Fe y Razón

Revista virtual gratuita

Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura

Nº 10 – Noviembre de 2006

Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est

“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)

 

 

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Equipo de “Fe y Razón”

 

 

Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias.

Colaboradores: Dr. Carlos Alvarez Cozzi, Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, R. P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Dra. María Lourdes González, Cr. Rafael Menéndez, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Sr. Miguel Pastorino, Sr. Juan Carlos Riojas Alvarez, Dra. Dolores Torrado.

 

 

Tabla de Contenidos

 

Sección

Título

Autor o Fuente

Editorial

El testimonio cristiano en la ciudad secular

Equipo de Dirección

Tema central

El principio de laicidad

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

Tema central

Una homilía memorable

Cardenal Joseph Ratzinger

Tema central

La acción política de los católicos

Ing. Daniel Iglesias

Tema central

Tres aportes para una plataforma política cristiana de corto plazo

Ing. Daniel Iglesias

Tema central

En China sigue habiendo campos de concentración

Zenit

Tema central

Inglaterra: aerolínea suspende a empleada por negarse a ocultar un crucifijo

Noticias Eclesiales

Tema central

Los peligros de estar en contra de la homosexualidad

Zenit

Tema central

Directivos de la BBC admiten que favorecen al Islam y a los gays y discriminan a los cristianos

Forum Libertas

Familia y Vida

Comunicado Nº 5/06

Instituto Pastoral de Bioética

Familia y Vida

Comunicado Nº 4/06

Asociación Civil “Derecho y Vida”

Familia y Vida

El aborto en Uruguay

Dr. Carlos Álvarez Cozzi

Familia y Vida

¿Casarse o vivir juntos?

Forum Libertas

Libros

¿Entiendes lo que lees? La interpretación bíblica en crisis

R.P. Lic. Horacio Bojorge SJ

Oración

Alma de Cristo

Catecismo de la Iglesia Católica - Compendio

 

 

El testimonio cristiano en la ciudad secular

 

Equipo de Dirección

 

1.      Una reflexión sobre el secularismo.

 

En el mes de noviembre las fiestas litúrgicas nos ayudan especialmente a recordar el sublime destino sobrenatural del ser humano: el 1º de noviembre celebramos el Día de Todos los Santos, el 2 de noviembre conmemoramos el Día de los Fieles Difuntos y el domingo 26 de noviembre (este año) celebraremos la fiesta de Cristo Rey.

 

Sobre todo esta última festividad nos sugirió el tema central del Nº 10 de Fe y Razón. Jesucristo es Rey de Reyes, Rey del Universo, pero su Reino no es de este mundo (cf. Juan 18, 33-37). Nuestra vocación cristiana nos impulsa a contribuir al crecimiento del Reino de Cristo en el mundo. Los fieles cristianos laicos, en particular, están llamados a vivir esa vocación inmersos en las realidades temporales, ordenándolas de acuerdo con la voluntad de Dios revelada por Cristo y transmitida por la Iglesia. Sin embargo el creciente influjo de la ideología secularista, orientada hacia la completa disociación entre la fe religiosa y la vida pública, se presenta como un gran obstáculo para el cumplimiento de esta misión cristiana en el mundo. En este número habremos pues de reflexionar ante todo sobre el secularismo.

 

El texto del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que reproducimos a continuación nos recuerda que el auténtico principio de laicidad (asumido por esta doctrina) implica una distinción entre la esfera religiosa y la esfera política. No nos detendremos aquí a analizar este principio, que permite garantizar a la vez la libertad religiosa y la legítima autonomía de la comunidad política. Sólo recordaremos que, según el conocido adagio escolástico, “distinguir no es separar”; y mucho menos -agregamos nosotros- “divorciar”, construir un foso infranqueable entre ambas esferas, impidiendo la sana y fructífera cooperación entre ambas.

 

Si ya el liberalismo clásico, con su pretensión de establecer la neutralidad moral del Estado, representaba una amenaza a la auténtica laicidad, la actual tendencia a la “dictadura del relativismo”, con su pretensión de que la pacífica convivencia social esté basada en la renuncia de cada ciudadano a las certezas absolutas en el ámbito religioso y moral, representa un notable agravamiento de esa amenaza. La memorable homilía del Cardenal Joseph Ratzinger en el día previo a su elección como Sucesor de Pedro -también reproducida en este número- nos alerta sobre esta amenaza tan actual.

 

Los dos artículos de Daniel Iglesias publicados en este número proponen un nuevo modelo de participación política del pueblo católico, con vistas a articular dos principios básicos de la doctrina social de la Iglesia (la unidad de los cristianos en lo necesario y la libertad de cada cristiano en lo opinable) de un modo más adecuado a los desafíos del tiempo presente.

 

Las cuatro noticias incluidas en nuestro tema central ilustran distintos aspectos de la actual ofensiva secularista contra la religión en general y contra el cristianismo en particular.

 

2.      El cristiano en el mundo contemporáneo.

 

Se sigue hablando, aunque cada vez menos, de la “civilización occidental y cristiana”. Sin embargo, es preciso reconocer que, aunque en Europa y en América los cristianos seguimos constituyendo la mayoría de la población, hace mucho tiempo que en ambos continentes las ideologías dominantes en la clase dirigente y en la clase intelectual son incompatibles con el cristianismo. Nos referimos (en una rápida enumeración) al racionalismo de la Ilustración, al liberalismo individualista y secularista, al materialismo, al marxismo, al economicismo, al positivismo, al psicoanálisis freudiano y a un largo etcétera. La mayoría de las principales fuerzas políticas del siglo XX fueron anticristianas. Cabe suponer, entonces, que el colectivo con mayor responsabilidad en la construcción del mundo contemporáneo, con sus luces y sus sombras, no es el de los cristianos sino el de los autodenominados “librepensadores”. Aún no hemos visto, sin embargo, que estos últimos hayan entonado un mea culpa, haciéndose cargo de las taras de la clase de mundo que han edificado.

 

El cristiano occidental vive en una civilización “post-cristiana” y está llamado a evangelizarla, contribuyendo a la formación y el crecimiento de una cultura cristiana en el seno de esa misma civilización. Lleva a cabo esta misión evangelizadora con el testimonio de sus palabras y sus obras, manteniendo una íntima unidad entre fe y vida, pensamiento y acción.

 

En el siglo XX la Iglesia Católica volvió a ser la Iglesia de los mártires. En el contexto de la preparación del Gran Jubileo del año 2000, por disposición del Papa Juan Pablo II, se constituyó en Roma la Comisión Nuevos Mártires. Hasta el día 31/03/2000 esta Comisión recogió 12.692 testimonios (procedentes de casi todo el mundo) sobre nuevos mártires cristianos. Andrea Riccardi, historiador y fundador de la Comunidad de San Egidio, en su muy recomendable libro “El siglo de los mártires” (Plaza & Janés Editores, S.A. – Barcelona 2001), presenta una conmovedora síntesis de estos testimonios, que permiten vislumbrar cómo -en tantísimos casos- la fidelidad cristiana ha florecido hasta el heroísmo en medio de dificultades impresionantes. A lo largo de todo el siglo XX cientos de miles (quizás millones) de cristianos dieron su vida por Cristo, muriendo asesinados por odio a la fe en la Rusia soviética, en la Europa del Este, en los países comunistas o islámicos de Asia, en la Europa de Hitler, en la Revolución mexicana, en la España republicana, en los conflictos del África o de la América Latina… ¡También en nuestros días, Dios sigue siendo admirable en sus santos!

 

Todavía hoy la Iglesia católica es clandestina en China (el país más poblado del mundo), sufre la violencia de fanáticos hindúes en la India (el segundo país más poblado) y de fanáticos musulmanes en Indonesia, Pakistán y otros países, y sufre injustas restricciones a su libertad en muchos países (Cuba, Vietnam, Arabia Saudita, Irán, etc.).

 

En los países liberales de Occidente, aunque no hay persecuciones sangrientas, hay discriminaciones más sutiles y efectivas. Por muchos medios el poder dominante ha buscado y sigue buscando marginar a la Iglesia de la vida pública y social, relegando la religión a la categoría de fenómeno exclusivamente privado, fundado en sentimientos irracionales que no tienen ningún valor en la arena política. La actual civilización occidental tiene fuertes raíces cristianas, pero no puede decirse que hoy sea cristiana. Basta abrir un diario o prender la televisión para darse cuenta de ello. Un ejemplo entre miles: la amenazadora perspectiva de la clonación humana. Como dijo Goya, los sueños de la razón engendran monstruos.

 

3.      El Uruguay laicista.

 

¿Y qué decir del secularismo en nuestro querido Uruguay? El Uruguay laicista es sin duda un caso especial en el ámbito latinoamericano. Tal vez basten algunas pinceladas para familiarizar a nuestros lectores no-uruguayos con esta singularidad uruguaya:

·        Se suele decir que José Batlle y Ordóñez, dos veces Presidente de la República (1903-1907 y 1911-1915) es el constructor del Uruguay moderno. El carácter laicista de este “Uruguay moderno” podrá apreciarse mejor si se considera que Batlle atacó dura y sistemáticamente a la Iglesia Católica durante más de dos décadas, calificándola de absurda e inmoral, y que en 1926 llegó a vetar la candidatura presidencial de Gabriel Terra, por haber actuado éste como padrino en la boda religiosa de su propia hija (Raquel Terra). Carlos Manini Ríos, un alto dirigente del Partido Colorado (el partido liderado por Batlle) cuenta en su libro “Una nave en la tormenta” que Batlle, en su diario El Día, “denigraba en toda ocasión a sacerdotes y monjas; se complacía en relatar las infracciones a los votos -particularmente el de castidad- y atacaba en forma constante al arzobispo Aragone, a quien llamaba el Cotorrón” (cf. Jorge Pelfort  [historiador uruguayo], en: El Observador, 21/08/1999, Correo del Lector, Iglesia y Estado).

·        Que el viejo laicismo uruguayo no había perdido su veta anticatólica se pudo apreciar claramente después de la primera visita del Papa Juan Pablo II al Uruguay (en 1987), cuando un grupo importante, aunque minoritario, de parlamentarios manifestó una cerrada oposición a la conservación como monumento histórico de la cruz erigida en el lugar de la Misa papal, que congregó a un número inesperadamente alto de personas.

·        En Uruguay el laicismo impregnó también fuertemente el pensamiento de muchos cristianos. Veamos en primer lugar el caso de los protestantes, a través de una cita de un historiador protestante uruguayo:

“En líneas generales, resulta posible afirmar que las iglesias protestantes uruguayas apoyaron, en mayor o menor medida, el proceso secularizador impulsado por el Estado en las postrimerías del siglo XIX y comienzos del siglo XX. En efecto, si se considera ese proceso como una disputa por la construcción y ocupación de un “espacio”, se puede concluir que los protestantes se aliaron con aquellas fuerzas que propugnaban la “privatización” de lo religioso, y que no sólo apoyaron sino que incluso promovieron algunas medidas secularizadoras. Tal comportamiento parece no haber sido exclusivo del protestantismo uruguayo, sino que fue verificable en la mayoría de los países latinos, tanto europeos (el caso francés es paradigmático) como latinoamericanos.

Las razones de este posicionamiento estarían directamente relacionadas con el hecho de ser una minoría dentro de sociedades predominantemente católicas y, en la inmensa mayoría de los casos, con Estados confesionales. Tal situación llevó al protestantismo a identificar el impulso secularizador, en tanto anticlerical y anticatólico, como un fenómeno saludable y beneficioso para la sociedad y para sus propios intereses. No obstante, en la medida que la “secularización” se fue extendiendo, esa comunidad de intereses con el Estado y otras fuerzas anticlericales comenzó a perder sustento. En otras palabras, mientras el proceso secularizador se mantuvo dentro de límites anticatólicos y no violó la neutralidad frente al fenómeno religioso en general, el apoyo protestante se mantuvo, pero cuando se pasó a formas antirreligiosas beligerantes, la alianza se rompió.

(Roger Geymonat, Protestantismo y secularización en el Uruguay, en: Autores Varios, Las religiones en el Uruguay. Algunas aproximaciones, Ediciones La Gotera, Montevideo 2004, pp. 108-109).

Absteniéndonos de sacar conclusiones de la osada suposición de Geymonat de que se puede ser a la vez anticatólico y neutral frente al fenómeno religioso, nos interesa subrayar que esta confesión de la responsabilidad protestante en la descristianización del Uruguay no ha ido acompañada de ninguna expresión de arrepentimiento o de pedido de perdón.

