Fe y Razón
Revista virtual gratuita
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 7 – Agosto de 2006
“Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu
Sancto est”
“Toda verdad,
dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)
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Equipo
de “Fe y Razón”
Equipo de Dirección: Diác.
Colaboradores: Dr.
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Equipo
de Dirección |
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Teología |
Vittorio
Messori |
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Tema
central |
Comisión Teológica Internacional |
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Tema
central |
Ing. |
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Tema
central |
Compendio del Catecismo
de la Iglesia Católica |
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Entrevista |
Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola |
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Actualidad
eclesial |
Zenit |
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Familia
y Vida |
Asociación Civil “Derecho y Vida” |
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Familia
y Vida |
Se realizó
en Montevideo la Primera Jornada Arquidiocesana sobre Familia y Vida |
Asociación Civil “Derecho y Vida” |
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Familia
y Vida |
Principales
conceptos expuestos por el Papa Benedicto XVI en Valencia |
Ing. |
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Familia
y Vida |
Lic. Néstor Martínez |
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Familia
y Vida |
Conclusiones
de la Primera Jornada Arquidiocesana sobre Familia y Vida |
Mons. Dr. |
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Pastoral |
Diác. Milton Iglesias |
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Religión |
Dr. Pedro Gaudiano |
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Doctrina
Social |
Dr. |
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Internet |
E-cristians |
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Oración |
Compendio del Catecismo
de la Iglesia Católica |
Equipo de Dirección
El mes de agosto trae consigo dos festividades litúrgicas que nos incitan directamente a contemplar las realidades últimas: la Transfiguración del Señor (el día 6 de agosto) y la Asunción de María (el día 15 de agosto). En medio del “tiempo ordinario” del año litúrgico, recibimos así una ayuda para superar la tentación, tan fuerte en nuestros tiempos, de considerar este mundo como la realidad única y definitiva, cerrada sobre sí misma, en última instancia in-trascendente.
Recogiendo esta invitación de la liturgia, hemos elegido como tema central del Nº 7 de nuestra revista virtual la escatología, vale decir la parte de la teología dogmática que trata acerca de las realidades últimas. Presentamos pues dos artículos sobre aspectos puntuales de la escatología (la teoría de la “resurrección en la muerte” y la hipótesis del “limbo”) y un texto del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica que da una visión global de la fe de la Iglesia en esta materia.
En este número tenemos la alegría
de dar una cordial bienvenida al Equipo de la Revista “Fe y Razón” al Pbro. Dr.
Miguel Antonio Barriola, miembro de
Otro foco de interés de este Nº 7
está centrado en torno a
Por último destacamos también la
inclusión en este número de un nuevo aporte (el cuarto) del Dr.
¡Que el Señor transfigurado los
bendiga y les conceda un día resucitar para la vida eterna, en comunión con
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Vittorio Messori
Entre las muchas cosas que me fueron dichas por el Cardenal Ratzinger y anticipadas por el reportaje que precedió a este libro, hay un aspecto no precisamente central que parece haber monopolizado la atención de muchos comentaristas. Como, en verdad, era de preverse, varios artículos, con sus correspondientes títulos, fueron dedicados no tanto a los severos análisis teológicos, exegéticos y eclesiológicos del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y sí a las alusiones –pocos párrafos, en comparación con las decenas de hojas- sobre aquella realidad que la tradición cristiana indica con el nombre de “Diablo”, “Demonio”, “Satanás”.
¿Por qué los comentaristas concentraron su atención en un tema que, repetimos, en modo alguno era central en la palabra del Prefecto?
¿Gusto por lo pintoresco, curiosidad divertida por aquello que muchos, tal vez hasta incluso entre los cristianos, consideran como una “sobrevivencia folclórica”, como un aspecto de cualquier forma “inaceptable para una fe que se volvió adulta”? ¿O se trata de algo más profundo, una inquietud enmascarada por la sonrisa? ¿Serena tranquilidad o exorcismo que toma la forma de ironía?
No nos compete responder. A nosotros nos cabe, cuando mucho, registrar el hecho objetivo: no hay asunto como el del Demonio para despertar inmediatamente la frenética agitación de los mass-media de la sociedad secularizada.
Es difícil olvidar el eco
suscitado por el Papa Pablo VI, inmenso y no sólo irónico, o mejor, tal vez
hasta incluso rabioso, a veces. Él, hablando durante una audiencia general, en
el día 15 de noviembre de 1972, retornó a lo que había dicho en el día 29 de
junio del mismo año, en la Basílica de San Pedro, cuando, aludiendo a la
situación de la Iglesia, confesaba: “Tengo
la sensación de que el humo de Satanás penetró en el templo de Dios por alguna
brecha”. Agregó, a continuación, que “si
tantas veces, en el Evangelio, retorna en la boca de Cristo la mención de ese
enemigo de los hombres”, también para nuestros tiempos él, Pablo VI, creía “en algo preternatural venido al mundo para
perturbar, para sofocar los frutos del Concilio Ecuménico y para impedir a la
Iglesia prorrumpir en el himno de alegría, sembrando la duda, la incerteza, la
problemática, la inquietud y la insatisfacción”.
Ya en ocasión de aquellas primeras alusiones, se levantaron gritos de protesta.
Ésta, no obstante, explotó sin frenos,
durante meses, en los medios de comunicación social del mundo entero, en aquel
15 de noviembre de 1972 que se volvió famoso: “El mal que existe en el mundo es ocasión y efecto de una intervención
en nosotros y en nuestra sociedad de un agente obscuro y enemigo, el Demonio.
El mal no es apenas una deficiencia, sino un ser vivo, espiritual, pervertido y
pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y amedrentadora. Rompe con el
contexto bíblico y eclesiástico quien se rehúsa a reconocerla como existente; o
quien hace de ella un principio que se basta a sí mismo, como si ella no
tuviese, como toda criatura, origen en Dios; o aún la explica como una
pseudo-realidad, una personificación conceptual fantástica de las causas
ignotas de nuestro malestar”.
Después de una serie de citas
bíblicas en apoyo de su argumentación, continuaba Pablo VI: “El Demonio es el enemigo número uno, es el
tentador por excelencia. Sabemos así que ese ser obscuro y perturbador existe realmente
y continúa actuando, es el sofista insidiador del equilibrio moral del hombre,
el pérfido encantador que sabe insinuarse en nosotros por medio de los
sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica o de los
desordenados contactos sociales, para introducir desvíos…”
El Papa lamentaba, a
continuación, la insuficiente atención al problema por parte de la teología
contemporánea: “Sería un capítulo muy
importante de la doctrina católica, a ser reestudiado, este sobre el Demonio y la
influencia que él puede ejercer. Sin embargo, esto ocurre poco hoy en día”.
Sobre el asunto, evidentemente en
defensa de la doctrina presentada nuevamente por el Papa, hubo una intervención
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el documento de junio de
1975: “Las proposiciones sobre el Demonio
son una afirmación indiscutible de la conciencia cristiana”; si “la existencia de Satanás y de los demonios
nunca fue objeto de una declaración dogmática” es justamente porque ésta
parecía superflua, siendo tal creencia obvia “para la fe constante y universal de la Iglesia, basada en su fuente
mayor, la enseñanza de Cristo, como también en aquella expresión concreta de la
fe vivida que es la liturgia, que siempre insistió en la existencia de los
demonios y en las amenazas que ellos constituyen”.
Un año antes de su muerte, Pablo
VI quiso volver todavía al asunto, en otra audiencia general: “No nos debe admirar si nuestra sociedad se
degrada y si la Escritura acerbamente nos amonesta que `todo el mundo, en el
sentido negativo del término, yace bajo el poder del Maligno’, a quien
Después de cada intervención del Papa, siempre sucedieron gritos y protestas; y, curiosamente, sobre todo en aquellos jornales y por parte de aquellos comentaristas a quienes poco debería importar la reafirmación de un aspecto de una fe que dicen rechazar en su totalidad. En esa perspectiva de ellos, la ironía es justificada. ¿Pero por qué la ira?
Fuente: Joseph Ratzinger / Vittorio
Messori, A fé
(Traducao do
original italiano: Rapporto sulla fede).
Notas:
1) Este libro fue publicado en español como: Informe sobre la fe.
2) Este texto
fue traducido del portugués para “Fe y Razón” por
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La parusía de Cristo, nuestra resurrección
Comisión Teológica Internacional
2.1. En el Nuevo Testamento se atribuye a la resurrección de los muertos un momento temporal determinado. Pablo, después de afirmar que la resurrección de los muertos ocurrirá por Cristo y en Cristo, agrega: «Cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos; luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su venida» (1 Cor 15, 23: en tê parousia autou). Un acontecimiento concreto está indicado como momento de la resurrección de los muertos. La palabra griega “parousia” significa “la segunda venida”, aún por llegar, del Señor en la gloria, diferente de la primera venida en humildad (Símbolo de Nicea-Constantinopla, en DS 150: “Y de nuevo vendrá con gloria”); la manifestación de la gloria (cf. Tit 2, 13) y la manifestación de la parusía (cf. 2 Tes 2, 8) se refieren a la misma venida. El mismo acontecimiento se expresa en el Evangelio de Juan (6, 54) con las palabras «en el último día» (cf. también Jn 6, 39-40). Este mismo vínculo entre los acontecimientos se da en la viva descripción de la primera carta a los Tesalonicenses (4, 16-17), y es afirmado por la gran tradición de los Padres: «a su venida todos los hombres resucitarán» (Símbolo Quicumque, en DS 76).
A esta afirmación se contrapone la teoría de la «resurrección en la muerte». En su forma principalmente difundida, esta teoría se explica de forma que aparece con grave detrimento del realismo de la resurrección, al afirmar una resurrección sin relación al cuerpo que vivió y que ahora está muerto. Los teólogos que proponen la resurrección en la muerte quieren suprimir la existencia después de la muerte de un «alma separada» a la que consideran como una reliquia del platonismo. Es muy inteligible el temor que mueve a los teólogos favorables a la resurrección en la muerte: el platonismo sería una desviación gravísima de la fe cristiana. Para ella, en efecto, el cuerpo no es una cárcel de la que haya que liberar al alma. Pero precisamente por esto no se entiende bien que los teólogos que huyen del platonismo afirmen la corporeidad final, o sea la resurrección, de modo que no se vea que todavía se trate realmente de «esta carne en la que ahora vivimos» (Fides Damasi, en DS 72). Las antiguas fórmulas de fe hablaban, con otra fuerza, de que había de resucitar el mismo cuerpo que ahora vive.
La separación
conceptual entre cuerpo y cadáver, o la introducción de dos conceptos diversos
en la noción de cuerpo (la diferencia se expresa en alemán con las palabras «Leib» y «Körper», mientras que en otras muchas lenguas ni siquiera se puede
expresar) apenas se entienden fuera de círculos académicos. La experiencia
pastoral enseña que el pueblo cristiano oye con gran perplejidad predicaciones
en las que, mientras se sepulta un cadáver, se afirma que aquel muerto ya ha
resucitado. Debe temerse que tales predicaciones ejercen un influjo negativo en
los fieles, ya que pueden favorecer la actual confusión doctrinal. En este
mundo secularizado en el que los fieles se ven atraídos por el materialismo de
la muerte total, sería todavía más grave aumentar sus perplejidades. Por otra
parte, la parusía es en el Nuevo Testamento un acontecimiento concreto,
conclusivo de
2.2. «En el último día» (Jn 6, 54), cuando los hombres resucitarán gloriosamente, obtendrán la comunión completa con Cristo resucitado. Esto aparece claramente porque la comunión del hombre con Cristo será entonces con la realidad existencial completa de ambos. Además, llegada ya la historia a su final, la resurrección de todos los consiervos y hermanos completará el cuerpo místico de Cristo (cf. Apoc 6, 11). Por eso Orígenes afirmaba: «Es un solo cuerpo, el que se dice que resucita en el juicio final» (Orígenes, In Leviticum homilia, 7, 2; GCS 29, 378). Con razón, pues, el Concilio XI de Toledo no sólo confesaba que la resurrección gloriosa de los muertos sucederá según el ejemplo de Cristo resucitado, sino también según el «ejemplo de nuestra Cabeza» (DS 540).
