FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


El conocimiento de Dios

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

El Catecismo de la Iglesia Católica, fiel a la doctrina de los Concilios Vaticano I y Vaticano II, nos recuerda que "la Iglesia enseña que el Dios único y verdadero, nuestro Creador y Señor, puede ser conocido con certeza por sus obras, gracias a la luz natural de la razón humana" (Catecismo de la Iglesia Católica, 47).

En cuanto se refiere al conocimiento de Dios, la doctrina católica se mantiene alejada de dos errores contrapuestos, el racionalismo y el fideísmo.

El racionalista piensa que el hombre conoce, tanto a Dios como a los demás seres, sólo por medio de la razón. Por consiguiente, rechaza la divina revelación, la fe, los misterios revelados (la Trinidad, la Encarnación, la Redención, la Gracia, etc.), los milagros y todo el orden sobrenatural. Absolutiza la razón de tal manera que ella pasa a ocupar el lugar que le corresponde a Dios. La Iglesia siempre se ha opuesto con firmeza a esta manera de pensar, que disuelve todo lo esencial del cristianismo.

El racionalismo representó una gran amenaza para la fe cristiana en el siglo XIX, cuando muchos pensaban que la ciencia llegaría a resolver todos los problemas y a conocer todas las cosas. En la actualidad, si bien el racionalismo ejerce todavía una gran influencia, ya no suele revestir la forma arrogante del pasado, pues son demasiado claros los males que ha causado en nuestra civilización. Además, los descubrimientos de la física moderna, en las primeras décadas del siglo XX, pusieron en entredicho la cosmovisión racionalista, al poner de relieve los límites del conocimiento científico. Cuanto más aprende la ciencia, tanto más humilde se vuelve.

Lamentablemente, en vez de regresar a una concepción correcta sobre las fuerzas de la razón, muchos han caído en un error opuesto. Hoy en día predomina en nuestra cultura el pensamiento relativista, que en el fondo es una forma de escepticismo. Según esta corriente de pensamiento, la verdad es siempre relativa; la verdad absoluta no existe o, si existe, la razón humana nunca puede conocerla con certeza. Simultáneamente se está produciendo en la actualidad un fuerte rebrote de irracionalidad, que se manifiesta de muchas maneras (supersticiones de todo tipo, voluntarismo, sentimentalismo, etc.).

Hoy se vive una situación notable: La Iglesia, falsamente acusada por los racionalistas de ser una institución oscurantista, defiende casi en solitario los derechos de la razón; contra la corriente, la Iglesia sigue afirmando que la razón humana es capaz de conocer la verdad de lo real y que, a través del conocimiento del universo material y de la persona humana, tiene acceso al conocimiento del Creador (de la existencia de Dios y de algunos de sus atributos).

El cristianismo no es fideísta: La fe cristiana no puede existir al margen de la razón, ni mucho menos en contra de ella; supone la recta razón, aunque la supera y perfecciona. La fe debe apoyarse en motivos racionales de credibilidad para ser digna del hombre, ser racional. No podemos confiar en Dios, en su Palabra y en su Amor, si no sabemos que Él existe. Dios nos ha dado el gran don de la razón, que nos asemeja a Él, para que podamos comenzar a conocerlo y así seamos capaces de escuchar su invitación a vivir en comunión de amor con Él y de abrir nuestro corazones al influjo de su gracia salvadora.


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