·        También entre muchos protestantes uruguayos sobrevive el viejo sentimiento anticatólico. Un ejemplo de esto es la declaración de fecha 25/04/2005 de la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (FIEU), protestando por el traslado a un espacio público de una estatua de Juan Pablo II, fallecido el día 2 del mismo mes. Según la FIEU esta medida violó la salutífera “laicidad” del Estado uruguayo.

·        Pero el laicismo ha calado también hasta los huesos de muchos católicos uruguayos. Uruguay es un país donde pueden ocurrir cosas como que el Movimiento de Cristianos Universitarios (MCU) y el Movimiento de Profesionales Católicos (MPC) se opongan a la creación de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), expresando su solidaridad con la estatal Universidad de la República, que precisamente al crearse la UCU perdió el monopolio de la educación universitaria en el Uruguay. Vale la pena citar algunos párrafos de la correspondiente declaración del MCU y el MPC:

“Como movimientos laicos de la Iglesia Católica, estamos desde hace tiempo comprometidos en una pastoral definida por una perspectiva de servicio, solidaria con los ambientes pluralistas, a partir de la opción por los pobres y en la práctica concreta de la comunión y participación, corresponsable en la Iglesia y en el Mundo. Esta línea pastoral que estamos llevando adelante no necesita de instituciones paralelas de este tipo, para crecer en la identidad cristiana y para cumplir la misión evangelizadora en la sociedad. Pensamos que una medida unilateral e inconsulta como la que acaba de sobrevenir no ayuda a la auténtica presencia cristiana en el medio universitario.

La nueva institución tendrá la carga de remontar, con hechos, las condiciones en que ha nacido y de demostrar que está verdaderamente al servicio del pueblo, de la cultura universitaria y del anuncio del Evangelio”.

(Fuente: El Día, 1/09/1984, “Católicos Universitarios Están Contra la Universidad Privada).

Sin comentarios.

 

Que la Virgen de los Treinta y Tres, Patrona de nuestra Patria, cuya fiesta acabamos de celebrar, interceda por todos nosotros para que podamos expresar y vivir el verdadero principio de laicidad.

 

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El principio de laicidad

 

Fuente: Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nn. 571-572.

 

571. El compromiso político de los católicos con frecuencia se pone en relación con la “laicidad”, es decir, la distinción entre la esfera política y la esfera religiosa.  (1194) Esta distinción “es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilización alcanzado”. (1195) La doctrina moral católica, sin embargo, excluye netamente la perspectiva de una laicidad entendida como autonomía respecto a la ley moral: “En efecto, la “laicidad” indica en primer lugar la actitud de quien respeta las verdades que emanan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, aunque tales verdades sean enseñadas al mismo tiempo por una religión específica, pues la verdad es una”. (1196) Buscar sinceramente la verdad, promover y defender con medios lícitos las verdades morales que se refieren a la vida social –la justicia, la libertad, el respeto de la vida y de los demás derechos de la persona- es un derecho y un deber de todos los miembros de una comunidad social y política.

 

Cuando el Magisterio de la Iglesia interviene en cuestiones inherentes a la vida social y política, no atenta contra las exigencias de una correcta interpretación de la laicidad, porque “no quiere ejercer un poder político ni eliminar la libertad de opinión de los católicos sobre cuestiones contingentes. Busca, en cambio –en cumplimiento de su deber- instruir e iluminar la conciencia de los fieles, sobre todo de los que están comprometidos en la vida política, para que su acción esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del bien común. La enseñanza social de la Iglesia no es una intromisión en el gobierno de los diferentes países. Plantea ciertamente, en la conciencia única y unitaria de los fieles laicos, un deber moral de coherencia”. (1197)

 

572 El principio de laicidad conlleva el respeto de cualquier confesión religiosa por parte del Estado, “que asegura el libre ejercicio de las actividades del culto, espirituales, culturales y caritativas de las comunidades de creyentes. En una sociedad pluralista, la laicidad es un lugar de comunicación entre las diversas tradiciones espirituales y la Nación”. (1198) Por desgracia todavía permanecen, también en las sociedades democráticas, expresiones de un laicismo intolerante, que obstaculizan todo tipo de relevancia política y cultural de la fe, buscando descalificar el compromiso social y político de los cristianos sólo porque éstos se reconocen en las verdades que la Iglesia enseña y obedecen al deber moral de ser coherentes con la propia conciencia; se llega incluso a la negación más radical de la misma ética natural. Esta negación, que deja prever una condición de anarquía moral, cuya consecuencia obvia es la opresión del más fuerte sobre el débil, no puede ser acogida por ninguna forma de pluralismo legítimo, porque mina las bases mismas de la convivencia humana. A la luz de este estado de cosas, “la marginalización del Cristianismo… no favorecería ciertamente el futuro de proyecto alguno de sociedad ni la concordia entre los pueblos, sino que pondría más bien en peligro los mismos fundamentos espirituales y culturales de la civilización”. (1199)

 

Notas:

 

1194) Cf. Concilio Vaticano II, Const. Past. Gaudium et spes, 76: AAS 58 (1966) 1099-1100.

 

1195) Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (24 de noviembre de 2002), 6: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, p. 12.

 

1196) Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (24 de noviembre de 2002), 6: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, p. 13.

 

1197) Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (24 de noviembre de 2002), 6: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, pp. 13-14.

 

1198) Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplomático (12 de enero de 2004), 3: L’Osservatore Romano, edición española, 16 de enero de 2004, p. 6.

 

1199) Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (24 de noviembre de 2002), 6: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, pp. 14-15.

 

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Una homilía memorable

 

A continuación publicamos la homilía pronunciada en la mañana del día 18/04/2005 en la Basílica de San Pedro por el Cardenal Joseph Ratzinger, Decano del Colegio Cardenalicio, en la Santa Misa "Pro eligendo Romano Pontifice", presidida por él y concelebrada por los 115 purpurados electores. Al día siguiente el Cardenal Ratzinger fue elegido Papa y adoptó el nombre de Benedicto XVI. Reproducimos el texto publicado oportunamente por Zenit.


***


Cardenal Joseph Ratzinger


En esta hora de gran responsabilidad, escuchemos con particular atención lo que nos dice el Señor con sus mismas palabras. De las tres lecturas, quisiera escoger sólo algún pasaje que nos afecta directamente en un momento como éste.


La primera lectura ofrece un retrato profético de la figura del Mesías, un retrato que alcanza todo su significado en el momento en el que Jesús lee este texto en la sinagoga de Nazaret, cuando dice: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy» (Lucas 4, 21). En el centro de este texto profético encontramos una frase que, al menos a primera vista, parece contradictoria. Al hablar de sí mismo, el Mesías dice que ha sido enviado «a pregonar el año de gracia del Señor, el día de venganza de nuestro Dios» (Isaías 61, 2). Escuchamos, con alegría, el anuncio del año de la misericordia: la misericordia divina pone un límite al mal, nos ha dicho el Santo Padre. Jesucristo es la misericordia divina en persona: encontrar a Cristo significa encontrar la misericordia de Dios. El mandato de Cristo se ha convertido en nuestro mandato a través de la unción sacerdotal; estamos llamados a promulgar no sólo con las palabras sino también con la vida y con los signos eficaces de los sacramentos «el año de la misericordia del Señor». Pero, ¿qué quiere decir Isaías cuando anuncia «el día de venganza de nuestro Dios»? Jesús, en Nazaret, al leer el texto profético, no pronunció estas palabras, concluyó anunciando el año de la misericordia. ¿Fue éste quizá el motivo del escándalo que tuvo lugar tras su predicación? No lo sabemos. De todos modos, el Señor ofreció su comentario auténtico a estas palabras con su muerte en la cruz. «Él mismo sobre el madero llevó nuestros pecados…», dice san Pedro (1 Pedro 2, 24). Y san Pablo escribe a los Gálatas: «Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: maldito todo el que está colgado de un madero, a fin de que llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la Promesa» (Gálatas 3, 13s).


La misericordia de Cristo no es una gracia barata, no supone la banalización del mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su alma todo el peso del mal, toda su fuerza destructora. El día de la venganza y el año de la misericordia coinciden en el misterio pascual, en Cristo, muerto y resucitado. Ésta es la venganza de Dios: Él mismo, en la persona del Hijo, sufre por nosotros. Cuanto más quedamos tocados por la misericordia del Señor, más solidarios somos con su sufrimiento, más disponibles estamos para completar en nuestra carne «lo que falta a las tribulaciones de Cristo» (Colosenses 1, 24).


Pasemos a la segunda lectura, la carta a los Efesios. Afronta esencialmente tres argumentos: en primer lugar, los ministerios y los carismas en la Iglesia, como dones del Señor resucitado y elevado al cielo; a continuación, la maduración en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, como condición y contenido de la unidad en el cuerpo de Cristo; y, por último, la participación común en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, es decir, la transformación del mundo en la comunión con el Señor.

Detengámonos en dos puntos. El primero es el camino hacia la «madurez de Cristo», como dice, simplificando, el texto en italiano. Más en concreto tendríamos que hablar, según el texto griego, de la «medida de la plenitud de Cristo», a la que estamos llamados a llegar para ser realmente adultos en la fe. No deberíamos quedarnos como niños en la fe, en estado de minoría de edad. Y, ¿qué significa ser niños en la fe? Responde san Pablo: significa ser «llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina» (Efesios 4, 14). ¡Una descripción muy actual!


Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir en el error (cf. Efesios 4, 14). Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar y «zarandear por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud que está de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas.


Nosotros tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre. Él es la medida del verdadero humanismo. «Adulta» no es una fe que sigue las olas de la moda y de la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da la medida para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad.


Tenemos que madurar en esta fe adulta, tenemos que guiar hacia esta fe al rebaño de Cristo. Y esta fe, sólo la fe, crea unidad y tiene lugar en la caridad. San Pablo nos ofrece, en oposición a las continuas peripecias de quienes son como niños zarandeados por las olas, una bella frase: hacer la verdad en la caridad, como fórmula fundamental de la existencia cristiana. En Cristo coinciden verdad y caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida, verdad y caridad se funden. La caridad sin verdad sería ciega; la verdad sin caridad, sería como «un címbalo que retiñe» (1 Corintios 13, 1).


Pasemos ahora al Evangelio, de cuya riqueza quisiera sacar tan sólo dos pequeñas observaciones. El Señor nos dirige estas maravillosas palabras: «No os llamo ya siervos… a vosotros os he llamado amigos» (Juan 15, 15). Muchas veces nos sentimos simplemente siervos inútiles, y es verdad (cf. Lucas 17, 10). Y, a pesar de ello, el Señor nos llama amigos, nos hace sus amigos, nos da su amistad. El Señor define la amistad de dos maneras. No hay secretos entre amigos: Cristo nos dice todo lo que escucha al Padre; nos da su plena confianza y, con la confianza, también el conocimiento. Nos revela su rostro, su corazón. Nos muestra su ternura por nosotros, su amor apasionado que va hasta la locura de la cruz. Nos da su confianza, nos da el poder de hablar con su yo: «éste es mi cuerpo…», «yo te absuelvo…». Nos confía su cuerpo, la Iglesia. Confía a nuestras débiles mentes, a nuestras débiles manos su verdad, el misterio del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; el misterio del Dios que «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Juan 3, 16). Nos ha hecho sus amigos y, nosotros, ¿cómo respondemos?


El segundo elemento con el que Jesús define la amistad es la comunión de las voluntades. «Idem velle – idem nolle», era también para los romanos la definición de la amistad. «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando» (Juan 15, 14). La amistad con Cristo coincide con lo que expresa la tercera petición del Padrenuestro: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». En la hora de Getsemaní, Jesús transformó nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conformada y unida con la voluntad divina. Sufrió todo el drama de nuestra autonomía y, al llevar nuestra voluntad en las manos de Dios, nos da la verdadera libertad: «pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú» (Mateo 26, 39). En esta comunión de las voluntades tiene lugar nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Dios. Cuanto más amamos a Jesús, más le conocemos, más crece nuestra auténtica libertad, la alegría de ser redimidos. ¡Gracias, Jesús, por tu amistad!

El otro elemento del Evangelio que quería mencionar es el discurso de Jesús sobre llevar fruto: «os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca» (Juan 15, 16). Aquí aparece el dinamismo de la existencia del cristiano, del apóstol: os he destinado para que vayáis… Tenemos que estar animados por una santa inquietud: la inquietud de llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo. En verdad, el amor, la amistad de Dios, nos ha sido dada para que llegue también a los demás.


Hemos recibido la fe para entregarla a los demás, somos sacerdotes para servir a los demás. Y tenemos que llevar un fruto que permanezca. Pero, ¿qué queda? El dinero no queda. Los edificios tampoco quedan, ni los libros. Después de un cierto tiempo, más o menos largo, todo esto desaparece. Lo único que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. El fruto que queda, por tanto, es el que hemos sembrado en las almas humanas, el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Entonces, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a llevar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así la tierra se transforma de valle de lágrimas en jardín de Dios.


