Fe y Razón
Revista virtual de suscripción gratuita
Nº 1 – Marzo de 2006
“Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”
“Toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Santo Tomás de Aquino)
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Lo invitamos a visitar “Fe y Razón” con frecuencia.
Equipo de Dirección: Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias.
Colaboradores: Dr. Carlos Alvarez Cozzi, R. P. Lic. Horacio Bojorge, Pbro. Eliomar Carrara, Dr. Eduardo Casanova, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Dra. María Lourdes González, Dr. Gustavo Ordoqui Castilla, Sr. Miguel Pastorino, Dra. Dolores Torrado.
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Editorial |
Una nueva revista virtual uruguaya al servicio de la evangelización de la cultura |
Equipo de Dirección |
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Tema central |
Lic. Néstor Martínez |
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Tema central |
Ing. Daniel Iglesias |
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Tema central |
Ing. Daniel Iglesias |
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Doctrina social |
Prof. Dr. Carlos Alvarez Cozzi |
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Doctrina social |
La doctrina social de la Iglesia no es sólo para los católicos |
Zenit |
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Doctrina social |
El Foro Ético Mundial (México - 27, 28 y 29 de enero de 2006) |
Foro Ético Mundial |
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Doctrina social |
El Foro Ético Mundial pide que la familia sea declarada patrimonio de la humanidad |
ACI Prensa |
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Documentos |
Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica |
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Reseñas |
Pascual Santos |
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Oración |
Papa Juan Pablo II |
Una nueva revista virtual uruguaya
al servicio de la evangelización de la cultura
El Equipo de Dirección
Desde 1999 tres católicos uruguayos (Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez, Ing. Daniel Iglesias) desarrollamos el sitio web de teología y filosofía "Fe y Razón", con el propósito de contribuir a la evangelización de la cultura en fidelidad al Magisterio de la Iglesia y de difundir la obra de grandes pensadores cristianos (Santo Tomás de Aquino, G. K. Chesterton y muchos otros).
Entre los colaboradores habituales de "Fe y Razón" destacamos al Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica, al R. P. Lic. Horacio Bojorge SJ, Presidente de la Sección Uruguay de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA) y a la difunta Prof. María Cristina Araújo, primera Directora de la SITA Uruguay.
Con la ayuda de Dios, "Fe y Razón" ha alcanzado los siguientes logros:
· 30.000 páginas visitadas y 15.000 visitantes distintos por mes (de casi todos los países de habla hispana).
· Lugar Nº 1 en Google (en una lista de 60.000 páginas web) en una búsqueda con las palabras clave "Fe y Razón".
· En 2003 una encuesta del portal Catholic.net incluyó a "Fe y Razón" en una lista de los doce portales católicos favoritos del mundo de habla hispana, junto al sitio oficial de la Santa Sede y a prestigiosos portales como el propio Catholic.net, Encuentra.com, etc.
En este año de gracia 2006 tenemos el agrado y la alegría de dar un paso más, por medio de la publicación de la Revista Virtual "Fe y Razón", con suscripción gratuita y periodicidad mensual. Esperamos que esta revista permita acercar a "Fe y Razón" a nuevos lectores (especialmente en nuestro propio país) y establecer con ellos un intercambio más fluido e interactivo.
Para el proyecto de la revista virtual, a los tres fundadores de "Fe y Razón" (que forman el equipo de dirección) se han sumado varios destacados colaboradores: R. P. Horacio Bojorge, Dr. Gustavo Ordoqui, Dr. Carlos Alvarez Cozzi, Dra. María Lourdes González, Dr. Eduardo Casanova, Dra. Dolores Torrado, Pbro. Eliomar Carrara, Ing. Agr. Álvaro Fernández, Sr. Miguel Pastorino. A todos ellos les damos la bienvenida a este proyecto y les expresamos nuestro agradecimiento por su valioso apoyo.
Rogamos al Señor que la Revista Virtual “Fe y Razón”, que hoy damos a luz, pueda hacer en los años sucesivos, desde la perspectiva de la fe católica y con humildad, un aporte positivo a nuestra cultura, marcada tan fuertemente por el secularismo. A través de Internet, este nuevo medio de comunicación social que abre tantas perspectivas para la democratización de la información, queremos contribuir a la formación cristiana continua de los fieles laicos y al fortalecimiento de la presencia católica en el espacio público.
La revista virtual “Fe y Razón”, al igual que el sitio web homónimo, no está dirigida únicamente a lectores católicos. Todos los lectores son bienvenidos, sean cuales sean sus creencias u opiniones en materia religiosa. Queremos que “Fe y Razón” (sitio web y revista virtual) sea un espacio de diálogo con católicos, cristianos no católicos, creyentes no cristianos y no creyentes. Con respeto y confianza, trataremos de proponer a todos las verdades conocidas por la fe en la Divina Revelación y por la razón humana, intentando poner de relieve la credibilidad de la fe católica.
En esta Santa Cuaresma pedimos para todos nuestros lectores, suscriptores y colaboradores la bendición de Dios todopoderoso y eterno, Padre rico en misericordia.
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Lic. Néstor Martínez
En nuestros tiempos se ha vuelto a poner de moda la reencarnación. Dejando de lado otros aspectos, queremos mostrar aquí que la reencarnación es filosóficamente imposible, si partimos de la base de una antropología cristiana, que por otra parte, se sitúa en continuidad con la sana y recta antropología filosófica.
La persona que cree en la reencarnación puede llegar a decir, por ejemplo: "Yo fui Julio César". Se le objeta que él y Julio César son evidentemente dos personas distintas, porque él vive en el siglo XXI, cuando Julio César ha muerto, y Julio César es del siglo I antes de Cristo, cuando él no había nacido, y que por tanto está afirmando algo imposible, porque contradictorio, a saber, que al menos durante la vida de Julio César dos personas distintas fueron la misma persona. Lo cual es contradictorio por las definiciones mismas de "distinto" y "mismo".
