FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


Cuatro objeciones contra la inspiración bíblica

Daniel Iglesias Grèzes

Presentación de las objeciones.

  1. Acerca del autor de la Biblia.

    Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces no puede tener autores humanos.

    La Biblia tiene autores humanos (como se demuestra por ejemplo por medio de las influencias de los mitos babilónicos en los relatos bíblicos de la creación y el diluvio).

    Por lo tanto la Biblia no es Palabra de Dios.

  2. Acerca de la santidad de la Biblia.

    Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces no puede aprobar el pecado.

    La Biblia aprueba el pecado (como por ejemplo en el relato del incesto de las dos hijas de Lot, en Génesis 19).

    Por lo tanto la Biblia no es Palabra de Dios.

  3. Acerca de la veracidad de la Biblia.

    Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces no puede enseñar el error.

    La Biblia enseña el error, puesto que contiene afirmaciones contradictorias entre sí (como por ejemplo en los dos relatos de la creación de Génesis 1-2).

    Por lo tanto la Biblia no es Palabra de Dios.

  4. Acerca de la historicidad de los Evangelios.

Si la Biblia es Palabra de Dios, entonces los Evangelios deben contener una biografía exacta de Jesús.

Los Evangelios no contienen una biografía exacta de Jesús (como se demuestra por ejemplo por medio de las diferencias entre los relatos evangélicos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús).

Por lo tanto la Biblia no es Palabra de Dios.

 

Refutación de las objeciones.

  1. Acerca del autor de la Biblia.

    La premisa mayor es falsa; por lo tanto, la conclusión es inválida, independientemente de la verdad o falsedad de la premisa menor.

    La Biblia es un conjunto de libros escritos por autores humanos inspirados por Dios. Dios es el autor principal de la Biblia; no obstante, los hagiógrafos (aunque escribieron todo y sólo lo que Dios quiso que escribieran) son también verdaderos autores.

    Los cristianos no creemos que nuestra Sagrada Escritura haya sido escrita en el cielo, como lo creen los musulmanes respecto del Corán y los mormones respecto del Libro del Mormón. Tampoco imaginamos la inspiración bíblica como una especie de trance espiritista. Si bien Dios es la causa principal de la Biblia y los hagiógrafos son sus causas instrumentales, no fueron utilizados por Dios del mismo modo que un músico usa su instrumento musical. Los hagiógrafos obraron como instrumentos de Dios conscientes y libres. Cada autor sagrado escribió siguiendo un plan determinado, conforme a su propio estilo de pensamiento y de escritura, utilizando unos géneros literarios escogidos por él dentro del marco de la cultura de su época y de su ambiente. La inspiración bíblica consiste en que el Espíritu Santo iluminó las mentes de los hagiógrafos y los asistió para que transmitieran por escrito y sin error la Divina Revelación. No hay ningún peligro en suponer que por lo general los autores sagrados no fueron conscientes de esta inspiración divina mientras escribían la Biblia.

  2. Acerca de la santidad de la Biblia.

    La premisa mayor es verdadera, pero la premisa menor es falsa; por lo tanto, la conclusión es inválida.

    La falsedad de la premisa menor es evidente. El hecho de que la Biblia narre un pecado no implica que lo apruebe. A lo largo de toda la Biblia se advierte claramente un rechazo radical del pecado. Esto no es obstáculo para reconocer que la revelación bíblica fue gradual, particularmente en lo que se refiere a la doctrina moral del Antiguo Testamento.

  3. Acerca de la veracidad de la Biblia.

    La premisa mayor es verdadera, pero la premisa menor es falsa; por lo tanto, la conclusión es inválida.

    Es importante comprender bien en qué sentido la premisa mayor es verdadera. La Iglesia católica cree que la Biblia enseña sin error la verdad que Dios quiso transmitir a los hombres para su salvación. Por lo tanto estamos hablando de verdades religioso-salvíficas, no de verdades científicas. La Biblia no es un libro de ciencia sino un libro religioso, que transmite verdades religiosas importantes para nuestra salvación por medio de géneros literarios propios de la cultura de la antigüedad. La lectura de la Biblia permite conocer la cosmología de los antiguos hebreos, pero también permite conocer algo infinitamente más importante para nosotros: La verdad sobre Dios y la verdad última sobre el hombre, sobre su origen, su fundamento, su vocación y su destino. Como escribió San Agustín: "La Biblia no enseña cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo".

    Al leer la Biblia desde esta perspectiva (la única correcta) se desvanece la falsa impresión de que la Biblia enseña cosas contradictorias. Las afirmaciones aparentemente contradictorias (referidas a cuestiones científicas, históricas etc.) son medios literarios que los autores sagrados utilizan para transmitir verdades religiosas que son siempre coherentes entre sí.

  4. Acerca de la historicidad de los Evangelios.

La premisa mayor es falsa; por lo tanto, la conclusión es inválida, independientemente de la verdad o falsedad de la premisa menor.

La Iglesia católica ha afirmado siempre con firmeza la historicidad de los Evangelios. Sin embargo, esto no equivale a afirmar que los Evangelios son una biografía de Jesús en el sentido moderno de la palabra. Conocer la crónica periodísticamente exacta de la vida y obras de Jesús de Nazaret no es necesario para nuestra salvación. Por eso no debe preocuparnos el hecho de que los Evangelios no nos permitan reconstruir con plena certeza la cronología y la topografía de las andanzas de Jesús.

Los Evangelios narran la historia de una persona determinada en un lugar y una época determinados. La concordancia de las narraciones evangélicas con la geografía, la historia, la lengua y la cultura de la Palestina de comienzos del siglo I es tan completa que sitúa a los Evangelios a una distancia abismal de cualquier mitología. Aunque a veces no podamos saber con total seguridad si unas palabras determinadas son las mismísimas palabras de Jesús, los Evangelios nos transmiten la doctrina de Jesús sin deformaciones. La imagen que nos ofrecen de Jesús es la de un personaje singularísimo, inmediatamente reconocible.

Los Evangelios nos ofrecen un testimonio de fe sobre Jesús de Nazaret. Fueron escritos por cristianos con la intención de transmitir a otros el Evangelio (la Buena Noticia) de Jesucristo, el Hijo de Dios. Pero esto no le quita valor histórico a dicho testimonio. Los Evangelios en general y los relatos de la pasión, muerte y resurrección en particular deben ser considerados testimonios sustancialmente fidedignos desde el punto de vista histórico. Esto se puede demostrar aplicándoles los mismos criterios de historicidad que se utilizan para juzgar a los documentos de la historia profana.


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