Volvamos, por último, una vez más a la carta a los Efesios. La carta dice, con las palabras del Salmo 68, que Cristo, al ascender al cielos, «subiendo al cielo, dio dones a los hombres» (Efesios 4, 8). El vencedor distribuye dones. Y estos dones son apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Nuestro ministerio es un don de Cristo a los hombres para edificar su cuerpo, el mundo nuevo. Vivamos nuestro ministerio de este modo, ¡como don de Cristo a los hombres! Pero, en este momento, pidamos sobre todo con insistencia al Señor que, después del gran don del Papa Juan Pablo II, nos dé de nuevo un pastor según su corazón, un pastor que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría. Amén.

 

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La acción política de los católicos

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

1.      La dimensión política de la fe cristiana

La Iglesia Católica reconoce la justa autonomía de la realidad terrena, de la cultura humana y de la comunidad política (cf. Concilio Vaticano II, constitución pastoral Gaudium et Spes, nn. 36, 59, 76). Este principio contradice tanto al integrismo, que niega o minimiza la autonomía de la realidad creada, como al secularismo, que la exagera considerándola como independencia respecto de Dios. Mientras que el integrismo une indisolublemente a la fe cosas que le pertenecen sólo accidentalmente, el secularismo separa de la fe cosas que le pertenecen sustancialmente. El Concilio rechaza ambos errores, afirmando que las cosas creadas y la sociedad gozan de leyes y valores propios que el hombre debe descubrir y emplear y que la realidad creada depende de Dios y debe ser usada con referencia a Él (cf. ídem, n. 36).

 

De acuerdo con su afirmación de la legítima autonomía de la comunidad política, la Iglesia reconoce no tener las soluciones a todos los problemas políticos que enfrentan las sociedades humanas. Por ejemplo, no es tarea de la Iglesia enseñar a los uruguayos si debemos o no debemos privatizar la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP); y es muy dudoso que sea tarea suya determinar si y hasta qué punto específico es conveniente o no para los latinoamericanos adoptar los diez lineamientos generales de política económica agrupados por John Williamson bajo el nombre de “Consenso de Washington” (cf. IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, Documento de Trabajo, Desafíos a nuestro compromiso eclesial, pp. 9-10). En este terreno tienen la palabra los partidos y las ideologías políticas. Por eso está prohibido a los clérigos ejercer cargos del gobierno civil y participar activamente en partidos políticos (cf. Código de Derecho Canónico, cc. 285,3; 287,2). La Iglesia tiene una sola cosa que ofrecer a los hombres: nada más ni nada menos que la Palabra de Dios hecha carne, Jesucristo, el Salvador del mundo, quien nos ha revelado la verdad acerca de Dios y la verdad acerca del hombre.

 

Por otra parte, sin embargo, esta verdad revelada acerca del hombre se refiere tanto a la dimensión individual como a la dimensión social del ser humano. La fe cristiana tiene consecuencias ineludibles en el terreno de la moral social. Por ende la Iglesia tiene valiosísimos principios orientadores para ofrecer en el área de los asuntos culturales, políticos y económicos, a tal punto que se puede afirmar que “no existe verdadera solución para la “cuestión social” fuera del evangelio” (Juan Pablo II, encíclica Centesimus Annus, n. 5; cf. n. 43).

 

El carácter secular es propio y peculiar de los laicos. […] A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios.” (Concilio Vaticano II, constitución dogmática Lumen Gentium, n. 31). No debemos confundir la secularidad del laico con el secularismo. Éste propone una visión dualista que disocia absolutamente los ámbitos público y privado de la vida del hombre, relegando a la religión únicamente a la esfera privada. Esta visión no toma realmente en serio la unidad radical de la persona humana, que es una y la misma en todos los ámbitos de su vida. Procede de un racionalismo que considera a la fe como un sentimiento irracional que desune a los hombres y que no tiene derecho de ciudadanía en el ámbito público, por ser éste el ámbito reservado a la mera racionalidad. Contra los postulados secularistas, la fe cristiana implica que no tenemos que dejar de ser cristianos al salir de nuestras casas o templos y entrar a las escuelas, los lugares de trabajo, el Parlamento, etc. Debemos actuar como cristianos siempre y en todo lugar, también en el ámbito político.

 

2.      Los dos problemas políticos principales

El problema político principal del siglo XX probablemente pueda expresarse en forma sintética mediante la siguiente pregunta: ¿Cuál debe ser el rol del Estado en la vida de la sociedad? Las distintas respuestas a esta cuestión suelen ser representadas gráficamente sobre un eje horizontal:

·        En la extrema izquierda se ubica el socialismo colectivista, en el cual el Estado asume un rol totalitario.

·        En la extrema derecha se ubica el liberalismo individualista, en el cual el Estado asume un rol mínimo.

·        Entre ambos extremos se ubica toda una gama de posiciones más moderadas.

 

Desde la perspectiva de la fe cristiana existe un pluralismo político legítimo. Las propuestas políticas legítimas para un cristiano deben ser compatibles con los siguientes dos principios básicos de la doctrina social de la Iglesia:

·        El principio de solidaridad, según el cual el Estado debe promover la justicia social, tutelando especialmente los derechos de los débiles y los pobres (cf. Juan Pablo II, encíclica Centesimus Annus, nn. 10, 15).

·        El principio de subsidiariedad, según el cual el Estado no debe sofocar los derechos del individuo, la familia y la sociedad, sino que debe promoverlos (cf. ídem, nn. 11, 15).

 

Si uno se mueve desde el centro hacia la derecha sobre el eje referido, llega un momento en que deja de respetar el principio de solidaridad. En cambio, si uno se mueve desde el centro hacia la izquierda, llega un momento en que deja de respetar el principio de subsidiariedad. Entre ambos puntos está la zona del pluralismo político legítimo.

 

Los conflictos políticos cotidianos se dan habitualmente entre las distintas posiciones existentes sobre este “eje horizontal”. Sin embargo, de vez en cuando determinados asuntos ponen de manifiesto otro problema político fundamental, que tal vez podría formularse así: ¿Cuál debe ser la actitud del Estado con respecto a la ley moral natural? Las distintas respuestas a esta segunda cuestión podrían ser representadas gráficamente sobre un eje vertical:

·        En la parte superior ubicamos la respuesta que propone una actitud positiva del Estado hacia la ley moral natural. Aquí se inscribe la doctrina cristiana, ya que según ésta el Estado existe para buscar el bien común y esto sólo puede lograrse respetando el orden moral establecido por Dios en la naturaleza humana (cf. Concilio Vaticano II, constitución pastoral Gaudium et Spes, n. 74).

·        En la parte central ubicamos la respuesta del liberalismo político, que propone una actitud neutral del Estado hacia la cuestión del bien y el mal.

·        En la parte inferior ubicamos las respuestas radicales que proponen una actitud negativa del Estado hacia la ley moral natural. Aquí se inscribe el actual peligro de que la democracia se convierta en una “dictadura del relativismo”, según ha denunciado el Papa Benedicto XVI.

 

Creemos que, por diversas razones, entre las cuales ocupa un lugar de primer orden el fracaso del sistema comunista, el “eje vertical” asumirá un papel cada vez más importante en la vida política de las sociedades del siglo XXI, llegando quizás a superar la notoriedad del “eje horizontal” (cf. Juan Pablo II, encíclica Centesimus Annus, n. 42). En el siguiente apartado procuraremos mostrar que esto ya está ocurriendo.

 

3.      El choque de dos civilizaciones

Samuel Huntington ha alcanzado fama mundial mediante la siguiente tesis: la política internacional del siglo XXI estará dominada por el “choque de civilizaciones” y especialmente por el choque entre las civilizaciones occidental e islámica. Por nuestra parte creemos que hay muchas y buenas razones para sostener que la principal amenaza a la paz mundial no provendrá del choque entre el Occidente y el Islam, sino del choque de Occidente consigo mismo, de su rebelión contra sus propias raíces cristianas.

 

En la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13, 24-30.36-43) Jesucristo nos enseña que el Reino de Dios y el reino del diablo coexistirán y se enfrentarán entre sí hasta el fin del mundo, cuando Dios manifestará su juicio definitivo sobre cada ser humano, retribuyendo a cada uno en función de sus obras. Notemos que la pugna entre ambos reinos se produce no sólo en el nivel individual, sino también en el nivel social, tendiendo a constituir por una parte una civilización o cultura del amor y por otra parte una “anticivilización” o “cultura de la muerte” (cf. Juan Pablo II, Gratissimam sane, Carta a las familias, 2/02/1994, n. 13).

 

Si bien es cierto que esta pugna se ha dado siempre en toda sociedad humana desde el origen de la historia del pecado, cabe afirmar que ella ha adquirido una especial intensidad en nuestros días y en particular en nuestra civilización occidental. Ésta aparece hoy como una civilización dividida en dos: la civilización cristiana y la civilización secularista. Tanto en nuestra América como en la vieja Europa se enfrentan hoy claramente dos concepciones principales del hombre y del mundo, profundamente antagónicas entre sí.

 

Dado que la familia es la célula básica y fundamental de la sociedad humana, no es extraño que ella esté en el centro de la lucha entre las dos civilizaciones mencionadas. Los episodios de esta lucha se manifiestan con frecuencia cada vez mayor en muchos países: intentos (exitosos o no, según los casos) de legalización del aborto, la fecundación in vitro, la experimentación con embriones humanos y las uniones libres heterosexuales u homosexuales; embates consistentes contra la libertad de educación y la libertad de expresión acerca de temas morales etc.

 

En la raíz del actual avance de la “cultura de la muerte” en el Occidente cristiano probablemente esté la introducción y la difusión del divorcio. En efecto, en el fondo la legislación divorcista supone que el ser humano es incapaz de amar de verdad, comprometiéndose realmente con otra persona para toda la vida, o bien asume que un amor así es una esclavitud destructiva.

 

Nuestra sociedad puede ser descripta como “sociedad del divorcio”, pues ha divorciado realidades que deben permanecer unidas o en fecunda relación. En efecto, ella se caracteriza no sólo por el divorcio entre marido y mujer, sino también por:

·        El divorcio entre la fe y la razón (cf. Juan Pablo II, encíclica Fides et Ratio, nn. 45-48).

·        El divorcio (y no la sana separación) entre la Iglesia y el Estado.

·        El divorcio entre la moral, por un lado, y la ley civil, la economía, la ciencia y la tecnología, por otro lado.

·        El divorcio entre la relación sexual y la procreación, mediante la anticoncepción y la fecundación artificial.

·        El divorcio entre la naturaleza y la cultura en la “ideología de género”, de creciente y nefasta influencia en todo el mundo.

 

Estos “divorcios” particulares tienen su primer principio en el “divorcio” fundamental entre el hombre y Dios, propio del ateísmo práctico, cuya primera consecuencia es el “divorcio” entre el hombre y su prójimo, propio del individualismo.

 

Ante esta penosa y peligrosa situación, los cristianos debemos retomar cada día con nuevo ardor la gran tarea de la evangelización de la cultura, renovando la cultura cristiana y sembrando la buena semilla de la verdad cristiana en las familias, las empresas, los centros educativos, los medios de comunicación social, los partidos políticos, etc. Nuestra tarea política consiste en reconstruir en el seno de la sociedad los vínculos deshechos por la “cultura del divorcio”.

 

4.      Tres modelos de participación política del pueblo católico

Como nos recordó recientemente la Conferencia Episcopal Uruguaya, la acción política de los católicos debe ser regida por los tres principios básicos mencionados en esta célebre máxima de San Agustín: “Unidad en lo necesario, libertad en lo opinable, caridad en todo” (cf. Conferencia Episcopal Uruguaya, Católicos. Sociedad. Política. Documento pastoral y de trabajo de los Obispos para las Comunidades en el Año Electoral 2004, pp. 65-66).

·        La unidad en lo necesario exige que nuestra lealtad primera y fundamental esté referida a Jesucristo y a la doctrina católica, tal como ésta es enseñada por el Magisterio de la Iglesia.

·        La libertad en lo opinable supone que cada católico tiene plena libertad de opinión y de acción en todos los asuntos sobre los cuales la doctrina de la Iglesia no se pronuncia. Pero debe evitar presentar su opinión como la única cristianamente legítima (cf. Código de Derecho Canónico, cc. 227; 212,1; 747,2).

·        La caridad, forma de todas las virtudes, no puede dejar de informar también los actos políticos.

