Fe y Razón
Revista virtual gratuita
Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la
evangelización de la cultura
Nº 5 – Junio de 2006
“Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu
Sancto est”
“Toda
verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de
Aquino)
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Equipo
de “Fe y Razón”
Equipo de Dirección: Diác.
Colaboradores: Dr.
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Sección |
Título |
Autor o Fuente |
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Editorial |
Los nuevos movimientos eclesiales,
signos de la renovación de la Iglesia |
Equipo
de Dirección |
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Tema
central |
Cardenal Joseph Ratzinger |
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Tema
central |
Juan
Pablo II |
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Tema
central |
Diác.
Jorge Novoa |
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Tema
central |
Comunión y Liberación: una experiencia totalizante en el seno de la Iglesia |
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Tema
central |
R.P. Lic. Ricardo Clarey IVE |
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Tema
central |
Página
web dedicada al encuentro de los movimientos con el Papa en Pentecostés |
Zenit |
|
Filosofía |
Dr. Pedro Gaudiano |
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Teología |
Diác. Milton Iglesias |
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|
Familia
y Vida |
Comisión Arquidiocesana de Bioética de Montevideo |
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|
Familia
y Vida |
El embrión humano es persona en la fase de la preimplantación |
Comisión Arquidiocesana de Bioética de Montevideo |
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Documentos |
Compendio
del Catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
Libros |
Paloma
Gómez Borrero |
|
|
Oración |
Compendio
del Catecismo de la Iglesia Católica |
Los nuevos movimientos eclesiales,
signos de la renovación de la Iglesia
Equipo de Dirección
En la Vigilia de Pentecostés de 1998 tuvo lugar en
Roma el Primer Encuentro de los Movimientos con el Papa. Unas 300.000 personas
pertenecientes a diferentes movimientos y comunidades eclesiales se reunieron
en la Plaza de San Pedro con Juan Pablo II. El objetivo principal de este
encuentro, según las propias palabras del Papa, fue el de impulsar hacia la
plena madurez eclesial a los numerosos nuevos movimientos y comunidades
surgidos en las últimas décadas.
Dentro de pocos días, en
La floración de nuevos movimientos y comunidades
eclesiales durante el siglo XX, particularmente en el período post-conciliar,
ha generado lo que hoy es uno de los mayores signos de esperanza y de
renovación en la actual situación de la Iglesia, no carente de grandes
dificultades. En la gesta de estos movimientos –y, obviamente, no sólo en ella-
se puede apreciar que el Espíritu Santo sigue obrando maravillas en las almas
de los hombres y mujeres de nuestro tiempo; sigue produciendo abundantes frutos
de santidad en un mundo que a menudo parece estar lejos de Dios.
Las grandes novedades suelen provocar grandes
resistencias; esto se ha comprobado una vez más en nuestro caso. No son pocos
en la Iglesia Católica los que ven a los movimientos eclesiales más que nada
como un problema o una molestia. El IV
Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, celebrado en 2005, dio pasos importantes
para superar esta actitud, común en ciertos ambientes de nuestra ciudad, al
afirmar que los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales son un
don del Espíritu Santo a la Iglesia universal y local, sobre todo porque
acentúan el protagonismo de los laicos, potencian su misión e inserción en la
sociedad y abren muchas veces nuevos espacios de evangelización. El mismo
Sínodo expresó su aspiración a que la
comunidad diocesana conozca, aprecie y valore los carismas de los que personas
y movimientos son portadores y subrayó la necesidad de resolver los
eventuales conflictos mediante un diálogo fraterno.
En sintonía con el próximo encuentro de los movimientos con el Papa y con la mencionada aspiración de nuestro Sínodo arquidiocesano, el tema central del Nº 5 de Fe y Razón está referido a los nuevos movimientos y comunidades eclesiales. Es sabido que estas nuevas realidades eclesiales son muy heterogéneas entre sí por sus carismas, sus formas jurídicas, sus historias etc. Hemos invitado a representantes de nueve nuevos movimientos o realidades eclesiales a presentar su propia comunidad a nuestros lectores. En este número publicamos los aportes recibidos hasta ahora. En los números sucesivos publicaremos los aportes que nos vayan llegando de otros movimientos.
En este nuevo Pentecostés rogamos a Nuestro Señor Jesucristo que, desde Dios Padre, nos envíe al Espíritu Santo, para que Él nos colme de la alegría de Su presencia y de Sus siete dones.
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Contenidos
La esperanza de los “movimientos”
Cardenal
Joseph Ratzinger
Pero, pregunto inquieto, ¿su imagen negativa de la realidad de la Iglesia post-conciliar no deja espacio para algunos elementos positivos?
“Paradójicamente”, responde él, “es exactamente lo negativo lo que se puede
transformar en positivo. Muchos católicos, en estos años, hicieron la
experiencia del éxodo, vivieron los resultados del conformismo de las
ideologías, probaron lo que significa esperar del mundo la redención, la
libertad y
“No olvidemos jamás” –continúa él– “que cada Concilio es, ante todo, una
reforma que desde el vértice se debe extender hasta
¿No ve, entonces, insisto yo, otras señales positivas además de aquellas que provienen de lo “negativo” de este período de la historia eclesial?
“Ciertamente que las veo. No me detengo aquí
a hablar del dinamismo de las jóvenes iglesias (como las de Corea del Sur) o de
la vitalidad de las iglesias perseguidas, porque eso no puede ser atribuido
directamente al Vaticano II, así como no pueden serle atribuidos directamente
los fenómenos de
¿En qué movimientos piensa, especialmente?
“Me refiero al Movimiento Carismático, a
los Cursillos, al Movimiento de los Focolares, a las Comunidades
Neocatecumenales, a Comunión y Liberación, etc. Ciertamente todos esos
movimientos generan también algunos problemas y en mayor o menor medida traen
también peligros. Pero eso ocurre en cualquier realidad viva. En forma creciente,
encuentro ahora grupos de jóvenes en los que existe una cordial adhesión a la
fe integral de
Nadie ignora, sin embargo, que entre los problemas suscitados por esos nuevos
movimientos se encuentra también el de su inserción en la pastoral general. Su
respuesta es inmediata: “Lo que espanta
es que todo ese fervor no fue elaborado por algún organismo de programación
pastoral, sino que, de alguna manera, surgió por sí mismo. Ese dato, de hecho,
trae como consecuencia que los organismos de programación –exactamente cuando
quieren ser muy “progresistas”- no saben qué hacer con ellos: no caben en sus
planes. Así, mientras surgen tensiones en la inserción de los movimientos en el
interior de las instituciones actuales, no existe tensión alguna con la Iglesia
jerárquica como tal.”
Un juicio, pues,
lleno de simpatía. El Cardenal lo confirma: “Surge
aquí una nueva generación de la Iglesia, a la que miro con gran esperanza.
Encuentro maravilloso que el Espíritu sea nuevamente más fuerte que nuestros
programas y que valore algo bien distinto de aquello que habíamos imaginado. En
este sentido, la renovación está en camino, discreta pero eficazmente. Viejas
formas, que encallaron en la autocontradicción y en el gusto por la negación,
salen de escena y lo nuevo ya está en movimiento. Naturalmente, todavía no
tiene voz plena en el gran debate de las ideas dominantes. Crece en el
silencio. Nuestra tarea, en cuanto encargados de un ministerio en la Iglesia y
en cuanto teólogos, es mantenerle abiertas las puertas, prepararle el espacio.
Porque las tendencias que prevalecen actualmente se mueven en un rumbo
totalmente diferente. Si se observa justamente esta “situación meteorológica
general” del espíritu, se debe hablar, como hacíamos antes, de una crisis de la
fe y de
Fuente: Joseph Ratzinger / Vittorio
Messori, A fé
(Traducao do
original italiano: Rapporto sulla fede).
Notas:
1) Este libro-entrevista del periodista Vittorio Messori al Cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hoy Papa Benedicto XVI, fue publicado en español con el título “Informe sobre la fe”.
2) Este texto
fue traducido del portugués para “Fe y Razón” por
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Contenidos
Juan
Pablo II
PREGUNTA [de Vittorio Messori]
Déjeme
señalar que estas palabras Suyas, tan claras, confirman una vez más la
parcialidad, la miopía de los que han llegado a sospechar en Usted intenciones
«restauradoras», planes «reaccionarios» ante las novedades conciliares.
Usted
no ignora que son bien pocos, entre los que siguen siendo católicos, los que
ponen en duda la oportunidad de la renovación obrada en
RESPUESTA [de Juan Pablo II]
Permítame
entonces volver a aquella pregunta suya, que también, como otras, era
intencionadamente provocadora: ¿El Concilio abrió las puertas para que los
hombres de hoy pudiesen entrar en la Iglesia, o bien las puertas se abrieron
para que los hombres, ambientes y sociedades comenzaran a salir de Ella?
La opinión expresada en sus palabras responde en cierta medida a la verdad,
especialmente si nos referimos a la Iglesia en su dimensión occidental-europea
(aunque seamos testigos de la manifestación, en
A partir del Concilio asistimos a una renovación, que es en primer lugar
cualitativa. Si continúan escaseando los sacerdotes y si las vocaciones siguen
siendo demasiado pocas, sin embargo aparecen y se desarrollan diversos
movimientos de carácter religioso. Nacen sobre un fondo un poco distinto del de
las antiguas asociaciones católicas de perfil más bien social, que,
inspirándose en la doctrina de la Iglesia sobre esa cuestión, pretendían la
transformación de la sociedad, el restablecimiento de la justicia social;
algunas iniciaron un diálogo tan intenso con el marxismo que perdieron, en
alguna medida, su identidad católica.
Los nuevos movimientos, en cambio, están orientados sobre todo hacia la
renovación de
Junto a las órdenes religiosas de fundación reciente y junto al maravilloso
florecimiento de los institutos seculares durante nuestro siglo, en el período
conciliar y posconciliar han aparecido estos nuevos movimientos, los cuales,
aun recogiendo también a personas consagradas, comprenden especialmente laicos
que viven en el matrimonio y ejercen distintas profesiones. El ideal de la
renovación del mundo en Cristo nace directamente del fundamental compromiso del
Bautismo.