Pero él responde que ni Julio César ha muerto totalmente, ni él era totalmente no nacido en tiempos de Julio César. Es decir, el alma es la misma, es el cuerpo lo que es diferente. Dos personas distintas en cuanto al cuerpo pueden ser la misma persona en cuanto al alma: no hay contradicción. El alma que ocupaba el cuerpo de Julio César ha pasado a ocupar el cuerpo que ahora es de esta persona: eso es justamente, nos dirá, la reencarnación. "Yo fui Julio César" significa que lo fui en cuanto al alma, no en cuanto al cuerpo. Por eso puedo decir a la vez "Yo", que implica identidad, y "fui", que por estar en pasado, implica distinción.
Podríamos responder que eso es posible, si aceptamos que el cuerpo es algo que existe por sí mismo, independientemente del alma. O sea, si aceptamos el dualismo antropológico, tal como es frecuente en la filosofía hindú, y tal como se encuentra, también, en Platón o en Descartes. Para esta tesis, alma y cuerpo se distinguen como dos sustancias completas, independientes una de la otra. Entonces la unión entre alma y cuerpo sería accidental, como la unión entre el jinete y el caballo, diría Platón. Y nada impediría que el jinete, es decir, el alma, pasase de un caballo a otro, es decir, de un cuerpo a otro.
Pero el dualismo antropológico es contrario a la vez a la fe cristiana y a la recta razón filosófica. Para el dualismo, como el hombre es evidentemente una realidad sustancial unitaria, es necesario identificar al hombre con el alma, que de esas dos supuestas sustancias diferentes, es la que aporta lo específicamente humano, o sea, la razón, la voluntad, etc. Pero eso contradice por un lado la fe cristiana, porque el Hijo de Dios, al hacerse hombre, asumió un cuerpo real, capaz de sufrir y morir, y resucitó en su cuerpo verdadero, que lleva las marcas de los clavos y la lanzada. Y a nosotros se nos promete la resurrección de nuestros cuerpos. La unión del alma con el cuerpo, entonces, para la fe cristiana, no es accidental, sino sustancial, es decir, ambos son aspectos esenciales de la realidad de la persona humana.
Contradice por otra parte a la recta razón filosófica. El alma es el principio de vida en el ser vivo, es lo que lo hace estar vivo. Y el ser vivo no es él mismo independientemente de su vida: un perro muerto no es un perro, sino un cadáver. Luego, el alma es lo que le da al ser vivo su ser, simplemente hablando. Pero la vida del hombre no termina en lo puramente espiritual: abarca también lo corporal. El alma humana, por tanto, da también al cuerpo humano la vida, y por tanto, el ser. Luego, el cuerpo humano no puede existir separado del alma: lo que existe separado del alma es el cadáver. Por tanto, es imposible que el alma pase de un cuerpo a otro como separándose de cuerpos que seguirían existiendo separados de ella.
Sin embargo, tal vez el partidario de la reencarnación nos dirá que no es eso lo que él afirma. El cuerpo humano deja de existir como tal con la muerte, es decir, la separación del alma: se convierte en cadáver. Y el nuevo cuerpo que asume esa alma no existe antes de la asunción misma: en el mismo instante en que comienza a existir, recibe esa alma preexistente. En ningún momento hay un cuerpo humano existiendo sin su alma.
Bien, pero entonces notemos que estamos ante un reencarnacionista no dualista, que acepta la unidad sustancial de cuerpo y alma en el hombre. Sin embargo, esa unidad sustancial va unida a un corolario que el reencarnacionismo no puede integrar: la unicidad de la persona humana compuesta de alma y cuerpo.
En efecto, para la tesis de la unidad sustancial entre alma y cuerpo en el hombre, el cuerpo no es una parte accidental de la persona, sino esencial. Bien entendido, ni siquiera es una parte, sino que es toda la persona. En efecto, la persona es la "sustancia individual de naturaleza racional", pero en los seres materiales, la sustancia no es la forma (en este caso, el alma) sola, es la forma unida a la materia. Y el cuerpo es el resultante de los dos, es decir, la sustancia corpórea misma. Esto quiere decir que el cuerpo animado por el alma racional es la persona. Ser una persona distinta "solamente en cuanto al cuerpo", entonces, es ser otra persona, simplemente hablando.
Santo Tomás de Aquino sostiene coherentemente esta posición hasta el punto de decir que el alma separada del cuerpo tras la muerte no es "persona humana". El cuerpo es integrante esencial de la persona como tal. Y como la persona es una realidad individual, se está hablando aquí del cuerpo individual, concreto. Otro cuerpo, entonces, significa otra persona.
Pero entonces, volvemos a lo del principio: al decir "Yo fui Julio César en cuanto al alma, no en cuanto al cuerpo", estamos afirmando la identidad, al menos durante la vida de Julio César, de dos personas distintas, lo que es absurdo. Por eso la reencarnación es imposible filosóficamente hablando.
No vale aquí la distinción "lo fui en cuanto al alma, no en cuanto al cuerpo", no sólo porque, como acabamos de ver, la distinción de cuerpos lleva necesariamente a la distinción de personas, sino porque además, en el reencarnacionismo, la palabra "yo" no tiene finalmente sentido alguno.
En efecto, si "yo" significa solamente el alma, entonces no es verdad que alguien pueda decir "Yo fui Julio César", habría que decir que "Yo soy Julio César", porque por hipótesis el alma es la misma. Y encima, tampoco se podría decir "Yo soy Julio César", porque con la misma razón se podría decir "Yo soy Pepe", es decir, el que ahora soy. Se trataría de un "alma sin nombre", es decir, sin personalidad definida. Es decir, no habría un "yo". A no ser que se diga que el alma tiene su personalidad propia totalmente aparte del cuerpo. Pero entonces ¿para qué las sucesivas reencarnaciones? ¿No se supone que es justamente para ir formando nuestra personalidad? ¿Y cómo será eso si el cuerpo no es parte de la misma?
