Fe y Razón
Revista virtual gratuita
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 6 – Julio de 2006
“Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu
Sancto est”
“Toda
verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de
Aquino)
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Colaboradores: Dr.
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Equipo
de Dirección |
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Iglesia |
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Tema
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Documento
vaticano constata que la familia es objeto de ataques como nunca en el pasado |
Zenit |
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Tema
central |
Son ilegales las autorizaciones dadas por el MSP para abortar |
Comisión Arquidiocesana de Bioética de Montevideo |
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Tema
central |
Dr. Carlos Álvarez |
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Tema
central |
II Congreso Nacional de la Familia |
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Tema
central |
"La familia, piedra
angular del Estado", según Luis Alberto de Herrera |
Ing. Agr. Álvaro Fernández |
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Filosofía |
Lic. Néstor Martínez |
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Teología |
Prof. |
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Documentos |
Compendio
del Catecismo de la Iglesia Católica |
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Libros |
Mons.
Dr. |
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Eventos |
Equipo
de Fe y Razón |
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Oración |
Compendio
del Catecismo de la Iglesia Católica |
Como una oveja obediente, Fe y Razón va siguiendo los pasos del Pastor supremo de la Iglesia:
· En el mes de junio, con motivo del segundo encuentro de los nuevos movimientos eclesiales con el Papa, que tuvo lugar en Roma en la Vigilia de Pentecostés, el Nº 5 de nuestra revista tuvo como tema central precisamente los nuevos movimientos y comunidades eclesiales. En este número informamos sobre ese importante encuentro.
·
Para este mes, con motivo del V Encuentro
Mundial de las Familias, que tendrá lugar en Valencia (España) del 1 al 9 de
julio, elegimos como tema central del Nº 6 de Fe y Razón justamente
Es sabido que desde hace algunas décadas los derechos naturales de la familia sufren un ataque sin precedentes en la mayor parte del mundo. Dentro de este contexto adverso, en las últimas semanas han arreciado en el Uruguay las iniciativas políticas y legislativas contrarias a la vida y a la familia, a tal punto que se hace muy difícil responder a todas esas iniciativas simultáneas. Hemos dado prioridad, pues, a algunos de los principales asuntos en discusión, como el reconocimiento público de la existencia de una Comisión Reguladora de la Interrupción de la Gravidez que, contrariando la ley vigente, autoriza la realización de abortos en determinados casos, y el proyecto de ley que daría reconocimiento legal a uniones concubinarias, tanto heterosexuales como homosexuales.
Dentro del ancho campo del
pluralismo político legítimo para los católicos, Fe y Razón no tiene inclinación partidaria alguna. Sin embargo,
intentando mantenernos fieles a nuestro propio lema –“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”- nos
parece oportuno publicar un artículo referido a un escrito del Dr. Luis Alberto
de Herrera (uno de los principales políticos uruguayos del siglo XX) acerca de
¿Cómo enfrentar esta ofensiva anti-vida y anti-familia? Nos parece que deberíamos tomar en cuenta, entre otros, los siguientes criterios básicos:
1)
Los fieles cristianos laicos deben actuar en plena
comunión con la Jerarquía de
2) Los cristianos deberían evitar dos errores contrapuestos: el irenismo y el moralismo.
a)
La paz, según la clásica definición de San Agustín, es
la “tranquilidad en el orden”. Por lo
tanto, no podemos sentirnos totalmente en paz en medio de
b) El cristianismo no empieza ni termina en la ley moral natural, sino en el encuentro personal con Dios en Cristo. En medio de la lucha, a menudo enconada, a escala planetaria de dos cosmovisiones (la cristiana y la secularista) en torno a los derechos de la familia, no es ocioso recordarnos y recordar a los demás que nuestro “no” al aborto, la eutanasia, el mal llamado “matrimonio homosexual”, etcétera es la consecuencia lógica de un “sí” anterior y más grande a la verdad sobre Dios, que es Amor, y a la verdad sobre el hombre, creado para amar y llamado a participar del Amor divino.
Por tercera vez (y ya se va
convirtiendo en un hábito estimulante) tenemos el agrado de publicar un aporte
inédito del Prof. Dr.
Rogamos a Dios Padre que, en esta
época crítica, proteja a todas las familias del Uruguay y del mundo y las ayude
a unirse a
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Benedicto XVI se encuentra con más de
400.000 miembros de
nuevos movimientos
En la vigilia de Pentecostés, en la
plaza de San Pedro del Vaticano
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 junio 2006 (ZENIT.org).
El encuentro de Benedicto XVI con más de 400.000 miembros de nuevos movimientos y comunidades eclesiales, que tuvo lugar en la tarde de este sábado, se convirtió en una manifestación de la unidad en la diversidad propia de la Iglesia católica. Era el segundo encuentro de estas características, después del convocado en Pentecostés de 1998 por Juan Pablo II. En esta ocasión, llegaron hasta la plaza de San Pedro representantes de algo más de cien nuevas realidades eclesiales (dos veces más que hace ocho años). La multitud, de las diferentes razas y orígenes sociales, no pudo ser abrazada por la columnata de Bernini y se extendía como un río humano por la Vía de la Conciliación y las calles adyacentes.
«Si vemos esta asamblea, aquí, en la plaza de san Pedro», reconoció el Papa en una homilía dedicada a explicar la obra del Espíritu Santo, «nos damos cuenta de que Él suscita siempre nuevos dones, vemos cómo son diversos los órganos que crea, y cómo actúa siempre de nuevo corporalmente». «Pero en Él la multiplicidad y la unidad van juntas -aclaró-. Él sopla donde quiere. Lo hace de manera inesperada, en lugares inesperados y de formas que antes no se habían imaginado».
El viento y una temperatura bastante más baja que la habitual para esas fechas parecían acompañar las palabras del Santo Padre, pronunciadas cuando el sol estaba llegando a su ocaso.
«La multiformidad y la unidad son inseparables», aseguró. El Espíritu Santo «quiere vuestra multiformidad, y os quiere para el único cuerpo, en la unión con los órdenes duraderos -las junturas- de la Iglesia, con los sucesores de los apóstoles y con el sucesor de san Pedro». «¡Participad en la edificación del único cuerpo!», exhortó a los movimientos. «Los pastores prestarán atención para no apagar al Espíritu y vosotros no dejaréis de llevar vuestros dones a toda la comunidad».
El Papa alentó también el «empuje misionero» de los movimientos. «Quien ha encontrado lo que es verdadero, bello y bueno en su propia vida -¡el único tesoro, la perla preciosa!-, corre para compartirlo por doquier, en la familia, en el trabajo, en todos los ambientes de su propia existencia». Por eso, el Papa pidió a los movimientos y comunidades «ser aún más, mucho más, colaboradores en el ministerio apostólico universal del Papa, abriendo las puertas a Cristo». «Éste es el mejor servicio de la Iglesia a los hombres y de manera totalmente particular a los pobres para que la vida de la persona, un orden más justo en la sociedad y la convivencia pacífica entre las naciones, encuentren en Cristo la "piedra angular" sobre la cual construir la auténtica civilización, la civilización del amor».
Algunos de los peregrinos habían llegado muchas horas antes a la plaza de San Pedro para poder escuchar más de cerca la palabra del Papa. Otros le siguieron de lejos a través de grandes pantallas. Antes de llegar el Santo Padre, se recordó con un vídeo algunos de los momentos del encuentro de Pentecostés de 1998 con Juan Pablo II.
Siguieron testimonios y
reflexiones sobre los compromisos surgidos del segundo congreso de movimientos
eclesiales y nuevas comunidades celebrado del 31 de mayo al 2 de junio en Rocca
di Papa sobre «La belleza de ser
cristianos y la alegría de comunicarlo». Fueron expuestos por Salvatore
Martínez, coordinador nacional de la Renovación en el Espíritu Santo en Italia,
y por Maria Luigia Corona, cofundadora de
Cuando el Papa llegó, comenzó el rezo litúrgico de las vísperas. Una representante de Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, leyó un mensaje dirigido al Papa por los movimientos. A continuación Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, el sacerdote Julián Carrón, presidente de la fraternidad de Comunión y Liberación, y Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal, comentaron los dos salmos y el cántico del Apocalipsis de las vísperas.
Tras la homilía del Papa, se dio
paso a la memoria litúrgica del sacramento de la Confirmación, caracterizada
por el rito del fuego, por la invocación del Espíritu Santo y por la profesión
de fe. Al final, los movimientos dieron gracias al Papa con las palabras de Luis
Fernando Figari, fundador del Movimiento de Vida Cristiana, y de Patti
Gallagher Mansfield, de
ZS06060413
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Documento vaticano constata que la
familia es objeto de ataques como nunca en el pasado
«Familia y procreación humana», un texto del Consejo Pontificio para la
Familia
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 6 junio 2006 (ZENIT.org).
«Familia y procreación humana» es el título del documento de 57 páginas que publicó este martes el Consejo Pontificio para la Familia, presidido por el cardenal Alfonso López Trujillo.
El texto constata que la familia es objeto de ataques como nunca en el pasado y
pretende por ello «salvar al hombre».
El documento «está destinado a ser objeto de estudio tanto en su doctrina como
en su aplicación pastoral», según explica la nota explicativa a cargo de Fray
Abelardo Lobato O.P., consultor del Pontificio Consejo para la Familia, recogida
por el Vatican Information Service (VIS).
El tema se aborda en cuatro capítulos: «Qué implica la procreación», «Por qué
la familia es el único lugar apropiado para ella», «Qué se entiende por
procreación integral en la familia», «Qué aspectos sociales, jurídicos,
políticos, económicos y culturales lleva consigo el servicio a la familia».