 

A continuación describiremos brevemente, en función de estos principios, tres modelos de organización del voto del pueblo católico:

·        El primer modelo es el del partido político confesional “único”. Decimos “único” no porque implique la inexistencia de otros partidos políticos, sino porque este partido confesional, con el apoyo explícito o implícito de la Jerarquía de la Iglesia, es considerado como el único que puede ser votado legítimamente por los ciudadanos católicos. Este modelo privilegia la unidad con respecto a la libertad. En nuestro país hubo un intento de aproximación a este modelo a principios del siglo XX, mediante la creación de la Unión Cívica (cf. IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, Documento de Trabajo, Cap. 8 – “Identidad y protagonismo del laicado”, nn. 16-22).

·        El segundo modelo es el de la pluralidad de partidos políticos, confesionales o no. Se reconoce de buen grado que cada ciudadano católico puede votar legítimamente a cualquier partido cuya propuesta sea sustancialmente compatible con la fe cristiana. Este modelo privilegia la libertad con respecto a la unidad. En Uruguay se impuso después del Concilio Vaticano II y sigue aún vigente. Más aún, predomina ampliamente la idea de que la época de los partidos confesionales ha pasado y los católicos deben insertarse en los partidos no confesionales para actuar como “levadura en la masa”.

 

Estos dos modelos se han enfrentado al siguiente dilema:

·        La vida política cotidiana transcurre habitualmente en el “eje horizontal” y en este eje muchas veces hay menor distancia entre un católico y un no católico, ambos de centro-izquierda o ambos de centro-derecha, que entre dos católicos, uno de centro-derecha y otro de centro-izquierda. Así el primer modelo se ve sometido a una fuerza centrífuga que tiende a dividir al partido confesional según las distintas tendencias horizontales.

·        La vida política tiene también un “eje vertical”, habitualmente oculto, pero siempre determinante. Ocurre normalmente que los partidos políticos no confesionales, organizados en función del “eje horizontal”, albergan posiciones muy heterogéneas con respecto al “eje vertical”. Cuando esto se pone de manifiesto, suele ocurrir que los ciudadanos católicos que han votado a partidos no confesionales por razones de afinidad en el “eje horizontal” perciben súbitamente que esos partidos (o algunos de sus sectores) traicionan radicalmente sus convicciones morales. Pero además suele ocurrir que los ciudadanos católicos entrevean que sus discrepancias en el “eje horizontal” son menos importantes que sus acuerdos en el “eje vertical”. Así el segundo modelo se ve sometido a una fuerza centrípeta que tiende a reconstituir un partido confesional.

 

Los defectos de ambos modelos han contribuido significativamente a la situación de gran debilidad política que sufren los católicos, en Uruguay y en otros países.

 

Proponemos ahora un tercer modelo que intenta combinar los principios cristianos de unidad y libertad de una manera más adecuada a la actual situación histórica. Nos referimos a una plataforma política cristiana “transversal”. Sus miembros, manteniendo su adhesión a distintos partidos políticos compatibles con la fe cristiana y su libertad de acción en todos los asuntos opinables, actuarían unidos (como si fueran un partido) en todas aquellas materias sobre las cuales la doctrina católica exige una postura definida. Esta plataforma política cristiana (que podría ser denominada, por ejemplo, “Cristianos por el Uruguay”) no sería un partido político y por lo tanto no participaría en las elecciones con listas propias. Se configuraría como una corriente de pensamiento y de acción política transversal a los partidos. En el Parlamento, la plataforma que proponemos podría funcionar de un modo análogo a la bancada feminista. Las legisladoras feministas pertenecen a distintos partidos, opinan y votan de un modo divergente en multitud de asuntos, pero convergen a la hora de defender lo que ellas consideran derechos de la mujer.

 

Nuestra plataforma política cristiana, para ser una fuerza operativa, históricamente relevante, debería no sólo alcanzar la unidad teórica o doctrinal sino también trascenderla y llegar al plano de la acción. Esto requiere la forja de acuerdos para llevar los principios a la práctica, con incursiones mínimas en el terreno de lo opinable, lo cual supone el cultivo de una cultura de cooperación. Ilustremos esto con un ejemplo: todo católico debe rechazar la legalización del aborto, por lo cual debe apoyar alternativas válidas al aborto. Pues bien, pensamos que los laicos católicos deberíamos evitar la arraigada tendencia a sobrevalorar las diferencias de matices sobre aspectos secundarios y mostrarnos capaces de unirnos en torno a proyectos concretos de alternativas al aborto, aunque estos proyectos hagan algunas opciones contingentes.

 

El ideario de “Cristianos por el Uruguay” estaría constituido por toda la doctrina social de la Iglesia (evitando todo tipo de claudicaciones) y sólo la doctrina social de la Iglesia (evitando todo tipo de manipulaciones para otros fines). Este ideario encontraría una expresión autorizada en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Además, la Carta de los Derechos de la Familia podría servir como una excelente base para la formulación de un programa político concreto, referido a aspectos prioritarios e innegociables de la vida social.

 

Como enseñó el Papa Juan Pablo II, la doctrina social de la Iglesia “no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral” (Juan Pablo II, encíclica Sollicitudo rei socialis, n. 41). Por lo tanto la plataforma “Cristianos por el Uruguay” tendría un “núcleo” católico, pero estaría abierta al diálogo y la cooperación con cristianos de otras denominaciones y también con creyentes no cristianos y no creyentes de buena voluntad, que reconozcan la vigencia de la ley moral natural.

 

Desde el punto de vista canónico, “Cristianos por el Uruguay” sería una asociación privada de fieles. Esto significa que la Iglesia la reconocería como una asociación católica, pero que no actúa oficialmente en representación de la Iglesia, sino de un modo autónomo.

 

Si, Dios mediante, surgieran iniciativas similares en varios países, sería oportuno que “Cristianos por el Uruguay” formara parte de un movimiento más amplio, de carácter latinoamericano o mundial.

 

Antes de concluir, afrontaremos una posible objeción a nuestra propuesta. El problema social tiene muchas dimensiones y la dimensión política es sólo una de ellas. Otra dimensión es la cultural, que tiene una grandísima importancia. Es necesario actuar en ambas dimensiones a la vez, con acciones que se complementen entre sí. No debemos oponer cosas que no son opuestas. Dicho esto, subrayamos que también es fundamental actuar en la dimensión política, por muchas razones, entre otras la cuestión de los plazos (obviamente sería ruinoso esperar -para actuar políticamente- hasta después de educar a una nueva generación) y la cuestión de la debilidad política de los católicos, desproporcionada con respecto a su importancia histórica y numérica en nuestra sociedad. Pensamos que se podría obtener rápidamente efectos relevantes con sólo pasar de la actual situación de disgregación política de los católicos a una acción unificada y coordinada en los temas que lo exigen.

 

Terminaremos con algunas conclusiones prácticas:

·        La situación actual requiere que los fieles laicos salgamos cuanto antes de la apatía o la resignación políticas.

·        Lo primero que debemos procurar es que los católicos conozcan la doctrina social de la Iglesia y dejen de votar a candidatos y partidos cuyas propuestas la contradicen gravemente.

·        La demanda para una fuerza política católica relevante existe; falta sólo organizarla y manifestarla.

·        Es necesario que nos fijemos objetivos realistas y trabajemos fraternalmente unidos para alcanzarlos.

·        En el camino no faltarán dificultades ni persecuciones. Estemos dispuestos al sacrificio por el Reino de Cristo.

 

Nota: La versión original de este artículo fue presentada el día 19/03/2005 como aporte al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo. Ahora publicamos una nueva versión -algo modificada- de dicho aporte.

 

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Tres aportes para una plataforma política cristiana de corto plazo

 

Daniel Iglesias Grèzes

 

El cristianismo tiene una dimensión política. La fe cristiana tiene muchas consecuencias necesarias en lo referente a la acción política en general y a la defensa y la promoción de la vida y la familia en particular. En todo aquello que brota necesariamente de la verdad revelada por Jesucristo acerca del hombre y de la sociedad, los católicos debemos mantenernos siempre unidos, a pesar de nuestras legítimas diferencias sobre otros asuntos políticos, los que son opinables. Por esto cabe hablar de una "plataforma política cristiana", en la que deberían converger los esfuerzos de todos los católicos, a fin de traducir en logros históricos concretos los principios de la doctrina moral social de la Iglesia.

 

En todos los órdenes de la vida conviene plantearse metas asequibles (cf. Lucas 14,28-32), empezando por las más fáciles y dejando para el final las más difíciles. Considerando la notable debilidad política de los católicos en el Uruguay, este principio general tiene una especial vigencia en cuanto a la formulación de una plataforma política cristiana. Es muy conveniente que las metas de corto plazo sean relativamente sencillas de alcanzar, lo cual implica que no sean demasiado polémicas, sino que respondan a visiones compartidas por la gran mayoría de la población. Creemos que las respuestas de los precandidatos a la Presidencia de la República al cuestionario planteado por la revista "Pastoral Familiar" -de la Conferencia Episcopal Uruguaya- en 2004 ofrece algunas pistas valiosas al respecto (véase: Pastoral Familiar, Año 2 Nº 8, Junio-Julio 2004, pp. 20-26).

 

Dicho cuestionario constaba de diez preguntas cerradas y dos preguntas abiertas. Cada una de las diez preguntas cerradas contenía una propuesta razonable desde una perspectiva cristiana. Pues bien, es interesante notar que tres de esas diez preguntas (concretamente, las preguntas 8, 9 y 10) fueron respondidas afirmativamente por los cinco precandidatos que respondieron el cuestionario. Dos de estos precandidatos subrayaron incluso la importancia de la propuesta Nº 8. A continuación cito las tres propuestas que recibieron un apoyo unánime:

 

¿Se comprome Ud. a impulsar las siguientes medidas de gobierno en caso de ser electo Presidente de la República?

[...]

8.      Reducción de los tiempos de espera requeridos en los trámites de adopción.

9.      Aplicación efectiva del horario de protección al menor en la televisión.

10.  Reconocimiento oficial del nombre "Navidad" para el feriado del 25 de diciembre.

  

Dedicaremos el resto de este artículo a comentar brevemente cada una de estas tres propuestas.

 

1.      Las adopciones.

Desgraciadamente, el abandono de niños por parte de sus padres es un fenómeno bastante frecuente. Si bien dicho abandono nunca debe ser estimulado, es una realidad, un problema grave que requiere soluciones urgentes. Por sus muy negativas consecuencias, el hecho de que existan niños criados por funcionarios públicos en hogares colectivos debería ser visto como una aberración. En muchos casos sería mejor para estos niños crecer en un hogar problemático que ser criados por el Estado; entre otras muchas razones, porque la tutela del Estado cesa abruptamente al llegar la mayoría de edad. Si hay algo cuya "privatización" es imprescindible, se trata de los niños. Ser padre es una vocación, no un empleo. Los niños deben ser criados por sus padres, en el seno de una familia.

En este asunto tienen prioridad los derechos de los hijos, no los de los padres. Los padres no tienen derecho a tener hijos de cualquier manera, por ejemplo recurriendo a la fecundación in vitro (FIV). Nótese que la FIV heteróloga (la que se usa semen u óvulos procedentes de un tercero, ajeno a la pareja) ni siquiera soluciona el problema de la esterilidad de uno de los cónyuges, sino que lo suplanta por medio de un tipo sofisticado y costoso de adulterio, el "adulterio in vitro". En cambio los hijos tienen derecho a ser concebidos de un modo humano, como fruto de un acto de amor conyugal y no como producto de una manipulación técnica. Cuando los padres que sufren el problema de la esterilidad desechan el camino arduo pero hermoso de la adopción, optando por el camino quizás más fácil pero moralmente ilícito de la FIV, resultan dañados no sólo ellos y sus hijos, sino también los niños que ellos podrían haber adoptado.

En el Uruguay la tasa de adopciones es muy baja debido a la gran lentitud de los trámites de adopción. Según informes de prensa, el tiempo promedio de espera de un matrimonio para adoptar un hijo por medio del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) es de cuatro años, un tiempo exageradamente largo. Es justo que el INAU evalúe rigurosamente a los candidatos a padres adoptivos, pero la seriedad de esta tarea no debe obstar a que se cumpla en un plazo más breve. También es justo que los padres naturales de los niños abandonados tengan una oportunidad de recuperar a sus hijos, pero las normas vigentes extienden esta oportunidad a tal extremo que perjudican gravemente las posibilidades de ser adoptados de estos niños.

Creemos que el tiempo de espera referido no debería superar los nueve meses, el tiempo de espera natural de un hijo en un embarazo. Para alcanzar esta meta probablemente se requiera introducir modificaciones legales, optimizar los procedimientos del INAU e incrementar los recursos que este Instituto asigna a las tareas correspondientes.  