Y si el "yo" es el alma unida al cuerpo, el compuesto de ambos, tampoco es verdad que alguien pueda decir "Yo fui Julio César en cuanto al alma, no al cuerpo", porque en esta hipótesis no se tiene un "yo" hasta que se tiene un cuerpo determinado. Y entonces, no es el mismo compuesto, ni por tanto tampoco el mismo "yo", ya que el cuerpo en ambos casos es, por hipótesis, distinto. Pero al decir "Yo fui Julio César" estamos identificando, al menos para un tiempo pasado, nuestro "yo" con el de Julio César.
La doctrina de la reencarnación, por tanto, significa negar la persona humana, e ignorar el valor único del individuo concreto, y su dignidad también única. Es incompatible con la fe cristiana, que basa su aprecio y valoración positiva del cuerpo y de la materia en el dogma de la Creación de todas las cosas por Dios, en el dogma de la Encarnación del Verbo de Dios y en el dogma de la Resurrección de la carne para la Vida Eterna.
Terminemos entonces constatando las semejanzas y diferencias entre la reencarnación y la resurrección. La semejanza está en que en ambas doctrinas, el alma que se ha separado de un cuerpo por la muerte, vuelve a unirse a un cuerpo.
La diferencia fundamental, además de que para la reencarnación la unión con el nuevo cuerpo supone una concepción o gestación de ese cuerpo, mientras que en la resurrección la unión se da con el mismo cuerpo del que el alma se separó por la muerte, sin concepción ni gestación alguna, está en que en el caso de la reencarnación, el resultado es una persona distinta, lo cual además lleva a contradicción, como ya vimos, o al dualismo antropológico, mientras que en la resurrección, el resultado es la misma persona, tanto respecto del alma como respecto del cuerpo, lo cual no contradice, al menos, a la recta razón.
Por lo que toca a la resurrección, el alma humana no tiene naturalmente el poder de unirse por sí sola nuevamente al cuerpo del que ha salido. La reunión del alma, después de la muerte, con su propio cuerpo, es un don sobrenatural del poder divino. Ello no es obra de ninguna ley impersonal ni necesaria de la naturaleza, sino de la libre iniciativa y el querer de Dios. Así como sólo Dios, el Señor de la vida y de la muerte, puede crear, si quiere, al ser humano viviente, así también sólo él puede recuperarlo, si quiere, de la muerte.
La reencarnación también significa olvidar la absoluta seriedad y el carácter definitivo de esta única vida que vivimos en esta tierra, en la cual nuestras opciones libres deciden nuestro destino, feliz o desgraciado, para toda la Eternidad.
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El propósito de este artículo es mostrar que la creencia en la reencarnación carece de fundamentos teológicos, filosóficos o científicos válidos. Para un análisis breve y certero del reencarnacionismo remitimos al documento de la Comisión Teológica Internacional del año 1990 denominado “Algunas cuestiones con respecto a la Escatología” (Capítulo 9 – El carácter único y la unicidad de la vida humana. Los problemas de la reencarnación).
La mayor parte de las reflexiones siguientes constituyen un resumen del libro: Paul Siwek SJ, La réincarnation des esprits, Desclée, De Brouwer et Cie, Rio de Janeiro 1942.
1. Argumentos teológicos.
Las religiones de origen oriental que incluyen la creencia en la reencarnación no están basadas en una revelación divina. No hay pues en ellas verdadera teología sobrenatural. Su creencia en la reencarnación es más bien un postulado asumido acríticamente desde el punto de partida. Sin embargo, dado que algunos partidarios de la reencarnación pretenden encontrar apoyo para su creencia en el cristianismo, consideraremos la relación entre la reencarnación y la teología cristiana.
a) El testimonio de la Sagrada Escritura.
i) En la enseñanza de Jesús encontramos un rechazo implícito pero muy claro de la ley del Karma, cimiento de todo el edificio reencarnacionista: “Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: “Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?” Respondió Jesús: “Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios” (Juan 9,1-3).
ii) La Epístola a los Hebreos afirma formalmente que los seres humanos tienen una sola vida terrena: “Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez, sin relación ya con el pecado, a los que le esperan para su salvación.” (Hebreos 9,27-28).
b) El testimonio de la Tradición de la Iglesia.
La Iglesia Católica ha rechazado siempre la creencia en la reencarnación, lo cual se manifiesta a través del testimonio de los Padres de la Iglesia y los demás escritores eclesiásticos de la Antigüedad. En efecto, es posible constatar que San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio de Nisa, San Gregorio de Nacianzo, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Cirilo, San Justino, San Ireneo, Tertuliano, San Clemente de Alejandría, Orígenes, San Hipólito y otros doctores cristianos de los primeros siglos de nuestra era rechazaron explícitamente en sus escritos la creencia en la reencarnación.
c) El testimonio del Magisterio vivo de la Iglesia.
El Símbolo de los Apóstoles, fórmula sintética de la fe cristiana, contiene esta afirmación: “Creo en la resurrección de la carne”.
i) Veamos cómo se explica este artículo de la fe cristiana en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, de reciente publicación:
“¿Qué significa la expresión “resurrección de la carne”?
La expresión “resurrección de la carne” significa que el estado definitivo del hombre no será solamente el alma espiritual separada del cuerpo, sino que también nuestros cuerpos mortales un día volverán a tener vida.
¿Qué relación existe entre la resurrección de Cristo y la nuestra?
Así como Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos y vive para siempre, así también Él resucitará a todos en el último día, con un cuerpo incorruptible: “los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” (Juan 5,29).
¿Qué sucede con la muerte a nuestro cuerpo y a nuestra alma?
Con la muerte, que es separación del alma y del cuerpo, éste cae en la corrupción, mientras el alma, que es inmortal, va al encuentro del juicio de Dios y espera volverse a unir al cuerpo, cuando éste resurja transformado en la segunda venida del Señor. Comprender cómo tendrá lugar la resurrección sobrepasa la posibilidad de nuestra imaginación y entendimiento.” (Catecismo de la Iglesia Católica – Compendio, nn. 203-205; cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 988-1004; 1016-1018).