El capítulo quinto presenta «Dos perspectivas complementarias, la teologal, por
cuanto la familia es imagen de la Trinidad, y la pastoral, porque la familia
está en la base de la iglesia y ella es lugar de la evangelización».
«En este documento se hace referencia sobre todo al Concilio Vaticano II, al
Papa Juan Pablo II, que le ha dedicado gran atención, al Catecismo y al
reciente “Compendio de la doctrina social de la Iglesia”», recoge la nota.
De este modo, el documento «no sólo se propone lograr una orientación doctrinal
del problema, sino también abrir puertas a la investigación futura de las
cuestiones que hoy son objeto de discusión».
En la introducción se evocan las palabras de Juan Pablo II en Puebla (1979),
cuando afirmó que «la Iglesia posee la verdad sobre el hombre y al mismo tiempo
busca la verdad toda entera. El hombre no es sólo el "animal
racional", es también un ser familiar. La familia es connatural al hombre
y ha sido instituida por Dios».
«Pero hoy el hombre se ha vuelto un gran enigma para sí mismo y vive la crisis
más aguda de toda la historia en su dimensión familiar -sigue diciendo el
documento-: la familia es objeto de ataques como nunca en el pasado; los nuevos
modelos de familia la destruyen; las técnicas de procreación arrojan por la
ventana el amor humano; las políticas del control de natalidad conducen al
actual "invierno demográfico"».
Si se siguen estos derroteros, asegura el documento, «nos desviamos hacia un
mundo "posthumano". Es preciso salvar al hombre».
«La procreación es el medio de trasmisión de la vida por la unión amorosa del
varón y la mujer», subraya el documento, «y debe ser en verdad humana».
Es decir, «fruto de los actos del hombre» y «además fruto del acto humano,
libre, racional, responsable de la transmisión de la vida».
«El acto unitivo del hombre y la mujer no puede separarse de su dimensión
connatural, que es la procreación, y hace posible la paternidad y maternidad
responsable. Sólo desde esta base personal se comprende la moralidad conyugal»,
aclara.
«Los documentos doctrinales de la Iglesia, como la encíclica "Humanae vitae" y la exhortación
apostólica "Familiaris consortio"
recurren al fundamento de la dignidad del ser personal y a su dimensión ética.
La condena radical del aborto y el rechazo a la separación entre las dos
dimensiones, la unitiva y la procreativa, como la reducción de la sexualidad a
la mera función fruitiva, tienen su apoyo en el ser personal y en su dignidad».
«Aquí está la clave de la solución, en la comprensión integral de lo humano.
Sin una "meta-antropología" que llega al ser, a la sustancia, al
espíritu, no hay comprensión integral de lo humano, porque los conceptos de
persona y de ser están vaciados de contenido. La moral y la religión, que son
valores fundamentales y decisivos, se reducen a "asunto privado". El
retorno de la metafísica es urgente para recobrar el sentido de lo humano en el
hombre».
El ser humano es un ser familiar y por ello se reviste con las notas de ser
social, político, económico, cultural, jurídico y religioso, afirma el texto.
La familia tiene que ver con cada uno de esos aspectos, que le son esenciales.
Por eso, señala que la familia requiere servicios, ayuda, protección y
constante promoción.
El documento indica cómo deberían desarrollarse cada uno de estos elementos.
Resalta la dimensión jurídica y recuerda que
«La doctrina acerca de la procreación humana integral», concluye el documento,
«se corrobora con la teología de la creación y con el misterio de la salvación
revelado en Jesucristo y actuado en la nueva evangelización».
«El Creador quiso al ser humano uni-dual y el Redentor asumió la condición
familiar en Nazaret y recordó a todos cómo era la familia desde el principio en
el plan divino: dos en una sola carne», afirma.
ZS06060608
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Son ilegales las autorizaciones dadas por el MSP para abortar
Comunicado Nº 4/06
Comisión Arquidiocesana de Bioética de
Montevideo
A través del diario “El País” de fecha 15 de junio de 2006 y en forma directa por declaraciones de la Ministra de Salud Pública en televisión, la ciudadanía recibió la desagradable sorpresa de que, trasgrediendo frontalmente una vez más el orden jurídico vigente, “por primera vez el MSP autorizó aborto por extrema pobreza”.
Textualmente en el artículo referido se dice:
· “Un tribunal integrado por 5 técnicos es el que decide en el Uruguay cuándo se autoriza la interrupción del embarazo y cuándo no”.
· “Esta comisión dictamina la autorización de un aborto”.
· “Los casos en que mayoritariamente se permite el aborto son…”.
· “Actualmente la comisión asesora está autorizando un promedio de cuatro abortos por mes”.
El Dr. Bozzolo, presidente de esta comisión (denominada originariamente “Comando de Lucha contra el Aborto Criminal) dijo textualmente:
“Si bien no está explícitamente contenido en la ley el caso de las malformaciones del niño, se ha autorizado el aborto en esas circunstancias”.
De lo expuesto y de lo expresado por los propios involucrados no parecen quedar dudas de que en el Ministerio de Salud Pública se autorizan y permiten abortos.
Pues bien, en el orden jurídico vigente no existe ninguna norma ni resolución que autorice semejante ilegalidad, configurando lo actuado y confesado, desde nuestro punto de vista, una grosera transgresión del orden jurídico vigente.
A) Consultado el texto de creación de este Comando (Resolución 10/91 de 25 de enero de 1991 e Instructivo 2/91) no surge ninguna norma que permita autorizar abortos, como tampoco existe en el resto del orden jurídico vigente.
B) Consultados prestigiosos penalistas de nuestro medio sobre esta decisión, se nos informó que la misma es francamente ilegal pues:
a) Según el art. 328 del Código Penal, en los casos de lesión al honor, violación, causas graves de salud de la mujer o razones de angustia económica, cuando se incurre en el delito de aborto, este delito no deja de ser tal, sino que lo que ocurre es que el Juez (no el MSP) está facultado sólo para atenuar o exonerar de pena según el caso.
Entiéndase bien: en este caso las autoridades del MSP, arrogándose funciones que no tiene ni el mismo Poder Judicial, incurriendo en un claro abuso y desviación de poder, autorizan abortos y generan la falsa expectativa de que pueden seguir haciéndolo como si el orden jurídico no existiera o se lo permitiera.
b) Es muy claro el art. 328 del Código Penal cuando ordena en su inciso 1º : “pudiendo el Juez, en el caso de aborto consentido y atendiendo a las circunstancias de hecho, eximir…”
Luego en el inciso 4º, por si alguna duda
queda, se reitera “el Juez podrá disminuir
la pena de un tercio a la mitad”. La
norma es muy clara en el sentido de que el que exime o atenúa penas es sólo y
únicamente el Juez.
Jamás vimos o leímos a alguien en nuestro derecho que dijera, con seriedad, que estas penas puede manejarlas un funcionario público -por más jerarquía que tenga- a su leal saber y entender.
Estamos en el caso ante otra intromisión del Poder Ejecutivo en el Poder Judicial, lo que de por sí es muy grave.
c) El Juez a su vez solo actúa después que se comete el delito, analizando si se dieron o no las causales de atenuación o exoneración de pena, no teniendo tampoco facultades de autorización para que el delito de aborto se cometa. El aborto no puede ser autorizado por nadie. Aún cuando operen las causas de exoneración o atenuación de pena, el delito de aborto no desaparece en la legislación vigente.
d) Como si esto fuera poco, el presidente de la Comisión aludida confiesa públicamente con toda tranquilidad que no sólo se están autorizando abortos, sino que incluso se autorizan en casos ni siquiera referidos en la ley como atenuantes o eximentes. Tal lo que sucede con los denominados abortos eugenésicos, o sea los debidos a problemas por malformaciones en los niños.
e) En otro orden, es público y notorio que el Sr. Presidente de la República, como buen médico que es, siempre se opuso al aborto, no por razones religiosas sino por un respeto natural a la vida humana: ¿Cómo se compatibiliza esto con la noticia de que una Secretaría de Estado bajo su dirección está autorizando al menos cuatro abortos por mes al margen de la ley?
f) Lo cierto y concreto es que hoy tenemos abortos públicamente reconocidos y autorizados por el MSP sin que tenga facultades para ello. Esto es muy grave y alguien debe responder por estas vidas de uruguayos desaparecidos en un Estado de Derecho.
En un momento se pretendió reglamentar por decreto el delito de
aborto regulado en el Código Penal, actuando en clara transgresión al sistema
jurídico. Hoy con toda paz se reconoce que se están autorizando abortos aún en
casos ni siquiera referidos en la ley como atenuantes o eximentes. Realmente la situación es muy grave y se
actúa en la más absoluta impunidad y en desobediencia del orden jurídico
vigente.
ASÍ NO VAMOS POR BUEN CAMINO.
ES HORA DE QUE EL GOBIERNO Y LOS URUGUAYOS
TODOS EMPECEMOS A CENTRAR NUESTROS ESFUERZOS EN DEFENDER
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Reconocimiento legal de las uniones
homosexuales
Un
grave problema en el derecho de familia de varios Estados
Consideraciones jurídicas y de doctrina social
cristiana
acerca de las leyes de reconocimiento normativo
de las uniones entre personas homosexuales
Dr.
I) Introducción.
Breve reseña acerca del reconocimiento legal de las uniones civiles
homosexuales en los ordenamientos jurídicos de varios Estados. Eficacia
extraterritorial de las mismas.
