FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


El problema del pecado en la Iglesia

Daniel Iglesias Grèzes

1.       La existencia del pecado en la Iglesia no contradice la doctrina católica sino que la confirma.

Los cristianos creemos que Jesús murió en la cruz "por nuestra causa", "por nuestros pecados"; también creemos que la Iglesia es a la vez santa y necesitada de purificación.

Es necesario realizar las siguientes distinciones:

El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, santifica a los cristianos. Sin embargo, sólo Dios es santo en un sentido primero y original. Los cristianos son santos en un sentido segundo y derivado.

En el cielo los cristianos participan de la gloria y de la santidad del mismo Dios. Conocen y aman como Dios conoce y ama.

En este sentido de la palabra "pecador" (que es su sentido más propio) sólo algunos cristianos son pecadores. Distinguir con certeza plena quiénes son en la Iglesia los santos y quiénes los pecadores supera la capacidad del hombre. Esto es una prerrogativa del juicio de Dios.

Debemos reconocer con humildad nuestras culpas, arrepentirnos sinceramente de ellas y confiar en la misericordia de Dios, que hace sobreabundar la gracia allí donde abundó el pecado.

2.       De hecho los hijos de la Iglesia han pecado a lo largo de la historia.

    No se debe minimizar estas culpas; pero sólo Dios puede juzgarlas absolutamente.

    La Iglesia católica reconoce las culpas de sus hijos y pide perdón a Dios y a los hombres por ello.

    Las otras iglesias y religiones, las naciones, las ideologías, etc. no han hecho otro tanto, aunque deberían hacerlo.

3.       Sin embargo, en honor a la verdad histórica, se debe rechazar las "leyendas negras" anticatólicas.

          Éstas pueden ser clasificadas en dos grandes grupos:

4.       Por otra parte, no se debe sobrevalorar los pecados cometidos por miembros individuales de la Iglesia (por ejemplo,      los casos de clérigos culpables de violaciones). Juzgar a la Iglesia por los actos malos cometidos por algunos de sus miembros es una generalización indebida.

5.      Los pecados de los hijos de la Iglesia no proceden de la fe cristiana sino de su negación práctica. Son contrarios al          Evangelio, a la verdad revelada por Dios en Cristo.

    Hay quienes van a Misa todos los domingos y son malos católicos. Pero es crucial comprender que no son malos católicos porque van a Misa, sino a pesar de que van a Misa.

    No ocurre otro tanto con las ideologías (liberalismo individualista, colectivismo marxista, etc.). Los crímenes de estas ideologías no son meros accidentes históricos, sino que dimanan de su misma esencia. Se derivan necesariamente de ellas del mismo modo que una conclusión se deriva de unas determinadas premisas.

6.       En la historia de la Iglesia abunda el pecado, pero sobreabunda la gracia.

La Iglesia ha permanecido fiel a Jesucristo y ha dado en todo tiempo un testimonio creíble de Él. Por la gracia de Dios, la Iglesia ha sido en todas las épocas (incluso las más turbulentas) la Esposa inmaculada del Cordero. Es nuestra tarea y nuestra responsabilidad histórica hacer que en su rostro resplandezca cada vez más claramente la belleza de Cristo resucitado, Luz de las gentes.


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