FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


PROPONER LA FE

Daniel Iglesias

I. La fe no debe presuponerse.

En la actual situación del mundo occidental, que se ha alejado de sus raíces cristianas, es menos acertado que nunca presuponer que todas las personas que se acercan a la Iglesia -por ejemplo para pedir los sacramentos- gozan de una fe madura y firme. Se ha vuelto evidente la necesidad de llevar a cabo una evangelización nueva: nueva en sus métodos y en su expresión; y sobre todo nueva en su ardor.

Muchas familias compuestas por bautizados (¿se las puede llamar con propiedad familias cristianas?) no cumplen su misión de transmitir la fe de generación en generación. La Iglesia, tomando en cuenta esa realidad, mientras trata de transformar las familias en iglesias domésticas, debe suplir la falta de una verdadera educación cristiana en tantas familias por medio de un redoblado esfuerzo de evangelización y catequesis en las parroquias, los colegios, los movimientos y todas las comunidades cristianas.

II. La fe no debe imponerse.

Los hombres están obligados a buscar la verdad y a adherirse a ella tan pronto como la conocen, pero la verdad obliga sólo en conciencia y se impone en virtud de su fuerza intrínseca. La Divina Revelación da a conocer la dignidad de la persona humana y muestra el respeto de Dios por la libertad humana. Dios llama a los hombres a conocerlo, amarlo y vivir en comunión con Él. Ese llamado requiere una respuesta libre.

En el pasado los cristianos sucumbieron a veces a la tentación de querer imponer la fe por la fuerza. Sin llegar a ese extremo, a menudo se era cristiano por mera tradición o costumbre, debido a la presión ejercida por la sociedad cristiana. Hoy se busca más intensamente que antes que cada cristiano asuma su fe como un compromiso personal con Cristo.

III.La fe debe proponerse.

No hemos recibido el precioso don de la fe para guardarlo en forma avara, sino para compartirlo con nuestros hermanos. En una Iglesia que es por naturaleza misionera, cada cristiano debe ser un testigo creíble de Cristo resucitado. Desde el último Concilio Ecuménico se han renovado los esfuerzos para incrementar la participación de los fieles laicos en la vida y en la misión de la Iglesia. Pero aún queda mucho camino por recorrer antes de que cada cristiano asuma el rol que le corresponde en la Iglesia y en el mundo.

La fe no puede transmitirse mediante meros razonamientos ni tampoco mediante meras obras, sin un anuncio explícito de la Buena Noticia cristiana. Sólo puede transmitirse "por contagio", mediante el encuentro con personas que viven una relación de confianza y de amor con Cristo vivo. Que Él nos conceda ser buenos "pescadores de hombres" para su Reino; y que fortalezca nuestra fe, al tiempo que nos impulsa a proponerla a los demás con alegría.


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