FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


EL UNIVERSO: ¿INFINITO?

 (Lic. Néstor Martínez)

Muchas veces ha sido planteada la pregunta de si puede el Universo ser infinito, cuando parece que sólo Dios puede tener esa característica. Si el Universo fuese infinito: ¿no será igual a Dios? Por otra parte, la imagen de un Universo infinito es la que la ciencia moderna viene difundiendo desde el Renacimiento.

El problema en toda esta cuestión está en el exacto significado de la palabra "infinito". Muchas veces una misma palabra significa cosas diferentes, y eso da lugar a falsas dificultades.

Pensemos en un volumen infinito, por ejemplo, una bola de hierro infinita. ¿Sería igual a Dios?

Aquí no hay limitaciones desde el punto de vista de la extensión. En todas las direcciones, la bola de hierro de nuestra hipótesis se extiende infinitamente.

Pero es de hierro, y no de oro, o plata, o madera, etc. No deja de faltarle algo. Tendrá todas las propiedades y capacidades del hierro, pero no las del oro, la plata, etc.

Más profundamente, nuestra bola de hierro no será capaz del más mínimo pensamiento, como cualquier hombre normal, ni de la más mínima sensación, como cualquier animal, ni de la más mínima acción vital como el crecimiento o la nutrición, como cualquier planta.

Es decir, todavía le falta mucho. Su "infinitud" es real solamente en el plano de la extensión, pero no es "infinita" en muchos otros planos, sino limitadísima.

Dios es absolutamente infinito. Es decir, es Infinito en todos los sentidos, "en todas las direcciones". Dicho más filosóficamente, Dios es Infinito, no en la longitud, ni en el volumen, ni en la extensión, sino en el ser.

¿Qué quiere decir eso? Si analizamos un poco, vemos que toda limitación es una falta de ser. El límite de una cosa empieza donde termina su ser.

A menor limitación, más ser. Una planta es más limitada que un animal, pues el animal ejerce todas las funciones "vegetativas" propias de la planta (nutrición, crecimiento, reproducción), pero además tiene otras que la planta no posee: percepción de los sentidos, apetito o tendencia instintiva, capacidad de autodesplazamiento, es decir, lo que los filósofos llaman "vida sensitiva". En ese sentido, podemos decir que el animal "es más" que la planta.

Y lo mismo pasa con un animal irracional respecto de un hombre: el hombre posee la vida vegetativa y la sensitiva, y además las características específicas de la persona, como la inteligencia, la voluntad, etc. El hombre "es más" que el animal. Y aún el hombre es un ser limitado, finito, como todos sabemos.

Lo absolutamente infinito, es aquello a lo que no falta ninguna de las perfecciones del ser. Es el Ser por excelencia, sin ninguna clase de limitación. Eso es Dios.

Dios es, ciertamente, un Ser personal. Pero lo propiamente divino no está en la personalidad, que también, en forma análoga, la posee el hombre, sino en la infinita perfección del Ser plenamente realizado, que es el modo en que se da en Dios lo personal.

¿Pero entonces Dios tiene también la longitud, el volumen, el oro, la plata, la vida vegetativa, la sensitiva? En un sentido no, en otro, sí.

La longitud, el volumen, el ser oro, plata, o vegetal, son todas cosas que, así como poseen ciertamente un grado de ser y por tanto de perfección, también poseen necesariamente límite e imperfección.

Por ejemplo, todo volumen supone límites (nuestra hipótesis de la bola de hierro infinita era sólo una hipótesis), toda planta carece de vida sensitiva e intelectiva, etc.

Por tanto, en el Ser perfectísimo, sólo habrá lo que en ellas haya de perfección, sin nada de lo que implica imperfección. Y eso implica que en Dios no hay, propiamente hablando, ni longitud, ni extensión, ni vida vegetativa, etc., pues a todas esas cosas les es esencial el límite, y éste no puede darse en Dios.

En cambio, la ciencia, la verdad, el bien, el poder, la vida, el amor, la inteligencia, la voluntad, el espíritu, la persona, son cosas que, si bien en nosotros se dan siempre limitadamente, de suyo no implican límite ni imperfección alguna.

La verdad, por ejemplo, o el bien, sólo tienen contenido positivo, nada de negativo. La inteligencia de suyo es solamente capacidad de conocer; es en nosotros que la inteligencia es limitada, no por ser inteligencia (sería un contrasentido) sino por ser humana y creada.

Estas perfecciones entonces sí están propiamente, si bien de un modo analógico, en Dios. Y están, se dice, de un modo "eminente", es decir, infinitamente más perfectas y sublimes que lo que conocemos de ellas en nuestra experiencia.

¿Qué pasa entonces con el Universo? Es claro que, incluso en el caso de que sea infinito espacialmente hablando, en otros aspectos es sumamente limitado.

Sin ir más lejos, el Universo material, en su mayor parte, parece carecer de eso que está presente en la más humilde planta: vida. De eso que está presente en el más humilde animal: sensación. Y de eso que está presente en el más humilde de los seres humanos: inteligencia y voluntad, ser personal.

Es decir, el Universo podrá ser o no infinito en extensión, pero en todo caso es finito en su ser. Esto quiere decir que, simplemente hablando, no es infinito, sino finito, pues la extensión es sólo un aspecto del ser total de una cosa, mientras que el ser es a la vez lo más profundo y lo más englobante de esa cosa.

Y eso quiere decir que el Universo, finito en su ser, no puede ser autosuficiente, ni tener en sí mismo su razón de ser, sino que ha de tenerla en el Ser Infinito. 

Ya Pascal, que ciertamente fue muy impresionado por la afirmación de la infinitud física, espacial, del Universo, sin embargo afirmó que cualquier ser pensante, cualquiera de nosotros (y no solamente Dios) es superior al Universo entero. Y que todos los cuerpos del mundo no podrían producir el más mínimo pensamiento, así como todos los pensamientos del mundo no podrían producir el más mínimo acto de caridad.


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