FE Y RAZÓN
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"
Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Reanudando la reflexión sobre la encíclica Fides
et ratio, deseo hoy hablar del papel que desempeña la razón en el ámbito del camino
de fe.
La razón está implicada en él de diversas
maneras. Ya está presente en la maduración del asentimiento de fe, puesto que éste, aun
basándose en la "autoridad de Dios mismo que revela" (Constitución Dei
Filius del concilio Vaticano I: DS 3008), se desarrolla de modo profundamente
razonable a través de la percepción de los "signos" que Dios ha dado de sí en
la historia de la salvación (cf. Fides et ratio, 12).
Es evidente que no se trata de
"pruebas", en el sentido de la ciencia experimental. En efecto, los signos de
Dios se insertan "en el horizonte de la comunicación interpersonal" (ib.,
13), y, según la lógica de esta última, no sólo exigen el razonamiento, sino también
una profunda implicación existencial. Con esta condición, y acompañados por la ayuda
interior de la gracia, se convierten en indicaciones luminosas, una especie de
"señalizaciones del Espíritu", que indican la presencia de Dios e impulsan al
hombre a abandonarse a él con plena confianza.
2. La tarea de la razón sigue también más
allá de este nivel de "fundación". La fe madura recurre a la inteligencia,
comprometiéndola, según una expresión de san Anselmo, en la "búsqueda de lo que
ama" (ib., 42). Así, la fe, además de ser "razonable", se
convierte en "razonante". Ésa es la tarea que está llamada a realizar la
teología, recogiendo los datos de la revelación y reflexionando sobre ellos de forma
sistemática, para profundizar en sus diferentes dimensiones, captar la armonía entre los
diversos aspectos de la verdad y, por último, responder a los desafíos siempre nuevos
planteados por la cultura y la historia.
Entre inteligencia y fe se instaura así una
relación vital. Es más, se puede decir que "una está dentro de la otra" (ib.,
17): por una parte, es necesario creer si se quiere percibir algo del misterio que nos
trasciende -"credo ut intelligam"-; y, por otra, es necesario comprender
-"intelligo ut credam"- para que la fe sea razonable y cada vez más
madura.
3. Hoy queremos encomendar a la santísima
Virgen de modo especial a los teólogos, a quienes corresponde la tarea tan importante de
la investigación y la enseñanza, según las exigencias de una fe adulta. Que María,
"Sede de la sabiduría", les ayude a vivir su "ministerio" con el
esfuerzo intelectual y espiritual que requiere, y con absoluta docilidad al Espíritu
Santo.
Al final, Su Santidad añadió:
Durante estos días mi pensamiento se ha
dirigido constantemente al querido pueblo de Taiwan, que ahora se está recuperando del
reciente terremoto y de sus trágicas consecuencias. Con profundo dolor encomiendo a las
víctimas a Dios todopoderoso, e imploro su consuelo divino y su fuerza sobre todos sus
familiares. Confío, asimismo, en que la comunidad internacional responda con renovada
solidaridad y pronta asistencia a la tarea urgente de socorro y reconstrucción.
(©L'Osservatore Romano - 1 de octubre de 1999)