Este aspecto comunitario de la resurrección final parece disolverse en la teoría de la resurrección en la muerte, ya que tal resurrección se convertiría más bien en un proceso individual. Por ello, no faltan teólogos favorables a la teoría de la resurrección en la muerte, que han buscado la solución en lo que se llama el atemporalismo: afirmando que después de la muerte no puede existir, de ninguna manera, el tiempo, reconocen que las muertes de los hombres son sucesivas, en cuanto vistas desde este mundo; pero piensan que sus resurrecciones en la vida después de la muerte, en la que no habría ninguna clase de tiempo, son simultáneas. Este intento del atemporalismo, de que coincidan las muertes individuales sucesivas y la resurrección colectiva simultánea implica el recurso a una filosofía del tiempo que es ajena al pensamiento bíblico. El modo de hablar del Nuevo Testamento sobre las almas de los mártires no parece sustraerlas ni de toda realidad de sucesión ni de toda percepción de sucesión (cf. Apoc 6, 9-11). De modo semejante, si no hubiera ningún aspecto de tiempo después de la muerte, ni siquiera uno meramente análogo con el terrestre, no se entendería fácilmente por qué Pablo a los tesalonicenses que interrogaban sobre la suerte de los muertos, les habla de su resurrección con fórmulas futuras (anastêsontai) (cf. 1 Tes 4, 13-18). Además una negación radical de toda noción de tiempo para aquellas resurrecciones, a la vez simultáneas y ocurridas en la muerte, no parece tener suficientemente en cuenta la verdadera corporeidad de la resurrección; pues no se puede declarar que es un verdadero cuerpo, si es ajeno a toda noción de tiempo. Inclusive las almas de los bienaventurados, al estar en comunión con Cristo, resucitado de modo verdaderamente corpóreo, no pueden considerarse sin conexión alguna con el tiempo.
Fuente: Comisión Teológica Internacional, Algunas cuestiones actuales con respecto a la escatología, 1990, Capítulo 2.
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La hipótesis
del limbo es abandonada
En la escuela me enseñaron que los niños sin uso de razón que morían sin recibir el bautismo iban al limbo, un lugar en el que, sin sufrir tormentos, estarían eternamente privados de la visión de Dios. Si bien no se insistía demasiado en este aspecto de la doctrina, se lo presentaba como una verdad incuestionable. Sin embargo, si uno reflexionaba sobre ella, la doctrina sobre el limbo podía suscitar serias dificultades:
· Dado que la esencia del infierno consiste en la separación eterna de Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1035) y puesto que el limbo implica esa separación, en realidad el limbo sería parte del infierno.
· El pecado original es propio de cada uno, pero no es una falta personal (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 405). Considerando la infinita justicia y la voluntad salvífica universal de Dios, no es fácil comprender por qué no habrían de tener ninguna posibilidad de salvarse los niños muertos sin ningún pecado personal mortal (e incluso sin ningún pecado personal venial).
·
Es cierto que el Magisterio de la Iglesia ha
definido que quien muere con sólo el pecado original no puede alcanzar la
salvación (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 403). No obstante, en el
orden salvífico concreto establecido por Dios, ¿se da realmente esta
posibilidad? La Iglesia católica ha enseñado siempre que fuera de ella no hay
salvación y que para entrar en ella es necesario recibir el bautismo; pero
tradicionalmente la teología católica ha reconocido que, además del bautismo
sacramental, existen otras formas de bautismo (bautismo de sangre y bautismo de
deseo) que también producen la incorporación a
Después de mi
infancia, prácticamente no volví a oír hablar del limbo por muchos años,
excepto al leer "
¿Qué dice hoy la Iglesia acerca del limbo? Intentaré mostrar que en este punto ha habido un importante desarrollo doctrinal.
Es un hecho muy significativo que el Catecismo de la Iglesia Católica, un compendio muy completo y extenso de la doctrina católica, aun cuando reafirma la doctrina católica tradicional acerca del infierno, el Purgatorio y el Cielo, no diga ni una sola palabra sobre el limbo. En cambio afirma lo siguiente: "En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cf. 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo bautismo" (n. 1261). "En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la Liturgia de la Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a orar por su salvación" (n. 1283).
¿Qué implica
esta enseñanza del Catecismo en relación con la doctrina tradicional acerca del
limbo? Para resolver esta cuestión, me parece adecuado recordar una declaración
muy esclarecedora del Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe (que asiste al Papa en cuestiones doctrinales), quien
fue también el principal responsable de la redacción del Catecismo de
"E1
limbo nunca fue una verdad de fe definida. Personalmente, hablando más que
nunca como teólogo y no como Prefecto de la Congregación, yo abandonaría esta
que siempre fue apenas una hipótesis teológica. Se trata de una tesis
secundaria, al servicio de una verdad que es absolutamente primaria para la fe:
la importancia del bautismo. Para decirlo con las palabras mismas de Jesús a
Nicodemo: "En verdad, en verdad te digo, si alguien no nace del agua y del
Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,5). Abandónese, pues,
el concepto de "limbo", si fuera necesario (además, los propios
teólogos que lo defendían afirmaban, al mismo tiempo, que los padres podrían
evitarlo para el hijo por el deseo del bautismo de él y por la oración); mas no
se abandone la preocupación que lo sustentaba. El bautismo jamás fue y no será
jamás algo accesorio para la fe". (J. Ratzinger - V. Messori, A fé
¿Ha cambiado
entonces la fe de la Iglesia? Hablando con propiedad, no se trata de un cambio
sino de un desarrollo de la doctrina cristiana. El limbo nunca fue un dogma,
sino una mera hipótesis teológica; por eso la Iglesia puede dejarlo de lado,
como lo está haciendo ahora. La doctrina de la fe siempre se desarrolla a lo
largo de
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La
resurrección de la carne y la vida eterna
Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 202-216.
«Creo en la resurrección de la carne»
202. ¿Qué se indica con el término «carne» y cuál es su importancia?
El término «carne» designa al hombre en su condición de debilidad y mortalidad. «La carne es soporte de la salvación» (Tertuliano). En efecto, creemos en Dios que es el Creador de la carne; creemos en el Verbo hecho carne para rescatar la carne; creemos en la resurrección de la carne, perfección de la Creación y de la redención de la carne.
203. ¿Qué significa la expresión «resurrección de la carne»?
La expresión «resurrección de la carne» significa que el estado definitivo del hombre no será solamente el alma espiritual separada del cuerpo, sino que también nuestros cuerpos mortales un día volverán a tener vida.
204. ¿Qué relación existe entre la resurrección de Cristo y la nuestra?
Así como Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos y vive para siempre, así también Él resucitará a todos en el último día, con un cuerpo incorruptible: «los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (Jn 5, 29).
205. ¿Qué sucede con la muerte a nuestro cuerpo y a nuestra alma?
Con la muerte, que es separación del alma y del cuerpo, éste cae en la corrupción, mientras el alma, que es inmortal, va al encuentro del juicio de Dios y espera volverse a unir al cuerpo, cuando éste resurja transformado en la segunda venida del Señor. Comprender cómo tendrá lugar la resurrección sobrepasa la posibilidad de nuestra imaginación y entendimiento.
206. ¿Qué significa morir en Cristo Jesús?
Morir en Cristo Jesús significa morir en gracia de Dios, sin pecado mortal. Así el creyente en Cristo, siguiendo su ejemplo, puede transformar la propia muerte en un acto de obediencia y de amor al Padre. «Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con Él, también viviremos con Él» (2 Tm 2, 11).
«Creo en la vida eterna»
207. ¿Qué es la vida eterna?
La vida eterna
es la que comienza inmediatamente después de
208. ¿Qué es el juicio particular?
Es el juicio de retribución inmediata que, en el momento de la muerte, cada uno recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su fe y sus obras. Esta retribución consiste en el acceso a la felicidad del cielo, inmediatamente o después de una adecuada purificación, o bien en la condenación eterna al infierno.
209. ¿Qué se entiende por cielo?
Por cielo se
entiende el estado de felicidad suprema y definitiva. Todos aquellos que mueren
en gracia de Dios y no tienen necesidad de posterior purificación son reunidos en
torno a Jesús, a María, a los ángeles y a los santos, formando así la Iglesia
del cielo, donde ven a Dios «cara a cara»
(1 Co 13, 12), viven en comunión de amor con
«La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en el Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna» (San Cirilo de Jerusalén).
210 ¿Qué es el purgatorio?
El purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza.
211. ¿Cómo podemos ayudar en la purificación de las almas del purgatorio?
En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia.
212. ¿En qué consiste el infierno?
Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. Cristo mismo expresa esta realidad con las palabras «Alejaos de mí, malditos al fuego eterno» (Mt 25, 41).
213. ¿Cómo se concilia la existencia del infierno con la infinita bondad de Dios?
Dios quiere que «todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 9), pero, habiendo creado al hombre libre y responsable, respeta sus decisiones. Por tanto, es el hombre mismo quien, con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios si, en el momento de la propia muerte, persiste en el pecado mortal, rechazando el amor misericordioso de Dios.
214. ¿En qué consistirá el juicio final?
El juicio final (universal) consistirá en la sentencia de vida bienaventurada o de condena eterna que el Señor Jesús, retornando como juez de vivos y muertos, emitirá respecto «de los justos y de los pecadores» (Hch 24, 15), reunidos todos juntos delante de sí. Tras del juicio final, el cuerpo resucitado participará de la retribución que el alma ha recibido en el juicio particular.
215. ¿Cuándo tendrá lugar este juicio?
El juicio final sucederá al fin del mundo, del que sólo Dios conoce el día y la hora.
216. ¿Qué es la esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva?
Después del juicio final, el universo entero, liberado de la esclavitud de la corrupción, participará de la gloria de Cristo, inaugurando «los nuevos cielos y la tierra nueva» (2 P 3, 13). Así se alcanzará la plenitud del Reino de Dios, es decir, la realización definitiva del designio salvífico de Dios de «hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra» (Ef 1, 10). Dios será entonces «todo en todos» (1 Co 15, 28), en la vida eterna.
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Un
uruguayo en
Entrevista al Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola
“Fe y Razón”
entrevistó al Pbro. Miguel Antonio Barriola, Doctor en Sagrada Escritura y
Miembro de
1. ¿Qué actividades desarrolla
Se trata de un organismo auxiliar de
En los orígenes su cometido revestía una
función triple: a) fomentar eficazmente entre los católicos el estudio bíblico,
b) contrastar con medios científicos las opiniones erradas en lo referente a
El 27 de junio de 1971, en el cuadro de la
gran obra de reforma postconciliar, Pablo VIº, con el Motu proprio Sedula cura, establecía nuevas normas
para la organización y el funcionamiento de la Comisión, a fin de que su
actividad fuese más fecunda en
Así, se transformó en un órgano consultivo,
puesto al servicio del Magisterio, en relación, como ya se indicó, con la
Congregación para la Doctrina de la Fe (art. 1). Su Prefecto es también el
Presidente de esta misma Comisión Bíblica.
Entre sus más preclaros miembros cabría
destacar al propio Papa actual, cuando era el Card. Joseph Ratzinger, que
estuvo en su presidencia desde 1982 hasta abril del 2005.