Este tipo de uniones han sido ya reguladas
jurídicamente en varios países de Europa y América Latina de forma muy similar
a la de los matrimonios heterosexuales tradicionales (cf. C. Fresnedo de Aguirre, Curso de Derecho Internacional Privado,
T. II, vol. I, F.C.U., Montevideo 2003, pág. 172). Cuando una unión de este tipo se pretende hacer valer en un país que no
las ha recogido en su ordenamiento jurídico, surgen inevitablemente problemas
de Derecho Internacional Privado.
Las regulaciones de las uniones homosexuales en
Europa han tenido lugar en Francia, Alemania y Noruega, pero con la limitante
de no poder adoptar niños. Sí lo pueden hacer los unidos civilmente en Suecia y
Holanda (cf. Diego
Fernández Arroyo, Nuevos desarrollos del Derecho Internacional Privado de Familia en
Europa, en: Temas de Derecho Internacional Privado y de Derecho
Comunitario, Universidad Católica del Uruguay, Revista uruguaya de Derecho
Constitucional y Político, 1997). En
general, las consecuencias jurídicas de dichas uniones son: que el registro de
dicha unión constituye un impedimento para celebrar matrimonio o registrar otra
unión civil homosexual y que la unión se disuelve por fallecimiento de uno de
sus miembros o por decisión judicial. Asimismo, todo lo que se refiere a obligaciones
alimentarias, régimen impositivo o patrimonial, derechos de habitación,
pensiones, seguros, inmigración, etc., está regulado de una manera
prácticamente idéntica al matrimonio. (Idem D. Fernández Arroyo).
En América Latina, las Provincias argentinas de
Buenos Aires y Río Negro han sido las pioneras. Así la primera establece que la
“unión civil” se registrará en el Registro Público de Uniones Civiles, para lo
cual la pareja deberá demostrar, mediante por lo menos dos testigos, su
convivencia anterior, por un período no inferior a dos años, domicilio legal en
la capital, así como una residencia de por lo menos dos años de antigüedad a la
fecha en que se solicita la formalización de
En cuanto a la posible eficacia extraterritorial
de estas uniones civiles homosexuales en el extranjero, como equiparadas al
matrimonio, entendemos con relación a nuestro país, que ellas deberán ser
desconocidas por nuestra judicatura, pero no por razones de orden público
internacional uruguayo -como sostiene Fresnedo de Aguirre (C. Fresnedo
de Aguirre, ob. cit., pág.173)- que, concebido como conjunto de principios y normas, según lo previsto
por el art. 5º de
II) Consideraciones formuladas por la
Congregación para la Doctrina de la Fe de
Por su enorme relevancia las transcribimos seguidamente.
CONGREGACIÓN PARA
CONSIDERACIONES
ACERCA DE LOS PROYECTOS
DE RECONOCIMIENTO LEGAL
DE LAS UNIONES
ENTRE PERSONAS HOMOSEXUALES
INTRODUCCIÓN
1. Recientemente, el Santo Padre Juan Pablo II y
los Dicasterios competentes de
I. NATURALEZA Y CARACTERÍSTICAS IRRENUNCIABLES
DEL MATRIMONIO
2. La enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la complementariedad de los sexos repropone una verdad puesta en evidencia por la recta razón y reconocida como tal por todas las grandes culturas del mundo. El matrimonio no es una unión cualquiera entre personas humanas. Ha sido fundado por el Creador, que lo ha dotado de una naturaleza propia, propiedades esenciales y finalidades.(3) Ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus personas. Así se perfeccionan mutuamente para colaborar con Dios en la generación y educación de nuevas vidas.
3. La verdad natural sobre el matrimonio ha sido confirmada por la Revelación contenida en las narraciones bíblicas de la creación, expresión también de la sabiduría humana originaria, en la que se deja escuchar la voz de la naturaleza misma. Según el libro del Génesis, tres son los datos fundamentales del designo del Creador sobre el matrimonio.
En primer lugar, el hombre, imagen de Dios, ha sido creado « varón y hembra » (Gn 1, 27). El hombre y la mujer son iguales en cuanto personas y complementarios en cuanto varón y hembra. Por un lado, la sexualidad forma parte de la esfera biológica y, por el otro, ha sido elevada en la criatura humana a un nuevo nivel, personal, donde se unen cuerpo y espíritu.
El matrimonio, además, ha sido instituido por el Creador como una forma de vida en la que se realiza aquella comunión de personas que implica el ejercicio de la facultad sexual. « Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne » (Gn 2, 24).
En fin, Dios ha querido donar a la unión del hombre y la mujer una participación especial en su obra creadora. Por eso ha bendecido al hombre y la mujer con las palabras: « Sed fecundos y multiplicaos » (Gn 1, 28). En el designio del Creador complementariedad de los sexos y fecundidad pertenecen, por lo tanto, a la naturaleza misma de la institución del matrimonio.
Además, la unión matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. La Iglesia enseña que el matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Este significado cristiano del matrimonio, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre la mujer, lo confirma y refuerza (cf. Mt 19, 3-12; Mc 10, 6-9).
4. No existe ningún fundamento para asimilar o
establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el
designio de Dios sobre el matrimonio y
En
Sin embargo, según la enseñanza de la Iglesia, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales « deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta ».(7) Tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad.(8) Pero la inclinación homosexual es « objetivamente desordenada »,(9) y las prácticas homosexuales « son pecados gravemente contrarios a la castidad ».(10)
II. ACTITUDES ANTE EL PROBLEMA DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES
5. Con respecto al fenómeno actual de las uniones homosexuales, las autoridades civiles asumen actitudes diferentes: A veces se limitan a la tolerancia del fenómeno; en otras ocasiones promueven el reconocimiento legal de tales uniones, con el pretexto de evitar, en relación a algunos derechos, la discriminación de quien convive con una persona del mismo sexo; en algunos casos favorecen incluso la equivalencia legal de las uniones homosexuales al matrimonio propiamente dicho, sin excluir el reconocimiento de la capacidad jurídica a la adopción de hijos.
Allí donde el Estado asume una actitud de tolerancia de hecho, sin implicar la existencia de una ley que explícitamente conceda un reconocimiento legal a tales formas de vida, es necesario discernir correctamente los diversos aspectos del problema. La conciencia moral exige ser testigo, en toda ocasión, de la verdad moral integral, a la cual se oponen tanto la aprobación de las relaciones homosexuales como la injusta discriminación de las personas homosexuales. Por eso, es útil hacer intervenciones discretas y prudentes, cuyo contenido podría ser, por ejemplo, el siguiente: Desenmascarar el uso instrumental o ideológico que se puede hacer de esa tolerancia; afirmar claramente el carácter inmoral de este tipo de uniones; recordar al Estado la necesidad de contener el fenómeno dentro de límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio, que las dejaría indefensas y contribuiría, además, a la difusión del fenómeno mismo. A quienes, a partir de esta tolerancia, quieren proceder a la legitimación de derechos específicos para las personas homosexuales conviventes, es necesario recordar que la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobación o legalización.
Ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales, o la equiparación legal de éstas al matrimonio con acceso a los derechos propios del mismo, es necesario oponerse en forma clara e incisiva. Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperación formal a la promulgación o aplicación de leyes tan gravemente injustas, y asimismo, en cuanto sea posible, de la cooperación material en el plano aplicativo. En esta materia cada cual puede reivindicar el derecho a la objeción de conciencia.
III. ARGUMENTACIONES RACIONALES CONTRA EL RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES
6. La comprensión de los motivos que inspiran la necesidad de oponerse a las instancias que buscan la legalización de las uniones homosexuales requiere algunas consideraciones éticas específicas, que son de diferentes órdenes.
De orden racional
La función de la ley civil es ciertamente más limitada que la de la ley moral,(11) pero aquélla no puede entrar en contradicción con la recta razón sin perder la fuerza de obligar en conciencia.(12) Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón, y respeta los derechos inalienables de cada persona.(13) Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial para el bien común como es el matrimonio.
Se podría preguntar cómo puede contrariar al bien común una ley que no impone ningún comportamiento en particular, sino que se limita a hacer legal una realidad de hecho que no implica, aparentemente, una injusticia hacia nadie. En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fenómeno privado y el mismo como comportamiento público, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jurídico. El segundo fenómeno no sólo es más grave sino también de alcance más vasto y profundo, pues podría comportar modificaciones contrarias al bien común de toda la organización social. Las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas « desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres ».(14) Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a modificar en las nuevas generaciones la comprensión y la valoración de los comportamientos. La legalización de las uniones homosexuales estaría destinada por lo tanto a causar el obscurecimiento de la percepción de algunos valores morales fundamentales y la desvalorización de la institución matrimonial.
De orden biológico y antropológico
7. En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia que podrían fundar razonablemente el reconocimiento legal de tales uniones. Éstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana. El recurrir eventualmente a los medios puestos a disposición por los recientes descubrimientos en el campo de la fecundación artificial, además de implicar graves faltas de respeto a la dignidad humana,(15) no cambiaría en absoluto su carácter inadecuado.
En las uniones homosexuales está además completamente ausente la dimensión conyugal, que representa la forma humana y ordenada de las relaciones sexuales. Éstas, en efecto, son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.
Como demuestra la experiencia, la ausencia de la
bipolaridad sexual crea obstáculos al desarrollo normal de los niños
eventualmente integrados en estas uniones. A éstos les falta la experiencia de
la maternidad o de
De orden social
8. La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinición del matrimonio, que se convierte en una institución que, en su esencia legalmente reconocida, pierde la referencia esencial a los factores ligados a la heterosexualidad, tales como la tarea procreativa y educativa. Si desde el punto de vista legal, el casamiento entre dos personas de sexo diferente fuese sólo considerado como uno de los matrimonios posibles, el concepto de matrimonio sufriría un cambio radical, con grave detrimento del bien común. Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.
