FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


LA MEDIACION DE LOS SANTOS.

(Lic. Néstor Martínez).

 

Existe el Sol, y existen los rayos del Sol.

Los rayos del Sol derivan del Sol todo su calor, su luz, su fuerza.

Los rayos del Sol hacen presente el calor, la luz y la fuerza del Sol en todas partes.

No van en contra de la dignidad e importancia únicas del Sol, sino que la realizan y manifiestan.

Es por medio de sus rayos que el Sol ejerce su papel único en la Naturaleza.

Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo es el único Sol que hay en el mundo espiritual.

A diferencia de nuestro Sol natural, la Santísima Trinidad, por su omnipotencia, pudo perfectamente haber establecido que su poder llegara en forma directa, sin mediación alguna, a cada uno de nosotros.

Pero de hecho, no quiso hacerlo así. Como dice San Juan: "El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros".

Si el Verbo se hizo carne, fue para que toda la fuerza y la gracia salvadora de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos llegara a nosotros no directamente, sino pasando por la humanidad del Hijo Encarnado, es decir, por su cuerpo y por su alma.

El Padre envía al Hijo hecho hombre para salvarnos por su muerte y resurrección, y el Padre y el Hijo Encarnado, muerto y Resucitado, nos envían el Espíritu Santo, a través de la humanidad, es decir, del cuerpo y el alma del Cristo glorioso.

Desde la Encarnación del Hijo de Dios, no hay comunicación del hombre con Dios, y no hay don de la gracia de Dios al hombre, que no pase por el cuerpo y el alma humanos de Jesucristo Nuestro Señor.

Dios no se comunica en Cristo con el hombre si no es por medio de otro hombre.

La comunicación directa de Dios con nosotros es un principio no cristiano.

La Encarnación del Verbo de Dios fundamenta todo el orden amplísimo de las mediaciones cristianas de la gracia divina, subordinadas a la única Mediación del único Mediador, Cristo Nuestro Señor.

La humanidad de Jesucristo, su cuerpo y su alma, es el primer eslabón de una amplísima y variadísima serie de mediaciones creadas, humanas y angélicas, e incluso irracionales, del don de la gracia divina, que es por sobre todo don del Espíritu Santo como gracia increada.

Como los rayos del Sol no oscurecen sino que magnifican su fuente, así también, las mediaciones subordinadas a la única mediación de Jesucristo no la hacen innecesaria, ni la disminuyen, sino que la aplican, porque son el instrumento libremente elegido por Dios para hacer que la única mediación del único Mediador, Jesucristo, tenga su efecto sobre nosotros.

Así, la mediación de la Iglesia, de María Santísima, Madre de Dios, de los santos que están en el Cielo, de los ángeles, de los hermanos en la fe que aún viven en este mundo, de los sacerdotes que en la Iglesia hacen presente al único Sacerdote, Cristo Nuestro Señor, de los maestros que en la Iglesia enseñan en nombre del único Maestro, Cristo Nuestro Señor, de los pastores, que conducen a la Iglesia en nombre del único Pastor, Cristo Nuestro Señor, y de las almas que están en el Purgatorio, y hasta del gemido de la creación entera que aguarda anhelante la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, la mediación de los signos sacramentales que significan y realizan eficazmente la acción de la gracia de Cristo, la mediación de la palabra humana escrita en la Biblia que es Palabra de Dios por la inspiración del Espíritu Santo, todo ello, no es más que una larga cadena de mediación creada de la gracia divina cuyo eslabón primero y principal es el cuerpo y el alma del Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo Nuestro Señor, centro y base absolutos de la fe cristiana.

Así, dice por ejemplo San Pablo en 1 Cor. 12, 28 - 30:

"Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas".

Pero Jesús había dicho:

"No os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos". (Mt. 23, 8).

¿Contraviene San Pablo la enseñanza de Jesús en este pasaje? ¿Es uno solo el Maestro, o hay otros maestros?. Es claro que San Pablo no contradice aquí al Señor. Es claro que si aquellos son "maestros", es por participación en el único Magisterio de Jesucristo. Y si los otros "gobiernan", es por participación en el único Gobierno de Dios y del Señor Jesucristo.

Pues bien, del mismo modo, si la Iglesia, la Virgen, los Santos, etc., son "mediadores", es por participación en la única Mediación de Jesucristo.

Si hay sacerdotes en la Iglesia, y si todos los bautizados somos sacerdotes según el sacerdocio común de los fieles, es por participación del único Sacerdocio de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Si hay "Padres" en la Iglesia, es por participación en la única Paternidad de Dios.

Por eso dice el Señor en el Evangelio:

"El que a ustedes los escucha, a mí me escucha; el que a ustedes rechaza, a mí me rechaza" (Lc. 10, 16).

¿Y cómo puede decirles:

"Reciban el Espíritu Santo. A quien perdonen los pecados, les quedan perdonados. A quien se los retengan, le quedan retenidos" (Jn. 20, 22 - 23).

sin hacerlos partícipes de su poder único y exclusivo de perdonar los pecados?

¿No reconocen los hermanos protestantes que existe el sacerdocio común de los fieles? ¿No insisten en que todos somos sacerdotes por el bautismo? ¿Y no es verdad que hay un solo Sacerdote, que es Nuestro Señor Jesucristo?

¿No llaman a sus guías "pastores"? ¿Y quién es el Buen Pastor, sino Jesucristo? ¿Hay otro Buen Pastor que Jesucristo?

¿No oran por los pecadores y por los hermanos en la fe? ¿Y cuál es la única oración e intercesión que vale ante el Padre, sino la de Jesucristo?


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