Es evidente que este artículo fundamental del credo cristiano es totalmente incompatible con los sistemas religiosos y filosóficos que postulan la reencarnación (hinduismo, budismo, teosofía, etc.).
ii) Además el citado Catecismo, en innegable continuidad con toda la Tradición eclesial, descarta explícitamente la reencarnación:
“La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena” (Concilio Vaticano II, constitución Lumen Gentium, n. 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. “Está establecido que los hombres mueran una sola vez” (Hebreos 9,27). No hay “reencarnación” después de la muerte.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1013).
d) La reencarnación y los dogmas cristianos.
En general la creencia en la reencarnación supone el panteísmo, que contradice absolutamente al monoteísmo bíblico.
Ya hemos visto que el reencarnacionismo contradice la fe cristiana en la resurrección de la carne; pero además dicho sistema contradice radicalmente muchos otros dogmas cristianos: el carácter indeleble del Bautismo, el juicio particular inmediatamente después de la muerte, el juicio final en el fin de los tiempos, la existencia del Purgatorio, la existencia del Infierno, etc. No hay en él lugar alguno para la doctrina cristiana sobre la Encarnación, la Redención, la Gracia, la Iglesia, los sacramentos, la oración etc. El pecado es considerado como un simple error, no como una ofensa a Dios. Esto es natural, ya que en un sistema panteísta no hay seres distintos de Dios que puedan ofenderlo.
Por último diremos que la creencia en la reencarnación está generalmente enmarcada dentro de un sistema gnóstico. No se considera la salvación como un don de Dios que el hombre recibe en la fe, la esperanza y el amor, sino como una auto-redención o conquista individual que se alcanza a través de una iluminación, o sea a través del conocimiento de que uno mismo es el Uno del panteísmo. Esta iluminación conduce a la liberación de la existencia individual y de la sucesión de las reencarnaciones.
e) La reencarnación y la moral cristiana.
La teoría de la reencarnación también está en total contradicción con los principios fundamentales de la moral cristiana. En efecto, en dicha teoría no existe perdón, ni arrepentimiento, ni conversión, ni siquiera opciones definitivas: toda culpa puede ser expiada en las vidas futuras. Todos tienen una eternidad feliz asegurada, hagan lo que hagan. Se trata de una simple cuestión de tiempo: algunos evolucionan más rápidamente y otros más lentamente. En este esquema la elección moral puede ser sustituida por un cálculo o intercambio mecánico entre culpa y tiempo de purificación.
Todo sufrimiento, toda enfermedad, toda discapacidad etc. es considerado como un castigo merecido por las faltas cometidas en vidas anteriores. Por otra parte, todo poder, toda fama, toda gloria mundana etc. es considerado como un premio merecido por las buenas obras realizadas en vidas anteriores. Esta ideología favorece a los poderosos y justifica, por ejemplo, el sistema racista de las castas en la India.
En el reencarnacionismo tampoco existe una verdadera preocupación por el servicio a los demás ni por la justicia social, ya que todas las realidades de este mundo, incluyendo los individuos humanos, son consideradas como pura apariencia o ilusión. Paradójicamente el trasfondo panteísta de esta forma de pensamiento da lugar a una espiritualidad totalmente individualista, puesto que en realidad los otros no existen en cuanto otros. Si existe una sola persona no puede existir el verdadero amor.
2. Argumentos filosóficos.
Consideremos ahora brevemente la reencarnación desde el punto de vista de la filosofía, tratando de no reiterar temas ya mencionados en el capítulo de los argumentos teológicos.
a) En primer lugar, objetamos la falta de fundamento racional de la ley del Karma, guardián o garante de la sanción moral en el sistema reencarnacionista. El Karma es una ley en virtud de la cual se produce infaliblemente la justicia. Hace que cada acto, palabra o pensamiento sea seguido de un efecto adecuado y proporcionado. Un acto bueno es seguido por un efecto bueno y un acto malo por un efecto malo. El Karma parece poseer una inteligencia o sabiduría infinita, a pesar de lo cual sus defensores no le reconocen un carácter personal. En última instancia éstos reconocen que no saben nada sobre la naturaleza íntima de la inteligencia que se encuentra dentro del Karma.
b) En segundo lugar, objetamos el carácter absurdo del sistema reencarnacionista de purificación de las almas. La inmensa mayoría de los seres humanos no recuerda absolutamente nada de sus supuestas vidas pasadas. Además, la mayoría de los que dicen recordarlas no hacen referencia a más de una de esas vidas, que conforman una serie casi interminable. Por lo tanto, si cada reencarnación busca que nos purifiquemos de las faltas cometidas en vidas anteriores, cabe concluir que se nos castiga sin que conozcamos actualmente nuestras faltas. Pero entonces, ¿cómo podremos corregirnos?
c) En tercer lugar, nos detendremos a analizar un punto que los defensores de la reencarnación suelen dejar en la ambigüedad: ¿La sucesión de reencarnaciones es finita o infinita? Y si es infinita, ¿lo es sólo hacia atrás (hacia el pasado), sólo hacia adelante (hacia el futuro) o en ambos sentidos)?
Supongamos primero que la sucesión de reencarnaciones es finita. En ese caso se vuelve incoherente uno de los argumentos principales de los partidarios de la reencarnación, según el cual una sola vida terrena es insuficiente para alcanzar la salvación, dado que un conjunto finito de vidas terrenas sería tan insuficiente para ese fin como una sola vida.