Para sostener la legalización de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminación de las personas. Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable sólo si se opone a la justicia.(16) No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta.
Tampoco el principio de la justa autonomía personal puede ser razonablemente invocado. Una cosa es que cada ciudadano pueda desarrollar libremente actividades de su interés y que tales actividades entren genéricamente en los derechos civiles comunes de libertad, y otra muy diferente es que actividades que no representan una contribución significativa o positiva para el desarrollo de la persona y de la sociedad puedan recibir del estado un reconocimiento legal específico y cualificado. Las uniones homosexuales no cumplen ni siquiera en sentido analógico remoto las tareas por las cuales el matrimonio y la familia merecen un reconocimiento específico y cualificado. Por el contrario, hay suficientes razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentase su incidencia efectiva en el tejido social.
De orden jurídico
9. Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son por lo tanto de eminente interés público, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común.
Es falso el argumento según el cual la legalización de las uniones homosexuales sería necesaria para evitar que los convivientes, por el simple hecho de su convivencia homosexual, pierdan el efectivo reconocimiento de los derechos comunes que tienen en cuanto personas y ciudadanos. En realidad, como todos los ciudadanos, también ellos, gracias a su autonomía privada, pueden siempre recurrir al derecho común para obtener la tutela de situaciones jurídicas de interés recíproco. Por el contrario, constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social.(17)
IV. COMPORTAMIENTO DE LOS POLÍTICOS CATÓLICOS ANTE LEGISLACIONES FAVORABLES A LAS UNIONES HOMOSEXUALES
10. Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes indicaciones éticas.
En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.
En caso de que el parlamentario católico se
encuentre en presencia de una ley ya en vigor favorable a las uniones
homosexuales, debe oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando
pública constancia de su desacuerdo; se trata de cumplir con el deber de dar
testimonio de
CONCLUSIÓN
11. La Iglesia enseña que el respeto hacia las
personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del
comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El
bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión
matrimonial como base de la familia, célula primaria de
El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la
audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
el 28 de marzo de
Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 3 de junio de 2003, memoria de San Carlos Lwanga y Compañeros, mártires.
Joseph Card. Ratzinger - Prefecto
Angelo Amato, S.D.B. - Arzobispo titular de Sila - Secretario
(1) Cf. Juan Pablo II, Alocución con ocasión del rezo del
Angelus, 20 de febrero de 1994 y 19 de junio de 1994; Discurso a los
participantes en
(2) Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota
doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los
católicos en la vida política, 24 de noviembre de 2002, n. 4.
(3) Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium
et spes, n. 48.
(4) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357.
(5) Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración
Persona humana, 29 de diciembre de 1975, n. 8.
(6) Cf. por ejemplo S. Policarpo, Carta a los Filipenses,
V, 3; S. Justino, Primera Apología, 27, 1-4; Atenágoras, Súplica por
los cristianos, 34.
(7) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358;
Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a
las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.
(8) Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2359;
Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a
las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.
(9) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358.
(10) Cf. Ibid., n. 2396.
(11) Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ,
25 de marzo de 1995, n. 71.
(12) Cf. ibid., n. 72.
(13) Cf. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiæ, I-II,
p.
(14) Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ,
25 de marzo de 1995, n. 90.
(15) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción
Donum vitæ, 22 de febrero de 1987, II. A. 1-3.
(16) Cf. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiæ,
II-II, p.
(17) No hay que olvidar que subsiste siempre « el
peligro de que una legislación que haga de la homosexualidad una base para
poseer derechos pueda estimular de hecho a una persona con tendencia homosexual
a declarar su homosexualidad, o incluso a buscar un partner con el objeto de
aprovecharse de las disposiciones de la ley » (Congregación para la
Doctrina de la Fe, Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a
propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales,
24 de julio de 1992, n. 14).
(18) Juan Pablo II, Carta Encíclica
Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 73.
III) Conclusiones finales.
De
lo expuesto, tanto desde el punto de vista del orden jurídico positivo como
desde el ángulo de la doctrina social cristiana, surge clara la inconveniencia
de reconocer legalmente, por parte de los Estados, a las uniones civiles
homosexuales, -estén equiparadas plenamente al matrimonio o no-, por ir contra
el derecho natural y encontrarse fuera
del alcance extensivo de la categoría matrimonio claramente en la gran mayoría
de los Derechos, como en Uruguay. En caso que la mayoría de los Derechos la
admitiera, entonces deberá de ser desconocida recurriendo a la excepción del
orden público internacional. El matrimonio es un vínculo constituido
por definición esencial entre personas de distinto sexo, en tanto éste es un
instituto del Derecho de Familia, reconocido como preexistente al propio Estado
y no puede pretender asimilarse la unión entre personas del mismo sexo a la
institución matrimonial, con la complementariedad física y síquica
correspondiente y por ello potencialmente abierta a la vida, que además cumple
un fin social que la unión civil homosexual nunca podrá desempeñar.
*) Carlos Álvarez Cozzi es Profesor
Titular de Derecho Privado en la Facultad de Ciencias Económicas y de
Administración y Profesor Adjunto de Derecho Internacional Privado en la
Facultad de Derecho de la Universidad de la República (de Montevideo, Uruguay).
Además es consultor jurídico de www.es.catholic.net
y miembro de
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Mensaje Final del II Congreso Nacional de la Familia
II Congreso
Nacional de la Familia
1.
Una buena noticia sobre la
familia.
Las familias católicas del Uruguay,
congregadas junto a nuestros Pastores, nos dirigimos a todos nuestros
conciudadanos a fin de:
·
anunciarles la buena noticia sobre la familia revelada por Jesucristo,
el Señor Resucitado;
·
invitarlos a colaborar en la
defensa y la promoción de la familia, "base de nuestra sociedad" (Artículo 40 de la Constitución de
la República), a fin de que la familia sea el corazón de una cultura del amor;
·
transmitirles algunas conclusiones extraídas de las múltiples
reflexiones y experiencias compartidas durante el Congreso.
2.
Los derechos y deberes de las
familias.
"Por el hecho de haber dado la vida
a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de
educarlos; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y
principales educadores de sus hijos." (Pontificio Consejo para la Familia, Carta de los Derechos de la
Familia, Art. 5).
La libertad de
elegir la clase de educación que queremos para nuestros hijos es un derecho
humano fundamental. La organización del sistema educativo uruguayo no respeta
este derecho básico, contrariando lo garantizado por el Artículo 68 de la
Constitución y discriminando injustamente a quienes no están de acuerdo con el
tipo de educación brindado en los establecimientos de enseñanza del Estado. Nos
comprometemos a trabajar para cambiar esta situación inconstitucional y
antidemocrática, a fin de que el Estado
asuma plenamente su deber de ayudar a los padres a ejercer su derecho de educar
a sus hijos conforme a sus propias convicciones.
"Las familias tienen el
derecho de poder contar con una adecuada política familiar por parte de las
autoridades públicas en el terreno jurídico, económico, social y fiscal, sin
discriminación alguna" (Pontificio Consejo para la Familia, Carta de
los Derechos de la Familia, Art. 9).
La crisis de la familia no es
sólo una consecuencia sino también una causa de
"La vida humana debe ser respetada y protegida
absolutamente desde el momento de la concepción." (Pontificio Consejo
para la Familia, Carta de los Derechos de la Familia, Art. 4).
El Uruguay vive
un momento crítico de su historia en lo que respecta al primero de los derechos
humanos, el derecho a
·
Rechazar
la legalización del aborto voluntario.
· Brindar alternativas válidas a las madres que esperan hijos no deseados.
·
Modificar la normativa vigente en materia de adopciones, a fin de
facilitarlas.
· Prohibir la clonación humana y toda forma de reproducción humana asistida que no respete la dignidad esencial del ser humano.
Nos comprometemos a ser, en estos asuntos fundamentales, la voz y el voto de aquellos que no tienen ni voz no voto.
3.
La familia
es un capital social.
La familia es la expresión fundamental de la
naturaleza social del ser humano. Es una comunidad de personas basada en la
alianza conyugal, por la cual un hombre
y una mujer se entregan y aceptan mutuamente, estableciendo entre sí una
comunión íntima de vida y de amor ordenada al bien de ambos y a la procreación
y la educación de los hijos. El matrimonio es una institución natural dotada
por el Creador de una muy alta dignidad, que debe ser amparada por la ley
civil. No corresponde equiparar el matrimonio con ninguna forma de "unión
de hecho".
El desarrollo económico de un país depende crucialmente de su "capital humano". La familia tiene un rol fundamental en la formación de este capital, por lo que una estructura familiar débil atenta gravemente contra la economía de una sociedad. La familia educa en virtudes fundamentales para la economía tales como honestidad, responsabilidad, laboriosidad, austeridad y solidaridad.
Nuestra civilización, afectada
por ideologías materialistas, secularistas, racionalistas, relativistas y
utilitaristas, vive una época de crisis
moral y espiritual. A menudo los medios de comunicación social transmiten
estas ideologías negativas hacia las familias. En este contexto no es fácil
para las familias cumplir su misión de ser transmisoras de los valores humanos
y cristianos. Las comunidades cristianas (parroquias, colegios, movimientos
etc.) deben apoyar a las familias en esta difícil tarea.
4.
La familia es el primer camino
de la Iglesia.
