FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


La cara y las manos

La cara y las manos son los únicos miembros donde se transparenta el alma, se adivina el corazón: Traicionan a la persona.

Los demás miembros no revelan nada, proceden de la especie. En una tarjeta de identidad, no se fotografiará ni una rodilla, ni un brazo: Son anónimos. Sólo las huellas digitales y la cara son únicos en el mundo, puede ser que hasta únicos en la historia. En todo caso son irreductibles al otro. Son los únicos miembros que no ocultan los vestidos. Si la vergüenza es inseparable de la desnudez, es porque se tiene miedo de no ser mirado ya a la cara, signo de la persona, sino al sexo, signo de la especie. Miedo de ser rebajado al rango de objeto, y por último alienado. La frase patética "vieron que estaban desnudos" quiere decir: No se miraron ya el uno al otro.

Manos y caras son privilegiados por el cristianismo, descuidados por el hinduísmo.

Las manos: Los gestos litúrgicos están centrados sobre las actitudes de brazos y manos; las posturas del hatha-yoga, sobre las piernas, la pelvis y la columna vertebral. Buda tiene sus manos delante del pene. Cristo en la cruz abre totalmente sus manos.

La cara: Se capta aquí vitalmente la diferencia radical entre la concepción cristiana del hombre y la de las religiones orientales. Es suficiente comparar la cara etérea de Buda y la del Sudario de Turín -compromiso hasta llegar a la desfiguración. Por una parte, fallos camuflados: Una máscara conseguida. Por la otra, heridas aceptadas y ofrecidas: Un rostro adorable. Una impasibilidad obtenida, una vulnerabilidad acogida. Un silencio replegado sobre sí mismo, un recogimiento abierto al otro. Un "adentro" hermético, una interioridad accesible por sus mismas heridas. Una ausencia, una Presencia: Dos mundos (1).

Daniel-Ange, "El cuerpo y la persona", en: AA. VV., "De las riberas del Ganges a las orillas del Jordán", Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, 1990, pp. 59-60.

Nota:

1) "En las esculturas de la India, los cuerpos están unidos, pero las caras separadas, absortas en una meditación solitaria" (Olivier Clement).


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