Supongamos ahora que la sucesión de las reencarnaciones es infinita hacia atrás. Primeramente dejamos constancia de lo cuestionable y problemático de ese concepto. Posponemos, sin embargo, la discusión sobre el posible carácter absurdo de esa forma de “infinito actual” y objetamos en cambio lo siguiente: ¿Cómo una pobre alma que lleva ya un tiempo infinito purificándose en una interminable cadena de reencarnaciones podrá alcanzar la iluminación de aquí en adelante, en un tiempo finito? Habiendo “transcurrido ya” un tiempo infinito, ¿no deberían haberse purificado ya todas las almas? Y si aún no lo han logrado, ¿no cabría esperar que sigan infinitamente encadenadas a este mundo también en el futuro?
Por último, supongamos que la sucesión de las reencarnaciones es infinita hacia adelante. En este caso simplemente la salvación no llega nunca y la supuesta purificación no alcanza su objeto, lo cual manifiesta más claramente aún su carácter absurdo.
d) Finalmente subrayemos que en el reencarnacionismo, como en el platonismo, el conocimiento es sólo reminiscencia. En este sistema dualista, que supone la preexistencia de las almas, no hay verdadera novedad, sino sólo recuerdos y olvidos de verdades conocidas desde siempre. No nos detendremos a describir las consecuencias empobrecedoras que esta triste concepción de la vida humana tiene en la antropología.
3. Argumentos científicos.
Finalmente consideraremos desde el punto de vista científico tres argumentos que han sido esgrimidos a favor de la creencia en la reencarnación:
a) Los parecidos físicos entre parientes, uno de los cuales ha venido al mundo después de la muerte del otro, se explican hoy por las leyes de la genética. Por este motivo esta “prueba” de la reencarnación ha caído en desuso.
b) La impresión de déjà vu se debe a que la persona realmente vio antes la misma cosa o algo parecido o bien se debe a un fenómeno psico-patológico llamado “paramnesia”.
c) Ni el hombre que duerme, ni el sujeto en estado de hipnosis ni el niño nos pueden inspirar confianza cuando dan testimonio de supuestas vidas pasadas. Los tres “sueñan”, cada uno a su manera. Tampoco son convincentes los testimonios de los iniciados: o bien pertenecen a la mitología o bien están relacionados con serias psicopatologías (Madame Blavatsky, Annie Besant, Alejandro Dumas hijo). Además se puede comprobar en esos testimonios una fuerte tendencia a la megalomanía: muy a menudo esas personas afirman ser la reencarnación de grandes personajes de la historia. Daniel Dunglas Home encontró en su época doce personas diferentes que decían ser María Antonieta reencarnada, seis que decían ser María Estuardo, una veintena que decían ser Alejandro Magno o Julio César, etc.
Nota: Hemos abundado en este tema en el blog Verdades de Fe, Programa Nº 1.
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Divagaciones de Borges sobre la inmortalidad
Ing. Daniel Iglesias Grèzes
"Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o a castigarlo. Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto" (Jorge Luis Borges, El inmortal, en: El Aleph, Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 21).
En medio de un cuento fantástico, Borges dedica unas cuantas líneas a criticar la escatología de las tres grandes religiones monoteístas. Intentaré mostrar que, al menos en cuanto respecta al cristianismo, tal crítica es incorrecta.
El párrafo citado comienza con un grave error lógico: una criatura que ignora que va a morir no es inmortal, sino mortal e irracional. Todos los seres vivos de la Tierra, excepto los humanos, se hallan en esa situación.
El hombre, en cambio, es un ser mortal y racional, por lo cual sabe que va a morir. Sin embargo, su muerte no es el fin absoluto de su existencia, pues su alma es espiritual e inmortal. La espiritualidad e inmortalidad del alma humana puede ser conocida por la razón natural, aunque con cierta dificultad. A la luz de la divina revelación, el cristiano llega a conocer mucho más profundamente el sublime destino del hombre: Dios lo ha creado para que participe de la naturaleza divina, viviendo en eterna comunión de amor con Él.
Borges confunde la eternidad con un tiempo infinito. La eternidad, según la clásica definición de Boecio, es la posesión total y simultánea de una vida interminable. De por sí, sólo Dios es eterno. Pero Él, el Eterno, ha querido encarnarse en el tiempo para liberar y consumar el tiempo en su eternidad.
El aprecio del cristiano por el tiempo de su vida mortal no implica en modo alguno una falta de fe en la vida eterna. Al contrario, el valor inmenso que atribuye a esta vida está basado en que, durante el transcurso de la misma, el hombre, bajo el influjo de la gracia, va dando respuesta a la oferta divina de salvación eterna. Cuando el hombre muere, su respuesta asume un carácter definitivo. Dios, respetando la libre respuesta del hombre, concede a éste aquello que a lo largo de su vida ha elegido: La unión plena de amor con Dios y sus hermanos o la soledad completa del egoísmo.
El hombre, consciente o inconscientemente, anhela liberarse de la finitud que lo oprime y consumar su vida en la unión con el Ser infinito que lo rodea y que fundamenta su existencia. Durante su vida terrena el hombre puede vivir en unión con Dios, pero de un modo imperfecto, por causa de su finitud y de su pecado. Sólo en la eternidad podrá alcanzar la felicidad perfecta en la visión beatífica: la contemplación del rostro de Dios.
El mito del eterno retorno es mucho menos razonable que la fe en la vida eterna. La "rueda" del eterno retorno mantendría al hombre prisionero de su finitud y de su culpa, impidiéndole alcanzar su meta (la unión perfecta con Dios). En esta cosmovisión pesadillesca, cada vida individual es insignificante, pues no es más que un eslabón de la infinita cadena de reencarnaciones.
Una sucesión de reencarnaciones sin principio implica un mundo en el que cada estado actual depende de una sucesión infinita de causas. Esta regresión infinita de causas es un concepto altamente problemático. En esta hipótesis no es posible evitar consecuencias absurdas, como por ejemplo la posible existencia de libros transmitidos de generación en generación, pero no escritos por nadie.
La ciencia nos enseña que en nuestro universo la vida en general y la vida humana en particular tuvieron comienzos en el tiempo. Una sucesión de reencarnaciones sin principio supone lo contrario.
