FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino)


¿Han pasado de moda los grandes maestros en la Iglesia?

Diác. Jorge Novoa

Las publicaciones en materia religiosa se van acumulando con el correr del tiempo de forma tan voluminosa, que parece poco probable su lectura. Nuestra mirada pasa frente a ellas inadvertidamente. En medio de esa enorme cantidad de ofertas, se encuentran los grandes maestros de la fe, los que habitualmente llamamos clásicos. Esas obras maravillosas, que siendo originadas en un tiempo y espacio concreto, han alcanzado, por voluntad de Dios expresada en la Iglesia, el corazón del hombre creyente de todos los tiempos.

San Agustín con sus Confesiones, la Imitación de Cristo, las catequesis de los primeros Padres, la vida de Moisés de Gregorio, Catalina de Siena , los sermones de León Magno, las moradas de Santa Teresa, la introducción a la vida devota de San Francisco de Sales, Camino de Escrivá,las florecillas de San Francisco, la Suma de Tomás, el camino de Santa Teresita, la subida al monte Carmelo de San Juan de la Cruz, los ejercicios de San Ignacio, y gracias a Dios, etc, etc, etc.......................

Obras maravillosas, y siempre actuales, llenas de profundas experiencias de Dios con diálogos íntimos en donde nos vemos reflejados. Muchas de sus vivencias son las nuestras. Están allí, en el arca de la Santa Iglesia, custodiadas celosamente con el paso del tiempo por los creyentes, como un tesoro invalorable. Los grandes maestros no tienen fecha de vencimiento como los productos que compramos en los supermercados. A ellos, se les ha concedido ser maestros, por su gran docilidad a la acción del Espíritu Santo, muestran lo íntimo del corazón humano que busca ponerse en camino hacia Dios. Ellos nos descubren esa verdad en orden a la salvación que todos buscamos, esa Verdad Eterna que se hace vida de obediencia a la voluntad del Padre. Son nuestros hermanos mayores, miembros del Cuerpo Místico, están en la Iglesia que llegó a la patria, han puesto sus vivencias a nuestro servicio. Como un canto de alabanza a Dios, sus vidas y enseñanzas son caminos seguros que conducen y orientan hacia el Padre.

El Concilio Vaticano II nos ha invitado a volver a la fuente, para mirar hacia el acontecimiento fundante de nuestra fe, descubriéndonos el fervor evangelizador y amor fraterno de las primitivas comunidades, con su culto lleno de gloria a Dios.

Con el correr del tiempo, el polvo de las situaciones históricas puede llegar a distorsionar la Verdad Eterna del Evangelio y su modo de vida. Estos grandes maestro, unos cerca y otros lejos del acontecimiento Jesucristo, han siempre disipado las nubes de la confusión sobre el modo de vivir el Evangelio, es decir, han actualizado el acontecimiento fundante y sus consecuencias en sus vidas y su tiempo. Por eso, Dios prolonga en ellos y por ellos su enseñanza enriqueciendo la Tradición de la Iglesia.

Como sabemos la palabra tradere ( del latín), significa "entrega", y aparece utilizada en el Evangelio para designar dos modo opuestos e incompatibles de vida ante Jesús. Uno de ellos, aparece claramente expresado por boca de Pablo, al contarnos sobre la eucaristía, lo que Él ha recibido ( de los que son columnas) y a su vez trasmitido. Esta "entrega" (Tradición) no se reduce a la enseñanza de una letra muerta, es la vida que viene de Dios por Jesucristo, que se nos da en el Espíritu Santo. Es la vida del Espíritu, que en nosotros obra nuestra santificación.

La otra, deriva de la actitud de Judas en el Huerto de los Olivos, el Evangelio nos relata que Jesús es "entregado" (tradere) por Judas, la vida de caridad que Jesús quiere comunicar, como amor de amistad, necesita ser recibida y entregada. Judas la rechaza e intenta cortar esa corriente de vida que debe comunicarse. La entrega recibe la respuesta de la traición.

Los maestro de la fe, se unen en esa cadena interminable de comunicación de la vida que viene de Jesús, de la que se convierten en eslabones de la caridad y maestros de la fe. Sus vidas llenas de misticismo no los aparta del mundo. Los maestro de la vida espiritual son profundamente dogmáticos,von Balthasar, señalaba como uno de los peores males, la grave separación entre la dogmática y la espiritualidad. Ellos logran la síntesis necesaria entre palabras y obras, el poder de atracción (Belleza) que tiene el seguimiento del Señor, lo comunican en la verdad de sus vidas y obras que nos dejan como testamento perenne.

Algunas sugerencias pastorales

Hay que aclarar con mayor precisión el papel que ocupan en la Comunidad Eclesial, son maestros de la fe, no se encuentran en el estamento de escritores, por muy buenos que éstos sean. Su palabra no puede ser aquilatada a la altura de alguno de los muchos escritores contemporáneos. Deberían ser destacados en nuestras librerías, que deben vencer la tentación del marketing a la hora de evangelizar, no es a las editoriales y sus intereses, sino a la Fe de la Iglesia a la que debemos prestar obediencia.

Es necesario hacer un esfuerzo por traducirlos (Internet puede brindar una gran ayuda), presentando su mensaje de forma pedagógica, hay que actualizarlos en este sentido, guardando claramente que la pedagogía sirve al mensaje.

Cada diócesis debería ir orientando algún seminarista en el estudio de los Padres de la Iglesia. Es necesario incorporar sus enseñanzas en la Catequesis.

¿Es innecesario este gasto de papel que se realiza hoy, con este vendaval de escritos religiosos? Parece, esta pregunta admitir una respuesta negativa.

Enseñemos a los grandes maestros, pongamos nuestro esfuerzo y posibilidades económicas en esta tarea, ellos, no ocupan este lugar en la Iglesia arbitrariamente, han recibido este don de Dios para bien del Pueblo. Un discernimiento en la oración puede ayudarnos en este sentido.


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