Sus secretarios fueron eximios biblistas
católicos: A. Descamps, H. Cazelles, A. Vanhoye (recientemente creado
cardenal). En la actualidad se desempeña como secretario el P. Klemens Stock,
SJ, que fuera rector y continúa su tarea docente en el Pontificio Istituto
Biblico de Roma.
Tampoco habría que olvidar a integrantes
como: P. Benoit, OP, R. Brown PSS, I. De La Potterie ,
S J, J. Dupont, V. Fusco , P. Grelot, S. Lyonnet, el Card. C. M. Martini, A.
Penna, G. Ravasi, H. Schlier, G. Segalla, C. Spicq, U. Vanni.
El primer participante de esta Comisión
llamado desde América Latina fue el exégeta brasileño Joâo Evangelista Terra
Martins, SJ (1983–1989). Otro destacado biblista argentino, A. Levoratti,
principal promotor y traductor del Libro del Pueblo de Dios – La Biblia
(Madrid - Buenos Aires – 1987 3ª ed.) ha pertenecido a la misma en el período
anterior (1990–2001).
Somos ahora tres los latinoamericanos
convocados: Ney Brasil Pereira (Brasil), Carlos Zesati Estrada M SpS (México) y
quien escribe.
Los miembros son nombrados por el lapso de
cinco años, pudiendo ser reelegidos.
De los documentos que ha publicado este
organismo, los más recientes, y que mayor eco han obtenido, son: ”La interpretación
bíblica en la Iglesia” (1993) y “El
pueblo hebreo y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana” (2001).
2. Hasta el año pasado
Mi impresión es la de haber tenido el
privilegio de trabajar bajo la guía de un verdadero genio. El Card. Ratzinger
casi nunca intervenía en los debates, si bien nunca faltaba a las sesiones
matutinas y vespertinas. Pero no se le escapaba detalle. Al fin de las jornadas
de estudio proponía una síntesis de lo que se había tratado y discutido, donde
se veía hasta qué punto había seguido atentamente los puntos principales que
estaban en juego.
La primera vez que me tocó presentar un
aporte, lo hice partiendo de la situación calamitosa en que se encontraba la
Argentina después de la caída del presidente De la Rúa (2002). Traté de brindar
motivos para la esperanza, inspirándome en los escritos paulinos (En la sección
“Biblia” de “Fe y Razón” se puede encontrar aquel trabajo: “«La esperanza no
quedará defraudada» (Rom 5, 5)”).
Al año siguiente se me acercó el Cardenal,
preguntándome: “Come va l’Argentina?”. Dadas las
alternativas que se presentaban en aquel año electoral, le respondí: “Tenemos
en castellano un dicho que, a mi ver, se aplica bien a la coyuntura: se ha de
elegir entre GuateMALA y GuatePEOR”. Captó muy bien el juego de palabras,
sonriendo.
Dado que el tema que nos ocupa en la
actualidad versa sobre los aportes que puede ofrecer la Biblia a la
problemática moral, algunos miembros de la Comisión propusieron que se
convocara a algún teólogo moralista, para que nos iluminara desde su especialidad.
Otro preguntó qué razones habían llevado a elegir semejante asunto. Entonces
intervino el Cardenal Ratzinger, explicando motivos y cometido de los presentes
trabajos. Expuso de tal modo que todos dimos por suficiente su aclaración,
dejando de lado la invitación a algún moralista.
Según yo lo he visto, es de condición tímida,
pero muy afable en su diálogo sencillo, que en lo más mínimo deja transparentar
ante sus interlocutores que se encuentran ante un eminente personaje.
Nada parecido, pues, a la imagen
distorsionada, creada por cierta prensa, sobre el “Panzerkardinal” o el “Gran
Inquisisdor”.
En este último sentido fue reconfortante leer
cómo la casi totalidad de la prensa italiana, al hacer balance de su primer año
de pontificado, recordaba, con implícita autocrítica, los injustos y
apriorísticos enfoques con que fue recibida su designación al solio pontificio.
“Pensar que se dijo: «Ya tenemos a un Pastor alemán»”, se lamentaban,
señalando, claro está, la feroz alusión al “perro” de dicha raza.
3. ¿Cuáles son, a su juicio, los principales
asuntos discutidos hoy en el ámbito de la teología bíblica y la exégesis?
Precisamente en lo que se refiere a la
“teología bíblica”, creo que en la actualidad se dibuja algún escepticismo, en
cuanto a que sea posible extraer una visión de conjunto de los aportes bíblicos
a un cuerpo de doctrina homogéneo y coherente. Después de las grandes obras
pioneras de W. Eichrodt y G. Von Rad (protestantes) y P. van Imschoot, L.
Köhler (católicos), tal vez en una visión demasiado “positiva” de la
individualidad de cada autor (Isaías, Lucas, Pablo, etc.) y de la singularidad
de cada época, muchos sostienen que se ha de renunciar a esos grandes cuadros
doctrinales, que serían más bien impuestos a la producción bíblica, que resultantes
de la misma.
Con todo, parece que hay dos métodos, que se
reparten los intentos en este orden: el del ya citado W. Eichrodt, que recoge
el material bíblico en torno a un único tema, en este caso la alianza (dividido
en tres secciones: Dios y el pueblo; Dios y el mundo; Dios y el hombre), o
sino, el que goza de mayores consensos, del también antes mencionado von Rad,
que, en una dinámica más diacrónica, considera la teología bíblica del Antiguo
Testamento dentro del desarrollo de las tradiciones históricas de Israel.
Muchos le reprochan, con todo, el haber dejado de lado grandes ideas bíblicas,
como mesianismo y culto. También se ha de estar atento ante las
“precomprensiones” implícitas, con las que emprenden semejante tarea, como son
los condicionamientos provenientes de la misma confesión protestante o de la
opción existencialista en el plano filosófico, por ejemplo la demasiado rígida separación entre historia y kerygma.
Sería extender demasiado esta entrevista
bajar a ulteriores precisiones. Sólo quisiera señalar los sugerentes trabajos
de P. Beauchamp, como : L’un et l’autre Testament – Essai de lecture (Paris – 1976).
Dado que el mundo bíblico es un océano
inabarcable, me he dedicado más al Nuevo Testamento y allí mismo especialmente
a S. Pablo.
Últimamente, con todo, estoy abocándome a
algunas lecturas de puesta al día sobre el Antiguo Testamento. Por lo que voy
observando, han surgido posiciones bastante extremas. La de quienes ponen en
tela de juicio la solidez de la historiografía de los autores bíblicos, que
según estos autores, comenzaría a ser fiable sólo en tiempos de la monarquía (y
no en todos sus períodos). Mientras que otros (generalmente ingleses) son más
optimistas respecto a la solidez histórica de los narradores bíblicos.
Entre estos últimos quisiera señalar a: K. A.
Kitchen (On the Reliability of the Old Testament, Michigan – Cambridge –
2003). Es digna de ponderación la motivación y trabajo hercúleo que supone
semejante empresa.
El mismo Kitchen relata (ibid., XIII), cómo
su colega L. Howard Marshall (conocido estudioso del Nuevo Testamento),
teniendo como punto de referencia la obra de F. F. Bruce (Are the New
Testament Documents Reliable?), le preguntó si no debería haber alguien que
ofreciera un servicio semejante respecto al Antiguo Testamento. Kitchen
protestó que, en cada caso (N. y A. Testamentos), el trabajo era masivamente
desigual. Porque los especialistas del Nuevo Testamento no tienen que
extenderse en el tiempo más allá del primer siglo después de Cristo, debiendo
emplear sólo el griego y el latín para Europa y el hebreo y arameo para
Palestina. En cambio, respecto al estudio del Antiguo Testamento es preciso
enfrentarse al menos con dos mil años (tres mil, para todo el telón de fondo
histórico), requiriéndose además la habilidad de manejar documentos en cantidad
y variedad de lenguas (egipcio, acádico, ugarítico, asirio, hitita, por
mencionar sólo algunas). Terminó su réplica, enrostrándole a Marshall: “¡Sé
razonable!” (ibid.).
No obstante, acometió este plan de
investigación, por lo que voy leyendo, con sólidos resultados.
En cuanto al Nuevo Testamento, dadas las
facilidades recién apuntadas, no se impone tanta fatiga, en cuanto a
instrumentos, que se ha de manejar.
Pero, en mi pobre impresión, noto en más de
un intérprete cierta desenvoltura respecto a la “analogia fidei”, como
estableciéndose en una postura “averroísta” de la “doble verdad”. Por una
parte, afirman que aceptan los dogmas de la Iglesia (por ejemplo: la virginidad
de María), mas, por la otra, sostienen que no encuentran apoyo en los relatos
evangélicos.
Véase, por ejemplo, la más que justa reserva,
con
Un fecundo escritor, con exageradas
proclividades en este sentido, es el muy difundido A. Álvarez Valdés, con sus
artículos siempre breves, de buena pluma periodística, pero por lo común
unilaterales, sembrando dudas, casi nunca apoyando o defendiendo la
credibilidad de la Biblia, con total ausencia de aparato crítico, escudado en
afirmaciones genéricas como: “Los exégetas sostienen hoy en día”
(infaliblemente en contra de posturas tradicionales), sin aludir a la más
mínima bibliografía y ocultando al lector apresurado las posturas de otros
autores, que contradirían con buenos argumentos los que él esgrime.
4. Usted es uruguayo y reside en Córdoba desde
hace 15 años (habiendo enseñado allí mismo desde 1975), de modo que conoce bien
la situación de la Iglesia en Uruguay y en Argentina. ¿Cuáles son en su opinión
las principales diferencias entre ambas situaciones?
Se trata de una pregunta muy delicada, a la
vez que complicada y siento que me llevaría una
exposición excesiva ser justo en las apreciaciones y fundamentaciones de lo que
pudiera yo aquí exponer.
Viniendo al núcleo de “mi” visión de las
cosas (que tantos otros podrían equilibrar con puntos de vista correlativos u
opuestos), desde mis estudios de juventud quedé fascinado con la obra
gigantesca de Sto. Tomás de Aquino y eso en medio de un profesorado por lo
general “suareciano”, como solían ser los PP. Jesuítas, que venían al Seminario
de Montevideo desde el Colegio Máximo de San Miguel (Argentina).
Al comenzar la filosofía, le tocó a mi grupo
la suerte de ser guiado por dos profesores (también jesuítas), que nos
iniciaron concienzudamente en los principios tomistas.
A lo largo de mis posteriores estudios (en la
Gregoriana: licenciatura en teología, en el Bíblico, licenciatura y doctorado
en Ciencias Bíblicas), nunca me aparté de este “primer amor” (Apoc 2, 4). Más aún,
me confirmé en él, al observar con qué maestría los grandes exégetas S. Lyonnet
e I. De La Potterie echaban mano abundantemente del Aquinate, en su labor
hermenéutica muy actual.
Comparando el estado de los estudios en
Argentina y Uruguay, era evidente en el Seminario de Villa Devoto el prestigio
(ganado casi a puro “autodidactismo” – porque también allí, hasta la década de
los 60, enseñaron jesuítas de S. Miguel -), de filósofos y teólogos como R.
Ferrara, L. Gera, C. Giaquinta, que fueron verdaderos faros irradiadores de
sólida doctrina. Ferrara, pongamos por caso, conoce a fondo al Aquinate, a la
vez que es experto en F. Hegel.
En Uruguay, la mayor indiferencia cubría y lo
sigue haciendo (fuera de honrosas excepciones, como los heroicos colaboradores
de “Fe y Razón”) a la obra de Sto. Tomás, tan recomendada por el constante
magisterio de la Iglesia, incluyendo el Vaticano IIº.
Pero, en la actualidad, se están emparejando
las situaciones, a mi ver, lastimosamente.