Sería injusto hoy hablar solamente de abandono. Hay también retornos. Sobre
todo, hay una transformación profundamente radical del modelo de base. Pienso
en Europa y en América, en particular en
El Vaticano II apareció en un momento en que el viejo modelo comenzaba a ceder
el puesto al nuevo. Así pues, hay que decir que el Concilio vino en el momento
oportuno y asumió una tarea de la que esta época tenía necesidad, no solamente
la Iglesia, sino el mundo entero.
Si la Iglesia posconciliar tiene dificultades en el campo de la doctrina o de
la disciplina, no son sin embargo tan graves que comporten una seria amenaza de
nuevas divisiones. La Iglesia del Concilio Vaticano II, la Iglesia de intensa
colegialidad del episcopado mundial, sirve verdaderamente y de muy diversos
modos a este mundo, y se propone a sí misma como el verdadero Cuerpo de Cristo,
como ministra de Su misión salvífica y redentora, como valedora de la justicia
y de
(Juan
Pablo II, Cruzando el umbral de la
esperanza, capítulo XXVI).
Fuente: http://es.catholic.net/escritoresactuales/760/2436/articulo.php?id=22613
(en este sitio se encuentra el libro completo).
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Contenidos
El Espíritu Santo fecunda a Su
Iglesia
Diác.
El Espíritu Santo y la Iglesia
en Concilio
"Donde está la Iglesia, está
también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia
y toda gracia, pues el Espíritu es verdad" (San Ireneo de Lyon, Adversus
haereses, III, 24, 1: PG 7, 966). Así pues, hay un vínculo íntimo
entre el Espíritu Santo y la Iglesia. Él la construye y le dona la verdad; como
dice san Pablo, derrama el amor en el corazón de los creyentes (cf. Rom 5, 5).
El Espíritu Santo fecunda a su Iglesia en todos los tiempos y responde,
seguramente con mayor solicitud, a la oración que implora una acción
renovadora, si proviene de Pedro y sus sucesores (1), cuando lo manifiestan como una necesidad imperiosa.
Declaraba Juan XIII, "acogiendo como
venida de lo alto una voz íntima de nuestro espíritu, hemos juzgado que los
tiempos estaban ya maduros para ofrecer a la Iglesia católica y al mundo el
nuevo don de un Concilio ecuménico…" (Juan XXIII, Constitución
apostólica Humanae Salutis, n. 5).
Este deseo, primero sembrado por
el mismo Espíritu en el corazón del Pastor de
El Papa bueno de afable sonrisa, y ochenta años, convocaría a los
obispos del mundo, sucesores de los apóstoles, a un Concilio Universal (2), para
escuchar lo que el Espíritu dice a la Iglesia en el trágico siglo XX, y así
orar e implorar, por medio de un nuevo Pentecostés, una honda renovación
(3).
Imploraba Juan XXIII: "Renueva en
nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés, y concede que
la Iglesia santa, reunida en unánime y más intensa oración en torno a María,
Madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el Reino del Salvador divino, que
es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz". El Papa Juan XXIII
vislumbraba, "en medio de tantas
tinieblas, no pocos indicios que nos hacen concebir esperanzas de tiempos
mejores para la Iglesia y la humanidad" (Juan XXIII, Constitución
apostólica Humanae Salutis, n. 3).
Todo comenzó a manifestarse con una palabra pronunciada a modo de clave
hermenéutica: aggiornamento. "Con la ayuda de Dios, los padres
conciliares, en cuatro años de trabajo, pudieron elaborar y ofrecer a toda la Iglesia
un notable conjunto de exposiciones doctrinales y directrices pastorales.
Pastores y fieles encuentran en él orientaciones para llevar a cabo aquella renovación
de pensamientos y actividades, de costumbres y virtudes morales, de gozo y
esperanza, que era un deseo ardiente del Concilio" (Juan Pablo II,
Constitución Apostólica Fidei depositum).
La esposa de Cristo tiene algo para decir al
mundo, algo por lo que es, y que está destinado a dar vida al mundo, una verdad
eterna que la sustenta y que anida en su Corazón y que en el jardín del mundo
está ordenada a germinar. Sería un grave error pensar que los padres
conciliares anduvieron a tientas buscando qué decir, sabían claramente cuál era
el tesoro que Jesús había depositado en su Iglesia, y que debían anunciarlo,
pero piden al Espíritu que sea Él quien abra las puertas que se van cerrando a
la verdad del Evangelio en la cultura emergente. "Guardar el depósito de la fe es la
misión que el Señor confió a su Iglesia y que ella realiza en todo tiempo. El Concilio
ecuménico Vaticano II, (…) tenía como intención y finalidad poner de manifiesto la misión apostólica y
pastoral de la Iglesia, a fin de que el resplandor de la verdad evangélica
llevara a todos los hombres a buscar y aceptar el amor de Cristo, que excede a
todo conocimiento (cf. Ef 3, 19)" (Juan Pablo II, Constitución Apostólica Fidei depositum, n. 1).
El Concilio quería una profunda reforma y de hecho, sentó las bases para su realización. Se puede evaluar la etapa post-conciliar a partir de estas preguntas: ¿Cuál ha sido el resultado del Concilio? ¿Ha sido acogido de manera adecuada? En la recepción del Concilio, ¿qué es lo que ha habido de bueno y qué es lo que ha sido insuficiente o equivocado? ¿Qué queda por hacer? Así respondía Benedicto XVI a estos interrogantes:
"Nadie puede negar que en amplias partes de la Iglesia, la recepción del
Concilio tuvo lugar de manera más bien difícil […]Todo
esto depende de la justa interpretación del Concilio o -como diríamos
hoy- de una hermenéutica adecuada, de una clave de lectura adecuada para
su aplicación. Los problemas de recepción nacieron por el hecho de que dos
hermenéuticas contrarias se confrontaron y han tenido litigios entre sí.
Una ha causado confusión, la otra, de manera silenciosa pero cada vez más
visible, ha dado frutos. Por una parte, se da una interpretación que quisiera
llamar «hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura»; con
frecuencia ha podido servirse de la simpatía de los medios de comunicación y
también de una parte de la teología moderna. Por otra parte, se da la «hermenéutica
de la reforma», de la renovación en la continuidad del único
sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el
tiempo y se desarrolla, permaneciendo siempre el mismo sujeto único del Pueblo
de Dios en camino. La hermenéutica de la discontinuidad corre el riesgo de
acabar en una ruptura entre la Iglesia preconciliar y la Iglesia postconciliar.
Afirma que los textos del Concilio como tal no serían la auténtica expresión
del espíritu del Concilio" (Benedicto XVI, Discurso a cardenales,
arzobispos y obispos miembros de la Curia, en
Los nuevos movimientos son
parte de la semilla buena que crece lentamente…
La reforma propuesta por el Concilio Vaticano II, nos dice Benedicto XVI, se va realizando lentamente. Los distintos vaivenes humanos enlentecen su desarrollo, pero de todas formas, marcha a paso firme el proceso de aplicación y consolidación de las disposiciones conciliares. La ley de la Palabra sembrada, que es presentada bajo la imagen de la semilla, y que aparece narrada en el Evangelio, sigue su proceso de maduración en el interior de la tierra y aunque en su camino encuentre elementos que quieran obstaculizar su aparición, no pasarán de ser intentos que resultarán estériles, porque ella está impulsada por la "fuerza de Dios".
"Está claro que este
compromiso por expresar de forma nueva una verdad determinada exige una
reflexión nueva y una nueva relación vital con ella; está claro
también que la nueva expresión puede madurar sólo si nace de una comprensión
consciente de la verdad expresada. Por otra parte, la reflexión sobre la fe
exige también que se viva esta fe. En este sentido, el programa propuesto
por Juan XXIII era sumamente exigente, como es exigente la síntesis de
fidelidad y dinámica. Pero allí donde esta interpretación ha sido la
orientación que ha guiado la recepción del Concilio, ha crecido una vida
nueva y han madurado nuevos frutos. Cuarenta años después del Concilio
podemos constatar que lo positivo es más grande y está más vivo de
cuanto no lo pareciera en la agitación de los años alrededor de 1968. Hoy vemos
que la semilla buena, a pesar de que se desarrolle lentamente, sin embargo
crece, y crece así también nuestra profunda gratitud por la obra desarrollada
por el Concilio" (Benedicto XVI, Discurso a cardenales,
arzobispos y obispos miembros de la Curia, en
Los nuevos movimientos eclesiales
son parte de esta semilla buena que se desarrolla lentamente. Lo bueno no debe
reducirse a estas realidades eclesiales, pero ciertamente en ellas se
manifiesta la belleza de la vida que brota del Espíritu del Señor. El Concilio
ha dado un impulso vital en muchas realidades de la vida eclesial (por
mencionar algunas: Liturgia, Biblia, dimensión misionera, la misión de los
laicos, familia como Iglesia doméstica, la existencia para todos en clave de
camino de santificación) e incluso en ellas deben darse procesos de
purificación. La Iglesia en sus pastores encauza las posibles desviaciones e
incomprensiones. Los Movimientos Eclesiales están, dentro de este proceso, en
la etapa de maduración. Ciertamente que el hecho central es el de su
pertenencia a
La comunidad eclesial, representada en Ananías, al recibir del Señor la noticia de lo que ha obrado en el perseguidor Saulo, siente temor y desorientación. Estas realidades que obra el Señor, a veces producen desconciertos en la comunidad eclesial. También ella es invitada por su Señor a confiar y discernir, para salir con gozo al encuentro de la obra de Dios, que en esta acción manifiesta su absoluta libertad. El Espíritu sopla donde quiere… con la certeza de que busca el bien de su Esposa amada.