 

2.      El horario de protección al menor en la televisión.

Los medios de comunicación social a menudo utilizan mal su enorme poder y se vuelven promotores de un relativismo moral que atenta contra la familia y el recto orden social. Según esta mentalidad disolvente, cada uno tiene derecho a buscar la felicidad a su manera y todo está bien: unión libre, adulterio, homosexualidad y un largo etcétera. Abundan los programas de televisión que se burlan de los valores morales. No reflejan fielmente la realidad, sino que la transforman deliberadamente en un sentido negativo.

El Estado no debe coartar la legítima libertad de expresión, pero puede estimular a los medios (especialmente los televisivos) a comportarse más responsablemente, colocando los valores morales por encima de la búsqueda inescrupulosa del mayor rating.

En este sentido adquiere importancia una norma vigente, pero sistemáticamente incumplida en nuestro país: el horario de protección al menor en la televisión. Esta norma debería simplemente cumplirse, aplicándose las sanciones correspondientes a los canales que la violen.

 

3.      La Navidad y otras fiestas religiosas.

Los uruguayos a menudo no nos damos cuenta de cuán excéntrico es nuestro ordenamiento legal con respecto a los feriados de origen religioso cristiano. Hasta donde sabemos, Uruguay es el único país de civilización occidental que ha secularizado oficialmente todos esos feriados, cambiando sus denominaciones. En efecto, en 1919 se promulgó una ley que convirtió al 6 de enero en el "Día de los Niños", a la Semana Santa en la "Semana de Turismo", al 8 de diciembre en el "Día de las Playas" y al 25 de diciembre en el "Día de la Familia". Exceptuando la supresión de los feriados religiosos en la Unión Soviética y otros países sometidos a regímenes comunistas (como Cuba), el mundo no ha conocido nada semejante desde el efímero intento de la Revolución Francesa, que introdujo un nuevo calendario, pretendiendo iniciar una nueva era, post-cristiana.

El experimento uruguayo ha sido mucho más duradero que el francés e incluso que el soviético. Sin embargo las denominaciones dadas por el secularismo uruguayo a los feriados religiosos han corrido suertes diversas:

·        Los nombres "Día de los Niños" y "Día de la Familia" han fracasado totalmente. Todos los uruguayos continúan llamando "Reyes" y "Navidad" a estas dos fiestas.

·        El nombre "Día de las Playas" se había difundido bastante, pero de todos modos ya no existe, porque hace algunos años el feriado del 8 de diciembre fue suprimido.

·        El nombre "Semana de Turismo" es utilizado por gran parte de los uruguayos y es evitado sistemáticamente sólo por una minoría de cristianos más o menos militantes. Por otra parte, desde hace años se discute la posible supresión del carácter de feriado de los días lunes, martes y miércoles de esta semana.

El calendario oficial de 1919 es un anacronismo, un residuo del agudo sentimiento anticatólico del primer batllismo. Los uruguayos cristianos no debemos seguir resignándonos a que nuestras fiestas sean ignoradas o desnaturalizadas por el Estado. Éste es un momento propicio para exigir el reconocimiento oficial de los nombres verdaderos de estas fiestas religiosas. Se trata de un claro derecho de los cristianos, que constituyen alrededor del 80% de la población de nuestro país. Una medida de este tipo tendría también un sentido simbólico, indicando el final del predominio de una forma de laicismo hostil a la religión, siempre dispuesta a negar a ésta su derecho a una presencia y una influencia en el espacio público. Sería también una medida favorable a la integración latinoamericana, puesto que las mismas fiestas, con el mismo carácter religioso, son celebradas en toda América Latina. Para nuestros hermanos argentinos, brasileños, chilenos etc. resultaría inconcebible adoptar o aceptar un calendario semejante al calendario uruguayo de 1919.

 

Nota: La versión original de este artículo fue publicada con el título “Reflexiones sobre las respuestas de los Precandidatos” en la revista “Pastoral Familiar”, Año 2 Nº 9, Agosto-Septiembre 2004, pp. 25-27. Ahora publicamos una nueva versión, levemente modificada. 

 

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En China sigue habiendo campos de concentración

Entrevista a Harry Wu, director de la Fundación de Investigación Laogai


ROMA, jueves, 5 octubre 2006 (ZENIT.org).

Al inicio del tercer milenio existen todavía campos de concentración como los «gulags» soviéticos y los «lagers» nazis. Se encuentran en China y se llaman «laogais».

Desde 1992, una organización sin ánimo de lucro, la Laogai Research Foundation está documentando los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos en estos campos de trabajo chinos.

El director de la Fundación de Investigación Laogai es Harry Wu, que pasó 19 años en los «laogais» con la acusación de haber criticado la invasión de Hungría por parte de los soviéticos. Todos sus parientes y amigos fueron obligados a denunciarlo como contrarrevolucionario. Su madre se negó y se suicidó.

Según la Fundación, el «laogai» es un sistema de campos de concentración, introducido por Mao Zedong con el objetivo de utilizar a los prisioneros como esclavos. Se calcula que desde su constitución estos campos han acogido al menos a cincuenta millones de personas, y que no existe un chino que no conozca al menos a una persona que ha sido internada en los mismos.

La Fundación, que ha denunciado también las ejecuciones públicas para extraer los órganos de los prisioneros ajusticiados, las persecuciones por motivos religiosos y la aplicación coactiva de la política reproductiva en China (la «ley del hijo único»), ha recogido una amplia y sólida documentación para demostrar que en los «laogais» se comete la mayor parte de las graves violaciones de los derechos humanos de China.

El 28 de octubre próximo, Harry Wu participará en Milán en un congreso titulado «Ziyou»Libertad»), organizado por los Comités para la Libertad. En esa ocasión presentará la edición italiana de su libro «Laogais. Los gulags de Mao Zedong», cuyo título en inglés es «Laogai: The Chinese Gulag».

Para profundizar un tema tan candente, Zenit lo ha entrevistado.


-¿Cuáles fueron los delitos por los que fue usted condenado a 19 años de prisión en un «laogai»?

-Harry Wu: Estudiaba geología en la Universidad de Shangai. Quería profundizar mi formación y no participar en la actividades de adoctrinamiento de la Liga Juvenil Comunista. Me permití criticar, hablando con amigos estudiantes, la invasión de Hungría por la Unión Soviética. Siendo también católico y de origen alto-burgués, fui considerado como un «contrarrevolucionario de derechas». Éste fue el delito oficial por el que fui condenado a 19 años de «laogai».


-¿Cómo logró resistir sin ceder a la desesperación?

-Harry Wu: En mi libro «Bitter Winds»Vientos amargos») expliqué cómo pasé mi vida en los «laogais». En el texto relaté que gracias a mi testarudez, a la fuerza interior y a la oración no cedí a la desesperación. Vi cómo se suicidaban muchos amigos, cómo morían de hambre o eran asesinados. Sufrí la tortura y el aislamiento forzado, en muchas ocasiones me privaron también del alimento. Y todo esto por un reato de opinión, porque juzgué injusta la invasión soviética de Hungría.

 

-Ser católico, ¿le ayudó o hizo más dura la persecución?

-Harry Wu: Ciertamente hizo que fuera más dura. Ser creyente era y es un crimen en China, excepto si se participa en la Iglesia Patriótica oficial controlada por el partido.


-¿Por qué ha escrito el libro «Laogai. Los gulag de Mao Zedong». Qué objetivos pretende alcanzar?

-Harry Wu: El libro es una traducción de mi primer libro publicado en 1992 en Estados Unidos «Laogai. El gulag chino», «Laogai: The Chinese Gulag», que llevó a la atención del mundo esta trágica realidad. Un horror que existe todavía. El objetivo es el de hacer saber al mundo lo que sucedía y lo que sucede hoy en los «laogais». Repito a menudo que el día en que la palabra «laogai» aparezca en los diccionarios, como es el caso de los términos «lager» y «gulag», podré morir en paz. He logrado algún resultado. El Diccionario Oxford y el Duden Woerterbuch han añadido la palabra «laogai». Estoy tratando de hacer lo mismo con otros diccionarios.


-¿Cuál es la situación de los derechos humanos en China y cuáles son las condiciones y los riesgos que corren los católicos?

-Harry Wu: Sencillamente trágica. En los «laogais» sufre un número indefinido de millones de hombres, mujeres y niños obligados a trabajar en condiciones inhumanas, con el único objetivo de ofrecer beneficios al gobierno chino y a las numerosas multinacionales.

Pero no acaba ahí. Hay ejecuciones en masa con la consecuente venta de órganos humanos. Se ha difundido la explotación de niños obligados a trabajos forzados. Las diversas Iglesias y comunidades de creyentes sufren amenazas y represalias. Los abortos y las esterilizaciones forzadas se practican ampliamente.

Existe un difundido abuso de la psiquiatría como instrumento de opresión política. ¡Son graves violaciones de los derechos humanos que constituyen la realidad de la China actual! Realidades ignoradas por los medios de comunicación del mundo libre que no quieren causar molestias al comercio internacional.


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Inglaterra: aerolínea suspende a empleada por negarse a ocultar un crucifijo

 

Londres, 16 (NOTICIAS ECLESIALES - http://www.eclesiales.org).

La aerolínea British Airways suspendió a una empleada por llevar un crucifijo y negarse a ocultarlo. Según publicó el diario Daily Mail, Nadia Eweida, de 55 años, quien trabaja en los mostradores de facturación en el aeropuerto de Heathrow (Londres), fue suspendida el pasado mes de septiembre por negarse a desprenderse de la cruz. La empleada llevaba más de siete años al servicio de esta empresa y nunca había tenido problemas por sus convicciones religiosas, menos aún por llevar en el pecho un crucifijo.

"No voy a ocultar mi creencia en Jesús. British Airways permite a los musulmanes llevar un pañuelo, a los sikh portar un turbante y el lucimiento de otras prendas religiosas", señaló Eweida, hija de padre egipcio y madre inglesa, quien añadió que "sólo se prohíbe a los cristianos expresar su fe. Soy una empleada fiel y concienciada de British Airways, pero defiendo los derechos de todos los ciudadanos". Sin embargo, para la aerolínea discutir el caso es "inapropiado". Por su parte, el sindicato (TGWU) en seguida ha mostrado su respaldo a esta trabajadora y más de doscientos compañeros han firmado una carta de apoyo.

 

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Los peligros de estar en contra de la homosexualidad
Los
cristianos se enfrentan a ser procesados por sus comentarios


LONDRES, viernes, 20 octubre 2006 (Zenit -  www.zenit.org).

En muchos países hablar abiertamente en contra de la homosexualidad puede acarrear graves problemas legales. Y en la actual batalla por proteger la libertad de expresión de forma que los cristianos puedan expresar sus creencias, el futuro no está muy claro.


En una victoria reciente, en Gran Bretaña, se retiraron los cargos contra Stephen Green, informaba el 29 de septiembre el periódico Telegraph. Green fue arrestado  por la policía a principios de septiembre tras repartir folletos en el festival homosexual «Mardi Gras» de Cardiff, en Gales. El folleto contenía versículos de la Biblia contra la homosexualidad. Durante una audiencia, previa al juicio, la Fiscalía de la Corona anunció que no seguiría con la acusación.

 

Un reportaje el 6 de septiembre en el periódico Daily Mail citaba las palabras de la policía sobre el hecho de que Green no fue ni violento ni agresivo. Su único delito fue distribuir los folletos. El artículo observaba que ésta no era sino la última de una serie de actuaciones policiales contra la oposición a la homosexualidad. También se dio una advertencia a la escritora Lynette Burrows por un «incidente homofóbico», tras sugerir, en el programa de radio de la BBC Five Live, que los homosexuales no serían los padres adoptivos ideales.


También fue advertida una pareja cristiana de Lancashire tras quejarse por las políticas de la administración local a favor de los derechos homosexuales. Y la policía de Londres investigó a Sir Iqbal Sacranie, antiguo líder del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, tras afirmar en una entrevista que la homosexualidad era dañina.


El Christian Institute cuestionó el comportamiento de la policía con respecto a la homosexualidad en una nota de prensa el 22 de septiembre. Estando pendiente el juicio contra Green, el grupo observó que no se presentaron cargos contra la Asociación Gay de la Policía tras publicar un anuncio que acusaba a los cristianos de asaltos violentos contra los homosexuales. Se recibieron más de 40.000 quejas del público contra el anuncio, según el Christian Institute.


Presión de la Unión Europea

Al caso de Green podrían seguir muchos otros, si se aprueba la legislación propuesta por el gobierno británico. Las Regulaciones de la Orientación Sexual podrían hacer, entre otras disposiciones, que la discriminación contra los homosexuales fuese ilegal.