Seguimos admirando la obra póstuma de un
Ferrara (El Misterio de Dios – Correspondencias y Paradojas, Salamanca –
2005), con su conocimiento casi exhaustivo de lo antiguo y lo moderno (bien
cimentado en Sto. Tomás), pero se nota aquí y allá, en otros exponentes, un
cierto recelo ante el magisterio de la Iglesia, posturas que desacreditan a
grandes teólogos del pasado en pro de sistemas más que discutibles del
presente.
¿Por ejemplo, en lugar de
suprimir lisa y llanamente la cátedra de “Teología natural”, para implantar en
su lugar la de “Filosofía de las religiones”, ¿no sería lo “católico” (“das
katholische «und»”, como decía U. v. Balthasar), una cosa “y” la otra?
5. Usted tiene una larga experiencia como
Profesor de Sagrada Escritura, tanto en Montevideo como en Córdoba. ¿Qué
quisiera subrayar sobre ese aspecto de su vida?
Ante todo, la desproporción de la tarea con
las condiciones muy precarias de tiempo y dedicación, que exigiría un trabajo
de esta envergadura.
La exégesis, siempre, pero más que nunca en
su estado actual, requiere mucha, casi ininterrumpida lectura, cotejo de
posiciones, biblioteca, hemeroteca.
Pero, un profesor del clero diocesano no
suele gozar de todo lo que sería necesario, para llevar adelante un trabajo
serio y sólido al respecto.
Haciendo lo que mis pobres fuerzas y “magra
billetera” me posibilitaron, creo haber ofrecido material de estudio atendible,
bebido en los mejores autores católicos y los más fiables entre los hermanos
protestantes.
No todos han estado conformes con el estilo,
más bien expositivo, de mi cátedra. Reconozco que exige un esfuerzo arduo para
los alumnos. Pero también sostengo que es necesaria una variedad académica, en
la que se ha de poder contar con la atención sostenida de los oyentes. Como
sucede, por lo general, en las universidades católicas (y no católicas) de
Europa y de tantas otras latitudes.
Pretender que todo profesor sea una suerte de
“showman”, para poder ser aceptado, siempre me ha parecido una injusta
exageración.
La participación más activa de los alumnos
(sin olvidar que el esfuerzo por atender es “muy activo”), está contemplada en
las ejercitaciones o “seminarios”, sobre algún tema especial. También he
dirigido este tipo de docencia, creo que con algún resultado.
Es lástima que no se pueda esperar del
alumnado una mayor pericia en el manejo del latín y del griego. En Montevideo
estamos aventajados sobre Córdoba, en cuanto que se imparten cursos también de
hebreo.
6. Usted ha producido gran cantidad de
escritos, muchos de los cuales permanecen inéditos. ¿Qué está escribiendo
ahora? ¿Planea publicar algún libro en el futuro próximo?
Es verdad. Los trabajos que he podido ofrecer
se han referido siempre a puntos concretos para artículos de revistas,
congresos internacionales o sesiones de estudio, tanto en la trayectoria de
Por ahora no tengo en vista estudio alguno en
especial. Me encuentro a la espera de los temas que me propongan los religiosos
del Verbo Encarnado de San Rafael (Mendoza), que habitualmente celebran
jornadas bíblicas en honor a S. Jerónimo, en torno al día de su fiesta, a fines
de setiembre.
Si pudiera gozar de algún año sabático, me
gustaría dedicarme a la indagación de la “historicidad” de los libros bíblicos,
en especial del Nuevo Testamento, ya que noto, a veces, posturas que causan mi
asombro. Por un lado, se profesa por activa y por pasiva que lo característico
de la religión judeo-cristiana se diferencia de las otras por su carácter
“histórico” (“Historia Salutis”). Por el otro, no se deja de interpretar sólo
simbólicamente muchos hechos bíblicos, sobre todo los que tienen que ver con lo
milagroso y lo sobrenatural.
7. Usted ha colaborado con el sitio web “Fe y
Razón” casi desde sus inicios en 1999. ¿Cómo valora usted esta experiencia?
Como un gran consuelo y un enorme honor.
Sostengo que se trata de un esfuerzo fuera de lo común, serio, ponderado,
sostenido por la mejor tradición de la Iglesia, en un afán de difusión de la
sana doctrina, respondiendo con argumentos más que atendibles a las tesis
adversarias, con todo respeto y conocimiento honesto de las posturas
diferentes.
La frase de Tomás, con la que han
caracterizado su empeño, no pudo haber sido más felizmente lograda, porque
indica la apertura a todo tipo de “semillas del Verbo”, esparcidas por doquier,
sin caer, con todo, en un sincretismo “new age”, donde todo vale en pro de una
vaga camaradería anodina. Es el “Espíritu Santo” una persona muy concreta del
Dios Unitrino, el que difunde la verdad por doquier, para hacerla converger
hacia la única verdad del Evangelio de Cristo.
No se practica un diálogo meramente cortés,
sino el que trata de ir al fondo de las cosas, sin pretensiones de
“protagonismos” o rebeldías, que, desgraciadamente, caracterizan a más de un
“teólogo” en nuestros días.
El haber podido brindar alguna colaboración
en esta empresa, encarada sólo con el único afán de buscar la gloria de Dios y
la difusión del Evangelio, ha significado para mí una muy honda satisfacción, entre
otras cosas porque ha suscitado igualmente contactos con personas de distintas
latitudes, que se han dirigido a mí con consultas, que, a Dios gracias, he
podido resolver, con los medios de que dispongo.
Por todo lo cual, no me queda más que
agradecer la hospitalidad, que se me ha brindado, al mismo tiempo que rogar al
Señor, que sostenga la lucidez de la “razón” de cuantos trabajan para
fortalecer la “fe”.
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Benedicto XVI presenta los desafíos
que afronta Uruguay
Discurso al recibir las cartas credenciales del nuevo
embajador
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 junio 2006 (ZENIT.org).
Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI
este viernes al nuevo embajador de Uruguay ante
* * *
Señor Embajador:
1. Me es grato darle cordialmente la bienvenida a
este acto en que me hace entrega de las Cartas Credenciales de Embajador
extraordinario y plenipotenciario de
2. En su trayectoria histórica, Uruguay ha ido
asumiendo los ideales cristianos de justicia y de paz. En su seno conviven
pacíficamente y con mutuo respeto diversas concepciones del hombre y su
destino, sin que ello menoscabe el aprecio sincero y real por la dimensión
religiosa y, en particular, por la misión de
Desde esta perspectiva, es de esperar que la visión cristiana del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, y llamado a un destino sobrenatural, se pueda manifestar abiertamente en la educación de las nuevas generaciones. En efecto, la tarea educativa no ha de limitarse a lo meramente técnico y profesional, sino que ha de comprender todos los aspectos de la persona, de su faceta social y de su anhelo de trascendencia, que se manifiesta en una de sus más nobles dimensiones, como es el amor.
3. Los valores más altos, arraigados en el
corazón de las personas y en el tejido social, son como el alma de los pueblos,
que los hace fuertes en la adversidad, generosos en la colaboración leal e
ilusionados en la construcción de un futuro mejor y lleno de vida, en la que
todos sin excepción tengan la oportunidad de desarrollar la plena dignidad del
ser humano. Por eso se ven con preocupación algunas
tendencias que tratan de limitar el valor inviolable de la vida humana misma,
desde su concepción hasta su ocaso natural, o de disociarla de su ambiente
natural, como es el amor humano en el matrimonio y
Con ello se relaciona, por su propia naturaleza, la cuestión de la familia, estructura esencial de la sociedad, y de la unión en matrimonio de un hombre y una mujer, según el designio impreso por el Creador en la naturaleza humana. No faltan quienes desde algunos medios de comunicación social denigran o ridiculizan el alto valor del matrimonio y la familia, favoreciendo así el egoísmo y la desorientación, en vez de la generosidad y el sacrificio necesarios para mantener vigorosa esta auténtica "célula primaria" de la comunidad humana. Fomentar la familia, ayudarla a cumplir sus cometidos indispensables, es ganar también cohesión social y, sobre todo, respetar sus propios derechos, que no pueden ser disipados ante otras formas de unión que pretendieran usurparlos.
4. Hoy día, el vasto problema de la pobreza y la marginación es un desafío apremiante para los gobernantes y responsables de las instituciones públicas. Por otro lado, el llamado proceso de globalización ha creado nuevas posibilidades y también nuevos riesgos, que es necesario afrontar en el concierto más amplio de las Naciones. Es una oportunidad para ir tejiendo como una red de comprensión y solidaridad entre los pueblos, sin reducir todo a intercambios meramente mercantiles o pragmáticos, y en la que tengan cabida también los problemas humanos de cada lugar y, en particular, de los emigrantes forzados a dejar su tierra en busca de mejores condiciones de vida, lo que a veces comporta graves secuelas en el ámbito personal, familiar y social.
La Iglesia, al considerar el ejercicio de la caridad como una dimensión esencial de su ser y su misión, desarrolla de manera abnegada una valiosa atención a los necesitados de cualquier condición o proveniencia, y colabora en esta tarea con las diversas entidades e instituciones públicas con el fin de que a nadie en busca de apoyo le falte una mano amiga que le ayude a superar su dificultad. Para ello ofrece sus recursos personales y materiales, pero sobre todo la cercanía humana que trata de socorrer la pobreza más triste, la soledad y el abandono, sabiendo que «el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en que creemos y que nos impulsa a amar» (Encíclica Deus caritas est, 31, c).
5. Señor Embajador, antes de
concluir este encuentro deseo expresarle mis mejores deseos para que la misión
que comienza sea fecunda y contribuya a estrechar las relaciones diplomáticas
de su País con
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Comunicado Nº 1/06 de “Derecho y Vida”
Asociación civil (en formación) “Derecho y Vida”
El pasado viernes 30 de junio, en
el Palacio Legislativo, tuvo lugar un “Coloquio sobre el Proyecto de Ley de Defensa
del Derecho a
Estos “principios” y otros semejantes manifiestan una ideología fundada sobre una antropología individualista y hedonista y un subjetivismo moral totalmente inadmisibles.
Dado que no podemos desarrollar aquí nuestras profundas discrepancias con esta ideología (cosa que sí haremos en un próximo Comunicado), nos limitamos de momento a señalar su carácter sumamente controvertido. Es inaceptable que el Estado se adhiera formalmente a una filosofía cuestionable. Esto sería un gravísimo atentado a la laicidad correctamente entendida (art 5 de la Constitución).
En la primera de sus dos
ponencias, el Dr. Ordoqui puso de manifiesto un peligroso aspecto del proyecto
de ley, que hasta ahora ha pasado mayormente inadvertido por la opinión pública,
introducido como verdadero “caballo de
troya”. En efecto, en los Artículos 2º, 4º y 6º el proyecto asume
oficialmente la llamada “perspectiva de género”. No es extraño que el proyecto
no defina el novedoso concepto de “género”. La ambigüedad terminológica es
fundamental para poder lograr la manipulación a través del lenguaje. La
“perspectiva de género” es una ideología feminista radical de origen reciente,
pero de creciente influencia en círculos de poder de todo el mundo. Sostiene
que no es el sexo biológico, sino el “género” (una mera construcción cultural,
totalmente modificable por la voluntad de cada uno) el que define la libre
orientación sexual de
En su segunda ponencia el Dr. Ordoqui subrayó que el proyecto de ley viola el derecho fundamental a la vida de los seres humanos no nacidos e incurre en exabruptos jurídicos, al considerar el aborto como un derecho de la mujer, en contradicción con nuestra Constitución (art 9), y como un acto médico (art 16), en contradicción con la esencia de la profesión médica (Juramento Hipocrático).
