FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


El príncipe de este mundo en san Juan

Ignace de la Potterie S.J.

Mucho eco ha tenido en la prensa la entrevista al padre Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma. Lo que demuestra que en nuestra sociedad se siente como algo actual el problema de la existencia de demonio.

El tema es muy actual, pero, como recordaba el padre Amorth, hay muchos que incluso dentro de la Iglesia no creen en la existencia del Diablo. Son muchos los exégetas que hasta definen la existencia del Demonio «un problema superado». Hace ya diez años un exégeta alemán, Hubert Haag, publicó un libro con un título significativo: Adiós al Diablo.

Para comprender mejor el "problema" de la existencia del Demonio, vale la pena examinar cómo habla Juan, el apóstol predilecto de Jesús, de Satanás. Veamos sus diferentes escritos: el Evangelio, las Cartas, el Apocalipsis.

Lo que caracteriza al Evangelio de Juan es que su teología es fundamentalmente una cristología: el Verbo se hizo hombre, y encuentra en esta tierra los poderes del Mal. En sus varios textos, Juan da cuatro nombres a este Mal personal: «el Diabio», «el Maligno, «el Príncipe de este mundo», «Satanás».

El tercer título demuestra que el mundo, lugar donde trabaja el Diablo, prácticamente está invadido por este poder oculto.

Comencemos a examinar el Evangelio de Juan. En el capítulo 8, versículo 44, hallamos un versículo, "El Diablo es homicida desde el principio", que se repite en las epístolas (cf. 1 Jn 3,8). Lo que nos envía al Génesis, aludiendo al pecado cometido en el jardín del Edén y luego al asesinato de Caín. Según san Juan, a Caín le empujó "algo" o "alguien". Como la "serpiente" empujó a Eva y Adán. En el Antiguo Testamento (Sabiduría 2, 24) se lee: «Por envidia del Diablo entró la muerte en el mundo». La misma explicación que da en Juan (1 Jn 3, 12).

Luego, cuando Juan narra la vida de Cristo, señala más de una vez que su antagonista principal es «el Príncipe de este mundo». Hay tres textos muy sugestivos. Juan en su Evangelio (12, 30-3 l), narrando el fin de la vida pública de Cristo, escribe: «Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será arrojado fuera». Jesús sabe que le matarán "representantes de Diablo" y que está llegando el enfrentamiento decisivo. Más adelante (Jn 14, 30) -se lee: «Viene el Príncipe de este mundo, que en mí no tiene nada». Tendrá un poder breve sólo durante el periodo de la Pasión. Luego, será derrotado. Tanto es así que durante la última cena Jesús tranquiliza a sus amigos: «Confiad: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). Arroja al Príncipe de este mundo fuera de su dominio. Con la Resurrección queda derrotado el poder del Diablo.

Pero el párrafo más elaborado de todo el cuarto Evangelio relativo al poder del Maligno se halla en el capítulo 8, versículos 43-44. En el gran debate entre Jesús y los judíos en el templo de Jerusalén, Cristo dice: «¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra. Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en él. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira». Al estar completamente cerrado a la verdad no hay ningún rayo de luz que penetre en él. Como le describe Dante (Divina Comedia, "infierno" 34, 28-29), a diferencia de la iconografía anterior, el Diablo está hundido en el hielo, no en el fuego, porque el frío (mejor que el calor) da idea de un ser ensimismado, encerrado en el hielo de la ausencia de relaciones con lo externo, con la realidad con Dios.

Para Juan la verdad es un hecho histórico, un acontecimiento, un evento de revelación. Al contrario del Diablo que habla de lo suyo propio, Jesucristo no hace nada por sí mismo: trae al mundo la verdad, el designio de Otro, de Dios su Padre. Y cumple su tarea a través de la Revelación de sí mismo, como Hijo Unigénito de Dios, revelando de este modo el proyecto salvífico del Padre. El Diablo en cambio, está completamente encerrado en sí mismo. Por esto"la verdad no estaba en él". Es la oscuridad total. Y Juan lo llama "Padre de la mentira".

Un personaje que represanta casi físicamente al Diablo es Judas. Jesús aludiendo al traidor (Jn 6,70) dice: "¿No he elegido yo a doce? Y uno de vosotros es un diablo".

En el evangelio de Juan es "demonizado" (Jn 13,1-3) quien se opone a Cristo, ya sean sus compatriotas que no le reconocen o Judas que lo traiciona. Judas es la "encarnación " del Diablo presente en el mundo para obstaculizar al Hijo de Dios.

Como narra durante la última cena, Jesús viene del Padre y vuelve al Padre. Justamente en este movimiento interviene el Diablo: Judas. "Tomando el bocado, se salió luego; era de noche" (Jn 13,30) Como comenta S. Agustín, Judas mismo era la noche. La oscuridad. El Diablo.

Veamos ahora las Epístolas. En su primera carta la más larga, Juan (3,10) dice que la Iglesia está formada " por hijos de Dios e hijos del diablo". Pero los representantes de los hijos del diablo son los anticristos" Es un término acuñado por Juan (3,4-8). El pecado por excelencia, el de los anticristos, es ir contra Jesucristo. Renegar de Jesucristo es diabólico. "habéis vencido al Maligno"" recuerda Juan a los fieles de Jesús (1 Jn 2,14). "La victoria que ha vencido al mundo es nuestra fe" (1 Jn 5,4).

También en el Apocalipsis, en fin, aparece el Demonio. Juan nos presenta a dos de las siete iglesias del Apocalipsis como el lugar donde está presente Satanás. La Iglesia de Esmirna es la sinagoga de Satán (2,9), en la Iglesia de Pérgamo está el trono de Satán (2,13). El Diablo desencadena una lucha en todo el mundo, persigue a la Mujer, que representa a la Iglesia, y también a María, la madre de Jesús (12,1-7). Pero es derrotado. Al final "la serpiente antigua, que es el diablo, Satanás[...] es arrojada en el abismo"( 20,2-3).El tiempo se concluye; es el triunfo definitivo de Cristo y de su Iglesia. Aparece el Hijo del hombre y la esposa del Cordero en la Jerusalén celeste que baja del cielo; es el cielo nuevo y la nueva tierra.

El Diablo, que era Príncipe de este mundo, ha perdido definitivamente su dominio. Lo ha tenido que ceder al Cordero, "El Señor de señores y Rey de reyes" (17,14); él es el verdadero Señor de este mundo, aquel por el que el mundo había sido creado.


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