"A la Iglesia que, según los Padres, es el
lugar "donde florece el Espíritu" (CCC 749), el Consolador ha donado
recientemente con el Concilio Vaticano II un renovado Pentecostés, suscitando
un dinamismo nuevo e imprevisto. Siempre, cuando interviene el Espíritu produce
estupefacción, suscita eventos cuya novedad asombra, cambia radicalmente las
personas y la historia. Ésta ha sido la experiencia inolvidable del Concilio
ecuménico Vaticano II, durante el cual, bajo la guía del mismo Espíritu, la
Iglesia ha redescubierto, como constitutiva de sí misma, la dimensión
carismática: "el Espíritu no se limita a santificar y a guiar al Pueblo de
Dios por medio de los sacramentos y de los ministerios y adornarlo de virtudes,
sino "distribuyendo a cada uno los propios dones como le place a Él"
(1Cor 12, 11), distribuye entre los fieles de todo orden gracias especiales...
útiles para la renovación y la mayor expansión de la Iglesia" (LG, 12).
El aspecto institucional y carismático son casi coesenciales en la constitución de la Iglesia y
concurren, aunque de modo diverso, en su vida, para su renovación y
santificación del Pueblo de Dios. Es de este providencial redescubrimiento de
la dimensión carismática de la Iglesia, que antes y después del Concilio, se ha
afirmado una singular línea de desarrollo de los movimientos eclesiales y de
las nuevas comunidades"
(Juan Pablo II, Vigilia de Pentecostés de 1998).
Notas:
1) En la línea del Papa Juan XXIII, en 1975 el Papa Pablo VI
decía: «Sí, la Iglesia tiene necesidad de
un nuevo Pentecostés. Tiene necesidad de fuego en su corazón, palabras en sus
labios, profecía en
2) Juan Pablo II, Constitución
Apostólica Fidei depositum: "A ese Concilio el Papa Juan XXIII había
asignado como tarea principal custodiar y explicar mejor el precioso depósito
de la doctrina católica, para hacerlo más accesible a los fieles y a todos los
hombres de buena voluntad. Por consiguiente, el Concilio no tenía como misión
primaria condenar los errores de la época, sino que debía ante todo esforzarse
serenamente por mostrar la fuerza y la belleza de la doctrina de la fe.
"Iluminada por la luz de este Concilio -decía el Papa-, la Iglesia crecerá
con riquezas espirituales y, sacando de él nueva energía y nuevas fuerzas,
mirará intrépida al futuro".
3) "Las voces que de todos los puntos de
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Comunión y Liberación: una experiencia totalizante en el seno de la
Iglesia
“Fe y Razón” entrevistó a
Comunión y Liberación (CL) es un
movimiento eclesial fundado por don Luigi Giussani (1922-2005), cuyos orígenes
se remontan a 1954. Comenzó en la ciudad de Milán y, tras difundirse
rápidamente por toda Italia, hoy está presente en cerca de setenta países en
todos los continentes y participan de esta experiencia unos 150.000 miembros.
CL se autodefine como un movimiento ante todo porque no se configura como una
nueva organización o estructura (no hay ficha de inscripción), ni se centra
específicamente en ningún aspecto o práctica particular de la vida de la fe;
antes bien es una llamada a vivir en el presente la experiencia cristiana
propia de
«Un carisma - ha escrito don Giussani - se puede definir como un don del Espíritu
dado a una persona en un determinado contexto histórico, con el fin de que ese
individuo inicie una experiencia de fe que pueda resultar de algún modo útil
para la vida de
La esencia del carisma dado a Comunión y Liberación
puede resumirse en tres factores:
- en primer lugar, el anuncio de que Dios se hizo hombre (el estupor, la razonabilidad y el entusiasmo por esto): «El Verbo se hizo carne y habita entre nosotros»;
- en segundo lugar, la afirmación de que este hombre - Jesús de Nazaret muerto y resucitado - es un acontecimiento presente en un «signo» de «comunión», es decir, en la unidad de un pueblo guiado como garantía por una persona viva, en última instancia, el Obispo de Roma;
- tercer factor: sólo en Dios hecho hombre y, por tanto, sólo en Su presencia, sólo a través de la forma que permite experimentar Su presencia (por tanto, sólo en la vida de la Iglesia), el hombre puede llegar a ser hombre de forma más verdadera y la humanidad puede ser realmente más humana. Escribe san Gregorio Nacianceno: «Si no fuese tuyo, Cristo mío, me sentiría criatura finita». Únicamente de Su presencia brotan con seguridad la moralidad y la pasión por la salvación del hombre (misión).
Cultura: verificación de la experiencia, acción política, ecumenismo
La vida del movimiento se ha
caracterizado siempre por una fecunda actividad cultural. La vivacidad cultural
de CL nace de la pasión por verificar la capacidad de la fe cristiana para
ofrecer un criterio más fecundo y completo en la lectura de la realidad y de
los acontecimientos. La sugerencia de san Pablo: "Valorad todo y quedaos con lo bueno" es para CL la mejor
definición del trabajo cultural: todo, en efecto, se puede abordar teniendo
como criterio la claridad sobre el hombre aportada por la revelación cristiana,
y de todo, como consecuencia de dicho criterio, se puede extraer y valorar lo
que es verdadero y bueno. Desde el comienzo, los chicos de don Giussani,
apremiados por un ambiente cultural y escolar que, hoy igual que entonces,
tiende a marginar el hecho cristiano como hipótesis de lectura de la realidad,
se han comprometido, a través de congresos, publicaciones y las llamadas
"fichas de revisión", a intervenir sobre cuanto las clases escolares
o la actualidad social y cultural ponían en el punto de mira. Junto a este
trabajo, se redescubrían y proponían autores, textos y problemas censurados u
oscurecidos por la posición cultural dominante. En esta "escuela" han
crecido personas y grupos que han dado vida o colaborado, bajo su
responsabilidad, en obras culturales de alcance nacional e internacional, y en
una miríada de iniciativas donde están presentes tanto el gusto por el
encuentro entre experiencias diferentes, como la pasión por comunicar el propium
del acontecimiento cristiano. Así han nacido, en Italia y fuera de ella,
centenares de centros culturales, decenas de escuelas libres, promovidas a
menudo por cooperativas de padres. Han surgido editoriales, se han realizado
actividades editoriales y periodísticas, se han promocionado Institutos y
Fundaciones a nivel académico, convenciones internacionales (como el anual
"Meeting por la
amistad entre los pueblos" de Rímini) que han implicado a los nombres
más ilustres de la cultura y debatido los temas más candentes de
Las batallas que han implicado no sólo a personalidades individuales sino la disponibilidad de todo el movimiento, como la de la libertad de educación y la paridad entre escuela estatal y escuela privada, o la más general por el respeto del principio de "subsidiariedad", tienden a realizar la unidad entre trabajo cultural y acción política. Finalmente, la concepción de cultura propia de CL coincide con el significado más auténtico del término ecumenismo. Éste no es la búsqueda de un mínimo común denominador entre experiencias distintas con el fin de justificar una tolerancia que parece, en realidad, carencia de amor recíproco. Ecumenismo como significado verdadero de cultura indica más bien la capacidad de abrazar incluso la experiencia más lejana y distinta (por ejemplo la experiencia de los monjes budistas del Monte Koya, la cultura ruso-ortodoxa, la tradición judía), en virtud de que haber encontrado, por gracia y no por mérito propio, la verdad permite reconocer cada indicio de verdad y valorarlo.
Caridad: la gratuidad como ley, la obra de la caridad
Las formas de acción caritativa son hoy variadísimas: ir a la parroquia o a un barrio para jugar con los niños, acudir a un asilo a hacer compañía a los ancianos, ayudar a los niños más pequeños a estudiar, compartir situaciones difíciles como la pobreza, la enfermedad psíquica o los estadios terminales de enfermedades incurables, ayudar a buscar un trabajo, etc. También en este caso, al igual que en la dimensión cultural, los desarrollos operativos, desde los más sencillos a los más complejos, están ligados a la iniciativa libre y a la elección de compromiso de los individuos o de los grupos de miembros de CL y no comprometen al movimiento en cuanto tal.
Misión: un testimonio católico
Desde el comienzo los chicos eran
educados en la misión también a través del interés por figuras de misioneros
comprometidos en lugares lejanos y difíciles. A lo largo de toda su historia,
CL ha colaborado con la acción misionera de personalidades significativas
(desde Marcello Candia a monseñor Pirovano; desde el Padre Lardo a
Uno de los motivos de sorpresa para quien se acerca a la
vida de los miembros de CL es advertir que
se trata de una vida normal, en el sentido de que la adhesión al movimiento no
comporta obligaciones particulares ni costumbres extrañas.
Una de las características a las que el movimiento siempre
ha dado importancia y que lo ha diferenciado pronto del asociacionismo católico
tradicional es la ausencia de cualquier forma de inscripción y el énfasis en la
importancia de la adhesión libre del individuo a los contenidos y al método
educativo del movimiento. Con análoga libertad, la experiencia de CL indica
unos gestos fundamentales para un camino personal y comunitario de educación en
La oración
Una de
las características peculiares del movimiento es el cuidado de gestos de
oración personal y comunitaria, algo que se concreta en la edición, con imprimatur eclesiástico, de un Libro de
las Horas que reproduce parte del Breviario de la Iglesia universal, en el
cuidado del canto litúrgico y en el aprendizaje de himnos y cánticos de
Ella
es, en efecto, el origen de la comunión y el primer fruto de una vida de
comunidad auténticamente vivida. La oración es la expresión de la dependencia
de Otro que todo hombre razonable y realista advierte.
Escuela de comunidad
Además de la invitación a la oración y a la vida normal de sacramentos de todo católico, el movimiento de don Giussani propone a sus miembros, y a quien lo desee, un gesto de catequesis y confrontación de la experiencia, con periodicidad normalmente semanal.
Caritativa
La propuesta de la caritativa, que desde los primeros seguidores ha implicado a
decenas de miles de jóvenes y de adultos, ha respondido siempre a unos motivos
claros. No se trata de dar curso a acciones filantrópicas o de pretender
ofrecer con tales iniciativas respuestas exhaustivas a necesidades a menudo
vastas y complejas, sino de aprender, a través de la fidelidad a un gesto
ejemplar, que la ley última de la existencia es la caridad, la gratuidad.
