FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


¿TERMINA TODO CON LA MUERTE?

(Lic. Néstor Martínez)

Muchos opinan que sí, y no sólo eso, sino que además pretenden que su postura se basa en la evidencia. Es obvio, evidente, dicen, que la muerte es la destrucción total del ser humano: eso se ve con los ojos. Según esto, para poder creer en la inmortalidad del alma humana habría que ir en contra de la evidencia. Como ellos prefieren aceptar la evidencia de los sentidos, no creen en la inmortalidad.

Pero eso es falso. No es evidente para nada que la muerte sea el fin de todo. Lo que los sentidos captan sin lugar a dudas es la destrucción del cuerpo. Pero de ahí a la destrucción completa del ser personal, hay un abismo.

"Es evidente que morimos", dicen. ¡Ciertamente! ¡El asunto consiste justamente en saber qué cosa es "morir"! 

Ojo: no decimos que el cuerpo no sea una dimensión esencial del ser personal. Lo que decimos es que el ser personal no se agota en el cuerpo. Al menos, en este momento, lo que decimos es que para poder decir que es evidente la destrucción completa en la hora de la muerte, hay que haber demostrado antes que la persona humana se reduce a su aspecto material.

Ahora bien, dicha demostración, en primer lugar, es ya filosofía y no evidencia inmediata, en segundo lugar, no se puede hacer, y en tercer lugar, se puede demostrar lo contrario, a saber, que la persona no se reduce al aspecto físico de su organismo.

Es filosofía, porque lo que es un dato de experiencia es que la persona humana es material. Que sea sólo material, es ya algo que va más allá de la experiencia. Puedo tener experiencia de la presencia de la materia, pero no puedo tener experiencia de la ausencia del espíritu. 

Se ha dicho por ahí que puedo, si entro en una habitación, darme cuenta de que falta una silla. Bien. Pero no es la vista ni el tacto ni ninguno de los cinco sentidos el que capta la ausencia de la silla. La ausencia no tiene color ni olor. Es mi inteligencia, ayudada por mi memoria, la que hace esa constatación.

Ahora bien, si "empírico" se estira hasta incluir lo que se puede captar con la inteligencia, aunque no lo capten los sentidos, entonces sostenemos que la existencia del alma espiritual humana es empírica. Si se reduce, por el contrario, "empírico" a lo registrable por los cinco sentidos, entonces decimos que la inexistencia del alma espiritual humana no es empírica.

Es sin duda verdad entonces que los que pretenden que es una evidencia empírica la destrucción total de la persona en el momento de la muerte están apoyándose sin darse cuenta en un postulado filosófico indemostrado e indemostrable: el materialismo, que afirma la identidad entre la persona humana y su dimensión física.

La única forma de decidir la cuestión empíricamente es morir. Pero incluso en ese caso, la destrucción total no podría convertirse en una evidencia empírica, por una sencilla razón: si esa hipótesis fuese verdadera, no habría nadie, por hipótesis, para constatarla, y si hubiese alguien, sólo podría ser porque no es verdadera, y entonces, tampoco se podría constatar.

Por el contrario, sí podría verificarse la hipótesis contraria, al hacer concretamente la experiencia de la supervivencia del "yo" tras la muerte. En realidad, todos hemos de hacer esa comprobación un día. 


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