Además, el proyecto no reconoce
totalmente el derecho a la objeción de conciencia (art 17) y viola el derecho a
la libertad de asociación (art 16), al obligar a todas las mutualistas privadas
(independientemente de su ideario) a realizar abortos. Destacó el disertante
cómo en esta ocasión en la exposición de motivos ya no se falta más a la verdad
inventando porcentajes de mujeres muertas por abortos en condiciones de riesgo
y cómo ya no se invoca más a la pobreza de la mujer para justificar el aborto, quedando claro que se busca legalizar al
aborto sin causa por la sola voluntad de la mujer.
Impresionó la debilidad
argumental de los tres expositores favorables al proyecto (Dr. Novoa, Lic.
Herrera y Sra. Abracinskas) que se limitaron a repetir la tesis fácilmente
refutable de que: el hijo es parte del
cuerpo de su madre y la mujer debe poder hacer con su cuerpo lo que
quiera; se debe procurar reducir la mortalidad materna por abortos en
condiciones de riesgo a cualquier precio; hay una aceptación social
generalizada del aborto; la penalización del aborto es una imposición del dogma
católico a toda la población; hasta la semana 12 de embarazo no hay vida humana
(Abracinskas, en versión contradictoria con
Dentro de los errores expuestos
se destacó la afirmación de
Los panelistas favorables al proyecto dejaron sin respuesta muchas de las preguntas y objeciones más difíciles del público presente: ¿Cuándo comienza la vida humana? ¿Cómo un derecho se puede transformar en crimen punible de la noche a la mañana (a los 85 días de embarazo)? ¿Cómo se van a medir las doce semanas? ¿En qué quedan los derechos y responsabilidades de los padres (varones)? ¿Cómo se justifica el desconocimiento de la patria potestad y del derecho a la objeción de conciencia personal e institucional? ¿No es cierto que los “principios” del proyecto, desarrollados con coherencia, conducen a considerar al sadomasoquismo, la zoofilia, la necrofilia, la poligamia, la poliandria y un largo etcétera como orientaciones sexuales moralmente legítimas, que el Estado debe tutelar en pie de igualdad con el ejercicio natural de la sexualidad humana?
Como pueblo nos encontramos ante una encrucijada decisiva. Se nos
propone caminar hacia una legislación libre de toda referencia a un orden moral
objetivo. Manifestamos nuestra protesta y nuestro desacuerdo. Y alzamos una voz
de alerta: por esta vía nos encaminaríamos hacia una disolución de la sociedad
basada en la verdad del hombre. Las consecuencias nefastas de esta opción, ya
presentes en germen, no tardarían en desarrollarse.
Montevideo, 4 de julio
de 2006.
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Se realizó en Montevideo
Comunicado Nº 2/06 de “Derecho y Vida”
Asociación civil (en formación) “Derecho y Vida”
Del 1º al 9 de julio de 2006 tuvo lugar en Valencia (España) el V Encuentro Mundial de las Familias, cuyo tema central fue «La transmisión de la fe en la familia». Se estima que un millón y medio de personas asistieron al Encuentro, el que, durante los últimos dos días, contó con la participación del Papa Benedicto XVI.
En sintonía con este Encuentro,
el pasado domingo 23 de julio de 09:00 a 13:00 horas tuvo lugar en el Hotel
Best Western Palladium (en el barrio montevideano del Buceo)
En el acto de apertura hizo uso
de la palabra en primer lugar el Pbro. Ernesto Diano, Vicario para la Familia,
quien realizó una introducción general a la Jornada, subrayando que en su viaje
apostólico a Valencia el Papa Benedicto XVI “no se apartó del tono de quien propone”. A continuación el Ing.
Seguidamente se escucharon siete ponencias, cada una de ellas de quince o veinte minutos de duración.
El Dr. Alexander Lyford Pike, Director del Instituto de Psiquiatría y Psicología de Montevideo, mostró algunos resultados de recientes estudios científicos sobre anomalías anatómicas y hormonales que inciden en la aparición de la tendencia homosexual en algunas personas y subrayó que mediante terapias cognitivas la mayoría de esas personas puede superar esa tendencia y llegar a ejercer su sexualidad de un modo conforme con la naturaleza humana.
El Lic. Néstor Martínez, de
El Dr.
El Dr. Mariano Brito, Rector de la Universidad de Montevideo, expuso sobre la relación entre la familia y el Estado, destacando la importancia de que el Estado se atenga a su rol subsidiario con respecto a la familia, sin avasallarla, y de que la sociedad civil (y dentro de ella especialmente las asociaciones familiares) asuma el rol protagónico que le corresponde en los asuntos públicos referidos a la familia.
El R.P. Lic.
Después de un interesante
intercambio de preguntas y respuestas entre el público y los panelistas, Mons.
Dr.
Todas las ponencias y alocuciones de este evento serán publicadas en un libro y en el blog de la Jornada, que ya está disponible en la siguiente dirección: http://www.primera-jornada.blogspot.com .
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Primera Jornada
Arquidiocesana sobre Familia y Vida - Montevideo, 23 de julio de 2006
Principales conceptos expuestos por el Papa Benedicto XVI en Valencia
El propósito de mi presentación es ofrecerles un resumen de los ocho discursos, mensajes y homilías que el Papa Benedicto XVI pronunció durante su viaje apostólico a Valencia los días 8 y 9 de julio de 2006, con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias. Durante la ceremonia de bienvenida en el Aeropuerto, el Papa Benedicto XVI manifestó el objetivo de su visita a Valencia con las siguientes palabras:
“El motivo de esta esperada visita es participar en el V Encuentro
Mundial de las Familias, cuyo tema es «La transmisión de la fe en la familia».
Mi deseo es proponer el papel central, para la Iglesia y la sociedad, que tiene
la familia fundada en el matrimonio. Ésta es una institución insustituible
según los planes de Dios, y cuyo valor fundamental la Iglesia no puede dejar de
anunciar y promover, para que sea vivido siempre con sentido de responsabilidad
y alegría.”
Considerando este doble objetivo del Papa (anunciar y promover el valor fundamental de la familia), dividiremos nuestra exposición en dos partes: una parte doctrinal, orientada a proponer la verdad sobre la familia, y una parte práctica, orientada a impulsar acciones a favor de la familia.
Pasemos entonces a la primera parte, o sea al anuncio de la verdad
sobre la familia.
En primer lugar el Papa ha subrayado que la familia está fundada sobre la alianza matrimonial entre un hombre y una mujer y ha recordado las propiedades esenciales del matrimonio. En la Vigilia del sábado, durante el Encuentro Festivo y Testimonial, Benedicto XVI dijo lo siguiente:
“La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar
y recibir amor. Por eso la Iglesia manifiesta constantemente su solicitud
pastoral por este espacio fundamental para la persona humana. Así lo enseña en
su Magisterio: "Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado
a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una
íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino
una sola carne»".
Ésta es la verdad que la Iglesia proclama sin cesar al mundo. Mi
querido predecesor Juan Pablo II, decía que "El hombre se ha convertido en
‘imagen y semejanza’ de Dios, no sólo a través de la propia humanidad, sino
también a través de la comunión de las personas que el varón y la mujer forman
desde el principio. Se convierten en imagen de Dios, no tanto en el momento de
la soledad, cuanto en el momento de la comunión".
La familia […] se apoya sobre todo en una profunda relación interpersonal entre el esposo y la esposa, sostenida por el afecto y comprensión mutua. Para ello recibe la abundante ayuda de Dios en el sacramento del matrimonio, que comporta verdadera vocación a la santidad. […]
La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable
para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un
bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la
donación total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la
familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la
vida, es una gran responsabilidad de todos.
El padre y la madre se han dicho un "sí" total ante Dios, lo
cual constituye la base del sacramento que les une; asimismo, para que la
relación interna de la familia sea completa, es necesario que digan también un
"sí" de aceptación a sus hijos”.
En segundo lugar, y en
consonancia con el tema central del Encuentro, el Papa subrayó la misión
educativa de
“Junto con la transmisión de la fe y del amor del Señor, una de las
tareas más grandes de la familia es la de formar personas libres y
responsables. Por ello los padres han de ir devolviendo a sus hijos la
libertad, de la cual durante algún tiempo son tutores. Si éstos ven que sus
padres -y en general los adultos que les rodean- viven la vida con alegría y
entusiasmo, incluso a pesar de las dificultades, crecerá en ellos más
fácilmente ese gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con acierto los
posibles obstáculos y contrariedades que conlleva la vida humana. Además,
cuando la familia no se cierra en sí misma, los hijos van aprendiendo que toda
persona es digna de ser amada, y que hay una fraternidad fundamental universal
Este V Encuentro Mundial nos invita a reflexionar sobre un tema de
particular importancia y que comporta una gran responsabilidad para nosotros:
"La transmisión de la fe en la familia". Lo expresa muy bien el
Catecismo de la Iglesia Católica: "Como una madre que enseña a sus hijos a
hablar y con ello a comprender y comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos
enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de
fe".
Como se simboliza en la liturgia del bautismo, con la entrega del cirio
encendido, los padres son asociados al misterio de la nueva vida como hijos de
Dios, que se recibe con las aguas bautismales.
Transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones católicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente. "La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos". […]
Este encuentro da nuevo aliento para seguir anunciando el Evangelio de
la familia, reafirmar su vigencia e identidad basada en el matrimonio abierto
al don generoso de la vida, y donde se acompaña a los hijos en su crecimiento
corporal y espiritual. De este modo se contrarresta un hedonismo muy difundido,
que banaliza las relaciones humanas y las vacía de su genuino valor y belleza.
Promover los valores del matrimonio no impide gustar plenamente la felicidad
que el hombre y la mujer encuentran en su amor mutuo. La fe y la ética
cristiana, pues, no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo más sano, fuerte y
realmente libre. Para ello, el amor humano necesita ser purificado y madurar
para ser plenamente humano y principio de una alegría verdadera y duradera.”
En la
homilía de la Misa de clausura del Encuentro, Benedicto XVI continuó
desarrollando el tema de la familia como escuela de humanidad y transmisora de
“Ningún hombre se ha dado el ser a sí mismo
ni ha adquirido por sí solo los conocimientos elementales para
Cuando un niño nace, a través de la relación con sus padres empieza a formar parte de una tradición familiar, que tiene raíces aún más antiguas. Con el don de la vida recibe todo un patrimonio de experiencia. A este respecto, los padres tienen el derecho y el deber inalienable de transmitirlo a los hijos: educarlos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados y, sobre todo, en el encuentro con Dios. Los hijos crecen y maduran humanamente en la medida en que acogen con confianza ese patrimonio y esa educación que van asumiendo progresivamente. De este modo son capaces de elaborar una síntesis personal entre lo recibido y lo nuevo, y que cada uno y cada generación está llamado a realizar. […]
La fe no es, pues, una mera herencia
cultural, sino una acción continua de la gracia de
Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada.
Aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados
a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que
la llamada de Dios y
La familia cristiana transmite la fe cuando
los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos; cuando los acercan a
los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos
se reúnen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar a la luz de la fe y
alabando a Dios como Padre.
En la cultura actual se exalta muy a menudo
la libertad del individuo concebido como sujeto autónomo, como si se hiciera él
sólo y se bastara a sí mismo, al margen de su relación con los demás y ajeno a
su responsabilidad ante ellos. Se intenta organizar la vida social sólo a
partir de deseos subjetivos y mudables, sin referencia alguna a una verdad
objetiva previa como son la dignidad de cada ser humano y sus deberes y
derechos inalienables a cuyo servicio debe ponerse todo grupo social. La
Iglesia no cesa de recordar que la verdadera libertad del ser humano proviene
de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por ello, la educación
cristiana es educación de la libertad y para la libertad.”
