
las Iglesias locales en buena parte arruinadas, que se van extinguiendo.
***
–El alejamiento crónico de la Misa dominical ha venido a ser
un pecado descatalogado. El tercer mandamiento de la ley de Dios ordena
darle en privado y en público un culto de alabanza, adoración y acción de
gracias. Esta obligación es muy grave, porque La Iglesia es para la gloria de Dios. Por eso Los cristianos no-practicantes son pecadores
públicos.
No hay vida cristiana si no hay vida eucarística, ya que, como en varios textos
afirma el Concilio Vaticano II, la Eucaristía es la fuente y el culmen de toda
vida cristiana. Ahora bien, si la pastoral de los Obispos, los párrocos, los
catequistas, los profesores de Seminarios y Facultades de Teología, las
publicaciones, no inculcan con todo empeño y frecuencia la gravedad del gran precepto
dominical, serán muchas las Iglesias locales en las que la asistencia a la
Misa del Día del Señor, en medio siglo, pase del 80% al 10% en los bautizados.
Y es que este grave pecado ha sido descatalogado.
Manda la ley de la Iglesia: «El domingo, en el que se celebra
el misterio pascual, por tradición apostólica, ha de observarse en toda
la Iglesia como fiesta primordial de precepto» (can. 1246). «El domingo
y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en
la Misa; y se abstendrán de aquellos trabajos y actividades que impidan dar
culto a Dios, gozar de la alegría propia del Día del Señor o disfrutar del
debido descanso de la mente y del cuerpo» (can. 1247). El Catecismo de la
Iglesia Católica dice que «la Eucaristía del domingo fundamenta y confirma
toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en
la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón
seria… o dispensados por su pastor propio. Los que deliberadamente faltan a
esta obligación cometen un pecado grave» (2181). Se han alejado de la vida
cristiana.
Por tanto, el cristiano que se ausenta
voluntariamente y durante largo tiempo de la Eucaristía, pudiendo asistir a
ella, de suyo está en pecado mortal. Es importante, sin duda, que lo sepa. Y el hecho de que ese pecado
haya sido ilícitamente descatalogado en su Iglesia local no cambia la realidad
de las cosas. La participación en la Misa dominical, antes que ser un precepto
canónico, es una necesidad ontológica: «si no coméis la carne del Hijo del
hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come
mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el
último día» (Jn 6,53-54).
–La pasividad de la Autoridad apostólica para combatir eficazmente
herejías y sacrilegios es objetivamente un grave pecado que hace ya
varios decenios en gran parte de la Iglesia está descatalogado. Como varios
Papas han declarado en más de una ocasión, son Innumerables (las) herejías actuales. Y esas herejías y sacrilegios
perduran con frecuencia durante muchos años porque quedan impunes.
Las reprobaciones tardías de graves errores dan lugar a la amplia difusión de
herejías entre el pueblo cristiano. En el caso de Anthony De Mello (1931-1987),
la enérgica reprobación de la Congregación para la Doctrina de la Fe se produce
en 1998, once años después de su muerte. Siendo así que, como se advierte en el
mismo documento, es un autor «muy conocido debido a sus numerosas
publicaciones, las cuales, traducidas a diversas lenguas, han alcanzado una
notable difusión en muchos países». Después de unos veinte o treinta años de su
reinado impune en librerías religiosas, también diocesanas, son reprobados sus
graves errores (véase aquí).
Pablo VI habla de una Iglesia en estado de «autodemolición»
(7-XII-1968). Efectivamente, al ser la fe el fundamento de la Iglesia, las
herejías son las causas principales de su derribo. Juan Pablo II atestigua que
«se han esparcido a manos llenas ideas contrarias a la verdad revelada y
enseñada desde siempre. Se han propalado verdaderas herejías en el campo
dogmático y moral» (6-II-1981). El Cardenal Ratzinger, un mes antes de ser
constituido Papa, dice en el Via Crucis
del Coliseo: «¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!… Señor, frecuentemente
tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace agua por todas
partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo» (25-III-2005)…
¿Y cómo ha sido esto posible? La respuesta la da Cristo: «mientras sus hombres
dormían, vino el enemigo y sembró cizaña en el trigo» (Mt 13,25). Son los
Obispos, con el Papa, al ser constituidos como Episcopoi (vigilantes),
los principales guardianes de la ortodoxia en la Iglesia.
Manda la Iglesia: «Debe ser castigado con una pena justa 1º, quien
enseña una doctrina condenada por el Romano Pontífice o por un Concilio
Ecuménico o rechaza pertinazmente la doctrina descrita en el c. 752 [sobre
el Magisterio auténtico en fe y costumbres] y, amonestado por la Sede
Apostólica o por el Ordinario, no se retracta» (Código de Derecho Canónico, can.
1371). De esta grave norma –debe ser castigado– puede decirse que, al
menos en una parte importante de la Iglesia, ha venido siendo sistemática e
ilícitamente incumplida por los Pastores. El respeto liberal hacia la
libertad de expresión ha prevalecido sobre el valor de la ortodoxia y de la ortopraxis. Grandes herejías han
podido difundirse impunemente en cátedras, seminarios, parroquias, catequesis,
librerías religiosas, incluidas las diocesanas, durante decenios. Grandes
abusos litúrgicos han podido reiterarse en parroquias, conventos y reuniones
sin que nadie los corrija eficazmente. La Instrucción Pastoral que cuarenta
años después del Vaticano II publica la Conferencia Episcopal Española, Teología
y secularización en España (30-III-2006), es una lúcida e implacable
denuncia de los graves errores en temas doctrinales, morales y litúrgicos que
han sido enseñados durante decenios por profesores promovidos o tolerados por
el mismo Episcopado. Lamentablemente, esa Instrucción no ha sido suficiente
para erradicar en cátedras, publicaciones, parroquias y catequesis de nuestra
Iglesia local los denunciados errores.
Todo lo cual indica que la Autoridad apostólica se ha debilitado
mucho en doctrina y disciplina (véase aquí y aquí). Y ésa es una de las causas principales de
que no pocos Obispos en treinta años hayan perdido la mitad o dos tercios del
rebaño cristiano que el Señor les había confiado… Y es que la omisión del
ejercicio de la autoridad apostólica ha venido a ser en muchas lugares de
la Iglesia un pecado descatalogado.
–El impudor es un pecado descatalogado entre la mayor parte de
los católicos. Teniendo en cuenta únicamente a los laicos, puede decirse
que el sentido del pudor sólo subsiste en pequeños restos de Yavé.
Refiero esa afirmación principalmente a los modos de vestir. Habiéndose
abandonado la vergüenza y el sentido del pudor en playas, piscinas,
espectáculos, donde la desnudez casi total ha sido largamente afirmada, el
impudor se extiende por todas las otras zonas de la vida ordinaria, y viene a
ser un pecado descatalogado. No puede decirse lo mismo, obviamente, de muchos
otros modos del impudor –pornografía, conversaciones, asistencia a espectáculos
obscenos, etc.–, que no estimo descatalogados hoy como pecados, al menos en el
mismo grado.
La Escritura enseña que Adán y Eva, después de su primer pecado, «se
avergonzaron» de su desnudez, y que el mismo Dios «les hizo vestidos y los
vistió» (Gén 3,7.21). Quiere Dios el vestido para el hombre herido por el pecado.
En Israel y en la Iglesia, fieles a la voluntad divina, siempre se predicó
a los fieles el pudor en el vestir y en las costumbres, aunque a veces esa
virtud había de ser vivida y guardada en medio de un mundo generalizadamente
impúdico. Jesús enseñó que «todo el que mira a una mujer deseándola, ya
adulteró con ella en su corazón» (Mt 5,28). Por eso, aunque en el mundo de la
Iglesia de los primeros siglos la desnudez era frecuente en termas, teatros,
gimnasios y fiestas, siempre los Santos Padres y las leyes de la Iglesia
fomentaron el pudor, y reprobaron tanto las termas y la inmodestia como los
espectáculos obscenos, que –como muchas playas, piscinas y espectáculos de hoy–
eran ocasiones próximas de pecado.
Consta que la modestia de las mujeres cristianas era para no pocos
paganos antiguos una revelación, que colaboró decisivamente a la evangelización
del mundo greco-romano (cf. blog Reforma o apostasía, posts 10-12; 89; 94; 180; 182-183). La apostasía
moderna ha conducido a una restauración del impudor pagano, hasta el punto de
que en gran parte de la Iglesia ha venido a ser un pecado descatalogado. Las
mujeres y los hombres pueden exhibirse largamente casi desnudos en playas,
piscinas y gimnasios, prosiguiendo el impudor en su vida ordinaria, sin que los
Pastores y teólogos moralistas digan nada en contra. Algunos de ellos incluso
consideran la desnudez como un progreso en la historia cristiana, como
una irrenunciable evangelización del cuerpo humano.
–La anticoncepción es un pecado descatalogado en una gran
parte de la Iglesia. Incurre en ella sistemáticamente la mayoría de los
matrimonios cristianos, situación muy explicable si se tiene en cuenta el
silencio casi absoluto en la cuestión, o la mala enseñanza que se ha dado y se
da sobre ella en predicaciones, catequesis, publicaciones, cursos
prematrimoniales, confesiones. El aborto elimina una vida humana en la
que Dios había infundido un alma, y la anticoncepción es un horror
semejante, pues impone la voluntad del matrimonio a la posible voluntad de
Dios, eliminando crónicamente la concepción de hijos. El aborto es más o menos
combatido en la Iglesia, pero la anticoncepción es de hecho consentida en
muchas Iglesias locales por el silencio. La anticoncepción resiste a Dios, baja
enormemente el índice de natalidad, nos deja sin hijos, lleva al suicidio
demográfico, corroe profundamente la unión conyugal, es una de las causas
principales del gran número de separaciones, divorcios y adulterios. ¿No sería
gravemente urgente combatirla?…
La anticoncepción es un grave pecado que ha sido descatalogado. Sólo
puede ser vencida una plaga tan terrible por la reafirmación de la verdad de
Cristo y de su Iglesia: «cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la
transmisión de la vida» (Humanæ Vitæ 11). San Juan Pablo II enseña que
«Pablo VI, calificando el hecho de la anticoncepción como “intrínsecamente
ilícito”, ha querido enseñar que la norma moral no admite excepciones: nunca
una circunstancia personal o social ha podido, ni puede, ni podrá convertir un
acto así en un acto de por sí ordenado [lícito]» (12-XI-1988; cf. Catecismo
2370; Reforma [260]).
–El adulterio no ha sido descatalogado en toda la Iglesia,
pero en algunas Iglesias locales lleva camino de serlo. Hace ya bastantes
años se comenzó por eliminar el nombre adulterio, usado por Cristo, los
Apóstoles y veinte siglos de Tradición católica, sustituyéndolo por
«divorciados vueltos a casar». La devaluación del adulterio como pecado viene
de lejos. Recuerdo que en 1968, estando yo destinado en Chile, un párroco
centroeuropeo recomendó a un marido abandonado que rehiciera su vida y se
volviera a casar. Lo hizo, y vino a ser uno de los «matrimonios» más activos de
la parroquia (!). En 2007, al morir el famoso cantante Pavarotti, adúltero
público, recibe del Arzobispo y de 18 concelebrantes en la Catedral de su
ciudad natal un funeral solemnísimo, claramente prohibido por el Código de Derecho
Canónico (c. 1184) (Reforma [10, 11 y 12]). Y con ocasión del Sínodo
2014-2015 estos intentos de descatalogación del adulterio como grave pecado se
han ido expresando de un modo cada vez más patente.
Un Arzobispo alemán ha dicho de aquellos adúlteros durante muchos años
unidos que, «en razón de los valores humanos que realizan conjuntamente…
merecen un reconocimiento moral» (Reforma [305]).