La familia es una prioridad pastoral para
toda
La crisis de fe que afecta a muchas familias
dificulta los procesos de iniciación cristiana realizados en parroquias o
colegios. La catequesis familiar es
una nueva metodología catequética que apunta a apoyar a la familia cristiana
para que pueda cumplir eficazmente su misión de educar en
La Iglesia comparte las alegrías y tristezas
de las familias de nuestro país y quiere estar a su lado, ayudarlas a resolver
sus problemas en distintos órdenes de la vida y transmitirles el misterio de la
fe en el Dios revelado por Cristo. A la miríada de obras sociales eclesiásticas
o civiles de inspiración católica de nuestro país se podrían sumar con fruto centros especializados en los problemas de
la familia (consultorios familiares, centros de escucha y acogida, pastoral
de acompañamiento, etc.)
5.
La familia cristiana, iglesia
doméstica.
La familia cristiana está fundada sobre el
sacramento del matrimonio, que hace a los esposos partícipes del misterio de la alianza de amor entre Cristo
y
Hay una vocación
cristiana a la santidad en la vida matrimonial. Es preciso reconocer su altísima
dignidad e impulsar a los novios y esposos a cumplir siempre la voluntad de
Dios, viviendo lo ordinario de manera extraordinaria. Los padres, fortalecidos
por la gracia del sacramento del matrimonio, son los pastores de la familia,
iglesia doméstica. Han de ayudar a sus hijos a crecer en santidad y a descubrir
y vivir su propia vocación particular, siguiendo a Cristo como María.
La familia cristiana participa de la misión
de todo el Pueblo de Dios. Debe anunciar
el Evangelio de Jesucristo con palabras y obras, sobre todo con el
testimonio de una vida familiar ejemplar, yendo al encuentro de los otros y
acogiéndolos con calidez, especialmente a las familias en situaciones difíciles
o irregulares.
Al concluir este mensaje nos dirigimos
especialmente a todos los matrimonios
del Uruguay, llamando a cada esposo y esposa a renovar la entrega sincera
de sí mismo, a construir entre ambos un amor fiel, fecundo, paciente, solidario
y misericordioso y a vivir la paternidad responsable con generosidad.
Por la intercesión de
Montevideo, 12 de
octubre de 2003.
Fuente: II Congreso Nacional de
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"La familia, piedra angular del Estado", según Luis Alberto de
Herrera
Álvaro Fernández Texeira-Nunes
Hace poco estaba releyendo el libro "
En el Capítulo XII del libro citado, "La actualidad social en Francia",
el Dr. Herrera comenta algunos males que aquejaban en ese entonces a dicho
país; en particular, afirma que:
"Vale
la pena detenerse un instante ante el síntoma doloroso ofrecido por la
despoblación; y decimos vale la pena, porque de esa calamidad nacional derivan
en línea recta, multiplicados prejuicios materiales y morales. (...)
La explicación,
toda la explicación, la da la tasa de natalidad: la firme y generalizada
voluntad de no tener hijos.
¡Muchos adultos y
pocos niños! Con razón alguien ha dicho que "Francia empieza, lentamente a
quedar vacía".
Inspirándose en el
amargo y aleccionador verismo de Taine, en un artículo sensacional, recién
publicado, expone Charles Torquet: "Durante tantos siglos Francia ha sido
hogar de ideas nuevas y de progreso que ha podido afirmarse, sin chauvinismo, hasta tiempos recientes
que ella trazaba la ruta de
El doctor
Bertrillon, llevando aún más adentro el filo del escalpelo, acaba de demostrar,
con datos irrebatibles, que en la capital son las clases superiores las que
engendran menos hijos, dentro del mismo mínimum vulgar. Los nacimientos son dos
veces más raros en el barrio del Elíseo, el más rico de París, que en los
vecindarios más modestos de la ciudad. Éstas son sus palabras: "En su
conjunto, estas cifras traducen una verdad, una verdad impresionante: esto es,
que Francia marchará rápidamente a su pérdida porque ella sigue el ejemplo de
quienes debieran esclarecerla y aconsejarla".
Tan procesal
comentario hiere la cuestión en su centro. Porque si bien la despoblación es
causa de una serie de perjuicios nacionales crecientes, a su vez ella denuncia
uno de los efectos funestos de una gran causa madre: la decadencia moral,
patriótica y política de la sociedad francesa.
Nada tiene que ver
la esterilidad física con la disminución, ya orgánica, de
Así se da razón al
profesor alemán que exclamó: "¡Más féretros que cunas! Éste es el
principio del fin. Finis Gallioe. De
este modo deben desaparecer, por su propia falta, los pueblos que han roto con
las leyes fundamentales de la vida".
Es la familia,
piedra angular del Estado, la atacada por la aberración dominante.
Máximum de placer,
mínimum de dolor: ahí está la divisa de
¡Nadie quiere
niños! Si acaso uno, cuando más dos. Los perjuicios de esta amputación
sentimental son incalculables. Las patrias viven de la transferencia
hereditaria de grandes idolatrías, entregadas, con fervor de culto, por cada
generación a la generación siguiente. Y bien, cuando los hogares reniegan de la
infancia y faltan sus santas curiosidades, (...) y se vive en eterna rebelión
tiesa contra la edad, persiguiendo con horror sus huellas obligadas, y se
inmolan los cariños exaltados de la sangre, en tan artificiales circunstancias
puede afirmarse que se falta a las leyes del patriotismo, rompiendo el
eslabonamiento natural y fecundo de las generaciones.
En París, se
reemplaza a los hijos, tan temidos, por la pasión excesiva de los irracionales.
Jamás podrá habituarse el extranjero al espectáculo de esta extraordinaria
sustitución que evoca, vívida, aquella referencia de Plutarco: "Viendo
César en Roma, según parece, a ciertos forasteros ricos que se complacían en
tomar y llevar en brazos perritos y monitos pequeños, les preguntó si las
mujeres en su tierra no parían niños; reprendiendo por este término, de una
manera verdaderamente imperatoria, a los que la inclinación natural que hay en
nosotros a la moralidad y la humanidad, debiéndose a solos los hombres, la
trasladan a las bestias".
En sus romances
evangélicos Zola, cumpliendo con un luminoso apostolado, ha puesto estigma de
fuego a las madres y padres de su raza que ofenden las leyes de
Hasta aquí los comentarios del Dr. Herrera
sobre la realidad demográfica francesa a principios del siglo XX. ¡Qué
impresionante paralelismo con la realidad de tantos países de hoy, incluido el
Uruguay! El alegato del Dr. Herrera, cargado de sentido común, de argumentos
científicos y de principismo bioético, nos lleva a reflexionar sobre la urgente
necesidad de promocionar la familia y, con ella, los hogares generosos y
fecundos, "millonarios en los afectos", esforzados servidores de la
patria y celosos cumplidores de los deberes naturales de todo ser humano.
En este sentido, debemos destacar que se necesitan políticas para fomentar las familias numerosas, porque si nos quedamos sin familia, nos quedamos sin gente, nos quedamos sin país. Las cifras cantan: uno de los problemas más acuciantes de la sociedad uruguaya, es la altísima relación de pobladores pasivos/activos. El estancamiento o decrecimiento de la población, determina incrementos en esta relación, con la consiguiente recarga impositiva -a todas luces insoportable- para los trabajadores activos. Por otra parte, nos quejamos a menudo de que "el mercado interno es chico"; nosotros preguntamos, ¿quién se preocupa de agrandarlo?
Según datos publicados en marzo de 2000 por la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en los países
ricos, las pensiones de los jubilados pronto pesarán fuertemente sobre las
economías. Para el año 2030 se calcula que en los países miembros de la OCDE la
proporción de personas de 65 años ó más, con respecto a la fuerza laboral, será
del 32,7%, comparado con el 20,6% actualmente. El estudio de la OCDE confirma
que la presión del envejecimiento será uno de los grandes retos que los países
industrializados deben afrontar en las próximas décadas. Algo que implica
grandes cambios en las finanzas públicas, los sistemas de pensiones, el
servicio sanitario, donde habrá necesidad de reformas radicales (1). En Uruguay, donde los indicadores demográficos son similares
a los de los países industrializados, las proyecciones son similares: según
datos tomados del Censo de Población del INE, en 1963 la relación pasivo/activo
era del 11,5%, en 1996 era del 20,06% -casi igual a la relación actual de los
países de la OCDE- y las proyecciones para el 2029, de mantenerse las
tendencias, son aún mayores que las estimadas para los países de la OCDE:
34,9%.
Alguien podrá argumentar que las
afirmaciones del Dr. Herrera han perdido actualidad, porque -de acuerdo con las
teorías malthusianas-, el mundo está superpoblado. Después de todo acaba de
nacer -supuestamente- el habitante número 6.000.000.000. En primer, lugar
recordamos a quienes así piensan, que esas teorías datan de 1798 sin que hasta
ahora se hayan confirmado; en segundo lugar citamos los pronósticos revelados
en Estados Unidos por
No cabe duda que Herrera fue un visionario. Sus ideales, sus argumentos racionales, científicos y al mismo tiempo respetuosos de la dignidad humana, no han pasado de moda; por eso, independientemente de su nacionalidad y de la realidad histórica que le tocó vivir, los líderes políticos de hoy, deberían hacerlos propios con particular orgullo y empeño. Nos encontramos en un mundo "ajeno a las angustias de los sentimientos superiores y a las torturas de la abnegación y el deber", en el que sólo queda un camino: fomentar, promover e impulsar a tiempo y a destiempo, en Uruguay y en toda Hispanoamérica, políticas tan audaces como eficaces de promoción y defensa de las familias fecundas; sin olvidar por supuesto, las positivas repercusiones económicas del crecimiento poblacional para la sociedad en su conjunto. He aquí un desafío en el cual ningún hombre de buena voluntad puede dejar de ser protagonista.
Notas:
1) ZENIT, 22/01/2000, extraído de Il Sole-24 Ore, 16/1/00.
2) ACI - 10/12/99 (Washington, DC).