De tal “escuela” de gratuidad ha nacido en Italia y en el mundo, por medio de la iniciativa libre y responsable de miembros del movimiento o gracias a su colaboración, una serie interminable de actividades pequeñas y grandes con finalidad caritativa, en los campos más dispares: desde la catequesis de niños en las parroquias al acompañamiento de ancianos en los hospitales, desde la acogida en familias de niños o de personas con dificultades a la creación de verdaderas casas-familia para casos difíciles (madres solteras, toxicómanos, deficientes, minusválidos, enfermos de SIDA y enfermos terminales); desde la creación de empresas dedicadas a la reinserción laboral de minusválidos a la fundación de organizaciones no gubernamentales para proyectos de desarrollo y de asistencia en países pobres (por ejemplo AVSI en Italia, ente reconocido por la ONU, y CESAL en España); desde la constitución de fundaciones como el Banco de Alimentos (que proporciona alimento diario a casi un millón de pobres en Italia recogiendo los excedentes de producción alimentaria de grandes y medianas industrias) a la creación de Centros de solidaridad, en donde se ofrece ayuda en la búsqueda de empleo para jóvenes (y no tan jóvenes) desocupados; desde la asistencia en las cárceles de menores en África y América Latina al simple sostenimiento económico de familias en dificultad.
Tratándose en muchísimos casos de obras que unen a la finalidad caritativa una organización de tipo empresarial, puede decirse que estas iniciativas retoman, en clave actual y a menudo bajo la égida del llamado sector non profit, la tradición de las grandes obras caritativas que han marcado la historia de la cristiandad.
Vacaciones
Las vacaciones, en especial las vividas juntos en la montaña, han sido
siempre uno de los momentos privilegiados para descubrir el gusto de la
compañía cristiana y la actitud de estupor y respeto en la que ésta educa
frente a la realidad de lo creado. Desde el comienzo, los primeros
"observadores" se asombraban de cómo don Giussani llevaba de
vacaciones a la montaña a grupos a veces numerosos de chicos y chicas, haciendo
coincidir este tiempo (al contrario de lo que sucedía y sucede normalmente con
los grupos escolares, e incluso con muchas asociaciones católicas) con momentos
de gustosa y ordenada compañía y de fuerte propuesta cristiana. Por lo demás,
como ya hemos señalado, es durante el denominado tiempo libre cuando se
reconoce a qué le prestan verdadera atención en la vida un joven y un hombre, y
a qué ideal se entregan. Las vacaciones, vividas en grupo o individualmente con
la familia, son también una ocasión "misionera" para proponer la
experiencia que se ha encontrado.
Lectura
Otra forma con
El canto
Uno de los gestos que señaló el nacimiento y acompañó el desarrollo de Comunión y Liberación es el canto, en especial, el canto común. «El canto - afirma Giussani - es la expresión más alta del corazón del hombre. No existe un servicio a la comunidad comparable con el canto». Ya se trate de cantos litúrgicos, canciones nacidas de la experiencia de algunos miembros de CL (algunas de ellas han dado la vuelta al mundo) u otras pertenecientes al repertorio popular de varias naciones, el cuidado del canto común es signo distintivo de los encuentros de CL. Con el canto, en efecto, la comunidad expresa de modo sintético y persuasivo su propia unidad y el gusto y la conciencia nueva que derivan de ella.
[Nota: en esta primera parte
del artículo se reproducen textos del sitio web de CL; el resto del artículo es
la entrevista propiamente dicha.]
Comunión y Liberación en Uruguay: un testimonio
¿Qué etapas ha tenido la
historia del movimiento en el Uruguay?
Se podría decir que CL en Uruguay pasó por tres etapas.
En 1985 Don Giussani vino al Uruguay con intención de sembrar las primeras semillas del movimiento en nuestro País. Se reunió en aquel entonces con el Arzobispo, Mons. José Gottardi sdb, para hacerle la propuesta del movimiento. No conozco detalles de la reunión pero nuestra realidad eclesial de entonces estaba bastante distante de la aceptación diocesana de los movimientos en general.
En junio de 1986 Giussani viajó a Córdoba para participar de un encuentro con jóvenes de toda América Latina. Allí fui invitado a participar, aunque fui sin conocer la realidad a la que me iba a enfrentar, dado que yo estaba fuera de la Iglesia y sin ninguna intención de volver a ella.
Cuando llegué al destino, la ciudad de Carlos Paz, nos alojamos en un Monasterio Franciscano. Una vez acomodados nos llevaron a un salón muy grande en el que había alrededor de mil jóvenes de toda América Latina. En el centro una mesa y una silla en la cual estaba sentado un señor muy chiquito y muy feo. Yo a esa altura me preguntaba ¿Qué estoy haciendo aquí? Lo primero que recuerdo de “ese señor” es que dijo llamarse Luigi Giussani y se disculpó porque su gran ignorancia le había impedido aprender a expresarse en español correctamente y debería depender de un traductor. Luego disparó su primer dardo directo al Corazón: “Al encontrar a Cristo me descubrí hombre”.
A partir de esa frase comenzó en mí un proceso de transformación, de búsqueda de la santidad y de participación activa en la Iglesia que ya lleva veinte años. De vuelta en Uruguay, comencé a vivir la experiencia de conocer la Iglesia, desde ese momento me inserté en el mundo de la parroquia, el cual nunca abandoné.
En esa primera etapa del movimiento tuvimos muchas dificultades operativas dado que caminábamos solos, cada tanto venía un sacerdote de Argentina pero nunca se logró una presencia real del movimiento en nuestra Arquidiócesis. Aprecié mucho el apoyo de Mons. Pablo Galimberti y desarrollamos muchas actividades en la diócesis de San José, donde siempre nos sentimos como en nuestra casa.
Las visitas desde Argentina se fueron espaciando y llegó un día en que perdimos contacto.
Unos años después, en el 90, se realizó un nuevo intento a partir del interés de un grupo de laicos. Pero la falta de contacto con la experiencia original, de casi todos los participantes de ese nuevo grupo, fue causa de un nuevo revés.
Así fue que durante muchos
años la experiencia de CL quedó solamente como el acontecimiento personal
gracias al cual retorné definitivamente a la Iglesia a la que había ingresado
en el año 1975 cuando teniendo 9 años tomé mi primera y última comunión.
El 22 de febrero de 2005 moría Don Luigi, mi padre
espiritual, días más tarde me llegó un artículo por
Grande fue mi sorpresa y alegría al enterarme de que
recientemente había comenzado una nueva etapa de CL en Montevideo, esta vez sí
con todo el apoyo de nuestro Arzobispo Monseñor
El año pasado dos de nuestro jóvenes viajaron al famoso Meeting en la ciudad de Rímini experiencia que se va a repetir este año. Otro grupo participamos de la asamblea de responsables que tuvo lugar en la Maríapolis de O´Higgins en Argentina y también nuestros universitarios participaron como animadores de las vacaciones del movimiento en Bariloche y en varios retiros.
¿Qué puedes contarnos sobre la forma en que vives tu vocación particular de miembro de CL?
En esta nueva etapa de consolidación del movimiento en
Uruguay, estoy profundizando los vínculos desde la perspectiva de
¿Cuál es la experiencia de CL en cuanto a su inserción en la vida pastoral de las diócesis en las que está presente?
El movimiento está presente en la Arquidiócesis de Montevideo y en la Diócesis de San José.
Aquí en Montevideo, debido al escaso tiempo que ha trascurrido de esta nueva etapa, recién estamos comenzando nuestra vida como movimiento, tendrá que pasar algún tiempo antes que podamos insertarnos y hacer un verdadero aporte en la vida pastoral de la Arquidiócesis.
En la diócesis de San José, están trabajando activamente tres sacerdotes del movimiento, dos de ellos de nacionalidad argentina, que fueron ordenados por Monseñor Pablo Galimberti y se incorporaron al clero de la diócesis.
El año pasado falleció el P. Giussani, fundador de CL. ¿Cómo están viviendo ustedes esta nueva etapa de la vida del movimiento?
El fallecimiento de Don Gius fue muy duro para el movimiento, pero él ya había sentado las bases sólidas de esta experiencia y nos había enseñado a caminar solos, por supuesto que siempre hay una etapa de acomodamiento a la nueva realidad y más aún cuando el que muere es el fundador. Esta etapa el movimiento la viene atravesando con mucha paz y tranquilidad de la mano de Don Julián Carrón, primer sucesor de Don Gius y con el apoyo explícito y amoroso de nuestro querido Papa Benedicto XVI.
¿Qué desafíos entrevés para el futuro de CL en el Uruguay?
Haciendo una valoración hacia el futuro, los desafíos aquí en el Uruguay son muchos.
Primero consolidarnos como movimiento, vivenciar nuestra experiencia y trasmitirla a otros. Generar proyectos serios que son parte de la vida de CL, como los explicados anteriormente: misión, caritativa, vacaciones etc., insertarnos en el ambiente universitario, multiplicar las escuelas de comunidad, donde podamos desarrollar un ámbito de discernimiento claro y sereno de la experiencia de Cristo en nuestras vidas.
Si alguno de los lectores tiene interés en conocer nuestra propuesta con mucho gusto lo invitamos a participar en nuestra escuela de comunidad.
Pueden comunicarse a través del mail monsenor@adinet.com.uy o del teléfono 2041442.
Para profundizar la información pueden visitar nuestra página web internacional: www.clonline.org o adquirir nuestra revista “Huellas” en L.E.A. (Librería Editorial Arquidiocesana – Cerrito 477).
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Instituto del Verbo Encarnado: prolongar
en todo hombre, en todo el
hombre y
en todas las
manifestaciones del hombre
P. Ricardo Clarey
“Fe
y Razón” entrevistó al R.P. Lic. Ricardo Clarey IVE. Ricardo Clarey fue
ordenado sacerdote el 9 de octubre de 1993. Obtuvo la Licenciatura en Exégesis
bíblica en el Pontificio Instituto Bíblico (Roma) en 1997. Desde 2001 es Rector
del Seminario “María Madre del Verbo Encarnado” (San Rafael, Argentina), del
I.V.E. Es profesor de Exégesis del Nuevo Testamento y de Exégesis Fundamental
en dicho Seminario, y de Exégesis del Antiguo Testamento y Exégesis del Nuevo
Testamento en el Seminario diocesano “Santa María Madre de Dios” (San Rafael,
Argentina). Es Director de
¿Qué es el I.V.E.