Si la imaginaria sucesión de reencarnaciones, contra lo supuesto por Borges, tuviera un principio, para evitar las consecuencias absurdas de la regresión infinita, y también un final, como postulan el hinduismo y el budismo, entonces un conjunto de vidas de duración finita determinaría el destino eterno del ser humano, por lo cual la situación sería análoga a la que Borges critica en las religiones monoteístas.
Por lo demás, en este punto Borges se refuta a sí mismo, con elocuencia insuperable:
"Sabía que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas. Por sus pasadas o futuras virtudes, todo hombre es acreedor a toda bondad, pero también a toda traición, por sus infamias del pasado o del porvenir. Así como en los juegos de azar las cifras pares y las cifras impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez, y acaso el rústico poema del Cid es el contrapeso exigido por un solo epíteto de las Églogas o por una sentencia de Heráclito. El pensamiento más fugaz obedece a un dibujo invisible y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta. Sé de quienes obraban el mal para que en los siglos futuros resultara el bien, o hubiera resultado en los ya pretéritos... Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy." (Ibidem, pp. 21-22).
Sólo me queda agregar que debe haber algo errado en las premisas que condujeron a nuestro autor a una conclusión tan claramente contraria a la más elemental de las experiencias humanas.
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La sección de doctrina social de la Iglesia
Prof. Dr. Carlos Alvarez Cozzi
Estimados lectores: en este número inaugural de la Revista Virtual Fe y Razón quiero agradecer a la Dirección que me permita colaborar con ella y estar en contacto mensual con ustedes seleccionando material de doctrina social cristiana.
Luego de un breve editorial se transcribirán noticias varias referidas a la doctrina social de la Iglesia en sus diversas expresiones, resaltando en particular lo relativo a la política, la economía, la sociedad, la cultura y el ambiente, en tanto los temas de familia, vida y bioética tendrán otra sección en la Revista Virtual.
En este tiempo de globalización y desafíos que el mundo nos pone por delante, para los cristianos laicos, cuyo territorio de misión es el mundo del trabajo, de la técnica, de la familia, de la economía y de la sociedad toda, resulta fundamental, como nos enseña el Magisterio de la Iglesia, ser formados y estar informados en esta doctrina social, para alimentar nuestra actuación en los partidos políticos, en la administración pública y privada, en los sindicatos, en la enseñanza, en las organizaciones no gubernamentales, en la propia familia, es decir, en la vida pública y en la doméstica. Somos sal de la tierra, somos la luz del mundo, nos dice Jesús. ¡Qué alta misión nos encomendó, qué responsabilidad puso sobre nuestros hombros, pero con la gracia del Espíritu Santo en realidad es Él quien nos precede en este empeño!
Los cristianos somos ciudadanos del mundo y éste es para nosotros nuestro lugar de envío por parte del Señor. La vida pública está destinada también a dar gloria al Salvador. Y así debemos dar testimonio siempre a tiempo y a destiempo, como dice San Pablo, llegando incluso hasta el martirio si fuere necesario.
Por ello principios fundamentales de la doctrina social como el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiaridad, la solidaridad, deben ser el norte de nuestra actuación como ciudadanos, construyendo ciudadanía como laicos en el mundo pero también construyendo eclesialidad como bautizados "ad intra" de la Iglesia.
Con la esperanza que esta sección contribuya a ello los saludo muy especialmente en Cristo Jesús.
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La doctrina social de la Iglesia no es sólo para los católicos
Entrevista al secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz
ROMA, jueves, 9 febrero 2006 (ZENIT –
www.zenit.org).
Acaba de llegar a las librerías italianas un volumen escrito por el obispo Giampaolo Crepaldi, secretario del Segretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz, y Stefano Fontana, director del Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân, titulado «La dimensión interdisciplinar de la doctrina social de la Iglesia» («La dimensione interdisciplinare della Dottrina sociale della Chiesa»).
Es el primer volumen de la colección «Cuadernos del Observatorio», promovida por
el citado organismo (www.vanthuanobservatory.org)
en colaboración con la editorial Cantagalli de Siena.
Para saber más sobre el libro, Zenit ha entrevistado a monseñor Crepaldi.
-¿Por qué dice que la doctrina social de la Iglesia es interdisciplinar?
-Monseñor Crepaldi: Lo dice la encíclica «Centesimus Annus» de Juan Pablo II, al explicar que la doctrina social de la Iglesia tiene una importante dimensión interdisciplinar. Es una indicación de gran importancia ya que sin entrar en diálogo con las diferentes disciplinas que se ocupan del hombre y de la sociedad, el Evangelio corre el riesgo del fundamentalismo o de la ineficacia.
Paradójicamente, esta importante indicación del magisterio no ha sido
profundizada, de modo que los estudiosos de las diversas materias, y los
expertos de doctrina social, no siempre han sabido trabajar juntos. Por el
contrario, a menudo han actuado como extraños los unos a los otros. Este libro
quiere eliminar las trabas teóricas a este diálogo. Las dificultades prácticas
dependen en cambio de la buena voluntad de los interlocutores.
-¿Cuáles son los principales obstáculos en este sentido?
Monseñor Crepaldi: Hay muchos, y el libro los afronta con calma uno a uno. Está
el obstáculo de considerar que la doctrina social no es un verdadero saber, hay
quien piensa que es imposible la unidad del saber, está quien descuida uno u
otro aspecto de la doctrina social, quien deja a un lado el papel del magisterio
respecto a la tarea de los teólogos, quien da más importancia a la praxis que a
la doctrina, quien sostiene demasiado la historicidad de la doctrina social,
insistiendo excesivamente en el cambio, quien desearía sustituir la teología o
la filosofía por las ciencias humanas, etc. El libro asume una tarea: dar a cada
uno lo suyo. En el marco unitario y al mismo tiempo articulado de la doctrina
social, lo importante es que cada aspecto se coloque en su justo lugar.
-Entre los obstáculos que a menudo impiden hoy un diálogo entre la doctrina
social de la Iglesia y otras áreas del saber, en su opinión ¿cuál es el más
importante y difícil de superar?