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Lic. Néstor Martínez
La fe tiene una dimensión
filosófica. Hay una filosofía cristiana.
Con esto queremos decir
ahora, no tanto una filosofía que se deja guiar por la fe cristiana, cuanto una
filosofía que viene implícita en
A esto se puede objetar que
lo que viene por Revelación es teología, no es filosofía.
Sin embargo, la Iglesia ha definido dogmas en materias que son filosóficas.
Así, el Concilio Vaticano I, en
La Revelación contiene, entonces, algunas verdades de orden filosófico.
Estas verdades, en sí mismas
consideradas, son filosóficas. En cuanto son sobrenaturalmente reveladas, son
teológicas.
Si se quiere, son filosóficas
“quoad substantiam” y teológicas “quoad modum”.
Mientras que las mismas
verdades, en tanto que demostradas por la sola razón natural, son filosóficas
también “quoad modum”.
Esto tiene consecuencias muy
importantes. La más importante de todas tal vez sea ésta: se puede pecar contra
la fe también en el plano filosófico.
Porque al negar ciertas verdades filosóficas, se estará negando verdades que son reveladas por Dios.
La ortodoxia cristiana y
católica, entonces, no consiste solamente en profesar todas las verdades
reveladas que son teológicas “quoad
substantiam”, es decir, las verdades que tienen que ver con misterios
sobrenaturales como
Y de aquí se sigue que un
modo de corromper la fe de los fieles es inducirlos a negar ciertas verdades
filosóficas manteniendo, en apariencia al menos, todas las verdades propiamente
teológicas.
De hecho la filosofía
moderna, o niega esas verdades filosóficas que la Revelación trasmite, o niega
la posibilidad de conocerlas filosóficamente.
En el primer caso, se trata
de filosofías que contradicen la visión cristiana del ser.
Al adoptarlas, lo que se hace
es deformar en su base la fe cristiana. Pensemos por ejemplo en el
hegelianismo, con su reducción del ser al devenir. Si esto se aplica a la
teología, entonces tenemos un Dios cambiante e identificado con el mundo, que
no es el Dios de la Revelación.
Por este camino, un cristiano
llegará necesariamente a una forma de racionalismo filosófico, que somete la fe
a la razón, si no es que se queda a medio camino, inestablemente, en una
especie de “doble verdad”: hegeliano en filosofía, realista y cristiano en
teología.
En teología, entonces, ese
cristiano será fideísta; en filosofía, racionalista. Porque las verdades
teológicas deberá sostenerlas a contrapelo de lo que le dice la razón
filosófica.
Ésta es una postura
contradictoria, porque entre las mismas verdades teológicas, al menos “quoad modum”, hay, como vimos, verdades
filosóficas.
En el segundo caso, se trata
de filosofías que niegan la metafísica y se estacionan en un agnosticismo
radical respecto del ser de las cosas.
Estos cristianos, se podría
decir, mantienen las verdades filosóficas propias de la fe cristiana, pero
solamente por fe, es decir, para ellos son filosóficas solamente “quoad substantiam”, no “quoad modum”.
Sin embargo, resulta que por
ello mismo, estos cristianos están yendo en contra de la Revelación, pues ésta
contiene, como dijimos, no solamente algunas verdades que de suyo son
filosóficas, sino también la afirmación de que estas verdades pueden ser
conocidas por la sola luz natural de la razón, es decir, comentamos nosotros,
filosóficamente.
Es decir, el agnosticismo
metafísico es contrario a la fe cristiana.
Dicho de otro modo: paradójicamente, el que sostiene que solamente por la fe se puede llegar a ciertas verdades de orden filosófico, va en contra de esa misma fe.
Es posible, ciertamente, que un cristiano no conozca ninguna forma de conocer filosóficamente, con certeza, la existencia de Dios, o que todavía no la haya encontrado, pero eso no lo exime de profesar, con la Iglesia, que tal conocimiento filosófico es posible, aunque él personalmente todavía no sepa cómo alcanzarlo.
Y eso lo lleva a oponerse a los agnosticismos metafísicos y a hacer la crítica de los mismos, porque son contradictorios con su propia fe y porque, aunque no encuentre aún una vía filosófica cierta hacia la existencia de Dios, sí puede encontrar, filosóficamente, las fallas de los argumentos con que intenta imponerse el agnosticismo filosófico.
Si por el contrario, este
cristiano adopta el punto de vista agnóstico en filosofía, mantendrá las
verdades filosóficas de la Revelación solamente por fe, pero se trata entonces
de un fideísmo herético, cuya base es en última instancia filosófica: el
agnosticismo de origen empirista o kantiano.
Esto es grave, porque la
teología católica enseña que el que peca contra una verdad de fe, peca contra
toda la fe y ya no puede decirse que tenga la fe teologal, sino que a lo sumo
tendrá la fe humana de los herejes. Una fe que no se apoya en última instancia
en la Palabra de Dios, sino en el propio raciocinio humano, una fe que no salva
y que no hace a su portador miembro de la comunidad de los creyentes.
Curiosamente, pero no tanto, este fideísmo se basa, en última instancia, en una
postura racionalista.
Por ello se entiende mejor la
insistencia de los Papas en recomendar a Santo Tomás, que tan admirablemente
supo ilustrar la capacidad metafísica natural de la inteligencia humana en
orden a su armonía con la verdad sobrenaturalmente revelada: no se trata solamente
de hacer posible el encuentro entre la fe y la razón, o de evangelizar la
cultura, sino de salvaguardar la fe misma del pueblo cristiano.
Y se entiende también el
encarnizamiento con que los enemigos de la fe católica atacan a Santo Tomás. Al
igual que su Maestro, Santo Tomás resulta hoy día signo de contradicción.
Un ejemplo típico de lo que
venimos diciendo lo tenemos en el ideólogo marxista italiano Antonio Gramsci.
Fue considerado en su tiempo un heterodoxo del marxismo, porque a diferencia
del leninismo, no ponía el acento en las contradicciones económicas de clases
como medio para llegar violentamente al poder, sino en la lenta transformación
de la cultura, en orden a conquistar el poder político por una estrategia
silenciosa, gradual, a largo plazo. A los leninistas ortodoxos aquello parecía
una vuelta al “idealismo burgués” que privilegiaba la “superestructura”.
Sin embargo, el peso
histórico de Gramsci tal vez lo estemos viendo recién hoy día, en que los
partidos de izquierda acceden al poder en muchos lugares, incluso en nuestro
mismo país, luego de haber trabajado durante años la mentalidad de los pueblos
mediante políticas, justamente, culturales, de largo plazo.
En realidad, muchas de las
características más salientes del momento cultural actual, el relativismo, la
negación de la naturaleza humana, la perversión hasta límites insospechados de
las más elementales y básicas nociones del sentido común a nivel especulativo y
moral, el proyecto, en fin, de “reinventar” al ser humano desde la misma raíz,
proyecto satánico que resume el “serán como dioses” del comienzo de la
historia, casan admirablemente con los postulados básicos de la filosofía
gramsciana.
En este número de “Fe y
Razón” dedicado a la familia y a la vida y a la crisis que hoy día se vive en
nuestra sociedad respecto de las mismas, no podía faltar la mención de la
influencia gramsciana en estos temas.
Pues bien, Gramsci, italiano,
sabía que el principal adversario con que tendría que lidiar era la cultura
cristiana de su pueblo y centraba su ataque en los siguientes frentes: la
familia, la Iglesia y el realismo filosófico del sentido común.
Esto incluye, en buen
criollo, el tomismo. Es interesante que otro marxista que al final fue
expulsado del Partido Comunista francés, Henri Lefebvre, diga, en un libro que
escribió cuando aún pertenecía al partido, que las dos únicas cosmovisiones
consistentes que se enfrentaban en su tiempo eran el marxismo y el tomismo.
Es sabido que Gramsci ha
tenido influencia en algunas teologías de la liberación, las más conocidas, las
de corte marxista, y que por ejemplo Paulo Freire, ampliamente divulgado
en su momento en nuestro medio por sus aportes pedagógicos, estaba bajo la
influencia del gramscismo.
Y es que Gramsci, al
parecer, apostaba al suicidio “desde dentro” de la Iglesia Católica, que en su
opinión debía perecer, no mediante una persecución violenta, sino mediante la
lenta y sutil transformación de la mentalidad de los católicos mismos,
ante todo de los dirigentes y los intelectuales.
Eso arroja una luz muy sugestiva sobre la marginación de que viene siendo objeto el tomismo en muchos ambientes eclesiales, desde hace ya muchos años. Por eso mismo, se impone con más razón aún a los católicos el deber de fortalecerse en la fe, limpiando la razón de adherencias filosóficas extrañas y contrarias a la Revelación cristiana, y profundizando para ello, en la medida de las posibilidades de cada uno, en la perenne sabiduría filosófica y teológica de Santo Tomás de Aquino, constantemente recomendada por el Magisterio de la Iglesia.
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Consejo
Pontificio para los Laicos
XXI
Asamblea plenaria, 24-28 de noviembre de 2004
Cuestiones cruciales sobre la
situación actual del laicado
Prof.
Intentaré una introducción esquemática sobre
las cuestiones cruciales del laicado en nuestro tiempo, con la esperanza que
sea sugestiva, estimulante, provocativa, capaz de suscitar nuevas reflexiones
sobre un tema con vastas y múltiples repercusiones.
Una premisa y diez puntos.