Un Cardenal alemán, en un Consistorio de Cardenales, ha considerado que
«muchos, después de haber vivido amargas experiencias [en su primer
matrimonio], encuentran en estas nuevas uniones, una felicidad humana, y más
aún un regalo del cielo» (ib.). Un paso más ha dado un Arzobispo
español diciendo de los adúlteros que, cuando «han rehecho una vida, y lo han
hecho seriamente, lo han hecho en profundidad, humanamente,… [han
logrado] un crecimiento, un desarrollo… ¡un acercamiento personal a Dios!
¡Estoy seguro de ello!» (ib.). Un Obispo dominico francés, considera que
la pareja adúltera al «comprometerse en una segunda alianza ha creado un
segundo vínculo tan indisoluble como el primero» (Reforma [323]).
En la Relatio post disceptationem del Sínodo (octubre 2014) se exponía
la opinión de quienes estimaban que los divorciados vueltos a casar debían
recibir «un acompañamiento lleno de respeto» (n. 46) –de respeto, se entiende,
hacia su estado de vida–, sobre todo «cuando se trata de situaciones que no
pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos» (n. 47).
Este oleaje embravecido de mentiras se
estrella contra la roca que es Cristo, cuya palabra permanece para siempre, y será frenada por la Iglesia,
porque está edificada sobre la roca de Cristo y de los Apóstoles: «El que
repudia a [el que se divorcia de] su mujer y se casa con otra, comete adulterio
contra aquélla. Y si la mujer repudia al marido y se casa con otro, comete
adulterio» (Mt 10,11-12; y paralelos). El Salvador de los hombres, Jesucristo,
es el restaurador del matrimonio en su verdad original, monógamo e indisoluble.
«No adulterarás» (Rom 13,9). «No os engañéis… los adúlteros no poseerán el
Reino de Dios» (1Cor 6,9-10). El pecado de adulterio, con los de herejía y
homicidio, siempre es incluido por la Iglesia en los antiguos catálogos de
pecados más graves, entre aquellos que son objeto de una disciplina penitencial
más severa (Reforma [288]).
–La práctica de la homosexualidad, no la tendencia, por
supuesto, lleva también camino de ser un pecado descatalogado, al menos en
la práctica de ciertas Iglesias locales. Algunas hay que, de manera informal y
subrepticia, disponen ya de rituales para la bendición de parejas
homosexuales en templos católicos. Los argumentos de aquellos Pastores y
teólogos que prácticamente descatalogan las uniones homosexuales como pecados
graves vienen a ser los mismos que hemos referido al hablar del adulterio. Un
Obispo belga: «Debemos buscar en el seno de la Iglesia un reconocimiento
formal de la relación que también está presente en numerosas parejas
bisexuales y homosexuales. Al igual que en la sociedad existe una
diversidad de marcos jurídicos para las parejas, debería también haber una
diversidad de formas de reconocimiento en el seno de la Iglesia» (Reforma [305]).
Opiniones semejantes, aunque parezca increíble, fueron incluidas en la Relatio
post disceptationem del Sínodo (2014), que al tratar de las uniones
homosexuales proponían considerar que «hay casos en que el apoyo mutuo, hasta
el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas»
(n. 52).
Por el contrario, tanto en Israel como en la
Iglesia, los actos homosexuales han sido siempre considerados con especial
horror, como el
vicio nefando sodomítico. «Apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta
como depravaciones graves (Gén 19,1-29; Rom 1,24-27; 1Cor 6,9-10; 1Tim
1,10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son
intrínsecamente desordenados” (Congr. Fe, 1976, Persona humana 8). Son
contrarios a la ley natural» (Catecismo 2357). Es significativo que en
el Antiguo Testamento, «por la dureza de los corazones», de algún modo se llega
a tolerar el divorcio, los segundos «matrimonios» y hasta la poligamia; pero
jamás se acepta el vicio sodomítico, que atrae inexorablemente el castigo de
Dios (Sodoma y Gomorra). San Pablo, en el elenco de pecados que describe en los
paganos, menciona la práctica homosexual en términos muy duros, como pecado
contra naturam (Rom 1,24-27). Pero no suele mencionarse en los catálogos de
pecados referidos por la Iglesia antigua, en parte porque es un pecado ya en
gran medida desaparecido, y también como si se aplicara a este pecado la norma
paulina: nec nominetur in vobis (Ef 5,3-4).
***
La descatalogación de graves pecados es hoy
la causa principal de la ruina de no pocas Iglesias locales. Es la causa y es el principal
efecto. A diferencia de los demás pecados, aquellos que son descatalogados no
son combatidos y persisten impunes y pacíficamente en nuestra época. Como los
matorrales de espinos de la parábola, que ahogan la virtud evangélica sembrada
por Cristo Salvador, ellos acaban con la vida cristiana de los pueblos.
Este artículo iba a ser publicado ayer, en la solemnidad del nacimiento
de San Juan Bautista, pero no pudo ser. A su intercesión nos acogemos hoy para
que siguiendo su misión propia y la de Jesucristo, también nosotros vivamos hoy
en el mundo «para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37), de la verdad de
Cristo, que vence al pecado, a la carne, al mundo y al diablo, padre de la
mentira.
(José María Iraburu, blog Reforma o apostasía, post 326;
http://infocatolica.com/blog/reforma.php/1506251026-326-pecado-1-catalogo-de-peca)
¿Bajo qué aspecto se presentará la Iglesia en el año 2000?
Joseph Ratzinger
El teólogo no es un adivino. Tampoco es un futurólogo que, a partir de factores
calculables del presente, hace cálculos sobre el futuro. Su oficio escapa en
gran parte al cálculo; sólo mínimamente podría llegar a ser objeto de la
futurología, que no es tampoco un arte adivinatorio, sino que establece lo que
es calculable, y tiene que dejar pendiente lo que no es calculable. Dado que la
fe y la Iglesia se adentran hasta esa profundidad del ser humano de la que
surge siempre lo nuevo creativo, lo inesperado y no planificado, de ello se
deduce que su futuro permanece escondido para nosotros, también en la época de
la futurología. ¿Quién habría podido predecir, al morir Pío XII, el Concilio
Vaticano II o la evolución posconciliar? ¿O quién se habría atrevido a predecir
el Vaticano I cuando Pío VI, secuestrado por las tropas de la joven república
francesa, murió prisionero en Valence en 1799? Ya tres años antes uno de los
dirigentes de la república había escrito: «Este viejo ídolo será destruido. Así
lo quieren la libertad y la filosofía… Es de desear que Pío VI viva todavía dos
años, para que la filosofía tenga tiempo de completar su obra y de dejar a este
lama de Europa sin sucesor» (1). Y pareció que realmente era así, hasta tal
punto que se hicieron oraciones fúnebres por el papado, que se daba ya por
definitivamente extinguido.
Seamos, por consiguiente, prudentes con los pronósticos. Aún es válida
la palabra de Agustín según la cual el ser humano es un abismo; nadie puede
observar de antemano lo que se alza de ese abismo. Y quien cree que la Iglesia
no está determinada sólo por ese abismo que es el ser humano, sino que se
fundamenta en el abismo mayor e infinito de Dios, tiene motivos más que
suficientes para abstenerse de unas predicciones cuya ingenuidad en el
querer-tener-respuestas podría revelar sólo ignorancia histórica. Pero entonces
¿tiene algún sentido nuestro tema? Puede tenerlo si uno es consciente de sus
límites. Precisamente en tiempos de violentas convulsiones históricas en las
que parece desvanecerse lo que ha sucedido hasta ese momento, y abrirse algo
que es completamente nuevo, el ser humano necesita reflexionar sobre la
historia, que le hace ver en su justa medida el instante irrealmente agrandado,
y enmarca de nuevo ese instante en un acontecer que nunca se repite, pero que
tampoco pierde nunca su unidad y su contexto. Ahora podrían ustedes decir:
«¿Hemos oído bien? ¿Reflexionar sobre la historia? Pero esto significa dirigir
una mirada al pasado, cuando en realidad esperábamos poner la vista en el
futuro». Sí, han oído bien, pero pienso que la reflexión sobre la historia, si
es bien entendida, comprende ambas cosas: una mirada retrospectiva a lo
anterior y, desde ahí, la reflexión sobre las posibilidades y las tareas de lo
venidero, que sólo se pueden esclarecer si se abarca con la mirada un tramo
mayor de camino y uno no se cierra ingenuamente en el hoy. La mirada
retrospectiva no permite hacer predicciones del futuro, pero limita la ilusión
de lo que se presenta como completamente único, y muestra cómo también en el
pasado ha existido algo comparable, aunque no lo mismo. En lo que hay de
desigual entre entonces y hoy se fundamenta la incertidumbre de nuestros
enunciados y la novedad de nuestras tareas; en lo que es igual se fundamenta la
posibilidad de una orientación y una corrección.
Nuestra situación eclesial actual es comparable ante todo al período del
llamado modernismo, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y, en
segundo lugar, al final del rococó, apertura definitiva de la época moderna con
la Ilustración y la revolución francesa. La crisis del modernismo no se realizó
por completo, sino que fue interrumpida por las medidas de Pío X y por el
cambio de situación espiritual tras la primera guerra mundial; la crisis actual
es sólo la reanudación, diferida durante mucho tiempo, de lo que empezó
entonces. Así, queda la analogía con la historia de la Iglesia y de la teología
en la Ilustración. Quien la analice más detenidamente se sorprenderá por el
grado de semejanza entre lo que sucedió entonces y lo que sucede hoy. La
«Ilustración» como época histórica no tiene hoy buena fama; incluso quien sigue
tras sus huellas no quiere ser tenido por ilustrado, sino que se distancia del
racionalismo de aquella época, demasiado simplista, a su juicio, si se toma la
molestia de recordar una historia ya acontecida. Tendríamos ya aquí una primera
analogía: el decidido rechazo de la historia, que sólo se considera válida como
trastero de lo anterior, que no podría ser útil para un hoy completamente
nuevo; la certeza, segura de su victoria, de que ahora no se debe actuar ya
según la tradición, sino únicamente de modo racional; el papel en general de
palabras como racional, transparente y otras semejantes… todo esto es
sorprendentemente parecido entonces y hoy. Pero tal vez antes que estos datos,
a mi juicio negativos, se debería contemplar esa extraña mezcla de
unilateralidades e iniciativas positivas, que une a los ilustrados de entonces
y de hoy y que ya no permite que el hoy aparezca como lo que es completamente
nuevo y está fuera de toda comparación histórica.
La Ilustración tuvo su movimiento litúrgico, en el cual se intentó
simplificar la liturgia, reduciéndola a sus estructuras fundamentales y
originarias; había que eliminar los excesos del culto a las reliquias y a los
santos y, sobre todo, había que introducir en la liturgia la lengua vernácula,
especialmente el canto popular y la participación comunitaria. La Ilustración
tuvo su movimiento episcopal, que quería subrayar, frente a una centralización
unilateral de Roma, la importancia de los obispos; tuvo sus componentes
democráticos como, por ejemplo, el caso del vicario general de Constanza,
Wessenberg, que exigía sínodos diocesanos y provinciales democráticos. Quien
lee sus obras cree encontrarse con un progresista de nuestros días: se pide la
abolición del celibato, se admiten sólo formularios sacramentales en lengua
vernácula, se bendicen matrimonios mixtos sin el compromiso de la educación de
los hijos, etcétera. Que Wessenberg se preocupara de predicar con regularidad y
de elevar el nivel de instrucción religiosa, que quisiera crear un movimiento
bíblico y otras muchas iniciativas semejantes, esto sólo demuestra una vez más
que en aquellas personas no actuaba sólo un racionalismo estrecho de miras. No
obstante, la impresión sigue siendo que su figura es contradictoria, porque a
fin de cuentas usa sólo la tijera de poda de la razón que construye, que puede
hacer algunas cosas buenas pero no es la única herramienta de un jardinero (2).