(Instituto del Verbo Encarnado)?
El Instituto del Verbo
Encarnado es una Congregación religiosa fundada en
El Instituto del Verbo Encarnado forma parte de la familia religiosa del Verbo Encarnado, constituida por dos Institutos religiosos y una tercera orden laica:
1. El Instituto 'del Verbo Encarnado' (IVE): es un instituto clerical, es decir, la mayor parte de sus miembros son sacerdotes. Contamos también con religiosos no clérigos llamados hermanos coadjutores. El Instituto tiene dos ramas, una apostólica y una de vida contemplativa. El Superior General actual es el P. Carlos Miguel Buela.
2.
El Instituto 'Servidoras del Señor y de
3.
¿Cómo surgió y se
desarrolló?
Así relata el P. Carlos
Luego de almorzar y dormir la siesta en casa de mis padres regresé a
El paso siguiente -y necesario-
era buscar la aprobación de tal proyecto por un representante de
El comienzo de la experiencia de
vida religiosa fue en la diócesis de San Rafael, una pequeña y humilde diócesis
de Argentina, ubicada en una pintoresca región del Sur de
Los primeros años (1984 - 1988)
fueron intensamente vividos, con el fervor y entusiasmo propios de una obra
nueva del Espíritu Santo. A sólo un año de la fundación, una donación permitió
que se pudiera vivir la vida religiosa con la plenitud que se quería: se pudo
adquirir una pequeña finca en El Toledano, San Rafael; la 'finca' destinada a
ser
Poco a poco el nuevo Instituto
comenzaba a extenderse más allá de los límites de la diócesis de San Rafael: el
primer lugar fue la diócesis de Añatuya, Provincia de Santiago del Estero. En
1987, el Instituto del Verbo Encarnado traspasa las fronteras de su país de
origen, dando los primeros pasos en orden a concretar su proyecto misionero: en
febrero se funda la primera misión en el Perú: en
Pocos días después pudo
concretarse algo que el
El 27 de diciembre de 1987,
Fiesta de San Juan Apóstol, se fundaba oficialmente el Seminario Menor. Había
comenzado en el año anterior, 1986, muy pobremente en
En el año 1988 se fundaron: el
Noviciado masculino (el 22 de Febrero), con el nombre del primer miembro
fallecido de nuestra congregación: el seminarista Marcelo Javier Morsella;
Los años subsiguientes fueron de
gran crecimiento, aunque en medio de algunas incomprensiones y dificultades. Un
acontecimiento clave para el Instituto fue la fundación del Seminario religioso
propio, ya que hasta ese momento los religiosos concurrían a clases al
seminario diocesano, también a cargo del Instituto hasta el año 1990. El 16 de
abril de dicho año, el Obispo de San Rafael autorizaba la fundación del nuevo
seminario, que comenzó a funcionar en
Otro acontecimiento importantísimo fue la culminación de la redacción de las Constituciones del Verbo Encarnado, en el año 1992; las fundaciones en Rusia, Jerusalén y Taiwán (1993), y Ucrania (1994). Así hasta el IIº Capítulo General Ordinario, celebrado en agosto-septiembre de 1994, que entre otras cosas aprobó internamente las Constituciones y directorios del Instituto, además de organizar las provincias, las autoridades, las maneras y los tiempos de elección.
Los años 1995-2001 marcaron un
tiempo de especial prueba para el Instituto, pues se sucedieron en dicho
período tres comisarios pontificios, que tuvieron a cargo el gobierno de aquel,
quedando suspendido el gobierno propio. Los comisarios fueron los sacerdotes
José Antonio Rico O.S.B. (1995-1998), Aurelio Londoño C.M. (1998-1999), y S.E.
Monseñor Alfonso Delgado, entonces obispo de Posadas, Argentina (1998-2001).
Aún en medio de las pruebas, al Instituto le fue confiada por parte de
¿Cuántos miembros tiene hoy?
En estos momentos, después de 22
años de existencia, el IVE está presente en 29 países, en los cinco
continentes, en sus 89 Casas religiosas. Las jurisdicciones eclesiásticas en
las que se está presente son 60, en todo el mundo. De éstas, 6 son monasterios
contemplativos. Los miembros del IVE son 660, de los cuales 285 son sacerdotes
(http://www.iveargentina.org/pagpub.asp?page=11).
Por su parte, las Servidoras del Señor y
¿Qué puede contarnos
sobre la forma en que vive su vocación particular de miembro del IVE?
En mi caso concreto, ingresé al Instituto en 1986, como seminarista menor, y realicé los estudios de filosofía y teología hasta mi ordenación, el 9 de octubre de 1993. Después de cuatro años de estudio de exégesis bíblica en el Pontificio Instituto Bíblica (Roma y Jerusalén), regresé para colaborar como formador en el Seminario Mayor “María Madre del Verbo Encarnado” (San Rafael, Argentina). Desde junio de 2001 soy rector de dicho Seminario y profesor de Introducción a la exégesis bíblica y Exégesis de Evangelios sinópticos y San Pablo. Tengo a cargo también el Foro de Exégesis y Teología bíblica “P. Marie-Joseph Lagrange” (www.foroexegesis.com.ar).
Para mí ha sido un especial
regalo de Dios el haber podido servir a
¿Cuál es la experiencia del IVE en cuanto a su inserción en la vida
pastoral de las diócesis en las que está presente?
Nuestra experiencia es sumamente
positiva. Por gracia de Dios no tenemos dificultades al momento de insertarnos
en la vida y en el estilo pastoral de cada diócesis en la que estamos, en la
medida en que ella misma está íntimamente unida al Papa y a
De entre las causas de esta facilidad quisiera destacar dos, que me parece son de especial importancia:
· Una es la conciencia de Iglesia que buscamos siempre inculcar en nuestros religiosos, que permite pasar por alto detalles menores en aras del bien supremo que es la salvación de las almas. Esta conciencia de Iglesia crece y se robustece en la fidelidad al Papa, fundamento perpetuo de unidad. Es útil al respecto el ejemplo de los grandes pastores de almas: San Ignacio con sus Ejercicios Espirituales, San Alfonso de Ligorio con la predicación de las verdades eternas y las misiones populares, San Juan Bosco con el apostolado con los niños y jóvenes, el Santo Cura de Ars con el ministerio de la confesión, etc.
· Otra es el estudio profundo del pensamiento y el ejemplo de Santo Tomás de Aquino, que permite tener una visión lúcida y ordenada de la realidad, tanto natural como sobrenatural. Esto hace posible distinguir claramente entre lo sustancial y lo accidental, y ordenar uno a lo otro. Y hace que se tenga claro que si todo lo que hay que bueno y provechoso es por participación de Dios, el mismo Ser subsistente, ¡cuánto más grandioso y eficaz es la gracia, que es una participación más alta, sobrenatural, de Dios! Un gramo de la gracia de Dios, que nos llega por la encarnación redentora de Cristo, vale más y tiene más eficacia que todos los pecados, las aberraciones, los planes, los ejércitos de todo el mundo y de toda la historia.
¿Cuáles son las principales actividades del IVE?
Nuestro carisma es la evangelización de la cultura, entendiendo por cultura todas las legítimas manifestaciones del hombre. Evidentemente, hay manifestaciones del hombre que son más importantes porque tienen una relación más profunda con lo que lo constituye en persona.
Por eso, si bien queremos trabajar para que toda manifestación humana sea efectivamente asumida y elevada por Jesucristo, sin embargo damos prioridad a aquellas tareas pastorales que más influyen en la cristianización de la cultura, como son el apostolado de la formación de sacerdotes y consagrados, los medios de comunicación social, la educación de niños y jóvenes, la predicación del Evangelio en las misiones ad gentes, la predicación de misiones populares y Ejercicios espirituales, y las obras de misericordia.
En Argentina y Chile (www.iveargentina.org) tenemos como actividades pastorales el trabajo en nuestras Casas de formación, en varias parroquias, diversas obras de misericordia (Hogares de niños, de ancianos y de discapacitados), un Bachillerato Humanista y distintos proyectos culturales y sociales (Instituto “Domenico Zipoli”, CIDEPROF, etc.).
Estamos totalmente dispuestos a colaborar, en la medida de nuestras posibilidades, con los obispos que así lo soliciten.
¿Qué desafíos entrevé para el futuro del IVE?
Aún en medio de todas estas
actividades indicadas antes y muchas más, algunos proyectos que estamos
llevando adelante son de especial importancia. Uno de ellos es el “Proyecto
Cultural Cornelio Fabro” (http://www.corneliofabro.org/default.asp).
Se trata del trabajo de publicación de la edición crítica, y la consiguiente
profundización, de las obras de este gran sacerdote italiano fallecido en 1995,
uno de los principales discípulos de Santo Tomás en nuestros tiempo. El P.
Fabro desarrolló una labor asombrosa, profundizando el núcleo teorético del
tomismo, centrado en la noción de participación, y poniéndolo en diálogo
crítico con el pensamiento contemporáneo. Su exposición del pensamiento de
Santo Tomás permite concluir que es este “tomismo esencial” la única
alternativa válida al callejón sin salida del pensamiento actual, como indica
Juan Pablo II en Fides et ratio.
Otra obra de gran importancia es el Centro de Altos Estudios “San Bruno, Obispo de Segni”, centrado en el estudio sistemático y científico del pensamiento de Santo Tomás y su aplicación concreta a los distintos ámbitos de la vida humana y cristiana en nuestro mundo actual (http://www.sanbrunodisegni.org).
De gran valor, asimismo, son las
distintas fundaciones misioneras que el IVE está iniciando o consolidando:
Papúa - Nueva Guinea, Ucrania, Siberia, Islandia, Kenia, Sudán, Pakistán,
Tartaria, Guyana, Taiwán, Filipinas, Hong Kong, Egipto, etc. De manera
especial, destaco por un lado aquellas fundaciones en zona de persecución, y
por otro lado
Son innumerables las necesidades
de la humanidad y de
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Contenidos
Página web dedicada al encuentro de
los movimientos
con el Papa en Pentecostés
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 9 mayo 2006 (ZENIT.org).