-Monseñor Crepaldi: No atribuir a la fe un valor cognoscitivo. Si la fe se
considera una simple elección inmotivada, una opción irracional, entonces
tampoco a la doctrina social de la Iglesia, que nace de ella, se atribuye un
valor científico. No se considera un verdadero «saber» con el que se pueda
dialogar. El principal obstáculo, por tanto, deriva de una cierta concepción del
cientificismo, de tipo exclusivamente experimental. Pero en cuanto se sale de
este prejuicio antiguo, las posibilidades de diálogo se multiplican.
-¿Qué se espera de este libro?
-Monseñor Crepaldi: Que abra puertas, que contribuya a crear puentes y que cree
diálogo y contacto entre quien se ocupa de una y otra disciplina y la doctrina
social de la Iglesia. Pensamos en las áreas de la biopolítica o las finanzas, la
jurídica o la política internacional, por ejemplo.
La doctrina social de la Iglesia no es sólo para los católicos y mucho menos
sólo para los sacerdotes. Es para la vida. Su lugar está allí donde se realizan
las pequeñas y grandes elecciones de la humanidad. Y allí debe encontrarse con
las competencias y con los saberes del hombre. Como se ve, lo que está en juego
es mucho.
ZS06020908
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El Foro Ético Mundial (México - 27, 28 y 29 de enero de 2006)
Fuente: www.foroeticomundial.org
¿Qué es el Foro Ético Mundial?
“Tú das nombres a las cosas que las hacen inauditas, sin embargo queridas y familiares como una voz que desde hace tiempo callaba” (Cesare Pavese, poeta italiano).
El Foro Ético Mundial es un encuentro universal en el que se expondrán, dialogarán y reflexionarán los problemas centrales de nuestra sociedad, a la luz de los principios y los valores éticos que derivan de la persona humana y de su destino trascendente.
Estas reflexiones y diálogos servirán para lograr una propuesta clara que debe normar la conducta personal y social en el espacio público local, nacional y global, de tal manera que se generen compromisos específicos y vigorosos, para llevarlos a la práctica política en el seno de todas las comunidades humanas, hoy confundidas y afectadas por la “dictadura del relativismo”.
Los principios sobre los que descansa la propuesta del Foro Ético Mundial son los de la Doctrina Social de la Iglesia, entre los que se destacan: la Dignidad de la Persona, su Destino Trascendente, la Justicia, la Libertad, la Responsabilidad, la Solidaridad, la Subsidiariedad y el Bien Común.
Estos principios son inherentes a la persona humana; por tanto, están allí, en el fondo del corazón humano, aunque el proceso de búsqueda y descubrimiento sea arduo. En él se empeña la búsqueda y el logro del sentido de la vida en el nivel personal, familiar, comunitario, social y mundial.
El Foro Ético Mundial está dirigido a toda persona y organización de buena voluntad que sea capaz de reconocer en la ética la única norma para solucionar de raíz los graves problemas que ocasionan la violencia, la discriminación, la marginalidad, la inequidad, la envidia, el odio… entre personas, grupos y comunidades.
Es el despertar de un movimiento global entre personas, organizaciones y comunidades, de distintas culturas, razas y filosofías… que comparten el principio esencial sobre la centralidad de la dignidad de la persona humana y su destino trascendente.
El Foro Ético Mundial será la culminación de cinco foros locales o módulos temáticos a realizarse en cinco distintas poblaciones mexicanas que poseen un perfil físico, arquitectónico, histórico y cultural con identidad humanista: Cuernavaca, Guadalajara, Guanajuato, Puebla de los Ángeles y Santiago de Querétaro.
Cada módulo abordará un tema central:
1. Política y Participación.
2. Familia y Vida.
3. Juventud y Retos del Futuro.
4. Educación, Cultura y Ecología.
5. Medios de Comunicación Social y Esparcimiento.
El lema del “Foro Ético Mundial” es: “Veritas liberabit vos” (“la Verdad os hará libres”).
¿Por qué hacer el Foro Ético Mundial?
El Foro Ético Mundial es un acontecimiento político global que propondrá y ratificará a la ÉTICA como norma fundamental de conducta en el espacio público local, nacional y global.
Actualmente parecería que en el proceso de la globalización hay un solo camino representado por la propuesta “neoliberal”. Frente a ésta, asimismo, se ha plantado recientemente como la “única” opción contraria posible el fenómeno “neopopulista”, también conocido como “globalifóbico” o “altermundista”.
Sin embargo, ante esta aparente “biglobalidad”, presentada como una disyuntiva, es necesario afirmar una posición ética, de principios universales indispensables para orientar y conducir, con un sentido de humanismo trascendente, la economía, la política y la cultura.
Así como existe desde hace 35 años el “Foro Económico Mundial” en Davos, Suiza (realizado una vez en Nueva York) y desde hace cinco años el “Foro Social Mundial” en Porto Alegre, Brasil (efectuado una vez en Bombay), reuniones ambas que intentan marcar, por un lado, la ruta del desarrollo con un cierto enfoque “reduccionista y economicista” y, por el otro, el llamado “socialismo alternativo”, audazmente presentado como “el nuevo socialismo del siglo XXI”, se plantea ahora por primera vez en México y como un referente distinto, el “Foro Ético Mundial”. En éste se presenta una propuesta de principios y valores universales, inherentes a toda cultura, sistema social o creencia que logre romper la falsa disyuntiva de la mencionada “biglobalidad” actual.
Impacto esperado
La visión consiste en que el posicionamiento logrado, a través del impacto mediático, genere un impulso multiplicador y permanente, replicable en distintas regiones y países. Se estaría creando un hito simultáneamente global y local de solidaridad alrededor de los principios éticos. Como ejemplo se cita el caso reciente del 18J en Madrid, cuando el acoso de la “cultura de la muerte” ocasionó un problema nacional que generó expresiones y movilizaciones en distintas partes del mundo.