Una impresión semejante de incoherencia es la que produce la lectura del sínodo
de Pistoya, un concilio de la Ilustración en el que participaron 234 obispos,
que fue celebrado en el norte de Italia en 1786 y que trató de traducir las
ideas de reforma de aquel tiempo a la realidad eclesial, pero fracasó –y no es
ésta la razón menos importante– por una mezcla de auténtica reforma y
racionalismo ingenuo. De nuevo cree uno que está leyendo un libro posconciliar
cuando encuentra la tesis de que el ministerio sacerdotal no fue instituido
directamente por Cristo, sino que procede únicamente del seno de la Iglesia, la
cual es sacerdotal en su totalidad sin distinción alguna; o cuando oye que una
misa sin comunión no tiene sentido, o cuando se describe el primado papal como
algo puramente funcional o, a la inversa, cuando se hace hincapié en el derecho
divino del episcopado (3). Ya en 1794 fueron condenadas por Pío VI una gran
parte de las proposiciones de Pistoya; la unilateralidad de este sínodo había
desacreditado también sus buenos planteamientos.
Para saber dónde se encuentran, y dónde no, los elementos portadores de futuro,
me parece que lo más instructivo es reflexionar sobre las personas y sobre los
grupos afines de aquella época. Sólo podemos elegir, claro está, algunos tipos
característicos en los que se muestre la amplitud de posibilidades de entonces
y, al mismo tiempo y una vez más, la asombrosa analogía con nuestro tiempo. En
efecto, están los progresistas extremos, representados, por ejemplo, por la triste
figura del arzobispo parisino Gobel, que siguió valientemente todos los pasos
del progreso de su tiempo: primero, a favor de una Iglesia nacional
constitucional; después, como si tampoco esto fuera ya suficiente, renunció
solemnemente al sacerdocio, declarando que, desde el feliz inicio de la
revolución, no había ya necesidad de más culto nacional que el de la libertad y
la igualdad. Participó en la adoración de la diosa razón en Notre Dame, pero al
final el progreso pasó también sobre él: bajo Robespierre, el ateísmo volvió a
ser de pronto un delito y el ex arzobispo fue conducido a la guillotina como
ateo, y ajusticiado (4).
En Alemania la situación se presentó más tranquila. Habría que mencionar como
progresista clásico, por ejemplo, al director del Georgianum de München, Matthias Fingerlos. En su obra Wozu sind Geistliche da? [Sacerdotes
¿para qué?] explica que el sacerdote debe ser ante todo un maestro del pueblo,
que debe instruir al pueblo sobre la agricultura, la ganadería, el cultivo de
la fruta, sobre los pararrayos, pero también sobre la música y el arte –hoy se
diría: el sacerdote tiene que ser ante todo un trabajador social y debe ponerse
al servicio de la construcción de una sociedad racional, purificada de los
irracionalismos (5)–. En el centro, como progresista moderado, se podría situar
la figura del ya mencionado vicario general de Constanza, Wessenberg, que de
ningún modo habría participado en una simple reducción de la fe al trabajo
social, pero que, por otro lado, mostraba muy poca comprensión por lo que es
orgánico, lo vivo, lo que se sustrae a las puras construcciones de la razón. Un
orden de valores completamente distinto lo encontramos en la figura del
entonces obispo de Ratisbona, Johann Michael Sailer. Resulta difícil clasificarlo.
Las categorías habituales de progresismo y conservadurismo fracasan ante él,
como muestra ya el desarrollo de su vida: en 1794, acusado de racionalismo, le
retiraron la cátedra de Dillingen; todavía en 1819 fracasó su nombramiento para
obispo de Augsburgo, entre otras razones por la oposición de Clemens María
Hofbauer, más tarde canonizado, que siempre lo tuvo por racionalista. Por otro
lado, ya en 1806 su discípulo Zimmer fue alejado de la Universidad de Landshut,
con el reproche de reaccionario; en esta universidad se hostigaba a Sailer y su
círculo como auténticos enemigos de la Ilustración: el mismo hombre considerado
siempre por Hofbauer como racionalista fue tenido por los verdaderos
partidarios del racionalismo como su adversario más peligroso (6).
Tenían razón. De este hombre y del amplio círculo de sus amigos y discípulos
surgió un movimiento que tenía en sí mucho más futuro que la arrogante
presunción de los racionalistas puros. Sailer era un hombre abierto a todas las
cuestiones de su tiempo. La anticuada escolástica jesuítica de Dillingen, en
cuyo sistema bien estructurado hacía bastante tiempo que ya no podía penetrar
la realidad, debió parecerle insuficiente. Kant, Jacobi, Schelling y Pestalozzi
son sus interlocutores: para él, la fe no está ligada a un sistema de
enunciados, y no se debe mantener mediante la huida a lo irracional, sino que
debe subsistir en abierto contraste con el hoy. Pero el mismo Sailer conocía la
gran tradición teológica y mística de la Edad Media con una profundidad insólita
en su tiempo, porque no reducía al ser humano al instante presente, sino que
sabía que éste sólo consigue adentrarse en sí mismo si se abre con profundo
respeto y atención a toda la riqueza de su historia. Y, sobre todo, Sailer no
sólo pensaba, sino que vivía. Si buscaba una teología del corazón, no lo hacía
por un sentimentalismo barato, sino porque le importaba el ser humano total,
que llega a la unidad de su ser por la compenetración de espíritu y cuerpo, de
las profundidades ocultas del sentimiento y de la visible claridad del
entendimiento. «Sólo se ve bien con el corazón», dijo Antoine de Saint-Exupéry.
Si se compara el progresismo sin vida de Matthias Fingerlos con la riqueza y la
profundidad de Sailer, se puede comprobar palpablemente hasta qué punto es esto
verdad. Sólo se ve bien con el corazón: Sailer veía en profundidad porque tenía
corazón. De él podía surgir algo nuevo, portador de futuro, porque vivía de lo
permanente y porque ponía a disposición de este fin su vida y su propio ser. Y
con esto hemos llegado al punto decisivo: sólo quien se da a sí mismo crea
futuro. Quien sólo quiere enseñar, quien sólo desea cambiar a los otros,
permanece estéril.
Mas así hemos llegado también a aquel otro hombre que fue adversario tanto de
Sailer como de Wessenberg: Clemens Maria Hofbauer, el panadero bohemio que fue
canonizado (7). Ciertamente este hombre era, en algunos aspectos, estrecho de
miras e incluso un poco reaccionario. Pero era un hombre que amaba, que se
ponía al servicio de los demás con toda su pasión intacta. Por un lado,
pertenecieron a su círculo hombres como Schlegel, Brentano, Eichendorff; por
otro, estaba incondicionalmente a disposición de los más pobres y abandonados,
sin reservarse nada para sí, sino dispuesto a asumir cualquier ofensa si con
ello podía ayudar a los demás. Y de este modo los otros podían descubrir a
través de él de nuevo a Dios, como él mismo, desde Dios, había descubierto a
los demás y sabía que necesitaban algo más que instrucción en el cultivo de la
fruta y en la ganadería. En definitiva, la fe de este pobre panadero resultó
ser más humanista y razonable que la racionalidad académica de los
racionalistas puros. De hecho, lo que sobrevivió y lo que surgió como futuro de
las ruinas de finales del siglo XVIII fue algo completamente distinto de lo que
habían supuesto Gobel o Fingerlos: fue una Iglesia que se había hecho más
pequeña, que había perdido esplendor social, pero que al mismo tiempo se había
hecho más fecunda por la nueva fuerza de su interioridad y que, a través de los
grandes movimientos de laicos y en las numerosas y nuevas fundaciones de
órdenes, que tuvieron lugar desde mediados del siglo XIX, produjo nuevas
fuerzas para la formación y la realidad social, hasta tal punto que no es
posible imaginar nuestra historia más reciente sin ellas.
Con esto hemos llegado a nuestro hoy y a la reflexión sobre el mañana. El
futuro de la Iglesia puede venir y vendrá también hoy sólo de la fuerza de
quienes tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. El futuro
no vendrá de quienes sólo dan recetas. No vendrá de quienes sólo se adaptan al
instante actual. No vendrá de quienes sólo critican a los demás y se toman a sí
mismos como medida infalible. Tampoco vendrá de quienes eligen sólo el camino
más cómodo, de quienes evitan la pasión de la fe y declaran falso y superado,
tiranía y legalismo, todo lo que es exigente para el ser humano, lo que le
causa dolor y le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo de forma positiva: el
futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de
nuevo con el sello de los santos. Y, por tanto, por seres humanos que perciben
más que las frases que son precisamente modernas. Por quienes pueden ver más
que los otros, porque su vida abarca espacios más amplios.
La gratuidad que libera a las personas se alcanza sólo en la paciencia
de las pequeñas renuncias cotidianas a uno mismo. En esta pasión cotidiana, la
única que permite al ser humano experimentar de cuántas formas diferentes lo
ata su propio yo, en esta pasión cotidiana y sólo en ella, se abre el ser
humano poco a poco. Él solamente ve en la medida en que ha vivido y sufrido. Si
hoy apenas podemos percibir aún a Dios, se debe a que nos resulta muy fácil
evitarnos a nosotros mismos y huir de la profundidad de nuestra existencia,
anestesiados por cualquier comodidad. Así, lo más profundo en nosotros sigue
sin ser explorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡qué ciegos
estamos todos! (8).
¿Qué significa esto para nuestra pregunta? Significa que las grandes
palabras de quienes nos profetizan una Iglesia sin Dios y sin fe son palabras
vanas. No necesitamos una Iglesia que celebre el culto de la acción en
«oraciones» políticas. Es completamente superflua y por eso desaparecerá por sí
misma. Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que
se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte. De la
misma manera, el sacerdote que sólo sea un funcionario social puede ser
reemplazado por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero seguirá siendo aún
necesario el sacerdote que no es especialista, que no se queda al margen cuando
aconseja en el ejercicio de su ministerio, sino que en nombre de Dios se pone a
disposición de los demás y se entrega a ellos en sus tristezas, sus alegrías,
su esperanza y su angustia.
Demos un paso más. También en esta ocasión, de la crisis de hoy surgirá
mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar
todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos
en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus
privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que
hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede
acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha
más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. Ciertamente conocerá
también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados
que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en
grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo.
Junto a estas formas seguirá siendo indispensable el sacerdote dedicado por
entero al ejercicio del ministerio como hasta ahora. Pero en estos cambios que
se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación
lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el
Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del
Espíritu que durará hasta el fin. La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en
la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como
celebración y no como un problema de estructura litúrgica.
Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no
flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. En
efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también
muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los
pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto
la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada. Se puede
prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al
igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos,
en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba
de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera
la existencia de Dios era en modo alguno segura (9)– hasta la renovación del
siglo XIX. Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia
interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán
indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán,
cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible
pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo
totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta
que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le
aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado
todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente
seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que
fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más
la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco
tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la
patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.
Notas
1) Citado en F. X. Seppelt-G. Schwaiger, Geschichte der Päpste, Kösel, München 1964, pp. 367-368. Cf. también la exposición que se
halla en L. J. Rogier-G. de Bertier de Sauvigny, Geschichte der Kirche IV, Benziger, Einsiedeln 1966, pp. 177ss. G.
de Bertier de Sauvigny afirma como resumen sobre la situación al final del
periodo de la Ilustración: «En pocas palabras: si a principios del siglo XIX el
cristianismo tenía aún algunas posibilidades de seguir existiendo, estas
posibilidades eran manifiestamente más para las Iglesias surgidas de la Reforma
que para la Iglesia católica, golpeada en la cabeza y en los miembros» (p.
181).
2) Cf. el instructivo artículo sobre Wessenberg del arzobispo C. Gröber
en la primera edición del LThK X, cols. 835-839; LThK2 X, cols. 1064ss (W.
Müller). K. Aland ha iniciado la edición de las obras de Wessenberg.
3) Cf. los textos en Denzinger-Schönmetzer 2600-2700, especialmente
2602, 2603, 2606, 2628 (texto latino y versión castellana en Heinrich Denzinger-Peter
Hünermann, El magisterio de la Iglesia.
Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum de rebus fidei et morum,
Herder, Barcelona 1999, pp. 675-710). Cf. L. Willaert, «Synode von Pistoia», en LThK2 VIII, cols. 524-525.
4) Cf. L. J. Rogier, Geschichte der
Kirche IV, op. cit., pp. 133ss.
5) A. Schmid, Geschichte des Georgianums in München,
Pustet, Regensburg 1894, pp. 228ss.
6) Sobre Sailer, cf.
especialmente I. Weilner, Gottselige
Innigkeit. Die Grundhaltung der religiösen Seele nach J.M. Sailer, Pustet,
Regensburg 1949; Id., «J. M. Sailer,
Christliche Innerlichkeit», en (J. Sudbrack – J. Walsh [eds.]) Grosse Gestalten christlicher Spiritualität,
Echter, Würzburg 1969, pp. 322-342. Sobre P. B. Zimmer, cf. la tesis doctoral
defendida en Tübingen por P. Schäfer, Philosophie
und Theologie im Übergang von der Aufklärung zur Romantik, Vandenhoeck
& Ruprecht, Göttingen 1971.
7) Cf. H.
Gollowitzer, «Drei Bäckerjungen»: Catholica 23 (1969), pp. 147-153.
8) Sobre esta cuestión, cf. las extraordinarias consideraciones de H. de
Lubac, «Der Heilige von morgen», en: Geheimnis aus dem wir leben, Benziger,
Einsiedeln 1967, pp. 155-162; Id., «L’Église
dans la crise actuelle», en: Nouvelle
Revue théol. 91 (1969), pp. 580-596, especialmente pp. 592ss.
9) Cf. L. J. Rogier, op. cit., p. 121.
Este texto nació como una charla del sacerdote y profesor de teología
Joseph Ratzinger en un programa radiofónico de Alemania. Fue publicado luego
como parte del libro: Joseph Ratzinger, Glaube und Zukunft,
Kösel-Verlag, München 1970; y de su posterior traducción al español: Joseph
Ratzinger, Fe y futuro, Desclée de Brouwer, 1971. Se trata del quinto y
último capítulo de Fe y Futuro. Hemos tomado el texto de la revista Humanitas,
de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Creemos que es una
reflexión valiosa, aunque habría que matizar algunos puntos que, dentro de este
texto, son secundarios.
El orden del universo prueba la
existencia de Dios
(Curso
de Apologética –Parte 3)
Raymond de Souza KM
Pongámonos a pensar a fondo y razonemos: siempre que ves algo cuyas
partes están dispuestas en orden, siguiendo un patrón lógico específico, sabes
que alguien lo hizo. Muebles en una sala de estar, piezas de ajedrez sobre un
tablero, libros en una biblioteca. Una disposición ordenada no puede ser explicada
excepto como debida a la actividad de un diseñador inteligente. No hay orden
sin un ordenador inteligente.
Supón que mañana por la mañana vas a una fábrica de bicicletas, y en uno
de los talleres ves una cantidad de partes, ordenadas en diferentes cajas:
tubos de acero, un haz de radios, llantas de ruedas, ejes, manillares, pedales,
cajas de tuercas y tornillos, etc. Entonces una gran tormenta golpea la fábrica
y, cuando tú vuelves algunas horas más tarde (digamos), después de la tormenta,
encuentras que el conjunto entero de componentes ha sido transformado en una
docena de bicicletas nuevas, cada una de ellas perfecta en todos sus detalles.
Cada parte ha sido encajada en las demás partes con un ajuste hábil, arrojando
un resultado que es un modelo de disposición ordenada. Es asombroso cómo las
bicicletas se armaron a sí mismas durante la tormenta, ¿no?
Sólo un idiota supondría que esas bicicletas fueron armadas por la
tormenta. ¡El mero azar jamás produciría ese tipo de orden! Cualquiera con un
mínimo de razón reconocería inmediatamente que fue el trabajo de un mecánico o
de un grupo de mecánicos. Así de simple.
El orden es unidad en la variedad. El orden es el resultado del diseño
inteligente. El diseño es la planificación del orden. El mecánico tenía en la
mente o sobre el papel las instrucciones de montaje, y las siguió a fin de
armar las bicicletas. El orden está presente cuando varias cosas diferentes
(las partes) se combinan para producir un solo efecto o resultado (la
bicicleta).
Tomemos otro ejemplo: tu reloj de pulsera. Allí ves la caja, el
cuadrante, las agujas, una multiplicidad de rueditas y de otras partes y
piezas: cada parte encaja para contribuir a producir un único resultado, es
decir la indicación adecuada de la hora. Todos saben que la naturaleza no
produce relojes. Ellos no crecen en los árboles, ni siquiera en la tierra de
Oz. Ellos son hechos por personas para su comodidad. Su orden necesariamente
presupone un ordenador, el relojero.
Ahora consideremos un ejemplo más elevado: el cuerpo humano. Como la
bicicleta y el reloj, pero en una forma inmensamente más perfecta, consiste en
un gran número de miembros y órganos; empero todos ayudan, cada uno a su propia
manera, al bienestar del conjunto: tú.
En la mano humana que ayudó a hacer la bicicleta y el reloj encontrarás
un ejemplo mucho más maravilloso de orden e ingenio. Cada movimiento de la mano
humana causa una interacción de huesos, una contracción o relajación de
músculos flexibles, un tensionamiento o aflojamiento de tendones fibrosos. Su
estructura está compuesta de no menos de diecinueve huesos, mientras que ocho
más, de formas varias, aseguran la fuerza y la flexibilidad en la muñeca. Y es
parte de un cuerpo viviente, inmensamente más perfecto que todas las bicicletas
y los relojes del mundo.
Tú sabes que las bicicletas exigen la existencia de mecánicos y que los
relojes exigen la existencia de relojeros. ¿Cómo podría el azar ciego haber
formado un sistema tan altamente complejo e intrincado de huesos y músculos, de
tendones y arterias, en el que las diversas unidades trabajan armoniosamente
para la producción de cada uno de los movimientos del conjunto? ¡Más aún, a
diferencia de la bicicleta y del reloj, la mano humana está viva!
Y, una vez que el azar es necesariamente excluido, surge inmediatamente
la pregunta: ¿De dónde ha venido tu mano? ‘De mis padres’, responderás
naturalmente. Sí, por supuesto, y tus padres vinieron de tus abuelos, y ellos
vinieron de tus bisabuelos y así sucesivamente, hasta que te planteas la
pregunta acerca del origen de la especie humana y de toda vida en el planeta. ¿Quién,
entonces, es el autor de esa realidad maravillosa? ¿Quién ha hecho que madure
hasta su forma actual, que desarrolle tantos tejidos diferentes, para alcanzar
tal eficiencia?
La respuesta salta a tus labios. El mero azar nunca podría haber
producido un ser tan perfecto como un ser vivo. La materia inerte nunca puede
producir materia viva, porque ningún ser puede dar lo que no tiene. El Artífice
de la mano humana y de las incontables otras maravillas de las cuales el
universo está lleno no puede ser otro que el gran Maestro Artesano a quien
llamamos Dios.
Un diamante en bruto en una mina no atraerá tu atención, pero un
diamante esmeradamente cortado encima de una corona real sí lo hará. ¿Cuál es
la diferencia? Es el mismo elemento, ¿no? La diferencia es que alguien con una
mente inteligente sabía cómo cortar el diamante en bruto y colocarlo sobre la
corona. Un diseñador inteligente estaba detrás del trabajo, incluso si tú nunca
llegas a saber quién era él. La única mina de diamantes donde la gente recoge
diamantes ya cortados estaba en la clásica película de dibujos animados de
Disney Blancanieves y los siete enanitos.
Los caballos salvajes nunca realizarán las cabriolas de los caballos de
la Escuela Española de Equitación de Viena, a menos que un entrenador pase
largos meses trabajando con ellos, después de unas cuantas generaciones de
caballos en cautividad. Los arbustos y las plantas silvestres de un campo nunca
se organizarán a sí mismos para lucir como los jardines de Versailles, a menos
que un paciente grupo de jardineros trabaje en ellos.
Sí, no hay un orden sin un ordenador inteligente. El orden es el
resultado exclusivo del intelecto. Tu vieja cámara fotográfica consiste en una
caja en la que hay una abertura circular para el pasaje de la luz. La luz pasa
a través de la lente y forma una imagen sobre la película sensible. El ojo
humano trabaja de una manera similar: el globo ocular corresponde a la caja de
la cámara, la pupila corresponde a la abertura circular, el cristalino a la
lente de la cámara y la retina a la película.
En ambos ejemplos ves que varias partes distintas se encuentran unidas o
encajadas juntas para producir un solo resultado, a saber, una imagen clara sobre
la película y sobre la retina. Tú sabes que la cámara fue hecha por alguien,
¿pero el ojo humano, el cuerpo humano, no? ¿Así que la cámara vino de una
fábrica pero el cuerpo humano con todas sus perfecciones surgió del suelo
después de unos cuantos millones de años? ¿Por qué las cámaras no hacen lo
mismo? ¿O podrían esas cosas distintas, la cámara y el ojo, haberse juntado por
azar? No. Es perfectamente claro que tal combinación sólo puede haber sido
efectuada por un trabajador inteligente: la cámara fue hecha por el hombre,
incluso aunque tú puedas no saber quién fue. El ojo humano fue hecho por un
trabajador no menos real, aunque invisible a nuestros sentidos. A ese artífice
lo llamamos Dios.
La última palabra
El trabajador que podría organizar la materia para comportarse de la
forma en que lo hace el ojo es un trabajador cuya inteligencia y poder es
imposible de medir para nuestras mentes. Él es el Autor y el Amo de la
Naturaleza: lo llamamos Dios. Sí,
para cualquier mente no perturbada por el prejuicio o la locura, el orden del
universo prueba la existencia de Dios.
Dejemos que Einstein tenga la última palabra: “Yo quiero saber cómo Dios
creó este mundo. (…) La mente humana
no es capaz de aprehender el Universo. Somos como un niño pequeño que entra a
una biblioteca inmensa. Las paredes están cubiertas hasta el techo con libros
en diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe haber escrito estos
libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los cuales están
escritos. Pero el niño nota un plan
definido en la disposición de los libros –un orden misterioso que no comprende, sino que sólo sospecha
tenuemente.”
(Artículo traducido del inglés por Daniel Iglesias
Grèzes).
(Raymond de Souza
es conductor de un programa de EWTN; coordinador regional de Human Life International [Vida Humana
Internacional] para los países de habla portuguesa; presidente del Sacred Heart Institute [Instituto del
Sagrado Corazón]; y miembro de la Soberana, Militar y Hospitalaria Orden de los
Caballeros de Malta. Su sitio web es: www.RaymonddeSouza.com).
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José
Alfredo Elía Marcos
1.
Eugenesia y la depuración de la raza
Francis Galton (1822-1911) está considerado el padre de la eugenesia. Médico y estadista inglés, primo de Charles Darwin y victoriano por posición social y por convicción, ideó a finales del s. XIX las bases de un plan de mejora de la raza. Galton derivó su idea principal de la crianza de caballos de carrera. Pensó que se podían criar mejores hombres como se pueden criar mejores caballos.
"Así como es fácil, a pesar de ciertas limitaciones, obtener por selección cuidadosa razas estables de perros o caballos dotados con facultades especiales para la carrera o para hacer cualquier otra cosa, así de factible debería ser producir una raza de hombres altamente dotada por medio de bodas sensatas a lo largo de varias generaciones consecutivas" (Francis Galton).
En 1883 Francis Galton acuña el término eugenesia ("la verdadera semilla o el nacimiento noble"), en su obra Investigaciones sobre las facultades humanas y su desarrollo (1883). Sus teorías se apoyaron en una serie de ideas previas:
- La evolución de las especies y la teoría de selección natural de Darwin.
- Las ideas de Malthus de que los recursos mundiales tenían una capacidad limitada inversamente proporcional al crecimiento de la población.