El Consejo Pontificio para los Laicos acaba de publicar la página web www.laici.org para informar sobre la Vigilia de Pentecostés de los movimientos eclesiales y nuevas comunidades con Benedicto XVI, que se celebrará el 3 de junio de 2006.
El sitio ofrece también detalles sobre el congreso mundial que precederá a este
encuentro de estas nuevas realidades eclesiales, que tendrá lugar en Rocca di
Papa (cerca de Roma) del 31 de mayo al 2 de junio de 2006, sobre el tema «La belleza de ser cristianos y la alegría de
comunicarlo».
Es el segundo encuentro de estas características de la historia, tras el
convocado en Pentecostés de 1998 por Juan Pablo II.
Como explica la presentación que se hace en la página web del encuentro, esta
cita debería «constituir un ulterior paso
hacia la meta de la plena "madurez eclesial"», de estas nuevas
realidads eclesiales.
«Responsables de unos cien movimientos y
comunidades ya han expresado su gratitud al Santo Padre por la invitación y han
dado al Consejo Pontificio para los Laicos su disponibilidad para colaborar en
la realización de este importante acontecimiento eclesial», informa la
página.
El encuentro con el Papa, culminará en la tarde del sábado, 3 de junio, en la
plaza de San Pedro.
Más información en pentecoste2006@laity.va
ZS06050906
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Los cuatro niveles de la libertad
Pedro Gaudiano (*)
La libertad es una palabra “mágica”, que
representa un ideal irrenunciable. Es una de las notas que definen a la persona
humana. Permite al hombre alcanzar su máxima grandeza, pero también su mayor
degradación.
Como toda realidad compleja, la libertad no
se puede captar adecuadamente con una sola mirada. Por eso, siguiendo a Ricardo
Yepes Stork, en sucesivos artículos iremos abordando los cuatro niveles de
1. La libertad interior o constitutiva
Éste es el nivel más radical y profundo: la persona humana es un ser libre. Yo soy libre porque soy el dueño de mi intimidad y el dueño de la manifestación de mi intimidad a quien quiero, cuando quiero y como quiero. Esto me “constituye” como persona.
La intimidad es el mundo
interior, mundo que está abierto para uno mismo y oculto para los demás. Es
como el “santuario” de lo humano, un “lugar” donde sólo puede entrar uno mismo,
del que uno es dueño. El sentimiento de vergüenza o pudor es la protección
natural de
La característica más importante de la intimidad es que no es fija, estática, sino que es dinámica, siempre está como en ebullición. De ella brotan los sentimientos, los pensamientos, los proyectos... es decir, todo lo que hay “dentro” mío. No existen dos intimidades idénticas. Si externamente una persona puede ser identificada por ejemplo por sus huellas dactilares o por el iris de su ojo (ver www.biometricgroup.com, en inglés), cuánto más cada persona es única, original e irrepetible por su propio mundo interior. Nadie, absolutamente nadie, ha sido ni será nunca ni puede ser el “yo” que “yo” soy. Nadie puede usurpar mi personalidad, ni ocupar mi puesto bajo el sol.
Soy dueño de la
manifestación de mi intimidad
La manifestación de
la intimidad se realiza en primer lugar a través del cuerpo y, gracias a
éste, también a través del lenguaje y de
Es interesante constatar que, en nuestra cultura, la cara y las manos habitualmente están descubiertos. Es por eso que “manifiestan” mejor la propia intimidad. Pero también se expresa la intimidad a través del vestido. Cada uno se presenta ante los demás de determinada manera, según su rol o función social. La personalidad se refleja también en el modo de vestir, en lo que se llama el “estilo”.
Otra forma de manifestar la propia intimidad es el propio hogar. La elección y disposición de los objetos en mi casa, manifiesta quién soy yo. Si yo invito a alguien a mi casa, de alguna manera lo estoy invitando a entrar en mi propia intimidad. Si no, me encuentro con esa persona en la oficina, en el club, en un café o en cualquier otro lugar.
La libertad constitutiva, pues,
consiste en ser una intimidad libre,
un espacio interior que nadie puede
poseer si uno no quiere. Soy independiente, autónomo, puedo estar dentro de mí
y ahí nadie puede apresarme ni quitarme
De esta libertad interior o constitutiva brota la dignidad de la persona humana y por eso es la base de los derechos humanos y de todo el ordenamiento jurídico. En efecto, de ella brotan los derechos a la libertad de opinión y expresión, el derecho a la libertad religiosa (que incluye no sólo creer en un Ser Absoluto, sino también practicar una fe), el derecho a vivir según dicten las propias creencias y convicciones, etc.
La libertad constitutiva es apertura a todo lo real, no estar atado a unos pocos objetos, sino tener una amplitud irrestricta de posibilidades respecto de los objetos que se pueden conocer y de las acciones que se pueden realizar para alcanzarlos.
Sólo puede encarcelarse a un ser libre. Después de la muerte, el castigo más universalmente aplicado al hombre es quitarle la libertad metiéndolo en una prisión, que es una forma de tortura. Esto no se puede hacer sin causa y procedimiento justos. Pero aún en una cárcel, la persona humana sigue siendo libre interiormente.
La libertad constitutiva es también inquietud de libertad, inclinación a autorrealizarse, a alcanzar el fin de la naturaleza humana del modo en que uno decida hacerlo. Es decir que cada uno se mueve a sí mismo hacia donde uno quiere, para alcanzar su propia plenitud. Esta realización y despliegue implica que uno forje un proyecto de vida que encarne aquellos valores que uno busca o ha encontrado. Esto se puede expresar así: “¡Realízate! ¡Sé el que puedes llegar a ser!”
La libertad constitutiva convive con todo lo que uno ya es, es decir con todo lo pre-consciente o inconsciente. Imaginarse que la libertad consiste en una ausencia total de barreras, de límites, es una utopía: una libertad así sencillamente no existe. El hombre tiene cuerpo, historia, nacimiento y lo que podemos llamar “síntesis pasiva”.
La síntesis pasiva es una “síntesis”, es decir un conjunto de elementos biológicos, genéticos, cognitivos, afectivos, educacionales, culturales, etc.; y es “pasiva” porque el hombre recibe esos elementos pasivamente, los lleva consigo cuando comienza su vida consciente y mientras desarrolla ésta. Así por ejemplo, yo no elegí ser varón o mujer, tener o no hermanos, nacer en un país o en otro, ir a una escuela o a otra, etc. Pero sí soy libre de asumir o no asumir esas condiciones en mi proyecto vital. Debo aceptar mis limitaciones porque son el requisito de mis grandezas. La síntesis pasiva, pues, es todo aquello que nos condiciona en nuestro ser y actuar, quizá sin que nosotros seamos conscientes de ello. En nuestro próximo artículo analizaremos la libertad de elección o de arbitrio.
*) Pedro
Gaudiano es Doctor en Teología, profesor de Antropología y Fenomenología de la
Religión en
Nota – Este artículo fue publicado originalmente en: Boletín del CIEF, nº 37, mayo 2006, pp. 10-11.
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San Ignacio de Antioquía decía que una
Iglesia particular que no tuviera los tres órdenes sagrados (Obispos,
Presbíteros y Diáconos) era impensable. Subrayaba además cómo el ministerio del
Diácono no es sino el “ministerio de
Jesucristo, el cual antes de los siglos estaba en el Padre y ha aparecido al
final de los tiempos”. Agregaba: “No
son diáconos para comidas o bebidas, sino ministros de la Iglesia de Dios”.
El 18/07/1967 el Papa Pablo VI publicó el
Motu Propio Sacrum Diaconatus Ordinem,
que contenía normas concretas para el restablecimiento y el 15/08/1972 publicó
el Motu Propio Ad Pascendum que
complementó el antes mencionado.
El Concilio dio testimonio de honor al
Diaconado en
¡Qué bueno que el Pueblo de Dios tenga claro
cuáles son estas funciones! Por ello las vamos a enumerar:
1. Asistir durante las funciones
litúrgicas al Obispo y al Presbítero en todo lo que le compete según las normas
de los diferentes libros rituales.
2. Administrar solemnemente el
bautismo a niños y adultos.
3. Conservar la Eucaristía,
distribuirla a sí y a los demás, llevar el viático a los moribundos e impartir
al pueblo con la sagrada píxide la bendición llamada Eucarística.
4. Asistir a los matrimonios y
bendecirlos en nombre de la Iglesia.
5. Administrar sacramentales,
presidir los ritos fúnebres y sepulcrales.
6. Leer a los fieles los libros
divinos de la Escritura e instruir y animar al pueblo.
7. Presidir los oficios del culto y
las oraciones donde no esté presente el Obispo o el Presbítero
.
8. Dirigir la celebración de la
palabra de Dios, sobretodo cuando falte el Obispo o el Presbítero para hacerlo.
9. Cumplir perfectamente, en nombre
de la Jerarquía, las obligaciones de caridad y administración, así como las
obras de asistencia social.
10. Guiar legítimamente en nombre
del Obispo o del Párroco las Comunidades dispersas.
11. Promover y sostener las
actividades apostólicas de los laicos.
No todas las comunidades eclesiales –quizás
en muchas partes del mundo- han descubierto todas las potencialidades
evangelizadoras del ministerio diaconal.
Algo que a esta altura quisiera resaltar es
que en el caso del Diaconado Permanente de hombres casados, se es diácono desde el matrimonio y no a
pesar de éste o contra éste.
¿Por qué lo precedente? Porque a veces hay
Comunidades que se quejan de que la presencia del Diácono en ella no es, como
El Diácono casado tiene que repartir su
tiempo entre su Familia, su Trabajo (salvo que esté jubilado y muchas veces aún
así debe buscar quehaceres que le complementen ingresos) y el trabajo Eclesial.
Es el famoso trípode del que siempre hemos hablado: Familia, Trabajo, Iglesia.