Pasemos ahora a la segunda parte de esta exposición, o sea a la propuesta
de acciones prácticas a favor de la familia.
En la homilía de la Misa, Benedicto XVI exhortó a los esposos a permanecer abiertos al Espíritu Santo y a pedir su ayuda. Dijo el Papa:
“Él no dejará de comunicarles el amor de Dios
Padre manifestado y encarnado en Cristo. La presencia del Espíritu ayudará a
los esposos a no perder de vista la fuente y medida de su amor y entrega, y a
colaborar con él para reflejarlo y encarnarlo en todas las dimensiones de su
vida. El Espíritu suscitará asimismo en ellos el anhelo del encuentro
definitivo con Cristo en la casa de su Padre y Padre nuestro.”
En la Vigilia, Benedicto XVI pidió a toda la comunidad eclesial que apoye a las familias, sobre todo a las que están en situaciones difíciles. Dijo lo siguiente:
“Los desafíos de la sociedad actual, marcada por la dispersión que se
genera sobre todo en el ámbito urbano, hacen necesario garantizar que las
familias no estén solas. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles
de superar si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades. Por
ello, la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento,
estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo
en las pruebas o momentos críticos. En este sentido, es muy importante la labor
de las parroquias, así como de las diversas asociaciones eclesiales, llamadas a
colaborar como redes de apoyo y mano cercana de la Iglesia para el crecimiento
de la familia en la fe.”
En la homilía de la Misa, el Papa
invitó a todos, especialmente a las asociaciones familiares eclesiales, a
trabajar a favor del matrimonio y de
“Para avanzar en ese camino de madurez
humana, la Iglesia nos enseña a respetar y promover la maravillosa realidad del
matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que es, además, el origen
de
En este sentido, quiero destacar la
importancia y el papel positivo que a favor del matrimonio y de la familia
realizan las distintas asociaciones familiares eclesiales. Por eso, "deseo
invitar a todos los cristianos a colaborar, cordial y valientemente con todos
los hombres de buena voluntad, que viven su responsabilidad al servicio de la
familia", para que uniendo sus fuerzas y con una legítima pluralidad de
iniciativas contribuyan a la promoción del verdadero bien de la familia en la
sociedad actual.”
En su discurso en la Vigilia, Benedicto XVI exhortó a los gobernantes a legislar respetando los derechos de las familias. Dijo lo siguiente:
“Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el
bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre, a la
familia, centro neurálgico de la sociedad, como recuerda
En su Carta a los Obispos
Españoles, entregada durante su visita a la Catedral de Valencia, Benedicto XVI
invitó a los Obispos a “proseguir una incesante e incisiva
pastoral familiar en vuestras diócesis, que haga entrar en cada hogar el
mensaje evangélico, que fortalece y da nuevas dimensiones al amor, ayudando así
a superar las dificultades que encuentra en su camino.”
Además
el Papa alentó a los Obispos a seguir combatiendo al secularismo. Escribió lo
siguiente:
“Conozco y aliento el
impulso que estáis dando a la acción pastoral, en un tiempo de rápida
secularización, que a veces afecta incluso a la vida interna de las comunidades
cristianas. Seguid, pues, proclamando sin desánimo que prescindir de Dios,
actuar como si no existiera o relegar la fe al ámbito meramente privado, socava
la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de
Concluimos esta presentación
recordando que el domingo 9, durante la ceremonia de despedida en el
Aeropuerto, Benedicto XVI encomendó a Dios los frutos del Encuentro, diciendo: “Confío en que,
con la ayuda del Altísimo y la maternal protección de
Que así
sea.
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Primera Jornada Arquidiocesana sobre
Familia y Vida - Montevideo, 23 de julio de 2006
La familia y la
perspectiva de género
Lic.
Néstor Martínez
Frente a un “feminismo” entendido como reivindicación de los derechos de la mujer, en un contexto de aceptación de la común dignidad de persona humana y de diferencia natural con el varón, se plantea otro feminismo, el feminismo “de género”, para el cual “la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos lleva a desechar la supuesta superioridad de un sexo sobre otro” (Marta Lamas).
Citamos a continuación a
“Género es una categoría de análisis en sociología y antropología, que más bien corresponde a la idea de rol sexual denotando un conjunto de normas y convenciones sociales del comportamiento sexual de las personas.
Los "Estudios de Género" forman parte de la reciente tradición de los Estudios Culturales (Cultural Studies) que iniciaron en universidades de Inglaterra y Estados Unidos a partir de los 1960s/70s. Sin embargo, sus antecedentes son mucho más antiguos. En 1949, Simone de Beauvoir afirma la frase que inicia el movimiento feminista del siglo XX: "Una no nace mujer, sino que llega a serlo."
El "Género" o rol sexual en sentido amplio es lo que significa ser hombre o mujer, y cómo define este hecho las oportunidades, los papeles, las responsabilidades y las relaciones de una persona.
Mientras que el sexo es biológico, el "Género" o rol sexual está definido socialmente. Por tanto, esos significados variarán de acuerdo con la cultura, la comunidad, la familia y las relaciones, y con cada generación y en el curso del tiempo.
A partir de estos "géneros" aparecen unos estereotipos de género, que son el conjunto de creencias existentes sobre las características que se consideran apropiadas para hombres y para mujeres. Estos serían la feminidad para las mujeres y la masculinidad para los hombres.
Y estos estereotipos a su vez crean los roles sexuales, es decir, es la forma en la que se comportan, realizan su vida cotidiana, hombres y mujeres en base a lo que se considera apropiado para cada uno.”
A esta
caracterización de la Wikipedia hay que agregar que la teoría o perspectiva del
género es de origen marxista, es decir, se presenta como una variante
“feminista” del marxismo. Algunos colocan su origen en un artículo publicado
por
La idea de fondo es que la versión tradicional del “género” como basado en la naturaleza humana justifica la dominación y la explotación sobre la base de las diferencias sexuales.
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Estamos por tanto ante una negación de la naturaleza humana, que tiene su base última en la filosofía nominalista que impregna toda la modernidad.
El nominalismo es una corriente filosófica que niega que exista una naturaleza o esencia inmutable de las cosas y que nuestros conceptos nos la puedan dar a conocer. Lo comprendido mediante nuestros conceptos no existe en la realidad independientemente de nosotros. Nuestros conceptos serían solamente productos mentales y, por tanto, cambiantes y variables histórica y culturalmente.
Se opone al realismo, que sostiene que mediante nuestros conceptos, que abstraemos de la experiencia, llegamos a conocer, aunque sea en forma limitada e imperfecta, lo que las cosas son. El realismo sostiene que los individuos sí cambian, obviamente, pero que las naturalezas o esencias de esos individuos son necesarias e inmutables.
Es decir, por ejemplo, si un perro muere, ya no es perro, sino cadáver. Pero la naturaleza o esencia del perro no puede cambiar; concretamente, no puede ser que a partir de una fecha determinada “ser perro” no incluya, como nota necesaria, “ser mamífero”, por ejemplo.
El sentido común nos dice que hay ciertas características necesarias, por ejemplo, para ser un perro, como ser mamífero o ser carnívoro. Sin alguna de esas características, no se puede ser perro.
Pero además, no puede ser que esas características sean en número infinito, porque entonces nunca llegaría a haber perros. Luego, hay un conjunto finito de características que es a su vez necesario y suficiente para que algo sea un perro; es decir, necesario: que no puede faltar ninguna de ellas; y suficiente: que con ellas basta, para que haya un perro.
Eso es la naturaleza o esencia del perro. El perro individual puede cambiar, pero la esencia o naturaleza del perro, no. Y es que si la esencia misma cambiase, o perdería una de esas características, o adquiriría una nueva. En el primer caso, no todas eran necesarias, en el segundo, el conjunto no era suficiente, contra lo que hemos supuesto.
Por eso Aristóteles y Santo Tomás dicen que las esencias
de las cosas son como los números: la adición y la sustracción cambian
La negación de que exista una naturaleza o esencia de las cosas es aplicada por estas corrientes feministas a la naturaleza humana, con la finalidad de negar que la distinción de sexos sea natural. Por eso son teorías “construccionistas”, es decir, sostienen que lo que nosotros pensamos que es natural, necesario, inmutable, en realidad es fruto de una construcción social, histórica, cambiante.
En el fondo, nos queda una filosofía del puro cambio o devenir, sin ser, sin cosas, sin realidad: una fantasmagoría básica sobre la cual se puede tejer luego los absurdos que se desee.
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Al ser socialmente construido, el género no es inmutable, sino que depende de la libertad humana, que puede tener así la “opción sexual” que quiera, con el único límite de no privar de su libertad sexual a un tercero.
La “opción sexual” la definen algunos como “aquel sexo por el que cada persona se siente atraída”. Aquí hay una contradicción en el sentido de que se presenta como “opción” sexual, por ejemplo, la homosexualidad o la transexualidad y luego se dice que son tendencias irreformables, es decir, que no dependen de la voluntad de la persona, con lo cual no se ve muy bien cómo pueden ser “opciones”. Lo que pasa es que con el término “opción” quieren subrayar el hecho de que la orientación sexual no viene determinada por la “biología”, como dicen ellos.
Habría según esto, al menos cinco “opciones sexuales” igualmente válidas: heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual masculino, homosexual femenino y bisexual.
La homosexualidad está en la línea de una superación de la tradicional división de sexos y por eso es aliada natural del feminismo radical. El feminismo radical niega que la distinción y complementariedad de sexos sea natural, de ahí se sigue que la homosexualidad no es antinatural, y por tanto, no es inmoral.
Por eso, la homosexualidad es reconocida como un derecho y el movimiento homosexual como algo positivo, puesto que, como dice una autora feminista, muestra que “la sociedad está equivocada respecto a la homosexualidad y a la heterosexualidad: ni la primera es antinatural, ni la segunda es natural” (Marta Lamas).
De ahí se llega también a la lucha contra la maternidad como vocación natural de la mujer y a la reivindicación del aborto como derecho, pues es la forma de liberarse en lo posible del obstáculo que la maternidad supone, principalmente, en estas ideólogas, para la participación en la política.
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La diferencia y complementariedad entre los sexos masculino y femenino en la especie humana es un dato natural. Esto quiere decir:
Que necesariamente, por naturaleza, toda persona humana es masculina o femenina.
Que no existe otra “identidad sexual” natural fuera de estas dos.
Eso implica que la identidad sexual, al ser natural, no es objeto de libre elección por parte de las personas.
Esto se debe a que no existe una “identidad genérica” que sea independiente de la naturaleza biológica del ser humano varón y mujer y, por tanto, opcional.
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La antropología de “género” desconoce la unidad sustancial del ser humano, en la cual el alma y el cuerpo no son dos cosas, sino que el alma espiritual es precisamente el núcleo ontológico del cuerpo mismo, lo que lo hace existir, ser cuerpo, ser viviente, ser animal y ser humano.
Por eso mismo, en la sana antropología, el ser humano, varón o mujer, es sexuado, masculino o femenino, en todo su ser, no solamente en el nivel biológico, sino también en el nivel espiritual.
Por la misma razón, no existe en el ser humano lo puramente biológico. Todo en el hombre es humano. Todo está afectado de algún modo por la naturaleza personal del ser humano. Si el sexo es “biológico”, entonces es humano, es parte de la naturaleza de la persona humana. La biología humana no es meramente una biología animal.
La ideología del “género” supone una visión dualista del ser humano, escindido entre una biología puramente infrahumana, despreciable en definitiva, y una libertad desencarnada, independiente del cuerpo y de la biología humanas. Un ángel asexuado en un cuerpo de bestia.
Entre lo “biológico” entendido como mera animalidad y lo “social”, la teoría del género escamotea lo propiamente humano, que es superior a lo meramente animal de la biología, porque es espiritual, racional, y es anterior a lo social, porque no puede haber sociedad humana sin personas humanas individuales.