- La preocupación de las clases medias inglesas por lo que pensaban era una degeneración de la raza: el hacinamiento en las ciudades, surgimiento de enfermedades que se creía eran hereditarias o que afectaban los caracteres hereditarios, como la tuberculosis, la sífilis o el alcoholismo.
Miembro de muy diversos organismos como la Geographical Society y casado con la hija de un hombre notable, consigue que se le considere entre los individuos activos del entonces Imperio británico. Combina sus estudios estadísticos y los de medicina para elaborar tablas de la evolución de las “buenas familias inglesas” e intenta hacer clasificaciones de “enfermos” o “criminales”, que era lo que más le preocupaba dentro de lo que consideraba clases o “estirpes inferiores”.
Para justificar sus teorías realizó estudios biométricos en colegios e instituciones para averiguar, por ejemplo, las diferencias entre los escolares del campo y los de la ciudad, que pensaba estaban más “degradados”.
En 1904 fundó el Laboratorio Eugenésico de Londres. Allí desarrolló el concepto de «Eugénica nacional», definida «como el estudio de los medios que están bajo control social que pueden beneficiar o perjudicar las cualidades raciales de las generaciones futuras, tanto física como mentalmente». Fue secretario de la Asociación Británica para el Progreso de las Ciencias (1863-1867), y dirigió a partir de 1901 la revista Biométrika.
Pensaba que si se fomentaba el matrimonio entre los mejores de cada clase y se concedían ayudas para que los mejores tuvieran hijos, se mejoraría la sociedad, ya que una de sus principales preocupaciones era que los matrimonios de clases inferiores tenían más hijos que los de clases más elevadas.
«Éste es precisamente el fin de la Eugénica. Su primer propósito es controlar el porcentaje de crecimiento de los 'Ineptos', en lugar de permitirles llegar a seres aun estando destinados a perecer prematuramente en gran número. El segundo propósito es la mejora de la raza favoreciendo la productividad de los 'Aptos' por medio de matrimonios tempranos y saludable crianza de los hijos» (Galton).
Además denuncia que las organizaciones caritativas, al asumir el cuidado de los pobres y de los enfermos (calificados como degenerados, ineptos e inferiores), impiden el funcionamiento de la “selección natural”. Se exageró entonces, enormemente el impacto de la transmisión de las “taras”, el “atavismo”, para justificar dos objetivos complementarios:
- Eugenismo positivo: favorecer la reproducción de las razas llamadas superiores.
- Eugenismo negativo: hacer desaparecer las razas llamadas inferiores.
Ésta es una visión cientifista, exclusivamente materialista, donde el hombre es tan sólo un engranaje dentro de un mecanismo más grande, y donde la sociedad o el Estado, han de pretender “mejorar” la raza humana hasta generar el “superhombre”. La eugenesia nació en una época en que la ciencia triunfante revolucionaba al mundo de la técnica, y donde el materialismo pretendía utilizar al hombre como un material o animal, al que se puede mejorar por medio de cruzas y una selección “científica”. De esta manera la sociedad debería tratar a quienes considere víctimas de taras, “disgénicos”, inferiores, inadaptados, mal desarrollados, como a miembros gangrenados y amputarlos por razones de higiene social, sin tener en cuenta las prohibiciones de una moral “burguesa” derivada de la “superstición judeocristiana”. La salud se transforma entonces en una relación que involucra a tres partes: el enfermo, el médico y el Estado.
«Todos los débiles mentales son, al menos en potencia, criminales potenciales. Que cualquier mujer débil mental es una prostituta potencial es algo que nadie discutiría. El sentido moral, al igual que el sentido para los negocios, el sentido social o cualquier otro proceso de pensamiento elevado, es una función de la inteligencia» (Francis Galton).
Es realmente después de la muerte de Galton cuando se difunden con más fuerza las ideas eugenésicas, hasta los años treinta y cuarenta, dependiendo de los países, ya que después del nazismo se deja de hablar de eugenesia. Las leyes de 1933 establecieron de una forma salvaje las prácticas eugenésicas. No sólo exterminando personas, sino también haciendo experimentos de crianza, seleccionando mujeres para engendrar soldados o “ejemplares masculinos” de la raza aria.
2.
Neomaltusianismo y Eugenismo
Así, el anarquista francés Paul Robin crea
en París el primer centro de información sobre productos anticonceptivos y en
1896 funda la Liga de la Regeneración Humana, con el fin de difundir los medios
anticonceptivos y defender el “amor libre” así como el divorcio. En una revista
que publicó con el nombre de Régénération,
Ligue pour l'amélioration de la race humaine, Sélection scientifique, Education
intégrale escribe a los médicos eugenistas lo siguiente: "buen nacimiento, buena educación y
buena organización social, en este orden y solamente en este orden".
“La mejor garantía de la subsistencia y ecuación de la prole está más que en el matrimonio, en la independencia, especialmente de la madre, la cual tiene derecho a tener hijos sólo cuando lo desee, acudiendo incluso al aborto, si así lo estima conveniente” (Paul Robin, citado por: Eloy Montero, Neomaltusianismo, eugenesia y divorcio, 1932).
En 1902 se incorporarían al movimiento importantes personalidades como Sebastián Faure, Eugen Humbert, Jeanne Dubois y Luís Quintana Bulffi entre otros.
Paul Robin fue el promotor del primer Congreso Internacional Maltusiano que se celebró en París en 1900. El segundo se desarrolló en Lieja (1905); el tercero en La Haya (1910) y el cuarto en Dresde (1911), esta vez por invitación del Comité alemán de la Exposición Internacional de Higiene.
Los resultados de la propaganda neomalthusiana tuvieron sus efectos inmediatamente en Francia, en donde el aborto provocado, la ovariotomía, el onanismo, y otras prácticas neomalthusianas, cuya difusión asustaría si pudiera ser conocida, consiguieron reducir la natalidad a límites insospechados. Desde 1876 a 1911 se produce un drástico retroceso del crecimiento de la población francesa, con
incrementos anuales de apenas un 0,18% en 1911, frente al 0,56% que hubo en 1876.
El doctor Canu afirmó en 1896 que había practicado en París entre 30 a 40 mil extirpaciones de
ovarios (ovariotomía) y que existían en Francia más de 500.000 (citado por Fonsegrive, Mariage et union libre, Paris 1904, p. 220).
Las causas de la aceptación de los principios neomalthusianos por la sociedad francesa son variadas y complejos pero autores como Spencer, Zola, Ellis, Leray Beaulieo y otros están de acuerdo en que los principales son el egoísmo, el feminismo radical y la descristianización de occidente. El deseo de bienestar implica que los hijos sean considerados como un obstáculo. Como dice Arsenio Dumont “el menor átomo de la plebe procura subir hasta la cúspide social, para lo que los hijos constituyen un obstáculo”.
La emancipación laboral de la mujer la arroja en la lucha por la vida y el empleo, dificultando su deseo de maternidad ante las dificultades y cargas que supone. También el abandono de la religión y la moral católica, influye e manera importante en el descenso de la natalidad como probaron diferentes autores como probaron diferentes autores como Etienne Rey (Maximes morales et immorales, París 1914, 2ª ed.), Bertillon Ellis (El sexo en relación con la sociedad, Madrid 1912), Tallquist (Investigaciones estadísticas sobre la tendencia a una menor fecundidad en los matrimonios, Helsingfors, 1886) y Lacassagne (Les actes de L´Etat civil, Lyon-París). Según estos estudios los países más religiosos son los que han tenido y tienen más hijos y que el número de matrimonios religiosos está siempre en relación directa al aumento de la natalidad.
En España, la propaganda de P. Robin fue traducida por Mateo Morral, quien la repartió de manera gratuita entre las obreras de Barcelona. Morral fundó la llamada “Liga de la regeneración humana” y publicó una revista semanal titulada “Salud y Fuerza”, que convertida en empresa editorial, se dedicó a divulgar descarada e impunemente la infecundidad voluntaria y los métodos prácticos para obtenerla.
3. El
poblacionismo pronatalista en Francia
Como reacción a los movimientos neomalthusianos, se funda en Francia la “Nueva Alianza contra el despoblamiento”, que más tarde se convertiría en la “Alianza nacional para el incremento de la población francesa”. Esta iniciativa correspondió a los médicos eugenistas J. Bertillon, Charles Richet y al político André Honnorat, y representa la primera asociación familiar de envergadura en occidente. Para ellos “hacía falta número para poder obtener la calidad” que la raza francesa estaba perdiendo. Por ello se marcaron como objetivo alertar a la opinión y los poderes públicos sobre los riesgos que la desnatalización podría provocar en la sociedad francesa. Entre sus propuestas se incluían desgravaciones fiscales y facilidades en el equipamiento doméstico para las familias numerosas. En 1913 la Alianza fue declarada de utilidad pública por el estado francés.
El final de la primera guerra mundial produjo el crecimiento y desarrollo de este movimiento, de tal manera que el primer ministro francés Clemenceau llegó a afirmar durante las sesiones preparatorias del tratado de Versalles lo siguiente: “El tratado no dice que Francia deba empeñarse en tener hijos, pero es la primera cosa que habría debido aparecer. Porque, si Francia vuelve la espalda a las familias numerosas, pueden incluirse todas las cláusulas posibles en el tratado, pueden requisarse todos los fusiles de Alemania, puede hacerse todo lo que se quiera, Francia estará perdida porque no habrá bastantes franceses” (Clemenceau, 1919).
Durante los siguientes años, la demografía francesa se situará entre las más avanzadas, alcanzando un peso político difícilmente superable en otros países. El higienista Marc declararía que "para defender la patria, es necesario ante todo poblarla". En 1920, el ministro de asistencia y previsión social J. L. Breton, creó el Alto Consejo de la Natalidad (Conseil Supériur de la Natalité), con el claro objetivo de elevar la natalidad francesa, desarrollar la puericultura y proteger las familias numerosas. Ese mismo año se instituye la “Medalla de la familia francesa”. El Alto Consejo también creó una serie de medidas represivas, mediante multas y cárcel, para evitar la contracepción y castigar el aborto.
En 1939 el gobierno Daladier aprueba el Code de la Famille, un decreto-ley que mantiene la prohibición del aborto y la venta de anticonceptivos, a la vez que beneficiaba económicamente a las familias con muchos hijos.
4. La
teosofía y los cultos neopaganos de la Nueva Era
En 1890 Annie Besant, que había sido una importante divulgadora del neomaltusianismo en Inglaterra, se adhirió a las teorías teosóficas de Madame Blavatsky, llegando a ser la presidenta de esta importante logia esotérica desde 1903 hasta 1933. La Teosofía de Blavatsky (conocida en la actualidad como movimiento de la New Age) fue una logia esotérica cuyo pensamiento fue expuesto en la obra “La doctrina secreta” (1888). En ella Blavatsky defendió la pureza de la raza aria así como el papel sagrado de la sexualidad femenina, que podía determinar la vida y la muerte de su descendencia mediante la anticoncepción y el aborto. Para Blavatsky era esencial la emancipación de la mujer del poder “masculino” del Dios del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.
Annie Besant escribió más de 400 libros y se dedicó a dar conferencias por todo el mundo. Su obsesión era acabar con el cristianismo, por lo que se dedicó a buscar por toda la India a un joven que encarnase al Anticristo, y creyó encontrarlo en un muchacho llamado J. Krishnamurti. En sus libros “Lecturas populares de teosofía” y “El gobierno interno del Mundo” (1920) explica las claves que permiten al mundo moderno occidental encarar sus problemas para alcanzar un desarrollo más armónico y equitativo. Para Besant estas claves se encontrarían en las razas germanas y eslavas como resultado de la evolución de la raza aria primigenia, y que aglutinarían en sí los mejores aspectos físicos, emotivos y mentales, así como un desarrollo espiritual superior a otras razas.
