FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


EL PLURALISMO Y LA VERDAD

Daniel Iglesias

I. El pluralismo relativista.

El mundo actual es indudablemente pluralista. Comparando las distintas sociedades que lo integran, y las distintas personas que integran cada sociedad, se constata que hay una gran pluralidad de culturas, lenguajes, tradiciones, mentalidades, costumbres, ideas y opiniones. Este pluralismo moderno, que en principio puede tomarse como un signo de libertad, es sin embargo vivido con frecuencia cada vez mayor en una actitud relativista. Para muchísimas personas, la verdad y el error, el bien y el mal, se han convertido en conceptos totalmente relativos. El propio pluralismo se considera como una prueba de la inexistencia de la verdad y el bien objetivos. En su forma radical, el relativismo es absurdo, pues impide la verdadera comunicación interpersonal. Unido al individualismo, el relativismo tiene las siguientes consecuencias negativas:

En el ámbito religioso el relativismo da lugar al indiferentismo. Se niega la existencia de una única religión verdadera. Muchos (incluso cristianos) reducen la religión a una exploración de lo divino por parte del hombre. Todas las religiones son consideradas como esfuerzos igualmente válidos del hombre para conocer a Dios. El cristianismo es visto sólo como una parte de esa continua exploración que abarca todas las religiones.

El relativismo es una de las causas principales de la gran crisis religiosa y moral que están sufriendo las naciones de Occidente, la cual se manifiesta por ejemplo en el descenso del porcentaje de niños bautizados y de los practicantes asiduos en las principales Iglesias cristianas.

II. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".

El relativismo, versión moderna del escepticismo, está en contradicción con la fe cristiana. El cristianismo no es un producto de la inquietud religiosa del hombre. En Jesucristo, Dios mismo viene al encuentro del hombre, le revela su Misterio y le comunica su Vida. Jesús es la "luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1,9). Él nos ha revelado la verdad sobre el bien del hombre. El bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad; es reconocer a Dios como único Señor y obedecerlo, cumpliendo los mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo (cf. Mt 19,16-22). No hay oposición entre la conciencia y la verdad, ni entre la libertad y la ley moral. Las normas morales, universales e inmutables, están al servicio de la persona y de la sociedad.

El Nuevo Testamento une salvación y verdad, cuyo conocimiento libera y, por consiguiente, salva (cf. Jn 8,32). Como nos dice San Pablo: "Dios, nuestro Salvador,... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos" (1Tim 2,3-6).

La verdad cristiana, antes que una doctrina, es un acontecimiento de salvación: El encuentro con Cristo. El problema del hombre se esclarece a la luz de la experiencia del encuentro con Cristo, que todo lo renueva. El cristiano es el hombre que ha tenido esa experiencia, y ha recibido el don del Espíritu, que lo impulsa a seguir a Cristo y a dar testimonio de Él ante el mundo.

La experiencia de Cristo no es sólo personal, sino también eclesial. El depósito de la fe revelada por Cristo es custodiado por la Iglesia católica y apostólica. El Papa y los Obispos en comunión con él enseñan la verdad revelada con la autoridad de Cristo y la asistencia del Espíritu Santo. Al pronunciarse de manera clara sobre las principales cuestiones doctrinales y morales, la Iglesia brinda al mundo un servicio que éste necesita con urgencia: la diaconía de la verdad.


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