Y deja en su lugar una “libertad” vacía de contenido, que parece flotar en el aire entre la animalidad biológica y la convencionalidad social.
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Se nos puede objetar que si el ser varón o el ser mujer forman parte de la esencia o naturaleza de la persona humana masculina o femenina, habría que decir que el varón y la mujer serían dos especies distintas, pues una de las notas “necesarias y suficientes” de su esencia sería diferente en cada caso, a saber, masculinidad o femineidad.
Hay que responder que la masculinidad y la femineidad no pertenecen propiamente al plano de la esencia de la persona humana como tal, sino al plano de los accidentes, es decir, al plano de las propiedades o modificaciones de la naturaleza humana. La masculinidad o la femineidad no subsisten, es decir, no existen “en sí”: los que subsisten son el varón y la mujer.
Sin embargo, masculinidad y femineidad no son tampoco determinaciones contingentes y transitorias de la naturaleza humana, sino que configuran en forma necesaria y definitiva a cada persona.
Eso quiere decir que filosóficamente deben ser ubicados entre los “accidentes necesarios”, es decir, que derivan necesariamente de la naturaleza del ser humano, en el sentido ya dicho de que necesariamente el ser humano ha de ser masculino o femenino.
Sin duda que, en lo concreto, esos “accidentes necesarios” que son la masculinidad y la femineidad van acompañados de “accidentes contingentes” que, esos sí, son variables y culturalmente determinados, es decir, la forma concreta en que cada cultura vive la masculinidad y la femineidad.
El asunto es que el interés por trazar la línea entre lo contingente y lo necesario, entre lo social y lo natural, no puede llevarnos a negar la naturaleza humana y el carácter natural de la distinción entre los sexos, así como de ciertos roles que van necesariamente anexos a los mismos como, por ejemplo, la maternidad en el caso de la mujer.
Esto nos permite entender cómo es que la igual dignidad de la persona humana es compatible con la desigualdad de funciones, y por tanto, de deberes y derechos en el contexto de la sociedad humana, para varones y mujeres. Pues la igual dignidad se basa en la común esencia o naturaleza humana, a nivel sustancial, mientras que la diversidad funcional se basa en las diferencias sexuales que son del orden de los accidentes necesarios o “propiedades” de la naturaleza humana.
De hecho, es científicamente innegable la diversidad psicológica y física entre el varón y la mujer.
Parece necesario distinguir, entonces, entre los “derechos del hombre”, por un lado, que son comunes a varones y mujeres, y los “derechos del varón” y los “derechos de la mujer”, por otro, que son específicos para cada sexo. Este terreno nos parece bastante inexplorado al presente.
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Conclusiones de
Mons.
Al asumir las ricas enseñanzas de Benedicto XVI vertidas en Valencia (España) sobre la familia y la vida – prolongación del riquísimo magisterio de la Iglesia, sobre todo de Juan Pablo II en Familiaris consortio y Evangelium vitae – debemos constatar como una realidad que en nuestro país estamos siendo testigos de un muy peligroso proceso de destrucción de la familia sustentada en el matrimonio.
Con sutiles instrumentos de manipulación intelectual y jurídica y con una clara ambigüedad teminológica se consolida cada vez más la mentalidad de que es necesario adaptarse a las nuevas realidades y exigencias sociales. Con pretexto de progreso y modernidad vemos como, con ciertas propuestas legislativas y algunos programas de educación sexual, se ha iniciado un firme proceso de destrucción y tergiversación de los principios y valores básicos de la familia.
El relativismo doctrinal y ético que subvierte el sentido de los valores y de las instituciones naturales se advierte en forma cada vez más acuciante.
La insuficiencia de leyes que protejan a la mujer, especialmente en su condición de esposa y madre, la convierten en la primera víctima de las manipuladoras políticas antinatalistas y abortistas.
Se constata asimismo el aumento de presiones ideológicas, económicas y políticas que pretenden legalizar “modelos” aberrantes de familias, en el marco de estrategias coercitivas de control demográfico fomentado por las últimas Conferencias de El Cairo, Beijing y Estambul y por ciertos organismos internacionales.
La Iglesia proclama y promueve el
En virtud, pues, de la razón y del Evangelio denuncia:
1.
El promover la existencia de familias en las que
no se priorice el valor fidelidad y se patentice
2. El promocionar en forma generalizada y socialmente aceptada la convivencia prematrimonial con fines de prueba.
3. El pretender usar el término “familia” cuando los que se relacionan sean dos personas homosexuales.
4. El entrometerse del Estado, inadecuadamente, en la educación sexual de los hijos, suplantando la labor y la responsabilidad primaria e insustituible de los padres, violando el principio de laicidad.
5.
El imponer, por parte del Estado, como método
supuestamente seguro de prevención de enfermedades contagiosas, el uso del
preservativo, fomentando la promiscuidad entre los menores y favoreciendo
conductas a su vez riesgosas. Ello implica ignorar además, que los únicos
países que lograron disminuir el SIDA fueron los que propiciaron políticas de
fomento de la pareja estable y
6. El promocionar en forma oficial e indiscriminada la anticoncepción o el uso de abortivos químicos, imponiendo políticas antinatalistas que nada bien hacen al país.
7. El considerar como un derecho el poder destruir la vida del ser humano recién concebido.
8. El calificar al aborto como un acto médico y el establecer en todas las instituciones de asistencia médica colectiva la obligatoriedad de abortar.
9. El considerar un derecho el poder producir artificialmente un hijo, destruyendo o congelando embriones humanos sobrantes, desconociendo por otra parte el derecho de éste a tener padres y a desarrollarse en una familia normal.
10. El permitir la comercialización de óvulos, embriones o técnicas de selección respecto al sexo o cualidades del concebido no nacido.
11. El reivindicar como un derecho el poder determinar cuándo se debe segar la vida del enfermo con el pretexto de que deje de sufrir.
Todo ello sin duda evidencia un claro apartarse de los valores esenciales de los que depende no sólo la consistencia familiar sino la misma estabilidad de la sociedad y el bien común.
La Iglesia ve con preocupación que ante situaciones patológicas o de anormalidad, como pueden ser, entre otras, la infidelidad o la destrucción de la vida del recién concebido, en lugar de ser sancionadas, se proponen leyes que las institucionalizan.
No se trata de imponer verdades de fe al que no cree en Dios sino de respetar valores que hacen a la esencia misma de la naturaleza humana y de la convivencia social.
Estamos olvidando que la familia
fundada en el matrimonio constituye “un patrimonio de la humanidad” y es base
de la sociedad como se recoge en el art. 40 de la Constitución de
La Iglesia no dejará de exhortar a los
cristianos y a todos los hombres de buena voluntad a:
1.
Un mayor
compromiso por la defensa de la familia y la vida,
rechazando los proyectos de ley o documentos de programación política que
supongan una amenaza para la integración familiar, para la educación sexual de
nuestros hijos, para la vida del hijo por nacer o todo lo que implique una
amenaza o agresión para la familia y la vida.
2.
Propiciar
iniciativas de protección a la mujer embarazada y a las
familias numerosas.
3.
Acoger,
difundir y profundizar el conocimiento de documentos fundamentales
del Magisterio de la Iglesia sobre la familia y la vida, expresado sobre todo
en
4.
Promover
acciones orientadas a que los empresarios y hombres de
negocios se interesen y sostengan iniciativas y proyectos de defensa a la
familia y la vida.
Nuestro IV Sínodo arquidiocesano mira a la familia con particular esperanza y considera la “necesaria presencia transversal de la familia como objeto y sujeto de evangelización que debe estar siempre presente” (Nr. 310).
Hablándonos a nosotros los
Obispos del Uruguay, en la visita que le hicimos en setiembre de 2001, Juan
Pablo II nos decía que “es necesario hacer un discernimiento pastoral sobre
las formas alternativas de unión que hoy afectan a la institución de la familia
en el Uruguay, especialmente aquellas que consideran como realidad familiar las
simples uniones de hecho, desconociendo el auténtico concepto de amor conyugal”
(Nr. 8).
Quiero destacar el papel protagónico indispensable de los laicos en la familia, siendo –como afirma Juan Pablo II- “el primer campo para el compromiso social de los fieles laicos” (FC 40). En la Visita ad limina citada, el Papa nos recordaba “como deber apremiante ayudar a los padres a ser buenos pastores de la “iglesia doméstica”. En efecto, cuando la familia participa en el ser y la misión de la Iglesia, no solamente se trasforma en sacramento de salvación para sus miembros, sino que además realiza plenamente “su misión de custorida, revelar y comunicar el amor y la vida” (FC 17)” (V.ad l. 9).
Quiera María, Madre de la Iglesia y de la familia, la Virgen de los Treinta y Tres, ser Capitana y guía de nuestra Patria salvando la familia y promoviéndola en conformidad con el designio de Dios, a imagen de la Familia de Nazaret.
Montevideo, 23 de julio de 2006.
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El mundo en el que vivimos vive actualmente
una hora difícil y cargada de tensiones, pero los cristianos todos tenemos una
meta que cumplir: sembrar la esperanza.
Este artículo pretende ser la invitación a
vivir este signo y este compromiso: con alegría
en nuestras vidas sembrar la esperanza.
Cada bautizado(a) debe descubrir su responsabilidad, esa responsabilidad
que deberíamos asumir sin claudicaciones.
Nunca podemos ni debemos ser ni superficiales
ni indiferentes. No es posible vivir sólo para la comodidad, para sí
únicamente, como si fuéramos cada uno el ombligo del mundo. Necesitamos
construir, servir, amar, dar, tener una dosis elevadísima de caridad, de
compasión, ternura y misericordia a imitación de Nuestro Señor Jesucristo.
Quizás para la mayoría de nosotros hoy, “dar
la vida” no signifique la entrega a la muerte, sino el ocupar todos los lapsos
posibles de nuestra existencia, sin descuidar las responsabilidades familiares,
profesionales, laborales, sociales, etc. en el servicio paciente a los demás.
¡Cuánta gente hay que necesita que alguien
las escuche, las acompañe, las consuele, rece por ella, las instruya, les dé el
pan de la palabra y les haga conocer a Jesús o profundizar en su conocimiento!
En las filas de las iglesias cristianas no
tienen ni tendrán cabida ni los agresivos, ni los violentos, ni los comodones,
ni los arribistas, ni mucho menos aquellos que pretendan servirse de su
condición eclesial para logros personales.
Mucho de la historia gira alrededor de la respuesta
de los hombres y mujeres y la comunidad social mira a las instituciones de
servicio, a las personas que en ellas trabajan con denodado esfuerzo, las miran
con esperanza.
Donde sea que un cristiano esté, por su
compromiso bautismal debe siempre construir en la fuerza de la justicia y en la
fecundidad del amor, una paz auténtica y duradera, planteando lo que fuere
necesario a tiempo y a destiempo para que la vida de los ciudadanos todos, lo
entiendan o no, se vaya acompasando con el Reino de Dios, ese reino de paz, de
amor, de justicia que está o debe estar en este mundo, aunque siempre
incompleto, pues sólo pasada la Pascua personal de cada uno se llegará a la
plenitud del Reino.
Si somos cristianos y cristianas estamos
llamados a construir positivamente la paz y trabajar por la paz no es cosa
demasiado fácil, porque no faltan quienes siembren el mal –cualquiera sea la
forma que éste tenga– ya sea por inconsciencia, o por malignidad o algún
propósito indebido. Pero la paz es
siempre posible y
Hagamos hermanos y hermanas el compromiso de
profundizar nuestra vida interior, sepamos escuchar al buen Dios que nos habla
desde su Palabra para que con madurez interior nazca la luz del equilibrio y
nuestro decidido compromiso de trabajar cada día por el bien de la comunidad.