La premisa es que debemos ser conscientes que
somos protagonistas de una gran corriente histórica contemporánea que fuera
llamada de “promoción del laicado”, que hunde sus raíces históricas en la
segunda mitad del siglo XIX y que se desarrolla como una de las características
que marcará el siglo XX eclesial. Desde el punto de vista crítico, esta
corriente implica la superación de las huellas clericalistas presentes en el
rostro y la praxis de
En este marco, enunciaré sólo 10 hipótesis de
juicio sobre cuestiones cruciales que se presentan al inicio del siglo XXI (con
la advertencia que éstas se implican y se entrelazan unas con otras).
Primera hipótesis. Los bautizados en
La segunda hipótesis de juicio. Siempre
necesitamos – y hoy más que nunca – de una vasta y perseverante misión capilar
de evangelización, de catequesis, de educación en la fe, de formación cristiana
de los bautizados, de iniciación a la madurez cristiana. Esta tarea requiere:
-
Incorporar al bautizado en la corriente de la tradición católica
(corriente de gracia y santidad, de doctrina y caridad, de cultura cristiana y
de obras).
-
Dar “forma” a la vida en todas sus dimensiones, yendo más allá del
tranquilo divorcio entre fe y vida, entre fe y cultura.
-
Suscitar una sensibilidad y una mentalidad católicas que generen un
hábito de mirar toda la realidad y de juzgarlo todo a la luz de la fe.
Tercera hipótesis de juicio. Diría que una
cuestión crucial que aún se plantea es la que llamaría la “acogida de las
enseñanzas del Concilio Vaticano II”, o también, la conciencia y la
profundización de la identidad de los fieles laicos. Sabemos que el Vaticano II
ha sido un gran acontecimiento del Espíritu que se encuentra en la base de la
autoconciencia y autorrealización de
Cuarta hipótesis de juicio: una cuestión
crucial es la vocación a la santidad de todos los cristianos y, por ende,
también de los fieles laicos. Ésta es la fuente de la conversión, renovación,
crecimiento y apostolado. La vida cristiana está hecha de santidad. Juan Pablo
II ha hablado mucho en sus catequesis sobre la santidad (“no tengáis miedo de
ser santos”) y ha propuesto a muchos testigos de santidad como modelos
paradigmáticos, edificantes, ejemplos de realización humana, de perfección en
Quinta hipótesis de juicio: una cuestión
crucial es poner como fundamento de la vida cristiana, de la vida de los
laicos, el primado de
Sexta hipótesis. Una cuestión crucial es que
los fieles laicos redescubran y vivan la pertenencia a
Séptima cuestión crucial para los fieles
laicos: vivir toda la vida como una vocación, es decir, vivir la vocación
cristiana en las circunstancias ordinarias de la vida familiar, laboral y
social. Se trata de la dimensión secular de los laicos. Esto significa, ante
todo, experimentar en la propia vida, y dar testimonio, que Jesucristo es la
respuesta sobreabundante y exhaustiva a los interrogantes y a los anhelos sobre
el sentido de la vida, sobre el significado de toda la realidad; Jesucristo es
la respuesta a los deseos de realización humana, de felicidad, de belleza, de
paz, de justicia que emergen de la naturaleza humana, del “corazón” de los
hombres, deseos que no admiten confines y que no pueden quedar frustrados.
¡Sólo Él! A los laicos les toca mostrar con la propia vida el rostro de los
redimidos, la potencia y la fecundidad de la caridad, la buena noticia de la
dignidad de la persona, el verdadero sentido de la razón y de la libertad, una
sorprendente novedad de vida en todos los ambientes y en todas las
circunstancias. Esto es contrario a toda caricatura de “fuga mundis” o a toda
forma de clericalización (es decir, de repliegue eclesiástico y anonimato
mundano).
Octava hipótesis de juicio: hay cinco ámbitos
o tareas fundamentales para el testimonio cristiano de los laicos y para la
construcción de nuevas formas de vida más humanas en las cuales se entrevén los
signos del Reino de Dios ya presente y operante:
-
La familia, fundada sobre el sacramento del matrimonio entre hombre y
mujer, comunidad de amor y vida, célula basilar del tejido humano y social,
escuela de humanidad e iglesia doméstica, hoy más que nunca agredida en su
naturaleza misma, en su unidad, en su finalidad.
-
El trabajo, como co-creación, signo y crecimiento de dignidad, ámbito
de solidaridad y santificación.
-
La política, como formación y apoyo a nuevas, competentes, valientes y
coherentes generaciones y militantes cristianos de la política, en un tiempo en
que, por una parte, el laicismo agresivo de la cultura dominada por el
relativismo político y moral pretende confinar a
-
La educación, porque todo inicia, encuentra su fuerza y depende de la
conciencia del “yo” de la persona, de su libertad y responsabilidad, de su
crecimiento integral, puesto delante a una verificación de la tradición como
hipótesis educativa.
-
La cultura, como llamada a la presencia cristiana en los nuevos
aerópagos del ámbito universitario, de la investigación científica, de las
innovaciones tecnológicas, del discernimiento de las corrientes ideológicas
post-modernas, de las creaciones artísticas y del cada vez más importante campo
de las comunicaciones de masas.
Noveno desafío crucial es la superación de la
diáspora de los cristianos en la sociedad, superación de su asimilación mundana, del anonimato, de la fractura entre fe
privada y compromiso público, a través de una labor de formación en la fe y en
la doctrina social de
El décimo desafío crucial es el de saber edificar,
proponer y hacer que los fieles laicos encuentren comunidades cristianas que
los ayuden a vivir su vocación, a educarlos en la fe, a crecer en santidad, a
ser protagonistas de la misión y dar testimonio de servicio en el mundo. Es
decir: los fieles tienen necesidad de ser atraídos e incorporados, abrazados y
sostenidos, acompañados y alimentados por comunidades cristianas que sean para
ellos ámbitos de vida nueva, signo y reflejo del misterio de comunión, método y
camino educativos, por el encuentro y seguimiento de Cristo en la compañía de
sus discípulos. No basta la asistencia periódica a ritos religiosos ni
referencias abstractas a
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Compendio del Catecismo de la
Iglesia Católica, nn. 337-350.
337. ¿Cuál es el designio de Dios sobre el hombre y la mujer?
Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6). Al bendecirlos, Dios les dijo: «Creced y multiplicaos» (Gn 1, 28).
338. ¿Con qué fines ha instituido Dios el Matrimonio?
La alianza matrimonial del hombre y de la mujer, fundada y estructurada con leyes propias dadas por el Creador, está ordenada por su propia naturaleza a la comunión y al bien de los cónyuges, y a la procreación y educación de los hijos. Jesús enseña que, según el designio original divino, la unión matrimonial es indisoluble: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10, 9).
339. ¿De qué modo el pecado amenaza al Matrimonio?
A causa del
primer pecado, que ha provocado también la ruptura de la comunión del hombre y
de la mujer, donada por el Creador, la unión matrimonial está muy
frecuentemente amenazada por la discordia y
340. ¿Qué enseña el Antiguo Testamento sobre el Matrimonio?
Dios ayuda a su pueblo a madurar progresivamente en la conciencia de la unidad e indisolubilidad del Matrimonio, sobre todo mediante la pedagogía de la Ley y los Profetas. La alianza nupcial entre Dios e Israel prepara y prefigura la Alianza nueva realizada por el Hijo de Dios, Jesucristo, con su esposa, la Iglesia.
341. ¿Qué novedad aporta Cristo al Matrimonio?
Jesucristo no sólo restablece el orden original del Matrimonio querido por Dios, sino que otorga la gracia para vivirlo en su nueva dignidad de sacramento, que es el signo de su amor esponsal hacia la Iglesia: «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo ama a la Iglesia» (Ef 5, 25).
342. ¿Es el Matrimonio una obligación para todos?
El Matrimonio no es una obligación para todos. En particular, Dios llama a algunos hombres y mujeres a seguir a Jesús por el camino de la virginidad o del celibato por el Reino de los cielos; éstos renuncian al gran bien del Matrimonio para ocuparse de las cosas del Señor tratando de agradarle, y se convierten en signo de la primacía absoluta del amor de Cristo y de la ardiente esperanza de su vuelta gloriosa.
343. ¿Cómo se celebra el sacramento del Matrimonio?
Dado que el Matrimonio constituye a los cónyuges en un estado público de vida en la Iglesia, su celebración litúrgica es pública, en presencia del sacerdote (o de un testigo cualificado de la Iglesia) y de otros testigos.
344. ¿Qué es el consentimiento matrimonial?
El consentimiento matrimonial es la voluntad, expresada por un hombre y una mujer, de entregarse mutua y definitivamente, con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. Puesto que el consentimiento hace el Matrimonio, resulta indispensable e insustituible. Para que el Matrimonio sea válido el consentimiento debe tener como objeto el verdadero Matrimonio y ser un acto humano, consciente y libre, no determinado por la violencia o la coacción.
345. ¿Qué se exige cuando uno de los esposos no es católico?
Para ser lícitos, los matrimonios mixtos (entre católico y bautizado no católico) necesitan la licencia de la autoridad eclesiástica. Los matrimonios con disparidad de culto (entre un católico y un no bautizado), para ser válidos, necesitan una dispensa. En todo caso, es esencial que los cónyuges no excluyan la aceptación de los fines y las propiedades esenciales del Matrimonio y que el cónyuge católico confirme el compromiso, conocido también por el otro cónyuge, de conservar la fe y asegurar el Bautismo y la educación católica de los hijos.
346. ¿Cuáles son los efectos del sacramento del Matrimonio?
El sacramento del Matrimonio crea entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo. Dios mismo ratifica el consentimiento de los esposos. Por tanto, el Matrimonio rato y consumado entre bautizados no podrá ser nunca disuelto. Por otra parte, este sacramento confiere a los esposos la gracia necesaria para alcanzar la santidad en la vida conyugal y acoger y educar responsablemente a los hijos.