En un comentario publicado el 2 de octubre en el Telegraph, Philip Johnston observaba que la legislación se introducía por la insistencia de la Unión Europea. Tras un periodo de consultas, que recibió una gran oposición de los grupos religiosos, el gobierno considerará ahora si modifica la legislación propuesta.


Uno de los problemas implicados, indicaba Johnston, es el conflicto de derechos. Los cristianos sostienen su derecho a expresar puntos de vista basados en sus creencias religiosas, mientras que los grupos homosexuales quieren que se silencie cualquier oposición basándose en prohibir la discriminación. «Éstas son las negras aguas en las que entramos cuando buscamos encerrar cada vez más los ‘derechos’ en la legislación», concluía Johnston.


La legislación propuesta recibió duras críticas del cardenal escocés Keith O’Brien. En una homilía a los parlamentarios el 14 de junio, advirtió que las leyes son «una amenaza a la libertad de conciencia» y «a la libertad de religión».


Las palabras del cardenal fueron pronunciadas en el mismo corazón del parlamento británico, en una cripta de la Cámara de los Comunes.


«Las leyes que son aprobadas por cualquier autoridad humana deben respetar siempre la dignidad de la persona humana y la integridad de conciencia de cada una, esté formada esta conciencia por principios cristianos o por otros sistema de creencias», insistía el cardenal O’Brien. «El estado se excede en su papel cuando pisotea las libertades morales legítimas y cuando impone valores que no tienen mérito racional y sociológico alguno».


Esta falta de libertad queda ilustrada en un reciente caso en Escocia. Nueve bomberos de Strathclyde sufrieron sanciones disciplinarias tras negarse a repartir panfletos en una marcha del «orgullo gay», informaba el 1 de septiembre el Guardian. La marcha tuvo lugar en junio. Como castigo, se ordenó a los bomberos que se sometieran a «reeducación». Uno de los hombres fue degradado de rango, por lo que perdió cerca de 5.000 libras (9.400 dólares) de salario.


Escribiendo en el Sunday Herald el 3 de septiembre, el arzobispo de Glasgow, Mons. Mario Conti, explicaba que aunque a los homosexuales, y a otros grupos, se les dan consejos de seguridad en caso de fuego, el lugar para hacerlo no es un festival tipo carnaval. Los bomberos, observaba, sabían que al ir a este evento «estarían sometidos a silbidos, comentarios inapropiados y, para algunos de ellos, a graves insultos a sus creencias religiosas».


El arzobispo indicaba que la razón verdadera para repartir material durante la marcha «no era ofrecer asesoría de salvamento a los individuos presentes – era permitir que la brigada como institución fuera vista como tolerante, ‘que abrazaba la diversidad’ y políticamente correcta». La tolerancia, sin embargo, no se extendía a las creencias de los bomberos.


En la línea de fuego

Existen riesgos similares en Estados Unidos. Robert J. Smith, miembro de la Autoridad de Tránsito del Área Metropolitana de Washington, perdió su trabajo tras sostener en un programa local por cable, que la homosexualidad consistía en una «desviación sexual».


Según el periódico Baltimore Sun del 16 de junio, el gobernador Robert Ehrlich Jr destituyó a Smith. Ehrlich describía los comentarios de Smith como «inadecuados, insensibles e inaceptables», y estando «en conflicto directo con el compromiso de mi administración por la no exclusividad, la tolerancia y la oportunidad».


Tras su despido, Smith, católico, manifestó que tenía derecho a expresar su opinión. Sus comentarios tuvieron lugar durante un programa entrevista que incluía el tema del matrimonio homosexual.


En California, el gobernador Arnold Schwarzenegger ha firmado una ley que convierte en ilegal para los proveedores de servicios financiados por el estado, como la policía, el departamento de bomberos y las universidades, la discriminación contra homosexuales, bisexuales y transexuales.


Las organizaciones cristianas, junto a otras, criticaron la medida, afirmando que amenaza las universidades de inspiración religiosa, los centros de día y las organizaciones sin ánimo de lucro, informó el 31 de agosto el Washington Times. Los grupos que tienen contratos gubernamentales o reciben financiación del estado corren ahora el riesgo de tener que aceptar homosexuales, bisexuales y transexuales.


Una victoria, por ahora

En Canadá, los cristianos ganaron a principios de año una larga batalla por la libertad de expresión religiosa. El periódico National Post del 17 de abril informaba de que un tribunal de tres jueces de la Corte de Apelaciones de Saskatchewan revocó la sentencia del juicio del caso Hugh Owens. Éste es un cristiano que había sido acusado del crimen de publicar anuncios de periódicos citando pasajes de la Biblia contra la homosexualidad.


En 1997 Owens puso un anuncio en el Saskatoon Star-Phoenix como respuesta personal a los anuncios que celebraban la «semana del orgullo gay». Se le consideró culpable de violar el código de derechos humanos de Saskatchewan, aunque este código contiene excepciones por las creencias religiosas y la libre expresión. La sentencia de abril, no obstante, está lejos de ser una clara victoria, comentaba el National Post. El tribunal hizo alusión a que en las circunstancias actuales, con mayores derechos legales para los homosexuales, tal anuncio no debía haberse permitido.


De hecho, una carta pastoral del obispo de Calgary, Mons. Frederick Henry, expresaba su preocupación por las amenazas a los cristianos que se oponen a la homosexualidad. En su carta, con fecha del 6 de septiembre, Mons. Henry animaba a los católicos a expresarse contra los cambios legales que el año pasado permitieron los matrimonios del mismo sexo.


«El estilo de vida homosexual debe tratarse ahora como sano y legítimo, cuando en realidad es malsano e inmoral», afirmaba. «La libertad de expresión está amenazada por quienes se oponen al ‘matrimonio’ del mismo sexo en público». Y se ha despedido a funcionarios civiles que han rechazado oficiar matrimonios del mismo sexo.


En un discurso a los obispos de la provincia canadiense de Ontario, Benedicto XVI advertía la dramática separación entre el Evangelio y la cultura contemporánea. En su discurso el 8 de septiembre, el Papa observaba cómo en nombre de la «tolerancia vuestro país ha tenido que soportar la insensatez de la redefinición del término cónyuge».


«La democracia sólo tiene éxito si se basa en la verdad y en una correcta comprensión de la persona humana», explicaba el Pontífice. Los católicos implicados en la vida pública y civil «no pueden aceptar componendas con respecto a este principio», añadía. Principios a los que les esperan muchas batallas.


P. John Flynn


ZS06102013

 

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Directivos de la BBC admiten que favorecen al Islam y a los gays

y discriminan a los cristianos

 

En una reunión de directivos reconocieron que "hemos ido un poco lejos en lo políticamente correcto".

 

Era una reunión secreta, o al menos discreta, de directivos de la BBC, la televisión pública británica. Sucedió el pasado septiembre, y la anfitriona era la entrevistadora y veterana periodista televisiva Sue Lawley. Y allí, en un entorno seguro y amigable -hasta que la reunión se filtró al DAILY MAIL- admitieron que la BBC tiene prejuicios contra el cristianismo, exceso de respeto a todo lo islámico, abusa de lo políticamente correcto y milita en la ideología multiculturalista.

 

O dicho de otra forma, la TV que pagan los ingleses con sus impuestos no es neutral. Ni pretende serlo.

 

Simon Walters, periodista del DAILY MAIL, ha publicado algunas de las cosas que se comentaron en esa reunión de VIPs de la BBC.

 

"Los ejecutivos de la BBC admitieron que la corporación está dominada por homosexuales y gente de minorías étnicas, que deliberadamente promueven el multiculturalismo, que es anti-EEUU, anti-gente del campo y más sensible a los sentimientos de los musulmanes que a los de los cristianos", resume Simon Walters en su artículo.


Un veterano ejecutivo de cadena televisiva dijo: "hubo un amplio reconocimiento de que hemos ido demasiado lejos en la dirección de lo políticamente correcto. Desgraciadamente, mucho de ello está tan profundamente incrustado en la cultura de la BBC que es muy difícil cambiarlo".


La prueba del cómico grosero


Es como la prueba del algodón, pero usando un humorista grosero tipo Leo Bassi. En Inglaterra el equivalente es Sacha Baron Cohen.


La BBC tiene un programa llamado Room 101 al que acuden famosos a los que se les invita a tirar a una papelera aquello que odian. "¿Qué pasaría si invitásemos a Sacha Baron Cohen a este programa y arrojase a la papelera algo de comida judía kosher, al Arzobispo de Canterbury, una Biblia y el Corán?", se le preguntó a los directivos en esta reunión.


Casi todos en la reunión -incluyendo al responsable de este programa, Alan Yentob, que también es jefe de dramatizaciones de la cadena- estuvieron de acuerdo: el humorista podía arrojar lo que quisiese, excepto el Corán, porque eso puede ofender a los musulmanes.


También se plantearon: "¿si Osama Bin Ladin se nos ofreciese para una entrevista, deberíamos acudir, ser una plataforma para difundir sus ideas?" La mayoría decidió que sí.


Un antiguo editor de programas económicos de la BBC, Jeff Randall, contó al periodista del DAILY MAIL que en cierta ocasión acudió a quejarse a un alto directivo de la casa por la evidente ideología multiculturalista del la televisión. "La BBC no es neutral en lo que respecta a multiculturalismo: cree en él y lo promueve", le respondió el directivo.


El analista político Andrew Marr no está sorprendido por estas filtraciones de la reunión de directivos. "La BBC no es imparcial ni neutral. Es una organización urbana con fondos públicos y una cantidad anormalmente grande de jóvenes, minorías étnicas y gays. Tiene un prejuicio pro-liberal, no un  prejuicio de partido. Es un prejuicio liberal cultural".

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La BBC continúa su particular cruzada contra el Papa


La BBC, el NY Times y The Guardian en la crisis del Papa y el Islam

 

Fuente: ForumLibertas.com

 

Comunicado Nº 5/06

 

Instituto Pastoral de Bioética

 

Habiéndose difundido en los primeros días de este mes (El Observador del 4 de octubre) la noticia de que la Intendencia de Montevideo brindará a las mujeres su apoyo para lograr el objetivo de disminuir la cantidad de abortos, sin descartar la ayuda en el período preaborto y postaborto a aquellas que reafirman su deseo de abortar, el Instituto Pastoral de Bioética de la Arquidiócesis de Montevideo tiene el deber de formular las precisiones siguientes:

 

1.      La tarea de asesoramiento que se propone realizar la Intendencia de Montevideo sólo será legítima y éticamente aceptable en la medida en que incluya en sus propósitos la información objetiva y completa sobre: a) lo que acontece en el cuerpo de la mujer, b) la vida humana en gestación que se cercenaría con el aborto, c) las consecuencias en la salud física y psicológica de la madre debidas al aborto, y d) las normativas legales vigentes en nuestro país, con el fin de lograr disuadir a la madre sobre su deseo de abortar; y no incluya el asesoramiento acerca de los métodos abortivos menos peligrosos para la salud de la mujer, en la medida en que esto implica el desconocimiento del derecho humano básico, que es el derecho a la vida, merecido por todos en forma igualitaria. Si la madre no desea criar al niño, se la debe orientar para que éste sea amparado por un centro materno-infantil privado o estatal.

 

2.      El médico o el profesional de la salud puede ejercer como asesor cualificado en lo que concierne a los asuntos sanitarios en el inicio de la vida y al embarazo en la medida en que esa información sea completa, pública y dosificada. La información proporcionada en el asesoramiento debe ser parte de un patrón estandarizado y escrito, específicamente aprobado por el MSP, a fin de que todo el personal de la salud y cualquier ciudadano de nuestro país pueda acceder a su contenido, disminuyendo así el sesgo subjetivo del asesoramiento llevado a cabo por el médico en la entrevista individual con las mujeres que consultan.

 

3.      Según informa la prensa, el Director de Salud de la Intendencia, Dr. Pablo Anzalone, quien aprueba la capacitación de los agentes de salud departamentales que desarrollarán la normativa Asesoramiento para una maternidad segura. Medidas de protección materna frente al aborto provocado en condiciones de riesgo”, no hay en el sistema de salud uruguayo mecanismos de apoyo a la mujer para que los abortos no se den en situación de riesgo para su salud, "realidad [que] no es aceptable". Estas manifestaciones llevan a la convicción de que bajo la cubierta de una información sobre los riesgos del aborto, se aconsejará el mal llamado "aborto seguro", despreocupándose de la vida del niño por nacer.

