FE Y RAZÓN

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


¿LO ESENCIAL DE LA RELIGIÓN?

(Lic. Néstor Martínez)

El otro día leí en una hoja de Internet una descripción de lo que supuestamente eran los elementos esenciales de la religión. Para obtenerla, se había seguido un método comparativo basado en considerar "esenciales" sólo aquellos elementos que se encuentran en todas las religiones. Así, por ejemplo, la lista de elementos "esenciales" no incluía ninguna forma de creencia desarrollada en el infierno, y la razón de esa no - inclusión era que en el judaísmo, según el autor de la hoja, dicha creencia desarrollada en el infierno no existe.

Demás está decir que la religión "esencial" que se había logrado con ese proceso de destilación conceptual era algo más bien abstracto y por supuesto que totalmente inexistente históricamente. Pero me hizo gracia el método utilizado para lograr ese destilado religioso, sobre todo cuando traté de aplicarlo para obtener lo "esencial" de otras realidades.

Consideremos, por ejemplo, al ser humano, y pensemos en una definición de los elementos esenciales del mismo según ese método comparativo. Recordemos que el método consiste en juntar mentalmente todas las realidades históricas que conocemos con el nombre de "hombres", y luego eliminar todos aquellos rasgos o elementos que faltan por lo menos en uno de los individuos.

Inmediatamente vemos que la imagen "ideal" y "esencial" de "hombre" que obtendremos por ese camino será más bien escasa y desprovista. La mera existencia de rengos, mancos, ciegos, personas sin dientes, sin cabello, enfermos y retardados mentales, etc., nos dejará al final con un "hombre esencial" que apenas consistirá en un cerebro, un corazón, y poco más.

Pues bien, al menos en lo "esencial", eso es lo mismo que pasa con estos estudios de "religión comparada".

Por el contrario, si queremos hacer una lista de los rasgos esenciales del ser humano, en forma a la vez instintiva y lógica nos dirigimos a cierta clase de seres humanos que consideramos como los más perfectamente desarrollados. Si encontramos en otros individuos de la especie que faltan algunos de esos rasgos (por ejemplo, una pierna, una mano, la vista, la capacidad de hablar, etc. ) no por ello tachamos esos rasgos de la lista de rasgos "esenciales"; simplemente reconocemos que esas personas en particular tienen algún tipo de defecto. Sin que ello signifique que sean menos "humanos" en lo esencial, pues los rasgos que les faltan, no les faltan por naturaleza, sino por accidente.

Y del mismo modo, efectivamente, se debe proceder en religión, y en todas las otras cosas. Ya Aristóteles dijo que las definiciones deben hacerse mirando al miembro más típico, más perfecto y desarrollado de la especie. Lo cual es puro sentido común. Imaginemos la idea de la literatura o de la música que sacaríamos de un estudio comparativo similar, en el que entraran tanto Cervantes como Corín Tellado, tanto Beethoveen como Madona, y todos con los mismos derechos.

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A esto se suele oponer la idea, falsa, de que lo excelso es díficil y complicado, y que es mejor comenzar la educación por lo mediocre, que será a la vez fácil y sencillo.

No es así. Por un lado, lo verdaderamente grande es simple, como la Summa Theologica de Santo Tomás o la Quinta Sinfonía de Beethoveen. Por otro lado, lo mediocre es prácticamente invisible, exige un esfuerzo mucho mayor, con menos resultado, para poder visualizar "lo esencial".

Las grandes realizaciones son grandes, precisamente porque sus autores han sabido destacar lo esencial con fuerza inigualable. Por eso mismo son también las más pedagógicas. Son lo que se llama los "clásicos", es decir, verdaderos milagros de intuición, síntesis, y claridad de expresión. Los mediocres nunca son buenos maestros, y para ser realmente un buen profesor de teología, hay que ser Santo Tomás de Aquino.

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Esto quiere decir que un estudio comparativo serio no es posible sin algún tipo de juicio de valor. En realidad, el método que acabo de criticar también supone un juicio de valor. En efecto, para poder aplicarlo hay que suponer que ninguna religión es superior a otra, o sea, que todas valen lo mismo, que todas son igualmente perfectas y desarrolladas en cuanto religiones. Y eso, obviamente, es un juicio de valor.

La misma afirmación de que no deben hacerse juicios de valor, es un juicio de valor. Es un juicio de valor, pues es un juicio acerca de lo que se debe o no. Y es un juicio de valor negativo: consiste en negar valor a los juicios de valor.

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En el fondo, la estrategia de la "religión comparada" tiene su astucia: primero se "halaga" a todas las religiones declarándolas a todas democráticamente iguales, pero es solamente para poder después descuartizarlas a todas y dejarlas reducidas al mínimo denominador común de una religión "esencial" que obviamente no le dice ni puede decirle nada a nadie.


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