Y en todas partes se es diácono.
Gracias a Dios, y lo que prueba que es su
voluntad, tanto por el apoyo y la valorización que la Jerarquía hace de este
ministerio (recientemente el Papa Benedicto XVI dirigiéndose a sus diáconos
romanos los llamó Servidores de la Verdad), los Arzobispos y Obispos de
muchísimas diócesis del mundo, los hermanos Presbíteros y sobre todo el diálogo
cada vez más profundo, sincero y abierto con los Seminaristas, van haciendo
desaparecer las tensiones que pudieron en algún momento dificultar en la
práctica la acción pastoral o pretender reducirla a muy poca cosa, y todos
vamos descubriendo y aprendiendo que nuestros ministerios son complementarios,
no opuestos.
Por la imposición de manos del Obispo, el
Diácono Permanente es creado como ministro ordenado, por lo tanto no será
Obispo ni Presbítero, pero tampoco laico, sino clérigo (Canon 266) y su
ministerio es triple: de la Palabra, de la Liturgia y de la Caridad, oficios
éstos que giran en torno a Cristo servidor. Presbíteros y Diáconos son como dos
brazos del Obispo, cada uno con sus funciones propias y complementarias, ya que
sólo el Obispo tiene la plenitud del orden sagrado y es el centro de la vida de
la Iglesia particular.
Sería deseable por cierto que en todo el
mundo, y quizás hasta por expresa disposición Jerárquica, cuando se eleven
oraciones al Señor por las vocaciones, se incluyan siempre las Sacerdotales,
Diaconales, Religiosas, de especial Consagración y ¿por qué no al Matrimonio si
éste es una vocación concreta a la cual está llamada la mayoría del pueblo de
Dios? (Actualmente hay tantos que atentan contra la vida matrimonial
pretendiendo que “todo vale”).
Es preciso que todo el Pueblo de Dios
insistentemente ore por las vocaciones Sacerdotales, pues ¿que haríamos si nos
faltan quienes “hagan la Eucaristía”, quienes nos reconcilien con Dios, con la
Comunidad y con nosotros mismos, quienes administren
A quienes lean este artículo les digo: No tengan miedo, cuando un Diácono
Permanente o Transitorio proclama el Evangelio o predica y enseña es voz de
Cristo, Dios y hombre verdadero, pues ha recibido del Obispo el oficio de
proclamarlo, predicarlo, anunciarlo en las asambleas, debiendo convertirlo en
fe viva, enseñarlo y cumplirlo. Son mensajeros del Evangelio.
La ordenación diaconal confiere el Espíritu
de los siete dones, el de sabiduría e inteligencia, el de consejo y fortaleza,
el de ciencia, el de piedad y del santo temor de Dios. Pueden entonces recurrir
a un Diácono en búsqueda de consejo, de dirección espiritual, de consuelo, no
de confesión ni reconciliación, porque ésta está reservada al primer y segundo
orden (Obispos y Presbíteros).
Oren hermanos y hermanas para que todos los
Diáconos (transitorios o permanentes) del mundo se conviertan en agentes de
paz, de armonía, de justicia, ya que tenemos en virtud del oficio diaconal la
responsabilidad de promover y buscar el Reino de Dios y su justicia,
respondiendo a la consagración a ser de por vida, sacramento, signo vivo y
eficaz, del misterio de servicio de Cristo en su Iglesia, signos visibles de
Cristo servidor en este mundo.
Que María Santísima nos conceda la merced de
ser fieles testigos de su Hijo, servidores en la Iglesia por Él fundada.
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No se debe legalizar la infidelidad conyugal
Comunicado Nº 2/06
Comisión Arquidiocesana de Bioética de Montevideo
Con verdadero asombro tomamos conocimiento de la
existencia de un proyecto de ley en la Cámara de Diputados por el que se legaliza en determinadas circunstancias
la infidelidad conyugal. Se propone cambiar el texto del Art. 127 del
Código Civil estableciendo: “cesa el
deber de fidelidad por la separación de hecho de forma interrumpida y
voluntaria de por lo menos uno de los cónyuges por más de 60 días”. Los
argumentos dados para la reforma son el de que “hay que acompasar los cambios de la sociedad” y es necesario “aggiornar” el Código Civil.
En esta descabellada propuesta legislativa, por
cierto (hasta donde llega nuestra información) carente de antecedentes en el
derecho comparado, se incurre en gruesos errores de tipo jurídico y filosófico.
Desde el punto de vista jurídico se dan diversas
incoherencias:
A. Después del día 60 los
esposos siguen casados sin que esté vigente el deber de fidelidad pues éste ha
cesado, o sea, se implanta una verdadera
“patente para la infidelidad”. Así estamos ante un matrimonio “sui generis” que puede vivir en la
infidelidad, lo que supone en sí una verdadera subversión o atentado no sólo al
orden natural sino a la misma racionabilidad y lógica jurídica, teniendo en
cuenta que la esencia misma del matrimonio, aun desde antes de Cristo, está en
la permanencia del vínculo y la fidelidad.
B. En ningún momento se
prevé que si el matrimonio vuelve a su vida normal después de los 60 días
termina la “patente para la infidelidad”,
por lo que, como dijimos, permanece el vínculo matrimonial sin deber de
fidelidad, lo que es como un verdadero “títere sin cabeza”.
C. Se incurre en una grave
incoherencia al dejar el adulterio como causal vigente de divorcio (Art. 148.l
del CC) y, por otro lado, legalizar la coexistencia de la relación matrimonial
y la “patente para la infidelidad”
después de los 60 días.
D. Se comete otra
incoherencia en dejar vigente el Art. 183 del CC, que establece la pérdida de
la pensión alimenticia si después del divorcio se lleva una vida desarreglada
y, por otro lado, ya desde la vigencia de la relación matrimonial se autoriza
en estos casos la infidelidad conyugal.
No podemos olvidar que en el respeto del deber
natural de fidelidad está involucrado no sólo el honor del cónyuge sino el
respeto por los hijos y la misma familia. Ésta se encuentra fundada en el
matrimonio y éste a su vez está sustentado en la fidelidad y la estabilidad del
vínculo. Constituye además un principio de orden público internacional uruguayo
el matrimonio monogámico, basado naturalmente en la unicidad y fidelidad del
vínculo, que lleva a desconocer por esa excepción a la aplicación del derecho
extranjero regularmente aplicable, la validez de matrimonios poligámicos,
celebrados en el extranjero, en nuestro ordenamiento jurídico. Esto no es un
capricho o invento de la Iglesia sino una realidad impuesta por la misma
naturaleza humana. Configura una verdadera subversión contra la naturaleza y la
familia pretender que coexistan la relación matrimonial y la autorización para
la infidelidad.
Claramente se pretende lograr un caudal político
con la simpatía de los partidarios del amor libre, del libertinaje sexual y de
todos los que hicieron de la infidelidad fuente de cobardes trofeos e
instrumento de deshonra para la(el) esposa(o) y de
verdadera destrucción para los hijos y la misma familia.
Una vez más vemos con tristeza que además se usa
el posible aumento de casos de infidelidad como argumento para justificar la
legalización de lo que es francamente incorrecto. Al igual que lo que ocurrió
con el homicidio del aborto, como en la sociedad había muchos en lugar de
analizar cómo reducirlos lo que se propuso fue legalizarlo. Por este camino,
como existen muchos robos sería bueno legalizar la rapiña para evitar los
delitos. Como se advierte, son argumentos realmente absurdos.
Esta propuesta legislativa, lejos de “aggiornar” al Código Civil, de aprobarse
le impondrá una mancha sin precedentes, como la que se pretendió lograr cuando
en el proyecto de ley de aborto se calificó a éste como acto médico. Único país
en el mundo al que se le ocurren semejantes locuras. Tampoco es verdad que sea
necesario acompasar los tiempos pues la infidelidad no es ni será una novedad.
Lo que realmente sí es una novedad absurda es que se pretenda legalizar la
infidelidad.
Sin duda no vamos por buen camino. Días pasados
se proponía reglamentar el delito de aborto, cuando bien se sabe que los delitos no se reglamentan. Hoy se
propone patentizar la infidelidad
dentro de la vida matrimonial cuando bien sabemos que la esencia misma de esta
relación humana sustancial se sustenta en la misma fidelidad. No sabemos con
qué otro dislate nos encontraremos la semana entrante. Resulta realmente
preocupante la involución de los valores que, al parecer, pretenden imponer
ciertos legisladores en nuestra sociedad.
Montevideo,
8 de mayo de 2006.
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El
embrión humano es persona en la fase de la preimplantación
Comunicado Nº 3/06
Comisión Arquidiocesana de Bioética de Montevideo
Con fecha 29 de abril de 2006, se publicó
La gran importancia del tema, desde un punto de vista esencialmente práctico, está marcada por el hecho de que algunas personas procuran desconocer los derechos personales del embrión en las primeras etapas de su vida, para manipularlo con criterios utilitaristas y economicistas, disponiendo así de él con total impunidad. El utilitarismo señalado se relaciona con actos tales como: la clonación terapéutica con el fin de “utilizar” embriones para extraer de él células madre; la congelación de embriones denominados “sobrantes”, en los procesos de fecundación “in vitro”; el uso de diferentes métodos abortígenos, como la denominada píldora del día después; la práctica de procedimientos eugenésicos, guiados por el diagnóstico preimplantacional, que selecciona el sexo u otras características personales, para elegir y desechar embriones, como si fuesen cosas y no personas.
Como se advierte, en todos estos temas está sustancialmente
interesada la bioética, el derecho, la economía y otras disciplinas
relacionadas con los derechos humanos poseídos en titularidad, desde la
concepción hasta
En el referido Congreso, en el que participaron miembros de esta Comisión Arquidiocesana y en el que estuvieron presentes además científicos católicos y no católicos de reconocido nivel internacional, se debatieron las distintas posturas y se priorizó con respaldo científico el hecho hoy incuestionable de que:
a) la vida humana comienza con la concepción;
b) se
es persona desde que se tiene vida humana, no existiendo etapas anteriores
denominadas eufemísticamente “preembrión” o “prepersona”.
