FE Y RAZON

"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo

(Santo Tomás de Aquino) 


1965-2000: 35 años de la historia de la Iglesia

Daniel Iglesias Grèzes

En este Año Santo 2000 se cumplirá el 35º aniversario de la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II, que se desarrolló entre 1962 y 1965.

  1. Este aniversario es una ocasión propicia para dar gracias a Dios por ese acontecimiento, que fue un gran don de Dios a la Iglesia y al mundo. Como ha dicho el Papa, el Concilio fue "la voz del Espíritu para nuestro siglo". Convocado por iniciativa del Papa Juan XXIII y llevado a feliz término por su sucesor, Pablo VI, el Concilio Vaticano II fue la vigésimoprimera asamblea ecuménica celebrada durante los veinte siglos de historia de la Iglesia de Cristo. Este último Concilio, a diferencia de la mayoría de los anteriores, no fue convocado debido a problemas particulares, sino a fin de renovar la vida de la Iglesia, para que en su rostro resplandeciera más claramente la luz de Cristo. Los admirables frutos de la renovación inspirada en las enseñanzas del Concilio están a la vista en muy diversos ámbitos: la reforma litúrgica, la participación más activa de los laicos en la misión de la Iglesia, el diálogo ecuménico en pro de la unidad de los cristianos, el diálogo entre la Iglesia y los hombres de buena voluntad, la renovación de la vida religiosa, etc.
  2. Ésta es también una ocasión adecuada para pedir perdón al Señor por las desviaciones de quienes, interpretando erróneamente el Concilio, se apartaron a la derecha o a la izquierda del camino de su aplicación correcta, causando no pocos conflictos en la Iglesia.
  3. Por último éste es también un momento oportuno para pedir a Dios el discernimiento y la energía espiritual necesarios para seguir avanzando en la dirección trazada por el Vaticano II. Los pontificados de Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II han estado presididos por este objetivo fundamental: Llevar el Concilio a la práctica, a la vida de la Iglesia. Considerando la situación de la Iglesia y del mundo, que hace necesaria una nueva evangelización, el Sínodo extraordinario de 1985 procuró relanzar el Concilio Vaticano II. Para alcanzar este objetivo es necesaria una mayor difusión de los documentos conciliares. Por este motivo invitamos a nuestros lectores a leerlos o releerlos, principalmente las cuatro constituciones y particularmente la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, en torno a la cual se vertebraron todos los otros documentos conciliares.