FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


Los laicos en la Iglesia y en el mundo

Daniel Iglesias Grèzes

La VII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en Roma durante el mes de octubre de 1987 trató el tema de la vocación y misión de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo. Los Padres sinodales, al término de sus trabajos, pidieron al Sumo Pontífice que, a su debido tiempo, ofreciese a la Iglesia universal un documento conclusivo sobre los fieles laicos. El 30 de diciembre de 1988, Su Santidad Juan Pablo II emitió la exhortación apostólica post-sinodal Christifideles Laici, cuyo objetivo es suscitar y alimentar una más decidida toma de conciencia del don y de la responsabilidad que todos los fieles laicos tienen en la comunión y en la misión de la Iglesia.

Partiendo de la parábola de los obreros de la viña (Mt 20,1-16), el Papa desarrolla el tema de la vocación cristiana: Dios llama a cada uno de nosotros a trabajar en su viña. A nadie le es lícito permanecer ocioso. En la parábola la viña representa el mundo, que debe ser transformado según el designio divino. Sin embargo, la viña encierra un misterio: Los fieles cristianos no son simplemente los obreros que trabajan en la viña, sino que forman parte de la viña misma (Jn 15,5: "Yo soy la vid; vosotros los sarmientos"). La Iglesia misma es, por tanto, la viña evangélica.

Unidos a Cristo y a su Iglesia por el Bautismo, sacramento de la fe, los fieles laicos deben tener conciencia no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia. Los fieles laicos participan según el modo que les es propio del triple oficio de Jesucristo, sacerdote, profeta y rey. La modalidad que distingue a los fieles laicos es su carácter secular, es decir su inserción en las realidades temporales y su participación en las realidades terrenas. Todos los hijos e hijas de la Iglesia son llamados por Dios a la santidad. Los fieles laicos deben santificarse en el mundo, o sea en la vida profesional y social ordinaria.

El misterio de la Iglesia es un misterio de comunión. La participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia asume distintas formas personales o asociadas, e incluye el ejercicio de diversos ministerios, oficios, funciones y carismas confiados por el Espíritu Santo para enriquecer a la Iglesia-Comunión.

La comunión eclesial es una comunión misionera. Los fieles laicos son corresponsables de la misión de la Iglesia: Anunciar el Evangelio a todos los hombres con la fuerza del Espíritu Santo. Dada la actual situación del mundo y de la Iglesia, ha llegado la hora de emprender una nueva evangelización. El Papa desarrolla las líneas principales que deben seguir los cristianos para vivir el Evangelio sirviendo a la persona y a la sociedad.

La gracia de Dios es multiforme. Existe en la Iglesia una variedad de vocaciones particulares según las diversas edades, sexos, cualidades y condiciones de vida. Juan Pablo II dedica un mensaje particular a los niños, los jóvenes, los ancianos, los enfermos, etc. y nos habla de la colaboración de los hombres y de las mujeres en la misión de la Iglesia.

Por último el Papa destaca la importancia de la formación de los fieles laicos, que deben madurar continuamente para dar siempre más fruto. ¿No sería conveniente que, respondiendo a este llamado del Vicario de Cristo, los laicos dedicáramos algunas horas a la lectura y meditación de la riquísima exhortación apostólica Christifideles Laici?


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