 

4.      Aparece así como real objetivo del Programa evitar los abortos así llamados “en situación de riesgo”, desentendiéndose de los demás. El pretexto usado por la Directora de la Secretaría de la Mujer de la Intendencia, Elena Ponte, en sus declaraciones supone ignorar la realidad, porque si es cierto que los así llamados abortos realizados en situaciones de riesgo atentan contra la salud de la mujer, "desde la salud mental hasta la salud física", no es menos cierto que los estudios científicos realizados demuestran que todo aborto es nocivo para la salud mental y física de la mujer, provocándole angustias emocionales en un 60% de los casos, sentimientos de remordimiento en un 70%, duplicación de las posibilidades de cáncer de mama, cuadruplicación de suicidios consumados, quintuplicación de la posibilidad de posterior abuso de psicofármacos, etc.

 

5.    El Código Penal considera al aborto, aunque sea practicado con consentimiento de la mujer, como un delito de homicidio. Que sea realizado por un médico dentro de los tres meses de la concepción no le quita tal carácter, si bien, según los casos, puede dar lugar a una exención de la pena o a una disminución de la misma dispuesta por la misma ley o por decisión del juez (arts. 325 y sig.).

 

6.    El médico deberá saber que si asesora o informa a la madre sobre cómo realizarse un aborto –ya sea quirúrgico o farmacológico-, estará cooperando indirectamente en la comisión de un delito contra la vida, penalizado por Art. 325 del Código Penal: "El que colabore en el aborto de una mujer con su consentimiento con actos de participación principal o secundaria será castigado con 6 a 24 meses de prisión." En este mismo orden, en el inciso 2 del Art. 2 del Decreto 258/92 del 9 de junio de 1992 se establece que el médico "en salvaguarda de los derechos y dignidad de la persona (Art. 7 y 72 de la Constitución) debe negarse terminantemente a participar directa o indirectamente, a favorecer o siquiera admitir con su sola presencia, toda violación de tales derechos, cualquiera fuere su modalidad o circunstancia" .

 

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Comunicado Nº 4/06

 

Asociación Civil (en formación) “Derecho y Vida”

 

1) La División Salud de la IMM, recientemente, por medio de su Director, Dr. Pablo Anzalone, ha resuelto asesorar a las mujeres en el pre y post aborto (asesorando en definitiva cómo mejor abortar), utilizando la red de policlínicas municipales. Esto es similar a lo que sucede en el Hospital Pereira Rossell con el plan dirigido por el Dr. Briozzo, de aborto en condiciones de riesgo.                                                                                       

 

2) El Dr. Briozzo apareció el jueves 5 de octubre, en Televisión Nacional (programa "Poder Ciudadano"), alabando la medida adoptada por la Intendencia y justificando el consejo del médico de cómo mejor abortar, dentro del marco de la confidencialidad médico-paciente. Nos parece muy claro que matar a un inocente es un hecho muy grave y ayudar a ello también. Esto es un profundo error porque si el médico aconseja cómo mejor abortar comete el delito del art. 325 CP: es coautor o cómplice de aborto.                                      

 

3) Pero además, dicho profesional olvida que en el Código de Ética Médica, en el Cap. IV art. 22 se dice claramente que "el derecho al secreto no implica un deber absoluto para el médico. Además de los casos establecidos por la ley éste deberá revelar el secreto en situaciones como las siguientes: ... 3) Amenaza a la vida de terceros..." Y justamente el feto es un tercero respecto de su madre y del médico .                                                                                

 

4) De manera que exhortamos a las autoridades públicas, por elementales razones de interés general, tanto del MSP como en este caso de la IMM a tomar conciencia de la gravedad de la situación y a disponer las medidas correctivas acordes con la Constitución, los Tratados Internacionales ratificados por el país y nuestra legislación vigente que protegen la vida del concebido no nacido desde el momento de la concepción.

 

Montevideo, 11 de octubre de 2006.

 

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El aborto en Uruguay

 

Dr. Carlos Álvarez Cozzi

 

En caso que el Parlamento aprobara la legalización del aborto, el Estado uruguayo estaría generando responsabilidad internacional por el incumplimiento de lo dispuesto por el art. 4 del  Pacto de San José de Costa Rica de Derechos Humanos.

 

Jerarquía supralegal de los tratados internacionales ratificados.

Constitucionalización de la protección de los derechos humanos consagrados por instrumentos internacionales.
Responsabilidad internacional del país en caso de violar lo preceptuado en un tratado.


1) En el Derecho Internacional de los tratados, regido por la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados, se establece que el texto convencional ratificado por un Estado tiene rango supralegal. A tal punto ello es así que la Convención referida establece en sus arts. 27 y 33 en cuanto a jerarquía e interpretación de los convenios internacionales, que un país no puede dejar de cumplir lo preceptuado por un tratado alegando que su legislación interna sea diversa. Queda el Estado obligado a modificar la legislación interna que sea diversa a lo pactado internacionalmente.


2) Esa mayor jerarquía del tratado con respecto a la ley surge claramente también del art. 1 de la Convención Interamericana sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado de 1979, ratificada por nuestro país, así como en lo procesal, del art. 524 del CGP. El requisito de aprobación parlamentaria de un tratado es una exigencia constitucional para que luego, con la ratificación posterior del Poder Ejecutivo, pueda entrar en vigor, pero que claramente no convierte a la convención en una simple ley sino que, por lo que se viene de ver, en nuestro Derecho y en otros, la convención internacional tiene rango supralegal. A tal punto ello es así que conforme a la normativa citada sobre Derecho de los Tratados, el Estado que desea desaplicar un convenio internacional no puede hacerlo simplemente derogando la ley que dio aprobación al tratado, ni tampoco se puede derogar un artículo del tratado, sino que debe de, o bien reservar el artículo que desea se le desaplique al momento de la suscripción o de la ratificación del instrumento internacional o denunciar todo el tratado, siempre conforme a lo regulado por el derecho de los tratados y con los plazos de carencia en la desaplicación que el mismo establece en la Convención citada.


3) Ahora bien, por el juego de lo establecido en un tratado cuando la Constitución de la República consagra derechos en los artículos 7 y 72, se puede perfectamente colegir que la protección de la vida desde la concepción no solamente está consagrada por el Pacto de San José de Costa Rica sobre Derechos Humanos, en especial el art. 4, aprobado por el Uruguay por Ley 15.737, ratificado y en vigencia, que como venimos de ver ya tiene rango supralegal, sino que por la constitucionalización que la Carta Magna hace de (entre otros) el derecho a la vida, podemos concluír, junto con los Dres. Héctor Gross Espiell y Gonzalo Aguirre Ramírez, que en nuestro Derecho Positivo la protección de la persona humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural y su dignidad consecuente, no sólo resulta amparada por los tratados internacionales en materia de DDHH sino que incluso estos derechos han sido asumidos por la Constitución de la República o constitucionalizados, en tanto derivan de la naturaleza humana o de la forma republicana de gobierno. Por lo que la consecuencia ineludible es que cualquier proyecto de ley que atentara contra la vida de los "nasciturus" (sea despenalización del aborto, sea reproducción asistida) además de violar los tratados internacionales ratificados por el Uruguay, -que conlleva en forma subsiguiente la responsabilidad internacional del país-, sería además inconstitucional, por lo que, en caso de aprobarse, podría perfectamente entablarse contra él, ante la Suprema Corte de Justicia, demanda de declaración de inconstitucionalidad por la vía de acción.


4) El pretendido argumento de que el Pacto de San José de Costa Rica en su art. 4 establece que la protección de la persona humana lo será en general desde el momento de la concepción, lejos de limitar el alcance de la misma, como pretenden los que desean legitimar la violación de la tutela del derecho a la vida, es justamente al revés, lo amplía la propia norma al decir que se protege la vida del concebido en todos los casos desde el momento de la concepción. La expresión "en general" debe de ser tomada en su acepción natural y obvia de "en todos los casos". Tan ello es así que el propio artículo 4 del Pacto, en otro numeral, prohibe en los países en que la legislación prevea la pena de muerte, la ejecución de la misma sobre una mujer que se encuentre gestando.


5) En caso que el Parlamento aprobara la legalización del aborto, actualmente de nuevo a estudio del Senado, luego de su rechazo por la misma Cámara en el año 2004, el Estado uruguayo estaría generando responsabilidad internacional por el incumplimiento de lo dispuesto por el art.4 del citado Pacto de San José de Costa Rica de Derechos Humanos.

 

Nota: Este artículo fue publicado primeramente en Catholic.net.

 

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¿Casarse o vivir juntos?


Forum Libertas – www.forumlibertas.com


Según el IPF, en el primer semestre de 2006 ha habido un 21% más rupturas que en 2005; aún así, no es lo mismo casarse que cohabitar.

El matrimonio se ve sometido a una presión enorme desde la aprobación del "divorcio exprés" en España. En tan sólo un año de nueva ley (julio 2005-junio 2006) se han alcanzado 163.444 rupturas. Y por si fuera poco, en el primer semestre del 2006 se han producido 85.633 rupturas que representa un crecimiento del 21,1% con respecto al mismo semestre del 2005, señala el Instituto de Política Familiar.

En efecto, en el primer semestre del 2006 se han producido 15.000 rupturas más que en el primer semestre del 2005, pasando de 70.689 rupturas a las 85.633 actuales. Todo ello provocará que, al final del 2006, la ruptura sea de más de 170.000 matrimonios, con un incremento de más del 14% con respecto al 2005.

Esto tiende a crear un desprestigio del matrimonio y del compromiso en general, en una sociedad que ya está bastante escasa de compromisos. Muchos tienden a unirse con miedo a una falsa estabilidad y así crecen las uniones en co-habitación. Sin embargo, la cohabitación aumenta el riesgo de ruptura (incluso si le sigue la boda) y, en cualquier caso, no es lo mismo que el matrimonio.


El periodista Dennis Prager, autor de "La felicidad es un serio problema: manual de reparación de la naturaleza humana", al asistir a las bodas de sus hijos, entendió mejor por qué casarse es distinto (y mucho más valioso y beneficioso) que simplemente cohabitar. Traducimos sus reflexiones publicadas en TownHall.com.

 

***


Cinco argumentos no religiosos a favor del matrimonio en vez del "vivir juntos"

 

Dennis Prager

 

Yo siempre he creído que no hay comparación posible entre vivir juntos y el matrimonio. Hay enormes diferencias entre ser esposo o esposa y ser "un compañero", "un amigo", o un "compañero sentimental"; enormes diferencias entre un compromiso legal y una asociación voluntaria; entre levantarse ante la sociedad y anunciar públicamente tu compromiso y el vivir, simplemente, junto a otro.

Al asistir a las bodas de dos de mis tres hijos este pasado verano vi las diferencias con más claridad.


Primera diferencia: desde que te casas, ves la relación con más seriedad

No importa lo que pensabais cuando cohabitabais; en el momento que os casáis vuestra relación con el otro cambia. Ahora habéis hecho un compromiso con el otro como esposo o esposa delante de casi toda la gente importante de tu vida. Ahora os veréis el uno al otro con una luz diferente, más seria.


Segunda diferencia: las palabras sí importan

Las palabras nos afectan profundamente. Vivir con tu "novio" no es lo mismo que con tu "esposo". Y vivir con tu "amiga" o cualquier otro título que le des no es lo mismo que hacer un hogar con tu "esposa". Cuando presentas a esa persona como tu esposo o esposa, estás haciendo una afirmación más importante sobre el papel de esa persona en tu vida que con cualquier otro título.


Tercera diferencia: la legalidad sí importa

Estar legalmente atado y ser responsable por otra persona es algo que importa. Es un anuncio para él/ella y para ti de que tomáis esta relación con la máxima seriedad. Ninguna palabra de afecto, promesas de compromiso, etc... no importa lo sinceras que sean, pueden igualar la seriedad de un compromiso legal.


Cuarta diferencia: jamás reunirás a tanta gente que te importa

Para ver lo importante que es el matrimonio para la inmensa mayoría de la gente que te importa, piensa en esto: no hay ningún acontecimiento, ninguna ocasión, ningún momento en tu vida en el que tanta gente que te importa se reunirá en un lugar como en tu boda.

Ni el nacimiento de ninguno de tus hijos, ni un cumpleaños importante, ni la confirmación o la bar-mitzvah de tus hijos... Sólo hay otro momento en que se reunirá en un lugar la mayoría de las personas que aprecias y que te aprecian: es en tu funeral. Pero, a menos que mueras joven, para entonces casi todas las personas que amas mayores que tú ya habrán muerto.

Así que tu boda es la mayor concentración de seres amados de tu vida. Y eso es por una razón: es el momento más grande de tu vida. Un momento así no sucederá jamás si no tienes una boda.