De manera paralela al proceso de convocatoria, foro y declaraciones, se promoverá la adhesión entre personas, organizaciones y comunidades identificadas con los principios y valores de la propuesta en las más diversas localidades del mundo.
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El Foro Ético Mundial pide
que la familia sea declarada
patrimonio de la humanidad
México D.F.,
30/01/2006 (ACI Prensa).
Al finalizar el primer Foro Ético Mundial (FEM), desarrollado en cinco ciudades de México del 27 al 29 de enero, los participantes emitieron un “Decálogo ético” con las conclusiones de las sesiones. Una de las más importantes busca declarar a la familia como patrimonio de la Humanidad.
El Presidente del Instituto de Política Familiar (IPF), Eduardo Hertfelder, informó a Europa Press del decálogo y comentó otros temas del Foro como la definición de los principios éticos que los partidos políticos y los gobiernos están dispuestos a respetar.
"El Foro ha sido increíble porque se ha desarrollado en cinco ciudades en donde ha habido una gran capacidad de público, ya que prevemos que se han congregado unas mil 500 personas en cada uno de los congresos", subrayó.
Otro punto acordado fue el de abogar por el acceso equitativo a los medios de comunicación social, para evitar el monopolio. “Ha emergido un nuevo foro basado en la ética y en la persona”, precisó Hertfelder.
Entre los organizadores del evento se encuentran el IPF, la Coordinadora Ciudadana APN, Red Familia, World Youth Aliance, Alianza Magistral AC, la Asociación Nacional Cívico Femenina, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia Penal, Fundice, Centro de Cultura Humanística, la Universidad Popular Autónoma de Puebla, Unimos y el Módulo Cultural Hispanoamericano.
Para más información sobre los temas desarrollados en el Foro, se puede acceder al sitio web:
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La reproducción humana asistida es inmoral
Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 499-501.
499. ¿Por qué son inmorales la inseminación y la fecundación artificiales?
La inseminación y la fecundación artificiales son inmorales porque disocian la procreación del acto conyugal con el que los esposos se entregan mutuamente, instaurando así un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Además, la inseminación y la fecundación heterólogas, mediante el recurso a técnicas que implican a una persona extraña a la pareja conyugal, lesionan el derecho del hijo a nacer de un padre y de una madre conocidos por él, ligados entre sí por matrimonio y poseedores exclusivos del derecho a llegar a ser padre y madre solamente el uno a través del otro.
500. ¿Cómo ha de ser considerado un hijo?
El hijo es un don de Dios, el don más grande dentro del matrimonio. No existe el derecho a tener hijos (“un hijo pretendido a toda costa”). Sí existe, en cambio, el derecho del hijo a ser fruto del acto conyugal de sus padres, y también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción.
501. ¿Qué pueden hacer los esposos cuando no tienen hijos?
Cuando el don del hijo no les es concedido, los esposos, después de haber agotado todos los legítimos recursos de la medicina, pueden mostrar su generosidad mediante la tutela o la adopción, o bien realizando servicios significativos en beneficio del prójimo. Así ejercen una preciosa fecundidad espiritual.
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Pascual Santos
"Fe y Razón" recomienda a sus lectores el sitio web de HazteOir - www.hazteoir.org - y los invita a a adherirse a sus "alertas".
HazteOir (HO) se autodefine como "la web del ciudadano activo". En sus propias palabras, HO "asume como misión promover la participación de los ciudadanos en la política. Creemos que ésta es la mejor forma de recuperar la dignidad de la cosa pública y de hacer que nuestra democracia se convierta en algo real -participativo- durante los cuatro años que transcurren entre cada una de las elecciones.
Desde una concepción cristiana del hombre y de la sociedad, afirmamos la dignidad de la persona humana y la importancia de valores como la libertad, la justicia y la solidaridad. Queremos contribuir a la construcción de una sociedad más justa, favorable a la realización integral de las personas."
El núcleo de HO está en las "alertas". Cada alerta contiene una noticia sobre una cuestión política o social, indica la opinión de HO y propone al visitante una acción concreta. Generalmente ésta consiste en enviar, con su firma, un mensaje a las autoridades competentes, solicitando que se tome determinada medida. El procedimiento es sumamente sencillo y bastante eficaz.
HO nació en España y ha obtenido allí importantes éxitos. Ahora su acción se está extendiendo: la sección denominada "Iberoamérica" contiene alertas referidas a diversas naciones iberoamericanas, incluyendo a Uruguay. Entre las alertas de la sección uruguaya de HO, destacamos las referidas al proyecto de legalización del aborto y a la autorización de la venta de un medicamento abortivo por parte del Ministerio de Salud Pública.
La relativa pasividad de los católicos uruguayos ha sido una de las causas de su notable debilidad política y ha facilitado el avance del proceso de descristianización de nuestra sociedad. La revolución tecnológica de Internet, con su consecuente democratización de la informática y las comunicaciones, ha hecho posible que surjan, con poco dinero y mucho entusiasmo, herramientas como HO, que pueden ser aprovechadas por los católicos para empezar a remontar el score adverso. En esta hora decisiva, clamamos: Católicos, ¡háganse oír!
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Papa Juan
Pablo II
Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra,
Padre, que eres Amor y Vida,
haz que cada familia humana sobre la tierra se convierta,
por medio de tu Hijo, Jesucristo, «nacido de Mujer»,
y mediante el Espíritu Santo, fuente de caridad divina,
en verdadero santuario de la vida y del amor
para las generaciones que siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los esposos
hacia el bien de sus familias
y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia
un fuerte apoyo para su humanidad
y su crecimiento en la verdad y en el amor.
Haz que el amor,
corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio,
se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis,
por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente,
te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret,
que la Iglesia en todas las naciones de la tierra
pueda cumplir fructíferamente su misión
en la familia y por medio de la familia.
Tú, que eres la vida, la Verdad y el Amor,
en la unidad del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
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