Hacia 1920, la Sociedad Teosófica se propone abolir las tres grandes religiones monoteístas: Cristianismo, Judaísmo e Islamismo, promoviendo la unidad de las otras religiones del mundo. En 1922 Alice Bailey, una de las principales inspiradores del movimiento de la New Age, funda la “Compañía de propaganda Lucifer”, dedicada a publicar libros de misticismo y enseñanzas esotéricas. Entre sus planes para la institución de un Nuevo Orden Mundial, propuso las guerras religiosas, la forzada redistribución de los recursos del mundo, y las iniciaciones en masa a la Nueva Teología.
En los años 70 la propaganda de la New Age se hizo visible a través de las obras de Marilyn Ferguson (La conspiración de Acuario), David Spangler (Revelación: el nacimiento de una nueva era), Mark Satin (New Age Politics), etc.
Para la New Age, la vida humana tiene tanto valor como la vida animal. Su fe en la reencarnación (karma), les lleva a creer que la muerte no representa más que el pasaje hacia un nuevo nacimiento bajo una forma humana (karma positivo) o animal (en caso de karma negativo). Por eso Alice Bailey pensaba que la Schoah fue el resultado del karma negativo de los judíos. Dentro de este sistema, el aborto no sería un crimen, sino la oportunidad de encontrar un karma mejor.
Otro tema crucial es la concepción que la New Age tiene de la familia y el matrimonio. Para Marilyn Ferguson la familia no es una verdadera institución sino una conexión más entre otras millones y millones de relaciones posibles. Frente a este amor institucional, Ferguson, con su característico lenguaje críptico, propone un “amor holístico” en el que “la relación amorosa transformativa es una brújula que nos orienta hacia las propias potencialidades”. Así la familia se convierte en un “sistema abierto,… flexible, capaz de adaptarse a las realidades de un mundo en transformación. Otorga a sus miembros libertad y autonomía y al mismo tiempo una sensación de unidad grupal”.
La New Age tiene actualmente la forma de una red de múltiples organizaciones descentralizadas que desarrollan las distintas prácticas de espiritualidades gnósticas, básicamente el hinduismo y el budismo (yoga, hipnosis, auto-hipnosis, rosacrucianismo, medicinas holísticas, drogas, OVNIs, el poder de los cristales, la brujería, etc.). En conjunto constituye una vasta y lucrativa empresa que profetiza la llegada de un “Nuevo Cristo” en la “Era de Acuario”.
(José
Alfredo Elía Marcos, Las lágrimas de
Raquel. Historia, ideologías y estrategias de la guerra contra la población,
2011, Capítulo 3, en:
http://laguerracontralapoblacion.blogspot.com/search/label/03%20La%20eugenesia).
Comunicado sobre
un reciente fallo
del Tribunal de lo Contencioso Administrativo
Asociación Familia y Vida
La Asociación Familia y Vida expresa su satisfacción por el histórico
fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo en el que se reconoce al
personal sanitario el derecho a plantear objeción de conciencia en temas relacionados
con el aborto.
En momentos en que una notoria serie de videos en EE.UU. está sacando a
la luz algunos de los aspectos más chocantes de la industria del aborto, es
particularmente evidente el carácter bárbaro e inhumano de las prácticas
abortivas y es patente el derecho de todo profesional de la salud de objetar a
cualquier participación en las mismas.
Felicitamos a los profesionales de la salud que han sabido afrontar
presiones de todo tipo por la elemental fidelidad a su conciencia, ejerciendo
lo que debe ser un derecho primordial de todo ciudadano, e igualmente
felicitamos al equipo jurídico que llevó adelante esta causa en defensa de ese
derecho básico e inalienable.
Nuestra Asociación está comprometida a cooperar con el personal de salud para
ejercer su derecho a ser fiel a lo más esencial de la ética médica, que es el
cuidado de la vida.
Igualmente reivindicamos una vez más, y lo seguiremos haciendo, el
derecho a la vida de todo ser humano desde la concepción y la necesidad
impostergable de derogar la ley de aborto.
Montevideo, 26 de
agosto de 2015.
Ing. Daniel Iglesias Grèzes
Lic. Néstor Martínez Valls
El día 11/08/2015 el portal católico Aleteia publicó un artículo de Feliciana Merino Escalera
titulado El sexo X: ¿Pueden elegir los
padres el sexo de sus hijos? Enseguida dicho artículo fue
reproducido por otros medios de comunicación católicos. El artículo defiende
una reciente ley alemana que permite a los padres dejar en suspenso la decisión
sobre el sexo de sus hijos “intersexuales”, optando en el registro civil por un
“tercer sexo” ambiguo, llamado X. En apoyo de su tesis, la autora cita a Mauro
Cabral, activista intersexual que procura “básicamente… detener la práctica de cirugías que
normalizan el cuerpo de niños y niñas intersex” (véase
aquí).
Es cierto que, como dice la autora, la “intersexualidad” es un fenómeno
que requiere comprensión y sensibilidad; pero también es un tema complejo y
delicado, en el que debemos extremar los esfuerzos para evitar manipulaciones
por parte de adversarios de la antropología cristiana. En nuestra opinión, el
artículo en cuestión no lo logra, y comete dos errores principales:
1) Cuando
dice “me parece que Alemania ha dado un
paso por el buen camino, acogiendo la diferencia y no disimulándola o
menospreciándola”, confunde el debido respeto por las personas
“intersexuales” con un aprecio por el trastorno biológico que sufren. Valorar
positivamente un mal es un error. La intersexualidad no es una diferencia
que deba ser acogida en cuanto tal, sino una anomalía orgánica que (en lo
posible) debe ser combatida y corregida, como cualquier enfermedad o
deformación.
2) Cuando
cita aprobatoriamente estas palabras de Mauro Cabral: “(Las operaciones) mutilan la diversidad de nuestros cuerpos;
mutilan nuestra sensibilidad genital y nuestra capacidad para el goce sexual,
nuestra identidad y, en muchos casos, nuestra capacidad para optar por cirugías
deseadas al llegar a ser adultos. Mutilan nuestro derecho a decidir aspectos
centrales de nuestra vida”; insinúa que existe un derecho a decidir
subjetivamente cuál es la propia identidad sexual. Se transmite la falsa
impresión de que las personas “intersexuales” no son ni varones ni mujeres, de
modo que su identidad sexual quedaría sujeta a su opción personal, incluyendo
la opción de no optar por ninguno de los dos sexos. Incluso, en el peor caso,
las palabras de Cabral podrían interpretarse así: no hay que operar a los
intersexuales para que puedan disfrutar de los dos sexos; lo cual sería
absurdo.
En los tiempos que corren, una ley como la ley alemana elogiada en el
artículo que estamos comentando tiende inevitablemente a relativizar la
identidad sexual y a abrir al menos una rendija a la nefasta ideología de
género. Téngase en cuenta que el movimiento homosexualista agrega cada vez más
letras a su sigla, identificándose hoy como LGBTIQ, donde L significa
Lesbianas, G significa Gays, B
significa Bisexuales, T significa Transexuales, I significa Intersexuales y Q
significa Queers (“raros”). Los
activistas intersexuales forman parte del gran movimiento homosexualista,
animado por la ideología de género.
Esta ideología
permite comprender una aparente paradoja: el movimiento LGBTIQ (en su aspecto
T) es favorable a las operaciones quirúrgicas de “cambio de sexo” (que en
realidad no cambian el sexo), pero (en su aspecto I) se opone a las operaciones
que pretenden resolver el trastorno del desarrollo sexual de los niños
“intersexuales”. En el marco de esa falsa ideología hay una coherencia: se apoyan las operaciones
para los transexuales porque corresponden a su deseo; se rechazan las
operaciones para los niños pequeños “intersexuales” porque aún no pueden
manifestar su voluntad; se prefiere que crezcan con su “diversidad sexual” a
cuestas y luego elijan un sexo conforme a su deseo.
Una de las estrategias favoritas del movimiento LGBTIQ es exagerar,
mediante manipulaciones estadísticas, las cantidades o porcentajes de personas
con las características que ese movimiento promueve. Los casos de personas con
verdadera ambigüedad sexual (“hermafroditismo verdadero”) son rarísimos. Aunque
también son raros, son mucho más frecuentes los casos de pseudo-hermafroditismo
(masculino o femenino). En estos casos no hay duda alguna sobre la identidad
sexual de la persona: se trata de varones con un trastorno del desarrollo
sexual o de mujeres con un trastorno del desarrollo sexual. Mediante el nuevo
término “intersexuales” se pretende agrupar todos los casos para alcanzar un
porcentaje significativo, aunque pequeño, de la población. O sea, se nos quiere
convencer de que (por ejemplo) los varones con penes con alguna anomalía son “intersexuales”,
en vez de ser varones que sufren una patología. Lo mismo para las mujeres. Y además
se pretende obligarnos a valorar y acoger la diversidad de los intersexuales y a
respetar su “derecho” a elegir su identidad sexual; por supuesto, no se dice
que la persona tiene el deber de elegir según la realidad objetiva, o sea según
su verdadera identidad sexual.
El artículo confunde porque protesta contra una injusticia motivada por
la ideología de género (las operaciones del Dr. John Money), pero lo hace citando
a un activista cuya protesta está motivada por una versión más radical y más
coherente de la misma ideología. Pasamos a explicar esto.
Podríamos llamar “machismo tradicional” a una falsa ideología que ha llevado a médicos y padres a cometer errores en esta materia: cuando un varoncito nacía con un pene demasiado pequeño o deforme, que le impediría una relación sexual normal, algunos pensaban así: “Si no puede penetrar, entonces que pueda ser penetrado. Si no puede ser un varón normal, entonces que sea una mujer”. Esta forma de pensar condujo a algunas mutilaciones genitales de niños varones. Más adelante este sofisma fue reforzado por la ideología de género: la mutilación genital de un varoncito no importa, porque el género es cultural, no biológico. Después de la operación –según una versión de esta ideología–, basta que los padres vistan al bebé de rosado, lo hagan jugar con muñecas y, en suma, lo traten como una niña, para que llegue a ser una mujer. Cosa absurda y que dio resultados funestos. El movimiento intersexual protesta contra esas operaciones injustas, pero también contra las operaciones justas; porque no protesta en nombre del respeto debido a la identidad sexual objetiva de la persona, sino en nombre de una teoría que dice que en realidad no hay dos sexos, sino una gama continua de infinitos sexos, que las nociones de varón y mujer son convenciones arbitrarias, y que debemos valorar toda diversidad sexual y dejar que cada uno elija su identidad sexual libremente. Así que su crítica, en parte justa, empeora aún más las cosas, porque se opone también a las operaciones que eliminan o alivian los trastornos del desarrollo sexual de los niños, respetando su realidad biológica; y en cambio apoya las operaciones de adultos para asemejarse al sexo que uno querría tener, incluso en contra de su sexo natural. Pero nadie puede elegir su sexo, tampoco la persona “intersexual”. Seguramente en algunos casos muy complejos de hermafroditismo verdadero los padres deban esperar el desarrollo del niño para descubrir su identidad sexual real. Pero en la mayoría de los casos no hay verdadera ambigüedad sexual. Para estos últimos, ¿cómo soslayar el derecho-deber de la patria potestad, o sea de los padres, de procurar la salud de sus hijos (por cierto, basándose en una previa información técnica completa y veraz, no ideologizada)?
Por último, la ley alemana en cuestión no sólo es muy discutible y
peligrosa, sino en cierto modo inútil, ya que ni siquiera resuelve el problema
que pretende resolver. Supongamos que los padres inscriben en el Registro Civil
a su hijo “intersexual” con el “sexo X”. Ahora bien: ¿Le van a dar también un
nombre neutro (como R2D2)? ¿Van a referirse a su hijo como “ello” en vez de
“él” o “ella”? ¿Van a tratarlo siempre en forma neutra? Seguramente no. En
definitiva, lo más simple y lógico sería que registraran a su hijo como varón o
mujer en función de su sexo aparente, aún a riesgo de equivocarse. El posible
error de registro podría corregirse más tarde. Si las leyes, en muchos países
(como Uruguay), ya permiten el cambio de sexo registral según el sentimiento
subjetivo de la persona, con mucha más razón permitirán el cambio de sexo registral
según la realidad objetiva, para corregir un error del registro en el momento
del nacimiento.
