FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


La libertad religiosa

Daniel Iglesias Grèzes

  1. Uno de los últimos documentos aprobados por el Concilio Vaticano II fue la declaración Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa, cuyo contenido sintetizamos a continuación: El derecho a la libertad religiosa se funda en la dignidad de la persona. Los hombres están obligados a buscar la verdad y a adherirse a ella tan pronto como la conocen, pero la verdad obliga sólo en conciencia y se impone en virtud de su fuerza intrínseca. Por lo tanto las autoridades civiles deben reconocer el derecho a la libertad religiosa y garantizar la inmunidad contra la coacción. Negar el ejercicio libre de la religión es injuriar al hombre e injuriar a Dios.

    La libertad religiosa compete a los individuos y a las comunidades. Éstas, con tal de no perturbar el orden público, tienen el derecho de no ser impedidas en el ejercicio de su fe, en la predicación y en todo cuanto se refiere a la exposición y a la realización de su credo. La libertad religiosa se extiende también a las familias: Los padres tienen el derecho de educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones religiosas, y de elegir las escuelas y los demás medios educativos que respondan a su fe.

    El Estado debe promover los derechos humanos y por tanto también la libertad religiosa. No es lícito a la sociedad civil imponer la profesión o la negación de un determinado credo religioso, ni hacer discriminación alguna entre los ciudadanos por razones de fe religiosa.

    La doctrina de la libertad religiosa tiene sus raíces en la Divina Revelación. Ella da a conocer la dignidad de la persona humana y muestra el respeto de Dios por la libertad humana. El llamado de Dios a los hombres requiere que éstos respondan libremente. Por su propia naturaleza, el acto de fe debe ser libre.

    A imitación de Cristo que ha invitado y persuadido, pero jamás coaccionado, los Apóstoles predicaron al margen de toda coacción. Ellos reconocieron la autoridad civil pero no dudaron en oponerse a ella, porque "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres". Lo mismo hicieron también los mártires.

    La Iglesia sigue las huellas de Cristo y de los Apóstoles. Ella está obligada a predicar el Evangelio para cumplir el mandato de su divino fundador. Por su propio bien y por el bien de la misma sociedad civil, la Iglesia debe ser libre.

    El Sagrado Concilio denuncia con tristeza que no faltan regímenes que se empeñan en apartar a los ciudadanos de profesar la religión. Para que la paz y la concordia se establezcan y consoliden en el género humano, se requiere que se respeten los deberes y derechos supremos del hombre a desarrollar libremente su vida religiosa dentro de la sociedad.

  2. En el Año Santo 2000, a los 35 años de la finalización del Concilio, la situación mundial en materia de libertad religiosa continúa presentando luces y sombras. Los grandes cambios que se llevaron a cabo en Europa Oriental produjeron el derrumbe de regímenes totalitarios que durante décadas violaron gravemente los derechos humanos (particularmente la libertad religiosa), promovieron el ateísmo y oprimieron duramente a las Iglesias cristianas. La libertad que la Iglesia católica ha recuperado en Rusia y otros países de esa región pone una nota de esperanza en un panorama mundial en el cual muchos pueblos siguen careciendo del derecho a la libertad religiosa (en los países comunistas, en los países musulmanes, etc.).

Roguemos por nuestros hermanos cristianos que aún soportan la dura prueba de las persecuciones o discriminaciones por causa de su fe y esperemos confiadamente el día en que todos los seres humanos sean libres para invocar el nombre del Señor.


1