Se entendieron como aspectos científicos reconocidos universalmente que:
A) la existencia de un nuevo ser humano se inicia con la penetración del espermatozoide en el ovocito;
B) a partir de la fecundación tiene lugar una serie de acontecimientos articulados, que culminan con la formación del cigoto;
C) desde el mismo instante de la concepción el cigoto ya tiene las propiedades de autonomía, continuidad y gradualidad para su desarrollo, por lo que constituye un organismo en acto. Ninguna de las etapas de su desarrollo, tampoco la primera, condicionará su carácter personal: no será más ni menos persona, como cigoto, como pre-escolar o pre-universitario.
Las investigaciones que se están llevando a cabo en los últimos tiempos, no hacen más que aportar pruebas de esta realidad, con el que se inicia su historia personal, sin solución de continuidad durante todo su desarrollo, hasta la muerte.
En concreto, puede afirmarse que el embrión humano en la fase preimplantatoria es:
a) un ser de la especie humana;
b) un ser individual;
c) un ser personal, en el inicio de una sucesión gradual y continuada de etapas de desarrollo. Este carácter personal es esencial al ser humano, y es “actual” durante toda su vida, con independencia de que sus potencias o facultades (también intelectuales), puedan impedir su expresión, ya sea por inmadurez o por enfermedad.
La conclusión final del Congreso fue la de que no existe ninguna razón significativa para negar que el embrión sea persona en la fase preimplantatoria. Por el contrario, todas las evidencias científicas confirman que el cigoto debe considerarse un individuo personal, porque su historia no presenta interrupciones en el tiempo de su desarrollo.
Desde el punto de vista moral, por encima de cualquier consideración sobre la personalidad del embrión, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano (y sería suficiente incluso la duda de encontrarse en su presencia), exige el pleno respeto de su integridad y dignidad. Todo comportamiento que de algún modo pueda constituir una amenaza o una ofensa a sus derechos fundamentales (el primero de los cuales es el derecho a la vida), ha de considerarse gravemente inmoral.
Después de todo lo expuesto, queda muy claro que el aborto en todas sus versiones, quirúrgica, química o mecánica; la reproducción artificial; la clonación que destruya células embrionales; el uso de abortivos tales como la llamada píldora del día después; el dispositivo intrauterino (DIU); y los anticonceptivos que impiden la anidación uterina del embrión, provocando su aborto, son prácticas francamente inmorales.
Es conveniente recordar que
Queda claro en virtud de todo lo antes expuesto, que el embrión humano, desde que existe, debe ser considerado como un individuo personal.
Por ello,
Montevideo, 15 de mayo de 2006.
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Compendio del Catecismo de la
Iglesia Católica, nn. 161 al 164.
161. ¿Por qué la Iglesia
es una?
La Iglesia es una porque tiene como origen y modelo
la unidad de un solo Dios en la Trinidad de las Personas; como fundador y
cabeza a Jesucristo, que restablece la unidad de todos los pueblos en un solo
cuerpo; como alma al Espíritu Santo, que une a todos los fieles en la comunión
en Cristo. La Iglesia tiene una sola fe, una sola vida sacramental, una única
sucesión apostólica, una común esperanza y la misma caridad.
162. ¿Dónde
subsiste
163. ¿Cómo
se debe considerar entonces a los cristianos no católicos?
En las Iglesias y comunidades eclesiales que se
separaron de la plena comunión con la Iglesia católica se hallan muchos
elementos de santificación y verdad. Todos estos bienes proceden de Cristo e
impulsan hacia la unidad católica. Los miembros de estas Iglesias y comunidades
se incorporan a Cristo en el Bautismo; por ello los reconocemos como hermanos.
164. ¿Cómo
comprometerse a favor de la unidad de los cristianos?
El deseo de restablecer la unión de todos los
cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu; concierne a toda
la Iglesia y se actúa mediante la conversión del corazón, la oración, el
recíproco conocimiento fraterno y el diálogo teológico.
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Andrea Riccardi y la Comunidad de San Egidio
Paloma Gómez Borrero
Hacía quince años que se libraba en Mozambique una guerra civil cruel e interminable. El FRELIMO, el partido en el poder, y los guerrilleros de la RENAMO luchaban encarnizadamente y la mayoría de las víctimas, como siempre, eran los habitantes de las aldeas. Inocentes entre dos fuegos, pues como dice el proverbio africano, “cuando dos elefantes luchan, quien sufre es la hierba”. Las Naciones Unidas mediaban en el conflicto sin éxito, tratando de acabar con tanto odio y violencia. En Roma, en un antiguo monasterio carmelita del barrio del Trastevere, la comunidad eclesial de San Egidio perseguía el mismo objetivo. Su lema “junto a los pobres sin fronteras” ilustra su diplomacia paralela, casi podríamos llamarla freelance, hecha de oración y diálogo, de constancia y fe. Mientras organizaban encuentros de plegarias por la paz, durante dos años, unas veces en Roma y otras en Maputo, se sentaron a la misma mesa con las delegaciones rivales. San Egidio demostró lo que afirma Juan Pablo II: que “la paz es posible, la paz es un don que nos ha traído Cristo. Nuestro mundo puede cambiar y no es esclavo de un futuro inevitable”.
Lo que no consiguieron los líderes políticos del Palacio de Cristal neoyorquino, lo logró esta comunidad eclesial que vive la propia fidelidad al Evangelio en el servicio a los más pobres. Lo logró, a fin de cuentas, “la diplomacia del corazón”.
A partir de la paz en Mozambique, a San Egidio la llaman “la ONU del Trastevere”: a su forma de intervenir en los conflictos, Butros-Ghali la definió como “la fórmula de Roma”; y Madeleine Albright calificó a la comunidad de “a wonderful people” (una gente maravillosa).
San Egidio no se detuvo en Mozambique; serán heraldos de paz en todos aquellos puntos candentes del tablero mundial. Paracaídas de paz destinado a zonas del planeta como Argelia, Albania, Kosovo, Ruanda, Burundi, Oriente Medio o Yugoslavia, que se están precipitando en caída libre hacia el abismo de la guerra.
¿Quién ha hecho posible este milagro? Esto se preguntan quienes oyen hablar por vez primera de la Comunidad de San Egidio.
El movimiento nació en 1968, en plena protesta estudiantil, en una famosa escuela romana, el Liceo Virgilio. Andrea Riccardi, un estudiante de dieciocho años, con ascendente y carisma sobre sus compañeros, decidió organizar encuentros en una sala junto al oratorio de San Felipe Neri, a los que acudían jóvenes como él, que se interrogaban sobre la pobreza y la dificultad de vivir en una gran ciudad. Acababa de terminar el Concilio Vaticano II y el clima era propicio a las discusiones y los proyectos. Los estudiantes en torno a Andrea Riccardi deciden aplicar el Evangelio a la vida cotidiana y dedicar tiempo y energías a los desheredados de Roma. Y descubren que el Tercer Mundo está a pocos pasos de la puerta de casa…
El germen de la aventura
internacional nace en los barrios de los marginados. Del cinturón de pobreza de
El trabajo por la paz y el
diálogo interreligioso es otra de las múltiples actividades de
Por la pequeña puerta de la sede
de la comunidad, en la trasteverina plaza de San Egidio, han entrado políticos,
jefes de Estado, de Gobierno, altos prelados… En 1975 les visitó el rector de
En el 25º aniversario de la
fundación, fue Juan Pablo II quien puso el broche de oro a un cuarto de siglo
“a lo San Egidio”. El Papa también entró por la puertecilla lateral del viejo
convento, para confirmar con sus palabras la misión encomendada. “No tenéis -les dijo- más objetivo que el de la Caridad.”
Con ocasión de las bodas de plata
de la congregación, al profesor Riccardi le enviaron una carta de felicitación los
responsables de las más importantes órdenes religiosas, jesuitas, benedictinos,
dominicos: “Muchos habrán pensado que
estabais locos, pero al final vosotros teníais razón. Gracias por lo que sois.”
El 7 de febrero, en la basílica
de San Juan de Letrán, el cardenal vicario de Roma, Camilo Ruini, celebró la
misa por el 33º aniversario de
El semanario norteamericano Time ha encabezado con el nombre de
Andrea Riccardi la lista de los diez italianos más destacados del siglo XX, un
decálogo en el que figuran nombres como Gianni Agnelli y Susanna Tamaro. Son “los diez magníficos que de una infinidad de
maneras conducen a Italia, il Bel Paese, hacia el nuevo milenio”.
Fuente: Andrea Riccardi, San Egidio, Roma y el mundo, Plaza & Janés Editores S.A., Barcelona 2001, Prólogo de Paloma Gómez Borrero, pp. I-IV.
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Veni, creátor Spíritus,
mentes tuórum vísita,
imple superna gratia,
quae tu creasti péctora.
Qui díceris Paráclitus,
altíssimi donum Dei,
fons vivus, ignis, cáritas,
et spiritalis unctio.
Tu septiformis múnere,
dígitus paternae déxterae,
tu rite promíssum Patris,
sermone ditans gúttura.
Accende lumen sénsibus,
infunde amórem córdibus,
infirma nostri córporis
virtute firmans pérpeti.
Hóstem repellas longius
pacemque dones prótinus;
ductore sic te praevio
vitemus omne nóxium.
Per Te sciamus da Pátrem
noscamus atque Fílium,
teque utriusque Spíritum
credamus omni témpore.
Deo Patri sit gloria,
et Filio, qui a mortuis
surréxit, ac Paráclito,
in saeculórum saécula. Amen.
***
Ven, Espíritu creador,
visita las almas de tus fieles,
llena con tu divina gracia
los corazones que creaste.
Tú, a quien llamamos Paráclito,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, dedo de la diestra del Padre;
Tú, fiel promesa del Padre
que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos,
Infunde tu amor en nuestros corazones
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé nuestro director y guía
para que evitemos todo mal.
Por Ti conozcamos al Padre,
al Hijo revélanos también;
Creamos en Ti, Su Espíritu
por los siglos de los siglos.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo, que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, Apéndice, A) Oraciones comunes.
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