La cruz, la hoz y el martillo –2
Ing. Daniel Iglesias Grèzes
Parte
III. Frei Betto y otros dominicos guerrilleros
Uno de los representantes más famosos de la llamada “Teología de la
Liberación” es el sacerdote brasileño Frei Betto. Durante dos años
(contrariando una clara norma del derecho canónico), Frei Betto formó parte del
Gobierno del Presidente Lula en Brasil, coordinando el programa humanitario
“Hambre Cero”. A continuación reproduzco (en letra itálica) parte de una
noticia publicada por la Agencia Católica de Informaciones (ACI) acerca de una entrevista
en la cual Frei Betto elogia a Fidel Castro y a Carlos Marighella (el líder de
la guerrilla marxista brasileña) y reconoce su pasado guerrillero. Intercalo
mis comentarios en letra normal.
RIO DE JANEIRO, 12 Junio 2007 (ACI). En una entrevista concedida a
Claudia Korol, de la “Agencia de Información Fray Tito para América Latina” [ADITAL], el fraile dominico brasileño Alberto Libanio Christo, conocido como
“Frei Betto”, proclamó su admiración
por Fidel Castro y por el “padre” del terrorismo urbano Carlos
Marighella, a la vez que reconoció con entusiasmo su participación en la
guerrilla marxista durante el gobierno militar del Brasil.
En la sorprendente entrevista, Frei Betto confiesa, 22 años después de
publicar su libro elogioso a Castro “Fidel y la Religión”, que “yo desde muy
muchacho tenía admiración por la
Revolución Cubana, porque soy de la generación que tenía casi 20 años en
los primeros años de la revolución. Una generación que siguió la guerra de
Vietnam, los Beatles… Para mí Cuba era un paradigma. Después que entré en la lucha armada contra la dictadura militar en
Brasil, cuando fui preso, escuchábamos en la celda Radio Habana Cuba,
para saber noticias de Brasil”.
Ante la pregunta de qué impresión tiene sobre Fidel y su personalidad,
el dominico brasileño señala que “Fidel
es un hombre ejemplo de hombre nuevo, de revolucionario, de una persona
que ha dedicado su vida a liberar a un
pueblo y a otros pueblos también, por toda su solidaridad con los países
pobres del mundo”.
Aquí queda de manifiesto que la noción de
“hombre nuevo” de Frei Betto no es cristiana, sino marxista. Su modelo ejemplar
de “hombre nuevo” es un dictador comunista, que ha oprimido al pueblo cubano
durante más de 50 años de gobierno liberticida, a menudo homicida, y con
fuertes rasgos de “culto a la personalidad” del guía de la revolución. Un
gobierno que convirtió a la isla de Cuba en una gran cárcel, de la que muchos
cubanos intentaron fugarse navegando en precarias balsas por el mar Caribe,
arriesgando (y con frecuencia perdiendo) sus vidas en el intento; un gobierno
que durante décadas fue oficialmente ateo y difusor del ateísmo; un gobierno
que persiguió a la Iglesia Católica y que aún hoy mantiene en prisión (en duras
condiciones) a disidentes, perseguidos por sus ideas políticas.
“Mi sueño es que todos los cubanos y todos nosotros, revolucionarios,
militantes de izquierda, logremos ser
un día como Fidel”, agrega Frei Betto, y señala que “Fidel se ha
adelantado en la historia. Va a ser siempre una persona que va a servir de
ejemplo, como el Che, que ha dado su vida por los más pobres”.
Nótese que, según este texto, el “sueño” de
Frei Betto no es contribuir al crecimiento del Reino de Cristo, cuyo germen en
la tierra es la Iglesia Católica, sino avanzar en el camino de la falsa utopía
comunista. Por otra parte, sólo Dios puede juzgar con carácter absoluto si, en
lo más íntimo de su conciencia, el Che Guevara dio o no su vida por amor a los
pobres. Lo que es indudable es que, objetivamente, el Che quitó la vida a
muchas personas antes y después de que los revolucionarios tomaran el poder en
Cuba y en sus intentos de llevar la revolución comunista a otros países. Es
históricamente cierto que él se destacó por el uso abundante e inescrupuloso
del “paredón” de fusilamiento, donde fueron muertos miles de cubanos por
oponerse al régimen castrista.
“Yo pienso eso: que Fidel ha creado una sociedad socialista que se
mantiene, porque supo cultivar aquí valores muy originales”, señala también en
la entrevista. Para el religioso brasileño, “Cuba tiene maestros y médicos en
más de 40 países del mundo. Creo que esto
crea un ejemplo y una esperanza para nosotros, que queremos construir un
nuevo proyecto civilizatorio (sic)”.
Es cierto que el régimen comunista de Cuba
alcanzó algunos logros importantes en el terreno de la educación y de la salud,
pero ¿a qué precio? De un modo análogo se podría elogiar las realizaciones de
Hitler (que construyó grandes autopistas en Alemania) y de Mussolini (que logró
que los trenes llegaran en hora en Italia). Esos logros parciales, por más
válidos que sean, no justifican en modo alguno a los respectivos regímenes
totalitarios. Parafraseando al prócer uruguayo José Artigas, podríamos
responder así a este pobre intento de legitimación de la dictadura de Castro:
“No venderé el rico patrimonio de la libertad de mi pueblo al bajo precio de la
necesidad de un desarrollo económico y social”.
E insiste: “Fidel ha sido una
figura preponderante. Va a dejar un ejemplo. Y ahí se trata de que la
revolución sepa cultivar esta herencia, este ejemplo, como hacemos hoy con el
Che (Ernesto Guevara)”. En la extensa entrevista, Frei Betto se refiere también
a su libro “Bautismo de Sangre” que ha sido recientemente llevado al cine en
Brasil, y en el que “quise recordar, visitar todos los lugares de un grupo de
frailes dominicos que en Brasil se han unido a la ‘Acción Liberadora Nacional’
de Carlos Marighella, un gran revolucionario, y hemos participado como grupo de apoyo a la guerrilla urbana”.
Esta declaración de Frei Betto, según la
cual un grupo de frailes dominicos apoyó activamente a la guerrilla marxista de
Brasil, genera en mi mente un tropel de preguntas, como por ejemplo las
siguientes: ¿Se enteraron de esto en su momento sus superiores en la Orden
dominica? ¿Aplicaron las sanciones correspondientes? No lo parece, ya que Frei
Betto sigue siendo un fraile dominico. ¿Siguen siendo hoy dominicos y marxistas
todos esos dominicos brasileños? ¿Reaccionaron adecuadamente los Obispos de
Brasil al menos en 2007, ante estas tardías revelaciones públicas? ¿No manifiesta
acaso todo este asunto una profunda crisis del ejercicio de la autoridad en la
Iglesia contemporánea?
“Bautismo de Sangre –explica el mismo fraile dominico– es una narración
detallada de todos los hechos que involucraron a los dominicos. Incluso de la
muerte de Marighella, de la manera como ha sido muerto, y el drama de la
tortura de Frei Tito, que acabó suicidándose para evitar la desesperación”.
La tortura debe ser condenada absolutamente,
sin ninguna clase de rodeos ni de excepciones, como una grave violación de los
derechos humanos. Del mismo modo debe ser rechazado el suicidio, sin que esto
implique un juicio condenatorio sobre la intención subjetiva del suicida, que
en algunos casos (como el de Frei Tito) puede haber estado sometido a factores
que atenúan mucho la responsabilidad moral del acto gravemente desordenado de
dar fin a la propia vida. Roguemos al Señor que haya perdonado a Frei Tito y
que lo tenga en su gloria. De todos modos, es moralmente ilícito glorificar el
suicidio. Por lo tanto, no parece razonable que una agencia de noticias lleve
el nombre de un religioso marxista, guerrillero y suicida.
En la entrevista, Frei Betto se detiene a elogiar largamente a
Marighella, el revolucionario marxista autor del “Manual del Guerrillero Urbano”, que ha servido como guía de
entrenamiento de organizaciones terroristas en el mundo, desde la ETA en España
y las “Brigadas Rojas” en Italia, hasta los fundamentalistas islámicos de Al
Qaeda.
El manual escrito por Marighella incluye pasajes como este: “El
terrorismo es una acción que usualmente involucra plantar una bomba o una
explosión de fuego de gran poder destructivo, la cual es capaz de producir
pérdidas irreparables al enemigo”. “Aunque el terrorismo generalmente involucra
una explosión, hay casos en los cuales se puede llevar a cabo una ejecución
(asesinato) y la quema sistemática de instalaciones, propiedades, y
depósitos... Es esencial señalar la importancia del fuego y de la construcción
de bombas incendiarias como bombas de gasolina en la técnica de terrorismo
revolucionario. El terrorismo es una
arma que el revolucionario no puede abandonar”. Este texto y otros donde
se indica detalladamente cómo cometer asesinatos de personas inocentes, no
impide a Frei Betto expresarse elogiosamente de Marighella.
Aquí se llega a palpar el alejamiento de
Frei Betto de la doctrina moral católica. Según ésta, el fin no justifica los
medios. Aunque diéramos por sentado (lo cual en realidad no puede hacerse
racionalmente) que el fin perseguido por las guerrillas marxistas era
objetivamente bueno, tampoco así podríamos considerar sus métodos terroristas
como moralmente lícitos. Con más razón todavía debemos rechazar esos actos,
teniendo en cuenta que buscaban la implantación de regímenes totalitarios semejantes
a los de la Unión Soviética o la China comunista.
“Marighella –dice el fraile– rompió con el partido [comunista] después que vino la dictadura del 64, porque el partido optó por una
vía pacífica, una vía no armada, y Marighella, desde mi punto de vista con mucho acierto, vio que no era posible
en ese momento una vía no pacífica, cuando había una represión brutal, y la única respuesta tenían que ser las armas.
Claro que yo tengo orgullo de ese
momento, de haber luchado a su lado, de haber participado de su
organización revolucionaria”.
Aún peor que un pecador es un pecador que se
jacta de su pecado.
Frei Betto dice más aún de Marighella y su guerrilla: “Reconozco que teníamos todo. Teníamos
ideología, teníamos coraje, teníamos idealismo, teníamos dinero de las
expropiaciones bancarias (robos a bancos). Lo único que no teníamos era un
detalle, pero ese detalle es esencial: no teníamos el apoyo del pueblo”.
¡Ese “detalle” no les impidió actuar siempre
en nombre del pueblo (un pueblo que no los apoyaba ni los necesitaba), asumiendo
falsamente su representación!
Preguntado sobre la teología de la liberación, Frei Betto señala que
ésta “está diseminada por la Iglesia”; pero destaca que “desde el punto de
vista doctrinal y jerárquico hay una
vaticanización de la Iglesia Católica, un control cada vez mayor. Cada
vez tenemos menos una Iglesia con cara de nuestros pueblos, con cara mestiza.
Tenemos una Iglesia cada vez más europeizada, desde el punto de vista de su
estructura de poder”.
Lo que Frei Betto rechazó en 2007 como
“vaticanización” o “europeización” de la Iglesia no era otra cosa que el
legítimo y benéfico ejercicio de las potestades de gobierno del Sucesor de
Pedro, Obispo de Roma, Pastor Supremo de la Iglesia universal. ¡Bendita
“vaticanización”!
El dominico, sin
embargo, considera que la “esperanza” está en las “comunidades de base” que “siguen con otra visión, que no es la visión
de estos obispos europeizados”. “Las comunidades eclesiales de base
siguen siendo elementos de fermentación de una conciencia crítica del mundo,
del sistema, y un lugar de formación de
cuadros”, concluye.
Se comprende perfectamente la prevención con la que los católicos
ortodoxos ven a muchas “comunidades eclesiales de base”, cuando una “estrella”
del catolicismo marxista como Frei Betto las presenta como “la esperanza” de la Iglesia y como “un lugar de formación de cuadros” de su
neo-catolicismo herético, con finalidades políticas, no religiosas.