Quinta diferencia: sólo el matrimonio convierte ajenos en familia

Sólo mediante el matrimonio la familia de tu hombre o tu mujer será tu familia. Las dos bodas transformaron a la mujer que estaba en la vida de mi hijo en mi nuera, y transformaron al hombre de la vida de mi hija en mi yerno. E instantaneamente las bodas me convirtieron en suegro, cuando antes era sólo "el padre de su novio/a". Fue la idea que más me impactó. Ahora yo era pariente de las parejas de mis hijos. Sus parientes y padres se convirtieron en familia. Nada comparable sucede cuando dos personas cohabitan sin casarse.


¿Sólo "un trozo de papel"?

Muchas mujeres llaman a mi programa de radio diciendo que el hombre de su vida no ve razón para casarse. "Sólo es un pedazo de papel", dicen estos hombres (y ahora algunas mujeres).

Hay dos respuestas a este argumento.

Una es que, de hecho, si "sólo es un pedazo de papel", ¿qué es exactamente lo que le asusta? ¿Qué teme de un pedazo de papel? O se miente a sí mismo y a su pareja, o miente sólo a su pareja porque sabe que no es "sólo un trozo de papel".

La otra respuesta es la que hemos dado arriba: casarse significa que yo ahora soy tu esposa, no tu co-habitante; ahora soy tu esposo, no tu pareja. Significa que vamos a tener una boda donde la mayoría de las personas vivas que significan mucho para nosotros estarán. Nos comprometeremos. Significa que hemos decidido traer toda esta gente que apreciamos a nuestras vidas. Significa que tenemos obligaciones legales el uno con el otro. Significa que mi familia se hace la tuya, y la tuya será la mía.

Gracias a Dios mis hijos, de 30 y 23 años, decidieron casarse. Sus parejas ahora son mi nuera y mi yerno. Son míos para que los ame, no sólo personas que aman mis hijos.

Cuando te das cuenta de que todo esto se consigue al casarse y no se consigue viviendo juntos sin casarse, te preguntas por qué alguien voluntariamente eligiría no casarse con la persona con quien desea vivir para siempre.

A menos, claro, que uno de los dos realmente no esté haciendo planes para siempre.

 

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Presentación del libro:

“¿Entiendes lo que lees? La interpretación bíblica en crisis”

Editorial  Gladius,  Buenos Aires 2006.

 

Anuncio del libro: “Éstas son aquellas palabras mías”

 

Horacio Bojorge S.J.

 

Presento el libro "¿Entiendes lo que lees? La interpretación bíblica en crisis" y anuncio el que lo seguirá en breve y que forma con él un díptico: "Éstas son aquellas palabras mías. El lugar de la Sagrada Escritura en la Homilía". Ambos libros se sitúan en el contexto de la actual crisis religiosa del catolicismo. Muestra cómo la crisis de la interpretación bíblica va apareada con la crisis de fe: nace de ella y la extiende y la profundiza.

 

El título

¿Entiendes lo que lees? es lo que le pregunta el diácono Felipe al eunuco etíope de la Reina Candaces en el conocido episodio del libro de los Hechos de los Apóstoles (1). Me he apropiado de la pregunta de Felipe para dirigirla a los predicadores que tergiversan el sentido de las Sagradas Escrituras pasándolas por el filtro de "lo aceptable para el hombre de hoy".

A la pregunta de Felipe respondió el Eunuco: "¿cómo voy a poder entender, si nadie me guía?". El termino griego hodegései derivado de la palabra hodos, que significa "camino", podríamos traducirlo: ¿cómo voy a entender si nadie me encamina, me conduce, me guía hacia el sentido de la palabra leída en el rollo de Isaías?

El viajero tuvo la suerte de dar con un evangelizador que lo encaminó revelándole el justo sentido de la Sagrada Escritura cumplida y realizada en Cristo. Creyó y fue bautizado. ¿Qué hubiera sucedido si se hubiese encontrado con alguno de los intérpretes modernistas, críticos, secularizados y desacralizados? ¿O con algún teólogo enemigo de la idea del sacrificio expiatorio? Afortunado etíope.

 

¿Entiendes lo que lees? es lo que le pregunta este libro, desde su título, a más de un intérprete, exegeta o predicador, que no entiende o entiende mal las Sagradas Escrituras y las tergiversa, con autorización, envío y nombramiento eclesiástico, desde el púlpito o desde la cátedra del Instituto catequístico o de la Facultad de Teología, extraviando a quienes no conocen su sentido o escandalizando a los creyentes sencillos.

 

Con toda propiedad podría aplicárseles con justeza el dicho de Jesús: "Ciegos, guías de ciegos"  (2). O lo de Pablo a los intérpretes judíos que, Escrituras en mano, rechazaban a Jesús: "presumes ser guía de ciegos, luz de los que andan en tinieblas, educador de necios, maestro de niños... tú, pues, que a otro pretendes enseñar ¿a ti mismo no te enseñas?" (3).

Estos tales deberían temer ser tenidos como merecedores del castigo que Jesús, el dulce maestro galileo, afirma que merecen los que escandalizan a los pequeños que creen en él: ser arrojados a la profundidad del mar con una piedra de molino al cuello.

 

Hay en efecto una relación estrecha entre la predicación de la Palabra, la fe, la Iglesia y la salvación. La suerte de la predicación, de la fe y de la Iglesia van unidas. Ellas florecen juntas o decaen juntas.

Toda tergiversación del sentido de la Palabra revelada obstaculiza el acceso a la fe o produce la apostasía. La predicación falsificada impide la salvación, porque impide la comunión con el Dios verdadero y con la Iglesia que es “sacramento universal de salvación” (4).

 

Fides ex auditu

Se nos cuenta en los Hechos de los Apóstoles que "al oír [la predicación del apóstol Pedro] sintieron traspasado de dolor su corazón y preguntaron ¿qué tenemos que hacer?" (5). Y en otros pasajes del mismo libro encontramos la misma relación causal entre la predicación de la palabra, la escucha de la palabra y la fe: "muchos que oyeron la palabra, creyeron" (6). La predicación produce la fe y por la fe congrega Dios a los creyentes en comunión eclesial: "ellos pues, habiendo acogido [con fe] la palabra, fueron bautizados y fueron agregadas [por Dios a la Iglesia] en aquel día como unas tres mil almas" (7).

"La fe viene por el oído" afirma san Pablo (8), es decir, por la escucha de la Palabra de Dios, escrita y predicada. Existe una relación estrecha entre lo que se predica y lo que se cree. Si la predicación se aparta de la verdad de la Sagrada Escritura y de la Analogía de la Fe, necesariamente la fe se corromperá y por los caminos de la herejía terminará en apostasía, es decir en el apartamiento del Dios vivo para volverse a los ídolos. Los hombres se verán privados de saber y creer lo que Dios nos ha dicho acerca de sí mismo y de acceder a la comunidad de quienes escuchan su voz.

De ahí que, necesariamente, "la interpretación bíblica en crisis" es consecuencia de "la fe en crisis", pero también, viceversa, es causante principal de las crisis de fe. Cuando la fuente de la inteligencia de las Sagradas Escrituras se envenena, los que beben de esas aguas envenenadas mueren.

Si la proclamación de la fe verdadera y de la Palabra de Dios pura, auténtica e incontaminada es proclamada, tiene poder para suscitar la fe. Pero a la inversa, la adulteración de la Palabra revelada, no sólo no convierte a nadie a la fe verdadera ni introduce a nadie en la comunión con Dios y con la Iglesia, sino que provoca la pérdida de la fe de los que creen y conduce por la apostasía al ateísmo.

Esto lo vio San Pío X cuando afirmó en la encíclica Pascendi que la malinterpretación protestante de las Sagradas Escrituras, continuando por la malversación modernista de la verdad revelada, iría a dar necesariamente en el ateísmo: "por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo"  (9). La historia del siglo transcurrido desde 1907 no ha hecho sino confirmar lo acertado de este profético vaticinio.

Pablo amplifica este asunto retóricamente en un crescendo de preguntas "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquél en quien no creyeron? ¿Y cómo creerán en aquél de quien no oyeron? ¿Y cómo oirán sin haber quien predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? ... Pero no todos prestaron oído al Evangelio. Porque Isaías dice: 'Señor, ¿quién dio fe a lo que escuchamos?' (10).  Luego, la fe viene de la escucha, y la escucha, por la palabra de Cristo" (11).

 

Qué hacer

Ante los males de la Iglesia, ha dicho el Padre José María Iraburu algo que le agradezco por iluminador y que aplico a la crisis actual de la interpretación bíblica y a la que debe ser nuestra actitud ante ella. Dice el P. Iraburu: "La suave cortesía con que hoy se enfrentan - las raras veces que se enfrentan - las enseñanzas gravemente contrarias a la doctrina de la Iglesia es, desde luego, diversa de la costumbre bíblica y de la tradición secular de la Iglesia. Casi podría decirse que es una excepción de los últimos tres decenios de la historia cristiana"  (12).

Se aplica a la crisis actual de la interpretación bíblica lo que el P. José María Iraburu observa en general sobre muchos males de la Iglesia en las últimas décadas: "¿Cómo es posible que nunca haya habido en la Iglesia un cuerpo doctrinal tan amplio, asequible y precioso - y yo podría especificar también: un progreso tan grande de las ciencias bíblicas y de la divulgación de las Sagradas Escrituras puestas al alcance de los fieles como nunca antes en la historia de la Iglesia - y que al mismo tiempo nunca haya habido en ella una proliferación comparable de errores y abusos?" - Y yo podría acotar: tanta tergiversación del sentido auténtico de las Escrituras, esgrimidas a menudo contra la fe -. "Parecen dos datos contradictorios, inconciliables”. - continúa el P. Iraburu para responder inmediatamente: "La respuesta es obligada: porque nunca en la Iglesia se ha tolerado la difusión de errores y abusos tan ampliamente" (13).

Es verdad en exégesis e interpretación bíblica que "se ha sembrado abundantemente el error y que los Obispos no han impedido suficientemente esta mala siembra" (14).

 

Dado lo perjudicial que es para la salvación de los hombres, como queda dicho, la ausencia de la predicación de la Palabra y, peor aún, la tergiversación del sentido verdadero de la Palabra, asombra la indulgencia y la tolerancia con que lo han venido tolerando y permitiendo durante décadas los enviados por Cristo a proclamar su Palabra a las naciones y a custodiar su rebaño defendiéndolo de los falsos profetas. Donde los pastores están por lo general omisos, corresponden que los fieles asuman sus responsabilidades para preservar la fe. A esos fieles perplejos quieren animar y esforzar las páginas de este libro que terminan con una respuesta a la pregunta tantas veces oída de los fieles escandalizados por la homilía o la clase de catequesis o de teología: ¿qué hacer?

 

Este libro termina sugiriendo los caminos a seguir para reaccionar ante esta crisis reclamando los derechos que tiene el fiel a ser enseñado en la recta doctrina de la fe y una recta interpretación de la Sagrada Escritura.

 

Notas:

 

1)      El episodio se narra en Hechos 8, 26-39. La pregunta de Felipe y la respuesta del eunuco en los vv. 30-31.

2)      Mateo 15, 14.

3)      Romanos 2, 19-21.

4)      Lumen Gentium Cap. 2, Nº 15; Gaudium et Spes 45.

5)      Hechos 2, 37.

6)      Hechos 4, 4. En el texto "la palabra" se refiere a la predicación de Pedro en Hechos 3, 12-26.

7)      Hechos 2, 41.

8)      Romanos 10, 17.

9)      Pascendi 40.

10)  Isaías 53, 1. Cfr. Jer 12, 38.

11)  Romanos 10, 13-17.

12)  José María Iraburu, De Cristo o del Mundo, Ed. Gratis Date, Pamplona 1997, página 11, Col. 2.

13)  José María Iraburu, Infidelidades en la Iglesia, Ed. Gratis Date, Pamplona 2005, página 16, Col. 2.

14)  José María Iraburu, Infidelidades en la Iglesia, Ed. Gratis Date, Pamplona 2005, página 20, Col. 2.

 

Alma de Cristo

 

Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti,
para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén

Anima Christi

Ánima Christi, sanctífica me.
Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inébria me.
Aqua láteris Christi, lava me.
Pássio Christi, confórta me.
O bone Iesu, exáudi me.
Intra tua vúlnera abscónde me.
Ne permíttas me separári a te.
Ab hoste maligno defénde me.
In hora mortis meæ voca me.
Et iube me veníre ad te,
ut cum Sanctis tuis laudem te
in sæcula sæculórum. Amen

 

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio, Apéndice, A) Oraciones comunes.

 

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