347. ¿Cuáles son los pecados gravemente contrarios al sacramento del Matrimonio?
Los pecados gravemente contrarios al sacramento del Matrimonio son los siguientes: el adulterio; la poligamia, en cuanto contradice la idéntica dignidad entre el hombre y la mujer y la unidad y exclusividad del amor conyugal; el rechazo de la fecundidad, que priva a la vida conyugal del don de los hijos; y el divorcio, que contradice la indisolubilidad.
348. ¿Cuándo admite la Iglesia la separación física de los esposos?
La Iglesia admite la separación física de los esposos cuando la cohabitación entre ellos se ha hecho, por diversas razones, prácticamente imposible, aunque procura su reconciliación. Pero éstos, mientras viva el otro cónyuge, no son libres para contraer una nueva unión, a menos que el matrimonio entre ellos sea nulo y como tal declarado por la autoridad eclesiástica.
349. ¿Cuál es la actitud de la Iglesia hacia los divorciados vueltos a casar?
Fiel al Señor, la Iglesia no puede reconocer como matrimonio la unión de divorciados vueltos a casar civilmente. «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio» (Mc 10, 11-12). Hacia ellos la Iglesia muestra una atenta solicitud, invitándoles a una vida de fe, a la oración, a las obras de caridad y a la educación cristiana de los hijos; pero no pueden recibir la absolución sacramental, acercarse a la comunión eucarística ni ejercer ciertas responsabilidades eclesiales mientras dure tal situación, que contrasta objetivamente con la ley de Dios.
350. ¿Por qué la familia cristiana es llamada Iglesia doméstica?
La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos.
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Prólogo
del libro “II Congreso Nacional de la Familia”
Mons.
Arzobispo de Montevideo
Presidente de
Los días 11 y 12 de octubre de 2003 se realizó en Montevideo el Segundo Congreso Nacional de la Familia, bajo el lema "Familia: Germen de Vida y Esperanza de mi País".
El Congreso fue
precedido por una ardua labor de preparación, desarrollada a lo largo de casi
dos años: múltiples reuniones del Consejo Nacional, las Comisiones Diocesanas y
Esta labor
fermental tendió a consolidar la pastoral familiar, otorgándole a ésta el lugar
que le corresponde en el marco de la pastoral de conjunto. En efecto, dado que
“el hombre es el camino de la Iglesia” y que el hombre es un “ser familiar” -es
decir, un ser que naturalmente nace, crece y madura en el seno de una familia-,
resulta que la familia es el primer camino de
El primer día del Congreso (sábado 11) tuvo lugar la parte académica en el Colegio y Liceo San Francisco de Sales (Maturana), con una concurrencia de unas 1.300 personas. Las doce ponencias, divididas en cuatro módulos, tuvieron un muy buen nivel y dejaron muchos elementos de reflexión a los participantes, planteando temas que seguramente dejarán huellas en la pastoral familiar nacional. Los cuatro testimonios llegaron al corazón de todos los presentes, manifestando biográficamente la acción santificadora del Espíritu de Dios en las familias cristianas. Los 24 talleres permitieron a los participantes del Congreso profundizar en los temas planteados por los expositores, en una forma dialogal y participativa.
El segundo día del Congreso (domingo 12) tuvo lugar la Fiesta de la Familia en el Palacio Peñarol, con una concurrencia de unas 3.000 personas. Todo contribuyó a hacer de este día una verdadera fiesta: los espectáculos musicales (con diversos coros y conjuntos musicales), los testimonios y la notable actuación especial de Luis Landriscina y el P. Mamerto Menapace, quienes aportaron su cuota de humor abierto al Misterio (Landriscina) y de reflexión cristiana a partir del aspecto humorístico (Menapace). La Eucaristía, Celebración de la Familia, fue el broche de oro de este inolvidable Congreso, por el cual damos gracias a Dios y a todos los que aportaron su trabajo, durante los años 2002 y 2003, para preparar su digna celebración.
Como se hizo
después del Primer Congreso Nacional de la Familia (realizado en 1994 en
En esta época de cambios acelerados, que configura un verdadero cambio de época, asistimos desde hace algunas décadas a una grave crisis de la familia fundada en el matrimonio. El divorcio, la unión libre y otros males semejantes se están volviendo cada vez más frecuentes. Sin embargo los cristianos no debemos caer en el error de comportarnos como “profetas de calamidades” (según decía el Beato Papa Juan XXIII), regodeándonos en pronosticar un futuro intra-mundano cada vez más sombrío. Es necesario e importante denunciar las injusticias, pero más todavía lo es anunciar el Evangelio y confiar en el triunfo definitivo del bien sobre el mal. Nuestro Señor Jesucristo nos dice a nosotros hoy: “No teman. Yo he vencido al mundo”. “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. “El que permanece en Mí y Yo en él, dará mucho fruto”. “Los cielos y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará”.
Dos culturas o civilizaciones se enfrentan hoy en
día en todo el mundo y su pugna es especialmente intensa en nuestra
civilización occidental: siguiendo al Magisterio pontificio reciente, podemos
denominarlas la cultura de la muerte y la civilización del amor. Trabajar a
favor de la extensión de la civilización del amor es parte esencial de la
misión de la familia cristiana.
Vale la pena mencionar que, a pesar de las invitaciones cursadas y de haber sido un evento cuantitativa y cualitativamente muy importante de la confesión religiosa mayoritaria del Uruguay, la que se identifica con las raíces de la Patria, nuestro Congreso no contó con la presencia de autoridades nacionales ni departamentales y tuvo una escasa cobertura en los medios de comunicación social. No pretendo analizar aquí las causas de hechos como éste, pero sí deseo subrayar que, a fin de cumplir más plenamente su misión de defensa y promoción de la vida y la familia, la Iglesia Católica deberá incrementar su presencia en el espacio público. Para ello los católicos tendremos que superar el influjo de una ideología laicista que intenta excluir a la religión de ese espacio y deberemos actuar siempre de acuerdo con la conocida máxima de San Agustín: “Unidad en lo necesario, libertad en lo opinable, caridad en todo”.
El Segundo Congreso Nacional de la Familia ha marcado un hito en el camino de la Iglesia peregrina en el Uruguay. En el contexto de una sociedad secularizada que sufre una enconada embestida contra los derechos y deberes de las familias, los católicos uruguayos hemos reafirmado nuestra visión de la familia como santuario de la vida, como escuela del más rico humanismo y como un bien para la sociedad, una célula básica para la construcción de una sociedad más justa y fraterna; y, sobre todo, hemos profesado nuestra fe en el Evangelio de Jesucristo acerca de la vida y la familia, comprometiéndonos a hacer de nuestras familias cristianas, con el auxilio de la Gracia, pequeñas “iglesias domésticas”, en las que los padres ejerzan con amor y responsabilidad su misión de ser “pastores” de sus hijos, guiándolos en el camino hacia el Padre.
La mayor parte
de la existencia terrena de la Palabra de Dios hecha carne, Jesucristo, transcurrió
en la apacible intimidad de
“Bajó con ellos y vino a Nazareth, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.” (Lucas 2,51-52).
Quiera Dios que, contemplando a Jesús, María y José y siguiendo sus huellas, nuestras familias se conviertan cada día más, mediante el encuentro con Jesús, el Señor resucitado, en germen de vida, semilla del Reino y signo de esperanza para nuestro querido país.
Fuente: II Congreso Nacional de
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Talleres, Mesa Redonda y Concierto
Título: Talleres de Formación sobre Arte y Evangelización.
A cargo de: Pbro. Robin Traverso (Vicario Pastoral de Montevideo), Lic. Ítalo Fernández, Prof. Luis Loureiro, Sr. Alejandro Reyna, Diác. Jorge Novoa.
Fecha: Sábado 1 de julio de 2006.
Horario: de 14:00 a 20:00.
Lugar: Colegio Nuestra Señora de Lourdes, Amazonas 1616 esq. Av. Rivera (Malvín - Montevideo).
Entrada: Gratis.
Auspicia: Vicaría Pastoral de la Arquidiócesis de Montevideo.
Colaboran: Colegio Nuestra Señora de Lourdes y Spa Bethel.
Por información: jubal@montevideo.com.uy
*******
Jornada
Título: Primera Jornada Arquidiocesana sobre Familia y Vida.
Expositores:
Organizan: Pastoral Familiar Arquidiocesana y Comisión
Arquidiocesana de Bioética.
Fecha: Domingo 23 de julio de 2006.
Horario: de 10:00 a 17:30.
Lugar: Hotel Best Western Palladium (Tomás de Tezanos 1146, Buceo, Montevideo).
Teléfono: 628 8484.
Costo: Entrada gratis. Costo del lunch a determinar.
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Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave, María…
Ecce ancilla Dómini.
Fíat mihi secúndum vérbum túum.
Ave, María…
Et Vérbum caro fáctum est.
Et habitávit in nobis.
Ave, María…
Ora pro nobis, sancta Dei génetrix,
ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus.
Grátiam túam, quaésumus, Dómine, méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiante, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus,
per passiónem eius et crúcem, ad resurrectionis glóriam perducámur.
Per eúndem Chrístum Dóminum nóstrum. Amen.
Gloria Patri…
***
El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Dios te salve, María…
He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María…
Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María…
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oremos.
Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas,
para que, los que hemos conocido, por el anuncio del Ángel,
la Encarnación de tu Hijo Jesucristo,
lleguemos, por los méritos de su Pasión y su Cruz, a la gloria de la Resurrección.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Gloria al Padre…
Fuente: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, Apéndice, A) Oraciones comunes.
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