Parte
IV. Fernando Hoyos SJ y el monaguillo Chepito
Durante el período 1965-1985 gran parte de América Latina sufrió una tremenda crisis política, cuyos efectos negativos aún no han sido superados del todo. Simultáneamente se consolidó y tuvo su momento de auge en nuestra región un neo-catolicismo de cuño marxista, impulsado por la corriente principal de la llamada “Teología de la Liberación”. Un amplio sector del clero y del laicado latinoamericanos, al que podríamos llamar (en sus propios términos) “progresista”, apoyó a esa corriente en mayor o menor medida. Dentro de ese sector hubo una minoría más radical, “revolucionaria”, que llegó a tomar las armas, incorporándose a las guerrillas marxistas del continente.
El “Martirologio Latinoamericano” de “Servicios Koinonía” es una interesante fuente de información acerca de dicho grupo revolucionario, que fue algo así como “la punta del iceberg” del mencionado movimiento católico-marxista. Véase: http://www.servicioskoinonia.org/martirologio/
No es difícil identificar la ideología que inspira a este pseudo-martirologio. Basta observar que entre los “mártires latinoamericanos” se incluye a Ernesto “Che” Guevara y al sacerdote uruguayo Indalecio Olivera, del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros, muerto el 12 de noviembre de 1969 durante un operativo en el que también murió el agente policial Juan Antonio Viera. Por error, el “Martirologio Latinoamericano” llama Oliveira a este sacerdote. Para comprender mejor el fenómeno del “clero revolucionario” del pasado reciente de América Latina, consideremos un ejemplo que encontré en el citado “Martirologio”: el caso de Fernando Hoyos, misionero jesuita que trabajó pastoralmente entre los campesinos indígenas de Guatemala, se sumó luego a la guerrilla guatemalteca y murió el 13 de julio de 1982 (en un enfrentamiento con el ejército) junto con Chepito, un monaguillo de 15 años de edad. A continuación citaré dos cartas de Fernando Hoyos a sus compañeros jesuitas Juan Hernández Picó y César Jerez. Véase estas cartas en http://www.tinet.org/~fqi_sp02/hoyca_sp.htm, extraídas del siguiente libro de María del Pilar Hoyos [hermana de Fernando Hoyos]: Fernando Hoyos, ¿dónde estás?, Fondo de Cultura Editorial, Guatemala, 1997. Las citas del P. Hoyos figuran en letra itálica. Intercalo mis comentarios en letra normal.
Primera carta (del 9 de septiembre de 1980). Dentro de las exigencias de la lucha revolucionaria actual, hoy doy el
paso de integrarme más a la lucha revolucionaria donde lo exige la situación:
en un lugar de la montaña de Guatemala. Pienso que es lo que de mí exige la
lucha revolucionaria en este momento. Mi fidelidad es a ese pueblo en el que
Dios está presente y lo demás son instrumentos para esa lucha.
O sea: el fin último de su acción es contribuir a la Revolución
marxista; todo lo demás (incluso la Iglesia) es sólo un medio para alcanzar ese
fin.
Mi decisión está
tomada después de pensarlo suficientemente, es el resultado de un proceso de
evolución y el fruto de la exigencia del momento de la lucha revolucionaria de
nuestro pueblo. No es una decisión fácil, y, en todo caso, la menos cómoda,
pero hoy es en ese puesto concreto donde pienso que debo estar y doy este
paso con toda la decisión, alegría y esperanza con la que siempre he procurado
dar los pasos decisivos en mi vida. Para mí este paso no significa dejar la
Compañía de Jesús, aunque estoy abierto al futuro y puede ser que dentro de
unos meses no piense así. Pero si esto es incompatible con seguir siendo
jesuita, tendré que aceptar, no sin dolor, el dejar de serlo.
Aquí se ve que Fernando Hoyos considera su vocación religiosa como algo
secundario frente a su compromiso con la Revolución socialista.
En todo caso,
nunca dejaré de ser cristiano, pues pienso que aunque yo dejara de creer en
Dios, Él nunca dejaría de creer en mí.
Argumento bastante pueril: que Dios siempre sea fiel a su alianza de
amor con el hombre no implica que el hombre no pueda ser infiel a ella,
despreciando radicalmente el amor de Dios.
Ahí está el
principio y el secreto de mi esperanza para avanzar por la vida. Esperanza que
no evita ningún sacrificio, ningún dolor, ni ninguna lágrima, pero que ayuda a
transformar toda la vida, aunque sea dejando la de uno. Los principios cristianos
que siempre me han guiado, seguirán guiándome en cualquier parte que esté y
Dios, presente en el pueblo, seguirá siendo mi brújula hasta la victoria
siempre, que está aquí y más allá.
Los “principios cristianos” suponen la adhesión confiada y humilde a la
Divina Revelación, transmitida por la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición
e interpretada según la enseñanza autorizada del Magisterio de la Iglesia. Un
movimiento popular orientado hacia la lucha de clases y la toma del poder por
la vía armada para construir un régimen socialista no es en modo alguno el
Pueblo de Dios, según la doctrina cristiana rectamente entendida. Nótese la
cita implícita del conocido slogan del Che Guevara: “hasta la
victoria siempre”.
El momento de
lucha es tan grande, tan fuerte, tan importante que exige que los que estamos
luchando, vayamos caminando hacia compromisos cada vez mayores, que exigen
nuevas formas de lucha.
Segunda carta (del 19 de marzo de 1981). Mi camino va por otro rumbo. Como las estaciones y la claridad del día,
todo tiene su tiempo y es ahora que ese tiempo ha llegado. La Compañía de Jesús era un instrumento para mí en la lucha
revolucionaria, como forma de aportar en la liberación definitiva de nuestro
pueblo.
¿Cómo fue posible que los superiores del P. Hoyos no notaran que, según
esta transparente confesión suya, él había estado usando a la Compañía de Jesús
con fines políticos (incompatibles con la fe cristiana, además)?
Instrumento que
fue muy importante para mí durante muchos e importantes años de mi vida. Pero
hoy encuentro otro camino, mi participación en el EGP [Ejército Guerrillero
de los Pobres]. Que me ayuda más a realizar el objetivo de mi vida.
Un sacerdote católico traiciona su vocación religiosa al convertirse en
guerrillero. Abandona el camino cristiano de transformación del mundo mediante
el amor y el perdón y pervierte su sacerdocio al elegir el camino de la
violencia para cambiar las estructuras sociales.
Cuando hablo de
instrumento, sé que puede haberlos mejores para cada uno. Hoy, para mí, en la
lucha revolucionaria de Guatemala, el mejor camino, el mejor instrumento, es mi
pertenencia al EGP. Eso no quiere decir que sea un instrumento sin defectos ni
deficiencias, pero es el mejor que encuentro y en el que daré mi aporte a la lucha
revolucionaria.
Es triste ver cómo alguien desprecia la “perla fina” del Evangelio de
Jesucristo, que había adquirido vendiendo todo lo que tenía, para quedarse con
una perla falsa.
Después que
logremos el triunfo, seguiré en las tareas necesarias a la construcción de una
nueva sociedad revolucionaria, siempre en las tareas que la revolución me
asigne.
Aquí el P. Hoyos muestra su apego al erróneo dogma marxista sobre la
inevitabilidad de la Revolución socialista y de su triunfo.
Respeto y aprecio
otros caminos, pero cada quien tiene la responsabilidad de hacer la opción por
el camino que cree más apropiado para uno mismo. Una vez echada la suerte con
la del pueblo, yo sentiría grandes contradicciones sabiendo que aún en el caso
de no llegar al triunfo, podría sobrevivir. Si fracasa nuestro pueblo (cosa que
no sucederá), prefiero correr todas sus consecuencias.
Gracias a Dios, la Revolución marxista no logró su objetivo ni en
Guatemala ni en el resto de la América Latina (excepto en Cuba). Sólo ocho años
después de que Hoyos escribió esta carta, cayó el muro de Berlín; y poco
después desaparecieron los regímenes socialistas de Europa Oriental y hasta se
desintegró la mismísima Unión Soviética, que en algún momento pareció una
superpotencia invencible, un régimen totalitario destinado a perdurar por
muchos siglos. Así se equivocan los falsos profetas. Así pasa la gloria de este
mundo.
Donde quiera que
me llegue la última hora, estaré sirviendo al pueblo con los mismos ideales y
luchando siempre con la misma esperanza y seguridad del triunfo y haciendo que
el amor esté presente por encima de las demás cosas en todo lo que haga. El
hombre Nuevo tardará mucho en crecer en mí, pero al menos, daré los primeros
pasos para lograrlo y contribuiré a que sea el hombre nuevo el que viva en la
nueva sociedad.
El “hombre nuevo” referido por San Pablo nace de la gracia de Dios, acogida con fe, esperanza y caridad. No surgirá jamás del esfuerzo del hombre por alcanzar una salvación puramente terrena, al margen o en contra de Dios.
Parte V. Leonardo Boff, anticatólico y promotor de un
cisma
Pese a los notables acontecimientos del año 1989 y a sus grandes repercusiones sobre la popularidad del marxismo, la seria amenaza que el catolicismo marxista representó para la Iglesia latinoamericana no ha desaparecido todavía. Líderes de la teología de la liberación de tendencia marxista, como Leonardo Boff, continúan teniendo demasiada influencia dentro de la Iglesia Católica. En el caso de Leonardo Boff, esta influencia se mantiene pese al profundo anti-catolicismo que él ha ido manifestando gradualmente. Véase una muestra del actual pensamiento de Leonardo Boff en su artículo “La Iglesia Católica: ¿una gran secta?”, de fecha 31/08/2007: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=239. Más que refutar las numerosas falacias de ese artículo, me interesa destacar que allí el autor, de forma no muy velada, invitaba a los “católicos progresistas” a consumar su separación de la Iglesia Católica, que se venía gestando ocultamente desde hace décadas.
Nuestro Señor Jesucristo, quien nos prometió que los poderes del infierno no prevalecerán contra Su Iglesia, la guarde hoy contra los errores de Leonardo Boff y compañía, como antaño la guardó contra los errores de Arrio, Nestorio y Eutiques. FIN.
Del maestro de coro. De los hijos de Coré.
Salmo.
Fuiste propicio, Señor, con tu tierra,
cambiaste la suerte de Jacob;
perdonaste la culpa de tu pueblo,
lo absolviste de todos sus pecados;
reprimiste toda tu indignación
y aplacaste el ardor de tu enojo.
¡Restáuranos, Dios, salvador nuestro;
olvida tu aversión hacia nosotros!
¿Vas a estar enojado para siempre?
¿Mantendrás tu ira eternamente?
¿No volverás a darnos la vida,
para que tu pueblo se alegre en Ti?
¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación!
Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz,
la paz para su pueblo y sus amigos,
y para los que se convierten de corazón.
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitará en nuestra tierra.
El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo.
El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de Él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.
Fuente: El Libro del
Pueblo de Dios (traducción argentina de la Biblia).
“Hoy se hace necesario rehabilitar la
auténtica apologética que hacían los Padres de la Iglesia como explicación de
la fe. La apologética no tiene por qué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo
que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice
San Pablo "haciendo la verdad en la caridad" (Ef 4,15). Los
discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una
apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él.” (Documento de
Aparecida, n. 229).
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Néstor Martínez, Diác. Jorge Novoa.
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Dirección: Ing.
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5. Miguel Antonio Barriola, “Cristo amó a la Iglesia” (Ef 5,25). Reflexiones sobre la cristología
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6. Horacio Bojorge, Teologías deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su
contexto, Segunda edición.
7. Daniel Iglesias Grèzes, En el principio era el Logos. Apologética católica en diálogo con los
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8. Daniel Iglesias Grèzes, Vosotros sois la sal de la tierra. El choque entre la civilización
cristiana y la cultura de la muerte.
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