Gritemos la fuerza transformadora del amor y
seamos fieles a la vocación de servicio que deviene de nuestro compromiso con
Dios.
Que María la madre amorosa de Jesús y de
todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños que pueblan el mundo, nos
conceda la merced de ser alegres, profundos, comprometidos, fuertes
espiritualmente y testigos y predicadores de la paz y del amor.
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La concepción de Dios en las religiones
monoteístas
Pedro Gaudiano (*)
A la hora de analizar una religión, existe el riesgo de fijarse solamente en algunos detalles externos que son secundarios y darles una gran importancia. Por esos detalles se puede juzgar todo un conjunto, lo cual puede llevar a formarse un juicio equivocado de esa religión. Para conocer con cierto rigor científico una religión, es necesario entrar en un análisis detallado de sus creencias y estructuras (ver nuestro artículo “¿Qué es la religión?”, en Boletín CIEF N° 29, abril 2004, pp. 10-11 ). Un elemento básico para dicho análisis es, sin duda, la concepción de Dios que tiene cada religión. En el presente artículo nos vamos a referir solamente a las religiones monoteístas, es decir, aquellas que creen en un solo Dios.
Según su orden cronológico de aparición, las religiones
monoteístas son tres: el judaísmo,
que se remonta al año
Las tres religiones monoteístas que actualmente existen en el mundo nacieron en el marco geográfico de lo que se conoce como Oriente Medio, es decir, un conjunto de países situados entre Egipto y Arabia, por el sur, y Turquía e Irán, por el norte. En el centro de esa zona geográfica discurren los ríos Tigris y Éufrates, auténtica espina dorsal de todo este territorio en el que se han desarrollado grandes civilizaciones.
Moisés,
Jesús, Mahler, Marx, Freud y Einstein... ¿qué tuvieron en común estas personas?
Todos eran judíos y, de diferentes maneras, todos han afectado la historia y la
cultura de
Dos características marcan y distinguen al judaísmo:
·
La primera, su sentido de comunidad, de pueblo: la religiosidad no es
asunto individual sino algo comunitario, colectivo, incluso nacional.
·
La segunda, es la idea de que Dios no permanece ajeno a los hombres,
sino que se manifiesta en la propia historia.
Actualmente
hay en el mundo unos quince millones de judíos: seis de ellos están en Estados
Unidos; casi cuatro, en Israel, y el resto, esparcido por el mundo,
especialmente en Rusia y Europa oriental. Aunque sus costumbres varían
considerablemente, forman un pueblo muy unido.
Para el judaísmo, hay un Dios
único, Yahvé, que habla y se revela en la historia y actúa en ella para liberar a su
pueblo. Sus palabras y sus revelaciones se han ido produciendo a lo largo de
toda la historia del pueblo: comenzaron con Abraham, con el que hizo una
alianza; siguieron, sobre todo, con Moisés, al que comunicó la Ley; más tarde
continuaron con los profetas.
El Dios de los judíos es inaccesible, totalmente distinto de los
hombres, pero a la vez cercano y preocupado por la vida del pueblo, al que se
va revelando progresivamente. Todas estas revelaciones van acompañadas de
acciones liberadoras de Dios. Es completamente trascendente y eterno. Creador
del universo y de todo lo que existe: de la tierra, de la luz, de los animales,
del hombre y de la mujer, a quienes hizo a semejanza suya. Liberador de la
opresión.
No está
ligado a ninguna fuerza especial, aunque se puede manifestar en una zarza
ardiendo, en la palabra de un profeta o en algún fenómeno natural.
Ha
revelado su ley al pueblo judío, al que ha elegido para ser luz de la humanidad
y dentro del cual nacerá el Mesías.
El cristianismo es la
religión más importante hoy en el mundo si consideramos el número de sus seguidores
(1.900 millones). Es la que más ha influido en la civilización occidental
(Europa y América), que a su vez es la civilización más fuerte del mundo. Está
dividido en tres grupos:
· Los católicos (960 millones) están presentes con mayor o menor intensidad en casi todos los países del mundo. Su centro espiritual está en Roma.
· Los protestantes (460 millones) se encuentran principalmente en Europa del norte y central y en Estados Unidos Se separaron de la Iglesia católica en el siglo XVI.
· Los ortodoxos (215 millones) se extienden principalmente por Oriente Medio, Grecia y países de la comunidad de estados independientes. Se separaron de la Iglesia Católica en el siglo XI.
· El resto de cristianos abarca unos 265 millones.
EL DIOS DE LOS CRISTIANOS
Para el cristianismo existe una sola divinidad pero
tres Personas Divinas: el Padre (creador), el Hijo (redentor) y el Espíritu
Santo (santificador). Esto se conoce como el misterio de
El Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de
Hoy nadie duda de que hubo en Judea, en tiempos de
Tiberio, en los inicios de nuestra era, un judío llamado Jesús o Cristo. Así lo
atestigua no sólo el Nuevo Testamento, sino también autores extrabíblicos, ya
sea judíos (Flavio Josefo, Thallos) o paganos (los romanos Plinio el Joven,
Publio Cornelio Tácito, Cayo Suetonio Tranquilo). Con Jesús se inicia el
cristianismo. La figura de Jesús es universalmente admirada como modelo de
perfección humana, pero el cristiano va más allá reconociendo no sólo la
calidad humana de Jesús, sino su divinidad. De esta manera, el Dios Yahvé del
Antiguo Testamento pasa a ser el Dios Padre de Jesús.
Los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan)
no son una biografía de Jesús, sino la manifestación de una convicción profunda
de sus primeros discípulos: Jesús de Nazaret es el mesías anunciado por los
profetas, es el Hijo de Dios. Así pues, el cristianismo es la religión de los
que creen que Jesucristo es Hijo de Dios. Es el Dios hecho hombre que, tras su predicación,
fue ejecutado en la cruz y resucitó. Vino a anunciar a todos los hombres, sin
exclusión, la buena nueva de la salvación definitiva.
El islam extiende su influencia en una amplia zona que va desde el norte de África hasta la India por el este y hasta los Urales por el norte. Por el número de seguidores (950 millones) es la segunda religión en orden de importancia, después del cristianismo. En los países en donde es religión mayoritaria, ejerce una enorme influencia en la cultura y en las costumbres.
Es [en
la óptica islámica; nota del editor] la tercera religión revelada por Dios
a los hombres, después del judaísmo y del cristianismo. En realidad no se
presenta como una nueva religión, sino que pretende restablecer la primera
revelación hecha por Dios a Abraham, Moisés, David, María y Jesús.
Islam significa entregarse o someterse a la
voluntad de Dios. Quien practica el islam es un musulmán (del término árabe
muslim, “el que se somete a Dios”); llamarlo mahometano sería una ofensa, ya
que implica un culto personal a Mahoma, cosa totalmente prohibida en el islam.
El DIOS DE LOS
MUSULMANES
[También;
nota del editor] En el islam hay un monoteísmo absoluto: no existe
más que un solo Dios, Alá, dueño y señor del universo. Es totalmente otro, único,
trascendente e impenetrable. Creador, omnipotente y misericordioso,
irrepresentable.
Dios cumple cuatro funciones
respecto al universo y a la humanidad: crea, mantiene o sustenta, dirige y
juzga. El juicio será la actividad final de Dios. Los “elegidos” irán al
paraíso, y los “perdedores” al infierno; aunque Dios es misericordioso y
perdonará a quien lo merezca.
Por tanto el musulmán cree
en la vida futura y en la resurrección de todos los seres tras un juicio final
que determinará quién irá al infierno y quién al paraíso.
* Pedro Gaudiano es Doctor en Teología, profesor de
Antropología y Fenomenología de la Religión en
Nota: Este
artículo fue publicado en el «Boletín CIEF», N° 31, agosto 2004, pp. 12-13.
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Católicos y
vida pública en América Latina (Dr.
Guzmán Carriquiry)
[Para acceder a este escrito haga
clic en el título]
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Una presencia cristiana en el
espacio público
Fuente: www.e-cristians.net
¿Qué es e-cristians?
Es una asociación constituida por otras asociaciones y entidades, así como por personas físicas, que actúa en Cataluña y se extiende a través de Internet y la web e-cristians.net por toda España y por todo el mundo hispánico.
¿Cuál es su objetivo?
· Promover la presencia de la concepción cristiana en el espacio público, es decir hacer llegar los fundamentos, el sentido y la interpretación cristiana a toda nuestra vida colectiva (política, social, cultural y económica) incidiendo de manera específica en los medios de comunicación, en especial en las nuevas tecnologías, como Internet.
· Para ello promueve la colaboración de los católicos para que participen de acuerdo con sus posibilidades, porque de esta colaboración nacen sinergias, más capacidades, mayores oportunidades de hacerse presente y transmitir el sentido del cristianismo a la sociedad y al mundo.
¿Cómo actúa e-cristians?
Por medio de objetivos concretos de alcance. Actualmente tiene en funcionamiento como medio de opinión, formación y servicio, la Web e-cristians.net y, en proyecto, Cristianos en red.
¿Qué ofrece la web e-cristians.net?
· La revista: las mejores opiniones de actualidad, la información, su contexto, y los grandes temas de actualidad tratados en clave cristiana. Documentación, enlaces con otras fuentes para profundizar.
· El portal: la puerta de acceso a las webs católicas de habla castellana y catalana de todo el mundo.
· La asociación: el espacio dedicado a difundir las actividades y campañas de la asociación y las webs de todas las entidades asociadas con sus contenidos, información y servicios específicos.
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Los servicios a
¿Qué otras actividades promueve e-cristians?
· Construir un signo de mutuo reconocimiento y testimonio en el espacio público.
· Compartir la experiencia cristiana desde sensibilidades, orientaciones y prácticas distintas.
· Generar respuestas formuladas desde la Fe y el Magisterio y desarrollarlas desde la razón en los debates fundamentales de nuestra sociedad.
· Construir una comunidad de inteligencia y de recursos intelectuales.
· Configurar un espacio de encuentro de cristianos, de creyentes y de no creyentes, para encontrar respuestas desde fundamentos cristianos, a los retos y problemas concretos de nuestro tiempo.
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A ti, oh Dios, te alabamos, A ti, eterno Padre, Los ángeles todos, Los querubines y serafines Santo, Santo, Santo es el Señor, Los cielos y la tierra A ti te ensalza A ti la Iglesia santa, Padre de inmensa majestad, Tú eres el Rey de la gloria,
Cristo. Tú, para liberar al hombre, Tú, rotas las cadenas de la
muerte, Tú te sientas a la derecha de Dios Creemos que un día Te rogamos, pues, Haz que en la gloria eterna Salva a tu pueblo, Señor, Sé su pastor Día tras día te bendecimos Dígnate, Señor, en este día Ten piedad de nosotros, Señor, Que tu misericordia, Señor, En ti, Señor, confié, |
Te Deum laudámus: Te aetérnum Patrem, tibi omnes ángeli, tibi caeli tibi chérubim et séraphim Sanctus, Sanctus, Sanctus, Pleni sunt caeli et tema Te gloriósus Te per orbem terrárum Tu rex glóriae, Christe. Tu, ad liberándum susceptúrus Tu, devícto mortis acúleo, Tu ad déxteram Dei sedes, Iudex créderis Te ergo quaésumus, Ætérna fac cum sanctis tuis Salvum fac pópulum tuum, Dómine, Et rege eos, et extólle illos Per síngulos dies benedícimus te; Dignáre, Dómine, Miserére nostri, Dómine, Fiat misericórdia tua, In te, Dómine, sperávi: |
Fuente: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, Apéndice, A) Oraciones comunes.
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